El III Congreso del PTA de 25 de mayo de 1956 y su estoica lucha frente a las teorías del XX Congreso del PCUS - Recopilación de NG [Extractos de varios documentos]

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El III Congreso del PTA de 25 de mayo de 1956 y su estoica lucha frente a las teorías del XX Congreso del PCUS - Recopilación de NG [Extractos de varios documentos]

Mensaje por NG el Sáb Jun 01, 2013 6:44 am

El III Congreso del PTA de 25 de mayo de 1956 y su estoica lucha frente a las teorías del XX Congreso del PCUS



CAPÍTULO V
LA LUCHA DEL PARTIDO DEL TRABAJO DE ALBANIA PARA CONCLUIR LA CONSTRUCCION DE LA BASE ECONOMICA DEL SOCIALISMO
(1956—1960)


1. EL III CONGRESO DEL PARTIDO DEL TRABAJO DE ALBANIA. ORIENTACION PARA ACELERAR LA COLECTIVIZACION DE LA AGRICULTURA
En diciembre de 1955, el Comité Central resolvió convocar el III Congreso del Partido del Trabajo de Albania en el que se determinarían las nuevas tareas a cumplir en el quinquenio siguiente. Se presentaba ante el Partido y el pueblo con un rico balance de éxitos, habiendo desarrollado una firme lucha de principios por la aplicación de la línea marxista-leninista, con claras perspectivas en el camino de la edificación del socialismo en el país. En el curso de la preparación del nuevo congreso, el Partido del Trabajo de Albania se encontró frente a los agudos problemas que el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética había hecho surgir en el movimiento comunista internacional, y bajo la presión de la dirección soviética la que tendía a imponerle su camino revisionista.

El camino revisionista del XX Congreso del PCUS
En el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética qué realizó en febrero de 1956, el grupo de Jruschov, despues de tres años de preparativos, lanzó un violento ataque contra los principios fundamentales del marxismo-leninismo y contra la línea general marxista-leninista seguida por el Partido Comunista de la Unión Soviética bajo la dirección de J. V. Stalin.

El informe del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, presentado al Congreso por N. Jruschov, proponía un cierto número de tesis, calificadas de «nuevas», que constituían un pretendido «desarrollo creador de la teoría marxista-leninista en las condiciones creadas por la modificación de la correlación de fuerzas en el mundo en favor del socialismo». Estas tesis estaban revestidas de marxismo-leninismo a fin de engañar a la opinión en la Unión Soviética y en el extranjero mientras que constituían en realidad un alejamiento y una revisión del marxismo-leninismo.

Jruschov tergiversó las enseñanzas leninistas sobre la guerra y la paz: «la coexistencia pacífica entre los dos sistemas» la elevó a «línea general de la política exterior» de la Unión Soviética y de todos los países socialistas. Lenin ha enseñado que el principio fundamental de la política exterior de un país socialista y de un partido comunista es el internacionalismo proletario y no la coexistencia pacífica, es:

«La alianza con los revolucionarios de los países adelantados y con todos los pueblos oprimidos contra los imperialistas de toda calaña». V.I. Lenin. «La política exterior de la revolución rusa». Obras completas, tom. 25, pág. 86, ed. albanesa.

Jruschov puso a los Estados socialistas, al movimiento obrero y comunista internacional, y a todos los pueblos ante la alternativa: «o la coexistencia pacífica o la guerra más destructora de la historia. No hay un tercer camino». En esta forma la dirección soviética, en aras de la coexistencia pacífica a todo trance con el imperialismo, preconizaba la renuncia a la lucha de clases en escala mundial, a la lucha revolucionaria de liberación de los pueblos contra el yugo imperialista, y a la ayuda que los países socialistas y el movimiento obrero y comunista internacional debían, por todos los medios, ofrecer a los pueblos del mundo. Subordinaba la solución de los problemas de la paz y de la liberación de los pueblos al «establecimiento de relaciones amistosas entre las dos grandes potencias del mundo: la Unión Soviética y los Estados Unidos de América». Jruschov declaró: «Nosotros deseamos ser amigos con los Estados Unidos y colaborar con ellos en la lucha por la paz y la seguridad de los pueblos, así como también en el terreno económico y cultural», «nuestro objetivo es el de alcanzar un mejoramiento sustancial en las relaciones sovieto-norteamericanas».

Por una parte, Jruschov difundía así la falsa idea de que el imperialismo norteamericano, el mayor y más feroz enemigo de la paz y de la libertad, había renunciado o podía renunciar a sus objetivos de rapiña y de agresión, de que los países socialistas y los otros países independientes tendrían para siempre la garantía de no ser agredidos por el imperialismo. Pero para ello era necesario que se admitiese una coexistencia perdurable entre el socialismo y el capitalismo, puesto que, el socialismo triunfaría en escala mundial mediante la ¡«emulación pacífica de los dos sistemas, el capitalista y el socialista»! Por otra parte, el grupo de Jruschov daba a entender a los imperialistas norteamericanos que las posiciones dominantes económicas y militares de los Estados Unidos en diversos países en nada serían afectadas, que debían aceptar el reparto de la dominación del mundo entre las dos grandes potencias, que estas potencias dominantes, en estrecha colaboración «asegurarían la paz» utilizando todo su gran potencial económico y militar, todos los medios de propaganda a su disposición y las organizaciones internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas, etc.

La dirección soviética relacionaba la cuestión de la coexistencia pacífica entre Estados de diferentes sistemas sociales con las formas de la transición al socialismo. Subordinando la transición al socialismo a la coexistencia pacífica, Jruschov puso mayor acento sobre la «transición pacífica» equiparándola «con la vía parlamentaria». «En las condiciones actuales», declaró, «la clase obrera tiene la posibilidad de ganar una mayoría estable en el parlamento y convertir éste de un órgano de la democracia burguesa en un arma de verdadera voluntad del pueblo, en un órgano de democracia auténtica, de democracia para los trabajadores». Mientras que el camino de la Revolución de Octubre lo calificó de ¡«justo sólo para aquellas condiciones históricas»! Estas tesis constituían una negación de la revolución socialista y de la dictadura del proletariado.

En el informe del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, Yugoslavia era considerada abiertamente como un «país socialista», en el que «durante el proceso de la edificación del socialismo se están creando formas originales y concretas de dirección de la economía y de estructuración del aparato estatal». Con esta apreciación se desechaban enteramente las resoluciones del Buró de Información sobre la traición de la dirección revisionista yugoslava y se apoyaba el camino yugoslavo de destrucción del partido marxista-leninista y de la dictadura del proletariado, y de restauración del capitalismo.

Un golpe aún más duro fue asestado al Partido, a la revolución y a la dictadura del proletariado en el informe «secreto» «Sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias», que fue leído a los delegados del XX Congreso por N. Jruschov. En este informe se ensombrecía el glorioso camino seguido por el Partido Bolchevique a partir de la muerte de Lenin, se calificaba como un camino «lleno de errores, de graves tergiversaciones y de crímenes monstruosos». La responsabilidad por todo esto se le imputaba a Stalin, que había conducido durante treinta años al Partido y al Estado soviético con tal sabiduría y perspicacia hacia victorias de importancia histórica mundial, que todo el movimiento comunista internacional lo reconocía como un gran marxista-leninista y un gran revolucionario. Fabricando las más viles calumnias y mentiras basadas en la arbitraria interpretación de documentos y en base a declaraciones de elementos hostiles al socialismo, Jruschov acusó a Stalin de «salvaje arbitrariedad», de «haberse desprendido de la vida y la realidad» y lo tildó de «déspota», «de hombre que aplicaba el terror» y de «inculto». Al mismo tiempo, proclamó la rehabilitación de los enemigos del régimen socialista, condenados como agentes de los Estados imperialistas.

