Los aportes de Mao Tse Tung. Por Otto Vargas (PCR de la Argentina)

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    Los aportes de Mao Tse Tung. Por Otto Vargas (PCR de la Argentina)

    Mensaje por UyL el Mar Ene 24, 2012 8:36 pm

    No puedo poner links porque soy nuevo, como si estuviese en periodo de candidatura, pero acá dejo esta nota escrita por el secretario general del PCR de la Argentina, Otto Vargas, sobre los aportes de Mao al marxismo leninismo. Espero que sea de utilidad, saludos.


    Reproducimos extractos del Perfil de Mao Tsetung, escrito por el secretario general del PCR, Otto Vargas, para la publicación Argenpress en el año 2006.
    Con el subtítulo Dos temas claves, Vargas analiza que “En 1926 Mao Tsetung dirigió la sección campesina del Partido y fundó una escuela de cuadros campesinos en Cantón, uno de los centros de la revolución china.
    Escribió su célebre artículo Análisis de las clases en la sociedad china. Por primera vez, el marxismo-leninismo se aplicaba al estudio de una sociedad feudal y semicolonial... Dos problemas estaban planteados para todo el movimiento revolucionario de Asia, Africa y América Latina.
    Primero: ¿cuál es el principal aliado del proletariado en los países de Asia, Africa y América Latina? Sobre esto, Stalin tuvo una posición clara. Era un debate de la Internacional Comunista y del movimiento revolucionario mundial. En el artículo Acerca de las perspectivas de la Revolución en China escrito en noviembre del ‘26, poco antes de la derrota del ‘27, Stalin escribió: “Yo sé que entre la gente del Kuomintang e inclusive entre los comunistas no consideran posible un desenvolvimiento de la revolución en la aldea, ya que temen que la entrada de la gente del campo a la revolución corrompa el frente único. Esta es una inmensa equivocación, compañeros. El frente antiimperialista en China será tanto más fuerte y poderoso mientras más rápida y completamente se haga entrar a la gente del campo chino a la revolución”.
    Trotski, en cambio, escribía en su libro La revolución permanente: “Hay que arrojar por la borda la teoría reaccionaria de las etapas y de las fases de la revolución. Hay que luchar por la dictadura del proletariado, arrastrando tras de sí al campesinado”.
    “Arrastrar al campesinado”, vieja teoría de Trotski con la que ya polemizó Lenin a comienzos de siglo. Y en su libro El gran organizador de derrotas dice Trotski: “La revolución agraria en China tiene un carácter tan antifeudal como antiburgués, porque el explotador más odiado en el campo es el campesino rico usurero”.
    Si los comunistas chinos le hubiesen hecho caso a Trotski hubiesen terminado colgados. Colgados por los campesinos. Mao, en aquel artículo de 1926, y en el de 1927, Investigación sobre el movimiento campesino en Junán, planteó ya la importancia del movimiento campesino, las clases en el campesinado y los enemigos de la revolución agraria.
    El segundo tema es el de la burguesía nacional. Hay que decir que la Internacional Comunista avanzó en los años ‘26, ‘27 y ‘28 en estos temas... En 1929, los informes centrales de la Conferencia de los partidos comunistas de América Latina, pese a plantear el carácter semifeudal e incluso feudal de los países de América Latina, no subrayaron suficientemente la importancia del problema campesino, o el carácter esencialmente campesino de la cuestión indígena o aborigen. Pusieron el centro en el trabajo con los obreros rurales, y consideraron –dicho textualmente– en bloque, “a la burguesía nacional y extranjera”. Muy lejos, muy lejos, del análisis de Mao de 1926...
    La impronta que la Internacional en su momento y después los soviéticos imprimieron a este problema, cuando entraron en oposición con los dirigentes del Partido Comunista de China, impidió a los revolucionarios de Asia, Africa y América Latina asimilar las ricas experiencias, las más avanzadas experiencias en el movimiento de liberación nacional, que fueron precisamente las experiencias de la clase obrera de China. Es decir que siguen planteados estos dos problemas hoy, en la definición de la estrategia y la táctica de las auténticas fuerzas revolucionarias de Asia, Africa y América Latina: el problema campesino (ya vamos a ver luego esto) y el problema de la burguesía nacional.

    La línea de Mao
    ¿Cuál era la línea de Mao? La línea de hegemonía proletaria en la revolución agraria y antiimperialista de liberación nacional. Esa línea triunfó en el país más grande, más poblado de la tierra. Es una línea que atiende a los problemas claves de la revolución, de la Revolución de Nueva Democracia, y quienquiera verdaderamente llevar al triunfo esa revolución debe estudiar esa experiencia, que es lo que intentamos hacer en el Partido Comunista Revolucionario de la Argentina”.

    La guerra revolucionaria
    El más grande teórico de la guerra revolucionaria, no superado, fue Mao Tsetung.
    Los comunistas cubanos aplicaron esta experiencia en Cuba. Al lado de Raúl Castro, que ya era afiliado al Partido Socialista Popular estaba un dirigente de ese Partido que había estudiado minuciosamente la experiencia china, experiencia que se aplicó en detalle en el frente de Mayarí y en Las Villas. Esa experiencia de apoyarse en las masas, de tomar prisioneros y no fusilar al enemigo, darles buen trato y adoctrinamiento, y mandarlos de vuelta, etc., etc., está muy bien reflejada en un video que recomiendo ver a los que no lo han visto, sobre el Che Guevara. Porque el Che Guevara, en su alforja revolucionaria, es decir en su mochila, tenía tres trabajos: un trabajo que se editó en Moscú sobre la guerra de guerrillas, con trabajos de Marx, Engels, Lenin y Stalín; El Estado y la revolución de Lenin y La Guerra de guerrillas de Mao Tsetung.

    El aporte filosófico de Mao Tsetung
    Mao Tsetung hizo un gran aporte –como decíamos antes– enriqueciendo la teoría filosófica del marxismo-leninismo. El dijo que su trabajo preferido era Acerca de la práctica. Esta obra desarrolló las tesis de Marx y de Engels. Y aquí en la Argentina, donde nuestro carácter de país dependiente se ha manifestado, en lo cultural, con el triunfo fácil de las modas burguesas, sobre todo las originadas en París, padecimos la peste althusseriana que extravió a muchos marxistas.
    Por eso valoramos especialmente el trabajo de Mao Acerca de la práctica. Es indudable también la importancia de su trabajo Sobre la contradicción. Allí Mao rescató y defendió el carácter revolucionario de la dialéctica marxista, basándose en un amplio conocimiento de la filosofía (occidental y china) y de los Cuadernos filosóficos y Materialismo y empiriocriticismo de Lenin.
    Para Mao –igual que para Lenin– la dialéctica es ‘la doctrina acerca de la unidad de los contrarios’. Para Mao: ‘uno se divide en dos’ (al retomar una expresión taoísta ampliamente conocida en China facilitó que millones de chinos hiciesen suyo el método dialéctico de análisis). ‘Uno se divide en dos’ y no como afirman los revisionistas que ‘dos confluyen en uno’, porque esto último subraya el momento de la síntesis, al igual que hizo Hegel.

