"Revisión histórica y temática de El Capital" - texto del Seminario Permanente Hegel-Marx de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile - año 2007

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"Revisión histórica y temática de El Capital" - texto del Seminario Permanente Hegel-Marx de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile - año 2007

Mensaje por pedrocasca el Sáb Nov 10, 2012 12:48 pm

Revisión histórica y temática de El Capital

Trabajo del Seminario Permanente Hegel-Marx de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, dirigido por el Profesor Enrique Saéz Ramdohr - año 2007

"Estudio el sistema de la economía burguesa por el siguiente orden: capital, propiedad del suelo, trabajo asalariado; estado, comercio exterior, mercado mundial (…) la primera sección del libro primero que trata del capital, contiene los siguientes capítulos: 1.mercancía, 2.el dinero o la circulación simple; 3.el capital en general. Los dos primeros capítulos forman el contenido del siguiente fascículo"(1).

Este es el primero de los cuatro planes de la investigación económica de Marx, expuesto en el prólogo de la "Contribución a la Crítica de la Economía Política" de 1859, vale decir, ocho años antes de la aparición de "El Capital". La elaboración de este plan se remonta a 1858 según lo expresan las cartas a Lassalle y a Engels, el 22 de Febrero y 2 de Abril respectivamente, y consta de tres niveles de organización: libros, secciones, capítulos. De los seis libros (capital, propiedad del suelo, trabajo asalariado, estado comercio exterior, mercado mundial) el primero abordará el problema del capital, dividiéndose en cuatro secciones de las cuales la primera tratará, en particular, sobre el capital (las otras secciones son la concurrencia, el crédito, el capital-acciones). Esta primera sección se subdivide, a su vez, en tres capítulos: 1.mercancía y 2.el dinero o circulación simple, capítulos que "forman el contenido" de la "Contribución". El tercer capítulo ("el capital en general") sería editado en un fascículo posterior.

Una vez concluido el primer libro sobre el capital, el análisis continuaría en el libro segundo (propiedad del suelo) y tercero (trabajo asalariado) los cuales estaban destinados a estudiar "las condiciones económicas de la vida de las tres grandes clases" (2) de la época burguesa: capitalista, terrateniente y obrera; para luego proseguir con el estado (libro IV), el comercio exterior (libro V) y el mercado mundial (libro VI). No sólo cabe destacar la monumentalidad de la obra proyectada sino también la percepción que Marx tiene, en ese entonces, de la misma. "Es a la vez –le comunica a Lassalle en la carta ya señalada (3) un cuadro del sistema, y la crítica de dicho sistema mediante el análisis del mismo". En virtud de esta premisa metodológica, central para la dialéctica materialista, la investigación se orienta de acuerdo al propio movimiento del modo capitalista de producción, luego, el orden de los seis libros responde a ese movimiento: "Esa transición del capital a la propiedad territorial es, al mismo tiempo, una transición histórica, puesto que la forma moderna de propiedad territorial es producto de la acción del capital sobre la propiedad inmobiliaria de tipo feudal, etc. Asimismo, es histórica a la par que dialéctica la transición de la propiedad territorial al trabajo asalariado, ya que el producto de la propiedad inmobiliaria moderna es la institución general del trabajo asalariado, que luego aparece como la base de todo el sistema", le escribe a Engels en la carta de abril del 58 (4).

En un artículo de divulgación aparecido en agosto de 1859, semanas después de la publicación de la "Contribución", en el periódico "Das Volk", Engels afirmó: "este libro tiende desde el primer momento a una síntesis sistemática de todo el conjunto de la ciencia económica, a desarrollar de un modo coherente las leyes de la producción burguesa y del cambio burgués" (5). Considerando la magnitud de lo ya estudiado y lo que aún faltaba por elaborar, resulta significativamente revelador que en ese año, Marx contemplara publicar, luego de la "Contribución", los capítulos, secciones y libros subsiguientes en fascículos o folletos ya que nos indica una optimista expectativa de su propia capacidad para afrontar el gran proyecto: "(…) impresa en esa forma, en entregas sucesivas –lo cual quizás facilitaría la comprensión del público, pero seguramente perjudicaría la forma- la obra tomará necesariamente un poco de amplitud" (6) , le comenta, en la carta del 58 a Lassalle, contemplando en unos cuarenta fascículos el total de los seis libros. Sólo para ilustrar la desproporción consideremos que, en 1867, el definitivo libro primero de "El Capital", cuyo objeto es "El proceso de producción del capital" –temática del tercer capítulo de la primera de las cuatro secciones de uno de los seis libros- equivale a cincuenta fascículos. "Si dispusiera del tiempo –le confidencia a Lassalle-, la calma y los medios para elaborarlo todo, antes de entregarlo al público, lo haría mucho más conciso, pues siempre me ha gustado el método que consiste en condensar" (7) Como sabemos, las condiciones adversas no mermarán sino que se multiplicarán y la obra que Marx hubo de condensar fue mucho menos amplia de la que proyectaba el 58.

Treinta y tres años después en 1892, el mismo Engels recordará que "apenas acababa de editarse esta primer parte, cuando Marx se dio cuenta que, en realidad, aún no tenía del todo claros los detalles de la ejecución de las ideas básicas de las partes subsiguientes" (ocho).

