“El ‘Lincoln’ de Spielberg, Karl Marx y la Segunda Revolución Americana” - texto de Kevin B. Anderson - enero de 2013

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Mensaje por pedrocasca el Miér Ene 23, 2013 12:47 pm

El ‘Lincoln’ de Spielberg, Karl Marx y la Segunda Revolución Americana

texto de Kevin B. Anderson (profesor de sociología y ciencias políticas en la UCLA)

enero de 2013 - tomado del blog Marxismo crítico

El “Lincoln” de Steven Spielberg transcurre en un solo pero crucial mes de la Guerra Civil de los EE.UU., un conflicto equivalente a una segunda revolución americana. En enero de 1865, cuando faltan pocos meses para la victoria de la Unión sobre la Confederación, el presidente Abraham Lincoln decide hacer aprobar la Decimotercera Enmienda a la Constitución de los EE.UU., para la abolición de la esclavitud sin condiciones y sin indemnización a los propietarios de esclavos. Se trata de un Lincoln muy diferente al candidato de 1860, que se negó a hacer campaña como abolicionista, o al presidente que aplazó la Proclamación de la Emancipación casi hasta el tercer año de la Guerra Civil, en 1863. Se trata de un Lincoln que ha crecido con los tiempos, cuyo ejército ahora incluye 200.000 soldados negros, y cuyos discursos comienzan a insinuar derechos de ciudadanía y voto para los antiguos esclavos.

América revolucionaria

Con un guión escrito por el destacado guionista de izquierdas Tony Kushner (“Angels in America”, “Homebody / Kabul”), la película de Spielberg se centra no sólo en el propio Lincoln, sino también en una figura, sin duda, revolucionaria, el abolicionista radical Thaddeus Stevens, con quien Lincoln se alió en aquellos fatídicos días de enero de 1865. Algunas de las escenas más dramáticas retratan los debates cruzados de Stevens con el congresista de Nueva York y racista patológico Fernando Wood, líder del ala anti-abolicionista del Congreso.

En otra escena, Stevens presenta a un escéptico Lincoln el programa republicano radical de una prolongada ocupación militar del sur, durante la que los antiguos esclavos alcanzarían plenos derechos políticos, incluido el de ser elegidos a los más altos cargos públicos, y las plantaciones de los antiguos propietarios de esclavos serían confiscadas y repartidas en propiedad a los antiguos esclavos (los famosos “40 acres y una mula”). Todo ello narrado fílmicamente gracias a la excelente interpretación de Daniel Day Lewis (Lincoln) y, más aún, de Tommie Lee Jones (Stevens), con una contribución también importante de Sally Field (Mary Todd Lincoln).

Al mismo tiempo, sin embargo, está presente el lado sórdido de la democracia de EE.UU., en medio de estos cambios revolucionarios, mediante la corrupta política de patronazgo utilizada para obtener los últimos votos para aprobar la enmienda y enviarla a los estados para su ratificación final.

En su conjunto, “Lincoln”, ofrece una perspectiva anti-esclavista y anti-racista de la Guerra Civil de los EE.UU. más consecuente que la habitual en las películas de Hollywood. Evita el típico retrato de Hollywood del Sur como moralmente equivalente, si no superior, al del Norte. En cambio, la película se centra en la esclavitud y el racismo como el tema central de la Guerra Civil, a la vez que muestra a un líder revolucionario como Stevens favorablemente, lo que no es usual. Es más, el fraudulento argumento del Sur sobre los “derechos de los estados” es desenmascarado, mostrando su verdadero contenido: el “derecho” de los blancos a esclavizar a millones de sus semejantes.

Dimensiones económicas y de clase de la abolición

Algunos sectores de la izquierda han criticado la película por no poner de relieve la lucha por la auto-emancipación de los afroamericanos, como por ejemplo en la película de 1989 “Gloria”, que narra la historia de los soldados afro-americanos del 54 regimiento de Massachusetts.

Aunque esas críticas son válidas e importantes, me gustaría centrarme en otros dos temas que no aborda la película, la importancia económica de la esclavitud y su abolición, y el intercambio de correspondencia entre Karl Marx y Abraham Lincoln, que se produjo durante el mismo mes de enero de 1865, en el que se desarrolla la película. Ambos temas podrían fácilmente haber sido incorporados al guión sin alterar el ángulo desde el que la película narra estos trascendentales acontecimientos históricos, el de la confrontación entre élites políticas en lugar de las masas movilizadas. Por supuesto, las primeras influyen en las segundas, y vice-versa, pero intento hacer una crítica inmanente, que aborde la película en sus propios términos y examine algunas de las contradicciones que surgen.

La Proclamación de Emancipación de 1863 y la decimotercera enmienda de 1865 que hizo permanente la medida de guerra de 1863 eran diferentes de las leyes de emancipación promulgadas en otros estados. Por ejemplo, la política de emancipación de EE.UU. prohibía cualquier compensación económica a los anteriores propietarios de esclavos. Se diferenciaba así incluso de la pionera Ley de abolición de la esclavitud británica de 1833, que proveyó grandes sumas de indemnización. En este sentido, fue más parecida a la abolición jacobina de 1794 en Francia, anulada por Napoleón una década más tarde, pero que ayudó a desencadenar la revolución haitiana.

Por otra parte, la esclavitud era más importante para la economía de los EE.UU. que para Gran Bretaña o Francia. Los casi cuatro millones de esclavos en los EE.UU. en 1860 constituían alrededor del 13% de la población, y sufría una forma totalmente deshumanizada de capitalismo que permitía comprar y vender a los seres humanos como esclavos. A un precio promedio de 500 dólares cada uno, la “propiedad” humana de los esclavistas en EE.UU. tenia un valor aproximado de 2 mil millones de dólares, una suma astronómica en la década de 1860. Por lo tanto, la abolición de la esclavitud sin indemnización en los EE.UU. constituyó la mayor expropiación de propiedad privada capitalista hasta la revolución rusa de 1917. Se acabó de un plumazo con toda una clase social, los dueños de las plantaciones del Sur, que desde hacía siglos se habían eregido sobre una inmensa acumulación de riqueza derivada de la producción de azúcar, tabaco, algodón y otras materias primas, así como de la compra y venta de una mercancía más, los propios esclavos.

La abolición también incorporó a millones de trabajadores libres formalmente a la clase obrera de los EE.UU., aumentando la posibilidad de una unidad de clase más allá de divisiones raciales y étnicas, mucho más fácil que cuando el trabajo esclavo coexistía con el trabajo formalmente libre. Aunque sólo una pequeña parte de esa unidad interracial se lograría en la postguerra, y sólo brevemente, su necesidad sigue estando más que nunca en la agenda, en la medida en que hoy la clase obrera de los EE.UU. está integrada cada vez más por personas de color, sobre todo afroamericanos y latinos.

Aunque la película pasa por alto estas realidades económicas y de clase a favor de la dimensión política, no se le escaparon a Karl Marx. En una carta del 29 de noviembre de 1864, apenas unas semanas después de la fundación de la Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores), escribió, “hace tres años y medio, en el momento de la elección de Lincoln, la cuestión era no hacer más concesiones a los propietarios de esclavos, pero ahora la abolición de la esclavitud es el objetivo declarado y en parte ya realizado “, y agregó que “nunca una convulsión tan gigantesca ha tenido lugar tan rápidamente. Tendrá un efecto benéfico en el mundo entero” (Saul Padover, ed, Karl Marx sobre América y la Guerra Civil, New York: McGraw-Hill, 1972, p. 272).

