Los Comités de Defensa de la CNT. El embrión de un ejército anarquista.

Comparte
avatar
polo
Camarada
Camarada

Cantidad de envíos : 75
Reputación : 107
Fecha de inscripción : 27/10/2011

Los Comités de Defensa de la CNT. El embrión de un ejército anarquista.

Mensaje por polo el Jue Mar 15, 2012 9:38 pm



Los Comités de Defensa Confederal (1933-38)

A pesar de ser generalmente ignorados u obviados, por las memorias y por la historiografía actual sobre la guerra civil y la revolución española, tuvieron una importancia clave para la victoria de la clase obrera organizada (que se conmemora el 19 de julio), así como para la formación de las milicias y los comités de barriada en Barcelona.

¿Qué era un Comité de Defensa?

Los Comités de Defensa eran la organización militar clandestina de la CNT, financiada por los sindicatos y su acción estaba subordinada a éstos.

En octubre de 1934 se abandonó la vieja táctica de los grupos de acción, en favor de una seria y metódica preparación revolucionaria. Decía el CNCD (Comité Nacional de los Comités de Defensa) “No hay revolución sin preparación. Hay que acabar con el prejuicio de las improvisaciones. Ese error, de la confianza en el instinto creador de las masas, nos ha costado muy caro. No se procuran, como por generación espontánea, los medios de guerra inexcusables para combatir a un Estado que tiene experiencia, fuerte armamento y mayor capacidad ofensiva y defensiva”.

El grupo de defensa básico, debía ser poco numeroso, para facilitar su clandestinidad y agilidad, así como un conocimiento profundo del carácter, conocimientos y habilidades de cada militante. Debía estar formado por seis militantes, con funciones muy específicas:

1 - secretario: contacto con otros cuadros, creación de nuevos grupos, informes.

2 - investigación de personas: determinar la peligrosidad de los enemigos.

3 - investigación de edificios: levantar planos y elaborar estadísticas.

4 - estudio de los puntos estratégicos y tácticos de la lucha callejera.

5 - estudio de los servicios públicos.

6 - investigar dónde obtener armas, dinero y abastos.

Se consideraba que ese número de seis militantes era la cifra ideal para constituir un Grupo o Cuadro de Defensa. La clandestinidad debía ser absoluta. Eran los núcleos básicos de un ejército revolucionario, capaces de movilizar a grupos secundarios más numerosos, y éstos, a su vez, a todo el pueblo.

El Grupo de Defensa era la célula básica de esa estructura militar clandestina de la CNT, constituida por seis militantes. Su ámbito era una demarcación muy precisa dentro de cada barrio. En cada barrio se constituía un Comité de Defensa de la barriada, que coordinaba todos esos Cuadros de Defensa, y que recibía un informe mensual de cada uno de los secretarios de grupo. El secretario-delegado de barrio realizaba un resumen que entregaba al Comité de Distrito; y éste, a su vez, lo tramitaba al Comité Local de Defensa “y éste al Regional y al Nacional sucesivamente”.

La Ponencia del CNCD también detallaba la organización de los Comités de Defensa a escala regional y nacional, encuadrando además a aquellos sectores de trabajadores, como ferroviarios, conductores de autocar, trabajadores de teléfonos y telégrafos, carteros y en fin, todos los que por características de su profesión u organización, abarcaban un ámbito nacional, destacando la importancia de las comunicaciones en una insurrección revolucionaria. Se dedicaba un apartado especial al trabajo de infiltración, propaganda y captación de simpatizantes en los cuarteles.

Las funciones esenciales de los Comités de Defensa eran dos:

1 - Obtención, mantenimiento, custodia y aprendizaje en el manejo de las armas.

2 - Intendencia en el sentido amplio de la palabra, desde provisión de abastos para la población y sostenimiento de comedores populares hasta la creación y mantenimiento de hospitales, escuelas, ateneos... o incluso, en los primeros días de reclutamiento de milicianos y aprovisionamiento de las columnas que partieron hacia el frente.

Los Cuadros de Defensa existieron ya desde poco después de la proclamación de la República, y podían considerarse como la continuidad, reorganización y extensión de los Grupos de Acción y autodefensa armada de los años del pistolerismo (1917-1923).

