Habla el verdadero Ortega Peña

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    AnarcComunis
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    Habla el verdadero Ortega Peña

    Mensaje por AnarcComunis el Vie Mar 23, 2012 4:53 pm

    Habla el verdadero Ortega Peña: Peron, La Triple A, La Burocracia Sindical y la Autodefensa Obrera.

    “La responsabilidad por estos asesinatos tiene nombre y apellido: Juan Domingo Perón”
    Dip. Rodolfo Ortega Peña, 30 de mayo 1974, durante el acto de repudio por la muerte de tres militantes del PST secuestrados y asesinados en General Pacheco y llevado a cabo enfrente del local central del PST en la calle 24 de Noviembre, barrio de Once.

    “A ustedes los mandó matar Perón, no le quepa la menor duda. Yo sé que si pudieran, también me matarían. Acá no va a haber tregua para nadie.”
    Dip. Rodolfo Ortega Peña, Julio de 1974, dirigiéndose a militantes graficos del PST en una charla con dirigentes y activistas, días antes de su asesinato

    “Contale lo que decía Ortega Peña cuando lo quemamos”- dijo dirigiéndose al oficial y luego, remedando burlonamente la voz de Ortega Peña y haciendo gestos con las manos dijo - “No tiren, no tiren, soy diputado nacional.” Para terminar: “Mas vale que toques el pianito sino vas a terminar igual que él.”
    - Subcomisario de la Policía Federal Rodolfo Almirón, 1ro.de agosto, 1974.

    Por Carlos Petroni

    Reproducimos aquí la entrevista que le realizó Avanzada Socialista (Número 108), el semanario del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) en la primera semana del mes de junio de 1974. Este reportaje, el último que le conozco donde se expresan las posiciones del entonces Diputado Nacional y las declaraciones y el discurso que pronunció en el velatorio de tres militantes socialistas (PST) asesinados el 29 de mayo de 1974, le costaron la vida.

    El contexto del momento era uno en que las bandas de la Triple A, organizadas desde el gobierno, con recursos de todo el estado, secuestraban y asesinaban a dirigentes y activistas sindicales, principalmente, y de la izquierda y la izquierda peronista e incluso a intelectuales y políticos de todas las tendencias.

    Perón justificaba los asesinatos explicándolos públicamente como simples enfrentamientos entre bandas; mientras tanto, los jefes operativos y los asesinos profesionales revestían en altas posiciones de su gobierno (ministerios, secretarías, comandos policiales), incluso en su guardia personal y la de su esposa.

    La entrevista que hoy reproducimos fue obtenida después que Ortega Peña participó del acto y velorio, y posterior entierro, de tres militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), secuestrados y asesinados en la localidad de Gral, Pacheco, donde militaban, el 29 de Mayo de 1974.

    Las dos semanas anteriores habian estado marcadas por cinco ataques, algunos con bombas, contra los locales del partido y mas de una docena de atentados contra militantes, incluido el que esto escribe, a quien la CNU/Triple A quizo asesinar el dia anterior, el 28 de Mayo. El PST organizó un acto de repudio masivo y llamó a toda la izquierda a formar grupos de auto defensa contra las bandas fascistas que, desgraciadamente, otros desoyeron. Ortega Peña y muchos de sus seguidores tomaron de inmediato. El entonces diputado habló también en el acto donde acusó en forma directa a Perón y su gobierno de los asesinatos de militantes.

    En la entrevista, Ortega Peña habla del terrorismo de estado de la Triple A (que todavía no firmaba sus acciones como tal pero actuaba desde 1973), la responsabilidad de Perón en la implementación de esta política de bandas armadas para suprimir a la izquierda y la izquierda del Peronismo, enfrentando la propia explicación del entonces Presidente de que solo había “enfrentamientos entre bandas.”:

    “Creo que es lógico que Perón que es el ejecutor de esta Política del Pacto Social, trate de minimizar el episodio y lo haga aparecer como un conflicto menor entre facciones secundarias, hechos que estarían ocurriendo en todo el mundo y por eso le restaría importancia. Esto forma parte también de la negativa interesada en no analizar de donde parte la represión actualmente, que está inscripta en el proyecto burgués que se está llevando a cabo en Argentina, proyecto de superexplotación.

    “Tiene lógica que quien está ejecutando conscientemente un proyecto neodesarrollista, le reste significación. Por algo están Cáceres, Villar, Margaride como responsables de la represión. Igual que en la dictadura militar cuando se le restaba importancia a estos episodios de tipo represivo, en esta nueva etapa de la política de las clases opresoras, es lógico que quien aparezca como responsable político del proyecto, le reste significación, lo cual es inaceptable para los sectores populares.”

