El pacto de Hitler y Trotsky - Luis Urrutia

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Mensaje por Platon el Miér Dic 05, 2012 1:22 pm

El pacto de Hitler y Trotsky

Este estudio es un análisis pormenorizado de la alianza táctica, para destruir la Unión Soviética. Los hechos y las pruebas son tan abrumadoras que los medios de comunicación capitalistas que defienden la dictadura de la burguesía, han ocultado sistemáticamente a los trabajadores.

Por Luis Urrutia.

La memoria de los Procesos de Moscú son un elemento esencial de la superestructura de nuestra época. A través de estos Procesos, por su contenido y por el momento en que se realizaron, se define el móvil de la mayor represión acaecida en el primer país socialista:

¿Fue el modo de acallar disidencias a un poder dictatorial? ¿O fue la obligada defensa a una amenaza que provenía nada menos que de la Alemania nazi?

El 90% de las penas capitales dictadas en toda la existencia del estado soviético, lo fue en las circunstancias que dieron lugar a esos célebres juicios. Sin conocerlos es imposible entender la historia de la URSS y esta imposibilidad, a su vez, afecta gravemente toda comprensión de la experiencia socialista, la historia en general y, por lo tanto, la sociedad misma.

Mientras el socialismo estuvo en ascenso, estos juicios gozaron de respetabilidad como acto de justicia, no sólo entre los comunistas, sino entre la opinión democrática y progresista del mundo. Luego, esa reputación fue progresivamente desbaratada desde la propia URSS con sucesivas rehabilitaciones de los condenados. Se trató del período de la esclerosis burocrática. Finalmente, un fallo de la Corte Suprema de la URSS virtualmente consideró nulas todas las condenas.

Eran los tiempos de la Perestroika, los prolegómenos del retorno al capitalismo.

Sin embargo, no fue éste el final de la historia. La publicidad de archivos de los servicios secretos soviéticos, que se anunció como la refutación definitiva de los Procesos de Moscú, en la letra chica de sus contenidos no hizo más que ratificarlos y aún ampliar sus denuncias. Mientras tanto, Stalin se consolidó largamente como la figura histórica preferida de los rusos, en tanto que sus detractores -Trotsky, Jruschov o Gorbachov- han desaparecido de cualquier encuesta de valoración positiva. El trotskismo en Rusia se reduce a algunas decenas de personas, en su mayoría extranjeros. El retrato de Stalin acompaña las pancartas de las movilizaciones comunistas, así como sus campañas electorales.

Toda esta reversión del proceso de "desestalinización”culmina en una expresión orgánica:

El 21 de julio de 2001, el XXXII Congreso Extraordinario del UPC-PCUS, que reúne al Partido Comunista de la Federación Rusa y el grueso de los partidos y organizaciones del movimiento comunista en Rusia, rechazó el célebre informe “Sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias”del XX Congreso del PCUS, así como la decisión del XXII Congreso de remover del mausoleo de Lenin los restos de Stalin.
¡21 de julio de 2001!

¿Por qué nadie ha informado de esto en la Argentina?
Lo que sigue es un aporte severamente documentado, a los fines de establecer objetivamente lo que fueron los Procesos de Moscú.

Parte I


El pacto de Hitler y Trotsky  - Luis Urrutia Lt2
León Trotsky

La supervivencia del trotskismo dependió y depende del sostén social de una premisa desesperada: que las decenas de confesiones de los Procesos de Moscú (1936, 1937 y 1938), protagonizadas muchas de ellas por primeras figuras del bolchevismo, fueron falsas y producto de la tortura.

El proceso al trotskismo tenía curso en enero de 1937 y había arrojado al mundo la curiosa y terrible nueva: Trotsky había pactado con Rudolf Hess, el ministro sin cartera de Hitler, el apoyo nazi para un golpe de estado. El nuevo gobierno consentiría la cesión de Ucrania y la URSS, territorialmente mutilada, sería puesta al servicio del expansionismo alemán como fuente de materias primas. Los golpistas se componían de una alianza de derechistas (Bujarin), trotskistas y militares, pero esto se precisó un año más tarde en el Proceso al bloque derechista-trotskista.

Frente a esto, nazis y trotskistas, con calcada virulencia en el lenguaje, se manifestaron simultánea y coincidentemente. No se trataba de impugnar algún testigo o alguna prueba clave. Frente a la avalancha probatoria que mostraban los juicios, sólo cabía la impugnación entera del procedimiento judicial, presentándolo como el armado de una gran farsa.

Así, un cable desde Berlín para el New York Times del 30/1/37, cita un discurso del " Coronel General Hermann Goering, como Presidente del Reichstag," atacando las "acusaciones de que Alemania está complotando con León Trotski".

“Yo puedo mostrar”, dijo, “con un ejemplo, cuán estúpidas y absurdas son estas mentiras. En los juicios de Moscú, para los cuales los periódicos del mundo entero pueden encontrar solamente la expresión “juicios teatrales,” cuando es aseverado que un Ministro responsable del Reich negoció con Trotski, no solamente nosotros, sino el mundo entero se ríe.”

Otro cable, de Asociated Press, del mismo día, el 30/1/37, publicado por el New York Times, reporta declaraciones todavía más descalificantes, si cabe, provenientes de Trotsky, desde Méjico: “Los acusados no existen como personalidades...Ellos fueron triturados antes del juicio…Ante los ojos del mundo entero ellos se arrojaron bajo el carro de guerra de una terrible divinidad, pero a diferencia de los devotos hindúes, ellos no lo hicieron así voluntariamente, en un exceso de fanatismo, o en éxtasis religioso, sino a través de una acción a sangre fría para disminuirlos, bajo un garrote que los condujo a un estado de impasse.”

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Paul Joseph Goebbels

La prensa alemana, bajo el control del Ministro de Propaganda Paul Joseph Goebbels, ya se había expresado antes que Goering, según se resume en un radiograma desde Berlín para el New York Times del 25/1/37:

“Voceros oficiales germanos, tanto como los periódicos, ridiculizan los cargos de la fiscalía soviética, según los cuales trotskistas han supuestamente conspirado con Rudolf Hess, Canciller de Hitler y su primer lugarteniente. Estas acusaciones son calificadas como “descaradas e idióticas” y al desarrollar la refutación, avanzan para establecer que León Trotski y nueve de los acusados en Moscú son judíos.”

En el New York Times del 21 de enero de 1937, se puede leer, aún antes de iniciarse las audiencias:

iniciarse las audiencias:

Trotsky ve en el juicio una caza de brujas

Planea comentar diariamente la información sobre las audiencias

Cable especial para el New York Times

Méjico DF 20 de enero de 1937


León Trotsky, el ex-lider Bolchevique exiliado, calificó hoy el juicio de los diecisiete presuntos trotskistas, previsto para mañana sábado en Moscú, como una nueva trampa de José Stalin, asegurando que los cuatro principales acusados fueron todos traidores políticos que abandonaron la causa del Sr. Trotsky por la de Stalin durante 1928.
El Sr. Trotsky anunció su intención de hacer diariamente su comentario durante todo el juicio.

