Los mágicos magiares

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Los mágicos magiares

Mensaje por NSV Liit el Jue Oct 10, 2013 2:34 am

SERIAL EQUIPOS DE LEYENDA
El Budapest Honved de Puskas y los Mágicos Magyares
Jaime Rincón 24/02/11 - 16:23.



Hoy en día el término de "fútbol total" se acuña a aquellos equipos que practican un juego ofensivo donde el gusto por las combinaciones rápidas y la constante movilidad de los futbolitas son pilares fundamentales en su manera de entender el desarrollo del juego. Sin embargo, pocos o casi ninguno conocen el origen de esta filosofía. Para encontrar el germen de esta atractiva propuesta hay que remontarse a la década de los 50, donde Hungría se convirtió en el epicentro del seísmo futbolístico.

Si bien la intención de este serial es repasar aquellos equipos que pasaron a la historia a nivel de clubes, en esta ocasión resulta imprescindible unir la leyenda de aquel mágico Budapest Honved a la de la selección húngara de los años 50. Los éxitos de uno fueron la consecuencia del otro y, a grandes rasgos, los protagonistas fueron los mismos.

A nivel regional, el camino hacia la leyenda arrancó en 1949. En ese momento, el hasta entonces conocido como Kispest de Budapest pasó a llamarse Budapest Honved cuando el ministerio húngaro de defensa tomó el control del club. Varios jugadores obtuvieron la graduación militar y el gobierno se encargó de recopilar a las máximas figuras el país en torno a un mismo escudo. Futbolistas como Grosics, Budai, Czibor, Lorant o Kocsis acudieron a la llamada de un equipo donde la figura de Ferenc Puskas comenzaba a emerger.

El resultado no se hizo esperar y el club ganó el campeonato doméstico en cinco ocasiones del 50 al 56, con Puskas proclamándose máximo goleador del torneo hasta en tres ocasiones. Sólo la ausencia de torneos internacionales impidió que el Honved extendiera su hegemonía al resto de Europa. Más adelante llegaría la oportunidad, pero ése sería el principio del fin.

El oro de Helsinki
Al mismo tiempo que el Honved conquistaba Hungría, el combinado nacional hacía lo propio a escala internacional. La primera gesta importante llegó en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952. El equipo dirigido por Gusztav Sebes se paseó hasta la final, donde los goles de Puskas y Czibor acabaron con la correosa Yugoslavia.

Con el oro al cuello llegó la confirmación de una etapa dorada en la que mucho tuvo que ver el mencionado Gusztav Sebes. Socialista convencido y viceministro de deportes en su país, la idea de ver que todos los jugadores tenían el mismo peso en el equipo con la solidaridad y el compromiso como elementos primordiales encajaba perfectamente en su ideología. Esclarecedoras resultaron las declaraciones de Gyula Grosics, el portero de aquella época: "Sebes estaba muy comprometido con la ideología socialista, y eso se podía palpar en todo lo que decía. De cada partido o competición importante hacía una cuestión política".

Un "fútbol socialista", como bautizó el propio Sebes, que quedaría grabado en la memoría de los ingleses para siempre.
Aquel 26 de noviembre de 1953 Wembley asistió a una de las mayores exhibiciones futbolísticas de la historia. Inglaterra, que nunca había caído en casa ante una selección que no fuera de las Islas, sucumbió ante el impresionante despliegue ofensivo del "Equipo de Oro".

La Hungría de Sebes vapuleó a la mítica Inglaterra capitaneada por Billy Wright (3-6). El sistema a modo de W (dos mediocentros y dos extremos para acompañar al punta) con la variante en forma de M (el punta retrasaba su posición a modo de enganche) volvió loco a los ingleses, con el genial Nandor Hidegkuti como gran protagonista. Sin embargo, un gol sería especialmente recordado: uno de los dos de Puskas en el que se deshizo de Wright de manera magistral.