¿Cómo se pasó de los Grupos de Acción a los Comités de Defensa?

En enero de 1935 los grupos anarquistas Indomables, Nervio, Nosotros, Tierra Libre y Germen, en el Pleno de la Federación de Grupos Anarquistas de Barcelona presentaron la fundación, en Barcelona, del Comité Local de Preparación Revolucionaria.

Se hacía una profunda crítica a la pueril táctica, ya abandonada en octubre de 1934, de la gimnasia revolucionaria y de la improvisación: Decían: “La revolución social no puede ser interpretada como un golpe de audacia, al estilo de los golpes de Estado del jacobinismo, sino que será consecuencia y resultado del desenlace de una guerra civil inevitable y de duración imposible de prever”.

La preparación revolucionaria para una larga guerra civil exigía nuevos desafíos, impensables en la vieja táctica de los grupos de choque. Decía: “Dado que no es posible disponer de antemano de los stocks de armas necesarios para una lucha sostenida, es preciso que el Comité de preparación estudie el modo de transformar en determinadas zonas estratégicas las industrias […], en industrias proveedoras de material de combate para la revolución”. Ahí estuvo el origen de la comisión de industrias de guerra, constituida el 7 de agosto de 1936, que en Cataluña levantó de la nada más absoluta una potente industria bélica gracias al esfuerzo de los trabajadores, coordinados por los cenetistas Eugenio Vallejo Isla, metalúrgico; Manuel Martí Pallarés, del sindicato de Químicas, y Mariano Martín Izquierdo.

De los grupos de acción y de choque para la práctica de la gimnasia revolucionaria, anteriores a 1934, se había pasado a la formación de cuadros de información y combate, considerados como células básicas de un ejército revolucionario.

¿Cómo se transformaron esos Comités de Defensa en Milicias Populares y Comités Revolucionarios de barrio?

El 19 y 20 de julio de 1936, en plena lucha en las calles de Barcelona, al tiempo que se derrotaba a los militares sublevados, los miembros de los Comités de Defensa empezaron a llamarse y a ser conocidos como “los milicianos”. Sin transición alguna, los Cuadros de Defensa se transformaron en Milicias Populares. La estructura primaria de los Cuadros de Defensa había previsto su ampliación y crecimiento, mediante la incorporación de cuadros secundarios. Bastó con dar cabida en ellos a los millares de trabajadores voluntarios, que se sumaron a la lucha contra el fascismo, extendida a tierras de Aragón.

Hubo una doble TRANSFORMACIÓN de esos Cuadros de Defensa. La de las Milicias Populares, y la de los Comités Revolucionarios que, en cada barrio de Barcelona, y en cada pueblo de Cataluña, impusieron un “nuevo orden revolucionario”. Su origen común en los Cuadros de Defensa hizo que Milicias Confederales y Comités Revolucionarios estuviesen siempre muy unidos e interrelacionados.

Esos Comités Revolucionarios ejercieron, en cada barriada o localidad, sobre todo en las nueve semanas posteriores al 19 de Julio, estas funciones:

1- Incautaron edificios para instalar la sede del comité, de un almacén de abastos, de un ateneo o de una escuela racionalista. Incautaron y sostuvieron hospitales y diarios.

2- Registros en los domicilios privados para requisar armas, alimentos, dinero y objetos de valor.

3- Pesquisa armada en cualquier edificio sospechoso, con el objetivo de detener “pacos”, emboscados, curas, derechistas y quintacolumnistas. (Recordemos que el paqueo de los francotiradores, en la ciudad de Barcelona, duró toda una semana).

4- Instalaron en cada barrio centros de reclutamiento para las Milicias, que armaron, financiaron, abastecieron y pagaron (hasta mediados de septiembre) con sus propios medios, manteniendo hasta después de mayo del 37 una intensa y continuada relación de cada barriada con sus milicianos en el frente, acogiéndolos durante los permisos.

5- A la custodia de las armas, en la sede del comité de defensa, se sumaba un local o almacén, en el que se instalaba el comité de abastos de la barriada, que se abastecía con las requisas de alimentos, realizados en las zonas rurales, mediante la coacción armada, el intercambio, o la compra mediante vales.

6- Imposición y recaudación del impuesto revolucionario en cada barrio o localidad.