El que fuera co-líder de la revolución soviética asemejó el juicio a la caza de brujas de la inquisición medieval en el cual las confesiones fueron impuestas a las víctimas por la tortura.

Él afirma que solamente traidores han podido ser presentados en Moscú, en lugar de los genuinos trotskistas, y aquí remarcó: en las prisiones hay cientos de verdaderos trotskistas.

Mencionando a los cuatro principales acusados –Karl Radek, Gregorio Piatakoff, Gregorio Sokolnikoff, ex embajador soviético en Londres, y L. Serebyakoff, ex Comisario Asistente para Comunicaciones- el Sr. Trotsky citó su larga historia como líderes de la revolución soviética y entonces subrayó:

“El buró político (comunista) entero y casi el comité central entero del heroico período de la revolución, excepto por Stalin, es proclamado agente de la restauración del capitalismo. ¿Quién creerá esto?”

Comentarios:

1) Sobre esta información preliminar, el lector verificará rápidamente, en nuestras reproducciones del New York Times, que mintió el líder nazi Goering cuando afirmó que “los periódicos del mundo entero pueden encontrar solamente la expresión “juicios teatrales” para los Procesos de Moscú". Este tipo de comentario provenía del fascismo, no de la opinión democrática. En la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, en Buenos Aires, puede encontrarse información del diario Crítica sobre estos procesos, en tono objetivo, sin comentarios despectivos acerca de sus conclusiones.

2) La aseveración de Trotsky respecto a que la dignidad de “casi el comité central entero del heroico período de la revolución” había sido aniquilada por la tortura del régimen, lleva a la insalvable paradoja de que la Revolución de Octubre estuvo liderada por dos sectores: uno, el de los asesinos y torturadores y otro, el de los quebrados. ¿Acaso fue aquélla una épica sin héroes? ¿Es posible que a la inteligencia de Trotsky no saltara a la vista este contrasentido? ¿Por qué incurrió en él? La observación atenta de los juicios mostrará palpablemente que todo esto es falso, reconstruyendo, aún en las propias confesiones de los inculpados, los caracteres de personalidades descollantes, acordes con la envergadura de ese suceso revolucionario. Naturalmente, para Trotsky todo esto fue una vivencia directa. ¿Por qué la desmintió?

3) Sugerimos tomar nota de la fecha, 20 de enero de 1937, y lo dicho por Trotsky ese día, esto es, bien entrada la década del 30, en tono acusatorio y no, por supuesto, en defensa de Stalin: " en las prisiones hay cientos de verdaderos trotskistas". A doce años de la muerte de Lenin, o lo que es lo mismo, de gobierno "stalinista": "cientos" de trotskistas presos. ¿Cómo se pudo llegar a los millones de trotskistas que, como algunos alcanzan a decir sin encender polémica, Stalin habría asesinado para consolidar su poder?
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Mensaje por Platon el Miér Dic 05, 2012 1:36 pm

Parte II

Es comprensible que, para el observador poco avisado, cueste admitir que el “izquierdista” Trotsky acuerde secretamente con Rudolf Hess una virtual alianza que involucra horripilancias como realizar espionaje a favor del nazismo.

Y, precisamente, el clima de la refutación que Trotsky ensaya de los Procesos de Moscú se crea en lo fundamental con argumentos de este género:

¿Cómo revolucionarios como Trotsky, Bujarin, Piatakov, Rykov, etc. podrían haber pactado con Hitler?
¿Cómo creer semejante cosa si el que lo afirma es Stalin?

Sin embargo, ateniéndonos a un pensamiento riguroso, encontramos que el recurso de Trotsky contiene una falacia esencial: un pacto es un acto de táctica política, dictado por conveniencias mutuas de coyuntura, que no necesita de afinidades ideológicas entre los pactantes. El pacto Molotov-Ribbentrop no volvió nazi a Stalin, ni comunista a Hitler. Además, los Procesos de Moscú son bastante más que las acusaciones (¿“stalinistas”?) del fiscal: son las convincentes confesiones de destacados dirigentes de algo tan frecuente en política como es una traición en masa de un determinado sector o tendencia, en circunstancias de cambios históricos trascendentes.

Pero un acuerdo secreto entre un Hitler bien nazi y un Trotsky igualmente trotskista, no sólo diluye su apariencia sorprendente, sino que se vuelve verdaderamente probable, en cuanto se observa que Trotsky, ya no en las sombras de una conspiración, sino en su actitud pública, a la vista del mundo entero, se comportaba como un izquierdista aliado objetivo del nazismo. Trotsky, como político experto, debió ser consciente de ello. Desde este punto de vista, los Procesos de Moscú son también perfectamente creíbles porque denuncian hechos que serían apenas un capítulo de una general actitud traidora de Trotsky que, por no ser secreta, es directamente comprobable.

Claro que, para apreciar esto, es menester distinguir entre la fraseología izquierdista de Trotsky y su significado concreto, práctico, en el contexto que se formula: año 1937, en plena guerra civil española, con la intervención del fascismo alemán e italiano, la agresión japonesa a China y los prolegómenos de la guerra mundial y de la invasión nazi a la Unión Soviética.

Las citas que siguen en apoyo de lo dicho, provienen todas del Tomo V de las obras de Trotsky, publicadas por el propio trotskismo. En cada cita se señala el número de página con la que puede ser hallada en

http://es.scribd.com/doc/32478636/Trotsky-Escritos-Tomo-V

En orden a la brevedad, se seleccionan algunas citas representativas. Otras se acumulan al pie de este trabajo, como apéndice.

Trotsky borra las diferencias entre el fascismo y el antifascismo

La crucial necesidad de frenar al fascismo en el orden mundial obligaba, elementalmente, a inculcar en la opinión pública una apreciación de los valores democráticos y el consecuente señalamiento del fascismo como su negación inmediata. El empeño de Trotsky estaba puesto exactamente en lo contrario.

¿Cómo “aportaba” Trotsky a que la opinión diferenciara entre el fascismo y el antifascismo, distinguiera y valorara a las naciones y a las fuerzas que efectivamente, en el mundo, en mayor o menor medida, con mayor o menor consecuencia, podían constituirse en obstáculo del fascismo?