El ataque contra Stalin era un ataque directo contra su obra revolucionaria, un golpe asestado a las enseñanzas marxista-leninistas, al régimen socialista. Este ataque se hacía con el deliberado objetivo de legitimar la destrucción de la línea marxista-leninista del Partido Comunista de la Unión Soviética elaborada en sus anteriores congresos, para adoptar una nueva línea política revisionista y revisar el marxismo-leninismo. A fin de preparar el terreno para alcanzar este objetivo, el grupo de Jruschov necesitaba imprescindiblemente repudiar a Stalin, quien con tanta resolución había defendido el marxismo-leninismo y lo había desarrollado aún más en las nuevas condiciones que se crearon en el mundo con la victoria de la Revolución Socialista de Octubre, con la edificación de la sociedad socialista en la Unión Soviética y la constitución del campo socialista después de la Segunda Guerra Mundial. A fin de camuflar sus puntos de vista y sus actividades revisionistas contrarrevolucionarias, Jruschov y sus acólitos se valieron del llamado «culto a Stalin», y especularon así con el hecho de que el culto a la personalidad es odioso y extraño al marxismo-leninismo.

J. V. Stalin fue contrario al culto a la personalidad y frecuentemente lo criticó, hizo una correcta valoración del papel de las masas y siempre respetó el principio de dirección colectiva del Partido y del Estado soviético. Pero no tomó todas las medidas necesarias para frenar los exagerados elogios enteramente innecesarios, que la propaganda soviética hacía a su persona durante los últimos años de su vida. Esto fue explotado por el grupo de Jruschov para sus fines antimarxistas y antisocialistas, fabricando el llamado «culto a Stalin», como arma principal en su lucha contra el marxismo-leninismo.

La línea revisionista del XX Congreso, Jruschov y su grupo la proclamaron línea general del movimiento comunista internacional e hicieron todo lo posible y utilizaron todos los medios para imponerla a todos los partidos comunistas y obreros.

Las conclusiones del XX Congreso llegaron a constituir el alimento ideológico de los revisionistas de todos los países. Fueron un arma muy importante que se ponía en manos de los imperialistas y de todos los reaccionarios para combatir a los países socialistas, el comunismo y el movimiento revolucionario de liberación. Alentados por estas conclusiones, los enemigos del comunismo desataron una frenética campaña contra el marxismo-leninismo, sobre todo contra la revolución y la dictadura del proletariado. En forma particular, atacaron al régimen socialista en la Unión Soviética y en los demás países, así como a los partidos comunistas de los países capitalistas. En este sentido se destacaron los revisionistas yugoslavos, quienes vieron que la línea del XX Congreso coincidía con el camino por el que hacía tiempo se habían recorrido. Una tensa situación se iba creando pues, en el movimiento comunista internacional.

Fracaso de las tentativas por revisar la línea del Partido del Trabajo de Albania.
El XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética infundio ánimos y puso en movimiento asimismo a los elementos antipartido y enemigos en Albania, avivando sus esperanzas de que había llegado el momento de cambiar la línea marxista-leninista del Partido del Trabajo de Albania y de recuperar sus posiciones, es decir, que comenzaba el mismo proceso que se estaba desarrollando en la Unión Soviética y en ciertos países de democracia popular. En ayuda de estos elementos acudió directamente la camarilla de Tito por intermedio sobre todo de la legación yugoslava en Tirana. Bajo su dirección comenzó a organizarse un movimiento contrarrevolucionario secreto con miras a subvertir la situación y tomar las riendas de la dirección del Partido y del Poder popular. En este movimiento estaban incluidos también cierto número de miembros del Partido, condenados por haber cometido graves errores o que eran agentes camuflados de los imperialistas y de los revisionistas yugoslavos. Los elementos hostiles y antipartido más que cualquiera, difundían la propaganda del XX Congreso y se empeñaban en crear en el seno del Partido un ambiente propicio para hacer la revisiónde la línea política marxista-leninista del Partido del Trabajo de Albania y para rehabilitar a Koçi Xoxe, Tuk Jakova, Bedri Spahiu y a muchos otros enemigos del Partido y del pueblo. Intentaban opacar los éxitos políticos y económicos logrados bajo la dirección del Partido, hablaban de la existencia del «culto a la personalidad», de «transgresión de las normas leninistas», de «actitud demasiado rigurosa hacía los kulaks y hacía otros enemigos de clase», de «vacilación y lentitud en cuanto al mejoramiento de las relaciones con Yugoslavia». Consideraban todo esto como «consecuencias de las concepciones y de la práctica erróneas de Stalin» y planteaban la necesidad de cambiar esta línea, de tomar medidas contra los responsables que habían permitido tal estado de cosas. Los elementos antipartido en Tirana aprovecharon asimismo la falta de vigilancia y otras deficiencias acentuadas del Comité del Partido de esta ciudad.

Los revisionistas utilizaron la conferencia del Partido de la ciudad de Tirana, de abril de 1956, para iniciar sus ataques contra la línea y la dirección marxista-leninista del Partido. Por intermedio de sus representantes que habían llegado a ser elegidos delegados, presentaron su plataforma antimarxista. Al mismo tiempo reclamaban que se aplazase el Tercer Congreso bajo el pretexto de que era necesario disponer de tiempo para examinar la línea y proceder a nuevos preparativos en el espíritu del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Como se demostró más tarde, todas estas maniobras fueron fraguadas entre bastidores por la legación yugoslava.

Los elementos antipartido, abusando de la democracia interna del Partido, crearon así una situación tensa en la conferencia. Los puntos de vista revisionistas fueron refutados por la mayoría de los delegados, pero hubo también entre ellos algunos que vacilaron por la sutil demagogia.

El Comité Central con justa razón juzgó bastante seria la situación y llegó a la conclusión de que en esto tenía que ver la acción de los enemigos del Partido y del socialismo. Envió a la conferencia al camarada Enver Hoxha, quien desenmascaro los designios de los revisionistas y expuso la firme actitud del Partido del Trabajo de Albania para salvaguardar la pureza de su política y de su práctica revolucionarias. Los delegados apoyaron enteramente esta actitud del Partido y denunciaron las tentativas de los enemigos de apartarlo de la línea marxista-leninista. La conferencia obligó a los elementos antipartido a que por su propia boca confirmaran los objetivos y la naturaleza de su actividad contrarrevolucionaria. El complot revisionista fracasó. Sacando las debidas enseñanzas de este hecho, el Comité Central dio a todo el Partido la siguiente directiva:

«De ninguna manera debemos permitir relajar en lo más mínimo la vigilancia, no debemos permitir ceder al sentimiento de autosuficiencia y dejar campo libre a la acción de los enemigos». Carta del CC del Partido del Trabajo de Albania dirigida a todas las organizaciones del Partido, 21 de abril de 1956 — ACP

Esto abrió aún más los ojos a los comunistas y los movilizó en una lucha todavía más revolucionaria en defensa de la línea del Partido y para cumplir todas las tareas trazadas.

Durante ese período Jruschov, por su parte, presionaba al Comité Central del Partido del Trabajo de Albania para que reexaminara su línea general en el espíritu de las conclusiones del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética y adoptara una nueva línea en el III Congreso. Al principio, ejerció esta presión en Moscú por intermedio de Suslov, integrante del grupo revisionista soviético. En nombre del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, Suslov demandó mediante Liri Belishova, que la dirección del Partido del Trabajo de Albania volviera a examinar sobre todo su actitud en lo referente a los revisionistas yugoslavos y a las sanciones aplicadas a Koçi Xoxe, Tuk Jakova y a otros elementos antipartido, bajo el pretexto de que «pueda que se hayan cometido errores bajo la influencia del culto a Stalin». Esta demanda fue repetida en forma más abierta e insistente por el jefe de la delegación del Partido Comunista de la Unión Soviética, que vino a Tirana para asistir al III Congreso.

