"Partido y Revolución, indisolubles" - texto de Diego Torres, del Partido Comunista de México

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pedrocasca
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Mensaje por pedrocasca el Lun Jun 18, 2012 9:46 am

Partido y Revolución, indisolubles

texto de Diego Torres, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de México

Crítica del capitalismo y su crítica

Desde que el capitalismo surgió sobre las cenizas del feudalismo han existido críticas en su contra. Especialmente se avivaron con los horrores que acompañaron el desenvolvimiento de la revolución industrial, como lo eran las prolongadísimas jornadas laborales, la insalubridad y hacinamiento de las viviendas obreras, la muerte en masa por accidentes laborales y condiciones precarias de trabajo, etc. Marx y Engels nos mencionan entre estos críticos a Saint-Simon, Robert Owen, Charles Fourier, Pierre Joseph Proudhon, etc. Los clásicos nos ponen en guardia sobre las críticas al capitalismo que no se interesaban en la superación del capitalismo sino en su regresión a formas más arcaicas de explotación o bien a su perfeccionamiento.

Hoy en día, la crítica al capital se halla en la boca de millones de personas en todo el mundo y también miles de plumas escriben sobre ella. No cabe duda que esto es consecuencia natural de que la crisis de sobreproducción y sobreacumulación se manifieste ya como un cruel ataque contra los salarios, los empleos, las pensiones, las vacaciones y en general la vida de los obreros, ya como guerras y agresiones salvajes, etc. En medio de todo esto, inclusive los mismos banqueros, ministros y demás funcionarios del sistema aceptan y utilizan para sus fines los términos científicos como los enunciara Marx.

Encontramos una cantidad de críticos del sistema que señalan en muchas ocasiones aspectos parciales del sistema. Aluden a la “pérdida de soberanía” sin tomar en cuenta que a la burguesía de sus respectivos países le son perfectamente funcionales las alianzas imperialistas. Aluden a formas de gestión del sistema, es decir critican solamente el neoliberalismo, o el capitalismo casino, o la avaricia de los banqueros, etc. Bajo una sofisticada argumentación sobre la búsqueda de soluciones originales, creativas, etc. terminan por levantar reformas cosméticas. Muchas de las críticas más radicales, que apuntan a una ruptura total con el sistema, no logran identificar una fuerza social ya existente que pueda demoler al capitalismo, se quedan al nivel de la ensoñación.

Valdría la pena desenmarañar el eclecticismo reinante para identificar claramente los argumentos principales que acompañan las críticas más difundidas, más “de moda” que sin embargo condenan al mismo tiempo al comunismo o bien no lo sostienen con consecuencia. Identificarlos y desmontarlos. Sin embargo, eso será para después, este artículo más bien pretende desarrollar la idea de cómo la labor revolucionaria va hoy indisolublemente unida con la de construir del Partido de nuevo tipo.

Hay que saber distinguir en estas críticas que se enarbolan como consigna en el mundo, y que de cierta manera reflejan el sufrimiento y el coraje de los pueblos, cuál es su resultado cuando se ponen en práctica.

En todo caso, nosotros respondemos por la crítica científica al capitalismo, que va a la raíz medular del sistema, que se basa en el estudio de su economía-política para su superación. Partimos del hecho de que el capitalismo desde su gestación hasta su fin se basa para su acumulación en la extracción de plusvalía a la clase obrera. Que la clase obrera bajo el capitalismo concurre al mercado ofreciendo su fuerza de trabajo debido a su absoluta falta de medios de producción, y la posesión de estos últimos por la clase burguesa. Partimos del hecho de que la acumulación de capital ha llevado desde hace bastante tiempo a la concentración y centralización de los medios de producción hasta el grado de conformar monopolios. Que inevitablemente esto lleva a las crisis de sobreacumulación, donde por un lado tenemos a una masa a la que se le arrebata su capacidad de adquirir los medios de de vida que ella misma produce, y por el otro lado cantidades gigantescas de capital que no encuentran salida.

De ahí que sostengamos que los grandes males que nos aquejan solo pueden comenzar por superarse mediante la socialización de los monopolios y los medios concentrados de producción, mediante la economía planificada para la satisfacción de las necesidades del pueblo y mediante la instauración del poder obrero.

Todo mundo entiende que la salida que planteamos pasa necesariamente por una lucha violenta. Ninguna clase poseedora, y mucho menos la burguesía, entrega el poder y la propiedad que lo sustenta sin oponer al máximo su capacidad de resistencia, sin desatar sus cuerpos armados de represión y recurrir a todas las formas de presión posibles.