    Tenia absoluta claridad que el terrorismo de estado se ejecutaba en defensa del proyecto político encabezado en ese momento por Perón. Algo que se distancia por el vértice de quienes hoy le adjudican la autoría de ese terrorismo estatal solo a López Rega.

    Ortega Peña tambien habla de las tareas de autodefensa armada que, según el Diputado, debía coordinarse entre todas las organizaciones que tuvieran actividad en el movimiento obrero y sin descartar otras tareas como las denuncias políticas y las querellas:

    “ Con respecto a la prohibición a la portación de armas, podría encararse conformando comisiones de autodefensa dentro de esta política de movilización, con armas de tenencia permitida, al menos para quienes intenten agredir nuevamente locales de partidos políticos o de agrupaciones de base sepan que corren riesgo de perder su vida en el caso de mantener una política ofensiva.”

    “Esto significa encarar políticamente, juntos, una respuesta de la misma altura que la que está ejercitando el enemigo y hacerse cargo de que no se trata de episodios aislados, que le han tocado por mala suerte a un vecino, en determinado momento, sino que nos afecta a todos.”

    “Insisto en la necesidad de coordinar todos los sectores que se dan una política antiburocrática, anticapitalista y que tratan de enfrentar el Pacto Social a nivel de las movilizaciones de la clase trabajadora. Su deber es organizarse para preveer este tipo de acontecimientos”.

    La propuesta habia sido lanzada en el acto del 29 de Mayo por el dirigente del PST, Nahuel Moreno ante una multitud de miembros del PST y delegaciones de otras organizaciones de izquierda. Montoneros, que había enviado al acto una nota de repudio dijo, sin embargo, que no podía participar por “razones obvias” (¡?). Ortega Peña, que también fue orador en el acto, la toma y expande.

    Sin ningun embague, Ortega Peña señala tambien a la burocracia sindical como partícipe y beneficiaria central de los atentados de las bandas de ultraderecha al servicio del gobierno y el estado:

    “Yo creo que esto está articulado por quienes se ven afectados esencialmente por este tipo de trabajo militante. Es decir, no me cabe la menor duda que la política represiva surge desde el ámbito de la burocracia sindical con el consentimiento del gobierno y ejecutada, posiblemente, por cuadros militares, policiales o paramilitares, reclutados entre el nacionalismo de derecha o el activismo de derecha tradicional, pero respondiendo a una política de burocracia sindical es la que se ve afectada concretamente por la política de base”.

    El dirigente y editor de Militancia tenía en 1974 una clara visión de quienes ejecutaban el terrorismo de estado desde el gobierno peronista. Algo que aun hoy, muchos peronistas niega o callan. En el presente, muchos que lo reivindican, han mantenido alianzas con esa misma burocracia sindical que nos mandaba a asesinar y que hoy ocupa todavía el poder en los sindicatos y la política.

    El diputado Rodolfo Ortega Peña fue asesinado por el grupo de la Triple A comandado por el notorio Rodolfo Almirón, custodio de López Rega, Isabel y Juan Peron. Almiron huyo del pais junto a López Rega en 1975, apresado y deportado a la Argentina en el 2007, murió en la cárcel sin ser juzgado por sus crímenes.

    A las 22.25 del 31 de julio, “cuando un presunto taxi, que luego se supo formaba parte de la patota que lo asesinó, lo dejó en la esquina de Arenales y Carlos Pellegrini, ya había sido montada la operación” – escribió Jorge Luis Ubertalli.

    “Dos autos, momentos antes, se habían cruzado a lo ancho de la Avenida Santa Fè, para no dejar pasar a nadie, en tanto civiles de caras torvas desviaban el trànsito. Al momento del apeamiento de Rodolfo y su esposa, Elena Villagra, del vehìculo que los habìa transportado, desde un Ford Fairlane verde, que se les apareó, bajó un sicario que calzaba en su rostro una media de mujer y disparó contra la pareja con una subametralladora. El primer disparo atravesó el rostro de Elena, los otros, 24, impactaron en la cabeza de Rodolfo, en el antebrazo, en la muñeca y en otras partes de su cuerpo.”

    on su asesinato, la Triple A buscaba eliminar unas de las pocas voces autorizadas que denunciaban al gobierno y sus bandas terroristas.

    Almirón había reconocido varias veces y ante variados testigos la autoría del crimen, incluyendo la que cito mas arriba durante un interrogatorio al que fui sometido cuando fui detenido durante el sepelio de Rodolfo Ortega Peña al día siguiente de su asesinato, en las inmediaciones de la sede de Paseo Colón de la Federación Gráfica Bonaerense.

