"Rosa Luxemburgo y las armas morales del socialismo" - texto de Néstor Kohan - año 2009

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pedrocasca
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"Rosa Luxemburgo y las armas morales del socialismo" - texto de Néstor Kohan - año 2009

Mensaje por pedrocasca el Lun Mayo 07, 2012 9:57 pm

Rosa Luxemburgo y las armas morales del socialismo

texto de Néstor Kohan (Fragmentos de la introducción del libro Rosa Luxemburgo, editado por Ocean Sur) - febrero de 2009

"El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del mundo" - Carta de Rosa Luxemburgo a Franz Mehring (febrero de 1916)


¿Por qué Rosa Luxemburgo hoy?

Cuando ya nadie se acuerda de los viejos jerarcas de la socialdemocracia europea del siglo XIX, el pensamiento de Rosa Luxemburgo [1871-1919] continúa generando polémicas. Su espíritu insumiso y rebelde asoma la cabeza -cubierta por un elegante sombrero, por supuesto- en cada manifestación juvenil contra la mundialización de los mercados y la dominación capitalista.

El nombre de Rosa, amada y admirada por los jóvenes más radicales y combativos de todas partes del mundo, sigue siendo en el siglo XXI sinónimo de rebelión y revolución. Esos dos fantasmas traviesos que "el nuevo orden mundial" no ha podido domesticar. Ni con tanques e invasiones militares ni con la dictadura de la TV. Actualmente , su memoria descoloca y desafía la triste mansedumbre que propagandizan los mediocres con poder.

El simple recuerdo de su figura provoca una incomodidad insoportable en aquellos que intentan emparchar y remendar los "excesos" del capitalismo... para que funcione mejor. Cuando los desinflados y arrepentidos de la revolución entonan antiguos cantos de sirena, disfrazados hoy con el ropaje de la "tercera vía" o el "capitalismo con rostro humano", la herencia insepulta de Rosa resulta un antídoto formidable. Sus demoledoras críticas al reformismo -que ella estigmatizó sin piedad en Reforma o revolución y en La crisis de la socialdemocracia- no dejan títere con cabeza. Constituyen, seguramente, uno de los elementos más perdurables de sus reflexiones teóricas.

Judía y polaca (dos palabras malditas para la cultura alemana...), ya de muy joven se metió de lleno en el Partido Socialdemócrata Alemán. No sólo publicó artículos en su prensa y libros sino que fue una de las principales instructoras de las escuelas políticas del partido (principalmente en temas económicos).

A poco de transitar, entró en colisión con los principales ideólogos de esta organización: Eduard Bernstein [1850-1932], cabeza del "socialismo revisionista", y Karl Johann Kautsky [1854- 1938], líder del llamado "marxismo ortodoxo". Con diversos argumentos, los dos se oponían a los cambios sociales radicales y revolucionarios. Al igual que Lenin, Rosa polemiza con ambos. Primero chocará con Bernstein, en 1898, y luego con Kautsky, en 1910.

Pero ella no estuvo sola. Mientras polemizaba con los jefes de la burocracia parlamentaria del partido socialdemócrata alemán (SPD) y sus principales ideólogos, trababa estrecha amistad con Franz Mehring [1846-1919], el célebre biógrafo de Carlos Marx. También con Karl Liebknecht [1871-1919] y Clara Zetkin [1857-1933], sus dos grandes compañeros de lucha.

La vida de Rosa no fue fácil. Estuvo varias veces en prisión. En una de las más extensas, la burguesía la mantuvo en cautiverio hasta fines de 1918. Cuando salió, se puso a la cabeza de la Liga Espartaco , que luego se transformó en el naciente Partido Comunista Alemán (PCA).

Al dirigir el levantamiento de los trabajadores insurrectos, Rosa Luxemburgo se ganó el odio de la derecha alemana. Pero no sólo de la derecha... también de los socialdemócratas, hasta pocos años antes, sus antiguos compañeros.

El reformismo oportunista, la enfermedad senil del socialismo

Desde que surgieron las protestas obreras contra la sociedad capitalista, dos corrientes convivieron en el seno del campo popular.

