(PCOE SEVILLA) ¿Cómo actuar?

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Raúl Valdés Vivó
Gran camarada
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(PCOE SEVILLA) ¿Cómo actuar?

Mensaje por Raúl Valdés Vivó el Dom Mar 31, 2013 12:43 pm

¿CÓMO DEBE ACTUAR EL COMUNISTA?

En los periodos de declinación del movimiento obrero, como el presente, los trabajadores observan conductas inapropiadas a sus intereses de clase, que llaman la atención del nuevo militante, al menos, le suscita dudas debidas a su desconocimiento teórico o a su falta de práctica. El marxismo-leninismo, ofrece respuestas, tal vez, las que no espera el militante, porque las cuestiones están planteadas como clase y no como individuo, tal como dijera Lenin. Es decir, si queremos conocer el estado actual de la clase obrera, no debemos fijarnos en tal o cual obrero, ni en grupos concretos de obreros. Un individuo desconcienciado, según su estado de ánimo puede adoptar posiciones contradictorias en situaciones distintas, a veces “revolucionarias”, por tanto engañosas. De lo que se deduce que nadie debe esperar que el problema de sus relaciones políticas con su vecino, o con su compañero fulano de tal, vaya a ser resueltas matemáticamente al término de la lectura de este documento. Sin embargo, es probable que adquiera conocimientos suficientes para comprender su psicología y tras sucesivas conversaciones o debates con él obtenga los datos precisos para marcarse una táctica de convencimiento que le ayude a atraer su atención. Ahora bien, pretender llevar a la clase obrera a la revolución por medio de charlas individuales o colectivas de grupitos de obreros (sin desdeñarlas) es aplazar la revolución eternamente.

Previamente, es necesario y fundamental el estudio de principios elementales del marxismo-leninismo, como es la relación entre bases económicas y superestructuras, estudiando y preparando los clásicos del marxismo-leninismo principales así como otras figuras relevantes(Marx, Engels, Lenin, Stalin, Dimitrov, Hoxha, José Díaz, etc.) para su debate en las células. A la vez, conviene saber qué es el pensamiento y cómo surge, que también se hallan en los citados documentos. Y por último, le ayudará bastante entender la relación que existe entre psicología y conciencia, expuesta como no podía ser de otro modo en las obras que citamos.

No obstante, conviene recordar antes de comenzar que la conciencia en el mundo es producto de la materia altamente organizada en movimiento (hombre). Este principio es válido para la toma de la conciencia de clase, solo alcanzable como clase, cuando los obreros están en movimiento.

Puede darse el dato de que al hablar con un compañero de trabajo una y otra vez, no podamos convencerle y por este motivo desesperemos, o lo que es peor, le cataloguemos como reaccionario; en cambio, es muy posible que su comportamiento después de varias asambleas varíe sustancialmente, en ellas deja de ser individuo para convertirse en clase. Luego, secundará la huelga, se enfrentará a la patronal que le enseñará los dientes y si el conflicto se encona pueden hacer acto de presencia las fuerzas represivas. Si el dirigente es capaz de utilizar todos estos movimientos extraordinarios para descubrirle las maldades del Estado y del capitalismo(no quedándose en la mera lucha economicista) que él mismo comprueba en la práctica, es casi seguro que habremos ganado un compañero para la revolución. Lo que mil charlas no han conseguido, lo ha logrado el movimiento. De todas formas, las conversaciones han ido calando en el compañero; aunque éste demuestre lo contrario. Tal vez, nuestras enseñanzas sin movimiento les son dadas como un mundo muy lejano y por consiguiente utópico, por lo que se aferra a su realidad para no verse envuelto en lo que él valora como extrañas y peligrosas aventuras. Lo que sucede es que con el movimiento de la sociedad, el mundo teórico que le describíamos se ha tornado en una cruda realidad, que él ha tenido la ocasión de afrontarla colectivamente con sus compañeros obteniendo una pequeña victoria. La unidad ya es posible en su cabeza, el triunfo también y algo más, como es nuevo, su incomprensión le llevará a las mismas dudas del militante novato y considerará reaccionario a aquellos compañeros que no han secundado la huelga o no asisten a las asambleas. Todo es un proceso.