En efecto, a medida que Marx iba avanzando en el desarrollo del plan referido, desechará esquemas, se le presentará el problema del carácter histórico y el carácter lógico de determinar las transiciones que pretende describir, hasta precisar el objeto de estudio de su reflexión económica y acotar progresivamente el objeto del estudio (lo que equivale a definir el objeto de la ciencia económica). Para ello debe adoptar diversas tentativas en el propósito de describir el proceso histórico de los individuos en el capitalismo "no como puedan presentarse ante la imaginación propia o ajena, sino tal y como realmente son; es decir, tal y como actúan y como producen materialmente y, por tanto, tal y como desarrollan sus actividades bajo determinados límites, premisas y condiciones (…)" (9), requerimiento metodológico que Marx se impone para "analizar sus diversas formas de desarrollo y descubrir sus nexos internos." (10)

Junto a describir el primer plan de la investigación que desembocará en "El Capital", el prólogo de la "Contribución", nos proporciona una de las escasas semblanzas que Marx esbozó de su propia trayectoria intelectual:

"Mis estudios profesionales eran los de jurisprudencia, de la que, sin embargo, me preocupé como disciplina secundaria, al lado de la filosofía y la historia. En 1842-43, siendo redactor de la "Gaceta del Rin" me vi por vez primera en el trance difícil de tener que opinar acerca de los llamados intereses materiales. (…) Mi primer trabajo, emprendido para resolver las dudas que me asaltaban, fue una revisión crítica de la filosofía hegeliana del derecho (…)"(11)

Aludiendo a los años 40 y a una de sus actividades posteriores al egreso de la universidad, el periodismo político, nuestro autor describe la confluencia de las principales vertientes de sus estudios y las claves del tránsito de la crítica filosófica a la crítica económica. Tránsito que implica, a la vez, lo inverso: de la crítica económica a la filosófica; configurándose de este modo una ruptura epistemológica que definirá no sólo el pensamiento de Marx sino el conjunto de las ciencias de la llamada "modernidad". Por una parte, la refutación de Marx de las categorías de análisis de la ciencia económica en sus más altos exponentes representan la impugnación de las premisas epistemológicas que la fundamentan, esto es, asumir el objeto de la ciencia económica -el sistema capitalista- "como algo necesario por naturaleza, lógico y evidente" (12); por ello esa economía política es "burguesa", porque "ve en el orden capitalista no una fase históricamente transitoria de desarrollo, sino la forma absoluta y definitiva de la producción social"(13). Por otra parte, la filosofía como ciencia de la ciencia que hallaba su culminación, en el idealismo alemán (Fichte, Schelling, Kant) y, particularmente, en el sistema dialéctico de Hegel, se le presenta como la expresión más intelectualmente elaborada de la misma premisa sobre la cual se erigía la ciencia económica, e incapaz de resolver sus propios silogismos al sustituir al hombre por la idea como sujeto de la realidad, al mistificar, como apunta agudamente Adolfo Sánchez Vásquez "la individualidad concreta en aras de una totalidad abstracta"(14), al reducir los conflictos de la historia a enigmas metafísicos. Por ende, las especulaciones filosóficas no le proporcionan "receta o patrón al cual puedan aderezarse las épocas históricas"(15), al contrario, sólo en el estudio concreto de las épocas, incluida la presente, Marx hallará el camino, que la lengua clásica griega llamaba "método", hacia el "hombre de carne y hueso"(16). Esta ruptura que tiene en las "Tesis sobre Feuerbach" y en los "Manuscritos de 1844" sus prolegómenos, es esbozada concisamente el "Prólogo de la Contribución":

"El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.".(17)

"Aquí se planteaba, por tanto - afirma Engels, en el artículo citado de agosto de 1859- otro problema que de suyo no tenia nada que ver con la economía política. Con qué método había de tratarse la ciencia?" (18). Es en este punto donde se nos plantea lo medular del problema y por lo cual el plan expuesto en la "Contribución" se haya desechado así como los posteriores. En consecuencia, al continuar el trabajo del capítulo tres sobre "el capital en general", que sería la segunda parte de la "Contribución", "Marx constituirá nuevas categorías exigidas por un discurso dialéctico que se va internando en la realidad, en la estructura esencial de lo real, desarrollando su concepto, y por ello necesita nuevos instrumentos hermenéuticos" (19). En otras palabras, como ya lo había señalado casi quince años antes, en la "Ideología Alemana", las dificultades que se le presentan al método dialéctico se encuentran condicionadas por premisas que se derivan del fenómeno concreto que se estudia y, por tanto, es en el movimiento mismo del fenómeno en el cual se ha de hallar su resolución, excluyéndose todo a priori, "receta o patrón".

Orientada por esta problemática se abre la década de los 60 como un nuevo período de producción teórica que, de acuerdo a la periodización de MEGA, consta de los Manuscritos de 1861-1863 y los de 1863-1865, materiales definitivos de "El Capital".

No obstante, 1860 representa cierta discontinuidad, signado por el llamado asunto Vogt (Herr Vogt). Frente a intrigas que fueron ampliamente divulgadas, Marx escribirá un largo artículo, el cual "estaba destinado a limpiar su nombre de la imputación de haber puesto a sus amigos en innecesario peligro durante los juicios de Colonia, así como a lanzar un ataque contra su acusador, Vogt, conocido político radical y naturalista suizo, alegando que éste estaba a sueldo del emperador francés" (20). Pese al carácter anecdótico de la polémica, Marx destinó considerable dedicación a su defensa en su calidad de figura pública y emblemática del exilio alemán en Londres. El asunto Vogt lo llevará de su cuarto de estudio hasta la sala de partido y los mitines sindicales; tan solo a mediados del 61, Marx reemprenderá su investigación.

