Las luchas revolucionarias y de liberación han contribuido a los esfuerzos por evitar las guerras imperialistas o conjurarlas cuando los imperialistas las han desencadenado.

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Dzerjinskii
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Las luchas revolucionarias y de liberación han contribuido a los esfuerzos por evitar las guerras imperialistas o conjurarlas cuando los imperialistas las han desencadenado.

Mensaje por Dzerjinskii el Sáb Sep 14, 2013 6:33 am

LAS ENSEÑANZAS DE LA II GUERRA MUNDIAL Y NUESTRA EPOCA

Editorial del periódico “ZËRI I POPULLIT” Publicada en la Revista “Albania Hoy” Número 3 de 1989. Páginas 56 a 58

Han transcurrido 44 años desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial y la histórica victoria sobre el fascismo. Mas la memoria y las enseñanzas de dicha guerra están vivas en el pensamiento y los corazones de los pueblos.

La victoriosa finalización de la II Guerra Mundial y el derrocamiento de las potencias fascistas marca uno de los más grandes acontecimientos en la historia de la humanidad. Dicha victoria constituye uno de los mayores golpes contra el imperialismo mundial que cambió radicalmente la correlación de fuerzas en el mundo en favor de los pueblos amantes de la libertad, de la democracia y el socialismo.

El pueblo albanés, bajo la resuelta dirección del PCA (hoy PTA) y del camarada Enver Hoxha, participó activamente y aportó su destacada contribución a la lucha común antifascista de los pueblos, dentro y fuera de las fronteras nacionales. 28 mil mártires, uno por cada kilómetro cuadrado del territorio del país, dio la victoria a la causa contra el fascismo además de numerosas destrucciones y otros daños sufridos a lo largo de los pesados años de ocupación. Gracias a la lucha y a la contribución heroica a la causa común del derrocamiento del fascismo, nuestro pueblo conquistó el derecho de vivir libre e independiente, con igualdad entre iguales.

Pero mientras el PTA y nuestro pueblo conservaron puros los ideales de la gran lucha antifascista, los revisionistas modernos traicionaron y liquidaron las victorias históricas alcanzadas a costa de mucha sangre e innumerables sacrificios. Han transformado la Unión Soviética de patria del socialismo y libertador de los pueblos en una superpotencia social-imperialista que oprime a los pueblos y rivaliza con el imperialismo norteamericano por zonas de influencia y por la hegemonía mundial.

Actualmente, el abierto anticomunismo burgués y el revisionismo moderno, en primer lugar los gorbachovianos, han hecho causa común para atacar frontalmente y denigrar el régimen socialista, tergiversando sin escrúpulos incluso la verdad histórica de la II Guerra Mundial. En este marco, hay intentos de presentar la patria del socialismo, la Unión Soviética de la época de Stalin, casi como la causante y cómplice del estallido de la Guerra, para poner el signo de igualdad entre el régimen socialista que existía entonces con el régimen hitleriano de masacres y campos de exterminio. Dichos intentos están destinados a fracasar. Las monstruosas calumnias y los ataques nefastos de la propaganda burgués-revisionista no pueden borrar de la memoria de los pueblos el colosal papel del primer país socialista en la destrucción del fascismo y su misión libertadora y humanitaria al igual que no pueden negar la gran contribución de los pueblos subyugados en la conquista de la victoria.

En la época y las condiciones de desarrollo actual en el mundo, revisten particular importancia las enseñanzas que emanan de la II Guerra Mundial, acerca del imperialismo, la crisis y sus contradicciones; acerca de las fuentes del nacimiento y llegada al Poder del fascismo, del estallido del conflicto mundial; acerca de la política de concesiones adoptada por las grandes potencias de aquel entonces, que consintió la agresión fascista, etc.

Actualmente, los revisionistas, en particular los gorbarchovianos, están desarrollando una desenfrenada propaganda para ofuscar la conciencia de los pueblos y desorientarlos, apagar su vigilancia ante los peligros que acarrea la política hegemonista de las dos superpotencias, el imperialismo americano y el social imperialismo soviético, para los destinos de la seguridad de los pueblos y la paz en el mundo.

Se ha puesto en circulación y está propagándose con gran alboroto la tesis oportunista de que en las actuales condiciones de la existencia de las armas nucleares, entre otras, el imperialismo ha cambiado o está cambiando su naturaleza, que ha renunciado o está listo para renunciar a la política de expansión y explotación de los pueblos, al militarismo y la carrera armamentista; a las guerras agresivas y saqueadoras.