Un cronista del "The Times" reflejó el sentir general con una frase curiosa: "Wright se fue hacia él como un camión de bomberos que se dirige al incendio equivocado". Circula, además, el mito de que algún jugador inglés al ver a Puskas antes del partido afirmó: "Mirad a ese gordinflón. A éstos nos los cargamos". Pero la conclusión es que los Mágicos Magyares arrollaron a Inglaterra ante 100.000 testigos. Fue, como bien describiría el legendario Tom Finney poco después, un enfrentamiento entre "caballos de carrera contra caballos de tiro". Choque que se repetiría poco después en Hungría, con resultado similar (7-1).

Vista la trayectoria no era de extrañar que Hungría acudiera al Mundial de 1954 en Suiza como máxima favorita. Como ocurriera en los Juegos Olímpicos, el combinado húngaro se paseó hasta llegar a cuartos de final, donde esperaba la temible Brasil. El resultado fue un partido de los más violentos que se recuerdan en la historia del fútbol con tres expulsiones y tángana posterior en los vestuarios. Eso sí, Hungría pasó a semifinales.

Allí, la "Cabeza de Oro" fue suficiente para superar a Uruguay. "Cuando tenga una larga barba blanca, seguiré hablando de Kocsis, el hombre que apuntilló a Uruguay gracias a su juego de cabeza único en el mundo". Eran palabras de Roque Maspuli, el portero uruguayo en aquella semifinal. Kocsis, por cierto, acabaría siendo el máximo goleador del Mundial con once dianas. En la final, contra todo pronóstico, Alemania remontaría un 2-0 en los diez primeros minutos para dar lugar a lo que hoy se conoce como "El Milagro de Berna" (bueno, por estos lares más bien lo conocen como "El robo de Berna, NSV Liit). Fue, como apuntó Gusztav Sebes, una "cuestión de suerte".

La única derrota tras 32 partidos invictos. Tras la enorme decepción, Hungría y a menor escala el Honved continuaron su camino triunfal hasta que la política saltó al terreno de juego. En 1956, cuando el Honved estaba en Bilbao para disputar un partido de la Copa de Campeones de Europa, estalló la revolución en Budapest. Jugadores como Czibor, Kocsis o Puskas no regresarían a su país y esto supondría el fin para aquel "Equipo de Oro". El espectáculo de magia húngara se escondería, para siempre, tras el escenario.
http://www.marca.com/2011/02/24/futbol/futbol_internacional/1298561027.html
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Re: Los mágicos magiares

Mensaje por NSV Liit el Jue Oct 10, 2013 2:36 am


El partido del siglo

domingo, 25 noviembre 2012, 02:18


1.- Puskas da unos toquecitos al balón delante de los fotógrafos y la mirada distraída del árbitro, el holandés Leo Horn. Estamos en Wembley y es miércoles. Hay 105.000 espectadores en la tribuna, la inmensa mayoría convencidos del triunfo inglés. Los inventores del fútbol no conciben que puedan perder ante esta selección de Hungría, los Mágicos magiares, pese al imponente historial que presenta: campeones olímpicos en 1952 y 24 partidos consecutivos invictos.

2.- Miércoles 25 de noviembre de 1953. Hoy hace 59 años. No solo Puskas: también Czibor da unos toquecitos al balón y empieza una de las grandes exhibiciones de la historia del fútbol. Será "el partido del siglo". Hungría sale en tromba, roba Kocsis, cede a Hidegkuti y a los 35 segundos los visitantes logran el primer gol. Inglaterra está noqueada en el primer minuto.

3.- ¿Qué ocurre? Que Hungría practica un fútbol distinto, más avanzado, que los ingleses. Aunque ambos equipos parecen explicarse desde el 3-2-5 habitual de la época, los húngaros poseen la flexibilidad del junco y practican el primer "fútbol total" de la historia (al menos, de manera premeditada y permanente), evolucionando claramente hacia el 4-4-2 que por momentos resulta ser un 2-3-3-2, sistema que hoy pasaría por ser ultramoderno.

4.- Laterales y extremos combinan, se apoyan y permutan. Los dos mediocentros, los memorables Bozsik y Zakarias, son el prototipo de las coberturas defensivas, la ocupación de los espacios centrales y la superación de líneas rivales. Arriba hay un talento inmenso (Budai, Czibor, Puskas, Kocsis), pero lo que destruye a Inglaterra es el papel innovador, transgresor podríamos decir, de Nándor Hidegkuti, un delantero centro que juega casi de mediocentro.

