¿Nostalgia sobre la URSS?

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por Pedros el Lun Sep 22, 2014 3:54 am

    si hay tanta nostalgia por el comunismo, ¿por que el partido comunista en Rusia solo saco 17,18% de los votos en el 2012?
    y el partido comunista de ucrania solo el 3,54 % en las elecciones de de 2010

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por ajuan el Lun Sep 22, 2014 5:07 am

    Pedros escribió:si hay tanta nostalgia por el comunismo, ¿por que el partido comunista en Rusia solo saco 17,18% de los votos en el 2012?
    y el partido comunista de ucrania solo el 3,54 % en las elecciones de de 2010

    Volviste y seguis haciendo lo mismo tiras cifras descontextualizadas sin fuente y te vas.

    Mira no se que viene el cuento con eso ¿que tiene que ver la nostalgia con una votacion burguesa? Ademas de que fue la segunda fuerza luego de Putin.

    Ademas de que sabemos que para una revolucion no se necesita todo el consenso de la poblacion sino que se puede ganarlo al paso, se necesita apoyo pero no es necesario el apoyo total (100%) lo demostro la Revolucion Bolchevique.

    Ya fuiste baneado por estas actitudes, intenta cambiarlas porque no ayuda en nada a nadie.


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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por Pedros el Lun Sep 22, 2014 5:31 am

    ajuan escribió:
    Pedros escribió:si hay tanta nostalgia por el comunismo, ¿por que el partido comunista en Rusia solo saco 17,18% de los votos en el 2012?
    y el partido comunista de ucrania solo el 3,54 % en las elecciones de de 2010

    Volviste y seguis haciendo lo mismo tiras cifras descontextualizadas sin fuente y te vas.

    Mira no se que viene el cuento con eso ¿que tiene que ver la nostalgia con una votacion burguesa? Ademas de que fue la segunda fuerza luego de Putin.

    Ademas de que sabemos que para una revolucion no se necesita todo el consenso de la poblacion sino que se puede ganarlo al paso, se necesita apoyo pero no es necesario el apoyo total (100%) lo demostro la Revolucion Bolchevique.

    Ya fuiste baneado por estas actitudes, intenta cambiarlas porque no ayuda en nada a nadie.

    de ninguna manera esta descontextualizadas, que usted intente decir que estan descontestualizadas ya es otra cosa

    yo no dije que que se produzca un gobierno pro-comunista se necesite el 100 % eso lo dijo usted, pero al menos necesitarían una mayoria que tampoco al parecer tienen

    deje de manipular

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por Razion el Lun Sep 22, 2014 5:32 am

    ajuan escribió:
    Pedros escribió:si hay tanta nostalgia por el comunismo, ¿por que el partido comunista en Rusia solo saco 17,18% de los votos en el 2012?
    y el partido comunista de ucrania solo el 3,54 % en las elecciones de de 2010

    Volviste y seguis haciendo lo mismo tiras cifras descontextualizadas sin fuente y te vas.

    Mira no se que viene el cuento con eso ¿que tiene que ver la nostalgia con una votacion burguesa?  Ademas de que fue la segunda fuerza luego de Putin.

    Ademas de que sabemos que para una revolucion no se necesita todo el consenso de la poblacion sino que se puede ganarlo al paso, se necesita apoyo pero no es necesario el apoyo total (100%) lo demostro la Revolucion Bolchevique.

    Ya fuiste baneado por estas actitudes, intenta cambiarlas porque no ayuda en nada a nadie.

    Concuerdo con lo que decís ajuan.
    También hay que recordarle al usuario troll, que precisamente Putin, tiene un doble discurso respecto de la URSS -se reconoce como nostálgico de ese período, con frases como que la desintegración de la URSS fue “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” o “El que no lamente la desintegración de la URSS no tiene corazón, pero el que quiera su renacimiento no tiene cabeza”-, y se muestra así mismo como el que le está devolviendo a Rusia la grandeza perdida durante la noche yelsiniana.


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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por Pedros el Lun Sep 22, 2014 5:42 am

    Razion escribió:
    ajuan escribió:
    Pedros escribió:si hay tanta nostalgia por el comunismo, ¿por que el partido comunista en Rusia solo saco 17,18% de los votos en el 2012?
    y el partido comunista de ucrania solo el 3,54 % en las elecciones de de 2010

    Volviste y seguis haciendo lo mismo tiras cifras descontextualizadas sin fuente y te vas.

    Mira no se que viene el cuento con eso ¿que tiene que ver la nostalgia con una votacion burguesa?  Ademas de que fue la segunda fuerza luego de Putin.

    Ademas de que sabemos que para una revolucion no se necesita todo el consenso de la poblacion sino que se puede ganarlo al paso, se necesita apoyo pero no es necesario el apoyo total (100%) lo demostro la Revolucion Bolchevique.

    Ya fuiste baneado por estas actitudes, intenta cambiarlas porque no ayuda en nada a nadie.

    Concuerdo con lo que decís ajuan.
    También hay que recordarle al usuario troll, que precisamente Putin, tiene un doble discurso respecto de la URSS -se reconoce como nostálgico de ese período, con frases como que la desintegración de la URSS fue “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” o “El que no lamente la desintegración de la URSS no tiene corazón, pero el que quiera su renacimiento no tiene cabeza”-, y se muestra así mismo como el que le está devolviendo a Rusia la grandeza perdida durante la noche yelsiniana.

    me llama troll un troll que cree que por ser moderador no es troll
    el mismo troll que dice que las computadores personales las creo la unión sovietica

    o sea que según este troll la gente en rusia no solo es nostalgica si no estupida que se deja engañar por Putin

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por Trabant el Lun Sep 22, 2014 10:15 am

    Pedros deje de intoxicar e infórmese. Las cifras que usted maneja están totalmente sacadas de contexto. Proporciónenos las fuentes de donde las ha sacado, seguramente de un medio de comunicación controlado por la mafia oligárquica rusa. Además, usted está dando a entender que los mecanismos de control por parte del Estado Burgués nada tienen que ver en las reelecciones de R.U, el partido de Putin. Cuando un Ejecutivo hace servilismo a la propia clase social que maneja las herramientas institucionales es probable que tenga más posibilidades de gobernar. Los trabajadores rusos no son " estúpidos ", no tienen una organización unificada con la que combatir al capitalismo. Esa es la realidad. Así que por favor, infórmese sobre el MCI y saque sus propias conclusiones en base a un criterio científico.

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por Razion el Lun Sep 22, 2014 1:57 pm

    Pedros escribió:
    Razion escribió:
    ajuan escribió:
    Pedros escribió:si hay tanta nostalgia por el comunismo, ¿por que el partido comunista en Rusia solo saco 17,18% de los votos en el 2012?
    y el partido comunista de ucrania solo el 3,54 % en las elecciones de de 2010

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    Mira no se que viene el cuento con eso ¿que tiene que ver la nostalgia con una votacion burguesa?  Ademas de que fue la segunda fuerza luego de Putin.

    Ademas de que sabemos que para una revolucion no se necesita todo el consenso de la poblacion sino que se puede ganarlo al paso, se necesita apoyo pero no es necesario el apoyo total (100%) lo demostro la Revolucion Bolchevique.

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    Concuerdo con lo que decís ajuan.
    También hay que recordarle al usuario troll, que precisamente Putin, tiene un doble discurso respecto de la URSS -se reconoce como nostálgico de ese período, con frases como que la desintegración de la URSS fue “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” o “El que no lamente la desintegración de la URSS no tiene corazón, pero el que quiera su renacimiento no tiene cabeza”-, y se muestra así mismo como el que le está devolviendo a Rusia la grandeza perdida durante la noche yelsiniana.

    me llama troll un troll que cree que por ser moderador no es troll
    el mismo troll que dice que las computadores personales las creo la unión sovietica

    o sea que según este troll la gente en rusia no solo es nostalgica si no estupida que se deja engañar por Putin

    No, no soy troll, nunca fui sancionado en un foro, en éste mismo foro estuve mucho tiempo antes de ser moderador.
    De los computadores personales, no dije nada, solo compartí información sobre inventos o avances soviéticos en áreas determinadas. Dicho sea de paso, Ud, es el que trolleando, sacó ese tema en un hilo que no correspondía.
    ¿Dije en algún momento que la gente es estúpida? En absoluto, hablé de la estrategia del presidente ruso, de mostrarse como quien está recuperando la grandeza de Rusia (teniendo en cuenta, que llevó adelante una política mucho más nacionalista que su antecesor). Demuestre que dije que la gente es estúpida, si no se procede a sancionarlo por ataque y provocación.
    Por otro lado, que la gente es nostálgica, no lo digo yo -¿o acaso me atribuí haber realizado las encuestas?-, me limitó a considera válida la información por cuestiones obvias.


