Los New York Intellectuals y la invención del neoconservadurismo (Guerra fría para dominar el pensamiento) - texto de Denis Boneau - Red Voltaire, febrero de 2005

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    Chus Ditas
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    Los New York Intellectuals y la invención del neoconservadurismo (Guerra fría para dominar el pensamiento) - texto de Denis Boneau - Red Voltaire, febrero de 2005

    Mensaje por Chus Ditas el Vie Mar 14, 2014 11:46 pm

    Los New York Intellectuals y la invención del neoconservadurismo (Guerra fría para dominar el pensamiento)

    texto de Denis Boneau (periodista francés, miembro de la sección francesa de la Red Voltaire)- publicado por Red Voltaire, febrero de 2005

    A partir de 1945, los servicios de propaganda estadounidenses y británicos reclutan a intelectuales con frecuencia provenientes de medios trotskistas para inventar y promover una «ideología que rivalice con el comunismo». Los New York Intellectuals, con Sidney Hook a la cabeza, cumplen eficaz y celosamente diferentes misiones confiadas por la CIA, convirtiéndose rápidamente en agentes de primer orden de la Guerra Fría cultural. Teóricos mayores de este movimiento, como James Burnham e Irving Kristol, elaboraron la retórica neoconservadora en la que se basan hoy los «halcones» de Washington.

    En 1945 los estrategas soviéticos quieren obtener el reconocimiento de las democracias populares de Europa Oriental. Apoyándose en los servicios secretos, lanzan una campaña internacional por la paz. Su objetivo es conservar el control del «glacis defensivo» evitando una serie de conflictos armados con la coalición anglosajona.

    Los gobiernos británicos, especialmente el de Clement Attlee, tratan de romper con la propaganda de guerra que entre 1942 y 1945 justificó la alianza con Moscú. En este contexto, en febrero de 1948, Attlee crea, en el Foreign Office, el Departamento de Investigación de Informaciones (IRD), verdadero «ministerio de la Guerra Fría» financiado con fondos secretos y encargado de producir falsas informaciones para desacreditar a los comunistas.

    En los Estados Unidos la situación es más favorable. Los procesos de Moscú, el exilio de Trotski, ex brazo derecho de Lenin, y el pacto germano-soviético han dañado considerablemente al Partido Comunista. En ese contexto, los marxistas se unen masivamente al ala trotskista de la izquierda radical, una de cuyas fracciones pactará con la CIA, traicionando así la IV Internacional.

    Tras una serie de desastrosos fracasos, los servicios soviéticos renuncian a cualquier tipo de influencia en los Estados Unidos y priorizan los países de Europa Oriental, especialmente Francia e Italia.

    Los servicios secretos británicos y estadounidenses tratan de fabricar un pensamiento bastante creíble y universal para rivalizar con el marxismo-leninismo. En este contexto, los New York Intellectuals - Sidney Hook, James Burnham, Irving Kristol, Daniel Bell...- serán combatientes culturales especialmente eficaces.

    Los primeros «golpes bajos»

    Los New York Intellectuals no necesitan infiltrarse en los medios comunistas: ya están en ellos y se definen como militantes trotskistas. La CIA, al reclutar a hombres como el filósofo marxista Sidney Hook, reúne informaciones útiles sobre la izquierda radical norteamericana y trata de sabotear las reuniones internacionales auspiciadas por Moscú.

    En marzo de 1849, en Nueva York, se realiza una «conferencia científica y cultural por la paz mundial» en el hotel Waldorf Astoria. Acuden a la misma delegaciones de militantes comunistas. La reunión es secretamente supervisada por el Kominform, pero el hotel está bajo control de la CIA que ha instalado un cuartel general secreto en el décimo piso. Sidney Hook, que actúa como comunista arrepentido, recibe aparte a algunos periodistas a quienes explica «su» estrategia contra «los estalinistas»: interceptar el correo del Waldorf y difundir falsos comunicados.