5.- Por entonces, nadie podía imaginar a un jugador fuera de su sitio. El delantero centro jugaba de delantero centro. La numeración de las camisetas lo decía claramente: el 2 era el lateral derecho y el 11, el extremo izquierdo. Ni había dudas ni a nadie sensato se le ocurría ponerlo en cuestión. Pero Gusztav Sebes, el seleccionador húngaro, no era un tipo corriente.

6.- Sebes propugnaba un fútbol totalmente asociativo. Él lo denominaba el "fútbol socialista". Todos debían hacer de todo. Reunió a los mejores jugadores en torno al Honved, trabajando con ellos en sesiones maratonianas: mucho físico, trabajo táctico constante y machacona insistencia en el gesto técnico. Esculpió un equipo de genios que comprendían el juego desde el colectivo. Construyó un conjunto prodigioso, uno de los más grandes que jamás se han visto sobre los campos.

7.- Y aquel miércoles, en Wembley, aplastaron a una Inglaterra en la que se alineaban Alf Ramsey, Stanley Matthews o Billy Wright. No solo por el resultado escandaloso (3-6), que pudo ser más amplio sin la benevolencia de Mr. Horn, sino por la forma de llegar a él. El tercer gol, por ejemplo, fue una obra de arte de Puskas en la esquina del área pequeña, cuando burló pisando el balón al capitán inglés, el rocoso Billy Wright, en una finta prodigiosa que mereció el siguiente comentario del diario "The Times": "Wright parecía un camión de bomberos acudiendo al incendio equivocado".

8.- Hombre muy popular en su país, Wright se casaría años después con la cantante Joy Berverley, de las Beverley Sisters, una suerte de precursoras de las Spice Girls, y fue un defensa excepcional, jugando veinte años en el Wolverhampton Wanderers, por entonces el mejor equipo de las Islas. Pero resultó arrollado por una finta dulce de Puskas.

9.- Aunque Puskas logró dos goles, el símbolo del encuentro fue Hidegkuti, el teórico delantero centro de Hungría. Más que por su hat trick, por el descalabro que infligió a Inglaterra. Rompió todos los esquemas: con el 9 a la espalda se apostó en el centro del campo, apenas por delante de Bozsik y Zakarias, cortó mil avances de los ingleses e inició mil ataques en compañía de Puskas.

10.- Wright y Harry Johnston no sabían cuándo marcar a Hidegkuti, ni dónde, ni siquiera cómo. Hidegkuti, el primer gran falso 9 de la historia (aunque Sindelar y Pedernera ya le habían precedido en este rol) quebró el espinazo inglés sacando de la posición a central y mediocentro. Les arrastraba hasta el centro del campo, abriendo espacios para que Puskas y Kocsis percutieran a campo abierto. Y se incorporaba para remachar la jugada. Hidegkuti, gran desconocido para el aficionado, fue un delantero memorable.

11.- La humillación resultó gigantesca. El 3-6 final resulta corto si uno repasa aquel prodigioso encuentro en el que Hungría remató 35 veces contra la portería de Gil Merrick. La derrota tuvo consecuencias dramáticas: seis jugadores ingleses no volvieron a ser convocados nunca más. La prensa local tituló al día siguiente: "El partido del siglo". Bobby Robson dijo tiempo después: "Aquel partido cambió mi forma de pensar. Creíamos ser los maestros y que los visitantes eran los alumnos y resultó ser al revés. No conocíamos a nadie, ni siquiera a Puskas. Nos enfrentamos a marcianos. Nos demolieron".

y 12.- Orgullosos, los ingleses pidieron la revancha por si aquella tremenda derrota hubiera sido un simple accidente. Sebes y sus mágicos magiares la concedieron. Tuvo lugar el 23 de mayo del año siguiente, 1954, en Budapest. Y aún fue más cruel: ganó Hungría por 7-1...
http://www.marca.com/blogs/perarnau-221/2012/11/25/el-partido-del-siglo.html

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