¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

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¿la autodeterminación de los pueblos es legítima?

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kARLnAVAS
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¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por kARLnAVAS el Mar Dic 13, 2011 11:02 pm

Hola camaradas, antes que nada quisiera hacer un llamamiento a los encargados de que si este no es el sitio de la creación de este hilo que lo rehubiquen, aunque no he encontrado otro lugar mejor para exponer este tema que ha mi entender es controvertido.

Soy una de las personas que mas admiran a Stalin, pero como todo ser humano cometemos errores, fue este, junto con la idea del socialismo en un solo país un acierto o un fallo de su política por lo demás encomiable.

Y ahora, os expongo la cuestión de si os parece que la autodeterminación de los pueblos es ético desde el punto de vista socialista.

No creeis que por un lado exacerba el nacionalismo y por otro la idea de crear cualquier sistema económico por dicho pueblo en dicha zona geográfica.
Recordemos que el pueblo lo componemos todos, no solo la clase obrera. Y si al pueblo de mexico le apetece instaurar el capitalismo o el feudalismo ya puestos, si nosotros fueramos un país socialista, no debería ser nuestro deber denunciar dicho sistema explotador aunque fuera obra del pueblo mexicano en su necesidad de constituirse como les plazca (entiendase esto como un ejemplo).

Bueno camaradas, les dejo que opinen.

:hoz: :antina: :castro: :stalin: :engels: :mao: :marx: :lenin :che: :antina: :hoz:

socialismo o barbarie

ni lucha entre pueblos ni paz entre clases

nuestra historia es la historia de la lucha de clases

la religión es el opio del pueblo


Última edición por kARLnAVAS el Miér Dic 14, 2011 8:01 pm, editado 1 vez

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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Invitado el Miér Dic 14, 2011 12:54 am

Yo apuesto por por un referendum, donde se pueda votar a favor de la autodeterminacion (independencia) o no, y en el caso de que gane el si a la independencia, esta debe ser en un contexto socialista, jamas capitalista. Para mi esto no es discutible.
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Razion el Miér Dic 14, 2011 1:19 am

La autodeterminación verdadera, entendida desde el M-L, solo será posible bajo el socialismo. Pero, los elementos revolucionarios de los países imperialistas, deben apoyar a los movimientos independentistas de los países coloniales y semicoloniales, siempre que se trate de movimientos de liberación nacional revolucionarios.
Desde el punto de vista de los países coloniales y semicoloniales, se debe luchar por la independencia, y poner el punto en que la independencia real será solo posible bajo el socialismo, ya que la burguesía tarde o temprano claudicará nuevamente ante el imperialismo. Ejemplos hay de sobra.
Ahora bien, contextualizando un poco, hay que saber distinguir entre dominación imperialista, y fractura de una nación para poner parte del pueblo bajo el yugo imperialista (como el caso de la media Luna en Bolivia), son cuestiones muy distintas.
En América Latina se debe buscar la independencia real, pero a la vez la unidad latinoamericana, no la subdivisión en más estados burgueses. Cultural e históricamente, más allá de las diversidades que hay, somos lo mismo.
En el caso Mexicano (el puesto como ejemplo en el mensaje primero, si bien en una supuesta situación actual, en la que el mismo sería colonia de España supongo) y el resto de américa Latina, el feudalismo y el atraso lo representaba la corona Española, y las revoluciones de la independencia representaron el avance (muchas veces trunco) hacia la sociedad burguesa, y la eliminación del yugo nada menor de la Monarquía y la Iglesia. Es un tema muy amplio e interesante para discutir.
Retomo este ejemplo porque me parece que han sido los países oprimidos los que han generado movimientos de liberación de avanzada respecto a sus metrópolis. Por ejemplo, los procesos anticoloniales y antiimperialistas se han volcado en un número considerable al socialismo, en momentos en que en los países imperialistas se habían casi destruido las posibilidades revolucionarias.
Los otros movimientos, como mencioné mas arriba, no son de autodeterminación, sino de fractura reaccionaria pro imperialista, como los de la Ex Yugoslavia, en los que se renuncia a la independencia, para someter a una región nuevamente al imperialismo.

Saludos


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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por cpablo el Miér Dic 14, 2011 3:51 am

No creo que sea correcto, entrar en un pueblo e instalar un modo de vida, o un gobierno para que explote los recursos y se los lleve al pueblo vencedor. Coolaborar con un pueblo para derrocar al dictador de turno o frenar una rebelion/guerra civil no me parece rechazable. Pero claro, depende también de la legitimidad que tenga cada bando, y los interes/exigencias del interventor.

También es cierto, que por lo general, cuando hay una "intervención extranjera", es porque alguien la llamo. Para bien o para mal. Desde algunas facciones galas a los romanos, los rusos blancos a los japoneses o los rebeldes libios.

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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por relojandante el Jue Dic 15, 2011 10:14 pm

Gagarin117 escribió:Yo apuesto por por un referendum, donde se pueda votar a favor de la autodeterminacion (independencia) o no, y en el caso de que gane el si a la independencia, esta debe ser en un contexto socialista, jamas capitalista. Para mi esto no es discutible.

Creo que muchos son rehacios a eso porque piensan en la URSS y, sobre todo, Yugoslavia.

En mi opinión el referendum de la autodeterminación es fundamental para que los sentimientos nacionalistas no sean capitalistas.

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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por relojandante el Jue Dic 15, 2011 10:17 pm

cpablo escribió:No creo que sea correcto, entrar en un pueblo e instalar un modo de vida, o un gobierno para que explote los recursos y se los lleve al pueblo vencedor. Coolaborar con un pueblo para derrocar al dictador de turno o frenar una rebelion/guerra civil no me parece rechazable. Pero claro, depende también de la legitimidad que tenga cada bando, y los interes/exigencias del interventor.

