Dos artículos de Ulrike Meinhof

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Deus Irae
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Dos artículos de Ulrike Meinhof

Mensaje por Deus Irae el Vie Ago 31, 2012 7:31 am

De la protesta a la resistencia e Incendio de un gran almacén. Dos de los artículos más significativos de Ulrike Meinhof escritos en la revista Konkret antes de pasar a la clandestinidad en 1970
Antes de pasar a la clandestinidad en 1970, Ulrike Meinhof trabajó com redactora en la revista Konkret entre 1959 y 1969. Aparte de una gran lucidez y estilo, sus textos reflejan un absoluto sentimiento anti-capitalista y su convicción- tal vez desesperada- del recurso a la violencia como única forma efectiva de lucha. El siguiente artículo fue publicado por Ulrike Meinhof el 11 de abril de 1968 tras el atentado perpetrado por un miembro de la extrema derecha contra su camarada Rudi Duschke, en el que Duschke sufrió graves heridas cuyas secuelas le produjeron la muerte unos años después. La situación de represión que padecía la izquierda extra parlamentaria alemana, la agresión americana a Vietnam, el asesinato policial en Berlín del estudiante Benno Ohnesorg y, en especial, el atentado contra Rudi Duschke y los continuos hostigamientos del diario reaccionario Der Springer contra los estudiantes e izquierdista fueron cruciales en Meinhof para determinar su radicalización política que le llevó a abandonar a sus dos hijas gemelas y, tras la acción armada de liberación de Andreas Baader, en la que resultó gravemente herido un empleado público, pasar a la clandestinidad.

Ulrike Meinhof. Groβe Schwester



De la protesta a la resistencia

Traducción: Jonatan Garrido



“Protesta es cuando digo, esto y esto no va conmigo. Resistencia es cuando procuro que lo que no va conmigo no vuelva a suceder. Protesta es cuando digo que no voy a participar. Resistencia es cuando procuro que los otros tampoco participen”. Algo parecido - no textual- se pudo escuchar decir a un negro del Movimiento Blackpower en la Conferencia sobre Vietnam celebrada en Berlín en enero.

Los estudiantes no llevan a cabo ninguna insurrección, ellos practican la resistencia. Piedras han volado, los cristales de las ventanas de la central de Der Springer en Berlín han acabado hechos añicos, han ardido automóviles, cañones de agua han sido arrebatados, una redacción de el BILD ha sido demolida, ruedas pinchadas, el tráfico paralizado, camiones de obras han sido volcados, cadenas policiales rotas- violencia, violencia física es lo que se ha empleado. Sin embargo, no se han podido impedir las entregas de prensa de Der Springer, el funcionamiento del tráfico sólo se ha interrumpido durante unas horas. El seguro pagará las lunas de las ventanas. Donde los camiones fueron quemados circularán nuevos camiones, no se reducirá el número de cañones de agua de la policía ni faltarán balas de goma. Por tanto, volverá a suceder lo que ya ha sucedido. La prensa del Springer seguirá provocando y Klaus Schütz ordenará: “mirad a estos tipos a la cara”, y proceded con las consecuencias, golpearlos directamente- lo que ya pasó el 21 de febrero- y acabad disparando.

Las protestas masivas contra el atentado a Rudi Duschke perpetrado durante las pascuas-llevadas a cabo no por unos cuantos, sino por muchos; no sólo una vez sino a lo largo de varios días; no solamente en Berlín, sino en muchos lugares; no de forma simbólica, sino de forma fáctica- han rebasado el límite entre la protesta verbal y la resistencia física. Tras el 2 de junio solamente se quemaban ejemplares del Springer, ahora se ha intentado bloquear su publicación. El dos de junio volaron tomates y huevos, ahora vuelan piedras. En febrero se pasó un divertido y entretenido film sobre la fabricación de cócteles molotov, ahora se emplean de facto. El límite entre la protesta y la resistencia ha sido sobrepasado, aunque no de manera efectiva, volverá a repetirse lo que ya ha sucedido. No se han cambiado las relaciones de poder. Se ha practicado la violencia pero no se ha podido ocupar el poder. ¿Se trata de violencia terrorista sin sentido, de violencia alienada, apolítica e inconsciente?