    No habrían sido ajenos al hecho miembros de la burocracia sindical incluyendo la colaboración de la JSP de taxistas, en la que ya sobresalía en aquella época, tal cual el mismo lo señala, el ahora titular del Sindicato de Taxistas, Omar Viviani.

    Ortega Peña fue elegido diputado en la lista del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), encabezado por Hector Cámpora el 11 de Marzo de 1973. Luego de la renuncia de Cámpora y la elección de Juan Perón a la Presidencia el mismo año, Ortega Peña constituyó un bloque unipersonal en el Congreso desde donde defendió los DDHH, las luchas obreras y las libertades públicas.

    Era director de la revista Militancia, una revista heterodoxa que reflejaba en general las posiciones del Peronismo de Base, sobre todo del ala que rompió con Perón tempranamente. Este sector del Peronismo, a su vez, estaba ligado a un ala de las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas). Poco antes de morir está revaluando el Marxismo nuevamente, aunque ahora con signo revolucionario.

    Ortega Peña había llegado a esa escala de su periplo ideológico despues de haber estado ligado en su juventud a la izquierda, luego al Vandorismo, cuando este parecía enfrentarse a los gobiernos militares, rompiendo con él cuando se le hizo evidente que no era así.

    Hacia fines de sus días, había comenzado a cuestionar muchas de sus creencias y posiciones políticas anteriores. Arrastrado por el ímpetu de una vanguardia de masas de sindicalistas y jóvenes revolucionarios, como intelectual honesto y abierto al debate democrático, Ortega Peña estaba dispuesto a revisar todas sus posiciones políticas. Se sentía incapaz de apoyar un “relato” de la realidad por conveniencia personal o comodidad política.

    Lo hacia desde posiciones democráticas y de frente único, se pronunciaba contra el hegemonismo de cualquier organización y planteaba claramente que no era suficiente con el trabajo político o la denuncia sino que la actividad práctica de defenderse de la derecha, incluso en forma armada, era una necesidad que debía adoptarse entre todas las organizaciones de izquierda.

    Para el era una obligación de las direcciones políticas no solo dirigir a los activistas en las actividades sino garantizar con medidas concretas su integridad física. Algo que harían bien en pensar muchas organizaciones en los tiempos actuales.

    Había participado de la defensa de presos políticos durante la dictadura de Lanusse y se había solidarizado con todas las luchas obreras yendo personalmente a los conflictos bajo el gobierno de Perón. Representaba a dirigentes y sindicatos clasistas, se jugaba por ellos. En el parlamento agitaba los intereses de los trabajadores, se oponía a los planes represivos del gobierno y junto a media docena mas de diputados, era uno de los pocos que levantaba la voz de protesta contras las iniquidades del régimen y el gobierno.

    Conocí a Ortega Peña personalmente unos dias antes de su asesinato, en una reunión con activistas y dirigentes gráficos. Se lo veía furioso por el papel de Perón en la represión del terrorismo de estado y planteaba que despues de la muerte de éste, pocos días antes, el terrorismo de estado se magnificaría porque perdería la dirección estratégica que le daba el líder justicialista. “Se acabaron las listas selectivas” – nos dijo – “ahora todos serán el blanco de las bandas fascistas.”

    Tenía razón. En su sepelio fueron detenidos, incluyéndome, mas de dos centenares de personas que, fichadas por la policía, se convirtió en una de las listas de la muerte de la Triple A.

    Hoy, algunos de los que fueron seguidores de Ortega Peña , intentan presentarlo como un simple “Republicano”, interesado en el funcionamiento de las instituciones parlamentarias y ajeno a la lucha revolucionaria de aquellos días. Este, su último reportaje, sirve para desmitificar esa visión. Y mostrar cuan lejos estaba de la imagen que hoy intentan brindar de el para servir a una política del presente que le era ajena ya en aquellos años.

    http://www.izquierda.info/modules.php?name=News&file=article&sid=12559

    Saludos,

    JuanMoreira
    Camarada
    Camarada

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    Re: Habla el verdadero Ortega Peña

    Mensaje por JuanMoreira el Miér Mar 28, 2012 4:25 am

    Que dios lo tenga en la gloria y los trabajadores en la conciencia.

    Blas.

    AnarcComunis
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    Re: Habla el verdadero Ortega Peña

    Mensaje por AnarcComunis el Mar Mayo 15, 2012 4:27 pm

    La corbata de Fresneda

    Estaban atados y encapuchados. Les gritaron: “Pórtense bien, que hoy no queremos matar más a nadie”. Lo escucharon dos abogados, Tomás Fresneda y Carlos Bozzi. Ambos habían sido secuestrados en Mar del Plata. Fresneda está desaparecido junto a otros abogados. Bozzi es el único sobreviviente y es el que contó el grito de los represores el 8 de julio de 1977, hace casi 35 años. También recordó que ese mismo día fue asesinado Norberto Centeno, autor de la Ley de Contrato de Trabajo de 1974 y socio de Jorge Candeloro, raptado en Neuquén y trasladado a Mar del Plata.