La carta abierta de Marx a Lincoln

Como se mencionó anteriormente, el mes de enero de 1865, cuando Lincoln giró a la izquierda, aliándose con Stevens, fue también el mes en el que Marx y Lincoln tuvieron su intercambio público de cartas. Después de la publicación del “Discurso Inaugural” de la Primera Internacional (escrito por Marx) y sus “Reglas generales” de afiliación, ambos en noviembre de 1864, su siguiente declaración pública fue una carta abierta para felicitar a Lincoln por su victoria aplastante en las elecciones de noviembre de 1864. La carta a Lincoln fue redactado por Marx y también firmada por un gran grupo de activistas obreros y socialistas que incluía a “Karl Marx, secretario de correspondencia para Alemania”.

En ese momento, la embajada de EE.UU. en Londres estaba encabezada por Charles Francis Adams, un abolicionista de Massachusetts, miembro de una de las más ilustres familias políticas de Estados Unidos. Adams conocía sin duda a algunos de los implicados en la Internacional, porque había enviado a su hijo Henry a observar e informar sobre las reuniones que los trabajadores británicos habían organizado desde 1862 para socavar los llamamientos de los políticos británicos y los principales medios de comunicación a intervenir a favor del Sur. En esas reuniones intervinieron muchos de los futuros líderes de la Internacional. Y la presencia del adinerado joven Henry Adams en esas reuniones seguramente le hizo más que visible entre los trabajadores asistentes. Además de recopilar información, la presencia del hijo del embajador también pudo tener como objeto hacer un llamamiento directo a la clase obrera británica sin contar con su gobierno.

En diciembre de 1864, la Internacional propuso que una delegación obrera de 40 miembros entregase la carta y fuese recibida por la Embajada. Si bien el Embajador Adams declinó la propuesta, la carta de la Internacional “Dirigida al presidente Lincoln” fue entregado a la Embajada, y publicada en varios periódicos ligados al movimiento obrero británico. Decía en parte:

“Felicitamos al pueblo americano por su reelección por una amplia mayoría. Si la resistencia al Poder esclavista fue la principal consigna de su primera elección, el triunfante grito de guerra de su reelección es: ¡muerte a la esclavitud!”. (Esta carta, la respuesta de Lincoln, y otros textos relacionados se recogen en Robin Blackburn, Una revolución inconclusa: Karl Marx y Abraham Lincoln, Londres: Verso, 2011)

Y continuaba: “Desde el comienzo de la titánica lucha americana, los obreros de Europa han sentido instintivamente que la bandera de las barras y estrellas porta el destino de su clase”.

Esta frase se refería no sólo a los profundos sentimientos antiesclavistas de las clases trabajadoras británicas de la época, y a las reuniones de masas que habían organizado en apoyo del Norte, incluso cuando los principales políticos y periódicos defendían que si apoyaban una intervención británica para romper el bloqueo de Lincoln de los puertos del Sur, el algodón fluiría de nuevo a través de los mares, y pondría fin al desempleo masivo causado por el bloqueo. La frase sobre el vínculo entre el destino de los EE.UU. y el de las clases trabajadoras de Europa se basaba también en un hecho indiscutible. La clase obrera de Gran Bretaña (y más aún en el Continente) carecía de derecho al voto, entonces censitariamente limitado a los propietarios y veía en los EE.UU. el único experimento importante de democracia política de la época. El resultado fue uno de los mejores ejemplos jamás vistos de internacionalismo proletario.

Como Marx observó durante estas movilizaciones de los trabajadores británicos al principios de la guerra: “El verdadero pueblo de Inglaterra, de Francia, de Alemania, de Europa, considera la causa de los Estados Unidos como su propia causa, la causa de la libertad, y que, a pesar de todos los sofisma pagados, consideran la tierra de los Estados Unidos como tierra libre a disposición de los millones de campesinos sin tierra de Europa, su tierra prometida, que hay que defender ahora espada en mano de las sórdidas garras esclavistas …. Los pueblos de Europa saben que la esclavocracia del Sur comenzó la guerra con la declaración de que la continuación de la esclavocracia ya no era compatible con la continuidad de la Unión. Por lo tanto, los pueblos de Europa saben que la lucha por la supervivencia de la Unión es una lucha contra la continuación de la esclavocracia – que en este contexto, la más alta forma de autogobierno popular conseguido hasta hoy está dando batalla a la mas despreciable y más desvergonzado forma de esclavitud del hombre en los anales de la historia” (Marx, “El Times de Londres y lord Palmerston, New York Tribune, 21 de octubre de 1861).

La carta de Marx a Lincoln en nombre de la Internacional también afirmaba: “Mientras los trabajadores, el verdadero poder político del Norte, permitieron que la esclavitud profanase su propia república, mientras ante el negro, dominado y vendido sin su consentimiento, presumieron de que la mayor prerrogativa del trabajador de piel blanca era venderse y elegir su propio dueño, no fueron capaces de alcanzar la verdadera libertad del trabajo, ni de apoyar a sus hermanos europeos en su lucha por la emancipación, pero esta barrera al progreso ha sido barrida por el mar rojo de la guerra civil”.

La respuesta pública de Lincoln a Marx

El 28 de enero de 1865, para sorpresa y deleite de Marx y de otros miembros de la Internacional, la Embajada de los EE.UU. emitió una respuesta pública del Embajador Adams a la Internacional. En una carta a Engels del 10 de febrero, un satisfecho Marx le hace notar que Lincoln había elegido dirigir su importante respuesta no a los liberales británicos que le adulaban, sino a la clase obrera y a los socialistas: “El hecho de que Lincoln nos contestase con tanta cortesía y que a la “Sociedad por la Emancipación Burguesa” lo hiciera de manera tan brusca y puramente formal indignó al The Daily News de tal manera que no ha impreso la que nos había dirigido … La diferencia entre las respuesta de Lincoln a nosotros y la burguesía ha provocado tal sensación aquí que los “clubs” del West End mueven incrédulos la cabeza. Puede comprender lo gratificante que ha sido para nuestra gente”.

Aunque la respuesta a la Internacional fue firmado por el embajador Adams, dejo muy claro que Lincoln había leído su carta y que Adams estaba hablando en su nombre y no sólo en el suyo: “Me han instruido informarle que el Discurso inaugural del Consejo Central de la Asociación, fue debidamente transmitida a través de esta Legación al Presidente de los Estados Unidos, y este la ha recibido”.

Teniendo en cuenta los acontecimientos de enero 1865 narrados en la película, cuando Lincoln estaba en medio de la recogida de votos para la Decimotercera Enmienda, es aún más notable que se tomase tiempo para redactar semejante respuesta. Y por una confluencia extraña y conmovedora de acontecimientos, la respuesta de Lincoln a la Internacional fuese hecha pública sólo tres días antes de que la Cámara de Representantes de EE.UU. superase los obstáculos de numerosos políticos racistas y votase, el 31 de enero, ratificar la Enmienda y enviarla a los estados para su ratificación final.

La respuesta de Lincoln también se refiere a nivel general a “los amigos de la humanidad y el progreso en todo el mundo” con quienes los EE.UU. contaban, una alusión a la forma en que las asambleas de los trabajadores británicos, que carecían de derecho al voto debido a los requisitos de propiedad, habían sido tan cruciales a la hora de impedir las maniobras británicas para intervenir a favor del Sur durante los primeros años de la guerra. Esta sugerencia es más evidente en la última frase, que afirma que el gobierno de EE.UU. fue capaz de “sacar nuevos ánimos para perseverar gracias al testimonio de los obreros de Europa de que esa actitud nacional se ve favorecida con su aprobación ilustrada y sus ardientes simpatías”. Es difícil recordar otro momento en el que el gobierno de EE.UU. haya agradecido públicamente a la clase obrera internacional su apoyo, y mucho menos a una organización de los trabajadores dirigida por socialistas.