Frases como éstas lo ilustran:

Sobre el antifascismo:
“El “antifascismo” es una fórmula muy útil para la cháchara de sus excelencias los diputados, profesores, periodistas y charlatanes de salón. La fórmula desnuda del “antifascismo” no tiene ningún significado concreto para los obreros, desocupados, campesinos pobres, farmers arruinados, pequeños comerciantes en bancarrota, vale decir, la abrumadora mayoría de la población.” (p.254)

“…la democracia es la forma más aristocrática de gobierno. Solamente aquellos países del mundo que tienen esclavos son capaces de conservar la democracia, como Gran Bretaña, donde cada ciudadano tiene nueve esclavos; Francia, donde cada ciudadano tiene esclavo y medio, y Estados Unidos. No puedo calcular sus esclavos, pero es casi todo el mundo, comenzando por Latinoamérica. Los países más pobres como Italia renunciaron a su democracia.” (p.502)

Sobre el respeto a la legalidad internacional:
“Evidentemente, Francia, Inglaterra, o Rusia tenían bases “legales” para ayudar al gobierno legal de España, mucho mayores que las de Mussolini o Hitler para ayudar a un general insurrecto. Pero, como dijimos antes, la política de las grandes potencias no se basa en lo más mínimo en principios jurídicos o morales.” (p. 252)

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Romain Rolland

Sobre los movimientos y personalidades pacifistas y progresistas:
“Hasta no hace mucho tiempo, los pacifistas de todo los colores creían, o fingían creer, que se podría impedir una nueva guerra con ayuda de la Liga de las Naciones, congresos aparatosos, referéndums y otros despliegues teatrales, la mayoría de los cuales fueron financiados con dinero de la URSS. ¿Qué ha sido de esas ilusiones?” (p.236)


“Es preciso abrir los ojos de la opinión pública al hecho de que la propaganda melosa y falsa de mucho filósofos, moralistas, estetas, artistas, pacifistas, y “dirigentes” laborales, en defensa del Kremlin, bajo el pretexto de “defensa de la Unión Soviética”, es pagada generosamente con el oro de Moscú. Debemos cubrir estos caballeros con la infamia que han ganado tan copiosamente. (p.334)

El pacto de Hitler y Trotsky  - Luis Urrutia Imgres
Henry Barbusse

"Escritores con la reputación de Romain Rolland, el difunto Barbusse, Malraux, Heinrich Mann o Feucht-wanger, son en realidad pensionistas de la GPU, la cual paga generosamente los servicios “morales” de estos amigos, a través de la Editorial del Estado.” (p. 333)

Sobre los países en oposición al bloque fascista de Alemania, Italia y Japón:
“Para justificar su política militarista y chovinista, las internacionales Segunda y Tercera difunden la idea de que la nueva guerra tendrá por misión defender la libertad y la cultura - representadas por los países “pacíficos”, encabezados por las grandes democracias del Nuevo y del Viejo Mundo- frente a los agresores fascistas: Alemania, Italia, Austria, Hungría, Polonia y Japón. Esta clasificación resulta dudosa, inclusive desde un punto de vista puramente formal. El estado yugoslavo no es menos “fascista” que el húngaro, Rumania no se encuentra más cerca de la democracia que Polonia. La dictadura militar impera no sólo en Japón, sino también en China. El sistema político de Stalin se aproxima cada vez más al de Hitler. En Francia, el fascismo está barriendo a la democracia cuando la guerra todavía no se ha declarado. Los gobiernos del “Frente Popular” hacen todo lo posible por facilitar la transición. Como vemos, ¡en el sistema mundial imperante no resulta fácil separar a los lobos de los corderos!”(p.237)

El pacto de Hitler y Trotsky  - Luis Urrutia FileGeorgi_Dimitrov
Jorge Dimitrov

Sobre los frentes populares antifascistas:
“…la política del llamado Frente Popular fluye totalmente de la negación de las leyes de la lucha de clases.” (p.416)


“En suma, el Frente Popular es un frente político de la burguesía y el proletariado. Cuando dos fuerzas tienden en direcciones opuestas, la diagonal del paralelogramo se aproxima a cero. Esta es exactamente la fórmula gráfica de un gobierno del Frente Popular.” (p. 389)


“La responsabilidad por el ascenso de Hitler recae sobre un nombre: Comintern.” (pag 607)

¿Cómo “contribuía” Trotsky a que la opinión pública viera a la República Española con ojos distintos al franquismo, a discernir allí entre democracia y fascismo?

Con expresiones de este tipo:

“Pero aun suponiendo que Negrín lograra la victoria sobre Franco, el resultado de una victoria puramente militar sería la instauración de una nueva dictadura militar que no sería muy distinta de la dictadura de Franco…”

“…Si la guerra civil en su forma actual se prolonga por un periodo largo ante la creciente indiferencia de las masas nacionales, la culminación podría ser la desmoralización de los dos bandos y un acuerdo entre generales con el fin de instaurar una dictadura militar conjunta.” (p.252)


¿Cómo “ayudaba” Trotsky a que la opinión pública viera a la Unión Soviética con ojos distintos a la Alemania Nazi?

Con frases como éstas:


“Es difícil encontrar en la historia un caso de reacción no teñido de antisemitismo. Esta peculiar ley histórica se corrobora hoy día completamente en la Unión Soviética.” (p. 402)


“La historia no conoce crímenes más horribles, tanto por su intención como por su ejecución, que los procesos de Moscú de Zinoviev-Kamenev y Piatakov-Radek.” (p.108)


“¿Cuándo y en qué lugar la personalidad del hombre se ha degradado tanto como en la URSS?” (p. 200)

“La época en que el imperialismo mundial sometió a la Unión Soviética a un asedio pertenece al pasado. El bloqueo actual es organizado por la misma burocracia soviética. De la revolución, tal como la entiende, solamente ha conservado el culto a la violencia policíaca. Cree que con la ayuda de perros policías se puede cambiar el curso de la historia. Lucha por su existencia con una furia conservadora que no ha sido demostrada por ninguna clase dirigente en toda la historia. Por este camino llegó en corto tiempo a cometer crímenes como no los ha cometido el fascismo.” (p.498)

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¿Cuál es la respuesta que Trotsky propone ante el avance fascista?

¡El derrotismo!

Por eso propone ¡negarle financiación al Ejército Republicano Español!


“En el Socialist Appeal del 1° de noviembre de 1936, en la primera página, en el editorial, encuentro la frase siguiente: “Los obreros revolucionarios deben proseguir su agitación para conseguir armas para los obreros y campesinos españoles, no para el gobierno democrático burgués español.”

