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Como un chino entre los chinos, mirada crítica de un especialista de China

Deng
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Mensaje por Deng el Dom Jun 15, 2014 11:17 pm

Entrevista de Dirk Nimmegeers a Frank Willems, miembro de la Asociación Bélgica-China (www.belchin.be) y antiguo residente en China, publicada el 19 septembre 2007 en el periódico Solidaire. La entrevista mantiene un gran interés pese a haberse hecho hace 7 añis, y pese a que no se cumplieron las predicciones de Frank Willems acerca de lo que pasaría en China en caso de que se produjera una crisis económica mundial (que concretamente se produjo tan sólo un año más tarde, en octubre 2008).

Desde hace 25 años, Frank Willems estudia todo lo que pasa en China. Es miembro activo de la Asociación Bélgica-China. Ha trabajado en el sector de relaciones económicas y comerciales y ha visitado China en más de 40 ocasiones. Desde hace un año, reside en China. Hemos aprovechado una breve estancia en Bélgica para tener una entrevista con él.

Shenyang: la ciudad dónde reside Frank Willems

Frank Willems. Fue la jubilación anticipada lo que me dio la oportunidad de irme a China y confrontar así mis conocimientos teóricos con la realidad, viviendo ahora entre los chinos. Llegué a Shenyang, una importante ciudad del nordeste de China. Como voluntario, allí doy cursos en la escuela normal universitaria donde 25.000 estudiantes siguen cursos para ser profesores. Trabajo en la sección de lenguas extranjeras: francés, ruso y japonés. Tengo la intención de vivir allí dos años. El primero año acaba de terminar.

¿Por qué haber elegido Shenyang?

Frank Willems. Shenyang es una ciudad interesante. Era la capital de Manchuria en los años 30. Fue industrializada por Japón, que había establecido allí un estado vasallo, el Manchukuo, un país que había sido separado de China, pero que en los hechos era una colonia japonesa. Los japoneses habían establecido allí una industria militar. Sobre esta base, los chinos y los rusos pudieron proseguir con la construcción de la región. Un gran número de industrias pesadas, empresas mecánicas y firmas armamentísticas vieron la luz. Hay al menos tres millones de habitantes en Shenyang.

¿Qué impresión tiene usted de Shenyang?

Frank Willems. Shenyang se desarrolla. La ciudad funciona como un imán para los inversores extranjeros. ¿Ejemplos? La fábrica de ensamblaje de BMW, cuya capacidad va a duplicarse o triplicarse en colaboración con Brilliance, una marca china que, sin tener mucho éxito, quiere exportar sus propios modelos en Europa. Michelin construye allí la mayor fábrica de neumáticos del mundo. Bekaert ya tiene dos fábricas allí.

En los años 90, Shenyang era una de las ciudades más sucias del mundo. El saneamiento de los suelos, del aire, del agua, la lucha contra las molestias sonoras, todo eso comenzó en 1995 e incluso se ha acelerado desde el año 2000. Hoy, Shenyang es una ciudad moderna y ecológica, que se presenta como una “ciudad verde”. En la ciudad, hoy incluso se ven corrientes de agua propias y cómo fueron excavados los subsuelos contaminados. No obstante, el aire aún está contaminado, no ya por la industria o el carbón, sino por la circulación, como ocurre en la mayoría de grandes ciudades. Hay más coches privados, más movilidad. La gasolina y el diesel no son buenos, la mayor parte de los motores no son de buena calidad. También vemos smog encima de la ciudad y eso también es una fuente de peligros. Las obras de construcción también tienen su parte de responsabilidad. Hay poca lluvia, pero hay viento. El polvo está en todas partes. Además, el desierto ya no está ahora más que a 100 kilómetros, y no deja de ganar terreno. Desde hace 50 años, se están plantando árboles, pero sin resultados convincentes.

Se ven muchos rascacielos, de 20 o 30 pisos, con apartamentos de lujo. Sin embargo, sobre todo se ven edificios de cinco pisos. En China, la norma es que sólo haya un ascensor obligatoriamente por encima de los cinco pisos… La ciudad se extiende muy rápidamente, los pueblos agrícolas son absorbidos por la ciudad. Primero se han dejado estos pueblos en su lugar y se ha construido alrededor de ellos, pero hoy se demuelen. El método de trabajo es el siguiente: demoler mucho. Lo vemos en la realización de un plan en el norte de la ciudad. Allí crece una nueva ciudad, comparable a Pudong (la nueva ciudad construida cerca de Shanghái): 280 km², un millón de habitantes, es decir… 350 veces el proyecto del “Nuevo Támesis” en Bélgica, sobre los terrenos de los astilleros navales Boels en bancarrota. En la segunda fase, 500.000 habitantes más en una zona menos densa de 850 km². Primero se empieza por demoler, después se colocan rutas de 6 a 10 carriles de circulación. Los pueblos son arrasados, surgen decenas de apartamentos, se instala una nueva universidad, terrenos industriales… Con miles de trabajadores, máquinas y el trabajo de fines de semana, la gran obra se construye rápidamente. Después, el acabado requiere mucho más tiempo y no es el punto fuerte. Así la ciudad sufre una metamorfosis y una extensión completas.

La política de urbanización

¿Por qué se llevan a cabo tales proyectos?