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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por ajuan el Lun Sep 22, 2014 6:29 pm

    Me sumo al pedido de los compañeros que por el bien del foro empieces a recapacitar, dejando de lado tus ataques troll. Sigo esperando que des un contexto y una explicacion a tus cifras tiradas al azar y tambien que me fundamentes tu acusacion sobre mi "manipulacion" sobre tus cifras que ademas siguen sin fuente.



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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 22, 2014 9:25 pm

    Bueno, a mí me parece que en este caso concreto, la pregunta del compañero Pedros, tiene lógica y es una pregunta que se hace mucha gente.

    Voy a contestarla de acuerdo a mi experiencia personal (he vivido en Eslovaquia varios años y ahora vivo en Hungría)... pero en otro post...

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 22, 2014 9:46 pm

    Pedros escribió:si hay tanta nostalgia por el comunismo, ¿por que el partido comunista en Rusia solo saco 17,18% de los votos en el 2012?
    y el partido comunista de ucrania solo el 3,54 % en las elecciones de de 2010

    Bueno, una cosa importante antes de analizar un poco el tema. Esos datos muestran una realidad un poco deformada. Porque podrías haber elegido otros años donde los comunistas consiguen muchos más votos.

    Por ejemplo en Rusia, en las elecciones presidenciales de 1996 el candidato comunista consiguió el 32% de los votos (frente al 35% de Yeltsin). En la segunda vuelta de esas elecciones el candidato comunista consiguió más del 40% de los votos (Yeltsin ganó con el 54%), pero todos los analistas están de acuerdo en que hubo un fraude descarado y que en realidad el candidato Ziugánov habría ganado las elecciones.

    En Ucrania, durante los años noventa el partido más importante, que ganaba TODAS LAS ELECCIONES era el comunista. Las primeras elecciones que perdieron los comunistas fueron las del 2002 (con un 25% de los votos). ¿Qué pasaba? Que ganaba las elecciones pero no controlaba el Parlamento (además de que el poder lo tenía el Presidente). El parlamento estaba lleno de diputados independientes, aunque el grupo más fuerte fuera el comunista (en 1994 solo consiguió el 13,6% de los votos, pero es que el segundo partido más votado no llegó ni al 6%).

    Y otra cosa importante es que la nostalgia no es lo mismo que votar al partido comunista. Son cosas completamente diferentes. Primero porque hay varios partidos comunistas y el voto comunista puede dispersarse (caso típico de Rusia), segundo, porque uno puede ser nostálgico y no ser comunista. Un votante de derecha puede ser nostálgico de la época socialista perfectamente, de hecho es muy normal (pero eso lo explico después en otro post).

    Y en tercer lugar, un partido comunista puede segur una política equivocada y muchos comunistas pueden preferir no votar por él. Yo por ejemplo en las últimas elecciones no he ido a votar y soy comunista. Y no soy el único, hay un montón de comunistas que no van a votar porque no están de acuerdo con las políticas seguidas por los partidos comunistas existentes. Algunos se tapan la nariz y votan con la nariz tapada, otros directamente no votamos. Pues esto también pasa en estos países.

    Conclusión: uno puede ser nostálgico y no ser comunista, es más uno puede ser comunista y no votar a un partido comunista.

    Y ahora, en otro post hago un pequeño análisis de lo que he visto yo en los países que conozco sobre el tema de la nostalgia por el socialismo.

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 22, 2014 10:27 pm

    Lo anterior era más general, ahora más en concreto sobre la nostalgia por el socialismo...


    Yo conozco bastante bien Eslovaquia y Hungría (he vivido varios años en esos países, en Hungría vivo todavía) y algunos otros países ex-socialistas no tan bien, pero bastante. Son países en los que hay una nostalgia por la época socialista brutal. Eso es algo que no se puede negar. Hay estadísticas y datos (muchos aquí mismo en el foro). En cambio los partidos comunistas no se comen un pimiento en las elecciones, y de hecho están practicamente desaparecidos (en algunos, en otros no). Eso es otro dato innegable. Habrá que buscar un argumento que explique las dos realidades, no negar una porque no nos parece lógica (aunque lo es).

    ¿Por qué hay esa diferencia entre la nostalgia y el apoyo de los comunistas? Pues por muchas causas, pero bastante lógicas, todas ellas. De todas formas en cada país hay elementos diferentes a tener en cuenta, y es un poco difícil generalizar, porque a fin de cuentas cada país es un caso diferente.

    Primero, como he comentado antes, la gente no es comunista, sino que siente nostálgica por el socialismo real, que no es lo mismo. Sobre todo a causa de las malas condiciones de vida del capitalismo. Vamos, que no es una nostalgia consciente y polítizada, sino todo lo contrario, es simplemente la constantación de que se vivía mejor y ahora se vive peor. Y punto. Esa nostalgia, obviamente no afecta a las nuevas generaciones educadas en la propaganda anticomunista brutal, pero sí afecta a los que inmensa mayoría de los que vivieron el socialismo, porque puede haber toda la propaganda anticomunista que uno quiera, pero esa gente sabía cómo se vivía, porque vivieron en esa época y lo vieron. Y ahora viven en el capitalismo y ven como funciona (mucho peor que lo que había antes).

    La nostalgia es algo que afecta a mucha gente, independientemente de ideologías. Por ejemplo, en Hungría afecta más a la derecha que a la "izquierda". Vamos, el votante medio de los fascistas de Jobbik o del partido en el poder, es nostálgico de la época socialista y rechaza el cambio de régimen. Jobbik construye su discurso cagándose literalmente en el cambio de régimen y en los que lo hicieron. La derecha húngara tiene un discurso estatalista y social, que recuerda un poco (solo un poco, claro) a la época socialista. En cambio la (psuedo) izquierda (sociatas y liberatas) son partidarios de un capitalismo salvaje que la gente ya ha probado y no quieren volver a hacerlo ni en pintura. Lo que digo no es ninguna tontería, en las elecciones en Hungría los socialistas (antiguos comunistas, ojo) acusaban a la derecha de tener un discurso comunista, y la derecha no respondía diciendo "es mentira, nosotros que luchamos tanto contra el comunismo y blablablá", sino que se defendían díciendo que hasta los comunistas tenían mejor política social que los socialistas.

    Pero es que además si uno mira los partidos que hicieron el cambio del régimen,pues resulta que han sido barridos y tienen menos influencia que el partido comunista (excepto los socialistas). Esto es muy evidente en muchos países de la región en mayor o menor medida (Chequia, Eslovaquia o Hungría, por ejemplo). Obviamente no en todos.

    ¿Por qué los comunistas no han sido capaces de aglutinar el descontento y de dirigir esa nostalgia hacia ellos? Por muchas razones. En muchos países los partidos comunistas son partidos nuevos (ya que el partido comunista en el poder se disolvió o se convirtió en socialdemócrata y luego aplicó políticas capitalistas salvajes -caso típico por ejempo de Hungría-), sin medios y sin fuerzas. En otros lugares el problema no es que sea nuevo, sino que sean viejos. Fue le partido que inició el cambio de régimen y por lo tanto el que se cargó ese bienestar que había en el socialismo, y por lo tanto son también responsables. Muy importante es la propaganda anticomunista brutal que se ha vivido en estos países y la persecución que ha habido en mayor o menor medida. Pero también ha sido muy importante que los comunistas han cometido errores gravísimos. Por ejemplo en Hungría o Eslovaquia ha habido momentos en los que los comunistas parecían despuntar y podrían llegar incluso a entrar en el parlamento, pero luego se han hundido por luchas internas, escisiones, conflictos por el poder, campaña publicitaria muy fuerte en su contra, incapacidad para llegar a las nuevas generaciones, etc. En el caso de Hungría se encontraron con una escisión (promovida por el partido socialista) y además con un montón de gente capaz que se marchó del partido ante el control que tiene su líder, Gyula Thürmer, que se comporta como si el partido fuera su cortijo personal. Conclusión: caída absoluta en popularidad del partido. A eso le añades una ley electoral bastante agresiva frente a los partidos pequeños (y los comunistas eran los más fuertes de los partidos pequeños) y se explica todo. Además tenemos el surgimiento de un partido alternativo de extrema derecha (fascista), que ha engatusado a los obreros y capas pobres de las zonas tradicionalmente de izquierdas, pero que ya no votan a la izquierda porque la izquierda en Hungría es sinónimo de capitalismo ultraliberal, ese nuevo partido parece estar preocupado por los problemas reales y de todos los días de los trabajadores, así que estos le votan.