Las revoluciones inconclusas: 1860 y 1960

Este intercambio entre Marx y Lincoln ilustra dramática el hecho de que la Guerra Civil fue una segunda revolución americana, mucho más radical que la primera, en 1776. Fue sin duda una revolución burguesa y no socialista, pero la defensa de su ala izquierda -sin éxito finalmente– de la necesidad de una transformación fundamental de la propiedad de la tierra en el Sur apuntaba a algo aun más radical. Este carácter inconcluso de la revolución, que se detuvo en la emancipación política de los antiguos esclavos, y que luego, después de 1876, incluso en gran parte quedó sin validez, es algo que todavía pesa sobre los Estados Unidos de América hasta nuestros días.

En un inquietante paralelismo, la revolución por los derechos civiles de las décadas de 1950 y 1960, que finalmente consiguieron sobre una base más permanente lo que se había establecido muy brevemente mediante las leyes y las enmiendas constitucionales de las décadas de 1860 y 1870, también se vio obligada por las circunstancias a parar antes de la emancipación política. Ello nos deja hoy con el resultado paradójico de que los EE.UU. tiene su primer presidente afro-americano, cuando al mismo tiempo más hombres y mujeres afroamericanos que nunca en su historia se consumen casi olvidados en el mundo deshumanizado de las prisiones y cárceles de Estados Unidos.

Y la película “Lincoln”, que no trata de estos temas tampoco, está en muchos aspectos también sin terminar. Incluso en sus propios términos, viendo la historia desde un ángulo que destaca los acontecimientos protagonizados por la élite política en vez de por las masas que les presionaban, no lleva hasta el final sus propias implicaciones más radicales, como por ejemplo en su retrato del programa republicano radical de Stevens. Pero es un signo de los tiempos, de las transformaciones profundas de la sociedad y la cultura de Estados Unidos, que una película comercial de Hollywood revele incluso una parte de esta página de la historia revolucionaria, que, como señaló Marx, tuvo efectos “en todo el mundo”.


“El ‘Lincoln’ de Spielberg, Karl Marx y la Segunda Revolución Americana” - texto de Kevin B. Anderson - enero de 2013 Abrham_Lincoln_133
Abraham Lincoln, 16º Presidente de EEUU
primero por el Partido Republicano


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Mensaje por pedrocasca el Miér Ene 23, 2013 1:46 pm

Guerra y emancipación - Abraham Lincoln & Karl Marx

Presentación de Robin Blackburn, Andrés de Francisco

Traducción de Antonio Lastra, Andrés de Francisco y Javier Alcoriza

"El mundo no descubrió a Lincoln como héroe hasta que hubo caído como mártir" - Karl Marx

Marx y Lincoln mantuvieron correspondencia al final de la Guerra Civil estadounidense.

Aunque los separaban más cosas aparte del Atlántico, coincidían en la causa de los trabajadores libres y en la urgente necesidad de acabar con la esclavitud. Estos escritos señalan el importante papel de los comunistas internacionales en oposición al reconocimiento europeo de la Confederación. Frente a la presuntuosa opinión del Londres liberal de su tiempo, que afirmaba que el verdadero motivo del conflicto eran los aranceles, Marx sabía que la crisis tenía que ver con la esclavitud. Era consciente de que el capitalismo podía fácilmente apoyar e incluso prosperar a costa de ésta y otras formas de servidumbre humana. Sus numerosos escritos sobre la Guerra Civil, lejos de propugnar un socialismo de raza blanca, demuestran una intención universalista: «sólo el rescate de una raza encadenada llevaría a la reconstrucción de un mundo social».

Poco después, los ideales del comunismo atrajeron a miles de adeptos por todo EE.UU., y la Asociación Internacional de Trabajadores trató de radicalizar la revolución inacabada de Lincoln promoviendo los derechos de los trabajadores blancos y negros, nativos y extranjeros, contribuyendo a una crítica profunda de los magnates que se enriquecieron con la Guerra, e inspirando una extraordinaria serie de huelgas y luchas de clase en las décadas siguientes.

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soldados de la Compañía E del 4º Regimiento
de Infantería de Color en Maryland - año 1864
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Mensaje por pedrocasca el Miér Ene 23, 2013 9:25 pm

Acabo de ver en uno de los temas propios de la Administración del Foro que ya estaba publicado el siguiente tema: (muy recomendable su lectura)

Carta de Marx a Lincoln

http://www.forocomunista.com/t25986-carta-de-marx-a-lincoln#119246


No parece tan difícil encontrar la correspondencia entre Marx y Lincoln porque está en el Archivo marxista de Internet (MIA):

http://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/1864lincoln.htm

también está en inglés:

http://www.marxists.org/archive/marx/iwma/documents/1864/lincoln-letter.htm
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Mensaje por Razion el Sáb Feb 16, 2013 5:00 am

Vi la película, me agradó bastante, sobre todo el papel de Thaddeus Stevens, me parece igualmente avanzada para el nivel ideológico de las producciones yanquis, y más pensando en que fundamentalmente está dirigida a este público. Hubiera sido más que interesante e importante dada la difusión alcanzada por esta película y sus dos horas y media de duración, que se abordara el aspecto clasista con mayor profundidad así como el intercambio de correspondencia entre Marx y Lincoln.



Lo que la película Lincoln no dice sobre Lincoln

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 17 de enero de 2013

Este artículo critica la ignorancia, cuando no ocultación, por parte de la película Lincoln sobre la figura del presidente Lincoln y las notas biográficas y escritos que reflejan una vocación profundamente transformadora de Estados Unidos además de su intento exitoso de abolir la esclavitud. El artículo señala como pensadores socialistas de aquel tiempo -incluyendo Karl Marx- tuvieron clara influencia sobre Lincoln.

La película Lincoln, producida y dirigida por uno de los directores más conocidos de EEUU, Steven Spielberg, ha reavivado un gran interés por la figura del presidente Lincoln, uno de los presidentes que, como el presidente Franklin D. Roosevelt, ha intervenido siempre en el ideario estadounidense con gran recuerdo popular. Se destaca tal figura política como la garante de la unidad de EEUU, tras derrotar a los confederados que aspiraban a la secesión de los Estados del Sur de aquel Estado federal. Es también una figura que resalta en la historia de EEUU por haber abolido la esclavitud, y haber dado la libertad y la ciudadanía a los descendientes de las poblaciones inmigrantes de origen africano, es decir, a la población negra, que en EEUU se conoce como la población afroamericana.

Lincoln fue también uno de los fundadores del Partido Republicano que en sus orígenes fue directamente opuesto al Partido Republicano actual, que está hoy altamente influenciado por un movimiento –el Tea Party- chauvinista, racista y sumamente reaccionario detrás del cual hay intereses económicos y financieros que quieren eliminar la influencia del gobierno federal en las vidas económicas, sociales y políticas del país. El Partido Republicano fundado por el presidente Lincoln era, por el contrario, un partido federalista, que consideró al gobierno federal como garante de los Derechos Humanos. Y entre ellos, la emancipación de los esclavos, tema central de la película Lincoln, fue al que Lincoln dio mayor hincapié. Terminar con la esclavitud significaba que el esclavo pasaba a ser trabajador, dueño de su propio trabajo.

