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En defensa de China. El asunto Bo Xilai y el liberalismo en el seno del PCCh

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Mensaje por HandsOffChina el Vie Oct 12, 2012 10:26 pm

En defensa de China
El asunto Bo Xilai y el liberalismo en el seno del Partido Comunista Chino

http://infochina.be/fr/content/l%E2%80%99affaire-bo-xilai-et-le-lib%C3%A9ralisme-au-sein-du-parti-communiste-chinois


En China, las aguas aún no están tranquilas. A más de un mes desde el cese del dirigente Bo Xilai de todas sus funciones, la opinión pública china sigue con estupor la evolución de este asunto, en el que los elementos clave son: abuso de poder, corrupción, homicidio y espionaje. El expediente Bo Xilai demuestra que hay algo fundamentalmente falseado en la ideología, la disciplina y el control en el seno del Partido Comunista Chino.

El asunto empezó el 6 de febrero, cuando Wang Lijun pidió asilo político al consulado americano de la ciudad de Chengdu. Wang Lijun era el jefe de policía del municipio de Chongqing, que hoy cuenta con más de 32 millones de habitantes. El líder local del Partido Comunista en la ciudad era Bo Xilai, estrella ascendente del firmamento político chino, miembro del Buró Político a la cabeza del Partido Comunista Chino (PCCh) y personaje destacado del sector más izquierdista del PCCh.

Para convencer a los americanos de que le den asilo, Wang Lijun entrega información confidencial sobre Chongqing y los asuntos internos del Partido Comunista. Pero los americanos le niegan el asilo, seguramente porque estaban convencidos de que así iban a causar más daño al PCCh y a China. Cuando Wang abandona el edificio, los servicios de seguridad de la capital le detienen y le deportan a Beijing. Bo Xilai se distanció de Wang y declaró que se había equivocado con él.

En Beijing, Wang declaró a las autoridades que se había orientado hacia los americanos porque temía por su vida. El 18 de enero, Wang acudió al domicilio de Bo Xilai con pruebas de que la mujer de este último, Gu Kailai, estaba implicada en la muerte del británico Neil Heywood. Parece ser que en un primer momento, Bo Xilai le dijo a Wang que podría seguir con la investigación criminal contra su mujer. Pero más tarde se retractó. El 2 de febrero, Bo Xilai cesaba al jefe de policía y lo transfería al puesto de alcalde adjunto responsable de enseñanza, cultura y ciencia.

La esposa, Gu Kailai, es una abogada que en los últimos años ya no se ocupaba de su buffet de abogados, sino de todo tipo de trámites comerciales. Uno de sus socios era ni más ni menos que el británico Neil Heywood. Heywood fue hallado muerto en la habitación de su hotel en Chongqing el pasado 15 de noviembre. “Mi investigación”, declaraba Wang Lijun a las autoridades de Beijing, “indica que Heywood ha sido envenenado con cianuro y que Gu Kailai estaba implicada muy de cerca en este crimen.”

Al parecer, el motivo del crimen fue una discusión entre Gu y Heywood acerca de ciertas transacciones financieras. La Comisión Central de inspección del PCCh inició entonces una investigación sobre la corrupción, interesándose especialmente en Gu Kailai, Bo Xilai y su entorno directo. El mes de marzo pasado, Bo Xilai era cesado en sus funciones de secretario del partido en Chongqing y miembro del Buró Político. Más tarde, también sería expulsado del Comité Central del PCCh. Su mujer fue encarcelada tras ser acusada del asesinato de Neil Heywood. Las autoridades del partido acusan a Bo Xilai de abuso de poder y de infracción grave de la disciplina del partido. La investigación del partido así como del poder judicial aún no han terminado.