    La gran revolución cultural proletaria
    Sobre el otro gran tema ¿es posible terminar con la explotación del hombre por el hombre? ¿El derrocamiento de la burguesía y la dictadura del proletariado puede llevar a la humanidad a una sociedad de tal tipo, comunista, o inexorablemente llevará a las deformaciones y a la degeneración a las que llegó en la Unión Soviética y en China? Mao, en la Revolución Cultural Proletaria, dio respuesta teórica y práctica a esta cuestión...
    ¿Producto de qué y por qué sucede esto? Ateniéndose al marxismo, en oposición al idealismo, Mao sostuvo que el revisionismo de Jruschov no era el producto de una mera individualidad negativa, que debían investigarse las contradicciones entre la base económica y en la superestructura para descubrir las raíces objetivas y subjetivas del revisionismo, y llegó a sintetizar la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones de la dictadura del proletariado.
    Brevemente, esta teoría está basada en la comprensión de que la sociedad socialista abarca una etapa histórica bastante prolongada, y en ella hay consonancia y contradicción simultánea entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas y entre la superestructura y la base. En determinado momento el aspecto principal es la contradicción. A lo largo de toda esta etapa existen clases, contradicciones de clase, lucha de clases, existe la lucha entre el camino socialista y el capitalista, existe el peligro de la restauración del capitalismo y existe la amenaza de subversión y de agresión por parte del imperialismo.
    Sintéticamente: Mao concluyó que es necesario persistir en la lucha entre el proletariado y la burguesía; que, bajo la dictadura del proletariado esta lucha se expresa fundamentalmente en la lucha entre los marxistas-leninistas y los revisionistas, entre los que defienden la dictadura del proletariado y los seguidores del camino capitalista dentro del Partido, etc..
    Consideramos la teoría de la continuación de la revolución en las condiciones de la dictadura del proletariado de Mao, y la Revolución Cultural Proletaria, como el punto máximo de avance de la teoría y el movimiento revolucionario proletario desde su inicio.
    Hoy el proletariado ha perdido el poder en los países donde lo había conquistado, pero no volvimos al punto de partida. Atesoramos un gigantesco bagaje de experiencias producto de la lucha revolucionaria de la clase obrera mundial durante dos siglos y tenemos certezas teóricas.
    Estas nos confirman la validez universal de los problemas fundamentales de la doctrina científica de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao y la justeza de la lucha por la dictadura del proletariado a escala mundial. No luchamos por una utopía, es decir, no luchamos por un objetivo inalcanzable.

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    Re: Los aportes de Mao Tse Tung. Por Otto Vargas (PCR de la Argentina)

    Mensaje por carlos3 el Lun Ene 30, 2012 1:10 pm

    vaya ahora entiendo por que ese partido es asi,,, si esa es una defensa de mao ?? , prefiero las criticas del enemigo

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    Re: Los aportes de Mao Tse Tung. Por Otto Vargas (PCR de la Argentina)

    Mensaje por UyL el Lun Ene 30, 2012 1:33 pm

    Ahora se pone a buscar mis mensajes y a perseguirme, como si fuese un provocador policial. Vaya, haga algo por la vida que va a empezar a despertar sospechas.

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    Re: Los aportes de Mao Tse Tung. Por Otto Vargas (PCR de la Argentina)

    Mensaje por carlos3 el Lun Ene 30, 2012 3:00 pm

    nooo lo que quiero dejar claro es que ese partido y esa publicación no es ninguna "defensa del pènsamiento mao" tse tung , ya que nos deja en verguenza ante los demàs camaradas que quien entender el maoismo ,, el PCR DE BOLIVIA Y EL PCR DE ARGENTINA , SON la muestra de que los maoistas tambien tenemos partidos reaccionarios y revisionistas que levantan la banderas del maoismo, y no se preocupe que ya veo que los demàs camarads estan muy claro con respecto a ud.

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    Re: Los aportes de Mao Tse Tung. Por Otto Vargas (PCR de la Argentina)

    Mensaje por carlos3 el Lun Ene 30, 2012 3:11 pm

    es una verguenza ese artículo

    La línea de Mao
    ¿Cuál era la línea de Mao? La línea de hegemonía proletaria en la revolución agraria y antiimperialista de liberación nacional. Esa línea triunfó en el país más grande, más poblado de la tierra. Es una línea que atiende a los problemas claves de la revolución, de la Revolución de Nueva Democracia, y quienquiera verdaderamente llevar al triunfo esa revolución debe estudiar esa experiencia, que es lo que intentamos hacer en el Partido Comunista Revolucionario de la

    eso no alcanza ni para niño de 6º grado ,,, falta una foto que salga con plumeros y haciendo "hip hip urra por mao tse tung" como niña de quince años, por favor màs seriedad

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    Re: Los aportes de Mao Tse Tung. Por Otto Vargas (PCR de la Argentina)

    Mensaje por carlos3 el Lun Ene 30, 2012 3:37 pm

    aca hay algo ams elaborado para que el señor OTTO VARGAS por lo menos estudie un poco antes de publicar niñerias