Es decir, no debe haber duda en cuanto a que la superación del capital pasa tanto por el arma de la crítica como por la crítica de las armas. En cada configuración histórica esto significa combinar distintas formas de lucha, combinar sobre todo una acción masiva de la clase obrera que golpeé el corazón mismo de la producción junto con acciones que desorganicen y desarmen los cuerpos de represión. Hacia allá apunta el programa del Partido Comunista.

Se sabe muy bien qué no ocurre que toda la clase obrera despierte bajo el toque de la trompeta del arcángel Gabriel y decida organizarse y levantarse. Ni siquiera sucede que los diferentes sectores de la clase obrera accionen espontáneamente al unísono. Se necesita preparar y educar a este gran ejército.

Se necesita un instrumento que lleve la conciencia de clase al movimiento obrero, que le permita establecer una línea política de lucha adecuada y una política de alianzas con el resto de los oprimidos, en eso basamos toda nuestra existencia como PCM.

Así, la teoría moderna de la revolución establece que sin Partido Comunista no hay revolución socialista posible, ni mucho menos derrocamiento del capitalismo posible.

Esto que afirmamos lo comprobamos en los choques actuales que envuelven y estremecen al mundo. Encontramos verdaderas masas indignadas que se movilizan en Medio Oriente, en Inglaterra, en España, etc. Pero precisamente a falta de elevar claramente la cuestión de a que clase debe responder la economía y en manos de qué clase debe estar el poder, lo que se obtienen son cambios en el gobierno y no una alteración del carácter clasista del Estado. No puede dejar de levantar sospecha que un socorrido instrumento de estas movilizaciones sea el Facebook, las Blackberry, y las redes de blogs. Como si nuestro enemigo no hubiese desarrollado la capacidad de intervenir y manipular desde estos medios con su inteligencia militar.

No significa que no se altere favorablemente en algunos casos la correlación de fuerzas, pero al igual que las convulsiones en la década de los 90’s en América Latina el sacrificio popular ha redundado en meros cambios temporales que no alteran el carácter de la producción ni del Estado, que en resumen no resuelven el problema de la explotación. Inclusive sus resultados hoy en día son paradójicos. En Egipto las fuerzas armadas llevadas al poder por la revuelta dirigen sus armas contra el pueblo, en el mundo árabe las movilizaciones han dado un giro y son utilizadas para justificar aventuras bélicas y genocidios por la OTAN, en Europa estos movimientos apuntan al rechazo y al debilitamiento de las fuerzas clasistas y comunistas, etc.

Parece que a nuestros pueblos les esperan duros, muy duros aprendizajes, pero elevaremos nuestra voz todo lo que podamos para hacer este periodo de aprendizaje lo más breve posible.

A diferencia de lo que afirman los mass media y muchos intelectuales no es la primera vez que el mundo observa movilización popular a esta escala. Habría que contrastar cuando menos los movimientos huelguísticos que estallaron en todos los países tanto en los años previos como durante las guerras mundiales. Algo tendría que decirse de los movimientos de liberación nacional que durante algunas décadas estallaban en muchos rincones del planeta.

Más cercana a nuestra propuesta, afirmamos que el mundo ya producido una acción consciente de las masas obreras para asaltar el poder, arrebatar los medios de producción, salir de la guerra de rapiña, solucionar los problemas vitales del pueblo, etc. Se trató de un movimiento disciplinado y planificado que derrocó a sus opresores e inició la construcción de una nueva sociedad, requirió por supuesto de un fuerte Partido Comunista. Se trata de la Revolución de Octubre de 1917.

Hoy en día no solo existen las mismas condiciones identificadas por Lenin para trazar tal tarea, sino que se hallan muchísimas veces más desarrolladas.

En estos momentos cobra validez práctica nuestra teoría en Grecia. La lucha obrera da cambios de calidad en Grecia con la intervención del KKE y el PAME. Verdaderamente el fantasma del comunismo vuelve a recorrer Europa. Los obreros en Grecia luchan no solo contra las medidas bárbaras, sino que en cada huelga, en cada fábrica van madurando los centros del nuevo poder. Los obreros griegos hoy son la primera línea de fuego mundial de nuestra clase contra sus explotadores.

Es necesario organizar a la clase obrera para superar al capitalismo o sucumbir a todos los horrores que se perfilan en el horizonte. ¡Basta de espontaneísmo! ¡Basta de eludir la realidad! ¡En nombre de la humanidad, basta!