Corrupción

El asunto es particularmente penoso para el PCCh, y causa un gran perjuicio a la reputación del Partido, tanto en China como en el extranjero. Desvela las debilidades en la organización y la fuerza ideológica del partido, y ello en un momento en que las contradicciones en el mundo y en China no dejan de crecer, en el que China debería disponer de un Partido Comunista disciplinado e inquebrantable para poder afrontar estas contradicciones. Los dirigentes del partido y del gobierno Hu Jintao, Wen Jiabao y Xi Jinping han hecho un llamamiento a reforzar la lucha contra la corrupción y por la moral comunista. Sin embargo, es el tipo de llamamientos que ya hemos oído en múltiples ocasiones estos últimos treinta años, y como lo demuestra el asunto Bo Xilai, estos llamamientos no han tenido resultados probados.

En los años 90, Chen Xitong, jefe del partido en Beijing, tuvo que dejar sus funciones por cargos de corrupción.

En 2005, Chen Liangyu, dirigente del partido en Shanghai, la segunda ciudad más importante del país, acabó en prisión, también por corrupción.

Cada año se inician investigaciones sobre al menos 20 000 funcionarios por los mismos motivos de corrupción.
En 2001, el Banco Nacional de China publicaba un informe en el que se decía que entre mediados de los años 90 y 2008, funcionarios del partido y del gobierno sacaron hacia el extranjero cerca de 800 billones de yuanes (alrededor de 90 billones de euros). Políticos que ocupan altos cargos utilizan a sus esposas, hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas para hacer pasar al extranjero dinero proveniente de la corrupción. El año pasado, se descubrió que el ingeniero jefe del ministerio de industria ferroviaria había transferido así unos 2.3 billones de euros hacia Estados Unidos y Suiza.

Aparentemente, la pareja Bo Xilai y Gu Kailai sufrían del mismo mal. Bo inició su ascenso político en 1992. En aquella época, había sido elegido alcalde de Dalian, en la provincia septentrional de Liaoning. Se mantuvo en este puesto durante 10 años, para convertirse luego en gobernador de la misma provincia de Liaoning. Durante este periodo, la pareja estrechó lazos de amistad con tres extranjeros: el británico Neil Heywood, el arquitecto francés Patrick Henri Devillers y el hombre de negocios sino-americano Larry Cheng. A través de estas tres personas, Gu Kailai sellaría todo tipo de transacciones comerciales. Entre 2000 y 2003, Patrick Henri Devillers y Horus Kai habían vivido en el mismo domicilio en la ciudad balnearia británica de Bournemouth, durante la época en la que se encontraban en Reino Unido por asuntos de negocios. Horus Kai era el nombre utilizado a menudo por Gu Kailai para realizar transacciones comerciales en el extranjero.

La pareja también había estrechado amistad con otros dos hombres de negocios de Dalian: Xu Ming y Wang Jianlin. Xu es un multi-millonario que dirige el conglomerado Shide Group. Por otro lado, Wang Jianlin es presidente de la sociedad inmobiliaria Dalian Wanda Group. Xu Ming fue detenido el 15 de marzo por “delitos económicos”.

Espía

En el año 2005, cuando Bo Xilai fue nombrado ministro de comercio, la pareja se instaló en Beijing. El británico Neil Heywood también se instaló allí. Se alojó en una mansión de un elegante barrio de la capital.

La relación de amistad entre la pareja Bo-Gu y Heywood llegó a durar hasta 20 años. Durante todo este tiempo, Heywood trabajó para el servicio de información británico Secret Intelligence Service, también conocido bajo la denominación MI6. Primero lo hizo directamente para el MI6, y después, a través de la firma Hakluyt & Company cuando fue fundada a finales de los años 90. Hakluyt es un servicio de espionaje privado creado por iniciativa del MI6 junto con oficiales del MI6. En la oficina de los consejeros de la casa madre de Hakluyt se encuentran el antiguo jefe de la OTAN, Javier Solana, el antiguo jefe del Estado mayor del ejército británico, Lord Linge, el antiguo presidente de Shell, Peter Holmes, y Frank. G. Wisner, antiguo embajador de los Estados Unidos y gran amigo del ex-dictador egipcio Hosni Mubarak. Por tanto, Hakluyt no es cosa baladí, sino algo muy gordo. A través de la pareja Bo y Gu, el espía Heywood estaba profundamente infiltrado en el seno del PCCh. Gu era la madrastra de uno de los hijos de Heywood. A su vez, Heywood se las había arreglado para que Bo Guagua, el hijo de Bo y Gu, pudiera inscribirse en el prestigioso Balliol College de la universidad de Oxford.
Es particularmente aterrador ver como los servicios de seguridad internos del Partido y el contraespionaje de la República Popular permitieron que ello ocurriera durante veinte años. Ello sugiere una total incompetencia o una enorme laxitud.
En octubre de 2011, durante la sesión anual del Comité Central, el secretario general Hu Jintao daba un discurso en el que avisaba contra “los encarnizados intentos de Occidente de infiltrar China y nuestro partido”. ¿Pero alguien de los servicios de contraespionaje estaba escuchando realmente cuando se dijeron aquellas palabras?