Frank Willems. La política central consiste en urbanizar a China. El 60% de la gente aún vive en el campo. “Tenemos que hacerlos venir a las ciudades lo antes posible”, dice el gobierno. Cada año, el porcentaje de población rural baja regularmente: 15 millones de personas dejan el campo. Hay más de 700 millones de habitantes en el campo. Más de 100 millones de éstos no son campesinos, pero trabajan en las industrias rurales que durante mucho tiempo fueron consideradas el futuro de China. Mao Zedong y después Deng Xiaoping consideraron que el nivel de vida sólo mejoraba gracias al desarrollo de las industrias rurales. Hoy se están regresando de ellas. Ahora la palabra la  tiene la urbanización. La aplastante mayoría de la migración se hace en las provincias. Los chinos optan pues por la construcción en el campo de nuevas ciudades de 100.000 habitantes, en combinación con la continuación del desarrollo de las ciudades gigantes.

¿Por qué se prefieren las industrias urbanas a las industrias rurales?

Frank Willems. Las industrias rurales tienen por lo general una tecnología primitiva. Consumen mucha energía y son contaminantes, no hay control de calidad, en ellas se trabaja en malas condiciones sociales, etc. La industria urbana es también más moderna y esto también vale para las pequeñas empresas. La industria urbana ha sido integrada en un sistema económico. Al alentarla, China también quiere resolver un problema social e incluso político. Las industrias rurales escapan hoy a toda legislación en materia de seguridad, higiene, protección del medio ambiente así como a toda legislación social.

China está aún muy descentralizada. El poder central sólo tiene oficinas a nivel de los distritos. Por debajo de este nivel, son las administraciones de los pueblos las que deciden acerca de todo, y esto también vale para las industrias rurales. El lujo y la corrupción reinan a menudo entre los propietarios privados y las administraciones locales. Esto crea situaciones deplorables que a menudo bien merecerían una crónica. Pensemos solamente en las minas peligrosas en el campo, en los escándalos medioambientales y en el reciente caso de esclavitud en los hornos de ladrillos.

Hoy, en el campo, el partido comunista trata de hacer respetar la legislación social, la seguridad en las minas y en las demás empresas rurales, así como el medio ambiente. Sin embargo esto sólo es posible gracias a los comités locales del partido. Uno de sus grandes combates, es la lucha contra la corrupción en los niveles inferiores. Sólo en este año ya se han abierto 25.000 expedientes judiciales. Si lo dividimos por 100 para obtener una cifra próxima a Bélgica (la población de china es 100 veces superior), tendríamos en Bélgica unos 250 expedientes de corrupción en 6 meses a cargo de agentes del Estado. Hay una seria voluntad de luchar contra la corrupción.

¿Y la población qué opina?

Frank Willems. A veces se oye hablar de motines campesinos cuando hay expropiaciones. Sin embargo, no es el caso de Shenyang. He pedido la opinión de algunas personas. Les parece bien, reciben dinero por su tierra y un nuevo apartamento. La tierra es propiedad del Estado o de la comuna popular, que ya no existe más que como unidad administrativa. Opino que los terrenos que se van a construir en China son aún más caros que aquí. Los administradores locales logran un beneficio: vender terrenos a promotores inmobiliarios es un medio de mantener su presupuesto equilibrado.

El campesino recibe una casa nueva y una indemnización por la tierra en función de lo que aporta sobre un determinado número de años. Por lo tanto, no se calcula en base al valor de la tierra como terreno edificable, sino en base a su valor como tierra agrícola. En algunos lugares, los campesinos dicen: “Nuestra tierra aporta más, nos dais muy poco y luego vendéis estas tierras mucho más caro.” Y a veces surgen conflictos a posteriori. La transformación de las tierras agrícolas en terrenos edificables o en terrenos industriales genera corrupción y esto constituye un importante tema de debate. También había corrupción a mediados de los años 90, durante la privatización de las pequeñas y medianas empresas.

El nivel de vida y los salarios

Vivir y residir en Shenyang. Cuéntenos.

Frank Willems. Los profesores extranjeros como nosotros tienen pequeños apartamentos, muy simples, que no se pueden comparar a los que tendríamos aquí desempeñando tales funciones. Los asistentes chinos solteros viven en un edificio de la universidad, a razón de dos o tres por habitación. Los estudiantes también, pero a razón de seis por habitación. A menudo pasan la tarde en la biblioteca, porque se está tranquilo. Allí también miran la televisión o navegan por internet con uno de los numerosos ordenadores. Por lo demás, no hay posibilidad de relajarse. Los estudiantes deben organizar ellos mismos las cosas: coros amateurs, teatros, fiestas… No van al café ni al cine. Los profesores casados tienen apartamentos más grandes, con dos o tres habitaciones. De 100 a 180 m2 de superficie, con buen mobiliario. Forman parte de esta clase media naciente.

Entre 150 y 200 millones de residentes urbanos viven realmente muy bien, en apartamentos bonitos y confortables: televisión, DVD, cada vez a menudo un coche privado. Salen para sus comidas, hacen viajes turísticos en el país. El turismo interior aumenta, por otro lado: vaya donde se vaya, se ven turistas chinos, mucho más que turistas extranjeros. La gente que gana entre 100 y 200 euros al mes vive de otra manera, evidentemente. Hace años, podían alquilar una vivienda de la organización del trabajo. Hoy se anima a la gente a que se conviertan en propietarios de su propia vivienda. Las viviendas sociales sólo existen para los ingresos muy bajos.