El todo del Partido de Nuevo tipo se disuelve y niega al restarle una de sus partes constitutivas

Una vez defendida la construcción de un Partido Revolucionario de la clase obrera, cuya misión principal es ser el vehículo que inculque la conciencia de clase en el movimiento realmente existente, es necesario pasar a hablar sobre su construcción.

El Partido de nuevo tipo, como lo concibiera Lenin, obedece a necesidades específicas de la lucha de clases. Cada una de sus características se concatena para formar una estructura diseñada específicamente para su misión. Algunas de sus características fundamentales son el centralismo democrático, los vínculos vivos con las masas trabajadoras, un claro manejo de la teoría Marxista-Leninista y su aplicación como ciencia y como arte, el frente ideológico abierto en contra del oportunismo y el sectarismo, la crítica y la autocrítica, el internacionalismo proletario, etc.

Como se sabe muchos de estos partidos, que fueron fundados bajo el influjo de la Revolución de Octubre, fueron afectados, desorganizados, o de plano liquidados en los años contrarrevolución burguesa. Algunos Partidos Comunistas resistieron el embate, no fue el caso de México.

Como se sabe el Partido Comunista histórico de nuestro país manifestaba debilidades ideológicas, se degeneró y finalmente liquidó. De tal manera nuestra clase quedó por muchos años sin su instrumento de lucha más importante. La historia de la sección mexicana de la Comintern es nuestra historia y la asumimos así, con errores y victorias, sin cortapisas.

Ha habido intentos desde entonces por levantar referentes organizativos que cumplan con el papel de destacamento de vanguardia de la clase obrera de nuestro país. No solo nuestro Partido, sino todos estos referentes, como cualquier cosa que existe históricamente, tienen un comienzo.

Este comienzo es necesariamente humilde, en sus primeros pasos las organizaciones de tipo partidarias son frágiles y muchos de sus rasgos aún no terminarán de madurar. Una generalidad es que será la propia lucha de clases la que destaque a sus primeras filas y a sus primeros dirigentes. Las movilizaciones por demandas parciales, las luchas populares, los movimientos huelguísticos, los movimientos estudiantiles, etc. De ahí se nutre en un principio.

Vamos, esto es cierto inclusive para referentes históricos. Los primeros contingentes con quienes abordaron Marx y Engels su obra organizativa a escala europea provenían en muchos casos de sectores liberales de izquierda, en Rusia los primeros organizadores del POSDR provenían de la intelectualidad, etc.

Luego será su firmeza en la teoría y la consecución del trabajo político entre la clase obrera lo que le imprimirá con carácter definitivo su naturaleza de Partido Comunista. Esto no es tarea fácil, requiere saber combinar de manera correcta la lucha por demandas inmediatas que levanta nuestra clase con la clarificación de sus intereses más generales, requiere de una cotidiana labor de organización del propio partido y enfocar la actividad de dicho partido a la elevación constante de la conciencia de clase, requiere evitar deslizamientos a la derecha o a la izquierda de la política marxista-leninista, requiere en la mayoría de los casos de medidas para la protección de la estructura partidaria y al mismo tiempo su más abierta actuación, etc.

No se ignora que muchos, muchísimos referentes partidarios en nuestro país han degenerado y se han desorganizado, fallando en su misión de vanguardia de la clase obrera.

Sostengo que esto se debió y debe a la falta de uno o varios principios organizativos. Esta teoría organizativa no se sostiene en un berrinche o voluntad desarraigada de la realidad. Se fundan sobre un análisis de la lucha de clases en condiciones del imperialismo. Cuando un principio organizativo es abandonado por un Partido Comunista, éste comienza a mutar en su totalidad. Es que cuando una de las partes constitutivas le es sustraída, el todo del Partido de Nuevo tipo se disuelve. La falta o deficiencia de un principio organizativo será la negación del Partido, procede su crítica y su rápida corrección, es decir, la negación de la negación. Sin embargo, en muchos casos la crítica es desordenada, para la corrección de una deficiencia se incurre en otras faltas.

Es común que, por ello, muchas organizaciones partidarias terminen siendo devorados por la lucha interna, por expresiones unilaterales y polarizadas de dichos principios organizativos, que pasan por ello a ser negación del Partido.

Es evidente que instrumentar un Partido con esas características no es fácil y que éste surge de la lucha misma. En nuestro caso no somos un producto milagro, instantáneo al que solo hace falta echarle agua. Nos llevó 16 años (1994-2010) formar un núcleo de cuadros y dirigentes estables, destacar de las filas de la lucha popular a las primeras filas partidarias, establecer vínculos indestructibles con el Movimiento Comunista Internacional, espacios y enlaces en la lucha de masas, etc.