El Pleno del Comité Central rechazó unánimemente y sin vacilación alguna toda tentativa de revisar la línea correcta del Partido y expresó su determinación de proseguir consecuentemente el camino que había seguido hasta entonces el Partido del Trabajo de Albania. En la fecha fijada, 25 de mayo de 1956, el III Congreso del Partido del Trabajo de Albania comenzó sus trabajos, los que debían proseguir hasta el 3 de junio. En este Congreso participaron 670 delegados con voz y voto y 121 sólo con voz que representaban a 41.372 miembros y 7.272 candidatos al Partido.

El Congreso examinó la actividad del Comité Central y de todo el Partido, adoptó algunas modificaciones en los Estatutos del Partido y aprobó las directivas del Segundo Plan Quinquenal.

Determinación del Partido de seguir la línea marxista-leninista
En las condiciones del ataque general desencadenado por el revisionismo internacional contra el marxismo-leninismo y de la presión ejercida por Jruschov sobre el Partido del Trabajo de Albania, la cuestión esencial era el saber: ¿cuál debía ser el camino que seguiría el Partido? ¿El del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, o su propio camino marxista-leninista?

Contrariamente a lo que reclamaban los revisionistas:

«El III Congreso del Partido del Trabajo de Albania, después de escuchar y discutir el informe sobre la actividad del Comité Central, presentado por el camarada Enver Hoxha, Primer Secretario del Comité Central del Partido del Trabajo de Albania, resuelve aprobar totalmente la línea política y la actividad práctica del Comité Central así como las proposiciones y conclusiones del informe. El Congreso constata con satisfacción que la línea general política, económica y organizativa seguida hasta hoy por el Partido ha sido correcta». Resolución del III Congreso del Partido del Trabajo de Albania. Documentos Principales del PTA, tom. II, pág. 452.

El Congreso condenó con firmeza la actividad de los elementos antipartido en la conferencia del Partido de la ciudad de Tirana y todas las tentativas de revisar la línea política del Partido del Trabajo de Albania. Estimó enteramente justas todas las medidas tomadas por el Partido:

«Contra todos los grupos y elementos antipartido y desviacionistas, revisionistas, trotskistas y oportunistas». Idem, pág. 481.

Se llegó a la conclusión de que las normas marxista-leninistas se habían aplicado con escrupulosidad tanto en lo concerniente a las sanciones contra los grupos y elementos antipartido, así como también en toda la vida interna del Partido. Las decisiones del Partido habían encontrado la plena aprobación de todas sus organizaciones.

Al tratar la cuestión de la lucha de clases como una de las cuestiones más importantes en la que se desarrolla la lucha entre el marxismo-leninismo y el revisionismo, el Congreso consideró como:

«Un error el pensar que la lucha de clases se ha extinguido y que las clases derrocadas renunciarán voluntariamente a la lucha». Resolución del III Congreso del Partido del Trabajo de Albania. Documentos Principales del PTA, tom. II, pág. 481.

El Congreso recomendó a los comunistas no bajar ni por un instante la vigilancia y les advirtió que habría elementos:

«Que piensen que el cambio de la situación debe implicar un cambio en la disciplina del Partido, en la vigilancia del Partido y que todo debe ser sustituido por una moderación oportunista, por una extinción de la lucha de clases; que los errores y las faltas cometidos en detrimento del Partido y del pueblo deben ser borrados, y que ha llegado el momento bajo el manto de la democracia, de atropellar la verdadera democracia». Idem, pág. 482.

En esta forma el Congreso se prevenía ante la grave situación que se iba creando en el movimiento comunista internacional después del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Con respecto a esto, fijó por tarea el perseverar en la lucha inexorable contra toda manifestación oportunista, contra el peligro del derechismo y de preservar como lo más preciado la unidad y la cohesión de las filas del Partido.

En todos los órdenes, el III Congreso decidió por unanimidad y sin la menor vacilación proseguir la línea marxista-leninista seguida por el Partido desde su fundación.

Todas las conclusiones y las decisiones del III Congreso del Partido del Trabajo de Albania estaban imbuidas de un espíritu revolucionario marxista-leninista que en su esencia era una oposición al espíritu revisionista del que estaban impregnadas las conclusiones y las decisiones del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Sin embargo, el III Congreso no condenó abiertamente las tesis antimarxistas del XX Congreso. El Comité Central del Partido del Trabajo de Albania había hecho conocer a la dirección soviética su oposición y sus reservas acerca de una serie de tesis y actividades de esta dirección. Al mismo tiempo la prensa del Partido del Trabajo de Albania formulaba sobre estas cuestiones apreciaciones diferentes, prácticamente opuestas a las del XX Congreso. Pero el Partido del Trabajo de Albania no podía expresar públicamente en su Congreso su oposición y reservas hacia las conclusiones del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, por razón de que una tal forma de proceder en ese tiempo, no iría sino en favor de los enemigos del comunismo, quienes habían desencadenado un furioso ataque contra la Unión Soviética y contra la unidad del campo socialista y del movimiento comunista internacional. Los comunistas albaneses han considerado siempre como su más alto deber internacionalista defender el primer Estado socialista creado en el mundo, y el campo socialista. Aparte de eso, todavía no se conocía bien, en aquel entonces, el verdadero objetivo que buscaba alcanzar el grupo de Jruschov con sus nuevas tesis.

Lo esencial era que el Partido del Trabajo de Albania, a diferencia de lo que se produjo en el seno de muchos otros partidos comunistas y obreros, no hizo ninguna concesión de principios frente a la presión del grupo de Jruschov y no adoptó como base de su línea el camino revisionista del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Mantuvo intacta su línea general marxista-leninista.

Las modificaciones insertadas en los Estatutos del Partido por el III Congreso no llevaban nada que pudiese menoscabar los principios y las normas marxista-leninistas.

Los nuevos Estatutos dieron una mejor definición de las tareas y derechos de los miembros del Partido. En éstos se traducía la gran experiencia que había adquirido Partido en los asuntos de organización e ideológicos y en la dirección política de la edificación socialista del país.

Directivas del Segundo Plan Quinquenal
Al aprobar las directivas del Segundo Plan Quinquenal para los años 1956-1960, el III Congreso determinó como sus tareas principales: el desarrollo de la industria, sobre todo el de la industria minera, principalmente en base al aprovechamiento integral de las capacidades productivas en la explotación y utilización de las reservas internas; el rápido desarrollo de la agricultura, principalmente por él camino de la reorganización socialista de la producción agrícola; el mejoramiento de las condiciones materiales y la elevación del nivel cultural del pueblo.

La realización de estas tareas, según lo previsto, debía determinar un acrecentamiento del volumen total de la producción industrial en un 92 por ciento, con un ritmo medio anual no inferior al 14 por ciento. Se tenía previsto sobre todo un rápido acrecentamiento de la producción de petróleo, de mineral de cromo, de hulla y de energía eléctrica, así como de artículos de amplio consumo.

El Congreso dio asimismo la orientación para acrecentar notablemente la producción agrícola y pecuaria. Sin embargo, la tarea esencial que determinaba el desarrollo de la agricultura y toda la economía popular era la extensión de la colectivización de la agricultura a fin de llevar a su meta la construcción de la base económica del socialismo en todo el país y de asegurar un desarrollo rápido y general del campo.

