[PCOC-Catalunya] Organizar el poder popular

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VirginiaG
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[PCOC-Catalunya] Organizar el poder popular

Mensaje por VirginiaG el Vie Oct 19, 2012 11:56 pm

Organizar el poder popular

”Las crisis demuestran que los obreros no se pueden limitar a luchar para obtener de los capitalistas concesiones parciales... pues, cuando se produzca el crack, los capitalistas no solo arrebatan a los trabajadores los derechos conquistados. Y así continuará sucediendo inevitablemente hasta que los ejércitos del proletariado socialista echen abajo el dominio del capital y de la propiedad privada” Lenin

La realidad actual de la crisis económica capitalista, especialmente en Catalunya, muestra la putrefacción de un modo de producción que se encuentra en la etapa final de su desarrollo, la del dominio del capital monopolista de Estado, la del capitalismo agonizante o imperialismo. Mientras la burguesía se afana en ocultar las causas originarias de la bancarrota estructural y superestructural por la que discurre, derivada de las propias contradicciones internas, miles de trabajadores catalanes siguen siendo arrojados al pozo de la miseria, la precariedad y el desempleo, en nombre de los espurios intereses de la oligarquía financiera y el capital monopolista dominante. Son millones los trabajadores sobreexplotados, y se acercan al millón los desempleados en tierras catalanas, dónde los índices de pobreza se expanden como una plaga sobre el conjunto de las clases populares.

Las contradicciones del régimen capitalista, manifestadas en forma de crisis y guerras, nos señalan el callejón sin salida al que nos quiere arrastrar la clase dominante, cuya única finalidad es la expansión de sus negocios monopolistas a costa del trabajo ajeno, la división de los mercados y el control de las fuentes de riqueza. La destrucción de las fuerzas productivas es demoledora, poniendo de manifiesto que la crisis estructural por la que discurre el reino del capital, no es más que la manifestación evidente de sus límites históricos.

En plena agudización de la lucha de clases, los trabajadores ya no pueden siquiera soñar con ficticios “consensos sociales”, como se empeñan aún hoy en pregonar las caducas fuerzas reformistas y oportunistas enquistadas en el movimiento obrero. Ya no queda nada que “negociar” ni con patronos ni con su Estado e instituciones burguesas, que arremeten diariamente contra los trabajadores asalariados y el conjunto de clases populares de forma criminal y desvergonzada. El Estado burgués, al servicio de la oligarquía europea, desmantela con total impunidad las más elementales conquistas laborales, logradas tras décadas de arduas luchas obreras a nivel nacional e internacional, mostrando a las claras su esencia clasista y represora.

No quedan pues callejones intermedios ni vías de escape a semejante estado de cosas; o la clase trabajadora se organiza en un solo puño y se alza frente a esta minoría explotadora y criminal, o nos llevarán directos al siglo XIX. En este contexto, se hace imprescindible que los comunistas catalanes sepamos aplicar los principios emanados del socialismo científico, sabiendo relacionar la lucha por las reivindicaciones económicas inmediatas con las de carácter socio-político, pues hoy queda meridianamente claro que sólo el socialismo podrá poner fin a esta barbarie basada en la explotación asalariada y la propiedad privada sobre los medios de producción. La necesidad histórica de agrupar, concentrar y preparar a las fuerzas obreras para las duras confrontaciones que están por venir, la elevación de la conciencia de clase, el fomento de la unión y la solidaridad obrera, y ante todo la creación de estructuras de poder popular, son ya desde hoy tareas prioritarias e impostergables para la vanguardia proletaria. La meta no puede ser otra que el derrocamiento del régimen capitalista imperante mediante la conformación de un amplio frente de masas que hunda sus raíces en el corazón mismo del movimiento obrero.

¿Qué hacer?

El PCOC, orgulloso de mantener en alto las banderas del marxismo-leninismo, no desfallecerá a la hora de expandir su táctica, centrada en volver a dotar a la clase obrera de su inalienable papel como sujeto histórico revolucionario. Nuestra política de masas delinea el camino a trazar en el momento presente que vivimos, habiendo extraído valiosas enseñanzas a través de un profundo análisis materialista de la realidad histórica en la que nos encontramos inmersos. Sabemos que los comunistas carecemos de la influencia debida entre la clase trabajadora, y constatamos una división e inconsciencia de clase evidente entre unos trabajadores que, a medida que avanzan los meses, no hallan salida a la barbarie desatada. La respuesta no puede ser otra que el fomento de la unidad y la solidaridad de clase, antídotos infalibles frente a la ideología dominante.

Durante el franquismo, cuando una huelga podía costarle al trabajador incluso la vida, los trabajadores no dudaron en unir sus fuerzas para acabar con las ofensivas del patrón, desafiando las propias leyes fascistas y apuntando al propio Estado represor. Despidos de un solo trabajador, podían conllevar la huelga indefinida en comarcas enteras, consiguiendo no sólo la readmisión del obrero despedido, sino colocando al régimen en la picota. ¿Cuál era el secreto? La coordinación y unión entre los representantes de los trabajadores, entre los comités y delegados de los diferentes centros de trabajo y sectores, que galvanizados entorno a un potente movimiento socio-político como fueron las nacientes CCOO, no sólo defendían solidariamente al trabajador amenazado por la patronal, sino que se enfrentaban a ese mismo Estado burgués, saliendo del reducido ámbito de la mera acción sindical o economicista.

