Antonio Fernández - 33 Tesis sobre el proyecto soviético

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    Antonio Fernández - 33 Tesis sobre el proyecto soviético

    Mensaje por extremanecesidad el Jue Nov 21, 2013 10:24 am

    33 TESIS SOBRE EL PROYECTO SOVIÉTICO

    Por Antonio Fernández Ortiz
    (Publicado en El Viejo Topo. Núm. 160-161, enero de 2002)


    En sus mil años de historia, Rusia se ha configurado como una entidad histórica particular. Una entidad que se caracteriza principalmente por su naturaleza campesina, multiétnica, multinacional, multirreligiosa y multicultural. Ya en el siglo XIX, algunos autores (Danilevskii) trataron de definir a Rusia como Civilización. En los años 20, como consecuencia de la crisis cultural provocada por la Revolución, surgió un importante movimiento filosófico-político-cultural que definió a Rusia con el concepto de Eurasia.
    La singularidad del proceso histórico ruso viene condicionada:
    Por la ubicación geográfica de Rusia entre dos mundos culturalmente diferentes: Asia y Europa.
    Por la independencia del mismo con respecto a los procesos históricos de Europa occidental y Asia, lo que ha dado lugar a la formación de una entidad histórica con sus específicos elementos constituyentes (cultura, economía, explotación de recursos, acomodación de la población al territorio y al clima, establecimiento de las formas sociales de explotación de los recursos naturales y de la agricultura, etc.).
    Por la presencia de importantes componentes del mundo oriental asiático.
    Por el continuado enfrentamiento con la cultura occidental europea.
    Por la presencia, a pesar del enfrentamiento, de importantes elementos de la propia cultura europea occidental.
    Rusia sufre desde el siglo XVIII una crisis de modernización, es decir, está inmersa en un proceso de modernización que presupone la llegada a un punto final, un estado de Modernidad. El proceso de modernización ruso ha estado acompañando de un proceso de eclosión y elaboración cultural que ha dado lugar a la formación y consolidación de la conciencia nacional rusa. Elementos fundamentales que han contribuido a la consolidación de dicha conciencia nacional han sido la literatura rusa y soviética de los siglos XIX y XX, la filosofía rusa de la solidaridad en sus diferentes elaboraciones, la historia, la ciencia y la técnica rusa y soviética.
    El principal conflicto dentro de esta crisis de modernidad radica en la existencia de diferentes modelos de modernización y diferentes modelos de "objetivo final", es decir de Modernidad. Hay un proyecto de modernidad con claras influencias exógenas que presupone la imitación del modelo de modernización europeo occidental y la renuncia a las particularidades nacionales rusas. Hay otro proyecto de modernización que presupone la continuidad de la trayectoria histórica rusa, es decir un modelo de modernización, en lo fundamental endógeno y nacional que se apoya en el desarrollo de los recursos nacionales (sean estos espirituales, económicos, culturales, etc.).
    La intensa presión del capitalismo occidental a finales del siglo XIX y principios del XX y los intentos realizados por imitar el modelo de modernización occidental (exógeno) e incorporar a Rusia al ámbito de influencia del capitalismo europeo occidental llevaron al mundo campesino ruso al borde de su desaparición. Esta tensión produjo una situación revolucionaria que eclosionó en la Revolución de 1905-1907. Dicha revolución fue una guerra de nuevo tipo con la participación activa de campesinos y trabajadores. Los trabajadores actuaban como parte de dos mundos y adelantaban lo que posteriormente sería la característica fundamental del sistema soviético. Por un lado actuaban como obreros portadores de los atributos de esta clase social, pero por otra parte actuaban como campesinos. Su reciente "proletarización" les permitía ser todavía portadores de las concepciones del mundo del campesinado y comportarse y actuar como campesinos. Puede hablarse de una dualidad en su conciencia de clase. Por estas y otras características la revolución de 1905-1907 puede ser considerada como el ensayo y la "universidad" de la Revolución de Octubre.
    La Revolución de Febrero de 1917 (liberal) fue un intento de imponer de forma definitiva el modelo de modernización occidental (exógeno), y por ello un intento de cambiar la trayectoria histórica de Rusia, sacarla de su "corredor" histórico. El aspecto fundamental de aquel intento fueron las resistencias que generó en el mundo campesino ruso.