Constatemos: aquellos que desde el poder condenan el lanzamiento de piedras y los incendios provocados; sin embargo, no condenan los acosos del Springer ni las bombas sobre Vietnam, ni el terror en Persia, ni la tortura en Sudáfrica. Aquellos que podrían expropiar el Springer, no lo hacen. Forman grandes coaliciones que mediante los massmedia podrían difundir la verdad sobre el BILD y el BZ y, en cambio, difunden verdades a medias sobre los estudiantes; su ocupación con el tema de la violencia es hipócrita, ellos utilizan una doble medida, quieren exactamente lo que nosotros, los que- con o sin piedras en los bolsillos- tomamos la calle, no queremos: la política como destino, masas infantilizadas, una oposición impotente que no moleste a nadie, democráticas carreras de sacos y el estado de excepción si la cosa se pone seria. Johnson, que declaró a Martin Luther King héroe nacional; Kiesinger1, que lamento en un telegrama el atentado contra Rudi Dutschke, ellos son los representantes de la violencia contra la que se opusieron King y Dutschke, la violencia del sistema, el sistema que ha producido Der Springer y la guerra de Vietnam; a ellos les faltan dos cosas: la legitimación política y la legitimación moral para imponer un recurso contra la voluntad de resistencia de los estudiantes.

Constatemos: está documentado que aquí no se puede disparar a la gente así como así, que la protesta de los estudiantes contra la idiotización de las masas llevada a cabo por Der Springer va en serio, que Der Springer no está, ni ahora ni nunca, destinado por Dios para poder decir ni una sola vez: “estamos en contra de vosotros”; está documentado que costumbre & decencia2 son cadenas que se pueden romper si se vapulea y dispara al encadenado. Está documentado que todavía hay gente en este país que no sólo condena el terror y la violencia y no se opone secretamente a ellos, sino que sin temor y sin poder callar es capaz y está dispuesta a ofrecer resistencia para que se puede llegar a comprender que esto no puede seguir así. Se ha demostrado que el acoso mortal y el crimen distorsionan la vida pública, que las personas que mantienen una vida pública no están dispuestas a consentirlo. El valor de un ser humano es algo distinto a las ventanas, las furgonetas del Springer y los coches volcados y dañados durante la acción de bloqueo ante la central del Springer, hechos que fueron registrados en los informes arbitrarios de la policía; que hay una vida pública que no solamente no está dispuesta a llamar insoportable a lo insoportable, sino que está dispuesta a enfrentarse a ello, a desarmar al Springer, a los asistentes de sus asistentes.

Ahora, después de que se haya demostrado que hay otros medios a disposición mejores que las meras manifestaciones, Springer-Hearing, acciones de protesta, medios diferentes a los que han fracasado al no poder evitar el atentado contra Rudy Duschke; ahora, que las cadenas de la costumbre & la decencia han saltado por los aires, se puede discutir a posteriori sobre violencia y contra-violencia. Contra-violencia, como se practicó en aquellos días de pascua, no es adecuada para despertar simpatías ni para atraer a los liberales asustados a la parte de la oposición extra parlamentaria. La contra-violencia conlleva el riesgo de convertirse en violencia cuando la brutalidad policial determina las reglas del juego, cuando la rabia impotente es capaz de acabar con la superioridad de la racionalidad, cuando se contesta a la intervención paramilitar de la policía con medios paramilitares. Pero el establishment, “los señores de la cúpula”- en palabras de Rudi- han de aprender que sólo hay una forma de alcanzar la paz & el orden perpetuos: expropiar el Springer. La diversión ha terminado: “protesta es cuando digo, esto y esto no va conmigo. Resistencia es cuando procuro que lo que no va conmigo no vuelva a suceder”



Incendio de un gran almacén

Traducción Jonatan Garrido

Un ensayo de Ulrike Marie Meinhof

Edición Nr 14 de “Konkret”, 1968

Nota de Klaus Wagenbach: en abril de 1968 Andreas Baader, Gudrun Ensslin, Thorwald Proll y Horst Söhnlein provocaron dos incendios en la principal calle comercial de Frankfurt, que causaron grandes daños. Los cuatro fueron detenidos tan sólo un día después y declararon, en el proceso que tuvo lugar en octubre, que querían prender fuego a los grandes almacenes para protestar contra la indiferencia de la sociedad ante el genocidio en Vietnam. Cada acusado fue condenado por esta acción- la primera al estilo de guerrilla urbana- a cuatro años de prisión.