También es cierto, que por lo general, cuando hay una "intervención extranjera", es porque alguien la llamo. Para bien o para mal. Desde algunas facciones galas a los romanos, los rusos blancos a los japoneses o los rebeldes libios.

¿Cuándo pasa lo primero y cuándo pasa lo segundo? Porque la teoría es muy fácil, pero el imperialismo siempre dijo hacer lo segundo haciendo realmente lo primero.

Aunque nos duela, la barrera entre el internacionalismo y el imperialismo es estrecha y ambigua.
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por cpablo el Jue Dic 15, 2011 11:25 pm

Por eso, siempre digo que hay que analizar el caso concreto.

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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Invitado el Vie Dic 16, 2011 12:30 am

Una verdadera jodienda lo que paso en la URSS, que esta se disuelva por un articulo que permite a las republicas separarse...es flipante. Por culpa de eso se retorno al capitalismo, ¿no es asi?
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Alexyevich el Vie Dic 16, 2011 6:38 am

Basándome en el ejemplo con el que se abre el post:
Si el pueblo mexicano decidiera pasar a X sistema económico en el que se radicalicen los antagonismos de clase en beneficio de la minoría explotadora, será porque un gran número de trabajadores mexicanos no tienen conciencia de clase y fueron engañados por lobos disfrazados de corderos.

La única manera de que todos los pueblos logren su verdadera independencia (no sólo política sino integral), es luchando por el triunfo del socialismo en todo el planeta.

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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por estudiante el Vie Dic 16, 2011 9:12 pm

Una verdadera jodienda lo que paso en la URSS, que esta se disuelva por un articulo que permite a las republicas separarse...es flipante. Por culpa de eso se retorno al capitalismo, ¿no es asi?

Este enlace muestra los resultados de esa consulta, y no fue precisamente muy favorable a la desintegración.



http://www.forocomunista.com/t9686-el-referendum-sobre-el-mantenimiento-de-la-urss

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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 17, 2011 12:14 am

estudiante escribió:
Una verdadera jodienda lo que paso en la URSS, que esta se disuelva por un articulo que permite a las republicas separarse...es flipante. Por culpa de eso se retorno al capitalismo, ¿no es asi?

Este enlace muestra los resultados de esa consulta, y no fue precisamente muy favorable a la desintegración.



http://www.forocomunista.com/t9686-el-referendum-sobre-el-mantenimiento-de-la-urss

Si si, lo se, sencillamente, se pasaron la opinion popular por el forro de los co*****
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por McCandless el Sáb Dic 17, 2011 12:51 am

Bueno si el pueblo de Mexico decidiese una vez conquistado el socialismo, retroceder en las relaciones de produccion, retroceder en favor de una minoria sobre una mayoria, en favor de la explotacion, quiere decir que no fue el pueblo de Mexico el que llevo a cabo el socialismo, pues no posee ninguna conciencia de clase.

Y si asi fuese, si fuese decision del pueblo, no es decision de ningun otro pais decidir el rumbo de dicho pueblo por muy socialista que sea. El socialismo se dara en cada pueblo cuando se cumplan las condiciones materiales para ello, si no es el caso de dicho pueblo este cambio revolucionario no se puede imponer.

No entiendo del todo eso del "pueblo somos todos no solo la clase obrera", no entiendo que quieres decir con esto.

Nuestro deber como pais socialista si seria denunciar la situacion que sufre el proletariado de X pais, pero no imponer al proletariado como clase dominante, pues es el propio proletariado del pais el que debe conquistar el poder, el que debe hacer la revolucion y establecer su propia dictadura, la dictadura del proletariado, no un gobierno "extranjero".
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Camarada Sovietico el Lun Dic 19, 2011 6:13 pm

el proletariado no tiene patria
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Habeas_Corpus el Lun Dic 19, 2011 7:13 pm

La autodeterminación es inherente a cualquier pueblo, sea capitalista o feudal. El sistema sociopolitico es algo que el pueblo elige en su momento, lo elegirá más tarde o tendrá que abrir luego extresamente la lucha de clases para implantar el socialismo.

Como ejemplo, tenemos a Euskal Herria. Los que han vtado ''dependiendo del sistema'', están a favor que Euskal Herria pueda decidir sobre su futuro si es socialista, pero si no lo es, NO tiene ese derecho.

Pero el caso es que el derecho de autodeterminación, como he dicho es inherente a cualquier pueblo.

Bien, Euskal Herria hoy en día es capitalista, pero quiere decidir su autodeterminación. Si así fuese, sería capitalista igualmente. Pero será el pueblo vasco, el que encauce la lucha de clases antes o después, si lo que quiere es un sistema socialista.
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Platon el Lun Dic 03, 2012 6:04 pm

Sin duda alguna, la crítica que le hace Rosa Luxemburgo (y el luxemburguismo en general) a la teoría leninista del derecho a las naciones a la autodeterminación es la mas importante y debe ser tenida en cuenta.

Copio un fragmento del libro del marxista consejista, Paul Mattick "Comunismo Anti-bolchevique" en donde se resume a grandes rasgos dicha crítica:

La posición de Lenin, resumida aquí,le parecía a Rosa Luxemburgo totalmente falsa. En su Folleto Junius, que salió durante la guerra, afirma su propio punto de vista brevemente de la siguiente manera: “Mientras existan los Estados capitalistas, es decir, mientras la política mundial imperialista determine y regule la vida interna y externa de una nación, no puede haber “autodeterminación nacional” ni en la guerra ni en la paz. (...) En este medio imperialista no puede haber guerras de defensa nacional. Todo programa socialista que dependa de este medio histórico determinante, que esté dispuesto a fijar su política para el torbellino mundial desde el punto de vista de un solo país, tiene pies de barro.”