Específicamente, se encuentra fechado en Agosto del 61 el primero de los XXIII cuadernos que constituyen el corpus1861-1863, estudios que aún se guían por el primer plan del 58-59.
En este período opera un cambio que podemos verificar en la carta a Kugelmann el 28 de Diciembre de 1862: "me ha sido muy grato ver, por la lectura de su carta, el ardor con que se interesan usted y sus amigos en mi "Contribución a la crítica de la economía política". La segunda parte está al fin terminada, pues sólo falta ponerla en limpio y pulirla por última vez con vistas a la impresión, se compone de unos 30 pliegos. En la continuación de la primera entrega, pero la obra aparecerá separadamente, bajo el título de "El Capital" y "Contribución a la crítica de la economía política" ha de figurar solamente como subtítulo. En realidad, la obra no incluye si no lo que debía constituir el tercer capítulo de la primera parte: el capital en general." (21)

El paso de los manuscritos de 1861-1863 a los de 1863-1865, está determinado por elaboraciones teóricas al margen del texto de "El Capital":

"Esta lucha por la limitación legal de la jornada de trabajo se hizo más furiosa, porque –dejando a un lado la avaricia alarmada- de lo que se trataba era de decidir la gran disputa entre la dominación ciega por las leyes de la oferta y la demanda, contenido de la Economía política burguesa, y la producción social controlada por la previsión social, contenido de la Economía política de la clase obrera. Por eso la ley de la jornada de diez horas no fue tan sólo un gran triunfo práctico, fue también el triunfo de un principio; por primera vez la Economía política de la burguesía había sido derrotada en pleno día por la Economía política de la clase obrera".(22)

Este postulado es resultado de dos décadas de labor intelectual de Marx y es también el resultado del desarrollo político de los trabajadores europeos tras la derrota de la revolución del 48 y el advenimiento del Segundo Imperio Francés. La clase trabajadora permaneció por una década sufriendo las consecuencias de dicha derrota hasta que la crisis comercial de 1857 y la Guerra Civil Norteamericana de 1860 vinieron a alterar las condiciones de la hegemonía del capital internacional, recomponiéndose el movimiento obrero en expresiones como el cartismo en Inglaterra y el blanquismo y proudhonismo franceses; por su parte, en Alemania y en Italia este resurgimiento significó una de las primeras demostraciones de fuerza de los trabajadores pese a que se suscitó en el contexto del problema nacional ante el cual "la cuestión social" pasaba a segundo plano. Aires renovados insuflaron al fantasma de 1848. Así, en mayo de 1864, Luis Bonaparte hubo de derogar la ley que prohibía las reuniones obreras. A la par, la crisis algodonera norteamericana y la contratación de extranjeros como forma de neutralización de huelgas o demandas de aumento salarial, llevaron a los trabajadores ingleses agrupados en las Trade Unions a oponerse a la política exterior del Gobierno Británico que planeaba intervenir en la Guerra de Secesión a favor de los estados esclavistas del Sur. Como es sabido, la primera expresión de fraternidad de los trabajadores europeos tuvo ocasión en la exposición universal de 1862 celebrada en Londres. En ella se llevó a cabo una reunión entre obreros ingleses y franceses que llamaron "Fiesta de la Fraternidad" en la que se consagró la causa común que los unía en sus demandas. Fue la sublevación polaca de 1863 la chispa definitiva que transformó la solidaridad en un movimiento político de trabajadores. En los mitines de homenaje a Polonia celebrados en Londres se decidió enviar un mensaje de saludo a los obreros franceses, el que, afirma Mehring, "provocó un vivo movimiento de agitación en los talleres de París, que vino a culminar en la determinación de contestarlo personalmente enviando a Londres una diputación obrera"(23).

"La clase obrera posee un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber. La experiencia del pasado nos enseña cómo el olvido de los lazos fraternales que deben existir entre los trabajadores de los diferentes países y que deben incitarles a sostenerse unos a otros en todas sus luchas por la emancipación, es castigado con la derrota común de sus esfuerzos aislados. Guiados por este pensamiento, los trabajadores de los diferentes países, que se reunieron en un mitín público en Saint Martin's Hall el 28 de septiembre de 1864, han resuelto fundar la Asociación Internacional" (24).

La redacción de este Manifiesto y de los Estatutos de la AIT, a fines de octubre de 1864, demandó a Marx una nueva interrupción en sus estudios. "Baste decir, que Marx fue capaz de escribir rectamente los estatutos bajo los cuales los prouhonistas franceses, los comunistas alemanes y los unionistas ingleses pudieron trabajar en comunidad", sostiene Engels (25) en referencia al esfuerzo desplegado por Marx en la creación de la Internacional, la cual, según Otto Rühle "formó luego el más loco mosaico de grupos, de direcciones, de escuelas y de banderas. Todos los dialectos se hacían oír ahí en una confusión espantosa. Era una verdadera Torre de Babel" (26).

Sin embargo, en 1864 Marx ya tiene, al menos en forma de borrador, el conjunto de lo que constituirán los cuatro libros de "El Capital". Así lo señala Engels: "Entre los años 1863 y 1867, Marx no sólo había preparado el proyecto de los libros II y III de su obra y terminado el I para la imprenta, sino que además había desarrollado la labor gigantesca relacionada con la fundación y desarrollo de la Asociación Internacional de Trabajadores. Y ya en 1864 y 1865 se presentaron los primeros síntomas de los trastornos de su salud a los que se debe que Marx no pudiese dar personalmente los últimos toques a los libros II y III de "El Capital" (27).