    La respuesta de la cultura rusa a las presiones del modelo modernizador representado por la Revolución de Febrero fueron la Revolución de Octubre (socialista) y el bolchevismo. La Revolución de Octubre no fue una revolución desde arriba, sino un proceso natural, popular, en parte espontáneo. Una respuesta desde abajo a la crisis en la que se encontraba Rusia en aquellos momentos. La Revolución de Octubre no fue una revolución obrera en un país capitalista que permitió el paso del capitalismo al socialismo. Fue una revolución de campesinos y obreros en un país no capitalista donde se daban determinados elementos de un capitalismo periférico incipiente, entre ellos una clase obrera minoritaria con comportamientos y valores de origen campesino. Fue una revolución donde el principal agente revolucionario era el propio campesinado. Mientras que el marxismo clásico partía de la idea de que, bajo la presión disgregadora del capitalismo, el campesinado debía desaparecer y dar lugar a la burguesía rural y al proletariado, la realidad rusa mostró que el campesinado ruso, pese a los elementos disgregadores del capitalismo presentes en Rusia, había conseguido digerir los intentos de los distintos gobiernos de destruir el mundo campesino por decreto y transformar a los campesinos en granjeros acomodados y en obreros. Los intentos de reforma, entre ellas las de Stolipin, chocaron siempre con la encarnizada resistencia de los campesinos, que se negaron a la destrucción de sus estructuras tradicionales de vida articuladas alrededor de la comunidad campesina, de la propiedad y gestión de la tierra de forma colectiva y de las concepciones del mundo que de ellas se desprendían. De aquel conflicto, en sus aspectos fundamentales, la comunidad campesina salió reforzada y con ella el campesinado como "clase en sí".
    El protagonismo del campesinado en la Revolución condicionó toda la evolución posterior del proyecto soviético. El bolchevismo, a pesar de su componente marxista, europeo, fue la expresión, la manifestación, la alternativa de la cultura rusa al modelo occidentalista (exógeno) de modernización. La formula de Lenin para definir el socialismo (socialismo = poder soviético + electrificación de todo el país) era en definitiva la definición del modelo de modernización del bolchevismo: por un lado la electrificación como expresión de la industrialización, y esta última incorporada al bolchevismo por el industrialismo presente en el marxismo; por otro lado, el Poder soviético, los soviets, como expresión de las formas de organización de autogobierno de la cultura campesina rusa. El Estado soviético fue un Estado de nuevo tipo que incorporó las formas tradicionales de organización campesina del poder. Los soviets (consejos), considerados habitualmente en la bibliografía sobre la historia de la URSS como la manifestación por excelencia de la autogestión obrera y del poder obrero, son en realidad la manifestación de las formas campesinas de organización del poder. Los soviets no fueron un fenómeno de la cultura del proletariado urbano ni fueron "inventados" por el proletariado ruso; son un fenómeno específico de la cultura campesina tradicional de Rusia que, con diferentes nombres (mir, obshina, obschestvo, obchestvo, sjod, sjodka, etc.), están presentes en la cultura de organización social y del poder del campesinado ruso. Esta cultura de lo comunal y colectivo había dado lugar en Rusia al desarrollo del que quizá fue en su momento el movimiento cooperativo (en su sentido moderno) más importante del mundo. En 1913 había en Rusia más de 30.000 cooperativas y sus miembros superaban los diez millones de personas. Fueron los soldados rusos, en su 99% campesinos, y los obreros todavía con comportamientos campesinos, los que recurrieron, en el ambiente hostil de las grandes ciudades como San Peterburgo y Moscú, y en los frentes y acuartelamientos militares, a los soviets como formas de organización y gestión de un poder que, con la disolución del Estado zarista en febrero de 1917, había quedado sin una representación y concreción efectiva del mismo. La participación de los obreros industriales rusos en los soviets urbanos tenía más que ver con la pervivencia de las formas de entender y aprehender el mundo en su componente campesino que con la expresión de su relativamente nueva cultura proletaria.
    El objetivo principal de la Revolución de Octubre y del proyecto soviético puede ser resumido con la siguiente frase: "alcanzar al capitalismo para huir de él" (Lenin y Max Weber expresaron esta idea desde posiciones filosóficas diferentes). A finales del siglo XIX y principios del XX estaba claro que la introducción en Rusia de los elementos del capitalismo occidental estaba convirtiendo a ésta en una zona periférica del capitalismo, complementaria y dependiente de la economía occidental. El desarrollo de esta tendencia llevaba implícita la destrucción de la sociedad rusa en la forma como ésta había existido hasta los inicios del siglo XX y la destrucción de la trayectoria histórica de Rusia. Contra esa destrucción se resistía el elemento mejor consolidado de la sociedad rusa: el campesinado. De forma esquemática podemos decir que los dos grandes proyectos de modernización de Rusia existentes a principios del siglo XX no pudieron responder al reto histórico planteado. La opción liberal, representada en su forma ideal por el partido Kadete, llevaba directamente a la transformación de Rusia en una economía periférica, semicolonial, dependiente del capitalismo occidental. La opción nacional, con un alto componente de socialismo, solidaridad tradicional campesina y mantenimiento de estructuras económicas y políticas propias de la tradición cultural rusa, el Populismo, no pudo conducir a la sociedad rusa por el camino por ellos planteado, incluso a pesar de los desesperados intentos de presión a través del terrorismo. La Revolución debía permitir a Rusia salir del círculo vicioso en el que se encontraba: por un lado, alcanzar al capitalismo, es decir, permitir la transformación de Rusia en una sociedad industrial; por otro lado, huir del capitalismo, es decir, evitar la transformación de Rusia en una economía periférica dependiente y subordinada al capitalismo occidental. Y de esta manera, evitar la destrucción de las estructuras fundamentales de la sociedad rusa, evitar que ésta abandonara su propia trayectoria histórica y evitar el proceso de depauperación de las clases trabajadoras, sobre todo del campesinado, tal y como había ocurrido en Europa occidental.