    Entre los once secuestrados también estaba la mujer de Fresneda, María de las Mercedes Argañaraz.

    El episodio quedó en la historia como La Noche de las Corbatas, por el núcleo de abogados privados ilegalmente de su libertad al mismo tiempo, incluso con operativos entre Neuquén y Mar del Plata. Como suele recordar el periodista José Luis Ponsico, testigo clave de los juicios de la verdad en la década de 1990, a la represión militar marplatense se sumaron también miembros de Concentración Nacional Universitaria, la agrupación de extrema derecha que había comenzado a actuar en 1971 con el asesinato de la estudiante Silvia Filler.

    Influidos por falangistas y nazis de La Plata, los integrantes de la CNU fueron un verdadero Ku Klux Klan antes de convertirse en parte de la patota que tuvo influencia en la universidad y la Justicia. En ambos sitios había blancos del CNU y también miembros de la CNU que conocían perfectamente a cada uno y actuaron como informantes y operativos en la represión sistemática tras el golpe del 24 de marzo de 1976. Candeloro era miembro de la Asociación Gremial de Abogados, una organización importante en la defensa de presos políticos durante la dictadura de Alejandro Lanusse.

    La dictadura de Jorge Rafael Videla utilizó la información previa de la inteligencia militar y los grupos paraestatales y completó la tarea de liquidar corbatas vinculadas con la defensa de las libertades individuales y los derechos de los trabajadores.

    Martín Fresneda, que asumirá hoy como secretario de Derechos Humanos de la Nación, no siempre usa corbata. Fresneda es hijo de Tomás. Además de hijo, integra Hijos. Y, en política, es dirigente de la agrupación Arturo Jauretche, del peronismo cordobés. Ligado en Córdoba, donde vive, al secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini, fue candidato a diputado nacional en las últimas elecciones y en sus discursos sin corbata reivindicó a todas las líneas juveniles del kirchnerismo.

    En los tribunales, en cambio, sí se pone la corbata. Fue abogado querellante en las causas contra Luciano Benjamín Menéndez, el jefe del poderoso Tercer Cuerpo de Ejército bajo cuyo mando funcionaba La Perla, uno de los tres grandes campos de concentración de la Argentina junto con la Escuela de Mecánica de la Armada y las instalaciones del Ejército en Campo de Mayo.

    Emotivo sin corbata, prefiere ser didáctico cuando la usa en la Justicia. En el juicio de Menéndez II eligió ese tono para desmontar los argumentos de la defensa. Dijo por ejemplo que en el juicio a los comandantes de 1985 había quedado probado que los decretos ordenando el aniquilamiento del accionar de la guerrilla no tenían por qué ser interpretados como una orden para aniquilar habitantes o ciudadanos. Y al hablar de las directivas de la represión se detuvo en la 405, de 1976: “El Ejército intensificará la lucha contra la subversión en su jurisdicción y fuera de ella mediante la detección y destrucción de las organizaciones subversivas. La prioridad son los ámbitos industriales y educacionales, dando preeminencia a lo urbano sobre lo rural”. Citó también que el Ejército tendrá “responsabilidad primaria en todo el ámbito nacional”. Y leyó un párrafo de esa misma directiva para las operaciones del Ejército: “Conducirá con responsabilidad primaria el esfuerzo de inteligencia en la comunidad informativa contra la subversión mediante la acción coordinada de todos los elementos a su disposición”. También relató un documento hallado en casa de un represor, Luis Manzanelli, sobre el papel de la inteligencia que se debía hacer sobre los detenidos y el uso de la información que se les extraía. La directiva, dijo, consistía en que después del aniquilamiento había que aplicar el mismo método de ejecución extrajudicial sobre quienes la inteligencia llamaba “ideólogos”.

    Después de la muerte de Eduardo Duhalde, que encabezó la Secretaría de Derechos Humanos desde el 25 de mayo de 2003, un hijo de desaparecidos ocupa su puesto. Martín Fresneda será otra corbata al frente de la secretaría encargada de articular la promoción de derechos y su protección, tanto en la revisión judicial de los años de plomo como, hacia el futuro, en la vida cotidiana de los habitantes de este país. Cualquier parecido con una parábola sobre la Argentina de la dictadura a la democracia no es, en este caso, simple coincidencia.


    http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-194049-2012-05-15.html

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