PCOE SEVILLA-El fascio en la calle

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Raúl Valdés Vivó
Gran camarada
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PCOE SEVILLA-El fascio en la calle

Mensaje por Raúl Valdés Vivó el Miér Feb 27, 2013 7:24 am

En una crisis capitalista, las condiciones de vida de la clase obrera experimentan un consabido bajón con respecto a los períodos en que el desarrollo del capitalismo produce un auge(que a la postre da lugar a las crisis de sobreproducción), aunque la explotación y esclavitud asalariada no cambie en ninguna de las dos maneras.

Sectores de la pequeña burguesía se pauperizan, y aún espontáneamente las masas obreras empiezan a responder, se empiezan a cuestionar los períodos de calma burgueses(aunque esa calma sea violencia para los oprimidos) y se producen manifestaciones espontáneas de rabia obrera, es decir: la lucha de clases empieza a dar síntomas de cambios cuantitativos, siempre de manera espontánea y sin la debida conciencia de clase y organización que permita llevarlos a su objetivo final que es el socialismo.

Es entonces, ante estos períodos de flujo en la lucha de clases cuando se produce un curioso fenómeno en la psicología del burgués, o del pequeño burgués: el miedo, ese miedo que empieza a cambiar de bando. El burgués tiene miedo de la respuesta del obrero, porque sabe que cuanto más concienciada y más próxima a comprender el objetivo del socialismo este la clase obrera más cercana está la desaparición de su dominación de clase, y por ende su desaparición como clase.

El pequeño-burgués, de psicología que vacila ante el gran capital que lo proletariza y el miedo a la revolución obrera va dando tumbos de un lado a otro ideológicamente, en un camino que conduce al fascismo, es decir en convertirse estas masas pequeño-burguesas en los instrumentos de terror sobre la clase obrera paradójicamente al servicio de los intereses de esa gran burguesía y de ese capitalismo en el que el único futuro que tienen los pequeño-burgueses es ir pauperizándose progresivamente ante el poder de los monopolios. El capital tiende a concentrarse, y el pequeño-burgués, pequeño propietario, tiende a desaparecer engullido por ese capital monopolista.

Sin embargo, no podemos olvidar que el pequeño-burgués pertenece a una determinada clase social, por tanto ante la contradicción clase obrera-capital monopolista tenderá a situarse del lado del gran capital buscando esa protección ante la agudización de las contradicciones de clase que le atenazan. La pequeña burguesía busca refugio en el poder del gran capital y a su misma vez sirve de movimiento de masas de la acometida terrorista abierta del gran capital ante la clase obrera: esta ligazón dialéctica produce el fenómeno del fascismo. Es decir, todo estado capitalista en su fase imperialista, de dominación de la oligarquía financiera, tiende a la reacción.

El fascismo es la dictadura abierta de los elementos más chovinistas del gran capital y de la oligarquía financiera, pero esa dictadura no se puede producir sin dos elementos clave: la fuerza del Estado como arma de dominación y la agrupación de la pequeña burguesía en organizaciones de masas. Repasemos la historia y veremos que todo fascismo va ligado a un movimiento de masas de la pequeña burguesía, que cree conquistar el poder del estado, pero que en realidad está sirviendo a los intereses de la oligarquía financiera. Echemos un vistazo a la composición orgánica del capital dentro de los estados corporativos del fascismo y veremos que a pesar de la fraseología pseudo-revolucionaria de los elementos pequeño burgueses, que incluso consideran el fascismo como una revolución lo único que escondía era la idéntica dominación de la oligarquía financiera, que controlaba el poder del estado al igual que lo hace en la democracia burguesa: los Krupp, los Thyessen, los Agnelli, los March, los Alba, etc controlaban realmente el poder político del Estado en los estados corporativos fascistas de Alemania, Italia, España, etc.

Este movimiento de masas de la pequeña burguesía, debido a la debilidad cuantitativa con respecto a las clase avanzada y revolucionaria de la sociedad, la clase obrera, necesita ganarse a sectores de esa misma clase obrera para convertirse en auténticos movimientos de masas. La psicología del burgués fascista, como clase reaccionaria de la sociedad, tiende a vacilar cuando de enfrentarse al proletariado se trata, a pesar de su odio de clase necesita que hayan sectores de la clase obrera que ejecuten la violencia reaccionaria ante sus propios hermanos de clase.

En este marco se encarna la iniciativa de elementos facciosos en el sevillano barrio de la Macarena. Con la excusa de “combatir” al lumpenproletariado, es decir, a los elementos marginales de la sociedad articulan plataformas “ciudadanas” que lo que buscan es acercar además de a la pequeña burguesía local a sectores del proletariado a esas ideas reaccionarias de la burguesía y la pequeña-burguesía, es decir: al fascismo, con el objetivo de configurar un movimiento de masas cuyo enemigo final no es este lumpenproletariado, sino la clase obrera en su conjunto.