Los Comités Revolucionarios ejercían una importante tarea administrativa, muy variada, que iba desde la emisión de vales, bonos de comida, emisión de salvoconductos, pases, celebración de bodas, abastecimiento y mantenimiento de hospitales, hasta la incautación de alimentos, muebles y edificios, financiación de escuelas racionalistas y ateneos gestionados por las Juventudes Libertarias, pagos a milicianos, o a sus familiares, etcétera.

¿Hubo un vacío de poder? ¿Los Comités de barriada que se formaron venían de los de Defensa? ¿Y los de abasto?

El auténtico poder de ejecución y resolución estaba en la calle, era el poder del proletariado en armas, y lo ejercían los comités locales, de defensa y de control obrero, expropiando espontáneamente fábricas, talleres, edificios y propiedades; organizando, armando y transportando al frente los grupos de milicianos voluntarios que previamente habían reclutado; quemando iglesias o convirtiéndolas en escuelas o almacenes; formando patrullas para extender la guerra social; guardando las barricadas, ahora fronteras de clase, que controlaban el paso y manifestaban el poder de los comités; poniendo en marcha las fábricas, sin amos ni directivos, o reconvirtiéndolas para la producción bélica; requisando coches y camiones, o alimentos para el comité de abastos; “paseando” burgueses, fascistas y curas; sustituyendo a los caducos ayuntamientos republicanos, imponiendo en cada localidad su absoluta autoridad en todos los dominios, sin atender órdenes de la Generalidad, ni del Comité Central de Milicias Antifascistas (CCMA). La situación revolucionaria se caracterizaba por una atomización del poder.

En Barcelona los Comités de Defensa, transformados en Comités Revolucionarios de barrio, en ausencia de consignas de cualquier organización y sin más coordinación que las iniciativas revolucionarias que cada momento demandaba, organizaron los hospitales, desbordados por la avalancha de heridos, constituyeron comedores populares, requisaron armamento, fábricas y edificios, registraron domicilios privados, detuvieron sospechosos y crearon una red de Comités de abastos en cada barrio, que se coordinaron en un Comité Central de Abastos de la ciudad, en el que adquirió notable presencia el Sindicato de Alimentación.

El 21 de julio, un Pleno de Locales y Comarcales había renunciado a la toma del poder, entendida como una dictadura de los líderes anarquistas, y no como imposición, coordinación y extensión del poder que los comités revolucionarios ya ejercían en la calle. El 23 un pleno conjunto, y secreto, de los comités superiores de la CNT y de la FAI cerró filas en cuanto a la decisión tomada de colaborar en ese nuevo organismo de colaboración de clases llamado CCMA (Comité Central de Milicias Antifascistas), y de preparar el Pleno del día 26 para vencer la resistencia de la militancia.

¿Cuál fue el balance del Comité Central de Milicias Antifascistas?

El 26 de septiembre se formó un gobierno de la Generalidad con presencia de consejeros anarquistas. El 1 de octubre se oficializó la disolución del CCMA.

El decreto del 9 de octubre, complementado con el publicado el 12, declaraba disueltos todos los comités locales que habían surgido el 19 de julio, que serían sustituidos por los nuevos ayuntamientos. Pese a la resistencia de muchos comités locales a su disolución, y al retardo de varios meses en la constitución de los nuevos ayuntamientos, se trataba de un golpe de muerte del que no se recuperarían. La resistencia de la militancia cenetista, que se desentendía de las consignas de los comités superiores o de las órdenes del gobierno de la Generalidad, amenazaba el pacto antifascista.

El retraso en la aplicación de los decretos, provocada por la sorda pero enconada resistencia de la militancia confederal, que aún estaba armada, hizo que el gobierno de la Generalidad se planteara como objetivo prioritario el desarme de la retaguardia, impulsando una campaña de propaganda contra los llamados “incontrolados”, que derivó hacia el objetivo secundario contenido en el repetitivo eslogan: “armas al frente”.

