Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por Antifascista el Vie Ago 09, 2013 7:20 pm

Al haberlo encontrado, dejo íntegro el texto de Juan Manuel Olarieta Alberdi que he ido citando en pequeños trocitos. Lo hago para no dejar dormido el hilo, que también puede continuarse con videos, textos, noticias... no solamente con el debate directo.

Para repasar un poco, JM Olarieta es un escritor y abogado vasco, defensor judicial de miembros del PCE(r), GRAPO, ETA, RAF, Brigadas Rojas, Hezbolah etc... Ha sido detenido en una decena de ocasiones y ha sido encarcelado en dos ocasiones: la primera por supuestamente organizar la ODEA (Organización Democrática de Estudiantes Antifascistas) y militar en el SR (Socorro Rojo). La segunda vez fue en 2008, por militancia en el SRI (Socorro Rojo Internacional, organización de carácter internacional con implante en Europa y África, que sirve de soporte y denuncia para todos los represaliados, detenidos y encarcelados políticos que luchan desde unas posiciones democráticas y antifascistas). Es Premio revista del Colegio de Abogados de Madrid 1992.


Cambiar algo para que todo siga igual

Juan Manuel Olarieta Alberdi


El materialismo histórico es una concepción científica acerca de la sociedad y de la historia que, como cualquier otra, tiene sus propios conceptos, uno de los cuales es el fascismo, que fue acuñado por la Internacional Comunista sobre la base de las tesis que Lenin dejó establecidas acerca del imperialismo, y que él mismo resumió de la siguiente manera:

"El viraje de la democracia a la reacción política constituye la superestructura política de la nueva economía, del capitalismo monopolista (el imperialismo es el capitalismo monopolista). La democracia corresponde a la libre competencia. La reacción política corresponde al monopolio [...]
"Tanto en la política exterior como en la interior, el imperialismo tiende por igual a conculcar la democracia, tiende a la reacción. En este sentido resulta indiscutible que el imperialismo es la 'negación' de la democracia en general, de toda la democracia" (1).

Naturalmente quienes están al margen del materialismo histórico no están de acuerdo con esa y otras tesis leninistas, ni utilizan los mismos conceptos científicos, ni son capaces tampoco de criticar a Lenin, Dimitrov y la Internacional Comunista, el núcleo de cuyas posiciones es que el imperialismo es la negación de la democracia.

Una burda falsificación del parlamentarismo

Además de legalidad, los Estados se rodean de legitimidad, tanto más en cuanto que la dominación de clase se impone sobre una base social muy estrecha, como es el caso de la burguesía monopolista, cuya legitimación reposa sobre la democracia. Por consiguiente, en la época imperialista la burguesía entra en contradicción con los propios fundamentos de su dominación y trata de esconderlos bajo diferentes disfraces que, en última instancia, como decía Dimitrov, son otras tantas falsificaciones burdas del parlamentarismo (2), es decir, del binomio pluripartidismo y elecciones, lo cual conduce a ese lema tan extendido de que "tenemos el gobierno que nos merecemos" (3). En definitiva, que la responsabilidad es nuestra, como siempre, porque no votamos a la opción correcta, que siempre suele ser reformista.

Esas concepciones son intolerables. Derivan de la confusión de la legitimidad con la legalidad, que corre paralela con la del Estado y el gobierno, olvidando que lo que habitualmente se conoce como "cuestiones de Estado" están por encima de los gobiernos, los partidos y las elecciones. Es más, no cambian (casi) nunca y, sin embargo, no suelen ser objeto de atención. En palabras de Dimitrov, el fascismo no concierne al gobierno sino al Estado; no es un simple cambio de gobierno sino de la "forma estatal de la dominación de clase de la burguesía" (4).

En 1935 Dimitrov tituló su informe a la Internacional Comunista como la "ofensiva del fascismo" porque en aquel momento ese era su rasgo más característico. Históricamente el fascismo nace por la manera brutal en que la burguesía enfrenta una situación de crisis provocada por el desafío del movimiento obrero tras la Revolución de Octubre. La ofensiva fascista de la burguesía supuso, correlativamente, la defensiva del movimiento obrero, por no decir su derrota y aplastamiento, con las conocidas secuelas represivas, campos de concentración, clandestinidad, exilio, etc.

Esa situación explica los motivos por los que el fascismo nace históricamente, así como sus consecuencias, pero no la esencia del fascismo mismo como superestructura política del Estado burgués característica de la época del imperialismo. Por lo tanto, el fascismo no se identifica ni con aquella etapa, ni tampoco con alguna de las formas concretas que ha revestido en alguno de los países, por ejemplo, con el corporativismo italiano.

Ahora bien, afirma Dimitrov, no se puede establecer un esquema general sobre el desarrollo del fascismo (5) y, en cualquier caso, el partido comunista debe prever el paso de las formas defensivas a las ofensivas (6). Con tanta más razón en aquellos países, como España y Portugal, en los que el fascismo ha tenido una historia larga, que no coincide con la experiencia política de otros países, como Alemania o Italia, donde fue derrotado en 1945, es decir, en donde la experiencia fue relativamente breve, lo que ha contribuido a su mixtificación al presentarlo como un régimen excepcional, un paréntesis político, tras el cual el Estado burgués vuelve siempre a su forma "normal", que es la democracia burguesa.

Sobre la base de la experiencia de esos países, los oportunistas consideran que el materialismo histórico está equivocado y que la historia es reversible, que la tendencia general del imperialismo es hacia la democracia burguesa. Cuando Lenin habla de una "ley histórica", como el viraje de la democracia hacia la reacción política en la época del imperialismo, se refiere a una "tendencia" sobre la cual actúan fuerzas que operan ese sentido y fuerzas que operan en el opuesto y, aunque se pueden poner ejemplos opuestos, la tendencia dominante es la que Lenin, Dimitrov y la Internacional Comunista establecieron correctamente.

El caso de España así lo demuestra y es inconcebible que el regreso a la democracia burguesa se traslade a nuestro país, en donde el fascismo ni ha sido derrotado, ni ha tenido una historia corta. Del mismo modo que Marx y Engels pudieron desentrañar la esencia del capitalismo en aquel país, Inglaterra, el que había tenido una trayectoria más larga, la naturaleza política del fascismo se debe analizar en países como España, que es su modelo más acabado y teniendo en cuenta, como exigía Dimitrov, su evolución a lo largo del tiempo, sus cambios históricos y, muy especialmente, la transición.

¿Obstaculiza el fascismo el desarrollo de las fuerzas productivas?

En España el análisis del fascismo empieza con una vieja batalla ideológica contra las concepciones eurocomunistas de Carrillo, según las cuales el fascismo no le interesa a la burguesía, o al capital financiero, porque impide el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero la evidencia histórica al respecto no puede ser más contundente: el fascismo es la más poderosa palanca de acumulación de capital porque somete al movimiento obrero a un régimen brutal de terror y a unas condiciones laborales leoninas. Así sucedió en España en la posguerra, donde miles de trabajadores fueron explotados en un régimen de semi-esclavitud y en donde tras el Plan de Estabilización de 1959 millones de campesinos tuvieron que emigrar, bien al exterior o bien a las ciudades. Los planes de desarrollo posteriores que el fascismo implementó convirtieron a España de un país semi-feudal a otro de capitalismo monopolista.

A veces esa misma tesis revisionista presenta otro formato, según el cual el fascismo impedía el desarrollo de las fuerzas productivas porque en la Europa democrática no admitían el ingreso de un régimen fascista como España. Esto también es rotundamente falso. Para justificar su claudicación, Carrillo y los eurocomunistas invirtieron la relación causal. Según ellos la incorporación económica formal a la Unión Europea era la causa y no la consecuencia de la integración económica. Pero España ya formaba parte integrante del mercado europeo antes del ingreso de España en la Unión Europea. En 1959 el capitalismo español se incorporó plenamente al mercado mundial y, específicamente, al europeo. La transformación monopolista de los años sesenta fue acelerada precisamente por esa inserción de España en los mercados exteriores y, más exactamente, por tres palancas fundamentales: la emigración al exterior, las inversiones de capital extranjero y el turismo.

Para llegar a dicha conclusión no es necesaria ninguna argumentación alambicada, porque es más que evidente que el capitalismo no aparca un buen negocio con un país por la naturaleza de su régimen político. Es sabido que los capitalistas de las democracias más relucientes no tienen escrúpulos en firmar sabrosos contratos con los criminales más sanguinarios, y lo mismo hizo la Unión Europea con el franquismo. Por ejemplo, el 29 de junio de 1970 la Comunidad Económica Europea, como se llamaba entonces, firmó con el gobierno franquista lo que se llamaba "un acuerdo preferencial".

No se trata sólo del vínculo de España con Europa, sino con cada uno de los países europeos. Uno de los ejemplos más llamativos fue la construcción en 1969 de la central nuclear de Vandellós I, prevista para la fabricación de armas atómicas. El capital de la central no sólo era propiedad de una empresa mixta hispano-francesa, sino que su tecnología también era francesa. A un país capitalista como Francia, cuna de los derechos humanos, no sólo no le importaba la naturaleza fascista del régimen español sino que estaba dispuesto a dotarle de armamento nuclear.

El fascismo es consecuencia de la crisis general del capitalismo

Entre los rasgos con los que Lenin caracterizó al imperialismo destaca que en dicha fase el capitalismo entra en una etapa de crisis generalizada, que no sólo es económica sino también política. Le dedica un capítulo completo a analizar este fenómeno, que le parece "muy importante" (7). El parasitismo, la descomposición, el estancamiento, son otras tantas "tendencias" actuales del capitalismo a las que también se le pueden encontrar excepciones que confirman la regla. Las crisis económicas, como la actual, no son cíclicas, por lo que no van a encontrar salida dentro del propio capitalismo. El fascismo es la adaptación del Estado burgués a esa situación de descomposición y crisis general, es decir, tanto económica como política, que en España alcanza cotas de verdadera degeneración, como estamos comprobando a diario.

La transición española fue uno de esos ejemplos de crisis general, a la vez económica y política, del sistema de dominación burgués que el franquismo pretendió resolver no suicidándose sino sucediéndose a sí mismo. La naturaleza de un régimen político, como cualquier fenómeno social y político, no se puede estudiar recurriendo a los tópicos seudo-marxistas sobre "hegemonía", "bloques de clases", "alianzas entre fracciones de clase" y demás. Ese tipo de recursos vacíos lo que pretenden es encubrir los hechos que hay que poner encima de la mesa: si España fue en un tiempo un régimen fascista y actualmente es democrático burgués es porque hubo un momento en el cual se produjo una modificación en la naturaleza Estado, tan profunda que se puede caracterizar como una excepción a las leyes del materialismo histórico, e incluso más: se puede decir que el materialismo histórico ha vuelto a equivocarse de nuevo y que la historia marcha en la dirección contraria de la prevista por Lenin, Dimitrov y la Internacional Comunista.