    En Eslovaquia, algo parecido, pero con diferencias importantes. Aquí la izquierda socialdemócrata es un partido de nueva creación (aparente), que no tiene nada que ver con el cambio de régimen, rechaza el liberalismo económico y usa una retórica muy de los viejos tiempos socialistas (el primer ministro Robert Fico, participa todos los años en celebraciones de honor a los soldados soviéticos, es más, se pasa por la embajada cubana para celebrar el cumpleaños de Fidel, o reconoce directamente que la supuesta revolución que acabó con el comunismo fue una estafa y la orquestaron desde fuera). Después de muchos años sin gobierno de izquierdas, hasta ellos (que son socialdemócratas) parecen de izquierdas y se han llevado todo el posible voto comunista al bolsillo, como voto útil para parar a la derecha. Otra cosa es que más allá de la retórica y algunas cuestiones generales no tengan mucho más de izquierdas. Claro que también podemos dudar de que el partido comunista eslovaco sea comunista (más allá del nombre). Teniendo en cuenta que el nivel intelectual del partido comunista eslovaco es pésimo, que hasta hace poco apoyaban también a los socialdemócratas y que su líder no parece muy comunista que digamos...

    En fin, no sigo, aunque podría meterme en la situación de más países, pero creo que no merece la pena, y queda claro que las cosas son un poco más complicadas que establecer esa relación simplista entre nostalgia y votar al partido comunista.

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 22, 2014 10:33 pm

    succo escribió:

    ¿Por qué limitar la libertad de movimientos defendemos a los inmigrantes extracomunitarios pero no a los emigrantes soviéticos?

    Pues porque cada circunstancia es diferente y hemos de analizarla en su contexto. Por cierto, los primeros interesados en la emigración a los países ricos son los capitalistas que se frotan las manos con los sueldos de mierda que pagan y con la competencia que suponen estos trabajadores para los obreros locales.


    El comunismo para mi es algo más que prohibir, es demostrar que somos mejores, hacemos bombillas que no se funden como la RDA y ser debería haber sido un país de destino para inmigrantes de países capitalistas.

    Ya, pero es que la realidad es la que es. Si tu país es pobre y te lo destrozan en una guerra brutal y salvaje no esperes que ese país se convierta en el más rico ni sea atractivo para obreros de países más ricos que no han sufrido en la guerra o han sufrido menos. La realidad te impone ciertas condiciones que no puedes obviar. Los EEUU salen de la 2GM dominando la economía mundial e indemnes. La URSS sale destrozada y con casi treinta millones de muertos. Los milagros no existen...

    Salud.

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por succo el Miér Sep 24, 2014 7:21 pm

    http://blogs.cadenaser.com/como-esta-el-mundo/el-oficial-de-la-stasi-que-ahora-trabaja-con-inmigrantes/688

    Esta noticia es muy curiosa al hilo de lo que hablábamos.

    Toda la razón en tu segundo párrafo.

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por TovarishchPotemkin el Miér Ene 28, 2015 6:15 pm

    En referencia al tema, dejo un artículo muy interesante sobre la "Ostalgie" o la Nostalgia del Este, es bastante largo, pero a la par muy ilustrativo.

    Asturias24 escribió:

    A la vera de la Ostbahnhof, la que fuera una de las dos grandes estaciones de trenes de Berlín Este y hoy languidece como una más entre las del Berlín reunificado, en el distrito de Friedrichshain que estaba hace treinta años y sigue estando hoy atravesado por el bulevar Karl Marx, ofrece sus servicios al visitante de la ciudad un hotel peculiar. Su nombre es un hábil juego de palabras: Ostel, mezcla de hostel y el Ost que en alemán significa Este, y forma parte también de un neologismo más conocido, el de Ostalgie, la nostalgia-del-Este que hiciera mundialmente conocida la película Good bye, Lenin! y de la cual forma parte también este Ostel. Das DDR-design hostel y A trip back in time son sus eslóganes; el de un conjunto departamental Plattenbau, típico de la RDA de los setenta y ochenta, su atractivo diseño. Los clásicos armarios empotrados Karat,  las típicas mesas multifunción de la época y televisores de botones Junost comparten espacio con banderines del Primero de Mayo y retratos de Erich Honecker, quien fuera secretario general del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) entre 1971 y 1989.

    El Ostel hace furor entre los turistas extranjeros, pero también entre alemanes y berlineses que acuden al lugar a recibir una especie de chute de melancolía, que, como decía Víctor Hugo, no es otra cosa que el placer de estar triste. De la Ostalgie se empezó a hablar unos años después de la caída del Muro de Berlín, cuando, pasado el primer momento de euforia, los ossis —como se llama, de forma entre cariñosa y despectiva, a los habitantes de los länder de la antigua Alemania Oriental— comprobaron que la ansiada reunificación no había sido tal, sino más bien una absorción por parte de la RFA de aquella RDA de la que no quedó nada. En Good bye, Lenin!, una lata de pepinillos Spreedwall sirve a Wolfgang Becker, director del aclamado filme, para mostrar hasta qué punto fue así. Los pepinillos Spreewald, típicos en la RDA, desaparecieron en 1989 lo mismo que la Stasi o el Muro de Berlín, arrastrados por la invasión de empresas y marcas germano-orientales que siguió a la caída del propio Berliner Mauer. En la película, el protagonista, hijo de una acérrima comunista germano-oriental que cae en coma antes de la caída del Muro y sale de él después, hace lo indecible por evitar que su madre, para la cual cualquier sobresalto puede ser fatal, descubra que el país por el que luchó y en el que cree vivir ya no existe; y entre otras cosas simula para ella un frasco de pepinillos Spreewald rebuscando un viejo frasco en los contenedores de basura del vecindario, lavándolo e introduciendo en él pepinillos de la nueva marca germano-occidental adquirible en el supermercado.

    La Ostalgie hace referencia a eso: nadie siente en la antigua RDA nostalgia de la Stasi o el programa de dopaje masivo de deportistas que llegó a convertir a mujeres en hombres de tanto hormonarlas, pero sí de determinados elementos de su vida cotidiana, como una marca de pepinillos, que conformaban el paisaje en el que crecieron y que les fueron arrebatados de golpe sin que tuvieran por qué. El éxito del Ostel y otras iniciativas similares —como el alquiler de los tan minúsculos como emblemáticos coches Trabant— radica en esa nostalgia, que confiere a visitar tales lugares un efecto balsámico.

    Con el tiempo, y en gran parte a raíz del éxito de Good bye, Lenin!, en los supermercados alemanes han ido apareciendo revivals de esas viejas marcas erredeanas, muñidos por las grandes corporaciones alimentarias, Coca-Cola entre ellas, para explotar lo que entonces se dieron cuenta de que era un lucrativo filón. Hoy los alemanes orientales sí pueden comprar pepinillos Spreewald, vino espumoso Rotkäppchen, galletas Russich Brot e incluso crema de manos Florena.

    Del mismo modo, los semáforos de la antigua Alemania Oriental siguen siendo hogar del Ampfelmännchen (literalmente, «hombrecillo del semáforo»), el simpático muñequito con El Ampfelmann es el símbolo por excelencia de la Ostalgiesombrero que se ha convertido en el símbolo por excelencia —mejor dicho, en la mascota— de esa Ostalgie, y decora camisetas y otros souvenirs que hacen las delicias de los turistas en Berlín, donde hay incluso una Ampfelmann Shop especializada en ellos. Igual que los pepinillos, los Ampfelmännchen desaparecieron por completo tras la reunificación, pero un activo movimiento reivindicativo iniciado en 1995 los trajo de vuelta diez años después, en 2005. Entre medias, en 1997, el diseñador Karl Peglau pronunciaba una frase muy reveladora para el tema que nos ocupa con respecto al muñeco, al que atribuía «el derecho de representar los aspectos positivos de un orden social fallido».