    Aprovechando la posición de «caballo de Troya» de Sidney Hook, la CIA lleva a cabo una campaña de intoxicación mediática que llega hasta la divulgación pública de la filiación política de algunos participantes, configurando así la «cacería de brujas» del senador McCarthy. Con celo y brío, Hook dirige a su equipo de agitadores, delatores y manipuladores, que redactan panfletos y siembran el desorden en las mesas redondas... Simultáneamente, fuera del hotel Waldorf, decenas de militantes de extrema derecha desfilan pancarta en mano para denunciar la injerencia del Kominform. La operación es de un éxito total y la conferencia fracasa.

    Sacando lecciones del «golpe del Waldorf», la CIA norteamericana y el IRD británico sistematizan el enrolamiento de trotskistas en la lucha secreta contra Moscú, al punto de hacer de esto una constante de la «guerra psicológica» que llevan cabo contra la URSS [1].

    Sidney Hook, líder de los New York Intellectuals

    Nacido en un barrio pobre de Brooklyn en 1902, Sidney Hook entra en 1923 a la universidad de Columbia, donde conoce a John Dewey, su primer maestro en cuanto pensamiento. Al terminar su doctorado obtiene una beca de la Fundación Guggenheim que le permite estudiar en Alemania y visitar Moscú. Como muchos otros intelectuales de la época, está fascinado por Stalin y el régimen soviético.

    Al regresar a los Estados Unidos inicia su carrera como profesor en la universidad de Nueva York, en el departamento de Filosofía. Sólo abandona su puesto en 1972 para instalarse en Stanford al término de una evolución intelectual que lo conduce del comunismo al neoconservadurismo. Al final de la Primera Guerra Mundial, luego de haberse casado con una militante comunista, Hook se inscribe en un sindicato de profesores cercano al partido. Trabaja en una traducción de Lenin y publica un libro que se hace notar: Towards the understanding of Karl Marx.

    Intelectual típico de la izquierda radical, participa en las manifestaciones contra la ejecución de los anarquistas Sacco y Vanzetti. A principios de los años 30, Hook rompe con los comunistas y se une al clan de los trotskistas reunidos en el American Workers Party, fundado en 1938. Organiza la «Comisión de investigación sobre la verdad en los procesos de Moscú» cuyo objetivo es declarar inocente a Trotski, separado del poder por Stalin.

    A partir de 1938 abandona definitivamente el ideal revolucionario. En 1939 funda el Committee for cultural freedom, organización antiestalinista que, después de la guerra, constituye una de las bases del Congress for cultural freedom [2]. Más que una ruptura, esta «traición» -Hook vigila a sus antiguos amigos para la CIA- constituye para él una atractiva oportunidad política y financiera.

    Cuando Hook evoca las razones de su conversión, se refiere a «estalinistas» como Brecht que, durante una discusión en Nueva York, en 1935, habría bromeado en cuanto al arresto de Zinoviev y Kamenev: «Esos mientras más inocentes, más merecen ser fusilados». Se trata de una denuncia que dice mucho de los métodos de Hook, que no dudaba en citar palabras críticas sacándolas de contexto para hacerlas despreciables.

    En este ambiente de delación, la iniciativa del senador por Wisconsin, McCarthy, es discretamente apoyada por Hook, que publica dos artículos: «Heresy, yes ! Conspiracy, no !» (¡Herejía sí, conspiración, no!) y «The dangers of cultural vigilantism» (Los peligros de la vigilancia cultural) en los cuales, pretendiendo criticar a McCarthy, estimula el espionaje y la delación de funcionarios, intelectuales y políticos cercanos a los comunistas.

    Posteriormente Hook expresó que nunca había apoyado al senador de Wisconsin, lo que rechaza la filósofa Hannah Arendt, sin embargo aliada natural de Hook. En «Heresy, yes !», describe la posición ideológica de los «liberales realistas» y la noción de «culpabilidad por frecuentación». Deduce que el Estado debe realizar la «cacería de brujas» guardando las apariencias de un régimen liberal.