    El resultado de la Revolución de Octubre fue un modelo de sociedad industrial diferente al del capitalismo y no una consecuencia del capitalismo (un estadio histórico superior). La sociedad rusa, ya en su forma soviética, dio un salto cualitativo, y de sociedad agraria no capitalista y tampoco precapitalista, se convirtió en una nueva forma de sociedad industrial que no pasó por el capitalismo: el comunismo soviético. Esta sociedad industrial no es sólo consecuencia del industrialismo marxista sino que hunde sus raíces en la historia rusa y en la búsqueda de un camino propio de modernización e industrialización en el que, como ya hemos dicho anteriormente, se encuentra inmersa la cultura rusa desde el siglo XVIII.
    El bolchevismo fue una manifestación cultural específica, una cultura nueva de la modernización, de la Modernidad. Su rasgo principal fue la permanencia en su seno de elementos y culturas dispares, que en principio, y sobre la base de experiencias históricas anteriores, parecían contradictorias. En el bolchevismo se produjo la convivencia de multitud de elementos y componentes de la cultura campesina tradicional rusa junto con los nuevos elementos y componentes de la industrialización, la filosofía, la ciencia y la técnica contemporánea de vanguardia, es decir, la convivencia de dos conceptos que hasta entonces, sobre la base de la experiencia histórica europea occidental, habían sido considerados irreconciliables: tradición y modernidad. La característica fundamental del proyecto soviético es la síntesis que, de la sociedad tradicional campesina rusa y del industrialismo, se produce en su seno. Muchos de los componentes del sistema soviético continuaron en el marco de la trayectoria cultural rusa e impidieron que el proyecto soviético en su conjunto abandonara la trayectoria cultural y civilizatoria de Rusia. Sin embargo, el conjunto adquirió una nueva forma, una nueva cualidad que le hacía diferente al sistema social precedente. En su nueva forma, el modelo industrial del sistema soviético evitó que Rusia quedara convertida en una sociedad agraria patriarcal residual, periferia semicolonial del capitalismo occidental. En su nueva condición la Unión Soviética pudo crear y desarrollar un sistema industrial moderno y una ciencia y técnica de vanguardia que le permitió convertirse en una alternativa al capitalismo occidental y en un modelo a imitar por los países dominados por el capitalismo que posteriormente pasaron a denominarse, en la nomenclatura occidental, como los países del Tercer Mundo.
    Un rasgo importante y fundamental del bolchevismo fue su componente popular. En realidad, el bolchevismo fue la eclosión del mundo popular ruso, principalmente campesino. El escritor ruso Prishvin, que vivió los años previos a la Revolución y todo el periodo revolucionario en su propiedad en el campo, trabajándola con sus propias manos (y por ello respetado por los campesinos), fue testigo de la vida y de la agitación revolucionaria en el campo ruso. Él apuntó un aspecto importante: que la revolución se había producido porque el campesino ruso se había levantado en busca de la verdad. Sólo que el campesino se había levantado ya en un estado embrutecido, al que había sido conducido por las presiones realizadas sobre el mundo campesino. De hecho, en palabras de Prishvin: "el gorila se levantó a la búsqueda de la verdad". Ese componente popular se manifestó con toda su belleza y toda su brutalidad. El pueblo, idealizado tantas veces, se manifestó en ocasiones con brutalidad y de forma grosera. Aquel comportamiento y los anhelos populares de solidaridad e igualdad no fueron entendidos por importantes sectores de la intelligentsia rusa y soviética y estuvo en la base del rechazo de los intelectuales occidentales al proyecto soviético. Un ejemplo temprano de aquel rechazo de la intelligentsia soviética que puede servir de modelo para la comprensión de aquel conflicto, que en definitiva estuvo en la base de la crisis ideológica del proyecto soviético, lo tenemos en la condena que realizó Bujarin a los poetas y escritores que consiguieron expresar aquel componente campesino y "asiático" de la Revolución y del bolchevismo. La condena realizada por Bujarin fue una de las claves del conflicto que, en su vertiente política, se manifestó como el enfrentamiento entre los proyectos de socialismo de Bujarin y Stalin. Aquel enfrentamiento fue en realidad la expresión de un conflicto más profundo: el choque de dos culturas, de dos concepciones del mundo diferentes.