Para estos elementos burgueses, el enemigo no es el indigente, el vagabundo o el extranjero, sino la clase obrera que en períodos de crisis comienza a protestar por su situación insoportable. Es decir, desvían la atención del causante de los males de la sociedad, que es el modo de producción capitalista, hacia una teórica inseguridad “ciudadana” o hacia problemas delincuenciales relacionados con la marginalidad social. Independientemente de la existencia de esos problemas, que incluso se podrían poner en duda en otro artículo, lo que persigue este movimiento reaccionario es habituar a los habitantes de ese barrio a las “razzias” contra todo aquel que suponga un obstáculo a la dominación del capital: primero los indigentes para ganarse los favores de las masas y luego la clase obrera, a la que oprimirán de manera terrorista. Y este desarrollo de los acontecimientos lo marca la historia del propio desarrollo del fascismo: históricamente siempre ha seguido estas pautas. Miremos el caso cercano de Grecia y veremos cómo ha crecido el movimiento fascista Amanecer Dorado, mediante la criminalización y satanización de los inmigrantes y extranjeros, que no son su principal enemigo sino un medio para conquistar a las masas con el objetivo final de imponer la dominación terrorista y abierta sobre la clase obreras, es decir: el facismo.

Por tanto, el objetivo de estos dirigentes vecinales, de extracción burguesa es crear un movimiento de masas fascista en el barrio, con la excusa de combatir a la idigencia. Pero en el delirium tremens de estos elementos olvidan la clave, olvidan al sujeto revolucionario, que es la clase obrera, y más en un barrio proletario como la Macarena.

Desde nuestro punto de vista, desde el punto de vista de la clase obrera no puede haber ningún barrio habitable y tranquilo desde el mismo momento en que existe la sociedad de clases. Desde el mismo momento en que existe el capitalismo. Desde el mismo momento en que ese capitalismo, debido a la anarquía de la producción y el afán de lucro, conlleva la existencia de crisis cíclicas.

Y en esas crisis cíclicas es cuando más sobresalen los efectos criminales del capitalismo. ¿De que habitabilidad nos hablan estos señores cuando decenas de vecinos de la Macarena son desahuciados de sus casas? ¿De que paz nos hablan estos señores cuando ellos obtienen pingües ganancias debido a la existencia de un ejército de parados, a los que hacen pelear entre sí por el acceso a trabajos basura? ¿De que bienestar nos hablan cuando la clase obrera no tiene derecho ni a puestos de trabajo cada vez menos remunerados y de mayor cantidad de horas? ¿De que infancia y mayores nos hablan cuando para la clase obrera empieza a estar vetado el acceso a la sanidad, a la educación, a la cultura, al ocio? En definitiva, ¿de qué sociedad sin conflictos de clase nos hablan estos señores?

La respuesta es sencilla y el desarrollo de los hechos lo demuestra: estos señores, estos líderes vecinales pertenecen política, ideológica y psicológicamente a una determinada clase social que es la burguesía. Por tanto para ellos el problema no es la existencia del paro, de los desahucios, de la pérdida de derechos, de los recortes en la sanidad, en definitiva del drama en que se ha convertido la vida para cada vez más amplios sectores de la clase obrera.

Para ellos el problema es no poder disfrutar de la vida ociosa que su posición de clase dominante les otorga.

Para ellos el problema es que se vean las miserias del capitalismo y los efectos que este provoca sobre las capas de la población cada vez más amplias: emigración forzosa debido a la miseria en los países de origen debido a la rapacidad de las transnacionales capitalistas que esquilman los recursos de países que podrían ser mucho más desarrollados de lo que son. Por ejemplo Nigeria nada sobre un mar de petróleo en su subsuelo, es uno de los países más pobres del mundo debido a que ese petróleo no pertenece al pueblo nigeriano sino a un puñado de corporaciones occidentales. Si los trabajadores nigerianos controlaran este petróleo y los beneficios que redundan de él, no se verían obligados a emigrar a los barrios de la Europa imperialista.Una Europa donde dicho sea de paso, como es el caso de España, cada vez se produce mayor éxodo de inmigrantes y de jóvenes obreros en busca de oportunidades en otros lugares.

Para ellos el problema no es la explotación capitalista, ni que la clase obrera sufra, para ellos el problema es que la clase obrera se queje de dicha situación. Para la burguesía los obreros no son más que eslabones de la cadena productiva, y por eso en su psicología no comprenden como un instrumento puede rebelarse ante la injusticia, y de ahí que esta incomprensión se transforme en odio con la agudización de la lucha de clases.

Por todo ello llamamos a la clase obrera de la Macarena a responder con el más absoluto rechazo y desprecio a estos intentos de la burguesía de convertir nuestros barrios en focos del odio racial, en focos de la xenofobia, en focos del odio al marginal, porque su objetivo es convertir estas manifestaciones de repulsa en focos de odio al obrero.

Nuestra clase social ya peleará por la dignificación de nuestros barrios, nuestra clase social ya sabrá rechazar a los elementos antisociales y nuestra clase social ya sabe señalar al enemigo principal: el capitalismo que los condena a la miseria y a la ruina, el capitalismo que hunde sus vidas.

Por tanto como miembros del partido de vanguardia de la clase obrera llamamos a apoyar cuantas muestras de desprecio a estos elementos facciosos y burgueses se sucedan. Llamamos asimismo a apoyar las reivindicaciones espontáneas de personas indignadas con la actuación de estos fascistas, sin olvidar que no podemos quedarnos en el espontaneísmo. El fascismo es un problema político y de clase y como tal debe ser la respuesta que los obreros le demos.

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