    La Ostalgie, sin embargo, persiste a pesar de estos revivals, y el hecho de que Die Linke, la coalición de izquierdas equivalente a nuestra Izquierda Unida de la cual forma parte el partido sucesor del SED, obtenga en los länder del Este un apoyo considerablemente mayor que el que recibe en el Oeste —es habitualmente segunda fuerza—, invita a pensar que esa nostalgia va más allá de la frivolidad de lo vintage.

    ¿UNRECHTSTAAT O NO UNRECHTSTAAT?
    El mapa electoral que arrojaron los comicios federales de 2013 es muy elocuente al respecto. Destacar en rojo vivo aquellos länder y distritos en los cuales Die Linke obtuvo más de un 18% de los votos, colorear de un rojo más tenue aquéllos en los cuales el apoyo rondó el 10%, y no colorear aquéllos en los cuales la coalición no alcanzó el 8% de los sufragios convierte el mapa de la Alemania unificada en uno de la Alemania dividida anterior a 1989. La RDA queda uniformemente roja; la RFA, blanca como una patena sólo tenuemente coloreada en la región minera del Sarre. Los ossis, lejos de abrazar con desatada lujuria el modelo neoliberal, siguen siendo en gran parte socialistas de un socialismo no autoritario, pero tampoco moderado ni posibilista.

    Otros datos refuerzan esta tesis: según una encuesta celebrada en 2010 por el Centro de Estudios Sociológicos Berlín-Brandenburg, un 25% de la población adulta de los länder orientales tiene una imagen totalmente positiva de la RDA, frente a un 15% que tiene una imagen totalmente negativa. El resto, un 60%, tiene una visión equilibrada que valora negativamente la represión y la falta de libertad general pero muy positivamente aspectos de aquella sociedad como el pleno empleo —un 66% de los encuestados lo menciona como aspecto positivo—, la igualdad de la mujer —69%—, los centros de veraneo que tenían las empresas para sus trabajadores, los precios baratos de los alimentos y la seguridad social en general —62%—. Por otro lado, tres cuartas partes de los entrevistados rechazan categóricamente que el régimen comunista y el nazi sean comparables. Lo son sólo para un 19% de la población del cual forma parte, eso sí, la mismísima Angela Merkel, germano-oriental ella misma y que en 2009, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la caída del Muro, se compadecía de que el Este alemán viviera «primero la dictadura nazi y después la dictadura comunista».

    El dato más interesante es, con todo, el siguiente: 9 de cada 10 alemanes orientales tienen la impresión de haber sido engañados por la RFA. En otra encuesta, ésta efectuada por la Un 49% de los ossies rechaza que la vida en la RDA sea denigrada sistemáticamenteasociación Volkssolidaritat, un 49% de los encuestados rechaza que la vida en la antigua RDA sea denigrada sistemáticamente. A esto último puede servir para darle piel el siguiente testimonio, publicado por un internauta húngaro en un foro de Internet en el cual se comentaba la encuesta de Volkssolidaritat: «Yo, por aquel entonces, cuando iba a la RDA vi en muchas ocasiones cierta mentalidad prusiana. Pero en general el nivel de vida era superior al nuestro, y las diferencias sociales eran menores. Es cierto que había que esperar mucho para conseguir un coche, pero lo que es seguro es que ni siquiera en Hungría la situación era tan mala como dice la gente de derechas. No se expulsaba a la gente de sus casas por facturas impagadas, no había falta de alimentos, no  había hambre. Pero había trabajo: nosotros pudimos ir de veraneo en muchas ocasiones. Ahora después del trabajo viene el trabajo: en Europa del Este es típico que uno tenga que tener dos trabajos como mínimo para poder sobrevivir. El descanso, hoy, es unas pocas horas de sueño en la cama».

    Es, claro está, sólo un testimonio personal, tan parcial y sesgado como cualquiera, pero que parece representativo en cierta medida a la luz de los resultados de esas encuestas, que también hablan de un 40% de germano-orientales que se oponen a que la RDA sea considerada un «Estado de injusticia» —Unrechtstaat en alemán—, latiguillo periodístico que, al modo del que en España obliga a hablar de la ilegalizada Batasuna o las antiguas pesetas, ha hecho fortuna en ciertos medios para referirse mecánicamente a la desaparecida república popular. En octubre del año pasado, la negativa de Gregor Gysi, portavoz de Die Linke en el Reichstag, a utilizarlo estuvo a punto de arruinar el pacto entre la coalición y los partidos socialdemócrata y verde que ha dado recientemente a Die Linke su primer gobierno regional, el del land —por supuesto, oriental— de Turingia.

    El de Gysi es simplemente un caso, el más conocido, entre muchos similares de otros habitantes de la RDA, para los cuales, según el antropólogo estadounidense Dominic Boyer, «el mayor trauma no fue la caída de la RDA, sino el descubrimiento de que la narrativa occidental luego de la unificación alemana reducía al extinto Estado a un régimen “criminal” donde ellos eran de pronto reclusos en un campo de concentración masivo, cuando precisamente ellos, que lo habían vivido, rara vez se sintieron así».

    EL PALAST DER REPUBLIK Y EISENHÜTTENSTADT
    De todas formas, no parece que esa dimensión política, de comprensible aumento en el contexto de crisis económica que afecta a Alemania tanto como a España, y a Alemania del Este mucho más que a Alemania del Oeste, baste para completar el complejo puzle de la Ostalgie. Además de esa idealización de la seguridad social erredeana en un momento en que la erreefeana hace aguas y de esa morriña de lo cotidiano aplacable con una buena lluvia de merchandising hay otras facetas del fenómeno que revelan su solidez, su profundidad y su persistencia. El caso de la polémica reconstrucción del Palacio Hohenzollern de Berlín es uno de ellos.

    Residencia de la dinastía reinante en Prusia primero y en Alemania después, el Berliner Stadtschloss, construido en el siglo XV en la linde de las hasta entonces ciudades separadas Sobre el solar del Palacio Hohenzollern se levantó el Palacio de la Repúblicade Berlín y Cölln, fue destruido en parte durante la segunda guerra mundial. Tras el conflicto, las ruinas cayeron en el lado germano-oriental, y la nueva república decidió arrasarlo por completo como símbolo que era del antiguo y abominable absolutismo prusiano. Sobre su solar se erigió un moderno —y espantosamente feo— Palacio de la República, que Erich Honecker inauguró en 1976 y que pasó a albergar la Cámara del Pueblo, el parlamento de la RDA, pero también restaurantes, galerías de arte y un teatro que hacían también del edificio un centro cultural y social muy concurrido por los berlineses.

    Tras la Reunificación, el Palacio de la República perdió su utilidad y quedó vacío, pero se mantuvo en pie una década y media, lo que tardó la nueva República unificada en iniciar su demolición —en 2006— después de descubrir que estaba contaminado por asbestos, y con la intención paralela de levantar en el nuevo solar una minuciosa reconstrucción del Palacio Real que albergará el Foro Humboldt, un hotel de lujo y salas de exposiciones temporales y que se espera que esté terminada en 2019 después del desembolso de entre 500 y 800 millones de euros.

    Podría esperarse que esa sustitución del feo y contaminante símbolo arquitectónico por excelencia del Unrechtstaat por un mucho más hermoso palacio barroco fuera universalmente aplaudida. Lo fue, desde luego, tanto por Angela Merkel como por su antecesor socialdemócrata Gerhard Schröder, pero no por un sorprendentemente amplio movimiento popular, que se movilizó desde el primer momento en contra del derribo y que contó con algunos apoyos famosos, como los de los actores Daniel Brühl —protagonista de Good bye, Lenin!— y Sandra Bullock. También con el de, según una encuesta realizada entonces por la revista Super Illu, seis de cada diez alemanes del Este. El de que con el derribo se quería eliminar un trozo de la historia de Alemania fue entonces un argumento insistentemente repetido por los encuestados, que también aludían a las horas felices pasadas en la Tienda de lámparas de Honecker, como era popularmente conocido el Palacio de la República por los centenares de lámparas que colgaban de sus techos.

