Revolución y elecciones a las Instituciones Burguesas

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    federicomunero
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    Revolución y elecciones a las Instituciones Burguesas

    Mensaje por federicomunero el Sáb Feb 11, 2012 11:38 pm

    :: Amores que matan ::
    Revolución y elecciones a las Instituciones Burguesas.



    Los pasados comicios a Cortes Generales del 20 de noviembre, han despertado los argumentos de uno y otro lado del movimiento revolucionario a favor y en contra de los mismos, resultando en posturas antagónicas para asombro de algunos y en un perfecto señuelo del poder hacia la disidencia.


    Decía hace unos días un periodista de los que continuamente hablan en los medios de comunicación -sin mucha idea de política-, que era bueno que Amaiur haya accedido a la bancada en la Carrera de San Jerónimo puesto que ello contribuiría a su inserción en la «democracia española». Afirmaciones cobijadas en el argumento surgido de su propia experiencia como periodista de las camarillas políticas, en los mentideros de la Villa y Corte y en las cloacas del Estado. Existe un lenguaje político propio, una manera de entender la realidad social y lo más importante, unas formas de relacionarse entre los agentes políticos que responden claramente a lo expresado por este periodista especializado en comentar la actualidad política del país, uno de tantos.

    Sin ir más lejos, lo que él quería trasladar a la audiencia es que el roce de los nuevos parlamentarios abertzales en Madrid con sus compañeros de otros partidos políticos, y el quehacer diario en el Congreso, acaba limando asperezas entre ellos, por muy distantes[1] que estén en lo ideológico y me atrevo a añadir que esto es así, no tanto por la mayor o menor distancia que se tenga respecto del terrorismo de ETA, que en realidad es lo que separaba a los abertzales de los demócrata-burgueses, sino que su ideario no plantea una alternativa de conjunto sino unas problemáticas ligadas al reconocimiento del derecho de autodeterminación y la hipotética relación de su anhelado Estado vasco con su homólogo español.
    Haciendo política ficción, ¿cuál sería la diferencia, en lo que conocemos del discurso de Amaiur, entre la democracia burguesa española y una democracia burguesa a la vasca? Sin el referente de la violencia etarra la izquierda abertzale es poco más que la izquierda hundida de Cayo. La última escenificación ha sido equiparar a las víctimas de la represión con los verdugos rindiendo cuentas al estado burgués de los errores del terrorismo, a lo que se suma que para ello también han renegado de su antiimperialismo, no sólo porque no han conseguido el derecho de autodeterminación para su pueblo, sino también porque su denuncia del Estado Español como potencia imperialista de segundo orden y hoy integrado en el bloque UE, se limita de facto, a la opresión que sufre Euskal Herria en particular y no el resto del globo terráqueo en general.

    No es de sorprender, y cualquiera que se mueva por la capital del Estado lo aprecia, ver en las cafeterías cercanas a la Cámara Baja a diputados de todo color y creencia compartir momentos y charlas de café, chapurreo y chascarrillos en conversaciones de pasillo, que una vez cruzada la puerta de acceso al hemiciclo mientras suena el timbre de llamada a votación, dejan de lado para dar una imagen ante las cámaras de distancia y enfrentamiento político. Es la farsa de la democracia burguesa: aparentar ser algo que no se es, para contribuir a que sigamos pensando que las diferentes opciones políticas que concurren a las elecciones, pueden presentar batalla entre ellas para lo que considero esencial: que el pueblo acapare el control sobre la totalidad de los Poderes del Estado, que actualmente están bajo el mando de una minoría explotadora de la mayoría.

    Estas reflexiones de los voceros de la burguesía en los medios de comunicación de masas, me hacen plantear, ya en el seno del movimiento revolucionario, el reiterado debate al sopor de la resaca electoral ya sea antes o después, sobre la participación, o no, dada la actual coyuntura en las elecciones que los dirigentes de la burguesía convocan desde sus poltronas del Estado.

    Varias son las opciones del llamado voto revolucionario que se han presentado a esta inane contienda, y varios los comunicados que se han intercambiado entre quienes apoyan la participación electoral y quienes la rechazan: llamando a un boicot que comparto pero que en el fondo es una trampa más y un falso debate propiciado por la burguesía.

