La dictadura de la mediocridad: de Jruschov a nuestros días

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    Platon
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    La dictadura de la mediocridad: de Jruschov a nuestros días

    Mensaje por Platon el Dom Sep 02, 2012 2:33 am

    La dictadura de la mediocridad: de Jruschov a nuestros días

    Alexander Sviatov Forum.msk.ru
    Traducido del ruso por Josafat S. Comín

    “Jruschov comenzó la guerra contra un difunto y la terminó perdiendo”. Estas palabras no las pronunció una persona cualquiera. Fue el mismísimo Winston Churchill, que aunque feroz enemigo de Rusia, fue un prominente político, gran conocedor de Stalin y sabedor del precio de los sucios ataques de Jruschov contra el líder fallecido. Fue precisamente con la gran calumnia contra Stalin que comenzó el fortalecimiento de la burocracia del partido, que al fin y a la postre acabó por destruir el sistema soviético y privatizar las riquezas de todo el pueblo, convirtiéndose simplemente en una clase de capitalistas. Hoy se llaman oligarcas, “negocios” y “Rusia Unida”.

    No estaría de más recordar, que fue precisamente en el ministerio de Goebbels donde se inventaron y se comenzaron a difundir todas las falsedades sobre las ansias de sangre de los bolcheviques y Stalin. Fue más tarde, cuando nuestros enemigos del otro lado del océano, seguidos de Jruschov, el literato seguidor de Vlasov (1) Solzhenitsyn, y figuras menores en el interior del país, hicieron suya la idea.

    ¿Acaso podían los fascistas difundir la verdad sobre nuestro país? Evidentemente no. ¿Acaso querían abrir los ojos a nuestro pueblo frente al terrible sistema socialista? ¿Acaso comenzaron la guerra contra la URSS para liberar a nuestro pueblo del sanguinario régimen de Stalin? No. Buscaban algo muy distinto. No tiene ningún sentido creer a un enemigo tan cruel y traicionero. Está claro, que la difusión de esa calumnia no podía traernos más que desgracias, como así ha sido.

    Hace tiempo que se abrieron los archivos, se han publicado investigaciones, que desmontan las mentiras sobre la “represión estalinista”. Pero las pantallas de nuestros televisores continúan derramando ríos y ríos de de calumnias y mentiras. Es lógico que el actual régimen burgués gobernante en la Rusia actual no quiera a los comunistas. Es algo natural. Pero, sobre comunistas como Brezhnev o Jrushov es difícil oír algo malo en nuestros medios de comunicación. Cuando menos, nadie pretende presentarlos como tiranos sanguinarios, paranoicos o retrasados. Por lo que sea, toda su ira, la propaganda antisoviética la dirige precisamente contra Stalin. Probemos a buscarle explicación. A fin de cuentas a la gente se la juzga por sus acciones.

    Tomemos a Jruschov. Dejemos a un lado su odio hacia Stalin y sus “revelaciones” del culto a la personalidad. Aunque ya solo esto caracteriza a “Mikita” como un hombre, por decirlo de un modo suave, poco inteligente y corto de miras. Centrémonos en su figura solo como gobernante. Se ha escrito mucho sobre el gobierno de Jruschov y no tiene sentido repetirse. Su forma de gobernar fue bastante mediocre, fue una persona grosera y poco cultivada. Nadie especialmente va a discutir eso. Lo importante aquí es señalar, que igual que gobernó Jruschov, pudieron haberlo hecho cientos y miles de los entonces secretarios del partido a nivel comarcal o de ciudad, y en general cualquier ciudadano corriente, al que se le hubieran inculcado unas mínimas nociones de cómo dirigir el estado. Más aún, muchos miles de personas hubieran acometido esa empresa mucho mejor que Jruschov. En otras palabras, era esta una persona del montón, pero con la suficiente astucia para saber valerse de la coyuntura y llegar al poder, para una vez allí no hacer nada que mereciese la pena. Jruschov simplemente se dejó llevar por las olas.
    No llega a ser idiota del todo, porque no decreta la supresión del Poder soviético ni prohíbe los aviones como reminiscencia del estalinismo. El desarrollo científico-técnico, que había recibido un impulso tan grande bajo Stalin, continúa. Pero Jruschov no acaba de entender que hacer luego, hacia donde conducir al país. No intenta profundizar en la teoría, no entiende cuales son los desafíos de su tiempo, hacia donde hay que dirigir los recursos de la sociedad.

    Incluso el fortalecimiento de la burocracia partidista no es una política consciente de Jruschov, sino más bien un dejarse llevar por una tendencia tan vieja como el mundo, hacia la corrupción de la sociedad. Precisamente lo que tendría que haber evitado. Podría decirse que al igual que la naturaleza descansa en los hijos de los genios, la historia descansó en Jruschov. Aunque lo cierto es que siguió descansando y lo continúa haciendo en nuestros días.

    Brezhnev por supuesto no despertará en las generaciones futuras el mismo odio que Jruschov. Al menos no destacó por su lucha contra el “culto a la personalidad”. Esta figura entrará en la historia como el constructor del oleoducto “Amistad” y como responsable del negocio de las tuberías de gas. Fue precisamente durante su mandato cuando dimos el primer paso para convertir nuestro país en un apéndice suministrador de materias primas.