    Otro actor ilustre, Tom Hanks, visitaba hace poco otro símbolo por excelencia de la RDA, éste menos conocido y llamado Eisenhüttenstadt. Sueño y utopía son palabras repetidas con pertinacia en los reportajes que se escriben sobre esta ciudad planificada llamada a materializar la sociedad ideal comunista, que primero se llamó Stalinstadt y fue inaugurada el año del fallecimiento del mismísimo Vozhd. Situada a orillas del río Oder en el land de Brandeburgo, a 120 kilómetros de Berlín, la ciudad se arracimaba alrededor de una planta siderúrgica, pero estaba formada por coquetas y vanguardistas casas con jardín, grandes instalaciones deportivas y zonas verdes y un teatro, siguiendo principios funcionalistas Eisenhüttenstadt no tuvo cementerio hasta dos décadas después de su fundaciónherederos de la Bauhaus e imbuidos del idealismo alemán. Después de la inauguración, 50.000 jóvenes —entre ellos Tamara Bunke, novia del Che— llegaron desde todos los rincones de Alemania para llenar la ciudad de vida. Tan jóvenes eran que, como en Macondo, no hubo cementerio en Eisenhüttenstadt hasta dos décadas después.

    La utopía fue real hasta la Reunificación: tras ella, la planta siderúrgica fue adquirida por ArcelorMittal, que redujo drásticamente la plantilla para que fuera solvente en un mercado abierto. Los 50.000 habitantes de la ciudad pasaron a ser 30.000 a no mucho tardar y siguen menguado, con el agravante de que los emigrantes que huyen de Eisenhüttenstadt son sobre todo los jóvenes: esos 30.000 irreductibles son en gran parte jubilados que mueren poco a poco sin ser sustituidos por nuevas generaciones que mantengan el equilibrio demográfico.

    Siempre que se alude al lugar se utilizan también términos como «naufragio» o «ambiente mortuorio», haciendo referencia a la larga y deprimente decadencia de esta «ciudad modelo de un modelo que ya no existe», en la que no hubo manifestación alguna en 1989 porque sus habitantes sabían que con el fin de la RDA no tenían nada que ganar, y en la que hoy se ejecuta un plan municipal que comporta el derribo de los edificios modulares de las afueras para concentrar a la población en los del centro, de mayor calidad pero que todo el mundo entiende que serán derribados a su vez dentro de otro par de decenios, cuando los 30.000 habitantes hayan pasado a ser 10.000 por mor de ese éxodo que parece inexorable. Otro proyecto, éste de ofrecer condiciones ventajosas de establecimiento a artistas de Berlín para que convirtieran Eisenhüttenstadt en una meca de las vanguardias artísticas, no prosperó. La sensación generalizada es que nadie con poder para hacerlo tiene la menor intención de contribuir a resucitar el gran proyecto urbanístico del Unrechtstaat, y eso abona del mismo modo que lo sucedido con el Palacio de la República la sensación de vengativo abandono que los ossis comenzaron a tener a principios de los noventa.

    FÚTBOL Y LITERATURA
    Cabe ponerse en el lugar de estos diez millones de hombres y mujeres que de la noche a la mañana se convirtieron en exiliados sin moverse de su casa, y se vieron a obligados a adaptarse a un país que no conocían sin que nadie se compadeciera de su situación y tratara de hacer su adaptación más progresiva y llevadera. Un dato trivial pero muy elocuente es el de cuántos clubes de fútbol de la DDR Oberliga, la extinta liga germano-oriental, compiten hoy en la Bundesliga, la liga germano-occidental que, por supuesto, siguió siendo la liga de la Alemania reunificada: exactamente cero. El único equipo del este de Alemania que compite hoy en la Bundesliga es el Hertha Berlín, club que es oriental sólo geográficamente, toda vez que está radicado en Berlín Oeste.

    Los aficionados del Dynamo de Dresde, el Dynamo de Berlín o el Magdeburgo, acostumbrados a serlo de clubes laureados dentro y fuera de Alemania, pasaron de golpe y porrazo a serlo de equipos de competiciones regionales, cuando no de equipos desaparecidos. El Magdeburgo, ganador de la Recopa de 1974, pena hoy en Regionallia Nord, la cuarta división alemana, lo mismo que el Carl Zeiss Jena, subcampeón de la propia Recopa en 1981. El Lokomotive Leipzig, subcampeón también en 1987, juega en Quinta, irónicamente llamada Oberliga y de la que también forma parte el Dínamo de Berlín, el club más laureado de la desaparecida liga de la RDA, que ganó diez veces. El Hansa Rostock juega en Tercera; el Dínamo de Dresde, en Segunda. Al Energie Cottbus no parece favorecerle el hecho de ser el club de la cancilleresa Merkel: también ha dado con sus huesos en Tercera después de ser durante años un equipo ascensor.

    Pero lo mismo ha pasado en esferas más elevadas. En 2013, la Semana Negra de Gijón, que cada año edita, publica y regala a los visitantes un libro considerado peculiar por la razón que sea, publicaba un libro titulado RDA. El país que nunca existió, cuyo éxito llevó a que más tarde fuera reeditado y publicado con el título Al otro lado del Muro por la editorial Errata Naturae. A cargo del polifacético Ibon Zubiaur, consiste en una antología de textos de escritores de la RDA, todos ellos de apreciable calidad literaria y, sin embargo, muy desconocidos en la Alemania de hoy, que hizo con ellos lo mismo que con los clubes de fútbol: Para sus apologistas, la RDA era el "país de la lectura". La fórmula es altiva pero no infundadarelegarlos a segundas divisiones culturales que no merecían. En la introducción de la obra, Zubiaur explica que «los apologistas de la RDA se jactaban de que ésta era el “país de la lectura”. La fórmula es altiva, pero no infundada: probablemente nunca en la historia reciente, y en ningún país, haya gozado la literatura de un papel tan destacado. No sólo por la prioridad que le otorgaba el régimen y las facilidades que ello conllevaba (abundantes becas y premios, mercado editorial subvencionado, tiradas amplias y precios reducidos, privilegios para acceder a la vivienda o a un visado), sino por la relevancia que le otorgaban los propios lectores». Zubiaur menciona asimismo «considerables recursos invertidos en la difusión de la lectura (bibliotecas, casas de cultura, ferias, charlas literarias en escuelas y universidades, y también en las fábricas) que deberían avergonzarnos en este tiempo de desmontaje de la infraestructura cultural», y, si bien alude a la presión, a veces terrible, que los escritores recibían de la dictadura en forma de imposición del canon del realismo socialista, censura y persecución de disidencias, también consigna que la censura iba, venía y cambiaba de criterios, y a veces permitía la publicación de libros muy poco acordes con el credo estético vigente que convertían la literatura germano-oriental en el cauce de expresión y contraste de opiniones que la prensa, mucho más controlada, no podía ser.

    Muchos de esos escritores, disidentes de una RDA asfixiante y tiránica, pasaron a ser después disidentes en una RFA enferma, a su juicio, de consumismo y sometimiento a la dictadura de los mercados, lo cual explica también su marginación de los grandes circuitos literarios y constituye otro ejemplo claro de en qué consiste la Ostalgie: no en una nostalgia acrítica, sino en una visión ponderada de cuánto hubo de bueno y de malo en aquello que oficialmente es simplemente malo y cuánto hay de malo y de bueno en esto que oficialmente es simplemente bueno. Ser disidentes de la RDA no convertía a estos literatos necesariamente en derechistas o liberales: para muchos de ellos, como hoy para muchos cubanos, la solución a un socialismo pervertido no era el capitalismo, sino un socialismo remozado que, aunque abierto a la democracia, mantuviese incólumes sus nobles principios fundacionales.

    Todo se lo tragó, como la lejanía, la Reunificación, y ello explica el furor que causan los souvenirs ostálgicos, mucho mayor que el que en cualquier parte pueden causar determinados objetos vintage: el Ampfelmännchen no es un simple Naranjito, ni el Trabant es un simple Seiscientos, ni los pepinillos en vinagre Spreedwall unas simples galletas Fontaneda. En España, en Francia o en Italia no hay Ostels, porque entre la España, la Francia o la Italia de los sesenta, los setenta o los ochenta y la España, la Francia o la Italia de 2015 hubo una evolución sosegada que hace innecesario buscar fetiches a los que agarrarse en busca de una identidad arrebatada, imprescindibles en cambio en un país en el que el Ampfelmännchen, el Trabant y los pepinillos en vinagre Spreedwall no desaparecieron progresivamente, sino que lo hicieron el mismo año, el mismo mes, el mismo día, la misma hora: la del 31 de agosto de 1990 en que Wolfgang Schäuble, ministro del Interior de la RFA, y Günther Krause, secretario de Estado de la RDA, firmaron el Tratado de Reunificación.

