Mi dragón en el garaje. Carl Sagan

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azska
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Mi dragón en el garaje. Carl Sagan

Mensaje por azska el Dom Jun 03, 2012 7:17 pm

Este texto lo leimos en clase de filosofia.
Es una pequeña historia del cientifico Carl Sagan sobre el falsacionismo de Popper.
Aqui la tienen, y es perfectamente aplicable a dios.


"En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca."

Supongamos (sigo el método de terapia de grupo del psicólogo Richard Franklin) que yo le hago a usted una aseveración como ésa. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real. ¡Qué oportunidad!

- Enséñemelo – me dice usted.

Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.

- ¿Dónde está el dragón? – me pregunta.

- Oh, está aquí – contesto yo moviendo la mano vagamente -. Me olvidé decir que es un dragón invisible.

Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.

- Buena idea – replico – , pero este dragón flota en el aire.

Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.

- Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.

Se puede pintar con spray el dragón para hacerlo visible.

- Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.

Y así sucesivamente. Yo contrarrestro cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluta a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.

Lo único que ha aprendido usted de mi insistencia en que hay un dragón en mi garaje es que estoy mal de la cabeza. Se preguntará, si no se puede aplicar ninguna prueba física, qué fue lo que me convenció. La posibilidad de que fuera un sueño o alucinación entraría ciertamente en su pensamiento. Pero entonces ¿por qué hablo tan en serio? A lo mejor necesito ayuda. Como mínimo, puede ser que haya infravalorado la falibilidad humana.

Imaginemos que, a pesar de que ninguna de las pruebas ha tenido éxito, usted desea mostrarse escrupulosamente abierto. En consecuencia, no rechaza de inmediato la idea de que haya un dragón que escupe fuego por la boca en mi garaje. Simplemente, la deja en suspenso. La prueba actual está francamente en contra pero, si surge algún nuevo dato, está dispuesto a examinarlo a ver si le convence. Seguramente es poco razonable por mi parte ofenderme porque no me cree; o criticarle por ser un pesado poco imaginativo... simplemente porque usted pronunció el veredicto escocés de "no demostrado".

Imaginemos que las cosas hubiesen sido de otro modo. El dragón es invisible, de acuerdo, pero aparecen huellas en la harina cuando usted mira. Su detector de infrarrojos registra algo. La pintura de spray revela una cresta dentada en el aire delante de usted. Por muy escéptico que se pueda ser en cuanto a la existencia de dragones – por no hablar de seres invisibles – ahora debe reconocer que aquí hay algo y que, en principio, es coherente con la idea de un dragón invisible que escupe fuego por la boca.

Ahora otro guión: imaginemos que no se trata sólo de mí. Imaginemos que varias personas que usted conoce, incluyendo algunos que está seguro que no se conocen entre ellas, le dicen que tienen dragones en sus garajes... pero en todos los casos la prueba es enloquecedoramente elusiva. Todos admitimos que nos perturba ser presas de una convicción tan extraña y tan poco sustentada por una prueba física. Ninguno de nosotros es un lunático. Especulamos con lo que significaría que hubiera realmente dragones escondidos en los garajes de todo el mundo y que los humanos acabáramos de enterarnos. Yo preferiría que no fuera verdad, francamente. Pero quizás todos aquellos mitos europeos y chinos antiguos sobre dragones no eran solamente mitos...

Es gratificante que ahora se informe de algunas huellas de las medidas del dragón en la harina. Pero nunca aparecen cuando hay un escéptico presente. Se plantea una explicación alternativa: tras un examen atento, parece claro que las huellas podían ser falsificadas. Otro entusiasta del dragón presenta una quemadura en el dedo y la atribuye a una extraña manifestación física del aliento de fuego del dragón. Pero también aquí hay otras posibilidades. Es evidente que hay otras maneras de quemarse los dedos además de recibir el aliento de dragones invisibles. Estas "pruebas", por muy importante que las consideren los defensores del dragón, son muy poco convincentes. Una vez más, el único enfoque sensato es rechazar provisionalmente la hipótesis del dragón y permanecer abierto a otros datos físicos futuros, y preguntarse cuál puede ser la causa de que tantas personas aparentemente sanas y sobrias compartan la misma extraña ilusión.

RioLena
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Re: Mi dragón en el garaje. Carl Sagan

Mensaje por RioLena el Jue Nov 08, 2018 7:04 pm

Gracias por este texto. No lo conocía y me ha encantado, y, desde luego, se puede aplicar a los dioses habituales.
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Fede Ángeles
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Re: Mi dragón en el garaje. Carl Sagan

Mensaje por Fede Ángeles el Jue Nov 08, 2018 9:06 pm

Si mal no recuerdo, este ejemplo del dragón en la cochera aparece en su ibro "El mundo y sus demonios". Buen libro, recomiendo su lectura (lo lei hace mucho pero creo recordar que le tira unos palitos a la URSS por causa de Lysenko. Está bien, nadie es perfecto).

RioLena
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Re: Mi dragón en el garaje. Carl Sagan

Mensaje por RioLena el Jue Nov 08, 2018 9:36 pm

Estamos hablando de un gran gurú de la ciencia, la cultura, y hasta el entretenimiento, de los USA. No creo que pudiera manifestarse de otra manera (respecto a Lysenko), además de su propio convencimiento científico, por supuesto. En algunos momentos quizás fuera algo contradictorio en lo referido a la existencia de dios, pero siempre desde una postura de escepticismo y duda —se definió como agnóstico varias veces— y tras su fallecimiento, su tercera mujer (Ann Druyan, coautora de algunos de sus últimos libros), permitió publicar un refrito de textos en el que podría llegar a entenderse que Sagan pasó su vida a la búsqueda de un dios que diera significado a la maravilla del Universo, o algo parecido. Bueno, chorradas políticamente correctas en yanquilandia a la búsqueda de vender libros aprovechando el nombre de Carl Sagan. En una entrevista para una de las cadenas de televisión más importantes, poco después de su muerte y ante la avalancha de preguntas acerca de si Carl Sagan había visto la necesidad de creer en sus últimos momentos, Ann Druyan dejó claro, de manera tajante, que nunca había sido creyente.
     
Me gustó 'El Mundo y sus demonios', sí. Hay una frase determinante y hasta divertida que no estoy segura si es de ese libro: «Alguna gente piensa en Dios imaginándose un hombre anciano, de grandes dimensiones, con una larga barba blanca, sentado en un trono en algún lugar ahí arriba en el cielo, llevando afanosamente la cuenta de la muerte de cada gorrión. Otros —por ejemplo, Baruch Spinoza y Albert Einstein— consideraban que Dios es básicamente la suma total de las leyes físicas que describen al universo. No sé de ningún indicio de peso en favor de algún patriarca capaz de controlar el destino humano desde algún lugar privilegiado oculto en el cielo, pero sería estúpido negar la existencia de las leyes físicas (...) La idea de que Dios es un hombre blanco de grandes dimensiones y de larga barba blanca, sentado en el cielo y que lleva la cuenta de la muerte de cada gorrión es ridícula. Pero si por Dios uno entiende el conjunto de leyes físicas que gobiernan el universo, entonces está claro que dicho Dios existe. Este Dios es emocionalmente insatisfactorio... no tiene mucho sentido rezarle a la ley de la gravedad.
   
De otro lado hay que dejar claro que Carl Sagan fue un gran científico, y no sólo un escritor o divulgador con gran capacidad de comunicar o con don de gentes, lo que muchos de sus lectores han malentendido demasiado a menudo.

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Re: Mi dragón en el garaje. Carl Sagan

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