EL ASALARIADO, PRODUCTO BURGUÉS

El obrero industrial nace en el sistema de producción capitalista es su producto genuino, como tal pertenece a este mundo en donde gobierna la propiedad privada sobre los medios de producción. A una tal forma de propiedad corresponde un sistema determinado de vida (el burgués). Su ilusión reflejo de la realidad que vive, es ser un burgués de verdad, ganar dinero y tener todo cuanto aparentemente puede lograr, pero nunca lo conseguirá y toda su vida estará guiada por el anhelo de “individualizarse” constituir su empresa y si no puede por problemas económicos, esperar ese golpe de suerte de un sorteo multimillonario. ¿En qué otra cosa puede pensar? ¿Qué otro mundo existe para él si no hay nadie que se lo muestre? Pensemos durante un instante si un bebé es abandonado en la jungla y algún animal, lo amamanta y consigue crecer. Es evidente, que solo tendrá de humano su aspecto, pero su pensamiento y conducta corresponden al ambiente en el que se ha criado. Jugará y se peleará con sus hermanos de leche, respetará a su madre adoptiva, aguantará estoicamente sus reprimendas, al igual que hacen sus otros hermanos, cazará al estilo de su nueva especie, pero él no puede ni siquiera imaginarse que existe otro mundo al que él debe pertenecer. Tendrá que venir un semejante suyo y después de un largo período de enseñanza, hablará, pensará de otra forma y podrá iniciar su vida humana.

Del mismo modo sucede con la conciencia de clase. El obrero piensa y obra como un trasunto burgués, tendrá que venir otro obrero que se ha reencontrado con su verdadera naturaleza y con paciente pedagogía lo deberá adiestrar para arrancarlo de su mundo discordante.

A pesar de que en términos generales el obrero piensa como un burgués, no es correcto opinar que el discurrir de todos los obreros es idéntico cien por cien. En la conducta del individuo, en su forma de cavilar intervienen muchos factores, el primero las estructuras económicas, como hemos visto, después dependerá del lugar que ocupe en el proceso de producción, es decir, según a la clase a la que pertenece, al estrato que ocupa dentro de esta clase, a la educación recibida, al ambiente social en donde se desenvuelve, al entorno familiar etc. Pues aunque todos estos elementos son también productos del sistema de producción burgués, no obstante, intervienen con matices y contradicciones para acentuar o atenuar sus prejuicios burgueses.

El marxismo explica que mientras las fuerzas productivas conectan con las relaciones de producción dadas, la sociedad progresa armónicamente, pero cuando las fuerzas productivas se desarrollan mas allá de determinados límites, entran en colisión con las relaciones de producción y maduran las condiciones para la revolución.

Trasplantemos la teoría a la práctica. La pequeña empresa brota de las entrañas del capitalismo sin más, el sistema la está reproduciendo constantemente. Pero la pequeña empresa representa unas fuerzas productivas poco avanzadas, por consiguiente, y siguiendo la doctrina marxista, no se dan las condiciones para la revolución o para sustituir la sociedad. ¿Por qué? ¿Qué es lo que se refleja en la mente del obrero?

Imaginemos un pequeño taller del metal en el que para fabricar una pieza intervienen una pequeñísima división del trabajo: un tornero, un fresador y un peón. Es evidente que el patrón está interesado en que sus tres operarios conozcan perfectamente los tres tipos de trabajo, pues la ausencia de uno de ellos por enfermedad ocasionaría un grave trastorno en la producción. Una vez que los tres trabajadores han adquirido determinado nivel de destreza en cada uno de los puestos de trabajo existente, llegan a pensar que ellos por separado podrían dirigir una empresa igual. Jamás se plantearán la revolución porque su patrón le pague con un salario exiguo. Su realidad objetiva, la que se refleja en su conciencia, no le proporciona otro tipo de reflexión. Su universo es su pequeña empresa.

Son miles, millones los casos de fragmentación de la pequeña empresa porque sus empleados se independizan y establecen su propia entidad. En Alcalá de Guadaíra, existió una empresa denominada “HIDRASUR” que es el fruto de una división anterior, pero a la vez es el origen de sucesivas divisiones (APHISA, Tubo Rápido, Desarrollo Oleohidráulico, M.A. Componentes, SOINTEG) En HIDRASUR la empresa primaria tenía cinco trabajadores.