Ofensiva neoliberal

Las autoridades chinas no parecen haberse percatado de la forma con la que el liberalismo, el “dejar pasar, dejar hacer”, son alentados en el seno del partido por el neoliberalismo que, desde la economía privada y algunos medios académicos, conoce un éxito creciente. El neoliberalismo pretende propagar una ideología afirmando que el partido ya no está en condiciones de seguir con el milagro socioeconómico de los últimos treinta años. El asunto Bo parece darle la razón a los neoliberales. Allá donde se juntan el asunto Bo y la ideología neoliberal, la autoridad del partido se derrumba. Y, pese a ello, los neoliberales prosiguen con su actividad en toda impunidad, atacando la fortaleza del socialismo.

Este mes de febrero se publicaba un informe de 470 páginas del Banco Mundial titulado “China en 2030 – el establecimiento de una sociedad armoniosa, creativa y con elevados ingresos”. He aquí algunos extractos de este informe:

• “El gobierno debe limitar su papel en el mercado, en la concesión de los créditos así como en la producción y la distribución. Debe centrarse en la financiación de los servicios públicos, la protección del medio ambiente y la puesta en pie de un entorno propicio para el desarrollo del sector privado.”

• “China debe adaptar su estrategia de desarrollo, ahora que está entrando en una nueva fase de crecimiento económico. La adaptación tiene que ver en primer lugar con una modificación del papel del mercado, el sector privado y la sociedad en su conjunto. El gobierno debe retirarse de la producción, la distribución y la atribución de las materias primas y la mano de obra. Debe centrarse en la creación de un marco que permita a los demás tomar decisiones en el desarrollo económico.”

• “A lo largo de las próximas dos décadas, China se verá enfrentada a numerosos desafíos. El principal de entre ellos es la transformación del papel de las autoridades: de participante activo en la vida económica hacia un marco institucional que esté al servicio de un mercado competitivo.”

El lector habrá notado que se trata de alegato a favor de un capitalismo liberal, tal y como lo conocemos en Occidente, en el que las autoridades son marionetas del sector privado, mientras se tiene a la población con la soga en el cuello. El informe es un extenso alegato neoliberal que afirma que China sólo tendrá porvenir si abandona su modelo actual para adoptar la economía de libre mercado. En un momento en que China evoluciona rápidamente, desde una sociedad que produce en masa mercancías con bajo valor tecnológico, hacia una sociedad innovadora en la que el sector servicios juega un papel más importante, “la intervención del Estado en la economía puede ponerle trabas al crecimiento. Es por ello que la política debe orientarse hacia un papel más importante del sector privado. Hay que partir del principio de que el mercado es lo suficientemente maduro para repartir los medios disponibles de manera eficaz y que las firmas privadas son lo suficientemente fuertes e innovadoras como para competir en la arena internacional en sectores tecnológicamente avanzados.”