Salvo los más recalcitrantes reformistas, hoy no hay ninguna organización antifascista -que yo sepa- que reivindique el Estado actual como una conquista propia, es decir, que afirme: "Desde 1939 nosotros estuvimos luchando por este Estado". Más bien lo que dicen es lo contrario: "Desde 1939 nosotros estuvimos luchando contra este Estado". Por lo tanto, el cambio producido durante la transición no fue una conquista de ninguna organización popular sino una maniobra interna del propio régimen. La historia no muestra el caso de un régimen político que se suicide, es decir, deje de ser lo que es para convertirse en otra cosa distinta. De ello se desprende que a partir de 1975 la reforma política la dirigieron los propios fascistas y que el objetivo que perseguían con ella no era el de debilitar su dominación sobre las masas populares, sino reforzarla. Por último, si los fascistas hicieron algún tipo de cambio no fue porque dejaran de ser lo que siempre habían sido, fascistas, sino porque se vieron obligados a ello por el movimiento popular que durante la transición les había puesto en una situación de crisis muy peligrosa.

Al exponer quién estaba detrás del cambio y para qué hizo el cambio, con qué propósitos actuó, hay que descartar lo obvio: efectivamente, es verdad, hubo un cambio. Ante una crisis, el régimen dominante tiene que hacer algo para salir de ella, tiene que introducir innovaciones. Lo que se trata de saber es si esos cambios tuvieron una entidad cualitativa suficiente como para alterar la naturaleza política del Estado y, además, invertir la "tendencia" política del imperialismo hacia la reacción, la destrucción de las organizaciones de clase y la liquidación de las libertades. Eso es lo que tienen que mostrar.

En ese sentido el posicionamiento de las organizaciones revolucionarias hacia la transición es significativo porque, si el materialismo histórico no se equivoca, deberíamos suponer que quienes consideran que la transición supuso una transformación cualitativa del Estado a la democracia burguesa es porque han analizado al detalle aquella época y pueden mostrar muchos ejemplos de que en España la historia se volvió del revés. Pero no es eso lo que está ocurriendo, sino más bien al contrario, la transición está fuera de la agenda de los grupos comunistas y antifascistas en España; incluso lo consideran algo superado y exótico y, por decirlo más claramente, para ellos la transición es un tabú. No han explicado lo que deberían.

El materialismo histórico no admite vacíos ideológicos, y menos en la historia más reciente, porque favorecen la penetración de la ideología burguesa entre las filas del proletariado, que es lo que viene sucediendo actualmente en España. Al no replantear la transición, el movimiento antifascista en España ha asumido como propia la argumentación de la burguesía, que habla a través de los periodistas, los historiadores y sus políticos profesionales. No es que las organizaciones revolucionarias no tengan una posición propia sobre la transición, sino algo peor: han asumido y aceptado la de la burguesía. El discurso de unos (fascistas) y otros (antifascistas) coincide plenamente: durante la transición se produjo un cambio sustancial en la naturaleza del Estado.

Esa coincidencia con la ideología dominante conduce al abandono de las armas antes de empezar el combate y le está sirviendo en bandeja a la burguesía española lo que para ella es lo más importante, su gran coartada. Los fascistas escuchan de los labios de sus enemigos de clase lo que querían oír: que son demócratas. Incluso algunos comunistas legitiman a un Estado como el español que carecía de legitimidad hasta la transición. Sin embargo, no son capaces de responder a la pregunta: ¿qué ocurrió durante la transición que fuera capaz de legitimar a un Estado que hasta entonces carecía de ella? ¿dónde está esa legitimidad? ¿en qué se fundamenta?

Esas preguntas se multiplican con las recientes propuestas reformistas acerca de la necesidad de una "segunda transición", que seguramente pretenden que sea igual (de fraudulenta) que la primera. ¿No será que reivindican la segunda precisamente porque no ha habido una primera, es decir, porque nada cambió entonces y quieren que nada cambie tampoco ahora? El hecho es que la transición, que creían olvidada o que querían olvidar, retorna de nuevo. Está otra vez en las calles, donde se oyen cosas como "Lo llaman democracia y no lo es". Pues si España no es una democracia, ¿qué es entonces?

La naturaleza de la represión fascista

La asimilación del fascismo a la represión es otro estereotipo erróneo: un régimen no es democrático cuando reprime poco, ni es fascista cuando reprime mucho. En España este argumento tan absurdo es reiterativo en los momentos de represión intensa, como los actuales, o cuando saltan los casos de torturas. Parece que los días que no hay detenidos se puede hablar de democracia y cuando los hay lo que corresponde es tildar al régimen de "franquista" o protestar por el "regreso a la dictadura". Naturalmente es una frase retórica y oportunista cien por cien que demuestra que para ellos el fascismo es un arma arrojadiza, no un concepto fundamental del materialismo histórico. Como explicó Dimitrov, es un error calificar como fascismo cualquier medida reaccionaria de la burguesía (8 ).

La identificación del fascismo por el volumen de represión nace del propio origen del fascismo como fuerza de choque de la burguesía en la época del imperialismo para frenar el auge del movimiento obrero y revolucionario. Dado que en algunos países esa primera ofensiva del fascismo fue derrotada en la Segunda Guerra Mundial, el fascismo se identifica con sus formas coyunturales originarias, especialmente con Hitler y Mussolini, los campos de concentración, las torturas brutales o la liquidación de los derechos fundamentales.

Pero el fascismo no es consecuencia de la represión, sino al revés. Las formas de represión cambian con las formas de dominación. Hay tribunales, cárceles y policías en todos los Estados, de donde los oportunistas deducen que los tribunales, las cárceles y los policías funcionan de la misma manera. Es una opinión muy extendida que se apoya sobre comodines selectos, el principal de los cuales es la manoseada "naturaleza de clase del Estado burgués", que acude al empleo de una represión que, en ocasiones, es incluso brutal, a pesar del carácter democrático del Estado, como ocurrió tras la Comuna de París.

Aquí hay un profundo error metodológico. El marxismo-leninismo es, como repitió Lenin, un análisis de lo concreto, de lo diferencial y, por lo tanto, de lo histórico. En todos los países capitalistas el capitalismo no es el mismo. El análisis empieza a partir del momento en el que se identifica a un país como capitalista y, sin embargo, se diferencia de otros países que también son capitalistas, es decir, cuando es capaz de establecer tanto la unidad como la diferencia de cada país.

El materialismo histórico no conoce argumentaciones que estén por encima de la historia, es decir, que se refieran a cualquier país en cualquier época. Es lo que sucede con la represión, que en este país padece el mismo vacío ideológico que la transición: también está fuera de la agenda de las organizaciones comunistas, seguramente porque la represión pasa a su lado pero no va contra ellas. Consideran preferible discutir los planes quinquenales, la coexistencia pacífica o los koljoses en la URSS que la ley de seguridad ciudadana, la ley de partidos, la de videovigilancia, la doctrina Parot, el régimen FIES, Interpol, Schengen, Echelon o las órdenes europeas de detención.

Cuando no se analiza la represión, no se analiza la historia. Donde hay una manifestación, al lado hay un policía antidisturbios. No se puede hablar de una cosa sin mencionar la otra. Una organización que no es capaz de analizar la represión, sus formas y su historia, no conoce al Estado contra el que pretende enfrentarse. Pero a esa organización no sólo le debería interesar conocer a fondo el contenido de la represión sino la naturaleza de la misma, las formas concretas que adopta porque, a veces, la represión es un acto extraordinariamente formalizado, mientras que otras los aparatos del Estado se sumergen en el funcionamiento paralelo, la tortura, las desapariciones y, en fin, los demás crímenes de Estado.

Pondré un ejemplo: en 1956 se prohibió en la República Federal de Alemania al Partido Comunista, algo que parece idéntico a la prohibición en España del PCE(r) en 2003. Sin embargo, no hay paralelismo posible, ambos fenómenos tienen poco que ver entre sí; ni Alemania es España, ni 1956 es 2003. Como corresponde a dos acontecimientos distintos, las formas no son las mismas. El KPD se prohibió tras un largo juicio ante el Tribunal Constitucional, con la parafernalia propia del caso; el PCE(r) lo prohibió un auto, es decir, una decisión de ínfimo rango de un único juez, en el que no hubo ni juicio, ni defensa, ni recurso de ninguna clase. El KPD había sido legal y luego cambió sus siglas por las de DKP y recuperó su legalidad; el PCE(r) nunca ha sido legal. El KPD nunca tuvo detenidos ni presos; el PCE(r) ha tenido unos 3.000 aproximadamente. Al KPD no le han asesinado militantes; al PCE(r) le han asesinado unos 30 aproximadamente. En fin, la prohibición del KPD responde a una situación coyuntural; la del PCE(r) es definitiva.

No creo necesario abundar en que para un comunista estudiar la represión es una práctica que consiste en luchar contra ella, y no sólo en denunciar su existencia. Tampoco me parece necesario repetir que para luchar contra un Estado hay que luchar también contra la represión de ese Estado.

Notas:

(1) Lenin, Sobre la caricatura del marxismo, Obras Completas, tomo 30, pg.98.
(2) Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.581.
(3) "Los dirigentes que tenemos reflejan cómo somos", dice en una entrevista el grupo musical Deff con Dos, que titula un reciente disco "España es idiota". Kaosenlared.
(4) Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.581.
(5) Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.664.
(6) Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.604.
(7) Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, Obras Escogidas, tomo I, pgs.762 y stes.
(8 ) Dimitrov, Obras Escogidas, tomo I, pg.666.
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por PequeñoBurgués el Vie Ago 09, 2013 7:44 pm

Tras el debate y haber leído detenidamente todo, creo que ha cambiado mi manera de ver las cosas:

Considero que el concepto de Estado-Híbrido de Shenin es el más acertado, entre 2 extremos siempre hay una gama de grises siendo perfectamente plausible una democracia burguesa con rasgos fascistas, es decir, lo que hay ahora.

Siempre me pareció de un tremendo sentimentalismo, una especie de espíritu revanchista histérico ante su total derrota por parte del Estado, la caracterización del Estado español actual como fascista por parte del PCEr.

Por otra parte y como en su día comentó JoseKRK, que se lo llame fascista, o no, no cambia nada el asunto.

Saludos.
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por Antifascista el Vie Ago 09, 2013 8:25 pm

PequeñoBurgués escribió:Tras el debate y haber leído detenidamente todo, creo que ha cambiado mi manera de ver las cosas:

Considero que el concepto de Estado-Híbrido de Shenin es el más acertado, entre 2 extremos siempre hay una gama de grises siendo perfectamente plausible una democracia burguesa con rasgos fascistas, es decir, lo que hay ahora.

Siempre me pareció de un tremendo sentimentalismo, una especie de espíritu revanchista histérico ante su total derrota por parte del Estado, la caracterización del Estado español actual como fascista por parte del PCEr.

Por otra parte y como en su día comentó JoseKRK, que se lo llame fascista, o no, no cambia nada el asunto.