Como es de suponer y debido a que en el Estado español hay miles de pequeñas empresas, la gestión revolucionaria es mucho más dificultosa. No obstante, la nueva configuración del capitalismo arrastra a un buen porcentaje de estas pequeñas empresas a una modalidad productiva distinta de la que hemos citado.

La gran empresa representa ya el desarrollo ulterior del capitalismo y el avance de las fuerzas productivas. La división del trabajo es bastante amplia, por lo que en la mente individualizada de un trabajador no se refleja la posibilidad, ni siquiera remota de poder montar una empresa de esa índole. Se necesita mucho dinero, una dirección, gestión y control de la producción que él solo no puede abarcar. Y mientras que en la pequeña, el patrón no necesita ninguna titulación, pues su destreza la adquirió con la práctica y además él suele formar parte como un trabajador más en el proceso productivo, en las grandes empresas se necesitan ya especialistas y profesionales provenientes de las universidades. El patrón no tiene cabida en el proceso de producción, más que como director (a veces como titulo honorífico o formalista, mas que práctico) o accionista.

Resulta obvio, que el carácter burgués del trabajador de estas empresas pierde fuerzas con respecto al de la pequeña empresa. Su pensamiento burgués engendrado desde su nacimiento por vivir en la sociedad capitalista entra en contradicción con la realidad que le circunda en su universo-trabajo. Pero hay que descubrirle esa realidad.

Los trabajadores de la gran empresa están más propensos a acceder a la conciencia de clase, pero tendrá que ser en movimiento. La discusión del convenio colectivo, una huelga, descubren que incluso los interlocutores de la empresa, son meros trabajadores con determinada cualificación, el patrón no aparece. La explotación aflora más clara, pero también es mayor la posibilidad de un cambio de sociedad. Los trabajadores saben, si lo piensan que de no existir el patrón, la plantilla es capaz de salir hacia delante. Los comerciales, economistas, abogados, administrativos, técnicos, obreros profesionales y obreros no cualificados, son todos trabajadores a sueldos. Pero repetimos, tiene que estar el Partido que le descubra todas sus posibilidades, superando la mera lucha económica, dando la batalla en el terreno de la ideología y la lucha política.

Hace unos años estas empresas se las consideraba grande por el volumen de sus plantillas, cientos o miles de trabajadores las cubrían. En la actualidad no es necesario, pues la tecnología que forma parte de las fuerzas productivas, está muy desarrollada. Centros de trabajo con 50 ó 100 trabajadores pueden hoy desarrollar muchas mas cantidad de productos que antiguamente miles de operarios.

Por otro lado, un número considerable de pequeñas empresas se han convertido en contratas, subcontratas o auxiliares, de esta manera su supervivencia está supeditada a la gran empresa. En este caso, las posibilidades de que un trabajador se independice para constituir una sociedad de está índole es mucho menor, ya no depende de sí mismo. Esta circunstancia también se refleja en su conciencia.

Con nuestra exposición hasta ahora, queremos demostrar que el obrero, imbuido en la sociedad que le ha tocado vivir, se encuentra atrapado por el modo de vida burgués. Pero constatamos que dependiendo del lugar que ocupa en el proceso de producción, la influencia burguesa es mayor o menor, sin que de ningún modo por el hecho de ocupar un puesto de asalariado, por su mente pase la necesidad de transformar la sociedad por influencia directa de la posición que ocupa.


EL OPORTUNISMO DE DERECHA

Con el término genérico de oportunismo de derecha se conoce al reformismo de derecha dentro del movimiento obrero, corriente desviacionista, que constituye junto con la propaganda burguesa los elementos más dinámicos en la malformación de la conciencia política de los trabajadores. Es decir, a la influencia natural de la vida burguesa hay que añadir el trabajo de zapa del oportunismo, que consiste en mantener a los trabajadores bajo el dominio de la ideología capitalista. Por consiguiente, el obrero, sin recibir aún un mínimo aliento de clase, es atacado por todos los flancos posibles con nociones y propuestas contrarias a su interés de clase. Durante años, antes de encontrarse con un leninista su mente es golpeada sin escrúpulos por sus enemigos durante las 24 horas del día. Esta circunstancia importantísima debe presidir nuestra memoria cuando entablamos conversación con un compañero y especialmente en el momento de juzgarlo.