Tenemos que detenernos en este punto. Concretamente, en la descripción de “mercado maduro”. El hombre que más ha influenciado este informe es Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial. Antes de ser nombrado presidente en 2007, había sido vice-ministro de asuntos extranjeros con Bush padre. Pero también fue director general de Goldman Sachs – el banco americano que aún cuenta con otros antiguos servidores en importantes puestos políticos tanto en Estados Unidos como en el seno de la Unión Europea. Zoellick también es un antiguo vice-ministro de Fannie Mae, la compañía de seguros hipotecarios en Estados Unidos. Goldman Sachs y Fannie Mae son dos importantes actores del “mercado maduro” y, como tales, fueron dos importantes detonadores de la crisis financiera de 2008 que ha conducido a la miseria financiera y económica que hoy empuja a la gente al suicidio en Grecia y que, según un reciente informe del periódico Le Monde, está provocando un rápido aumento del trabajo infantil en Italia. Cuando Zoellick, vástago de los principales círculos de usureros financieros de Estados Unidos, da consejos económicos y financieros a las autoridades políticas de China, no está de más tener cierta prudencia.

Zoellick también proviene del PNAC. Son las siglas en inglés de Project for a New American Century (proyecto por un nuevo siglo americano), sociedad creada en 1991 que ha obrado a favor de la hegemonía de los Estados Unidos en el mundo y que dio forma a la política belicista de Bush padre e hijo. He aquí entonces al hombre que se encuentra detrás del informe del Banco Mundial sobre China. Un burgués ultra-liberal y agresivo dispuesto a asestar un golpe de muerte al socialismo chino, y cuanto antes mejor (al menos en lo que a él respecta). Y sin embargo… este informe del Banco Mundial ha sido también co-redactado por el Centro de Investigación y Desarrollo (CID) del Consejo de Estado, una comisión de expertos del gobierno chino. ¿Perdón?, estaréis diciendo.

Que en diez años de funcionamiento, el Banco Mundial haya realizado cosas positivas en China, eso nadie lo niega. El Banco está en el origen de la reforestación de una meseta de loess desértico tan grande como Francia. Ha proporcionado excelentes servicios en la erradicación de la tuberculosis, en el financiamiento de pequeñas escuelas rurales y en proyectos medioambientales. Pero la cosa cambia cuando una comisión de expertos del gobierno se une a un alegato capitalista que se podría encontrar perfectamente en un manual de Friedrich von Hayek. La cosa también cambia cuando cuadros superiores de la administración gubernamental suscriben la ideología neoliberal del Banco Mundial. Durante el otoño pasado, Jin Liqun, cuadro del CID y antiguo vice-ministro de finanzas, se cubría de ridículo declarando en una entrevista a la cadena Al-Jazeera que la crisis financiera y económica en Europa Occidental se debía a la pereza de la población trabajadora. El año anterior, había explicado en un vídeo publicitario del Banco Mundial que “los éxitos de China no habrían sido posibles sin el Banco Mundial”, escamoteando así que el arquitecto del éxito socioeconómico chino no era el Banco Mundial, sino el Partido Comunista. El secretario general del CID, Lu Mai, dijo por su parte: “El Banco Mundial va a ayudar a China a convertirse en una economía de mercado que transformará completamente China”. Lu Mai no da cuenta de que China tiene una economía socialista de mercado, cosa muy distinta de una “economía de mercado de pleno derecho” (entiéndase: libre). En una economía de libre mercado, la economía y el Estado son sometidos a los intereses de las mayores empresas privadas y el conjunto de la población debe vivir y trabajar lo necesario para que las grandes empresas privadas puedan ganar la batalla de la competitividad. En la economía socialista de mercado, el Estado y las grandes empresas estatales dirigen las diversas formas de propiedad de la economía (propiedad estatal, cooperativa, individual, privada, extranjera) y las autoridades estimulan el desarrollo de la economía privada en el marco de los objetivos económicos y sociales establecidos por las autoridades en planes a corto y a largo plazo. En la economía de libre mercado, las crisis son inevitables porque cada capitalista comprime los salarios de sus trabajadores, lo que hace que la población termine disponiendo de ingresos insuficientes para poder comprar los productos que ella misma ha fabricado. De ahí que, en estos últimos años, bajo el capitalismo la tasa de crecimiento se ha aproximado al 0%, mientras que en China, se sitúa aún entre el 8 y el 10%. No obstante, resulta penoso ver cómo en algunos círculos intelectuales chinos brilla por su ausencia un análisis del sistema, tanto en lo relativo a su propio sistema como al del capitalismo en Occidente. Ello desemboca en discursos neoliberales del tipo Jin Liqun sobre la pereza de los trabajadores occidentales.

