La Maldición de Malinche: Los defensores del proyecto europeo que se dicen de izquierda - artículo de Bruno Carvalho, del PCP - marzo de 2013

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Chus Ditas
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La Maldición de Malinche: Los defensores del proyecto europeo que se dicen de izquierda - artículo de Bruno Carvalho, del PCP - marzo de 2013

Mensaje por Chus Ditas el Vie Mar 28, 2014 4:46 pm

La Maldición de Malinche: Los defensores del proyecto europeo que se dicen de izquierda

Es esta maldición de Malinche de un género que se dice de izquierda y que se siente superior en relación a los trabajadores y a los pueblos

Artículo original de Bruno Carvalho publicado en el portal http://5dias.wordpress.com el 29 de marzo de 2013 - traducido por Fran J. R. León y publicado en marzo de 2014 en La Haine

Prólogo del traductor:

Bruno Carvalho es periodista y militante del PCP en Lisboa. Le he leído algunos artículos de opinión muy respetables y dando un punto de vista muy interesante sobre ciertas cuestiones. Este artículo es el primero que le traduzco, sin más objeto que dar a conocer una visión que me parece muy acertada sobre el asunto, más aún hoy que estamos a pocos meses de las elecciones europeas. La posición del Partido Comunista Portugués, según la experiencia que tuve con ellos hace unos meses, es muy clara: Están en contra de la Unión Europea, del Euro y de los mecanismos que van atados a estas instituciones. Teniendo esto claro, se presentan a las elecciones europeas, al igual que a otros tipos de comicios, como posición de poder, como un pulso al poder establecido, demostración de fuerza y como un megáfono para hacer llegar sus ideas la sociedad de forma en que esta la asimile. Por supuesto, hacer entrar en contradicciones a los capitalistas y desenmascararlos es una labor muy importante a hacer en estas instituciones. Por eso se hace necesario distinguir entre quienes utilizan cualquier lucha, incluidas las instituciones, para hacer crecer la conciencia y la organización popular y quienes, basándose en estas elecciones (así como en cualquier otras) pretenden construir, desde dentro de la Unión Europea, la quimera de un capitalismo más humano; bien sea de forma abierta o escondido con un mensaje izquierdista, en realidad es un desviacionismo derechista por parte de algunos movimientos obreros y populares. La clase obrera, las organizaciones netamente de izquierda, netamente anticapitalistas, debemos abanderar la lucha abierta contra este sistema: No a la Unión Europea, No al Euro, No al BCE. No, en definitiva, a la unión del bloque imperialismo europeo, encabezado por el capital alemán. No cabe, fuera de estos tres parámetros, la lucha contra las imposiciones de la Troika.

Como último apunte, quiero resaltar las contradicciones que evidencia este mismo artículo entre quienes desde un punto de vista pretendidamente revolucionario y comunista defienden un marco de luchas a nivel del Estado español, obviando las realidades de cada nación bajo el yugo de dicho estado. Sin más, os dejo con el artículo:

LA MALDICIÓN DE MALINCHE: LOS DEFENSORES DEL PROYECTO EUROPEO QUE SE DICEN DE IZQUIERDA

Mientras escucho a la mexicana Amparo Ochoa, recuerdo el entusiasmo sincero de unos y oportunista de otros cuando los indios zapatistas se levantaron en armas en Chiapas. Fue a 1 de Enero de 1994 y, desde entonces, no paró la movilización política en aquella región de América del Norte. Los mismos que alimentaban el eurocomunismo y abrían las puertas a la Unión Europea se deshacían en simpatías por aquellos rebeldes que subcomandados por Marcos se sublevaran el mismo día en que entraba el Tratado de Libre Comercio entre los Estados Unidos y el Canadá.

Los nietos de Emiliano Zapata se sublevaron contra las imposiciones del Estado mexicano sobre la realidad propia de los indígenas, rechazaban la sumisión económica a los vecinos del norte y exigían una democracia participativa. Caminaban en sentido contrario a aquellos que al otro lado del Atlántico poca o ninguna oposición levantaban a la construcción de una Europa sometida a la dirección política y económica de las grandes potencias. Estos estaban contaminados por Malinche.