Históricamente el oportunismo nace como consecuencia del desarrollo pacifico (relativamente) del capitalismo después del 1871. La burguesía apoyándose en su expansión económica y en el dominio de las colonias, crea en el seno de la clase obrera grupos privilegiados económicamente conocidos como “aristocracia obrera” con vistas a conseguir dos objetivos muy importantes para ella: 1.- La división de los trabajadores. 2. conseguir la paz social en la retaguardia y así lanzarse en las mejores condiciones a las conquistas de nuevas áreas de influencias.

Otro elemento perturbador de la conciencia obrera fue la proletarización de la pequeña burguesía. El desarrollo del capitalismo hacia su forma monopolista produjo la ruina en masas de la pequeña burguesía que tuvo que proletarizarse y trabajar en centros de trabajo ajenos como obreros, pero manteniendo su pensamiento burgués, pues su ilusión consistía en recuperar su pasado (hacerse empresario de nuevo). En este sentido introducía su ideología en el seno del movimiento obrero: el socialismo pequeño burgués.

Los ideólogos marxistas con la nueva fisonomía de la clase obrera y su complicado pensamiento en sus manos, lo tradujeron erróneamente y se adentraron en el terreno de la revisión de los análisis y sus conclusiones, consiguiendo la desviación del movimiento obrero.

En la actualidad, aristocracia obrera y proletarización de la pequeña burguesía continúan, aún con mayor número y fuerza contribuyendo a divulgar la ideología capitalista en la clase obrera. La aristocracia obrera se materializa en las direcciones de las centrales sindicales y en elementos pertenecientes a los comités de empresas, patrocinados directa o indirectamente por los empresarios y otros grupos de obreros “mejor pagados” que frenan o interceptan la posibilidad de conflictos en las fábricas. Por su parte, la proletarización de la pequeña burguesía es muy constante, según fuentes oficiales, la media de vida de la pequeña empresa en nuestro país es de cinco años.

El oportunismo de derecha es una de las corrientes antimarxistas más peligrosa. La historia nos demuestra que es impensable reconducir el movimiento obrero por el camino de la conciencia, sin antes vencer al oportunismo. Desde tiempos de Lenin y como esencia leninista los partidos revolucionarios llevan a cabo una sistemática denuncia del oportunismo desde el interior de la clase obrera. Es decir, o se combate al oportunismo, o se está al lado de él, de la burguesía, no existe ningún camino de por medio.

EL MILITANTE COMUNISTA

No existe un código de conducta que recoja cada instante de la vida de un militante comunista, menos aún para consultar la solución de los problemas que se le presenta diariamente, pero sabedor de la psicología obrera y preparado en cuestiones elementales, como son el manejo de la plusvalía, las falsas relaciones entre inflación y desempleo, entre salario e inflación tendremos mucho terreno ganado. No hay que olvidar que el obrero normal, con el perdón del símil, es un “papagayo” que repite las mismas teorías que su patrón, incluso con sus mismas palabras, que son difundidas muy frecuentemente por los medios de comunicación.

Pongamos un ejemplo en base a la lucha económica, que no crea por sí la conciencia de clase pero que sin embargo es necesaria. Tomemos por ejemplo las discusiones de los convenios colectivos, los representantes de la empresa suelen utilizar las mismas sentencias, aquellas que los reformistas necesitan para justificar su traición y con las que pueden convencer a los trabajadores en una asamblea. Por ejemplo; a una petición de subida salarial, la empresa opone aquello de que si suben los salarios, más de lo que ellos están dispuestos a dar, encarecerá el producto y consiguientemente estará en desventaja en el mercado que resulta muy competitivo y en este caso perderá clientes. Al final se concluye que la empresa puede cerrar y la culpa es del trabajador.

