Explicación del maoísmo

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    Explicación del maoísmo

    Mensaje por Elmenda el Sáb Ene 28, 2012 5:38 pm

    Hola camaradas, estoy realizando un trabajo para clase sobre el maoísmo, pero el problema está en que todas las fuentes que puedo encontrar (Wikipedia, páginas al azar de Google...) Me dan la información desde el punto de vista "yanki", y no me parece para nada veraz, así que me gustaría que ustedes me dieseis datos, y las bases principales del maoísmo, para contrastarlo todo y realizar un trabajo decente, gracias

    osip1984
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    Re: Explicación del maoísmo

    Mensaje por osip1984 el Jue Feb 23, 2012 3:32 am

    Hola camarada, aquí te dejo algunos datos sobre el período maoísta, en el que China dejó de ser un país feudal:

    - De 1949 a 1975 la esperanza de vida se duplicó: de 32 a 65 años.
    - ¡A comienzos de los años 1970, Shanghai tenía una tasa de mortalidad infantil menor que Nueva York!
    - En una generación, la tasa de alfabetización subió de 15% en 1949 a 80-90% a mediados de los años 1970
    - La Ley de Matrimonio de 1950 de la China revolucionaria estipuló el matrimonio por consentimiento mutuo y el derecho al divorcio, y prohibió la compraventa de niños y el infanticidio.
    - Con Mao la economía industrial china tuvo un crecimiento muy importante, un promedio de 10% al año.
    - La producción agrícola creció a un ritmo de 3% al año, un poco mayor que el crecimiento de la población. En 1970 ya se había resuelto el problema de alimentar a toda la población.
    - Estableció un sistema universal de servicios médicos gratuitos o de bajo costo guiado por los principios de cooperación e igualitarismo (Que después se cargó el "bueno" de Xiaoping)

    Cuantos muertos de hambre ha provocado el capitalismo?

    REFERENCIAS

    (1)Penny Kane, The Second Billion (Nueva York: Penguin, 1987); Ruth y Victor Sidel, Serve the People: Observations on Medicine in the People's Republic of China (Nueva York: Josiah Macy Jr. Foundation, 1973).

    (2)Ruth Gamberg, Red and Expert (Nueva York: Schoken, 1977).

    (3)William Hinton, "The Importance of Land Reform in the Reconstruction of China", Monthly Review, julio-agosto 1998.

    (4)C. Broyelle, Women's Liberation in China (Sussex: Harvester Press, 1977) y Elisabeth Croll, Feminism and Socialism in China (Nueva York: Schoken, 1980).

    (5)S. Ishikawa, "China's Economic Growth Since 1949", China Quarterly, junio 1983; Raymond Lotta, "The Theory and Practice of Maoist Planning", en Maoist Economics and the Revolutionary Road to Communism (Nueva York: Banner, 1994); Carl Riskin, "Judging Economic Development: The Case of China", Economic and Political Weekly,8 octubre 1977.

    (6)Harry Harding, China's Second Revolution: Reform After Mao (Washington, D.C.: Brookings, 1987), p. 30; ver los ensayos en Robert F. Dernberger, comp., China's Development Experience in Comparative Perspective (Cambridge: Harvard University Press, 1980); Jan Prybyla, The Chinese Economy (Columbia: University of South Carolina Press, 1978); y Mobo C.F. Gao, Gao Village: Rural Life in Modern China (Honolulu: University of Hawaii Press, 1999).

    (7)Teh-wei Hu, "Health Care Services in China's Economic Development", en Robert F. Dernberger, comp., China's Development Experience.

    cpablo
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    Re: Explicación del maoísmo

    Mensaje por cpablo el Jue Feb 23, 2012 3:54 am


    carlos3
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    Re: Explicación del maoísmo

    Mensaje por carlos3 el Jue Feb 23, 2012 5:17 pm

    mejor anda la fuentes directas


    carlos3
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    Re: Explicación del maoísmo