    El modelo antropológico tradicional ruso y soviético es la expresión de las formas de vida y de las concepciones del mundo del campesinado ruso y ha sido elaborado, en lo fundamental, por el pensamiento filosófico religioso ruso. Este modelo antropológico es la expresión de la ideología dominante, hegemónica, del campesinado ruso y de las clases populares rusas. Aquí el concepto ideología se aplica no en la acepción marxista de falsa conciencia, sino en la acepción gramsciana de "concepción del mundo de las masas" que permite a los hombres tener una visión determinada del mundo y una praxis determinada. Podemos decir que, a pesar del declarado ateísmo oficial del Estado soviético, su modelo antropológico es mayoritariamente religioso en la medida que la religión es el componente fundamental de la cultura popular y es la expresión de la ideología dominante de las clases populares, a la vez que el componente que da forma a dicha ideología. Prishvin definió al bolchevique como la "unión del camarada y del creyente ortodoxo ruso" (el camarada como la expresión de lo terrenal y material y el creyente como expresión de la sacralidad y la religiosidad). La ideología dominante del proyecto soviético incorpora importantes componentes religiosos en la medida que éste no destruyó la idea de la solidaridad campesina y religiosa (orgánica) y que no destruyó lo que Guardini denominó el "órgano religioso natural del hombre", sino que permitió su transmisión desde la sociedad tradicional campesina rusa a la nueva sociedad industrial (tradicional) soviética. La ausencia de los elementos disgregadores de la sociedad liberal en Rusia y la URSS permitió no sólo la conservación de este modelo antropológico, sino que permitió, además, el desarrollo del mismo en las nuevas condiciones de la sociedad industrial soviética. Al contrario que en Europa Occidental, en la URSS "Dios no murió".
    Este modelo antropológico tradicional ruso fue asumido, y posteriormente desarrollado, por el bolchevismo y por el proyecto soviético. Es absurdo pensar y pretender que los campesinos que apoyaron la Revolución de Octubre, el Poder soviético y el bolchevismo conocían las obras de Marx o Engels. Sus ideas de la solidaridad tenían otros orígenes: las tradiciones solidarias de la cultura rusa. Ellos identificaron en su imaginario personal y colectivo que aquellas representaciones y concepciones de la solidaridad que ellos tenían eran las mismas de las que hablaban los líderes y cuadros de la revolución. La incorporación del campesinado a la revolución, su ascenso a través de las estructuras del partido, del komsomol y de los sindicatos al nivel de los cuadros medios y superiores de dirección, impregnó el proyecto soviético de aquel modelo solidario campesino, produciéndose un sincretismo particular entre aquellas representaciones y concepciones de la solidaridad tradicional y la solidaridad de naturaleza racionalista aportada por el marxismo que estos cuadros comenzaron a conocer posteriormente en las escuelas de formación de cuadros y más tarde a través del sistema educativo soviético.
    Precisamente el sistema educativo soviético y los ámbitos científicos y tecnológicos que, en teoría, debieron contribuir a la difusión del pensamiento racionalista europeo entre el pensamiento bolchevique y desalojar de este último las representaciones y concepciones de la solidaridad de la tradición cultural rusa, contribuyeron en realidad a otro proceso diferente: a la afirmación de ambas tradiciones culturales en el seno del bolchevismo. Este proceso se había producido con anterioridad en la ciencia rusa, la cual había asumido las categorías de pensamiento de la Revolución científica europea sin desprenderse de sus categorías tradicionales de pensamiento. Esta particularidad de la ciencia rusa no sólo fue heredada por la ciencia soviética, sino que además tuvo en esta última un particular desarrollo. Un ejemplo destacado lo tenemos en la influencia del cosmismo ruso en la configuración de los soportes éticos de la ciencia soviética y en como influyó de forma determinante en todas las esferas del conocimiento en la URSS.
    El bolchevismo llevaba implícito un componente mesiánico y milenarista. Con ellos, el bolchevismo incluía el mito del eterno retorno y superaba la linealidad del tiempo newtoniano. A través de estos componentes el comunismo se veía como la vuelta a una Arcadia feliz, al paraíso de la hermandad de los seres humanos. La Revolución de Octubre se convirtió en un hecho moral en la medida que en el imaginario popular se convirtió en el medio para el establecimiento del "paraíso de la justicia". Estuvo vinculada a la moralidad del medio en el que se produjo; es más, asumió como suya la moral dominante, llamémosla hegemónica, del contexto social en el que se produjo, es decir, la moral popular tradicional rusa. Los paradigmas morales tradicionales se convirtieron en los paradigmas morales del bolchevismo.
    A pesar de todos estos componentes, la Revolución de Octubre y el proyecto soviético fue un proceso "racional". El propio campesinado se expresaba en gran medida en una categoría racional. La filosofía y la ciencia rusas habían conseguido elaborar y expresar de una forma racional los elementos y componentes míticos de las concepciones del mundo del campesinado ruso y de la cultura rusa en general. El marxismo jugó también un papel fundamental en este proceso de racionalización. Fue parte inseparable de la cultura rusa con anterioridad a la Revolución de Octubre desde que en 1872 se publicó por primera vez el Tomo I de El Capital en ruso. Desde aquel momento el marxismo se convirtió en el principal instrumento teórico de la intelligentsia rusa, dominando prácticamente la conciencia social en Rusia. Casi todos los economistas rusos eran marxistas, aunque muchos de ellos odiaban o renegaban del marxismo. En su momento fueron marxistas importantes líderes del partido Kadete como P.B. Struve o A.S. Izgoev, economistas como M.I. Tugan-Baranovskii, filósofos religiosos como N. Berdiaev, S.N. Bulgakov o S. Frank. Todo el pensamiento que pretendía ser moderno tuvo que expresarse en el ámbito del marxismo, utilizando el lenguaje del marxismo. Quizá el ejemplo más brillante fue Lenin. No en vano, Plejanov, el BUND, los mencheviques, los socialdemócratas occidentales, etc., gritaban escandalizados que los planteamientos de Lenin, su estrategia, era contraria al marxismo, que sus ideas eran eslavofilismo y populismo enmascarados con el marxismo. Los obreros y los campesinos no hicieron caso a aquellas opiniones y se mantuvieron fieles a los bolcheviques.