La posibilidad de publicar su obra se le plantea entre las exigencias de la contingencia política, las dolencias físicas y los apremios económicos familiares, circunstancias que no se permite asumir como excusas del rigor científico y en medio de las cuales le comenta a Engels: "El único point in question es si debe ponerse en limpio una parte solamente del original para enviarla al editor o si debe redactarse definitivamente todo junto. Yo me he inclinado a lo segundo, por muchas razones.(…) me es absolutamente necesario tener delante la totalidad de la obra para saber qué debo resumir y qué debo tachar, de modo que, dentro de los límites prescritos, guarden cierto equilibrio y proporcionalidad las diferentes partes del libro"(28).

Marx no podrá concretar esta pretensión de "tener delante la totalidad" de los cuatro libros de "El Capital" para entregarlos a las prensas. Las adversidades lo conminarán a editar sin tener el conjunto de la obra en su versión definitiva. Huelga decir que ello no es un mero dato sino causa del inconmensurable debate en torno a la obra cumbre de Marx por cuanto las consecuencias teóricas de estas decisiones son de enorme alcance y comprometen la comprensión de las ideas de Marx. Dieciséis años median entre la publicación de "El Capital" y la muerte de su autor, en el curso de esos años Marx avanzará en la elaboración de los libros II, III y IV que, sin embargo, no publicará, ante lo cual surge la natural y dificilísima pregunta: ¿por qué?, problema que deriva en otro aún más complejo: ¿es "El Capital" una obra concluida?, ¿se trata de dificultades formales, de una redacción inconclusa ("los últimos toques" que señala Engels) o de una investigación que en el desarrollo teorético de los problemas que aborda no llegó a su fin?, ¿es "El Capital" un "conjunto ordenado dialécticamente" (29) o, como postula José Aricó, una "estructura fragmentaria a la que le faltan aún partes importantes por elaborar?" (30).
Sin perjuicio de ello, la redacción definitiva del primer tomo, labor simultánea a los avances en la elaboración de los otros tomos (no olvidemos que el tomo cuatro lo tiene desde antes preparado), es emprendida desde inicios del 66. Puntualmente, el 13 de febrero de ese año le escribe a Engels: "Comencé el trabajo de copia y estilización, el mismo día primero de enero. La cosa marchaba viento en popa y por supuesto experimentaba placer en lamer la criatura después de todos los dolores del parto" (31)

Este proceso se realiza de acuerdo al plan definitivo, al menos desde el punto de vista estrictamente teórico, que le expone a Kugelman en la legendaria carta del 13 de octubre de 1866 (32). Según este plan la materia se organiza en cuatro libros (no está demás insistir que el término "tomo" designa al volumen físico y el término "libro" consiste en una unidad de la organización de los contenidos): Libro I, Proceso de producción del capital; Libro II, Proceso de circulación del capital; Libro III, Estructura del proceso en su conjunto (lo que también es traducido como "formas" o "modulaciones" del proceso de producción y del proceso de circulación en su conjunto); Libro IV, Sobre la historia de la teoría (se le alude también como "Contribución a la historia de la teoría económica" y Wenceslao Roces (33) lo tradujo como "Historia crítica de las teoría de la plusvalía")

Marx estima que la publicación se realizará en tres tomos: "El primer tomo abarcará los dos primeros libros. El libro III creo que ocupará todo el tomo segundo y el IV, el tomo tercero" (34). Antes del fin de año, sin embargo, renunciará a publicar los libros I y II en un primer tomo y se limitará a editar en el primer tomo el libro I, enviándole en el mes de noviembre el original del libro I al editor Otto Meissner (35). Tras la muerte de Marx, Engels entregará al público el libro II como tomo segundo, en 1885, y el libro III como tomo tercero, en 1894. Los materiales del libro IV, elaborado antes de la redacción de los otros y el más fácil para el autor, permanecerán inéditos hasta que Karl Kautsky los publique en 1904 "sin presentarlas como continuación de los tres volúmenes de "El Capital" (36), y por lo que Kautsky será ampliamente impugnado por los posteriores editores de los textos de Marx y Engels.

"En la presente obra nos proponemos investigar el régimen capitalista de producción y las relaciones de producción y circulación que a él corresponden" (37), expone el prólogo, escrito en julio del 67. Junto a esta delimitación del objeto de estudio, Marx agrega dos precisiones. "Lo que de por sí nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí, estas tendencias, que actúan y se imponen con férrea necesidad" (38). "(…) la finalidad última de esta obra es, en efecto, descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna" (39). Se trata de tres alcances, los únicos, que Marx acota en el prólogo respecto a la finalidad de la investigación.
En primer lugar es de subrayar que en el Prólogo de "El Capital" no se hace alusión alguna al Plan del 58 ni a plan alguno. Lo que nos plantea, ¿qué relación guarda el objetivo expuesto en el Prólogo de "El Capital" y el Prólogo de la "Contribución" donde hemos leído el Plan del 58?,

Provisionalmente afirmemos que, al menos a la luz del Plan del 58, "El Capital", se plantea el mismo objetivo ("crítica del sistema capitalista"), pero no aborda directamente, a excepción del primero, los ámbitos del sistema capitalista que se había propuesto en el año 58: capital, propiedad del suelo, trabajo asalariado, estado, comercio exterior, mercado mundial; pese a que el mismo Prólogo sostiene que la obra "constituye la continuación"(40) de la "Contribución". Si así fuese, y sabiendo que la "Contribución" estaba proyectada como el comienzo de una serie de estudios que se desarrollarían de acuerdo a las seis grandes materias señaladas, ¿"El Capital" posee ese carácter propedéutico en tanto punto de arranque de una investigación de mayor alcance o es, por el contrario, la respuesta definitiva y conclusa a esas materias?