Los viejos apartamentos fueron vendidos por un plato de lentejas, por no decir liquidados. A veces estaban en mal estado. En todas partes, se ve a gente ocupada en transformar y renovar: cada uno a su manera, con ventanas y colores diferentes. Es un poco particular, pero al fin y al cabo es una demostración manifiesta de que hay un deseo de mejorar las cosas. Los jóvenes compran viviendas subvencionadas. Las empresas deben abrir una cuenta de ahorro de manera que su personal pueda comprar una vivienda. Luego, cada uno debe aportar su propia contribución. A modo de ventaja extra-legal, muchas veces las empresas compran ellas mismas las viviendas y las vuelven a vender después con pérdidas al personal. Por ello, en general las personas mayores aún viven en los apartamentos que recibieron de forma casi gratuita.

En el campo alrededor de las ciudades, las viviendas de los campesinos son grandes y bien entretenidas. También hay nuevas construcciones. Esto también se ve en los pueblos más alejados, si uno va allí en tren. Los nómadas del Tíbet reciben entre un 60-70% de subsidios para instalarse en casas. En las regiones más pobres, las nuevas construcciones y el confort de la vivienda aún son excepciones.

¿Y los salarios?

Frank Willems. Mis colegas extranjeros pueden ganar entre 500 y 600 al mes. Muchos tienen salarios complementarios por medio de pequeñas escuelas privadas especializadas en lenguas, donde también se pueden ganar 500 euros al mes. Para mi sorpresa, sólo en nuestra universidad enseñan 25 extranjeros: americanos, indios, filipinos, australianos. No por admiración por China, sino porque tienen un empleo que les permite ahorrar más que en su propio país. Resulta muy interesante emigrar a China por los salarios…

En cuando a los colegas chinos, un asistente novel gana 150 euros al mes, pudiendo llegar hasta los 300. Los profesores titulares, que pasaron el doctorado y que son nombrados definitivamente, ganan entre 500 y 600 euros al mes. Por encima de los 200 euros al mes, pagan un 10% de impuestos. Los precios son de media cinco veces más bajos que en Bélgica, por lo que este salario unos 2500 euros al mes, lo que ya no está tan mal… Un asistente novel con 150 euros al mes ganaría aquí 750 euros al mes, y, de hecho, podría vivir en un apartamento de la universidad.

¿Qué salarios ganan los trabajadores en los demás sectores?

Frank Willems. Los salarios de los obreros son de 200 euros al mes para el trabajo cualificado, y para los empleos menos cualificados, llega hasta los 100 euros al mes. En Bélgica, se trataría por tanto de 1000 y 500 euros respectivamente.

¿Hay verdaderos ricos?

Frank Willems. En efecto, hay verdaderos ricos, multimillonarios que figuran en el top 500 mundial. Pero no obstante se trata de un grupo muy reducido. De vez en cuando uno ve un Ferrari o un Rolls. Aquí y allá hay barrios con suntuosos chalés, pero no muchos, a decir verdad. En Shenyang, sólo conozco una zona verde con chalés.

¿Y hay una seguridad social?

Frank Willems. Hace años, estaba lo que se llamaba el tazón de arroz, una seguridad social completa desde el nacimiento hasta la muerte. Esto se ha acabado. Hoy todo el mundo trabaja sobre una base contractual, y como en Bélgica, es posible ser despedido. Muchas veces, hay contratos de duración determinada, de tres a cinco años, que los empleadores prolongan automáticamente si están satisfechos. En las ciudades, la seguridad social es pagada conjuntamente por los empleadores y los trabajadores. En los servicios públicos y las grandes empresas, esto funciona bien, pero en las pequeñas empresas hay mucho trabajo en negro. Trabajar para las grandes empresas y los servicios públicos implicar gozar de un seguro médico, recibir una pensión, indemnización por desempleo.

En Shenyang hay bastante desempleo, como en todas las ciudades chinas por cierto. En 1997 comenzó el gran saneamiento de empresas estatales. Un gran número de empresas no rentables fueron cerradas, otras fueron racionalizadas severamente: a veces incluso el 90% del personal fue despedido. Recibieron una prima única, de 1500 euros como mínimo y 7000 euros como máximo, en función de su edad y de su antigua función. Y con ello deben salir hacia delante hasta obtener su pensión, a los 55 años para los obreros, 50 años para las obreras, y 60 o 55 años para los empleados de oficinas. El gobierno pudo hacer frente al paro en cierta medida, alentando la creación de empresas privadas y prosiguiendo con la atracción de inversiones extranjeras. No obstante, por encima de los 40 años de edad, ya no hay ninguna posibilidad de ser contratado.