    Mensaje por carlos3 el Jue Feb 23, 2012 5:26 pm

    voy a tratar d epegar algo aca


    EL PENSAMIENTO DE MAO TSE-TUNG: TERCERA ETAPA DEL MARXISMOLENINISMO (*)
    Galvarino Guerra. Abril 1970
    N. de la R.— Creemos que al celebrar el centenario del
    nacimiento de Lenin, es imprescindible dejar establecido
    que así como el leninismo es un desarrollo del marxismo
    para una etapa de la historia de los pueblos, el
    maoísmo, en nuestra época, es también el desarrollo del
    marxismo-leninismo para la historia actual de los
    pueblos del mundo. El siguiente artículo es un análisis
    de este desarrollo contemporáneo que, esperamos, sea
    de utilidad para las tareas revolucionarias del presente
    del pueblo chileno.
    El pensamiento de Mao Tse-tung constituye una tercera etapa en el desarrollo
    del marxismo-leninismo. Esta definición es de la mayor importancia
    revolucionaria en el presente.
    Así como la aceptación del leninismo, como segunda etapa del marxismo en la
    época monopolista del capitalismo, sirvió de piedra de toque para diferenciar a
    los revolucionarios auténticos, de los oportunistas y revisionistas de la segunda
    década del siglo XX, hoy por hoy la comprensión de que es el Maoísmo el que da
    respuesta a los principales problemas revolucionarios contemporáneos que
    enfrenta el proletariado, será decisiva. La aceptación y comprensión de este
    hecho y la aplicación de las enseñanzas de principio contenidas en el
    pensamiento de Mao Tse-tung a la práctica revolucionaria, permitirá también en
    la actualidad diferenciar a los verdaderos revolucionarios proletarios, de los
    oportunistas de "izquierda" y de los revisionistas contemporáneos.
    Al plantear la afirmación que constituye el tema de este artículo, no nos estamos
    refiriendo a un problema que ya nadie discute, es decir, al hecho de que Mao
    Tse-tung realizó una genial y creadora aplicación del marxismo-leninismo a las
    condiciones concretas en que se desenvolvió la Revolución China, o al hecho
    también reconocido de que Mao desarrolló en forma más profunda algunos
    conceptos ya planteados por Marx, Engels o Lenin, enriqueciéndolos, además,
    con nuevas ideas. Estamos afirmando que el pensamiento de Mao Tse-tung
    inaugura una nueva etapa en el desarrollo del socialismo científico.
    El concepto de etapas en el desarrollo del marxismo no puede ser un concepto
    arbitrario, que tienda a confundir cualquier aporte a él, por correcto que sea, con
    una etapa superior en su desarrollo. Sólo pueden considerarse como una etapa
    nueva en el desarrollo del marxismo aquellas concepciones que dan una 2
    respuesta correcta a cambios fundamentales acontecidos en la lucha de clases
    del proletariado contra la burguesía; a teorías que responden a modificaciones de
    importancia ocurridas en la forma como se manifiesta la contradicción básica de
    la sociedad capitalista, la contradicción entre la burguesía y el proletariado.
    La idea de etapas en el desarrollo del marxismo es una idea inseparable de la
    naturaleza materialista y dialéctica del socialismo científico. El carácter
    materialista y dialéctico con que el marxismo concibe la realidad, lo obliga a
    aplicar de un modo diferente ciertos conceptos básicos y a formular nuevos
    conceptos, cuando así lo exigen cambios esenciales en la lucha de clases del
    proletariado contra la burguesía. Esta necesaria profundización y ampliación del
    marxismo en consonancia con los cambios objetivos importantes, no debe
    confundirse con la falsificación del marxismo que realizan los revisionistas. Estos
    oportunistas abandonan principios básicos del marxismo y los tergiversan —sin
    ningún fundamento en la realidad— para cumplir su papel de sirvientes de la
    burguesía, desorientando a las masas explotadas.
    LA EPOCA DE MARX Y ENGELS
    Marx y Engels crearon el socialismo cien-tífico en el período de culminación de
    las revolucionas burguesas en los principales países de Europa. La obra teórica
    de Marx y Engels, así como su labor práctica revolucionaria, que culminó con la
    organización de la I Internacional Comunista, estuvo consagrada a defender los
    intereses independientes del proletariado en dichas revoluciones burguesas y a
    prepararlo para la futura revolución proletaria. En la época de Marx y Engels el
    capitalismo, pese a sus contradicciones y a sus crisis, se encontraba todavía en
    pleno auge. Este desarrollo premonopolista del capitalismo alcanzó su cumbre en
    los marcos de la libre competencia, entre los años 1860 y 1870. Después de esa
    época comienzan a consolidarse los trust y monopolios capitalistas en los
    principales países de Europa y el capital financiero a derramarse —precedido por
    los ejércitos colonialistas— sobre los países atrasados. Marx y Engels, que
    murieron en 1883 y 1895 respectivamente, sólo alcanzaron a conocer el
    comienzo de este proceso.
    En las condiciones de desarrollo relativa-
    (pág. 16)
    mente independiente de unos países capitalistas respecto a otros; de libre
    competencia; cuando aún el capitalismo más desarrollado no se había repartido
    el mundo y no se había unificado como un sistema universal de explotación de
    los países atrasados, la posibilidad da la revolución proletaria era prevista por
    Marx y Engels, desde el punto de vista del desarrollo capitalista de tal o cual
    país. Esta posibilidad, incluso, variaba de acuerdo a los altibajos del desarrollo
    económico y político de las principales naciones capitalistas. En esas condiciones
    históricas concretas Marx y Engels consideraban más probable —y era
    enteramente legitimo considerarlo así— que la revolución proletaria se produciría
    primero en países como Inglaterra, Alemania o Francia, que representaban la
    cumbre del desarrollo capitalista.
    En la década del 40, por ejemplo, Marx escribió en el Manifiesto Comunista: "Los
    comunistas fijan su principal atención en Alemania, porque Alemania se halla en
    vísperas de una revolución burguesa y porque llevará a cabo esta revolución bajo
    condiciones más progresivas de la civilización europea en general, y con un 3
    proletariado mucho más desarrollado que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de
    Francia en el XVIII, y, por lo tanto, la revolución burguesa alemana no podrá ser
    sino el preludio inmediato de una revolución proletaria".
    En 1870 Marx, en una carta dirigida a Kugelman, señala la mayor madurez
    económica de Inglaterra para la revolución y afirma: "Aunque sea probable que la
    iniciativa revolucionaria parta de Francia, sólo Inglaterra puede servir de palanca
    para una revolución económicamente seria. Es el único país donde no hay
    mayoría de campesinos y donde la propiedad está concentrada en pocas manos.
    Es el único país donde la forma capitalista, es decir el trabajo combinado en gran
    escala bajo patrones capitalistas, se ha apoderado de casi toda la producción. Es
    el único país donde la gran mayoría de la población consiste en obreros
    asalariados, (subrayado por Marx). Es el único país donde la lucha de clases y la
    organización de trades-union de la clase obrera ha adquirido un cierto grado de
    madurez y universalidad, a causa de su dominación sobre el mercado mundial.
    Es el único país donde cada revolución en la economía debe inmediatamente
    repercutir sobre el mundo entero. Si el señorío de la tierra y el capitalismo tienen
    su siglo clásico en ese país, por contrapartida las condiciones materiales de su
    destrucción son allí mas maduras...".
    Engels, por su parte, refiriéndose fundamentalmente al aspecto político de la
    perspectiva revolucionaria, escribe en 1878 en su obra "Del Socialismo Utópico al
    Socialismo Científico": "El triunfo de la clase obrera europea no depende
    solamente de Inglaterra. Este triunfo solamente puede asegurarse mediante la
    cooperación, por lo menos, de Inglaterra, Francia y Alemania. En estos dos
    últimos países, el movimiento obrero le lleva un buen trecho de delantera al de
    Inglaterra. En Alemania, se halla a una distancia Incluso ya mensurable del
    triunfo. Los progresos obtenidos aquí desde hace veinticinco años, no tienen
    precedente. El movimiento obrero alemán avanza con velocidad casi acelerada. Y
    si la burguesía alemana ha dado pruebas de su carencia lamentable de
    capacidad política, de disciplina, de bravura, de energía, la clase obrera de
    Alemania ha demostrado que posee en grado abundante todas estas cualidades.
    Hace ya casi cuatrocientos años que Alemania fue el primer punto de arranque
    del primer gran alzamiento de la clase media de Europa; tal como están las
    cosas, ¿es descabellado pensar que Alemania vaya a ser también el escenario del
    primer gran triunfo del proletariado europeo?".
    Los primeros y decisivos pasos en el desarrollo del socialismo científico, por lo
    tanto fueron dados por Marx y Engels en condiciones en que el desarrollo
    premonopolista del capitalismo hacía más probable el triunfo de la revolución
    proletaria en aquellos países donde se realizaba o se había ya consumado la
    revolución burguesa. En aquellas circunstancias, Marx y Engels tomaron en sus
    manos la defensa de los intereses independientes del proletariado.
    Ya en 1844, Marx invita a hacer "una crítica implacable de todo lo existente" y
    señala el papel histórico del proletariado como futuro creador de una sociedad
    sin clases. Justamente para contribuir a esta tarea histórica del proletariado
    elaboran el socialismo científico en abierta lucha contra las concepciones
    utópicas en torno al socialismo, que desorientaban al movimiento obrero.
    Más adelante, Marx, como cumbre de una cantidad de escritos doctrinarlos y
    polémicos destinados al proletariado, que elaborara en colaboración y
    coordinación con Engels, realiza su obra cumbre: "El Capital", que constituye
    una autopsia lapidaria del sistema capitalista. Marx y Engels no se contentan,
    sin embargo, con su fecunda labor teórica. Fundan, al mismo tiempo, el primer 4
    partido comunista de la historia: la Liga de los Comunistas. En el Programa de
    dicha Liga, conocido como Manifiesto del Partido Comunista, hacen una síntesis
    magistral de la teoría revolucionarla del proletariado.
    Más adelante, en la década del 60, Marx y Engels, deciden agrupar
    internacionalmente al proletariado de los países más avanzados para cooperar a
    la revolución proletaria allí donde esté más madura y extenderla luego a otros
    países. "El movimiento obrero de diversos países de Europa —expresó Engels—
    había vuelto a fortificarse en tal medida que Marx podía pensar en poner en
    práctica un deseo acariciado desde hacia largo tiempo: fundar una asociación
    obrera que abarcase los países más adelantados de Europa y América, y que
    había de personificar, por decirlo así, el carácter internacional del movimiento
    socialista, tanto ante los propios obreros como ante los burgueses y los
    gobiernos: ante el proletariado para alentarlo, y ante sus enemigos, para
    infundirles miedo".
    La I Internacional fundada en 1864, cumplió un importante papel de clarificación
    de los obreros, gracias a la lucha sin cuartel que dieron en ella Marx y Engels
    contra los anarquistas y oportunistas de derecha. Pese a que debió disolverse
    más tarde debido a la feroz represión de la burguesía en su contra, antes de
    desaparecer impulsó la crea-
    (pág. 17)
    ción de partidos proletarios en diversos países capitalistas, partidos que
    constituirían la base de la creación de la II Internacional.
    La labor de Marx y Engels se materializa durante una gloriosa y difícil etapa en la
    lucha del proletariado por el socialismo. En esa época el proletariado comienza a
    fundir su lucha espontánea de masas con el socialismo científico; comienza a
    forjar sus primeras organizaciones independientes de combate; comienza a
    luchar por sus propios intereses de clase, en una época de pleno auge de la
    burguesía capitalista. El aporte de Marx y Engels en tales circunstancias es
    gigantesco e inmortal, constituye el sólido cimiento de todos los desarrollos
    posteriores de la ciencia revolucionaria del proletariado.
    LA ETAPA LENINISTA DEL MARXISMO
    La década del 70 del siglo pasado es considerada por Lenin como el comienzo de
    una nueva época en el desarrollo del capitalismo. Se producen profundas
    modificaciones respecto a las formas capitalistas, contemporáneas de Marx y
    Engels, lo que obliga a desarrollar el marxismo para dar respuesta a las nuevas
    condiciones existentes.
    En primer lugar, en los países capitalistas más avanzados desaparece como
    aspecto dominante de la economía, la libre competencia de la época
    premonopolista. La producción se ha concentrado ya en grandes monopolios y
    trust que controlan el mercado "Nos hallamos en presencia —escribe Lenin— no
    ya de una lucha de competencia entre grandes o pequeñas empresas, entre
    establecimientos técnicamente atrasados y .establecimientos de técnica
    avanzada. Nos hallamos ante la estrangulación por los monopolistas, de todos