De acuerdo al Plan del 58, como ya señalamos, el estudio sobre el capital ocupa un capítulo de una sección de un libro al que se continuaban otros cinco libros y es palmario el error de cálculo por parte de Marx al emprender la investigación. Este dato y su resolución final en la disposición de los definitivos libros y secciones de "El Capital", por cierto, implica una modificación radical de la organización del estudio, lo cual no permite sostener que la obra no aborde los contenidos de los otros libros, pero tampoco significa que dichos temas se encuentren metodológicamente incluidos en tanto objetos de estudio ya que son tratados en la perspectiva del objeto de la obra, esto es, el capital.

En virtud de esta definición temática se desarrollan los cuatro libros de "El Capital", es decir, las diferenciaciones esenciales del objeto que, en rigor, son los tres primeros libros, la "división esencial, intrínseca de la obra es la de los tres libros en que la agrupa su autor", advierte Wenceslao Roces en "Nota del Traductor" (41). Producción, circulación y estructura del proceso conjunto del capital son los lineamientos orientadores del estudio. En consecuencia, lo "que de por sí nos interesa, aquí, no es precisamente el grado más o menos alto de desarrollo de las contradicciones sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capitalista" sino las "leyes de por sí" (42).
Es decir, las materias de los cinco libros del plan del 58 son abordadas en el marco metodológico de desarrollar esas leyes y no las materias de esos libros en particular. Por esta razón dichas materias son consideradas, en general y dependiendo de los contenidos de los respectivos capítulos, en el ámbito de las hipótesis de la investigación y en perspectivas de ser analizadas como objeto en estudios ulteriores que truncará la muerte de Marx.

Resulta primordial subrayar la naturaleza de la abstracción en "El Capital" más aún cuando ésta ha sido una de las causas por las que se ha reducido el pensamiento de Marx a una teoría económica, principalmente, por parte de los positivismos, las filosofías analíticas y otras corrientes que han visto en la obra de Marx una "exactitud científica" y, como lo ha investigado el historiador Jaime Massardo, una "aplicabilidad" (43).
La formulación de esas "leyes de por sí" no deriva en que "El Capital" consista en una refutación de categorías económicas por parte de otras. La crítica económica de Marx parte desde una concepción de mundo y desde ahí apunta a la concepción de mundo que la economía capitalista, como teoría y como realidad social, entraña. Desde ahí Marx establece que los enigmas de la sociedad, y por tanto, sus dogmas (no sólo económicos), tienen raíz en las relaciones materiales. "Mas para el hombre, la raíz es el hombre mismo" (44), advierte en una de sus criticas a Hegel. La realidad humana continuará siendo enigma en tanto sea asumida como inmutable, es decir, sin historia ni contradicción. La ciencia burguesa es expresión de esa conciencia enajenada que sustantiva las relaciones reales y las transforma en categorías de análisis. La causa de esta distorsión entre teoría y práctica se encuentra expuesta en el Primer Capítulo del Libro Primero, bajo el título "El fetichismo de la mercancía y su secreto". La forma mercancía que reviste el valor en la sociedad capitalista esconde la realidad de las relaciones entre los hombres divididos en clases, cubre la realidad de la relación capital/trabajo como una igualdad, como un intercambio de equivalencias, y esa igualdad –objetiva en tanto realidad inmediata- es la que la economía clásica sistematiza y de la cual deriva leyes, leyes que no diferencian el fenómeno económico de su esencia y que, por tanto, no pueden remontarse desde esa objetividad inmediata a la totalidad de las relaciones que constituyen la realidad.

Develar esas "leyes de por sí" significa, en primer término, historizar el desarrollo de las relaciones capital/trabajo, investigación que Marx expone a lo largo de "El Capital" y de un modo específico en el Capítulo "La llamada acumulación originaria" donde parte desde el análisis del siglo XIII hasta la industrialización moderna. En segundo término, significa "abstraer" de los hechos las tendencias que los "presiden" con "férrea necesidad", determinar desde el dato fenoménico –es decir, aparencial, el que aparece y veo- las leyes que constituyen la esencia de la producción capitalista. La abstracción en tanto dialéctica materialista significa determinar lo concreto y expresarlo en su movimiento; ello representa grandes riesgos para los estudios que se adentren en el problema, considerando, además, que Marx no expuso su método en una obra en particular. Aquí estriba el acierto de que la lógica de Marx es "El Capital" mismo y a la vez el desacierto de considerar, por ello, "El Capital" como una obra conclusa. Para aproximarnos al problema debemos revisar el pensamiento de Marx en su conjunto y atenernos al carácter fragmentario de sus obras. Surgen, entonces, los manuscritos de 1857-58, los Grundrisse, en virtud de cuyas problemáticas se definió el Plan del 58 y desde cuyas problemáticas "El Capital" puede ser entendido como el punto de partida de un desarrollo teórico que excede el tiempo de vida de un hombre.

"Lo concreto es concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto unidad de lo múltiple (…) La totalidad concreta, como totalidad del pensamiento, como un concreto del pensamiento, es in fac un producto del pensar y del conceptuar, pero de ninguna manera es un producto del concepto (…)" (45)

¿Lo concreto de la sociedad capitalista es que una persona se apropia del trabajo de otra remunerándole u na parte del tiempo de su trabajo y conservando para sí otra parte que no le remunera? Este hecho histórico es una verdad verificable, pero no es lo concreto. Lo concreto es la totalidad de relaciones materiales y espirituales que, en su movimiento, posibilitan ese hecho histórico. La determinación de esa totalidad equivale a la historización de la misma para luego representarla, como "producto del pensar" en su movimiento. "¿Implica esto que se deban presentar las categorías económicas en el orden de su importancia histórica? De ninguna manera –se responde Maximilien Rubel (46)- porque lo que importa es, por lo contrario, analizarlas según el orden determinado por las relaciones estructurales que asumen en la sociedad burguesa moderna". Lo que define a esta sociedad es la forma mercancía que adopta el producto del trabajo humano, debido a ello "El Capital" comienza con la explicación de la mercancía. Por lo mismo, nuestra obra no puede ser considerada como un a historia del capital o de la sociedad capitalista –y esto es una crucial premisa metodológica- sino como un análisis tendiente a descubrir sus "leyes de por sí".

