"El socialismo garantiza la supervivencia de la naturaleza" - publicado en la revista En Marcha del PCML de Ecuador en 2008

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    pedrocasca
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    "El socialismo garantiza la supervivencia de la naturaleza" - publicado en la revista En Marcha del PCML de Ecuador en 2008

    Mensaje por pedrocasca el Lun Ene 16, 2012 5:46 pm

    El socialismo garantiza la supervivencia de la naturaleza

    Partido Comunista Marxista Leninista de Ecuador

    publicado en 2008 en la revista En Marcha

    El Socialismo con sus planteamientos de eliminación de la explotación del hombre y la naturaleza y la utilización del enorme desarrollo tecnológico actualmente alcanzado, garantiza la supervivencia de la humanidad.

    No cabe duda que el responsable de la situación de degradación por la cual atraviesa la naturaleza es el sistema capitalista, con sus actividades productivas que tienen como única razón de ser la rentabilidad, desatendiendo la condición en la que dejan a sus explotados: el ser humano y el medio ambiente. En todo el planeta campea el capitalismo, en todo el planeta se percibe la destrucción inmisericorde de la naturaleza.

    La única forma de dar a la naturaleza la oportunidad de recuperarse y seguir aportando a la vida misma es cambiar de raíz los conceptos con los cuales se la está explotando. Se trata de transformar la sociedad permitiendo que el fruto de la riqueza producido por el ser humano, al trabajar con los recursos naturales, lleguen a todos en forma eficiente, impidiendo que unos cuantos, a título de ser propietarios de los medios de producción, se apropien de aquello que no les pertenece, obligando a los demás a sobreexplotar su entorno con la esperanza que les llegue una migaja. Un ejemplo de ello es lo que sucede con la madera en Ecuador donde las grandes empresas se llevan enormes ganancias, mientras dejan a los trabajadores salarios de miseria y a las comunidades destrucción de bosques y manglares. El Socialismo, al transformar desde su origen la estructura de clases sociales, dando a los trabajadores la conducción del Estado, repartiendo la riqueza según su premisa “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”, pone límites a los requerimientos sobre el entorno, pues la producción ya no tiene el objetivo de fomentar el consumismo sino la de satisfacer las necesidades reales, no superfluas, del ser humano. El conocimiento se utilizará para mejorar los sistemas productivos, más no para acumular poder y riqueza a favor del monopolio que lo patentó. Con estas ideas los revolucionarios actúan al interior del movimiento ecologista.

    Aparte de esta visión transformadora, de avanzada, en la actualidad se pueden distinguir al menos otras dos propuestas de manejo de la naturaleza, con diversos matices, cuyo factor común es no enfrentar el problema con suficiente profundidad científica y, menos aún, proponer la eliminación de la causa misma de esta situación: el capitalismo.

    La que mayor difusión ha encontrado es aquella que propone “internalizar las externalidades”, que no es más que incluir en los costos de producción aquellos costos que, por diversas razones, antes no se lo hacía y que generalmente corrían de parte de la sociedad, o se expresaban en la degradación ambiental. Por ejemplo: las industrias eliminan sus desechos al medio ambiente, pero no conocen ni contabilizan el costo que se deberla pagar para que la naturaleza o algún sistema los absorba, internalizar esta externalidad significa, entonces, cuantificar en moneda el valor de esta remediación, algo tremendamente difícil, e incluirla en el costo, e, idealmente, utilizar esos recursos para proceder a reparar el daño. Esta posición tiene fuertes críticas pues es común encontrar casos en los que ya no es posible volver a la situación anterior, sin daño, ya que, no se trata de remediar sino evitar. Además que no resuelve temas como el agotamiento de los recursos,

    A empresarios, monopolios y defensores del sistema les agrada mucho esta alternativa, la promueven, pues implica no solo “defender la naturaleza” sino, sobre todo, aumentar la rentabilidad de sus negocios. Es lo que sucede con la denominada etiqueta verde que, puesta en diversos productos se venden mucho más caros, aunque el costo de producción sea inferior que el anterior. Las tecnologías limpias que se utilizan para esta producción mejoran la situación pero no eliminan la presión sobre el medio ambiente. Es el consumidor quien siente la presión de comprar estos productos más costosos, en su afán de proteger su entorno. Lo cual redunda en mayores ganancias para los monopolios.

    Con su visión de clase, muchos de los promotores de esta propuesta ubican a los pobres como los responsables de la destrucción de la naturaleza, pues, dicen, que enormes conglomerados de personas, en busca de sus sustento, atentan contra su entorno. Así, unas ramas secas pueden servir de combustible para preparar los alimentos de una familia, pero si son miles y miles de familias, no habrá bosque que sobreviva. Consecuentemente, la sobrepoblación, para estos sectores, es una de las responsables de la situación ecológica.

    Otra propuesta la sostienen los ecologistas cuyos conceptos más difundidos hablan de “desarrollo sostenible y sustentable”. Vale decir, prevenir que el proceso productivo brinde la oportunidad a la naturaleza para que vuelva a producir el elemento extraído, así, por ejemplo, a la vez que se corta un árbol, sembrar dos, esto es lo sostenible. En lo sustentable se entiende que ese árbol es parte de un sistema interdependiente, donde otras especies coexisten, tratándose que el ecosistema se recupere, o mejor, se sostenga. Los revolucionarios acogen muchos de estos planteamientos, los desarrollan. Algunos ecologistas, en su afán de defender el medio ambiente, han llegado a posiciones extremas impidiendo su utilización con graves consecuencias para las comunidades humanas, como es el caso de la oposición a la explotación minera.

    En fin de cuentas, el desarrollo tecnológico unido a la concepción socialista, son la única alternativa viable para salvar a la naturaleza y a la humanidad.


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