    aquellos que no se someten al monopolio, a su yugo, a su arbitrariedad".
    Por otra parte, el gigantesco desarrollo de los monopolios capitalistas determina
    que se hagan insuficientes los mercados internos de cada país. La acumulación 5
    de riquezas hace que adquiera un amplio predominio el capital financiero y éste
    comienza a ser exportado a los países menos desarrollados para apoderarse allí
    fundamentalmente de las materias primas necesarias a la industria monopolista.
    "Lo que caracterizaba al viejo capitalismo —señala Lenin— en el cual dominaba
    plenamente la libre concurrencia, era la exportación de mercancías. Lo que
    caracteriza al capitalismo moderno, en que impera el monopolio, es la
    exportación de capital".
    La burguesía monopolista, a sangre y fuego, comienza a repartirse el mundo,
    luchando como perros de presa entre sí por cada territorio colonial. La Primera
    Guerra Mundial no es más que un feroz enfrentamiento de unas potencias
    imperialistas contra otras por el control de las colonias.
    En su obra "El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo", publicada en abril
    de 1917, Lenin sostiene: "La política colonial de los países capitalistas ha
    terminado ya la conquista de todas las tierras no ocupadas que había en
    nuestro planeta. Por primera vez el mundo se encuentra ya repartido, de modo
    que lo que en adelante puede efectuarse son únicamente nuevos repartos, es
    decir, el paso de territorios de un 'amo' a otro, y no el paso de un territorio sin
    amo a un 'dueño'".
    Este reparto del mundo entre los sectores avanzados de la burguesía, no sólo es
    expresión de la fase monopolista de la burguesía, sino que contribuye
    decisivamente a acentuar dicha característica al poner en manos de los
    monopolios importantes fuentes de materias primas y el control sobre nuevos
    mercados de venta. "El paso del capitalismo —dice Lenin—, a la fase de
    capitalismo monopolista, al capital financiero, se haya relacionado con la
    exacerbación de la lucha por el reparto del mundo".
    El paso del capitalismo de libre competencia a su fase monopolista agudiza en
    grado extremo las contradicciones de este sistema y crea con ello condiciones
    mucho más favorables que las existentes en la época de Marx y Engels, para el
    triunfo de la revolución proletaria.
    "Todo el mundo conoce —expresa Lenin-hasta qué punto el capital monopolista
    ha agudizado todas las contradicciones del capitalismo. Basta indicar la carestía
    de la vida y el yugo de los cartels... los monopolios, la oligarquía, la tendencia a
    la dominación en vez de la tendencia a la libertad, la explotación de un número
    cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones
    riquísimas o muy fuertes; todo esto ha originado los rasgos distintivos del
    imperialismo que obligan a caracterizarlo como capitalismo parasitario o en
    descomposición".
    (Pág. 18)
    Es así como el capitalismo, transformado ya en un sistema mundial de
    explotación financiera y de opresión colonial, viene a ser —en opinión de Lenin—
    "la antesala de la revolución socialista".
    Junto a lo anterior y precisamente debido a la feroz explotación y opresión del
    mundo colonial por parte de las grandes potencias capitalistas, sufre un retardo
    el comienzo de la revolución proletaria en dichas potencias, es decir,
    precisamente allí donde era más probable que ella irrumpiera en la época de
    Marx y Engels, en la época del capitalismo premonopolista. Este retardo
    transitorio surge del hecho de que la burguesía de esas naciones imperialistas,
    que había desatado ya como hemos dicho una feroz represión contra la I 6
    Internacional, más adelante —para frenar la revolución— comparte con un sector
    de la clase obrera de sus industrias monopolistas una parte de las riquezas
    saqueadas del mundo colonial.
    Crea de esta manera en las metrópolis una cierta "aristocracia" obrera y
    corrompe a dirigentes del proletariado. Este fenómeno —muy agudo ya en los
    tiempos de Lenin— habían comenzado a detectarlo el propio Marx y Engels,
    respecto a Inglaterra, el primer país capitalista que comenzó a forjar un fuerte
    imperio colonial.
    En 1858, por ejemplo, Engels escribía a Marx lo siguiente: "El proletariado inglés
    se va aburguesando de hecho cada día más; por lo que se ve, esta nación, la más
    burguesa de todas, aspira a tener, en resumidas cuentas, al lado de la burguesía
    una aristocracia burguesa y un proletariado burgués"... y concluye:
    "naturalmente, por parte de una nación que explota al mundo entero, esto es
    hasta cierto punto lógico".
    Posteriormente, en el año 1882, Engels precisa aún más esta idea en una carta a
    Kautsky: "Me pregunta usted lo que piensan los obreros ingleses acerca de la
    política colonial. Lo mismo que piensan de la política en general. Aquí no hay un
    partido obrero, no hay más que radicales conservadores y liberales, y los obreros
    se aprovechan, junto con ellos, con la mayor tranquilidad, del monopolio colonial
    de Inglaterra y de su monopolio en el mercado mundial". La corrupción que debe
    combatir Lenin de la inmensa mayoría de los destacamentos obreros que
    integraron la II Internacional, es una expresión concreta del hecho que
    analizamos.
    A Lenin, por consiguiente, le toca formular una línea revolucionaria marxista en
    circunstancias en que estando madura la revolución proletaria ella se ha
    retardado transitoriamente —debido a la traición oportunista- en las naciones
    capitalistas más avanzadas y en que todavía ella no está plenamente madura en
    los países coloniales y semicoloniales por su bajo desarrollo económico. Le toca
    encarar la revolución proletaria en los momentos en que ya no tiene vigencia un
    desarrollo capitalista relativamente independiente de unos países respecto a
    otros, que hacía prever la revolución socialista en tal o cual nación capitalista de
    las más avanzadas en función de sus condiciones económicas y políticas
    específicas. Le toca actuar en los momentos en que "el mundo entero forma un
    organismo económico único y todo él se halla repartido entre, un puñado de
    grandes potencias", y en que, por lo mismo, el proletariado puede irrumpir
    rompiendo esa cadena de dominación capitalista por el eslabón más adecuado y
    débil.
    Pese a las trabas que —en la época leninista— se han producido a un triunfo
    proletario en los países imperialistas más poderosos, la contradicción principal
    no se ha trasladado todavía —como ocurrirá más adelante— al enfrentamiento
    entre el mundo colonial y semicolonial con el imperialismo. Dicha contradicción
    principal sigue siendo, como lo expresa Stalin en "Fundamentos del Leninismo":
    "la agudización de la crisis revolucionaria en los países capitalistas; y... el
    acrecentamiento de los elementos de un estallido en el frente interior, en el frente
    proletario de las metrópolis".
    ESTRATEGIA Y TACTICA LENINISTAS
    Lenin, por lo tanto, como líder del proletariado en la época del imperialismo y
    continuador de Marx y Engels, encara dos problemas fundamentales: por una
    parte, enfrentar la traición oportunista que frena la revolución en todos los 7
    países capitalistas más avanzados y, por otra, hacer que el proletariado irrumpa
    con su revolución en aquel de esos países donde sea más factible romper la
    cadena de dominación imperialista.
    Respecto a la lucha contra el oportunismo, Lenin, asumiendo su deber
    revolucionario, cumple cabalmente su papel de combatirlo y romper toda unidad
    con él. "La lucha contra el imperialismo —afirma— si no se halla ligada
    indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa".
    Lenin desarrolla este combate no sólo contra los oportunistas abiertos y
    descarados, sino también contra los oportunistas encubiertos o revisionistas que
    se ocultan tras el nombre da "marxistas", para deformar y tergiversar el
    marxismo engañando a las masas.
    "El oportunismo franco —expresa Lenin— está abierta y directamente contra la
    revolución y los movimientos y explosiones revolucionarias incipientes, y se alía
    de manera directa con los gobiernos, cualesquiera sean las formas de esa
    alianza: desde la participación en un ministerio hasta la participación en los
    comités de la industria bélica. Los oportunistas encubiertos, los kautskianos,
    son mucho más perjudiciales y peligrosos para el movimiento obrero, porque
    ocultan la defensa de su alianza con los primeros por medio de bonitas frases,
    también "marxistas", y consignas pacifistas. La lucha contra ambas formas
    dominantes del oportunismo debe llevarse a cabo en todos los sectores de la
    política proletaria: parlamento, sindicatos, huelgas, asuntos militares, etc.".
    Respecto al segundo problema señalado más arriba: la ruptura del frente
    imperialista en el punto más adecuado, Lenin, en oposición a Trotski y sus
    seguidores, formula la tesis de que es posible la victoria del socialismo en un solo
    país. "La desigualdad del desarrollo económico y político —escribe en 1915— es
    una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible la victoria
    (Pág. 19)
    del socialismo, primero en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo
    país, aisladamente".
    Rusia, la cuna del leninismo, resultó precisamente ser el país más adecuado
    para quebrar el frente imperialista y realizar la revolución socialista. En Rusia,
    existía una feroz y despótica opresión por parte del zarismo. Se trataba, además,
    de un país abierto a una creciente explotación por parte del imperialismo
    europeo y, a su vez, un país imperialista, aunque en una escala muy inferior en
    relación con las grandes potencias occidentales. Por otra parte, en Rusia el
    capitalismo y el proletariado habían tenido un desarrollo considerable, sin
    alcanzar este país, sin embargo, la consolidación de un vasto imperio colonial
    atado a fuertes inversiones, como es el caso de las otras naciones capitalistas
    desarrolladas.
    Rusia no tenía, por lo tanto, como las otras potencias imperialistas de Europa,
    un gigantesco flujo de plusvalía de sus colonias, que sirviera de elemento
    corruptor de su proletariado y de sustento a poderosas corrientes oportunistas,
    como las existentes en Alemania, Francia o Inglaterra.
    Rusia tenía para la revolución proletaria muchas de las ventajas de los países
    con desarrollo capitalista y, al mismo tiempo, estaba libre en cierto grado de las
    trabas a la revolución surgidas, por ejemplo, en países como Inglaterra, "que
    explota al mundo entero". Lenin supo comprender tempranamente la situación
    privilegiada para la revolución en que se encontraba su país y ya en una de sus 8
    primeras obras, en "¿Qué Hacer?", afirma: "La historia plantea hoy ante nosotros
    una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas
    inmediatas del proletariado de ningún otro país. La realización de esta tarea, la
    demolición del más poderoso baluarte, no ya de la reacción europea sino también
    (hoy podemos afirmarlo) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso
    en la vanguardia del proletariado internacional".
    Para materializar la revolución, Lenin, en abierta y constante lucha contra los
    oportunistas —basándose en las enseñanzas de Marx y Engels— diseña una
    estrategia y una táctica para la conquista del Poder en Rusia. "La doctrina de
    Marx —escribe— estableció las verdaderas tareas de un partido socialista
    revolucionario: no componer planes de reorganización de la sociedad ni ocuparse
    de la prédica a los capitalistas o sus acólitos de la necesidad de mejorar la
    situación de los obreros, ni tampoco urdir conjuraciones, sino organizar la lucha
    de clases del proletariado y dirigir esa lucha, que tiene por objetivo final la
    conquista del poder político por el proletariado y la organización de una sociedad
    socialista".
    A través de la dirección marxista de la lucha de clases del proletariado, éste eleva
    su conciencia política y se transforma en fuerza dirigente de grandes masas
    interesadas en la revolución. Se desencadenan entonces las más amplias y
    variadas luchas de masas y acciones legales e ilegales, que han de confluir
    finalmente en una huelga general política, considerada por Lenin como la
    antesala de la insurrección armada. Todas esas variadas luchas de masas
    encabezadas por el proletariado, tienen por objeto educar en la acción a las
    masas y prepararlas para desencadenar, en el momento más oportuno, la
    insurrección armada.
    "Se puede considerar completamente maduro el momento de la batalla decisiva
    —escribe Lenin— si todas las fuerzas de clase que no son adversas están
    suficientemente sumidas en la confusión, suficientemente enfrentadas entre sí,
    suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus fuerzas"; si "todos los
    elementos vacilantes, volubles, inconsistentes, intermedios, es decir, la pequeñaburguesía, la democracia pequeñoburguesa, que se diferencia de la burguesía, se
    han desenmascarado suficientemente ante el pueblo, se han cubierto