    Para ello, la administración, más que culpar a los funcionarios comunistas, debe llevar a los sospechosos a renunciar. En cuanto a los profesores, Hook señala que un profesor comunista «practica un verdadero fraude profesional» [3]. Finalmente, Hook considera que la «cacería de brujas» constituye un error político, no debido a la naturaleza fascista de esta campaña de delación, sino más bien porque la iniciativa de McCarthy, muy poco discreta, contribuye a poner en el mismo nivel la violencia soviética y la norteamericana.

    En «The dangers of vigilantism» preconiza otros medios, más discretos, para la persecución a los comunistas: se trata, por ejemplo, de encargar a instancias profesionales las investigaciones en cuanto a la lealtad.

    Efectivamente, Sidney Hook prefiere las acciones discretas. Su vinculación con varias operaciones de la Guerra Fría cultural, como el Congreso por la Libertad de la Cultura, evidencia su concepción de la democracia, concebida como una fachada necesaria del bloque atlantista encabezado por los Estados Unidos. En 1927 abandona Nueva York y se convierte hasta su muerte en uno de los principales teóricos de la Hoover Institution [4].

    Al frecuentar los círculos de la diplomacia secreta, Sidney Hook se convierte en un conservador respetado por los gobernantes. En 1985, Ronald Reagan lo condecora con la más alta distinción civil norteamericana: la Medal of Freedom, después de haber condecorado el mismo día a Frank Sinatra y Jimmy Stewart. Muere en 1989 y su esposa recibe las condolencias del presidente Bush: «Durante toda su vida fue un valiente defensor de la Libertad (...).
    Aunque afirmaba siempre que no hay nada absoluto en la vida, la ironía quiso que él mismo fuera una prueba de lo contrario, pues si hubo un absoluto, ese fue Sidney Hook, siempre dispuesto a combatir valientemente por la honestidad intelectual y la verdad».

    Convertir a los trotskistas

    La «traición» de Sidney Hook, que hizo posible el éxito de la campaña del Waldorf, es el punto de partida de un movimiento de conversión de una fracción del ala trotskista. La CIA y el IRD confían en los marxistas arrepentidos para llevar a cabo una operación de gran envergadura: la fabricación de una «ideología que rivalice con el comunismo», según la expresión de Ralph Murray, primer jefe del IRD, y de la que el Congreso por la Libertad de la Cultura será el principal instrumento de promoción.

    Así, la táctica de la CIA y del IRD consiste, en un primer tiempo, en «convertir» a los militantes trotskistas y a asegurar su obediencia. Para ello, los servicios invierten una parte de los fondos secretos de que disponen en «salvar» revistas radicales de la quiebra total. Es así como recibe varias donaciones la Partisan Review, feudo de los New York Intellectuals, antigua tribuna comunista ortodoxa y luego trotskista [5].

    En 1952 el jefe del imperio Time-Life, Henry Luce, a través de Daniel Bell, transfiere 10 000 dólares para que la revista no desaparezca. El mismo año, Partisan Review organiza un simposio cuyo tema central puede resumirse de la siguiente forma: «América es ahora la protectora de la civilización occidental». Desde 1953, mientras los New York Intellectuals dominan el Congreso por la Libertad de la Cultura, Partisan Review recibe una subversión proveniente de la «cuenta del festival» del Comité Norteamericano por la Libertad de la Cultura, alimentada por la Fundación Farfield... con fondos de la CIA.

    De igual forma, New leader, dirigido por Sol Levitas, es «salvado» tras la intervención financiera de Thomas Braden... con el dinero de la CIA. Puede comprenderse mejor ahora cómo la Agencia logró obtener la fidelidad de algunos grupos de la izquierda radical.

    Además de «haber salvado» a Partisan Review, la CIA colabora con los servicios británicos a fin de crear una revista anticomunista. Recluta así a Irving Kristol, el director ejecutivo del Comité Norteamericano para la Libertad de la Cultura. Kristol comenzó en 1936 en el City College donde conoce a dos futuros compañeros de la guerra fría, Daniel Bell y Melvin Lasky.