    LA ETAPA DEL PENSAMIENTO DE MAO TSE-TUNG
    A Mao Tse-tung, en cambio, situado en el terreno mismo de un país semifeudal,
    colonial y semicolonial donde existía cierto desarrollo proletario, le cabe un papel
    decisivo en el desarrollo de una teoría y de una práctica revolucionarias que
    conduzcan a derrotar al feudalismo, al imperialismo y al capital monopolista en
    China, para pasar luego a la revolución socialista.
    Entre la Primera y la Segunda Guerra Mundiales, se profundiza la dominación de
    los países imperialistas en Asia, África y América latina, y las inversiones de las
    na-
    (Pág. 22)
    ciones capitalistas en las colonias y países dependientes prosiguen a un ritmo
    acelerado. Los monopolios capitalistas instalan en dichos países grandes
    empresas destinadas especialmente a explotar sus materias primas. Como
    subsidiarias de esas empresas imperialistas surgen otras menores controladas
    por una naciente burguesía nativa.
    El imperialismo cumple en los países oprimidos un papel contradictorio: por una
    parte frena deliberadamente el desarrollo capitalista en ellos en beneficio de sus
    propias empresas establecidas en la metrópoli y, por otra parte, no puede menos
    que desarrollar en sus colonias y semicolonias el capitalismo al realizar
    inversiones en ellas. "La exportación del capital —señala Lenin en su obra "El
    Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo"— influye sobre el desarrollo del
    capitalismo en los países en que aquél es invertido, acelerándolo
    extraordinariamente".
    Y en su libro: "El Programa Militar de la Revolución Proletaria", afirma: "Uno de
    los rasgos esenciales del imperialismo consiste, precisamente, en que acelera e]
    desarrollo del capitalismo en los países atrasados, ampliando y recrudeciendo
    por ello mismo la lucha contra la opresión nacional".
    Por otra parte, el compromiso de las principales potencias imperialistas en las
    dos guerras mundiales, aflojó los controles de éstas sobre las colonias y países
    dependientes del imperialismo y creó grandes dificultades a la exportación a ellos
    de productos de las metrópolis. Esto hizo posible el desarrollo de una serie de
    nuevas empresas capitalistas promovidas por sectores nacionales de la
    burguesía, destinadas a sustituir productos que antes se importaban.
    Mao Tse-tung, en su libro "La Revolución China y el Partido Comunista de
    China", editado en 1939, escribe: "Hace cuarenta años, a finales del siglo pasado
    y comienzos del presente, el capitalismo nacional de China dio los primeros
    13
    pasos en su desarrollo. Más tarde, hace veinte años, durante la Primera Guerra
    Mundial imperialista, debido a que los países imperialistas de Europa y
    Norteamérica, ocupados en la guerra, relajaron temporalmente su opresión sobre
    nuestro país, la industria nacional china, principalmente la textil y la harinera,
    cobró nuevo desarrollo".
    Posteriormente, en el año 1947, Mao señala que .se había estado formando desde
    1927 en China una burguesía monopolista íntimamente aliada del imperialismo.
    La formación de esta burguesía monopolista (burguesía, por cierto, de un nivel
    económico muy inferior a la de los países capitalistas avanzados de Europa), es
    con todo un síntoma del desarrollo capitalista que se estaba gestando en China,
    pese al amplio predominio allí de formas semifeudales de economía. En su obra
    "La Situación Actual y Nuestras Tareas" del año 1947, Mao afirma: "Durante los
    veinte años de su dominación —las cuatro grandes familias: Chiang, Soong,
    Kung y Chen— han amasado enormes fortunas que alcanzan de diez a veinte mil
    millones de dólares norteamericanos, y han monopolizado las arterias vitales de
    la economía del país. Este capital monopolista combinado con el Poder del
    Estado, se ha convertido en el capitalismo monopolista de Estado".
    A Mao Tse-tung, por consiguiente, le toca formular su teoría de la revolución en
    un país semifeudal, colonial y semicolonial como China, en los momentos en que
    existía ya allí un combativo proletariado y su partido de vanguardia: el Partido
    Comunista de China.
    En 1919, el proletariado chino que contaba ya con unos tres millones de obreros
    organizados, declaró su primera huelga política contra el imperialismo. Entre
    comienzos de 1922 y febrero de 1923, más de 300 mil obreros participaron en
    unas 100 huelgas. Posteriormente, en el año 1925, los obreros de Shanghai
    declararon una gran huelga contra los imperialistas británicos y japoneses. A
    raíz de esta huelga la policía británica realizó una masacre de trabajadores. Esta
    masacre provocó —en todas las ciudades importantes del país— un gigantesco
    movimiento de protesta bajo las formas más variadas: huelgas, manifestaciones,
    acciones armadas, mítines, etc. Tan sólo en Cantón y Hong-Kong —puerto cuyo
    comercio internacional fue bloqueado por completo— la huelga duró más de un
    año.
    El Partido Comunista de China nació en el año 1921 y poco antes de la traición
    de Chiang Kai-shek, perpetrada en 1927, tenía ya 50 mil miembros. Después de
    varios altibajos en su militancia en relación con derrotas sufridas por el
    predominio en su dirección de desviaciones de "izquierda" o derecha, llegó a tener
    —durante la guerra de resistencia contra Japón— más de un millón 200 mil
    militantes. Posteriormente, en la lucha final contra Chiang Kai-shek, su
    militancia se elevó a 3 millones de miembros.
    Es sabido que en 1935 —en pleno desarrollo de la Gran Marcha— el
    pensamiento de Mao Tse-tung logra imponerse definitivamente en el Partido, en
    lucha contra las desviaciones oportunistas.
    EL PROBLEMA DEL PODER
    Uno de los aportes fundamentales de Mao Tse-tung al marxismo-leninismo en su
    tercera etapa de desarrollo, es el haber caracterizado claramente el tipo de
    Estado y de Poder por el que hay que luchar en los países coloniales,
    semicoloniales y dependientes, en la etapa previa a la revolución socialista. Mao
    Tse-tung define claramente las dos etapas de la revolución y diferencia
    nítidamente la primera etapa de Nueva Democracia o Democracia Popular, tanto
    14
    de las antiguas revoluciones democrático-burguesas como de la revolución
    socialista. "La revolución democrático-burguesa en la China de hoy —escribe—
    no es del viejo tipo corriente, hoy anticuado, sino de un nuevo tipo especial. Este
    tipo de revolución se desarrolla en China y en todos los países coloniales y
    semicoloniales, y nosotros la denominamos revolución de la nueva democracia.
    La revolución de la nueva democracia es parte de la revolución mundial
    socialista-proletaria, que lucha resueltamente contra el imperialismo o
    capitalismo internacional... Una revolución de la nueva democracia es una
    revolución de las masas populares dirigidas por el proletariado y orientada
    contra el imperialismo y el feudalismo... La revolución democrática es la
    (Pág. 23)
    preparación necesaria para la revolución socialista; y la revolución socialista es el
    resultado inevitable de la revolución democrática".
    Esta clara distinción de las etapas de la revolución, hecha por Mao Tse-tung, es
    la que le permite definir con meridiana claridad el tipo de Poder y de Estado a
    alcanzar en cada una de esas etapas. La concepción de Mao de la revolución
    ininterrumpida a través de etapas, se distingue claramente también de la
    posición que tenían Trotsky y sus seguidores. Estos —como es sabido—
    pretendían y aún pretenden desconocer en los países coloniales, semicoloniales y
    dependientes la necesidad de la etapa revolucionaria democrático-popular, previa
    a la etapa de la revolución socialista. Trotsky, en efecto, en su obra: "La
    Revolución Permanente", sostenía que con el programa democrático-popular, "el
    Partido Comunista chino se halla atado de pies y manos y se ve obligado a ceder
    pasivamente el campo a la socialdemocracia china..." y opinaba, además, que: "la
    dictadura democrática del proletariado y de los campesinos... es una ficción, un
    fraude contra sí mismo, o algo peor". Como es sabido Mao Tse-tung concibió la
    dictadura democrático-popular aun de un modo más amplio que aquel que
    criticaba Trotsky, por su amplitud, pues incorporó al poder "a la clase obrera, el
    campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional". "Dirigidas
    por la clase obrera y el Partido Comunista —expresa en junio de 1949 en su obra
    "Sobre la Dictadura Democrática Popular"— estas clases se unen, forman su
    propio Estado, eligen su propio gobierno y ejercen la dictadura sobre los lacayos
    del imperialismo es decir, sobre la clase terrateniente y la clase capitalista
    burocrática..." Las afirmaciones citadas de Trotsky —como la mayor parte de sus
    delirantes teorías— no necesitan comentarios, pues la propia historia se ha
    encargado de dar su veredicto sobre ellas.
    En la época en que Lenin vivía y aun en las discusiones posteriores de la
    Internacional acerca del problema nacional y colonial o de China en particular, la
    verdad es que no se concebía con claridad el tipo de Poder y de Estado que debía
    surgir de la lucha antimperialista y antifeudal de los países coloniales y
    oprimidos, como etapa previa al Poder y al Estado socialista. En otras palabras,
    no se plantea claramente la consumación de la lucha antimperialista, antifeudal
    (y antimonopolista más adelante), como una forma de Poder y de Estado a
    conquistar por el pueblo dirigido por el proletariado. No se comprende tampoco
    plenamente —aunque a veces formulada con cierta ambigüedad— la posibilidad
    de que la burguesía nacional participe en tal forma de Estado y de Poder. Hay
    ciertas referencias, por ejemplo, a algunas formas transitorias y muy localizadas
    de poder, como el del Kuomintang de Wuhan en 1927 después del golpe de
    Chiang Kai-shek, como una forma de dictadura "del proletariado y del
    campesinado", mostrando como futuro de ella la dictadura del proletariado. Al no
    15
    plantearse claramente —como lo hace Mao Tse-tung para toda China— un poder
    y un Estado de Democracia-Popular, como meta revolucionarla previa a la
    revolución socialista y al plantearse ciertas formas estructurales, locales y
    transitorias del frente único, como expresión del cumplimiento de la etapa previa
    a la revolución socialista, no se encaraba en realidad la formulación de una
    auténtica revolución Democrático-Popular. Con esos planteamientos se
    confundía etapas de la lucha revolucionaria con etapas de la revolución. Sólo se
    puede hablar de una etapa de la revolución —del modo como lo plantea para
    China Mao Tse-tung— es decir, cuando hay una demolición de un tipo de Poder y
    de Estado, para reemplazarlo por otro.
    Mao Tse-tung, en cambio, expresa respecto a la meta de la primera etapa
    revolucionaria: "La República democrática china que queremos establecer ahora,
    sólo puede ser una república democrática bajo la dictadura conjunta de todos los
    sectores antimperialistas y antifeudales, dirigida por el proletariado es decir, una
    república de nueva democracia... Esta república de nueva democracia será
    diferente, por una parte, de la vieja república capitalista, al estilo europeo y
    norteamericano, bajo la dictadura de la burguesía, esto es, la república de vieja
    democracia, ya caduca. Por otra parte, será diferente también de la república
    socialista, al estilo soviético, bajo la dictadura del proletariado, república que ya
    florece en la Unión Soviética y que se establecerá también en todos los países
    capitalistas y llegará a ser indudablemente la forma dominante de estructura del
    Estado y del Poder en todos los países industrialmente avanzados. Esta forma,
    sin embargo, no puede ser adoptada por un determinado período histórico, en la
    revolución de los países coloniales y semicoloniales. Consecuentemente, en todos
    estos países la revolución sólo puede adoptar en dicho período una tercera forma
    de Estado: la república de nueva democracia. Esta es la forma que corresponde a
    un determinado período histórico y, por lo tanto, es una forma de transición,
    pero obligatoria y necesaria".
    Lo más importante es que Mao Tse-tung, al establecer con meridiana claridad
    esta meta revolucionaria de transición al socialismo, no sólo señaló un objetivo
    para China sino para todos los países coloniales y semicoloniales. Mao Tse-tung
    fue perfectamente consciente de la universalidad de su formulación —en relación
    con el mundo colonial y semicolonial— realizada al definir el Estado de nueva
    democracia o democracia-popular. Refiriéndose a dicho Estado, dice: "El tercer
    tipo es una forma de Estado de transición que debe adoptarse en las
    revoluciones de los países coloniales y semicoloniales. Cada una de dichas
    revoluciones tendrá necesariamente características propias, pero éstas
    representarán ligeras diferencias dentro de la semejanza general. Siempre que se
    trate de revoluciones en colonias o semicolonias, la estructura del Estado y del
    Poder será forzosamente idéntica en lo fundamental, es decir, se establecerá un
    Estado de nueva democracia bajo la dictadura conjunta de las diversas clases
    antimperialistas".
    Tenemos, por consiguiente, en lo que toca al problema del poder y del Estado en
    el mundo colonial y semicolonial, un claro y decisivo aporte de Mao Tse-tung al
    marxismo-leninismo, frente a un asunto no resuelto con anterioridad y, como
    veremos más ade-
    (Pág. 24)
    lante, de vital importancia para resolver la contradicción principal de nuestra
    época en la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía.
    16
    LA POLITICA DE FRENTE UNICO
    En lo que respecta a la política concreta de desarrollo del Frente Unico
    revolucionario —uno de los instrumentos básicos para realizar con éxito la
    revolución Democrático-Popular— Mao Tse-tung entregó también inestimables
    aportes que han enriquecido el marxismo-leninismo. Es verdad que la
    Internacional Comunista planteó al Partido Comunista de China la necesidad de
    construir el frente único contra el imperialismo y las fuerzas feudales, así como
    contra los sectores más reaccionarios de la burguesía. No obstante, como lo
    mostrábamos en el párrafo anterior, la Internacional no precisó —con la claridad
    y justeza con que lo hizo Mao— las características de la política a seguir, por
    parte del proletariado y de su partido de vanguardia, en el frente único. Más aun,
    el propio Stalin —que realizó también algunos valiosos aportes a la revolución
    china con sus opiniones— formuló algunos planteamientos respecto a la
    estrategia a seguir con los sectores intermedios en la revolución, los cuales,
    aplicados en China —antes de que se impusiera allí el pensamiento de Mao Tsetung—
    condujeron a cometer graves errores. Nos referimos a aquel planteamiento
    de Stalin cuando sostuvo que, en los distintos períodos de la revolución, el golpe
    principal debe dirigirse a aislar a las fuerzas intermedias. El Presidente Mao, en
    cambio, formuló la correcta orientación de, apoyándose en las fuerzas
    progresistas, ganar a las fuerzas intermedias para el frente único revolucionario,
    aislando a las fuerzas recalcitrantes y más reaccionarias. Esta correcta política
    planteada por Mao Tse-tung, es de vital importancia en los países coloniales y
    semicoloniales, donde el proletariado es relativamente débil y los enemigos son
    extremadamente poderosos.
    Aparte de la orientación general recién mencionada, Mao Tse-tung trazó toda una
    serie de directivas y principios estratégicos. y tácticos precisos para la actuación
    del proletariado y de su partido en el frente único. Señaló, por ejemplo, el
    carácter dual: de unidad y lucha, de las relaciones entre el proletariado y los
    diversos sectores burgueses que participan en el frente único. Sin este concepto
    es imposible formular una política clara de la actuación del proletariado en el
    frente único, evitando tanto los errores de derecha como los de "izquierda"; es
    imposible concertar una alianza útil a la revolución con sectores sociales que
    tienen fuertes antagonismos con el proletariado y, a la vez, mantener la
    irrenunciable independencia del movimiento proletario, de la que hablaba Lenin.
    Las formulaciones de Mao respecto al frente único contienen, además, riquísimas
    directivas concretas acerca de cómo el proletariado debe tratar específicamente a
    los diversos sectores no proletarios, del frente único o que están fuera de él,