    OTRAS NOSTALGIAS DE OTROS ESTES
    En este mundo en el que, frente a lo que asegura la propaganda neoliberal, nadie, nada, es En Yugoslavia existe la jugonostalgija, similar a la Ostalgieespecial, sino que todo es comparable, existen otras Ostalgie en otras naciones excomunistas enfrentadas a la realidad de que la caída del Telón de Acero no abrió el paso a ninguna panacea capitalista, sino a otro mundo lleno de sinsabores. Tal vez el caso más parecido al de Alemania del Este sea el de la antigua Yugoslavia, en muchos de cuyos habitantes anida desde hace años un sentimiento que, por imitación del alemán, ha sido bautizado jugonostalgija o yugonostalgia, y ha sido objeto de menor atención cinematográfica y literaria, pero mayor atención académica, que su correlato germánico.

    Tal atención se la han prestado, sobre todo, investigadores eslovenos. En 2007, Zala Volčič publicaba en la revista Critical studies in media communication un influyente artículo con el título «Yugo-Nostalgia: cultural memory and media in the former Yugoslavia»; un año después, en 2008, el sociólogo Mitja Velikonja sacaba al mercado a su vez un libro que, con el sugerente título Titostalgia —nostalgia de Tito, el mariscal que rigió los destinos de la Yugoslavia comunista durante cuarenta años—, abordaba en profundidad el fenómeno, que tiene en común con la Ostalgie sus rasgos fundamentales pero se diferencia de aquélla por el hecho de que no consiste en la añoranza de un Estado pequeño devorado por uno grande, sino en la de uno grande atomizado en varios pequeños. Ello hace que, al lado de la extrañeza de aspectos como los derechos sociales, la nobleza de principios como el socialismo autogestionario o el internacionalismo o la seguridad perdidos, conforme el fenómeno una añoranza típicamente nacionalista del imperio venido a menos, que hace a la yugonostalgia parecerse a las nostalgias imperiales características de naciones de pasado brillante pero que vivieron una decadencia que las convirtió en actores secundarios del concierto internacional. Hay, en fin, una yugonostalgia socialista presente en todos los países yugoslavos y una yugonostalgia imperialista más propia de Serbia, donde no siempre es fácil distinguir la segunda yugonostalgia de la primera.

    Otro elemento clave para comprender la yugonostalgia es cómo se produjo la mencionada atomización: como resultado de guerras terribles que asolaron el país durante una década, que hacen que en la nostalgia de la situación anterior también haya un componente de idealización de la Pax Titoista. Idealización que es más fácil de prosperar que en el caso de las antiguas repúblicas soviéticas y satélites de la URSS como la propia RDA, toda vez que los habitantes de Yugoslavia —que, aunque comunista, siguió su propio camino, no era miembro del Pacto de Varsovia y mantuvo relaciones diplomáticas con Occidente— podían viajar libremente a los países no comunistas y, aunque sufrieran represión, no vivieron los horrores del estalinismo.

    En cualquier caso, el fenómeno tiene mucho de similar con respecto a la Ostalgie. Volčič distingue en su artículo tres tipos de yugonostalgia, dos de los cuales están presentes también en Alemania: en primer lugar, la revisionista, que busca revertir los resultados de las guerras de la antigua Yugoslavia para reconstruir un Estado común y no tiene correlato en Alemania. En segundo lugar, la estática, que pretende, simplemente, conservar lo mejor del pasado yugoslavo en cada uno de los nuevos países, y sí tiene correlato. Y en tercer la escapista, de tipo comercial y que busca obtener beneficios económicos de la añoranza por el pasado al modo del Ampfelmann Shop de Berlín. Velikonja, a su vez, acuña cuatro oposiciones binarias entre tipos de yugonostalgia: así, por ejemplo, la instrumentalizada políticamente frente a la no instrumentalizada o la materializada en merchandising yugonostálgico o eventos colectivos frente a la reducida a la condición de idea o sentimiento íntimos.

    Merchandising yugonostálgico lo hay en tanta variedad como el ostálgico: chicles Čunga-junga, nocilla Eurocrem o galletas Napolitanke son en este caso los productos demandados. También falsos pasaportes yugoslavos a imitación de los de los años setenta, que hasta hace poco ofrecía a un módico precio una página web web llamada Konzulat SFRJ, siglas serbocroatas de República Socialista Federativa de Yugoslavia. Respecto a los eventos colectivos, que incluyen peregrinaciones a veces multitudinarias al lugar de nacimiento y al mausoleo de Tito en Belgrado, uno de los más multitudinarios fue la serie de conciertos que en 2005 celebró en el Estadio Olímpico de Sarajevo, el Maksimir de Zagreb y el Hipódromo de Belgrado —donde congregó a 150.000 espectadores— la mítica banda plurinacional de yugo-rock Bijelo Dugme, reunida por primera vez para la ocasión desde su precipitada separación en el inevitable año 1989. En un instante del concierto entre canción y canción, Goran Bregović, carismático líder de aquel grupo en el que hubo, a lo largo de sus quince años de actividad, serbios, croatas, bosnios e hijos de matrimonios mixtos como el propio Bregović, tomó el micrófono para gritarle a un público entregado lo siguiente: «Cuando esta noche volvamos a casa y nos pregunten si hemos estado en Koševo [nombre popular del Estadio Olímpico], yo diré: sí, fuimos a Koševo, y ellos estaban juntos, y nosotros estábamos juntos, y cantamos viejas canciones, y fuimos felices».

    La yugonostalgia es, en principio, mucho más viva en los tres Estados a los cuales más afectó la guerra: Serbia, Croacia y Bosnia, pero también esta presente en Eslovenia, donde una mayor uniformidad étnica hizo la guerra más breve y menos traumática, y donde la construcción nacional se hizo desde el primer momento combatiendo activamente la herencia yugoslava, de la que se entendía que degradaba a un país cuya esencia y cuyas miras debían ser centroeuropeas por mecanismos similares a aquéllos por los cuales Rusia rechaza su asiatismo o España su africanismo. Pero también allí existe una titonostalgia alimentada por una crisis que dejó a la pequeña e insignificante Eslovenia al borde del rescate, como demuestra la enorme afluencia de público que tuvo una exposición, abierta en Liubliana a principios del año pasado, sobre la figura del mariscal, el cual era presentado de manera dulcificada, casi hagiográfica. En la misma Liubliana, la iniciativa popular de dedicarle a Tito una calle estuvo a punto de prosperar en 2009, pero no se materializó finalmente por la prohibición decretada por el Tribunal Constitucional.

    La iniciativa eslovena nos habla a su vez de una tímida recomunistización del espacio público que no es exclusiva de Yugoslavia y la amable o al menos fácilmente amabilizable figura de Tito, sino que también existe en países donde el amor al antiguo dictador comunista parece más absurdo, como Rumanía. En Rumanía se erigen nuevos monumentos a Nicolae CeausescuAllí, un Estado post-comunista profunda, visceralmente corrupto, también ha generado una Ostalgie propia, que incluso ha cristalizado en monumentos a Nicolae Ceauşescu —único dictador comunista fusilado por su propio pueblo en la turbulenta implosión del comunismo europeo— levantados ex novo aquí y allá y entre los cuales el más conocido es el erigido hace apenas un lustro en Scornicesti, su localidad natal, donde también se encuentra una Casa Memorial del dictador. Una encuesta realizada en 2012 en el país por el nada sospechoso de parcialidad Instituto de los Crímenes del Comunismo arrojaba el sorprendente resultado de que un 60% de la población asegura que se vivía mejor en la época socialista.

    En Rumanía se alude con frecuencia a a la época del Conducator como Época de Oro. En opinión de Mihai Burcea, investigador del centro, «si Nicolae Ceauşescu hubiese seguido con vida y hubiera sido candidato a las presidenciales de Rumanía, habría tenido muchas posibilidades de ganarlas». En la de Laurent Codarc, redactor jefe de la revista francófona pero rumana Regard, «este sector de nostálgicos pertenece a grupos sociales que no se han beneficiado de la economía de mercado y sufren del paro, la miseria y la marginación económica» en el que es el país más pobre de la Unión Europea. El rostro de Ceauşescu, odiado en 1989, decora hoy taxis, panaderías y hogares.