Ahora bien, Lincoln, incluso antes de ser presidente, consideró otras conquistas sociales como parte también de los Derechos Humanos, y entre ellas, el derecho del mundo del trabajo a controlar, no sólo su trabajo, sino también el producto de su trabajo. El derecho de emancipación de los esclavos transformaba al esclavo en una persona libre asalariada, unida –según él- en lazos fraternales con los otros miembros de la clase trabajadora, independientemente del color de su piel. Sus demandas de que el esclavo dejara de serlo y de que el trabajador –tanto blanco como negro- fuera el dueño, no sólo de su trabajo, sino también del producto de su trabajo, eran igualmente revolucionarias. La emancipación de la esclavitud requería que la persona fuera la dueña de su trabajo. La emancipación de la clase trabajadora significaba que la clase trabajadora fuera la dueña del producto de su trabajo. Y Lincoln demandó los dos tipos de emancipación. El segundo tipo de emancipación, sin embargo, ni siquiera se cita en la película Lincoln. En realidad, la ignora. Y utilizo la expresión “ignora” en lugar de “oculta”, porque es del todo posible que los autores de la película o del libro sobre el que se basa ni siquiera conozcan la historia real de Lincoln. La Guerra Fría en el mundo cultural e incluso académico de EEUU (que continúa existiendo) y el enorme dominio de lo que en allí se llama la Corporate Class (la clase de los propietarios y gestores del gran capital) sobre la vida, no sólo económica, sino también cívica y cultural, explica que la historia formal de EEUU que se enseña en las escuelas y en las universidades sea muy sesgada, purificada de cualquier contaminación ideológica procedente del movimiento obrero, sea socialismo, comunismo o anarquismo. La gran mayoría de estudiantes estadounidenses, incluso de las universidades más prestigiosas y conocidas, no saben que la fiesta del 1º de Mayo, celebrada mundialmente como el Día Internacional del Trabajo, es una fiesta en homenaje a los sindicalistas estadounidenses que murieron en defensa de trabajar ocho horas al día (en lugar de doce), victoria que inició tal reivindicación exitosa en la mayoría de países del mundo. En EEUU, tal día, el 1º de Mayo, además de no ser festivo, es el día de la Ley y el Orden -Law and Order Day- (ver el libro People’s History of the U.S., de Howard Zinn). La historia real de EEUU es muy distinta a la historia formal promovida por las estructuras de poder estadounidenses.

Las ignoradas y/o ocultadas simpatías de Lincoln

Lincoln, ya cuando era miembro de la Cámara Legislativa de su Estado de Illinois, simpatizó claramente con las demandas socialistas del movimiento obrero, no sólo de EEUU, sino también mundial. En realidad, Lincoln, tal como indiqué al principio del artículo, consideraba como un Derecho Humano, el derecho del mundo del trabajo a controlar el producto de su trabajo, postura claramente revolucionaria en aquel periodo (y que continúa siéndolo hoy), y que ni la película ni la cultura dominante en EEUU recuerda o conoce, convenientemente olvidada en los aparatos ideológicos del establishment estadounidense controlados por la Corporate Class. En realidad, Lincoln consideró que la esclavitud era el dominio máximo del capital sobre el mundo del trabajo y su oposición a las estructuras de poder de los Estados sureños se debía precisamente a que percibía estas estructuras como sustentadoras de un régimen económico basado en la explotación absoluta del mundo del trabajo. De ahí que viera la abolición de la esclavitud como la liberación no sólo de la población negra sino de todo el mundo del trabajo, beneficiando también a la clase trabajadora blanca, cuyo racismo él veía que iba en contra de sus propios intereses. Lincoln también indicó que “el mundo del trabajo antecede al capital. El capital es el fruto del trabajo, y no hubiera existido sin el mundo del trabajo, que lo creó. El mundo del trabajo es superior al mundo del capital y merece la mayor consideración (…) En la situación actual el capital tiene todo el poder y hay que revertir este desequilibrio”. Lectores de los escritos de Karl Marx, contemporáneo de Abraham Lincoln, recordarán que algunas de estas frases eran muy semejantes a las utilizadas por tal analista del capitalismo en su análisis de la relación capital/trabajo bajo tal sistema económico.

Le sorprenderá a gran número de lectores saber que los escritos de Karl Marx influenciaron a Abraham Lincoln, tal como documenta en gran detalle John Nichols en su excelente artículo “Reading Karl Marx with Abraham Lincoln Utopian socialists, German communists and other republicans” publicado en Political Affairs (27/11/12), y del cual extraigo las citas así como la mayoría de datos publicados en este artículo. Los escritos de Karl Marx eran conocidos entre los grupos de intelectuales que estaban profundamente insatisfechos con la situación política y económica de EEUU, como era el caso de Lincoln. Karl Marx escribía regularmente en The New York Tribune, el rotativo intelectual más influente en Estados Unidos en aquel periodo. Su director Horace Greeley se consideraba un socialista y un gran admirador de Karl Marx, al cual invitó a ser columnista de tal diario. En las columnas de su diario incluyó gran número de activistas alemanes que habían huido de las persecuciones ocurridas en la Alemania de aquel tiempo, una Alemania altamente agitada, con un naciente movimiento obrero que cuestionaba el orden económico existente. Algunos de estos inmigrantes alemanes (conocidos en el EEUU de aquel momento como los “Republicanos Rojos”) lucharon más tarde con las tropas federales en la Guerra Civil, dirigidos por el presidente Lincoln.

Greeley y Lincoln eran amigos. En realidad Greeley y su diario apoyaron desde el principio la carrera política de Lincoln, siendo Greeley el que le aconsejó a que se presentara a la presidencia del país. Y toda la evidencia apunta que Lincoln era un ferviente lector del The New York Tribune. En su campaña electoral para la presidencia de EEUU invitó a varios “republicanos rojos” a integrarse en su equipo. En realidad, ya antes, como congresista, representante de la ciudadanía de Springfield en el Estado de Illinois, apoyó frecuentemente los movimientos revolucionarios que estaban ocurriendo en Europa, y muy en especial en Hungría, firmando documentos en apoyo de tales movimientos.

Lincoln, gran amigo del mundo del trabajo estadounidense e internacional.

Su conocimiento de las tradiciones revolucionarias existentes en aquel periodo no era casual sino que era fruto de sus simpatías con el movimiento obrero internacional y sus instituciones. Animó a los trabajadores de EEUU a organizar y establecer sindicatos y continuó haciéndolo cuando fue presidente. Y varios sindicatos le nombraron miembro honorario. En su respuesta a los sindicatos de Nueva York subrayó “vosotros habéis entendido mejor que nadie que la lucha para terminar con la esclavitud es la lucha para liberar al mundo del trabajo, es decir, a liberar a todos los trabajadores. La liberación de los esclavos en el Sur es parte de la misma lucha por la liberación de los trabajadores en el Norte”. Y durante la campaña electoral, el presidente Lincoln promovió la postura en contra de la esclavitud indicando explícitamente que la liberación de los esclavos les permitiría a los trabajadores exigir los salarios que les permitirían vivir decentemente y con dignidad, ayudando con ello a aumentar los salarios de todos los trabajadores, tanto negros como blancos.

Marx, y también Engels, escribieron con entusiasmo sobre la campaña electoral de Lincoln, en un momento en que ambos estaban preparando la Primera Internacional del Movimiento Obrero. En un momento de las sesiones, Marx y Engels propusieron a la Internacional que enviara una carta al presidente Lincoln felicitándolo por su actitud y postura. En su carta, la Primera Internacional felicitaba al pueblo de EEUU y a su presidente por, al terminar con la esclavitud, haber favorecido la liberación de toda la clase trabajadora, no solo estadounidense, sino también la mundial.

El presidente Lincoln respondió, agradeciendo la nota y respondiendo que valoraba el apoyo de los trabajadores del mundo a sus políticas, en un tono cordial, que, por cierto, creó gran alarma entre los establishments económicos, financieros y políticos a ambos lados del Atlántico. Estaba claro, a nivel internacional que, como señaló más tarde el dirigente socialista estadounidense Eugene Victor Debs, en su propia campaña electoral, “Lincoln había sido un revolucionario y que por paradójico que pudiera parecer, el Partido Republicando había tenido en su orígenes una tonalidad roja”.