Rosa Luxemburgo mantuvo firmemente esta opinión hasta el final, incapaz de hacer la menor concesión a Lenin en este sentido; y después de la Revolución Rusa cuando la política del derecho de las naciones a la autodeterminación se convirtió en práctica ella pregunta por qué es que los bolcheviques se aferraban obstinadamente y con inquebrantable consistencia a la consigna del derecho a la autodeterminación, ya que después de todo esa política “se encuentra en manifiesta contradicción con el centralismo claro del resto de su política y con la actitud que han tomado con respecto a los otros principios democráticos.(...) La contradicción aquí manifiesta es tanto más incomprensible cuanto que, como veremos más adelante, todo lo relativo a las formas democráticas de la vida política en cada país constituye, efectivamente, una base valiosa e imprescindible de la política socialista, mientras que el famoso ‘derecho de autodeterminación de las naciones’ no es otra cosa que fraseología huera y patrañas pequeñoburguesas.”

Rosa Luxemburgo califica a estafa la política nacional de Lenin como una “variedad de oportunismo” calculado para “atraer a la causa de la revolución, a la causa del proletariado socialista a las muchas nacionalidades del imperio ruso”; como el oportunismo con respecto a los campesinos, “cuya hambre de tierra había de satisfacerse con la consigna de expropiación directa de la tierra de la nobleza y que, a continuación, vendrían a ponerse del lado de la revolución y del gobierno proletario.”

“En ambos casos, desgraciadamente, el cálculo resultó falso. Mientras Lenin y sus camaradas creían, con toda evidencia, que, en su calidad de defensores de la libertad nacional "hasta la separación estatal", harían de Finlandia, Ucrania, Polonia, Lituania, los países bálticos y los del Caucaso, otros tantos aliados fieles de la revolución rusa, todos pudimos presenciar el espectáculo inverso: una tras otra, estas "naciones" utilizaron su libertad, recién regalada, para declararse enemigas mortales de la revolución rusa y aliarse contra ella con el imperialismo alemán y, bajo su protección, llevara territorio ruso la bandera de la contrarrevolución.(…)Por supuesto, en todos estos casos no son realmente las "naciones" las que practican esa política reaccionaria, sino únicamente las clases burguesas y pequeñoburguesas… que deforman el "derecho a la autodeterminación nacional", convirtiéndolo en un instrumento de su política contrarrevolucionaria de clase. Pero -y aquí llegamos precisamente al meollo de la cuestión- en esto reside precisamente el carácter utópico-pequeñoburgués de esta frase nacionalista, es decir, en que en la cruda realidad de la sociedad de clases,especialmente en los momentos de las contradicciones más agudas, se convierte simplemente en un medio de la dominación burguesa de clase.”
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Zalkiev
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Zalkiev el Lun Dic 03, 2012 9:52 pm

La autodeterminación es un derecho fundamental de todos los pueblos. El muchísimos casos imperialismo se vale de la opresión nacional para imponer la opresión de clase.
Aunque la independencia de una nación oprimida sólo puede hacerse real bajo el socialismo (ya que de otro modo la nación opresora seguirá controlándola mediante la economía) eso no quiere decir que los movimientos de liberación nacional no sean legítimos si carecen de componente socialista. Toda lucha anti-colonial o anti-imperialista es legítima por definición, porque es una lucha por la liberación de su pueblo.
Es evidente que los esfuerzos de los comunistas deben estar encaminados a dotar esa lucha por la autodeterminación de un componente de clase, pero tampoco deben retirar en ningún caso el apoyo si esa lucha es únicamente nacionalista.

Otro caso diferente es si el capitalismo utiliza el pretexto de "liberación nacional" para meter su cuña desestabilizadora. En esas situaciones, de "liberación nacional" solo tiene la etiqueta.
En ningún caso creo que los comunistas debamos dar la espalda a los movimientos de liberación nacional, si no todo lo contrario, y siempre manteniendo como asunto central e indisoluble la contradicción de clase. Eso no quiere decir que las luchas de los pueblos contra la opresión nacional no sean legítimas por sí mismas, a pesar de que su objetivo sólo se cumpla realmente bajo el socialismo-



En palabras de James Connolly, el primero en unir la causa independentista con el marxismo en Irlanda:
"La causa de los trabajadores es la causa de Irlanda, y la causa de Irlanda es la causa de los trabajadores. No pueden ser separadas. Irlanda busca la libertad. Los trabajadores buscan que una Irlanda libre sea la única compañera de su propio destino, poseedora suprema de todo cuanto hay de material sobre y bajo su suelo. Los trabajadores buscan hacer a la nación libre irlandesa la guardiana de los intereses del pueblo de Irlanda, y para asegurar tal objetivo harán que en la nación libre irlandesa todo derecho de propiedad sea contrario a los derechos del individuo, con la finalidad, en nuestra mente, de que los individuos han de ser enriquecidos por la nación, y no por la usura a sus semejantes”
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por DieRoteFahne el Sáb Dic 08, 2012 8:04 pm

El derecho de autodeterminación es una aspiración legítima. Sin embargo, debe estar supeditado, siempre, en cualquier lugar, a la lucha de clases y a sus objetivos.
¿La URSS debería haber favorecido, si lo hubieses, un movimento independentista ucraniano de tipo fascista?
¿Debe China consentir la vuelta del Tíbet a un régimen feudal?
En una eventual república socialista ibérica ¿consentiríamos la independencia de una Cataluña capitalista?
Aún más: en el estado actual de las cosas ¿es funcional a la clase obrera una independencia de Cataluña, o es más bien funcional a la burguesía regional catalana?