Lo que sorprende en Shenyang, es el gran número de pequeños autónomos con restaurantes, tiendas, a veces incluso en la calle si no tienen dinero suficiente para instalarse en un edificio. Por suerte, Shenyang tiene un clima seco e incluso se ve gente que vende mercancías de segunda mano sobre una manta o un trozo de plástico. Este pequeño comercio floreciente representa un buen complemento para los que deben vivir de una pequeña indemnización por desempleo o una pensión modesta. El ingreso mínimo se sitúa entre los 20 y los 30 euros al mes, es decir entre 100 y 150 euros al mes, en precios europeos. Incluso con una vivienda gratuita, apenas es suficiente para comprar la alimentación básica y un vestido de vez en cuando. No obstante la solidaridad familiar es mayor que en Bélgica: las jóvenes generaciones pagan por sus padres cuando éstos no consiguen llegar a fin de mes. También ocurre lo contrario. Los jóvenes que van a la universidad deben pagar entre 500 euros (candidaturas) y 1000 euros (licencias) al año, más los gastos como el servicio obligatorio en una residencia de estudiantes. Padres y abuelos aportan por tanto una contribución y es realmente necesario que lo hagan.

Trabajadores chinos migrantes en su propio país.

¿Se ve pobreza real?

Frank Willems. El grupo de ingresos más bajos se constituye de gente que proviene del campo y que ofrece un trabajo no cualificado. Realmente, son migrantes en su propio país. Viven al borde de la ciudad, en barrios deteriorados, antiguos paisajes urbanos. Estos trabajadores migrantes internos viven allí en gran número en un espacio demasiado restringido. Su número se estima en 100 o 150 millones sobre los 600 millones de residentes urbanos. Es un grupo muy visible.

En Shenyang, la mayoría de estos trabajadores ganan el salario mínimo de 60 euros al mes. En otros lugares, tal vez sea menos. Los migrantes internos que hacen un trabajo duro ganan más, 100 euros al mes en la construcción. En este sector se cuentan muchas horas extras, también hay mucha protesta a causa de su sueldo. Estos migrantes no conservan gran parte de su salario, pues aún tienen que enviar dinero a sus familias. Viven y residen a veces en su lugar de trabajo. Por ejemplo, en los restaurantes y las tiendas, a veces se ve una cama en un rincón, detrás de una colgadura. En las obras de construcción, hay barracones con camas superpuestas o tiendas de verano.

¿Pueden recurrir estos migrantes a la seguridad social?

Frank Willems. La situación legal de los migrantes internos es particular: oficialmente, siguen estando domiciliados en el campo, de donde provienen. Allí es donde tienen todos los derechos, no en la ciudad. Pero la seguridad social está organizada a nivel urbano, son las municipalidades quienes gestionan generalmente las cajas de la seguridad social y por lo tanto es complicado para los migrantes internos gozar de la seguridad social, porque oficialmente aún están domiciliados en el campo. Si se ponen enfermos, tienen que pagar por tanto el precio completo en la clínica de la ciudad. Si hacen venir a su familia, tienen que mandar a sus hijos a una escuela privada y es caro. Esta es la razón de por qué organizan a veces sus propias escuelas.

¿Ocurre que haya migrantes internos que sean enviados de nuevo al campo?

Frank Willems. Personalmente, nunca lo he visto. Los migrantes internos vuelven a su casa una o dos veces al año, hacia el 1º de octubre por ejemplo, cuando tienen una semana de vacaciones o durante el año nuevo chino, cuando también tienen una semana o más, o alrededor del 1º de mayo, con una semana de vacaciones también. A veces no regresan a la ciudad o no regresan hasta más tarde, porque en ese momento los transportes públicos están completamente saturados.

Los migrantes internos viven mejor que en el campo, si no fuera así no vendrían. Ahorran mucho también, pese a los problemas de pago de las horas extra, véase de los salarios. En la construcción, a veces no reciben su salario más que al final de un proyecto. En las pequeñas y medianas empresas, ocurre a veces que el salario se entrega en el momento en que los migrantes vuelven a casa. Esto genera abusos por parte de los empleadores que dicen: “No quiero pagaros ahora, no antes del año que viene. Mientras tanto, aquí tienen un adelanto.”

El sindicato chino

¿Defiende el sindicato los derechos de estas personas?

Frank Willems. Hace dos o tres años, el sindicato empezó a trabajar con los migrantes internos. Hoy ya cuenta con 50 millones de afiliados. No se sabe cuántos migrantes internos existen: 100 millones, 150 millones tal vez. Por lo tanto, entre un tercio y la mitad está organizada ahora. Esta cifra aumenta rápidamente: visiblemente, estos migrantes han comprendido la ventaja que había en organizarse.

¿Y en otros sectores?

Frank Willems. Hasta el año 2002 aproximadamente, el sindicato era más un servicio social que una organización de lucha por los intereses de los trabajadores. Esto cambió con la multiplicación de las empresas privadas en los años 90: casi todas las pequeñas y medianas empresas fueron privatizadas y la necesidad de un verdadero sindicato aumentó considerablemente. Desde hace 5 años, los estatutos han cambiado. Hoy el sindicato puede negociar convenios colectivos de trabajo e incluso organizar movimientos de lucha en caso de necesidad. Primero fue algo teórico pero progresivamente se ha ido llevando a la práctica. El sindicato cuenta hoy con 150 millones de afiliados. Con el apoyo del gobierno, puede ejercer más presión sobre las empresas que un sindicato belga. Este es el motivo por el que en las empresas con un gran número de empleados, no se llega rápidamente a la huelga. Las huelgas salvajes y las manifestaciones tienen lugar en las empresas donde aún no hay sindicato.