“Esto fue escrito en la época de Largo Caballero, antes de la sangrienta represión de los obreros revolucionarios. Siendo así, ¿cómo pudimos votar (los trotskistas españoles) a favor del presupuesto militar para el gobierno de Negrin? (p.285)

“…Llevar la lucha de clases a su forma más alta -la guerra civil- es la tarea del derrotismo. Pero esta tarea sólo puede ser resuelta por medio de la movilización revolucionaria de las masas, es decir, ampliando, profundizando y agudizando aquellos métodos revolucionarios que constituyen el contenido de la lucha de clases en "tiempos de paz"…

“…El derrotismo revolucionario sólo significa que en la lucha de clases el partido proletario no se detiene ante ninguna consideración "patriótica", porque la derrota de su propio gobierno imperialista, provocada o acelerada por el movimiento de masas revolucionario, es un mal incomparablemente menor que la victoria lograda al precio de la unidad nacional, es decir, por la postración política del proletariado. Allí radica el significado completo del derrotismo y este significado es totalmente suficiente.” (p. 535)

“Imaginémonos que en Checoslovaquia tenemos una política revolucionaria y que ésta conduce a la conquista del poder. Sería cientos de veces más peligroso para Hitler que el apoyo patriótico de Checoslovaquia. Es por esto que resulta absolutamente obligatorio que nuestros camaradas sigan una política derrotista.” (p.548)

Todas estas manifestaciones públicas de Trotsky, en que fascismo y antifascismo, Hitler y Stalin, se vuelven variaciones de opresión indiferentes para los pueblos, revelan que no existía ninguna incompatibilidad principista en su pensamiento que pudiera impedirle, ideológicamente, concertar una alianza con Hitler con el fin de derribar a Stalin.

Pero ¿hacer espionaje para los nazis? ¿podría rebajarse a tanto?

A la luz de su pública promoción de la delación, Trotsky se muestra perfectamente capaz de eso:


“Es preciso establecer definitivamente y publicar los nombres de todos los stalinistas extranjeros que tuvieron o tienen cualquier cargo militar, policial o administrativo en España. Todos estos individuos son agentes de la GPU, implicados en los crímenes cometidos en ese país.” (p.334)

“Tenemos que publicar literatura apropiada y recoger fondos para su publicación. En cada país debería ser publicado un libro revelando completamente la sección respectiva de la Comintern.” (p.334)

APENDICE
Sobre los países en oposición al bloque fascista de Alemania, Italia y Japón:


“La política internacional de Stalin, basada en la opresión al pueblo de la URSS, coincide o busca coincidir en todo con las políticas de las democracias imperialistas. Stalin mira hacia un acercamiento con los actuales gobiernos de Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos. Con este fin, ha transformado las secciones correspondientes de la Comintern en partidos social imperialistas.” (p.593)

Por consideraciones de carácter político interno o diplomático, León Blum, León Jouhaux, Vandervelde, y sus compañeros de otros países, han organizado en el sentido exacto de la palabra, una conspiración de silencio alrededor de los crímenes de la burocracia stalinista en la Unión Soviética y en el resto del mundo. Negrín y Prieto, son cómplices directos de la GPU. ¡Hacen todo esto bajo el pretexto de defender la “democracia”! (p. 333)

“Podemos partir de la afirmación de que, en todo caso, el futuro conflicto militar no se producirá entre las naciones “democráticas” y las fascistas. En la actualidad podría parecer que no es así: de un lado tenemos a Italia, Alemania, Japón y Polonia. (Es absolutamente erróneo decir que Japón es fascista, pero, por el momento, podemos aceptar esta caracterización vulgar que hace Moscú.) En el otro bando están Inglaterra, Francia, la Unión Soviética. No sé si este último es un país “democrático”, pero podemos aceptar esta caracterización en aras de la simplificación. Estados Unidos colabora con esta combinación.” (p.292)

“Creo que la derrota de España que ahora se aproxima -la deserción del gobierno ocurrirá en las próximas semanas-, producirá la más grande impresión, que se dirigirá directamente contra los stalinistas. Después de la derrota, las partes comprometidas se acusarán unas a otras. El odio de los socialistas en España es terrible. Luego regresarán los voluntarios y tendremos cientos de Beattys porque la guerra civil es una gran escuela. Además el Frente Popular en Francia es un fracaso total. Hoy los informes muestran que el mercado de la bolsa norteamericana está de nuevo nervioso, ha caído. Estas son las últimas convulsiones de la política del New Deal con todas sus ilusiones. Estos tres factores -la derrota en España, la derrota del Frente Popular en Francia y, con vuestro permiso, la bancarrota del New Deal- significan un golpe mortal para los demócratas. Naturalmente que también depende de nuestra actividad.” (p.518)

¿Cómo “contribuía” Trotsky a que la opinión pública viera a la República Española con ojos distintos al franquismo, a discernir allí entre democracia y fascismo?

“La GPU es el verdadero gobierno de la llamada España Republicana. Tanto el ejército como la policía del gobierno de Valencia están en sus manos.”

Ante tal declaración, preguntan a Trotsky si la GPU ejerce su influencia por intermedio de alguna agencia española que colabora con Moscú.

“No - exclama Trotsky enfáticamente - es la verdadera GPU, la rusa, actuando bajo las órdenes directas de Stalin. (p 318)

“En España, donde el llamado gobierno republicano, sirve como escudo legal a las bandas criminales de Stalin, la GPU encontró el campo más favorable para realizar las instrucciones del plenum de abril.” (p. 331)


“La democracia ideada por la burguesía no es, como pensaron Bernstein y Kautsky, un saco vacío que se puede llenar indiferentemente con cualquier clase de contenido. La democracia burguesa puede servir solamente a la burguesía. Un gobierno del “Frente Popular”, ya sea encabezado por Blum o Chautemps, Caballero o Negrín,
es solamente “un comité para el manejo de los negocios comunes de toda la burguesía”. Siempre que este “comité” maneja mal los negocios, la burguesía lo expulsa de una patada.” (p.324)

“…sostuve que no había esperanzas de una verdadera victoria militar de los llamados republicanos, porque tienen el mismo programa que Franco. Un campesino español ve las grandes propiedades terratenientes y se pregunta: ¿Por qué debo luchar por la democracia? Vio la democracia en el pasado, pero en la Guerra Civil no existe democracia. Existe una fuerte censura militar y los obreros o los campesinos no ven ninguna diferencia. Para ambos bandos es un régimen militar. Por eso los campesinos y los obreros se han vuelto indiferentes a la Guerra Civil. Yo no voy a ser indiferente; estoy por la victoria del ejército republicano, pero mi opinión no tiene importancia. La victoria estará determinada por los sentimientos de millones de trabajadores pobres y oprimidos de que ésta es la revolución, y yo afirmo que los republicanos hicieron todo lo posible por garantizar su propia derrota.”

(AunqueTrotsky pareciera, por momentos, hablar de la República como si ya no existiera, esto está dicho el 27 de julio de 1937, p. 228)

¿Cómo “ayudaba” Trotsky a que la opinión pública viera a la Unión Soviética con ojos distintos a la Alemania Nazi?