Si el comunista está en la mesa deliberadora y conoce la relación entre el salario y la inflación, debe exponerla con suma claridad, cortará el argumento de la empresa y la obligará a imponer su criterio por las bravas, pero no con razonamientos. No es lo mismo transmitir en la asamblea que el patrón no sube el salario porque no le da la gana, que decir, porque pierde competitividad por encarecer el producto, que es una teoría que cala en la mayoría de los trabajadores por ignorancia y porque es lo que escucha normalmente y que lógicamente utiliza el reformista para ir convenciendo a la asamblea.

Si el comunista no está en el comité y los reformistas exponen la teoría de la empresa en la asamblea sin dar respuesta contraria y sin explicar el engaño a los trabadores con el propósito de que estos vayan rebajando sus peticiones, entonces pedirá la palabra y la explicará él desenmascarando a la empresa y a los reformistas por callar ante el engaño.

A continuación exponemos lo que dice el partido al respecto en su tesis programática; aunque es un poco largo, es necesario para alcanzar el objetivo de este documento:

“La teoría que explica la inflación como consecuencia directa del aumento de los salarios (es decir, que el incremento de éstos es la causa del alza de los precios y, por lo tanto, nadie se beneficia de ello, pues en fin de cuentas hace descender el nivel de vida del pueblo trabajador) es un truco de ideólogos burgueses y reformistas.

Este truco persigue, de un lado, convencer a los obreros de que han de ser “moderados” en sus reivindicaciones y deben aceptar resignadamente una política de rentas que congela sus salarios e impone el pacto social con los empresarios para hacer frente a la inflación; de otro lado, movilizar contra los obreros las llamadas clases medias, a la pequeña y media burguesía, a las “clases pasivas”, a los pequeños rentistas, etc. para sembrar la confusión y la división entre las masas populares frente a su enemigo principal.: el capital monopolista, verdadero generador de la inflación.

Conviene recordar a este respecto que la afirmación de que el aumento de salarios lleva consigo el alza de los precios –y por consiguiente, liquida automáticamente aquella mejora- tiene una historia tan antigua como la lucha organizada de los obreros por sus reivindicaciones inmediatas.

Carlos Marx denunció ya en su tiempo la falsedad de tal afirmación, esgrimiendo la teoría del valor. Mostró inequívocamente que el aumento del salario lleva a una redistribución del valor entre el capitalista y el obrero, o sea, a un aumento de la parte correspondiente al obrero y a una disminución de la correspondiente al capitalista. Como se sabe, el valor de la fuerza de trabajo es siempre inferior al nuevo valor creado por el trabajo del obrero. El capitalista paga como salario solo una parte de la jornada laboral –el tiempo de trabajo necesario- y se apropia la mayor parte del fruto del trabajo del obrero.

De ahí que la inflación no sea la resultante del incremento de los salarios, sino consecuencia de la depreciación del dinero al acrecentarse la masa monetaria. Es del dominio público que si el crecimiento de la masa monetaria compensa el aumento del producto Nacional Bruto (PNB), tal incremento no es inflacionario. Eso es lo que determina el valor real del dinero.

Los salarios y los precios son independientes, aunque es cierto que existe un determinado grado de dependencia entre ellos; por ejemplo, las alteraciones de los precios influyen en el valor de las mercancías que adquieren los trabajadores y, por tanto, cambia la expresión en dinero de la fuerza de trabajo, incluso cuando el valor real sigue siendo el mismo. En consecuencia, si existe entre ambos una dependencia, son los precios justamente los que influyen en los salarios, y no a la inversa.

Esta es la razón de la escala móvil de salarios y de las oscilaciones del mínimo vital y de las tarifas salariales en dependencia de la progresión constante de los precios; pero, incluso, si la cláusula de la escala móvil de salarios se establece en todo contrato de trabajo o convenio colectivo, los salarios irán siempre, de manera inevitable, en retraso respecto a los cambios que se produzcan en el ritmo de crecimiento de los precios, retraso que en la mayoría de los casos puede llegar a varios meses y hasta un año, es decir, mientras dura la negociación entre obreros y patronos.”