¿Cuáles son las principales victorias logradas por el sindicato?

Frank Willems.Algunos casos han sido verdaderos símbolos. El más conocido es el de Wal-Mart: aquí el sindicato ha llegado a crear células sindicales en la mayor cadena de tiendas del mundo, una empresa americana que juega un papel preponderante en las exportaciones chinas y que se aprovechó de ello para tratar de poner al gobierno bajo presión. En todos los lugares del tercer mundo donde Wal-Mart está activa, la cadena es una adversaria encarnizada y por principio de toda presencia sindical. China es el único país que consiguió imponerle un sindicato. Desde entonces esto se ha convertido en una palanca frente a otras empresas antisindicales como Kodak, Kentucky Fried Chicken, y hoy también frente a las empresas privadas chinas. Recientemente, leí que Kentucky Fried Chicken, que está omnipresente en China, había sido forzada a conceder un importante aumento salarial a sus trabajadores temporales y a los que trabajan como estudiantes.

¿Cuál es la actitud del poder con relación al sindicato?

Frank Willems. El poder es partidario de la paz social y la armonía y dice que en este momento no hay en China ninguna contradicción antagónica entre la clase obrera y la clase de los capitalistas. En este momento, estas clases deben colaborar en el desarrollo y este desarrollo es la primera prioridad. El razonamiento es el que sigue: China es aún un país del tercer mundo sub-desarrollado y el desarrollo hacia una economía moderna pasa en primer lugar. El poder trata de jugar un papel de mediador hacia las empresas y pregona la armonía. No obstante, esta búsqueda de armonía tiene límites. Cuando la otra parte rompe la armonía, hace falta intervenir, preferentemente mediante la “persuasión”.

En caso de manifestaciones y acciones, hay intervenciones, sobre todo por temor a los desórdenes.

Frank Willems. Hubo manifestaciones que fueron dispersadas y dirigentes que fueron arrojados en prisión, entre otros lugares en Shenyang en 2001. En aquella época, hubo parados que estaban descontentos con la indemnizaciones por cierre y algunos funcionarios se beneficiaron de las privatizaciones. Finalmente el problema fue resuelto amistosamente por las autoridades. El alcalde y otros funcionarios fueron depuestos de sus funciones y severamente castigados por corrupción. Pero por otro lado, cuatro dirigentes huelguistas fueron condenados a cuatro años de cárcel.

¿Ha hablado usted mismo con gente del sindicato o del partido?

Frank Willems. En mi lugar de trabajo, en la universidad, no veo al sindicato. Debe haber uno, pero no se muestra públicamente. En cambio, el PCCh (Partido Comunista de China) es muy activo y muy visible. El secretario del partido tiene su despacho cerca del despacho del decano. Tengo la impresión de que tiene más cosas que decir que el decano (de hecho él fue decano antes que el actual). En la facultad, parece que hay reuniones cada mes o cada dos meses con discusiones sobre la situación de la universidad. Tuve una entrevista con el secretario del partido y me explicó la política del PCCh tal como se expone en las publicaciones oficiales. Cuando seguí haciéndole preguntas sobre cuestiones de política general, me dijo: aquí, nuestro papel como partido es dar el ejemplo, trabajar más duro que los demás. Hay cinco o seis permanentes para toda la universidad. El secretario de la facultad no es un permanente, es profesor a tiempo completo y su trabajo para el partido es añadido.

Los chinos y la política

¿Qué piensa y dice el chino medio de la política interior y extranjera?

Frank Willems. El chino es horriblemente difícil para mí. Por lo tanto no puedo hablar mucho con la gente. Excepto con los que hablan inglés en la universidad, por lo que pese a todo he tenido bastantes conversaciones. Lo que sorprende realmente es la confianza en el futuro. Muchos chinos están convencidos de que su país va a desarrollarse, adquirir un lugar importante en el mundo y que su vida va a mejorar. Pero también reina la incertidumbre. Hace años, los padres invertían en la enseñanza siguiendo la máxima: “A nuestros hijos les irá mejor que a nosotros.” Pero en menos de diez años, el número de estudiantes en la enseñanza superior se ha multiplicado por cuatro. Hoy un diploma universitario ya no es garantía de hacer una carrera importante. Hay mucha más competencia. Como en Bélgica, los universitarios van a tener que conformarse con un empleo por debajo de su nivel. He conocido a muchos estudiantes de final de carrera que se preocupaban por su futuro. Hoy, entre los campesinos, también se empieza a dudar acerca de si ahorrar para permitir que los niños hagan estudios superiores. Como mucho, un 10% de mis estudiantes son originarios del campo. La gran mayoría proviene de las ciudades y son hijos de cuadros u autónomos. Hay una polarización social entre los estudiantes. Son muchos los que recelan de los políticos. La corrupción es un tema de conversación que vuelve constantemente.

¿Y qué piensan de la política interior?