En contra de la provocación de incendios se suele decir que se pone en peligro la vida de personas innecesariamente.

Pero contra el hecho de incendiar grandes almacenes podemos decir en especial que este tipo de ataques contra el mundo del consumo- como creían entender los acusados en el proceso de Frankfurt-, no irrita al mundo consumista, ni tan siquiera lo perjudica mínimamente, ni perjudica a aquello producido por el mismo para quienes obtienen beneficios, a quienes más bien esta acción favorece.

La mera destrucción de un gran almacén se corresponde con el principio según el cual en esta tierra nuestra se produce y se consume, con el principio del beneficio y de la acumulación de capital, en vez de aniquilar el mismo. Pues a aquellos a quienes la producción y venta masiva de mercancías en grandes almacenes proporciona beneficios, no se les puede probable y ocasionalmente hacer mayor favor que la destrucción sin costes de estos bienes. Según la ley del beneficio, el seguro pagará los daños. El problema de la saturación, e incluso estancamiento, de los bienes de consumo que no en encuentran salida en el mercado se resuelve mediante los mismos medios que utiliza la producción industrial para poder mantenerse. En la visión de “Una ciudad del futuro” de Vance Packard ya se construyen absolutamente “todos los edificios con una particular masa de papel, de manera que puedan ser arrancados y nuevamente construidos cada primavera y otoño durante la época de la gran limpieza de casas”. Y “una de cada cuatro fábricas está situada en una pendiente aguda, los extremos de las cadenas de montaje pueden oscilar hacia las puertas traseras o delanteras. Si la demanda es floja oscilará el extremo de la cadena hacía la puerta inferiror, y la producción total de frigoríficos o demás productos desaparecerá en la profundidad y se transformará inmediatamente en chatarra, de manera que no se haya de saturar el mercado de bienes de consumo” (Vance Packard. El gran despilfarro, Frankfurt, 1960).

Sin embargo, la destrucción la riqueza producida socialmente no se produce de una forma tan rápida como un incendio provocado o la transformación directa en chatarra. Es más, la industria intenta afrontar esta saturación del mercado de bienes de consumo mediante “un nuevo modelo cada dos años”, mediante el derroche de millones en investigaciones que no sirven tanto para mejorar los productos como para aumentar sus ventas; mediante el empaquetado, que acaba en el cubo de la basura, y posibilita el beneficio caro y sin sentido (el consumidor es el que carga con los gastos de la retirada de la basura); mediante una asimismo publicidad radicalmente embustera y costosa, son despilfarrados millones en tiempo de trabajo y energía para producir la caducidad artificial (“Obsolescencia”), la programada fecha de cese, de manera que los frigoríficos, máquinas de afeitar, las medias de las damas, el juguete, las bombillas se estropeen mucho antes que el material utilizado en ellos y que no se correspondan con el tiempo despilfarrado necesario para su producción, para, de esta manera, poder mantener artificialmente la demanda, para conseguir beneficios que serán invertidos de nuevo, no para satisfacer las necesidades sociales, sino para hacer posible la acumulación de capital. (Lo que hay en el capitalismo, también se encuentra en los grandes almacenes. Lo que no hay en los grandes almacenes, se encuentra en el capitalismo sólo de forma inadecuada, solamente de manera insatisfactoria, insuficiente: hospitales, escuelas, jardines de infancia, sistemas de atención sanitaria, etc...) De cualquier manera, la destrucción de la riqueza producida socialmente mediante el incendio de un gran almacén no se diferencia esencialmente de la destrucción sistemática de la riqueza social por medio de la moda, el empaquetado, la publicidad, el deterioro programado. Así las cosas, el incendio de un gran almacén no es ninguna acción anti-capitalista, sino más bien mantendora del sistema, contra revolucionaria.