Saludos.
1. Parece que no has leído detenidamente todo, porque ya hemos comentado que no puede existir ningún Estado-Híbrido. ¿Qué es eso del Estado Híbrido? ¿Cuando ha hablado el materialismo histórico de Estados Híbridos? No, el Estado tiene una naturaleza. Lo que se está poniendo en debate es si esa naturaleza del Estado (fascista) cambió en la transición, o al contrario, incorporó a la socialdemocracia reformista reformándose en algunos aspectos (no en los más importantes) sus apariencias, es decir, sus formas, formas de dominación democrático burguesa. (No olvidemos que son solo eso: formas de dominación de la dictadura del capital). En el caso de Alemania, Italia, Francia creo que podemos ver más claro ese cambio de naturaleza, si cabría hablar de democracia burguesa con tintes fascistas. El caso español es totalmente diferente porque un Estado no se hace el Harakiri, por eso yo lo considero como un Estado Fascista con tintes democrático-burgueses.

2. Has leído demasiado Twitter y demasiadas críticas al Pablo Hásel hechas por el humor cibernético (qué es la profesión a la que se dedican hoy en día algunos "revolucionarios", a hacer chister por Twitter). A diferencia de mis dos contertulios (Shenin y Red_Saymoc) tú no lees sobre lo que hablas, porque la caracterización del Estado cómo fascista no la hace el PCE(r) hoy, en 2013, no. La caracterización del Estado como Fascista la hacen en su Primer Congreso (llamado congreso reconstitutivo del Partido) en el verano de 1975. Estaremos de acuerdo en que no hay ningún debate en cuanto a la caracterización del Estado en el 75.

Pero no solo el PCE(r) caracteriza al Estado de Fascista, esto lo hacían muchos de los grupúsculos que se decían comunistas. El PCE(r) hace algo que muy pocos grupitos hicieron en aquella época y que si hacen hoy (esto es imprescindible señalarlo para enterarnos de que estamos hablando realmente): denunciar la reforma del régimen. Lo hicieron en el 1977 oficialmente, en pleno inicio del cambio. Cuando los Carrillos, los Ignacios Gallegos, hablaban de "reconciliación nacional" con los asesinos de la nación, precisamente.

Y al denunciar la reforma de un Estado Fascista para que nada cambie, para perpetuar la dominación monopolista, sí se es un Partido Comunista, no puedes hacer lo que están haciendo la OPI, el PCE y todos estos grupos que sí le mecieron el agua al régimen. En la práctica la linea correcta era articular esa denuncia, organizar y luchar (algo que se les ha olvidado a todos estos nuevos comunistas de Twitter y no hablo solo de lucha armada) contra esa reforma que ya ves lo que nos ha dejado: más miseria y explotación creciente por momentos.

No se puede hablar sin conocer, porque el marxismo es el análisis concreto de la realidad concreta. No es el "yo creo que es por sentimentalismo". "Yo creo que es un sentimiento revanchista de una derrota por parte del Estado".

Podemos hablar de los enfrentamientos del PCE(r) con el Estado en los últimos casi 40 años, dónde yo tengo seguramente posiciones muy distintas a las tuyas (o a las que te cuentan en Twitter) y por cierto, lo haríamos muy agusto, porque al menos podemos hablar de algún Partido que se enfrentó al Estado desde hace mucho tiempo, mientras otros "Partidos" si compiten contra algo, es contra otros "Partidos" y no contra el Estado. Pero lo que no es discutible es el reconocimiento a aquellos que se la jugaron, sean anarquistas, comunistas, independentistas... lo mismo da, contra lo que hoy estamos padeciendo todos desde 1936 (pues son los mismos). Por eso el artículo que inicia este hilo, lo que hace es unir las luchas de los 30 con las actuales, el pasado con el presente, porque es la misma lucha.

3. No he leído la argumentación que da JoseRKK a lo de que no importa nada la caracterización. Esas posiciones suelen decirse cuando uno no quiere mojarse. Cuando por ejemplo, entiende al Estado como Fascista, pero ve que queda muy "izquierdista" y "revanchista" (gracias por la nueva palabreja) que no hay suficientes argumentos etc... Digo como ejemplo, quizás no sean esas sus razones.

A mi sí me importa la caracterización del Estado Español, porque soy comunista en el Estado Español y por lo tanto tendré que luchar, no describir, (que es lo que les gusta a los PCPEs, a los intelectuales marxistas-leninistas  de Twitter etc...) contra el Estado Español, por lo tanto tendré que conocerlo, como se ha configurado, su naturaleza etc... y aportar eso a la lucha de las masas obreras y populares.

Lo que si es cierto, que mirándolo todo muy fríamente sin intención alguna de transformar la realidad, la caracterización del Estado como Fascista o Democracia Burguesa no tiene mucha importancia, en cuanto se defina como monopolista e imperialista, porque hoy en día creo que la linea general en Francia, en Alemania y en España es la misma.

Igual que te digo, que los que hemos leído de lo que hablamos, sabemos que el PCE(r) no siempre pone la cuestión del fascismo como algo en mayúsculas. Yo los textos que he leído dicen que el España es un Estado monopolista e imperialista de carácter fascista. Incluso muchas veces ni eso. Lo que me vengo a referir, que aunque lo definan como fascista, no le dan tanta importancia en el sentido que parece que se la dan, según dicen los cibernéticos, que lo que están intentando es ridiculizar a ese Partido, utilizar lo del fascismo como muro para que nadie indague más allá. Se quede en lo de "estos son unos revanchistas e izquierdistas". En lo que dicen ahora los "dirigentes" del "MCE", qué son los mismos que en los 70 estaban mamando de esa "(Farsa)Reconciliación Nacional".
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por PequeñoBurgués el Vie Ago 09, 2013 8:40 pm

Perdón por lo de democracia burguesa con rasgos fascistas, fue un error mío, esta es mi opinión, es decir, la de Shenin:

Mi posición, de hecho, no es que el Estado español sea una democracia burguesa con tintes fascistas. Es que no es ni fascismo ni democracia burguesa, sino un híbrido de ambas. De hecho en otro hilo de este foro creo que en su día lo califiqué de "demofascismo" o algo así. Porque es evidente que una democracia burguesa no es, ya que varios de los principios de la misma, como la sacrosanta separación de poderes, no se cumplen ni siquiera a nivel formal.
Soy un ni-ni en este asunto.
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por Antifascista el Vie Ago 09, 2013 8:43 pm

PequeñoBurgués escribió:Perdón por lo de democracia burguesa con rasgos fascistas, fue un error mío, esta es mi opinión, es decir, la de Shenin:

Mi posición, de hecho, no es que el Estado español sea una democracia burguesa con tintes fascistas. Es que no es ni fascismo ni democracia burguesa, sino un híbrido de ambas. De hecho en otro hilo de este foro creo que en su día lo califiqué de "demofascismo" o algo así. Porque es evidente que una democracia burguesa no es, ya que varios de los principios de la misma, como la sacrosanta separación de poderes, no se cumplen ni siquiera a nivel formal.
Soy un ni-ni en este asunto.
Y mi contestación (a la que esperaba algún tipo de respuesta) sigue siendo exactamente la misma.

Saludos.
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por fusiles contra el patrón el Sáb Ago 10, 2013 1:17 pm

PequeñoBurgués escribió:Perdón por lo de democracia burguesa con rasgos fascistas, fue un error mío, esta es mi opinión, es decir, la de Shenin:

Mi posición, de hecho, no es que el Estado español sea una democracia burguesa con tintes fascistas. Es que no es ni fascismo ni democracia burguesa, sino un híbrido de ambas. De hecho en otro hilo de este foro creo que en su día lo califiqué de "demofascismo" o algo así. Porque es evidente que una democracia burguesa no es, ya que varios de los principios de la misma, como la sacrosanta separación de poderes, no se cumplen ni siquiera a nivel formal.
Soy un ni-ni en este asunto.
Vamos a ver, creo que el problema principal aquí es un error de comprensión. Una desviación del materialismo histórico que han introducido artificalmente en nuestra percepción marxista.

Por una parte, no vemos que la estructura política del Estado se corresponda con la de los tiempos de la democracia burguesa parlamentarista del periodo ascensional del capitalismo.

Por otra parte, tampoco vemos que su estructura guarde similitud suficiente con los viejos fascismos, con las formas más primitivas y rudas que este adquirió en la década de los 30 del siglo pasado, y que es precisamente lo que la clase monopolista nos ha forzado a considerar casi exclusivamente como fascismo. Por lo tanto, nos resulta inapropiado o, como mínimo, excesivo calificarlo como facismo.

La confusión ante este panorama es tal que algunos recurren a salirse por la tangente mediante la teoría del Estado híbrido. Gracias a la cual se evita profundizar en la cuestión y así no mojarse demasiado, pues bueno, ahora viene lo importante.

De lo que aquí se trata es de interpretar y de no caer en la desviación del materialismo dialéctico a la que he hecho referencia al principio. Analizar el fenómeno fascista desde la óptica de la dialéctica, y comprender que el viejo fascismo fracasado ha podido adoptar nuevas formas y facetas más sutiles, más perfeccionadas y más eficientes.

Esto lo vemos a la perfección si nos centramos en la historia de nuestro Estado y la mal llamada transición. Es imposible que la misma clase que ostenta el poder dinamite su propio Estado. Lo que si que es posible, y de hecho considero a esta como la verdad, es que esa misma clase modifique su Estado, integrando a una serie de fuerzas domesticadas y antes excluídas, y dotándolo de apariencias democrático-burguesas.

Personalmente, considero que la dominación política de la burguesía monopolista en nuestro Estado se corresponde fundamentalmente con la del fascismo, disfrazada de formas democrático burguesas. Pero atención, esto no es lo mismo que un Estado híbrido, pues las incorporaciones de aparicencia democrático burguesas, que no son más que falsificaciones del antiguo parlamentarismo de las que el fascismo solo se sirve a modo de adorno, no implican una vuelta atrás en la historia, sino un avance, en el sentido de que esos adornos son los que han permitido institucionalizar y normalizar al Nuevo Fascismo. Esos adornos sirven al fascismo, no son elementos democrático burgueses de por si, sino elementos democrático-burgueses instrumentales al servicio del fascismo. Por lo tanto, no se trata de un Estado híbrido o mezcla, sino de un fascismo que se sirve de apariencias democrático-burguesas para persistir como fascismo, y todo gira entorno a él.

Los comunistas deberemos organizarnos para luchar, pues, en base a esta realidad.
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por Antifascista el Sáb Ago 10, 2013 5:36 pm

fusiles contra el patrón escribió:
PequeñoBurgués escribió:Perdón por lo de democracia burguesa con rasgos fascistas, fue un error mío, esta es mi opinión, es decir, la de Shenin:

Mi posición, de hecho, no es que el Estado español sea una democracia burguesa con tintes fascistas. Es que no es ni fascismo ni democracia burguesa, sino un híbrido de ambas. De hecho en otro hilo de este foro creo que en su día lo califiqué de "demofascismo" o algo así. Porque es evidente que una democracia burguesa no es, ya que varios de los principios de la misma, como la sacrosanta separación de poderes, no se cumplen ni siquiera a nivel formal.
Soy un ni-ni en este asunto.
Vamos a ver, creo que el problema principal aquí es un error de comprensión. Una desviación del materialismo histórico que han introducido artificalmente en nuestra percepción marxista.

Por una parte, no vemos que la estructura política del Estado se corresponda con la de los tiempos de la democracia burguesa parlamentarista del periodo ascensional del capitalismo.