El Congreso consideró enteramente justa y oportuna la orientación dada por el Pleno del Comité Central de diciembre de 1955 con miras a acelerar la colectivización de la agricultura. Todas las condiciones políticas, organizativas y económicas requeridas, estaban creadas para la transición a esta nueva etapa de la reorganización socialista del campo. Las masas campesinas estaban convencidas de la superioridad de la gran producción colectiva agrícola. Se había asegurado la formación de cuadros calificados y la ampliación de la base de equipos técnicos agrícolas. El Partido y el Estado estaban enteramente en condiciones de hacer frente a las tareas que se derivasen dé la extensión de la colectivización de la agricultura. La existencia de condiciones necesarias para pasar a la reorganización socialista del campo en gran escala, estaba asimismo claramente confirmada por el hecho de que la tarea determinada por el Comité Central del Partido en diciembre de 1955, para duplicar el número de cooperativas agrícolas para fines de 1956, había sido ya cumplida en vísperas del Congreso.

Apoyándose en esas condiciones, el III Congreso asignó la tarea de finalizar en líneas generales la colectivización de la agricultura en el Segundo Plan Quinquenal. La colectivización debía extenderse en primer lugar en las zonas llanas y parcialmente en las zonas de las colinas. En las zonas de la montaña debían crearse principalmente colectivos agrícolas y cooperativas pecuarias.

El Congreso recomendó llevar a cabo la colectivización ateniéndose estrictamente al principio leninista del libre asentimiento del campesino. Demandó que las organizaciones del Partido y los órganos del Poder no emplearan sino el método de persuasión, propagando el ejemplo de las cooperativas ya creadas. Todo otro método de trabajo que contraviniese, aunque en poco, al principio de libre voluntariedad, sería considerado extraño a la política del Partido y condenado.

El Estado debía apoyar la colectivización de la agricultura desarrollando aún más su mecanización, acrecentando la superficie de nuevas tierras, ampliando los trabajos bonificación y prestando ayuda a las cooperativas agrícolas en todo terreno.

Las directivas del plan estaban profundamente imbuidas de un objetivo esencial: el mejoramiento continuo de las condiciones de vida y la elevación del nivel cultural de los trabajadores. El acrecentamiento de la producción industrial y agrícola debía de permitir la supresión total del sistema de racionamiento en el curso del Segundo Plan Quinquenal así como una baja anual de los precios de los artículos de amplio consumo. El salario real de los obreros y de los empleados debía elevarse en un 25 por ciento y los ingresos de los campesinos en un 35 por ciento.

Para la mejor realización de las tareas del Segundo Plan Quinquenal, el Congreso llamó a los comunistas y a todos los trabajadores a tener bien en cuenta que:

«El lugar de honor, el frente de la lucha por la construcción del socialismo está allí donde se producen los bienes materiales, en las fábricas, en los centros de construcción, en las granjas, en las estaciones de máquinas y tractores, en las cooperativas». Resolución del III Congreso del Partido del Trabajo de Albania. Documentos Principales del PTA, tom. II, pág. 478.

Antes de clausurar sus trabajos, el Congreso eligió el nuevo Comité Central del Partido cuya composición fue aumentada hasta 43 miembros y 22 miembros suplentes. Enver Hoxha fue reelegido Primer Secretario [El cargo de Secretario General del Partido había sido reemplazado por el de Primer Secretario del Comité Central del Partido, por decisión del Pleno del CC del PTA, el 12 de julio de 1954.].

El III Congreso sostuvo la política revolucionaria del Partido y, en el espíritu de esta política, designó las nuevas tareas a cumplir en la vía de la construcción de la base económica del socialismo, dando prioridad a la finalización de la colectivización de la agricultura.

2. LA LUCHA DEL PARTIDO DEL TRABAJO DE ALBANIA CONTRA EL REVISIONISMO CONTEMPORANEO, PRINCIPAL PELIGRO PARA EL MOVIMIENTO COMUNISTA INTERNACIONAL
Después de su III Congreso, el Partido del Trabajo de Albania tuvo que hacer frente a una situación inquietante que se había creado en el movimiento comunista internacional al difundirse e intensificarse el revisionismo contemporáneo.

Intensificación del revisionismo en el movimiento comunista internacional
Esta situación, creada durante el segundo semestre de 1956, era consecuencia del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Una profunda confusión ideológica se apoderó de la mayor parte de los partidos comunistas y obreros. El grupo de Jruschov, aprovechándose del prestigio y de la gran autoridad del Partido Comunista de la Unión Soviética y del Estado soviético, ejercía constante presión sobre la dirección de otros partidos para sustituir su línea marxista-leninista anterior por la línea revisionista del XX Congreso. Tramó complots para desbancar de la dirección de los partidos a todo el que obstaculizase la difusión del revisionismo. La camarilla de Tito, por su parte, hacía gran alboroto sobre «el triunfo de la vía yugoslava» e intervenía en mil formas y como podía, para acelerar la disgregación de los partidos marxista-leninistas y del régimen socialista. Los dirigentes soviéticos y los revisionistas yugoslavos colaboraban estrechamente en la gran campaña anticomunista desatada por el revisionismo internacional bajo las consigas de la lucha contra el «stalinismo», contra el «dogmatismo», contra el «culto a la personalidad». Jruschov tuvo una entrevista con Tito para coordinar las acciones de esta campaña y determinar cuáles eran los dirigentes, que debían ser descartados y cuáles debían ser llevados a la dirección de los diversos partidos.

En tal situación, en el seno de los diversos partidos comunistas y obreros, salieron a luz los oportunistas que con el respaldo directo de la dirección soviética y de los titoístas se lanzaron al ataque contra el marxismo-leninismo. Fueron rehabilitados los elementos antipartido, muchos de los cuales eran conocidos por todo el mundo como contrarrevolucionarios.

En los países capitalistas, los oportunistas italianos, encabezados por Palmiro Togliatti, se destacaron en esta campaña contra el marxismo-leninismo y el régimen socialista. Ellos lanzaron la tesis de la degeneración del sistema soviético y del régimen de democracia popular y plantearon la necesidad de sustituirlos por un «sistema de democracia sin limitaciones». Al mismo tiempo, ensalzaban cada vez más la «experiencia yugoslava». Bajo el manto de la «lucha contra la hegemonía de un partido», dirigieron sus baterías contra la unidad y la línea política común del movimiento comunista internacional, basado en el marxismo-leninismo, y fraguaron la tesis del «policentrismo», de la creación de muchos centros en este movimiento. Ellos lanzaron la consigna de la «vía italiana hacia el socialismo», camino reformista parlamentario, que excluía toda insurrección revolucionaria y toda tentativa de destruir el Poder burgués.
Tal camino sería, según los revisionistas italianos, el único apropiado para todos los países capitalistas de Occidente.

En los países socialistas, el revisionismo se propago y desarrolló en profundidad sobre todo en Polonia y en Hungría. Con el apoyo del grupo de Jruschov, los elementos antimarxistas, condenados por sus puntos de vista y su actividad revisionistas y antisocialistas, se pusieron a la cabeza de los partidos obreros de estos países. La dictadura del proletariado fue paralizada. Fue autorizada la propaganda en gran escala de la ideología y de la cultura burguesa de Occidente. Bajo lo cubierta de «círculos culturales» fueron creados focos contrarrevolucionarios en diferentes ciudades. Los revisionistas tenían por objetivo destruir completamente la dictadura del proletariado y sistema socialista.

Esta situación fue aprovechada por los imperialistas. Estos incitaron, propagaron y organizaron la contrarrevolución, en aquellos países socialistas donde los revisionistas habían creado un terreno favorable, y en colaboración directa o indirecta, con ellos se empeñaban en destruir el sistema socialista y en restaurar el capitalismo. El imperialismo internacional y los revisionistas organizaron de concierto el motín contrarrevolucionario de Pozna (Polonia) en junio de 1956, así como las insurrecciones contrarrevolucionarias de Hungría en octubre y noviembre de 1956.