    suficientemente de oprobio por su bancarrota práctica"; si "en las masas
    proletarias empieza a aparecer y a extenderse con poderoso impulso el afán de
    apoyar las acciones revolucionarias más resueltas, más valientes y abnegadas
    contra la burguesía. En ese momento es cuando está madura la revolución, en
    ese momento nuestra victoria está asegurada, si hemos sabido tener en cuenta...
    todas las condiciones indicadas más arriba y hemos elegido acertadamente el
    momento".
    Estando las condiciones generales dadas, la insurrección armada debe ser
    puesta en práctica, no librada a la espontaneidad sino como un arte sujeto a
    ciertos principios y normas. En este punto, Lenin, parafraseando las conocidas
    tesis de Marx y Engels, señala las normas generales para la insurrección:
    "1) No jugar nunca a la insurrección, y una vez empezada ésta saber firmemente
    que hay que llevarla a término.
    2) Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivos fuerzas muy
    superiores, porque de lo contrario el enemigo, mejor preparado y organizado,
    aniquilará a los insurrectos. 9
    3) Una vez empezada la insurrección hay que proceder con la mayor decisión y
    pasar obligatoria e incondicionalmente a la ofensiva. 'La defensiva es la muerte
    de la insurrección armada'.
    4) Hay que esforzarse en pillar al enemigo desprevenido, hay que aprovechar el
    momento en que sus tropas se hallen dispersas.
    5) Hay que esforzarse en obtener éxitos diarios, aunque sean pequeños (incluso
    podría decirse que cada hora, si se trata de una sola ciudad), manteniendo a
    toda costa la superioridad moral".
    Este modelo de estrategia revolucionaria ha resultado adecuado a países donde
    el proletariado —en número y en experiencia revolucionaria— constituye una
    fuerza decisiva; donde el enemigo burgués concentra en pocas manos los
    elementos básicos de la economía; donde la clase obrera se encuentra
    fuertemente concentrada, particularmente en las industrias de las grandes
    ciudades; donde la dominación de otras naciones imperialistas o no existe o es
    débil. En tales circunstancias el desenlace de una insurrección armada —
    preparada eso sí a través de prolongados combates de todo tipo de las masas
    dirigidas por el proletariado— debe consumarse en un plazo relativamente breve,
    es
    (Pág. 20)
    decir, en algunos días o semanas. La etapa propiamente armada del choque
    revolucionario de clases, por lo tanto, se dará fundamentalmente al final de la
    lucha, será breve y las acciones armadas decisivas se librarán básicamente en
    las grandes ciudades, con apoyo, eso si, de alzamientos campesinos.
    Lenin no sólo planeó teóricamente el desarrollo de una insurrección de este tipo
    en Rusia, sino que dirigió directamente las batallas tácticas que habrían de
    derrocar en dicho país al zarismo primero y llevar luego al proletariado al poder.
    Sin embargo, como veremos más adelante la estrategia y táctica de la lucha
    armada de masas destinada a conquistar el Poder que emprendiera Lenin en
    Rusia, debe sufrir profundas modificaciones para aplicarse con éxito en los
    países coloniales, semicoloniales y dependientes, países atrasados en su
    desarrollo económico y dominados por el imperialismo. En este punto, Mao Tsetung, al formular su teoría de la guerra popular, realizó inestimables aportes a la
    estrategia y táctica de la lucha armada revolucionaria de masas, que es preciso
    poner en práctica en estos países para conquistar el poder. Esto no significa, sin
    embargo, que algunos principios de la insurrección leninista no sean también
    utilizados en ciertos aspectos de los países atrasados y sometidos por el
    imperialismo y el que no existan en estos países casos en que sea preciso
    combinar de algún modo ambos métodos de lucha armada revolucionaria.
    LENIN Y EL MUNDO COLONIAL
    La Primera Guerra Mundial y, principalmente, el triunfo del proletariado en
    Rusia, influyen poderosamente en el desarrollo de las luchas de liberación en los
    países coloniales y sojuzgados por el imperialismo. Lenin es el primero que
    advierte y pone de relieve —contra los oportunistas— la importancia que esta
    lucha tiene como formidable apoyo para el proletariado que combate en Europa
    contra esa misma burguesía imperialista, que oprime al mundo colonial y semicolonial. No obstante, en la época de Lenin, debido al atraso del desarrollo
    capitalista y por ende del proletariado en tales países sometidos al imperialismo,
    y a la gran influencia de la burguesía en los movimientos nacionalistas existentes 10
    en ellos, no se prevé una evolución próxima en esas luchas —en función de la
    presencia de fuerzas proletarias— hacia una revolución socialista.
    En el mundo colonial y semicolonial se plantea a la III Internacional una
    diferencia bastante significativa: la existente entre países como China, por
    ejemplo, donde el proletariado tenía ya cierto desarrollo, y países como Persia,
    Turquía y otros donde prácticamente no existía proletariado. En estos últimos
    países no existía dirección proletaria sobre los movimientos nacionalistas y
    antimperialistas. Por lo mismo, Lenin, respecto a países como Turquía y Persia,
    en sus tesis a la Internacional, pone el acento en la necesidad de una dirección
    revolucionario-proletaria del movimiento nacionalista, desde el exterior, a partir
    del movimiento comunista de los países más avanzados y, muy particularmente,
    del proletariado en el poder en Rusia.
    "Es indiscutible —señala Lenin— que el proletariado de los países avanzados
    puede y debe ayudar a las masas trabajadoras atrasadas, y que el desarrollo de
    los países atrasados puede salir de su fase actual cuando el proletariado
    triunfante de las Repúblicas Soviéticas tienda la mano a esas masas y pueda
    prestarles apoyo".
    Este apoyo del movimiento comunista al nacionalismo de estas colonias y
    semicolonias más atrasadas y sin proletariado —puesto que en ellas la dirección
    del movimiento estaba básicamente en manos de la burguesía— es planteada en
    la Internacional por Lenin de un modo condicionado. Se apoyará, expresa, "los
    movimientos burgueses de liberación en las colonias en el caso de que sus
    representantes no nos impidan educar y organizar en un espíritu revolucionario
    a los campesinos y a las grandes masas explotadas".
    Respecto a esos mismos países más atrasados, puesto que ni siquiera existía en
    ellos una fuerza proletaria que tomara desde el interior la dirección y
    sistematizara una experiencia y una conducción revolucionaria del movimiento
    de liberación, Lenin propone atraer en ellos a las masas hacia el modelo de los
    soviets ya probados en Rusia. Habla de educar a las masas en "los postulados
    fundamentales del régimen soviético", para que "los campesinos, colocados en
    una dependencia semifeudal, puedan asimilar muy bien la idea de la
    organización soviética y sean capaces de ponerla en práctica".
    Este posible paso a ciertas formas de soviets campesinos en los países más
    atrasados del mundo colonial es concebido por Lenin fundamentalmente sobre la
    base de la influencia que en esas masas pudiera tener el proletariado en el poder
    en las naciones más avanzadas de Europa.
    "Si el proletariado revolucionario victorioso —señala Lenin— realiza entre esos
    pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos (subrayado
    nuestro) les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la
    fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas
    las colonias y en todos los países atrasados, no sólo debemos formar cuadros
    propios de luchadores y organizaciones de partido, no sólo debemos realizar una
    propaganda inmediata en pro de la creación de soviets campesinos, tratando de
    adaptarlos a las condicionas precapitalistas, sino que la Internacional Comunista
    habrá de promulgar, dándole una base teórica, la tesis de que los países
    atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden
    pasar al régimen soviético y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al
    comunismo, soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista". 11
    Nuestra opinión es que este planteamiento de Lenin y de la Internacional, tendía
    a integrar al movimiento nacionalista de los países coloniales y semicoloniales al
    de la revolución proletaria de Europa, en circunstancias que no existía ni la
    experiencia, ni los antecedentes suficientes, como para definir con precisión una
    política revolucionaria proletaria específica para dichos países. De lo que se
    trataba, por lo tanto, era de
    (Pág. 21)
    ofrecer al menos un modelo provisorio, el de los soviets, a las masas trabajadoras
    de dichos países, para impedir que la dirección burguesa del movimiento
    nacionalista los sumara al frente imperialista y antisoviético. Se trata de una
    política que emerge de la urgencia de integrar dichos movimientos nacionalistas
    y antimperialistas a la revolución proletaria en Europa en apoyo de la revolución
    triunfante y amenazada en Rusia.
    "Ahora —escribe Lenin— nuestra Revolución Soviética tiene que agrupar en
    torno suyo a todos los pueblos de Oriente que despiertan, para luchar junto a
    ellos contra el imperialismo internacional...". "De por si se comprende que sólo
    puede vencer definitivamente el proletariado de todos los países avanzados del
    mundo, y nosotros, los rusos, comenzamos la obra que afianzará el proletariado
    francés, inglés o alemán; pero vemos que ellos no vencerán sin la ayuda de las
    masas trabajadoras de todos los pueblos coloniales oprimidos y, en primer lugar,
    de los pueblos de Oriente. Debemos comprender que la vanguardia sola no puede
    llevar a cabo el paso al comunismo".
    En relación con países coloniales o semi-coloniales, como la India o China, donde
    existía cierto desarrollo proletario, se aprueban en la Internacional las tesis
    especiales de Roy respecto a esos países. En ellas se recomienda —cuando sea
    oportuno, es decir, "en el periodo de paso de la revolución democrático-burguesa
    a la .proletaria", la formación de soviets de diputados obreros y campesinos.
    A través de las tesis aprobadas en el II Congreso de la Internacional y en
    reuniones posteriores de ella, así como en la polémica que Stalin sostiene contra
    la oposición trotskista respecto a China, se advierten grandes vacíos respecto al
    camino que conduciría a los países coloniales y semicoloniales a la revolución
    proletaria. Estos vacíos y aun ciertos errores cometidos en lo que respecta a la
    orientación revolucionaria a seguir en dichos países, son perfectamente
    explicables, puesto que la violenta irrupción de esta lucha nacionalista y
    antimperialista del mundo colonial y semicolonial, implica para el marxismo un
    problema nuevo y que reviste muchas particularidades diferentes a como se
    desarrollaba la revolución en las naciones capitalistas.
    El propio Lenin reconoce constantemente que la teoría revolucionaria para
    dichos países está por desarrollarse y que la última palabra la deberán decir los
    comunistas que surjan en esos países. En su Informe a las Organizaciones
    Comunistas de los Pueblos de Oriente, por ejemplo, sostiene: "debéis saber
    aplicar esa teoría y esa práctica (la teoría y la práctica comunistas), adaptándose
    a condiciones que no se dan en los países europeos".
    Y en otro punto del mismo Informe señala: "Tendréis que plantear esa tarea y
    resolverla vosotros mismos, con vuestra propia experiencia". Posteriormente en el
    II Congreso de Internacional, refiriéndose al paso al socialismo en los países
    coloniales y semicoloniales, escribe: "Los medios que hayan de ser necesarios
    para que esto ocurra no pueden ser señalados de antemano. La experiencia
    práctica nos los irá sugiriendo". 12
    Incluso —como hemos visto— cuando sugiere la posibilidad de atraer a los
    trabajadores de los países atrasados hacia la experiencia de los soviets, dice que
    la Internacional habrá de promulgar esta idea y esta práctica "dándoles una base
    teórica".
    En general en todas las discusiones de la Internacional se conciben —de acuerdo
    con el modelo conocido y ya probado en Rusia— los soviets como meta final del
    movimiento revolucionario en los países atrasados y oprimidos por el
    imperialismo, pero no hay completa claridad respecto al camino que conducirá a
    la revolución socialista, ni tampoco completa claridad de las etapas
    revolucionarias intermedias mediante las cuales se avanzará hacia el socialismo.
    LA ETAPA DEL PENSAMIENTO DE MAO TSE-TUNG
    A Mao Tse-tung, en cambio, situado en el terreno mismo de un país semifeudal,
    colonial y semicolonial donde existía cierto desarrollo proletario, le cabe un papel
    decisivo en el desarrollo de una teoría y de una práctica revolucionarias que
    conduzcan a derrotar al feudalismo, al imperialismo y al capital monopolista en
    China, para pasar luego a la revolución socialista.
    Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundiales, se profundiza la dominación de
