Competencia “a lo Marx” y monopolio (I)

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    Competencia “a lo Marx” y monopolio (I)

    Mensaje por inmundo el Vie Oct 12, 2012 5:41 pm

    Competencia “a lo Marx” y monopolio (I)




    En varias ocasiones, en los “Comentarios” del blog, se ha tocado la cuestión de si es correcta la tesis de la preeminencia del monopolio en el capitalismo contemporáneo. La misma fue adelantada por Hilferding, Hobson, Bujarin y Lenin, a principios del siglo XX, y fue adoptada luego por la mayoría de la izquierda. Stalinistas, trotskistas, maoístas, guevaristas, socialdemócratas, nacionalistas de izquierda y radicales izquierdistas de las más diversas tendencias, parecen coincidir en que hacia finales del siglo XIX la concentración del capital habría llegado a un nivel tal que habría producido un cambio cualitativo del modo de producción capitalista: se habría pasado del capitalismo de la libre competencia, al capitalismo monopólico. Desde este enfoque, las explicaciones discurren siempre por los mismos carriles. ¿Por qué suben los precios en Argentina? Respuesta: porque los grupos monopólicos, formadores de precios, suben los precios a voluntad. ¿Por qué suben los precios de los alimentos a nivel mundial? Porque los grupos financieros monopolistas manipulan los mercados de futuros. ¿Por qué sube el petróleo? Porque las grandes empresas petroleras dominan el mercado y establecen los precios. Y así de seguido (aunque algunas preguntas jamás se formulan; por ejemplo, ¿por qué en Japón ha habido fuertes presiones deflacionarias en los últimos 15 años? ¿Acaso porque aquí los monopolios decidieron bajar los precios? Nadie parece preguntarse ni responder. Pero estos son “detalles”). En cualquier caso, el diagnóstico permanece idéntico. El problema es el dominio monopólico.

    Debo decir que durante mucho tiempo compartí esta visión. Sin embargo, desde hace años, he cambiado mi postura, influenciado en buena medida por Anwar Shaikh, y otros autores, que han criticado la tesis del dominio monopólico. Esencialmente, sostengo que la competencia ejerce hoy un rol por lo menos tan importante como en el siglo XIX, y que esto explica por qué las leyes que gobiernan la formación de los precios, presentadas por Marx en El Capital (y otros escritos), siguen siendo válidas. En particular, la ley del valor trabajo, la tendencia a la formación de una tasa media de ganancia, y los precios de producción como “centros” en torno a los cuales oscilan los precios de mercado. Pero cuando afirmo esto, es bastante común que se me responda acusándome de adherir a la noción neoclásica de la competencia perfecta. A fin de despejar esta objeción, y contribuir al debate, en esta nota presento la noción de competencia en Marx, su diferencia con las llamadas “competencia perfecta” y “competencia imperfecta”, y algunas consecuencias que se desprenden con respecto a la tesis del capitalismo monopólico. He dividido la nota en dos partes.

    Marx, ley del valor y competencia

    El punto de partida de la crítica de Marx a la economía política burguesa es la ley del valor trabajo. El supuesto, o fundamento social, de la ley es el fraccionamiento de los medios de producción entre muchos productores de mercancías, independientes unos de los otros. Debido a la falta de coordinación ex ante entre estos diversos productores, existe un nexo interno que los conecta en el mercado. En éste, por medio de los precios, se comparan en los hechos los tiempos de trabajo invertidos en la producción (esto es, se comparan productividades) y se “sancionan” los tiempos de trabajo privado en cuanto generadores, o no, de valor; en otras palabras, se distribuyen los tiempos de trabajo social. Es allí donde “la casualidad y el arbitrio llevan a cabo su enmarañado juego en la distribución de los productores de mercancías y de sus medios de producción entre los diversos ramos sociales del trabajo” (Marx, 1999, t. 1, p. 433). Impera, por lo tanto, un mecanismo de distribución de los tiempos de trabajo, y división del trabajo, distinto al que impera al interior de una empresa. “La norma que se cumplía planificadamente y a priori en el caso de la división del trabajo dentro del taller, opera, cuando se trata de la división del trabajo dentro de la sociedad, solo a posteriori, como necesidad intrínseca, muda, que sólo es perceptible en el cambio barométrico de los precios del mercado y se impone violentamente a la desordenada arbitrariedad de los productores de mercancías”. (…) … la división social del trabajo contrapone a productores independientes de mercancías que no reconocen más autoridad que la competencia, la coerción que ejerce sobre ellos la presión de sus mutuos intereses, así como también en el reino animal la bellum omnium contra omnes (guerra de todos contra todos) mantiene, en mayor o menor medida, las condiciones de existencia de todas las especies” (idem, pp. 433-4). Una consecuencia de esto es que la economía no puede ser “manejada” o regulada a voluntad por los capitalistas (véase más abajo).