    discriminando cuidadosamente las diferencias que existen entre ellos. Incluso
    analiza cómo tratarlos en las diversas fases del desarrollo revolucionario según
    su comportamiento concreto. Realiza, además, una clara diferenciación entre las
    fuerzas que constituyen la base del frente único: el proletariado y el
    campesinado, respecto de las otras fuerzas que lo integran y muestra cómo es la
    alianza obrero-campesina, la que condiciona la posibilidad de dirigir a los otros
    sectores del frente único.
    Lo anterior está íntimamente relacionado con otro principio que Mao Tse-tung
    pone de relieve respecto al frente único: la base de la unidad del frente único es
    la lucha y no las concesiones. Esta formulación marca una clara diferencia de los
    frentes únicos fraguados por los oportunistas —basados principalmente en
    concesiones a la burguesía y en renunciar a la dirección proletaria— de los
    frentes únicos marxistas-leninistas. Precisamente la unidad sobre la base de la
    17
    lucha, particularmente de la lucha de obreros y campesinos, y la firme dirección
    proletaria, es lo que hace posible el carácter ininterrumpido de la revolución por
    etapas, es decir, el paso de la revolución democrático-popular a la revolución
    socialista.
    Todos los conceptos básicos y de principio formulados por Mao Tse-tung para la
    construcción del frente único revolucionario, tienen plena validez para los países
    sojuzgados por el imperialismo y oprimidos por fuerzas semifeudales y
    monopolistas internas. Existe, por otra parte, una completa y estrecha relación
    entre las concepciones de Mao acerca del frente único y la concreción que él
    plantea de la primera etapa revolucionaria en un Estado de nueva democracia o
    democracia-popular.
    Nos encontramos, por lo tanto, en relación con las ideas de Mao Tse-tung sobre
    el frente único —ideas plenamente confirmadas por la práctica y no sólo de la
    Revolución china— con un aporte de validez universal para la inmensa mayoría
    de la Humanidad, que vive en Asia, África y América latina en naciones
    oprimidas por el imperialismo y atrasadas en su desarrollo económico.
    LA LUCHA ARMADA POR EL PODER
    Mao Tse-tung no sólo rechaza con sus concepciones las tesis revisionistas de un
    camino pacífico al Poder, sino que formuló una estrategia y una táctica
    totalmente originales y adecuadas a las características esenciales de los países
    coloniales, semicoloniales y dependientes, para el derrocamiento armado de las
    fuerzas más reaccionarias: la guerra popular. En la generalidad de los países de
    Asia, África y América latina, el proletariado es débil debido al bajo desarrollo
    capitalista y, por lo general, el campesinado es más numeroso que la clase
    obrera. Salvo algunas excepciones, en la mayor parte de estos países predomina
    la población rural por sobre la población urbana. En general, en ellos los
    sectores más reaccionarios del enemigo se encuentran sólidamente fortificados y
    defendidos por sus fuerzas represivas en las grandes ciudades. Estos enemigos
    fundamentales del proletariado son, además, extremadamente poderosos ya que
    a los terratenientes y a la burguesía monopolista o proimperialista, dispuestos a
    defender a sangre y fuego sus privilegios, se suma el imperialismo que también
    defiende en última instancia sus inversiones por medio de la intervención
    armada.
    (Pág. 25)
    En los países coloniales y dependientes —por lo mismo— es muy difícil
    conquistar el poder por medio de una rápida ofensiva insurreccional, como en
    Rusia, y si es que se logra conquistarlo así es muy difícil mantenerlo. La
    debilidad del proletariado, la intervención del imperialismo, la baja población de
    las ciudades, el atraso de los sectores no proletarios y muchos otros factores,
    obligan a buscar otro camino para expulsar al imperialismo y derrocar a los
    sectores terratenientes y monopolistas de la burguesía.
    Pues bien, Mao Tse-tung es quien da respuesta, para los países dominados por el
    imperialismo y atrasados, a este problema no resuelto hasta entonces por el
    marxismo-leninismo. La guerra popular soluciona el problema de cómo avanzar
    en el desarrollo de una lucha armada por el Poder, siendo —en el sentido
    estratégico— inicialmente más poderosas las fuerzas reaccionarias. Nos enseña a
    combatir cuando nos conviene y a retirarnos si una batalla nos será
    desfavorable. Nos enseña, estando en inferioridad estratégica respecto al
    18
    enemigo, a conseguir superioridad táctica sobre él en cada batalla o, en caso
    contrario, a eludir un enfrenta-miento decisivo.
    Mao Tse-tung nos enseña que la guerra popular es la guerra de las masas y que
    no puede tener éxito sino movilizando al pueblo para que, de una u otra manera,
    participe en ella. Nos enseña, en función de lo anterior, que en la guerra popular
    es preciso poner la política al mando y que el Partido gobierne el fusil; a confiar
    más en el hombre que en los armamentos o en la técnica militar o a resolver
    todos los problemas de la guerra basándonos fundamentalmente en los propios
    esfuerzos del pueblo. Una guerra de esta especie no pueden practicarla los
    reaccionarios —aquellos que oprimen al pueblo— por mucho que hayan
    estudiado sus principios.
    Mao Tse-tung, en las difíciles condiciones de los países atrasados, nos enseña a
    des-preciar estratégicamente al enemigo inicialmente más poderoso,
    desencadenando la guerra contra él, y tomándolo muy en serio en el sentido
    táctico, para no ser prematuramente aniquilados. Nos muestra que una guerra
    de esta especie será necesariamente una guerra de carácter prolongado en su
    desarrollo y que dicho desarrollo intensificará las contradicciones en el seno del
    enemigo y acrecentará las ventajas de las fuerzas revolucionarias. Mientras el
    adversario irá sufriendo el aniquilamiento progresivo de sus fuerzas armadas,
    más y más sectores del pueblo se sumarán a las fuerzas armadas populares o a
    tareas de apoyo a ellas. Mientras el enemigo reaccionario se descompone política
    y moralmente y pierde su base de sustentación inicial, las fuerzas
    revolucionarias van ganando cada día más apoyo y prestigio. Mientras el enemigo
    se desconcierta con sus fracasos, se desorganiza y pierde armamentos, el ejército
    popular eleva constantemente su experiencia de combate, robustece su moral y
    se arma a costa del enemigo.
    La guerra popular nos enseña a dar principalmente batallas de aniquilamiento
    contra el enemigo y no de simple desgaste o contención; a buscar este
    aniquilamiento del adversario, por encima del intento de controlar determinados
    territorios; a aniquilar al enemigo en aquellos puntos en que es más débil y
    cuando se encuentra dividido; a comenzar por golpearlo en el campo y en las
    ciudades pequeñas y medias, para más adelante —cuando seamos
    estratégicamente más fuertes— derrotarlo allí donde es más poderoso: en las
    grandes ciudades. Nos enseña a hacernos fuertes en aquellos lugares que
    podamos defender con el apoyo de las masas, creando bases de apoyo que sirvan
    de sustento, aunque sea temporal, al Poder y al ejército popular.
    La concepción general o estratégica de la guerra popular —de la cual hemos
    enumerado algunas características- está acompañada de numerosas
    indicaciones tácticas hechas por Mao, la mayor parte de las cuales poseen
    también un valor universal para la guerra revolucionaria de los pueblos
    sometidos al imperialismo y aun para la lucha revolucionaria en los países
    avanzados.
    La concepción de la guerra popular, formulada por Mao Tse-tung y probada en
    las dos guerras civiles chinas y en la guerra antijaponesa de ese país, así como
    en Vietnam y muchos otros lugares, es una de las más geniales aplicaciones del
    materialismo dialéctico a la solución de un problema revolucionario. Sus
    conceptos enriquecen y modifican en muchos aspectos incluso el arte
    insurreccional ya probado en los países capitalistas más desarrollados.
    19
    La formulación de la teoría de la guerra popular, así como sus otros aportes al
    marxismo-leninismo, pudo llevarlos a cabo Mao Tse-tung por el carácter
    profundamente
    (Pág. 26)
    antidogmático de su pensamiento. Pudo hacerlo porque se propuso dominar no