La democracia popular húngara se vio ante la amenaza de ser destruida totalmente, el Partido de los Trabajadores Húngaros fue desmantelado. Los comunistas y los trabajadores húngaros, traicionados por los revisionistas, opusieron una resistencia desesperada. La contrarrevolución de Hungría, atizó la histeria anticomunista en el mundo entero. El sistema socialista debía hacer frente a una dura prueba.

Los pueblos de los países socialistas y las fuerzas revolucionarias del mundo entero manifestaban una gran inquietud en cuanto a los destinos del socialismo en Hungría. Tropas soviéticas estaban estacionadas en la República Popular de Hungría, pero el grupo de Jruschov vacilaba ponerlas en acción para reprimir la contrarrevolución.

No fue sino debido a la gran presión ejercida da abajo y sobre todo porque veía que Hungría escapaba a su esfera de influencia, que el grupo de Jruschov por último se vio obligado a permitir al Ejército Soviético ir en ayuda de los defensores de la revolución húngara. La contrarrevolución fue así apastada.

La contrarrevolución húngara fue producto del revisionismo. Los revisionistas yugoslavos, que eran los más ardientes sostenedores de los revisionistas húngaros y que habían desempeñado un papel particular en la preparación de la contrarrevolución, pusieron su bandera a media asta, cuando ésta había fracasado. Tito la definió como «una insurrección de todo el pueblo», provocada «por los graves errores del régimen de Rakosi y por las vacilaciones por derrocarlo». Mientras que la ayuda del Ejército Soviético la calificó de «intervención feroz e inadmisible». Imre Nagy, jefe de la contrarrevolución, encontró asilo en la embajada yugoslava en Budapest.

Mientras tanto, la dirección soviética, que no era menos responsable que la camarilla de Tito en la preparación de la contrarrevolución, después del fracaso de ésta se esforzó en cualquier forma en cubrir las huellas de su grave culpabilidad. Sacrifico, a Imre Nagy, que ella misma había colocado a la cabeza del Estado húngaro, y se vio obligada, a diferencia de los titoístas, a calificar la insurrección de «contrarrevolucionaria», tal como lo era efectivamente. Sin embargo, hizo responsables a los «dogmaticos» y no a los verdaderos culpables: los revisionistas.

La contrarrevolución húngara fracasó, más sus raíces no fueron destruidas. El revisionismo en Hungría no fue aniquilado, no hizo sino una retirada. Los íntimos colaboradores de Imre Nagy mantuvieron sus puestos clave en el Poder político y en el partido dirigente reorganizado.

La actitud revolucionaria internacionalista del Partido del Trabajo de Albania
El Partido del Trabajo internacionalista del Partido de Albania se solidarizó del Trabajo de Albania sin reserva alguna con los trabajadores revolucionarios húngaros y puso en pie al pueblo entero para ir en su ayuda con todos los medios. A través de «Zéri i Popullit», el Partido declaraba:

«El pueblo albanés condena con odio los actos sangrientos de los imperialistas y de los contrarrevolucionarios fascistas que tienen por fin separar a Hungría del campo del socialismo, derrocar el Poder de los obreros y de los campesinos e instaurar la feroz dictadura del capital». Editorial de «Zéri i Popullit», 30 de octubre de 1956.

El Gobierno de la República Popular de Albania, en una declaración especial, dirigía este llamamiento:

«En las circunstancias actuales, las conquistas socialistas del pueblo húngaro, alcanzadas durante el curso de estos años, deben defenderse con firmeza». Declaración del Gobierno de la RPA, 3 de noviembre de 1956. «Zéri i Popullit», 4 de noviembre de 1956.

El Partido del Trabajo de Albania y el pueblo albanés saludaron con gran alegría la victoria del pueblo húngaro como una victoria de todos los países socialistas, de todos los pueblos amantes de la libertad.

Al analizar este triste acontecimiento, el Partido del Trabajo de Albania -a diferencia de la dirección soviética y de la nueva dirección húngara que culpaban de la contrarrevolución a los llamados «dogmáticos» y a «la antigua dirección húngara»- señalaba a los verdaderos y principales culpables, los revisionistas, y les criticaba por «cambios sucesivos y súbitos en la dirección húngara, que dejaron de hecho al Partido y al Estado sin su estado mayor dirigente, sin una dirección fuerte y fiel».

El Partido del Trabajo de Albania sacó de los acontecimientos de Hungría importantes lecciones para su propia actividad en el plano nacional e internacional:

«La tragedia del pueblo húngaro -declaraba el camarada Enver Hoxha inmediatamente después del fracaso de la contrarrevolución- será sin duda alguna una gran lección para todas las gentes honradas del mundo, será una lección para todos aquellos que se duermen sobre sus laureles y que frente a las frases de los imperialistas y de la reacción, frente a las consignas demagógicas, relajan la vigilancia y la sustituyen con una actitud oportunista y con una peligrosa blandenguería. El Partido y el pueblo albaneses nunca han dado un paso en falso ni lo darán, y no se dejarán engañar por las consignas del «socialismo popular», del «socialismo revolucionario» o las consignas de una cierta «democracia» que se asemeja a todo menos a la democracia proletaria. Por tanto, hoy más que nunca, a nuestro Partido se le plantea la tarea de fortalecer su lucha de principios para preservar la pureza de la teoría marxista-leninista, para fortalecer sus filas en el plano ideológico y organizativo, para robustecer la solidaridad internacional de los trabajadores, y considera que la lucha en defensa de los principios marxista-leninistas, para consolidar sus filas en lo ideológico y organizativo, para fortalecer la solidaridad internacional trabajadores, porque considera que la lucha por la defensa de los principios del marxismo-leninismo, la lucha sobre la base de estos principios es la única lucha justa». «Zeri i Popullit» 9 de noviembre de 1956.

La agudización de la situación internacional causada por la contrarrevolución en Hungría se profundizó aún más al desatarse la agresión anglo-franco-israelí contra Egipto el 29 y 30 de octubre de 1956. Este acto constituía otro eslabón del ataque general del imperialismo y la reacción contra las fuerzas amantes de la paz y de la libertad.

En tal situación, el Partido del Trabajo de Albania juzgaba indispensable elevar su preparación y la del pueblo para hacer frente a la presión multiplicada imperialista-revisionista. Al mismo tiempo, el Partido, destacamento del movimiento comunista internacional, consideraba como su deber internacionalista, contribuir al desenmascaramiento del revisionismo y a frenar su propagación.

La situación en el movimiento comunista internacional y en el mundo fue examinada en el Pleno del Comité Central reunido en febrero de 1957. En él, el camarada Enver Hoxha hizo un profundo análisis marxista-leninista de esta situación y recalcó las tareas del Partido en su lucha revolucionaria contra el imperialismo y el revisionismo.

Los diversos imperialistas y los revisionistas yugoslavos, húngaros, polacos, italianos y otros, habían hecho blanco de sus ataques la unidad del campo socialista y del movimiento comunista internacional. Para lograr destruir esta unidad, intentaban aislar a la Unión Soviética haciendo que todos los países socialistas se separasen de ella y escindir así el movimiento comunista internacional.

