Hola camaradas, estoy realizando un trabajo para clase sobre el maoísmo, pero el problema está en que todas las fuentes que puedo encontrar (Wikipedia, páginas al azar de Google...) Me dan la información desde el punto de vista "yanki", y no me parece para nada veraz, así que me gustaría que ustedes me dieseis datos, y las bases principales del maoísmo, para contrastarlo todo y realizar un trabajo decente, gracias
Explicación del maoísmo

Elmenda- Comunista

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- Mensaje n°1
Explicación del maoísmo

osip1984- Revolucionario/a

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Re: Explicación del maoísmo
Hola camarada, aquí te dejo algunos datos sobre el período maoísta, en el que China dejó de ser un país feudal:
- De 1949 a 1975 la esperanza de vida se duplicó: de 32 a 65 años.
- ¡A comienzos de los años 1970, Shanghai tenía una tasa de mortalidad infantil menor que Nueva York!
- En una generación, la tasa de alfabetización subió de 15% en 1949 a 80-90% a mediados de los años 1970
- La Ley de Matrimonio de 1950 de la China revolucionaria estipuló el matrimonio por consentimiento mutuo y el derecho al divorcio, y prohibió la compraventa de niños y el infanticidio.
- Con Mao la economía industrial china tuvo un crecimiento muy importante, un promedio de 10% al año.
- La producción agrícola creció a un ritmo de 3% al año, un poco mayor que el crecimiento de la población. En 1970 ya se había resuelto el problema de alimentar a toda la población.
- Estableció un sistema universal de servicios médicos gratuitos o de bajo costo guiado por los principios de cooperación e igualitarismo (Que después se cargó el "bueno" de Xiaoping)
Cuantos muertos de hambre ha provocado el capitalismo?
REFERENCIAS
(1)Penny Kane, The Second Billion (Nueva York: Penguin, 1987); Ruth y Victor Sidel, Serve the People: Observations on Medicine in the People's Republic of China (Nueva York: Josiah Macy Jr. Foundation, 1973).
(2)Ruth Gamberg, Red and Expert (Nueva York: Schoken, 1977).
(3)William Hinton, "The Importance of Land Reform in the Reconstruction of China", Monthly Review, julio-agosto 1998.
(4)C. Broyelle, Women's Liberation in China (Sussex: Harvester Press, 1977) y Elisabeth Croll, Feminism and Socialism in China (Nueva York: Schoken, 1980).
(5)S. Ishikawa, "China's Economic Growth Since 1949", China Quarterly, junio 1983; Raymond Lotta, "The Theory and Practice of Maoist Planning", en Maoist Economics and the Revolutionary Road to Communism (Nueva York: Banner, 1994); Carl Riskin, "Judging Economic Development: The Case of China", Economic and Political Weekly,8 octubre 1977.
(6)Harry Harding, China's Second Revolution: Reform After Mao (Washington, D.C.: Brookings, 1987), p. 30; ver los ensayos en Robert F. Dernberger, comp., China's Development Experience in Comparative Perspective (Cambridge: Harvard University Press, 1980); Jan Prybyla, The Chinese Economy (Columbia: University of South Carolina Press, 1978); y Mobo C.F. Gao, Gao Village: Rural Life in Modern China (Honolulu: University of Hawaii Press, 1999).
(7)Teh-wei Hu, "Health Care Services in China's Economic Development", en Robert F. Dernberger, comp., China's Development Experience.
- De 1949 a 1975 la esperanza de vida se duplicó: de 32 a 65 años.
- ¡A comienzos de los años 1970, Shanghai tenía una tasa de mortalidad infantil menor que Nueva York!
- En una generación, la tasa de alfabetización subió de 15% en 1949 a 80-90% a mediados de los años 1970
- La Ley de Matrimonio de 1950 de la China revolucionaria estipuló el matrimonio por consentimiento mutuo y el derecho al divorcio, y prohibió la compraventa de niños y el infanticidio.
- Con Mao la economía industrial china tuvo un crecimiento muy importante, un promedio de 10% al año.
- La producción agrícola creció a un ritmo de 3% al año, un poco mayor que el crecimiento de la población. En 1970 ya se había resuelto el problema de alimentar a toda la población.
- Estableció un sistema universal de servicios médicos gratuitos o de bajo costo guiado por los principios de cooperación e igualitarismo (Que después se cargó el "bueno" de Xiaoping)
Cuantos muertos de hambre ha provocado el capitalismo?
REFERENCIAS
(1)Penny Kane, The Second Billion (Nueva York: Penguin, 1987); Ruth y Victor Sidel, Serve the People: Observations on Medicine in the People's Republic of China (Nueva York: Josiah Macy Jr. Foundation, 1973).
(2)Ruth Gamberg, Red and Expert (Nueva York: Schoken, 1977).
(3)William Hinton, "The Importance of Land Reform in the Reconstruction of China", Monthly Review, julio-agosto 1998.
(4)C. Broyelle, Women's Liberation in China (Sussex: Harvester Press, 1977) y Elisabeth Croll, Feminism and Socialism in China (Nueva York: Schoken, 1980).
(5)S. Ishikawa, "China's Economic Growth Since 1949", China Quarterly, junio 1983; Raymond Lotta, "The Theory and Practice of Maoist Planning", en Maoist Economics and the Revolutionary Road to Communism (Nueva York: Banner, 1994); Carl Riskin, "Judging Economic Development: The Case of China", Economic and Political Weekly,8 octubre 1977.
(6)Harry Harding, China's Second Revolution: Reform After Mao (Washington, D.C.: Brookings, 1987), p. 30; ver los ensayos en Robert F. Dernberger, comp., China's Development Experience in Comparative Perspective (Cambridge: Harvard University Press, 1980); Jan Prybyla, The Chinese Economy (Columbia: University of South Carolina Press, 1978); y Mobo C.F. Gao, Gao Village: Rural Life in Modern China (Honolulu: University of Hawaii Press, 1999).
(7)Teh-wei Hu, "Health Care Services in China's Economic Development", en Robert F. Dernberger, comp., China's Development Experience.

cpablo- Miembro del Soviet

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- Mensaje n°3
Re: Explicación del maoísmo
http://www.forocomunista.com/t12252-maoismo-la-etapa-superior-del-marxismo?highlight=maoismo
http://www.forocomunista.com/t8709-teoria-de-los-tres-mundosmaoismo?highlight=maoismo
http://www.forocomunista.com/t8138-el-maoismo-origenes-y-perspectivas?highlight=maoismo
http://www.forocomunista.com/t207-maoismo-cual-fue-su-mejor-obra?highlight=maoismo
http://www.forocomunista.com/t26-que-es-el-maoismo?highlight=maoismo
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carlos3- Colaborador estrella

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- Mensaje n°4
Re: Explicación del maoísmo
mejor anda la fuentes directas