La fuerte resistencia de la base anarcosindicalista a la militarización de las milicias, al control de la economía y de las empresas colectivizadas por la Generalidad, al desarme de la retaguardia y a la disolución de los comités locales se manifestó en un retraso de varios meses al cumplimiento real de los decretos del gobierno de la Generalidad sobre todos estos temas. Resistencia que, en la primavera de 1937, cristalizó en un gran malestar, al que se sumó el descontento por la marcha de la guerra, la inflación y la penuria de productos de primera necesidad, para desembocar entonces en una crítica generalizada de la militancia cenetista de base a la participación de los comités superiores de la CNT-FAI en el gobierno, y a la política antifascista y colaboracionista de sus dirigentes, a quienes se acusaba de la pérdida de “las conquistas revolucionarias del 19 de julio”.

¿Entraron en colisión los Comités de Defensa con los Comités superiores?

En noviembre/diciembre de 1936, los Comités de Defensa eran un estorbo para la política gubernamentalista de los comités superiores cenetistas; y se imponía, por lo tanto, su hibernación y sumisión a los sindicatos, como meros anexos armados, un tanto molestos e inútiles.

El problema fundamental, según el Comité Regional, era la desobediencia generalizada a las consignas de desarme: “las barriadas las tenemos como nuestros peores enemigos”.

En octubre de 1936, la entrada de la CNT en el gobierno de la Generalidad supuso la creación de una Junta de Seguridad Interior, caracterizada por una conflictiva dualidad de mando de las fuerzas de orden público, entre CNT y gobierno de la Generalidad. Las Patrullas de Control fueron perdiendo autonomía y capacidad de decisión, mientras la Comisaría de Orden Público, controlada por PSUC y ERC, iba incrementando su poder coercitivo, revitalizando los cuerpos de Guardias de asalto y de la Guardia Nacional Republicana (antigua Guardia civil). La perspectiva de desaparición de las Patrullas de Control, absorbidas en el seno de un nuevo Cuerpo único de Seguridad, decretado el 4 de marzo de 1937, suponía la pérdida de la hegemonía de los cenetistas en las labores policíacas y represivas de la retaguardia.

En el frágil equilibrio político y armado, existente en la primavera de 1937 en la retaguardia barcelonesa, el incremento y amenaza de las fuerzas represivas burguesas, que tendían al monopolio de la violencia; revitalizó la reorganización y preparación de los comités de defensa, en los barrios, para un enfrentamiento que parecía, ya, inevitable.

¿Cómo y por qué esos Comités de Defensa volvieron a reorganizarse?

El domingo, 11 de abril, en el mitin de la plaza de toros La Monumental, se vieron pancartas que exigían la libertad de Maroto y de los numerosos presos antifascistas, en su mayoría cenetistas. Federica Montseny fue abucheada y silbada. Los gritos favorables a la libertad de los presos arreciaron, una y otra vez. Los comités superiores culpabilizaron del “sabotaje” a la Agrupación de Los Amigos de Durruti. Federica, muy molesta, amenazó con no volver a dar un mitin en Barcelona.

El grupo 12, de Gracia, presentó una proposición por escrito:

El lunes, 12 de abril de 1937, se desarrolló, en la Casa CNT-FAI, una sesión del pleno local de Grupos Anarquistas de Barcelona, con asistencia de los grupos de Defensa Confederal y de las Juventudes libertarias”.

“El Pleno tomando en consideración, después de amplia discusión, los resultados de nueve meses de política ministerial, constatando la imposibilidad de ganar la lucha armada en los frentes en contra del fascismo sin supeditar todos los intereses particulares, económicos, políticos y sociales al supremo objetivo de la guerra; considerando que sólo con la socialización total de la industria, del comercio y de la agricultura, es factible el aplastamiento del fascismo; considerando que toda forma de gobierno es por esencia reaccionaria y, por ende, contraria a toda revolución social; acuerda:

1 - Retirar todos los hombres que actualmente ocupan sitio en los estamentos antifascistas gubernativos.

2 - Ir a la construcción de un Comité revolucionario antifascista para la coordinación de la lucha armada contra el fascismo.

3 - Socializar inmediatamente la industria, el comercio y la agricultura.

4 - Ir a la implantación del carnet de productor. Poner en práctica la movilización general de todos los hombres capacitados para el manejo de las armas y de las herramientas del trabajo para el frente y la retaguardia.

5 - Y por fin, hacer sentir a todos y a cada uno el peso inflexible de la disciplina revolucionaria, como garantía de que los intereses de la revolución social no se pueden burlar en vano”.