A este propósito, se esforzaban en negar la importancia universal de las conquistas y de la experiencia de la Revolución de Octubre y de la edificación del socialismo en la Unión Soviética. Contra estas conquistas y experiencia se dirigían también las tesis y resoluciones revisionistas del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. La lucha en defensa de la Unión Soviética, en estas condiciones era la lucha en defensa del socialismo y del marxismo-leninismo. Por esta razón el Partido del Trabajo de Albania consideraba necesario:

«Defender y cohesionar la unidad de los países socialistas y de los partidos comunistas y obreros hermanos en torno a la Unión Soviética». Enver Hoxha. Informe sobre la situación internacional y las tareas del Partido, presentado en el Pleno del CC del PTA, 13 de febrero de 1957. Tirana 1957, pág. 50.

En las circunstancias creadas, la lucha contra el revisionismo -señalaba el Comité Central- cobraba primordial importancia. Recomendó a los comunistas y a todos los trabajadores comprender a fondo que:

«En las condiciones actuales, la lucha en el terreno ideológico esta en primer plano». Enver Hoxha. Informe sobre la situación internacional y las tareas del Partido, presentado en el Pleno del CC del PTA, 13 de febrero de 1957. Tirana 1957, pág. 50.

El Partido del Trabajo de Albania declaró públicamente que defendería con firmeza y consecuencia los principios fundamentales del marxismo-leninismo contra los ataques de los revisionistas.

En primer lugar, era necesario desenmascarar los esfuerzos del revisionismo internacional por sembrar la confusión ideológica en cuanto a las enseñanzas del marxismo-leninismo sobre el papel dirigente delpartido de la clase obrera, sobre la dictadura del proletariado y sobre la lucha de clases.

La experiencia histórica, señalaba el camarada Enver Hoxha, nos enseña que:

«La dirección del Partido es una necesidad vital para el triunfo de la revolución socialista y para la edificación del socialismo y del comunismo». Enver Hoxha. Informe sobre la situación internacional y las tareas del Partido, presentado en el Pleno del CC del PTA, 13 de febrero de 1957. Tirana 1957, pág. 50.

Esto era subrayar, que negar la dirección del partido marxista-leninista significa dejar a la clase obrera sin su estado mayor dirigente, desarmarla totalmente y perpetuar la dominación de la burguesía.

Desenmascarando a los revisionistas que propagaban frenéticamente la liquidación de la dictadura del proletariado o su «liberalización», el Partido del Trabajo de Albania destacaba:

«No liquidar la dictadura del proletariado sino fortalecerla lo más posible, no permitir su debilitamiento, «su liberalización», ni la confusión y desorganización en sus filas, que sería justamente hacer el juego del enemigo». Idem, pág. 58.

Esto era precisar que aquellos que rechazan la dictadura del proletariado rechazan el marxismo-leninismo y se pasan al campo de los enemigos del comunismo.

Asimismo el Partido advirtió sobre el gran peligro que representaban los esfuerzos de los revisionistas por desorientar a los trabajadores difundiendo la «teoría» de la negación de la lucha de clases. La lucha de clases, enseñaba el Partido:

«Es una realidad objetiva ligada a la existencia de las clases explotadoras o de sus vestigios, a la existencia de los agentes del imperialismo, del vasto sector de los pequeños productores, de los remanentes capitalistas en la conciencia de las gentes fin, a la existencia del imperialismo». Enver Hoxha. Informe sobre la situación internacional y las tareas del Partido, presentado en el Pleno del CC del PTA, 13 de febrero de 1957. Tirana 1957, pág. 60.

Los revisionistas camuflaban su lucha contra el marxismo-leninismo con tres principales consignas demagógicas: «el desarrollo creador del marxismo-leninismo y la lucha contra el dogmatismo», «la aplicación creadora del marxismo-leninismo en las condiciones concretas de cada país» y «la lucha contra el stalinismo» o «el culto a la personalidad».

El Partido del Trabajo de Albania resaltaba que los revisionistas no hacían otra cosa sino especular con las justas tesis del desarrollo y de la aplicación creadora del marxismo-leninismo en las nuevas circunstancias y en las condiciones concretas de cada país. Se valían de estas tesis para negar sus principios fundamentales y encubrir su traición, para imponer a los demás el «socialismo específico» y el «comunismo nacional»:

«Los marxista-leninistas, -señalaba el camarada Enver Hoxha- conciben el desarrollo creador del marxismo-leninismo no como negación de sus bases, sino como enriquecimiento de esta teoría con nuevas conclusiones sacadas de la experiencia de la lucha de la clase obrera y del desarrollo de las ciencias. El marxismo-leninismo es ciencia y las leyes objetivas por él desarrolladas son verdades absolutas. No pueden envejecer ni ser derrotadas. Las cuestiones fundamentales de la edificación del socialismo son comunes, las leyes de desarrollo de la sociedad no conocen fronteras nacionales. La experiencia histórica muestra que tales cuestiones comunes son: la dictadura del proletariado, es decir la instauración del Poder político de la clase obrera bajo la dirección del partido marxista-leninista; el fortalecimiento por todos los medios de la alianza de la clase obrera con el campesinado y las otras capas trabajadoras; la liquidación de la propiedad capitalista y el establecimiento de la propiedad social sobre los principales medios de producción; la organización socialista de la agricultura; el desarrollo planificado de la economía; la orientación de la teoría marxista-leninista; la resuelta defensa de las conquistas de la revolución socialista contra todo atentado por parte de las clases explotadoras derrocadas y de los Estados imperialistas». Enver Hoxha. Informe sobre la situación internacional y las tareas del Partido, presentado en el Pleno del CC del PTA, 13 de febrero de 1957. Tirana 1957, págs. 40-41.

El Partido del Trabajo de Albania puso de manifiesto una vez más que la lucha contra «el culto a Stalin», «contra sus errores», contra «el stalinismo» era una lucha contra el marxismo-leninismo, que tendía a preparar el terreno en todos los partidos comunistas y obreros para sustituir su línea revolucionaria con otra oportunista y reformista, y poner a los revisionistas a la cabeza de estos partidos:

«Nosotros no estamos de acuerdo con aquellos que rechazan todo lo positivo de la obra revolucionaria de Stalin. J. V. Stalin, como se sabe, es un gran marxista; ha defendido, después de Lenin, el marxismo-leninismo contra todos los enemigos y los revisionistas y ha aportado una valiosa contribución al ulterior desarrollo de esta ciencia». Idem, pág. 43.

El Partido, en esos momentos, dirigió: su filo principal contra el revisionismo yugoslavo que era el abanderado del ataque contra el marxismo-leninismo. Mas no era difícil deducir que esta lucha estaba dirigida contra los revisionistas de cada país y de cada partido, y que las tesis del informe del camarada Enver Hoxha se contraponían a las tesis revisionistas del XX Congreso.

El informe del camarada Enver Hoxha «Sobre la situación internacional y las tareas del Partido», aprobado por el Pleno del Comité Central, hizo aún más explícita la firme actitud marxista-leninista del Partido del Trabajo de Albania sobre los grandes problemas de principios, que aparecieron en el movimiento comunista internacional después del XX Congreso. Este informe sirvió como una poderosa arma en manos de los comunistas en la lucha contra el revisionismo contemporáneo.

La firmeza del Partido del Trabajo de Albania de no adoptar la línea del XX Congreso y preservar intacta su línea general revolucionaria suscitó inquietud en la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Esta inquietud la dirección soviética la manifestó abiertamente en abril de 1957, cuando la delegación del Partido del Trabajo de Albania y del Gobierno de la República Popular de Albania, encabezada por los camaradas Enver Hoxha y Mehmet Shehu, se encontraba en Moscú por invitación del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética y del Gobierno de la Unión Soviética. En el curso de las conversaciones, cuando el camarada Enver Hoxha hacía una exposición de la situación y de la lucha del Partido del Trabajo de Albania en las condiciones de aquel entonces, N. Jruschov, descontento y muy irritado por la actitud revolucionaria del Partido del Trabajo de Albania, intervino diciendo: ¡«Se ve que ustedes los albaneses, buscan llevarnos de nuevo al camino de Stalin»!

