Sobre el marxismo y la cuestión nacional

Comparte
avatar
ReDRuM
Novato/a rojo/a
Novato/a rojo/a

Cantidad de envíos : 18
Reputación : 26
Fecha de inscripción : 30/12/2012

Sobre el marxismo y la cuestión nacional

Mensaje por ReDRuM el Sáb Mayo 11, 2013 12:17 pm

Con este tema quiero abrir un pequeño análisis y posible debate sobre la obra de Stalin en particular y el concepto de nacionalismo en general y en el marxismo. Sé que ya se ha escrito en el foro sobre ésto, pero abro este hilo por diversos motivos:

  • Por centrarme en la obra de Stalin en particular
  • Por no circunscribirla solamente a España, sino de una manera más general, abstracta e ideológica
  • Porque creo que los debates se han de renovar, tanto en su forma como en su fondo, y obligar a nuevas intervenciones a adaptarse a los viejos formatos, como puede ser un hilo permanente caído en el olvido, es una manera de castrar el debate


Stalin denunció aquello que en aquella época y aquel lugar se llamaba nacionalismo, que adoptaba la forma política de autonomía nacional-cultural, a la cual contraponía el internacionalismo, con la forma política de autodeterminación de los pueblos, la autonomía regional o autonomía político-territorial. Hay, pues, dos conceptos que nos suenan extraños a día de hoy: autonomía cultural-nacional y la autonomía político-territorial. Que en un lado aparezca el término nacional y en el otro el término regional no se refiere a un mayor o menor grado de competencias, sino que eran conceptos usados en esa época con un significado específico que no concuerda con el actual que tenemos nosotros hoy en día y en el estado español, de la misma manera que el término socialdemocracia de los rusos revolucionarios de principio de siglo XX no tiene nada que ver con el significado que tiene para nosotros actualmente.

La autonomía cultural-nacional hacía referencia a la nacionalidad individual de cada persona, de cada trabajador, independientemente del territorio donde habitase. Hay que tener en cuenta la existencia del imperio Austro-Húngaro, un mosaico de nacionalidades, muy mezcladas territorialmente. Esa idea de autonomía buscaba agrupar a los obreros checos, por poner un ejemplo, que habitasen en Viena y en Praga, y por otro lado, agrupar a los obreros alemanes o germánicos que habitasen Viena y Praga en otra organización diferente. Así pues, no habría reivindicación de los obreros de tal fábrica de Praga o de los obreros del sector del metal de Viena, sino que se les disgregaría y todo giraría en torno a las reivindicaciones de los obreros de nacionalidad checa de tal fábrica, o de los obreros alemanes de esa misma fábrica, pero separándoles por nacionalidad. Eso es como si aquí ahora se separase la reivindicación de un obrero de origen gitano, o de origen árabe, o latino, de cierta fábrica, de la reivindicación de los obreros payos, españoles o el término que se quiera utilizar, de esa misma fábrica o empresa.

Ese nacionalismo disgregador también era reivindicado por los judíos del Bund, que abogaba por una organización judía de obreros de Polonia, Lituanía y Rusia, entre otros, al margen del resto de obreros de esos mismos territorios. Eso sería como agrupar a los obreros castellano-parlantes o castellano-nacionales de Cataluña, Aragón y el País Vasco, al margen de los obreros vasco-nacionales o euskaldunes, catalans de soca-rel o hablantes de la fabla, o como agrupar políticamente a los gitanos del Estado al margen del resto del pueblo.

Ante eso, Stalin propone el internacionalismo, que comienza por agrupar en un mismo territorio a todos los obreros, independientemente de su nacionalidad. ¿Cómo podríamos representar eso mismo con un ejemplo actual? Pues, por ejemplo, en la reivindicación de articular a todos los obreros de un territorio como Cataluña independientemente de su nacionalidad, de si son castellano-hablantes o catalano-parlantes en casa, de si son de origen musulman o cristiano, de si han nacido en Cataluña o fuera. Pero claro, cuando eso se hace con una visión centrada en Cataluña, en lengua catalana y bajo coordenadas organizativas catalanas, se le acusa desde ciertos sectores comunistas de nacionalismo, o sea, que se acusa una visión acorde a lo que propugnaba Stalin de ser aquello contra lo que Stalin luchaba. Y todo por descontextualizar el término nacionalismo, tanto el antiguo ruso como el moderno catalán. Es algo tan ridículo como acusar a Lenin de sociata pesoero por utilizar el término socialdemócrata, sin saber su significado antiguo allá y su significado moderno aquí.