La teoría del valor y la de la plusvalía nos salvarán de casi todas las situaciones individuales y colectivas. Por ejemplo, cuando un obrero extraviado nos responde que el capitalista también trabaja, naturalmente puede referirse a la pequeña empresa, es conveniente decirle que es justo que se lleve un salario, incluso es posible que mayor que el del trabajador según su labor, pero nunca puede llevarse la plusvalía que pertenece al trabajador. Por tanto morirá como empresario. En este momento se le explica de manera sencilla la plusvalía y el compañero quedará, sin duda, complacido.

La preparación es la numero uno de las necesidades del comunista. No hace falta ser Lenin, solo manejar lo básico y obtendremos ventajas sobre todos los trabajadores, que jamás han escuchado nuestras teorías, como explicamos al principio del documento.

Otra cuestión muy importante, es que el trabajador a pesar de rechazar (de boca) a los políticos, en el fondo considera que estos saben más que nadie en economía y política. Por ejemplo, la tesis que manejó en la anterior legislatura el Presidente de la Junta de Andalucía para justificar las subvenciones a los Patronos en esta época de crisis, fue la siguiente: “Lo publico se sostiene fundamentalmente del sector privado, gracias a ello, se pueden construir escuelas, ambulatorios, carreteras, etc. Es lógico que en la situación actual en el que existe superávit en lo público ayudemos al sector privado para que se rehaga y de resultas puedan contratar a trabajadores y todos saldremos beneficiados”

El hecho es bien sencillo, un trabajador sabe que el patrón “abona” Seguridad Social por tenerlo empleado y su cuota por beneficios “a fondo perdido”, mientras que él lo que paga se lo lleva bien a través del desempleo o durante su jubilación ¿Qué puede decir un trabajador al respecto? Lógicamente que es verdad, que si se le da dinero a las empresas privadas éstas estarán en condiciones de contratar a más trabajadores. Y por otra vertiente, puede ver que es justo, que las pensiones han de ser reformadas puesto que hay mas viejos que jóvenes y estos no podrán soportar tanta carga.

El comunista tiene que provocar el debate, aquí vale lo particular y lo colectivo, para demostrar a través de la teoría de la plusvalía que todo es falso, así demostrará su sabiduría y aunque sus interlocutores no le den la razón, esa conversación saldrá más a menudo, señal inequívoca de que les ha dado que meditar. Repetimos que será la primera vez que los compañeros escucharán una refutación como la nuestra. Pero no debemos hablar como profesores pedantes que tratan al de enfrente como un alumno ignorante, sino con el máximo calor, como obrero mosqueado por la injusticia y exponiendo ejemplos y situaciones extremas, para demostrar que sentimos lo que afirmamos.

Habrá que decirle, que todo el dinero es producido por el mismo método, por el trabajo del obrero, no solo la parte que éste paga al Estado, sino también la que corresponde al patrón, además de que en procesos anteriores le ha pagado al patrón sus máquinas, sus naves, es decir, todo lo que es dinero. Por tanto el Producto Interior Bruto es el conjunto de todas las plusvalías generada por el obrero, después, se reparte con distintos nombres. Una parte irá a parar a la Corona, otra a los ministerios, a las fuerzas armadas, a las distintas policías, a los jueces, a todos los funcionarios, partidos políticos, parlamentarios, a los subvenciones de las empresas, a la iglesia, es decir a todo el mundo, y una parte para la seguridad social del propio obrero ¿Cómo entonces puede cuestionarse solo la seguridad social de los obreros? ¿Acaso hay pocos obreros jóvenes para mantener a los jubilados, pero suficientes para mantener a todos los ociosos? Es decir sobre las espaldas del trabajado caerá todo el soporte de los supersueldos de los parásitos y estos se mantendrán a toda costa; en cambio, el obrero tendrá que trabajar más si quiere tener una mala vejez. Mayor desvergüenza imposible. Estamos seguros que explicándoselo bien a los compañeros estos lo entenderán y se enrabiarán.

La cuestión es que el comunista debe hablar con seguridad y siempre a la ofensiva, pues tiene por fortuna, y por la criminalidad del sistema todos los argumentos a su favor, cualesquiera que sean las discusiones, individuales o colectivas.