Frank Willems. Casi todos tienen una gran confianza en el gobierno nacional. El Presidente y el Primer ministro son muy populares [En aquella época Hu Jintao y Wen Jiabao respectivamente – Nota de la traducción]. El nuevo gobierno formado en 2002 es más popular que el anterior. Ha corregido la política del anterior gobierno y avanza hacia un nuevo objetivo: la construcción de una sociedad armoniosa. Ya no es el crecimiento lo que tiene prioridad absoluta en detrimento de todo lo demás. Además del crecimiento, este gobierno quiere preocuparse también de las relaciones sociales, de la gente con bajos ingresos, de una red de protección social, del medio ambiente, etc. Este discurso tiene mucho éxito entre la población.  

¿Hay un debate sobre el socialismo o el capitalismo, sobre la vía que está tomando China?

Frank Willems. Socialismo, capitalismo, parece que la mayoría de la gente en la universidad tiene tendencia a considerar que todo esto viene a ser lo mismo. Siguen los cursos obligatorios de marxismo, pero éstos no son adaptados. Los cursos se basan en textos antiguos que no establecen el nexo entre el mundo actual ni con la situación actual de China. Hace dos años, el PCCh ordenó elaborar manuales nuevos, pero en la vida cotidiana de la universidad aún no se ven los resultados. El marxismo es para ellos una teoría.

En la práctica cotidiana, vemos que China ha pasado a una economía de mercado. La economía planificada ha sido eliminada y China ha privatizado – o se están ocupando de ello – todas las empresas, excepto las muy grandes. Saben que el gobierno ha dicho: “A corto plazo, es mejor que dejemos que el sector privado se haga fuerte. Esto va a aumentar el rendimiento y mejorar el desarrollo.” Esto contribuye naturalmente a la confusión que se puede constatar en los jóvenes. Se está tomando un gran riesgo ideológico. ¿Cómo podemos estar seguros de que en cien años aún sabrán que la intención era construir el socialismo? Esto puede conducir a que la sociedad descarrille debido a la debilidad ideológica.

¿Suscita un gran interés la política internacional?

Frank Willems. En comparación con lo que pasaba hace 20 años, los chinos han adquirido una gran confianza en sí mismos. Saben que China figura de nuevo en el mapa y que se va a convertir en una líder mundial. Hace 20 años, aún miraban hacia América, pero esta admiración por América – y también por Europa – ha terminado. Están muy orgullosos de organizar los Juegos Olímpicos. Esto debe convertirse en un punto culminante: China enseñará al mundo de lo que es capaz. Beijing debe convertirse en una ciudad modelo en 2008, y Shenyang también, porque allí también habrá eventos olímpicos, entre otros un partido de la competición de fútbol. Se construyen estadios, una nueva línea de metro. Shenyang-sur, el barrio donde deben celebrarse las competiciones, es también la sección más moderna de la ciudad.

¿Qué saben los chinos del mundo?

Frank Willems. La televisión ofrece bastantes noticias del extranjero. Por lo demás, el nivel de los programas televisivos es escandalosamente bajo. No obstante tienen cadenas muy especializadas. En este caso se puede encontrar algo conveniente. Las noticias extranjeras conciernen exclusivamente a los países, sujetos y conflictos en los que China está implicada directamente o tiene intereses que defender. Los viajes de los dirigentes son presentados en detalle en los informativos. Luego, se dan cada vez más informaciones de contexto sobre cada país y sus relaciones con China. No veo en cambio muchos programas generalistas con explicaciones sobre el mundo entero.

Irak es una excepción. Si los chinos pueden mostrar que América está bien enfangada allí, no van a dejar pasar la oportunidad. Con respecto a Palestina, se mantienen muy distantes. Tienen buenas relaciones, tanto con Israel como con los palestinos, pero no quieren provocar a ninguna de las dos partes. El antiterrorismo es un tema muy candente. China occidental, con sus minorías turcas islamistas, y en menor medida iraníes, conoce mucha agitación, bajo la forma de atentados, movimientos separatistas clandestinos, etc. Esto hace que China esté muy sensible a la cuestión del terrorismo y la lucha para erradicarlo. Para China, Afganistán está completamente bajo el denominador de la lucha contra el terrorismo y China apoya lo que ocurre allí. Cierto es que su frontera occidental, el Xinjiang, no es estable. Con respecto al Tíbet, aún no se ha dicho la última palabra. Allí existen sentimientos hostiles hacia los chinos, sobre todo a raíz de lo que ocurrió allí durante la Revolución Cultural. Los ataques contra la religión en aquella época aún no se han digerido. Pese a todo, allí el Dalai-Lama aún es muy popular. En estas dos regiones, aún pueden producirse todo tipo de acontecimientos que los chinos quieren evitar a toda costa.

Lo que es interesante es Corea del Norte. Los ensayos nucleares de este país son muy comentados. La gente ha estado muy indignada con esta cuestión. China es absolutamente partidaria de una península coreana sin armas nucleares. Las armas nucleares siguen siendo un pretexto para los Estados Unidos – y también para Japón – para instalar armas nucleares o enviar a la región navíos de guerra americanos. Los norcoreanos habían realizado manifiestamente ensayos nucleares sin avisar previamente a China. La gente del partido con los que he hablado del tema han dicho: “Nos han engañado y van a tener las sanciones que se merecen.” Mientras tanto, la calma ha vuelto, pero está claro que estaba amenazando un conflicto serio entre Corea del Norte y China.