    Necesariamente, para que los diversos valores “individuales” se nivelen “para formar un solo valor social”, o sea, el valor de mercado, “se requiere una competencia entre los productores de mercancías del mismo tipo, lo mismo que la existencia de un mercado en el cual se ofrezcan conjuntamente las mercancías” (Marx, 1999, t. 3, p. 228). La competencia opera entonces formando un único valor social en el mercado. Pero la competencia también opera a través del movimiento de los capitales: no invierten en las ramas en que la rentabilidad es más baja (o intentan salir de ellas), e invierten en las ramas en que la rentabilidad es más alta. Por eso, las empresas están sometidas a una doble presión. Por un lado, la que deriva de la competencia de las empresas ya instaladas en la rama; algunas tienen tecnología superior al promedio de la rama, otras inferior, etc., y de este choque se forman los valores sociales. Por otro lado, las empresas están sometidas a la presión que deriva de la posibilidad de entrada de nuevos capitales a la rama; y de esta presión, deriva la formación de una tasa media de ganancia, y de precios de producción. Observemos que en la medida en que el capital deviene más mundializado, esta presión se intensifica, tendencialmente.

    Se da así un proceso por el cual permanentemente la oferta y la demanda hacen oscilar los precios por encima y por debajo de los precios de producción, a la vez que los precios de producción modifican la oferta y la demanda: “”Si se modificase el valor de mercado (Nota: Marx utiliza este término como sinónimo de precio de producción), se modificarían asimismo las condiciones en las cuales podría venderse la masa global de las mercancías. Si el valor de mercado baja, se amplían en promedio las necesidades sociales… pudiendo absorber, dentro de ciertos límites, mayores masas de mercancías. Si el valor de mercado aumenta, se contraen las necesidades sociales de esa mercancía, y se absorben menores masas de ella. Si en consecuencia la oferta y la demanda regulan el precio de mercado, o mejor dicho las desviaciones de los precios de mercado con respecto al valor de mercado, por otra parte el valor de mercado regula la relación entre oferta y demanda o el centro en torno al cual las fluctuaciones de la oferta y la demanda hacen oscilar, a su vez, los precios de mercado” (idem, p. 229). La oferta y la demanda juegan un rol indudable en el funcionamiento de la ley del valor, aunque no determinan ni regulan el centro, o valor de mercado (precio de producción) en torno al cual oscilan los precios de mercado. Por esta razón no puede explicarse nada por la oferta y la demanda hasta que no se haya explicado la ley sobre la base de la cual operan la oferta y la demanda (ver ídem, p. 230). “Cuando la oferta y la demanda se anulan mutuamente, dejan de explicar nada, no actúan sobre el valor de mercado, y con más razón nos dejan a oscuras en cuanto a por qué el valor de mercado se expresa precisamente en esta suma de dinero, y no en otra” (ídem, p. 239). El punto es importante, porque mucha gente piensa, erróneamente, que Marx negó todo rol a la oferta y la demanda (lo cual equivaldría a negar la competencia). Pero lo que dice Marx es que la oferta y la demanda, por sí, no explican nada; no afirma que no jueguen un rol.