carlos3- Colaborador estrella

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- Mensaje n°5
Re: Explicación del maoísmo
voy a tratar d epegar algo aca
EL PENSAMIENTO DE MAO TSE-TUNG: TERCERA ETAPA DEL MARXISMOLENINISMO (*)
Galvarino Guerra. Abril 1970
N. de la R.— Creemos que al celebrar el centenario del
nacimiento de Lenin, es imprescindible dejar establecido
que así como el leninismo es un desarrollo del marxismo
para una etapa de la historia de los pueblos, el
maoísmo, en nuestra época, es también el desarrollo del
marxismo-leninismo para la historia actual de los
pueblos del mundo. El siguiente artículo es un análisis
de este desarrollo contemporáneo que, esperamos, sea
de utilidad para las tareas revolucionarias del presente
del pueblo chileno.
El pensamiento de Mao Tse-tung constituye una tercera etapa en el desarrollo
del marxismo-leninismo. Esta definición es de la mayor importancia
revolucionaria en el presente.
Así como la aceptación del leninismo, como segunda etapa del marxismo en la
época monopolista del capitalismo, sirvió de piedra de toque para diferenciar a
los revolucionarios auténticos, de los oportunistas y revisionistas de la segunda
década del siglo XX, hoy por hoy la comprensión de que es el Maoísmo el que da
respuesta a los principales problemas revolucionarios contemporáneos que
enfrenta el proletariado, será decisiva. La aceptación y comprensión de este
hecho y la aplicación de las enseñanzas de principio contenidas en el
pensamiento de Mao Tse-tung a la práctica revolucionaria, permitirá también en
la actualidad diferenciar a los verdaderos revolucionarios proletarios, de los
oportunistas de "izquierda" y de los revisionistas contemporáneos.
Al plantear la afirmación que constituye el tema de este artículo, no nos estamos
refiriendo a un problema que ya nadie discute, es decir, al hecho de que Mao
Tse-tung realizó una genial y creadora aplicación del marxismo-leninismo a las
condiciones concretas en que se desenvolvió la Revolución China, o al hecho
también reconocido de que Mao desarrolló en forma más profunda algunos
conceptos ya planteados por Marx, Engels o Lenin, enriqueciéndolos, además,
con nuevas ideas. Estamos afirmando que el pensamiento de Mao Tse-tung
inaugura una nueva etapa en el desarrollo del socialismo científico.
El concepto de etapas en el desarrollo del marxismo no puede ser un concepto
arbitrario, que tienda a confundir cualquier aporte a él, por correcto que sea, con
una etapa superior en su desarrollo. Sólo pueden considerarse como una etapa
nueva en el desarrollo del marxismo aquellas concepciones que dan una 2
respuesta correcta a cambios fundamentales acontecidos en la lucha de clases
del proletariado contra la burguesía; a teorías que responden a modificaciones de
importancia ocurridas en la forma como se manifiesta la contradicción básica de
la sociedad capitalista, la contradicción entre la burguesía y el proletariado.
La idea de etapas en el desarrollo del marxismo es una idea inseparable de la
naturaleza materialista y dialéctica del socialismo científico. El carácter
materialista y dialéctico con que el marxismo concibe la realidad, lo obliga a
aplicar de un modo diferente ciertos conceptos básicos y a formular nuevos
conceptos, cuando así lo exigen cambios esenciales en la lucha de clases del
proletariado contra la burguesía. Esta necesaria profundización y ampliación del
marxismo en consonancia con los cambios objetivos importantes, no debe
confundirse con la falsificación del marxismo que realizan los revisionistas. Estos
oportunistas abandonan principios básicos del marxismo y los tergiversan —sin
ningún fundamento en la realidad— para cumplir su papel de sirvientes de la
burguesía, desorientando a las masas explotadas.
LA EPOCA DE MARX Y ENGELS
Marx y Engels crearon el socialismo cien-tífico en el período de culminación de
las revolucionas burguesas en los principales países de Europa. La obra teórica
de Marx y Engels, así como su labor práctica revolucionaria, que culminó con la
organización de la I Internacional Comunista, estuvo consagrada a defender los
intereses independientes del proletariado en dichas revoluciones burguesas y a
prepararlo para la futura revolución proletaria. En la época de Marx y Engels el
capitalismo, pese a sus contradicciones y a sus crisis, se encontraba todavía en
pleno auge. Este desarrollo premonopolista del capitalismo alcanzó su cumbre en
los marcos de la libre competencia, entre los años 1860 y 1870. Después de esa
época comienzan a consolidarse los trust y monopolios capitalistas en los
principales países de Europa y el capital financiero a derramarse —precedido por
los ejércitos colonialistas— sobre los países atrasados. Marx y Engels, que
murieron en 1883 y 1895 respectivamente, sólo alcanzaron a conocer el
comienzo de este proceso.
En las condiciones de desarrollo relativa-
(pág. 16)
mente independiente de unos países capitalistas respecto a otros; de libre
competencia; cuando aún el capitalismo más desarrollado no se había repartido
el mundo y no se había unificado como un sistema universal de explotación de
los países atrasados, la posibilidad da la revolución proletaria era prevista por
Marx y Engels, desde el punto de vista del desarrollo capitalista de tal o cual
país. Esta posibilidad, incluso, variaba de acuerdo a los altibajos del desarrollo
económico y político de las principales naciones capitalistas. En esas condiciones
históricas concretas Marx y Engels consideraban más probable —y era
enteramente legitimo considerarlo así— que la revolución proletaria se produciría
primero en países como Inglaterra, Alemania o Francia, que representaban la
cumbre del desarrollo capitalista.
En la década del 40, por ejemplo, Marx escribió en el Manifiesto Comunista: "Los
comunistas fijan su principal atención en Alemania, porque Alemania se halla en
vísperas de una revolución burguesa y porque llevará a cabo esta revolución bajo
condiciones más progresivas de la civilización europea en general, y con un 3
proletariado mucho más desarrollado que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de
Francia en el XVIII, y, por lo tanto, la revolución burguesa alemana no podrá ser
sino el preludio inmediato de una revolución proletaria".
En 1870 Marx, en una carta dirigida a Kugelman, señala la mayor madurez
económica de Inglaterra para la revolución y afirma: "Aunque sea probable que la
iniciativa revolucionaria parta de Francia, sólo Inglaterra puede servir de palanca
para una revolución económicamente seria. Es el único país donde no hay
mayoría de campesinos y donde la propiedad está concentrada en pocas manos.
Es el único país donde la forma capitalista, es decir el trabajo combinado en gran
escala bajo patrones capitalistas, se ha apoderado de casi toda la producción. Es
el único país donde la gran mayoría de la población consiste en obreros
asalariados, (subrayado por Marx). Es el único país donde la lucha de clases y la
organización de trades-union de la clase obrera ha adquirido un cierto grado de
madurez y universalidad, a causa de su dominación sobre el mercado mundial.
Es el único país donde cada revolución en la economía debe inmediatamente
repercutir sobre el mundo entero. Si el señorío de la tierra y el capitalismo tienen
su siglo clásico en ese país, por contrapartida las condiciones materiales de su
destrucción son allí mas maduras...".
Engels, por su parte, refiriéndose fundamentalmente al aspecto político de la
perspectiva revolucionaria, escribe en 1878 en su obra "Del Socialismo Utópico al
Socialismo Científico": "El triunfo de la clase obrera europea no depende
solamente de Inglaterra. Este triunfo solamente puede asegurarse mediante la
cooperación, por lo menos, de Inglaterra, Francia y Alemania. En estos dos
últimos países, el movimiento obrero le lleva un buen trecho de delantera al de
Inglaterra. En Alemania, se halla a una distancia Incluso ya mensurable del
triunfo. Los progresos obtenidos aquí desde hace veinticinco años, no tienen
precedente. El movimiento obrero alemán avanza con velocidad casi acelerada. Y
si la burguesía alemana ha dado pruebas de su carencia lamentable de
capacidad política, de disciplina, de bravura, de energía, la clase obrera de
Alemania ha demostrado que posee en grado abundante todas estas cualidades.
Hace ya casi cuatrocientos años que Alemania fue el primer punto de arranque
del primer gran alzamiento de la clase media de Europa; tal como están las
cosas, ¿es descabellado pensar que Alemania vaya a ser también el escenario del
primer gran triunfo del proletariado europeo?".
Los primeros y decisivos pasos en el desarrollo del socialismo científico, por lo
tanto fueron dados por Marx y Engels en condiciones en que el desarrollo
premonopolista del capitalismo hacía más probable el triunfo de la revolución
proletaria en aquellos países donde se realizaba o se había ya consumado la
revolución burguesa. En aquellas circunstancias, Marx y Engels tomaron en sus
manos la defensa de los intereses independientes del proletariado.
Ya en 1844, Marx invita a hacer "una crítica implacable de todo lo existente" y
señala el papel histórico del proletariado como futuro creador de una sociedad
sin clases. Justamente para contribuir a esta tarea histórica del proletariado
elaboran el socialismo científico en abierta lucha contra las concepciones
utópicas en torno al socialismo, que desorientaban al movimiento obrero.
Más adelante, Marx, como cumbre de una cantidad de escritos doctrinarlos y
polémicos destinados al proletariado, que elaborara en colaboración y
coordinación con Engels, realiza su obra cumbre: "El Capital", que constituye
una autopsia lapidaria del sistema capitalista. Marx y Engels no se contentan,
sin embargo, con su fecunda labor teórica. Fundan, al mismo tiempo, el primer 4
partido comunista de la historia: la Liga de los Comunistas. En el Programa de
dicha Liga, conocido como Manifiesto del Partido Comunista, hacen una síntesis
magistral de la teoría revolucionarla del proletariado.
Más adelante, en la década del 60, Marx y Engels, deciden agrupar
internacionalmente al proletariado de los países más avanzados para cooperar a
la revolución proletaria allí donde esté más madura y extenderla luego a otros
países. "El movimiento obrero de diversos países de Europa —expresó Engels—
había vuelto a fortificarse en tal medida que Marx podía pensar en poner en
práctica un deseo acariciado desde hacia largo tiempo: fundar una asociación
obrera que abarcase los países más adelantados de Europa y América, y que
había de personificar, por decirlo así, el carácter internacional del movimiento
socialista, tanto ante los propios obreros como ante los burgueses y los
gobiernos: ante el proletariado para alentarlo, y ante sus enemigos, para
infundirles miedo".
La I Internacional fundada en 1864, cumplió un importante papel de clarificación
de los obreros, gracias a la lucha sin cuartel que dieron en ella Marx y Engels
contra los anarquistas y oportunistas de derecha. Pese a que debió disolverse
más tarde debido a la feroz represión de la burguesía en su contra, antes de
desaparecer impulsó la crea-
(pág. 17)
ción de partidos proletarios en diversos países capitalistas, partidos que
constituirían la base de la creación de la II Internacional.
La labor de Marx y Engels se materializa durante una gloriosa y difícil etapa en la
lucha del proletariado por el socialismo. En esa época el proletariado comienza a
fundir su lucha espontánea de masas con el socialismo científico; comienza a
forjar sus primeras organizaciones independientes de combate; comienza a
luchar por sus propios intereses de clase, en una época de pleno auge de la
burguesía capitalista. El aporte de Marx y Engels en tales circunstancias es
gigantesco e inmortal, constituye el sólido cimiento de todos los desarrollos
posteriores de la ciencia revolucionaria del proletariado.
LA ETAPA LENINISTA DEL MARXISMO
La década del 70 del siglo pasado es considerada por Lenin como el comienzo de
una nueva época en el desarrollo del capitalismo. Se producen profundas
modificaciones respecto a las formas capitalistas, contemporáneas de Marx y
Engels, lo que obliga a desarrollar el marxismo para dar respuesta a las nuevas
condiciones existentes.
En primer lugar, en los países capitalistas más avanzados desaparece como
aspecto dominante de la economía, la libre competencia de la época
premonopolista. La producción se ha concentrado ya en grandes monopolios y
trust que controlan el mercado "Nos hallamos en presencia —escribe Lenin— no
ya de una lucha de competencia entre grandes o pequeñas empresas, entre
establecimientos técnicamente atrasados y .establecimientos de técnica
avanzada. Nos hallamos ante la estrangulación por los monopolistas, de todos
aquellos que no se someten al monopolio, a su yugo, a su arbitrariedad".
Por otra parte, el gigantesco desarrollo de los monopolios capitalistas determina
que se hagan insuficientes los mercados internos de cada país. La acumulación 5
de riquezas hace que adquiera un amplio predominio el capital financiero y éste
comienza a ser exportado a los países menos desarrollados para apoderarse allí
fundamentalmente de las materias primas necesarias a la industria monopolista.
"Lo que caracterizaba al viejo capitalismo —señala Lenin— en el cual dominaba
plenamente la libre concurrencia, era la exportación de mercancías. Lo que
caracteriza al capitalismo moderno, en que impera el monopolio, es la
exportación de capital".
La burguesía monopolista, a sangre y fuego, comienza a repartirse el mundo,
luchando como perros de presa entre sí por cada territorio colonial. La Primera
Guerra Mundial no es más que un feroz enfrentamiento de unas potencias
imperialistas contra otras por el control de las colonias.
En su obra "El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo", publicada en abril
de 1917, Lenin sostiene: "La política colonial de los países capitalistas ha
terminado ya la conquista de todas las tierras no ocupadas que había en
nuestro planeta. Por primera vez el mundo se encuentra ya repartido, de modo
que lo que en adelante puede efectuarse son únicamente nuevos repartos, es
decir, el paso de territorios de un 'amo' a otro, y no el paso de un territorio sin
amo a un 'dueño'".
Este reparto del mundo entre los sectores avanzados de la burguesía, no sólo es
expresión de la fase monopolista de la burguesía, sino que contribuye
decisivamente a acentuar dicha característica al poner en manos de los
monopolios importantes fuentes de materias primas y el control sobre nuevos
mercados de venta. "El paso del capitalismo —dice Lenin—, a la fase de
capitalismo monopolista, al capital financiero, se haya relacionado con la
exacerbación de la lucha por el reparto del mundo".
El paso del capitalismo de libre competencia a su fase monopolista agudiza en
grado extremo las contradicciones de este sistema y crea con ello condiciones
mucho más favorables que las existentes en la época de Marx y Engels, para el
triunfo de la revolución proletaria.
"Todo el mundo conoce —expresa Lenin-hasta qué punto el capital monopolista
ha agudizado todas las contradicciones del capitalismo. Basta indicar la carestía
de la vida y el yugo de los cartels... los monopolios, la oligarquía, la tendencia a
la dominación en vez de la tendencia a la libertad, la explotación de un número
cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones
riquísimas o muy fuertes; todo esto ha originado los rasgos distintivos del
imperialismo que obligan a caracterizarlo como capitalismo parasitario o en
descomposición".
(Pág. 18)
Es así como el capitalismo, transformado ya en un sistema mundial de
explotación financiera y de opresión colonial, viene a ser —en opinión de Lenin—
"la antesala de la revolución socialista".
Junto a lo anterior y precisamente debido a la feroz explotación y opresión del
mundo colonial por parte de las grandes potencias capitalistas, sufre un retardo
el comienzo de la revolución proletaria en dichas potencias, es decir,
precisamente allí donde era más probable que ella irrumpiera en la época de
Marx y Engels, en la época del capitalismo premonopolista. Este retardo
transitorio surge del hecho de que la burguesía de esas naciones imperialistas,
que había desatado ya como hemos dicho una feroz represión contra la I 6
Internacional, más adelante —para frenar la revolución— comparte con un sector
de la clase obrera de sus industrias monopolistas una parte de las riquezas
saqueadas del mundo colonial.
Crea de esta manera en las metrópolis una cierta "aristocracia" obrera y
corrompe a dirigentes del proletariado. Este fenómeno —muy agudo ya en los
tiempos de Lenin— habían comenzado a detectarlo el propio Marx y Engels,
respecto a Inglaterra, el primer país capitalista que comenzó a forjar un fuerte
imperio colonial.
En 1858, por ejemplo, Engels escribía a Marx lo siguiente: "El proletariado inglés
se va aburguesando de hecho cada día más; por lo que se ve, esta nación, la más
burguesa de todas, aspira a tener, en resumidas cuentas, al lado de la burguesía
una aristocracia burguesa y un proletariado burgués"... y concluye:
"naturalmente, por parte de una nación que explota al mundo entero, esto es
hasta cierto punto lógico".
Posteriormente, en el año 1882, Engels precisa aún más esta idea en una carta a
Kautsky: "Me pregunta usted lo que piensan los obreros ingleses acerca de la
política colonial. Lo mismo que piensan de la política en general. Aquí no hay un
partido obrero, no hay más que radicales conservadores y liberales, y los obreros
se aprovechan, junto con ellos, con la mayor tranquilidad, del monopolio colonial
de Inglaterra y de su monopolio en el mercado mundial". La corrupción que debe
combatir Lenin de la inmensa mayoría de los destacamentos obreros que
integraron la II Internacional, es una expresión concreta del hecho que
analizamos.
A Lenin, por consiguiente, le toca formular una línea revolucionaria marxista en
circunstancias en que estando madura la revolución proletaria ella se ha
retardado transitoriamente —debido a la traición oportunista- en las naciones
capitalistas más avanzadas y en que todavía ella no está plenamente madura en
los países coloniales y semicoloniales por su bajo desarrollo económico. Le toca
encarar la revolución proletaria en los momentos en que ya no tiene vigencia un
desarrollo capitalista relativamente independiente de unos países respecto a
otros, que hacía prever la revolución socialista en tal o cual nación capitalista de
las más avanzadas en función de sus condiciones económicas y políticas
específicas. Le toca actuar en los momentos en que "el mundo entero forma un
organismo económico único y todo él se halla repartido entre, un puñado de
grandes potencias", y en que, por lo mismo, el proletariado puede irrumpir
rompiendo esa cadena de dominación capitalista por el eslabón más adecuado y
débil.
Pese a las trabas que —en la época leninista— se han producido a un triunfo
proletario en los países imperialistas más poderosos, la contradicción principal
no se ha trasladado todavía —como ocurrirá más adelante— al enfrentamiento
entre el mundo colonial y semicolonial con el imperialismo. Dicha contradicción
principal sigue siendo, como lo expresa Stalin en "Fundamentos del Leninismo":
"la agudización de la crisis revolucionaria en los países capitalistas; y... el
acrecentamiento de los elementos de un estallido en el frente interior, en el frente
proletario de las metrópolis".
ESTRATEGIA Y TACTICA LENINISTAS
Lenin, por lo tanto, como líder del proletariado en la época del imperialismo y
continuador de Marx y Engels, encara dos problemas fundamentales: por una
parte, enfrentar la traición oportunista que frena la revolución en todos los 7
países capitalistas más avanzados y, por otra, hacer que el proletariado irrumpa
con su revolución en aquel de esos países donde sea más factible romper la
cadena de dominación imperialista.
Respecto a la lucha contra el oportunismo, Lenin, asumiendo su deber
revolucionario, cumple cabalmente su papel de combatirlo y romper toda unidad
con él. "La lucha contra el imperialismo —afirma— si no se halla ligada
indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa".
Lenin desarrolla este combate no sólo contra los oportunistas abiertos y
descarados, sino también contra los oportunistas encubiertos o revisionistas que
se ocultan tras el nombre da "marxistas", para deformar y tergiversar el
marxismo engañando a las masas.
"El oportunismo franco —expresa Lenin— está abierta y directamente contra la
revolución y los movimientos y explosiones revolucionarias incipientes, y se alía
de manera directa con los gobiernos, cualesquiera sean las formas de esa
alianza: desde la participación en un ministerio hasta la participación en los
comités de la industria bélica. Los oportunistas encubiertos, los kautskianos,
son mucho más perjudiciales y peligrosos para el movimiento obrero, porque
ocultan la defensa de su alianza con los primeros por medio de bonitas frases,
también "marxistas", y consignas pacifistas. La lucha contra ambas formas
dominantes del oportunismo debe llevarse a cabo en todos los sectores de la
política proletaria: parlamento, sindicatos, huelgas, asuntos militares, etc.".
Respecto al segundo problema señalado más arriba: la ruptura del frente
imperialista en el punto más adecuado, Lenin, en oposición a Trotski y sus
seguidores, formula la tesis de que es posible la victoria del socialismo en un solo
país. "La desigualdad del desarrollo económico y político —escribe en 1915— es
una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible la victoria
(Pág. 19)
del socialismo, primero en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo
país, aisladamente".
Rusia, la cuna del leninismo, resultó precisamente ser el país más adecuado
para quebrar el frente imperialista y realizar la revolución socialista. En Rusia,
existía una feroz y despótica opresión por parte del zarismo. Se trataba, además,
de un país abierto a una creciente explotación por parte del imperialismo
europeo y, a su vez, un país imperialista, aunque en una escala muy inferior en
relación con las grandes potencias occidentales. Por otra parte, en Rusia el
capitalismo y el proletariado habían tenido un desarrollo considerable, sin
alcanzar este país, sin embargo, la consolidación de un vasto imperio colonial
atado a fuertes inversiones, como es el caso de las otras naciones capitalistas
desarrolladas.
Rusia no tenía, por lo tanto, como las otras potencias imperialistas de Europa,
un gigantesco flujo de plusvalía de sus colonias, que sirviera de elemento
corruptor de su proletariado y de sustento a poderosas corrientes oportunistas,
como las existentes en Alemania, Francia o Inglaterra.
Rusia tenía para la revolución proletaria muchas de las ventajas de los países
con desarrollo capitalista y, al mismo tiempo, estaba libre en cierto grado de las
trabas a la revolución surgidas, por ejemplo, en países como Inglaterra, "que
explota al mundo entero". Lenin supo comprender tempranamente la situación
privilegiada para la revolución en que se encontraba su país y ya en una de sus 8
primeras obras, en "¿Qué Hacer?", afirma: "La historia plantea hoy ante nosotros
una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas
inmediatas del proletariado de ningún otro país. La realización de esta tarea, la
demolición del más poderoso baluarte, no ya de la reacción europea sino también
(hoy podemos afirmarlo) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso
en la vanguardia del proletariado internacional".
Para materializar la revolución, Lenin, en abierta y constante lucha contra los
oportunistas —basándose en las enseñanzas de Marx y Engels— diseña una
estrategia y una táctica para la conquista del Poder en Rusia. "La doctrina de
Marx —escribe— estableció las verdaderas tareas de un partido socialista
revolucionario: no componer planes de reorganización de la sociedad ni ocuparse
de la prédica a los capitalistas o sus acólitos de la necesidad de mejorar la
situación de los obreros, ni tampoco urdir conjuraciones, sino organizar la lucha
de clases del proletariado y dirigir esa lucha, que tiene por objetivo final la
conquista del poder político por el proletariado y la organización de una sociedad
socialista".
A través de la dirección marxista de la lucha de clases del proletariado, éste eleva
su conciencia política y se transforma en fuerza dirigente de grandes masas
interesadas en la revolución. Se desencadenan entonces las más amplias y
variadas luchas de masas y acciones legales e ilegales, que han de confluir
finalmente en una huelga general política, considerada por Lenin como la
antesala de la insurrección armada. Todas esas variadas luchas de masas
encabezadas por el proletariado, tienen por objeto educar en la acción a las
masas y prepararlas para desencadenar, en el momento más oportuno, la
insurrección armada.
"Se puede considerar completamente maduro el momento de la batalla decisiva
—escribe Lenin— si todas las fuerzas de clase que no son adversas están
suficientemente sumidas en la confusión, suficientemente enfrentadas entre sí,
suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus fuerzas"; si "todos los
elementos vacilantes, volubles, inconsistentes, intermedios, es decir, la pequeñaburguesía, la democracia pequeñoburguesa, que se diferencia de la burguesía, se
han desenmascarado suficientemente ante el pueblo, se han cubierto
suficientemente de oprobio por su bancarrota práctica"; si "en las masas
proletarias empieza a aparecer y a extenderse con poderoso impulso el afán de
apoyar las acciones revolucionarias más resueltas, más valientes y abnegadas
contra la burguesía. En ese momento es cuando está madura la revolución, en
ese momento nuestra victoria está asegurada, si hemos sabido tener en cuenta...
todas las condiciones indicadas más arriba y hemos elegido acertadamente el
momento".
Estando las condiciones generales dadas, la insurrección armada debe ser
puesta en práctica, no librada a la espontaneidad sino como un arte sujeto a
ciertos principios y normas. En este punto, Lenin, parafraseando las conocidas
tesis de Marx y Engels, señala las normas generales para la insurrección:
"1) No jugar nunca a la insurrección, y una vez empezada ésta saber firmemente
que hay que llevarla a término.
2) Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivos fuerzas muy
superiores, porque de lo contrario el enemigo, mejor preparado y organizado,
aniquilará a los insurrectos. 9
3) Una vez empezada la insurrección hay que proceder con la mayor decisión y
pasar obligatoria e incondicionalmente a la ofensiva. 'La defensiva es la muerte
de la insurrección armada'.
4) Hay que esforzarse en pillar al enemigo desprevenido, hay que aprovechar el
momento en que sus tropas se hallen dispersas.
5) Hay que esforzarse en obtener éxitos diarios, aunque sean pequeños (incluso
podría decirse que cada hora, si se trata de una sola ciudad), manteniendo a
toda costa la superioridad moral".
Este modelo de estrategia revolucionaria ha resultado adecuado a países donde
el proletariado —en número y en experiencia revolucionaria— constituye una
fuerza decisiva; donde el enemigo burgués concentra en pocas manos los
elementos básicos de la economía; donde la clase obrera se encuentra
fuertemente concentrada, particularmente en las industrias de las grandes
ciudades; donde la dominación de otras naciones imperialistas o no existe o es
débil. En tales circunstancias el desenlace de una insurrección armada —
preparada eso sí a través de prolongados combates de todo tipo de las masas
dirigidas por el proletariado— debe consumarse en un plazo relativamente breve,
es
(Pág. 20)
decir, en algunos días o semanas. La etapa propiamente armada del choque
revolucionario de clases, por lo tanto, se dará fundamentalmente al final de la
lucha, será breve y las acciones armadas decisivas se librarán básicamente en
las grandes ciudades, con apoyo, eso si, de alzamientos campesinos.
Lenin no sólo planeó teóricamente el desarrollo de una insurrección de este tipo
en Rusia, sino que dirigió directamente las batallas tácticas que habrían de
derrocar en dicho país al zarismo primero y llevar luego al proletariado al poder.
Sin embargo, como veremos más adelante la estrategia y táctica de la lucha
armada de masas destinada a conquistar el Poder que emprendiera Lenin en
Rusia, debe sufrir profundas modificaciones para aplicarse con éxito en los