Por otra parte, tampoco vemos que su estructura guarde similitud suficiente con los viejos fascismos, con las formas más primitivas y rudas que este adquirió en la década de los 30 del siglo pasado, y que es precisamente lo que la clase monopolista nos ha forzado a considerar casi exclusivamente como fascismo. Por lo tanto, nos resulta inapropiado o, como mínimo, excesivo calificarlo como facismo.

La confusión ante este panorama es tal que algunos recurren a salirse por la tangente mediante la teoría del Estado híbrido. Gracias a la cual se evita profundizar en la cuestión y así no mojarse demasiado, pues bueno, ahora viene lo importante.

De lo que aquí se trata es de interpretar y de no caer en la desviación del materialismo dialéctico a la que he hecho referencia al principio. Analizar el fenómeno fascista desde la óptica de la dialéctica, y comprender que el viejo fascismo fracasado ha podido adoptar nuevas formas y facetas más sutiles, más perfeccionadas y más eficientes.

Esto lo vemos a la perfección si nos centramos en la historia de nuestro Estado y la mal llamada transición. Es imposible que la misma clase que ostenta el poder dinamite su propio Estado. Lo que si que es posible, y de hecho considero a esta como la verdad, es que esa misma clase modifique su Estado, integrando a una serie de fuerzas domesticadas y antes excluídas, y dotándolo de apariencias democrático-burguesas.

Personalmente, considero que la dominación política de la burguesía monopolista en nuestro Estado se corresponde fundamentalmente con la del fascismo, disfrazada de formas democrático burguesas. Pero atención, esto no es lo mismo que un Estado híbrido, pues las incorporaciones de aparicencia democrático burguesas, que no son más que falsificaciones del antiguo parlamentarismo de las que el fascismo solo se sirve a modo de adorno, no implican una vuelta atrás en la historia, sino un avance, en el sentido de que esos adornos son los que han permitido institucionalizar y normalizar al Nuevo Fascismo. Esos adornos sirven al fascismo, no son elementos democrático burgueses de por si, sino elementos democrático-burgueses instrumentales al servicio del fascismo. Por lo tanto, no se trata de un Estado híbrido o mezcla, sino de un fascismo que se sirve de apariencias democrático-burguesas para persistir como fascismo, y todo gira entorno a él.

Los comunistas deberemos organizarnos para luchar, pues, en base a esta realidad.
Estoy totalmente contigo y suscribo todo lo que has escrito. (No porque tu postura se acerque a la mía, si no porque es concretamente la postura que yo he estado defendiendo y no verás en mis comentarios antes expuestos ninguna divergencia con los tuyos).

Pero a mí me gustaría analizar un poco el "por qué" de este debate, de esta confusión y de el origen de posturas del "no mojarse", que pueden ser las del "Estado Híbrido" o las de "No importa como caractericemos al Estado". ¿Por qué no es tan fácil decir que la naturaleza de este Estado sigue ligada al golpe de estado del 18 de Julio de 1936?

El origen está irremediablemente en el Carrillismo (que es la forma que toma el revisionismo en nuestro país, tanto en la teoría como en la práctica que desarrolla desde finales de los 40 hasta los 80). No olvidemos que el PCE cumple al completo su nueva estrategia: la de Reconcialiación Nacional. Esto es importantísimo tenerlo en cuenta.  Quien triunfa es el revisionismo. Que luego va a sufrir escisiones, pero no son fracciones que hayan visto la luz respecto a la traición fascista del PCE. Son grupos que critican la ausencia de “bolchevismo” de ese PCE, es decir, es una crítica de unos revisionistas a otros: los revisionistas prosoviéticos (Ignacio Gallego y compañía) y los revisionistas eurcomunistas.

Ambos habían caminado de la mano al abrazo con el fascismo franquista, y se habían integrado al fascismo, creando así el “fascismo constitucional” (con el mismo Jefe de Estado, el mismo ejército, la misma oligarquía financiera, la misma represión a los que iniciaron en el 39 la llamada “rebelión militar”, que es como los fascista calificaban al movimiento de resistencia y con nuevos partidos políticos surgidos de los servicios secretos del viejo partido falangista...pero eso sí: con rienda suelta a los revisionistas para hacer sus mítines, repartir su propaganda, ya que para eso habían sido legalizados).

Hay que tener en cuenta una cosa. La famosa amnistía que saca de las cárceles a muchos llamados presos políticos (quedaron los que tenían delito de sangre y algunos más dentro), que también saca a fascistas revoltosos que estaban presos también, por ejemplo a asesinos de revolucionarios (luego recolocados como comisarios y secretarios de organismos policiales), no es un síntoma de debilidad del régimen como lo cuentan los revisionistas, sino una prueba de la fortaleza que el pacto con el carrillismo le estaba aportando al régimen. Sabían que esos cientos de presos políticos, no iban a volver a atacarles nuevamente.

Dentro del revisionismo la única “resistencia” que encontramos al pacto abierto con el fascismo franquista, es la llamada OPI. Que era la Oposición de Izquierdas del PCE, una corriente interna que criticaba la transición, pero no desde el punto de vista de la resistencia antifascista, sino desde un reclamo de que iba a continuar el capitalismo monopolista y lo que había que hacer era un Estado antimonopolista y antioligárquico. Pero al parecer no tenían argumentos suficientes para salirse del PCE y plantear esta crítica fuera de ese partido. Y los que se escindieron de la OPI, se presentaron posteriormente a las elecciones generales de 1979 con mucho gusto (como el Partido Comunista de los Trabajadores).

Como dice el (ya) viejo dicho: No fueron los fascistas quienes se incorporaron a la democracia, si no fueron los “demócratas” los que se incorpoaron al fascismo.

Y ese es el revisionismo que tenemos hoy en día. Es decir: autollamados partidos comunistas, que vienen o bien del PCE o bien del prosovietismo crítico con el eurocomunismo. Y esos antiguos líderes, son ahora los nuevos líderes. Y sale el PCPE, el PCOE, sale el MAI, la Unión Proletaria etc... Esos son los grupos que hoy forman parte del panorama de lo que se llama el MCE y eso ha influido notablemente. ¿Por qué?

Tienen la legalidad, tienen su propaganda, sus tesis, sus videos, sus opiniones circulando por Internet. Hacen militancia por Internet (en cuanto a correos electrónicos, fechación de sus reuniones, directrices) y también su captación.

Esto nos ha llevado a una tesis fundamental (que es en realidad su tesis fundamental, contra el PCE): el MCE no ha levantado cabeza desde la traición eurocomunista de los 50. Entonces surge todos esos clichés de “no hay partido, hay que reconstituirlo”, “el Frente de izquierdas es una mierda, hay que hacer el FOPS”,  “el etapismo existe” (esa palabreja ante la cual los viejos comunistas se quedan a cuadros ¿qué es eso?).  Es una reacción a todo el eurocomunismo del PCE, pero no a su propio revisionismo.

Pero tanto PCE como los otros, coinciden en una cosa: en la transición. Ya que son fruto de ella. Como diría un amigo: ellos son la transición. Es la forma que toman los comunistas que han pasado por el aro de la transición. Si no no se puede explicar esto. Porque al aceptar la transición, tú rechazas al que rechaza la transición, y todos esos aportes de los que lucharon contra la transición son completamente rechazados, y, por lo tanto, no se adquieren y surgen problemas que ya fueron solucionados en su momento (qué es cuando un comunista soluciona los problemas).

El movimiento comunista español, no solo rompió con el carrillismo antes de la transición (en los 60), sino que ya había estudiado y solucionado las problemáticas que estos revisionistas de hoy en día quieren solucionar.

Porque la Reconstitución del Partido, ya fue planteada y para eso hubo una organización creada con ese fin: la OMLE que duró 8 años con trabajo teorico y práctico. Porque la teoría del Frente Único, ya fue desarrollada por la OMLE y el PCE(r): impulsando organizaciones de masas populares (de estudiantes, obreras, antirrepresivas, de mujeres). Porque la teoría de la Guerra Popular que hoy se rescata tanto ya fue analizada y adaptada a las condiciones de un país urbano y puesta en práctica. Porque lo del famoso “etapismo” ya fue denunciado por la OMLE y el PCE(r) cuando decían que no había etapa intermedia entre el régimen fascista y la dictadura del proletariado (y para eso se mataron con los del PCE(ml) que defendían lo contrario). Porque la traición carrillista que algunos revisionistas, una minoría, empieza a denunciar, ya fue denunciado y puesta en práctica en su día, por la OMLE y el PCE(r). Porque el problema del PCCh, ya fue denunciado por el PCE(r) en 1976 cuando envía una crítica al mismo PCCh.

¿Y qué responde el revisionismo prosoviético y eurocomunista ante estas lecciones de marxismo-leninismo que les dieron esta gente?. Pues descalificaciones y ocultación. Que nadie sepa nada.

Los de la UJCE le llaman a los del CJC: “Bullejistas”. El PCOE, como dice el artículo, “Prochinos”. Y esta gente son los “Blanquistas”, los “Terroristas” (eso sí, en el sentido leninista), los “locos” y los “revanchistas”. Y son los puteados del llamado MCE. Y son los mofados. Pero son además los únicos que hacen 40 años resolvieron todas y cada unas de las problemáticas cibernéticas que nos encontramos hoy.

Porque no es un problema de lo que alguien “diga”. No es un problema de que el MAI diga que haya que haber una fusión (quieren decir con-fusión), que el otro diga que hay que hacer un FOPS. La cuestión está en lo que la gente “haga”, respecto a lo que dice, evidentemente. La unión de la teoría con la práctica.

Y el marxismo-leninismo en este país no fue reprimido en la transición por decir que la transición era una farsa. Sino por  luchar contra esa farsa, ponerlo en práctica. Lo que pasa que como esa práctica iba contra los revisionistas de hoy en día, los hijos de estos últimos la ocultan y lo difaman.

Conclusión: Es muy dificil hoy en día denunciar que hubo una reforma fascista (que impuso cambios en ciertas formas de dominación, correcto), porque el revisionismo, que colaboró con eso, así lo ha impuesto a decenas de jóvenes que hoy en día quieren retomar el testigo del movimiento obrero. Son clichés que se han ido reproduciendo, desde los dirigentes revisionistas más viejos a los nuevos jóvenes y estos a los otros. Normal que ahora todo el mundo entienda el marxismo como unas mátemáticas: vanguardia teórica + vanguardia práctica = partido comunista, en vez como filosofía de la praxis, que es lo que siempre ha sido.

Y si Fusiles Contra el Patron cree que bajo la concepción del Estado como Fascista hay que organizarse para luchar, pues sería bueno echar un vistazo de que dicen o han hecho los que vienen haciendo esa lucha ya desde hace decenas de años.

Saludos.
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por Antifascista el Lun Ago 12, 2013 12:58 am

Los autodenominados Partidos Comunistas (incluimos las autodenominadas "vanguardias teóricas") tienen varias características en común. Entre ellas: no tienen ningún análisis respecto a la transición.