Por supuesto, la autodeterminación debe examinarse a la luz de las condiciones concretas. O al menos ese es la perspectiva leninista sobre el asunto, tal y como muestra la oposición frontal de Lenin a la independencia polaca, aún cuando Marx la había defendido.
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Asterix M-L el Sáb Dic 08, 2012 11:19 pm

Tal vez el problema sea no saber exactamente que es el "Derecho de autodeterminación".
Sencillamente porque entendido correctamente no puede existir un comunista que esté en contra de ese derecho.

El derecho de autodeterminación, es el derecho de un pueblo a determinar libremente su futuro.
Ahora bien ¿qué es el pueblo? Hay que definir ese sujeto de la forma correcta, ya que "pueblo" no es sinónimo de "burguesía nacional". El pueblo es el pueblo, la burguesía es la burguesía.

Luego casos como el Tíbet sobran mencionar porque eso no es autodeterminación.

La autodeterminación sólo se da cuando al pueblo se le otorga la capacidad de romper amarras, todas sus amarras.
Lo demás no es autodeterminación, es la consolidación de una burguesía nacional en un estado por motivos de intereses exclusivamente sensibles a sus intereses de clase.

Así que no es que "deba estar supeditado a...", es que si no lo está, directamente no es autodeterminación y por tanto se escapa de la pregunta planteada en este hilo.

Habeas Corpus, en este caso no sé si estoy muy de acuerdo contigo (o igual te he entendido mal xD)

Bien, Euskal Herria hoy en día es capitalista, pero quiere decidir su autodeterminación. Si así fuese, sería capitalista igualmente. Pero será el pueblo vasco, el que encauce la lucha de clases antes o después, si lo que quiere es un sistema socialista.

Creo que yo no lo definiría así, pues en el ejemplo que pones Euskal Herria hubiese alcanzado la independencia nacional, pero no la autodeterminación. Te pregunto yo ¿en qué punto Cuba se autodetermina? ¿Cuando cae el régimen de Batista, o cuando se da todo el proceso sabido y se proclama el carácter socialista de la revolución?
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Autodeterminacion

Mensaje por AlvaroHonecker el Jue Nov 21, 2013 11:51 pm

Me gustaría saber si me podríais aclarar cual es la diferencia entre Trotski y Stalin respecto a la "autodeterminación de las naciones".
No solo la autodeterminación en el sentido de elegir la nacionalidad, sino en el sentido de modelo socio-económico, de régimen de propiedad y de modelo productivo.
:stalin: :trostky: 

Saludos Camaradas
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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por ajuan el Vie Nov 22, 2013 7:00 pm

fusiono


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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

Mensaje por Razion el Mar Nov 26, 2013 12:38 am

AlvaroHonecker escribió:Me gustaría saber si me podríais aclarar cual es la diferencia entre Trotski y Stalin respecto a la "autodeterminación de las naciones".
No solo la autodeterminación en el sentido  de elegir la nacionalidad, sino en el sentido de modelo socio-económico, de régimen de propiedad y de modelo productivo.
:stalin: :trostky: 

Saludos Camaradas
Te dejo un par de textos, lo mejor que puedes hacer es comparar los textos y posiciones de ambos.

Los fundamentos del Leninismo: La cuestión nacional

Spoiler:
J. Stalin


Los fundamentos del Leninismo

VI

La cuestión nacional



Analizaré dos cuestiones fundamentales de este tema:

a) planteamiento de la cuestión,

b) el movimiento de liberación de los pueblos oprimidos y la revolución proletaria.

1) Planteamiento de la cuestión. Durante los dos últimos decenios, la cuestión nacional ha sufrido una serie de cambios muy importantes. La cuestión nacional del período de la II Internacional y la cuestión nacional del período del leninismo distan mucho de ser lo mismo. No sólo se diferencian profundamente por su extensión, sino por su carácter interno.

Antes, la cuestión nacional no se salía, por lo común, de un estrecho círculo de problemas, relacionados principalmente con las nacionalidades "cultas". Irlandeses, húngaros, polacos, finlandeses, servios y algunas otras nacionalidades europeas: tal era el conjunto de pueblos sin plenitud de derechos por cuya suerte se interesaban los personajes de la II Internacional. Los pueblos asiáticos y africanos, decenas y centenares de millones de personas-, que sufren la opresión nacional en su forma más brutal y más cruel, quedaban generalmente fuera de su horizonte visual. No se decidían a poner en un mismo plano a los blancos y a los negros, a los pueblos "cultos" y a los "incultos". De dos o tres resoluciones vacuas y agridulces, en las que se eludía cuidadosamente el problema de la liberación de las colonias, era todo de lo que podían vanagloriarse los personajes de la II Internacional. Hoy, esa doblez y esas medias tintas en la cuestión nacional deben considerarse suprimidas. El leninismo ha puesto al desnudo esta incongruencia escandalosa, ha demolido la muralla entre los blancos y los negros, entre los europeos y los asiáticos, entre los esclavos "cultos" e "incultos" del imperialismo, y con ello ha vinculado la cuestión nacional al problema de las colonias. Con ello, la cuestión nacional ha dejado de ser una cuestión particular e interna de los Estados para convertirse en una cuestión general e internacional, en la cuestión mundial de liberar del yugo del imperialismo a los pueblos oprimidos de los países dependientes y de las colonias.

