1839-1949 , "El siglo de las humillaciones en China"

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    1839-1949 , "El siglo de las humillaciones en China"

    Mensaje por alguien el Sáb Mar 03, 2012 6:55 pm

    Algunos fragmentos que me parecen un resumen interesante (otras partes con las que no estoy de acuerdo o que considero que hacen una referencia innecesaria a la China actual no las pongo), y muy breve de este período de la historia de China que se suele obviar en muchas ocasiones:

    Domenico Losurdo escribió:

    […] Y he aquí que el libro que obtiene un gran éxito internacional es el que describe a Mao Tsé-Tung como el más grande criminal del siglo veinte, o quizás de todos los tiempos (949).

    “Los métodos de demostración” son los que ya conocemos: se parte de la infancia del “monstruo” más que de la historia de China . Es necesario entonces intentar colmar esta laguna. Con una larga historia a sus espaldas, China, que había ocupado durante siglos o milenios una posición destacada en el desarrollo de la civilización humana, todavía en 1820 tenía un PIB que constituía el 32,4% del producto interior bruto mundial; en 1949, en el momento de su fundación, la República Popular de China es el país más pobre o uno de los más pobres del mundo (950). Lo que determinó este hundimiento es la agresión colonialista e imperialista que comienza con las Guerras del Opio. Celebradas de manera entusiasta también por los más ilustres representantes del Occidente liberal (piénsese en Tocqueville y John Stuart Mill) estas guerras ignominiosas abre un capítulo decididamente trágico para el gran país asiático. El déficit del balance comercial chino, provocado por la victoria de los ”narcotraficantes británicos”, la temible humillación sufrida (“Mujeres chinas son reunidas y violadas” por los invasores; “las tumbas son violadas en nombre de la curiosidad científica”; “el minúsculo pie envuelto de una mujer es exhumado de su tumba”) y la crisis, subrayada por la incapacidad del país a la hora de defenderse de agresiones externas, cumplen un papel de primer nivel a ala hora de provocar la revuelta de los Taiping (1851-1864), que pone a la orden del día la lucha contra el opio. Es “la guerra civil” más sangrienta de la historia mundial, estimada en alrededor veinte y treinta millones de muertos” (951). Después de haber contribuido fuertemente a provocarla, Occidente se convierte en su beneficiario, dado que puede extender su control sobre un país indefenso y amordazado por una crisis cada más profundas. Se abre un período histórico en el que se ve una “China crucificada” (a los asesinos occidentales se les unen Rusia y Japón):

    A medida que se acerca el final del siglo XIX, China parece convertirse en la víctima de un destino contra el que no puede luchar. Es una conjura universal de los hombres y los elementos. La China de 1850-1950, la de más terribles insurrecciones de la historia, objetivo de los cañones extranjeros, país de las invasiones y las guerras civiles, es también el país de los grandes cataclismos naturales. Sin duda el número de víctimas en la historia del mundo, no ha sido nunca tan elevado.

    La reducción general y drástica del nivel de vida, la disgregación del aparato estatal y gubernamental, junto a su incapacidad, corrupción, y creciente sometimiento y subalternidad respecto al extranjero: todo ello hace aún más devastador el impacto de inundaciones y hambrunas: “La gran hambruna de China del norte en 1877-1878 […] mata a más de nueve millones de personas” (952). Es una tragedia que tiende a producirse periódicamente: en 1928, los muertos suman “casi tres millones sólo en la provincia de Shanxi” (953). No hay escapatoria del hambre ni del frío: “Queman las vigas de las casas para poderse calentar (954).

    No se trata solamente de una devastadora crisis económica: “El Estado es prácticamente destruido”. Un dato de por sí significativo: “se desarrollan 130 guerras entre 1300 señores en el período 1911-1928”; las enemistadas “bandas militares” son apoyadas en ciertos casos por una u otra potencia extranjera. Por otro lado, “las numerosas guerras civiles entre 1919 y 1925 pueden ser consideradas nuevas Guerras del opio. La apuesta es por el control de su producción y de su transporte” (955). Más allá de los cuerpos armados de los señores de la guerra, se extiende el bandidaje puro y duro, alimentado por los desertores del ejército y por las armas vendidas a los soldados. “Se calcula que en torno a 1930 los bandidos en China alcanzan los 20 millones, el 10% de la población masculina total” (956). Por otro lado es fácil imaginar el destino que les espera a las mujeres. En conjunto, supone la disolución de todo vínculo social: “En ocasiones el campesino vende a la mujer y los hijos. La prensa describe las filas de jóvenes vendidas que recorren las calles llevadas por los traficantes, en un Shanxi devastado por el hambre de 1928. Se convertirán en esclavas domésticas y prostitutas”. Solamente en Shanghai hay “alrededor de 50.000 prostitutas habituales”. Y tanto las actividades de bandidaje como el proxenetismo pueden contar con el apoyo o complicidad de las autoridades occidentales, que desarrollan a tal propósito “lucrativas actividades” (957). La vida de los chinos ya vale bastante poco, y los oprimidos tienden a compartir este punto de vista con los opresores. En 1938 en un intento por frenar la invasión japonesa. La aviación de Chang Kai-Chek hace volar los diques del río Amarillo: 900.000 campesinos mueren ahogados mientras otros 4 millones son obligados a huir (958). Alrededor de quince años antes Sun Yat-Sen había expresado el temor de que pudiese llegar “a la extinción de la nación y la aniquilación de la raza”; sí, los chinos quizás eran los siguientes en sufrir el fin infligido a los “pieles rojas” en el continente americano (959).