países coloniales, semicoloniales y dependientes, países atrasados en su
desarrollo económico y dominados por el imperialismo. En este punto, Mao Tsetung, al formular su teoría de la guerra popular, realizó inestimables aportes a la
estrategia y táctica de la lucha armada revolucionaria de masas, que es preciso
poner en práctica en estos países para conquistar el poder. Esto no significa, sin
embargo, que algunos principios de la insurrección leninista no sean también
utilizados en ciertos aspectos de los países atrasados y sometidos por el
imperialismo y el que no existan en estos países casos en que sea preciso
combinar de algún modo ambos métodos de lucha armada revolucionaria.
LENIN Y EL MUNDO COLONIAL
La Primera Guerra Mundial y, principalmente, el triunfo del proletariado en
Rusia, influyen poderosamente en el desarrollo de las luchas de liberación en los
países coloniales y sojuzgados por el imperialismo. Lenin es el primero que
advierte y pone de relieve —contra los oportunistas— la importancia que esta
lucha tiene como formidable apoyo para el proletariado que combate en Europa
contra esa misma burguesía imperialista, que oprime al mundo colonial y semicolonial. No obstante, en la época de Lenin, debido al atraso del desarrollo
capitalista y por ende del proletariado en tales países sometidos al imperialismo,
y a la gran influencia de la burguesía en los movimientos nacionalistas existentes 10
en ellos, no se prevé una evolución próxima en esas luchas —en función de la
presencia de fuerzas proletarias— hacia una revolución socialista.
En el mundo colonial y semicolonial se plantea a la III Internacional una
diferencia bastante significativa: la existente entre países como China, por
ejemplo, donde el proletariado tenía ya cierto desarrollo, y países como Persia,
Turquía y otros donde prácticamente no existía proletariado. En estos últimos
países no existía dirección proletaria sobre los movimientos nacionalistas y
antimperialistas. Por lo mismo, Lenin, respecto a países como Turquía y Persia,
en sus tesis a la Internacional, pone el acento en la necesidad de una dirección
revolucionario-proletaria del movimiento nacionalista, desde el exterior, a partir
del movimiento comunista de los países más avanzados y, muy particularmente,
del proletariado en el poder en Rusia.
"Es indiscutible —señala Lenin— que el proletariado de los países avanzados
puede y debe ayudar a las masas trabajadoras atrasadas, y que el desarrollo de
los países atrasados puede salir de su fase actual cuando el proletariado
triunfante de las Repúblicas Soviéticas tienda la mano a esas masas y pueda
prestarles apoyo".
Este apoyo del movimiento comunista al nacionalismo de estas colonias y
semicolonias más atrasadas y sin proletariado —puesto que en ellas la dirección
del movimiento estaba básicamente en manos de la burguesía— es planteada en
la Internacional por Lenin de un modo condicionado. Se apoyará, expresa, "los
movimientos burgueses de liberación en las colonias en el caso de que sus
representantes no nos impidan educar y organizar en un espíritu revolucionario
a los campesinos y a las grandes masas explotadas".
Respecto a esos mismos países más atrasados, puesto que ni siquiera existía en
ellos una fuerza proletaria que tomara desde el interior la dirección y
sistematizara una experiencia y una conducción revolucionaria del movimiento
de liberación, Lenin propone atraer en ellos a las masas hacia el modelo de los
soviets ya probados en Rusia. Habla de educar a las masas en "los postulados
fundamentales del régimen soviético", para que "los campesinos, colocados en
una dependencia semifeudal, puedan asimilar muy bien la idea de la
organización soviética y sean capaces de ponerla en práctica".
Este posible paso a ciertas formas de soviets campesinos en los países más
atrasados del mundo colonial es concebido por Lenin fundamentalmente sobre la
base de la influencia que en esas masas pudiera tener el proletariado en el poder
en las naciones más avanzadas de Europa.
"Si el proletariado revolucionario victorioso —señala Lenin— realiza entre esos
pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos (subrayado
nuestro) les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la
fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas
las colonias y en todos los países atrasados, no sólo debemos formar cuadros
propios de luchadores y organizaciones de partido, no sólo debemos realizar una
propaganda inmediata en pro de la creación de soviets campesinos, tratando de
adaptarlos a las condicionas precapitalistas, sino que la Internacional Comunista
habrá de promulgar, dándole una base teórica, la tesis de que los países
atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden
pasar al régimen soviético y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al
comunismo, soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista". 11
Nuestra opinión es que este planteamiento de Lenin y de la Internacional, tendía
a integrar al movimiento nacionalista de los países coloniales y semicoloniales al
de la revolución proletaria de Europa, en circunstancias que no existía ni la
experiencia, ni los antecedentes suficientes, como para definir con precisión una
política revolucionaria proletaria específica para dichos países. De lo que se
trataba, por lo tanto, era de
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ofrecer al menos un modelo provisorio, el de los soviets, a las masas trabajadoras
de dichos países, para impedir que la dirección burguesa del movimiento
nacionalista los sumara al frente imperialista y antisoviético. Se trata de una
política que emerge de la urgencia de integrar dichos movimientos nacionalistas
y antimperialistas a la revolución proletaria en Europa en apoyo de la revolución
triunfante y amenazada en Rusia.
"Ahora —escribe Lenin— nuestra Revolución Soviética tiene que agrupar en
torno suyo a todos los pueblos de Oriente que despiertan, para luchar junto a
ellos contra el imperialismo internacional...". "De por si se comprende que sólo
puede vencer definitivamente el proletariado de todos los países avanzados del
mundo, y nosotros, los rusos, comenzamos la obra que afianzará el proletariado
francés, inglés o alemán; pero vemos que ellos no vencerán sin la ayuda de las
masas trabajadoras de todos los pueblos coloniales oprimidos y, en primer lugar,
de los pueblos de Oriente. Debemos comprender que la vanguardia sola no puede
llevar a cabo el paso al comunismo".
En relación con países coloniales o semi-coloniales, como la India o China, donde
existía cierto desarrollo proletario, se aprueban en la Internacional las tesis
especiales de Roy respecto a esos países. En ellas se recomienda —cuando sea
oportuno, es decir, "en el periodo de paso de la revolución democrático-burguesa
a la .proletaria", la formación de soviets de diputados obreros y campesinos.
A través de las tesis aprobadas en el II Congreso de la Internacional y en
reuniones posteriores de ella, así como en la polémica que Stalin sostiene contra
la oposición trotskista respecto a China, se advierten grandes vacíos respecto al
camino que conduciría a los países coloniales y semicoloniales a la revolución
proletaria. Estos vacíos y aun ciertos errores cometidos en lo que respecta a la
orientación revolucionaria a seguir en dichos países, son perfectamente
explicables, puesto que la violenta irrupción de esta lucha nacionalista y
antimperialista del mundo colonial y semicolonial, implica para el marxismo un
problema nuevo y que reviste muchas particularidades diferentes a como se
desarrollaba la revolución en las naciones capitalistas.
El propio Lenin reconoce constantemente que la teoría revolucionaria para
dichos países está por desarrollarse y que la última palabra la deberán decir los
comunistas que surjan en esos países. En su Informe a las Organizaciones
Comunistas de los Pueblos de Oriente, por ejemplo, sostiene: "debéis saber
aplicar esa teoría y esa práctica (la teoría y la práctica comunistas), adaptándose
a condiciones que no se dan en los países europeos".
Y en otro punto del mismo Informe señala: "Tendréis que plantear esa tarea y
resolverla vosotros mismos, con vuestra propia experiencia". Posteriormente en el
II Congreso de Internacional, refiriéndose al paso al socialismo en los países
coloniales y semicoloniales, escribe: "Los medios que hayan de ser necesarios
para que esto ocurra no pueden ser señalados de antemano. La experiencia
práctica nos los irá sugiriendo". 12
Incluso —como hemos visto— cuando sugiere la posibilidad de atraer a los
trabajadores de los países atrasados hacia la experiencia de los soviets, dice que
la Internacional habrá de promulgar esta idea y esta práctica "dándoles una base
teórica".
En general en todas las discusiones de la Internacional se conciben —de acuerdo
con el modelo conocido y ya probado en Rusia— los soviets como meta final del
movimiento revolucionario en los países atrasados y oprimidos por el
imperialismo, pero no hay completa claridad respecto al camino que conducirá a
la revolución socialista, ni tampoco completa claridad de las etapas
revolucionarias intermedias mediante las cuales se avanzará hacia el socialismo.
LA ETAPA DEL PENSAMIENTO DE MAO TSE-TUNG
A Mao Tse-tung, en cambio, situado en el terreno mismo de un país semifeudal,
colonial y semicolonial donde existía cierto desarrollo proletario, le cabe un papel
decisivo en el desarrollo de una teoría y de una práctica revolucionarias que
conduzcan a derrotar al feudalismo, al imperialismo y al capital monopolista en
China, para pasar luego a la revolución socialista.
Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundiales, se profundiza la dominación de
los países imperialistas en Asia, África y América latina, y las inversiones de las
na-
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ciones capitalistas en las colonias y países dependientes prosiguen a un ritmo
acelerado. Los monopolios capitalistas instalan en dichos países grandes
empresas destinadas especialmente a explotar sus materias primas. Como
subsidiarias de esas empresas imperialistas surgen otras menores controladas
por una naciente burguesía nativa.
El imperialismo cumple en los países oprimidos un papel contradictorio: por una
parte frena deliberadamente el desarrollo capitalista en ellos en beneficio de sus
propias empresas establecidas en la metrópoli y, por otra parte, no puede menos
que desarrollar en sus colonias y semicolonias el capitalismo al realizar
inversiones en ellas. "La exportación del capital —señala Lenin en su obra "El
Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo"— influye sobre el desarrollo del
capitalismo en los países en que aquél es invertido, acelerándolo
extraordinariamente".
Y en su libro: "El Programa Militar de la Revolución Proletaria", afirma: "Uno de
los rasgos esenciales del imperialismo consiste, precisamente, en que acelera e]
desarrollo del capitalismo en los países atrasados, ampliando y recrudeciendo
por ello mismo la lucha contra la opresión nacional".
Por otra parte, el compromiso de las principales potencias imperialistas en las
dos guerras mundiales, aflojó los controles de éstas sobre las colonias y países
dependientes del imperialismo y creó grandes dificultades a la exportación a ellos
de productos de las metrópolis. Esto hizo posible el desarrollo de una serie de
nuevas empresas capitalistas promovidas por sectores nacionales de la
burguesía, destinadas a sustituir productos que antes se importaban.
Mao Tse-tung, en su libro "La Revolución China y el Partido Comunista de
China", editado en 1939, escribe: "Hace cuarenta años, a finales del siglo pasado
y comienzos del presente, el capitalismo nacional de China dio los primeros 13
pasos en su desarrollo. Más tarde, hace veinte años, durante la Primera Guerra
Mundial imperialista, debido a que los países imperialistas de Europa y
Norteamérica, ocupados en la guerra, relajaron temporalmente su opresión sobre
nuestro país, la industria nacional china, principalmente la textil y la harinera,
cobró nuevo desarrollo".
Posteriormente, en el año 1947, Mao señala que .se había estado formando desde
1927 en China una burguesía monopolista íntimamente aliada del imperialismo.
La formación de esta burguesía monopolista (burguesía, por cierto, de un nivel
económico muy inferior a la de los países capitalistas avanzados de Europa), es
con todo un síntoma del desarrollo capitalista que se estaba gestando en China,
pese al amplio predominio allí de formas semifeudales de economía. En su obra
"La Situación Actual y Nuestras Tareas" del año 1947, Mao afirma: "Durante los
veinte años de su dominación —las cuatro grandes familias: Chiang, Soong,
Kung y Chen— han amasado enormes fortunas que alcanzan de diez a veinte mil
millones de dólares norteamericanos, y han monopolizado las arterias vitales de
la economía del país. Este capital monopolista combinado con el Poder del
Estado, se ha convertido en el capitalismo monopolista de Estado".
A Mao Tse-tung, por consiguiente, le toca formular su teoría de la revolución en
un país semifeudal, colonial y semicolonial como China, en los momentos en que
existía ya allí un combativo proletariado y su partido de vanguardia: el Partido
Comunista de China.
En 1919, el proletariado chino que contaba ya con unos tres millones de obreros
organizados, declaró su primera huelga política contra el imperialismo. Entre
comienzos de 1922 y febrero de 1923, más de 300 mil obreros participaron en
unas 100 huelgas. Posteriormente, en el año 1925, los obreros de Shanghai
declararon una gran huelga contra los imperialistas británicos y japoneses. A
raíz de esta huelga la policía británica realizó una masacre de trabajadores. Esta
masacre provocó —en todas las ciudades importantes del país— un gigantesco
movimiento de protesta bajo las formas más variadas: huelgas, manifestaciones,
acciones armadas, mítines, etc. Tan sólo en Cantón y Hong-Kong —puerto cuyo
comercio internacional fue bloqueado por completo— la huelga duró más de un
año.
El Partido Comunista de China nació en el año 1921 y poco antes de la traición
de Chiang Kai-shek, perpetrada en 1927, tenía ya 50 mil miembros. Después de
varios altibajos en su militancia en relación con derrotas sufridas por el
predominio en su dirección de desviaciones de "izquierda" o derecha, llegó a tener
—durante la guerra de resistencia contra Japón— más de un millón 200 mil
militantes. Posteriormente, en la lucha final contra Chiang Kai-shek, su
militancia se elevó a 3 millones de miembros.
Es sabido que en 1935 —en pleno desarrollo de la Gran Marcha— el
pensamiento de Mao Tse-tung logra imponerse definitivamente en el Partido, en
lucha contra las desviaciones oportunistas.
EL PROBLEMA DEL PODER
Uno de los aportes fundamentales de Mao Tse-tung al marxismo-leninismo en su
tercera etapa de desarrollo, es el haber caracterizado claramente el tipo de
Estado y de Poder por el que hay que luchar en los países coloniales,
semicoloniales y dependientes, en la etapa previa a la revolución socialista. Mao
Tse-tung define claramente las dos etapas de la revolución y diferencia
nítidamente la primera etapa de Nueva Democracia o Democracia Popular, tanto 14
de las antiguas revoluciones democrático-burguesas como de la revolución
socialista. "La revolución democrático-burguesa en la China de hoy —escribe—
no es del viejo tipo corriente, hoy anticuado, sino de un nuevo tipo especial. Este
tipo de revolución se desarrolla en China y en todos los países coloniales y
semicoloniales, y nosotros la denominamos revolución de la nueva democracia.
La revolución de la nueva democracia es parte de la revolución mundial
socialista-proletaria, que lucha resueltamente contra el imperialismo o
capitalismo internacional... Una revolución de la nueva democracia es una
revolución de las masas populares dirigidas por el proletariado y orientada
contra el imperialismo y el feudalismo... La revolución democrática es la
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preparación necesaria para la revolución socialista; y la revolución socialista es el
resultado inevitable de la revolución democrática".
Esta clara distinción de las etapas de la revolución, hecha por Mao Tse-tung, es
la que le permite definir con meridiana claridad el tipo de Poder y de Estado a
alcanzar en cada una de esas etapas. La concepción de Mao de la revolución
ininterrumpida a través de etapas, se distingue claramente también de la
posición que tenían Trotsky y sus seguidores. Estos —como es sabido—
pretendían y aún pretenden desconocer en los países coloniales, semicoloniales y
dependientes la necesidad de la etapa revolucionaria democrático-popular, previa
a la etapa de la revolución socialista. Trotsky, en efecto, en su obra: "La
Revolución Permanente", sostenía que con el programa democrático-popular, "el
Partido Comunista chino se halla atado de pies y manos y se ve obligado a ceder
pasivamente el campo a la socialdemocracia china..." y opinaba, además, que: "la
dictadura democrática del proletariado y de los campesinos... es una ficción, un
fraude contra sí mismo, o algo peor". Como es sabido Mao Tse-tung concibió la
dictadura democrático-popular aun de un modo más amplio que aquel que
criticaba Trotsky, por su amplitud, pues incorporó al poder "a la clase obrera, el
campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional". "Dirigidas
por la clase obrera y el Partido Comunista —expresa en junio de 1949 en su obra
"Sobre la Dictadura Democrática Popular"— estas clases se unen, forman su
propio Estado, eligen su propio gobierno y ejercen la dictadura sobre los lacayos
del imperialismo es decir, sobre la clase terrateniente y la clase capitalista
burocrática..." Las afirmaciones citadas de Trotsky —como la mayor parte de sus
delirantes teorías— no necesitan comentarios, pues la propia historia se ha
encargado de dar su veredicto sobre ellas.
En la época en que Lenin vivía y aun en las discusiones posteriores de la
Internacional acerca del problema nacional y colonial o de China en particular, la
verdad es que no se concebía con claridad el tipo de Poder y de Estado que debía
surgir de la lucha antimperialista y antifeudal de los países coloniales y
oprimidos, como etapa previa al Poder y al Estado socialista. En otras palabras,
no se plantea claramente la consumación de la lucha antimperialista, antifeudal
(y antimonopolista más adelante), como una forma de Poder y de Estado a
conquistar por el pueblo dirigido por el proletariado. No se comprende tampoco
plenamente —aunque a veces formulada con cierta ambigüedad— la posibilidad
de que la burguesía nacional participe en tal forma de Estado y de Poder. Hay
ciertas referencias, por ejemplo, a algunas formas transitorias y muy localizadas
de poder, como el del Kuomintang de Wuhan en 1927 después del golpe de
Chiang Kai-shek, como una forma de dictadura "del proletariado y del
campesinado", mostrando como futuro de ella la dictadura del proletariado. Al no 15
plantearse claramente —como lo hace Mao Tse-tung para toda China— un poder
y un Estado de Democracia-Popular, como meta revolucionarla previa a la
revolución socialista y al plantearse ciertas formas estructurales, locales y
transitorias del frente único, como expresión del cumplimiento de la etapa previa
a la revolución socialista, no se encaraba en realidad la formulación de una
auténtica revolución Democrático-Popular. Con esos planteamientos se
confundía etapas de la lucha revolucionaria con etapas de la revolución. Sólo se
puede hablar de una etapa de la revolución —del modo como lo plantea para
China Mao Tse-tung— es decir, cuando hay una demolición de un tipo de Poder y
de Estado, para reemplazarlo por otro.
Mao Tse-tung, en cambio, expresa respecto a la meta de la primera etapa
revolucionaria: "La República democrática china que queremos establecer ahora,
sólo puede ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los
sectores antimperialistas y antifeudales, dirigida por el proletariado es decir, una
república de nueva democracia... Esta república de nueva democracia será
diferente, por una parte, de la vieja república capitalista, al estilo europeo y
norteamericano, bajo la dictadura de la burguesía, esto es, la república de vieja
democracia, ya caduca. Por otra parte, será diferente también de la república
socialista, al estilo soviético, bajo la dictadura del proletariado, república que ya
florece en la Unión Soviética y que se establecerá también en todos los países
capitalistas y llegará a ser indudablemente la forma dominante de estructura del
Estado y del Poder en todos los países industrialmente avanzados. Esta forma,
sin embargo, no puede ser adoptada por un determinado período histórico, en la
revolución de los países coloniales y semicoloniales. Consecuentemente, en todos
estos países la revolución sólo puede adoptar en dicho período una tercera forma
de Estado: la república de nueva democracia. Esta es la forma que corresponde a
un determinado período histórico y, por lo tanto, es una forma de transición,
pero obligatoria y necesaria".
Lo más importante es que Mao Tse-tung, al establecer con meridiana claridad
esta meta revolucionaria de transición al socialismo, no sólo señaló un objetivo
para China sino para todos los países coloniales y semicoloniales. Mao Tse-tung
fue perfectamente consciente de la universalidad de su formulación —en relación
con el mundo colonial y semicolonial— realizada al definir el Estado de nueva
democracia o democracia-popular. Refiriéndose a dicho Estado, dice: "El tercer
tipo es una forma de Estado de transición que debe adoptarse en las
revoluciones de los países coloniales y semicoloniales. Cada una de dichas
revoluciones tendrá necesariamente características propias, pero éstas
representarán ligeras diferencias dentro de la semejanza general. Siempre que se
trate de revoluciones en colonias o semicolonias, la estructura del Estado y del
Poder será forzosamente idéntica en lo fundamental, es decir, se establecerá un
Estado de nueva democracia bajo la dictadura conjunta de las diversas clases
antimperialistas".
Tenemos, por consiguiente, en lo que toca al problema del poder y del Estado en
el mundo colonial y semicolonial, un claro y decisivo aporte de Mao Tse-tung al
marxismo-leninismo, frente a un asunto no resuelto con anterioridad y, como
veremos más ade-
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lante, de vital importancia para resolver la contradicción principal de nuestra
época en la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. 16
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EL PENSAMIENTO DE MAO TSE-TUNG: TERCERA ETAPA DEL MARXISMOLENINISMO (*)
Galvarino Guerra. Abril 1970
N. de la R.— Creemos que al celebrar el centenario del
nacimiento de Lenin, es imprescindible dejar establecido
que así como el leninismo es un desarrollo del marxismo
para una etapa de la historia de los pueblos, el
maoísmo, en nuestra época, es también el desarrollo del
marxismo-leninismo para la historia actual de los
pueblos del mundo. El siguiente artículo es un análisis
de este desarrollo contemporáneo que, esperamos, sea
de utilidad para las tareas revolucionarias del presente
del pueblo chileno.
El pensamiento de Mao Tse-tung constituye una tercera etapa en el desarrollo
del marxismo-leninismo. Esta definición es de la mayor importancia
revolucionaria en el presente.
Así como la aceptación del leninismo, como segunda etapa del marxismo en la
época monopolista del capitalismo, sirvió de piedra de toque para diferenciar a
los revolucionarios auténticos, de los oportunistas y revisionistas de la segunda
década del siglo XX, hoy por hoy la comprensión de que es el Maoísmo el que da
respuesta a los principales problemas revolucionarios contemporáneos que
enfrenta el proletariado, será decisiva. La aceptación y comprensión de este
hecho y la aplicación de las enseñanzas de principio contenidas en el
pensamiento de Mao Tse-tung a la práctica revolucionaria, permitirá también en
la actualidad diferenciar a los verdaderos revolucionarios proletarios, de los
oportunistas de "izquierda" y de los revisionistas contemporáneos.
Al plantear la afirmación que constituye el tema de este artículo, no nos estamos
refiriendo a un problema que ya nadie discute, es decir, al hecho de que Mao
Tse-tung realizó una genial y creadora aplicación del marxismo-leninismo a las
condiciones concretas en que se desenvolvió la Revolución China, o al hecho
también reconocido de que Mao desarrolló en forma más profunda algunos
conceptos ya planteados por Marx, Engels o Lenin, enriqueciéndolos, además,
con nuevas ideas. Estamos afirmando que el pensamiento de Mao Tse-tung
inaugura una nueva etapa en el desarrollo del socialismo científico.
El concepto de etapas en el desarrollo del marxismo no puede ser un concepto
arbitrario, que tienda a confundir cualquier aporte a él, por correcto que sea, con
una etapa superior en su desarrollo. Sólo pueden considerarse como una etapa
nueva en el desarrollo del marxismo aquellas concepciones que dan una 2
respuesta correcta a cambios fundamentales acontecidos en la lucha de clases
del proletariado contra la burguesía; a teorías que responden a modificaciones de
importancia ocurridas en la forma como se manifiesta la contradicción básica de
la sociedad capitalista, la contradicción entre la burguesía y el proletariado.
La idea de etapas en el desarrollo del marxismo es una idea inseparable de la
naturaleza materialista y dialéctica del socialismo científico. El carácter
materialista y dialéctico con que el marxismo concibe la realidad, lo obliga a
aplicar de un modo diferente ciertos conceptos básicos y a formular nuevos
conceptos, cuando así lo exigen cambios esenciales en la lucha de clases del
proletariado contra la burguesía. Esta necesaria profundización y ampliación del
marxismo en consonancia con los cambios objetivos importantes, no debe
confundirse con la falsificación del marxismo que realizan los revisionistas. Estos
oportunistas abandonan principios básicos del marxismo y los tergiversan —sin
ningún fundamento en la realidad— para cumplir su papel de sirvientes de la
burguesía, desorientando a las masas explotadas.
LA EPOCA DE MARX Y ENGELS
Marx y Engels crearon el socialismo cien-tífico en el período de culminación de
las revolucionas burguesas en los principales países de Europa. La obra teórica
de Marx y Engels, así como su labor práctica revolucionaria, que culminó con la
organización de la I Internacional Comunista, estuvo consagrada a defender los
intereses independientes del proletariado en dichas revoluciones burguesas y a
prepararlo para la futura revolución proletaria. En la época de Marx y Engels el
capitalismo, pese a sus contradicciones y a sus crisis, se encontraba todavía en
pleno auge. Este desarrollo premonopolista del capitalismo alcanzó su cumbre en
los marcos de la libre competencia, entre los años 1860 y 1870. Después de esa
época comienzan a consolidarse los trust y monopolios capitalistas en los
principales países de Europa y el capital financiero a derramarse —precedido por
los ejércitos colonialistas— sobre los países atrasados. Marx y Engels, que
murieron en 1883 y 1895 respectivamente, sólo alcanzaron a conocer el
comienzo de este proceso.
En las condiciones de desarrollo relativa-
(pág. 16)
mente independiente de unos países capitalistas respecto a otros; de libre
competencia; cuando aún el capitalismo más desarrollado no se había repartido
el mundo y no se había unificado como un sistema universal de explotación de
los países atrasados, la posibilidad da la revolución proletaria era prevista por
Marx y Engels, desde el punto de vista del desarrollo capitalista de tal o cual
país. Esta posibilidad, incluso, variaba de acuerdo a los altibajos del desarrollo
económico y político de las principales naciones capitalistas. En esas condiciones
históricas concretas Marx y Engels consideraban más probable —y era
enteramente legitimo considerarlo así— que la revolución proletaria se produciría
primero en países como Inglaterra, Alemania o Francia, que representaban la
cumbre del desarrollo capitalista.
En la década del 40, por ejemplo, Marx escribió en el Manifiesto Comunista: "Los
comunistas fijan su principal atención en Alemania, porque Alemania se halla en
vísperas de una revolución burguesa y porque llevará a cabo esta revolución bajo
condiciones más progresivas de la civilización europea en general, y con un 3