    sólo las leyes de la guerra en general o tan sólo las leyes de la guerra
    revolucionaria, sino que profundizar en las leyes de la guerra revolucionaria en
    China. Al aplicar el marxismo-leninismo en forma concreta a su país y romper
    con la tendencia dogmática a copiar mecánicamente la experiencia revolucionaria
    de otros países, pudo Mao Tse-tung realizar un aporte verdaderamente creador al
    marxismo-leninismo.
    Junto con las diferencias que tiene China respecto a otros países coloniales,
    semicoloniales o dependientes, dicho país posee básicamente rasgos comunes
    con ellos. Por lo mismo, Mao Tse-tung formuló teorías que en sus aspectos
    esenciales son plenamente aplicables a los países subyugados por el
    imperialismo y atrasados en su economía. Al aplicar las leyes de la guerra
    popular, que son válidas para países como los de América latina, Asia y África,
    debemos hacerlo impregnados del profundo espíritu antidogmático que hizo
    posible los aportes de Mao Tse-tung al marxismo. Debemos hacerlo respetando
    los principios del marxismo-leninismo-maoísmo que son comunes a las
    condiciones objetivas de China y de nuestros países, pero teniendo siempre
    presente las condiciones concretas y específicas de cada país.
    LA CONTRADICCIÓN PRINCIPAL
    Después de la Segunda Guerra Mundial se produjo un profundo cambio en la
    importancia relativa de las contradicciones fundamentales del mundo
    contemporáneo. En la época de Lenin, y hasta la pasada guerra mundial,
    continuó siendo la contradicción principal y más aguda la existente entre el
    proletariado de ciertos países capitalistas desarrollados y sus burguesías; así
    como la contradicción entre ciertas potencias imperialistas empeñadas en
    destruir a la URSS, y esta nación, que se había transformado en el baluarte del
    proletariado internacional. En esos momentos en que se consolidaba con grandes
    dificultades el Poder soviético, la defensa de la URSS constituía uno de los
    deberes más actuales y fundamentales de los movimientos proletario y colonial.
    "La situación política mundial —escribe Lenin en 1920— ha planteado ahora en
    el orden del día la cuestión de la dictadura del proletariado, y todos los
    acontecimientos de la política mundial convergen de un modo inevitable en un
    punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial contra la República
    Soviética de Rusia, la cual agrupa necesariamente en torno suyo, de una parte,
    los movimientos soviéticos de los obreros de vanguardia de todos los países y, de
    otra parte todos los movimientos de liberación nacional de las colonias y de los
    pueblos oprimidos, que se convencen por amarga experiencia de que no existe
    para ellos otra salvación que el triunfo del Poder Soviético sobre el imperialismo
    mundial".
    Después de la Segunda Guerra Mundial —y en gran parte como consecuencia de
    ella— el imperialismo norteamericano se transformó en el centro de la reacción
    mundial, en la sede de los mayores monopolios capitalistas conocidos en la
    historia, en el mayor y más agresivo explotador de otros pueblos y en el más
    sanguinario, agresivo y cruel núcleo contrarrevolucionario que haya existido
    nunca.
    20
    El capitalismo monopolista yanqui ha logrado controlar con fuertes inversiones o
    influir de un modo bastante decisivo, en los propios monopolios capitalistas de
    las otras naciones imperialistas. Por este camino explota, también, a través de
    esos monopolios, a la casi totalidad del mundo colonial, semi-colonial o
    dependiente. El imperialismo norteamericano concentra en sus manos y maneja
    a diversos imperialismos, siendo así, hoy por hoy, el enemigo número uno y
    común de todos los pueblos del mundo. Este factor de unificación de la lucha, de
    todos los pueblos del mundo contra su principal y común enemigo: el
    imperialismo norteamericano, ha prestado un inmenso vigor en especial a la
    lucha de los países coloniales y oprimidos, que sufren la más feroz explotación
    foránea e interna.
    Por otra parte, los pueblos de Asia, África y América latina, reciben sobre sus
    espaldas el peso principal de las contradicciones y crisis que azotan al
    capitalismo monopolista en su agonía. Soportan las consecuencias de la violenta
    pugna del imperialismo yanqui con las otras naciones imperialistas —incluyendo
    entre ellas al social-imperialismo soviético— por los mercados de inversión, por
    las materias primas y mercados de venta. Esta competencia y la resistencia de
    los pueblos a ser explotados, exige gigantescos gastos en armas, propaganda,
    fuerzas militares y policiales, sobornos, etc., gastos que recaen principalmente
    sobre los pueblos de los tres continentes mencionados. Los países imperialistas,
    además, y muy especialmente Estados Unidos, deben emplear una parte de sus
    utilidades para comprar a los líderes oportunistas y a ciertas capas privilegiadas
    del proletariado en sus naciones y aun en el propio mundo colonial y
    dependiente, para que frenen la lucha revolucionaria. Estos gastos recaen
    también, en última instancia, sobre los pueblos de Asia, África y América latina
    oprimidos todavía por el imperialismo. En resumen, la propia política de
    explotación directa de nuestros trabajadores, que se ejerce en las empresas
    controladas por el imperialismo, requiere fabulosas sumas adicionales, que se
    multiplican día a día en la medida en que el sistema imperialista se descompone,
    y que representan una bestial superexplotación de nuestros pueblos. Esta
    despiadada superexplotación y la feroz represión que la hace posible, no podía
    menos que despertar una poderosa lucha de los países sojuzgados por el
    imperialismo en contra de éste.
    Los factores señalados —entre otros— han determinado que en la época actual
    se haya trasladado el centro de la lucha revolucionaria mundial, del proletariado
    de los países capitalistas más desarrollados a los países de Asia, África y América
    latina. En su obra "Viva el Triunfo de la Guerra Popular", Lin Piao ha señalado
    con razón al respecto: "Las crecientes tempestades revolucionarias que se han
    desatado en estas regiones en la post-guerra, se han convertido en la fuerza más
    importante que golpea hoy directamente al imperialismo norteamericano. La
    contradicción entre los pueblos revolucionarios de Asia, África y América latina y
    el imperia-
    (Pág. 27)
    lismo encabezado por los Estados Unidos, es la contradicción principal del
    mundo contemporáneo".
    Es verdad que los sectores mas explotados del proletariado de los países
    capitalistas avanzados combaten heroicamente contra su burguesía y contra la
    creciente dominación del imperialismo yanqui sobre sus naciones. Sin embargo,
    en dichas naciones la burguesía puede todavía —a costa de un siglo de
    explotación colonial— sobornar dirigentes y mantener ciertas capas privilegiadas
    21
    del proletariado que se resten a la lucha y aun que se opongan a ella. A estas
    formas de corrupción directa empleadas por la burguesía se suma la monstruosa
    traición del revisionismo contemporáneo encabezado por los dirigentes de la
    URSS y la desmoralización que provocan al hacer abandono de todas las
    conquistas básicas que realizara el proletariado en las naciones dominadas por
    ellos y que integran el Pacto de Varsovia. Estos renegados —como nueva
    burguesía y operando desde el Poder— financian e inspiran a partidos obreros
    burgueses existentes en prácticamente todos los países capitalistas del mundo.
    Si bien el revisionismo contemporáneo, que frena la lucha, opera también en el
    mundo colonial y dependiente, la intensidad de la explotación que pesa sobre
    estos países y su atraso económico, no permite que los oportunistas tengan en
    ellos una base social amplia y relativamente estable y que engañen en forma
    prolongada al pueblo.
    Por otra parte, la amenaza externa que existía antes de la Segunda Guerra
    Mundial por parte de las potencias imperialistas contra la URSS, para restaurar
    allí el capitalismo, ha variado profundamente de naturaleza. Ahora, tal regresión
    la están llevando a cabo los propios dirigentes soviéticos y de un modo pacífico.
    La aguda contradicción que existía en los tiempos de Lenin, entre la URSS y el