Antes, el principio de la autodeterminación de las naciones solía interpretarse desacertadamente, reduciéndolo, con frecuencia, al derecho de las naciones a la autonomía. Algunos líderes de la II Internacional llegaron incluso a convertir el derecho a la autodeterminación en el derecho a la autonomía cultural, es decir, en el derecho de las naciones oprimidas a tener sus propias instituciones culturales., dejando todo el Poder político en manos de la nación dominante. Esta circunstancia hacía que la idea de la autodeterminación corriese el riesgo de transformarse, de un arma para luchar contra las anexiones, en un instrumento para justificarlas. Hoy, esta confusión debe considerarse suprimida. El leninismo ha ampliado el concepto de la autodeterminación, interpretándolo como el derecho de los pueblos oprimidos de los países dependientes y de las colonias a la completa separación como el derecho de las naciones a existir como Estados independientes. Con ello, se eliminó la posibilidad de justificar las anexiones mediante la interpretación del derecho a la autodeterminación como derecho a la autonomía. El principio mismo de autodeterminación, que en manos de los socialchovinistas sirvió, indudablemente, durante la guerra imperialista, de instrumento para engañar a las masas, convirtióse, de este modo, en instrumento para desenmascarar todos y cada uno de los apetitos imperialistas y maquinaciones chovinistas, en instrumento de educación política de las masas en el espíritu del internacionalismo.

Antes, la cuestión de las naciones oprimidas solía considerarse como una cuestión puramente jurídica. Los partidos de la II Internacional se contentaban con la proclamación solemne de "la igualdad de derechos de las naciones" y con innumerables declaraciones sobre la "igualdad de las naciones", encubriendo el hecho de que, en el imperialismo, en el que un grupo de naciones (la minoría) vive a expensas de la explotación de otro grupo de naciones, la "igualdad de las naciones" es un escarnio para los pueblos oprimidos. Ahora, esta concepción jurídica burguesa de la cuestión nacional debe considerarse desenmascarada. El leninismo ha hecho descender la cuestión nacional, desde las cumbres de las declaraciones altisonantes, a la tierra, afirmando que las declaraciones sobre la "igualdad de las naciones", si no son respaldadas por el apoyo directo de los partidos proletarios a la lucha de liberación de los pueblos oprimidos, no son más que declaraciones hueras e hipócritas. Con ello, la cuestión de las naciones oprimidas se ha convertido en la cuestión de apoyar, de ayudar, y de ayudar de un modo real y constante, a las naciones oprimidas en su lucha contra el imperialismo, por la verdadera igualdad de las naciones, por su existencia como Estados independientes.

Antes, la cuestión nacional se enfocaba de un modo reformista, como una cuestión aislada, independiente, sin relación alguna con la cuestión general del Poder del capital, del derrocamiento del imperialismo, de la revolución proletaria. Dábase tácitamente por supuesto que la victoria del proletariado de Europa era posible sin una alianza directa con el movimiento de liberación de las colonias, que la cuestión nacional y colonial podía resolverse a la chita callando, "de por sí", al margen de la vía magna de la revolución proletaria, sin una lucha revolucionaria contra el imperialismo. Ahora, este punto de vista antirrevolucionario debe considerarse desenmascarado. El leninismo demostró, y la guerra imperialista y la revolución en Rusia lo han corroborado, que el problema nacional sólo puede resolverse en relación con la revolución proletaria y sobre la base de ella; que el camino del triunfo de la revolución en el Occidente pasa a través de la alianza revolucionaria con el movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes contra el imperialismo. La cuestión nacional es una parte de la cuestión general de la revolución proletaria, una parte de la cuestión de la dictadura del proletariado.

La cuestión se plantea así: ¿se han agotado ya las posibilidades revolucionarias que ofrece el movimiento revolucionario de liberación de los países oprimidos o no se han agotado? Y si no se han agotado, ¿hay la esperanza de aprovechar estas posibilidades para la revolución proletaria, de convertir a los países dependientes y a las colonias, de reserva de la burguesía imperialista, en reserva del proletariado revolucionario, en aliado suyo?, ¿hay fundamento para ello?

El leninismo da a esta pregunta una respuesta afirmativa, es decir, reconoce que en el seno del movimiento de liberación nacional de los países oprimidos hay fuerzas revolucionarias y que es posible utilizar esas fuerzas para el derrocamiento del enemigo común, para el derrocamiento del imperialismo. La mecánica del desarrollo del imperialismo, la guerra imperialista y la revolución en Rusia confirman plenamente las conclusiones del leninismo a este respecto.

De ahí la necesidad de que el proletariado de las naciones "imperiales" apoye decidida y enérgicamente el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos y dependientes.

Esto no significa, por supuesto, que el proletariado deba apoyar todo movimiento nacional, siempre y en todas partes, en todos y en cada uno de los casos concretos. De lo que se trata es de apoyar los movimientos nacionales encaminados a debilitar el imperialismo, a derrocarlo, y no a reforzarlo y mantenerlo. Hay casos en que los movimientos nacionales de determinados países oprimidos chocan con los intereses del desarrollo del movimiento proletario. Cae de su peso que en esos casos ni siquiera puede hablarse de apoyo. La cuestión de los derechos de las naciones no es una cuestión aislada, independiente, sino una parte de la cuestión general de la revolución proletaria, una parte supeditada al todo y que debe ser enfocada desde el punto de vista del todo. En los años 40 del siglo pasado, Marx defendía el movimiento nacional de los polacos y de los húngaros contra el movimiento nacional de los checos y de los sudeslavos. ¿Por qué? Porque los checos y los sudeslavos eran por aquel entonces "pueblos reaccionarios", "puestos avanzados de Rusia" en Europa, puestos avanzados del absolutismo, mientras que los polacos y los húngaros eran "pueblos revolucionarios", que luchaban contra el absolutismo. Porque apoyar el movimiento nacional de los checos y de los sudeslavos significaba entonces apoyar indirectamente al zarismo, el enemigo más peligroso del movimiento revolucionario de Europa.