proletariado mucho más desarrollado que el de Inglaterra en el siglo XVII y el de
Francia en el XVIII, y, por lo tanto, la revolución burguesa alemana no podrá ser
sino el preludio inmediato de una revolución proletaria".
En 1870 Marx, en una carta dirigida a Kugelman, señala la mayor madurez
económica de Inglaterra para la revolución y afirma: "Aunque sea probable que la
iniciativa revolucionaria parta de Francia, sólo Inglaterra puede servir de palanca
para una revolución económicamente seria. Es el único país donde no hay
mayoría de campesinos y donde la propiedad está concentrada en pocas manos.
Es el único país donde la forma capitalista, es decir el trabajo combinado en gran
escala bajo patrones capitalistas, se ha apoderado de casi toda la producción. Es
el único país donde la gran mayoría de la población consiste en obreros
asalariados, (subrayado por Marx). Es el único país donde la lucha de clases y la
organización de trades-union de la clase obrera ha adquirido un cierto grado de
madurez y universalidad, a causa de su dominación sobre el mercado mundial.
Es el único país donde cada revolución en la economía debe inmediatamente
repercutir sobre el mundo entero. Si el señorío de la tierra y el capitalismo tienen
su siglo clásico en ese país, por contrapartida las condiciones materiales de su
destrucción son allí mas maduras...".
Engels, por su parte, refiriéndose fundamentalmente al aspecto político de la
perspectiva revolucionaria, escribe en 1878 en su obra "Del Socialismo Utópico al
Socialismo Científico": "El triunfo de la clase obrera europea no depende
solamente de Inglaterra. Este triunfo solamente puede asegurarse mediante la
cooperación, por lo menos, de Inglaterra, Francia y Alemania. En estos dos
últimos países, el movimiento obrero le lleva un buen trecho de delantera al de
Inglaterra. En Alemania, se halla a una distancia Incluso ya mensurable del
triunfo. Los progresos obtenidos aquí desde hace veinticinco años, no tienen
precedente. El movimiento obrero alemán avanza con velocidad casi acelerada. Y
si la burguesía alemana ha dado pruebas de su carencia lamentable de
capacidad política, de disciplina, de bravura, de energía, la clase obrera de
Alemania ha demostrado que posee en grado abundante todas estas cualidades.
Hace ya casi cuatrocientos años que Alemania fue el primer punto de arranque
del primer gran alzamiento de la clase media de Europa; tal como están las
cosas, ¿es descabellado pensar que Alemania vaya a ser también el escenario del
primer gran triunfo del proletariado europeo?".
Los primeros y decisivos pasos en el desarrollo del socialismo científico, por lo
tanto fueron dados por Marx y Engels en condiciones en que el desarrollo
premonopolista del capitalismo hacía más probable el triunfo de la revolución
proletaria en aquellos países donde se realizaba o se había ya consumado la
revolución burguesa. En aquellas circunstancias, Marx y Engels tomaron en sus
manos la defensa de los intereses independientes del proletariado.
Ya en 1844, Marx invita a hacer "una crítica implacable de todo lo existente" y
señala el papel histórico del proletariado como futuro creador de una sociedad
sin clases. Justamente para contribuir a esta tarea histórica del proletariado
elaboran el socialismo científico en abierta lucha contra las concepciones
utópicas en torno al socialismo, que desorientaban al movimiento obrero.
Más adelante, Marx, como cumbre de una cantidad de escritos doctrinarlos y
polémicos destinados al proletariado, que elaborara en colaboración y
coordinación con Engels, realiza su obra cumbre: "El Capital", que constituye
una autopsia lapidaria del sistema capitalista. Marx y Engels no se contentan,
sin embargo, con su fecunda labor teórica. Fundan, al mismo tiempo, el primer 4
partido comunista de la historia: la Liga de los Comunistas. En el Programa de
dicha Liga, conocido como Manifiesto del Partido Comunista, hacen una síntesis
magistral de la teoría revolucionarla del proletariado.
Más adelante, en la década del 60, Marx y Engels, deciden agrupar
internacionalmente al proletariado de los países más avanzados para cooperar a
la revolución proletaria allí donde esté más madura y extenderla luego a otros
países. "El movimiento obrero de diversos países de Europa —expresó Engels—
había vuelto a fortificarse en tal medida que Marx podía pensar en poner en
práctica un deseo acariciado desde hacia largo tiempo: fundar una asociación
obrera que abarcase los países más adelantados de Europa y América, y que
había de personificar, por decirlo así, el carácter internacional del movimiento
socialista, tanto ante los propios obreros como ante los burgueses y los
gobiernos: ante el proletariado para alentarlo, y ante sus enemigos, para
infundirles miedo".
La I Internacional fundada en 1864, cumplió un importante papel de clarificación
de los obreros, gracias a la lucha sin cuartel que dieron en ella Marx y Engels
contra los anarquistas y oportunistas de derecha. Pese a que debió disolverse
más tarde debido a la feroz represión de la burguesía en su contra, antes de
desaparecer impulsó la crea-
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ción de partidos proletarios en diversos países capitalistas, partidos que
constituirían la base de la creación de la II Internacional.
La labor de Marx y Engels se materializa durante una gloriosa y difícil etapa en la
lucha del proletariado por el socialismo. En esa época el proletariado comienza a
fundir su lucha espontánea de masas con el socialismo científico; comienza a
forjar sus primeras organizaciones independientes de combate; comienza a
luchar por sus propios intereses de clase, en una época de pleno auge de la
burguesía capitalista. El aporte de Marx y Engels en tales circunstancias es
gigantesco e inmortal, constituye el sólido cimiento de todos los desarrollos
posteriores de la ciencia revolucionaria del proletariado.
LA ETAPA LENINISTA DEL MARXISMO
La década del 70 del siglo pasado es considerada por Lenin como el comienzo de
una nueva época en el desarrollo del capitalismo. Se producen profundas
modificaciones respecto a las formas capitalistas, contemporáneas de Marx y
Engels, lo que obliga a desarrollar el marxismo para dar respuesta a las nuevas
condiciones existentes.
En primer lugar, en los países capitalistas más avanzados desaparece como
aspecto dominante de la economía, la libre competencia de la época
premonopolista. La producción se ha concentrado ya en grandes monopolios y
trust que controlan el mercado "Nos hallamos en presencia —escribe Lenin— no
ya de una lucha de competencia entre grandes o pequeñas empresas, entre
establecimientos técnicamente atrasados y .establecimientos de técnica
avanzada. Nos hallamos ante la estrangulación por los monopolistas, de todos
aquellos que no se someten al monopolio, a su yugo, a su arbitrariedad".
Por otra parte, el gigantesco desarrollo de los monopolios capitalistas determina
que se hagan insuficientes los mercados internos de cada país. La acumulación 5
de riquezas hace que adquiera un amplio predominio el capital financiero y éste
comienza a ser exportado a los países menos desarrollados para apoderarse allí
fundamentalmente de las materias primas necesarias a la industria monopolista.
"Lo que caracterizaba al viejo capitalismo —señala Lenin— en el cual dominaba
plenamente la libre concurrencia, era la exportación de mercancías. Lo que
caracteriza al capitalismo moderno, en que impera el monopolio, es la
exportación de capital".
La burguesía monopolista, a sangre y fuego, comienza a repartirse el mundo,
luchando como perros de presa entre sí por cada territorio colonial. La Primera
Guerra Mundial no es más que un feroz enfrentamiento de unas potencias
imperialistas contra otras por el control de las colonias.
En su obra "El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo", publicada en abril
de 1917, Lenin sostiene: "La política colonial de los países capitalistas ha
terminado ya la conquista de todas las tierras no ocupadas que había en
nuestro planeta. Por primera vez el mundo se encuentra ya repartido, de modo
que lo que en adelante puede efectuarse son únicamente nuevos repartos, es
decir, el paso de territorios de un 'amo' a otro, y no el paso de un territorio sin
amo a un 'dueño'".
Este reparto del mundo entre los sectores avanzados de la burguesía, no sólo es
expresión de la fase monopolista de la burguesía, sino que contribuye
decisivamente a acentuar dicha característica al poner en manos de los
monopolios importantes fuentes de materias primas y el control sobre nuevos
mercados de venta. "El paso del capitalismo —dice Lenin—, a la fase de
capitalismo monopolista, al capital financiero, se haya relacionado con la
exacerbación de la lucha por el reparto del mundo".
El paso del capitalismo de libre competencia a su fase monopolista agudiza en
grado extremo las contradicciones de este sistema y crea con ello condiciones
mucho más favorables que las existentes en la época de Marx y Engels, para el
triunfo de la revolución proletaria.
"Todo el mundo conoce —expresa Lenin-hasta qué punto el capital monopolista
ha agudizado todas las contradicciones del capitalismo. Basta indicar la carestía
de la vida y el yugo de los cartels... los monopolios, la oligarquía, la tendencia a
la dominación en vez de la tendencia a la libertad, la explotación de un número
cada vez mayor de naciones pequeñas o débiles por un puñado de naciones
riquísimas o muy fuertes; todo esto ha originado los rasgos distintivos del
imperialismo que obligan a caracterizarlo como capitalismo parasitario o en
descomposición".
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Es así como el capitalismo, transformado ya en un sistema mundial de
explotación financiera y de opresión colonial, viene a ser —en opinión de Lenin—
"la antesala de la revolución socialista".
Junto a lo anterior y precisamente debido a la feroz explotación y opresión del
mundo colonial por parte de las grandes potencias capitalistas, sufre un retardo
el comienzo de la revolución proletaria en dichas potencias, es decir,
precisamente allí donde era más probable que ella irrumpiera en la época de
Marx y Engels, en la época del capitalismo premonopolista. Este retardo
transitorio surge del hecho de que la burguesía de esas naciones imperialistas,
que había desatado ya como hemos dicho una feroz represión contra la I 6
Internacional, más adelante —para frenar la revolución— comparte con un sector
de la clase obrera de sus industrias monopolistas una parte de las riquezas
saqueadas del mundo colonial.
Crea de esta manera en las metrópolis una cierta "aristocracia" obrera y
corrompe a dirigentes del proletariado. Este fenómeno —muy agudo ya en los
tiempos de Lenin— habían comenzado a detectarlo el propio Marx y Engels,
respecto a Inglaterra, el primer país capitalista que comenzó a forjar un fuerte
imperio colonial.
En 1858, por ejemplo, Engels escribía a Marx lo siguiente: "El proletariado inglés
se va aburguesando de hecho cada día más; por lo que se ve, esta nación, la más
burguesa de todas, aspira a tener, en resumidas cuentas, al lado de la burguesía
una aristocracia burguesa y un proletariado burgués"... y concluye:
"naturalmente, por parte de una nación que explota al mundo entero, esto es
hasta cierto punto lógico".
Posteriormente, en el año 1882, Engels precisa aún más esta idea en una carta a
Kautsky: "Me pregunta usted lo que piensan los obreros ingleses acerca de la
política colonial. Lo mismo que piensan de la política en general. Aquí no hay un
partido obrero, no hay más que radicales conservadores y liberales, y los obreros
se aprovechan, junto con ellos, con la mayor tranquilidad, del monopolio colonial
de Inglaterra y de su monopolio en el mercado mundial". La corrupción que debe
combatir Lenin de la inmensa mayoría de los destacamentos obreros que
integraron la II Internacional, es una expresión concreta del hecho que
analizamos.
A Lenin, por consiguiente, le toca formular una línea revolucionaria marxista en
circunstancias en que estando madura la revolución proletaria ella se ha
retardado transitoriamente —debido a la traición oportunista- en las naciones
capitalistas más avanzadas y en que todavía ella no está plenamente madura en
los países coloniales y semicoloniales por su bajo desarrollo económico. Le toca
encarar la revolución proletaria en los momentos en que ya no tiene vigencia un
desarrollo capitalista relativamente independiente de unos países respecto a
otros, que hacía prever la revolución socialista en tal o cual nación capitalista de
las más avanzadas en función de sus condiciones económicas y políticas
específicas. Le toca actuar en los momentos en que "el mundo entero forma un
organismo económico único y todo él se halla repartido entre, un puñado de
grandes potencias", y en que, por lo mismo, el proletariado puede irrumpir
rompiendo esa cadena de dominación capitalista por el eslabón más adecuado y
débil.
Pese a las trabas que —en la época leninista— se han producido a un triunfo
proletario en los países imperialistas más poderosos, la contradicción principal
no se ha trasladado todavía —como ocurrirá más adelante— al enfrentamiento
entre el mundo colonial y semicolonial con el imperialismo. Dicha contradicción
principal sigue siendo, como lo expresa Stalin en "Fundamentos del Leninismo":
"la agudización de la crisis revolucionaria en los países capitalistas; y... el
acrecentamiento de los elementos de un estallido en el frente interior, en el frente
proletario de las metrópolis".
ESTRATEGIA Y TACTICA LENINISTAS
Lenin, por lo tanto, como líder del proletariado en la época del imperialismo y
continuador de Marx y Engels, encara dos problemas fundamentales: por una
parte, enfrentar la traición oportunista que frena la revolución en todos los 7
países capitalistas más avanzados y, por otra, hacer que el proletariado irrumpa
con su revolución en aquel de esos países donde sea más factible romper la
cadena de dominación imperialista.
Respecto a la lucha contra el oportunismo, Lenin, asumiendo su deber
revolucionario, cumple cabalmente su papel de combatirlo y romper toda unidad
con él. "La lucha contra el imperialismo —afirma— si no se halla ligada
indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa".
Lenin desarrolla este combate no sólo contra los oportunistas abiertos y
descarados, sino también contra los oportunistas encubiertos o revisionistas que
se ocultan tras el nombre da "marxistas", para deformar y tergiversar el
marxismo engañando a las masas.
"El oportunismo franco —expresa Lenin— está abierta y directamente contra la
revolución y los movimientos y explosiones revolucionarias incipientes, y se alía
de manera directa con los gobiernos, cualesquiera sean las formas de esa
alianza: desde la participación en un ministerio hasta la participación en los
comités de la industria bélica. Los oportunistas encubiertos, los kautskianos,
son mucho más perjudiciales y peligrosos para el movimiento obrero, porque
ocultan la defensa de su alianza con los primeros por medio de bonitas frases,
también "marxistas", y consignas pacifistas. La lucha contra ambas formas
dominantes del oportunismo debe llevarse a cabo en todos los sectores de la
política proletaria: parlamento, sindicatos, huelgas, asuntos militares, etc.".
Respecto al segundo problema señalado más arriba: la ruptura del frente
imperialista en el punto más adecuado, Lenin, en oposición a Trotski y sus
seguidores, formula la tesis de que es posible la victoria del socialismo en un solo
país. "La desigualdad del desarrollo económico y político —escribe en 1915— es
una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible la victoria
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del socialismo, primero en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo
país, aisladamente".
Rusia, la cuna del leninismo, resultó precisamente ser el país más adecuado
para quebrar el frente imperialista y realizar la revolución socialista. En Rusia,
existía una feroz y despótica opresión por parte del zarismo. Se trataba, además,
de un país abierto a una creciente explotación por parte del imperialismo
europeo y, a su vez, un país imperialista, aunque en una escala muy inferior en
relación con las grandes potencias occidentales. Por otra parte, en Rusia el
capitalismo y el proletariado habían tenido un desarrollo considerable, sin
alcanzar este país, sin embargo, la consolidación de un vasto imperio colonial
atado a fuertes inversiones, como es el caso de las otras naciones capitalistas
desarrolladas.
Rusia no tenía, por lo tanto, como las otras potencias imperialistas de Europa,
un gigantesco flujo de plusvalía de sus colonias, que sirviera de elemento
corruptor de su proletariado y de sustento a poderosas corrientes oportunistas,
como las existentes en Alemania, Francia o Inglaterra.
Rusia tenía para la revolución proletaria muchas de las ventajas de los países
con desarrollo capitalista y, al mismo tiempo, estaba libre en cierto grado de las
trabas a la revolución surgidas, por ejemplo, en países como Inglaterra, "que
explota al mundo entero". Lenin supo comprender tempranamente la situación
privilegiada para la revolución en que se encontraba su país y ya en una de sus 8
primeras obras, en "¿Qué Hacer?", afirma: "La historia plantea hoy ante nosotros
una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas
inmediatas del proletariado de ningún otro país. La realización de esta tarea, la
demolición del más poderoso baluarte, no ya de la reacción europea sino también
(hoy podemos afirmarlo) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso
en la vanguardia del proletariado internacional".
Para materializar la revolución, Lenin, en abierta y constante lucha contra los
oportunistas —basándose en las enseñanzas de Marx y Engels— diseña una
estrategia y una táctica para la conquista del Poder en Rusia. "La doctrina de
Marx —escribe— estableció las verdaderas tareas de un partido socialista
revolucionario: no componer planes de reorganización de la sociedad ni ocuparse
de la prédica a los capitalistas o sus acólitos de la necesidad de mejorar la
situación de los obreros, ni tampoco urdir conjuraciones, sino organizar la lucha
de clases del proletariado y dirigir esa lucha, que tiene por objetivo final la
conquista del poder político por el proletariado y la organización de una sociedad
socialista".
A través de la dirección marxista de la lucha de clases del proletariado, éste eleva
su conciencia política y se transforma en fuerza dirigente de grandes masas
interesadas en la revolución. Se desencadenan entonces las más amplias y
variadas luchas de masas y acciones legales e ilegales, que han de confluir
finalmente en una huelga general política, considerada por Lenin como la
antesala de la insurrección armada. Todas esas variadas luchas de masas
encabezadas por el proletariado, tienen por objeto educar en la acción a las
masas y prepararlas para desencadenar, en el momento más oportuno, la
insurrección armada.
"Se puede considerar completamente maduro el momento de la batalla decisiva
—escribe Lenin— si todas las fuerzas de clase que no son adversas están
suficientemente sumidas en la confusión, suficientemente enfrentadas entre sí,
suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus fuerzas"; si "todos los
elementos vacilantes, volubles, inconsistentes, intermedios, es decir, la pequeñaburguesía, la democracia pequeñoburguesa, que se diferencia de la burguesía, se
han desenmascarado suficientemente ante el pueblo, se han cubierto
suficientemente de oprobio por su bancarrota práctica"; si "en las masas
proletarias empieza a aparecer y a extenderse con poderoso impulso el afán de
apoyar las acciones revolucionarias más resueltas, más valientes y abnegadas
contra la burguesía. En ese momento es cuando está madura la revolución, en
ese momento nuestra victoria está asegurada, si hemos sabido tener en cuenta...
todas las condiciones indicadas más arriba y hemos elegido acertadamente el
momento".
Estando las condiciones generales dadas, la insurrección armada debe ser
puesta en práctica, no librada a la espontaneidad sino como un arte sujeto a
ciertos principios y normas. En este punto, Lenin, parafraseando las conocidas
tesis de Marx y Engels, señala las normas generales para la insurrección:
"1) No jugar nunca a la insurrección, y una vez empezada ésta saber firmemente
que hay que llevarla a término.
2) Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivos fuerzas muy
superiores, porque de lo contrario el enemigo, mejor preparado y organizado,
aniquilará a los insurrectos. 9
3) Una vez empezada la insurrección hay que proceder con la mayor decisión y
pasar obligatoria e incondicionalmente a la ofensiva. 'La defensiva es la muerte
de la insurrección armada'.
4) Hay que esforzarse en pillar al enemigo desprevenido, hay que aprovechar el
momento en que sus tropas se hallen dispersas.
5) Hay que esforzarse en obtener éxitos diarios, aunque sean pequeños (incluso
podría decirse que cada hora, si se trata de una sola ciudad), manteniendo a
toda costa la superioridad moral".
Este modelo de estrategia revolucionaria ha resultado adecuado a países donde
el proletariado —en número y en experiencia revolucionaria— constituye una
fuerza decisiva; donde el enemigo burgués concentra en pocas manos los
elementos básicos de la economía; donde la clase obrera se encuentra
fuertemente concentrada, particularmente en las industrias de las grandes
ciudades; donde la dominación de otras naciones imperialistas o no existe o es
débil. En tales circunstancias el desenlace de una insurrección armada —
preparada eso sí a través de prolongados combates de todo tipo de las masas
dirigidas por el proletariado— debe consumarse en un plazo relativamente breve,
es
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decir, en algunos días o semanas. La etapa propiamente armada del choque
revolucionario de clases, por lo tanto, se dará fundamentalmente al final de la
lucha, será breve y las acciones armadas decisivas se librarán básicamente en
las grandes ciudades, con apoyo, eso si, de alzamientos campesinos.
Lenin no sólo planeó teóricamente el desarrollo de una insurrección de este tipo
en Rusia, sino que dirigió directamente las batallas tácticas que habrían de
derrocar en dicho país al zarismo primero y llevar luego al proletariado al poder.
Sin embargo, como veremos más adelante la estrategia y táctica de la lucha
armada de masas destinada a conquistar el Poder que emprendiera Lenin en
Rusia, debe sufrir profundas modificaciones para aplicarse con éxito en los
países coloniales, semicoloniales y dependientes, países atrasados en su
desarrollo económico y dominados por el imperialismo. En este punto, Mao Tsetung, al formular su teoría de la guerra popular, realizó inestimables aportes a la
estrategia y táctica de la lucha armada revolucionaria de masas, que es preciso
poner en práctica en estos países para conquistar el poder. Esto no significa, sin
embargo, que algunos principios de la insurrección leninista no sean también
utilizados en ciertos aspectos de los países atrasados y sometidos por el
imperialismo y el que no existan en estos países casos en que sea preciso
combinar de algún modo ambos métodos de lucha armada revolucionaria.
LENIN Y EL MUNDO COLONIAL
La Primera Guerra Mundial y, principalmente, el triunfo del proletariado en
Rusia, influyen poderosamente en el desarrollo de las luchas de liberación en los
países coloniales y sojuzgados por el imperialismo. Lenin es el primero que
advierte y pone de relieve —contra los oportunistas— la importancia que esta
lucha tiene como formidable apoyo para el proletariado que combate en Europa
contra esa misma burguesía imperialista, que oprime al mundo colonial y semicolonial. No obstante, en la época de Lenin, debido al atraso del desarrollo
capitalista y por ende del proletariado en tales países sometidos al imperialismo,
y a la gran influencia de la burguesía en los movimientos nacionalistas existentes 10
en ellos, no se prevé una evolución próxima en esas luchas —en función de la
presencia de fuerzas proletarias— hacia una revolución socialista.
En el mundo colonial y semicolonial se plantea a la III Internacional una
diferencia bastante significativa: la existente entre países como China, por
ejemplo, donde el proletariado tenía ya cierto desarrollo, y países como Persia,
Turquía y otros donde prácticamente no existía proletariado. En estos últimos
países no existía dirección proletaria sobre los movimientos nacionalistas y
antimperialistas. Por lo mismo, Lenin, respecto a países como Turquía y Persia,
en sus tesis a la Internacional, pone el acento en la necesidad de una dirección
revolucionario-proletaria del movimiento nacionalista, desde el exterior, a partir
del movimiento comunista de los países más avanzados y, muy particularmente,
del proletariado en el poder en Rusia.
"Es indiscutible —señala Lenin— que el proletariado de los países avanzados
puede y debe ayudar a las masas trabajadoras atrasadas, y que el desarrollo de
los países atrasados puede salir de su fase actual cuando el proletariado
triunfante de las Repúblicas Soviéticas tienda la mano a esas masas y pueda
prestarles apoyo".
Este apoyo del movimiento comunista al nacionalismo de estas colonias y
semicolonias más atrasadas y sin proletariado —puesto que en ellas la dirección
del movimiento estaba básicamente en manos de la burguesía— es planteada en
la Internacional por Lenin de un modo condicionado. Se apoyará, expresa, "los
movimientos burgueses de liberación en las colonias en el caso de que sus
representantes no nos impidan educar y organizar en un espíritu revolucionario
a los campesinos y a las grandes masas explotadas".
Respecto a esos mismos países más atrasados, puesto que ni siquiera existía en
ellos una fuerza proletaria que tomara desde el interior la dirección y
sistematizara una experiencia y una conducción revolucionaria del movimiento
de liberación, Lenin propone atraer en ellos a las masas hacia el modelo de los
soviets ya probados en Rusia. Habla de educar a las masas en "los postulados
fundamentales del régimen soviético", para que "los campesinos, colocados en
una dependencia semifeudal, puedan asimilar muy bien la idea de la
organización soviética y sean capaces de ponerla en práctica".
Este posible paso a ciertas formas de soviets campesinos en los países más
atrasados del mundo colonial es concebido por Lenin fundamentalmente sobre la
base de la influencia que en esas masas pudiera tener el proletariado en el poder
en las naciones más avanzadas de Europa.
"Si el proletariado revolucionario victorioso —señala Lenin— realiza entre esos
pueblos una propaganda sistemática y los gobiernos soviéticos (subrayado
nuestro) les ayudan con todos los medios a su alcance, es erróneo suponer que la
fase capitalista de desarrollo sea inevitable para los pueblos atrasados. En todas
las colonias y en todos los países atrasados, no sólo debemos formar cuadros
propios de luchadores y organizaciones de partido, no sólo debemos realizar una
propaganda inmediata en pro de la creación de soviets campesinos, tratando de
adaptarlos a las condicionas precapitalistas, sino que la Internacional Comunista
habrá de promulgar, dándole una base teórica, la tesis de que los países
atrasados, con la ayuda del proletariado de las naciones adelantadas, pueden
pasar al régimen soviético y, a través de determinadas etapas de desarrollo, al
comunismo, soslayando en su desenvolvimiento la fase capitalista". 11
Nuestra opinión es que este planteamiento de Lenin y de la Internacional, tendía
a integrar al movimiento nacionalista de los países coloniales y semicoloniales al
de la revolución proletaria de Europa, en circunstancias que no existía ni la
experiencia, ni los antecedentes suficientes, como para definir con precisión una
política revolucionaria proletaria específica para dichos países. De lo que se
trataba, por lo tanto, era de
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ofrecer al menos un modelo provisorio, el de los soviets, a las masas trabajadoras
de dichos países, para impedir que la dirección burguesa del movimiento
nacionalista los sumara al frente imperialista y antisoviético. Se trata de una
política que emerge de la urgencia de integrar dichos movimientos nacionalistas
y antimperialistas a la revolución proletaria en Europa en apoyo de la revolución
triunfante y amenazada en Rusia.