En la individual, es muy probable que nuestro interlocutor para “salirse con la suya”, o bien, por simple influencia de la propaganda burguesa, cuando le hablemos intentará tirar por la tangente, hablando mal de Cuba, de tal o cual cosa que allí sucede, o de la “dictadura” soviética, de que el comunismo produjo 100 millones de muertos(cifra acientífica y delirante dada por el inefable Stephane Courtuois en su libelo, cuya cifra se repita como mantra y aumenta a medida que se desarrolla la crisis capitalista) etc. Es su manera de demostrarnos que estamos equivocados o mal informados y además es la forma de zafarse de cualquier compromiso. En este caso, es bien sencillo devolverle la pelota. El comunista debe conocer muchos datos que afectan a los trabajadores. Y aquél que mejor crea puede hacer reflexionar al compañero porque le afecte directamente, nos servirá. Se le pregunta si sabe que en nuestro país se da tal situación (se le da el dato inapelable y cruel) el dirá que no, entonces ya estará en nuestras en manos, porque lo inmediato es decirle que ¿cómo es posible que conozca lo que sucede en países que están a miles de kilómetros de distancia y no sepa lo que le ocurre a su vecino? ¿Por qué de lo ajeno nos dan explicaciones pormenorizadas y de lo propio casi lo ignoran o nos mienten? Es evidente –le diremos- que eres un objeto en manos de los que te explotan que son los mismos que te informan de lo de Cuba y te desinforman o te ocultan lo que ocurre aquí. Si te mienten en lo de aquí, lo más probable es que te mientan sobre lo lejos, para que tu no aspires a los cambios que allí se operan.

Aunque los ejemplos no deben tomarse al pie de la letra pueden, sin embargo, darnos la idea de que el fallo no está en los compañeros por su ignorancia sino en nosotros por no saberlos traer a nuestro terreno. Resulta paradójico, inconcebible que un trabajador ignorante, influenciado por la burguesía nos gane una discusión, sabiendo nosotros que no lleva la razón.

LOS COMUNISTAS EN LOS CENTROS DE TRABAJO

La mejor arma que atesora un comunista es su seguridad sobre sí mismo, cualidad que le concede total libertad de acción. Lo primero que debe hacer el militante es ejercitarse mentalmente y pensar que los dirigentes de nuestro lugar de trabajo son compañeros equivocados por todo lo que hemos expuesto anteriormente. Su influencia sobre los demás compañeros es total y les conducen por el camino que le marca la burguesía y los reformistas. El comunista sabe más que ellos y está dispuesto a demostrárselo en cualquier lugar, en reuniones, asambleas, etc. Si adquiere esta mentalidad lo tiene todo más fácil, comienza con un 70% de posibilidades de triunfar y debe buscar la confrontación pública con ellos. Pues debe pensar que rebatirlo en una asamblea, obtendrá mucho mayor éxito de cara a los trabajadores que a través de cientos de charlas particulares. Los trabajadores no quieren parlanchines de salón (que es en lo que nos convertiremos, si solo nos dedicamos a debates particulares) sino dirigentes osados, capaces de defenderlos públicamente.

El comunista tiene la obligación de buscar la asamblea por todos los medios, pedírsela al comité (tanto si él es miembro del mismo como si no) si el comité no la concede, puede y debe informar a los trabajadores por medio de un boletín o de octavillas (la propaganda tiene que ser constante) argumentando que el Comité se niega porque obra con la mentira y no quiere que se le descubra, es decir, el comunista tiene que ser bolchevique, o no es nada.

La Asamblea es la herramienta para la acción, en ella se genera el movimiento que proporcionará a los trabajadores la conciencia de clase. Por esta razón, tenemos que promocionarla, prodigarla, exigirla y prepararnos para hablar en ellas. De todas formas, cabe decir que las asambleas son herramientas para el movimiento si las dirigen los marxistas-leninistas, en caso contrario, se transforma en el instrumento para deslizar a través de ella hacia todos los trabajadores los deseos de la patronal y del gobierno.

¿Cómo triunfa un comunista en las Asambleas? Sabemos que los reformistas, la patronal y el ambiente que se respira son hostiles para que a los trabajadores se les hable de política, pero si no se les habla de política, nunca adquirirán conciencia. En este supuesto pasaremos a la ofensiva.