    Trotskista antiestalinista, trabaja para la revista Enquiry. Después de la guerra, reclutado por los servicios estadounidenses, regresa a Nueva York para dirigir la revista judía Commentary. Directamente financiado por los créditos Farfield (CIA), se le encarga inventar Encounter bajo la supervisión de Josselson. El « magazine X », que dirige con el primitivista Stephen Spender, será la punta de lanza de la ideología neoconservadora estadounidense.

    La lucha contra el comunismo en el Congreso por la Libertad de la Cultura

    Como es lógico, los New York Intellectuals y otros comunistas arrepentidos son contactados por Josselson (situado bajo las órdenes de Lawrence de Neufville) quien, a cuenta de la CIA, es encargado de crear el Congreso por la Libertad de la Cultura. El objetivo es organizar en Europa Occidental la «guerra psicológica», según la expresión de Arthur Koestler, contra Moscú.

    Arthur Koestler, nacido en 1905 en Budapest, fue un militante comunista activo durante varios años. En 1932 visita la Unión Soviética y la Internacional financia uno de sus libros. Luego de haber denunciado a la policía secreta a su novia rusa, abandona Moscú y llega a París. Durante la guerra es detenido y deportado como prisionero político.

    Una vez terminada la guerra, Koestler escribe Le Zéro et l’infini (El cero y el infinito), un libro en el que traza su recorrido y denuncia los crímenes del estalinismo. El encuentro con los New York Intellectuals, por mediación de James Burnham, le permite frecuentar los medios en que se deciden las operaciones culturales secretas.

    Tras numerosas entrevistas con agentes de la CIA, supervisa la redacción de una obra colectiva, un encargo directo de los servicios. Le Dieu des ténèbres (André Gide, Stephen Spender...) constituye una dura condena al régimen soviético. A continuación Arthur Koestler es empleado en el marco de la organización del Congreso por la Libertad de la Cultura.

    Koetsler escribe Manifeste des hommes libres a raíz de la reunión del Kongress für Kulturelle freiheit de Berlín, organizado en 1950 por su amigo Melvin Lasky. En su opinión, «la libertad ha tomado la ofensiva». James Burnham es ampliamente responsable del reclutamiento de Koestler, quien pronto se convertirá en alguien bastante molesto a los ojos de los conspiradores del Congreso debido a su entusiasmo.

    El padrino de Koestler, James Burnham, nació en 1905 en Chicago. Profesor en la universidad de New York, colabora en diversas revistas radicales y participa en la construcción del Socialist Workers Party. Algunos años más tarde organizará la escisión del grupo trotskista [6].

    En 1941 publica The Managerial Revolution, futuro manifiesto del Congreso por la Libertad de la Cultura, traducido en Francia en 1947 bajo el título de L’Ère des organisateurs (La era de los organizadores). La conversión de Burnham es particularmente espectacular. En algunos años, luego de sus encuentros con el jefe de la red stay-behind [7], Franck Wisner, y con su asistente Carmel Offie, se convierte en ardiente defensor de los Estados Unidos, según él única muralla frente a la barbarie comunista.

    Declara: «Estoy contra las bombas almacenadas actualmente en Siberia o en el Cáucaso y destinadas a la destrucción de París, Londres, Roma (...) y de la civilización occidental en general (...), pero estoy a favor de las bombas almacenadas en Los Alamos (...) y que desde hace cinco años son la defensa -la única defensa- de las libertades de Europa Occidental». Perfectamente consciente de la función de la red stay-behind, Burnham, amigo íntimo de Raymond Aron, pasa del trotskismo a la derecha conservadora, convirtiéndose en uno de los principales intermediarios entre los intelectuales del Congreso y la CIA.

    En 1950, cuando el turbulento Melvin Lasky recibe fondos desviados del Plan Marshall, Burnham, Hook y Koestler están sin lugar a dudas impuestos del asunto. Gracias al Congreso por la Libertad de la Cultura, Burnham podrá difundir su libro The Managerial Revolution en toda Europa Occidental.