Mucha gente dice: “América quiere dominar el mundo.” Otros dicen: “No será tan terrible, aún así tenemos que colaborar amistosamente con ellos”. Los chinos tienen mucho más miedo de Japón. El pasado de guerra no ha sido digerido, y por otro lado, muchos jóvenes albergan realmente sentimientos antijaponeses. Hace algunos años, en Shenyang por ejemplo, se abrió un nuevo museo sobre la ocupación japonesa de Manchuria. Estaba asombrado por la propaganda verdaderamente antijaponesa, no contra los fascistas de la guerra, sino contra el Japón de hoy: “Tenemos que tener cuidado, van a volver.”

¿Y qué piensan de Europa?

Frank Willems. En la región en la que vivo, Europa es la gran desconocida. Saben situar en el mapa a Alemania, Inglaterra, Francia, pero por ejemplo cuando he preguntado a mis estudiantes cuántas lenguas se hablaba en Europa, he obtenido respuestas vacilantes: “¿Cuatro? ¿Cinco?”. En Manchuria, no hay mucha colaboración con Europa. Hay un comienzo: Michelin y algunos otros. Pero es algo reciente. Tampoco se ven extranjeros en la ciudad, excepto algunos coreanos. Éstos constituyen una importante minoría étnica. Hay barrios coreanos en Shenyang con inscripciones en coreano. No hay instalaciones especiales previstas para los extranjeros. Es lo que hace que sea interesante vivir allí. Mejor que en Beijing o en Shanghái. En Shenyang, tenemos un verdadero estilo chino de vida.

China: ¿capitalista, socialista, o…?

Nuestros medios de comunicación presentan a China como un país capitalista. ¿Qué piensa usted al respecto?

Frank Willems. No creo que hoy China sea capitalista. El partido comunista está en el poder, todas las grandes empresas importantes pertenecen al Estado, que aún dispone por tanto  de los medios para corregir el curso de la economía en la dirección deseada por los comunistas. Por otra parte, esta mano poderosa del Estado es lo que explica el éxito económico de China.

¿El país es socialista entonces?

Frank Willems. Si usted habla de socialismo como el que hemos conocido en la Unión Soviética y Europa del Este, China no es socialista. Las empresas estatales representan hoy a lo sumo un tercio de la economía. La economía planificada ha sido eliminada oficialmente. Queda no obstante toda una retahíla de intervenciones del Estado, pero no se trata de “plan”. Ellos mismos hablan de “socialismo con características chinas”, porque es algo que jamás había existido antes. También hablan de “fase primaria del socialismo”.

El razonamiento es el siguiente: “Estamos a la cola del mundo desarrollado. Estamos dispuestos, en una primera fase, a dejar de lado parte de nuestros principios en beneficio de un desarrollo económico rápido. Cedemos hasta cierto punto la economía a empresas privadas, pero no toda la economía.” La reorientación en 2002 fue la primera corrección a esta política. Pero no por ello el nuevo gobierno pone en tela de juicio la línea maestra de economía de mercado. Ellos mismos dicen que todo esto es temporal, pero que esta fase durará, según ellos, al menos cien años. Podría ocurrir que, mientras tanto, el partido comunista se “olvide” del socialismo o que la nueva burguesía eche a los comunistas del poder.

Hay riesgos que hacen que una evolución hacia el socialismo esté lejos de estar asegurada. Ya hablé antes de la debilidad ideológica. La gente no sabe muy bien en qué está ocupada. Desde hace dos años, intentan remediarlo mediante un estudio renovado del marxismo. Intentan concebir teóricamente la situación actual. ¿Es esto suficiente? No tengo ni idea.

¿Diría usted que, desde esta reorientación en 2002, China opta por la vía del Estado del bienestar tal como lo defendió la socialdemocracia después de la Segunda Guerra Mundial?

Frank Willems. Muchas medidas que los chinos han adoptado desde 2002 se parecen efectivamente a la política de la socialdemocracia después de la Segunda Guerra Mundial. Pero la diferencia fundamental es que en China, el partido comunista tiene firmemente el poder en la mano. Los socialdemócratas europeos querían llevar a cabo reformas sociales en una sociedad donde eran los capitalistas quienes tenían el poder.

Los retos del futuro

¿Cómo ve usted la evolución política del Partido comunista chino en un futuro próximo?

Frank Willems. Importantes capitalistas ya han sido admitidos en el partido. Es un arma de doble filo: sin duda alguna contribuye a que los capitalistas no creen su propio partido y es cierto que se les puede controlar mejor una vez que están en el seno del partido comunista. Por otra parte, también constituyen, indudablemente, un apoyo importante para los que, en el seno del partido, quieren pasarse al capitalismo desde hace mucho tiempo. Nadie puede prever la evolución de esta contradicción en el futuro. En septiembre se celebrará un congreso. Hay importantes temas de debate, objeto de controversia, que no figuran en el orden del día, que yo sepa. Durante el último congreso, todas las decisiones que se tomaron eran sobre importantes cuestiones de controversia. Este año, parece ser que la sesión no tendrá nada de histórico. No obstante, un grupo de antiguos cuadros jubilados del partido han publicado un manifiesto en el que se dice que el partido comunista se ha desviado demasiado hacia la derecha, que hay demasiadas privatizaciones, que no se pueden tolerar a los capitalistas en el seno del partido, etc. Después de algunos días, este manifiesto fue retirado de la circulación. Un poco antes había venido otro manifiesto del antiguo secretario de Zhao Ziyang, el dirigente del partido que en 1989 había sido defenestrado por su línea derechista. Este secretario de Zhao ha estado en la cárcel pero hoy está libre, y manifiestamente está de nuevo políticamente activo. En su manifiesto, se puede leer que el partido, o mejor dicho China, “debe introducir la democracia” urgentemente. Este hombre ya no es miembro del partido, pero pienso que podría representar algunas tendencias en el seno del partido mismo.