Esta reunión se le había escapado de las manos a la burocracia cenetista. En ese Pleno habían intervenido los Comités de Defensa de Barcelona, o lo que es lo mismo, la delegación de los Comités Revolucionarios de barriada, y también las Juventudes Libertarias, radicalizando, sin duda, los acuerdos tomados.

Y esa FAI de Barcelona, junto a las secciones de defensa de los Comités Revolucionarios de barrio y las Juventudes Libertarias, pese al escándalo y la histérica oposición de algunos burócratas, había decidido terminar con el colaboracionismo, retirar a los consejeros (ministros) anarquistas del gobierno de la Generalidad y constituir un Comité Revolucionario que dirigiese la guerra contra el fascismo. Era un paso decisivo hacia la insurrección revolucionaria, que estalló el 3 de mayo.

El Pleno constataba, por otra parte, una brecha ideológica entre revolucionarios y colaboracionistas, que se manifestaba en la creciente oposición y la abismal diferencia de objetivos entre las secciones de defensa de los comités de barrio y las Juventudes Libertarias, por una parte, y los comités superiores, de otra.

Esta radicalización era fruto de una situación cada vez más insostenible en la calle. El 14 de abril, una manifestación de mujeres partió de La Torrassa para recorrer los distintos mercados de Collblanc, Sants y Hostafrancs, protestando por el precio del pan y de los productos alimenticios. Las manifestaciones y protestas se extendieron a casi todos los mercados de la ciudad. El hambre de los barrios obreros de Barcelona había salido a la calle para manifestar su indignación y exigir soluciones.

¿Qué papel jugaron los Comités de Defensa en mayo de 1937?

El lunes, 3 de mayo de 1937, hacia las tres menos cuarto de la tarde, tres camiones de guardias de asalto, fuertemente armados, se detuvieron ante la sede de la Telefónica en la plaza de Cataluña. Estaban dirigidos por Eusebio Rodríguez Salas, militante de la UGT y estalinista convencido, responsable oficial de la comisaría de orden público. El edificio de Telefónica había sido incautado por la CNT desde el 19 de julio. La supervisión de las comunicaciones telefónicas, la vigilancia de las fronteras y las patrullas de control eran el caballo de batalla, que desde enero había provocado diversos incidentes entre el gobierno republicano de la Generalidad y la masa confederal. Era una lucha inevitable entre el aparato estatal republicano, que reclamaba el dominio absoluto sobre todas las competencias que le eran “propias”, y la defensa de las “conquistas” del 19 de julio por parte de los cenetistas. Rodríguez Salas pretendió tomar posesión del edificio de la Telefónica. Los militantes cenetistas de los pisos inferiores, tomados por sorpresa, se dejaron desarmar; pero en los pisos superiores se organizó una dura resistencia, gracias a una ametralladora instalada estratégicamente. La noticia se propagó rápidamente. De forma inmediata se levantaron barricadas en toda la ciudad. No debe hablarse de una reacción espontánea de la clase obrera barcelonesa, porque la huelga general, los enfrentamientos armados con las fuerzas de policía y las barricadas fueron fruto de la iniciativa tomada por los Comités de Defensa, rápidamente secundada gracias a la existencia de un enorme descontento generalizado, las crecientes dificultades económicas en la vida cotidiana causadas por la carestía de vida, las colas y el racionamiento, así como a la tensión existente en la base militante confederal entre colaboracionistas y revolucionarios. La lucha callejera fue impulsada y realizada desde los Comités de Defensa de los barrios (y sólo parcial y secundariamente por algún sector de las patrullas de control). Que no existiera una orden de los comités superiores de la CNT, que ejercían de ministros en Valencia y Barcelona, o de cualquier otra organización, para movilizarse levantando barricadas en toda la ciudad, no significa que éstas fueran puramente espontáneas, sino que fueron resultado de las consignas lanzadas por los Comités de Defensa.

Fuera cual fuese la importancia del papel jugado por algunos dirigentes, antes de mayo, todos ellos fueron rápidamente superados y desbordados. Los comités de barrio desencadenaron y protagonizaron la insurrección del 3 al 7 mayo de 1937, en Barcelona. Y no cabe confundir a los Comités de Defensa de los barrios con una ambigua e imprecisa “espontaneidad de las masas”, propugnada por la historiografía oficial.

