¿Qué es una República? - escrito de Thomas Jefferson - año 1816 (publicado en castellano en 1987)

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pedrocasca
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Mensaje por pedrocasca el Mar Abr 24, 2012 6:53 pm

¿QUÉ ES UNA REPÚBLICA?, por Thomas Jefferson***

Carta a John Taylor, de Caroline (Virginia) desde Monticello, a 28 de mayo de 1816. Texto incluido en “Autobiografía y otros escritos”, Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia.

“Si hubiera de asignar a esta palabra una idea precisa y definida, diría, pura y simplemente, que significa un gobierno por la masa de los ciudadanos, actuando directa y personalmente, conforme a las normas establecidas por la mayoría; y que todo gobierno es más o menos republicano en la medida en que contenga en su composición una cantidad mayor o menor del ingrediente de la acción directa de los ciudadanos. Cuanto más lejos del control constante y directo de los ciudadanos, menos ingrediente republicano tiene el gobierno; evidentemente, ninguno donde las autoridades son hereditarias, o autoelegidas; y poco cuando son de por vida, en la medida en que la vida continúe tras el acto de elección”.


A mi regreso de un largo viaje y una prolongada ausencia de casa, encontré el ejemplar de vuestra “Investigación sobre los principios de nuestro Gobierno” que habéis tenido la amabilidad de enviarme, por lo que os ruego que aceptéis mi agradecimiento.

LOS ÓRGANOS Y ESTAMENTOS SIN CONTROL CIUDADANO, UN BORRÓN EN CUALQUIER CONSTITUCIÓN

Las dificultades que entraña conseguir libros nuevos en nuestra situación, en el interior y sin una sola librería, son tales que no había podido hallar un ejemplar; y las cartas que se han acumulado durante mi ausencia y que exigían respuesta todavía no me han permitido leer detenidamente toda la obra; sin embargo, seguro como estoy de que usted y yo no podemos disentir sobre los fundamentos del buen gobierno, me sentí impaciente y aproveché los momentos de reposo de mi escritorio para adquirir una apresurada idea del contenido de la obra.

La libertad ama la justicia. Sin justicia la libertad será el privilegio de unos pocos; sin libertad, la justicia pude convertirse en tiranía de la mayoría sobre los individuos.

Veo en ella mucho material para profundas reflexiones; mucho que debería confirmar nuestra adhesión en la práctica a los buenos principios de nuestra Constitución y fijar nuestra atención en lo que todavía debe mejorarse. La sexta sección sobre los buenos principios morales de nuestros gobiernos me pareció tan interesante y repleta de sólidos principios que aplacé mi trabajo epistolar hasta haberla leído y considerado detenidamente.

Además de abundante material de calidad, establece incontestablemente el derecho de dar instrucciones a los representantes y su obligación de obedecerlas. Ambos hemos reprobado igualmente y desde siempre el sistema bancario. Lo considero un borrón caído sobre todas nuestras constituciones que, de no limpiarse, terminará por destruirlas, y que ya es aprovechado por los jugadores de la corrupción y está arrasando a medida que avanza, la fortuna y la moral de nuestros ciudadanos.

Considero que la financiación tiene sus justos límites en la redención de la deuda durante el ciclo vital de la mayoría de la generación que la ha contraído; porque toda generación accede igualmente, conforme a las leyes del Creador del mundo, a la libre posesión de la tierra que El hizo para su subsistencia, sin estorbo de sus antepasados, que, como ellos, no eran sino usufructuarios de por vida.

Habéis pulverizado completamente y con todo éxito el sistema de estamentos de Mr. Adams, y su apertura del manto republicano a cualquier sistema jurídico, compatible o no con el derecho natural. Ciertamente, hay que reconocer que la palabra república se puede aplicar con gran vaguedad en cualquier idioma. Así lo atestiguan las autodenominadas repúblicas de Holanda, Suiza, Génova, Venecia, Polonia.