De una entrevista concedida al Jewish Daily Forward, el 18 de enero de 1937: “…el proceso de Moscú es el fraude judicial más grande de toda la historia política mundial. Otros juicios que han pasado a la historia, tales como el de Beilis en Rusia zarista, el de Dreyfus en Francia y el del incendio del Reichstag en Alemania son un juego de niños al lado del proceso de los dieciséis…”

“…En 1927, Stalin ya escribía en los documentos oficiales -en tono sumamente discreto, pero con intenciones claras- que la mayoría de los militantes de la Oposición eran judíos. Decía: no lucharnos contra Trotsky, Zinoviev, Kamenev y los demás porque son judíos sino porque militan en la Oposición. La intención es, evidentemente, señalar que los dirigentes de la Oposición son judíos… “Stalin es el organizador de los crímenes políticos más grandes de la historia universal.” (p.83)

Los experimentos electorales totalitarios atestiguan solamente que, una vez que todos los partidos han sido aplastados, incluyendo el propio, que los sindicatos han sido estrangulados, que la prensa, la radio y el cine han sido subordinados a la Gestapo o a la GPU, si pan y trabajo se dan solamente a los dóciles o los silenciosos, mientras un revólver se coloca en la sien de todo sufragante, entonces es posible alcanzar elecciones“unánimes”. (p.403)

"Hitler combate la alianza franco-soviética, no por hostilidad principista hacia el comunismo (¡ninguna persona seria cree ya en el papel revolucionario de Stalin!) 235

¿Cuál es la respuesta que Trotsky propone ante el avance fascista?

¡El derrotismo!


“Si usted no quiere apoyar a los gobiernos aliados de la Unión Soviética, usted es prácticamente un derrotista.”… Contesté aclarando que desarrollamos nuestra política no a través de los gobiernos, sino a través de las masas y mientras continuamos en oposición irreconciliable hacia los gobiernos burgueses aliados de la Unión Soviética, como Francia; en la aplicación práctica de nuestra línea general, hacemos todo - todo lo posible - por proteger los intereses de la defensa de la Unión Soviética, o China, etcétera.” (p.397)

Fuente; Amistad Hispano-Soviética

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Mensaje por Stanis12 el Jue Dic 06, 2012 1:31 pm

Coincido plenamente en los ánalisis sobre la Guerra Civil y las posturas Troskistas en ella. El resto parece interesante pero no estoy muy versado para opinar. De todas formas gran aporte Camarada Platon.

Un saludo
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Mensaje por Platon el Miér Dic 19, 2012 7:22 pm

Parte III

La confesión de Piatakov


Publicado en la Prensa de los años 30:

La expresión “Juicios teatrales”, para referirse a los Procesos de Moscú, proviene del nazismo. Su vergonzante origen no impidió que se consagrara hoy mediáticamente en todo Occidente, sin ninguna discusión.

El prestigio inapelable conferido a esta “letra de molde”, desnudaría su artificio si, a la vista de la opinión, apareciera la cobertura viva que la prensa no fascista brindaba de los juicios, en el instante en que tenían lugar, reflejando un tremendo dramatismo que no cabría tras la banal etiqueta de “show”.

La noticia, dada por el New York Times:

Complot en combinación con el Reich y Japón fueron confesados en el juicio soviético.

Trotsky planeaba provocar la guerra, voltear el régimen y crear dos regiones de poder, dijo la acusación. La totalidad de los diecisiete admitieron toda su culpabilidad.

El pacto de Hitler y Trotsky  - Luis Urrutia Imagen+1
("Cable especial para el New York Times"
Por Walter Duranty
)

Moscu, 23 de enero de 1937.- Con una clara y descolorida voz, tan precisa y desapasionada como la de un profesor dictando su clase, Gregorio Piatakov, ex Comisario Asistente de la industria pesada, liquidó su vida y la vida de sus dieciseis compañeros acusados, tan pronto comenzara su enjuiciamiento como conspiradores contra el régimen soviético.

Lució como un profesor, con su ancha frente de erudito, anteojos de armazón negro, barba corta y rojiza y cabello ondulado hacia atrás, todo salpicado por el gris de las canas. Pero lo que expuso fue un relato negro de traición, en acto y en intención.

Aquí, por cinco largas horas, no existió la histérica confesión de un fanático desesperado, pero sí un pormenorizado relato de acción conspirativa, poco menos terrible y más convincente que la acusación, cuya lectura ocupó la primera hora de esta sesión de apertura del juicio.

Muy breve y sumariamente, la acusación enunció cinco cargos: un intento de derribar el gobierno soviético y restaurar el capitalismo, un pacto con estados extranjeros enemigos –Alemania y Japón- para provocar la guerra, invasión y apoderamiento de territorio soviético, espionaje, sabotaje y el intento de cometer actos de terrorismo, incluídos el asesinato de líderes soviéticos.

Todos los acusados se declararon culpables de los cinco cargos de la acusación, cualquiera de los cuales sería suficiente en este país para fusilar siete, setenta o setecientas veces a los diecisiete conspiradores.

Solamente el sabotaje y el espionaje fueron hechos consumados, pero Piatakov dejó en claro que la voluntad por todo lo demás estaba presente, aunque su realización fue imposible. Todo esto, dijo, fue por órdenes directas de León Trotsky, y su exposición llegó al climax con la descripción de una visita secreta suya a Trotsky en Oslo, Noruega, en diciembre de 1935.

En este punto, la audiencia entera de 500 personas –diplomáticos extranjeros, reporteros y altos funcionarios rusos, con muchos oficiales uniformados pero pocas mujeres- se inclinó hacia adelante con concentrada atención.

El juicio se desarrolló en un pequeño hall del ex Club de Nobles, un largo salón bajo, con paredes de verde claro, rematado en un friso blanco como una calza de madera china. Es la primera vez en cualquier juicio al que este cronista haya asistido aquí, que el estrado de los jueces estuvo decorado en verde en lugar de rojo. El presidente del tribunal, Vassili M. Ulrich y sus dos colegas estaban uniformados, porque ésta es una suprema corte marcial, contra cuya decisión no existe apelación, y cada media hora, guardias de alta estatura, de uniforme caqui con sus bayonetas inmóviles y cascos con visera de lana azul oscuro se encuadraban en postura rígida como de estatuas al lado de la barra que rodeaba el escenario, donde los acusados estaban ubicados escuchando las palabras que significaban su muerte segura.

Piatakov estaba contando ahora que se había entrevistado con un emisario trotskista, a través del corresponsal del periódico Izvestia en Berlín, Bukhartsef, quien luego testificó en confirmación de esto y dió el nombre del emisario, al que identificó como Gustav Stimmer.

A la mañana siguiente, continuó Piatakov, se fué temprano al aeropuerto de Tempelhof, donde el emisario se encontró con él y le dió un pasaporte alemán, a nombre supuesto, con una visa noruega y a las tres en punto de la tarde se ubicó velozmente en un avión, en el cual él era el único pasajero, hasta el aeropuero de Oslo, desde donde raudamente se dirigió en auto hasta la residencia de Trotsky.