Las concepciones neoliberales constituyen una corriente minoritaria en China. Siempre han existido desde mediados de los años 80 en las altas esferas del aparato del partido y del gobierno. En cada acontecimiento crucial, vuelven a salir a la superficie y tratan de ganar terreno. Un acontecimiento de tal importancia es el XVIII congreso del partido, que se celebrará en otoño. Hoy en las provincias y regiones autónomas, se celebran congresos locales del partido, en los que se designan a los delegados que se mandaran al congreso nacional. Los neoliberales tratarán de incidir en este proceso. En el plano económico, tienen dos objetivos: el papel del Estado en la economía y la existencia misma de las grandes empresas estatales.

Abogados del capitalismo

En el momento de la aparición del informe del Banco Mundial titulado “China en 2030”, tenía lugar en Davos (Suiza) la cumbre anual del Foro Económico Mundial, un encuentro elitista que reúne a cerca de 2000 personalidades eminentes de las multinacionales, los bancos y los partidos políticos. Este año también se invitó a un grupo de chinos. Durante el almuerzo del 27 de enero, organizaron un encuentro con la prensa. El Wall Street Journal (¿quién sino?) informaba: “Han declarado con un tono severo que las reformas encaminadas hacia el mercado libre fueron bloqueadas y que la parte del Estado en la economía no deja de crecer […] Un conocido portavoz de los sectores favorables a las reformas, Hu Shili, ha calificado el hecho de que estas reformas vayan a rastras como el mayor peligro para la economía china. El profesor Zhang Weiying, de la Universidad de Beijin, le salió al paso diciendo: ‘Necesitamos hombres políticos favorables a las reformas y a los emprendedores privados’ […] John Zhao, el patrón de la sociedad china de fondos privados Hony Capital, ha explicado que seguía siendo muy optimista y que esperaba que los dirigentes chinos fueran a emprender de nuevo el camino de las reformas. La cuestión está en saber si tendrán el valor para hacerlo, añadió.”

El 25 de marzo, en la ciudad de Guangzhou (sureste de china) se celebraba el foro anual de Lingnan. Se trata de una reunión de economistas organizada por la Universidad Sun Yat-Sen y el periódico Caixin, portavoz de los empresarios privados. Wu Jinglian tomó la palabra en aquel encuentro. Wu es un anciano que en los años 90 fue el consejero económico del primer ministro Zhu Rongji. Hoy es consejero del CID es el Consejo de Estado, el mismo centro que firmó el informe del Banco Mundial. Estos últimos años, Wu Jinglian se ha convertido en un abogado entusiasta del capitalismo. En Guangzhou, abogó a favor de que el Estado se retirara de la economía. En aquel foro también estaba presente Xu Xiaonian. Un mes antes, también había tomado la palabra en Davos. Xu es profesor en la China Europe International Business School de Shanghai. Su cátedra es financiada por el banco español Santander. Anteriormente, Xu Xiaonian había trabajado como economista en jefe del banco de negocios americano Merrill Lynch. En Guangzhou, Xu declaró: “La cosa más importante que puede hacer el Estado, es ocuparse menos de la economía.”

Tres días más tarde, el periódico Caixin publicada un editorial anónimo que decía que, en caso de que las grandes empresas estatales fueran a salir a la venta para el sector privado y lo inversionistas extranjeros, éstas valdrían 30 000 billones de yuanes. “Actualmente, esta riqueza está en manos de las 200 mayores empresas estatales […] Las empresas estatales no son su propiedad privada. Las empresas estatales pertenecen al pueblo. La reforma de las empresas estatales debe ser objeto de una discusión abierta y no puede rechazarse por consideraciones ideológicas.”