    Pero durante el gobierno de Brezhnev, el impulso de desarrollo estalinista no se había agotado todavía. El país continúa teniendo un enorme potencial, suficiente para dar el salto definitivo y dejar al Occidente capitalista atrás para siempre. Pero el gobierno de Brezhnev tampoco sabe hacia donde tirar, como responder a los desafíos de su tiempo.

    El campechano Leonid Ilich también termina siendo un personaje corriente, al que se podía haber sustituido por cualquier otra persona entre millones.

    Conclusión: degradación de la élite del partido y llegada la poder de Gorbachov. Este es ya un personaje, en el que la mediocridad y la incompetencia abren paso suavemente a la más descarada traición.

    Resultado: golpe contrarrevolucionario, destrucción del país y banquete sangriento de los yeltsines, chubaises y gaydares. El régimen de Putin intenta legalizar todo este burdel y con su “estabilidad”, perpetuar el poder corrupto para siempre.

    Tampoco se necesitan especiales dotes para demostrar preocupación por la “seguridad energética” del amado Occidente y declarar inmutables los resultados de la privatización.

    VVP (Vladimir Vladimirovich Putin. N de la T.) apareció de la nada y puede ser fácilmente sustituido por cualquier hombre de mediana edad, deportista, estirado y no alcohólico. Solo hace falta darle la necesaria publicidad como precursor de los “proyectos nacionales”. (2)

    Así pues, desde 1953 y hasta la fecha en la dirección del país reina la mediocridad, los viejos patrones, el seguimiento ciego de los modelos ajenos.
    Los gobernantes no hacen la historia, sino que más bien la historia los conduce al primer sitio que se le ocurre. Y nosotros conjuntamente con ellos nos vemos obligados a andar en la cola de la civilización mundial.

    Pero volvamos a Stalin. En su haber, convertir a la URSS de un país campesino atrasado en una superpotencia industrial con armamento nuclear. No en vano, a principios de los 50, Occidente estaba seriamente preocupado por el desarrollo impetuoso de la URSS. En el haber de Stalin, la victoria sobre la Alemania fascista, a la que nadie más entonces podía vencer. ¿Qué hubiéramos podido hacer contra los alemanes en esa guerra de motores, de no haber sido por la industrialización, la economía planificada, una voluntad de hierro, la sabiduría y la autoridad del guía, sin la fe de la gente en aquello por lo que luchaban?
    En el haber de Stalin la derrota de los trotskistas, que se disponían a convertir a Rusia en una brazada de chamarasca para el fuego de la revolución mundial.

    Stalin fue llamado por la propia historia a resolver las tareas gigantes, que solo él podía acometer. Las excepcionales cualidades de su personalidad son reconocidas por muchos de sus coetáneos, tanto partidarios, como furiosos detractores. El fervor popular y el respeto hacia Stalin no estaban condicionados por los trucos propagandísticos ni mucho menos por la “represión”. Por su puesto un gran papel jugó aquí su carisma personal, pero no fue eso lo más importante. Lo principal era el continuo movimiento hacia una vida mejor, que se estaba produciendo en aquellas difíciles condiciones bajo el gobierno de Stalin, incluso durante la guerra.

    Por eso precisamente fue tan terrible Stalin para nuestros enemigos, porque no permitió que Rusia se convirtiese en una presa fácil para ellos, no permitió que se corrompiese por dentro, se debilitase ni se degradase. Por eso inventaron los fascistas las fábulas sobre la “represión”.
    Por eso es tan terrible para nuestros enemigos hoy día, porque el camino de Stalin, es le camino del progreso científico-técnico acelerado, el camino del socialismo, donde no hay lugar para los parásitos que se enriquecen hoy y nos devuelven al pasado. Hay quien no quiere ver a nuestro país fuerte, por eso intentan denigrar a aquellos, que pudieron realmente hacerlo fuerte y lo consiguieron. Hay quien está muy interesado en que esta dictadura de la mediocridad continúe y se mantenga. Solo que no quieren declararse abiertamente herederos del doctor Goebbels. Pero los señores demócratas, anticomunistas y antiestalinistas deberían dejar de simular ser antifascistas. Objetivamente, tanto ellos como los fascistas tienen un mismo objetivo: destruir a Rusia. Para eso dirigen toda esa calumnia venenosa, que inculcan desde hace décadas en la conciencia de la gente. Cuanto más intentan lavar el cerebro a la gente y descalificar el pasado, tanto más hay que pararse a reflexionar quienes son y para qué lo hacen.

    Notas:
    1 Los seguidores de Vlasov, son los traidores a la patria soviética, que pasaron a luchar del lado de las tropas alemanas durante la Gran Guerra Patria. A.A.Vlasov fue un general que una vez que fue hecho prisionero pasó a ser colaborador de los nazis en 1942. En 1945 él y sus seguidores fueron atrapados en Checoslovaquia. Juzgados y condenados a muerte en 1946.
    2 Se refiere a Dimitri Medvedev, que se perfila como candidato para las presidenciales de 2008, posible sucesor de Putin y que anda estos últimos meses en campaña promocionando el giro social de la política rusa con lo que han denominado “proyectos nacionales”.

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