Si hubiera de asignar a esta palabra una idea precisa y definida, diría, pura y simplemente, que significa un gobierno por la masa de los ciudadanos, actuando directa y personalmente, conforme a las normas establecidas por la mayoría; y que todo gobierno es más o menos republicano en la medida en que contenga en su composición una cantidad mayor o menor del ingrediente de la acción directa de los ciudadanos.

Un gobierno de tal naturaleza está, evidentemente, restringido a límites muy reducidos de espacio y población. Dudo que fuera practicable en una extensión mayor a la de la municipalidad de Nueva Inglaterra. La primera sombra de este elemento puro, que, como el aire vital puro, no puede por sí solo sostener la vida, se haría visible cuando los poderes de gobierno, divididos, se ejercitaran respectivamente por representantes escogidos ya sea pro hac vice (para la ocasión), ya sea por períodos tan cortos que garanticen que cumplirán el deber de expresar la voluntad de sus electores.

HOMBRES QUE CONOCEN SUS DEBERES, MÁS AÚN SUS DERECHOS Y LOS DEFIENDEN, ESO ES EL ESTADO

Consideraría esto como lo más próximo a una república pura que puede conseguirse a gran escala del país o población. Y tenemos en algunas de nuestras Constituciones estatales ejemplos de ello que, de no ser envenenados por la hechicería del clero, demostrarían su superioridad a pesar de cualquier mezcla con otros elementos; y, simplemente con dosis iguales de veneno, seguirían siendo los mejores.

En otras formas de gobierno, donde las funciones ejecutivas, judiciales y legislativas y las diversas ramas de estas últimas son elegidas más o menos directamente por el pueblo, por períodos de más años, o para toda la vida, o se hacen hereditarias, pueden hallarse otros matices de republicanismo. Y también donde hay una mezcla de autoridades, algunas dependientes y otras independientes del pueblo.

Cuanto más lejos del control constante y directo de los ciudadanos, menos ingrediente republicano tiene el gobierno; evidentemente, ninguno donde las autoridades son hereditarias, como en Francia, Venecia, etc., o autoelegidas, como en Holanda; y poco cuando son de por vida, en la medida en que la vida continúe tras el acto de elección.

El elemento más republicano del gobierno de nuestro propio Estado es la Cámara de Representantes. El Senado también lo es el primer año, menos el segundo y así sucesivamente. El Ejecutivo aún menos, porque no es elegido directamente por el pueblo. El Judicial es seriamente antirrepublicano, por ser de por vida; y la espada nacional es blandida, como señaláis, por jefes militares que no responden más que ante sí mismos.

Añadid a ello la constitución viciada de nuestros tribunales de condado (a los que se confía la justicia, la administración ejecutiva, la fiscalidad, la policía, los nombramientos militares del condado y casi todos nuestros asuntos cotidianos), autonombrados “autopreservados”, con autoridad de por vida y en los que es imposible quebrar la perpetua sucesión de cualquier agente que haya tomado posesión de su cargo. Son, de hecho, el ejecutivo, el judicial y el poder militar de sus respectivos condados, y la suma de los condados constituye el Estado.

El mejor gobierno es el que menos gobierna. Los poderes limitados del gobierno abren la puerta a la creatividad ilimitada de la sociedad.

Y añadid también que la mitad de nuestros hermanos, que combaten y pagan impuestos, están excluidos, como Ilotas, de los derechos de representación, como si la sociedad se hubiera instituido para la tierra y no para los hombres que la habitan; o como si la mitad de éstos pudiera disponer de los derechos y de la voluntad de la otra mitad, sin su consentimiento.

“¿Qué constituye un Estado?
No los altos baluartes, ni el terraplén trabajado,
El muro espeso o la puerta protegida por el foso;
No las orgullosas ciudadades, por agujas y torretas coronadas;
No: hombres, hombres de altas miras;
Hombres que conocen sus deberes;
Más conocen sus derechos; y, conociéndolos, osan defenderlos.
Ellos constituyen un Estado.”