Calificó la actitud del Partido del Trabajo de Albania hacia los revisionistas yugoslavos como una ¡«actitud no objetiva» que se apoyaba en la «exageración de los desacuerdos con ellos» y demandó «no atacarlos injustamente»! No vaciló en asumir la defensa de algunos enemigos del Partido y del pueblo albanés, pidiendo su rehabilitación. Irritado por la firmeza con que el camarada Enver Hoxha y los demás miembros de la delegación defendían los puntos de vista y la actividad marxista-leninistas del Partido del Trabajo de Albania, Jruschov les dijo en tono amenazante: ¡«Ustedes los albaneses son muy arrebatados y sectarios»! ¡«Con ustedes no podemos entendernos. Interrumpimos las conversaciones»! Este incidente constituía el primer choque directo entre la línea revolucionaria marxista-leninista del Partido del Trabajo de Albania y la línea revisionista del grupo de Jruschov.

A pesar de todas estas amenazas, la dirección soviética no osó interrumpir las conversaciones. El grupo de Jruschov abrigaba muchas esperanzas de que el Partido dél Trabajo de Albania renunciase a su «porfía» y se sometiese a su dictado. Uno de los medios que utilizaría para lograr sus objetivos era la ayuda económica de la Unión Soviética, sin la cual, creía Jruschov, ¡Albania no podría dar ningún paso en su avance! Una forma de esto fue condonar los 422 millones de rublos viejos que la Unión Soviética había concedido en calidad de crédito a la República Popular de Albania desde la Liberación hasta él año 1955. La dirección soviética, como se comprobó posteriormente, no hizo tal condonación guiándose por una amistad verdadera y por los principios del internacionalismo proletario. Por otro lado, el Partido del Trabajo de Albania, el Gobierno de la República Popular de Albania y todo el pueblo albanés no consideraban esta ayuda como una limosna, sino como una ayuda fraternal, como una ayuda internacionalista del pueblo soviético para un púa hermano de un país socialista.

Ni las amenazas, ni los «regalos» lograron hacer vacilar la firmeza de la dirección marxista-leninista del Partido del Trabajo de Albania para defender hasta el fin su línea general revolucionaria:

«La defensa de la pureza del marxismo-leninismo, la lucha contra el revisionismo, el fortalecimiento de la vigilancia, —declaró el camarada Enver Hoxha en Moscú— constituyen las tareas fundamentales del Partido del Trabajo de Albania. Nuestro Partido marchará resueltamente por su justo camino para la exitosa edificación del socialismo en Albania». Enver Hoxha. Discurso pronunciado en el mitin de la amistad albano-soviética en Moscú. «Zéri i Popullit», 17 de abril de 1957

«Nosotros no cesaremos por un solo momento en la lucha contra aquellos que buscan revisar las ideas del marxismo-leninismo, sean yugoslavos, albaneses u otros». Enver Hoxha. Discurso pronunciado en el mitin organizado en Tirana. «Zéri i Popullit», 14 de mayo de 1957.
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Última edición por NG el Sáb Jun 01, 2013 6:51 am, editado 1 vez
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NG
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Re: El III Congreso del PTA de 25 de mayo de 1956 y su estoica lucha frente a las teorías del XX Congreso del PCUS - Recopilación de NG [Extractos de varios documentos]

Mensaje por NG el Sáb Jun 01, 2013 6:49 am

Enver Hoxha
Los Jruschovistas, memorias

INSTITUTO DE ESTUDIOS MARXISTA-LENINISTA ADJUNTO AL CC DEL PTA, EDITORA «8 NENTOR TIRANA, 1984


La proclamación oficial del revisionismo

Jruschov y consortes hicieron todo lo que estaba a su alcance por propagar y cultivar en todos los demás partidos comunistas y obreros su línea abiertamente revisionista, sus manejos y sus métodos antimarxistas y putschistas. Y muy pronto pudimos ver que el jruschovismo florecía en Bulgaria y Hungría, en Alemania del Este, Polonia, Rumanía y Checoslovaquia. El largo proceso de rehabilitaciones, encubiertas tras la máscara de la «rectificación de los errores cometidos en el pasado», se transformó en una campaña sin precedentes en todos los países de ex democracia popular. Las puertas de las cáceles fueron abiertas por todas partes, y los cabecillas de los otros partidos se pusieron a competir por ver quién excarcelaba en el menor tiempo al mayor número de enemigos condenados, quién les confiaba el mayor número de cargos, y esto hasta a la cabeza del partido y del Estado. Los periódicos y revistas de estos partidos publicaban a diario comunicados e informaciones sobre esta primavera de la mafia revisionista; se llenaban las páginas de la prensa con discursos de Tito, Ulbricht y otros cabecillas revisionistas, en tanto que Pravda y TASS eran veloces en evidenciar estos acontecimientos y difundirlos ampliamente como un «ejemplo avanzado».

Veíamos lo que estaba ocurriendo, notábamos que por todos lados se ejercía una presión creciente sobre nosotros, pero no nos movíamos ni un ápice de nuestro camino, de nuestra línea.

Esto no podía por menos de irritar en primer lugar a Tito y compañía que, exaltados por las decisiones del XX Congreso y por los acontecimientos que se estaban sucediendo en los otros países, esperaban que también en Albania se produjera el gran vuelco. Los titistas, que trabajaban en la embajada yugoslava en Tirana intensificaron todavía más su actividad en contra de nuestro Partido y nuestro país.

Aprovechándose de nuestro correcto comportamiento, así como de las facilidades que les habíamos creado en el cumplimiento de sus funciones, los diplomáticos yugoslavos en Tirana, siguiendo las órdenes e instrucciones de Belgrado, empezaron a reanimar y reactivar a sus viejos agentes en nuestro país, les orientaron y les dieron la señal de lanzar el ataque. El intento fallido en la Conferencia de Tirana de abril de 1956, para golpear la dirección de nuestro Partido, era obra de los revisionistas de Belgrado, pero al mismo tiempo era obra de Jruschov y de los jruschovistas [1]. Estos últimos, con sus tesis e ideas revisionistas, eran los inspiradores del complot, mientras que los titistas y sus agentes secretos fueron sus organizadores.

Pero cuando vieron que también en este complot habían fracasado, los dirigentes soviéticos, que se hacían pasar por nuestros incondicionales amigos y personas de principio, no dejaron incluso de hacernos abiertas presiones y plantearnos abiertas exigencias.

En vísperas del III Congreso de nuestro Partido, que desarrolló sus trabajos a finales de mayo y principio de junio de 1956 [2], Suslov exigió de una forma abierta que nuestra dirección «revisara» y «rectificara» la línea que había seguido en el pasado.

-Nuestro Partido no tiene nada que revisar en su línea -le dijimos tajantemente-. Jamás hemos tolerado graves errores de principio en nuestra línea.

—Deben revisar la actividad de Koçi Xoxe y de sus compañeros que han condenado anteriormente, —insistió Suslov-.

—Ellos han sido y siguen siendo considerados como traidores y enemigos de nuestro Partido y nuestro pueblo, como enemigos de la Unión Soviética y del socialismo —le respondimos de una manera categórica-. Aún si cien veces revisáramos sus procesos, las cien veces sólo serían calificados de enemigos. Tal es su actividad.

Entonces Suslov empezó a hablar de lo que estaba ocurriendo en los otros partidos y en el propio partido soviético, de la necesidad de ver este problema con una óptica «más amplia», «más humana».