    los países imperialistas en Asia, África y América latina, y las inversiones de las
    na-
    (Pág. 22)
    ciones capitalistas en las colonias y países dependientes prosiguen a un ritmo
    acelerado. Los monopolios capitalistas instalan en dichos países grandes
    empresas destinadas especialmente a explotar sus materias primas. Como
    subsidiarias de esas empresas imperialistas surgen otras menores controladas
    por una naciente burguesía nativa.
    El imperialismo cumple en los países oprimidos un papel contradictorio: por una
    parte frena deliberadamente el desarrollo capitalista en ellos en beneficio de sus
    propias empresas establecidas en la metrópoli y, por otra parte, no puede menos
    que desarrollar en sus colonias y semicolonias el capitalismo al realizar
    inversiones en ellas. "La exportación del capital —señala Lenin en su obra "El
    Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo"— influye sobre el desarrollo del
    capitalismo en los países en que aquél es invertido, acelerándolo
    extraordinariamente".
    Y en su libro: "El Programa Militar de la Revolución Proletaria", afirma: "Uno de
    los rasgos esenciales del imperialismo consiste, precisamente, en que acelera e]
    desarrollo del capitalismo en los países atrasados, ampliando y recrudeciendo
    por ello mismo la lucha contra la opresión nacional".
    Por otra parte, el compromiso de las principales potencias imperialistas en las
    dos guerras mundiales, aflojó los controles de éstas sobre las colonias y países
    dependientes del imperialismo y creó grandes dificultades a la exportación a ellos
    de productos de las metrópolis. Esto hizo posible el desarrollo de una serie de
    nuevas empresas capitalistas promovidas por sectores nacionales de la
    burguesía, destinadas a sustituir productos que antes se importaban.
    Mao Tse-tung, en su libro "La Revolución China y el Partido Comunista de
    China", editado en 1939, escribe: "Hace cuarenta años, a finales del siglo pasado
    y comienzos del presente, el capitalismo nacional de China dio los primeros 13
    pasos en su desarrollo. Más tarde, hace veinte años, durante la Primera Guerra
    Mundial imperialista, debido a que los países imperialistas de Europa y
    Norteamérica, ocupados en la guerra, relajaron temporalmente su opresión sobre
    nuestro país, la industria nacional china, principalmente la textil y la harinera,
    cobró nuevo desarrollo".
    Posteriormente, en el año 1947, Mao señala que .se había estado formando desde
    1927 en China una burguesía monopolista íntimamente aliada del imperialismo.
    La formación de esta burguesía monopolista (burguesía, por cierto, de un nivel
    económico muy inferior a la de los países capitalistas avanzados de Europa), es
    con todo un síntoma del desarrollo capitalista que se estaba gestando en China,
    pese al amplio predominio allí de formas semifeudales de economía. En su obra
    "La Situación Actual y Nuestras Tareas" del año 1947, Mao afirma: "Durante los
    veinte años de su dominación —las cuatro grandes familias: Chiang, Soong,
    Kung y Chen— han amasado enormes fortunas que alcanzan de diez a veinte mil
    millones de dólares norteamericanos, y han monopolizado las arterias vitales de
    la economía del país. Este capital monopolista combinado con el Poder del
    Estado, se ha convertido en el capitalismo monopolista de Estado".
    A Mao Tse-tung, por consiguiente, le toca formular su teoría de la revolución en
    un país semifeudal, colonial y semicolonial como China, en los momentos en que
    existía ya allí un combativo proletariado y su partido de vanguardia: el Partido
    Comunista de China.
    En 1919, el proletariado chino que contaba ya con unos tres millones de obreros
    organizados, declaró su primera huelga política contra el imperialismo. Entre
    comienzos de 1922 y febrero de 1923, más de 300 mil obreros participaron en
    unas 100 huelgas. Posteriormente, en el año 1925, los obreros de Shanghai
    declararon una gran huelga contra los imperialistas británicos y japoneses. A
    raíz de esta huelga la policía británica realizó una masacre de trabajadores. Esta
    masacre provocó —en todas las ciudades importantes del país— un gigantesco
    movimiento de protesta bajo las formas más variadas: huelgas, manifestaciones,
    acciones armadas, mítines, etc. Tan sólo en Cantón y Hong-Kong —puerto cuyo
    comercio internacional fue bloqueado por completo— la huelga duró más de un
    año.
    El Partido Comunista de China nació en el año 1921 y poco antes de la traición
    de Chiang Kai-shek, perpetrada en 1927, tenía ya 50 mil miembros. Después de
    varios altibajos en su militancia en relación con derrotas sufridas por el
    predominio en su dirección de desviaciones de "izquierda" o derecha, llegó a tener
    —durante la guerra de resistencia contra Japón— más de un millón 200 mil
    militantes. Posteriormente, en la lucha final contra Chiang Kai-shek, su
    militancia se elevó a 3 millones de miembros.
    Es sabido que en 1935 —en pleno desarrollo de la Gran Marcha— el
    pensamiento de Mao Tse-tung logra imponerse definitivamente en el Partido, en
    lucha contra las desviaciones oportunistas.
    EL PROBLEMA DEL PODER
    Uno de los aportes fundamentales de Mao Tse-tung al marxismo-leninismo en su
    tercera etapa de desarrollo, es el haber caracterizado claramente el tipo de
    Estado y de Poder por el que hay que luchar en los países coloniales,
    semicoloniales y dependientes, en la etapa previa a la revolución socialista. Mao
    Tse-tung define claramente las dos etapas de la revolución y diferencia
    nítidamente la primera etapa de Nueva Democracia o Democracia Popular, tanto 14
    de las antiguas revoluciones democrático-burguesas como de la revolución
    socialista. "La revolución democrático-burguesa en la China de hoy —escribe—
    no es del viejo tipo corriente, hoy anticuado, sino de un nuevo tipo especial. Este
    tipo de revolución se desarrolla en China y en todos los países coloniales y
    semicoloniales, y nosotros la denominamos revolución de la nueva democracia.
    La revolución de la nueva democracia es parte de la revolución mundial
    socialista-proletaria, que lucha resueltamente contra el imperialismo o
    capitalismo internacional... Una revolución de la nueva democracia es una
    revolución de las masas populares dirigidas por el proletariado y orientada
    contra el imperialismo y el feudalismo... La revolución democrática es la
    (Pág. 23)
    preparación necesaria para la revolución socialista; y la revolución socialista es el
    resultado inevitable de la revolución democrática".
    Esta clara distinción de las etapas de la revolución, hecha por Mao Tse-tung, es
    la que le permite definir con meridiana claridad el tipo de Poder y de Estado a
    alcanzar en cada una de esas etapas. La concepción de Mao de la revolución
    ininterrumpida a través de etapas, se distingue claramente también de la
    posición que tenían Trotsky y sus seguidores. Estos —como es sabido—
    pretendían y aún pretenden desconocer en los países coloniales, semicoloniales y
    dependientes la necesidad de la etapa revolucionaria democrático-popular, previa
    a la etapa de la revolución socialista. Trotsky, en efecto, en su obra: "La
    Revolución Permanente", sostenía que con el programa democrático-popular, "el
    Partido Comunista chino se halla atado de pies y manos y se ve obligado a ceder
    pasivamente el campo a la socialdemocracia china..." y opinaba, además, que: "la
    dictadura democrática del proletariado y de los campesinos... es una ficción, un
    fraude contra sí mismo, o algo peor". Como es sabido Mao Tse-tung concibió la
    dictadura democrático-popular aun de un modo más amplio que aquel que
    criticaba Trotsky, por su amplitud, pues incorporó al poder "a la clase obrera, el
    campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional". "Dirigidas
    por la clase obrera y el Partido Comunista —expresa en junio de 1949 en su obra
    "Sobre la Dictadura Democrática Popular"— estas clases se unen, forman su
    propio Estado, eligen su propio gobierno y ejercen la dictadura sobre los lacayos
    del imperialismo es decir, sobre la clase terrateniente y la clase capitalista
    burocrática..." Las afirmaciones citadas de Trotsky —como la mayor parte de sus
    delirantes teorías— no necesitan comentarios, pues la propia historia se ha
    encargado de dar su veredicto sobre ellas.
    En la época en que Lenin vivía y aun en las discusiones posteriores de la
    Internacional acerca del problema nacional y colonial o de China en particular, la
    verdad es que no se concebía con claridad el tipo de Poder y de Estado que debía
    surgir de la lucha antimperialista y antifeudal de los países coloniales y
    oprimidos, como etapa previa al Poder y al Estado socialista. En otras palabras,
    no se plantea claramente la consumación de la lucha antimperialista, antifeudal
    (y antimonopolista más adelante), como una forma de Poder y de Estado a
    conquistar por el pueblo dirigido por el proletariado. No se comprende tampoco
    plenamente —aunque a veces formulada con cierta ambigüedad— la posibilidad
    de que la burguesía nacional participe en tal forma de Estado y de Poder. Hay
    ciertas referencias, por ejemplo, a algunas formas transitorias y muy localizadas
    de poder, como el del Kuomintang de Wuhan en 1927 después del golpe de
    Chiang Kai-shek, como una forma de dictadura "del proletariado y del
    campesinado", mostrando como futuro de ella la dictadura del proletariado. Al no 15
    plantearse claramente —como lo hace Mao Tse-tung para toda China— un poder
    y un Estado de Democracia-Popular, como meta revolucionarla previa a la
    revolución socialista y al plantearse ciertas formas estructurales, locales y
    transitorias del frente único, como expresión del cumplimiento de la etapa previa
    a la revolución socialista, no se encaraba en realidad la formulación de una
    auténtica revolución Democrático-Popular. Con esos planteamientos se
    confundía etapas de la lucha revolucionaria con etapas de la revolución. Sólo se
    puede hablar de una etapa de la revolución —del modo como lo plantea para
    China Mao Tse-tung— es decir, cuando hay una demolición de un tipo de Poder y
    de Estado, para reemplazarlo por otro.
    Mao Tse-tung, en cambio, expresa respecto a la meta de la primera etapa
    revolucionaria: "La República democrática china que queremos establecer ahora,
    sólo puede ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los
    sectores antimperialistas y antifeudales, dirigida por el proletariado es decir, una
    república de nueva democracia... Esta república de nueva democracia será
    diferente, por una parte, de la vieja república capitalista, al estilo europeo y
    norteamericano, bajo la dictadura de la burguesía, esto es, la república de vieja
    democracia, ya caduca. Por otra parte, será diferente también de la república
    socialista, al estilo soviético, bajo la dictadura del proletariado, república que ya
    florece en la Unión Soviética y que se establecerá también en todos los países
    capitalistas y llegará a ser indudablemente la forma dominante de estructura del
    Estado y del Poder en todos los países industrialmente avanzados. Esta forma,
    sin embargo, no puede ser adoptada por un determinado período histórico, en la
    revolución de los países coloniales y semicoloniales. Consecuentemente, en todos
    estos países la revolución sólo puede adoptar en dicho período una tercera forma
    de Estado: la república de nueva democracia. Esta es la forma que corresponde a
    un determinado período histórico y, por lo tanto, es una forma de transición,
    pero obligatoria y necesaria".
    Lo más importante es que Mao Tse-tung, al establecer con meridiana claridad
    esta meta revolucionaria de transición al socialismo, no sólo señaló un objetivo
    para China sino para todos los países coloniales y semicoloniales. Mao Tse-tung
    fue perfectamente consciente de la universalidad de su formulación —en relación
    con el mundo colonial y semicolonial— realizada al definir el Estado de nueva
    democracia o democracia-popular. Refiriéndose a dicho Estado, dice: "El tercer
    tipo es una forma de Estado de transición que debe adoptarse en las
    revoluciones de los países coloniales y semicoloniales. Cada una de dichas
    revoluciones tendrá necesariamente características propias, pero éstas
    representarán ligeras diferencias dentro de la semejanza general. Siempre que se
    trate de revoluciones en colonias o semicolonias, la estructura del Estado y del
    Poder será forzosamente idéntica en lo fundamental, es decir, se establecerá un
    Estado de nueva democracia bajo la dictadura conjunta de las diversas clases
    antimperialistas".
    Tenemos, por consiguiente, en lo que toca al problema del poder y del Estado en
    el mundo colonial y semicolonial, un claro y decisivo aporte de Mao Tse-tung al
    marxismo-leninismo, frente a un asunto no resuelto con anterioridad y, como
    veremos más ade-
    (Pág. 24)
    lante, de vital importancia para resolver la contradicción principal de nuestra
    época en la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. 16


