"Douglas Mackiernan: el primer mártir de la CIA" - texto publicado por Dizdira Zalacaín en el blog "La cocina de Dizdira" en 2011

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Mensaje por pedrocasca el Sáb Ago 18, 2012 7:42 pm

Douglas Mackiernan: el primer mártir de la CIA

texto publicado por Dizdira Zalacaín en su blog, La cocina de Dizdira, en diciembre de 2011

Acababa el verano del año 1949. La guerra de liberación emprendida por el Partido Comunista Chino estaba a punto de concluir, después de que las fuerzas lideradas por Mao Zedang cruzaran el río Yangtze y capturaran la capital del Kuomingtang, Nanjing. Otra nación gigante estaba a punto de convertirse en socialista y Estados Unidos no había sido capaz de evitarlo. Y no es que no lo hubiese intentado por todos los medios.

Cinco individuos, tres rusos antibolcheviques y dos agentes de la CIA, escapaban de Urumqi huyendo del Ejército Popular de Liberación de Mao que, sin disparar un tiro, avanzaba por la provincia de Sinkiang. Llevaban armas y mucho oro. ¿Quiénes eran y a dónde se dirigían?

Antes de averiguarlo, retrocedamos un poco en el tiempo para situar los hechos en su contexto.

Japón, el Kuomingtang y EE.UU. aliados contra el comunismo

Durante la Segunda Guerra Mundial, los fascistas japoneses invadieron China y asesinaron a más de 2o millones de civiles, en lo que fue probablemente el genocidio más terrible de la historia, tanto por la cantidad de víctimas como por la demencial crueldad de los agresores. Los comunistas y sus enemigos del Kuomingtang acordaron unir fuerzas para hacer frente a la invasión, pero el peso principal de la lucha y las victorias más decisivas sobre los fascistas japoneses corrieron a cargo de los comunistas. Esto alarmaba a los EE.UU. Su aliado, el derechista Kuomingtang de Chiang Kai-shek, era incapaz de derrotar a los japoneses mientras que los comunistas de Mao, apoyados masivamemnte por el pueblo, lograban liberar región tras región gracias a su apabullante mayoría numérica.

Eso significaba que las regiones liberadas por los comunistas pasaban a ser comunistas. Por eso es por lo que EE.UU. decidió que era preferible apoyar a sus teóricos enemigos, los fascistas japoneses, antes que permitir que el comunismo triunfase en China. EE.UU. pidió a las tropas japonesas, ya derrotadas, que permaneciesen ocupando China y resistiendo ante las fuerzas de liberación. A muchos les resultará escandalosa y poco creíble esta afirmación. Sin embargo, no hay que acceder a ningún documento secreto para confirmarla: es el propio presidente Truman quien lo dice claramente en sus memorias:

"Resultaba imposible para Chiang ocupar el nordeste de China y la China del sur con los comunistas controlando las líneas de ferrocarril. Estaba perfectamente claro que si les decíamos a los japoneses que depusiesen las armas y se retiraran a la costa, todo el país caería en manos de los comunistas. Por eso decidimos utilizar al enemigo como guarnición defensiva para dar tiempo a transportar por aire a tropas del Kuomingtang al sur de China y a marines para controlar los puertos marítimos. Así que ordenamos a los japoneses que permanecieran en sus puestos y mantuviesen el orden. A su debido momento, llegarían las tropas de Chiang Kai-Shek, los japoneses se rendirían, les dejaríamos marchar a los puertos y los llevaríamos de vuelta a Japón. Esta decisión de utilizar a los japoneses para detener a los comunistas fue acordada por los departamentos de Estado y de Defensa y yo la aprobé."

Además de medidas tan éticas como ésta, EE.UU. emprendió otras más para prepararse de cara a la guerra que pensaba inmediatamente emprender contra los comunistas chinos. Por ejemplo, impusieron a los japoneses la entrega exclusiva al Kuomingtang de todos los bancos, empresas y grandes fábricas que habían robado a los chinos. El Kuomingtang, con el soporte yanqui, reclutó tropas con los métodos más brutales imaginables en las provincias que aun controlaban (pues los campesinos no querían luchar para ellos.) EE.UU., además, dotó al Kuomingtang con 50.000 marines y 100.000 soldados propios; entrenó a otros 500.000 chinos y proporcionó apoyo logístico y transporte aéreo además de una ayuda económica de más de 4.000 millones de dólares.