Las distintas reivindicaciones de la democracia -dice Lenin-, incluyendo la de la autodeterminación, no son algo absoluto, sino una partícula de todo el movimiento democrático (hoy, socialista) mundial. Puede suceder que, en un caso dado, una partícula se halle en contradicción con el todo; entonces, hay que desecharla (v. t. XIX, págs. 257-258).
Así se plantea la cuestión de los distintos movimientos nacionales, y del carácter, posiblemente reaccionario, de estos movimientos, siempre y cuando, naturalmente, que no se los enfoque desde un punto de vista formal, desde el punto de vista de los derechos abstractos, sino en un plano concreto, desde el punto de vista de los intereses del movimiento revolucionario.

Otro tanto hay que decir del carácter revolucionario de los movimientos nacionales en general. El carácter indudablemente revolucionario de la inmensa mayoría de los movimientos nacionales es algo tan relativo y peculiar, como lo es el carácter posiblemente reaccionario de algunos movimientos nacionales concretos. El carácter revolucionario del movimiento nacional, en las condiciones de la opresión imperialista, no presupone forzosamente, ni mucho menos, la existencia de elementos proletarios en el movimiento, la existencia de un programa revolucionario o republicano del movimiento, la existencia en éste de una base democrática. La lucha del emir de Afganistán por la independencia de su país es una lucha objetivamente revolucionaria, a pesar de las ideas monárquicas del emir y de sus partidarios, porque esa lucha debilita al imperialismo, lo descompone, lo socava. En cambio, la lucha de demócratas y "socialistas", de "revolucionarios" y republicanos tan "radicales" como Kerenski y Tsereteli, Renaudel y Scheidemann, Chernov y Dan, Henderson y Clynes durante la guerra imperialista era una lucha reaccionaria, porque el resultado que se obtuvo con ello fue pintar de color de rosa, fortalecer y dar la victoria al imperialismo. La lucha de los comerciantes y de los intelectuales burgueses egipcios por la independencia de Egipto es, por las mismas causas, una lucha objetivamente revolucionaria, a pesar del origen burgués y de la condición burguesa de los líderes del movimiento nacional egipcio, a pesar de que estén en contra del socialismo. En cambio, la lucha del gobierno "obrero" inglés por mantener a Egipto en una situación de dependencia es, por las mismas causas, una lucha reaccionaria, a pesar del origen proletario y del título proletario de los miembros de ese gobierno, a pesar de que son "partidarios" del socialismo. Y no hablo ya del movimiento nacional de otras colonias y países dependientes más grandes, como la India y China, cada uno de cuyos pasos por la senda de la liberación, aun cuando no se ajuste a los requisitos de la democracia formal, es un terrible mazazo asestado al imperialismo, es decir, un paso indiscutiblemente revolucionario.

Lenin tiene razón cuando dice que el movimiento nacional de los países oprimidos no debe valorarse desde el punto de vista de la democracia formal, sino desde el punto de vista de los resultados prácticos dentro del balance general de la lucha contra el imperialismo, es decir, que debe enfocarse "no aisladamente, sino en escala mundial" (v. t. XIX, pág. 257).

2) El movimiento de liberación de los pueblos oprimidos y la revolución proletaria. Al resolver la cuestión nacional, el leninismo parte de los principios siguientes:

a) el mundo está dividido en dos campos: el que integran un puñado de naciones civilizadas, que poseen el capital financiero y explotan a la inmensa mayoría de la población del planeta, y el campo de los pueblos oprimidos y explotados de las colonias y de los países dependientes, que forman esta mayoría;

b) las colonias y los países dependientes, oprimidos y explotados por el capital financiero, constituyen una formidable reserva y es el más importante manantial de fuerzas para el imperialismo;

c) la lucha revolucionaria de los pueblos oprimidos de las colonias y de los países dependientes contra el imperialismo es el único camino por el que dichos pueblos pueden emanciparse de la opresión y de la explotación;

d) las colonias y los países dependientes más importantes han iniciado ya el movimiento de liberación nacional, que tiene que conducir por fuerza a la crisis del capitalismo mundial;

e) los intereses del movimiento proletario en los países desarrollados y del movimiento de liberación nacional en las colonias exigen la unión de estas dos formas del movimiento revolucionario en un frente común contra el enemigo común, contra el imperialismo;

f) la clase obrera en los países desarrollados no puede triunfar, ni los pueblos oprimidos liberarse del yugo del imperialismo, sin la formación y consolidación de un frente revolucionario común;

g) este frente revolucionario común no puede formarse si el proletariado de las naciones opresoras no presta un apoyo directo y resuelto al movimiento de liberación de los pueblos oprimidos contra el imperialismo "de su propia patria", pues "el pueblo que oprime a otros pueblos no puede ser libre" (Engels);

h) este apoyo significa: sostener, defender y llevar a la práctica la consigna del derecho de las naciones a la separación y a la existencia como Estados independientes;

i) sin poner en práctica esta consigna es imposible lograr la unificación y la colaboración de las naciones en una sola economía mundial, que constituye la base material para el triunfo del socialismo en el mundo entero;

j) esta unificación sólo puede ser una unificación voluntaria, erigida sobre la base de la confianza mutua y de relaciones fraternales entre los pueblos

De aquí se derivan dos aspectos, dos tendencias en la cuestión nacional: la tendencia a liberarse políticamente de las cadenas del imperialismo y a formar Estados nacionales independientes, que ha surgido sobre la base de la opresión imperialista y de la explotación colonial, y la tendencia al acercamiento económico de las naciones, que ha surgido a consecuencia de la formación de un mercado y una economía mundiales.