    __________________________________________ 26
    Información disponible en el sitio ARCHIVO CHILE, Web del Centro Estudios “Miguel Enríquez”,
    CEME:
    http://www.archivochile.com
    Si tienes documentación o información relacionada con este tema u otros del sitio, agradecemos
    la envíes para publicarla. (Documentos, testimonios, discursos, declaraciones, tesis, relatos caídos,
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    NOTA: El portal del CEME es un archivo histórico, social y político básicamente de Chile y secundariamente de
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    Re: Explicación del maoísmo

    Mensaje por carlos3 el Jue Feb 23, 2012 5:28 pm

    LA POLITICA DE FRENTE UNICO
    En lo que respecta a la política concreta de desarrollo del Frente Unico
    revolucionario —uno de los instrumentos básicos para realizar con éxito la
    revolución Democrático-Popular— Mao Tse-tung entregó también inestimables
    aportes que han enriquecido el marxismo-leninismo. Es verdad que la
    Internacional Comunista planteó al Partido Comunista de China la necesidad de
    construir el frente único contra el imperialismo y las fuerzas feudales, así como
    contra los sectores más reaccionarios de la burguesía. No obstante, como lo
    mostrábamos en el párrafo anterior, la Internacional no precisó —con la claridad
    y justeza con que lo hizo Mao— las características de la política a seguir, por
    parte del proletariado y de su partido de vanguardia, en el frente único. Más aun,
    el propio Stalin —que realizó también algunos valiosos aportes a la revolución
    china con sus opiniones— formuló algunos planteamientos respecto a la
    estrategia a seguir con los sectores intermedios en la revolución, los cuales,
    aplicados en China —antes de que se impusiera allí el pensamiento de Mao Tsetung— condujeron a cometer graves errores. Nos referimos a aquel planteamiento
    de Stalin cuando sostuvo que, en los distintos períodos de la revolución, el golpe
    principal debe dirigirse a aislar a las fuerzas intermedias. El Presidente Mao, en
    cambio, formuló la correcta orientación de, apoyándose en las fuerzas
    progresistas, ganar a las fuerzas intermedias para el frente único revolucionario,
    aislando a las fuerzas recalcitrantes y más reaccionarias. Esta correcta política
    planteada por Mao Tse-tung, es de vital importancia en los países coloniales y
    semicoloniales, donde el proletariado es relativamente débil y los enemigos son
    extremadamente poderosos.
    Aparte de la orientación general recién mencionada, Mao Tse-tung trazó toda una
    serie de directivas y principios estratégicos. y tácticos precisos para la actuación
    del proletariado y de su partido en el frente único. Señaló, por ejemplo, el
    carácter dual: de unidad y lucha, de las relaciones entre el proletariado y los
    diversos sectores burgueses que participan en el frente único. Sin este concepto
    es imposible formular una política clara de la actuación del proletariado en el
    frente único, evitando tanto los errores de derecha como los de "izquierda"; es
    imposible concertar una alianza útil a la revolución con sectores sociales que
    tienen fuertes antagonismos con el proletariado y, a la vez, mantener la
    irrenunciable independencia del movimiento proletario, de la que hablaba Lenin.
    Las formulaciones de Mao respecto al frente único contienen, además, riquísimas
    directivas concretas acerca de cómo el proletariado debe tratar específicamente a
    los diversos sectores no proletarios, del frente único o que están fuera de él,
    discriminando cuidadosamente las diferencias que existen entre ellos. Incluso
    analiza cómo tratarlos en las diversas fases del desarrollo revolucionario según
    su comportamiento concreto. Realiza, además, una clara diferenciación entre las
    fuerzas que constituyen la base del frente único: el proletariado y el
    campesinado, respecto de las otras fuerzas que lo integran y muestra cómo es la
    alianza obrero-campesina, la que condiciona la posibilidad de dirigir a los otros
    sectores del frente único.
    Lo anterior está íntimamente relacionado con otro principio que Mao Tse-tung
    pone de relieve respecto al frente único: la base de la unidad del frente único es
    la lucha y no las concesiones. Esta formulación marca una clara diferencia de los
    frentes únicos fraguados por los oportunistas —basados principalmente en
    concesiones a la burguesía y en renunciar a la dirección proletaria— de los
    frentes únicos marxistas-leninistas. Precisamente la unidad sobre la base de la 17
    lucha, particularmente de la lucha de obreros y campesinos, y la firme dirección
    proletaria, es lo que hace posible el carácter ininterrumpido de la revolución por
    etapas, es decir, el paso de la revolución democrático-popular a la revolución
    socialista.
    Todos los conceptos básicos y de principio formulados por Mao Tse-tung para la
    construcción del frente único revolucionario, tienen plena validez para los países
    sojuzgados por el imperialismo y oprimidos por fuerzas semifeudales y
    monopolistas internas. Existe, por otra parte, una completa y estrecha relación
    entre las concepciones de Mao acerca del frente único y la concreción que él
    plantea de la primera etapa revolucionaria en un Estado de nueva democracia o
    democracia-popular.
    Nos encontramos, por lo tanto, en relación con las ideas de Mao Tse-tung sobre
    el frente único —ideas plenamente confirmadas por la práctica y no sólo de la
    Revolución china— con un aporte de validez universal para la inmensa mayoría
    de la Humanidad, que vive en Asia, África y América latina en naciones
    oprimidas por el imperialismo y atrasadas en su desarrollo económico.
    LA LUCHA ARMADA POR EL PODER
    Mao Tse-tung no sólo rechaza con sus concepciones las tesis revisionistas de un
    camino pacífico al Poder, sino que formuló una estrategia y una táctica
    totalmente originales y adecuadas a las características esenciales de los países
    coloniales, semicoloniales y dependientes, para el derrocamiento armado de las
    fuerzas más reaccionarias: la guerra popular. En la generalidad de los países de
    Asia, África y América latina, el proletariado es débil debido al bajo desarrollo
    capitalista y, por lo general, el campesinado es más numeroso que la clase
    obrera. Salvo algunas excepciones, en la mayor parte de estos países predomina
    la población rural por sobre la población urbana. En general, en ellos los
    sectores más reaccionarios del enemigo se encuentran sólidamente fortificados y
    defendidos por sus fuerzas represivas en las grandes ciudades. Estos enemigos
    fundamentales del proletariado son, además, extremadamente poderosos ya que
    a los terratenientes y a la burguesía monopolista o proimperialista, dispuestos a
    defender a sangre y fuego sus privilegios, se suma el imperialismo que también
    defiende en última instancia sus inversiones por medio de la intervención
    armada.
    (Pág. 25)
    En los países coloniales y dependientes —por lo mismo— es muy difícil
    conquistar el poder por medio de una rápida ofensiva insurreccional, como en
    Rusia, y si es que se logra conquistarlo así es muy difícil mantenerlo. La
    debilidad del proletariado, la intervención del imperialismo, la baja población de
    las ciudades, el atraso de los sectores no proletarios y muchos otros factores,
    obligan a buscar otro camino para expulsar al imperialismo y derrocar a los
    sectores terratenientes y monopolistas de la burguesía.
    Pues bien, Mao Tse-tung es quien da respuesta, para los países dominados por el
    imperialismo y atrasados, a este problema no resuelto hasta entonces por el
    marxismo-leninismo. La guerra popular soluciona el problema de cómo avanzar
    en el desarrollo de una lucha armada por el Poder, siendo —en el sentido
    estratégico— inicialmente más poderosas las fuerzas reaccionarias. Nos enseña a
    combatir cuando nos conviene y a retirarnos si una batalla nos será
    desfavorable. Nos enseña, estando en inferioridad estratégica respecto al 18
    enemigo, a conseguir superioridad táctica sobre él en cada batalla o, en caso
    contrario, a eludir un enfrenta-miento decisivo.
    Mao Tse-tung nos enseña que la guerra popular es la guerra de las masas y que
    no puede tener éxito sino movilizando al pueblo para que, de una u otra manera,
    participe en ella. Nos enseña, en función de lo anterior, que en la guerra popular
    es preciso poner la política al mando y que el Partido gobierne el fusil; a confiar
    más en el hombre que en los armamentos o en la técnica militar o a resolver
    todos los problemas de la guerra basándonos fundamentalmente en los propios
    esfuerzos del pueblo. Una guerra de esta especie no pueden practicarla los
    reaccionarios —aquellos que oprimen al pueblo— por mucho que hayan
    estudiado sus principios.
    Mao Tse-tung, en las difíciles condiciones de los países atrasados, nos enseña a
    des-preciar estratégicamente al enemigo inicialmente más poderoso,
    desencadenando la guerra contra él, y tomándolo muy en serio en el sentido
    táctico, para no ser prematuramente aniquilados. Nos muestra que una guerra
    de esta especie será necesariamente una guerra de carácter prolongado en su
    desarrollo y que dicho desarrollo intensificará las contradicciones en el seno del
    enemigo y acrecentará las ventajas de las fuerzas revolucionarias. Mientras el
    adversario irá sufriendo el aniquilamiento progresivo de sus fuerzas armadas,
    más y más sectores del pueblo se sumarán a las fuerzas armadas populares o a
    tareas de apoyo a ellas. Mientras el enemigo reaccionario se descompone política
    y moralmente y pierde su base de sustentación inicial, las fuerzas
    revolucionarias van ganando cada día más apoyo y prestigio. Mientras el enemigo
    se desconcierta con sus fracasos, se desorganiza y pierde armamentos, el ejército
    popular eleva constantemente su experiencia de combate, robustece su moral y
    se arma a costa del enemigo.
    La guerra popular nos enseña a dar principalmente batallas de aniquilamiento
    contra el enemigo y no de simple desgaste o contención; a buscar este
    aniquilamiento del adversario, por encima del intento de controlar determinados
    territorios; a aniquilar al enemigo en aquellos puntos en que es más débil y
    cuando se encuentra dividido; a comenzar por golpearlo en el campo y en las
    ciudades pequeñas y medias, para más adelante —cuando seamos
    estratégicamente más fuertes— derrotarlo allí donde es más poderoso: en las
    grandes ciudades. Nos enseña a hacernos fuertes en aquellos lugares que
    podamos defender con el apoyo de las masas, creando bases de apoyo que sirvan
    de sustento, aunque sea temporal, al Poder y al ejército popular.
    La concepción general o estratégica de la guerra popular —de la cual hemos
    enumerado algunas características- está acompañada de numerosas
    indicaciones tácticas hechas por Mao, la mayor parte de las cuales poseen
    también un valor universal para la guerra revolucionaria de los pueblos
    sometidos al imperialismo y aun para la lucha revolucionaria en los países
    avanzados.
    La concepción de la guerra popular, formulada por Mao Tse-tung y probada en
    las dos guerras civiles chinas y en la guerra antijaponesa de ese país, así como
    en Vietnam y muchos otros lugares, es una de las más geniales aplicaciones del
    materialismo dialéctico a la solución de un problema revolucionario. Sus
    conceptos enriquecen y modifican en muchos aspectos incluso el arte
    insurreccional ya probado en los países capitalistas más desarrollados. 19
    La formulación de la teoría de la guerra popular, así como sus otros aportes al
    marxismo-leninismo, pudo llevarlos a cabo Mao Tse-tung por el carácter
    profundamente
    (Pág. 26)
    antidogmático de su pensamiento. Pudo hacerlo porque se propuso dominar no
    sólo las leyes de la guerra en general o tan sólo las leyes de la guerra
    revolucionaria, sino que profundizar en las leyes de la guerra revolucionaria en
    China. Al aplicar el marxismo-leninismo en forma concreta a su país y romper
    con la tendencia dogmática a copiar mecánicamente la experiencia revolucionaria
    de otros países, pudo Mao Tse-tung realizar un aporte verdaderamente creador al
    marxismo-leninismo.
    Junto con las diferencias que tiene China respecto a otros países coloniales,
    semicoloniales o dependientes, dicho país posee básicamente rasgos comunes
    con ellos. Por lo mismo, Mao Tse-tung formuló teorías que en sus aspectos
    esenciales son plenamente aplicables a los países subyugados por el
    imperialismo y atrasados en su economía. Al aplicar las leyes de la guerra
    popular, que son válidas para países como los de América latina, Asia y África,
    debemos hacerlo impregnados del profundo espíritu antidogmático que hizo
    posible los aportes de Mao Tse-tung al marxismo. Debemos hacerlo respetando
    los principios del marxismo-leninismo-maoísmo que son comunes a las
    condiciones objetivas de China y de nuestros países, pero teniendo siempre
    presente las condiciones concretas y específicas de cada país.
    LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL
    Después de la Segunda Guerra Mundial se produjo un profundo cambio en la
    importancia relativa de las contradicciones fundamentales del mundo
    contemporáneo. En la época de Lenin, y hasta la pasada guerra mundial,
    continuó siendo la contradicción principal y más aguda la existente entre el
    proletariado de ciertos países capitalistas desarrollados y sus burguesías; así
    como la contradicción entre ciertas potencias imperialistas empeñadas en
    destruir a la URSS, y esta nación, que se había transformado en el baluarte del
    proletariado internacional. En esos momentos en que se consolidaba con grandes
    dificultades el Poder soviético, la defensa de la URSS constituía uno de los
    deberes más actuales y fundamentales de los movimientos proletario y colonial.
    "La situación política mundial —escribe Lenin en 1920— ha planteado ahora en
    el orden del día la cuestión de la dictadura del proletariado, y todos los
    acontecimientos de la política mundial convergen de un modo inevitable en un
    punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial contra la República
    Soviética de Rusia, la cual agrupa necesariamente en torno suyo, de una parte,
    los movimientos soviéticos de los obreros de vanguardia de todos los países y, de
    otra parte todos los movimientos de liberación nacional de las colonias y de los
    pueblos oprimidos, que se convencen por amarga experiencia de que no existe
    para ellos otra salvación que el triunfo del Poder Soviético sobre el imperialismo
    mundial".
    Después de la Segunda Guerra Mundial —y en gran parte como consecuencia de
    ella— el imperialismo norteamericano se transformó en el centro de la reacción
    mundial, en la sede de los mayores monopolios capitalistas conocidos en la
    historia, en el mayor y más agresivo explotador de otros pueblos y en el más
    sanguinario, agresivo y cruel núcleo contrarrevolucionario que haya existido
    nunca. 20
    El capitalismo monopolista yanqui ha logrado controlar con fuertes inversiones o
    influir de un modo bastante decisivo, en los propios monopolios capitalistas de
    las otras naciones imperialistas. Por este camino explota, también, a través de
    esos monopolios, a la casi totalidad del mundo colonial, semi-colonial o
    dependiente. El imperialismo norteamericano concentra en sus manos y maneja
    a diversos imperialismos, siendo así, hoy por hoy, el enemigo número uno y
    común de todos los pueblos del mundo. Este factor de unificación de la lucha, de
    todos los pueblos del mundo contra su principal y común enemigo: el
    imperialismo norteamericano, ha prestado un inmenso vigor en especial a la
    lucha de los países coloniales y oprimidos, que sufren la más feroz explotación
    foránea e interna.
    Por otra parte, los pueblos de Asia, África y América latina, reciben sobre sus
    espaldas el peso principal de las contradicciones y crisis que azotan al
    capitalismo monopolista en su agonía. Soportan las consecuencias de la violenta
    pugna del imperialismo yanqui con las otras naciones imperialistas —incluyendo
    entre ellas al social-imperialismo soviético— por los mercados de inversión, por
    las materias primas y mercados de venta. Esta competencia y la resistencia de
    los pueblos a ser explotados, exige gigantescos gastos en armas, propaganda,
    fuerzas militares y policiales, sobornos, etc., gastos que recaen principalmente
    sobre los pueblos de los tres continentes mencionados. Los países imperialistas,
    además, y muy especialmente Estados Unidos, deben emplear una parte de sus
    utilidades para comprar a los líderes oportunistas y a ciertas capas privilegiadas
    del proletariado en sus naciones y aun en el propio mundo colonial y
    dependiente, para que frenen la lucha revolucionaria. Estos gastos recaen
    también, en última instancia, sobre los pueblos de Asia, África y América latina
    oprimidos todavía por el imperialismo. En resumen, la propia política de
    explotación directa de nuestros trabajadores, que se ejerce en las empresas
    controladas por el imperialismo, requiere fabulosas sumas adicionales, que se
    multiplican día a día en la medida en que el sistema imperialista se descompone,
    y que representan una bestial superexplotación de nuestros pueblos. Esta
    despiadada superexplotación y la feroz represión que la hace posible, no podía
    menos que despertar una poderosa lucha de los países sojuzgados por el
    imperialismo en contra de éste.
    Los factores señalados —entre otros— han determinado que en la época actual
    se haya trasladado el centro de la lucha revolucionaria mundial, del proletariado
    de los países capitalistas más desarrollados a los países de Asia, África y América
    latina. En su obra "Viva el Triunfo de la Guerra Popular", Lin Piao ha señalado
    con razón al respecto: "Las crecientes tempestades revolucionarias que se han