    Es también por medio de este mecanismo competitivo que las leyes del capitalismo, y por ende la ley del valor, se imponen sobre los productores. “La libre competencia impone las leyes inmanentes de la producción capitalista, frente al capitalista individual, como ley exterior coercitiva” (Marx, 1999, t. 1, p. 326). Esta coerción es la que está detrás del incremento de la explotación del trabajo, del cambio tecnológico, el aumento de la escala de producción y el consiguiente aumento de la productividad. “La lucha de la competencia se libra mediante el abaratamiento de las mercancías. La baratura de éstas depende, ceteris paribus, de la productividad del trabajo, pero ésta, a la vez, de la escala de la producción” (Marx, 1999, t. 1, p. 778). Por este motivo, en el capitalismo competitivo la guerra de precios desempeña un rol central. En busca de plusvalías extraordinarias, los capitalistas individuales introducen el cambio tecnológico, aumentando la productividad (Marx, 1999, t, 1, cap. 10). Y este mismo proceso impulsará a la sobreproducción y la sobreacumulación, que están en la base de las crisis capitalistas. Es significativo que en la visión “predomina el monopolio” la guerra de precios no juega ningún rol sistemático, o relevante.

    Precio y ganancia de monopolio

    A diferencia del precio determinado por la ley del valor trabajo, el precio de monopolio, considerado en general, es “un precio determinado únicamente por la apetencia de compra y la capacidad de pago de los compradores, independientemente del precio determinado por el precio general de producción así como por el valor de los productos” (Marx, 1999, t. 3, p. 986). Marx presenta en seguida el caso de un viñedo del que se obtiene un vino de excepcional calidad, que solo puede producirse en cantidades reducidas, y cuyo precio está determinado por la disposición de la demanda (digamos, bebedores distinguidos y con recursos), con independencia del valor y del precio de producción. Aquí no existe ley interna que rija el precio. Aclaremos que no debe confundirse con el precio de producción que rige en los mercados de los productos agrícolas o mineros, y que da lugar a la formación de la renta diferencial. Nunca se insistirá lo suficiente en que la renta de la tierra (o minera) no es explicada, en El Capital, por la imposición de algún recargo monopólico. La renta diferencia presupone el precio de producción general de las mercancías (ver, por ejemplo, Marx, t. 3 p. 830).

    Un caso particular de precio de monopolio lo encontramos cuando es posible establecer un precio superior al precio de producción, a partir de algún monopolio natural o artificial. Ahora habría una transferencia de ganancia desde otros productores mercantiles: “El precio monopólico de ciertas mercancías sólo transferiría una parte de la ganancia de los otros productores mercantiles a las mercancías con precio monopólico” (idem, p. 1093). Esto significa “una perturbación local en la distribución de plusvalor entre las diferentes esferas de la producción”, lo que sin embargo no altera la masa de plusvalor (ver idem). Aquí no hay ley interna que regule la cuantía de esa transferencia de plusvalía desde las empresas sin poder de monopolio a las empresas monopólicas.

    De todas maneras, Marx consideraba estos casos como perturbaciones, sin carácter sistemático, como lo demuestra el hecho de que el precio de producción está determinado por la tasa media de ganancia, y ésta es un resultado de la concurrencia entre los capitales. En el siglo XX, en cambio, los más destacados partidarios de la tesis del monopolio tendieron a pensar que este caso había devenido general y sistemático. En su opinión, las ramas más importantes de la economía estaban monopolizadas, y las grandes empresas obtenían una tasa de ganancia superior, en término medio, que la tasa de ganancia de las empresas no monopólicas. Mandel (1969), entre otros, puso el énfasis en este mecanismo. Esto implicaba, desde el punto de vista empírico, que debía haber dos tasas medias de ganancia, la del sector monopólico, y la del no monopólico. Por eso también, en el plano teórico, era necesario encontrar alguna ley que regulara un fenómeno que ya no podía reducirse a “perturbaciones”. A pesar de la importancia del asunto para la teoría del monopolio, sus defensores nunca pudieron dar satisfacción a estas dos exigencias. No hay comprobación empírica de la existencia una tasa de ganancia monopólica (esto es, derivada del dominio del mercado y de precios por encima del precio de producción); Semmler (1982) presenta datos sobre el asunto. Tampoco hubo manera de explicar teóricamente la diferencia entre las dos tasas de ganancia.


    http://rolandoastarita.wordpress.com/2012/10/12/competencia-a-lo-marx-y-monopolio-i/
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    Re: Competencia “a lo Marx” y monopolio (I)

    Mensaje por inmundo el Vie Oct 19, 2012 5:04 pm

    Dejo la segunda parte: http://rolandoastarita.wordpress.com/2012/10/19/competencia-a-lo-marx-y-monopolio-ii/

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