Cuando el comité reformista postule en la Asamblea, el comunista lo denunciará por hablar de política, pero de política antiobrera y demostrará que es la política que conviene al empresario y le opondrá en el discurso su posición comunista al respecto. No esperará a hablar primero y que ellos le tachen de político, con lo cual pretenden evitar la reflexión de la asamblea. Siempre iremos a la ofensiva, es la mejor manera de ganar.

Hay camaradas que se preguntan, cuándo hay que hablar en términos sindicales, ideológicos o políticos. El militante comunista tiene un solo discurso y las tres entidades están interrelacionadas.

Debemos pedir por un lado la unidad sindical en una sola Central, de clase y vinculada a la FSM(Federación Sindical Mundial) pero además pedimos la unidad de los trabajadores con las asociaciones de vecinos, las organizaciones estudiantiles y profesionales, propugnando la unión de los comités y delegados( que ya existen, y no los crea el Partido artificialmente) en las ACDT, que superan el ámbito sindical y exigimos medidas transformadoras para cambiar el sistema (ideología y política)

Los comunistas tenemos siempre el mismo discurso y no lo tenemos que variar dependiendo si estamos en el sindicato o en una asamblea de centro de trabajo, es siempre el mismo y en torno a tres ejes: ideológico, político y económico.

¿Acaso no es el sindicato la escuela de comunistas? ¿No es bueno que en la Asamblea de un centro de trabajo, denunciemos a los trabajadores la política del gobierno respecto de la crisis, en el sentido de que subvenciona a las empresas culpables de la misma, con el dinero que nosotros generamos y se está cuestionando nuestra jubilación? ¿Qué es esto sindical o político? ¿Es malo acaso, decir en la misma asamblea, que nuestro comité debe estar en la ACDT, en donde se reunirá con otros comités y organizaciones populares para luchar contra éste y otros problemas? O ¿Acaso es perjudicial para el comunista y para los trabajadores, decir en una asamblea de Trabajadores que el paro que nos acecha también a nosotros, es como consecuencia de que nuestras tierras, fábricas, minas y campos están en manos privadas que miran por su egoísmo y que si hacemos uso de esas nuestras riquezas de manera racional, creando empresas en relación con las materias primas que en ellas se producen no habría paro? ¿Puede un comunista callar, y no decir lo que exponemos arriba, cuando el reformismo y la empresa frenan nuestras reivindicaciones sindicales por culpa de la existencia del paro? ¿Entonces, como creamos conciencia? ¿Es perjudicial que algún trabajador diga que el que habla así es comunista?

Que en el sindicato, que en los barrios y que en nuestro lugar del trabajo, nos conozcan como comunistas, no es un hándicap, es buenísimo y ese debe ser la meta que debemos desarrollar. Pero, lo que no puede jamás el militante comunista, que es eso antes que nada, un militante comunista, es ocultarse ni prescindir de su militancia. Hay que considerar que la lucha se libra entre reformistas, empresarios y gobiernos, por anular al partido leninista. Esa es la razón para que inculquen entre los trabajadores que la política es tabú, con el propósito de no dar pie a que los leninistas puedan tener acceso a la clase obrera y nosotros estamos obligados a romper con dicho impedimento. El patrón hablará siempre como un patrón, con política burguesa, el reformista hablará siempre como un reformista, con política burguesa, ¿Por qué razón, entonces, debemos nosotros los que portamos la verdad y la justicia, ocultarnos? Esto significaría contribuir con nuestros enemigos en la despolitización de los obreros, osea, en malformar su conciencia dejando que la ideología burguesa les aprisione

En resumida cuenta, al burgués y al reformismo se le contrarresta con arrojo comunista. Nuestros camaradas en su centro de trabajo deben arrinconar a los comités exigiéndoles una y otra vez que se unan en torno a la ACDT, que reciban a la comisión de ésta y a la par, informar a los trabajadores de qué es la ACDT y de la necesidad de que su comité se adhiera, pidiéndole a sus compañeros que se lo exijan al comité.

El gobierno, la patronal y el reformismo cuando quieren algo, lo buscan y lo exigen, ¿por qué nosotros llevando razón no actuamos igual, si esa ha sido la manera de conducirse de los auténticos comunistas? No basta con tener una política y unas tácticas justas, si no la defendemos como comunistas.


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