    Precisamente, el componente marxista del bolchevismo jugó un papel determinante en la estructuración del pensamiento tradicional ruso, de sus concepciones mesiánicas y milenaristas, de las ideas populares de solidaridad y del pensamiento filosófico ruso religioso y laico. El marxismo permitió la reorganización de todo este pensamiento y la transformación de su naturaleza dispersa y fragmentada en un cuerpo teórico único. Se produjo un cambio cualitativo, abandonando todas estas facetas de pensamiento su estado semicaótico, se transformaron en un nuevo cuerpo teórico válido para ser utilizado como teoría de la práctica de la acción social, de la construcción de la nueva sociedad. Esta nueva cualidad de agente transformador de la sociedad, de agente constructor de la nueva sociedad o de agente capaz de dar respuestas a las necesidades de modernización que Rusia estaba demandando desde bastante tiempo atrás, no había sido alcanzada antes por ninguna fuerza por separado: ni la filosofía rusa de la solidaridad, ni el liberalismo ruso, ni el marxismo ruso, ni el populismo revolucionario, ni la cultura solidaria tradicional. Sólo el bolchevismo se convirtió en aquella fuerza, y lo consiguió en virtud de su naturaleza sincrética, por la presencia en su seno de la diversidad cultural.
    La presencia de estos componentes en el seno del bolchevismo y por extensión en el seno del proyecto soviético, proporcionó a éste el impulso transformador y revolucionario inicial, impulso que se prolongó hasta los años 50 del siglo XX. Son los años del "socialismo movilizado", gran movimiento de masas que posibilitó la colectivización, la industrialización, la victoria en la Guerra Patriótica y la recuperación de postguerra.
    Como ya hemos dicho, el objetivo principal del proyecto soviético era "alcanzar al capitalismo para huir de él". Este objetivo se convirtió en una necesidad imperante en los años 30 del siglo XX y condicionó todo el periodo denominado del "socialismo movilizado" (otros autores denominan a este periodo estalinismo). De su consecución dependió la supervivencia del proyecto. En palabras de Stalin: "Nuestro atraso con respecto a los países capitalistas es de 50 e incluso 100 años. Si queremos sobrevivir tenemos que superar esta diferencia en una década". La inminencia de una guerra que se presuponía de exterminio condicionó el sentido histórico del proyecto soviético en los años previos a la misma. A mayor industrialización mayor posibilidad de victoria y menos pérdidas en vidas humanas. Todos los esfuerzos fueron dirigidos a industrializar la URSS, a su modernización en todos los aspectos. Todas las facetas de la vida se convirtieron en "frentes": el frente agrícola, el frente minero, el frente industrial, el frente científico, el frente cultural, etc. El triunfo en cada uno de estos frentes suponía la contribución a la victoria del frente general: la modernización del país. La modernización del país suponía a su vez la victoria, con el menor costo posible de vidas, en la guerra que se avecinaba y, por consiguiente, la continuidad del proyecto y la supervivencia de la propia Rusia/Unión Soviética.
    En aquel contexto, era imprescindible la unidad de todos en torno al proyecto. Los que no estaban de acuerdo con el proyecto se convertían en un riesgo para la supervivencia del sistema en su conjunto. Al principio fueron apartados del poder, pero cuando la inminencia de la guerra era próxima, fueron eliminados físicamente. Para ser eliminado, no sólo era necesario ser disidente activo, bastaba con ser disidente pasivo, con mostrar desconfianza hacia el proyecto común. Se presuponía que en caso de grave conflicto, y una guerra de exterminio lo era, los disidentes pasivos acabarían por transformarse en disidentes activos. Su actividad provocaría grietas en el sistema y podría provocar la caída del mismo. Era por tanto necesario, en la lógica del sistema, liberarse de aquellos elementos antes de que fuesen peligrosos al proyecto. Una parte importante de las represiones políticas de la época del socialismo movilizado tienen su explicación en este contexto.
    La Guerra Patriótica de 1941-1945 supuso el examen del sistema soviético. Fueron puestos a prueba los diferentes elementos constitutivos del sistema soviético: el Estado, la economía planificada, la estructura social, su estructura nacional (étnica), la escuela, el sistema científico y tecnológico, etc. El examen fue superado por todos sus componentes en particular y por el sistema en su conjunto.
    El periodo de reconstrucción de postguerra fue la fase final del "socialismo movilizado", y en lo fundamental, el fin del totalitarismo. Ya desde la segunda mitad de los años 40 se trató de encontrar un camino de salida del socialismo movilizado.