¿A qué desafíos está o podría estar confrontada la economía china?

Frank Willems. Si China se ve envuelta en una crisis económica, inmediatamente habrá consecuencias políticas. Aquí los principales riesgos se derivan de la integración a la economía capitalista mundial. En los tiempos de la crisis asiática de los años 90, China aún fue capaz de aislarse y mantener la crisis fuera de su casa. Esto ya no será posible si estalla una nueva crisis. Las importaciones y las exportaciones representan aproximadamente la mitad del producto nacional bruto. Si éstas se interrumpen, las consecuencias se harán sentir directamente. La extensión del mercado interior será entonces insuficiente para compensar los efectos. El país posee 1200 billones de dólares de reservas en divisas extranjeras (sobre todo en dólares). Si esta moneda recibe un duro golpe, China será la que más perderá. En el papel, se quedará de golpe mucho más pobre. Ha invertido desde hace mucho tiempo en las letras del tesoro de los Estados Unidos, pero indudablemente no ha considerado oportuno sostener directamente al gobierno americano. Por eso entrega su dinero directamente a los grandes capitalistas americanos en lugar de dárselo al gobierno. Esto no puede funcionar y conlleva bastantes riesgos. En caso de crack bursátil, el Estado chino será uno de los grandes perdedores. De hecho, con sus inversiones en estos fondos, ha perdido billones de dólares en las últimas semanas.

¿Y los desafíos en materia de medio ambiente y consumo de energía?

Frank Willems. China tiene demasiada poca energía. El desarrollo concierne sobre todo a la industria pesada, gran consumidora de energía, y además particularmente contaminante. El gobierno y los dirigentes políticos son muy conscientes de la necesidad de intervenir radicalmente en este terreno. La población aún no se da cuenta de la misma forma. Hace años, se decía: “Esperemos que Occidente llegue con su maravillosa tecnología, y después las retomaremos a nuestra cuenta.” Es lo que están haciendo de hecho: células fotoeléctricas, turbinas eólicas, etc. Bélgica invertirá en el tratamiento de desechos y América en la transformación propia de la hulla. Pero crece la consciencia de que China e India influencian tanto la energía y la contaminación del planeta que ellas mismas deben jugar un papel pionero en la materia. Tendrán que desarrollar ellas mismas tecnologías de alto valor contra la contaminación y por la durabilidad de la energía.

Oficialmente, por la vía diplomática, todavía se dice: “No debemos hacer un mundo, porque después de todo siguen siendo los americanos y los europeos medios quienes consumen y contaminan más. ¡Que empiecen pues por su lado!”. En realidad, China se da cuenta de que no puede permitirse esperar. El problema es que en el plano tecnológico, China aún tiene entre 20 y 30 años de retraso.

¿Muchos desafíos, pero ve usted también puntos fuertes?

Frank Willems. Naturalmente. Si se tiene una fijación con los problemas, resulta imposible explicar este crecimiento espectacular. El gobierno chino es un factor poderoso. Cada vez que surge un problema, aparecen expertos occidentales para decir que habían previsto la catástrofe: la crisis asiática, el atraso de los campesinos, el desempleo debido a la modernización de las empresas estatales, las diferencias regionales, el SRAS, el SIDA, la peste aviar y la lengua azul de los cerdos, por sólo citar algunos. Hasta ahora, el gobierno chino ha sabido mantener firmemente el control en todos estos desafíos.

El país está dirigido por profesionales. Hay una continuidad en la gestión que hace que sea posible una visión a largo plazo. El Partido Comunista está en condiciones de dirigir el país en función de lo que considera que son los intereses del pueblo, sin tener en cuenta a las poderosas empresas privadas cuando éstas van en contra del interés general. La estrategia se define de manera pragmática según el principio de Deng Xiaoping: “Atravesar el río yendo de piedra en piedra”, es decir probar cosas a escala reducida, y después generalizar lo que funciona correctamente y hacer correcciones cuando los problemas aparecen claramente. Para nosotros occidentales, parece que falta una base teórica, pero hasta ahora ha funcionado.

Y finalmente está el dinamismo de la población y su fe en un porvenir mejor. Y está apoyando al gobierno mientras éste siga trabajando bien. En Occidente se escribe y se habla mucho más de la democracia en China que en el propio Occidente.

Dirk Nimmegeers (dirknim@pandora.be) es miembro de la Asociación Bélgica-China y colaborador del periódico China Vandaag.

http://manosfueradechina.blogspot.com.es/2014/06/como-un-chino-entre-los-chinos-mirada.html

    Fecha y hora actual: Lun Nov 18, 2019 7:58 pm