    «Una ideología que rivalice con el comunismo»

    Raymond Aron [8] es el principal artífice de la importación a Francia de las tesis de los New York Intellectuals. En 1947 recurre a la editorial Calmann-Lévy para la publicación de la traducción de The Managerial Revolution. Al mismo tiempo, Burnham defiende en los Estados Unidos su nuevo libro Struggle for the World (Por una dominación mundial).

    El libro: La era de los organizadores (L’Ère des organisateurs) es interpretado inmediatamente por el profesor Georges Gurvitch, (con razón) como una apología de la «tecnocracia».

    Tratando de descalificar el análisis en términos de lucha de clases, Burnham declara que los directores son los nuevos dueños de la economía mundial. Según el autor, la Unión Soviética, lejos de haber realizado el socialismo, es un régimen dominado por una nueva clase formada por «técnicos» (dictadura burocrática).

    En Europa Occidental y en los Estados Unidos los tecnócratas han tomado el poder en detrimento de los parlamentarios y el patronato tradicional. Así, la era dictatorial significa un doble fracaso: el del comunismo y el del capitalismo. El principal objetivo de Burnham es evidentemente el análisis marxista-leninista cuyo principio, la dialéctica histórica, anuncia el advenimiento de una sociedad comunista mundial. En realidad, «el socialismo no sucederá al capitalismo»; los medios de producción, parcialmente estatizados, serán confiados a una clase de directores, único grupo capaz de dirigir el Estado contemporáneo debido a su competencia técnica.

    Léon Blum comprendió bien la dimensión fundamentalmente antimarxista de las tesis tecnocráticas de James Burnham. Después de la guerra, como aliado de Washington, al ex hombre fuerte del Frente Popular le corresponde, no sin cierto malestar, escribir el prólogo a la edición francesa: «Si no hubiera estado seguro de la simpatía de unos y de la amistad de los otros, hubiera visto en esta solicitud un rasgo de malicia (...) no se imagina una obra que pueda provocar un choque más inesperado y desconcertador en el pensamiento de un lector socialista» [9]. Con un padrino como Raymond Aron y un prologuista como Léon Blum, L’Ère des organisateurs tiene un considerable éxito.

    Cercano a Sidney Hook, con quien apoya la «cacería de brujas», Daniel Bell publica en 1960 La Fin des idéologies, una selección de artículos publicados en Commentary, Partisan Review, New Leader y de ponencias del Congreso por la Libertad de la Cultura. La traducción francesa es prologada por Raymond Boudon, quien toda su vida ha combatido las teorías de la escuela francesa de sociología, representada por Émile Durkheim y Pierre Bourdieu, con el objetivo de imponer una concepción americanizada de las ciencias sociales.

    El fin de ideologías La Fin des idéologies, como su nombre lo indica, retoma la tesis favorita de los New York Intellectuals, a saber, la extinción del comunismo como ideal. Daniel Bell, miembro activo del Congreso por la Libertad de la Cultura, que contribuye a difundir su libro, anuncia también el surgimiento de nuevos conflictos ideológicos: «La Fin des Idéologies pronostica la desintegración del marxismo como fe, pero no dice que toda ideología avanza hacia su final. Veo que con frecuencia los intelectuales están ávidos de ideologías y que nuevos movimientos sociales no dejarán de engendra otras, ya se trate del panarabismo, de la afirmación de un color o del nacionalismo» [10].

    Del anticomunismo al neoconservadurismo

    Les New York Intellectuals, comprometidos en múltiples operaciones de infiltración, sólo revelan tardíamente su verdadera pertenencia ideológica al unirse masivamente a las filas de los neoconservadores cuyos principales bastiones están ya en manos de marxistas arrepentidos. Irving Kristol, cuyas relaciones con Josselson son conflictivas, dirige Commentary de 1947 a 1952. Otra figura mayor del neoconservadurismo, Norman Podhoretz, será colocado al frente de la revista casi oficial del Congreso por la Libertad de la Cultura de 1960 a 1995. En Francia, Raymond Aron crea Commentaire en 1978 [11]. El hijo de Irving Kristol, William, es el director del muy neoconservador Weekly Standard.