    imperialismo, actualmente —debido a la traición revisionista— se ha tornado en
    colaboración y complicidad. En consonancia con esto —como veremos más
    adelante— ha debido cambiar también la estrategia y táctica de los marxistaleninistas
    en la lucha por el socialismo en la URSS y en otras naciones
    seudosocialistas.
    A los factores de superexplotación ya mencionados sobre los países coloniales y
    oprimidos, que hacen de la contradicción entre ellos y el imperialismo la
    principal contradicción de nuestra época, se suma —acrecentando este
    antagonismo— el desarrollo del capitalismo y con él del proletariado, que ha
    promovido el imperialismo al acrecentar aun más sus inversiones después de la
    Segunda Guerra Mundial en los países que explota y oprime. Es preciso tomar en
    cuenta que en el grado actual de desarrollo alcanzado por el imperialismo, éste
    no invierte ya tan sólo en materias primas sino que está montando —en los
    países coloniales, semicoloniales y dependientes— complejas empresas
    industriales para liberarse de los impuestos de la metrópoli, obtener mano de
    obra barata y acercarse a las fuentes de materias primas. El imperialismo
    yanqui, además se encuentra embarcado en una intensa campaña para
    apoderarse, sobre la base de capitales mixtos, de las empresas estatales y
    particulares más rentables de los países capitalistas y atrasados. Todo esto no ha
    podido menos que desarrollar el capitalismo y al proletariado en las naciones y
    países subyugados por el imperialismo. Desde el triunfo de la grandiosa
    Revolución china, el proletariado cada vez más fuerte de estos países no tiene por
    meta tan sólo encabezar la lucha por la liberación nacional y contra los
    terratenientes y las burguesías monopolistas, sino el desgajarse del sistema
    capitalista para conquistar el socialismo. Existen, por consiguiente, fuerzas
    proletarias cada vez más sólidas en Asia, África y América latina, que están
    tomando en sus manos la contradicción principal de nuestra época, aquella que
    sepultará definitivamente el sistema de explotación del hombre por el hombre.
    El propio Lenin, con genial intuición, alcanzó a prever en su época la importancia
    decisiva que jugaría más adelante la lucha de los pueblos y naciones oprimidos.
    En el III Congreso de la Internacional Comunista celebrado en 1921, expresa: "Y
    es claro a todas luces que, en las futuras batallas decisivas de la revolución
    mundial, el movimiento de la mayoría de la población del globo terráqueo,
    22
    encaminado al principio hacia la liberación nacional, se volverá contra el
    capitalismo y el imperialismo y desempeñará tal vez un papel revolucionario
    mucho más importante de lo que esperamos". Y en otro artículo dirigido a "La
    Asociación Revolucionaria de la India", dice: "Únicamente cuando los obreros y
    los campesinos hindúes, chinos, coreanos, japoneses, persas y turcos se tiendan
    la mano unos a otros y marchen juntos en la lucha común de liberación,
    únicamente entonces quedará asegurada la victoria decisiva sobre los
    explotadores". Y en 1923, Lenin afirma: "Algunas gentes, no atentas a las
    condiciones de preparación y desarrollo de la lucha de masas, habían caído en la
    desesperación y el anarquismo, influidas por el largo aplazamiento de la lucha
    decisiva contra el capitalismo en Europa. Hoy vemos todo lo miope y pusilánime
    que es la desesperación anarquista. No desesperación, sino ánimo debe inspirar
    el hecho de que ochocientos millones de hombres de Asia se hayan incorporado a
    la lucha por los mismos ideales europeos".
    Son precisamente los geniales conceptos de Mao Tse-tung acerca del frente
    único, de la guerra popular y otros, los que permiten actualmente encarar mejor
    en escala mundial al imperialismo para derrotarlo, desarrollando una estrategia
    global revolucionaria, que se apoye en la contradicción principal de nuestra
    época: la de los pueblos y naciones oprimidos contra el imperialismo. Como
    señala Lin Piao: "Mirado el mundo en su conjunto, la América del Norte y la
    Europa Occidental pueden ser llamados las 'ciudades del mundo' y Asia, África y
    América latina, sus 'zonas rurales'. Después de la Segunda Guerra Mundial, por
    diversos motivos el movimiento revolucionario proletario en los países
    capitalistas de la América del Norte y de la Europa Occidental, se ha visto
    retardado temporalmente, mientras el movimiento revolucionario popular en
    Asia, África y América latina se ha desarrollado con todo vigor. De modo, pues,
    que la revolución mundial de nuestros días también presenta, en cierto sentido,
    una situación en
    (Pág. 28)
    que las ciudades se ven rodeadas por el campo. La causa de la revolución
    mundial dependerá, en fin de cuentas, de la lucha revolucionaria de los pueblos
    de Asia, África y América latina, que representan la mayoría abrumadora de la
    población mundial".
    El pensamiento de Mao Tse-tung, por lo tanto, no sólo nos entrega una estrategia
    y una táctica probadas y correctas para desarrollar la lucha revolucionarla en el
    interior de cada uno de los países sometidos al imperialismo, sino que permite
    también formular una estrategia general revolucionaria para terminar con el
    imperialismo y la explotación sobre la faz de la tierra. Así como las teorías de
    Marx y Engels primero, y las de Lenin más tarde, dieron en su tiempo respuesta,
    desde el punto de vista de los intereses del proletariado, a las contradicciones
    principales de ese entonces, en nuestros días el pensamiento de Mao Tse-tung
    cumple este papel histórico.
    LA REVOLUCIÓN CULTURAL PROLETARIA
    En el mundo contemporáneo ha surgido un gravísimo problema en aquellos
    países donde el proletariado logró derrocar a la burguesía, abriendo de este modo
    paso a la construcción del socialismo. Este problema dice relación con las
    medidas que el proletariado debe tomar para continuar en el socialismo la lucha
    de clases contra la burguesía e impedir que se apodere del poder una nueva
    burguesía burocrática —que controle en su beneficio los medios socializados de
    23
    producción— y que termine por restaurar el capitalismo y la propiedad privada
    sobre los medios de producción.
    Mao Tse-tung realizó también un genial aporte a la nueva etapa de desarrollo del
    marxismo-leninismo, resolviendo el problema de cómo conducir la lucha de
    clases en la sociedad socialista. Desde el triunfo mismo de la Revolución de
    Nueva Democracia en 1949, Mao Tse-tung ha encabezado y orientado la línea
    proletaria de construcción del socialismo, en permanente lucha contra la línea
    burguesa. Esta lucha ha culminado con la reciente Gran Revolución Cultural
    Proletaria —dirigida personalmente por Mao Tse-tung— en que las grandes
    masas populares encabezadas por el proletariado, han arrebatado aquella parte
    del poder usurpado por quienes pretendían restaurar el capitalismo en China.
    Mao Tse-tung demuestra cómo no es posible para establecer la influencia y lucha
    de las clases sociales, particularmente en el socialismo en que la burguesía ha
    sido ya derrotada en el terreno económico y en su dominio absoluto sobre el
    Poder, atenerse tan sólo a una definición de las clases según el papel que ocupen
    en la producción. "Al juzgar a las clases —señala— debemos considerar no sólo
    los aspectos económicos sino los aspectos políticos e Ideológicos". Si bien en el
    socialismo las clases explotadoras han sido —en lo fundamental— expropiadas y
    privadas del Poder, la lucha contra ellas en el terreno de la superestructura debe
    proseguir con gran vigor hasta su derrota completa.
    Ya en su obra "Sobre la Contradicción", escrita en 1937, Mao plantea que en
    determinadas condiciones la superestructura puede jugar el papel más
    importante y decisivo en el desarrollo de la revolución.
    "Es verdad —afirma allí— que las fuerzas productivas, la práctica y la base
    económica desempeñan por regla general el papel principal y decisivo; quien
    niegue esto no es materialista, pero hay que admitir también que, bajo ciertas
    condiciones, las relaciones de producción, la teoría y la superestructura
    desempeñan, a su vez, el papel principal y decisivo. Cuando el desarrollo de las