MALDICIÓN DE MALINCHE:

En 1519, uno de los líderes indígenas ofrece veinte esclavas, algunas piezas de oro y un conjunto de tejidos al español Cortés. Una de las esclavas, Malinche, se volvió una pieza importante en la ocupación de México. Además de intérprete, ayudó a los españoles a obtener informaciones sobre las costumbres sociales y los hábitos militares de los nativos. También realizó tareas de inteligencia a favor de los colonizadores. La canción eternizada por Amparo Ochoa, Maldición de Maniche, habla de los que en pleno siglo XX humillan al nativo y abren los brazos al extranjero.

“Hoy en pleno siglo 20/ nos siguen llegando rubios/ y les abrimos la casa/ y los llamamos amigos. Pero si llega cansado/ un indio de andar la sierra/ lo humillamos y lo vemos/ como extraño por su tierra. Tu/ hipócrita que te muestras/ humilde ante el extranjero/ pero te vuelves soberbio/ con tus hermanos del pueblo. Oh/ maldición de Malinche/ enfermedad del presente/ cuando dejaras mi tierra/ cuando harás libre a mi gente.”

LA IZQUIERDA EUROPEÍSTA

En nombre de un supuesto internacionalismo, hay quien en la blogosfera esputa que los que luchan contra la Unión Europea y el euro sólo están contaminados por la deriva nacionalista y que sirven - aunque no lo sepan – a un futuro nacional-socialismo. Estos, que se atreven a poner en entredicho la lucha anti-imperialista de otros pueblos, como por ejemplo, el papel de Hugo Chávez en la construcción de una alternativa política en América Latina, no hacen más que reforzar el proyecto de las grandes potencias capitalistas. Defender la Unión Europea a toda costa y defender un instrumento que no tuvo y no tiene otro objetivo que el de garantizar y reforzar el poder político económico de las potencias del norte de Europa.

No se trata aquí de defender una guerra entre el norte y el sur. Se trata de defender la lucha de los trabajadores del sur por la defensa de su soberanía económica y política. Los destinos de los que trabajan en Portugal deben ser determinados por ellos mismos. No deben ser determinados por la burguesía portuguesa y mucho menos por la alemana. También los destinos de los que trabajan en Alemania deben ser determinados por ellos mismos. Si no fuera así continuaríamos siendo colonizados por una estructura que ha sido el hecho central de la desgracia que nos acompaña hace tres décadas.

Hay gente que dice: “Bueno, bien, entonces que se junten los pueblos y que tomen el poder en la Unión Europea”. Esta es la perspectiva clásica de los que creen que mientras no estemos todos en condiciones de hacer la revolución y de conquistar el socialismo debemos esperar. O sea, deben esperar por un conjunto de condiciones que muy difícilmente se darán simultáneamente entre tantos pueblos con características, historias, condiciones objetivas y subjetivas, en cada momento, distintos. Los sabios europeístas creen que sólo cuando todos marchemos juntos podremos partir para la revolución, aunque algunos ya las tengan antes que otros y aunque estos acaben por perder la oportunidad de poner fin a la miseria porque otros aún no lo pudieran hacer.

Estos son los que idolatran todo lo que viene de fuera. Rechazan soluciones nacionales en nombre de un continente sin fronteras al mismo tiempo que someten cada pueblo a una lógica supranacional de lucha que parte de la cúpula a la base. Es esta maldición de Malinche de un género que se dice de izquierda y que se siente superior en relación a los trabajadores y a los pueblos. Que pertenece a las ideas más en voga de la izquierda moderna europea – tan viejas como el eurocomunismo – y que olvida que está colonizada por corrientes políticas que son alimentadas y toleradas por la ideología dominante. La ingenuidad tiene límites y de la misma forma que las fronteras de la Unión Europea no fueron derrumbadas para beneficiar a los trabajadores, también la lucha por la liberación económica y política de cada pueblo no sirve a los intereses del capital.

Durante la larga noche fascista había quien entendía que Portugal sólo se liberaría del yugo salazarista después de la caída del franquismo. Quedaba en las manos de los pueblos oprimidos por Franco el destino del pueblo portugués.

No fue así. También ahora, debemos crear las condiciones para que los trabajadores asuman en sus manos las riendas del futuro. Independientemente de la fundamental solidaridad entre quien trabaja en diferentes países, la batalla, en cada sitio, por la derrota del proyecto capitalista europeo es la mejor forma de ayudar a la victoria de los trabajadores portugueses. Los trabajadores franceses tendrán mucho que ganar con la victoria de los trabajadores griegos.
 
 

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