    La recurrencia en los argumentos y en el tiempo, no me hace no pensar en lo cierto de algunas cosas que se han dicho y ciertamente probado, sobre la táctica de dichas formaciones y el sentido último del alrededor de veinticinco mil votos obtenidos. Votos que década tras década se mantienen en esa cifra, no aumentan, aún a pesar del crecimiento poblacional y de la brutalidad de las situación económica existente fruto de la crisis del capital en los últimos años. Algo debe estar yendo mal, algo debe estar pasando. En cambio, los dirigentes que continuamente proclaman sus consignas electoreras y economicistas, parecen no reflexionar y estar a solaz de su actividad pseudo revolucionaria, gestionando los «partidos» o grupos que a su vez aspiran a gestionar el capitalismo.

    Numerosamente, sacan a relucir citas de los clásicos para tratar de enmascarar su revisionismo de distinto pelaje, haciendo un flaco favor a los pesos pesados del socialismo y abundando en el refrito de consignas, citas y alusiones descontextualizadas, que contribuyen en exclusiva al desasosiego de la militancia y al desafecto público, al marasmo ideológico, al servicio de la burguesía.
    Su ceguera y falta total de balance histórico, les hace además llevar su cretinismo parlamentario hasta las trampas que el sistema político burgués impone de forma implacable. Concurren a unos comicios, en situación de desigualdad, los cuales, están prediseñados y concebidos para legitimar una forma de gobierno emanante de una Constitución irreformable para los intereses de la clase trabajadora. Un sistema político cerrado y corrupto que acaba engullendo a todo aquél que se presta a participar del mismo.

    La perspectiva hoy día de obtener esa representación revolucionaria y que fructifique («le pique a quien le pique» [sic]), no es ya lejana sino remota, por tanto, ¿cuál es el sentido de participar en estas elecciones con nulas aspiraciones de resultados? Parece como si se tomara el proceso (al modo revisionista-burgués) como lo importante, evidenciando la dependencia de la superestructura burguesa, una forma de hacerse ver, (que tampoco), en vez del resultado, que en este sistema (no lo olvidemos) es lo que genera outputs o respuestas a las demandas políticas.


    ¿Instituciones sí o instituciones no?


    La revolución rusa dejó claro que las instituciones burguesas eran meramente una tribuna más en la que hacer propaganda, eso sí: cuando se tiene un objetivo revolucionario de subvertir por completo el orden existente, un poder paralelo que genere un Orden Nuevo, mientras que aquí y ahora, ante la falta de criterio y análisis político, se rescatan ante todo viso de ataque dialéctico obras y citas de Lenin como El Izquierdismo o el Saludo a los Comunistas Italianos, Franceses y Alemanes. Parece que entre los revolucionarios castrados por la ideología burguesa es más importante el estar que el ser.

    Esa toma de la parte por el todo, del proceso por la finalidad, convierte a las diversas marcas electorales del movimiento revolucionario en un fraude a la revolución de un oportunismo rampante, pero es más, a la hora de enfrentarse a las instituciones burguesas, el acercamiento a las mismas por parte de los revolucionarios, rescatando esas citas de los clásicos de forma aleatoria, es similar al que ya se hacía hace un siglo. Desde entonces, no se han replanteado que esas instituciones han mutado con el tiempo y que por el contrario, ellas sí se han adaptado a la sociedad que las instituye. Los revolucionarios en la actualidad no estamos planificando correctamente la ruta frente al poder instituido, llegando lo más, a plantear el proceso electoral como respuesta desesperada ante nuestra desorientación, sin tener en cuenta por ejemplo, que las masas están educadas desde hace décadas, si no siglos, en el voto, y que para ellas el voto forma parte de su cultura política más enraizada gracias a la educación burguesa y su pretensión de integrar a la disidencia sea cual fuere, siendo paradigmática la historia de las sufragistas en el Estado Español. No hay consigna electorera más burguesa que el «vota a quien quieras, pero vota», algo que adoptan como papagayos los agapornis de la revolución, otorgando a los procesos electorales una importancia de la que carecen en estos momentos. No se trata sin embargo de estar en contra por estarlo, sino de si es lo que toca en estos momentos hacer.

    Ante la falta de perspectiva de una revolución y con un movimiento revolucionario fragmentado y en recomposición, lamento que aquéllos con más peso, dependan de las instituciones burguesas para generar un contrapoder, sin tener como referente un verdadero poder paralelo que no se limite a ser una concesión dentro del sistema político burgués, una nueva concesión.



    [1] Queriendo dar la sensación de hiperdemocracia, tratando de dar la imagen de que por muy alejados que estén, en el fondo están, es la «democracia del capital».
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