La guerra comenzó en 1946 y, pese a todas las medidas tomadas, los comunistas, en el verano de 1949 ya estaban a punto de darles el golpe de gracia a los imperialistas y a los colaboracionistas del Kuomingtang.

Sinkiang en los años 40

Nos trasladamos ahora a Urumqi, la ciudad del mundo más alejada del mar, la capital de Sinkiang. Sinkiang (o XinJiang) es la provincia más extensa de la República Popular China y posee la categoría de Región Autónoma. Esta categoría la poseen las provincias en las que una parte importante de la población pertenece a una minoría étnica. Supone un alto grado de autonomía económica y administrativa. Además, la Constitución china establece que el presidente debe siempre pertenecer a la minoría étnica propia de la región. Sinkiang es una de las cinco regiones autónomas de China. Otra de ellas, por cierto, es el Tibet.

La minoría étnica de Sinkiang son los uigures, que poseen un idioma propio de la misma familia que el turco y profesan mayoritariamente la fe musulmana.

La región de Sinkiang simpatizaba con los comunistas y, además, recibía ayuda económica soviética. La política soviética de reconocimiento de las minorías nacionales fue decisiva a la hora de ganarse el apoyo de los uigures. Pero en 1941, el ataque alemán a la URSS debilitó a los comunistas de Sinkiang. Por otra parte, el apoyo decisivo de EE.UU. al Kuomingtang permitió a éste hacerse con el control de la provincia y de los estratégicos recursos minerales del Altai, como el uranio y el berilio, vitales para la guerra en curso.

Pero a la altura de 1944 al Kuomintang le estaba ya resultando imposible contener el descontento social. La victoria del la URSS frente a la invasión nazi animó definitivamente a los rebeldes uigures a rebelarse. El Kuomingtang fue expulsado de Sinkiang y se instauró así la denominada Segunda República del Turquestan Oriental, una república con fuertes lazos con la URSS.

Pero el Kuomingtang, generosamente financiado por EE.UU, pasó al contraataque. Agentes de inteligencia lograron que uno de los líderes de la rebelión, el kazajo Osman Bator, cambiase de bando y pasara a luchar contra los comunistas. Atentos a este Osman Bator, porque será un protagonista esencial de la historia que vamos a contar.
La financiación de EE.UU, las defecciones y el apoyo de oligarcas rusos prozaristas (los llamados "rusos blancos") no tuvieron el efecto deseado, que era arrebatar a los comunistas la región y sus riquezas minerales. Tras cruzar el Yangtzé, Mao Zedang al frente del Ejército Popular de Liberación (EPL) entró en Xinkiang sin disparar un tiro, con el apoyo entusiasta de la población. Las tropas del Kuomingtang, reclutadas a la fuerza, cambiaron inmediatamente de bando y se unieron a la celebración.

La última misión de Mackiernan

Ante la inminente llegada del EPL, el 29 de Julio de 1949 el Secretario de Estado Dean Acheson da la orden de abandonar el consulado de EE.UU. en Urumqui y de destruir todos los documentos comprometedores de sus acciones de sabotaje y apoyo al Kuomingtang. El encargado de esta tarea será nuestro personaje: Douglas Mackiernan, un funcionario del consulado que en realidad ejercía de agente de la CIA en la región para informar de los avances de la URSS en armas atómicas. Para ello disponía de un innovador equipo LRD (Long Range Detection) que le permitía detectar explosiones nucleares a gran distancia. El 29 de Agosto la URSS realizó su primera prueba nuclear en la vecina república de Kazajistán y la misión de espionaje de Mackiernan dejó ya de tener sentido.

