"La revolución de Octubre y el socialismo del siglo XXI" - texto de Mauricio Schoije - publicado en 1997 en la revista mexicana Umbral

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pedrocasca
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"La revolución de Octubre y el socialismo del siglo XXI" - texto de Mauricio Schoije - publicado en 1997 en la revista mexicana Umbral

Mensaje por pedrocasca el Sáb Jul 07, 2012 11:34 pm

La revolución de Octubre y el socialismo del siglo XXI

texto de Mauricio Schoije

Publicado en la revista mexicana Umbral, No.7, diciembre de 1997

La Revolución de Octubre de 1917, de la que se cumplen ochenta años, fue uno de los más grandes eventos de la historia, que tuvo la virtud de encender las esperanzas de millones de oprimidos en todo el mundo. Probó que la dominación de capitalistas y terratenientes no es eterna, que es posible construir un Estado y una sociedad diferentes. Es sabido que el régimen suigido de esa Revolución se derrumbó en la Unión Soviética en 1989, corroído por numerosas contradicciones. Subsisten varios regímenes basados en la propiedad social de los medios de producción, en algún caso como el de Cuba al parecer firmemente dispuesto a defender las conquistas del socialismo, en otros como los de China y Vietnam encaminados hacia el restablecimiento del capitalismo.

Los ideólogos del capitalismo pretenden que se trató de un accidente histórico, de una utopía ya superada, y que el capitalismo seguirá como único sistema posible por los siglos de los siglos, produciendo más y más bienes materiales al mismo tiempo que acentúa la desigualdad y muchas formas de opresión social, nacional, sexista, etc.

En contra de esas ilusiones que creemos irreales y desmentidas por la creciente resistencia a las políticas neoliberales a nivel mundial, es imprescindible repensar la enorme experiencia histórica surgida con la Revolución de Octubre para separar lo que sigue siendo válido de lo negativo y apreciar los cambios en la coyuntura histórica que hacen necesaria una reestructuración radical de la propuesta del socialismo en función de las nuevas condiciones. Sostenemos que ésta implica la fusión del socialismo con un ambientalismo radical. Lo que nos parece absolutamente justo en la práctica del partido bolchevique es su determinación de liquidar al capitalismo, de luchar contra la guerra imperialista y por la redistribución de la tierra, y la justificación política y moral de la defensa del nuevo poder por todos los medios frente a las tentativas de la contrarrevolución. Y en ese sentido aquellos que niegan la razón que le asistía, es decir la justificación moral y política de la Revolución de Octubre, de hecho aprueban la monstruosa matanza que fue la Primera Guerra Mundial, que el gobierno provisional de la burguesía rusa quería seguir y que los bolcheviques se proponían terminar. Pero la lista de los errores que fueron preparando el camino hacia un proceso de burocratización que costó millones de vidas y produjo inauditos sufrimientos es muy larga, y no puede ser considerada responsabilidad exclusiva de Stalin y de un grupo de perversos que lo siguieron, ni solamente producto del atraso material y político de Rusia ni del asedio de la contrarrevolución. Los bolcheviques parecieron no reconocer que la razón fundamental por la cual las masas los apoyaron fue la promesa de acabar con la guerra y de redistribuir la tierra, pero no un claro apoyo al proyecto socialista. Sin tener la mayoría de la población en favor de ese proyecto, simplemente no vieron la necesidad de un talvezlaigo proceso de persuasión; procedieron de manera autoritaria, disolviendo la Asamblea Constituyente en 1918 y reprimiendo de manera sangrienta la rebelión anarquista de Kronstadt de 1921, que había levantado demandas justas como la del restablecimiento de la libertad de prensa; expropiaron a la burguesía de manera acelerada; impusieron la colectivización agraria; liquidaron toda autonomía de las organizaciones proletarias respecto del Partido, imponiendo un régimen de partido único y sustituyendo a las masas por una burocracia privilegiada, que fue construyendo una sociedad jerárquica, un colectivismo burocrático que era la negación de la idea del socialismo, que implica el papel decisivo de los trabajadores en la solución de las cuestiones más importantes de la vida social. Hubieron indudables avances en el desarrollo de las fuerzas productivas y de la capacidad defensiva de la Unión Soviética.

También hubo una gran ampliación de las clientelas culturales y un rápido desarrollo del establecimiento científico, desgraciadamente afectados por la injerencia del Estado-Partido en la actividad creativa y por la pretensión de dictarle la verdad a los científicos. Otra de las desviaciones más serias fue el que la Unión Soviética siguió una política de gran potencia, que privilegiaba la formación de un cinturón protector de Estados aliados en Europa del Este, en vez de una política que pusiera en primer lugar el desarrollo de los movimientos revolucionarios en función de las fuerzas internas dentro de cada país, respetando la soberanía nacional incluso en circunstancias en que hubiera podido favorecer el mantenimiento del capitalismo en determinados países. Después que los comunistas tomaron el poder en China en 1949 esta política de gran potencia fue también seguida por China, lo que originó el conocido conflicto chino-soviético.