    ¿Qué hay de otros países excomunistas europeos? ¿Qué grado de Ostalgie hay en ellos? El Pew Research Center, de Estados Unidos, hizo en 2009 una amplia encuesta en varios de esos países que arroja algunos datos sorprendentes al respecto. A la pregunta «¿Se vivía mejor en el comunismo, o se vive mejor ahora?», sólo dos países, Polonia y la República Checa, respondieron que mejor ahora: 47% de mejor ahora frente a 35% de mejor antes en Polonia —el resto corresponde a quienes opinan que se vivía igual, o no saben, no contestan—; y 45% de mejor ahora frente a 39% de mejor antes en Chequia. En el resto de países resultaron ser mayoría los añorantes: un 45% de mejor antes frente a un 33% de mejor ahora en Rusia; 48-29 en Eslovaquia, 48-23 en Lituania, 62-13 en Bulgaria, 62-12 en Ucrania y un abrumador 72-8 en Hungría, el país cuya revolución de 1956 volvió anticomunistas a centenares de comunistas de todo el continente, y en el cual la hoz y el martillo y la estrella roja estuvieron prohibidos —igual que en Letonia, Lituania y Moldavia— hasta 2013, y dejaron de estarlo sólo por una prohibición del Tribunal Constitucional, que entendía que la ley correspondiente era demasiado vaga y entraba en colisión con la libertad de expresión. En otra pregunta de la encuesta, «¿A quién ha beneficiado la caída del comunismo?», el 17% de los húngaros respondieron que a la gente común, el 63% que a los empresarios y el 89% que a los políticos (podían responder varias cosas a la vez).

    Según otros estudios, esas nostalgias avivadas por la crisis económica y la sensación de extravío de los ciudadanos de países excomunistas en la selva capitalista llegan a positivar incluso los recuerdos más universalmente tenidos por negativos, como las larguísimas colas para obtener productos básicos en los economatos en períodos de escasez. Tal como arrojaba uno realizado en la en teoría muy anticomunista Polonia, muchos de los individuos que vivieron aquellas colas las recuerdan no de manera negativa sino rocambolescamente positiva, en tanto eran... ¡«una forma de socialización y de conocer personas fuera del entorno vecinal inmediato»! En Polonia: donde, de 51 eurodiputados, 46 correspondieron a partidos de derecha o extrema derecha en las últimas elecciones europeas, pero donde sólo votó un desolador 23% del electorado, cifra que muestra a las claras hasta qué punto la democracia liberal no entusiasma a los polacos por más que de ella salgan gobiernos ultraconservadores. El panorama es similar en otros países excomunistas: la participación fue sólo del 18% en Chequia y del ¡13%! en Eslovaquia.

    AUFERSTANDEN AUS RUINEN
    En 1949, la flamante República Democrática Alemana adoptaba como himno nacional uno cuya música corrió a cargo de Hanns Eisler y que el poeta comunista y futuro ministro de Cultura Johannes R. Becher tituló Auferstanden aus Ruinen: «Levantados de las ruinas». Su letra decía: «Levantada de las ruinas y con la vista puesta en el futuro, déjanos servirte para hacer el bien, Alemania, patria unida. Hay que superar la antigua miseria y la superaremos unidos, pues tenemos que conseguir que el sol, hermoso como nunca antes, brille sobre Alemania, brille sobre Alemania». Durante el proceso de reunificación, el que entonces era primer ministro de la RDA, pero que era miembro de la democristiana CDU y había sido elegido para el cargo tras las elecciones libres de marzo de 1990, Lothar de Maizière, propuso que el himno, al fin y al cabo hermoso, carente de referencia ideológica alguna y aprovechable en la nueva Alemania, fuera designado himno oficial de la nueva República Federal reunificada, o que al menos se adaptase su letra a la música del Deutschlandlied de Haydn que era y sigue siendo el himno de la RFA, con cuya métrica casaba perfectamente. Helmut Kohl, el canciller federal, se negó en redondo.

    ¿Podría la hermosa utopía igualitaria que nunca dejó de ser el comunismo levantarse, ella misma, sobre las ruinas de sus fallidos experimentos del siglo XX y sobre la avaricia y la cerrilidad de sus enemigos? ¿Puede el fantasma del comunismo recorrer Europa de nuevo, propulsado por la indignación de millones de ciudadanos engañados por quienes les prometieron el paraíso-esta-vez-sí? ¿Renacerá Eisenhüttenstadt y se erigirán en las capitales europeas nuevos Palacios de la República, esta vez bonitos, esta vez sin asbestos, esta vez sin parlamentarios salidos de elecciones amañadas, pero igual que la otra vez llenos de pueblo llano con amplia formación cultural gracias a un Estado no maniatado por la satrapía del libremercado, las Troikas austeritarias y bienestaricidas y el sacrosanto credo del tanto tienes, tanto vales y el trabaja niño no te pienses que sin dinero vivirás? ¿Viviremos para vivir en un Estado sin afterworks, ni currículums vítae papelhigienizables, ni doctores en marketing, ni doscientas cincuenta y cinco marcas de condones, de chicles, de pepinillos en vinagreta, de nocilla negra, blanca o blanquinegra, de pastillas para dormir, de pastillas para no dormir, de seguros antivolcanes para la gente despierta, de bancos sin comisiones con comisiones?

    Seguramente no. Pero qué agradable es imaginarse cantando, en quién sabe qué hermosa plaza liberada, Auferstanden aus Ruinen, und der Zukunft zugewandt...

    http://mas.asturias24.es/secciones/cronicas/noticias/nostalgias-del-este/1421953223

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

    Mensaje por nunca el Mar Sep 01, 2015 7:22 pm

    Hilos relacionados:
    http://www.forocomunista.com/t5083-nostalgia-por-la-urss?highlight=nostalgia
    http://www.forocomunista.com/t12945-ucrania-nostalgia-de-la-urss?highlight=nostalgia


    No viví en la Unión Soviética
    (pero la echo de menos)


    El recuerdo de la Unión Soviética sobrevive entre sus antiguos ciudadanos pero también en una nueva generación que incluso nació después de su desintegración.

    ÀNGEL FERRERO

    MOSCÚ.- ¿Se puede tener nostalgia de algo que no se ha vivido? “En contra de la opinión comúnmente aceptada, los procesos históricos no se han acelerado con la aparición de los medios de comunicación de masas”, escribe el sociólogo ruso Borís Kagarlitsky. “Los 'historical tempi' –explica Kagarlitsky– no están determinados solamente por la velocidad de la transmisión de la información, sino también por la dinámica de la conciencia de las masas”.

    Más de siete décadas de comunismo soviético habían de dejar a la fuerza una honda huella psicológica en la población rusa. El recuerdo de la Unión Soviética sobrevive, obviamente, entre sus antiguos ciudadanos, cuyos sentimientos van desde el rechazo absoluto hasta la nostalgia por una época que, pese a todo, forma parte inseparable de sus biografías. Pero también se ha transmitido –y esto es lo interesante– a una nueva generación que no tiene edad suficiente como para recordar la URSS o que incluso nació después de su desintegración.


    Tres jóvenes rusos y la URSS

    La revista The Village entrevistó recientemente a varios de estos jóvenes. El artículo ofrece una perspectiva poco habitual a este fenómeno, que si bien no es general, al menos sí que merece cierta atención.

    “Hace tiempo que me intereso por la politología y leo mucho sobre ideología. Sueño con la construcción del socialismo en Rusia, que los políticos trabajen por el bienestar de la gente y no al revés, porque así es como tendría que ser”, dice Kiril (15 años). Para Kiril, la Unión Soviética era un país donde la gente “se sentía tranquila”, ya que podía “recibir una educación gratuita, había trabajo y la vida era buena”. “Mis abuelos sabían qué les deparaba el futuro, había asistencia médica gratuita, y el Estado siempre ayudaba”, añade. Este quinceañero explica que no le importa dedicar parte de su tiempo libre a defender el pasado soviético de Rusia en los foros de Internet: “sí, todas estas conversaciones, por ejemplo, sobre que en la URSS no había productos, que los estantes estaban vacíos... tonterías. Todo eso ocurrió en los noventa. En tiempos de la Unión Soviética había de todo.”