—Esto —señaló— ha causado una gran impresión y ha sido recibido positivamente por los pueblos. Así debe ocurrir también en su país.

—Nuestro pueblo nos apedrearía si rehabilitáramos a los enemigos y a los traidores, a los que quisieron echar a nuestro país las cadenas de una nueva esclavitud —le replicamos al ideólogo de Jruschov-.

Cuando vio que esto no surtía efecto, Suslov echó mano a otra carta.

—Bueno —dijo—, si están convencidos de que son enemigos, que queden como tales. Ahora bien, no deben hablar de sus lazos con los yugoslavos, no deben calificarlos de agentes de Belgrado.

—Aquí está en juego la verdad —le dijimos—. Y la verdad es que Koçi Xoxe y sus cómplices en el complot eran de cabo a rabo agentes de los revisionistas yugoslavos. Hemos hecho público los lazos hostiles a nuestro Partido y a nuestro país que tenía Koçi Xoxe con los yugoslavos, así como un sinfín de hechos que confirman lo antedicho. Esto la dirección soviética lo sabe bien. Tal vez usted no ha tenido la ocasión de conocer los hechos. Y ya que insiste en su opinión, vamos a exponerle algunos de ellos.

Suslov apenas lograba contener su nerviosismo. Fuimos enumerándole con calma cierto número de los principales hechos y una vez hubimos terminado le recalcamos:

-Esta es la verdad sobre los lazos de Koçi Xoxe con los revisionistas yugoslavos.

¡Da, da!* —repitió con impaciencia-.

—Entonces, ¿ cómo podemos tergiversar esta verdad? —le preguntamos—. ¿Es que se puede permitir a un partido que, para satisfacer a uno o a otro, oculte o tergiverse lo que ha sido probado con innumerables hechos?

—Pues bien, no hay otra manera de arreglar las relaciones con Yugoslavia, —se descargó Suslov-.

Todo para nosotros se hacía más que claro. Detrás de la intervención «fraternal» de Suslov estaban los regateos Jruschov-Tito.

Ciertamente, el grupo de Tito, que ya había ganado terreno, buscaba cada vez más espacio, exigía mayores ventajas económicas, militares y políticas. Había pedido insistentemente a Jruschov la rehabilitación de los traidores titistas como Koçi Xoxe, Rajk, Kostov y otros. Pero Tito no pudo ver atendido su deseo en nuestro país, en tanto que en Hungría, Bulgaria, Checoslovaquia logró alcanzar sus fines. En estos países fueron rehabilitados los traidores y se minaban las direcciones marxista-leninistas de los partidos. Era la obra común de Jruschov y Tito. Nosotros éramos para Tito una espina atravesada en la garganta, pues nuestra actitud hacía él era firme y decidida.

Y si los enemigos osaban actuar contra nosotros, sabríamos contrarrestarles. Esto, Tito lo sabía desde hacía tiempo, pero lo sabía y de ello estaba convenciéndose también Jruschov, que, naturalmente, tenía tendencia a dejar cada vez menos margen a Tito y a no dejarle pacer en los «pastos» que consideraba como propios.

Quince o veinte días después del III Congreso de nuestro Partido, en junio de 1956, me encontraba en Moscú para asistir a la reunión consultiva, que he mencionado anteriormente, en la que participaban los dirigentes de los partidos de todos los países socialistas. Aunque esta reunión estaba destinada a discutir problemas económicos, Jruschov, como de costumbre, aprovechó la ocasión para abordar toda una serie de otros problemas.

Allí, en presencia de todos los representantes de los demás partidos, afirmó por su propia boca que había sido objeto de presiones por parte de Tito para conseguir la rehabilitación de Koçi Xoxe y de otros enemigos condenados en Albania.

—Hemos conversado con Tito —dijo entre otras cosas Jruschov— acerca de las relaciones de Yugoslavia con los otros Estados. Tito estaba satisfecho de los polacos, los húngaros, los checos, los búlgaros y otros, pero en cuanto a Albania me habló con visible nerviosidad, gesticulando con todo su cuerpo. «Los albaneses-me ha dicho Tito- no están en regla, no siguen un camino correcto, no reconocen los errores que han cometido, no han comprendido nada de todo lo que está ocurriendo».

Y Jruschov, repitiendo las palabras y acusaciones de Tito, encontraba de hecho la ocasión para descargar su propio rencor y descontento sobre nosotros, porque no habíamos rehabilitado en el Congreso a Koçi Xoxe, al que, «Tito —subrayó Jruschov— calificó de gran patriota».

—Al hablarme de los camaradas albaneses, Tito temblaba de arriba a abajo, mas yo me opuse y le dije que «éstos son asuntos internos de los camaradas albaneses, y ellos sabrán remediarlos», —continuó su «información» Jruschov, tratando de persuadirnos de que había tenido una gran disputa con Tito. Pero, a esas alturas, conocíamos bien qué significaban los abrazos y las disputas ininterrumpidos entre estos dos heraldos del revisionismo moderno-.

Tito, sumido hasta el cuello en la traición, urdió muchos complots contra los países socialistas. Pero cuando Jruschov traicionó a su vez, aquel se transformó en un «pavo» y se las dio de «maestro» de este último. Tito tenía razones para exigir mucho de él y en este sentido no titubeó. Quería que Jruschov le obedeciese y actuara siguiendo sus órdenes. Tito tenía detrás de sí al imperialismo norteamericano y la reacción mundial, por eso Jruschov, por su parte, seguía la táctica de atraérselo, ganarlo, abrazarlo, para luego estrangularlo. Pero tenía que vérselas con éste quien, a su vez, tenía su propia táctica, que consistía en acercarse a Jruschov para imponérsele y no someterse a él, para dictarle su voluntad y no para recibir órdenes suyas, para obtener cuanto más ayudas incondicionales y obligar a Jruschov a someter a todos los adversarios de Belgrado y en primer lugar al Partido del Trabajo de Albania.

Precisamente por estas razones vemos muchos zigzags en la línea de Jruschov hacia Tito, los períodos de luna de miel alternaban con períodos de despecho, unas veces le atacaba e insultaba, otras retrocedía para criticarle de nuevo. Esto se debía a la ausencia de una actitud de principios en política. Tito y Jruschov eran dos revisionistas, dos agentes del capitalismo; los dos tenían cosas en común, pero también tenían sus contradicciones, las cuales se traducían en los zigzags de sus actitudes que, al igual que entonces, son hoy una constante en las relaciones entre Tito y los herederos de Jruschov. [...]

Notas:

[1] Los elementos revisionistas, abusando de la democracia interna del partido y aprovechando la actitud pasiva del enemigo encubierto, Beqir Balluku, en ese entonces delegado del Comité Central, crearon una situación tensa en esta conferencia. Mediante los representantes suyos que habían logrado que fueran elegidos como delegados, plantearon su plataforma antimarxista en el espíritu del XX Congreso del PCUS, con el fin de golpear la línea y a la dirección marxista-leninista del PTA. Como se comprobó más tarde, su actividad estuvo preparada secretamente por la embajada yugoslava en Tirana en colaboración con la soviética, mediante sus agentes internos puestos al servicio del espionaje yugoslavo, encabezados por el poliagente M. Shehu, cuya actividad en esa época aún no había sido descubierta. (Véase: Enver Hoxha. Obras Escogidas II Casa Editora «8 Néntori», Tirana, 1975, ed. en español, págs. 473-500, y Los titistas (Apuntes históricos), Casa Editora «8 Néntori», Tirana, 1982, ed. en español, págs. 598-621.

[2] El III Congreso del PTA se celebró del 25 de mayo al 3 de junio 1956.

* Ruso en el original — ¡sí, sí!

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