Una primera tendencia, conocida como "reformismo", cree que el capitalismo se puede ir mejorando de a poco. Reforma tras reforma, los trabajadores podrían ir avanzando lentamente hacia una mejor sociedad. Esta última iría cambiando según un patrón lineal: la evolución, de lo peor a lo mejor. En sus comienzos históricos esta tendencia sostenía que la evolución pacífica y gradual del capitalismo conduciría a una sociedad más racional, el socialismo. El tránsito entre el capitalismo y el socialismo debería realizarse paulatinamente. Hoy en día esta ideología se ha ido modificando. Ya no cree que al final de la marcha evolutiva y pacífica de la sociedad nos espera el socialismo. Sus partidarios se conforman tan sólo con lograr reformas dentro del orden capitalista. Tanto el reformismo de ayer como el de hoy comparten una misma conducta oportunista. Ambos desprecian la teoría y los principios; creen que hay que caminar mirando sólo la punta de los pies sin intentar, jamás, levantar la vista para abarcar un horizonte más amplio que el del día a día.

La segunda tendencia, de carácter revolucionaria, realiza críticas radicales contra el capitalismo. A diferencia del reformismo, aspira a cambiar de raíz la sociedad para acabar no sólo con "los excesos" sino con la explotación y la dominación mismas. Esta vertiente le otorga a la teoría una importancia central, pues nos permite elaborar planes de acción que no se limitan al orden establecido y "normal".

Desde su primera juventud hasta su asesinato, Rosa Luxemburgo fue una de las más brillantes representantes de esta segunda corriente y una aguda polémica de la primera. Todos sus escritos, sean de los temas que sean, sólo se pueden comprender a partir de esta perspectiva.

Cuando Rosa termina de cortar sus vínculos con la tradición determinista "ortodoxa" de la II Internacional formula una consigna famosa, que hoy tiene absoluta actualidad: "Socialismo o barbarie". Ésta última resume seguramente lo más explosivo de su herencia y lo más sugerente de su mensaje para el socialismo del siglo XXI.

Inserta en su "folleto de Junius" (La crisis de /a socialdemocracia, 1915), esa consigna resulta superadora del determinismo fatalista y economicista asentado en el desarrollo imparablemente ascendente de las fuerzas productivas. Según el fatalismo determinista, durante décadas considerado la versión "ortodoxa" del marxismo, la sociedad humana marcharía de manera necesaria, ineluctable e indefectible hacia el socialismo. La subjetividad histórica y la lucha de clases no jugarían ningún papel. A lo sumo, podrían acelerar o retrasar ese ascenso de progreso lineal, "final feliz" asegurado de antemano.

Pero Rosa rompe con ese dogma y plantea que la historia humana tiene un final abierto, no predeterminado por el progreso de las fuerzas productivas (ese viejo grito moderno del más antiguo "¡Dios lo quiere!", tal como irónicamente afirmaba Gramsci). Por lo tanto, el futuro sólo puede ser resuelto por el resultado de la lucha de clases. Podemos ir hacia una sociedad desalienada y una convivencia más humana, el socialismo; o podemos continuar hundiéndonos en la barbarie, el capitalismo.

Rosa y el método dialéctico

Ninguna categoría ha sido más repudiada, castigada y desechada en las últimas décadas que la de "totalidad". Las vertientes más reaccionarias del posmodernismo francés y del pragmatismo norteamericano han asimilado toda visión totalizadora con la metafísica.

Ahora bien, esa categoría tan vilipendiada -la de totalidad- es central en el pensamiento dialéctico de Rosa y en su crítica de la economía capitalista. Ella consideraba que el modo de producción capitalista es una, totalidad. Nunca se puede comprender si se fragmentan cualquiera de sus momentos internos (la producción, la distribución, el cambio o el consumo). El capitalismo los engloba a todos en una totalidad articulada, según un orden lógico que a su vez tiene una dinámica esencialmente histórica. Por eso, cuando intenta explicar en las escuelas del partido el problema de "¿Qué es la economía?" dedica buena parte de su exposición a desarrollar no sólo las definiciones de la economía contemporánea sino particularmente la historia de la disciplina. Esa decisión no era caprichosa ni arbitraria. Estaba motivada por la misma perspectiva metodológica que llevó a Marx a conjugar lo que él denominaba el "modo de exposición" y el "modo de investigación", dos órdenes del discurso científico crítico que remitían al método lógico y al método histórico. Para el marxismo revolucionario que intenta descifrar críticamente las raíces fetichistas de la economía burguesa no hay simple enumeración de hechos -tal como aparecen a la conciencia inmediata en el mercado, según nos muestras las revistas y periódicos de economía- sin lógica. Pero a su vez no hay lógica sin historia.