La revolución democrática que Lincoln inició y que nunca se desarrolló.

Ni que decir tiene que ninguno de estos datos aparece en la película Lincoln, ni son ampliamente conocidos en EEUU. Pero, como bien señalan John Nichols y Robin Blackburn (otro autor que ha escrito extensamente sobre Lincoln y Marx), para entender Lincoln hay que entender el periodo y el contexto en los que él vivió. Lincoln no era un marxista (término sobreutilizado en la literatura historiográfica y que el propio Marx denunció) y no era su intento eliminar el capitalismo, sino corregir el enorme desequilibrio existente en él, entre el capital y el trabajo. Pero, no hay duda de que fue altamente influenciado por Marx y otros pensadores socialistas, con los cuales compartió sus deseos inmediatos, claramente simpatizando con ellos, llevando su postura a altos niveles de radicalismo en su compromiso democrático. Es una tergiversación histórica ignorar tales hechos, como hace la película Lincoln.

No hay duda de que Lincoln fue una personalidad compleja con muchos claroscuros. Pero las simpatías están escritas y bien definidas en sus discursos. Es más, los intensos debates que ocurrían en las izquierdas europeas se reproducían también en los círculos progresistas de EEUU. En realidad, la mayor influencia sobre Lincoln fue la de los socialistas utópicos alemanes, muchos de los cuales se refugiaron en Illinois huyendo de la represión europea.

El comunalismo que caracterizó a tales socialistas influenció la concepción democrática de Lincoln, interpretando democracia como la gobernanza de las instituciones políticas por parte del pueblo, en el cual las clases populares eran la mayoría. Su famoso dicho (que se ha convertido en el espléndido eslogan democrático más conocido en el mundo –Democracy for the people, of the people and by the people- claramente señala la imposibilidad de tener una democracia del pueblo y para el pueblo sin que sea realizada y llevada a cabo por el mismo pueblo. De ahí que viera la liberación de los esclavos y del mundo del trabajo como elementos esenciales de tal democratización. Su concepto de igualdad llevaba inevitablemente un conflicto con el dominio de tales instituciones políticas por el capital. Y la realidad existente hoy en EEUU y que detallo en mi artículo “Lo que no se ha dicho en los medios sobre las elecciones en EEUU” (Público, 13.11.12) es una prueba de ello. Hoy la Corporate Class controla las instituciones políticas de aquel país.

Últimas observaciones y un ruego

Repito que ninguna de estas realidades aparece en la película. Spielberg no es, después de todo, Pontecorvo, y el clima intelectual estadounidense todavía está estancado en la Guerra Fría que le empobrece intelectualmente. “Socialismo” continúa siendo una palabra mal vista en los círculos del establishment cultural de aquel país. Y en la tierra de Lincoln, aquel proyecto democrático que él soñó nunca se realizó debido a la enorme influencia del poder del capital sobre las instituciones democráticas, influencia que ha disminuido enormemente la expresión democrática en aquel país. Y la paradoja hiriente de la historia es que el Partido Republicano se haya convertido en el instrumento político más agresivo hoy existente al servicio del capital.

Por cierto, agradecería que todas las personas que encuentren este artículo interesante lo distribuyan ampliamente, incluyendo en su distribución a los críticos de cine, que en su promoción de la película, seguro que no dirán nada del otro Lincoln desconocido en su propio país (y en muchos otros, incluyendo España). A uno de los fundadores del movimiento revolucionario democrático ni siquiera se le reconoce como tal. Su emancipación de los esclavos es una gran victoria que hay que celebrar. Pero Lincoln fue incluso más allá. Y de esto ni se habla.




Artículo de Vicenç Navarro que se publicará mañana en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 29 de enero de 2013

Este artículo expande otro artículo anterior “Lo que la película Lincoln no dice sobre Lincoln”, señalando la marcada influencia que el movimiento socialista europeo tuvo en la evolución del pensamiento del Presidente Lincoln.

Me alegra constatar que la publicación de mi artículo “Lo que la película Lincoln no dice sobre Lincoln” en Público (17.01.13) ha generado un cierto interés con un incipiente debate sobre la influencia del pensamiento y movimiento socialistas (en sus diversas sensibilidades, socialista, comunista o anarquista) sobre Lincoln y la abolición de la esclavitud en EEUU. Lamento, sin embargo, que, como era ya predecible, tal debate no haya aparecido en los mayores medios de difusión del país. Éstos, en su discusión sobre la película Lincoln, se han centrado en el análisis filmográfico sin explicar ni entender el contexto de la temática de la misma. Los medios, entendidos como espectáculo, continuamente debilitan el carácter informativo y educativo que debería prevalecer en su producción.

La respuesta al artículo ha sido viva y agradezco su intensidad. Pero antes de comentar tales respuestas, incluyendo, por supuesto, las críticas, quisiera subrayar que veo méritos en el mensaje político que la película intenta dar y que tiene que entenderse dentro del enorme conservadurismo que caracteriza la cultura hegemónica de aquel país. Por extraño que parezca, la llamada Guerra Civil estadounidense se ha presentado como un conflicto entre dos bandos igualmente válidos en la moralidad de su causa. Y le sorprenderá al lector saber que, en general, había y continúa habiendo una gran simpatía en la última filmografía hacia la causa confederal, vista como una causa romántica (supuestamente en defensa de la tradición y del patriotismo) frente a los intereses federales que, con su modernización, rompieron con la cultura de un mundo antiguo pero supuestamente mejor. La película Lo que el viento se llevó tipifica esta visión. En realidad, tan recientemente como el año 2003, se podía todavía ver la película Gods and Generals, que es una defensa de la supuesta nobleza de la causa del Sur.

Desde este punto de vista, la película Lincoln es la primera película con un presupuesto importante que claramente adopta una postura favorable al Norte. Ahora bien, esta visión, al centrarse en la aprobación de la Ley de la Emancipación de la Esclavitud, sin analizar el contexto político que lo determinó, no explica porqué ocurrió aquel evento ni cómo ocurrió. Ver (como hace la película) la aprobación de tal ley como resultado de un politiqueo, incluyendo prácticas clientelares entre las distintas personalidades (rasgo muy característico, por cierto de la filmografía estadounidense) detrás de la Ley, es no entender la historia. Se repite con ello la imagen tan extendida de que la historia la escriben los grandes hombres (y ocasionalmente grandes mujeres), tesis más que discutible. En realidad, más que discutible, la tesis es errónea, pues tales personajes son voces e instrumentos de fuerzas económicas y políticas y movimientos sociales más amplios, como el mundo del capital y del trabajo, que apenas aparecen en la película. Incluso, centrándose en el tema de la emancipación, no se puede entender la evolución de Lincoln (a la cual haré referencia más tarde) sin conocer que 200.000 tropas de esclavos se unieron a las tropas federales, cuya lucha heroica jugó un papel importante en la victoria federal. Ni sin citar el movimiento abolicionista dentro del Partido Republicano, liderado por una persona clave, Thaddeus Stevens, o el propio movimiento obrero, incluido el internacional. Era precisamente durante los meses en los que ocurren los hechos de la película cuando la 1ª Internacional se estableció, con un intercambio epistolar entre Lincoln y Marx (al cual hice referencia en mi artículo anterior) de enormes significados que, predeciblemente, no aparece en esta película.