"La forma del valor, que cobra cuerpo definitivo en la forma dinero, no puede ser más sencilla y llana"-explica el Prólogo de "El Capital"- "Y sin embargo, el espíritu del hombre se ha pasado más de dos mil años forcejeando en vano por explicársela (…) ¿Por qué? Porque es más fácil estudiar el organismo desarrollado que la simple célula. En el análisis de las formas económicas de nada sirven el microscopio ni los reactivos químicos. El único medio de que disponemos, en este terreno, es la capacidad de abstracción" (47).

La abstracción exige presupuestos metodológicos, entre ellos, hipótesis, a partir de los cuales se desarrollen las categorías del análisis dialéctico. "El Capital" comienza estableciendo hipótesis desde la primera página: "Parece como si el valor de cambio en sí fuese algo totalmente independiente de sus valores de uso. Y en efecto, prescindiendo real y verdaderamente del valor de uso de los productos del trabajo, obtendremos un valor tal y como acabamos de definirlo" (48). Pues de lo que se trata es de definir el valor, y no escribir la historia del mismo o exponer sus infinitas expresiones particulares –lo que equívocamente se podría confundir como lo concreto. Sólo por este medio puedo conceptuar las leyes del movimiento de lo real. El microscopio no nos sirve para nuestro propósito pues las particularidades humanas, sociales e históricas si no son integradas, en toda su complejidad y riqueza, a la totalidad por el pensamiento, se nos pueden presentar como un abstracto ávido de generalizaciones, así el caso de las metafísicas, o en tanto una empiria que sólo basta clasificarla, como pretenden los positivimismos.

En el marco de estas definiciones metodológicas, "El Capital" aborda los problemas de las otras cinco materias del plan del 58, pero no como objeto. Una de esas materias es el trabajo asalariado. ¿No es objeto de "El Capital" el trabajo asalariado? En rigor, en el estricto rigor de Marx, no. Al igual que las otras materias, el trabajo asalariado es abordado en la perspectiva del objeto de la obra, cual es el capital, su producción, circulación y estructura. Nos facilita la tarea el plantear la pregunta de otro modo: ¿cuánto pensó Marx en torno al problema del trabajo asalariado y qué reflexiones expone en "El Capital" a este respecto? Atendamos las otras materias: ¿cuánto pensó sobre propiedad del suelo, estado, comercio exterior, mercado mundial y qué de ello leemos en "El Capital"? Nuevamente para resolver estas interrogantes debemos estudiar "El Capital" desde el conjunto del pensamiento de Marx, es decir, leerlo desde Marx. Lo que evidencie esa analogía serán los presupuestos metodológicos de "El Capital". Así, por ejemplo, en relación al trabajo asalariado, la reflexión en torno al rol político de la clase trabajadora no aparece en "El Capital" expuesta como objeto de estudio pues no lo es. El trabajo, en tanto capital variable es analizado en tanto capital y ello define el análisis: "Supondremos que la mercancía se vende a su valor. No tomaremos en consideración (…) la estructura real de la sociedad, que no consiste únicamente en una clase de trabajadores y una clase de capitalistas industriales, y en la que consumidores y productores no son por lo tanto idénticos (49).

Largos desarrollos de los Grundrisse sobre la objetivización de la conciencia del trabajador en el mundo y, por ende, la apropiación del mundo "suyo" y no del capital, o sobre la significación del trabajo como no-capital y, por ende, de una realidad no-capitalista, constituyen fundamentos de gran relevancia en el pensamiento de Marx en torno al trabajo asalariado, los que, sin embargo, no fueron incluidos en "El Capital" en virtud de la estricta determinación de su objeto.

Otra de las grandes materias del plan del 58 que Marx dejó fuera de su obra cumbre es el estado. "Como es sabido, Marx no escribió ninguna obra de teoría del estado en sentido estricto" (50) acota el politólogo Norberto Bobbio en las primeras líneas de uno de sus ensayos sobre Marx en circunstancias que es el estado uno de los ejes de la reflexión de Marx desde las críticas a la filosofía del derecho de Hegel, en la década de los 40, hasta la Crítica del Programa de Gotha en su vejez.

En síntesis, considerando la relación del pensamiento de Marx en su conjunto y "El Capital", debemos comprender los distintos niveles de generalización que va adoptando la obra y el carácter científico de sus conclusiones; la organización de su contenido se halla orientada a explicar las leyes de producción, circulación y estructura del capital. No es sólo una delicadeza de teórico que Marx en el prólogo advierta que "nos referimos a las personas en cuanto personificación de categorías económicas" (51). Los hechos históricos son expuestos en este mismo sentido. Es también el caso de los "Reportes de Inspectores de Industrias" o de los "Libros Azules" cuyos datos aparecen en "El Capital" ilustrando, a fin de cuentas, "categorías económicas". El propio Capítulo "La llamada acumulación originaria" responde a este enfoque en cuanto identifica los momentos determinantes, los tránsitos definitorios del desarrollo económico moderno, pero no pretende ser una historiografía del capitalismo propiamente tal, sino más bien una fundamentación de los supuestos de la acumulación capitalista: existencia de propietarios de medios de producción y de obreros libres, es decir, "el punto de partida del régimen capitalista" (52).