    Contrariamente a una difundida tesis, no hubo infiltración trotskista en la derecha norteamericana, sino una recuperación por parte de esta de elementos trotskistas, en primer lugar como una alianza objetiva contra el estalinismo y en segundo para utilizar sus capacidades dialécticas al servicio del imperialismo pseudoliberal.

    Burnham y Shatchman abandonan el Socialist Workers Party y la IV Internacional en 1940 para formar un partido escisionista. Max Shatchman preconiza rápidamente la entrada al Partido Demócrata. Se une al halcón demócrata Henry «Scoop» Jackson, cuyo sobrenombre es «senador Boeing» debido a su apoyo feroz al complejo militar-industrial. Reorganiza su partido como una tendencia en el seno del Partido Demócrata bajo la denominación de Partido de los Socialdemócratas Estadounidenses (SD/USA).

    Durante los años 70, el senador Jackson se rodea de brillantes asistentes como Paul Wolfowitz, Doug Feith, Richard Perle y Elliot Abrams [12]. Conservando el mayor tiempo posible su discurso de extrema izquierda, Max Shatchman hace de SD/USA un taller de la CIA apto par desacreditar a las formaciones de extrema izquierda, mientras que se convierte en uno d los principales asesores de la organización sindical anticomunista AFL-CIO [13].

    En el buró político del SD/USA se encuentran personalidades como Jeanne Kirkpatrick, que se convertirán en símbolos de la era Reagan. En una total confusión de géneros, el teórico de extrema derecha Paul Wolfowitz inteviene como orador en los congresos de los partidos de extrema izquierda. Carl Gershamn se convierte en presidente de SD/USA y hoy es director ejecutivo de la National Endowment for Democracy [14].

    De forma general, los miembros de dicho partido, cuyos órganos son la revista Commentary y el Committee for the Free World, son recompensados por sus manipulaciones en cuanto Ronald Reagan asume el poder.

    Los New York Intellectuals no desarrollaron solamente una crítica de izquierda al comunismo, sino que inventaron igualmente un ropaje «de izquierda» para las ideas de extrema derecha cuya etapa de maduración final es el neoconservadurismo. Así, los Kristol y sus amigos pueden presentar con aplomo a George W. Bush como un «idealista» empeñado en «democratizar» al mundo.


    Notas:

    [1] Frances Stonor Saunders, «La CIA y la guerra fría cultural», editorial Debate, Madrid, 2001.
    [2] «Quand la CIA finançait les intellectuels européens», por Denis Boneau, Voltaire, 27 de noviembre de 2003.
    [3] Bernard Genton, Una pasión anticomunista (Une passion anticommuniste), Sidney Hook (1902-1989), IEP Strasbourg.
    [4] «La Hoover Institution, archivos reservados a los republicanos», Voltaire, 3 de febrero de 2005.
    [5] Terry Cooney, The rise of the New York Intellectuals, Partisan review and its circle, University of Wisconsion press.
    [6] Ver la carta de renuncia de James Burnham en Marxists.org.
    [7] «Stay-behind: Las redes estadounidenses de desestabilización y de injerencia», por Thierry Meyssan, Voltaire, 20 de julio de 2001.
    [8] «Raymond Aron, abogado del atlantismo», por Denis Boneau, este artículo será publicado muy pronto en la Red Voltaire
    [9] James Burnham, La era de los organizadores (L’Ère des organisateurs), editorial Calmann-Lévy, Francia 1947.
    [10] Daniel Bell, El fin de las ideologías (La Fin des idéologies), editorial Presses Universitaires de France, Francia, 1997, p. 212.
    [11] «La face cachée de la Fondation Saint-Simon», por Denis Boneau, Voltaire, 10 de febrero 2004.
    [12] «Las raíces históricas del neoconservadurismo: un ataque difamatorio contra el trostkismo», World socialist web site, 23 de mayo de 2003.
    [13] «¿AFL-CIO o AFL-CIA?», por Paul Labarique, Voltaire, 19 de enero de 2005.
    [14] «Las redes de la injerencia democrática», por Thierry Meyssan, Voltaire, 21 de noviembre de 2004.
     

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