    Tras la muerte de Stalin se pusieron en práctica varios intentos de salir del socialismo movilizado: la desestalinización; Kruschov y el "deshielo"; la reforma de 1965; la época de Brezhnev y la nueva brigada intelectual; las reformas de Kosigin; Andropov; la generación de Gorvachov, el eurocomunismo y la perestroika. En todos estos intentos quedó constancia de las dificultades teóricas y prácticas de la "desmovilización" del socialismo. Los intentos de salir del socialismo movilizado dieron lugar a una acentuación de las contradicciones y conflictos y a una crisis de crecimiento económico en relación con los ritmos habituales de crecimiento de la economía soviética, dando lugar a crisis intersectoriales, envejecimiento de los bienes de equipo y crisis de subsistencias de productos de consumo. Se cumplieron las previsiones de Stalin sobre la "acentuación de la lucha de clases" conforme se avanza en la construcción del socialismo.
    A partir de los años 60 del siglo XX se acentuaron los conflictos "psicológicos" de las masas. La sociedad soviética se urbanizó a partir de los años 30 a un ritmo desconocido en la historia. El 70% de los centros urbanos del la URSS fueron creados a partir del inicio de la industrialización. Muchas fábricas tenían en la URSS el carácter de "creadoras de ciudad". Es decir, tomada la decisión de construir una fábrica, se construía al mismo tiempo una ciudad. Fábrica y ciudad se convertían en un todo orgánico inseparable que funcionaba y vivía con el mismo ritmo y pulso. Uno de los grandes problemas del presente postsoviético viene determinado por la imposibilidad de separar la ciudad de la fábrica tal y como pretenden imponer las reformas liberales y la privatización de la industria nacional soviética. La urbanización de la población y de la vida soviética produjo profundas contradicciones en las concepciones del mundo del hombre soviético. El cambio generacional consumó la fractura entre las concepciones del mundo campesinas dentro de la población urbana. Estas concepciones, con sus representaciones de una solidaridad orgánica, cuasi religiosa, fueron suplantadas en el ámbito de una sociedad urbanizada por nuevas formas de construir y percibir psicológica y sociológicamente la realidad social. Fueron creados nuevos modelos urbanos y la población necesitó del consumo de estos nuevos modelos. Los soportes ideológicos de la sociedad soviética ideocrática comenzaron a ser insuficientes en los nuevos ámbitos urbanos una vez desaparecidas las generaciones todavía portadoras del componente tradicional campesino ruso. De hecho se produjo una profunda fractura cultural e ideológica entre la ciudad y el campo. El campo ruso, la aldea rusa, continuó siendo soviético, mientras que las grandes ciudades comenzaron a distanciarse de aquel modelo cultural primordial y comenzaron a elaborar sus nuevos patrones culturales, al tiempo que también comenzaron a asumir los modelos y patrones culturales del mundo occidental. En su faceta ideológica, las grandes ciudades soviéticas sufrieron un proceso de occidentalización que se manifestó de forma abierta durante la perestroika y la Reforma de Yeltsin. De hecho, los soportes de la perestroika y la Reforma proceden de las grandes ciudades soviéticas. En el caso de Rusia, un papel fundamental lo jugaron las ciudades de Moscú, San Peterburgo y Ekaterimburgo.
    En este contexto de crisis "psicológica" de la población urbana de la URSS, comenzaron a fraguarse las premisas de la perestroika. Se produjo la disolución de los componentes ideocráticos de la sociedad soviética y el inicio del proceso de disolución ideológico del proyecto soviético. El hecho más significativo de aquel proceso fue la renuncia de la intelligentsia soviética al proyecto soviético (el ejemplo más destacado lo tenemos en la llamada generación de los 60). Se puso de manifiesto la incapacidad del sistema soviético de dar una respuesta coherente a su crisis de identidad. Esto vino determinado en gran medida por el desconocimiento de la naturaleza del sistema por los propios soviéticos. Se había producido un desdoblamiento intelectual del discurso oficial soviético que continuaba expresándose en un lenguaje marxista, pero que era incapaz de realizar un análisis adecuado de su propia praxis (desdoblamiento entre el discurso formal oficial y la realidad). No en vano Andropov manifestó: "no conocemos la sociedad en la que vivimos". Aquel desconocimiento se transformó en una crisis total del sistema sólo unos años más tarde.
    Otro fenómeno que acentuó la crisis ideológica de la sociedad soviética fue la aparición y paulatina consolidación de un estamento privilegiado. Aquí el concepto estamento ha sido utilizado de forma consciente. Una parte importante de la bibliografía sobre la URSS habla de la nomenclatura y su entorno como de una clase social. La aplicación de este concepto no es adecuada. El proceso es más complejo y dio lugar a la aparición de un estamento privilegiado que disfrutaba concretamente de "privilegios", fenómeno muy diferente al de clase social. Su incidencia sobre el proyecto soviético fue ideológica y no económica. Los privilegios de los que disfrutaba la nomenclatura y su entorno no suponía ni el control de medios de producción, ni de capitales, ni mucho menos la propiedad de ellos. Asimismo, los privilegios no supusieron en ningún momento un lastre para el sistema soviético. Su incidencia económica fue insignificante en el marco de la economía soviética. El conflicto que generó este estamento fue ideológico, en la medida que la población soviética percibió esta situación de privilegio, y lo que es más importante, percibió que esa elite asumía comportamientos cada vez menos solidarios, menos soviéticos. Esta percepción de la naturaleza no-soviética de ese estamento acentuó la fractura social y la crisis ideológica del sistema. Este fenómeno se encuentra en los orígenes del propio sistema soviético y fue percibido por el propio Lenin. Tanto Lenin como Stalin dedicaron grandes esfuerzos a combatirlo, aunque no pudieron establecer una definición precisa del fenómeno, y quizá por eso no pudo ser atajado (otra parte de las represiones de los cuadros de dirección del Partido y del Estado soviético tiene su explicación en la persecución de esta "maldita casta", como la calificaba Stalin).
