por Shenin el Dom Dic 13, 2009 6:59 pm
Saludos. Bueno, creo que habría que aclarar un par de cosas en este tema.
En primer lugar, es necesario aclarar el carácter de clase de la revuleta. Hay varias versiones. Una es que era una revuelta procapitalista y proyanqui y otra que era una revuelta obrera promaoísta. La realidad es que fue ambas. Si vemos la historia de China, existen dos ciudades que han sido de gran relevancia: Shanghai y Pekín. Pekín siempre fue la ciudad burocrática y administrativa y Shanghai la ciudad industrial y portuaria. Por ello, la rebelión en Pekín tomó un carácter burgués, mientras que en Shanghai tomó un carácter proletario. El gobierno chino había iniciado las reformas aperturistas a capital extrangero y a liberalizar la agricultura varios años atrás. Estas reformas tienen como consecuencia el desarrollo de una emergente burguesía urbana que reivindica un espacio en el reparto de poder político (tal y como hicieron los kulaks en la URSS). Pero estas reformas también tienen como consecuencia el empeoramiento de las condiciones laborales para los obreros. Así se gesta la rebelión.
En segundo lugar, la imagen de una revuelta pacífica es lo que se nos ha transmitido a través de los medios occidentales. Según otras versiones, la visión que en china se tiene de la revuelta no es la de unos pacíficos manifestantes aplastados por el ejército, sino de un combate entre ambos bandos. Aunque, obviamente, esto no quiere decir que el ejército no cometiera excesos. Es más que probable que así fuera.
Otra de las cuestiones a tener en cuenta es el carácter del estado chino. Algunos han asegurado que es un estado fascista. Esto no es cierto. Aunque no constituyen una mayoría, sigue habiendo un sector importante de comunistas consecuentes en el Partido Comunista Chino. Estos comunistas, presentes en las instituciones chinas, están ejerciendo presión sobre el gobierno de Hu Jintao y la dirección del PCCh, sobre todo en cuestiones concretas relacionadas con la mejora del nivel de vida de los trabajadores. Se aprobaron varios decretos en ese sentido en los dos últimos años. Es más, China es de los pocos países asiáticos que ha logrado imponer a las multinacionales yanquis la presencia de sindicatos en sus centros. Además, China no es un estado imperialista al estilo de USA o de los estados de la UE. China está brindando una ayuda importante a países socialistas, como Cuba, y a países subdesarrollados, sobre todo en África. Es posible que, si el capitalismo sigue desarrollándose en China, el gigante asiático se transforme en una nueva potencia imperialista. Pero todavía no lo es. Es un capitalismo nacional.