    desatado en estas regiones en la post-guerra, se han convertido en la fuerza más
    importante que golpea hoy directamente al imperialismo norteamericano. La
    contradicción entre los pueblos revolucionarios de Asia, África y América latina y
    el imperia-
    (Pág. 27)
    lismo encabezado por los Estados Unidos, es la contradicción principal del
    mundo contemporáneo".
    Es verdad que los sectores mas explotados del proletariado de los países
    capitalistas avanzados combaten heroicamente contra su burguesía y contra la
    creciente dominación del imperialismo yanqui sobre sus naciones. Sin embargo,
    en dichas naciones la burguesía puede todavía —a costa de un siglo de
    explotación colonial— sobornar dirigentes y mantener ciertas capas privilegiadas 21
    del proletariado que se resten a la lucha y aun que se opongan a ella. A estas
    formas de corrupción directa empleadas por la burguesía se suma la monstruosa
    traición del revisionismo contemporáneo encabezado por los dirigentes de la
    URSS y la desmoralización que provocan al hacer abandono de todas las
    conquistas básicas que realizara el proletariado en las naciones dominadas por
    ellos y que integran el Pacto de Varsovia. Estos renegados —como nueva
    burguesía y operando desde el Poder— financian e inspiran a partidos obreros
    burgueses existentes en prácticamente todos los países capitalistas del mundo.
    Si bien el revisionismo contemporáneo, que frena la lucha, opera también en el
    mundo colonial y dependiente, la intensidad de la explotación que pesa sobre
    estos países y su atraso económico, no permite que los oportunistas tengan en
    ellos una base social amplia y relativamente estable y que engañen en forma
    prolongada al pueblo.
    Por otra parte, la amenaza externa que existía antes de la Segunda Guerra
    Mundial por parte de las potencias imperialistas contra la URSS, para restaurar
    allí el capitalismo, ha variado profundamente de naturaleza. Ahora, tal regresión
    la están llevando a cabo los propios dirigentes soviéticos y de un modo pacífico.
    La aguda contradicción que existía en los tiempos de Lenin, entre la URSS y el
    imperialismo, actualmente —debido a la traición revisionista— se ha tornado en
    colaboración y complicidad. En consonancia con esto —como veremos más
    adelante— ha debido cambiar también la estrategia y táctica de los marxistaleninistas en la lucha por el socialismo en la URSS y en otras naciones
    seudosocialistas.
    A los factores de superexplotación ya mencionados sobre los países coloniales y
    oprimidos, que hacen de la contradicción entre ellos y el imperialismo la
    principal contradicción de nuestra época, se suma —acrecentando este
    antagonismo— el desarrollo del capitalismo y con él del proletariado, que ha
    promovido el imperialismo al acrecentar aun más sus inversiones después de la
    Segunda Guerra Mundial en los países que explota y oprime. Es preciso tomar en
    cuenta que en el grado actual de desarrollo alcanzado por el imperialismo, éste
    no invierte ya tan sólo en materias primas sino que está montando —en los
    países coloniales, semicoloniales y dependientes— complejas empresas
    industriales para liberarse de los impuestos de la metrópoli, obtener mano de
    obra barata y acercarse a las fuentes de materias primas. El imperialismo
    yanqui, además se encuentra embarcado en una intensa campaña para
    apoderarse, sobre la base de capitales mixtos, de las empresas estatales y
    particulares más rentables de los países capitalistas y atrasados. Todo esto no ha
    podido menos que desarrollar el capitalismo y al proletariado en las naciones y
    países subyugados por el imperialismo. Desde el triunfo de la grandiosa
    Revolución china, el proletariado cada vez más fuerte de estos países no tiene por
    meta tan sólo encabezar la lucha por la liberación nacional y contra los
    terratenientes y las burguesías monopolistas, sino el desgajarse del sistema
    capitalista para conquistar el socialismo. Existen, por consiguiente, fuerzas
    proletarias cada vez más sólidas en Asia, África y América latina, que están
    tomando en sus manos la contradicción principal de nuestra época, aquella que
    sepultará definitivamente el sistema de explotación del hombre por el hombre.
    El propio Lenin, con genial intuición, alcanzó a prever en su época la importancia
    decisiva que jugaría más adelante la lucha de los pueblos y naciones oprimidos.
    En el III Congreso de la Internacional Comunista celebrado en 1921, expresa: "Y
    es claro a todas luces que, en las futuras batallas decisivas de la revolución
    mundial, el movimiento de la mayoría de la población del globo terráqueo, 22
    encaminado al principio hacia la liberación nacional, se volverá contra el
    capitalismo y el imperialismo y desempeñará tal vez un papel revolucionario
    mucho más importante de lo que esperamos". Y en otro artículo dirigido a "La
    Asociación Revolucionaria de la India", dice: "Únicamente cuando los obreros y
    los campesinos hindúes, chinos, coreanos, japoneses, persas y turcos se tiendan
    la mano unos a otros y marchen juntos en la lucha común de liberación,
    únicamente entonces quedará asegurada la victoria decisiva sobre los
    explotadores". Y en 1923, Lenin afirma: "Algunas gentes, no atentas a las
    condiciones de preparación y desarrollo de la lucha de masas, habían caído en la
    desesperación y el anarquismo, influidas por el largo aplazamiento de la lucha
    decisiva contra el capitalismo en Europa. Hoy vemos todo lo miope y pusilánime
    que es la desesperación anarquista. No desesperación, sino ánimo debe inspirar
    el hecho de que ochocientos millones de hombres de Asia se hayan incorporado a
    la lucha por los mismos ideales europeos".
    Son precisamente los geniales conceptos de Mao Tse-tung acerca del frente
    único, de la guerra popular y otros, los que permiten actualmente encarar mejor
    en escala mundial al imperialismo para derrotarlo, desarrollando una estrategia
    global revolucionaria, que se apoye en la contradicción principal de nuestra
    época: la de los pueblos y naciones oprimidos contra el imperialismo. Como
    señala Lin Piao: "Mirado el mundo en su conjunto, la América del Norte y la
    Europa Occidental pueden ser llamados las 'ciudades del mundo' y Asia, África y
    América latina, sus 'zonas rurales'. Después de la Segunda Guerra Mundial, por
    diversos motivos el movimiento revolucionario proletario en los países
    capitalistas de la América del Norte y de la Europa Occidental, se ha visto
    retardado temporalmente, mientras el movimiento revolucionario popular en
    Asia, África y América latina se ha desarrollado con todo vigor. De modo, pues,
    que la revolución mundial de nuestros días también presenta, en cierto sentido,
    una situación en
    (Pág. 28)
    que las ciudades se ven rodeadas por el campo. La causa de la revolución
    mundial dependerá, en fin de cuentas, de la lucha revolucionaria de los pueblos
    de Asia, África y América latina, que representan la mayoría abrumadora de la
    población mundial".
    El pensamiento de Mao Tse-tung, por lo tanto, no sólo nos entrega una estrategia
    y una táctica probadas y correctas para desarrollar la lucha revolucionarla en el
    interior de cada uno de los países sometidos al imperialismo, sino que permite
    también formular una estrategia general revolucionaria para terminar con el
    imperialismo y la explotación sobre la faz de la tierra. Así como las teorías de
    Marx y Engels primero, y las de Lenin más tarde, dieron en su tiempo respuesta,
    desde el punto de vista de los intereses del proletariado, a las contradicciones
    principales de ese entonces, en nuestros días el pensamiento de Mao Tse-tung
    cumple este papel histórico.
    LA REVOLUCIÓN CULTURAL PROLETARIA
    En el mundo contemporáneo ha surgido un gravísimo problema en aquellos
    países donde el proletariado logró derrocar a la burguesía, abriendo de este modo
    paso a la construcción del socialismo. Este problema dice relación con las
    medidas que el proletariado debe tomar para continuar en el socialismo la lucha
    de clases contra la burguesía e impedir que se apodere del poder una nueva
    burguesía burocrática —que controle en su beneficio los medios socializados de 23
    producción— y que termine por restaurar el capitalismo y la propiedad privada
    sobre los medios de producción.
    Mao Tse-tung realizó también un genial aporte a la nueva etapa de desarrollo del
    marxismo-leninismo, resolviendo el problema de cómo conducir la lucha de
    clases en la sociedad socialista. Desde el triunfo mismo de la Revolución de
    Nueva Democracia en 1949, Mao Tse-tung ha encabezado y orientado la línea
    proletaria de construcción del socialismo, en permanente lucha contra la línea
    burguesa. Esta lucha ha culminado con la reciente Gran Revolución Cultural
    Proletaria —dirigida personalmente por Mao Tse-tung— en que las grandes
    masas populares encabezadas por el proletariado, han arrebatado aquella parte
    del poder usurpado por quienes pretendían restaurar el capitalismo en China.
    Mao Tse-tung demuestra cómo no es posible para establecer la influencia y lucha
    de las clases sociales, particularmente en el socialismo en que la burguesía ha
    sido ya derrotada en el terreno económico y en su dominio absoluto sobre el
    Poder, atenerse tan sólo a una definición de las clases según el papel que ocupen
    en la producción. "Al juzgar a las clases —señala— debemos considerar no sólo
    los aspectos económicos sino los aspectos políticos e Ideológicos". Si bien en el
    socialismo las clases explotadoras han sido —en lo fundamental— expropiadas y
    privadas del Poder, la lucha contra ellas en el terreno de la superestructura debe
    proseguir con gran vigor hasta su derrota completa.
    Ya en su obra "Sobre la Contradicción", escrita en 1937, Mao plantea que en
    determinadas condiciones la superestructura puede jugar el papel más
    importante y decisivo en el desarrollo de la revolución.
    "Es verdad —afirma allí— que las fuerzas productivas, la práctica y la base
    económica desempeñan por regla general el papel principal y decisivo; quien
    niegue esto no es materialista, pero hay que admitir también que, bajo ciertas
    condiciones, las relaciones de producción, la teoría y la superestructura
    desempeñan, a su vez, el papel principal y decisivo. Cuando el desarrollo de las
    fuerzas productivas se hace imposible sin un cambio de las relaciones de
    producción, este cambio desempeña el papel principal y decisivo... Cuando la
    superestructura (política, cultural, etc.) obstaculiza el desarrollo de la base
    económica, las transformaciones políticas y culturales pasan a ser lo principal y
    decisivo. ¿Estamos yendo en contra del materialismo al afirmar esto? No. La
    razón es que, junto con reconocer que, en el curso general del desarrollo
    histórico, lo material determina lo espiritual y el ser social determina la
    conciencia social, también reconocemos y debemos reconocer la reacción que a
    su vez ejerce lo espiritual sobre lo material, la conciencia social sobre el ser social
    y la superestructura sobre la base económica. No vamos así contra el
    materialismo sino que evitamos el materialismo mecanicista y defendemos
    firmemente el materialismo dialéctico".
    Pues bien, precisamente en el sistema socialista —según expresa Mao— "después
    de eliminados los enemigos con fusiles, quedarán los enemigos sin fusiles,
    quienes entablarán, inevitablemente, una lucha a muerte contra nosotros; jamás
    debemos subestimarlos". Esta lucha de clases en el socialismo contra la
    burguesía se libra especialmente en la superestructura. De otro modo los
    remanentes de las clases reaccionarias derrotadas y aquellos elementos
    revolucionarios que se corrompen, crearán una opinión pública favorable a sus
    intentos de restaurar el capitalismo y, por último, lograrán hacerlo de hecho.
    "Para derrocar el Poder político —expresa Mao— es siempre necesario, ante todo, 24
    crear opinión pública y trabajar en el terreno ideológico. Así proceden las clases
    revolucionarias, y también las clases contrarrevolucionarias".
    Existe toda una ideología con que las clases reaccionarias preparan en el
    socialismo la restauración del capitalismo: los incentivos materiales en la
    economía, el egoísmo, el individualismo, el burocratismo y la separación de las
    masas, el nacionalismo contrario al internacionalismo proletario, el tecnicismo
    apolítico, etc. Esta es, precisamente, la línea burguesa que —desorientando a las
    masas— ha hecho posible la usurpación del Poder en la URSS y otros países de
    Europa Oriental, por una nueva .burguesía burocrática que aprovecha en su
    beneficio las empresas estatales y que va entregando progresivamente nuevos
    medios de producción a manos privadas.
    Lenin alcanzó a percibir la importancia de proseguir la lucha contra la burguesía
    en el socialismo y advirtió en varias ocasiones contra la posibilidad de
    restauración del capitalismo en la URSS. Sin embargo, le tocó vivir sólo unos
    pocos años después del triunfo del socialismo en Rusia y durante un período de
    violento enfrentamiento económi-
    (Pág. 29)
    co y militar contra las potencias imperialistas, en que difícilmente existía en la
    URSS un terreno favorable a la restauración interna del capitalismo. Por ello,
    puso especial énfasis en la construcción acelerada de la economía socialista —en
    especial de la industria pesada— que haría posible la autonomía económica y la
    defensa militar de la URSS.
    Mao Tse-tung, esgrimiendo conceptos ideológicos, políticos y morales con que
    había inspirado al Partido y al Ejército Popular desde los tiempos de Yenan,
    desencadenó —a través de la Revolución Cultural Proletaria— el más gigantesco
    movimiento de masas conocido en la historia, para derrocar a los revisionistas
    que pretendían restaurar el capitalismo en China, encabezados por el traidor Liu
    Shao-chi.
    La Revolución Cultural Proletaria es el paso más formidable dado en un país
    socialista hacia la meta del comunismo, en que se extinguirá el Estado y las
    masas tomarán en sus manos plena y conscientemente los asuntos políticos,
    militares, culturales y de todo tipo.
    A través de la Revolución Cultural se ha fortalecido el temple de las nuevas
    generaciones chinas, dándole a la juventud un relevante papel en la propia
    Revolución Cultural e intensificando su conocimiento de las luchas y
    sufrimientos del pasado, que a ella no le tocó vivir, para que conozca el alto
    precio que el pueblo pagó por el socialismo y evitar de este modo el conformismo
    y aburguesamiento de la juventud que existe en los países seudosocialistas.
    A través de la Revolución Cultural, se ha motivado a las grandes masas a tomar
    en sus manos los asuntos del Estado, así como los problemas culturales,
    militares y de todo tipo de la construcción socialista. Se ha impulsado la
    formación de un hombre integral, que conozca por experiencia directa los
    problemas agrícolas, industriales, culturales y militares. Se ha promovido, al
    mismo tiempo, por primera vez en la historia, un estudio masivo y una aplicación
    masiva del marxismo-leninismo y de su tercera etapa: el pensamiento de Mao
    Tse-tung.
    A partir de la Revolución Cultural, se ha intensificado la lucha contra la
    burocratización y por la participación de todos los dirigentes de cualquier orden, 25
    en el trabajo productivo junto a las masas y en la necesidad de aceptar la critica
    permanente de las masas.
    La Revolución Cultural ha dado un paso gigantesco hacia la formación del futuro
    hombre de la sociedad comunista, llevando la revolución, la lucha de clases entre
    el proletariado y la burguesía "hasta el alma misma de la gente". Ha enseñado a
    cada hombre a transformarse a sí mismo en blanco de la revolución y a combatir
    en su propia conciencia las ideas, sentimientos y hábitos reaccionarios. Al
    combatir la ideología burguesa en China, la Revolución Cultural ha sacado a luz
    el riquísimo contenido de la moral revolucionarla, con que Mao Tse-tung educara
    desde hace decenios al Partido Comunista de China. Los conceptos de "servir al
    pueblo", de poner los intereses públicos por sobre los privados, de ser modestos y
    con espíritu autocrítico, de ser resueltos y no temer a los sacrificios para
    conquistar la victoria, y tantos otros, no sólo tienen ya importancia para el
    pueblo chino sino para todos los revolucionarios del mundo.
    Tenemos, pues, que Mao Tse-tung respecto a este nuevo problema trascendental
    de nuestra época, el de cómo hacer la revolución dentro de la propia sociedad
    socialista para impedir allí que las antiguas clases reaccionarias y los
    revisionistas contemporáneos restauren el capitalismo, y avanzar resueltamente
    hacia el comunismo ha dado, en la teoría y en la práctica, una respuesta
    correcta, desarrollando el marxismo-leninismo a un nuevo nivel. La firme lucha
    que el Partido Comunista de China encabezado por Mao —siguiendo la tradición
    leninista— ha dado contra el revisionismo contemporáneo, se eleva a un nuevo
    plano más avanzado al mostrar —a través de la Revolución Cultural— como se
    resuelve este problema de la lucha de clases en el socialismo que,
    lamentablemente, ha sumado a las fuerzas de la burguesía a una serie de
    Estados donde el proletariado había conquistado el Poder.
    Si consideramos —como es correcto hacerlo— la lucha del mundo colonial, semicolonial y dependiente de nuestra época por su liberación y por el socialismo,
    como la contradicción principal que se opone a la burguesía imperialista
    contemporánea; si consideramos la lucha contra la corrupción y restauración
    capitalista surgida en el propio mundo socialista, y contra el revisionismo
    contemporáneo como problemas vitales de nuestra época, encontraremos en el
    pensamiento de Mao Tse-tung —etapa nueva del marxismo-leninismo— la
    solución correcta a estos problemas