En realidad, fue el movimiento obrero de distintos países de Europa el que apoyó el bloqueo de los puertos confederados en contra de los deseos de los establishments económicos de tales países que sí querían romper con aquel bloqueo argumentado (a fin de conseguir el apoyo de sus clases trabajadoras) que romperlo significaría recibir de los Estados confederados el algodón que se necesitaba para reavivar las economías. Tal como señala Kevin Anderson en su interesante comentario “Spielberg’s “Lincoln”, Karl Marx, and the Second American Revolution”, la resistencia a seguir el mandato de los industrialistas de sus países, en favor de la victoria del Norte frente a los esclavistas del Sur en EEUU, incluso a costa de sus propios intereses inmediatos, ha sido uno de los actos de internacionalismo proletario más solidarios conocidos en la historia del movimiento obrero. El que así lo vio también fue Karl Marx, que en su columna en The New York Tribune (21 de octubre de 1861) escribió que el pueblo inglés, francés y alemán de Europa consideraba la causa del Norte a favor de la libertad como su propia causa, siendo su lucha para conseguir la libertad como su propia lucha en contra de la esclavitud y en contra de la opresión del mundo del trabajo. La llamada al fin de la esclavitud y al desarrollo de la democracia era su causa. Y Lincoln era plenamente consciente de que la movilización obrera estaba frenando el apoyo de los gobiernos de los países europeos a la causa del Sur. De ahí su respuesta cálida a la carta de apoyo de Marx y de la 1ª Internacional a su causa y al pueblo estadounidense, respuesta también comentada en mi artículo anterior, que creó pánico entre las burguesías de aquellos países.

Pero paso ahora a responder las aparentes incoherencias en la postura de Lincoln. Varios comentaristas han señalado las declaraciones de Lincoln, que en varias ocasiones se distanció claramente de las tesis abolicionistas. En mi artículo decía ya que Lincoln había tenido claroscuros en su biografía. Y éste era uno de ellos. Ahora bien, sin diluir la importancia de estos hechos, también hay que constatar que el famoso discurso en el que Lincoln, en plena campaña para el puesto de Senador de EEUU, se desmarcó de tal postura ocurrió el 18 de septiembre de 1858. Pero Lincoln evolucionó debido a las influencias de los propios negros que lucharon en el lado republicano, así como los socialistas, sobre todo los utópicos, que generaron aquel eslogan que, como indiqué en el artículo anterior, dio pie a la famosa frase ex lincolniana del “government of the people, by the people and for the people”. De ahí que fuera considerando más y más a los ex esclavos como parte de este “people”, de este pueblo. En realidad, la prohibición de la esclavitud sin compensación a los propietarios de esclavos fue la nacionalización más profunda y más rápida que haya ocurrido en cualquier revolución. Eliminó de un plumazo una clase social: los propietarios de esclavos. Y aunque Lincoln no hiciera suya la causa abolicionista de que tales tierras pasaran a ser poseídas por los esclavos, no queda claro qué hubiera ocurrido en caso de continuar su vida como Presidente. El creciente movimiento podría haberle influenciado todavía más y más. El único punto claro es que el que fue jefe de su gabinete más tarde indicó que muchos en la campaña de Lincoln eran socialistas con pleno conocimiento y aprobación del Presidente. Todo ello explica el reconocimiento que tal Presidente ha tenido, mereciéndose la asignación de su nombre a las Brigadas de luchadores estadounidenses a favor de la II República española, conocidas como Brigadas Lincoln.

Una última observación. La visibilidad, reconocimiento y concienciación de una forma de explotación viene determinada por la movilización de las víctimas de tal explotación que hacen conscientes al resto de la sociedad de la justicia de su causa. Marx, un luchador contra la explotación del mundo del trabajo por parte del capital, no era consciente ni era sensible a otra forma de explotación, la explotación de género. Las feministas han criticado, con razón, a Marx por esta insensibilidad.

Y hace muy poco, las izquierdas europeas eran muy poco sensibles a la explotación de las personas homosexuales, y sólo hace unos años que ha habido tal reconocimiento. Y, todavía hoy, muchos socialistas españoles son insensibles a la explotación que el Estado español ha impuesto a las naciones existentes dentro de _España, negando su existencia. Abraham Lincoln fue evolucionando y pasó de tener una repugnancia hacia la esclavitud a reconocer a la población esclava como una población dotada de los mismos derechos que el resto de la población. El gran defecto de la película Lincoln es que no explica ni informa sobre las causas (es decir, el contexto político) de tal evolución.


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No hay Revolución sin Revolucionarios
Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

Jose de San Martín


"Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
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"En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
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“El ‘Lincoln’ de Spielberg, Karl Marx y la Segunda Revolución Americana” - texto de Kevin B. Anderson - enero de 2013 Empty Re: “El ‘Lincoln’ de Spielberg, Karl Marx y la Segunda Revolución Americana” - texto de Kevin B. Anderson - enero de 2013

Mensaje por MarxistaDominicano el Lun Feb 18, 2013 8:47 am

Estimado camarada: muy buen articulo sobre Abraham Lincoln. Si Obama fuera como Abraham Lincoln, fuera muy diferente la situacion en EE.UU. Pero desde un punto de vista cientifico, las causas de la concentracion de riqueza en una minoria y pobreza en una mayoria de EE.UU, no la tiene Obama, sino la dictadura oligarquica de la clase oligaquica en contra de las mayorias. Y la solucion seria esperar a una situacion objetiva revolucionaria. Osea que Obama por si solo no podria hacer los cambios, si los ciudadanos americanos no le cojen odio al sistema capitalista, y si no apoyan a un cambio en EE.UU hacia el socialismo



pedrocasca escribió:
El ‘Lincoln’ de Spielberg, Karl Marx y la Segunda Revolución Americana

texto de Kevin B. Anderson (profesor de sociología y ciencias políticas en la UCLA)

enero de 2013 - tomado del blog Marxismo crítico

El “Lincoln” de Steven Spielberg transcurre en un solo pero crucial mes de la Guerra Civil de los EE.UU., un conflicto equivalente a una segunda revolución americana. En enero de 1865, cuando faltan pocos meses para la victoria de la Unión sobre la Confederación, el presidente Abraham Lincoln decide hacer aprobar la Decimotercera Enmienda a la Constitución de los EE.UU., para la abolición de la esclavitud sin condiciones y sin indemnización a los propietarios de esclavos. Se trata de un Lincoln muy diferente al candidato de 1860, que se negó a hacer campaña como abolicionista, o al presidente que aplazó la Proclamación de la Emancipación casi hasta el tercer año de la Guerra Civil, en 1863. Se trata de un Lincoln que ha crecido con los tiempos, cuyo ejército ahora incluye 200.000 soldados negros, y cuyos discursos comienzan a insinuar derechos de ciudadanía y voto para los antiguos esclavos.

América revolucionaria

Con un guión escrito por el destacado guionista de izquierdas Tony Kushner (“Angels in America”, “Homebody / Kabul”), la película de Spielberg se centra no sólo en el propio Lincoln, sino también en una figura, sin duda, revolucionaria, el abolicionista radical Thaddeus Stevens, con quien Lincoln se alió en aquellos fatídicos días de enero de 1865. Algunas de las escenas más dramáticas retratan los debates cruzados de Stevens con el congresista de Nueva York y racista patológico Fernando Wood, líder del ala anti-abolicionista del Congreso.

En otra escena, Stevens presenta a un escéptico Lincoln el programa republicano radical de una prolongada ocupación militar del sur, durante la que los antiguos esclavos alcanzarían plenos derechos políticos, incluido el de ser elegidos a los más altos cargos públicos, y las plantaciones de los antiguos propietarios de esclavos serían confiscadas y repartidas en propiedad a los antiguos esclavos (los famosos “40 acres y una mula”). Todo ello narrado fílmicamente gracias a la excelente interpretación de Daniel Day Lewis (Lincoln) y, más aún, de Tommie Lee Jones (Stevens), con una contribución también importante de Sally Field (Mary Todd Lincoln).