    Esta trágica historia que antecede a la revolución se disuelve en la historiografía y en la propaganda que giran alrededor del culto negativo de los héroes. Si en la lectura de la historia de Rusia se procede a la ocultación del período de desórdenes, respecto al gran país asiático se sobrevuela el siglo de las humillaciones (el período que va desde la Primera guerra del opio a la conquista comunista del poder). Como en Rusia, también en China quien salva la nación e incluso al Estado es en última instancia la revolución guiada por el partido comunista. En la biografía ya citada sobre Mao Tsé-Tung no solamente se ignora el trasfondo histórico brevemente reconstruido aquí, sino que la primacía de los horrores imputados al líder comunista chino es conseguida adjudicándole las víctimas provocadas por el hambre y la escasez que han sacudido China. Se guarda un riguroso silencio sobre el embargo infligido al gran país asiático inmediatamente después de la llegada al poder de los comunistas.

    Sobre este último punto conviene ahora consultar el libro de un autor estadounidense que describe de manera favorable el papel principal que durante la Guerra Fría juegan la política de asedio y estrangulamiento económico instaurados por Washington contra la República Popular China. En otoño de 1949, ésta se encuentra en una situación desesperada. Mientras tanto hay que destacar que la guerra civil no había acabado en absoluto: el grueso del ejército del Kuomitang se había refugiado en Taiwan, y desde allí continuaba amenazando al nuevo poder con bombardeos e incursiones, mientras que continuaban existiendo bolsas de resistencia en el continente. Pero este no es el aspecto principal: “Después de decenios de guerras civiles e internacionales la economía nacional estaba al borde del colapso total”. Al derrumbamiento de la producción agrícola e industrial se le une la inflación. Y no es todo: “Aquél año graves inundaciones habían devastado una gran parte de la nación y más de 40 millones de personas habían sido víctimas de este desastre natural” (960).

    Para hacer más catastrófica que nunca esta gravísima crísis económica y humanitaria, entra en juego el embargo decretado por los EEUU. Sus objetivos surgen con claridad de los estudios y proyectos de la administración de Truman y de las admisiones o declaraciones de sus dirigentes: hacer que China “sufra la plaga” de “un nivel de vida por debajo de la subsistencia”; provocar un “atraso económico”, un “retraso popular”, una “primitiva y descontrolada tasa de natalidad”, “desórdenes populares”; infligir “un coste pesado y prolongado a la entera estructura social” y crear en última instancia, “un estado de caos” (961). Es un concepto que es repetido de manera obsesiva: hay que llevar a un país desde una situación de “necesidades desesperadas” hacia una “situación económica catastrófica”: “hacia el desastre” y “hacia el colapso” (962). Esta “pistola económica” apuntada contra un país superpoblado es mortal, pero a la CIA no le basta: la situación provocada “por las medidas de guerra económica y bloqueo naval” podría verse agravada ulteriormente por una “campaña de bombardeos aéreos y navales contra puertos seleccionados, construcciones ferroviarias, estructuras industriales y depósitos”; con la asistencia de los EEUU, continúan los bombardeos del Kuomitang sobre las ciudades industriales, incluida Shanghai, de la China continental (963).

    En la Casa Blanca un presidente da paso a otro, pero el embargo continúa e incluye medicinas, tractores y fertilizantes (964). A comienzos de los años sesenta un colaborador de la administración Kennedy, es decir Walt W. Rostow,señala que, gracias a esta política, el desarrollo económico de China se ha retrasado por lo menos “decenas de años”, mientras los informes de la CIA subrayan “la grave situación agrícola de la China comunista” ya seriamente debilitada por la “sobrecarga de trabajo y malnutrición” overwork and manutrition (965) . ¿Se trata entonces de reducir la presión sobre un pueblo reducido al hambre? Al contrario, no hay que reducir el embargo “ni siquiera por un impulso humanitario”. Aprovechándose también del hecho de que “China “carece de recursos naturales clave, en especial petróleo y terreo cultivable” y utilizando también la grave crisis en las relaciones de China y la URSS, puede intentarse el golpe definitivo: se trata de “explotar las posibilidades de un embargo occidental total contra China” y bloquear en la mayor medida posible la ventas de petróleo y trigo” (966).