Y Stalin, consciente de las particularidades de cada territorio, sabe que diferentes territorios del imperio ruso necesitan articularse de forma propia, con lo que llamaban autonomía regional o político-territorial. Y más aún, abogaba por el derecho de autodeterminación de los pueblos, como el polaco. Recordemos que la principal problemática de los territorios del imperio ruso era una problemática agrícola, de posesión y organización de la tierra. ¿Alguien diría que la problemática nacional del País Vasco, Cataluña o el País Valenciano actual es una problemática simplemente agrícola?

El federalismo contra el que luchaba Stalin era esa forma organizativa disgregadora de los trabajadores, que los separaba etnicamente y según la nacionalidad individual de cada uno, en vez de unirlos a todos en cada territorio. Ese federalismo no tiene nada que ver con la organización posterior de la URSS, donde se elevo a la categoría de República a los territorios territorios periféricos del antiguo imperio, aparte de Rusia, y eso reforzó el Socialismo, reforzó los lazos de todos los obreros dentro de cada República y reforzó la URSS. ¿Y si el esquema ideológico del marxismo con el que nos dotemos para la lucha aquí tuviese en cuenta eso, y no cerrase el tema con aquello de que la lucha es a nivel estatal y punto? Si alguien piensa que esos temas se resolverán solos y de forma automática el día de los justos, y no por una lucha concreta con una visión científica DURANTE la lucha por el Socialismo, vamos listos. O si se piensa que esos temas no forman parte de la lucha socialista en sí, y que son añadidos externos sin importancia, pues no me extraña que estemos como estamos actualmente.

Por otro lado, y más allá de la obra de Stalin, no hemos de caer en la trampa de ver ciertas expresiones burguesas como si tuvieran vida propia y estuvieran por encima o aparte del sistema de producción. El nacionalismo puede ser una expresión política de cierta burguesía, pero el nacionalismo en sí no existe. Existe el nacionalismo como expresión capitalista o el nacionalismo como expresión socialista, de la misma manera que un Estado en sí o de forma abstracta no existe, sino que hay o Estado capitalista o Estado socialista. Y lo mismo pasa con la policía o el ejército: es ridículo posicionarse contra LA policía o contra EL ejército como entidades abstractas e independientes, ya que nos desarma a nosotros mismos; nosotros estamos en contra de la policía o del ejército CAPITALISTAS, y abogamos por la policía y el ejército SOCIALISTAS, por el pueblo armado. Entonces, ir contra el nacionalismo como entidad abstracta e independiente, y no contra el nacionalismo capitalista, es desarmarse ideologicamente y no tener claro el corpus teórico del socialismo científico.

Acusar de nacionalismo en sentido peyorativo (burgués) a la organización ideológica y política propia de todos los trabajadores en territorios como Galícia, País Vasco o Cataluña es no haber entendido nada y repetir consignas descontextualizadas como quien repite el Hare Krishna. Pero hemos de tener claro que el nacionalismo de liberación es una expresión más de la lucha por el Socialismo, o sea, que el nacionalismo está DENTRO del Socialismo (como está dentro del capitalismo en las reivindicaciones burguesas), y no al lado de él, de forma independiente; sin caer en un seguidismo a las burguesías no monopolistas, pero tampoco cayendo en un esquematismo dogmático y sectario fuera de lugar.

Leamos y, sobretodo, entendamos a nuestros clásicos, sin descontextualizarlos.


    Fecha y hora actual: Vie Ago 17, 2018 9:09 pm