Tampoco es un preciosismo la siguiente aclaración: "(…) sólo nos proponemos estudiar aquí la organización interna del régimen capitalista de producción en su media ideal, por decirlo así." (53), refiere "El Capital" de sus propios fines y, por consiguiente, sus conclusiones no pueden ser interpretadas fuera de este marco metodológico en el cual se despliega la reflexión dialéctica y en virtud del cual se definen las hipótesis; por ejemplo, comercio exterior, salario estable, ausencia de catástrofes, ramas de producción, variaciones estacionarias, entre innumerables fenómenos que constituyen el carácter particular del hecho histórico, son entendidos como supuestos hipotéticos que la "capacidad de abstracción" debe utilizar para explicar "la simple célula" de la anatomía social cuya ley económica Marx descubre, ley que "(…) como cualquier otra, es modificada naturalmente por circunstancias particulares(…)" (54).

"El Capital" es el comienzo de una investigación mucho más amplia que se propone estudiar la totalidad de la sociedad, esa totalidad es mucho más que la producción, la circulación y la estructura del capital. No obstante, la esencia de esa totalidad es el capital y sus determinaciones, a cuyo estudio Marx se vuelca desde su juventud. ¿Cuál es la esencia del capital? La mesa es un objeto evidente y común, pero "en cuanto comienza a comportarse como mercancía, la mesa se convierte en un objeto físicamente metafísico." (55) ¿Qué esconde el valor de la mercancía? Todas las determinaciones del valor las analiza nuestra obra, pero ahí donde el capital constituye la esencia de lo real, el plusvalor constituye la esencia de la esencia. El plusvalor es la cualidad determinante del valor mismo, la más concreta y la que nos exige la mayor "capacidad de abstracción". Cuarenta años le costó a Marx explicar "la simple célula" en que se anida el secreto de la vida social. "Lo que hay de mejor en mi libro -se refiere al primer tomo en carta a Engels el 24 de agosto de 1867- es 1. (y es sobre ello que descansa toda la lucidez de los facts –hechos-) poner de relieve, desde el primer capítulo, el doble carácter del trabajo, según se expresa en valor de uso o en valor de cambio; 2. el análisis de la plusvalía, independientemente de sus formas particulares: ganancia, interés, renta del suelo (…)" (53).

Ésta es la tesis central de toda la obra y en virtud de la cual, en términos generales, se puede explicar la estructura de "El Capital". Ganancia, interés y renta del suelo son "formas fenoménicas"(54) que la economía burguesa no hace sino reflejar como teoría, como idea, sin establecer sus conexiones hasta el nivel de la totalidad del sistema donde el trabajo aparece como enteramente pagado a través de la forma salario y la plusvalía toma la forma de ganancia, interés y renta de la tierra. Estas formas son las que categoriza la ciencia burguesa y el "movimiento de conjunto se esconde bajo esta forma aparente" (55), le comenta a Engels, "tenemos como final de todo la lucha de clases, adonde viene a desembocar todo el movimiento y que nos da la clave para acabar con toda esta basura (…)"

Todas las materias que Marx dejó fuera de "El Capital" en virtud del objeto de la obra jamás las entendió por concluidas. Los dieciséis años que transcurren desde primer libro hasta su muerte así lo muestran. El estudio de la lengua turca, el análisis de la historia económica rusa, los estudios de matemática infinitesimal, entre otros manuscritos de la última época, nos presentan un pensador que expande aún más su horizonte de investigación y muy ajeno a considerar que las problemáticas que no abordó en su obra cumbre se hallen superadas por la misma. No le pidamos a Marx que resuelva lo que en "El Capital" no se propuso resolver.
Notas