    fuerzas productivas se hace imposible sin un cambio de las relaciones de
    producción, este cambio desempeña el papel principal y decisivo... Cuando la
    superestructura (política, cultural, etc.) obstaculiza el desarrollo de la base
    económica, las transformaciones políticas y culturales pasan a ser lo principal y
    decisivo. ¿Estamos yendo en contra del materialismo al afirmar esto? No. La
    razón es que, junto con reconocer que, en el curso general del desarrollo
    histórico, lo material determina lo espiritual y el ser social determina la
    conciencia social, también reconocemos y debemos reconocer la reacción que a
    su vez ejerce lo espiritual sobre lo material, la conciencia social sobre el ser social
    y la superestructura sobre la base económica. No vamos así contra el
    materialismo sino que evitamos el materialismo mecanicista y defendemos
    firmemente el materialismo dialéctico".
    Pues bien, precisamente en el sistema socialista —según expresa Mao— "después
    de eliminados los enemigos con fusiles, quedarán los enemigos sin fusiles,
    quienes entablarán, inevitablemente, una lucha a muerte contra nosotros; jamás
    debemos subestimarlos". Esta lucha de clases en el socialismo contra la
    burguesía se libra especialmente en la superestructura. De otro modo los
    remanentes de las clases reaccionarias derrotadas y aquellos elementos
    revolucionarios que se corrompen, crearán una opinión pública favorable a sus
    intentos de restaurar el capitalismo y, por último, lograrán hacerlo de hecho.
    "Para derrocar el Poder político —expresa Mao— es siempre necesario, ante todo,
    24
    crear opinión pública y trabajar en el terreno ideológico. Así proceden las clases
    revolucionarias, y también las clases contrarrevolucionarias".
    Existe toda una ideología con que las clases reaccionarias preparan en el
    socialismo la restauración del capitalismo: los incentivos materiales en la
    economía, el egoísmo, el individualismo, el burocratismo y la separación de las
    masas, el nacionalismo contrario al internacionalismo proletario, el tecnicismo
    apolítico, etc. Esta es, precisamente, la línea burguesa que —desorientando a las
    masas— ha hecho posible la usurpación del Poder en la URSS y otros países de
    Europa Oriental, por una nueva .burguesía burocrática que aprovecha en su
    beneficio las empresas estatales y que va entregando progresivamente nuevos
    medios de producción a manos privadas.
    Lenin alcanzó a percibir la importancia de proseguir la lucha contra la burguesía
    en el socialismo y advirtió en varias ocasiones contra la posibilidad de
    restauración del capitalismo en la URSS. Sin embargo, le tocó vivir sólo unos
    pocos años después del triunfo del socialismo en Rusia y durante un período de
    violento enfrentamiento económi-
    (Pág. 29)
    co y militar contra las potencias imperialistas, en que difícilmente existía en la
    URSS un terreno favorable a la restauración interna del capitalismo. Por ello,
    puso especial énfasis en la construcción acelerada de la economía socialista —en
    especial de la industria pesada— que haría posible la autonomía económica y la
    defensa militar de la URSS.
    Mao Tse-tung, esgrimiendo conceptos ideológicos, políticos y morales con que
    había inspirado al Partido y al Ejército Popular desde los tiempos de Yenan,
    desencadenó —a través de la Revolución Cultural Proletaria— el más gigantesco
    movimiento de masas conocido en la historia, para derrocar a los revisionistas
    que pretendían restaurar el capitalismo en China, encabezados por el traidor Liu
    Shao-chi.
    La Revolución Cultural Proletaria es el paso más formidable dado en un país
    socialista hacia la meta del comunismo, en que se extinguirá el Estado y las
    masas tomarán en sus manos plena y conscientemente los asuntos políticos,
    militares, culturales y de todo tipo.
    A través de la Revolución Cultural se ha fortalecido el temple de las nuevas
    generaciones chinas, dándole a la juventud un relevante papel en la propia
    Revolución Cultural e intensificando su conocimiento de las luchas y
    sufrimientos del pasado, que a ella no le tocó vivir, para que conozca el alto
    precio que el pueblo pagó por el socialismo y evitar de este modo el conformismo
    y aburguesamiento de la juventud que existe en los países seudosocialistas.
    A través de la Revolución Cultural, se ha motivado a las grandes masas a tomar
    en sus manos los asuntos del Estado, así como los problemas culturales,
    militares y de todo tipo de la construcción socialista. Se ha impulsado la
    formación de un hombre integral, que conozca por experiencia directa los
    problemas agrícolas, industriales, culturales y militares. Se ha promovido, al
    mismo tiempo, por primera vez en la historia, un estudio masivo y una aplicación
    masiva del marxismo-leninismo y de su tercera etapa: el pensamiento de Mao
    Tse-tung.
    A partir de la Revolución Cultural, se ha intensificado la lucha contra la
    burocratización y por la participación de todos los dirigentes de cualquier orden,
    25
    en el trabajo productivo junto a las masas y en la necesidad de aceptar la critica
    permanente de las masas.
    La Revolución Cultural ha dado un paso gigantesco hacia la formación del futuro
    hombre de la sociedad comunista, llevando la revolución, la lucha de clases entre
    el proletariado y la burguesía "hasta el alma misma de la gente". Ha enseñado a
    cada hombre a transformarse a sí mismo en blanco de la revolución y a combatir
    en su propia conciencia las ideas, sentimientos y hábitos reaccionarios. Al
    combatir la ideología burguesa en China, la Revolución Cultural ha sacado a luz
    el riquísimo contenido de la moral revolucionarla, con que Mao Tse-tung educara
    desde hace decenios al Partido Comunista de China. Los conceptos de "servir al
    pueblo", de poner los intereses públicos por sobre los privados, de ser modestos y
    con espíritu autocrítico, de ser resueltos y no temer a los sacrificios para
    conquistar la victoria, y tantos otros, no sólo tienen ya importancia para el
    pueblo chino sino para todos los revolucionarios del mundo.
    Tenemos, pues, que Mao Tse-tung respecto a este nuevo problema trascendental
    de nuestra época, el de cómo hacer la revolución dentro de la propia sociedad
    socialista para impedir allí que las antiguas clases reaccionarias y los
    revisionistas contemporáneos restauren el capitalismo, y avanzar resueltamente
    hacia el comunismo ha dado, en la teoría y en la práctica, una respuesta
    correcta, desarrollando el marxismo-leninismo a un nuevo nivel. La firme lucha
    que el Partido Comunista de China encabezado por Mao —siguiendo la tradición
    leninista— ha dado contra el revisionismo contemporáneo, se eleva a un nuevo
    plano más avanzado al mostrar —a través de la Revolución Cultural— como se
    resuelve este problema de la lucha de clases en el socialismo que,
    lamentablemente, ha sumado a las fuerzas de la burguesía a una serie de
    Estados donde el proletariado había conquistado el Poder.
    Si consideramos —como es correcto hacerlo— la lucha del mundo colonial, semicolonial
    y dependiente de nuestra época por su liberación y por el socialismo,
    como la contradicción principal que se opone a la burguesía imperialista
    contemporánea; si consideramos la lucha contra la corrupción y restauración
    capitalista surgida en el propio mundo socialista, y contra el revisionismo
    contemporáneo como problemas vitales de nuestra época, encontraremos en el
    pensamiento de Mao Tse-tung —etapa nueva del marxismo-leninismo— la
    solución correcta a estos problemas.
    -----------------
    (*) Primera Edición: Abril 1970
    Edición Digital preparada por: Archivo Revolucionario Comunista. Abril 2005

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    grimaldo35
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    Re: Los aportes de Mao Tse Tung. Por Otto Vargas (PCR de la Argentina)

    Mensaje por grimaldo35 el Dom Mar 18, 2012 11:45 pm

    Yo de joven leí un libro muy bueno, escrito por Carlos Echague, me parece que del PCR, editado a principios de los 70s "El Otro Imperialismo".

    El libro era muy bueno, no tiene nada que ver con lo que acabo de leer.

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