La categoría que permite articular en el marxismo la lógica y la historia es la de totalidad, nexo central de la perspectiva metodológica que Rosa aprendió de Marx (como bien señaló Lukács en Historia y conciencia de clase). No importa si sus correcciones a los esquemas de reproducción del capitalismo que Marx describió en el tomo II de El Capital son correctas o no. Lo importante es el método empleado en ese análisis. Rosa quizás pudo equivocarse en algunas conclusiones de La acumulación del capital pero no se equivocó en emplear el método dialéctico.

Retomar hoy ese ángulo nos parece de vital importancia, sobre todo si tomamos en cuenta que en el último cuarto de siglo se ha intentado fracturar toda perspectiva de lucha contra el capitalismo en su conjunto en aras de los "micropoderes", los "microenfrentamientos capilares" y el poder local, etc, etc. Sin cuestionar la totalidad del sistema capitalista, todo reclamo y toda crítica al sistema se vuelven impotentes.

El asesinato de Rosa, esa mancha imborrable

El 9 de noviembre de 1918 (un año después del levantamiento bolchevique de Rusia) comenzó la revolución alemana. Fueron dos meses de agitación ininterrumpida. Luego de una huelga general, los trabajadores insurrectos -dirigidos por la Liga Espartaco- proclamaron la República y se constituyeron consejos revolucionarios de obreros y soldados. Mientras Kautsky y otros socialistas se mostraron vacilantes, el grupo mayoritario en la socialdemocracia alemana (comandado por Friedrich Ebert [1870-1925] Y Philipp Schleidemann [1865-1939]) enfrentó con vehemencia y sin miramientos a los revolucionarios.

Tal es así que Gustav Noske [1868-1947], miembro de este grupo (el SPD), asumió como Ministro de Guerra. Desde ese puesto y con ayuda de los oficiales del antiguo régimen monárquico alemán, organizó la represión de los insurrectos espartaquistas. Mientras tanto, el diario socialdemócrata Vorwarts [Adelante] publicaba avisos llamando a los Freikorps -"cuerpos libres", nombre de los comandos terroristas de derecha- para que combatieran a los espartaquistas, ofreciéndoles "sueldo móvil, techo, comida y cinco marcos extra".

EI 15 de enero de 1919 Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo son capturados en Berlín por la enfervorizada tropa de soldados. Horas más tarde son salvajemente asesinados. Poco después, León Jogiches (1867-1919), compañero de amor y militancia de Rosa Luxemburgo durante muchos años, es igualmente asesinado. El cuerpo de Rosa, ya sin vida, es arrojado por la soldadesca a un río. Su cadáver recién se encontró en mayo, cinco meses después.

La responsabilidad política que la socialdemocracia reformista tuvo en el cobarde asesinato de Rosa Luxemburgo y sus compañeros ya ningún historiador la discute. Ese acto de barbarie ha quedado en esa tradición como una mancha moral que difícilmente se borre con el tiempo.

Pero la memoria de Rosa, su pensamiento marxista, su ética revolucionaria y su indoblegable ejemplo de vida, continúan vivos. Entrañablemente vivos. En el puente donde sus asesinos arrojaron su cuerpo al agua siguen apareciendo, periódicamente, flores rojas. Las nuevas generaciones no la olvidan.




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Re: "Rosa Luxemburgo y las armas morales del socialismo" - texto de Néstor Kohan - año 2009

Mensaje por pedrocasca el Lun Mayo 07, 2012 9:59 pm

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