“¿Cómo fué arreglado todo esto?”, preguntó el fiscal Andrei Vishinsky.

Piatakov se encogió de hombros, pero Bukhartsef, quien también está bajo arresto y que ha admitido haber sido parte de la conspiración, señaló insipidamente sobre la misma cuestión: “Stimer conocía la gente capaz de arreglar las cosas para encausar esto”.

Aparece en escena el nombre de Hess

La entrevista, que se extendió por dos horas, fue asombrosa, a menos que Piatakov hubiera mentido, porque Trotsky, de acuerdo con Piatakov, comenzó por decir que se había reunido y realizado un pacto con Rudolf Hess, ministro alemán sin cartera y uno de los cancilleres de Adolfo Hitler, jefe de sus partidarios, quién garantizó el apoyo alemán al grupo zinovietista-trotskista.

Gregorio Zinoviev, León Kamenev y otros catorce fueron ejecutados el pasado agosto, como consecuencia de haberse declarado culpables de los cargos de conspiración para matar a José Stalin y derribar el régimen soviético.

En compensación, testificó Piatakov, los trotskistas, siempre y cuando ellos hubieran obtenido el poder, entregarían a Alemania la Ucrania –no quizá en forma absoluta , pero sí bajo la forma de un gobierno burgués semiautónomo, al estilo del de Hetman Skoropadsky en 1918- y todas las facilidades para las inversiones de capital germano en Rusia y para su acceso al oro, hierro, petroleo, carbón y manganeso y al mercado de demanda ruso, en resumen, una virtual alianza entre Hitler y Trotsky.

Además, de acuerdo con Piatakov, Trotsky dijo:

"Cuando la guerra comience –y esto, desde luego, es inevitable- nosotros debemos hacer lo máximo posible para coordinar nuestro esfuerzo con Alemania y quizá Japón para el sabotaje y la acción terrorista de todo tipo.

“Nosotros debemos hacer esto incluso ahora, en el interregno, pues es el único camino para derribar el gobierno estalinista (aquí Piatakov hizo una pausa para explicar que Trotsky nunca se refirió al gobierno soviético como tal, sino al gobierno estalinista) y tomar el poder para nosotros”.

“¿Qué está usted significando?” , preguntó el Sr. Vishinsky en medio de un tenso silencio, “¿que este fue el programa que Vd. adoptó o el que simplemente Trotsky aconsejó?”


El pacto de Hitler y Trotsky  - Luis Urrutia Imagen+2
Imagen del original del New York Times

Piatakov vacila

“Trotsky explicó que cualquier intento de trabajo en las masas era imposible, porque éstas estaban hipnotizadas por el progreso soviético en la agricultura y la industria y por lo tanto nuestra única espectativa era una acción desde arriba, por pequeños grupos de altos dirigentes, que podría organizar el terrorismo, asesinatos y sabotaje en una gran escala, además de dar a los amigos extranjeros muy valiosa información. “Quiero significar”, dijo, “que estas fueron las instrucciones de Trotsky, sí, y que éste fue nuestro programa."

Piatakov agregó que él fue personalmente responsabilizado para la organización de la conspiración, porque su posición como Vice Comisario para la Industria Pesada y la posterior como presidente del complejo industrial químico, le permitía nombrar trotskistas en puestos claves para la preparación y el lanzamiento del sabotaje.

Testificó que Karl Radek, una opinión muy autorizada por sus artículos en el periódico Izvestia, y Gregorio Sokilnikov, ex Vice Comisario de Asuntos Extranjeros y Embajador en Londres, eran quienes entre los acusados tenían en sus manos lo referido al espionaje y el contacto con los amigos extranjeros, al comienzo con los alemanes y luego con los japoneses. Piatakov fue más lejos y declaró que Sokolnikov había tenido una conversación sobre la materia con un embajador extranjero aquí.

Ante la audiencia atónita, el juez Ulrich hizo sonar el timbre y dijo repentinamente “¡No mencione nombres!”, mientras el fiscal Vishinsky exclamó: “Esto será discutido en sesión cerrada”, la primera señal, que en éste como en otros casos anteriores similares, parte del juicio será conducido a puerta cerrada.

Una vez que Piatakov reiterara “todo esto fueron instrucciones de Trotsky, las cuales, dijo, habían sido elaboradas en coordinación con el Estado Mayor Alemán”, el juez Ulrich interrumpió diciendo “omita la cuestión internacional” y el Sr. Vishinsky lo cortó arremetiendo con esta severa pregunta, repicada con el sonido de un timbre funerario, “Vd. hizo esto, Vd. planeó esto, ¿no fué esto un crimen contra el Estado?”

En un primer momento, Piatakov perdió el dominio de sí mismo ante esta despiadada exclamación: “Vd. cometió sabotaje”. El fiscal lo apremió: “¿ No fué esto un crimen contra el Estado?”. “Y el espionaje, ¿no es eso un crimen?”. “Vd. planificó muertes. ¿No fué eso un crimen?” “Vd. ofreció a los enemigos parte de nuestra patria. ¿No es eso un crimen?”

Testifica repitiendo debilmente

Piatakov, abatido, se encogió como empequeñeciéndose. Con un hilo de voz repetía a cada pregunta: “Sí, yo lo hice, sí, eso fue un crimen.”

“¿Con qué objeto?”, el Sr. Vishinsky gritó. Pero entonces ya no hubo respuesta.

Este periodista cree que para un hombre como Piatakov, con una trayectoria exitosa y brillante, de quien Lenin habló tan elogiosamente, no podrá haber momento más amargo que este día, y de aquí en más sólo suspirará con alivio en el último segundo, cuando los rifles se alineen como lanzas frente a su pecho.

El veredicto de este juicio será mucho más convincente para la opinión extranjera que el del juzgamiento de Kamenev-Zinoviev.

El fiscal declaró que uno de los acusados, I.A. Kniazev, estaba comprobadamente en posesión de documentos que establecían más allá de toda duda una conexión con los militares japoneses del servicio de inteligencia. Esta prueba, presumiblemente, será realizada.

La fiscalía fue también afortunada en la capacidad de su “estrella” Piatakov, cuyas palabras aportaron convicción a los oyentes más incrédulos.

Uno de los más experimentados diplomáticos extranjeros dijo a este periodista, a la noche, “si esto es mentira, entonces yo jamás he visto una verdad”

Por lo demás, los otros acusados nombrados por Piatakov, en lugar de negar lo que éste dijo, como ocurriría en cualquier juicio, confirmaron plenamente todo y sin alterarse.

Finalmente, habrá testigos, no muchos y no enteramente independientes, como Bukhartsev y Vladimir Romm, corresponsal de Izvestia en América, quien, según Radek dijo, trajo las primeras cartas de Trotsky para él y llevaba sus contestaciones.