La generalización de la experiencia de otros referentes no ha sido nada fácil, aunque se ha hecho. Tristemente, gran parte de la tradición revolucionaria, clasista y comunista de nuestro país es ágrafa. Muchas de las discusiones y debates han sucedido en el terreno de la oralidad, en muchos casos solo fue posible conocer la esencia de estas discusiones por relatorías.

La crítica y la autocrítica son nuestra agua, donde abrevamos y nos fortalecemos. Pero también nos queda claro que la crítica desordenada, por medios informales y horizontales (por ejemplo, grupos del famoso Facebook), lo único que produce son grupos y corrillos, en última instancia fracciones.

Es necesario que en el caso de nuestro Partido, éste se cimente sobre las literatura partidaria. Los informes, los planes, los debates, las discusiones, los planteamientos, la política en general debe ser escrita. Haremos esfuerzos por rescatar la gran tradición comunista de tener una pluma permanentemente en pié de lucha.

Decisiones recientes del PCM en este sentido

Autocríticamente el PCM reconoce la necesidad de romper con el espíritu de secta que en ocasiones ha envuelto a algunos de sus militantes y estructuras. Crear al Partido como un fin en sí mismo es un sinsentido. El Partido solo es un medio, un medio vital es cierto, un instrumento para la lucha por el poder obrero, cuando la labor de construcción partidaria no empata con una labor por la revolución se está perdiendo mucho tiempo. Partido y Revolución son indisolubles e inseparables.

Se debe romper por ello la lógica perversa de enmohecerse en la vida interna. Si bien los flujos y reflujos se pueden reflejarse en los niveles de actividad Partidaria, el Partido comunista lucha por convertirse en un factor determinante. Como organización revolucionaria el PCM lucha por desarrollar su fuerza e imponer su voluntad por encima de la de sus enemigos y la de los elementos vacilantes. Es una tomadura de pelo teórica que esto pueda lograrse encerrados, el estudio empata con la práctica y viceversa.

El VI pleno del CC ha expresado su voluntad, y desea contagiar a todos sus militantes de esta voluntad, de salir a las calles y redoblar su política en estos meses. Hay que insistir a puerta de fábricas, hay que reclutar más jóvenes, organizar círculos de estudio, poner mesas de información con las posiciones del Partido, llenar agendas con listas de colaboradores y simpatizantes del Partido, etc.

El VI pleno del CC ha sido unánime en su decisión de no paralizar la actividad del Partido bajo condiciones de ataque. Los comunistas asumen que es su obligación reclutar elementos que mejoren su composición clasista, que es su obligación organizar células de centro de trabajo, para poder hablar de resultados en su vuelco fabril. Cumpliendo esta obligación nuestro Partido será muy diferente en un año y medio. Entonces, y solo entonces realmente los obreros le darán una forma definitiva a su Partido. Este es nuestro camino.
El VI pleno ha tomado de manera unánime la decisión de expulsar de sus filas a los desorganizadores que creen poder mantenerse en el PCM sin reconocer una única instancia, o que creen que esta se puede someter a chantajes. Sea muy claro el mensaje, el PCM es absolutamente intolerante a las fracciones.

Tampoco nos enfocaremos ya mucho en ellos. La realidad es una extensa llanura con mil calamidades. Aquellos que buscan arrastrarnos a una lucha interna deben saber que solo se desgastarán, cuando decidan enfrentarse a la descomunal tarea de organizar un Partido Comunista en este país serán verdaderamente pesados y medidos. Al enemigo que le hacemos caso es al capital, contra el cargaremos aún con febril locura, si se quiere.

El Partido ha decidido tomar pasos para su mejor ordenamiento. Ha fortalecido su Comité Central, ha tomado medidas para impulsar la vida democrática y ejercer la vigilancia revolucionaria, etc. Lanzará una ambiciosa política de alianzas destinada a darle impulso a la noción de Ruptura contra el sistema.

Cuando la guerra amenaza, cuando los ataques contra nuestra clase se vuelven despiadados, se necesita un Partido-Combatiente y más compañeros lo van entendiendo. Al tiempo que nuestras filas se vuelven más solidad también siguen creciendo día con día. La disciplina es cuartelaría para quienes desean emprender una ofensiva contra el capital, pero la lucha los compensa con la única perspectiva de tomar el destino en sus callosas manos.


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