Casualmente, los "locos", los "revanchistas" y los "blanquistas", al igual que tenían un análisis sobre el fascismo en un sentido general, tienen un artículo (digitalizado, intuyo que habrá más) que hace referencia a la transición y a parte del papel que jugó ese Partido respecto a la transición (solo una parte claro). ¿Por qué ningún otro "Partido" analiza el papel que jugaron en la transición? ¿Será qué se avergüenzan de él? ¿O será qué quizás eso traiga consigo la huida masiva de los chiquillos a los que engañan con su legalidad pactada sobre la sangre de cientos de miles?

(Atención: su lectura puede llevaros a aislaros de las masas).


¿Transición? ¿Qué transición? [Partido Comunista de España (Reconstituido)]

Nuestro Partido siempre ha sostenido que la autodenominada transición no existió nunca porque nunca hubo un cambio de régimen político (ya no digamos económico) que reconociera las libertades democráticas de los trabajadores y las masas oprimidas de este país. Como hoy se va conociendo paulatinamente, por fin, no fue más que un camuflaje político del propio regimen fascista, el levantamiento de una fachada para ocultar su verdadera naturaleza, un fraude político, en suma, de manera que los fascistas se sucedieron a sí mismos al frente del Estado. Si los monopolistas están dando algunos retoques a su régimen es porque lo quieren conservar (1). Esto es lo que nuestro Partido, en solitario, dijo desde un principio, mientras todos los demás se acoplaban a la legalidad fascista para medrar dentro de ella.

Por tanto, en la cuestión de la memoria histórica sólo caben dos posiciones:

— se oculta para tratar de fundamentar el régimen actual en una supuesta transición del fascismo a la democracia

— se destapa para demostrar que la transición no existe y el régimen actual es un régimen fascista, heredero del franquismo y del 18 de julio.

La ocultación de la memoria histórica tiene precisamente ese objetivo de poner en primer plano la transición como una etapa de ruptura de la democracia con el fascismo, para encubrir que la legitimidad política del régimen actual no es otra que el alzamiento militar del 18 de julio, una guerra civil y la represión masiva de la posguerra. Recuperar la memoria histórica no puede significar otra cosa que reafirmar que no ha existido ninguna transición y, en consecuenca, que el fascismo continúa.


1975: el verano del terrorismo de Estado

La transición, esto es, todo el periodo histórico que va desde la muerte de Franco en 1975 a la promulgación de la nueva constitución en 1978, fue una de las situaciones políticas más difíciles y complejas desde la terminación de la guerra en 1939.

El movimiento de masas estaba en plena ebullición; a causa de ello, el régimen se vio completamente acorralado y abocado a un colapso total. Si algo caracterizó nítidamente toda la etapa de transición política era ese auge del movimiento de masas, hasta el punto de que hubo momentos en que llegó a amenazar con derribar todo el podrido régimen explotador. En junio de 1975 la clase obrera había asestado el primer golpe serio a la política aperturista de Arias Navarro con el boicot a las elecciones del sindicato vertical.

En ese marco, las peleas entre los distintos figurones de la transición eran muy secundarias porque aludían al cómo y no al fondo mismo de la reforma. No fueron ellos los protagonistas, ni mucho menos, de la transición, por más que nos traten de hacer creer lo contrario. No hubo más protagonista que las masas con sus luchas que, además, estaban a la ofensiva. De ahí que el gobierno intentara tomar la iniciativa antes de verse desbordado y a tal fin:

— lanza la cruzada terrorista del verano de 1975 para atemorizar a las masas
— se abre (aperturismo) a los reformistas para ocultar su fachada.

Durante el verano de 1975 se produjo una verdadera prueba de fuerza entre el fascismo de viejo cuño y las masas populares, prueba de la que saldría vencedor el movimiento popular de resistencia. Durante los meses de julio y agosto se producen detenciones masivas en las principales ciudades del país, la policía sale a la calle haciendo grandes alardes de fuerza, se producen tiroteos en Madrid y Barcelona donde son detenidos varios militantes de ETA y, en Ferrol, Moncho Reboiras cae asesinado por la policía. En Bilbao la policía habilita la plaza de toros porque los miles de detenidos no caben en los calabozos de comisarias y cuartelillos.

El 22 de agosto de aquel año en el Consejo de Ministros celebrado en La Coruña presidido por Franco, el gobierno promulga un decreto antiterrorista que supone un estado de excepción en toda España y la sentencia de muerte de numerosos antifascistas. Así el régimen espera asegurar su continuidad por medio del terror sistemático, ejercido contra las masas, y lanza a todas sus fuerzas represivas a la calle.

Complementando esta ofensiva terrorista del Gobierno, la prensa y la radio, puestas enteramente a su servicio, desatan una frenética campaña propagandística, del más puro estilo nazi, jaleando esta oleada de detenciones y de terrorismo de Estado, al objeto de sembrar el pánico entre las masas trabajadoras, dividirlas y paralizarlas infundiendo el pánico.

Tras un 27 de setiembre siempre hay un 1 de octubre

Pero también el régimen sufre las consecuencias de sus crímenes, siendo ajusticiados varios policías y guardias civiles por los grupos armados revolucionarios y patriotas.

El gobierno culmina su política de terror con la orgía de sangre del 27 de septiembre de 1975 y la concentración fascista del 1 de octubre en la Plaza de Oriente, en Madrid, con la que pretendía salir al paso de la oleada de protestas populares que a raíz de los fusilamientos, sacudió a toda Europa en solidaridad con los pueblos de España.

Ese mismo día los GRAPO salieron a la calle a dar respuesta a los fusilamientos, abatiendo a cuatro mercenarios de la policía armada. En el momento mismo en que las huestes fascistas fetejaban la matanza de cuatro días antes ante su Caudillo, cuatro comandos actuaron simultáneamente en distintos puntos de Madrid en uno de los operativos guerrilleros más importantes desde 1939, directamente dirigido a frenar en seco el verano del terror. Aquel día fue, pues, histórico para la lucha guerrillera en España. Donde hay opresión hay resistencia y el 27 de setiembre tuvo su justa respuesta el Primero de Octubre.

La sorpresa en las esferas oficiales ante esta cadena de golpes guerrilleros fue total y no pudieron disimular el pánico que les infundió. Cuando le dieron la noticia de la heroica acción, Franco no pudo terminar su discurso -que sería el último- y rompió a llorar. El régimen sufrió el más duro golpe de su sanguinaria historia, declarándose desde ese momento en completa bancarrota.

Uno de sus principales objetivos, mantenerse mediante la política de terror, quedó claro que no se iba a conseguir y que, en lugar de aplastar al movimiento de resistencia con dicha política, éste se incrementaba y tomaba más fuerza.

En aquel momento la balanza se inclinó a favor de las fuerzas populares y el régimen se vio obligado a paralizar su política represiva. Gracias a la resistencia armada, las leyes antiterroristas aprobadas en el Consejo de Ministros de La Coruña fueron derogadas inmediatamente e igualmente fueron anulados los consejos de guerra sumarísimos que tenía programados llevar a cabo en fechas próximas.

Con las acciones guerrilleras del 1 de octubre de 1975, el movimiento popular recibió un gran estímulo. Por eso es la fecha que marca, mejor que ninguna otra, el cambio de orientación en la política fascista: Tras la histórica jornada del 1º de octubre del 75 se vinieron abajo los últimos intentos de la oligarquía española destinados a mantener intacto para después de la muerte de Franco el régimen creado por él. Este régimen no sólo no era ya capaz de contener con los viejos métodos fascistas las grandes oleadas de la lucha obrera y popular, sino que, además, se mostraba muy vulnerable a los ataques de la guerrilla, tal como vinieron a poner de manifiesto las acciones del 1º de octubre en Madrid. Acosado por todas partes, corroído por sus propias contradicciones internas, con la perspectiva de una mayor agravación de la crisis económica y con un fuerte movimiento huelguístico de tipo revolucionario respaldado por la lucha armada guerrillera, la política 'aperturista' preconizada por Arias Navarro se vino abajo como un castillo de naipes (2).

La muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, y la entronización inmediata de la monarquía borbónica arrastró consigo al gobierno Arias y su política aperturista, meses antes incluso de su dimisión formal en julio de 1976. La oligarquía se vió obligada a retroceder en medio de la más aguda crisis de su régimen, de agravación de todas sus contradicciones internas y de una gran ofensiva de la lucha de masas.

El objetivo del gobierno pasaba por pedir ayuda a los reformistas y por eso acelera las negociaciones con la oposición domesticada, con el fin de romper su aislamiento y, sobre todo, hacer frente a la resistencia popular.

Cuando estábamos en pañales

En aquel verano nuestro Partido era un recién nacido. Habíamos celebrado nuestro I Congreso en junio de 1975 y fue en aquellas condiciones como tuvimos a que enfrentar una situación tan exigente que, desde luego, excedía con mucho nuestra experiencia y nuestras fuerzas.

Nuestro Partido ya había previsto la escalada represiva, alertando a la clase obrera y a otros sectores populares y llamando a prepararse para hacerla frente. Era necesario actuar; la campaña desatada por el fascismo no era una prueba de su fortaleza, sino un claro síntoma de su extrema debilidad. Bastaba con enfrentarla resueltamente para que se viniera abajo. Pero a diferencia de los oportunistas de izquierda, nuestro Partido no sólo llamó a las masas a ofrecer resistencia, sino que él mismo se dispuso a encabezar la lucha, aún a costa de los mayores sacrificios. Pese a su juventud, su inexperiencia y su extraordinaria debilidad, movilizó todas sus fuerzas desatando una extensa campaña de agitación, haciendo denuncias y llamamientos a la huelga, para impedir los fusilamientos y para poner freno a la campaña de terror. Los revisionistas y demás grupos politicastros de izquierda que tanto ruido habían desplegado en épocas anteriores convocando huelgas cada dos por tres para la reconciliación con los explotadores y criminales, esta vez desaparecieron asustados de la escena.

Sin embargo, el régimen logró mantenerse en pie y remontar la crisis política más difícil de su larga existencia, en medio de una de las más grandes oleadas de la lucha de clases registrada hasta entonces en nuestro país. Pero había retrocedido visiblemente y se encontraba más débil por la pugna creciente entre las diversas camarillas que componían la oligarquía, y castrado por el valeroso movimiento de resistencia a sus medidas terroristas. Este movimiento de resistencia había sentado un precedente, señalando el camino a seguir para hacer frente a todo nuevo intento de la reacción de contener el avance del movimiento de masas mediante el crimen legalizado y el terrorismo abierto.

Esta situación fue analizada por nuestro Partido a comienzos de diciembre de 1975 en la II reunión plenaria del Comité Central donde nuestro Secretario General presentó un detallado Informe sobre la situación (3). Las razones por las cuales el fascismo había logrado conjugar la crisis eran múltiples, pero entre ellas cabía destacar la juventud y debilidad de nuestro Partido y la actividad traicionera de los revisionistas y otros grupos oportunistas, que habían desconcertado a muchos, sembrando no pocas ilusiones en amplios sectores de las masas (luego transformadas en el llamado desencanto).