La política de alianzas sin principios con regímenes capitalistas represivos en función de la ampliación de esferas de influencia, la búsqueda de la paridad en una carrera armamentista que privilegiaba el desarrollo de sistemas tecnológico-militares de alta tecnología, en lugar de una política defensiva que privilegiara el armamento de las masas, fueron también elementos que contribuyeron al derroche de recursos escasos y a la pérdida de legitimidad. Y finalmente una política de desarrollo de las fuerzas productivas que seguía las tendencias del mundo capitalista, que se expresó en la consigna errónea de "alcanzar y superar" a éste, acentuada por una nefasta gigantomanía, llevó a la implantación masiva de sistemas altamente peligrosos y contaminantes como la energía nuclear, que dio lugar al desastre de Chernobyl, lo que contribuyó aún más a la erosión de la legitimidad del régimen soviético.

El mundo en que nos toca vivir es muy diferente del de 1917. Una de las diferencias más importantes es la aparición de una crisis ambiental a escala planetaria. Un avance fundamental para su comprensión científica fue "Límites del crecimiento", obra fundamental del equipo del Instituto Tecnológico de Massachusetts lidereado por Jay Forrester y los esposos Meadows que apareció en 1972.

Esta obra plantea que la continuación de las tendencias actuales de crecimiento de la población, del uso de recursos y de la contaminación lleva a una catástrofe ambiental a escala planetaria, que podría causar una disminución catastrófica de la población por la combinación de esas causas.

Es además sabido que la continuación del uso de los combustibles fósiles está causando un calentamiento de la atmósfera que podría causar la inundación de grandes áreas costeras por fusión de los hielos polares. A pesar de las mentiras y distorsiones de los ideólogos del capitalismo y de los de los aparatos burocráticos de Europa del Este, todo el curso de los acontecimientos en los veinticinco años transcurridos apoya la validez esencial del planteo de "Límites..." Frente a esta situación los ideólogos del capitalismo neoliberal no tienen respuestas, y los gobiernos se limitan a medidas cosméticas, que eluden los problemas de fondo.

La comprensión de esta problemática exige un replanteo de la teoría política y del proyecto de sociedad del socialismo hacia el de una sociedad austera en armonía con la naturaleza, la liquidación de las ilusiones sobre el crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas, su reorientación en función de las necesidades de los trabajadores y de la protección al ambiente, la comprensión de que el desarrollo actual conlleva problemas insolubles. Los ideólogos y políticos del capitalismo necesitan que continúe este desarrollo ilimitado en función de la creación de necesidades ficticias que constituyen la clave para la acumulación de capital.

Por ello el socialismo del siglo XXI sólo puede resurgir como un socialismo drásticamente renovado a través de su articulación con las demandas ambientalistas, que ponga en primer plano la reestructuración radical de las fuerzas productivas, en primer lugar de los sistemas de producción de energía y de transporte para disminuir el consumo de combustibles fósiles, que es imprescindible para prevenir una catástrofe ambiental a nivel global. Ello no significa para nada que desaparezca la lucha de clases sino que cambia el terreno de la confrontación.

Pero significa también otro cambio importante, en el sentido de que si el socialismo siempre representó la defensa de los intereses de largo plazo de la clase trabajadora y de toda la humanidad, en esta nueva coyuntura histórica la defensa de estos intereses puede incluso requerir el sacrificio de los intereses inmediatos de sectores privilegiados de la clase, como por ejemplo los de las industrias energéticay del automóvil, sacrificio que podrá ser atenuado por medidas tales como compensaciones, reducción de la jornada de trabajo, etc. Ningún partido de la burguesía es capaz de encabezar la lucha por demandas de este tipo, aunque pudieran haber capitalistas individuales o políticos burgueses individuales que pudieran apoyar medidas que van en esta dirección. Sólo podrían hacerlo partidos socialistas no sólo firmemente enraizados en la población trabajadora sino con una enorme autoridad política y moral. La alternativa es la mayor catástrofe en la historia de la humanidad, y ésta ya ha experimentado demasiadas desgracias como para permitir una más de semejante escala. Sólo este socialismo acoplado aun ambientalismo radical puede prevenir esa catástrofe, ¡sólo el socialismo puede asegurar una sociedad radicalmente democrática, liberada de todas las formas de explotación y opresión!.


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