La Prostitución, el oficio más moderno - breve texto tomado del libro Nacimiento de la mujer burguesa, de Julia Varela – año 1997

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    Chus Ditas
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    La Prostitución, el oficio más moderno - breve texto tomado del libro Nacimiento de la mujer burguesa, de Julia Varela – año 1997

    Mensaje por Chus Ditas el Miér Mayo 07, 2014 3:46 pm

    La Prostitución, el oficio más moderno

    breve texto tomado del libro Nacimiento de la mujer burguesa, de Julia Varelaaño 1997

    ¿Qué relación existió entre la institucionalización de la prostitución en Occidente y la imposición del matrimonio monogámico indisoluble?. ¿Qué complejos lazos se tejieron entre la institucionalización del matrimonio monogámico indisoluble, la institucionalización de la prostitución y las relaciones de dominación existentes entre las “clases sociales”?. ¿Favoreció la institucionalización de la prostitución en Occidente la estigmatización de determinadas conductas sexuales?.

    Una perspectiva genealógica, sustentada predominantemente en materiales elaborados por los historiadores, puede contribuir a explicar la lógica subyacente a toda una serie de procesos interdependientes y al mismo tiempo cuestionar ciertos lugares comunes, tales como la creencia de que la prostitución es el oficio más viejo del mundo, o que la prostitución y los vicios forman espontáneamente un matrimonio indisoluble.

    De hecho, algunos trabajos realizados desde una perspectiva histórica, como el bien conocido de J. Rossiaud, sobre La prostitución en el Medievo, sitúan claramente su institucionalización en Europa Occidental a finales de la Edad Media.

    ¿Por qué se acondicionaron, en un preciso momento histórico, espacios regulados y vigilados en los que determinadas mujeres debían de cobrar una cantidad estipulada, un salario, por mantener relaciones sexuales con hombres?.

    ¿Cómo se relacionan esos fenómenos con la pujante literatura que prolifera, a partir del siglo XII, tanto en contra como a favor de las mujeres?. ¿Por qué el ordenamiento de la sexualidad pasó a ser entonces un problema político de primer orden en torno al cual confluían diferentes intereses?.

    ¿Por qué intervinieron diferentes ‘autoridades’ y se pusieron en marcha diversos dispositivos, con el fin de canalizar ‘las relaciones sexuales’ hacia la monogamia indisoluble de la que se hizo depender el buen orden de los principados, el equilibrio de las transacciones, y también la eterna salvación?.

    Todo parece indicar que con la delimitación de este espacio (un territorio específico, definido como prostitución), al igual que con las persecuciones por brujería, se pone de relieve, de forma descarnada y brutal, el hecho de que ciertas mujeres, especialmente de las clases populares, constituyeron, en la Baja Edad Media, un blanco privilegiado de intervención por parte de toda una serie de agentes sociales que se habían dotado de poder y autoridad.

    Algunos historiadores han señalado que el matrimonio monogámico e indisoluble era ya una institución mayoritariamente aceptada por los moradores de las ciudades españolas hacia 1575, precisamente cuando el Santo Oficio ponía en marcha una fuerte campaña para extenderlo a las zonas rurales.

    Por las relaciones de algunos procesos inquisitoriales, sabemos también que era generalmente admitida la idea según la cual no era pecado mantener relaciones con las mujeres de mundo, (del partido, de la mancebía, o putas) siempre y cuando se les pagase el dinero acordado.

    Algunos encausados por la Inquisición manifestaban además en sus declaraciones una tendencia hacia una mayor libertad de costumbres:

    No es pecado hacer el amor con una mujer ya sea soltera, virgen o casada, con tal de que ella lo consienta libremente, pues la mujer no posee más que su cuerpo, pero de él puede disponer libremente. Maldito el hombre que no toma lo que la mujer le ofrece, no tiene que confesar si lo hace. No es malo, antes es bueno, tener a una mujer por amiga.

    Estas declaraciones ponen bien de manifiesto que existían en esa época códigos de relación entre los sexos diferentes de los preconizados por los adalides de la Contrarreforma. La Iglesia institucional post-tridentina se opuso a éstas y a otras formulaciones más ‘libres’ en un intento de imponer la ortodoxia católica que comenzó a gestarse siglos antes.


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