No obstante, las espadas seguían en alto, decía el Informe: Este desenlace de la crisis no puede ser interpretada como que se han resuelto ya las agudas contradicciones que la habían provocado. Al contrario. Las contradicciones continúan existiendo y se agudizarán más cada día. Por este motivo se puede decir también que la crisis no ha terminado. Pero ya no es la misma crisis. Es otra la crisis que ahora comienza, mucho más profunda y extensa. Pues, sin lugar a dudas, alcanzará a sectores mucho más amplios de la población. Se trata de la crisis del fascismo y de las ilusiones reformistas.

Nosotros nunca nos habíamos hemos hecho ilusiones respecto al cambio, ni las habíamos sembrado, añadía el citado Informe: Tan sólo hemos confiado en la fuerza de las masas, en lo que éstas, con su lucha resuelta, pudieran arrancar a la bestia fascista acorralada. Como se ha demostrado ya hasta la saciedad, las clases explotadoras y decadentes no atienden a otras razones más que ésas. Sólo el ‘recibir golpes las vuelve razonables’. Y la verdad es que, por el momento, el movimiento obrero y popular no es lo suficientemente fuerte, no está todavía lo suficientemente organizado y esclarecido como para haber inclinado más la balanza a su favor, en un momento en que las otras condiciones se han presentado muy favorables.

En el momento crucial de la crisis por la que el país había pasado, ya avanzamos nuestra apreciación acerca de lo que iba a pasar: el fascismo reculaba ante la lucha revolucionaria de masas; retrocedía, pero no abandonaba sin lucha ni una sola pulgada de terreno. Para derribarlo y destruirlo sería necesario un trabajo duro, largo y una gran acumulación de fuerzas.

El papel de los reformistas

Nuestro Partido siempre sostuvo que el principal objetivo de la reforma fascista era la integración de los revisionistas y demás grupos políticos domesticados en el régimen con el fin de ampliar la base de éste, darle una apariencia de cambio y proseguir, más intensificada que antes, la explotación y la represión sobre el movimiento obrero y popular.

En marzo de 1976 se había creado Coordinación Democrática, engendro nacido de la boda entre los reformistas y algunas camarillas surgidas del propio régimen. La oposición domesticada no constituyó nunca un frente de lucha contra el régimen, sino una variante del mismo régimen. En sus tinglados –típicos de la época- siempre estuvieron integrados los sectores fascistas que representaban los intereses de un sector importante de la oligarquía y las transnacionales. La muerte del criminal Franco y los sucesivos retoques cosméticos de su régimen no cambiarían nada sustancial. El poder seguiría en manos de aquellos que lo habían venido ostentando durante cerca de cuarenta años, por lo que la reforma democrática no iba a ser sino una máscara tras la que se trataría de ocultar la permanencia del fascismo sin Franco, en contra de las exigencias de verdaderos cambios democráticos que la clase obrera y otros amplios sectores populares venían demandando.

El auge de la lucha de masas y de las acciones del movimiento armado había obligado a los reformistas a agruparse primero, y después a abandonar toda veleidad de ruptura con el régimen: El fascismo no ha cambiado, solo pretende camuflarse [...] El lugar de Franco ha sido ocupado por las instituciones creadas por los fascistas en el curso de los últimos 40 años. Por eso se puede decir que nada esencial ha cambiado. La base económica monopolista del régimen se mantiene intacta, el Ejército que estranguló las conquistas populares sigue en su sitio, los burócratas y la policía son los mismos, incluso más especializados, y oprimen y torturan igual que en vida de Franco. Es cierto que han dado algunos retoques, pero en todos los casos, como el de la ‘desaparición’ del Movimiento, esos retoques los han hecho para reforzar al mismo Estado fascista y explotador (4).

El gobierno traza un plan para camuflar las anteriores instituciones fascistas como las Cortes y el Consejo Nacional del Movimiento, dándoles otro nombre e introduciendo en ellas a algunos políticos vendidos y corruptos, planeando, como colofón de esta operación reformista, la elaboración de una Constitución fraudulenta que consagre a la monarquía introducida por Franco como la forma de Estado y preserve todos los intereses y los privilegios económicos y políticos de las castas dominantes.

La sustitución del Tribunal de Orden Público por la Audiencia Nacional fue otro de aquellos cambios cosméticos de la transición, saludado por los oportunistas como un gran logro: desaparecía un tribunal fascista; pero se olvidaban de añadir que aparecía o, mejor dicho, reaparecía, con otro nombre, el mismo día de enero de 1977. Es uno de los emblemas de la transición: la Audiencia Nacional tenía la misma sede, los mismos funcionarios, los mismos jueces, los mismos fiscales y las mismas leyes. No había cambiado nada más que el nombre. Era un tribunal ilegalmente constituido porque ni siquiera con las leyes fascistas se podían crear órganos judiciales por decreto-ley del gobierno. Pero a nadie pareció importar que durante años un tribunal ilegal pretendiera aplicar la ley e imponer largas condenas a los revolucionarios. Los fascistas hablaban del respeto a unas leyes que ni los mismos que las habían promulgado respetaban, ¿cómo íbamos a respetarlas nosotros?

El maquillaje del régimen

Los cambalaches de la oposición domesticada con el gobierno fascista se aceleraron tras la masacre de Vitoria, porque el régimen necesitaba recurrir a ellos para frenar el auge del movimiento de masas, y no por otras razones. Los monopolistas, de acuerdo con el Ejército y las altas jerarquías de la Iglesia, encomiendan a Suárez la tarea de ampliar la base social del régimen, permitiendo para ello la legalización de algunos partidos reformistas, en particular el partido de Carrillo, que tanto se había distinguido ya en su colaboración con la represión. El PCE logró entonces materializar la política de reconciliación con los explotadores que venía proponiendo desde 1956. Con permiso de la policía, Carrillo vivía en Madrid en una chalet de lujo en El Viso desde el 7 de febrero de 1976, sólo cuatro meses después de los fusilamientos de los cinco antifascistas. Continúan sus contactos con los servicios secretos fascistas en Rumanía, por un lado, y con Suárez por el otro, a través de varios intermediarios en Francia. En diciembre preparan el montaje de la detención, le trasladan al hospital penitenciario y luego le ponen en libertad. A comienzos de 1977, mientras la policía masacra a los manifestantes en Madrid, se produce ya una entrevista directa entre Suárez y Carrrillo, en la que Suárez exigió tres requistos que el PCE aceptó gustoso:

— cambio de los Estatutos del Partido
— acatamiento de la monarquía
— aceptación de la bandera fascista como símbolo de la unidad de España.

Carrillo no opuso ningún obstáculo. El general y ministro del gobierno Gutiérrez Mellado, un personaje oscuro de los servicios secretos, consultó la legalización con los jefes del Estados Mayores de las tres armas. Su legalización en abril de 1977 fue el premio que le otorgaron los fascistas por todas sus traiciones pasadas, presentes y futuras (porque no acabaron entonces).

La presentación del PSOE en sociedad fue más descarada. Ya el 19 de octubre de 1974 Felipe González concedía una entrevista a El Correo de Andalucía para explicar el Congreso que habían celebrado en Suresnes y su primera rueda de prensa la convocaron el 16 de abril de 1975. Franco aún ocupaba su sillón en El Pardo.

La política de todos los reformistas de la época se resume en servilismo y colaboración con la demagogia, que es una colaboración también con sus crímenes: el mismo día del referéndum de diciembre de 1976, brutalmente apaleado por la policía, era asesinado el joven Ángel Almazán. El silencio, primero, y las hipócritas peticiones de investigación al gobierno después, mostraban su cómplicidad con los peores crímenes fascistas.

Desde muchos meses antes de la muerte de Franco la oposición domesticada venía pronunciando conferencias, mítines, artículos, etc., para predicar el pacifismo, el legalismo y la sumisión, y para cubrir de calumnias a los antifascistas que, a partir de entonces dejamos de serlo y nos convertimos en terroristas.

La verdadera novedad de la transición fue esa ampliación de la base social del franquismo, integrando a todos aquellos grupos políticos que desde hacía ya bastante tiempo habían traicionado a la verdadera democracia y se habían distinguido por su colaboración con las fuerzas represivas.

El referéndum de diciembre de 1976 dejó al descubierto el alcance de la reforma fascista. Lo que se decidió entonces fue convocar una elecciones legislativas para modificar lo que se denominaban las Leyes Fundamentales del Movimiento. Por tanto, no habría ninguna ruptura con el régimen anterior, que estaba dispuesto a continuar con una nueva fachada. Las elecciones legislativas fueron convocadas para el 15 de junio del año siguiente y, una vez celebradas, los diputados electos cometieron un nuevo fraude y se autoproclamaron en asamblea constituyente, algo para lo que no habían sido elegidos. Volvieron a engañar a sus votantes y se pusieron a redactar una Constitución fraudulenta que nadie les había encomendado.

Antes los revisionistas habían defendido la ruptura como la mejor salida para el aislamiento del régimen, e incluso habían desatado movilizaciones para presionar en esa línea. Ahora ya ni siquiera abogaban por la ruptura; les habían obligado a tragar las migajas porque la crisis era mucho más profunda. Desde entonces los revisionistas se dedicaron a sabotear el movimiento, a desmovilizar a las masas frente a las arremetidas furiosas de la reacción y a calificar como provocación cada una de las acciones del movimiento popular.

Los fracasos de los domesticados en su política de controlar a las masas les colocó en una posición tan débil y servil respecto al gobierno, que el propio falangista Suárez salió como prohombre de la democratización dando de lado sus ofrecimientos de colaboración.

Las elecciones del 15 de junio que se autoproclamaron constituyentes se celebraron bajo un estado de excepción y sin la legalización de todos los partidos políticos. El PSOE primero y el PCE después, traicionaron a los oportunistas de izquierda con los que habían llegado al acuerdo en los tinglados unitarios, de que ninguno aceptaría participar en unas elecciones si no eran legalizados todos los partidos. Pues bien, el PCE sólo fue legalizado dos meses antes de las elecciones y todas las demás organizaciones y grupos se quedaron fuera.

Si a todo esto añadimos el estado de excepción y la escalada represiva desatada, es obvio constatar que aquellas elecciones y la Constitución que surgió de ellas, carecen de todo valor y no puede ser reconocidas como tales.

La lucha por la amnistía

La lucha por la amnistía fue uno de los gran emblemas del movimiento de masas durante la transición política que demostraba el enorme aprecio de las masas hacia aquellos que lo habían dado todo en la lucha contra el odiado régimen fascista.

Desde finales 1974 venía desarrollándose, sobre todo en Euskal Herria, un intenso movimiento popular por la obtención de la amnistía total, que ya había costado varios muertos. A finales de 1976 numerosas organizaciones de solidaridad habían preparado la segunda campaña pro-amnistía, titulada Para Navidad todos a casa. A la lucha de masas se vino a sumar la guerrilla antifascista.

Atendiendo al clamor popular por la amnistía y haciéndola coincidir con el referéndum, los GRAPO ponen en marcha la Operación Cromo. El día 16 de diciembre apresan al financiero y destacado jerifalte fascista Oriol y Urquijo, presidente del Consejo de Estado, proponiendo un canje de este personaje por quince presos políticos de distintas organizaciones antifascistas, algunos de los cuales habían sido condenados a muerte por el régimen en procesos judiciales de gran resonancia pública que resultaban emblemáticos en la lucha por la amnistía.

