"Enfermedades culturales: el estudio de enfermedades psicosomáticas construídas culturalmente" - breve texto publicado en "El Rincón del Antropólogo"

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pedrocasca
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"Enfermedades culturales: el estudio de enfermedades psicosomáticas construídas culturalmente" - breve texto publicado en "El Rincón del Antropólogo"

Mensaje por pedrocasca el Mar Sep 04, 2012 9:32 pm

EL ESTUDIO DE ENFERMEDADES PSICOSOMÁTICAS CONSTRUIDAS CULTURALMENTE

breve texto publicado en "El Rincón del Antropólogo"

El koro es una enfermedad mental frecuente en China. Quien la padece cree ver reducido el tamaño de su pene. Una vez que la víctima esta poseída es presa del pánico e intenta por todos los medios volver a recuperar el tamaño de su órgano gential. Los familiares ayudan con acupuntura, así como colgando pesos y contrapesos. Muchos pacientes de koro se mutilan de esa forma de la peor manera posible y lo hacen dentro de un estado de pánico mortal porque según la creencia china, quien padece koro muere inmediatamente. Existen muchas manera de evitar el koro: no adelantar a una tortuga, no comer ciertos tipos de carne … pero la más segura es no ser chino, malayo on tailandés porque el koro sólo ataca a hombres del sudeste asiático.

Cada vez más psiquiatras y antropólogos investigan las llamadas “enfermedades culturales”; una serie de patologías psíquicas que aparecen ligadas a un contexto cultural concreto. Y el mundo está lleno de ellas. Los estudiantes de África Occidental padecen “niebla cerebral”, que les entorpece el pensamiento. Los esquimales sufren de “histeria ártica”, una especie de estado de pánico en la cual las víctimas se desprenden de sus ropas y corren desnudos en el frío hasta caer en coma. Los habitantes de las islas Wellesey en Australia sufren de ataques de pánico ulcerosos conocidos como Malgri si se sumergen en el mar sin haberse lavado las manos de restos de alimentos que se han producido en tierra (la tierra y el mar son enemigos en su mitología). Los malayos son presa de una furia asesina —el amok— tan terrible que el nombre ha llegado a occidente y se emplea para describir los estados psicóticos en los que caen por ejemplo los desequilibrados que cometen masacres en escuelas o hamburgueserías. Algnas patologías culturales de Occidente son la anorexia y la bulimia.

Las patologías culturales pueden parecer curiosas e incluso divertidas, pero en la psiquiatría son fuente de polémica. Sobre todo porque amenazan la creencia establecida de que toda disfunción mental tiene su origen en factores bioquímicos. En las últimas décadas esta creencia empieza a verse cuestionada. Los antropólogos médicos admiten que el elemento biológico es importante, ya que la falta de jodo o alteraciones en los neurotransmisores causan alucinaciones en cualquier persona, independientemente de que sea europeo, japonés o árabe. Pero la teoría biológica no explica todo, como por ejemplo la sobreproporción de adolescentes anoréxicos en Europa frente a Japón.

Desde hace tiempo se conoce el poder de las normas sociales y culturales sobre la psique. Las rupturas de tabúes o las prácticas de vudú producen la muerte abrupta de individuos que fallecen de miedo. Por otro lado, quien no crea que tierra y mar sean enemigos nunca morirá de Malgri.

Estas investigaciones tienen su importancia para entender también los mecanismos por los cuales en Occidente se extienden las epidemias de depresiones, anorexia, bulimia o las olas de suicidios adolescentes. Y ello debe servir para cuestionar el modelo psiquiátrico, así como las políticas de marketing de los fabricantes de antidepresivos, dice Michael Kenny, un antropólogo de la Simon-Fraser University en Columbia Británica. “Es curioso —dice Kenny— que la anorexia se haya convertido en un mercado en expansión de la industria de la psicoterapia”.

Según Kenny, del mismo modo que existe el efecto placebo, existe su contrario. Los experimentos muestran que los grupos de test a los que se infunde miedo a padecer problemas del corazón acaban por desarrollarlos . El psiquiatra Arthur Barsky denomina a este fenómeno “efecto nocebo”. Cuando los pacientes creen que las “cosas irán mal, entonces la probabilidda de que vayan mal se multiplica por tres”, afirma Barsky. “Teniendo en cuenta los costes humanos y sanitarios este dato no es clínicamente irrelevante”, dice Barsky.

En esta luz deberían enfocarse otras dolencias occidentales, como la tendencia a la obesidad o incluso malformaciones físicas de niños americanos que se veían recompensados con afecto.

El mensaje de estas investigaciones es claro: más allá de lo exótico de algunos dolencias, el entorno social juega un papel más importante de lo que comúnmente admite la medicina clásica. Y ello tiene su importancia a la hora de diseñar terapias basadas meramente en las respuestas biológicas.




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