"Ahora —escribe Lenin— nuestra Revolución Soviética tiene que agrupar en
torno suyo a todos los pueblos de Oriente que despiertan, para luchar junto a
ellos contra el imperialismo internacional...". "De por si se comprende que sólo
puede vencer definitivamente el proletariado de todos los países avanzados del
mundo, y nosotros, los rusos, comenzamos la obra que afianzará el proletariado
francés, inglés o alemán; pero vemos que ellos no vencerán sin la ayuda de las
masas trabajadoras de todos los pueblos coloniales oprimidos y, en primer lugar,
de los pueblos de Oriente. Debemos comprender que la vanguardia sola no puede
llevar a cabo el paso al comunismo".
En relación con países coloniales o semi-coloniales, como la India o China, donde
existía cierto desarrollo proletario, se aprueban en la Internacional las tesis
especiales de Roy respecto a esos países. En ellas se recomienda —cuando sea
oportuno, es decir, "en el periodo de paso de la revolución democrático-burguesa
a la .proletaria", la formación de soviets de diputados obreros y campesinos.
A través de las tesis aprobadas en el II Congreso de la Internacional y en
reuniones posteriores de ella, así como en la polémica que Stalin sostiene contra
la oposición trotskista respecto a China, se advierten grandes vacíos respecto al
camino que conduciría a los países coloniales y semicoloniales a la revolución
proletaria. Estos vacíos y aun ciertos errores cometidos en lo que respecta a la
orientación revolucionaria a seguir en dichos países, son perfectamente
explicables, puesto que la violenta irrupción de esta lucha nacionalista y
antimperialista del mundo colonial y semicolonial, implica para el marxismo un
problema nuevo y que reviste muchas particularidades diferentes a como se
desarrollaba la revolución en las naciones capitalistas.
El propio Lenin reconoce constantemente que la teoría revolucionaria para
dichos países está por desarrollarse y que la última palabra la deberán decir los
comunistas que surjan en esos países. En su Informe a las Organizaciones
Comunistas de los Pueblos de Oriente, por ejemplo, sostiene: "debéis saber
aplicar esa teoría y esa práctica (la teoría y la práctica comunistas), adaptándose
a condiciones que no se dan en los países europeos".
Y en otro punto del mismo Informe señala: "Tendréis que plantear esa tarea y
resolverla vosotros mismos, con vuestra propia experiencia". Posteriormente en el
II Congreso de Internacional, refiriéndose al paso al socialismo en los países
coloniales y semicoloniales, escribe: "Los medios que hayan de ser necesarios
para que esto ocurra no pueden ser señalados de antemano. La experiencia
práctica nos los irá sugiriendo". 12
Incluso —como hemos visto— cuando sugiere la posibilidad de atraer a los
trabajadores de los países atrasados hacia la experiencia de los soviets, dice que
la Internacional habrá de promulgar esta idea y esta práctica "dándoles una base
teórica".
En general en todas las discusiones de la Internacional se conciben —de acuerdo
con el modelo conocido y ya probado en Rusia— los soviets como meta final del
movimiento revolucionario en los países atrasados y oprimidos por el
imperialismo, pero no hay completa claridad respecto al camino que conducirá a
la revolución socialista, ni tampoco completa claridad de las etapas
revolucionarias intermedias mediante las cuales se avanzará hacia el socialismo.
LA ETAPA DEL PENSAMIENTO DE MAO TSE-TUNG
A Mao Tse-tung, en cambio, situado en el terreno mismo de un país semifeudal,
colonial y semicolonial donde existía cierto desarrollo proletario, le cabe un papel
decisivo en el desarrollo de una teoría y de una práctica revolucionarias que
conduzcan a derrotar al feudalismo, al imperialismo y al capital monopolista en
China, para pasar luego a la revolución socialista.
Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundiales, se profundiza la dominación de
los países imperialistas en Asia, África y América latina, y las inversiones de las
na-
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ciones capitalistas en las colonias y países dependientes prosiguen a un ritmo
acelerado. Los monopolios capitalistas instalan en dichos países grandes
empresas destinadas especialmente a explotar sus materias primas. Como
subsidiarias de esas empresas imperialistas surgen otras menores controladas
por una naciente burguesía nativa.
El imperialismo cumple en los países oprimidos un papel contradictorio: por una
parte frena deliberadamente el desarrollo capitalista en ellos en beneficio de sus
propias empresas establecidas en la metrópoli y, por otra parte, no puede menos
que desarrollar en sus colonias y semicolonias el capitalismo al realizar
inversiones en ellas. "La exportación del capital —señala Lenin en su obra "El
Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo"— influye sobre el desarrollo del
capitalismo en los países en que aquél es invertido, acelerándolo
extraordinariamente".
Y en su libro: "El Programa Militar de la Revolución Proletaria", afirma: "Uno de
los rasgos esenciales del imperialismo consiste, precisamente, en que acelera e]
desarrollo del capitalismo en los países atrasados, ampliando y recrudeciendo
por ello mismo la lucha contra la opresión nacional".
Por otra parte, el compromiso de las principales potencias imperialistas en las
dos guerras mundiales, aflojó los controles de éstas sobre las colonias y países
dependientes del imperialismo y creó grandes dificultades a la exportación a ellos
de productos de las metrópolis. Esto hizo posible el desarrollo de una serie de
nuevas empresas capitalistas promovidas por sectores nacionales de la
burguesía, destinadas a sustituir productos que antes se importaban.
Mao Tse-tung, en su libro "La Revolución China y el Partido Comunista de
China", editado en 1939, escribe: "Hace cuarenta años, a finales del siglo pasado
y comienzos del presente, el capitalismo nacional de China dio los primeros 13
pasos en su desarrollo. Más tarde, hace veinte años, durante la Primera Guerra
Mundial imperialista, debido a que los países imperialistas de Europa y
Norteamérica, ocupados en la guerra, relajaron temporalmente su opresión sobre
nuestro país, la industria nacional china, principalmente la textil y la harinera,
cobró nuevo desarrollo".
Posteriormente, en el año 1947, Mao señala que .se había estado formando desde
1927 en China una burguesía monopolista íntimamente aliada del imperialismo.
La formación de esta burguesía monopolista (burguesía, por cierto, de un nivel
económico muy inferior a la de los países capitalistas avanzados de Europa), es
con todo un síntoma del desarrollo capitalista que se estaba gestando en China,
pese al amplio predominio allí de formas semifeudales de economía. En su obra
"La Situación Actual y Nuestras Tareas" del año 1947, Mao afirma: "Durante los
veinte años de su dominación —las cuatro grandes familias: Chiang, Soong,
Kung y Chen— han amasado enormes fortunas que alcanzan de diez a veinte mil
millones de dólares norteamericanos, y han monopolizado las arterias vitales de
la economía del país. Este capital monopolista combinado con el Poder del
Estado, se ha convertido en el capitalismo monopolista de Estado".
A Mao Tse-tung, por consiguiente, le toca formular su teoría de la revolución en
un país semifeudal, colonial y semicolonial como China, en los momentos en que
existía ya allí un combativo proletariado y su partido de vanguardia: el Partido
Comunista de China.
En 1919, el proletariado chino que contaba ya con unos tres millones de obreros
organizados, declaró su primera huelga política contra el imperialismo. Entre
comienzos de 1922 y febrero de 1923, más de 300 mil obreros participaron en
unas 100 huelgas. Posteriormente, en el año 1925, los obreros de Shanghai
declararon una gran huelga contra los imperialistas británicos y japoneses. A
raíz de esta huelga la policía británica realizó una masacre de trabajadores. Esta
masacre provocó —en todas las ciudades importantes del país— un gigantesco
movimiento de protesta bajo las formas más variadas: huelgas, manifestaciones,
acciones armadas, mítines, etc. Tan sólo en Cantón y Hong-Kong —puerto cuyo
comercio internacional fue bloqueado por completo— la huelga duró más de un
año.
El Partido Comunista de China nació en el año 1921 y poco antes de la traición
de Chiang Kai-shek, perpetrada en 1927, tenía ya 50 mil miembros. Después de
varios altibajos en su militancia en relación con derrotas sufridas por el
predominio en su dirección de desviaciones de "izquierda" o derecha, llegó a tener
—durante la guerra de resistencia contra Japón— más de un millón 200 mil
militantes. Posteriormente, en la lucha final contra Chiang Kai-shek, su
militancia se elevó a 3 millones de miembros.
Es sabido que en 1935 —en pleno desarrollo de la Gran Marcha— el
pensamiento de Mao Tse-tung logra imponerse definitivamente en el Partido, en
lucha contra las desviaciones oportunistas.
EL PROBLEMA DEL PODER
Uno de los aportes fundamentales de Mao Tse-tung al marxismo-leninismo en su
tercera etapa de desarrollo, es el haber caracterizado claramente el tipo de
Estado y de Poder por el que hay que luchar en los países coloniales,
semicoloniales y dependientes, en la etapa previa a la revolución socialista. Mao
Tse-tung define claramente las dos etapas de la revolución y diferencia
nítidamente la primera etapa de Nueva Democracia o Democracia Popular, tanto 14
de las antiguas revoluciones democrático-burguesas como de la revolución
socialista. "La revolución democrático-burguesa en la China de hoy —escribe—
no es del viejo tipo corriente, hoy anticuado, sino de un nuevo tipo especial. Este
tipo de revolución se desarrolla en China y en todos los países coloniales y
semicoloniales, y nosotros la denominamos revolución de la nueva democracia.
La revolución de la nueva democracia es parte de la revolución mundial
socialista-proletaria, que lucha resueltamente contra el imperialismo o
capitalismo internacional... Una revolución de la nueva democracia es una
revolución de las masas populares dirigidas por el proletariado y orientada
contra el imperialismo y el feudalismo... La revolución democrática es la
(Pág. 23)
preparación necesaria para la revolución socialista; y la revolución socialista es el
resultado inevitable de la revolución democrática".
Esta clara distinción de las etapas de la revolución, hecha por Mao Tse-tung, es
la que le permite definir con meridiana claridad el tipo de Poder y de Estado a
alcanzar en cada una de esas etapas. La concepción de Mao de la revolución
ininterrumpida a través de etapas, se distingue claramente también de la
posición que tenían Trotsky y sus seguidores. Estos —como es sabido—
pretendían y aún pretenden desconocer en los países coloniales, semicoloniales y
dependientes la necesidad de la etapa revolucionaria democrático-popular, previa
a la etapa de la revolución socialista. Trotsky, en efecto, en su obra: "La
Revolución Permanente", sostenía que con el programa democrático-popular, "el
Partido Comunista chino se halla atado de pies y manos y se ve obligado a ceder
pasivamente el campo a la socialdemocracia china..." y opinaba, además, que: "la
dictadura democrática del proletariado y de los campesinos... es una ficción, un
fraude contra sí mismo, o algo peor". Como es sabido Mao Tse-tung concibió la
dictadura democrático-popular aun de un modo más amplio que aquel que
criticaba Trotsky, por su amplitud, pues incorporó al poder "a la clase obrera, el
campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional". "Dirigidas
por la clase obrera y el Partido Comunista —expresa en junio de 1949 en su obra
"Sobre la Dictadura Democrática Popular"— estas clases se unen, forman su
propio Estado, eligen su propio gobierno y ejercen la dictadura sobre los lacayos
del imperialismo es decir, sobre la clase terrateniente y la clase capitalista
burocrática..." Las afirmaciones citadas de Trotsky —como la mayor parte de sus
delirantes teorías— no necesitan comentarios, pues la propia historia se ha
encargado de dar su veredicto sobre ellas.
En la época en que Lenin vivía y aun en las discusiones posteriores de la
Internacional acerca del problema nacional y colonial o de China en particular, la
verdad es que no se concebía con claridad el tipo de Poder y de Estado que debía
surgir de la lucha antimperialista y antifeudal de los países coloniales y
oprimidos, como etapa previa al Poder y al Estado socialista. En otras palabras,
no se plantea claramente la consumación de la lucha antimperialista, antifeudal
(y antimonopolista más adelante), como una forma de Poder y de Estado a
conquistar por el pueblo dirigido por el proletariado. No se comprende tampoco
plenamente —aunque a veces formulada con cierta ambigüedad— la posibilidad
de que la burguesía nacional participe en tal forma de Estado y de Poder. Hay
ciertas referencias, por ejemplo, a algunas formas transitorias y muy localizadas
de poder, como el del Kuomintang de Wuhan en 1927 después del golpe de
Chiang Kai-shek, como una forma de dictadura "del proletariado y del
campesinado", mostrando como futuro de ella la dictadura del proletariado. Al no 15
plantearse claramente —como lo hace Mao Tse-tung para toda China— un poder
y un Estado de Democracia-Popular, como meta revolucionarla previa a la
revolución socialista y al plantearse ciertas formas estructurales, locales y
transitorias del frente único, como expresión del cumplimiento de la etapa previa
a la revolución socialista, no se encaraba en realidad la formulación de una
auténtica revolución Democrático-Popular. Con esos planteamientos se
confundía etapas de la lucha revolucionaria con etapas de la revolución. Sólo se
puede hablar de una etapa de la revolución —del modo como lo plantea para
China Mao Tse-tung— es decir, cuando hay una demolición de un tipo de Poder y
de Estado, para reemplazarlo por otro.
Mao Tse-tung, en cambio, expresa respecto a la meta de la primera etapa
revolucionaria: "La República democrática china que queremos establecer ahora,
sólo puede ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los
sectores antimperialistas y antifeudales, dirigida por el proletariado es decir, una
república de nueva democracia... Esta república de nueva democracia será
diferente, por una parte, de la vieja república capitalista, al estilo europeo y
norteamericano, bajo la dictadura de la burguesía, esto es, la república de vieja
democracia, ya caduca. Por otra parte, será diferente también de la república
socialista, al estilo soviético, bajo la dictadura del proletariado, república que ya
florece en la Unión Soviética y que se establecerá también en todos los países
capitalistas y llegará a ser indudablemente la forma dominante de estructura del
Estado y del Poder en todos los países industrialmente avanzados. Esta forma,
sin embargo, no puede ser adoptada por un determinado período histórico, en la
revolución de los países coloniales y semicoloniales. Consecuentemente, en todos
estos países la revolución sólo puede adoptar en dicho período una tercera forma
de Estado: la república de nueva democracia. Esta es la forma que corresponde a
un determinado período histórico y, por lo tanto, es una forma de transición,
pero obligatoria y necesaria".
Lo más importante es que Mao Tse-tung, al establecer con meridiana claridad
esta meta revolucionaria de transición al socialismo, no sólo señaló un objetivo
para China sino para todos los países coloniales y semicoloniales. Mao Tse-tung
fue perfectamente consciente de la universalidad de su formulación —en relación
con el mundo colonial y semicolonial— realizada al definir el Estado de nueva
democracia o democracia-popular. Refiriéndose a dicho Estado, dice: "El tercer
tipo es una forma de Estado de transición que debe adoptarse en las
revoluciones de los países coloniales y semicoloniales. Cada una de dichas
revoluciones tendrá necesariamente características propias, pero éstas
representarán ligeras diferencias dentro de la semejanza general. Siempre que se
trate de revoluciones en colonias o semicolonias, la estructura del Estado y del
Poder será forzosamente idéntica en lo fundamental, es decir, se establecerá un
Estado de nueva democracia bajo la dictadura conjunta de las diversas clases
antimperialistas".
Tenemos, por consiguiente, en lo que toca al problema del poder y del Estado en
el mundo colonial y semicolonial, un claro y decisivo aporte de Mao Tse-tung al
marxismo-leninismo, frente a un asunto no resuelto con anterioridad y, como
veremos más ade-
(Pág. 24)
lante, de vital importancia para resolver la contradicción principal de nuestra
época en la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. 16
__________________________________________ 26
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- Mensaje n°6
Re: Explicación del maoísmo
LA POLITICA DE FRENTE UNICO
En lo que respecta a la política concreta de desarrollo del Frente Unico
revolucionario —uno de los instrumentos básicos para realizar con éxito la
revolución Democrático-Popular— Mao Tse-tung entregó también inestimables
aportes que han enriquecido el marxismo-leninismo. Es verdad que la
Internacional Comunista planteó al Partido Comunista de China la necesidad de
construir el frente único contra el imperialismo y las fuerzas feudales, así como
contra los sectores más reaccionarios de la burguesía. No obstante, como lo
mostrábamos en el párrafo anterior, la Internacional no precisó —con la claridad
y justeza con que lo hizo Mao— las características de la política a seguir, por
parte del proletariado y de su partido de vanguardia, en el frente único. Más aun,
el propio Stalin —que realizó también algunos valiosos aportes a la revolución
china con sus opiniones— formuló algunos planteamientos respecto a la
estrategia a seguir con los sectores intermedios en la revolución, los cuales,
aplicados en China —antes de que se impusiera allí el pensamiento de Mao Tsetung— condujeron a cometer graves errores. Nos referimos a aquel planteamiento
de Stalin cuando sostuvo que, en los distintos períodos de la revolución, el golpe
principal debe dirigirse a aislar a las fuerzas intermedias. El Presidente Mao, en
cambio, formuló la correcta orientación de, apoyándose en las fuerzas
progresistas, ganar a las fuerzas intermedias para el frente único revolucionario,
aislando a las fuerzas recalcitrantes y más reaccionarias. Esta correcta política
planteada por Mao Tse-tung, es de vital importancia en los países coloniales y
semicoloniales, donde el proletariado es relativamente débil y los enemigos son
extremadamente poderosos.
Aparte de la orientación general recién mencionada, Mao Tse-tung trazó toda una
serie de directivas y principios estratégicos. y tácticos precisos para la actuación
del proletariado y de su partido en el frente único. Señaló, por ejemplo, el
carácter dual: de unidad y lucha, de las relaciones entre el proletariado y los
diversos sectores burgueses que participan en el frente único. Sin este concepto
es imposible formular una política clara de la actuación del proletariado en el
frente único, evitando tanto los errores de derecha como los de "izquierda"; es
imposible concertar una alianza útil a la revolución con sectores sociales que
tienen fuertes antagonismos con el proletariado y, a la vez, mantener la
irrenunciable independencia del movimiento proletario, de la que hablaba Lenin.
Las formulaciones de Mao respecto al frente único contienen, además, riquísimas
directivas concretas acerca de cómo el proletariado debe tratar específicamente a
los diversos sectores no proletarios, del frente único o que están fuera de él,
discriminando cuidadosamente las diferencias que existen entre ellos. Incluso
analiza cómo tratarlos en las diversas fases del desarrollo revolucionario según
su comportamiento concreto. Realiza, además, una clara diferenciación entre las
fuerzas que constituyen la base del frente único: el proletariado y el
campesinado, respecto de las otras fuerzas que lo integran y muestra cómo es la
alianza obrero-campesina, la que condiciona la posibilidad de dirigir a los otros
sectores del frente único.
Lo anterior está íntimamente relacionado con otro principio que Mao Tse-tung
pone de relieve respecto al frente único: la base de la unidad del frente único es
la lucha y no las concesiones. Esta formulación marca una clara diferencia de los
frentes únicos fraguados por los oportunistas —basados principalmente en
concesiones a la burguesía y en renunciar a la dirección proletaria— de los
frentes únicos marxistas-leninistas. Precisamente la unidad sobre la base de la 17
lucha, particularmente de la lucha de obreros y campesinos, y la firme dirección
proletaria, es lo que hace posible el carácter ininterrumpido de la revolución por
etapas, es decir, el paso de la revolución democrático-popular a la revolución
socialista.
Todos los conceptos básicos y de principio formulados por Mao Tse-tung para la
construcción del frente único revolucionario, tienen plena validez para los países
sojuzgados por el imperialismo y oprimidos por fuerzas semifeudales y
monopolistas internas. Existe, por otra parte, una completa y estrecha relación
entre las concepciones de Mao acerca del frente único y la concreción que él
plantea de la primera etapa revolucionaria en un Estado de nueva democracia o
democracia-popular.
Nos encontramos, por lo tanto, en relación con las ideas de Mao Tse-tung sobre
el frente único —ideas plenamente confirmadas por la práctica y no sólo de la
Revolución china— con un aporte de validez universal para la inmensa mayoría
de la Humanidad, que vive en Asia, África y América latina en naciones
oprimidas por el imperialismo y atrasadas en su desarrollo económico.
LA LUCHA ARMADA POR EL PODER
Mao Tse-tung no sólo rechaza con sus concepciones las tesis revisionistas de un
camino pacífico al Poder, sino que formuló una estrategia y una táctica
totalmente originales y adecuadas a las características esenciales de los países
coloniales, semicoloniales y dependientes, para el derrocamiento armado de las
fuerzas más reaccionarias: la guerra popular. En la generalidad de los países de
Asia, África y América latina, el proletariado es débil debido al bajo desarrollo
capitalista y, por lo general, el campesinado es más numeroso que la clase
obrera. Salvo algunas excepciones, en la mayor parte de estos países predomina
la población rural por sobre la población urbana. En general, en ellos los
sectores más reaccionarios del enemigo se encuentran sólidamente fortificados y
defendidos por sus fuerzas represivas en las grandes ciudades. Estos enemigos
fundamentales del proletariado son, además, extremadamente poderosos ya que
a los terratenientes y a la burguesía monopolista o proimperialista, dispuestos a
defender a sangre y fuego sus privilegios, se suma el imperialismo que también
defiende en última instancia sus inversiones por medio de la intervención
armada.
(Pág. 25)
En los países coloniales y dependientes —por lo mismo— es muy difícil
conquistar el poder por medio de una rápida ofensiva insurreccional, como en
Rusia, y si es que se logra conquistarlo así es muy difícil mantenerlo. La
debilidad del proletariado, la intervención del imperialismo, la baja población de
las ciudades, el atraso de los sectores no proletarios y muchos otros factores,
obligan a buscar otro camino para expulsar al imperialismo y derrocar a los
sectores terratenientes y monopolistas de la burguesía.
Pues bien, Mao Tse-tung es quien da respuesta, para los países dominados por el
imperialismo y atrasados, a este problema no resuelto hasta entonces por el
marxismo-leninismo. La guerra popular soluciona el problema de cómo avanzar
en el desarrollo de una lucha armada por el Poder, siendo —en el sentido
estratégico— inicialmente más poderosas las fuerzas reaccionarias. Nos enseña a
combatir cuando nos conviene y a retirarnos si una batalla nos será
desfavorable. Nos enseña, estando en inferioridad estratégica respecto al 18
enemigo, a conseguir superioridad táctica sobre él en cada batalla o, en caso
contrario, a eludir un enfrenta-miento decisivo.
Mao Tse-tung nos enseña que la guerra popular es la guerra de las masas y que
no puede tener éxito sino movilizando al pueblo para que, de una u otra manera,
participe en ella. Nos enseña, en función de lo anterior, que en la guerra popular
es preciso poner la política al mando y que el Partido gobierne el fusil; a confiar
más en el hombre que en los armamentos o en la técnica militar o a resolver
todos los problemas de la guerra basándonos fundamentalmente en los propios
esfuerzos del pueblo. Una guerra de esta especie no pueden practicarla los
reaccionarios —aquellos que oprimen al pueblo— por mucho que hayan
estudiado sus principios.
Mao Tse-tung, en las difíciles condiciones de los países atrasados, nos enseña a
des-preciar estratégicamente al enemigo inicialmente más poderoso,
desencadenando la guerra contra él, y tomándolo muy en serio en el sentido
táctico, para no ser prematuramente aniquilados. Nos muestra que una guerra
de esta especie será necesariamente una guerra de carácter prolongado en su
desarrollo y que dicho desarrollo intensificará las contradicciones en el seno del
enemigo y acrecentará las ventajas de las fuerzas revolucionarias. Mientras el
adversario irá sufriendo el aniquilamiento progresivo de sus fuerzas armadas,
más y más sectores del pueblo se sumarán a las fuerzas armadas populares o a
tareas de apoyo a ellas. Mientras el enemigo reaccionario se descompone política
y moralmente y pierde su base de sustentación inicial, las fuerzas
revolucionarias van ganando cada día más apoyo y prestigio. Mientras el enemigo
se desconcierta con sus fracasos, se desorganiza y pierde armamentos, el ejército
popular eleva constantemente su experiencia de combate, robustece su moral y
se arma a costa del enemigo.
La guerra popular nos enseña a dar principalmente batallas de aniquilamiento
contra el enemigo y no de simple desgaste o contención; a buscar este
aniquilamiento del adversario, por encima del intento de controlar determinados
territorios; a aniquilar al enemigo en aquellos puntos en que es más débil y
cuando se encuentra dividido; a comenzar por golpearlo en el campo y en las
ciudades pequeñas y medias, para más adelante —cuando seamos
estratégicamente más fuertes— derrotarlo allí donde es más poderoso: en las
grandes ciudades. Nos enseña a hacernos fuertes en aquellos lugares que
podamos defender con el apoyo de las masas, creando bases de apoyo que sirvan
de sustento, aunque sea temporal, al Poder y al ejército popular.
La concepción general o estratégica de la guerra popular —de la cual hemos
enumerado algunas características- está acompañada de numerosas
indicaciones tácticas hechas por Mao, la mayor parte de las cuales poseen
también un valor universal para la guerra revolucionaria de los pueblos
sometidos al imperialismo y aun para la lucha revolucionaria en los países
avanzados.
La concepción de la guerra popular, formulada por Mao Tse-tung y probada en
las dos guerras civiles chinas y en la guerra antijaponesa de ese país, así como
en Vietnam y muchos otros lugares, es una de las más geniales aplicaciones del
materialismo dialéctico a la solución de un problema revolucionario. Sus
conceptos enriquecen y modifican en muchos aspectos incluso el arte
insurreccional ya probado en los países capitalistas más desarrollados. 19
La formulación de la teoría de la guerra popular, así como sus otros aportes al
marxismo-leninismo, pudo llevarlos a cabo Mao Tse-tung por el carácter
profundamente
(Pág. 26)
antidogmático de su pensamiento. Pudo hacerlo porque se propuso dominar no
sólo las leyes de la guerra en general o tan sólo las leyes de la guerra
revolucionaria, sino que profundizar en las leyes de la guerra revolucionaria en
China. Al aplicar el marxismo-leninismo en forma concreta a su país y romper
con la tendencia dogmática a copiar mecánicamente la experiencia revolucionaria
de otros países, pudo Mao Tse-tung realizar un aporte verdaderamente creador al
marxismo-leninismo.
Junto con las diferencias que tiene China respecto a otros países coloniales,
semicoloniales o dependientes, dicho país posee básicamente rasgos comunes
con ellos. Por lo mismo, Mao Tse-tung formuló teorías que en sus aspectos
esenciales son plenamente aplicables a los países subyugados por el
imperialismo y atrasados en su economía. Al aplicar las leyes de la guerra
popular, que son válidas para países como los de América latina, Asia y África,
