"La Crisis de la Socialdemocracia" de Rosa Luxemburgo

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Mensaje por Yeremenko el Miér Mayo 09, 2012 12:45 am

"La Crisis de la Socialdemocracia" de Rosa Luxemburgo

En la severa atmósfera de estas tristes jornadas se escucha un coro muy distinto: el grito ronco de los buitres y de las hienas sobre el campo de batalla. ¡Garantizadas 10.000 tiendas de campaña de reglamento! ¡Se pueden entregar inmediatamente 100.000 kilos de tocino, de cacao en polvo, de sustitutos de café, pagando al contado! ¡Granadas, tornos, cartucheras, arreglos matrimoniales para las viudas de los soldados caídos, cinturones de cuero, intermediarios para los abastecimientos del ejército... sólo se aceptan ofertas serias! La carne de cañón cargada de patriotismo en agosto y septiembre, se descompone ahora en Bélgica, en los Vosgos y en Masuria,
en campos de exterminio, donde las ganancias de la guerra rezuman en los hierbajos. Se trata de llevar rápidamente la cosecha al granero. Sobre el océano se extienden miles de manos codiciosas para participar en el reparto. Los negocios prosperan sobre las ruinas. Las ciudades se convierten en montones de escombros; las aldeas, en cementerios; las iglesias, en caballerizas; el derecho internacional, los tratados estatales, las alianzas, las palabras más sagradas, las mayores autoridades se desintegran; todo soberano por la gracia de Dios considera a su igual del campo contrario como infeliz y perjuro; todo titulado ve al colega del otro bando como canalla consumado; todo gobierno considera a los demás como una maldición de su propio pueblo y los entrega al desprecio general; y los tumultos causados por el hambre en Venecia, en Lisboa, en Moscú y en Singapur; y la peste se extiende en Rusia, y la miseria y la desesperación reinan por doquier. Cubierta de vergüenza, deshonrada, chapoteando en sangre, nadando en cieno: así se encuentra la sociedad burguesa, así es ella. No como cuando, delicada y recatada, simula cultura, filosofía, y ética, orden, paz y estado de derecho, sino como bestia predadora, como cazadora de brujas de la anarquía, como peste para la cultura y para la humanidad: así se muestra en su verdadera figura al desnudo. Y en medio de esa caza de brujas se produce una catástrofe histórico- mundial: la capitulación de la socialdemocracia internacional. Engañarse al respecto, encubrirlo, sería lo más insensato, lo más funesto que podría sucederle al proletariado. “El demócrat(es decir, el pequeñoburgués revolucionario) —decía Marx— sale de la más vergonzosa derrota tan puro e inocente como cuando entró en ella, con el convencimiento recién adquirido de que debe triunfar, no de que él mismo y su partido deben superar sus antiguos puntos de vista, sino todo lo contrario, que las circunstancias han de evolucionar a su favor”. El proletariado moderno saca otras conclusiones de las pruebas históricas. Sus errores son tan gigantescos como sus tareas. No tiene un esquema predeterminado y válido para siempre, ni un jefe infalible que le muestre la senda por la que ha de marchar. La experiencia histórica es su único maestro, el camino de espinas
hacia su propia liberación no sólo está empedrado de padecimientos ingentes, sino también de innumerables errores. La meta de su viaje, su liberación, depende de que el proletariado sepa aprender de sus propios errores. La autocrítica más despiadada, cruel y que llegue al fondo de las cosas, es el aire y la luz vital del movimiento proletario. El caso del proletariado socialista en la actual guerra mundial es inaudito, es una desgracia para la humanidad. El socialismo estaría perdido si el proletariado internacional no valorara en su justa medida la profundidad de esta caída, y no quisiera extraer sus enseñanzas. Lo que ahora está en cuestión es toda la etapa que abarca los últimos 45 años de desarrollo del moderno movimiento obrero. Asistimos a la crítica, al balance de nuestro trabajo desde hace ya casi medio siglo. La tumba de la Comuna de París cerró la primera fase delmovimiento obrero europeo y de la Primera Internacional. Comenzó entonces un nuevo período. En lugar de revoluciones espontáneas, de insurrecciones, de luchas de barricadas, tras las cuales el proletariado recaía en estado de pasividad, comenzó la lucha diana sistemática, la utilización del parlamentarismo burgués, la organización de masas, el enlace de la lucha económica con la lucha política, y del ideal socialista conla defensa tenaz de los intereses cotidianos más inmediatos. Por vez primera la causa del proletariado y de su emancipación se vio
iluminada por el norte de una doctrina rigurosamente científica. En lugar de sectas, escuelas, utopías y experimentos llevados a cabo en cada país por cuenta propia surgía una base teórica uniforme e internacional que entrelazaba los países como se entrelazan las páginas de un libro. La teoría marxista dio a la clase obrera de todo el mundo una brújula para que se orientara por el torbellino de los acontecimientos cotidianos, para que dirigiera en todo el mundo la táctica de lucha hacia la inamovible meta final. Fue la socialdemocracia alemana la portadora, defensora y guardiana de ese nuevo método. La guerra de 1870 y la derrota de la Comuna de París trasladaron el centro de gravedad del movimiento obrero europeo a Alemania. Al igual que Francia había sido el lugar clásico durante la primera fase de la lucha de clases proletaria, y al igual que París fue el corazón palpitante y sangrante de la clase obrera europea de aquella época, del mismo modo la clase obrera alemana se convirtió en la vanguardia durante la segunda fase. A costa de los innumerables sacrificios del infatigable trabajo cotidiano, se creó la más fuerte y modélica organización, la prensa más numerosa, se dio vida a los más eficaces medios de educación e ilustración, agrupó en torno suyo a poderosas masas de electores y conquistó las más numerosas representaciones parlamentarias. La socialdemocracia alemana era considerada la más pura encarnación del socialismo marxista. Tenía y exigía un puesto especial como maestra y guía de la Segunda Internacional. Federico Engels escribía en 1895, en su famoso prólogo a la obra de Marx, La lucha de clases en Francia: “Independientemente de lo que pueda suceder en otros países, la socialdemocracia alemana goza de una posición especial y tiene por ello, al menos de momento, también una tarea especial. Los dos millones de electores que envía
a las urnas, juntamente con los jóvenes no electores de ambos sexos que la apoyan, forman la masa más numerosa y compacta, decisiva ‘fuerza de choque’ del ejército proletario internacional”. La socialdemo cracia alemana fue, como escribía el Wiener Arbeiterzeitung el 15 de agosto de 1914, “la perla de la organización del proletariado con conciencia de clase”. Sus huellas fueron seguidas asiduamente por la socialdemocracia francesa, italiana y belga,
por el movimiento obrero de Holanda, de los países escandinavos, de Suiza y de los Estados Unidos. Los países eslavos, los rusos, los socialdemócratas balcánicos, la contemplaban con una admiración sin límites y casi exenta de crítica. En la Segunda Internacional, la “fuerza de choque” alemana desempeñaba el papel principal. En los Congresos, en las sesiones del Buró de la Internacional Socialista, todo reposaba en la opinión de los alemanes. Sí, hasta en las cuestiones de la lucha contra el militarismo y la guerra siempre era decisiva la opinión de la socialdemocracia alemana. “Para nosotros, alemanes, esto es inaceptable”, esto bastaba, por lo general, para determinar la orientación de la Internacional. Con una confianza ciega se entregaba a la dirección de la admirada y poderosa socialdemocra cia alemana; era el orgullo de todo socialista y el terror de las clases dominantes de todos los países.

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