    ¿Tiene sentido entonces atribuir de manera exclusiva o principal a Mao responsabilidad de la catástrofe económica que durante tanto tiempo afectó a China, lúcida y despiadadamente proyectada en Washington ya desde otoño de 1949? Empeñados en ofrecer un retrato caricaturesco de Mao y denunciar "sus dementes experimentos", los autores del best-seller sobre el dirigente chino no se plantean este problema. Ademas los mismos dirigentes estadounidenses saben, desde el momento en que aplican el embargo, que será todavía más devastador a casa de la "inexperiencia comunista en el campo de la economía urbana" (967). No por casualidad les hemos visto hablar explícitamente de "guerra económica y de "arma económica".

    [...]

    Al llegar al poder Mao es consciente de que le espera la "difícil tarea de la reconstrucción económica", sí, es necesario "emprender el trabajo en el campo industrial y económico" y "aprender de que cada experto (quienquiera que sea)" (970) En este contexto el Gran Salto adelante es un intento desesperado y catastrófico de afrontar el embargo (971).

    [...]

    En realidad, las "conquistas sociales de la era de Mao" han sido "extraordinarias", conquistas que consiguieron una clara mejora de las condiciones económicas, sociales y culturales, y fuere aumento de la "expectativa de vida" del pueblo chino. Sin estos presupuestos no se puede comprender el prodigioso desarrollo económico que a la postre liberó a cientos de millones de personas del hambre e incluso de la muerte por inanición (973). Sin embargo, en la ideología dominante los papeles se intercambian: el grupo dirigente que puso fin al siglo de las humillaciones se convierte en una banda de criminales, mientras que los responsables de una tragedia que duró un siglo, así como aquellos que con el embargo hicieron todo lo posible para prolongarla aparecen como campeones de la libertad y la civilización.

    [...]

    949. Chang J., Halliday J. (2006), Mao. La storia sconoscitua, Longanesi, Milán.
    950. Davis , M. (2001), Olocausti tardovittoriani, Feltrinelli, Milán, p. 299.
    951. Losurdo, D. (2005), Contrahistoria del liberalismo,Laterza, Roma, capitulos IX y VIII (Tocqueville y J. Stuart Mill); Davis (2001), pp.22 y 16; Spence, J. (1998), God's Chinese Son. The Taiping Heavenly Kingdom of Hong Xiuquan, HaperCollins, Londres, pp. 53, 62, 134-135 y 234-235 (para las infamias de los invasores y la lucha de los Taiping contra el opio).
    952. Guernet, J. (1978). Il mondo cinese. Dalle prime civiltá alla Repubblica Populare, Einaudi, Turín, p. 579; Roux, A. , (2007), La Chine au XXe siècle (1998), Colin, París, p.40.
    953. Guernet (1978), p. 580.
    954. Roux (2007), p. 41.
    955. Ibíd. pp. 34-36.
    956. Ibíd. pp. 39 y 37.
    957. Ibíd. pp. 41 y 37.
    958. Ibíd. p. 72.
    959. Sun Yat-Sen (1976), I tre principî del popolo, Eiunaudi, Turín, pp. 27 y 42-3.
    960. Zhang Shu Guang (2001),Economics Cold War. America's Embargo agains China and the Sino-Soviet Alliance, University Press, Stanford, pp.52 y 56.
    961. Ibid, pp. 20-1.
    962. Ibíd, pp.22, 25 y 27.
    963. Ibíd, pp. 24, 32 y 71.
    964. Ibíd, pp. 83, 179 y 198.
    965. Ibíd, pp. 250 y 244.
    966. Ibíd, pp. 249-252.
    967. Ibíd, p.22.

    970. Zhang (2001), pp. 53 y 55.

    973. Arrighi, G. (2008), Adam Smith a Pechino. Genealogie del ventonesimo secoloFeltrinelli, Milán, pp. 406-7.

    Texto original del que están extraídos los fragmentos, fuente: Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra, de Losurdo, Domenico. El Viejo Topo, 2008. Capítulo 8: "Demonización y hagiografía en la interpretación del mundo contemporáneo", parte "Del olvido del Segundo período de desórdenes en Rusia, al olvido del Siglo de las humillaciones en China", pp. 328-334.

    Un saludo.

      Fecha y hora actual: Miér Jun 28, 2017 4:14 pm