Reforma política

Naturalmente, la privatización de las empresas estatales no tendrá ni la más mínima oportunidad de triunfar en el XVIII congreso del partido. Primero por consideraciones ideológicas, y luego porque sin las empresas estatales, el socialismo chino estaría amenazado de muerte. En el seno de los círculos dirigentes del partido y del gobierno, existe definitivamente un análisis pormenorizado de los distintos sistemas económicos, tanto del capitalismo contemporáneo como del socialismo con características chinas. Este análisis se traduce en las líneas siguientes, publicadas en Qiushi, el periódico teórico del partido: “Los neoliberales han puesto la mano invisible de Adam Smith en un lugar tan elevado que creen que esta mano puede resolver todos los problemas económicos. Piensan que el Estado no tiene ningún papel económico, excepto el de crear las mejores condiciones para que esta mano invisible pueda actuar. La crisis financiera en occidente demuestra sin embargo que están equivocados. Es muy importante que no abandonemos el sentido de esta convicción cuando hablamos de las funciones del mercado.” Esto explica el por qué, como se puede leer en otro artículo, “hemos votado en 2008 la ley sobre las empresas estatales, ley que estipula que estas empresas juegan el papel más preponderante en la economía nacional”.

El problema es que estos análisis y posiciones no se difunden hacia abajo más que con cuentagotas y que, justo por debajo del nivel político más elevado, las posiciones antimarxistas ganan terreno sin toparse con una fuerte oposición. La dirección del partido habla con cada vez mayor insistencia de reformas políticas, en relación a lo que sigue: debe haber una mayor implicación de los sub-niveles en la elaboración de la política, de manera que los complejos elementos de análisis marxista se desarrollen de arriba hacia abajo y que el contenido de lo que el partido llama “modelo científico de desarrollo” penetre hasta el fondo. Si esto no se hace, veremos aparecer, en la coyuntura en la que se encuentra hoy China, un proceso espontáneo de aburguesamiento en el plano de las ideas y las concepciones políticas, y entonces la corriente neoliberal cobrará fuerza permanentemente. Y ello, occidente lo alentará empleado numerosos medios y efectivos.

Peter Franssen, 23 de abril de 2012.
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Mensaje por HandsOffChina el Sáb Oct 13, 2012 7:22 pm

El PCCh expulsa a Bo Xilai y lo pone en manos de la justicia

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/09/28/actualidad/1348829026_638017.html

El exdirigente regional del PCCh será juzgado por corrupción y por posible encubrimiento del asesinato de un empresario británico. El congreso del partido será el 8 de noviembre

JOSE REINOSO Pekín 28 SEP 2012 - 14:05 CET52

El destino de Bo Xilai está sellado. El exsecretario del Partido Comunista Chino (PCCh) en la municipalidad de Chongqing y estrella ascendente de la política china hasta que fue defenestrado hace varios meses ha sido expulsado del partido y tendrá que hacer frente a graves cargos criminales. Bo, que se perfilaba como claro candidato a entrar en el Comité Permanente del Politburó en el próximo congreso quinquenal del PCCh, será juzgado por corrupción, abuso de poder, por recibir sobornos y tener relaciones impropias con numerosas mujeres, según ha asegurado un comunicado del Politburó recogido este viernes por la prensa oficial.

Pekín ha anunciado también que el XVIII Congreso del PCCh comenzará el 8 de noviembre. En el cónclave, se producirá el relevo generacional de los máximos dirigentes del partido. Se prevé que el secretario general, Hu Jintao, sea sustituido en el cargo por Xi Jinping, actual vicepresidente del país.

Bo Xilai fue destituido a mediados de marzo como secretario del partido en Chongqing y el 10 de abril fue expulsado del Politburó, bajo sospecha de estar implicado en “graves violaciones de disciplina”. Ese mismo día, su esposa, Gu Kailai, fue acusada de ser “altamente sospechosa” del asesinato de un hombre de negocios británico, Neil Heywood, debido a una disputa sobre “intereses económicos”. A finales de agosto, Gu fue juzgada y condenada a pena de muerte con suspensión de sentencia, lo que en la práctica equivale a cadena perpetua.