La ventaja militar de EE.UU. (demostrada brutalmente en Hiroshima y Nagasaki) se esfumaba en tan solo cuatro años. La URSS de Stalin había logrado pasar en 20 años del feudalismo a la fabricación del arma más sofisticada del mundo. Con la URSS en posesión de armas atómicas EE.UU. tuvo claro que un enfrentamiento bélico contra el comunismo no era posible y optó por una técnica que aun hoy sigue utilizando en países como Irán o Siria: la financiación de disidencia interna. Y para esto es para lo que contrató los servicios de Mackiernan, el primer mártir de la CIA.
El 25 de Septiembre Mackiernan envía un telegrama a sus jefes. Las autoridades de Urumqi han proclamado su lealtad al Partido Comunista: nadie va a ofrecer oposición alguna al ELP, que está a pocos días de marcha de la capital.

Como sospecha que el Partido Comunista tiene constancia de sus actividades de espionaje y sabotaje, dos días después huye de la ciudad en compañía de otro agente de la CIA que se hacía pasar por antropólogo, Frank Bessac, un becario Fulbright (las becas Fulbright son una tapadera para formar a agentes de la CIA, presidentes títeres, o líderes políticos proclives a los intereses de EE.UU.)

Ambos huyen llevando pasaportes falsos, armas, radios y equipos de supervivencia. Se les unen tres "rusos blancos" que también habían estado operando en Sinkiang con el apoyo del consulado: Stephan Yanuishkin, Leonid Shutov y Vasili Zvansov. Además de todo el equipo, llevan abundantes lingotes de oro. ¿Para qué? Para llevar a cabo su próxima misión, otra típica misión de la CIA: comprar aliados con dinero.

El primero de estos era el líder kazajo Osman Bator, a quien nuestros héroes fueron a buscar a su escondite. Osman, que ya se había cambiado de bando una vez tras un soborno del Kuomingtang, había puesto pies en polvorosa ante la llegada del EPL. Ahora volvía a recibir una generosa oferta de manos de los amigos norteamericanos. El kazajo no despreció el ofrecimiento y cogió los lingotes y la radio a través de la cual recibiría las pertinentes órdenes para iniciar una rebelión anticomunista en Sinkiang.

Tras pasar un mes escondidos con Osman Bator, nuestros cinco héroes partieron hacia otra misión encomendada por la CIA: el Tibet. La misión era evitar que esta provincia china cayese en manos de los comunistas. Para ello debían contactar con los lamas, es decir con los grandes señores de la teocracia tibetana, especialmente con el Dalai y el Panchen lama. Había que convencerlos para que no aceptaran formar parte de la China comunista, de plantar resistencia militar cuando el EPL llegase al Tibet. Para ello se adjuntaba oro y la promesa del apoyo militar norteamericano. Además, los lamas tenían buenos motivos para rechazar a los comunistas. El comunismo no iba a permitir que siguiera existiendo el brutal régimen de esclavitud y miseria al que los lamas venían sometiendo a los tibetanos.

Para tan noble fin, Mackiernan y los suyos recorrieron en camellos y durante las noches los dos mil kilómetros de desierto que los separaban de las faldas del Himalaya. Otro kazajo, Hussein Taiji, les sirvió de guía para llegar a las cumbres de la gran cadena montañosa.

El 29 de abril de 1950, el equipo expedicionario alcanza por fin la frontera con el Tibet. Al igual que todos nosotros, seguramente ellos también habían oído hablar de la espiritualidad y el pacifismo a toda costa de los lamas. ¡Qué decepción tan breve e intensa debieron experimentar! Al aproximarse al puesto fronterizo y tras saludar amistosamente a los guardias, éstos les dispararon sin mediar palabra. Los guardias fronterizos habían recibido órdenes de los lamas de disparar contra cualquier extranjero que se aproximase, ya que temían que de un momento a otro llegasen los comunistas a acabar con su régimen de privilegios. Los pobres desgraciados por lo visto fueron confundidos con malvados comunistas. Vasili Zvansov y Bessac lograron escapar a tiempo y sobrevivieron para contarlo. Pero Mackiernan y los suyos no tuvieron esa suerte. Siguiendo las instrucciones de las autoridades, el agente de la CIA y los dos anticomunistas rusos fueron decapitados.