    En los años previos a la perestroika se produjo la ruptura entre los distintos niveles de percepción y expresión del sistema. Se produjo la ruptura de las percepciones y expresiones de la conciencia colectiva popular del proyecto soviético. Esta ruptura dio lugar a la debilitación y desaparición del mito colectivista de la construcción del Paraíso de la Hermandad, del "Reino de Dios en la Tierra". La quiebra del mito colectivista de la construcción del "Reino de Dios en la Tierra" llevó pareja la quiebra de la "Idea rusa", y con ella la quiebra de la idea de nación. Es importante tener aquí en cuenta que la filosofía rusa ha pretendido establecer y fijar desde el siglo XIX los aspectos fundamentales de la conciencia nacional rusa. Esta conciencia nacional rusa recibió en las reflexiones de diferentes filósofos el nombre convencional de "Ruskaia Idea" ("Idea rusa") y en ella trabajaron filósofos de todas las corrientes, desde eslavófilos a occidentalistas, pasando por los filósofos cosmistas rusos o los pensadores euroasiatistas. La conciencia nacional rusa, la "Idea rusa", no se refiere a la construcción de una "nación" al estilo europeo occidental, sino a la construcción de un ente solidario, el "Reino de Dios en la Tierra", ente que, en la conciencia colectiva popular, se materializó en el Estado soviético. La quiebra del sistema soviético ha supuesto por tanto la quiebra de la conciencia nacional rusa, de la "Idea Rusa". Se produjo también la ruptura del discurso formal oficial marxista y pseudomarxista con la realidad. Este discurso fue incapaz de explicar la propia realidad, la propia "praxis" del comunismo realmente existente, y fue incapaz de racionalizar las percepciones míticas del proyecto soviético en la conciencia colectiva.
    La perestroika fue una revolución realizada en la superestructura del sistema soviético. Esta revolución pretendía la incorporación de la URSS/Rusia al ámbito de la civilización occidental (una de las principales metáforas de la perestroika fue la de "la vuelta al seno de la Civilización Universal" y la de "construcción de la Casa Común europea"). La intelligentsia soviética renunció a la trayectoria histórica de Rusia/URSS y pretendió "incorporarse" a la supuesta Civilización Universal imponiendo en la URSS un modelo de socialismo occidental, una mezcla de eurocomunismo y socialdemocracia, asumido por una parte de la intelligentsia soviética a través de la ideología de los partidos eurocomunistas y de la disidencia polaca y checoslovaca. Pronto este primer objetivo fue desbordado y los paradigmas ideológicos "socialistas" de la perestroika fueron suplantados por los paradigmas de la sociedad liberal occidental. Esta revolución pretendía el abandono del modelo nacional de modernización y el modelo nacional final de Modernidad representado por el proyecto soviético y la asunción de un modelo diferente, el representado por el del capitalismo occidental europeo.
    En sus aspectos tecnológicos, la revolución de la perestroika fue realizada según la teoría de Antonio Gramsci: la agresión molecular al núcleo cultural de la sociedad soviética. Esta agresión molecular supuso la destrucción de los soportes ideológicos del proyecto soviético y su sustitución por la ideología liberal. Especialmente sensible a esta acción fue la intelectualidad soviética, que incluso pretendió dar a todo este proceso una justificación científica. La historia soviética fue deslegitimizada y con ella perdieron sus legitimidad todos los institutos de la sociedad soviética, incluido el Estado. En la URSS de la perestroika fue llevado a cabo un proyecto sin precedentes de ingeniería social que implicó la manipulación de la conciencia social a una escala hasta entonces impensable. Los medios y métodos de esta acción de ingeniería social fueron varios y diversos: televisión, prensa, radio, cine, teatro, literatura, destrucción de símbolos, mitos y modelos primordiales a través de los cuales la conciencia social percibe, construye y asume la realidad social. La URSS/Rusia se convirtió en una sociedad del espectáculo: provocaciones políticas de todo tipo, alteración de los equilibrios interétnicos, creación de anti-mitos sobre el proyecto soviético que contribuyeron a distorsionar la percepción del pasado y ayudaron a la difusión y asunción de los nuevos mitos sobre el modelo social que se pretendía imitar o incorporar (el modelo liberal europeo).