Al mismo tiempo, sin embargo, está presente el lado sórdido de la democracia de EE.UU., en medio de estos cambios revolucionarios, mediante la corrupta política de patronazgo utilizada para obtener los últimos votos para aprobar la enmienda y enviarla a los estados para su ratificación final.

En su conjunto, “Lincoln”, ofrece una perspectiva anti-esclavista y anti-racista de la Guerra Civil de los EE.UU. más consecuente que la habitual en las películas de Hollywood. Evita el típico retrato de Hollywood del Sur como moralmente equivalente, si no superior, al del Norte. En cambio, la película se centra en la esclavitud y el racismo como el tema central de la Guerra Civil, a la vez que muestra a un líder revolucionario como Stevens favorablemente, lo que no es usual. Es más, el fraudulento argumento del Sur sobre los “derechos de los estados” es desenmascarado, mostrando su verdadero contenido: el “derecho” de los blancos a esclavizar a millones de sus semejantes.

Dimensiones económicas y de clase de la abolición

Algunos sectores de la izquierda han criticado la película por no poner de relieve la lucha por la auto-emancipación de los afroamericanos, como por ejemplo en la película de 1989 “Gloria”, que narra la historia de los soldados afro-americanos del 54 regimiento de Massachusetts.

Aunque esas críticas son válidas e importantes, me gustaría centrarme en otros dos temas que no aborda la película, la importancia económica de la esclavitud y su abolición, y el intercambio de correspondencia entre Karl Marx y Abraham Lincoln, que se produjo durante el mismo mes de enero de 1865, en el que se desarrolla la película. Ambos temas podrían fácilmente haber sido incorporados al guión sin alterar el ángulo desde el que la película narra estos trascendentales acontecimientos históricos, el de la confrontación entre élites políticas en lugar de las masas movilizadas. Por supuesto, las primeras influyen en las segundas, y vice-versa, pero intento hacer una crítica inmanente, que aborde la película en sus propios términos y examine algunas de las contradicciones que surgen.

La Proclamación de Emancipación de 1863 y la decimotercera enmienda de 1865 que hizo permanente la medida de guerra de 1863 eran diferentes de las leyes de emancipación promulgadas en otros estados. Por ejemplo, la política de emancipación de EE.UU. prohibía cualquier compensación económica a los anteriores propietarios de esclavos. Se diferenciaba así incluso de la pionera Ley de abolición de la esclavitud británica de 1833, que proveyó grandes sumas de indemnización. En este sentido, fue más parecida a la abolición jacobina de 1794 en Francia, anulada por Napoleón una década más tarde, pero que ayudó a desencadenar la revolución haitiana.

Por otra parte, la esclavitud era más importante para la economía de los EE.UU. que para Gran Bretaña o Francia. Los casi cuatro millones de esclavos en los EE.UU. en 1860 constituían alrededor del 13% de la población, y sufría una forma totalmente deshumanizada de capitalismo que permitía comprar y vender a los seres humanos como esclavos. A un precio promedio de 500 dólares cada uno, la “propiedad” humana de los esclavistas en EE.UU. tenia un valor aproximado de 2 mil millones de dólares, una suma astronómica en la década de 1860. Por lo tanto, la abolición de la esclavitud sin indemnización en los EE.UU. constituyó la mayor expropiación de propiedad privada capitalista hasta la revolución rusa de 1917. Se acabó de un plumazo con toda una clase social, los dueños de las plantaciones del Sur, que desde hacía siglos se habían eregido sobre una inmensa acumulación de riqueza derivada de la producción de azúcar, tabaco, algodón y otras materias primas, así como de la compra y venta de una mercancía más, los propios esclavos.

La abolición también incorporó a millones de trabajadores libres formalmente a la clase obrera de los EE.UU., aumentando la posibilidad de una unidad de clase más allá de divisiones raciales y étnicas, mucho más fácil que cuando el trabajo esclavo coexistía con el trabajo formalmente libre. Aunque sólo una pequeña parte de esa unidad interracial se lograría en la postguerra, y sólo brevemente, su necesidad sigue estando más que nunca en la agenda, en la medida en que hoy la clase obrera de los EE.UU. está integrada cada vez más por personas de color, sobre todo afroamericanos y latinos.

Aunque la película pasa por alto estas realidades económicas y de clase a favor de la dimensión política, no se le escaparon a Karl Marx. En una carta del 29 de noviembre de 1864, apenas unas semanas después de la fundación de la Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores), escribió, “hace tres años y medio, en el momento de la elección de Lincoln, la cuestión era no hacer más concesiones a los propietarios de esclavos, pero ahora la abolición de la esclavitud es el objetivo declarado y en parte ya realizado “, y agregó que “nunca una convulsión tan gigantesca ha tenido lugar tan rápidamente. Tendrá un efecto benéfico en el mundo entero” (Saul Padover, ed, Karl Marx sobre América y la Guerra Civil, New York: McGraw-Hill, 1972, p. 272).

La carta abierta de Marx a Lincoln

Como se mencionó anteriormente, el mes de enero de 1865, cuando Lincoln giró a la izquierda, aliándose con Stevens, fue también el mes en el que Marx y Lincoln tuvieron su intercambio público de cartas. Después de la publicación del “Discurso Inaugural” de la Primera Internacional (escrito por Marx) y sus “Reglas generales” de afiliación, ambos en noviembre de 1864, su siguiente declaración pública fue una carta abierta para felicitar a Lincoln por su victoria aplastante en las elecciones de noviembre de 1864. La carta a Lincoln fue redactado por Marx y también firmada por un gran grupo de activistas obreros y socialistas que incluía a “Karl Marx, secretario de correspondencia para Alemania”.

En ese momento, la embajada de EE.UU. en Londres estaba encabezada por Charles Francis Adams, un abolicionista de Massachusetts, miembro de una de las más ilustres familias políticas de Estados Unidos. Adams conocía sin duda a algunos de los implicados en la Internacional, porque había enviado a su hijo Henry a observar e informar sobre las reuniones que los trabajadores británicos habían organizado desde 1862 para socavar los llamamientos de los políticos británicos y los principales medios de comunicación a intervenir a favor del Sur. En esas reuniones intervinieron muchos de los futuros líderes de la Internacional. Y la presencia del adinerado joven Henry Adams en esas reuniones seguramente le hizo más que visible entre los trabajadores asistentes. Además de recopilar información, la presencia del hijo del embajador también pudo tener como objeto hacer un llamamiento directo a la clase obrera británica sin contar con su gobierno.

En diciembre de 1864, la Internacional propuso que una delegación obrera de 40 miembros entregase la carta y fuese recibida por la Embajada. Si bien el Embajador Adams declinó la propuesta, la carta de la Internacional “Dirigida al presidente Lincoln” fue entregado a la Embajada, y publicada en varios periódicos ligados al movimiento obrero británico. Decía en parte:

“Felicitamos al pueblo americano por su reelección por una amplia mayoría. Si la resistencia al Poder esclavista fue la principal consigna de su primera elección, el triunfante grito de guerra de su reelección es: ¡muerte a la esclavitud!”. (Esta carta, la respuesta de Lincoln, y otros textos relacionados se recogen en Robin Blackburn, Una revolución inconclusa: Karl Marx y Abraham Lincoln, Londres: Verso, 2011)

Y continuaba: “Desde el comienzo de la titánica lucha americana, los obreros de Europa han sentido instintivamente que la bandera de las barras y estrellas porta el destino de su clase”.