Ellos están bajo arresto, o en cualquier caso, “retenidos como testigos materiales”. Pero ellos constituyen evidencia, sin embargo, que se suma a las confesiones.

La confesión de Piatakov en un informe al Departamento de Estado

El carácter secreto del siguiente documento le quita la sospecha de “discurso para plaza pública”. Está destinado a orientar la política real del gobierno norteamericano y no a fines propagandísticos. Tratándose del informe de un funcionario a su superior, existe una obligación legal de decir la verdad.


“Moscú, febrero 17 de 1937.
“AL HONORABLE SECRETARIO DE ESTADO
“JUICIO RADEK POR TRAICION (Enero 23-30)
“Estrictamente confidencial

“Señor:
“Tengo el honor de informar lo siguiente con respecto a ciertos rasgos salientes e impresiones personales relacionadas con el llamado juicio Trotsky-Radek por traición…
…Los principales acusados eran Piatakov, Radek, Sokolnikov, Serebriakov y Muralov. Piatakov fue el primero en declarar y se situó ante el micrófono, de frente al fiscal, y se dirigió a él como un profesor que dicta su lección.
Había sido Asistente del Comisario del Pueblo para la Industria Pesada; tenía la reputación de ser uno de los que lograron el triunfo del Plan Quinquenal y declaró que provenía de una antigua familia de fabricantes. En detalle, calmo y desapasionado, procedió a la narración de sus actividades criminales. A medida que continuaba (como se realizó también con los otros) su testimonio debió ser interrumpido por el fiscal, quien preguntó a varios de los otros acusados para corroborar ciertas afirmaciones específicas que el describía. En algunos casos modificaron o discutieron acerca de algunos hechos, pero en general, corroboraron el crimen cometido. Todo esto lo realizaban los acusados con el máximo de indiferencia…

…La declaración desapasionada, lógica y detallada de Piatakov y la expresión de sinceridad con que la emitió denotaban convicción…

He hablado con muchos, si no con todos los miembros del Cuerpo Diplomático de ésta y, con posiblemente una sola excepción, todos eran de opinión que las actuaciones establecían claramente la existencia de un complot y conspiración política para derribar al gobierno. En el Cuerpo Diplomático no existe unanimidad de opinión con respecto al testimonio cuando se refería al alegado acuerdo de Trotsky con Japón y Alemania. La argumentación de dicho plan, tan calmosamente discutido y defendido por Sokolnikov y también por Radek, era aceptada por algunos, que señalaban que el mismo estaba de acuerdo con la conducta de Lenin al conquistar el poder mediante el uso del militarismo germano en 1917 y la ascensión de los socialdemócratas en Alemania de las cenizas de la guerra. Para otros, esa parte de la prueba había que descartarla. Pero todos convenían en que el estado había probado un caso de conspiración contra el actual gobierno…”

Joseph E. Davies
Embajador de EEUU en la URSS

Joseph Davies: "Misión en Moscú", Edit. Tor Bs.As. pag. 38 a 42

Las objeciones de Trotsky

Para Trotsky, deshacerse de la pesada carga que le representaban los procesos de Moscú y su difusión, equivalía a un grosero descalificarlo todo: no sólo a los protagonistas –acusadores y acusados (a éstos los presenta inocentes de los cargos, pero quebrados y traidores)- sino también a la jerarquía del entorno de sus testigos presenciales. Dice en 1936: “¿Los extranjeros? Diplomáticos indiferentes que desconocen el idioma ruso, o periodistas como Duranty, que ya tienen sus opiniones preconcebidas.” (ob. cit.pag. 37)

Sin embargo, y exactamente al contrario de lo que allí asevera Trotsky, los procesos, como sucesos políticos de primera magnitud, acaparaban la atención de los diplomáticos acreditados en la URSS; así se acaba de ver en la anterior cita de “Misión en Moscú”, el célebre libro del embajador norteamericano Joseph Davies.

En cuanto a Duranty, que firma el despacho del New York Times arriba visto, no podría decirse, en 1936, que sus ideas sobre Rusia fueran preconcebidas: los archivos del periódico muestran que, por lo menos desde 1923, realiza una frondosa tarea periodística desde el país de los soviets. Este brillante periodista, escritor premiado (O. Henry 1928), fue galardonado con el Pulitzer (1932) precisamente por su trabajo en la Unión Soviética. Su huella es una espina que aun duele, no sólo al trotskismo, sino a la derecha norteamericana y mundial. En su momento, Trotsky lo catalogó como “amigo de la URSS”, lo que, en boca suya, equivalía a dura denostación. Pero a décadas de su fallecimiento, en tiempos de campaña por la reelección de Bush, los republicanos reclamaron se lo despoje post mortem del Pulitzer. El New York Times se negó a devolver la estatuilla. A la cruzada se agregó la embajada de Ucrania en la Argentina, que anunció la junta de firmas con igual propósito desde noviembre de 2008. Congresistas norteamericanos que se entrevistaron con Raul Castro fueron consiguientemente fustigados “por actuar en la isla a lo Duranty, ver lo que habían deseado ver”.


Las Actas Taquigráficas de los Procesos fueron publicadas en distintos idiomas y el contenido de esas actas pudo cotejarse con las crónicas periodísticas, así como con las memorias de Joseph Davies. El resultado es que nadie objetó la autenticidad de estas constancias. Ningún impugnador de los procesos ha podido negar que Bujarin o Piatakov dijeron lo que las actas dicen que dijeron.

De la confesión de Piatakov, en Actas Taquigráficas

El diálogo que sigue confirma y perfecciona el relato periodístico y contribuye a corroborar la espontaneidad que informa la crónica, dada la psicología sutil que acompaña las réplicas entre el fiscal y el acusado.