    “Soy una persona muy alejada de los valores actuales”, confiesa por su parte Ígor (24 años). “No le doy un valor especial al dinero, cuánto gana una persona no es para mí ningún indicador de éxito”. Hijo de un funcionario del KGB y una ingeniera, a Ígor le gusta ver cine soviético –que considera mejor que el actual cine ruso– y escuchar al conocido cantautor soviético Vladímir Vysotski. “Claro, las cosas han cambiado, como se dice, 'las cosas son ahora mejor'. Han pasado más de veinte años desde la desintegración de la URSS. ¿Pero qué ocurrió en los primeros cuarenta años de la Unión Soviética? No hay más que compararla con la Rusia prerrevolucionaria y la Rusia de preguerra, eran países diferentes. Uno era un país agrícola atrasado y el otro un país avanzado.”

    Como a Kiril, lo que más le atrae a Ígor de la URSS es la seguridad que brindaba el Estado soviético a sus ciudadanos. “Al hombre soviético se le acompañaba desde la cuna hasta la tumba. Y eso es algo que me gusta: naces, vas a la guardería, de la guardería vas a la escuela, de la escuela vas al instituto y la universidad, sales y tienes trabajo. Trabajas, recibes los vales, viajas. Eso es lo mínimo, la base. Y si quieres, siempre puedes conseguir algo más.” Aunque Ígor se muestra escéptico con el actual Gobierno, esta nostalgia –aunque él no la considera así– no le ha llevado a militar en ningún partido ni organización política. Todo lo contrario que Gueorgui (22 años), cuyo temprano interés por la historia de la URSS le llevó a afiliarse al Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR).

    “Todo comenzó en el instituto, cuando tenía 16 años”, explica Gueorgui. Fue entonces cuando comenzó “a estudiar la historia del país”: “la época de la Unión Soviética me enganchó, y comencé a estudiarla.” La URSS, continúa, “enseñó a la humanidad que hay un camino alternativo, que se pueden hacer las cosas de otra manera. Nos inspiraron los sindicatos occidentales y su lucha por los derechos. El esfuerzo y la abnegación de la gente que construyó el país y sobrevivió incluso a las peores épocas son motivo de admiración.” Los ciudadanos de la URSS eran “gente normal y corriente”, pero que hicieron grandes cosas.

    Con todo, para Gueorgui, cuyo ídolo es el cosmonauta Yuri Gagarin, no se trata sólo de los grandes proyectos, sino también de los pequeños detalles de la vida cotidiana. “Todo el mundo ha oído hablar de las máquinas expendedoras de soda, del hecho de que nadie robaba los vasos que habían en la máquina. Cosas pequeñas como ésta pueden llevar a cosas más grandes. Y de cosas pequeñas como ésta se pasaba a otras, a cosas que hoy prácticamente no se encuentran.” Este joven cree que “nuestra generación se queja demasiado”. “Todo está lleno de individualistas. Después de la guerra todo era mucho peor que ahora y sin embargo sobrevivieron. La gente luchó, reconstruyó lo destruido. ¿En qué soñaban entonces? ¡En 1961 Gagarin viajaba al espacio! Si él podía viajar, significaba que todos podíamos hacerlo (…) ¿Y ahora qué tenemos? Gente que dice: 'Un iPhone 6. Tengo que comprármelo'. Eso es todo.”
    En búsqueda de un continuum cultural
    Por supuesto, no todo el mundo piensa como Kiril, Ígor o Gueorgui. “No quiero ni oír hablar de la Unión Soviética”, contesta Nikolái (30 años) cuando se le pregunta por el artículo de The Village. “Es la época de la historia de Rusia que menos me gusta”, insiste. Y con todo, a Nikolái le encanta por ejemplo la arquitectura soviética, desde el neogótico estalinista hasta la modernista. “No me puedo imaginar viviendo en Alemania”, dice. Incluso entre quienes preferirían pasar página a este capítulo de la historia rusa, la URSS sigue siendo una presencia insoslayable.

    Algo que no ha pasado desapercibido a varios músicos rusos. “La nueva ola rusa abraza el chic soviético”, titulaba no hace mucho el diario The Guardian un artículo sobre este tema. En él se citaba uno de los últimos videoclips de Timati (Moscú, 1983), Utiosov. El título, como dicen los alemanes, es programa: Leónid Utiósov fue un cantante de jazz soviético (de hecho, el primero en obtener el título de Artista del Pueblo, en 1965), cuya voz sampleada –“muy bien”– acompaña a los raperos Timati y L'One en un vídeo musical que algunos han considerado la respuesta rusa a los clips de raperos estadounidenses con pitbulls y Mercedes.

    En el vídeoclip, una limusina ZIL llega a un polígono industrial donde se apilan varios contenedores. Del coche bajan los cantantes y un enorme oso pardo. Tras firmar un contrato, los raperos abren un contenedor donde se encuentra el vehículo de su elección: un viejo tanque soviético con el que aplastan varios automóviles mientras desgranan sus simpatías por Rusia frente a Occidente. “Me queda más cerca el gato Leopold que Mickey Mouse / me queda más cerca la canciones de Zemfira, y no las de Miley Cirus / Me queda más cerca Ded Moroz, y no Santa Claus”, rapea L'One, de origen georgiano. Toda la canción está repleta de referencias a la URSS y Rusia: la Copa Gagarin de la Liga Continental de Hockey, los diamantes de Yakutia, el caviar negro, la torre Ostánkino de Moscú, el águila bicéfala, el MiG-21, el fundador del esquema piramidal MMM, Serguéi Mavrodi… “En la mano izquierda un YotaPhone / en la derecha, Vyatski kvas”, con el que Timati brinda a la madre patria, no sin antes prometer correr el París-Dakar con un camión de la marca Kamaz.



    Utiosov (Timati, 2015)
    “En el hip-hop estadounidense utilizan canciones antiguas, oldies americanos como James Brown, Aretha Franklin, Nina Simone, cosas de los sesenta, setenta y ochenta, comenzando por Frank Sinatra”, ha dicho Timati. “¿Por qué no podemos hacer nosotros lo mismo? Estamos haciendo hip-hop y R&B en Rusia, en ruso. ¿Por qué no usar samples?” Timati y L'One también son los autores, por cierto, de una canción –que da nombre a su última gira– que se llama GTO, siglas en ruso de Preparación para el Trabajo y la Defensa, un programa de ejercicio físico para toda la población de la URSS que el 24 de marzo de 2014 el Kremlin aprobó reintroducir.

    Aunque quizá los más famosos, Timati y L'One no son los únicos. La vieja música soviética es cada vez más interesante para los jóvenes artistas como “base creativa”, afirma Artiom Makarsky, editor de la revista Look at Me. Makarsky –que es otro de los entrevistados por The Guardian– habla no sólo como observador, ya que él mismo pincha remixes de música soviética en el Strelka de Moscú, un club que se encuentra en la antigua fábrica de chocolate Octubre Rojo, hoy convertida en incubadora de empresas y tiendas de moda, y uno de los lugares habituales de reunión de los hipsters moscovitas. Según el editor de Look at Me, “los músicos jóvenes quieren encontrar un continuum ruso, encontrar una conexión con la cultura del pasado”. The Guardian cita algunos ejemplos (TenDJiz, Artek Elektronika, Electronica 302) y se deja otros (Midget Ninjas y su Soviet Bass).

    La Unión Soviética desapareció en 1991, pero parece que sigue sobreviviendo en las sinapsis de muchos rusos. En unos por nostalgia, en otros, por interés hacia sus raíces culturales, las mismas que los reformadores de los noventa pretendieron eliminar de la memoria colectiva con una terapia de shock que, además de económica, también fue política y cultural. Ese continuum entre la URSS y la Federación Rusa del que habla Makarsky había de ser, al fin y al cabo, algo natural, pero quedó truncado, de ahí que ahora se exprese en forma de nostalgia o recuperación cultural incluso entre quienes no vivieron en ella. El primer título que Marx pensó para el Manifiesto comunista era, según se dice, “espectros”, y eso es lo que parece que todavía se esconde en muchos lugares de Rusia

    http://www.publico.es/internacional/no-vivi-urss-echo-menos.html

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    Re: ¿Nostalgia sobre la URSS?

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      Fecha y hora actual: Dom Dic 04, 2016 4:57 am