debemos hacerlo impregnados del profundo espíritu antidogmático que hizo
posible los aportes de Mao Tse-tung al marxismo. Debemos hacerlo respetando
los principios del marxismo-leninismo-maoísmo que son comunes a las
condiciones objetivas de China y de nuestros países, pero teniendo siempre
presente las condiciones concretas y específicas de cada país.
LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL
Después de la Segunda Guerra Mundial se produjo un profundo cambio en la
importancia relativa de las contradicciones fundamentales del mundo
contemporáneo. En la época de Lenin, y hasta la pasada guerra mundial,
continuó siendo la contradicción principal y más aguda la existente entre el
proletariado de ciertos países capitalistas desarrollados y sus burguesías; así
como la contradicción entre ciertas potencias imperialistas empeñadas en
destruir a la URSS, y esta nación, que se había transformado en el baluarte del
proletariado internacional. En esos momentos en que se consolidaba con grandes
dificultades el Poder soviético, la defensa de la URSS constituía uno de los
deberes más actuales y fundamentales de los movimientos proletario y colonial.
"La situación política mundial —escribe Lenin en 1920— ha planteado ahora en
el orden del día la cuestión de la dictadura del proletariado, y todos los
acontecimientos de la política mundial convergen de un modo inevitable en un
punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial contra la República
Soviética de Rusia, la cual agrupa necesariamente en torno suyo, de una parte,
los movimientos soviéticos de los obreros de vanguardia de todos los países y, de
otra parte todos los movimientos de liberación nacional de las colonias y de los
pueblos oprimidos, que se convencen por amarga experiencia de que no existe
para ellos otra salvación que el triunfo del Poder Soviético sobre el imperialismo
mundial".
Después de la Segunda Guerra Mundial —y en gran parte como consecuencia de
ella— el imperialismo norteamericano se transformó en el centro de la reacción
mundial, en la sede de los mayores monopolios capitalistas conocidos en la
historia, en el mayor y más agresivo explotador de otros pueblos y en el más
sanguinario, agresivo y cruel núcleo contrarrevolucionario que haya existido
nunca. 20
El capitalismo monopolista yanqui ha logrado controlar con fuertes inversiones o
influir de un modo bastante decisivo, en los propios monopolios capitalistas de
las otras naciones imperialistas. Por este camino explota, también, a través de
esos monopolios, a la casi totalidad del mundo colonial, semi-colonial o
dependiente. El imperialismo norteamericano concentra en sus manos y maneja
a diversos imperialismos, siendo así, hoy por hoy, el enemigo número uno y
común de todos los pueblos del mundo. Este factor de unificación de la lucha, de
todos los pueblos del mundo contra su principal y común enemigo: el
imperialismo norteamericano, ha prestado un inmenso vigor en especial a la
lucha de los países coloniales y oprimidos, que sufren la más feroz explotación
foránea e interna.
Por otra parte, los pueblos de Asia, África y América latina, reciben sobre sus
espaldas el peso principal de las contradicciones y crisis que azotan al
capitalismo monopolista en su agonía. Soportan las consecuencias de la violenta
pugna del imperialismo yanqui con las otras naciones imperialistas —incluyendo
entre ellas al social-imperialismo soviético— por los mercados de inversión, por
las materias primas y mercados de venta. Esta competencia y la resistencia de
los pueblos a ser explotados, exige gigantescos gastos en armas, propaganda,
fuerzas militares y policiales, sobornos, etc., gastos que recaen principalmente
sobre los pueblos de los tres continentes mencionados. Los países imperialistas,
además, y muy especialmente Estados Unidos, deben emplear una parte de sus
utilidades para comprar a los líderes oportunistas y a ciertas capas privilegiadas
del proletariado en sus naciones y aun en el propio mundo colonial y
dependiente, para que frenen la lucha revolucionaria. Estos gastos recaen
también, en última instancia, sobre los pueblos de Asia, África y América latina
oprimidos todavía por el imperialismo. En resumen, la propia política de
explotación directa de nuestros trabajadores, que se ejerce en las empresas
controladas por el imperialismo, requiere fabulosas sumas adicionales, que se
multiplican día a día en la medida en que el sistema imperialista se descompone,
y que representan una bestial superexplotación de nuestros pueblos. Esta
despiadada superexplotación y la feroz represión que la hace posible, no podía
menos que despertar una poderosa lucha de los países sojuzgados por el
imperialismo en contra de éste.
Los factores señalados —entre otros— han determinado que en la época actual
se haya trasladado el centro de la lucha revolucionaria mundial, del proletariado
de los países capitalistas más desarrollados a los países de Asia, África y América
latina. En su obra "Viva el Triunfo de la Guerra Popular", Lin Piao ha señalado
con razón al respecto: "Las crecientes tempestades revolucionarias que se han
desatado en estas regiones en la post-guerra, se han convertido en la fuerza más
importante que golpea hoy directamente al imperialismo norteamericano. La
contradicción entre los pueblos revolucionarios de Asia, África y América latina y
el imperia-
(Pág. 27)
lismo encabezado por los Estados Unidos, es la contradicción principal del
mundo contemporáneo".
Es verdad que los sectores mas explotados del proletariado de los países
capitalistas avanzados combaten heroicamente contra su burguesía y contra la
creciente dominación del imperialismo yanqui sobre sus naciones. Sin embargo,
en dichas naciones la burguesía puede todavía —a costa de un siglo de
explotación colonial— sobornar dirigentes y mantener ciertas capas privilegiadas 21
del proletariado que se resten a la lucha y aun que se opongan a ella. A estas
formas de corrupción directa empleadas por la burguesía se suma la monstruosa
traición del revisionismo contemporáneo encabezado por los dirigentes de la
URSS y la desmoralización que provocan al hacer abandono de todas las
conquistas básicas que realizara el proletariado en las naciones dominadas por
ellos y que integran el Pacto de Varsovia. Estos renegados —como nueva
burguesía y operando desde el Poder— financian e inspiran a partidos obreros
burgueses existentes en prácticamente todos los países capitalistas del mundo.
Si bien el revisionismo contemporáneo, que frena la lucha, opera también en el
mundo colonial y dependiente, la intensidad de la explotación que pesa sobre
estos países y su atraso económico, no permite que los oportunistas tengan en
ellos una base social amplia y relativamente estable y que engañen en forma
prolongada al pueblo.
Por otra parte, la amenaza externa que existía antes de la Segunda Guerra
Mundial por parte de las potencias imperialistas contra la URSS, para restaurar
allí el capitalismo, ha variado profundamente de naturaleza. Ahora, tal regresión
la están llevando a cabo los propios dirigentes soviéticos y de un modo pacífico.
La aguda contradicción que existía en los tiempos de Lenin, entre la URSS y el
imperialismo, actualmente —debido a la traición revisionista— se ha tornado en
colaboración y complicidad. En consonancia con esto —como veremos más
adelante— ha debido cambiar también la estrategia y táctica de los marxistaleninistas en la lucha por el socialismo en la URSS y en otras naciones
seudosocialistas.
A los factores de superexplotación ya mencionados sobre los países coloniales y
oprimidos, que hacen de la contradicción entre ellos y el imperialismo la
principal contradicción de nuestra época, se suma —acrecentando este
antagonismo— el desarrollo del capitalismo y con él del proletariado, que ha
promovido el imperialismo al acrecentar aun más sus inversiones después de la
Segunda Guerra Mundial en los países que explota y oprime. Es preciso tomar en
cuenta que en el grado actual de desarrollo alcanzado por el imperialismo, éste
no invierte ya tan sólo en materias primas sino que está montando —en los
países coloniales, semicoloniales y dependientes— complejas empresas
industriales para liberarse de los impuestos de la metrópoli, obtener mano de
obra barata y acercarse a las fuentes de materias primas. El imperialismo
yanqui, además se encuentra embarcado en una intensa campaña para
apoderarse, sobre la base de capitales mixtos, de las empresas estatales y
particulares más rentables de los países capitalistas y atrasados. Todo esto no ha
podido menos que desarrollar el capitalismo y al proletariado en las naciones y
países subyugados por el imperialismo. Desde el triunfo de la grandiosa
Revolución china, el proletariado cada vez más fuerte de estos países no tiene por
meta tan sólo encabezar la lucha por la liberación nacional y contra los
terratenientes y las burguesías monopolistas, sino el desgajarse del sistema
capitalista para conquistar el socialismo. Existen, por consiguiente, fuerzas
proletarias cada vez más sólidas en Asia, África y América latina, que están
tomando en sus manos la contradicción principal de nuestra época, aquella que
sepultará definitivamente el sistema de explotación del hombre por el hombre.
El propio Lenin, con genial intuición, alcanzó a prever en su época la importancia
decisiva que jugaría más adelante la lucha de los pueblos y naciones oprimidos.
En el III Congreso de la Internacional Comunista celebrado en 1921, expresa: "Y
es claro a todas luces que, en las futuras batallas decisivas de la revolución
mundial, el movimiento de la mayoría de la población del globo terráqueo, 22
encaminado al principio hacia la liberación nacional, se volverá contra el
capitalismo y el imperialismo y desempeñará tal vez un papel revolucionario
mucho más importante de lo que esperamos". Y en otro artículo dirigido a "La
Asociación Revolucionaria de la India", dice: "Únicamente cuando los obreros y
los campesinos hindúes, chinos, coreanos, japoneses, persas y turcos se tiendan
la mano unos a otros y marchen juntos en la lucha común de liberación,
únicamente entonces quedará asegurada la victoria decisiva sobre los
explotadores". Y en 1923, Lenin afirma: "Algunas gentes, no atentas a las
condiciones de preparación y desarrollo de la lucha de masas, habían caído en la
desesperación y el anarquismo, influidas por el largo aplazamiento de la lucha
decisiva contra el capitalismo en Europa. Hoy vemos todo lo miope y pusilánime
que es la desesperación anarquista. No desesperación, sino ánimo debe inspirar
el hecho de que ochocientos millones de hombres de Asia se hayan incorporado a
la lucha por los mismos ideales europeos".
Son precisamente los geniales conceptos de Mao Tse-tung acerca del frente
único, de la guerra popular y otros, los que permiten actualmente encarar mejor
en escala mundial al imperialismo para derrotarlo, desarrollando una estrategia
global revolucionaria, que se apoye en la contradicción principal de nuestra
época: la de los pueblos y naciones oprimidos contra el imperialismo. Como
señala Lin Piao: "Mirado el mundo en su conjunto, la América del Norte y la
Europa Occidental pueden ser llamados las 'ciudades del mundo' y Asia, África y
América latina, sus 'zonas rurales'. Después de la Segunda Guerra Mundial, por
diversos motivos el movimiento revolucionario proletario en los países
capitalistas de la América del Norte y de la Europa Occidental, se ha visto
retardado temporalmente, mientras el movimiento revolucionario popular en
Asia, África y América latina se ha desarrollado con todo vigor. De modo, pues,
que la revolución mundial de nuestros días también presenta, en cierto sentido,
una situación en
(Pág. 28)
que las ciudades se ven rodeadas por el campo. La causa de la revolución
mundial dependerá, en fin de cuentas, de la lucha revolucionaria de los pueblos
de Asia, África y América latina, que representan la mayoría abrumadora de la
población mundial".
El pensamiento de Mao Tse-tung, por lo tanto, no sólo nos entrega una estrategia
y una táctica probadas y correctas para desarrollar la lucha revolucionarla en el
interior de cada uno de los países sometidos al imperialismo, sino que permite
también formular una estrategia general revolucionaria para terminar con el
imperialismo y la explotación sobre la faz de la tierra. Así como las teorías de
Marx y Engels primero, y las de Lenin más tarde, dieron en su tiempo respuesta,
desde el punto de vista de los intereses del proletariado, a las contradicciones
principales de ese entonces, en nuestros días el pensamiento de Mao Tse-tung
cumple este papel histórico.
LA REVOLUCIÓN CULTURAL PROLETARIA
En el mundo contemporáneo ha surgido un gravísimo problema en aquellos
países donde el proletariado logró derrocar a la burguesía, abriendo de este modo
paso a la construcción del socialismo. Este problema dice relación con las
medidas que el proletariado debe tomar para continuar en el socialismo la lucha
de clases contra la burguesía e impedir que se apodere del poder una nueva
burguesía burocrática —que controle en su beneficio los medios socializados de 23
producción— y que termine por restaurar el capitalismo y la propiedad privada
sobre los medios de producción.
Mao Tse-tung realizó también un genial aporte a la nueva etapa de desarrollo del
marxismo-leninismo, resolviendo el problema de cómo conducir la lucha de
clases en la sociedad socialista. Desde el triunfo mismo de la Revolución de
Nueva Democracia en 1949, Mao Tse-tung ha encabezado y orientado la línea
proletaria de construcción del socialismo, en permanente lucha contra la línea
burguesa. Esta lucha ha culminado con la reciente Gran Revolución Cultural
Proletaria —dirigida personalmente por Mao Tse-tung— en que las grandes
masas populares encabezadas por el proletariado, han arrebatado aquella parte
del poder usurpado por quienes pretendían restaurar el capitalismo en China.
Mao Tse-tung demuestra cómo no es posible para establecer la influencia y lucha
de las clases sociales, particularmente en el socialismo en que la burguesía ha
sido ya derrotada en el terreno económico y en su dominio absoluto sobre el
Poder, atenerse tan sólo a una definición de las clases según el papel que ocupen
en la producción. "Al juzgar a las clases —señala— debemos considerar no sólo
los aspectos económicos sino los aspectos políticos e Ideológicos". Si bien en el
socialismo las clases explotadoras han sido —en lo fundamental— expropiadas y
privadas del Poder, la lucha contra ellas en el terreno de la superestructura debe
proseguir con gran vigor hasta su derrota completa.
Ya en su obra "Sobre la Contradicción", escrita en 1937, Mao plantea que en
determinadas condiciones la superestructura puede jugar el papel más
importante y decisivo en el desarrollo de la revolución.
"Es verdad —afirma allí— que las fuerzas productivas, la práctica y la base
económica desempeñan por regla general el papel principal y decisivo; quien
niegue esto no es materialista, pero hay que admitir también que, bajo ciertas
condiciones, las relaciones de producción, la teoría y la superestructura
desempeñan, a su vez, el papel principal y decisivo. Cuando el desarrollo de las
fuerzas productivas se hace imposible sin un cambio de las relaciones de
producción, este cambio desempeña el papel principal y decisivo... Cuando la
superestructura (política, cultural, etc.) obstaculiza el desarrollo de la base
económica, las transformaciones políticas y culturales pasan a ser lo principal y
decisivo. ¿Estamos yendo en contra del materialismo al afirmar esto? No. La
razón es que, junto con reconocer que, en el curso general del desarrollo
histórico, lo material determina lo espiritual y el ser social determina la
conciencia social, también reconocemos y debemos reconocer la reacción que a
su vez ejerce lo espiritual sobre lo material, la conciencia social sobre el ser social
y la superestructura sobre la base económica. No vamos así contra el
materialismo sino que evitamos el materialismo mecanicista y defendemos
firmemente el materialismo dialéctico".
Pues bien, precisamente en el sistema socialista —según expresa Mao— "después
de eliminados los enemigos con fusiles, quedarán los enemigos sin fusiles,
quienes entablarán, inevitablemente, una lucha a muerte contra nosotros; jamás
debemos subestimarlos". Esta lucha de clases en el socialismo contra la
burguesía se libra especialmente en la superestructura. De otro modo los
remanentes de las clases reaccionarias derrotadas y aquellos elementos
revolucionarios que se corrompen, crearán una opinión pública favorable a sus
intentos de restaurar el capitalismo y, por último, lograrán hacerlo de hecho.
"Para derrocar el Poder político —expresa Mao— es siempre necesario, ante todo, 24
crear opinión pública y trabajar en el terreno ideológico. Así proceden las clases
revolucionarias, y también las clases contrarrevolucionarias".
Existe toda una ideología con que las clases reaccionarias preparan en el
socialismo la restauración del capitalismo: los incentivos materiales en la
economía, el egoísmo, el individualismo, el burocratismo y la separación de las
masas, el nacionalismo contrario al internacionalismo proletario, el tecnicismo
apolítico, etc. Esta es, precisamente, la línea burguesa que —desorientando a las
masas— ha hecho posible la usurpación del Poder en la URSS y otros países de
Europa Oriental, por una nueva .burguesía burocrática que aprovecha en su
beneficio las empresas estatales y que va entregando progresivamente nuevos
medios de producción a manos privadas.
Lenin alcanzó a percibir la importancia de proseguir la lucha contra la burguesía
en el socialismo y advirtió en varias ocasiones contra la posibilidad de
restauración del capitalismo en la URSS. Sin embargo, le tocó vivir sólo unos
pocos años después del triunfo del socialismo en Rusia y durante un período de
violento enfrentamiento económi-
(Pág. 29)
co y militar contra las potencias imperialistas, en que difícilmente existía en la
URSS un terreno favorable a la restauración interna del capitalismo. Por ello,
puso especial énfasis en la construcción acelerada de la economía socialista —en
especial de la industria pesada— que haría posible la autonomía económica y la
defensa militar de la URSS.
Mao Tse-tung, esgrimiendo conceptos ideológicos, políticos y morales con que
había inspirado al Partido y al Ejército Popular desde los tiempos de Yenan,
desencadenó —a través de la Revolución Cultural Proletaria— el más gigantesco
movimiento de masas conocido en la historia, para derrocar a los revisionistas
que pretendían restaurar el capitalismo en China, encabezados por el traidor Liu
Shao-chi.
La Revolución Cultural Proletaria es el paso más formidable dado en un país
socialista hacia la meta del comunismo, en que se extinguirá el Estado y las
masas tomarán en sus manos plena y conscientemente los asuntos políticos,
militares, culturales y de todo tipo.
A través de la Revolución Cultural se ha fortalecido el temple de las nuevas
generaciones chinas, dándole a la juventud un relevante papel en la propia
Revolución Cultural e intensificando su conocimiento de las luchas y
sufrimientos del pasado, que a ella no le tocó vivir, para que conozca el alto
precio que el pueblo pagó por el socialismo y evitar de este modo el conformismo
y aburguesamiento de la juventud que existe en los países seudosocialistas.
A través de la Revolución Cultural, se ha motivado a las grandes masas a tomar
en sus manos los asuntos del Estado, así como los problemas culturales,
militares y de todo tipo de la construcción socialista. Se ha impulsado la
formación de un hombre integral, que conozca por experiencia directa los
problemas agrícolas, industriales, culturales y militares. Se ha promovido, al
mismo tiempo, por primera vez en la historia, un estudio masivo y una aplicación
masiva del marxismo-leninismo y de su tercera etapa: el pensamiento de Mao
Tse-tung.
A partir de la Revolución Cultural, se ha intensificado la lucha contra la
burocratización y por la participación de todos los dirigentes de cualquier orden, 25
en el trabajo productivo junto a las masas y en la necesidad de aceptar la critica
permanente de las masas.
La Revolución Cultural ha dado un paso gigantesco hacia la formación del futuro
hombre de la sociedad comunista, llevando la revolución, la lucha de clases entre
el proletariado y la burguesía "hasta el alma misma de la gente". Ha enseñado a
cada hombre a transformarse a sí mismo en blanco de la revolución y a combatir
en su propia conciencia las ideas, sentimientos y hábitos reaccionarios. Al
combatir la ideología burguesa en China, la Revolución Cultural ha sacado a luz
el riquísimo contenido de la moral revolucionarla, con que Mao Tse-tung educara
desde hace decenios al Partido Comunista de China. Los conceptos de "servir al
pueblo", de poner los intereses públicos por sobre los privados, de ser modestos y
con espíritu autocrítico, de ser resueltos y no temer a los sacrificios para
conquistar la victoria, y tantos otros, no sólo tienen ya importancia para el
pueblo chino sino para todos los revolucionarios del mundo.
Tenemos, pues, que Mao Tse-tung respecto a este nuevo problema trascendental
de nuestra época, el de cómo hacer la revolución dentro de la propia sociedad
socialista para impedir allí que las antiguas clases reaccionarias y los
revisionistas contemporáneos restauren el capitalismo, y avanzar resueltamente
hacia el comunismo ha dado, en la teoría y en la práctica, una respuesta
correcta, desarrollando el marxismo-leninismo a un nuevo nivel. La firme lucha
que el Partido Comunista de China encabezado por Mao —siguiendo la tradición
leninista— ha dado contra el revisionismo contemporáneo, se eleva a un nuevo
plano más avanzado al mostrar —a través de la Revolución Cultural— como se
resuelve este problema de la lucha de clases en el socialismo que,
lamentablemente, ha sumado a las fuerzas de la burguesía a una serie de
Estados donde el proletariado había conquistado el Poder.
Si consideramos —como es correcto hacerlo— la lucha del mundo colonial, semicolonial y dependiente de nuestra época por su liberación y por el socialismo,
como la contradicción principal que se opone a la burguesía imperialista
contemporánea; si consideramos la lucha contra la corrupción y restauración
capitalista surgida en el propio mundo socialista, y contra el revisionismo
contemporáneo como problemas vitales de nuestra época, encontraremos en el
pensamiento de Mao Tse-tung —etapa nueva del marxismo-leninismo— la
solución correcta a estos problemas
En lo que respecta a la política concreta de desarrollo del Frente Unico
revolucionario —uno de los instrumentos básicos para realizar con éxito la
revolución Democrático-Popular— Mao Tse-tung entregó también inestimables
aportes que han enriquecido el marxismo-leninismo. Es verdad que la
Internacional Comunista planteó al Partido Comunista de China la necesidad de
construir el frente único contra el imperialismo y las fuerzas feudales, así como
contra los sectores más reaccionarios de la burguesía. No obstante, como lo
mostrábamos en el párrafo anterior, la Internacional no precisó —con la claridad
y justeza con que lo hizo Mao— las características de la política a seguir, por
parte del proletariado y de su partido de vanguardia, en el frente único. Más aun,
el propio Stalin —que realizó también algunos valiosos aportes a la revolución
china con sus opiniones— formuló algunos planteamientos respecto a la
estrategia a seguir con los sectores intermedios en la revolución, los cuales,
aplicados en China —antes de que se impusiera allí el pensamiento de Mao Tsetung— condujeron a cometer graves errores. Nos referimos a aquel planteamiento
de Stalin cuando sostuvo que, en los distintos períodos de la revolución, el golpe
principal debe dirigirse a aislar a las fuerzas intermedias. El Presidente Mao, en
cambio, formuló la correcta orientación de, apoyándose en las fuerzas
progresistas, ganar a las fuerzas intermedias para el frente único revolucionario,
aislando a las fuerzas recalcitrantes y más reaccionarias. Esta correcta política
planteada por Mao Tse-tung, es de vital importancia en los países coloniales y
semicoloniales, donde el proletariado es relativamente débil y los enemigos son
extremadamente poderosos.
Aparte de la orientación general recién mencionada, Mao Tse-tung trazó toda una
serie de directivas y principios estratégicos. y tácticos precisos para la actuación
del proletariado y de su partido en el frente único. Señaló, por ejemplo, el
carácter dual: de unidad y lucha, de las relaciones entre el proletariado y los
diversos sectores burgueses que participan en el frente único. Sin este concepto
es imposible formular una política clara de la actuación del proletariado en el
frente único, evitando tanto los errores de derecha como los de "izquierda"; es
imposible concertar una alianza útil a la revolución con sectores sociales que
tienen fuertes antagonismos con el proletariado y, a la vez, mantener la
irrenunciable independencia del movimiento proletario, de la que hablaba Lenin.
Las formulaciones de Mao respecto al frente único contienen, además, riquísimas
directivas concretas acerca de cómo el proletariado debe tratar específicamente a
los diversos sectores no proletarios, del frente único o que están fuera de él,
discriminando cuidadosamente las diferencias que existen entre ellos. Incluso
analiza cómo tratarlos en las diversas fases del desarrollo revolucionario según
su comportamiento concreto. Realiza, además, una clara diferenciación entre las
fuerzas que constituyen la base del frente único: el proletariado y el
campesinado, respecto de las otras fuerzas que lo integran y muestra cómo es la
alianza obrero-campesina, la que condiciona la posibilidad de dirigir a los otros
sectores del frente único.
Lo anterior está íntimamente relacionado con otro principio que Mao Tse-tung
pone de relieve respecto al frente único: la base de la unidad del frente único es
la lucha y no las concesiones. Esta formulación marca una clara diferencia de los
frentes únicos fraguados por los oportunistas —basados principalmente en
concesiones a la burguesía y en renunciar a la dirección proletaria— de los
frentes únicos marxistas-leninistas. Precisamente la unidad sobre la base de la 17
lucha, particularmente de la lucha de obreros y campesinos, y la firme dirección
proletaria, es lo que hace posible el carácter ininterrumpido de la revolución por
etapas, es decir, el paso de la revolución democrático-popular a la revolución
socialista.
Todos los conceptos básicos y de principio formulados por Mao Tse-tung para la
construcción del frente único revolucionario, tienen plena validez para los países
sojuzgados por el imperialismo y oprimidos por fuerzas semifeudales y
monopolistas internas. Existe, por otra parte, una completa y estrecha relación
entre las concepciones de Mao acerca del frente único y la concreción que él
plantea de la primera etapa revolucionaria en un Estado de nueva democracia o
democracia-popular.
Nos encontramos, por lo tanto, en relación con las ideas de Mao Tse-tung sobre
el frente único —ideas plenamente confirmadas por la práctica y no sólo de la
Revolución china— con un aporte de validez universal para la inmensa mayoría
de la Humanidad, que vive en Asia, África y América latina en naciones
oprimidas por el imperialismo y atrasadas en su desarrollo económico.
LA LUCHA ARMADA POR EL PODER
Mao Tse-tung no sólo rechaza con sus concepciones las tesis revisionistas de un
camino pacífico al Poder, sino que formuló una estrategia y una táctica
totalmente originales y adecuadas a las características esenciales de los países
coloniales, semicoloniales y dependientes, para el derrocamiento armado de las
fuerzas más reaccionarias: la guerra popular. En la generalidad de los países de
Asia, África y América latina, el proletariado es débil debido al bajo desarrollo
capitalista y, por lo general, el campesinado es más numeroso que la clase
obrera. Salvo algunas excepciones, en la mayor parte de estos países predomina
la población rural por sobre la población urbana. En general, en ellos los
sectores más reaccionarios del enemigo se encuentran sólidamente fortificados y
defendidos por sus fuerzas represivas en las grandes ciudades. Estos enemigos
fundamentales del proletariado son, además, extremadamente poderosos ya que
a los terratenientes y a la burguesía monopolista o proimperialista, dispuestos a