VYCHINSKI: ¿Pero usted se daba cuenta de que todo cuanto hacía era uncrimen de Estado muy grave?
PIATAKOV: No lo tenía claro en el transcurso de aquella conversación.
VYCHINSKI: En 1931, cuando usted recibió la orden de emprender el camino del terrorismo, ¿era o no era éste uno de los más graves crímenes de Estado?
PIATAKOV: Sí, seguramente.
VYCHINSKI: En 1932 le fue confirmado esta orden y usted se encargó de llevar a cabo esta tarea. ¿Era esto uno de los más graves crímenes de Estado?
PIATAKOV: Exactamente igual.
VYCHINSKI: ¿Es decir?
PIATAKOV: Era uno de los más graves crímenes contra el Estado.
VYCHINSKI: ¿La orden de sabotaje le fue transmitida por mediación de Radek o bien directamente?
PIATAKOV: Me la transmitieron a mí personalmente.
VYCHINSKI: ¿Y la aceptó?
PIATAKOV: Sí.
VYCHINSKI: ¿Cómo califica usted esto?
PIATAKOV: Exactamente igual.
VYCHINSKI: ¿Es decir?
PIATAKOV: Como uno de los más graves crímenes contra el Estado.
VYCHINSKI: ¿Recibió la orden de cometer actos de diversión?
PIATAKOV: Sí.
VYCHINSKI: ¿Cómo califica usted esto?
PIATAKOV: Exactamente igual.
VYCHINSKI: ¿Le dieron alguna orden sobre terrorismo?
PIATAKOV: Sí.
VYCHINSKI: ¿Cómo califica usted esto?
PIATAKOV: Exactamente igual.
VYCHINSKI: ¿Le dieron una orden sobre espionaje? ¿Cómo lo califica usted?
PIATAKOV: Exactamente igual.
VYCHINSKI: ¿A favor de quién?
PIATAKOV: No voy a decir aquí a favor de quién.
VYCHINSKI: ¿A nombre de quién y con qué finalidades políticas? Cuando aceptó en 1931 la orden sobre sabotaje, cuando aceptó la orden sobre los actos de diversión, cuando aceptó la orden sobre espionaje y las relaciones con los servicios de espionaje de ciertos Estados extranjeros, ¿estaba todo claro para usted o bien no sabía adónde conducía todo esto? ¿Cómo califica esta serie de hechos?
PIATAKOV: Si lo hubiera visto todo claro, es probable que las cosas hubiesen sucedido de otro modo.
VYCHINSKI: Sin embargo, ya es usted un hombre mayor. Procedamos en sentido inverso. Al aceptar la orden sobre terrorismo, ¿no comprendió que se trataba del asesinato de los dirigentes de nuestro Partido?
PIATAKOV: Lo comprendí, por supuesto.
VYCHINSKI: ¿Y no es esto uno de los mayores crímenes contra el Estado?
PIATAKOV: Evidentemente, claro está.
VYCHINSKI: ¿Por qué dice entonces que esto no estaba claro para usted?
PIATAKOV: No se trata de este aspecto de la cuestión.
VYCHINSKI: Es este aspecto el que me interesa como Fiscal. ¿Cómo puede decir que esto no estaba claro? ¿Qué hay en ello de oscuro: va a la U.R.S.S., organiza allí grupos terroristas, organiza el asesinato de los dirigentes del Partido y del Gobierno. ¿Está claro o no?
PIATAKOV: Evidentemente, está claro.
VYCHINSKI: ¿Qué es, pues, lo que no está claro para usted?
PIATAKOV (calla).
VYCHINSKI: Para mí está muy claro, igual que para todo nuestro pueblo y, probablemente, para usted también.
PIATAKOV: Pero ya le he dicho que lo vi claro más tarde.
VYCHINSKI: Es lo que le pregunto: ¿está claro para usted?
PIATAKOV: Es evidente que está claro.
VYCHINSKI: ¿Existía la orden de precipitar la guerra?
PIATAKOV (calla).
VYCHINSKI: Ayudar al agresor, ¿es ayudar al fascismo?
PIATAKOV: Sí.
VYCHINSKI: ¿Quien ayuda al fascismo es un agente del fascismo?
PIATAKOV: No siempre.
VYCHINSKI: ¿Y en este caso?
PIATAKOV: En este caso, completamente.
VYCHINSKI: ¿Está, pues, esto claro? No tengo más preguntas que hacer.

Pierre Broue: "Los Procesos de Moscu", Editorial Anagrama, Web. (El autor es uno de los más conocidos historiadores trotskistas.)
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Mensaje por granados el Miér Dic 19, 2012 8:13 pm

Está claro que algunos periodistas e investigadores en los años 30 lo tenían bastante más claro que los mercenarios actuales que despotrican contra las paranoias anti-trotsky y los juicios-farsa estalinistas, basta con asomarse a cualquier suplemento ó revista cultural ó las investigaciones de supuestos "expertos" en la URSS.

De ahí que cuando investigadores como Grover Furr dicen lo mismo pero con mucha más base empírica que lo que decía Walter Duranty, le tachen de loco de atar, necio ó "negacionista".

Dado que vivimos en un mundo real(el capitalista)cuya base es la mentira y el engaño como su mejor mercancía, es también normal que su historia también sea una pura mentira y un puro fraude, cuando por medio , están sus más inveterados enemigos que son los comunistas m-l.
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Mensaje por pedrocasca el Miér Dic 19, 2012 8:43 pm

Me ha gustado el texto, sí señor. Poco a poco van saliendo cositas que dejan el papel de Trotsky al nivel de un vulgar traidor. Hay aún un manto de silencio (y desconocimiento) alrededor de la imagen de víctima de Lev Davídovich Bronstein construida a lo largo de tantos años de guerra fría (que deberíamos llamar guerra caliente por el alto número de conflictos bélicos que hubo y por la constante agresión político-ideológica en contra de la URSS) y por la falta real de investigadores de solvencia reconocida en el mundo académico (Grover Furr no es más que un profesor de lengua inglesa al que se le considera un aficionado a la investigación histórica, mediatizado por sus ideas políticas) que sean capaces de no seguir siendo correa de transmisión de las ideas difundidas por la burguesía.
Gracias por la aportación, tovarich Platon; como siempre, documentada y de gran interés.
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Mensaje por Shenin el Miér Dic 19, 2012 9:34 pm

Bueno, Grover Furr es historiador medievalista. Es decir, sí que tiene capacidad de análisis histórico. De hecho, él mismo comparó la historiografía occidental sobre Stalin con la mitología que se construyó en su día sobre algunos reyes medievales. Sobre la mediatización por sus ideas políticas, eso los trovadores del capital siempre lo van a esgrimir contra cualquiera por el mero hecho de opinar distinto a la versión oficial burguesa.
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Mensaje por granados el Jue Dic 20, 2012 8:58 pm

Coincido plenamente con Shenin,Grover furr es un excelente investigador ya que tiene todas las capacidades como el hecho de leer desde las lenguas romances hasta ruso, ucraniano y polaco y también alemán.el metodo filólogico es además por excelencia el metodo histórico, son realmente los filólogos humanistas del renacimiento como Lorenzo Valla ó los Padres Bolandistas, los que inventaron la moderna metodología histórica basada en la edición y lectura crítica de las fuentes primarias.

Esto es lo que hace muy bien Furr y esto es lo que es historia de verdad, no hacer novelas históricas ó refritos históricos con fuentes secundarias de segunda ó tercera mano.

El hecho de ser sovietologo académico,dada la cantidad de prejuicios y cerrojos ideológicos-políticos que se ciernen sobre este campo, es más bien un obstáculo para conocer la verdadera historia de la Urss.

El hecho de tener reputación dentro de la "mafia académica" anticomunista no arroja la menor luz sobre las verdades históricas, más bien la oscurece, por eso la investigación en este campo lleva ya años estancada en la literaturización de los "crimenes de stalin".El mismo nivel paupérrimo en el que la habia dejado la guerra fría con los Conquest y cia.

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