LA FISCALIZACIÓN POPULAR DE LOS ÓRGANOS DEL GOBIERNO DA LA MEDIDA DE SU REPUBLICANISMO

En el gobierno general, la Cámara de Representantes es esencialmente republicana; el Senado, casi nada, pues no es elegido directamente por el pueblo, y está defendido mucho tiempo incluso de aquellos que los eligen; el Ejecutivo es más republicano que el Senado, por su mandato más corto, su elección por el pueblo en la práctica (pues sólo votan A en la seguridad de que votará por B) y porque, también en la práctica, parece estarse estableciendo un principio de rotación; el judicial es independiente de la nación, pues su coacción por medio del juicio de residencia ha demostrado ser inútil.

Por consiguiente, si la fiscalización popular de los órganos de gobierno da la medida de su republicanismo, y confieso que no conozco otra medida, habrá que reconocer que nuestros gobiernos son mucho menos republicanos de que cabía esperar; en otras palabras, que el pueblo ejerce sobre sus agentes un control más irregular del que sus derechos e intereses exigen.

Y esto lo atribuyo no a la falta de espíritu republicano de quienes elaboraron estas Constituciones, sino la sumisión de los verdaderos principios a las autoridades europeas, a quienes especulan con el gobierno, cuyo temor al pueblo se inspira en el populacho de sus propias urbes y se ha extendido injustamente a los ciudadanos independientes, felices, y por consiguiente, ordenados de los Estados Unidos. Mucho me temo que se ha perdido una oportunidad de oro para reformar esas herejías.

Los funcionarios del poder público rara vez se fortalecen en su disposición a reducirlo, y no es probable que una solicitud desorganizada de las oportunas enmiendas prevalezca sobre una posición organizada. Siempre nos están diciendo que todo va bien; ¿para qué cambiar? “Chista bene, non si muove”, decía el italiano, el que está bien que no se mueva.

Esto es cierto; y, a decir verdad, creo que todo seguiría yendo bien entre nosotros bajo un monarca absoluto mientras no cambie nuestro actual carácter ordenado, industrioso y amante de la paz, si ese monarca estuviera restringido, como lo estaría, por el espíritu adecuado del pueblo. Pero mientras todo sigue ahí, deberíamos precavernos de las consecuencias de su deterioro. Y sigamos confiando en que aún se hará ahorrándonos el dolor de pensar en males que quizá nunca lleguen a producirse.

Desde esta perspectiva del término república, en lugar de decir, como se ha dicho, “que puede significar todo o nada”, podemos decir con certeza y significativamente que los gobiernos son más o menos republicanos en la medida en que contengan más o menos el elemento de la elección popular y el control de su composición; y, convencido como estoy de que la masa de los ciudadanos es el depositario más seguro de sus propios derechos, y especialmente de que los males que emanan de un pueblo embaucado son menos perjudiciales que los derivados del egoísmo de sus agentes, me inclino por la composición de gobierno que contenga ese ingrediente en mayor proporción.

Y creo sinceramente, como vos, que los establecimientos bancarios son más peligrosos que los ejércitos permanentes; y que el principio de gastar dinero para que lo pague la posteridad, aunque adopte el nombre de financiación, no es más que una estafa a gran escala al futuro.

Os saludo con amistad y respeto constante.


***THOMAS JEFFERSON: tercer presidente de los Estados Unidos de América, fallecido en 1826. Se desempeñó como arquitecto, abogado, escritor, político (fue vicepresidente, Secretario de Estado, embajador en Francia, Gobernador de Virginia y diputado en la Cámara de representantes de Virginia) agricultor, inventor, arqueólogo y filósofo. Considerado uno de los Padres de la patria, participó en la elaboración de la Declaración de Independencia. Sus ideas políticas republicanas, laicas y liberales se basaban en un liberalismo agrario que algunos escritores de sesgo anarquista han interpretado como un anarquismo filosófico.
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¿Qué es una República? - escrito de Thomas Jefferson - año 1816 (publicado en castellano en 1987) Empty Jefferson

Mensaje por Echospace el Mar Abr 24, 2012 7:59 pm

Sin duda, Thomas Jefferson fue el mejor presidente que los EEUU han tenido jamás,

Con esto no quiero ensalzar su figura, de hecho tenía esclavos y era un explotador más.

Muy importante fue su lucha contra la banca estafadora y la Reserva Federal.

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