Así lo describió Nin, secretario político del POUM, el 19 de mayo de 1937: “Las jornadas de mayo en Barcelona han hecho revivir ciertos organismos que, durante estos últimos meses, habían jugado un cierto papel en la capital catalana y en algunas localidades importantes: los Comités de Defensa. Se trata de organismos principalmente de tipo técnico-militar, formados por los sindicatos de la CNT. Son éstos, en realidad, quienes han dirigido la lucha, y quienes constituían, en cada barrio, el centro de atracción y organización de los obreros revolucionarios”.

Los Amigos de Durruti no iniciaron la insurrección, pero fueron los combatientes más activos en las barricadas. Repartieron una octavilla* que exigía la sustitución del Gobierno de la Generalidad por una Junta Revolucionaria.

Los trabajadores confederales, desorientados por el llamamiento [a deponer las armas] de sus dirigentes ¡los mismos del 19 de julio! habían optado, al fin, por abandonar la lucha, aunque al principio se habían burlado de los llamamientos de la dirección de la CNT a la concordia y al abandono de la lucha, en aras de la unidad antifascista.

¿Cómo se disolvieron los Comités de Defensa?

La fuerza militar de los Comités de Defensa en la ciudad de Barcelona había permanecido intacta, pese a que los Hechos de Mayo fueron una terrible derrota política de los revolucionarios, que iba a materializarse a partir del 16 de junio de 1937, con la detención del Comité ejecutivo del POUM y la ilegalización de ese partido.

A partir de ese momento también se desencadenó una represión selectiva contra la CNT, iniciándose una ofensiva judicial en varios frentes:

1 - contra los Comités Revolucionarios locales creados en las jornadas del 19 y 20 de julio;

2 - contra quienes habían participado en la rebelión de mayo de 1937;

3 - contra delitos de opinión, lectura de prensa clandestina, derrotismo o portar armas sin permiso;

4 - contra algunos destacados responsables cenetistas, como Aurelio Fernández, Barriobero, Eroles, Devesa, etcétera.

Pero, a finales de mayo de 1937, los Comités de Defensa eran aún lo bastante fuertes como para organizar varias compañías armadas, dependientes de los Comités de Defensa de barriada.

Los Comités Revolucionarios de barrio, en Barcelona, surgieron el 19-20 de julio y duraron, como mínimo hasta el 7 de junio, cuando las restauradas fuerzas de orden público de la Generalidad disolvieron y ocuparon los distintos centros de las Patrullas de Control, y de paso algunas sedes de los Comités de Defensa, como la del barrio de Les Corts. Pese al decreto que exigía la desaparición de todos los grupos armados, la mayoría resistió hasta septiembre de 1937, cuando fueron sistemáticamente disueltos y asaltados, uno a uno, los edificios que ocupaban. La última en ser ocupada, y la más importante y fuerte, fue la sede del Comité de Defensa del Centro, sita en los Escolapios de San Antonio, que fue tomada al asalto el 21 de septiembre de 1937 por fuerzas de orden público, que utilizaron todo un arsenal de ametralladoras, tanques y bombas de mano. Sin embargo, la resistencia de Los Escolapios no cedió al fuego de las armas, sino a las órdenes de desalojo, dadas por el Comité Regional.

A partir de entonces los Comités de Defensa se ocultaron bajo el nombre de Secciones de Coordinación e Información de la CNT, dedicados exclusivamente a tareas clandestinas de investigación e informativas, como antes del 19 de Julio; pero ahora (1938) en una situación netamente contrarrevolucionaria.

Agustín Guillamón, 2011

*CNT-FAI. Agrupación Los Amigos de Durruti.

¡TRABAJADORES!

Una Junta Revolucionaria. Fusilamiento de los culpables. Desarme de todos los Cuerpos armados. Socialización de la economía. Disolución de los Partidos políticos que hayan agredido a la clase trabajadora. No cedamos la calle. La revolución ante todo. Saludamos a nuestros camaradas del POUM que han confraternizado en la calle con nosotros. ¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIAL! ¡ABAJO LA CONTRAREVOLUCIÓN!



    Fecha y hora actual: Sáb Nov 25, 2017 2:48 am