Hoy, en plena bancarrota capitalista, cuando despiden a un obrero o empleado, todo queda relegado a acciones formales. El despedido se queda en la calle y la patronal sale fortalecida, mientras los trabajadores quedan imbuidos de un derrotismo que les lleva a la impotencia y la sumisión. Y es normal que así suceda, pues el trabajador no halla en su entorno una organización que no sólo acuda en su apoyo, sino que lo empodere a través de un órgano unitario que represente fielmente sus intereses de clase, en un ámbito de actuación multisectorial. La burguesía, obviamente, nos está ganando la guerra tanto en el terreno económico, como el político e ideológico.

Es por ello que hoy más que nunca, se hace imprescindible el accionar de los militantes comunistas hacia el impulso de una sólida organización dónde los trabajadores puedan adquirir las ricas experiencias de otros hermanos de clase agredidos, dónde pueda identificar el origen común de esas agresiones, dónde pueda en definitiva relacionar los conflictos de su entorno inmediato con los que derivan de un régimen capitalista caduco y criminal.

Tras 40 años, aún no se ha dado un solo paso al frente por la unidad, los trabajadores continúan sufriendo por el temor a que en cualquier momento puedan ser despedidos sin defensa alguna, pasando a engrosar el monstruoso ejército proletario de reserva creado por la burguesía. La desunión e individualismo esparcida sobre el obrero y empleado, emanada de la ideología dominante, es utilizada por los gobiernos burgueses del Estado y de las comunidades al objeto de arremeter no sólo contra el conjunto de la clase trabajadora, sino también contra unas clases populares vapuleadas por los llamados recortes. A una reforma laboral antiobrera, le sigue la destrucción de derechos sociales, convirtiendo nuestros centros de trabajo en una cantera de la esclavitud asalariada y nuestros barrios en zonas degradadas.

Es tarea esencial de los comunistas, pues, tras demasiadas décadas de repliegue, el crear un sólido movimiento socio-político que hunda sus raíces en el movimiento obrero, que asiente sus pilares en la misma base del sistema (centros de trabajo), que sea capaz de interrelacionar la lucha económica con la toma de conciencia política, traspasando los reducidos ámbitos de la empresa. Las agresiones contra el conjunto de los trabajadores, no pueden hallar soluciones sectoriales que agotan su accionar en el terreno meramente sindical. Se hace imprescindible la constitución de una Asamblea unitaria de Comités, Delegados de personal y Trabajadores, sin importar sus concepciones políticas y sindicales, a fin de poner en práctica la imprescindible unidad y solidaridad de clase, que tanto necesitan y reclaman los trabajadores. Para elevar la conciencia de los elementos más atrasados y sumarlos a la lucha organizada, para nutrir las filas del Partido Leninista con los mejores hijos de la clase obrera; una Asamblea capaz de crear el embrión de una sólida estructura de poder popular.

Las reformas laborales o los recortes que afectan a los trabajadores y al pueblo responden a una estrategia planificada por la oligarquía financiera europea y el capital monopolista internacional. Los comités de empresas y delegados de personal, por ser los únicos organismos que realmente han sido elegidos por los trabajadores para defender sus intereses, pueden y deben constituir un formidable poder popular si somos capaces de dotarlos de los instrumentos adecuados y del nivel de conciencia que reclama el momento actual que vivimos. He ahí la tarea esencial del Estado Mayor de la clase obrera; construir y organizar un poderoso Ejército proletario que, en el momento oportuno y ya armado con sus propias organizaciones democráticas, pueda lanzarse sobre la putrefacta maquinaria estatal burguesa para destruirla de raíz.

Es hora que los comunistas vayamos a los trabajadores. Tal y como hicieron los soviet de 1905 a 1917, esta Asamblea desbordará sin duda el ámbito de cada empresa, pues a la guerra de clases desatada en la base del sistema contra el conjunto de los trabajadores asalariados, se une en la misma ofensiva burguesa los constantes recortes superestructurales en servicios públicos, transporte, dependencia, sanidad, educación, la amnistía de las rentas del capital, la asfixia de las del trabajo, los centenares de desahucios diarios, la congelación de pensiones ya de por sí de miseria sumado al infame repago de medicamentos…Todo este barrizal antipopular halla su origen en el modo de producción capitalista y en su clase social dirigente, única responsable de nuestra miseria y degradación. Bien sabemos que todo tiene un comienzo y un final.

Como dijo Marx, en plena constitución de la AIT;

“la emancipación de la clase obrera debe ser obra de los obreros mismos; que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y monopolios de clase, sino por el establecimiento  de derechos y deberes iguales y por la abolición de todo privilegio de clase; que el sometimiento económico del trabajador a los monopolizadores de los medios de trabajo, es decir de las fuentes de vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas, de toda miseria social, degradación intelectual y dependencia política; que la emancipación económica de la clase obrera es, por lo tanto, el gran fin al que todo movimiento político debe ser subordinado como medio; que todos los esfuerzos dirigidos a este gran fin han fracasado hasta ahora por falta de solidaridad entre los obreros de las diferentes ramas del trabajo en cada país y de una unión fraternal entre las clases obreras de los diversos países”

Son tiempos de organización, de unidad y solidaridad de clase; el Partido Comunista Obrero Catalán no escatimará esfuerzos en llevar a cabo el impulso y consolidación de la Asamblea de Comités, Delegados y Trabajadores como estructura nuclear del movimiento obrero, como frente de masas que camine hacia el único régimen decoroso para el género humano; el socialismo.

PARTIT COMUNISTA OBRER DE CATALUNYA

Revista Endavant! Setiembre 2012

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