El estalinismo en la izquierda de hoy (texto trotskista)

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    El estalinismo en la izquierda de hoy (texto trotskista)

    Mensaje por AliveRC el Dom Oct 14, 2012 1:39 pm

    El presente texto aborda los conflictos entre las posiciones políticas históricas de la izquierda influida por el estalinismo y la verdadera esencia del marxismo. Lejos de tratar el tema como un debate estéril para las luchas de hoy, describe cómo la influencia de estas posiciones aparece de manera clara en problemáticas como la estrategia a seguir en la lucha contra el fascismo o el análisis del carácter de las revoluciones árabes.

    El presente escrito es un capítulo extraído del nuevo folleto "La larga sombra del estalinismo" (pronto estará la versión completa en el apartado de folletos de esta web).

    Política internacional

    Como se ha explicado anteriormente, durante la guerra fría, para una parte de la izquierda —los grupos estalinistas y algunos grupos trotskistas— la política no giraba entorno a la lucha de clases, sino alrededor del conflicto entre EEUU y la URSS. Por tanto, estas izquierdas apoyaban o no las movilizaciones populares en un país dado, en función de las alianzas internacionales de su clase dirigente. Donde ésta apoyaba a EEUU, en general favorecían las luchas sociales en su contra. Pero en países cuyos dirigentes eran aliados de la URSS, el mismo tipo de luchas sociales —huelgas, movilizaciones estudiantiles, protestas a favor de la democracia…— eran tachadas de injerencias imperialistas, maniobras de la CIA, etc. Hoy en día, y a pesar del final de la guerra fría entre EEUU y la URSS, algunos sectores de la izquierda mantienen una actitud parecida.

    Ante la “primavera árabe”, se da una situación paradójica. Los gobiernos de EEUU y la UE dicen apoyar la lucha por la democracia en Siria, a la vez que ayudan a reprimir movimientos parecidos en Bahrein, Arabia Saudita… En Túnez y Egipto, apoyaron a los antiguos dictadores, Ben Ali y Mubarak, hasta su caída; luego dijeron que estaban a favor de la democracia en estos países; y ahora respaldan los intentos de los militares para mantener todo lo posible del antiguo régimen. La hipocresía es evidente. Lo triste es que hay sectores de la izquierda que reproducen la misma hipocresía, sólo que de forma inversa. Dicen apoyar la revolución en Túnez, Egipto, Bahrein… mientras que denuncian a los centenares de miles de personas que participan en la masiva movilización popular contra Assad en Siria como a agentes de EEUU e Israel.

    Esto no se limita a los declarados estalinistas. Un ejemplo fue un grupo de la izquierda independentista catalana que anunció una charla sobre el conflicto en Siria, centrada “en la información que recibimos de los medios de comunicación de masas y los intereses occidentales sobre este país”, sin mencionar siquiera la revolución en sí. Más grave aún si cabe —porque se le considera experto sobre la región— fue la intervención del antiguo trotskista (y ex dirigente de la CI) Tariq Ali, que declaró que lo que ocurre en Siria es “una nueva forma de re-colonización por parte de Occidente” y dio por buenas las acusaciones de que gran parte de las atrocidades no se debían a Assad, sino a las fuerzas opositoras (Ali, 2012).

    Es cierto que los aspectos geopolíticos deben tenerse en cuenta, y también lo es que EEUU intenta aprovecharse de cualquier oportunidad para ejercer su influencia. Y estas injerencias incluso pueden disfrazarse de revoluciones. Las “revoluciones de colores” —en Ucrania, en Georgia, y algún que otro país— fueron realmente poco revolucionarias. Se caracterizaron por la ausencia de movilización desde abajo, de iniciativa espontánea o de autoorganización; carecieron de propuestas de cambio y justicia social, más allá de cambiar el nombre del presidente… Pero esto no implica meter en el mismo saco toda movilización popular que incomode a un dirigente hostil —o supuestamente hostil— para EEUU.

    El movimiento verde en Irán, por ejemplo, que empezó como una protesta contra la reelección en circunstancias dudosas de Ahmedinejad, fue tachado por muchos de maniobra imperialista. Según el académico estadounidense de izquierdas, James Petras: “los neoconservadores, los conservadores libertarios y los trotskistas se unieron a los sionistas” en su apoyo al movimiento. (Karvala, 2009c; ver también Karvala, 2009b). Ahora se puede ver la chocante similitud entre aquel movimiento verde y la primavera árabe, especialmente con la revolución egipcia, en el sentido de combinar la lucha por la libertad y la democracia política con las crecientes demandas de justicia social.