El comunicado de Politburó afirma que “las investigaciones muestran que Bo violó gravemente la disciplina del partido, abusó de su poder, cometió graves errores y debe ser responsabilizado por el caso Wang Lijun y el caso del asesinato por parte de Gu”, lo que parece implicar que obstruyó la justicia e intentó ocultar el crimen de su esposa.

El Politburó también asegura que Bo Xilai aceptó cuantiosos sobornos directamente o a través de su familia y “mantuvo relaciones impropias con numerosas mujeres”, algo, esto último, que el PCCh prohíbe expresamente porque considera que es un aliciente para la corrupción. “Las acciones de Bo tuvieron serias repercusiones y dañaron de forma intensa la reputación del partido y del Estado”, señala.

La caída de Bo Xilai, de 63 años, ha sido interpretada como una victoria del ala reformista del PCCh, encabezada por el presidente, Hu Jintao, y el primer ministro, Wen Jiabao, quienes defienden la necesidad de una “sociedad armoniosa” y la disminución de las grandes diferencias sociales que han generado tres décadas de rápido crecimiento, frente al ala conservadora y más izquierdista, representada, hasta su destitución, por Bo.

Las acusaciones criminales, mayores de lo que algunos analistas esperaban, parecen indicar que los reformistas han ganado la mano en las arduas negociaciones que han tenido lugar en los últimos meses para definir la composición del próximo Politburó –que tenía 25 miembros hasta la expulsión de Bo- y el todopoderoso Comité Permanente, actualmente integrado por nueve miembros.

Según el documento, los crímenes del político se remontan a la época en que fue alcalde de la ciudad portuaria de Dalian, a sus años como ministro de Comercio y a su mandato en Chongqing, la municipalidad más poblada de China, con 30 millones de habitantes. La gravedad de las acusaciones presagia una dura condena a cárcel. El lunes pasado, Wang Lijun, exjefe de policía de Bo Xilai en Chongqing, fue condenado a 15 años de prisión por una serie de crímenes, incluido el intento de ocultar el asesinato del británico.

El mayor escándalo político que ha vivido China desde las luchas intestinas en el PCCh durante las manifestaciones de la plaza Tiananmen, en 1989, estalló cuando, en febrero pasado, Wang Lijun se refugió en el consulado de Estados Unidos en Chengdu (capital de la provincia de Sichuan), después de ser destituido como responsable policial de Chongqing. Wang huía de Bo, quien reaccionó con furia cuando días antes Wang le comunicó sus sospechas sobre el crimen de su mujer.

Wang estuvo 33 horas en el consulado, de donde no salió hasta que llegó un equipo de investigadores enviado por el Gobierno central, que se lo llevó a Pekín. Durante su estancia en la legación, implicó directamente a Bo y a Gu en la muerte del empresario. La policía dijo inicialmente que Heywood había fallecido de una crisis cardíaca por un consumo excesivo de alcohol.

La deserción de Wang desencadenó una grave crisis política, que ha puesto de manifiesto, según analistas y expertos, las fuertes divisiones internas existentes en el PCCh, en vísperas del congreso del partido. Pekín ha intentado, sin embargo, cerrar filas y dar una imagen de unidad de cara al exterior y ha repetido continuamente que el caso Bo Xilai no tiene nada que ver con rencillas internas y que se trata de algo “aislado”.

Bo promovió en Chongqing el regreso a la parafernalia revolucionaria e impulsó su ascenso hacia la cima del PCCh por medio de la defensa de los pobres, la vuelta al culto maoísta y campañas de lucha contra la corrupción y el crimen organizado.

Sus medidas populistas tuvieron un gran apoyo público, pero fueron criticadas en algunos círculos por saltarse la ley y emplear la tortura. Otros dirigentes del partido vieron con malos ojos su afán de protagonismo en un país donde el perfil bajo sigue siendo una condición imprescindible para llegar a la cumbre del poder. Algunos seguidores de Bo Xilai afirman que ha sido objeto de una campaña montada por sus enemigos para hundirle y acabar con su carrera política. El líder caído es hijo de Bo Yibo, uno de los grandes revolucionarios chinos.

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