    La crisis de identidad del proyecto soviético no llevaba implícitamente a su destrucción. No era ésta una consecuencia inevitable, tal y como se ha pretendido presentar. El sistema soviético no era un sistema agotado en sí mismo. La confluencia del factor externo con la crisis interna es lo que condujo definitivamente a la derrota del sistema soviético. Y aquí el concepto "derrota" no ha sido utilizado de forma casual. Realmente se trata de la derrota en una guerra de nuevo tipo que tuvo su comienzo inmediatamente después de la finalización de la II Guerra Mundial. Nos referimos a la Guerra Fría. La derrota de la URSS era deseada por sus enemigos occidentales, quienes contribuyeron desesperadamente a ello por todos los medios posibles desde 1945. El alza agresiva del neoliberalismo de los años 80 del siglo XX y su coincidencia con la crisis interna de identidad del sistema soviético dieron como resultado la derrota del mismo.
    Una de las explicaciones más habituales de la caída de la URSS está relacionada con los supuestos defectos de la economía planificada y su incapacidad para competir con efectividad con la economía de mercado del capitalismo. Esta idea fue una de las principales metáforas de la perestroika y una de las principales ideas asumidas como axioma por la intelligentsia soviética para la justificación de su alejamiento y condena del proyecto soviético. Hay evidentes razones para hablar de problemas en la economía soviética, pero de estos problemas no se desprende la inevitavilidad de la destrucción del sistema soviético. Quienes hablan de la incapacidad económica del sistema soviético, o no entienden el alcance de la crisis del proyecto soviético, o tienen la intención de desinformar. El crecimiento económico anual de la URSS en los años previos a la perestroika no descendió del 3% anual, cuando Europa occidental en aquellos mismos años todavía se encontraba en una profunda crisis económica que en algunos países se manifestaba en un crecimiento económico negativo, o, en el mejor de los casos se mantenía en 0%. La crisis del sistema soviético no fue una crisis económica, fue una crisis sistémica que se manifestó con más agudeza en su superestructura. Dadas las características orgánicas del sistema soviético, no podía ser de otra forma. Las respuestas a aquella crisis debían afectar por tanto a todo el sistema. No era posible contener el proceso aplicando soluciones parciales. Estas no ayudaban, e incluso empeoraban la situación, aunque fuesen aplicadas con la mejor de las voluntades.
    Con la renuncia al proyecto soviético, consciente o inconscientemente, se estaba renunciando a la trayectoria histórica rusa. El desconocimiento de la naturaleza del proyecto soviético contribuyó a esta situación. No en vano, ya en los años 90, el filósofo ruso Alexandr Zinoviev dijo que "apuntamos al comunismo pero acertamos en Rusia" El proyecto soviético y Rusia formaban un todo único imposible de separar. Las Reformas del periodo postsoviético vienen a significar la acentuación de ese camino de renuncia a la trayectoria histórica y cultural rusa y la asunción de un modelo de modernización foráneo: el capitalismo occidental. En este contexto, mientras se mantenga esta renuncia, la crisis de la sociedad rusa postsoviética no hará más que agudizarse. Los posibles escenarios de evolución son varios y diferentes. El abanico de posibilidades incluye cono escenario posible la desaparición de Rusia como entidad estatal y la definitiva desestabilización de la región, con la aparición de nuevas entidades políticas con sus correspondientes repartos de poder y zonas de influencia. Otro escenario posible pasa por el estallido de un conflicto generalizado al que difícilmente se podrá clasificar dentro de los modelos de agitaciones sociales conocidos. Un conflicto sin una definición ideológica de referencia conocida en el que se mezclarán la lucha por la tierra, los enfrentamientos interétnicos, religiosos, etc. Hay otros escenarios, en apariencia menos violentos pero no por ello menos trágicos, que parecen más factibles. El languidecimiento paulatino de Rusia, la muerte de una parte considerable de su población con un fuerte regreso demográfico que ya se está haciendo notar, la creación de una reducida clase urbana de nuevos ricos y la existencia de una amplia base social empobrecida y embrutecida (por cierto que hasta ahora, y a pesar de más de diez años de crisis generalizada, no se ha producido el embrutecimiento de la población, lo que demuestra el nivel alcanzado por las instituciones soviéticas que, como la escuela, se encargaban del proceso de socialización de la persona). Este parece ser el escenario que más interesa al mundo occidental en la medida que supondría un control aceptable sobre las tensiones que el proceso actual está generando. Pero el escenario más deseable no es siempre el escenario definitivo, sobre todo teniendo en cuenta que los modelos de respuesta de la cultura rusa a las situaciones de crisis difieren sustancialmente de los modelos occidentales y que además las situaciones de crisis social en Rusia son comprendidas con bastante dificultad por el mundo europeo occidental.

    El Viejo Topo 160-161 / enero 2002
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    Re: Antonio Fernández - 33 Tesis sobre el proyecto soviético

    Mensaje por el-martillo el Vie Nov 22, 2013 4:07 am

    Dos pajaros de un tiro. Del "zarismo" al capitalismo, y del capitalismo al socialismo. Excelente...
    ¿Alguna opinion? ¿Critica? ¿Desacuerdo?
    A mi me quedó algo dando vueltas.

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