El capitalismo en desarrollo -dice Lenin- conoce dos tendencias históricas en la cuestión nacional. Primera: el despertar de la vida nacional y de los movimientos nacionales, la lucha contra toda opresión nacional, la creación de Estados nacionales. Segunda: el desarrollo y la multiplicación de vínculos de todo género entre las naciones, la destrucción de las barreras nacionales, la creación de la unidad internacional del capital, de la vida económica en general, de la política, de la ciencia, etc.
Ambas tendencias son una ley mundial del capitalismo. La primera predomina en los comienzos de su desarrollo, la segunda caracteriza al capitalismo maduro, que marcha hacia su transformación en sociedad socialista (v. t. XVII, págs. 139-140).
Para el imperialismo, estas dos tendencias son contradicciones inconciliables, porque el imperialismo no puede vivir sin explotar a las colonias y sin mantenerlas por la fuerza en el marco de "un todo único"; porque el imperialismo no puede aproximar a las naciones más que mediante anexiones y conquistas coloniales, sin las que, hablando en términos generales, es inconcebible.

Para el comunismo, por el contrario, estas tendencias no son más que dos aspectos de un mismo problema, del problema de liberar del yugo del imperialismo a los pueblos oprimidos, porque el comunismo sabe que la unificación de los pueblos en una sola economía mundial sólo es posible sobre la base de la confianza mutua y del libre consentimiento y que para llegar a la unión voluntaria de los pueblos hay que pasar por la separación de las colonias del "todo único" imperialista y por su transformación en Estados independientes.

De aquí la necesidad de una lucha tenaz, incesante, resuelta, contra el chovinismo imperialista de los "socialistas" de las naciones dominantes (Inglaterra, Francia Estados Unidos de América, Italia, Japón, etc.), que no quieren combatir a sus gobiernos imperialistas ni apoyar la lucha de los pueblos oprimidos de "sus" colonias por liberarse de la opresión, separarse y formar Estados independientes.

Sin esta lucha es inconcebible la educación de la clase obrera de las naciones dominantes en un espíritu de verdadero internacionalismo, en un espíritu de acercamiento a las masas trabajadoras de los países dependientes y de las colonias, en un espíritu de verdadera preparación de la revolución proletaria. La revolución no habría vencido en Rusia, y Kolchak y Denikin no hubieran sido derrotados, si el proletariado ruso no hubiese tenido de su parte la simpatía y el apoyo de los pueblos oprimidos del antiguo Imperio Ruso. Ahora bien, para ganarse la simpatía y el apoyo de estos pueblos, el proletariado ruso tuvo, ante todo, que romper las cadenas del imperialismo ruso y librarlos de la opresión nacional.

De otra manera, hubiera sido imposible consolidar el Poder Soviético, implantar el verdadero internacionalismo y crear esa magnífica organización de colaboración de los pueblos que lleva el nombre de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y que es el prototipo viviente de la futura unificación de los pueblos en una sola economía mundial.

De aquí la necesidad de luchar contra el aislamiento nacional, contra la estrechez nacional, contra el particularismo de los socialistas de los países oprimidos, que no quieren subir más arriba de su campanario nacional y no comprenden la relación existente entre el movimiento de liberación de su país y el movimiento proletario de los países dominantes.

Sin esa lucha es inconcebible defender la política independiente del proletariado de las naciones oprimidas y su solidaridad de clase con el proletariado de los países dominantes en la lucha por derrocar al enemigo común, en la lucha por derrocar al imperialismo.

Sin esa lucha, el internacionalismo sería imposible.

Tal es el camino para educar a las masas trabajadoras de las naciones dominantes y de las oprimidas en el espíritu del internacionalismo revolucionario.

He aquí lo que dice Lenin de esta doble labor del comunismo para educar a los obreros en el espíritu del internacionalismo:

Esta educación... ¿puede ser concretamente igual en las grandes naciones, en las naciones opresoras, que en las pequeñas naciones oprimidas, en las naciones anexionistas que en las naciones anexionadas? Evidentemente, no. El camino hacia el objetivo común -la completa igualdad de derechos, el más estrecho acercamiento y la ulterior usión de todas las naciones- sigue aquí, evidentemente, distintas rutas concretas, lo mismo que, por ejemplo, el camino conducente a un punto situado en el centro de esta página parte hacia la izquierda de una de sus márgenes y hacia la derecha de la margen opuesta. Si el socialdemócrata de una gran nación opresora, anexionista, profesando, en general, la teoría de la fusión de las naciones, se olvida, aunque sólo sea por un instante, de que "su" Nicolás II, "su" Guillermo, "su" Jorge, "su" Poincaré, etc., etc abogan también por la fusión con las naciones pequeñas (por medio de anexiones) -Nicolás II aboga por la "fusión" con Galitzia, Guillermo II por la "fusión" con Bélgica, etc.-, ese socialdemócrata resultará ser, en teoría, un doctrinario ridículo, y, en la práctica, un cómplice del imperialismo. El centro de gravedad de la educación internacionalista de los obreros de los países opresores tiene que estar necesariamente en la prédica y en la defensa de la libertad de separación de los países oprimidos. De otra manera, no hay internacionalismo. Tenemos el derecho y el deber de tratar de imperialista y de canalla a todo social-demócrata de una nación opresora que no realice tal propaganda. Esta es una exigencia incondicional, aunque, prácticamente, la separación no sea posible ni "realizable" antes del socialismo más que en el uno por mil de los casos. Y, a la inversa, el socialdemócrata de una nación pequeña debe tomar como centro de gravedad de sus campañas de agitación la primera palabra de nuestra fórmula general: "unión voluntaria" de las naciones. Sin faltar a sus deberes de internacionalista, puede pronunciarse tanto a favor de la independencia política de su nación como a favor de su incorporación al Estado vecino X, Y, Z, etc. Pero deberá luchar en todos los casos contra la mezquina estrechez nacional, contra el aislamiento nacional, contra el particularismo, por que se tenga en cuenta lo total y lo general, por la supeditación de los intereses de lo particular a los intereses de lo general. A gentes que no han penetrado en el problema, les parece "contradictorio" que los socialdemócratas de las naciones opresoras exijan la "libertad de separación" y los socialdemócratas de las naciones oprimidas la "libertad de unión". Pero, a poco que se reflexione, se ve que, partiendo de la situación dada, no hay ni puede haber otro camino hacia el internacionalismo y la fusión de las naciones, no hay ni puede haber otro camino que conduzca a este fin (v. t. XIX, págs. 261-262).
http://www.marxists.org/espanol/stalin/1920s/fundam/fundam6.htm