Justo el día anterior al secuestro de Oriol, el Ministro de Justicia Landelino Lavilla había anunciado que ya no habría más amnistías: Hoy por hoy no hay nada. Los límites con que se dio la amnistía son amplios. Se ha discutido mucho si la aplicación se hacía bien o no. Y diría que se ha hecho, en términos generales, bien. El límite final de los delitos de sangre es un límite sustantivo. En resumen, no estoy preparando ningún otro decreto-ley sobre amnistía. El gobierno manifestaba así una vez más sus planes de dejar que se pudrieran en las cárceles más de cien presos antifascistas que se habían distinguido en la lucha más resuelta contra el fascismo. Sólo 48 horas después de comenzar el operativo, un portavoz de la presidencia del gobierno aseguraba que bajo ningún concepto liberarían a los presos incluidos en la lista de los GRAPO. Entonces los GRAPO anunciaron la inminente ejecución de Oriol si el día 17 de diciembre no se cumplían sus condiciones. Todo cambió a partir de entonces; el Ministro del Interior, Martín Villa, apareció en televisión tres minutos antes de que expirase el ultimátum reculando y prometiendo nuevas medidas de gracia: Ha sido y es propósito del gobierno llegar a un uso generoso de la clemencia que haga restañar viejas heridas. El gobierno no tienen ningún inconveniente en decir públicamente lo que es cierto a nivel de sus trabajos internos de que realmente estaba preparando una serie de disposiciones que procuren ampliar el campo para la aplicación de medidas en las que pueda ser incrementada la posibilidad integradora entre los españoles.

Se abrió un compás de espera para comprobar la veracidad de aquellas promesas. Con Oriol a buen recaudo, junto con algunas organizaciones antifascistas, nuestro Partido convocó una huelga general para el 10 de enero de 1977, en el transcurso de la cual falleció el joven José Manuel Iglesias en Sestao (Bizkaia). También en Madrid se multiplicaron las movilizaciones populares pro amnistía, ocasionando la policía una orgía de sangre al reprimir las manifestaciones con saña y asesinar a Mari Luz Nájera y Arturo Ruiz en plena calle.

El secuestro se prolongó durante dos meses y a Oriol se agregó otro personajillo fascista, el general Villaescusa, jefe del Consejo Supremo Militar. Aunque, finalmente, la policía consiguió localizar a los comandos que mantenían retenidos a ambos, abortando el operativo guerrillero que, sin embargo, no fue un fracaso, porque no transcurrió un mes antes de que se convocara otra nueva semana pro-amnistía que forzó al gobierno a sacar más presos de las cárceles el 14 de marzo. Como escribió el periodista vasco Portell: A la vista de los hechos, es un error pensar que el proceso de la amnistía se ha alargado por culpa de la violencia. En cierto modo, la amnistía ha sido un triunfo de la violencia armada o callejera porque el gobierno no ha sabido sacar a todos los presos a la calle a tiempo.

En contra de lo que predican los oportunistas, la lucha por la amnistía demostró que la lucha guerrillera no paralizaba (y mucho menos suplantaba) la lucha de masas; por el contrario, la combinación de ambas formas de lucha es lo que permitió obtener que más presos antifascistas salieran a la calle. Después de las movilizaciones populares y las acciones armadas de los GRAPO, el gobierno tendría que volver sobre sus pasos y promulgar otras dos leyes parciales de amnistía en marzo y octubre de 1977.

El ruido de sables

El régimen no pudo contener de ninguna manera la oleada revolucionaria en ascenso. Después del fracaso de la política de conciliación, intentó contener el movimiento obrero y popular desencadenando la escalada de terror de la que también salió mal parado. La transición tampoco se comprendería sin tener en cuenta la guerra sucia, la violencia institucionalizada, los golpes de Estado y el intento de intimidación con los continuos rumores sobre golpe de Estado.

La intimidación fue una de las armas mejor utilizadas por los revisionistas para lograr sus fines, especialmente la amenaza del golpe militar, el permanente ruido de sables: si no queréis esta democracia los generales darán un golpe de Estado, decían. El Informe al II Congreso salía al paso de este chantaje: De nada les va a servir a los monopolistas y a sus lacayos levantar el espantajo de la ultraderecha ni del golpe militar para granjear un apoyo de masas a los gobiernos turnantes. Las masas saben muy bien que la ultraderecha son los mismos que las gobiernan y que el Ejército no está para otra cosa que para apoyar a esa misma ultraderecha gobernante. La clase obrera no hará diferenciación alguna entre los distintos grupos monopolistas, no se va a convertir en el apéndice de ninguno de esos grupos ni va a caer en la trampa de combatir, como a los principales enemigos, a las bandas de provocadores y asesinos que pagan y manejan los del Gobierno para situarse en el ‘centro’ y eludir así los golpes revolucionarios (5).

La experiencia de la lucha de clases enseña que sin legalidad, o más bien fuera de la legalidad, y en oposición a esa legalidad y a todas las instituciones fascistas, se ha desarrollado el movimiento obrero y popular hasta un punto inigualable en ningún otro país de los llamados democráticos. Aún en las mejores condiciones de libertad, la vanguardia de la clase obrera tiene que mantener vivo su espíritu revolucionario y su aparato político en la clandestinidad; cuánto más había que hacer eso en las condiciones del fascismo en que nos veíamos obligados a trabajar. Naturalmente nos hubiera gustado disponer de libertad de movimientos, pues eso hubiera facilitaría nuestra labor. Pero la legalidad no es una cosa que se mendigue a la burguesía, sino que se conquista en la lucha. Los que aspiran a la legalidad y lloriquean a cada paso para que les sea concedida, es porque no se proponen hacer frente al Estado burgués ni mucho menos destruirlo.

El Informe del II Congreso alertaba una vez más contra cualquier tentación en este sentido: Nosotros debemos saber aprovechar las organizaciones legales que están creando los oportunistas y toda posibilidad de trabajo legal; nunca nos hemos opuesto ni hemos dicho nada contrario a eso, pero son tan escasas esas posibilidades en las condiciones del fascismo y han llegado a tomar un carácter tan reaccionario las organizaciones montadas por el oportunismo en colaboración con el régimen, que el trabajo que podamos realizar en ellas es mínimo en relación a la labor que tendremos que realizar entre las amplias masas, las cuales se mantienen al margen y enfrentadas a todo el orden político vigente (6). Además, el Informe indicaba también los objetivos que se podían perseguir utilizando la legalidad fascista: El Partido debe aprovechar todas las posibilidades de trabajo legal; esto hemos de hacerlo, no para sacar a la luz a los militantes y cuadros del Partido, no para liquidar a la organización revolucionaria de la clase obrera, para relajar su espíritu y arrinconar los métodos de organización y de lucha revolucionaria; debemos aprovechar todas las posibilidades de trabajo legal para reforzar la clandestinidad y el aparato político del Partido, para elevar en todo momento su espíritu revolucionario, para llevar a cabo acciones revolucionarias y atraer a nuestras filas a los hombres y mujeres más avanzados. Para todo eso necesitamos aprovechar las posibilidades de trabajo legal, aunque bien es verdad que esas posibilidades, como hemos visto a lo largo de este Informe, son tan escasas en nuestro país que apenas merecen que nos detengamos en ellas. El trabajo legal, como decía también Stalin, debía supeditarse al trabajo clandestino:

El revolucionario acepta las reformas para utilizarlas como una ayuda para combinar la labor legal con la clandestina, para aprovecharlas como una pantalla que permita intensificar la labor clandestina de preparación revolucionaria de las masas con vistas a derrocar a la burguesía.
En eso consiste la esencia de la utilización revolucionaria de las reformas y los acuerdos en las condiciones del imperialismo.

El reformista, por el contrario, acepta las reformas para renunciar a toda labor clandestina, para minar la preparación de las masas con vistas a la revolución y echarse a dormir a la sombra de las reformas otorgadas desde arriba (7).

El Informe al II Congreso afirmaba que las características principales del movimiento popular entonces en España eran, por un lado, su gran radicalización e independencia y, por otro, su falta de organización, pues el fascismo, que es quien lo había generado, prohibía y reprimía toda forma de organización y de lucha independiente de las masas, pero no logró paralizarla ni controlarla, sino que la extendió y radicalizó, convirtiéndola en una lucha de naturaleza política; de lo que resultaba una original combinación de la lucha económica y de la lucha política que apuntaba directamente contra el Estado de los monopolios. Pero la principal dificultad a que se enfrentaba este movimiento era su falta de organización y, en la solución de aquel problema el Partido tenía un importante papel que jugar. En ese sentido, nuestra misión no consistía en crear montajes artificiales, desligados de la realidad y del movimiento de masas, sino en analizar y sintetizar las experiencias de las luchas de las masas.

El trabajo por la edificación del Partido no había terminado con el I Congreso; podía considerarse lento, no obstante estar aplicando una línea general justa y unos métodos de trabajo acordes con ella. Además el Informe apuntaba las causas de esta lentitud eran externas al mismo Partido: había que buscarlas en las condiciones en que nos desenvolvemos, en la existencia del fascismo, en la labor sistemática de liquidación que vienen haciendo el revisionismo y los demás grupos oportunistas, en la compleja situación internacional, en la misma juventud del Partido, tomando esto último como un dato objetivo. Y finalizaba con una premonición que no dejaba lugar a las falsas ilusiones de los impacientes: El trabajo por la edificación del Partido no ha terminado, sino que empieza ahora realmente. Este trabajo va a resultar largo y muy difícil: va a exigirnos muchos sacrificios y una gran tenacidad; que nadie se lleve a engaño. Había por delante un trabajo duro y abnegado de para todos los camaradas. Durante un largo período íbamos a tener que sembrar, como decía Lenin, en pequeños tiestos. A corto plazo, no se podía esperar un cambio en la situación que hiciera más cómoda o más fácil nuestra labor. Esperar tal cosa sólo podía crear falsas ilusiones, relajar el espíritu revolucionario en nuestras filas y conducir a la liquidación del Partido.

Notas:

(1) Manuel Pérez: La clase obrera tiene su propio Partido, su línea política y sus propios métodos de lucha y de organización, Informe Político al II Congreso, 1977.

(2) Manuel Pérez Martínez: ¿A dónde ir? ¿Qué camino debemos tomar?, Informe Político al Comité Central, setiembre de 1984.

(3) Una crisis ha terminado, otra crisis está abierta, publicado Bandera Roja, núm. 7, enero de 1976.

(4) Manuel Pérez: La clase obrera tiene su propio Partido, su línea política y sus propios métodos de lucha y de organización, Informe Político al II Congreso, 1977.

(5) Manuel Pérez: La clase obrera tiene su propio Partido, su línea política y sus propios métodos de lucha y de organización, Informe Político al II Congreso, 1977.

(6) Manuel Pérez: La clase obrera tiene su propio Partido, su línea política y sus propios métodos de lucha y de organización, Informe Político al II Congreso, 1977.