Solo cinco días después el Dalai Lama recibió por otra via noticias de que unos enviados de EE.UU. iban a visitarle para proponerle interesantes negocios anticomunistas. Así que el buen Dalai Lama envió un mensaje a los guardias de frontera para que aquellas personas fueran recibidas con todos los honores. ¡Demasiado tarde! Los guardias comprendieron con cinco días de retraso que esos tres cuerpos decapitados estarían mucho mejor con sus respectivas cabezas en su sitio.

Aunque el error no fue culpa suya, pues ellos solo habían cumplido escrupulosamente las órdenes recibidas, los lamas condenaron a los guardias a la amputación de la nariz y las orejas. Bessac cuenta en sus memorias que pidió clemencia para los guardias. Los santos lamas le hicieron caso y conmutaron la pena por 300 latigazos.

Los pacíficos y buenos lamas

Lo que quizá ignorase Bessac, a pesar de ser un antropólogo Fulbright, es que el budismo lamaísta prohibe dar muerte a cualquier ser vivo. Por eso sus castigos nunca son de pena de muerte. Lo típico es amputar miembros y tirar al condenado por una pendiente. De ese modo es la pendiente la que mata al condenado, pero no los buenos lamas. Los latigazos son otro método. Se aplican centenares de ellos procurando que el reo no llegue a morir. Luego se le ata a una piedra desnudo y se le deja morir de frío. De nuevo es el frío el que lo mata, no los lamas. A los campesinos se les impide matar animales para alimentarse. Los buenos lamas contratan a miembros de la casta de los intocables o a musulmanes para que sacrifiquen cerdos, vacas y patos, que luego comen en suntuosos banquetes, mientras los campesinos consumen sopa de nabos. Es verdad que los pobres animales han sido matados, pero los lamas no los han matado: han sido los matarifes.

Estas prácticas punitivas no son invenciones antitibetanas. Pueden encontrarse incluso en el célebre libro "Siete Años en el Tibet" del agente primero nazi y después de la CIA Heinrich Harrer. Este libro contribuyó a crear en el mundo occidental la idea de que la demencial y cruel teocracia lamaísta era un oasis de paz y de espiritualidad amenazado por el cruel materialismo comunista chino.

"Hay que romper a China desde dentro"

Ésta es la estrategia que ha adoptado EE.UU. desde entonces y que no ha dejado de practicar, tal y como la resumió en 1954 el Secretario de Estado para Oriente, Walter Robertson:
"Our hope of solving the problem of the mainland of China was not through attack upon the mainland but rather by actions which would promote disintegration from within."

En Julio de 2009 los agentes norteamericanos lograron generar disturbios en Sinkiang que se saldaron con más de cien víctimas, pero la operación fue un fracaso. No hay que dudar de que lo seguirán intentando, como deja claro este magnífico análisis. Los grandes medios nos hacen creer que los uigures musulmanes están oprimidos por los chinos y nos presentan a supuestos líderes uigures, perseguidos por los crueles comunistas. Son bondadosos y pacificos amantes de la libertad como Rebiya Kadeer, amiga del buen Dalai Lama y del buen G.W. Bush.

Douglas Mackiernan está considerado hoy como el primer mártir de la CIA, el primer agente muerto en servicio. Curiosamente fue asesinado por sus aliados. Más paradójicamente aun, fue asesinado y desmembrado por los guardias del que se considera el país más pacífico del mundo.

Su legado no ha quedado olvidado. Desde entonces hasta hoy los EE.UU. no han cesado de financiar, a través de la CIA y el NED, a líderes y a grupos terroristas con el ánimo de provocar el desmembramiento del gigante asiático, su gran obstáculo en el objetivo de dominación global. Y se siguen centrando en las regiones del Tibet y de Sinkiang, es decir, mantienen los mismos objetivos que le fueron encomendados a Mackiernan hace más de medio siglo.


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