Esta frase se refería no sólo a los profundos sentimientos antiesclavistas de las clases trabajadoras británicas de la época, y a las reuniones de masas que habían organizado en apoyo del Norte, incluso cuando los principales políticos y periódicos defendían que si apoyaban una intervención británica para romper el bloqueo de Lincoln de los puertos del Sur, el algodón fluiría de nuevo a través de los mares, y pondría fin al desempleo masivo causado por el bloqueo. La frase sobre el vínculo entre el destino de los EE.UU. y el de las clases trabajadoras de Europa se basaba también en un hecho indiscutible. La clase obrera de Gran Bretaña (y más aún en el Continente) carecía de derecho al voto, entonces censitariamente limitado a los propietarios y veía en los EE.UU. el único experimento importante de democracia política de la época. El resultado fue uno de los mejores ejemplos jamás vistos de internacionalismo proletario.

Como Marx observó durante estas movilizaciones de los trabajadores británicos al principios de la guerra: “El verdadero pueblo de Inglaterra, de Francia, de Alemania, de Europa, considera la causa de los Estados Unidos como su propia causa, la causa de la libertad, y que, a pesar de todos los sofisma pagados, consideran la tierra de los Estados Unidos como tierra libre a disposición de los millones de campesinos sin tierra de Europa, su tierra prometida, que hay que defender ahora espada en mano de las sórdidas garras esclavistas …. Los pueblos de Europa saben que la esclavocracia del Sur comenzó la guerra con la declaración de que la continuación de la esclavocracia ya no era compatible con la continuidad de la Unión. Por lo tanto, los pueblos de Europa saben que la lucha por la supervivencia de la Unión es una lucha contra la continuación de la esclavocracia – que en este contexto, la más alta forma de autogobierno popular conseguido hasta hoy está dando batalla a la mas despreciable y más desvergonzado forma de esclavitud del hombre en los anales de la historia” (Marx, “El Times de Londres y lord Palmerston, New York Tribune, 21 de octubre de 1861).

La carta de Marx a Lincoln en nombre de la Internacional también afirmaba: “Mientras los trabajadores, el verdadero poder político del Norte, permitieron que la esclavitud profanase su propia república, mientras ante el negro, dominado y vendido sin su consentimiento, presumieron de que la mayor prerrogativa del trabajador de piel blanca era venderse y elegir su propio dueño, no fueron capaces de alcanzar la verdadera libertad del trabajo, ni de apoyar a sus hermanos europeos en su lucha por la emancipación, pero esta barrera al progreso ha sido barrida por el mar rojo de la guerra civil”.

La respuesta pública de Lincoln a Marx

El 28 de enero de 1865, para sorpresa y deleite de Marx y de otros miembros de la Internacional, la Embajada de los EE.UU. emitió una respuesta pública del Embajador Adams a la Internacional. En una carta a Engels del 10 de febrero, un satisfecho Marx le hace notar que Lincoln había elegido dirigir su importante respuesta no a los liberales británicos que le adulaban, sino a la clase obrera y a los socialistas: “El hecho de que Lincoln nos contestase con tanta cortesía y que a la “Sociedad por la Emancipación Burguesa” lo hiciera de manera tan brusca y puramente formal indignó al The Daily News de tal manera que no ha impreso la que nos había dirigido … La diferencia entre las respuesta de Lincoln a nosotros y la burguesía ha provocado tal sensación aquí que los “clubs” del West End mueven incrédulos la cabeza. Puede comprender lo gratificante que ha sido para nuestra gente”.

Aunque la respuesta a la Internacional fue firmado por el embajador Adams, dejo muy claro que Lincoln había leído su carta y que Adams estaba hablando en su nombre y no sólo en el suyo: “Me han instruido informarle que el Discurso inaugural del Consejo Central de la Asociación, fue debidamente transmitida a través de esta Legación al Presidente de los Estados Unidos, y este la ha recibido”.

Teniendo en cuenta los acontecimientos de enero 1865 narrados en la película, cuando Lincoln estaba en medio de la recogida de votos para la Decimotercera Enmienda, es aún más notable que se tomase tiempo para redactar semejante respuesta. Y por una confluencia extraña y conmovedora de acontecimientos, la respuesta de Lincoln a la Internacional fuese hecha pública sólo tres días antes de que la Cámara de Representantes de EE.UU. superase los obstáculos de numerosos políticos racistas y votase, el 31 de enero, ratificar la Enmienda y enviarla a los estados para su ratificación final.

La respuesta de Lincoln también se refiere a nivel general a “los amigos de la humanidad y el progreso en todo el mundo” con quienes los EE.UU. contaban, una alusión a la forma en que las asambleas de los trabajadores británicos, que carecían de derecho al voto debido a los requisitos de propiedad, habían sido tan cruciales a la hora de impedir las maniobras británicas para intervenir a favor del Sur durante los primeros años de la guerra. Esta sugerencia es más evidente en la última frase, que afirma que el gobierno de EE.UU. fue capaz de “sacar nuevos ánimos para perseverar gracias al testimonio de los obreros de Europa de que esa actitud nacional se ve favorecida con su aprobación ilustrada y sus ardientes simpatías”. Es difícil recordar otro momento en el que el gobierno de EE.UU. haya agradecido públicamente a la clase obrera internacional su apoyo, y mucho menos a una organización de los trabajadores dirigida por socialistas.

Las revoluciones inconclusas: 1860 y 1960

Este intercambio entre Marx y Lincoln ilustra dramática el hecho de que la Guerra Civil fue una segunda revolución americana, mucho más radical que la primera, en 1776. Fue sin duda una revolución burguesa y no socialista, pero la defensa de su ala izquierda -sin éxito finalmente– de la necesidad de una transformación fundamental de la propiedad de la tierra en el Sur apuntaba a algo aun más radical. Este carácter inconcluso de la revolución, que se detuvo en la emancipación política de los antiguos esclavos, y que luego, después de 1876, incluso en gran parte quedó sin validez, es algo que todavía pesa sobre los Estados Unidos de América hasta nuestros días.

En un inquietante paralelismo, la revolución por los derechos civiles de las décadas de 1950 y 1960, que finalmente consiguieron sobre una base más permanente lo que se había establecido muy brevemente mediante las leyes y las enmiendas constitucionales de las décadas de 1860 y 1870, también se vio obligada por las circunstancias a parar antes de la emancipación política. Ello nos deja hoy con el resultado paradójico de que los EE.UU. tiene su primer presidente afro-americano, cuando al mismo tiempo más hombres y mujeres afroamericanos que nunca en su historia se consumen casi olvidados en el mundo deshumanizado de las prisiones y cárceles de Estados Unidos.

Y la película “Lincoln”, que no trata de estos temas tampoco, está en muchos aspectos también sin terminar. Incluso en sus propios términos, viendo la historia desde un ángulo que destaca los acontecimientos protagonizados por la élite política en vez de por las masas que les presionaban, no lleva hasta el final sus propias implicaciones más radicales, como por ejemplo en su retrato del programa republicano radical de Stevens. Pero es un signo de los tiempos, de las transformaciones profundas de la sociedad y la cultura de Estados Unidos, que una película comercial de Hollywood revele incluso una parte de esta página de la historia revolucionaria, que, como señaló Marx, tuvo efectos “en todo el mundo”.


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Mensaje por pedrocasca el Lun Feb 18, 2013 10:23 am

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Mensaje por MarxistaDominicano el Lun Feb 18, 2013 10:33 pm

Hola Pedro, muchas gracias por esa aclaracion sobre citar los textos. Voy a tenerlo en cuenta, para la proxima vez no cometer el error de responder atraves de la opcion "citar", si no se esta debatiendo completamente ese tema especifico.

Gracias

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Mensaje por ajuan el Lun Ene 26, 2015 8:46 pm

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