(7) «Fundamentos del leninismo», en Cuestiones del leninismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1977, pg.96.
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FelixP
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por FelixP el Miér Ago 14, 2013 9:55 pm

Texto publicado en Internet con ocasión del 33 aniversario de la muerte de Pedro Tabanera. (14 de Agosto de 1979)

33 aniversario del asesinato del militante de los GRAPO Pedro Tabanera Pérez:


Se cumple ahora el 33º aniversario de la muerte, en una gran emboscada policial de Pedro Tabanera Pérez. El nombre no dirá nada a las nuevas generaciones, pero tampoco a las antiguas. Ahora es un nombre más, un apellido que ni siquiera “suena”, como pueden hacerlo otros. Y sin embargo, en aquel verano de hace (¡ya!) 33 años, ese nombre copaba titulares de los medios, tan manipuladores y terroristas como los de hoy, si bien menos sofisticados y más primarios. Se convirtió en el “terrorista más buscado”, “el más perseguido”. Se puso, junto a otros militantes antifascistas y comunistas, precio a su cabeza. Exactamente, un millón de pesetas era lo ofrecido a quien pudiera dar pistas, pistas que encaminaran a su exterminio. Cuando ocupas titulares así, se puede adivinar tu destino, porque te lo están describiendo con claridad.


Nunca le conocí, pero casi podría asegurar que Pedro Tabanera no querría que hoy alguien le recordara como alguien especial, como un héroe. Seguramente Pedro Tabanera pensaría, como yo, que la clase no necesita héroes, ni construcciones mitológicas, ni dirigentes providenciales. Eso no va con nosotros, ni con la historia, ni con la vida cotidiana. Pero sí me arriesgo a suponer que Pedro hubiera preferido ser recordado como un militante, como un soldado. Tenía veinte años cuando murió. Militaba desde los 17 años en la Unión de Juventudes Antifascistas, dicen sus compañeros que de manera ejemplar. Unos rasgos comunes con miles de jóvenes en aquellos años, en los que la derrota del movimiento popular y obrero empezaba a tomar la forma que ahora sufrimos, bajo la batuta de un revisionismo podrido y especialmente del socialfascismo psoeista, que iba tomando visos de alternativa para gestionar el régimen y tomar los trastos de matar. Y no en metáfora taurina.


Me voy a tomar otra confianza con Pedro Tabanera, y voy a suponer que tal vez hubiera considerado conveniente tratar su muerte en el marco político de aquel verano de 1979. En el marco que se crea tras el repentino cambio de dirección de la responsabilidad del atentado terrorista en la cafetería California 47, en el que la policía pasa bruscamente y sin ninguna motivación (salvo la de marcar como objeto de exterminio a los militantes antifascistas de los GRAPO) de achacar la autoría a la ultraderecha a endorsársela a unos militantes, que bajo las adecuadas dosis de tortura reconocieron “haber participado”. Da igual en lo que sea. Y así, las incontables pruebas testificales que identificaron a Jesús Barranco, alias King-Fu, ultraderechista de muy pocas luces, como el portador de un paquete, quedan olvidadas. Los testimonios presenciales (“No entréis, que va a estallar una bomba”, decía un dirigente fascista momentos antes) también se desechan porque el objetivo es otro. Donde había un hombre, aparece una mujer, porque se ha detenido a Carmen López Anguita, y hay que cubrir el papel.


Pero todo lo relacionado con el atentado terrorista de California 47 ya se ha escrito en otro lugar por mejores plumas. Ahora se trata de describir aunque sea torpemente el ambiente que los medios crean amparándose en un crimen indiscriminado. No hay más que ir a las hemerotecas para ver el balance represivo de las semanas anteriores al 15 de agosto. Seguro que muchos recuerdan el asesinato de Gladys del Estal, a principios de junio, que en una sentada ecologista recibe la ráfaga de metralleta de un guardia civil. Pero nadie recuerda a Jose Ramon Ansa, 17 años, ( ¡17 años!) secuestrado (en Andoain) y asesinado por un comando policial. Ni a Teodora Sánchez, de 78, arrollada en Rentería por un coche policial que disolvía a embestidas una manifestación. Pero también muere en Malasaña Salomé Alonso, de 28 años, en una bomba colocada contra un abogado laboralista por el típico comando ultraderechista en horas fuera de servicio. No es que no quiera hablar de Eizaguirre, dirigente del PCE(r) asesinado en París, de Aurelio Fernández Cario, de la misma organización, también asesinado en París; de Valentín González, trabajador del mercado valenciano en huelga, asesinado por la policía, de Vicente Vadillo… No es que me olvide de Enrique Fernández Castro, vecino de Monforte de Lemos, asesinado a causa de una brutal paliza proporcionada por varios policías nacionales el 14 de agosto. Un día llegará en que hablaremos de todos, porque ese verano hubo muchas víctimas más. Ese es el marco en el que sucede la muerte de Pedro Tabanera Pérez.


Pedro ya había dado que hablar apenas un mes antes. “Diario 16”, periódico íntimamente comprometido con la tergiversación, órgano semioficial de la policía política, le había marcado apuntándole como coautor de algunos atentados. Pero además, había exacerbado el celo de los perros, pero consiguiendo el efecto contrario al pretendido. Porque para recoger la noticia destinada a excitar el odio citaba a “Gaceta Roja”, órgano del CC del Partido Comunista de España (reconstituido). La noticia que un periódico relataba y el otro citaba narraba unos incidentes producidos cerca de la Plaza de Las Ventas, el 18 de julio. Pedro y otro militante estaban por los alrededores, y el primero fue reconocido por un grupo de miembros de Fuerza Nueva. Algunas informaciones describen como la pareja estaba arrancando carteles del acto fascista, otras dicen que preparaban alguna acción indeterminada. Los hechos son que los fascistas consiguieron apresar al acompañante y le rodearon, golpeándole brutalmente con bates y patadas un grupo de unos doce; grupo que quedó disuelto ante la presencia de una metralleta en las manos de Pedro, que, echándose al cuello a su compañero malherido, consiguió alejarse de un grupo de unos treinta fascistas que, al mando de un policía de civil, les perseguía. Se fueron defendiendo y alejando, mediante las ráfagas de metralleta que el compañero herido, “unas veces con una mano y otras con la otra” según decía “Diario 16”, les iba disparando, mientras con la mano libre se colgaba del cuello de Pedro Tabanera Pérez, que consiguió de esa forma salvar al camarada y a sí mismo.
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por The Red Hammer el Dom Ago 18, 2013 1:33 pm

Una duda que me asalta sobre la caracterización del estado.

Se dice que en Alemania e Italia la ruptura con sus respectivos regímenes se ejerce de manera directa, es decir, por la acción de las masas oprimidas en su conjunto (en Alemania con la resistencia y el Ejército Rojo y en Italia mediante los partisanos antifasistas), al contrario que en España, donde es el propio régimen el que lleva a cabo su reforma.

Pero... ¿No es cierto también que posteriormente en la RFA y en Italia (pese a los Juicios de Nuremberg) muchos fascista siguieron tranquilamente en sus puesto y pasaron a ser "demócratas de toda la vida" en dos días?
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por el_republicano2 el Dom Ago 18, 2013 1:54 pm

The Red Hammer escribió:Una duda que me asalta sobre la caracterización del estado.

Se dice que en Alemania e Italia la ruptura con sus respectivos regímenes se ejerce de manera directa, es decir, por la acción de las masas oprimidas en su conjunto (en Alemania con la resistencia y el Ejército Rojo y en Italia mediante los partisanos antifasistas), al contrario que en España, donde es el propio régimen el que lleva a cabo su reforma.

Pero... ¿No es cierto también que posteriormente en la RFA y en Italia (pese a los Juicios de Nuremberg) muchos fascista siguieron tranquilamente en sus puesto y pasaron a ser "demócratas de toda la vida" en dos días?
En Italia no sabría decirte, pero por lo que respecta a Alemania, la única que fue desnazificada fue la Alemania Democrática. Por lo que respecta a la Federal, a excepción de cuatro gerifaltes juzgados en Nuremberg, los antiguos fascistas siguieron campando a sus anchas, e incluso muchos miembros de la Inteligencia Alemana (especialmente aquellos que trabajaban sobre la Unión Soviética) fueron contratados por los Estados Unidos. A partir de la antigua OSS (Office of Strategic Services) y de estos "renovados" nazis se formaría la actual Central Intelligence Agency (CIA).
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Re: Los revisionistas españoles tratan de ocultar la vigencia de la Resistencia Antifascista

Mensaje por Antifascista el Dom Ago 18, 2013 2:28 pm

The Red Hammer escribió:Una duda que me asalta sobre la caracterización del estado.

Se dice que en Alemania e Italia la ruptura con sus respectivos regímenes se ejerce de manera directa, es decir, por la acción de las masas oprimidas en su conjunto (en Alemania con la resistencia y el Ejército Rojo y en Italia mediante los partisanos antifasistas), al contrario que en España, donde es el propio régimen el que lleva a cabo su reforma.

Pero... ¿No es cierto también que posteriormente en la RFA y en Italia (pese a los Juicios de Nuremberg) muchos fascista siguieron tranquilamente en sus puesto y pasaron a ser "demócratas de toda la vida" en dos días?
Claro, es que aunque se destruya la maquinaria nazi, el imperialismo sigue ahí. Es decir, la RFA e Italia continúan siendo países imperialistas y por lo tanto, las formas de dominación fascistas van de la mano.

Sí es que el revisionismo ha hecho pensar, que los que defendemos la naturaleza fascista de este Estado, lo que estamos diciendo es que España es la excepción, y no es así. No se trata de que España sea la que no se ha democratizado, si no que todos esos países que se "democratizaron" van a ser como España y tienden a ser como España, porque el imperialismo está condenado a eso.

Sí lo que pasó en Alemania, en Italia, en Francia... no es lo normal, si no una excepción, un retroceso en las formas de dominación (de las fascistas a las democrático burguesas) que se dio a causa del movimiento revolucionario. Como en España también se cambiaron cosas a causa del movimiento revolucionario.

Quien determina las formas del Estado no son las luchas entre capitalistas, como aquí se ha propuesto, si no la lucha de clases.

¿Qué hay formas de dominación fascistas en Alemania? Sí. ¿En Italia? Sí. ¿En EEUU? Sí. Es que eso es el imperialismo. Es que la lucha antifascista no es una cuestión que se dio en los años 30 y 40 y ya hemos acabado, eso no es así. Ahora es cuando empieza la lucha antifascista.

Y el Socorro Rojo Internacional es eso, una organización internacional (Francia, Bélgica, España, Suiza, Canarias etc...) que es algo que los revisionistas de todo pelaje no se han planteado construir, a ellos no les preocupa claro. La represión a los que luchan contra los Estados imperialistas no es asunto suyo ¡Como ellos no luchan!.

Lo dijo Dimitrov:

"El fascismo es la última fase de la dominación de clase de la burguesía. Todos los países burgueses pasan uno tras otro, tarde o temprano, al fascismo -por medio de golpes de Estado o de manera "pacífica"; de manera máa brutal o "más suave"- los métodos de transición pueden ser diversos y dependen de las particularidades, de las circunstancias, de la estructura social y de la correlación de las fuerzas de clase y políticas en un país determinado."

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