Los pueblos, entre ellos también el nuestro, las fuerzas progresistas y amantes de libertad, saludan los pasos y los desarrollos reales hacia el desarme, la distensión, la seguridad y la paz. Mas esta cuestión exige una actitud realista. La fuente de las guerras en nuestra época es el imperialismo. Mientras exista seguirá existiendo el peligro de las guerras, incluyendo el de una nueva guerra mundial. Como argumentó Lenin «las guerras sólo podrán desaparecer cuando desaparezca definitivamente la división de la sociedad en clases».

En nuestros días el principal peligro de una nueva guerra general proviene de ambas superpotencias, de su política expansionista, de la militarización y la gran carrera armamentista, la rivalidad por hegemonía y dominación mundial. Como recalcó el IX Congreso del PTA, para evitar la guerra y garantizar la paz, realizar los ideales revolucionarios y democráticos, es necesario que todos se opongan tajante y resueltamente al imperialismo y desenmascaren la política agresiva y los planes de esclavización de las superpotencias, del mismo modo que tanto el retroceso ante las presiones de los imperialistas, como las ilusiones sobre la posibilidad de que han causado daños a la libertad y la soberanía de los pueblos, a la seguridad internacional.

He aquí por qué nuestro Partido ha insistido e insiste en la necesidad de que los pueblos se liberen de la psicosis de sumisión a las superpotencias, de que no se les confíe los destinos de la paz y de la seguridad de los pueblos, de que no se les permita convertirse en árbitros de los asuntos mundiales. Al contrario, es imperativo y vital que los pueblos tomen en sus manos la causa dé la salvaguardia de la paz y de la conjuración de la guerra. Los hechos han probado que incluso cuando las superpotencias se ponen de acuerdo o entran en compromisos para alguna limitación parcial de la carrera armamentista o atenuación temporal de la rivalidad en tal o cual zona, esto se ha hecho y se hace siempre a expensas de terceros, para conservar el equilibrio entre los dos grandes e imponer a otros Su dominación y papel hegemónico.

Echando por la borda toda la experiencia histórica acumulada hasta el presente en el desarrollo de la sociedad humana, los revisionistas modernos, sobre todo los soviéticos, propagan con gran afán la tesis de que en las condiciones actuales la existencia de las armas nucleares y del peligro de una catástrofe nuclear, formas y vías para el progreso social tales como la lucha de clases, la revolución; la lucha antiimperialista, etc., deben ser consideradas como superadas e inadecuadas, incluso indeseables y peligrosas para la causa de la paz y los destinos de la civilización humana. Preconizan que las confrontaciones de clase o nacionales deben ceder el lugar al «consenso general humano», en otras palabras, al compromiso, a los acuerdos de colaboración entre las clases explotadas y explotadoras, entre los pueblos oprimidos y el imperialismo, entre dos sistemas sociales opuestos, el socialismo y el capitalismo, para salvar supuestamente al mundo del holocausto nuclear, etc. Se exige, pues, justificar el mantenimiento del statu quo de dominación capitalista e imperialista.

Tales prédicas hacen un gran engaño y un mal servicio a la causa de la paz. Por un lado, la experiencia histórica mundial demuestra que la lucha de clases, la revolución y las luchas de liberación son inevitables mientras existan la explotación del hombre por el hombre; el saqueo y la opresión de los pueblos por el imperialismo, en la forma que sea. A los trabajadores y a los pueblos que luchan por sus derechos legítimos, por sacudirse el yugo capitalista e imperialista, por la libertad y la justicia social, por una vida nueva y de mejor calidad, nadie puede negarles sus legítimos derechos. Por otro lado, la experiencia histórica, incluyendo la de la Segunda Guerra Mundial, demuestra que las luchas revolucionarias y de liberación jamás han obstaculizado, sino que por el contrario han contribuido a los esfuerzos por evitar las guerras imperialistas o conjurarlas cuando los imperialistas las han desencadenado. Además, las guerras justas representan el único camino real para resolver definitivamente los problemas de la guerra y la paz, y eliminar definitivamente las guerras de la vida de la sociedad, en un mundo nuevo basado en los principios del socialismo y del comunismo.


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