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    Re: Explicación del maoísmo

    Mensaje por Guardian Rojo el Vie Feb 24, 2012 5:53 am

    Para no abrir otro hilo, tambien quisiera saber si hay algun libro BUENO de maoismo en sí, la verdad lo unico que ecuentro son los textos de Mao, unos pequeños del Gonzalo (peru), y uno de jaime Rengel, "El msrximo-leninismo-maoismo". Quiza ustedes conozcan uno que aborde bien el tema.
    Pense que habría uno como lo hay del marxismo (Lenin, "Carlos Marx") o como lo hay del leninismo (Stalin, "fundamentos del leninismo")

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    Re: Explicación del maoísmo

    Mensaje por carlos3 el Vie Feb 24, 2012 3:30 pm

    bueno primero seria importante leer principios del leninismo para poder entender el caracter de "ismo" y despues leer muchos documentos que hay,, de todas forma te advierto que en el maoismos hay lineas , distintas valoraciones, por lo tanto.. por eso es conveniente leer la distintas lineas y diferencias

    documentos los puedes encontrar en muchos lados,, pero en definitiva libros que aborden como tema el maoismo no existen, lo mas parecido sería el pensamiento gonzalo , que en realidad es la llamada entrevista del siglo, eso lo puedes encontrar en internet, pero documentos hay varios,

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    Re: Explicación del maoísmo

    Mensaje por SS-18 el Vie Feb 24, 2012 6:03 pm



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