defender a sangre y fuego sus privilegios, se suma el imperialismo que también
defiende en última instancia sus inversiones por medio de la intervención
armada.
(Pág. 25)
En los países coloniales y dependientes —por lo mismo— es muy difícil
conquistar el poder por medio de una rápida ofensiva insurreccional, como en
Rusia, y si es que se logra conquistarlo así es muy difícil mantenerlo. La
debilidad del proletariado, la intervención del imperialismo, la baja población de
las ciudades, el atraso de los sectores no proletarios y muchos otros factores,
obligan a buscar otro camino para expulsar al imperialismo y derrocar a los
sectores terratenientes y monopolistas de la burguesía.
Pues bien, Mao Tse-tung es quien da respuesta, para los países dominados por el
imperialismo y atrasados, a este problema no resuelto hasta entonces por el
marxismo-leninismo. La guerra popular soluciona el problema de cómo avanzar
en el desarrollo de una lucha armada por el Poder, siendo —en el sentido
estratégico— inicialmente más poderosas las fuerzas reaccionarias. Nos enseña a
combatir cuando nos conviene y a retirarnos si una batalla nos será
desfavorable. Nos enseña, estando en inferioridad estratégica respecto al 18
enemigo, a conseguir superioridad táctica sobre él en cada batalla o, en caso
contrario, a eludir un enfrenta-miento decisivo.
Mao Tse-tung nos enseña que la guerra popular es la guerra de las masas y que
no puede tener éxito sino movilizando al pueblo para que, de una u otra manera,
participe en ella. Nos enseña, en función de lo anterior, que en la guerra popular
es preciso poner la política al mando y que el Partido gobierne el fusil; a confiar
más en el hombre que en los armamentos o en la técnica militar o a resolver
todos los problemas de la guerra basándonos fundamentalmente en los propios
esfuerzos del pueblo. Una guerra de esta especie no pueden practicarla los
reaccionarios —aquellos que oprimen al pueblo— por mucho que hayan
estudiado sus principios.
Mao Tse-tung, en las difíciles condiciones de los países atrasados, nos enseña a
des-preciar estratégicamente al enemigo inicialmente más poderoso,
desencadenando la guerra contra él, y tomándolo muy en serio en el sentido
táctico, para no ser prematuramente aniquilados. Nos muestra que una guerra
de esta especie será necesariamente una guerra de carácter prolongado en su
desarrollo y que dicho desarrollo intensificará las contradicciones en el seno del
enemigo y acrecentará las ventajas de las fuerzas revolucionarias. Mientras el
adversario irá sufriendo el aniquilamiento progresivo de sus fuerzas armadas,
más y más sectores del pueblo se sumarán a las fuerzas armadas populares o a
tareas de apoyo a ellas. Mientras el enemigo reaccionario se descompone política
y moralmente y pierde su base de sustentación inicial, las fuerzas
revolucionarias van ganando cada día más apoyo y prestigio. Mientras el enemigo
se desconcierta con sus fracasos, se desorganiza y pierde armamentos, el ejército
popular eleva constantemente su experiencia de combate, robustece su moral y
se arma a costa del enemigo.
La guerra popular nos enseña a dar principalmente batallas de aniquilamiento
contra el enemigo y no de simple desgaste o contención; a buscar este
aniquilamiento del adversario, por encima del intento de controlar determinados
territorios; a aniquilar al enemigo en aquellos puntos en que es más débil y
cuando se encuentra dividido; a comenzar por golpearlo en el campo y en las
ciudades pequeñas y medias, para más adelante —cuando seamos
estratégicamente más fuertes— derrotarlo allí donde es más poderoso: en las
grandes ciudades. Nos enseña a hacernos fuertes en aquellos lugares que
podamos defender con el apoyo de las masas, creando bases de apoyo que sirvan
de sustento, aunque sea temporal, al Poder y al ejército popular.
La concepción general o estratégica de la guerra popular —de la cual hemos
enumerado algunas características- está acompañada de numerosas
indicaciones tácticas hechas por Mao, la mayor parte de las cuales poseen
también un valor universal para la guerra revolucionaria de los pueblos
sometidos al imperialismo y aun para la lucha revolucionaria en los países
avanzados.
La concepción de la guerra popular, formulada por Mao Tse-tung y probada en
las dos guerras civiles chinas y en la guerra antijaponesa de ese país, así como
en Vietnam y muchos otros lugares, es una de las más geniales aplicaciones del
materialismo dialéctico a la solución de un problema revolucionario. Sus
conceptos enriquecen y modifican en muchos aspectos incluso el arte
insurreccional ya probado en los países capitalistas más desarrollados. 19
La formulación de la teoría de la guerra popular, así como sus otros aportes al
marxismo-leninismo, pudo llevarlos a cabo Mao Tse-tung por el carácter
profundamente
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antidogmático de su pensamiento. Pudo hacerlo porque se propuso dominar no
sólo las leyes de la guerra en general o tan sólo las leyes de la guerra
revolucionaria, sino que profundizar en las leyes de la guerra revolucionaria en
China. Al aplicar el marxismo-leninismo en forma concreta a su país y romper
con la tendencia dogmática a copiar mecánicamente la experiencia revolucionaria
de otros países, pudo Mao Tse-tung realizar un aporte verdaderamente creador al
marxismo-leninismo.
Junto con las diferencias que tiene China respecto a otros países coloniales,
semicoloniales o dependientes, dicho país posee básicamente rasgos comunes
con ellos. Por lo mismo, Mao Tse-tung formuló teorías que en sus aspectos
esenciales son plenamente aplicables a los países subyugados por el
imperialismo y atrasados en su economía. Al aplicar las leyes de la guerra
popular, que son válidas para países como los de América latina, Asia y África,
debemos hacerlo impregnados del profundo espíritu antidogmático que hizo
posible los aportes de Mao Tse-tung al marxismo. Debemos hacerlo respetando
los principios del marxismo-leninismo-maoísmo que son comunes a las
condiciones objetivas de China y de nuestros países, pero teniendo siempre
presente las condiciones concretas y específicas de cada país.
LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL
Después de la Segunda Guerra Mundial se produjo un profundo cambio en la
importancia relativa de las contradicciones fundamentales del mundo
contemporáneo. En la época de Lenin, y hasta la pasada guerra mundial,
continuó siendo la contradicción principal y más aguda la existente entre el
proletariado de ciertos países capitalistas desarrollados y sus burguesías; así
como la contradicción entre ciertas potencias imperialistas empeñadas en
destruir a la URSS, y esta nación, que se había transformado en el baluarte del
proletariado internacional. En esos momentos en que se consolidaba con grandes
dificultades el Poder soviético, la defensa de la URSS constituía uno de los
deberes más actuales y fundamentales de los movimientos proletario y colonial.
"La situación política mundial —escribe Lenin en 1920— ha planteado ahora en
el orden del día la cuestión de la dictadura del proletariado, y todos los
acontecimientos de la política mundial convergen de un modo inevitable en un
punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial contra la República
Soviética de Rusia, la cual agrupa necesariamente en torno suyo, de una parte,
los movimientos soviéticos de los obreros de vanguardia de todos los países y, de
otra parte todos los movimientos de liberación nacional de las colonias y de los
pueblos oprimidos, que se convencen por amarga experiencia de que no existe
para ellos otra salvación que el triunfo del Poder Soviético sobre el imperialismo
mundial".
Después de la Segunda Guerra Mundial —y en gran parte como consecuencia de
ella— el imperialismo norteamericano se transformó en el centro de la reacción
mundial, en la sede de los mayores monopolios capitalistas conocidos en la
historia, en el mayor y más agresivo explotador de otros pueblos y en el más
sanguinario, agresivo y cruel núcleo contrarrevolucionario que haya existido
nunca. 20
El capitalismo monopolista yanqui ha logrado controlar con fuertes inversiones o
influir de un modo bastante decisivo, en los propios monopolios capitalistas de
las otras naciones imperialistas. Por este camino explota, también, a través de
esos monopolios, a la casi totalidad del mundo colonial, semi-colonial o
dependiente. El imperialismo norteamericano concentra en sus manos y maneja
a diversos imperialismos, siendo así, hoy por hoy, el enemigo número uno y
común de todos los pueblos del mundo. Este factor de unificación de la lucha, de
todos los pueblos del mundo contra su principal y común enemigo: el
imperialismo norteamericano, ha prestado un inmenso vigor en especial a la
lucha de los países coloniales y oprimidos, que sufren la más feroz explotación
foránea e interna.
Por otra parte, los pueblos de Asia, África y América latina, reciben sobre sus
espaldas el peso principal de las contradicciones y crisis que azotan al
capitalismo monopolista en su agonía. Soportan las consecuencias de la violenta
pugna del imperialismo yanqui con las otras naciones imperialistas —incluyendo
entre ellas al social-imperialismo soviético— por los mercados de inversión, por
las materias primas y mercados de venta. Esta competencia y la resistencia de
los pueblos a ser explotados, exige gigantescos gastos en armas, propaganda,
fuerzas militares y policiales, sobornos, etc., gastos que recaen principalmente
sobre los pueblos de los tres continentes mencionados. Los países imperialistas,
además, y muy especialmente Estados Unidos, deben emplear una parte de sus
utilidades para comprar a los líderes oportunistas y a ciertas capas privilegiadas
del proletariado en sus naciones y aun en el propio mundo colonial y
dependiente, para que frenen la lucha revolucionaria. Estos gastos recaen
también, en última instancia, sobre los pueblos de Asia, África y América latina
oprimidos todavía por el imperialismo. En resumen, la propia política de
explotación directa de nuestros trabajadores, que se ejerce en las empresas
controladas por el imperialismo, requiere fabulosas sumas adicionales, que se
multiplican día a día en la medida en que el sistema imperialista se descompone,
y que representan una bestial superexplotación de nuestros pueblos. Esta
despiadada superexplotación y la feroz represión que la hace posible, no podía
menos que despertar una poderosa lucha de los países sojuzgados por el
imperialismo en contra de éste.
Los factores señalados —entre otros— han determinado que en la época actual
se haya trasladado el centro de la lucha revolucionaria mundial, del proletariado
de los países capitalistas más desarrollados a los países de Asia, África y América
latina. En su obra "Viva el Triunfo de la Guerra Popular", Lin Piao ha señalado
con razón al respecto: "Las crecientes tempestades revolucionarias que se han
desatado en estas regiones en la post-guerra, se han convertido en la fuerza más
importante que golpea hoy directamente al imperialismo norteamericano. La
contradicción entre los pueblos revolucionarios de Asia, África y América latina y
el imperia-
(Pág. 27)
lismo encabezado por los Estados Unidos, es la contradicción principal del
mundo contemporáneo".
Es verdad que los sectores mas explotados del proletariado de los países
capitalistas avanzados combaten heroicamente contra su burguesía y contra la
creciente dominación del imperialismo yanqui sobre sus naciones. Sin embargo,
en dichas naciones la burguesía puede todavía —a costa de un siglo de
explotación colonial— sobornar dirigentes y mantener ciertas capas privilegiadas 21
del proletariado que se resten a la lucha y aun que se opongan a ella. A estas
formas de corrupción directa empleadas por la burguesía se suma la monstruosa
traición del revisionismo contemporáneo encabezado por los dirigentes de la
URSS y la desmoralización que provocan al hacer abandono de todas las
conquistas básicas que realizara el proletariado en las naciones dominadas por
ellos y que integran el Pacto de Varsovia. Estos renegados —como nueva
burguesía y operando desde el Poder— financian e inspiran a partidos obreros
burgueses existentes en prácticamente todos los países capitalistas del mundo.
Si bien el revisionismo contemporáneo, que frena la lucha, opera también en el
mundo colonial y dependiente, la intensidad de la explotación que pesa sobre
estos países y su atraso económico, no permite que los oportunistas tengan en
ellos una base social amplia y relativamente estable y que engañen en forma
prolongada al pueblo.
Por otra parte, la amenaza externa que existía antes de la Segunda Guerra
Mundial por parte de las potencias imperialistas contra la URSS, para restaurar
allí el capitalismo, ha variado profundamente de naturaleza. Ahora, tal regresión
la están llevando a cabo los propios dirigentes soviéticos y de un modo pacífico.
La aguda contradicción que existía en los tiempos de Lenin, entre la URSS y el
imperialismo, actualmente —debido a la traición revisionista— se ha tornado en
colaboración y complicidad. En consonancia con esto —como veremos más
adelante— ha debido cambiar también la estrategia y táctica de los marxistaleninistas en la lucha por el socialismo en la URSS y en otras naciones
seudosocialistas.
A los factores de superexplotación ya mencionados sobre los países coloniales y
oprimidos, que hacen de la contradicción entre ellos y el imperialismo la
principal contradicción de nuestra época, se suma —acrecentando este
antagonismo— el desarrollo del capitalismo y con él del proletariado, que ha
promovido el imperialismo al acrecentar aun más sus inversiones después de la
Segunda Guerra Mundial en los países que explota y oprime. Es preciso tomar en
cuenta que en el grado actual de desarrollo alcanzado por el imperialismo, éste
no invierte ya tan sólo en materias primas sino que está montando —en los
países coloniales, semicoloniales y dependientes— complejas empresas
industriales para liberarse de los impuestos de la metrópoli, obtener mano de
obra barata y acercarse a las fuentes de materias primas. El imperialismo
yanqui, además se encuentra embarcado en una intensa campaña para
apoderarse, sobre la base de capitales mixtos, de las empresas estatales y
particulares más rentables de los países capitalistas y atrasados. Todo esto no ha
podido menos que desarrollar el capitalismo y al proletariado en las naciones y
países subyugados por el imperialismo. Desde el triunfo de la grandiosa
Revolución china, el proletariado cada vez más fuerte de estos países no tiene por
meta tan sólo encabezar la lucha por la liberación nacional y contra los
terratenientes y las burguesías monopolistas, sino el desgajarse del sistema
capitalista para conquistar el socialismo. Existen, por consiguiente, fuerzas
proletarias cada vez más sólidas en Asia, África y América latina, que están
tomando en sus manos la contradicción principal de nuestra época, aquella que
sepultará definitivamente el sistema de explotación del hombre por el hombre.
El propio Lenin, con genial intuición, alcanzó a prever en su época la importancia
decisiva que jugaría más adelante la lucha de los pueblos y naciones oprimidos.
En el III Congreso de la Internacional Comunista celebrado en 1921, expresa: "Y
es claro a todas luces que, en las futuras batallas decisivas de la revolución
mundial, el movimiento de la mayoría de la población del globo terráqueo, 22
encaminado al principio hacia la liberación nacional, se volverá contra el
capitalismo y el imperialismo y desempeñará tal vez un papel revolucionario
mucho más importante de lo que esperamos". Y en otro artículo dirigido a "La
Asociación Revolucionaria de la India", dice: "Únicamente cuando los obreros y
los campesinos hindúes, chinos, coreanos, japoneses, persas y turcos se tiendan
la mano unos a otros y marchen juntos en la lucha común de liberación,
únicamente entonces quedará asegurada la victoria decisiva sobre los
explotadores". Y en 1923, Lenin afirma: "Algunas gentes, no atentas a las
condiciones de preparación y desarrollo de la lucha de masas, habían caído en la
desesperación y el anarquismo, influidas por el largo aplazamiento de la lucha
decisiva contra el capitalismo en Europa. Hoy vemos todo lo miope y pusilánime
que es la desesperación anarquista. No desesperación, sino ánimo debe inspirar
el hecho de que ochocientos millones de hombres de Asia se hayan incorporado a
la lucha por los mismos ideales europeos".
Son precisamente los geniales conceptos de Mao Tse-tung acerca del frente
único, de la guerra popular y otros, los que permiten actualmente encarar mejor
en escala mundial al imperialismo para derrotarlo, desarrollando una estrategia
global revolucionaria, que se apoye en la contradicción principal de nuestra
época: la de los pueblos y naciones oprimidos contra el imperialismo. Como
señala Lin Piao: "Mirado el mundo en su conjunto, la América del Norte y la
Europa Occidental pueden ser llamados las 'ciudades del mundo' y Asia, África y
América latina, sus 'zonas rurales'. Después de la Segunda Guerra Mundial, por
diversos motivos el movimiento revolucionario proletario en los países
capitalistas de la América del Norte y de la Europa Occidental, se ha visto
retardado temporalmente, mientras el movimiento revolucionario popular en
Asia, África y América latina se ha desarrollado con todo vigor. De modo, pues,
que la revolución mundial de nuestros días también presenta, en cierto sentido,
una situación en
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que las ciudades se ven rodeadas por el campo. La causa de la revolución
mundial dependerá, en fin de cuentas, de la lucha revolucionaria de los pueblos
de Asia, África y América latina, que representan la mayoría abrumadora de la
población mundial".
El pensamiento de Mao Tse-tung, por lo tanto, no sólo nos entrega una estrategia
y una táctica probadas y correctas para desarrollar la lucha revolucionarla en el
interior de cada uno de los países sometidos al imperialismo, sino que permite
también formular una estrategia general revolucionaria para terminar con el
imperialismo y la explotación sobre la faz de la tierra. Así como las teorías de
Marx y Engels primero, y las de Lenin más tarde, dieron en su tiempo respuesta,
desde el punto de vista de los intereses del proletariado, a las contradicciones
principales de ese entonces, en nuestros días el pensamiento de Mao Tse-tung
cumple este papel histórico.
LA REVOLUCIÓN CULTURAL PROLETARIA
En el mundo contemporáneo ha surgido un gravísimo problema en aquellos
países donde el proletariado logró derrocar a la burguesía, abriendo de este modo
paso a la construcción del socialismo. Este problema dice relación con las
medidas que el proletariado debe tomar para continuar en el socialismo la lucha
de clases contra la burguesía e impedir que se apodere del poder una nueva
burguesía burocrática —que controle en su beneficio los medios socializados de 23
producción— y que termine por restaurar el capitalismo y la propiedad privada
sobre los medios de producción.
Mao Tse-tung realizó también un genial aporte a la nueva etapa de desarrollo del
marxismo-leninismo, resolviendo el problema de cómo conducir la lucha de
clases en la sociedad socialista. Desde el triunfo mismo de la Revolución de
Nueva Democracia en 1949, Mao Tse-tung ha encabezado y orientado la línea
proletaria de construcción del socialismo, en permanente lucha contra la línea
burguesa. Esta lucha ha culminado con la reciente Gran Revolución Cultural
Proletaria —dirigida personalmente por Mao Tse-tung— en que las grandes
masas populares encabezadas por el proletariado, han arrebatado aquella parte
del poder usurpado por quienes pretendían restaurar el capitalismo en China.
Mao Tse-tung demuestra cómo no es posible para establecer la influencia y lucha
de las clases sociales, particularmente en el socialismo en que la burguesía ha
sido ya derrotada en el terreno económico y en su dominio absoluto sobre el
Poder, atenerse tan sólo a una definición de las clases según el papel que ocupen
en la producción. "Al juzgar a las clases —señala— debemos considerar no sólo
los aspectos económicos sino los aspectos políticos e Ideológicos". Si bien en el
socialismo las clases explotadoras han sido —en lo fundamental— expropiadas y
privadas del Poder, la lucha contra ellas en el terreno de la superestructura debe
proseguir con gran vigor hasta su derrota completa.
Ya en su obra "Sobre la Contradicción", escrita en 1937, Mao plantea que en
determinadas condiciones la superestructura puede jugar el papel más
importante y decisivo en el desarrollo de la revolución.
"Es verdad —afirma allí— que las fuerzas productivas, la práctica y la base
económica desempeñan por regla general el papel principal y decisivo; quien
niegue esto no es materialista, pero hay que admitir también que, bajo ciertas
condiciones, las relaciones de producción, la teoría y la superestructura
desempeñan, a su vez, el papel principal y decisivo. Cuando el desarrollo de las
fuerzas productivas se hace imposible sin un cambio de las relaciones de
producción, este cambio desempeña el papel principal y decisivo... Cuando la
superestructura (política, cultural, etc.) obstaculiza el desarrollo de la base
económica, las transformaciones políticas y culturales pasan a ser lo principal y
decisivo. ¿Estamos yendo en contra del materialismo al afirmar esto? No. La
razón es que, junto con reconocer que, en el curso general del desarrollo
histórico, lo material determina lo espiritual y el ser social determina la
conciencia social, también reconocemos y debemos reconocer la reacción que a
su vez ejerce lo espiritual sobre lo material, la conciencia social sobre el ser social
y la superestructura sobre la base económica. No vamos así contra el
materialismo sino que evitamos el materialismo mecanicista y defendemos
firmemente el materialismo dialéctico".
Pues bien, precisamente en el sistema socialista —según expresa Mao— "después
de eliminados los enemigos con fusiles, quedarán los enemigos sin fusiles,
quienes entablarán, inevitablemente, una lucha a muerte contra nosotros; jamás
debemos subestimarlos". Esta lucha de clases en el socialismo contra la
burguesía se libra especialmente en la superestructura. De otro modo los
remanentes de las clases reaccionarias derrotadas y aquellos elementos
revolucionarios que se corrompen, crearán una opinión pública favorable a sus
intentos de restaurar el capitalismo y, por último, lograrán hacerlo de hecho.
"Para derrocar el Poder político —expresa Mao— es siempre necesario, ante todo, 24
crear opinión pública y trabajar en el terreno ideológico. Así proceden las clases
revolucionarias, y también las clases contrarrevolucionarias".
Existe toda una ideología con que las clases reaccionarias preparan en el
socialismo la restauración del capitalismo: los incentivos materiales en la
economía, el egoísmo, el individualismo, el burocratismo y la separación de las
masas, el nacionalismo contrario al internacionalismo proletario, el tecnicismo
apolítico, etc. Esta es, precisamente, la línea burguesa que —desorientando a las
masas— ha hecho posible la usurpación del Poder en la URSS y otros países de
Europa Oriental, por una nueva .burguesía burocrática que aprovecha en su
beneficio las empresas estatales y que va entregando progresivamente nuevos
medios de producción a manos privadas.
Lenin alcanzó a percibir la importancia de proseguir la lucha contra la burguesía
en el socialismo y advirtió en varias ocasiones contra la posibilidad de
restauración del capitalismo en la URSS. Sin embargo, le tocó vivir sólo unos
pocos años después del triunfo del socialismo en Rusia y durante un período de
violento enfrentamiento económi-
(Pág. 29)
co y militar contra las potencias imperialistas, en que difícilmente existía en la
URSS un terreno favorable a la restauración interna del capitalismo. Por ello,
puso especial énfasis en la construcción acelerada de la economía socialista —en
especial de la industria pesada— que haría posible la autonomía económica y la
defensa militar de la URSS.
Mao Tse-tung, esgrimiendo conceptos ideológicos, políticos y morales con que
había inspirado al Partido y al Ejército Popular desde los tiempos de Yenan,
desencadenó —a través de la Revolución Cultural Proletaria— el más gigantesco
movimiento de masas conocido en la historia, para derrocar a los revisionistas
que pretendían restaurar el capitalismo en China, encabezados por el traidor Liu
Shao-chi.
La Revolución Cultural Proletaria es el paso más formidable dado en un país
socialista hacia la meta del comunismo, en que se extinguirá el Estado y las
masas tomarán en sus manos plena y conscientemente los asuntos políticos,
militares, culturales y de todo tipo.
A través de la Revolución Cultural se ha fortalecido el temple de las nuevas
generaciones chinas, dándole a la juventud un relevante papel en la propia
Revolución Cultural e intensificando su conocimiento de las luchas y
sufrimientos del pasado, que a ella no le tocó vivir, para que conozca el alto
precio que el pueblo pagó por el socialismo y evitar de este modo el conformismo
y aburguesamiento de la juventud que existe en los países seudosocialistas.
A través de la Revolución Cultural, se ha motivado a las grandes masas a tomar
en sus manos los asuntos del Estado, así como los problemas culturales,
militares y de todo tipo de la construcción socialista. Se ha impulsado la
formación de un hombre integral, que conozca por experiencia directa los
problemas agrícolas, industriales, culturales y militares. Se ha promovido, al
mismo tiempo, por primera vez en la historia, un estudio masivo y una aplicación
masiva del marxismo-leninismo y de su tercera etapa: el pensamiento de Mao
Tse-tung.
A partir de la Revolución Cultural, se ha intensificado la lucha contra la
burocratización y por la participación de todos los dirigentes de cualquier orden, 25
en el trabajo productivo junto a las masas y en la necesidad de aceptar la critica
permanente de las masas.
La Revolución Cultural ha dado un paso gigantesco hacia la formación del futuro
hombre de la sociedad comunista, llevando la revolución, la lucha de clases entre
el proletariado y la burguesía "hasta el alma misma de la gente". Ha enseñado a
cada hombre a transformarse a sí mismo en blanco de la revolución y a combatir
en su propia conciencia las ideas, sentimientos y hábitos reaccionarios. Al
combatir la ideología burguesa en China, la Revolución Cultural ha sacado a luz
el riquísimo contenido de la moral revolucionarla, con que Mao Tse-tung educara
desde hace decenios al Partido Comunista de China. Los conceptos de "servir al
pueblo", de poner los intereses públicos por sobre los privados, de ser modestos y
con espíritu autocrítico, de ser resueltos y no temer a los sacrificios para
conquistar la victoria, y tantos otros, no sólo tienen ya importancia para el
pueblo chino sino para todos los revolucionarios del mundo.
Tenemos, pues, que Mao Tse-tung respecto a este nuevo problema trascendental
de nuestra época, el de cómo hacer la revolución dentro de la propia sociedad
socialista para impedir allí que las antiguas clases reaccionarias y los
revisionistas contemporáneos restauren el capitalismo, y avanzar resueltamente
hacia el comunismo ha dado, en la teoría y en la práctica, una respuesta
correcta, desarrollando el marxismo-leninismo a un nuevo nivel. La firme lucha
que el Partido Comunista de China encabezado por Mao —siguiendo la tradición
leninista— ha dado contra el revisionismo contemporáneo, se eleva a un nuevo
plano más avanzado al mostrar —a través de la Revolución Cultural— como se
resuelve este problema de la lucha de clases en el socialismo que,
lamentablemente, ha sumado a las fuerzas de la burguesía a una serie de
Estados donde el proletariado había conquistado el Poder.
Si consideramos —como es correcto hacerlo— la lucha del mundo colonial, semicolonial y dependiente de nuestra época por su liberación y por el socialismo,
como la contradicción principal que se opone a la burguesía imperialista
contemporánea; si consideramos la lucha contra la corrupción y restauración
capitalista surgida en el propio mundo socialista, y contra el revisionismo
contemporáneo como problemas vitales de nuestra época, encontraremos en el
pensamiento de Mao Tse-tung —etapa nueva del marxismo-leninismo— la
solución correcta a estos problemas