(1) C. Marx y F. Engels, "Obras escogidas en dos tomos", Moscú, Editorial Progreso, tomo I, 1955, pp. 371
(2) Ibíd., pp. 371.
(3) C. Marx, Carta a F. Lassalle del 22 de febrero de 1858, en "Cartas sobre El Capital", La Habana, Editorial de las Ciencia Sociales del Instituto Cubano del Libro, 1976, pp. 89.
(4) C. Marx, Carta a F. Engels del 2 de abril de 1858, en "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo I, pp. 662.
(5) F. Engels, "La Contribución a la Crítica de la Economía Política, de Carlos Marx", en C. Marx y F. Engels, "Obras escogidas en dos tomos", Moscú, Editorial Progreso, tomo I, 1955, pp. 381.
(6) C. Marx, Carta a F. Lassalle del 22 de febrero de 1858, en "Cartas sobre El Capital", La Habana, Editorial de las Ciencia Sociales del Instituto Cubano del Libro, 1976, pp. 89.
(7) Ibíd.
(ocho) F. Engels, "Karl Marx", Artículo de noviembre de 1892, en C. Marx y F. Engels, "Obras escogidas en dos tomos", Moscú, Editorial Progreso, tomo II, 1955, pp. 523.
(9) C. Marx y F. Engels, "La Ideología Alemana", Buenos Aires, Nuestra América, 2004, pp. 33.
(10) C. Marx, Postfacio a la segunda edición alemana, en "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo I, pp. XVII.
(11) C. Marx y F. Engels, "Obras escogidas en dos tomos", Moscú, Editorial Progreso, tomo I, 1955, pp. 372.
(12) C. Marx, "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo I, pp. 45.
(13) C. Marx, Postfacio a la segunda edición alemana, Ibíd., pp. XVIII.
(14) A. Sánchez Vázquez, "Prólogo. Marx y su crítica a filosofía política de Hegel", en C. Marx., "Crítica de la filosofía del Estado de Hegel", Grijalbo, 1968, pp. 7.
(15) C. Marx y F. Engels, "La Ideología Alemana", Buenos Aires, Nuestra América, 2004, pp. 34.
(16) Ibíd. pp. 35.
(17) C. Marx y F. Engels, "Obras escogidas en dos tomos", Moscú, Editorial Progreso, tomo I, 1955, pp. 373.
(18) F. Engels, "La Contribución a la Crítica de la Economía Política, de Carlos Marx", en C. Marx y F. Engels, "Obras escogidas en dos tomos", Moscú, Editorial Progreso, tomo I, 1955, pp. 384.
(19) E. Dussel, "Hacia un Marx Desconocido. Un comentario a los manuscritos del 61-63", México, Siglo XXI Ediciones, 1988, pp. 22.
(20) I. Berlin, "Karl Marx", Madrid, Alianza Editorial, 2003, pp. 181.
(21) C. Marx, Carta a Kugelmann del 28 de Diciembre de 1862, en "Cartas sobre El Capital", La Habana, Editorial de las Ciencia Sociales del Instituto Cubano del Libro, 1976, pp. 133-132.
(22) C. Marx y F. Engels, "Obras escogidas en dos tomos", Moscú, Editorial Progreso, tomo I, 1955, pp. 395.
(23) F. Mehring, "Carlos Marx y los primeros tiempos de la internacional", México, Grijalbo, pp. 18
(24) C. Marx y F. Engels, "Obras escogidas en dos tomos", Moscú, Editorial Progreso, tomo I, 1955, pp. 396.
(25) F. Engels, "Karl Marx", Artículo de noviembre de 1892, en C. Marx y F. Engels, "Obras escogidas en dos tomos", Moscú, Editorial Progreso, tomo II, 1955, pp. 524.
(26) O. Rühle, "Carlos Marx", Santiago, Editorial Ercilla, 1934, pp. 213.
(27) F. Engels, Prólogo, en "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo III, pp. 8.
(28) C. Marx, Carta a Engels del 31 de julio de 1865, en "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo I, pp. 672.
(29) Ibíd.
(30) J. Aricó, Presentación, en C. Marx, "El Capital. Libro I. Capítulo VI. Inédito", Buenos aires, pp. 9.
(31) C. Marx, Carta a Engels del 13 de febrero de 1866, en "Cartas sobre El Capital", La Habana, Editorial de las Ciencia Sociales del Instituto Cubano del Libro, 1976, pp. 155.
(32) C. Marx, Carta a Kugelmann del 13 de octubre de 1866, en "Cartas sobre El Capital", La Habana, Editorial de las Ciencia Sociales del Instituto Cubano del Libro, 1976, pp. 156.
(33) Véase C. Marx, "Historia crítica de las teoría de la plusvalía", México, Fondo de Cultura Económica, 1945.
(34) C. Marx, Carta a Kugelmann del 13 de octubre de 1866, Ibíd.
(35) C. Marx, Carta Engels del 11 de noviembre de 1866, en "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo I, pp. 675.
(36) Urania Vilches de León, nota a la Carta de Marx a Engels del 31 de julio de 1865, en "Cartas sobre El Capital", La Habana, Editorial de las Ciencia Sociales del Instituto Cubano del Libro, 1976, pp. 151.
(37) C. Marx, Prólogo a la primera edición alemana, en "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo I, pp. XIV.
(38) Ibíd.
(39) Ibíd., pp. XV.
(40) Ibíd., pp. XIII.
(41) Ibíd., pp. VII.
(42) Ibíd., pp. XIV.
(43) J. Massardo, "A propósito de la Tesis sobre Feuerbach y el itinerario de la filosofía de la praxis", Artículo, en "Pluma y Pincel", Santiago, febrero de 2006.
(44) C. Marx, "Contribución a la crítica de la economía política", México, Siglo XXI, 1982, pp. 109.
(45) C. Marx, "Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Borrador).1857-1857", Buenos Aires, 1971, tomo I, pp. 311.
(46) M. Rubel, "Karl Marx. Ensayo de Biografía Intelectual", Buenos aires, 1970, pp. 252.
(47) C. Marx, Prólogo a la primera edición alemana, en "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo I, pp. XIII.
(48) C. Marx, "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo I, pp. 4.
(49) C. Marx, "Historia crítica de las teoría de la plusvalía", México, Fondo de Cultura Económica, 1945, pp. 216.
(50) N. Bobbio, "Ni con Marx ni contra Marx", México, Fondo de cultura Económica, 2000, pp. 132.
(51) C. Marx, "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo I, pp. XV.
(52) Ibíd., pp. 607.
(53) Ibíd., tomo III, pp. 769.
(54) Ibíd., pp. 87.
(55) Ibíd., tomo I, pp. 37.
(53) C. Marx, Carta a Engels del 24 de agosto de 1867, en "Cartas sobre El Capital", La Habana, Editorial de las Ciencia Sociales del Instituto Cubano del Libro, 1976, pp. 176.
(54) C. Marx, Carta a Engels del 27 de junio de 1867, Ibíd., pp. 172.
(55) C. Marx, Carta a Engels del 30 de abril de 1868, en "El Capital", México, Fondo de Cultura Económica, 1971, tomo III, pp. 837.

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