El momento progresivo de un incendio provocado no se encuentra en la destrucción de las mercancías, se haya más bien en la criminalidad del hecho, en la transgresión de la ley. La ley que se transgrede no protege a las personas del hecho de que su tiempo y energía de trabajo, la plusvalía que producen, sea destruida, corrompida, despilfarrada, de que mediante la publicidad se les mienta sobre sus propios productos, de que a través de las organizaciones sindicales y el secretismo sobre los mismos se les separe de ellos, tanto como productores como consumidores son sometidos por aquellos que se apropian del beneficio e invierten según su propio gusto. Según su propio gusto significa según la lógica del beneficio, o sea, allí donde pueda producirse la apropiación de nueva plusvalía, no donde el dinero pueda ser usado de forma efectiva y por todos: por ejemplo, en educación, sanidad, en transporte público, para el reposo y la purificación del aire y educación sexual, etc.

La ley que se transgrede con la provocación de un incendio, no protege a las personas, sino a la propiedad. La ley prescribe que la propiedad ajena no puede ser destruida, puesta en peligro, dañada ni incendiada. Los que usan la propiedad indebidamente son los protegidos por la ley, no las víctimas de este uso indebido de la propiedad, no los que mediante riqueza y consumo producen riqueza, sino los que en el Estado capitalista se apropian legalmente de la misma. Es un deber para la ley mantener alejados de sus productos a aquellos que los producen. Y tan desesperado se puede llegar a estar en cualquier momento como para incendiar un gran almacén; esto es, que los incendiarios puedan hacer con sus productos lo que ellos quieran, que puedan transgredir la ley que únicamente permite a los llamados propietarios hacer con su propiedad lo que quieran, es decir, transgredir la ley que protege la lógica de la acumulación, no a las personas de esta lógica y sus consecuencias bárbaras; esta transgresión de la ley es el momento progresivo de un incendio provocado, debe como tal ser reconocido; sin descartar, de esta manera, que la consiguiente destrucción de bienes más bien favorezca al sistema, contradiciendo materialmente a las intenciones anti-capitalistas.

Por tanto, si un incendio de un gran almacén contiene el momento progresivo que transgrede la ley protectora contra el crimen, queda abierta la pregunta acerca de si este momento puede ser utilizado, si se puede transformar el mismo en un principio de la ilustración. Según esta pregunta, ¿qué es lo que pueden acometer las personas mediante un incendio en un gran almacén? Los negros del gueto que saquean comercios en llamas se dan cuenta de que el sistema no se derrumba porque ellos de forma puedan apropiarse de lo que necesitan urgentemente, de lo que debido a su pobreza y desempleo no pueden comprar; pueden percibir que un sistema es negligente, que éste les aparta de aquello que necesitan para vivir. Asimismo, las mercancías que los frankfurtianos pueden llevarse de los comercios de Frankfurt apenas serían las adecuadas para lo que realmente necesitan. (Con excepción de los lavavajillas, que apenas aparecen en las estadísticas sobre electrodomésticos en los hogares alemanes, aunque en Alemania haya casi 10 millones de mujeres trabajando, todas las cuales deberían tenerlos. Éstos no son solamente demasiado caros para comprarlos, sino también demasiado pesados para llevárselos)

En esta tierra nuestra aumentaría en los hogares, a causa del saqueo de un gran almacén, solamente el número de cosas que únicamente sirven para la reposición de productos de consumo, se perfeccionaría el micro-cosmos “privado”, el autodominio y el consuelo para soportar las condiciones a las que se ve forzado el productor social (André Gorz, Zur Strategie der Arbeiterbewegung im Neo-Kapitalismus, Frankfurt 1967). Aquellas necesidades colectivas, que en los países capitalistas ricos continúan evidentemente sin ser realizadas, no se verían afectadas en lo más mínimo, no se puede hacer consciente a la gente de ello por medio del incendio de un gran almacén.

Así las cosas, los hechos que están siendo juzgados en Frankfurt- aparte de la tremenda amenaza de severas condenas para los que los llevaron acabo- no se pueden recomendar como algo a imitar. Queda, sin embargo, lo que Fritz Teufel dijo en la conferencia de delegados del SPS: “siempre será mejor pegarle fuego a un gran almacén que dirigir un gran almacén”. En verdad, Fritz Teufel suele hacer formulaciones adecuadas.




1Canciller alemán entre 1966 y 1969 que fue abofeteado en público por la activista Beate Klarsfeld para denunciar su pasado como afiliado al partido nazi

2Sitte & Anstand en el original.

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