Guardian Rojo- Gran camarada

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- Mensaje n°7
Re: Explicación del maoísmo
Para no abrir otro hilo, tambien quisiera saber si hay algun libro BUENO de maoismo en sí, la verdad lo unico que ecuentro son los textos de Mao, unos pequeños del Gonzalo (peru), y uno de jaime Rengel, "El msrximo-leninismo-maoismo". Quiza ustedes conozcan uno que aborde bien el tema.
Pense que habría uno como lo hay del marxismo (Lenin, "Carlos Marx") o como lo hay del leninismo (Stalin, "fundamentos del leninismo")
Pense que habría uno como lo hay del marxismo (Lenin, "Carlos Marx") o como lo hay del leninismo (Stalin, "fundamentos del leninismo")

carlos3- Colaborador estrella

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- Mensaje n°8
Re: Explicación del maoísmo
bueno primero seria importante leer principios del leninismo para poder entender el caracter de "ismo" y despues leer muchos documentos que hay,, de todas forma te advierto que en el maoismos hay lineas , distintas valoraciones, por lo tanto.. por eso es conveniente leer la distintas lineas y diferencias
documentos los puedes encontrar en muchos lados,, pero en definitiva libros que aborden como tema el maoismo no existen, lo mas parecido sería el pensamiento gonzalo , que en realidad es la llamada entrevista del siglo, eso lo puedes encontrar en internet, pero documentos hay varios,
documentos los puedes encontrar en muchos lados,, pero en definitiva libros que aborden como tema el maoismo no existen, lo mas parecido sería el pensamiento gonzalo , que en realidad es la llamada entrevista del siglo, eso lo puedes encontrar en internet, pero documentos hay varios,

SS-18- Administrador

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- Mensaje n°9
Re: Explicación del maoísmo
cpablo escribió:http://www.forocomunista.com/t12252-maoismo-la-etapa-superior-del-marxismo?highlight=maoismo
http://www.forocomunista.com/t8709-teoria-de-los-tres-mundosmaoismo?highlight=maoismo
http://www.forocomunista.com/t8138-el-maoismo-origenes-y-perspectivas?highlight=maoismo
http://www.forocomunista.com/t207-maoismo-cual-fue-su-mejor-obra?highlight=maoismo
http://www.forocomunista.com/t26-que-es-el-maoismo?highlight=maoismo
Joer, gran recopilación compañero.
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SE BUSCAN TEMAS IGUALES O PARECIDOS y SOLO EN EL CASO de NO existir, se abre un hilo nuevo . El desorden es motivo de sanción.
http://www.forocomunista.com/material-grafico-f31/avatares-del-foro-t949.htm
Obligatorio leerse las reglas del foro
http://www.forocomunista.com/comunicados-de-la-administracion-f19/reglamento-de-foro-comunista-t2214.htm