    Las mismas acusaciones han surgido contra la revolución siria. (Ver sobre esto Karvala, 2011b). Eduardo Luque argumenta que: “Este conflicto es otro ejemplo, uno más, de cómo la propaganda (a través de un enorme entramado de medias verdades, noticias falsas, exageradas o infundadas) crea una realidad ficticia. Con ello no se niega que exista conflicto político y militar, no se puede negar que hay dolor y sufrimiento, sino que es una realidad generada fuera del país, diseñada y planificada en las mesas de los Estados Mayores de las otrora potencias coloniales. Es una guerra impuesta al pueblo sirio.” (Luque Guerrero, 2012, pp. 17- 18). Luque nos da otra idea de por dónde van los tiros cuando se compadece del pobre “presidente Putín” por las dudas levantadas entorno a su reelección. Aún más sorprendente, dada su larga trayectoria como comunista, es su afirmación de que: “Creer en la espontaneidad de las Revoluciones es realizar hoy un acto de fe. En pocas ocasiones las revoluciones han sido exclusivamente espontáneas, siempre han basculado influidas por los acontecimientos y los actores; no pocas de esas Revoluciones han supuesto enormes retrocesos sociales.”(Luque Guerrero, 2012, pág. 25.)

    Una visión mucho más realista, y revolucionaria, de cómo se entrecruzan las cuestiones geoestratégicas y las demandas populares, la ofreció Santiago Alba Rico en una reciente entrevista (publicada, por suerte, en el mismo número de El Viejo Topo que el texto de Luque). Planteó: “dos presupuestos que deberíamos afirmar al mismo tiempo sin sonrojarnos como condición de toda lucha de la izquierda antiimperialista. El primero es que existe la CIA y que conspira sin cesar, que la OTAN no es una institución humanitaria sino guerrera y criminal al servicio de las grandes potencias y que Israel, EEUU, la UE y los países del Golfo han intervenido siempre para impedir la democracia y la soberanía en esta zona geoestratégica de vital importancia. Pero el otro presupuesto es el de que no sólo existen la CIA y la OTAN, que los pueblos también conspiran, que sus conspiraciones se llaman revoluciones (o revueltas, levantamientos, protestas, huelgas generales, etc.) y que, si suelen ser derrotados, siguen constituyendo la única fuente autónoma a partir de la cual se pueden introducir cambios auténticos en las relaciones de dominio capitalista y neocolonial.” (Alba Rico, 2012).

    Este tipo de dilema no es nada nuevo. El propio Eduard Luque se refiere a otro ejemplo, un incidente en la revolución rusa de 1917: “La Alemania del Kaiser Guillermo permitió que el tren que trasportaba a Lenin camino de Rusia alcanzara su destino y encendiera aún más la mecha de la Revolución de Octubre.” Este hecho fue utilizado después por la derecha y los reformistas en Rusia para tildar a Lenin de agente alemán. A Luque no se le ocurriría hacer esto, pero sugiere que la oposición siria es agente de occidente cuando ha recibido menos ayuda de EEUU de lo que Lenin recibió de Alemania.

    Es un hecho que los movimientos auténticos pueden atraer el interés de alguna superpotencia.

    Durante décadas, la debilidad de la URSS ante EEUU la llevó a complementar su poder directo con la influencia en los movimientos opositores en los países del bloque occidental. En América Latina, muchas guerrillas recibieron algún tipo de apoyo del este. El Congreso Nacional Africano (ANC) de Sudáfrica recibió subvenciones muy importantes del bloque soviético. Se podrían dar muchos más ejemplos. Pero sólo la derecha más cavernícola podría argumentar, en base a tales hechos, que estos movimientos carecían de genuino apoyo popular. La influencia soviética tuvo un efecto, normalmente negativo, pero las luchas contra el apartheid o contra las dictaduras en América latina no fueron meras expresiones de la guerra fría entre EEUU y la URSS.

    Si hoy en día EEUU tiene que recurrir a estrategias parecidas, es otra confirmación de su relativa debilidad. Y como dice Santiago Alba, es un factor que debe tenerse en cuenta, pero no hasta el punto de negar toda posibilidad de una revolución popular e independiente. Aunque ésta es la conclusión clara y lógica de la posición estalinista. Así lo ha sido desde los años 30 del siglo pasado, cuando su pesimismo (si no hostilidad) ante la posibilidad de una revolución real llevó al estalinismo a impulsar la política del frente popular.


    Fuente: http://www.enlucha.org/site/?q=node/17768

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    Re: El estalinismo en la izquierda de hoy (texto trotskista)

    Mensaje por granados el Dom Oct 14, 2012 1:45 pm

    ¡ este texto ya se puso en el foro, creo recordar que salió en Rebelión! y no es más que un disparate trotskista, no hay por donde cojerlo.

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