El marxismo y la cuestión nacional: http://www.marxists.org/espanol/stalin/1910s/vie1913.htm


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De Trotsky: http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1910s/19170500.htm

Spoiler:
León Trotsky


El derecho de las naciones a la autodeterminación



Escrito: Mayo de 1917
Digitalización: Germinal
Fuente: Archivo francés del MIA
Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2001



Hemos comprobado que en las cuestiones concretas que atañen a la formación de nuevos Estados nacionales, la socialdemocracia no puede dar ningún paso sin contar con el principio de la autodeterminación nacional, que, en última instancia no es sino el reconocimiento del derecho que asiste a cada grupo nacional a decidir sobre la suerte de su Estado, y por lo tanto a separarse de otro Estado dado (como, por ejemplo, de Rusia o Austria). El único medio democrático para conocer la "voluntad" de una nación es el referéndum. Esta solución democrática obligatoria seguirá siendo empero, tal como se define, puramente formal. En realidad no nos aclara nada sobre las posibilidades reales, las formas y los medios de la autodeterminación nacional en las condiciones modernas de la economía capitalista. Y sin embargo en esto mismo reside el centro del problema.

Para muchas naciones, si no es para la mayoría de las naciones oprimidas, grupos y sectores nacionales, el sentido de la autodeterminación es la supresión de los límites existentes y el desmembramiento de los Estados actuales. En particular, este principio democrático conduce a la emancipación de las colonias. Sin embargo, toda la política del imperialismo, indiferente ante el principio nacional, tiene como objetivo la extensión de los límites del Estado, la incorporación forzada de los Estados débiles en sus límites aduaneros y la conquista de nuevas colonias. Por su misma naturaleza, el imperialismo es expansivo y agresivo, y esta es su cualidad característica y no las maniobras diplomáticas.

De aquí se deriva el conflicto permanente entre el principio de autodeterminación nacional que, en muchos casos, conduce a la descentralización económica y estatal (desmembramiento, separación) y las poderosas tendencias centralizadoras del imperialismo que tiene a su disposición el aparato de Estado y la potencia militar. Es cierto que un movimiento nacional separatista a menudo encuentra el apoyo de las intrigas imperialistas de un estado vecino. Sin embargo este apoyo no puede ser decisivo más que por el ejercicio de la fuerza militar. Y cuando las cosas llegan al extremo de un conflicto armado entre dos países imperialistas, los nuevos límites del Estado ya no se decidirán sobre la base del principio nacional sino sobre el de la relación de fuerzas militares. Y forzar a un Estado que ha vencido a declinar la anexión de los nuevos territorios conquistados es tan difícil como obligarlo a conceder la libre autodeterminación de las provincias conquistadas con anterioridad. Finalmente, incluso si por un milagro Europa fuera dividida en Estados nacionales fijos y pequeños por la fuerza de las armas, la cuestión nacional no estaría resuelta de ningún modo y, al día siguiente de esa "justa" redistribución nacional, volvería a comenzar la expansión capitalista. Comenzarían nuevos conflictos que provocarían nuevas guerras y conquistas, violando totalmente el principio nacional en todos los casos en que no puede defenderse con suficientes bayonetas. Daría la impresión de una partida de jugadores empedernidos que se ven obligados a repartirse la banca "justamente" en medio del juego a fin de volver a empezar la misma partida con renovado frenesí.

De la potencia de las tendencias centralizadoras del imperialismo de ninguna manera se deriva el que estemos obligados a someternos pasivamente a ellas. Una comunidad nacional es el corazón de la cultura, igual que la lengua nacional es su expresión viva, y este hecho mantendrá su significación a través de períodos históricos indefinidamente largos. La socialdemocracia desea y está obligada a salvaguardar la libertad de desarrollo (o disolución) de la comunidad nacional en interés de la cultura, material o espiritual. Y por eso ha asumido como una obligación política el principio democrático de la autodeterminación nacional de la burguesía revolucionaria.

El derecho a la autodeterminación nacional no puede ser excluido del programa proletario de paz: pero tampoco puede pretender atribuirse una importancia absoluta. Al contrario, para nosotros está limitado por las tendencias convergentes profundamente progresivas del desarrollo histórico. Si bien es cierto que este derecho debe oponerse -mediante la presión revolucionaria- al método imperialista de centralización que esclaviza a los pueblos débiles y atrasados y quiebra el núcleo de la cultura nacional, también lo es que el proletariado no debe permitir que el "principio nacional" se convierta en un obstáculo a la tendencia irresistible y profundamente progresiva de la vida económica moderna en dirección a una organización planificada en nuestro continente, y, más adelante, en todo el planeta. El imperialismo es la expresión que el bandidaje capitalista confiere a la tendencia de la economía moderna para acabar completamente con el idiotismo de la estrechez nacional, como sucedió en el pasado con los límites provinciales y locales. Luchando contra las formas imperialistas de centralización económica, el socialismo en absoluto toma partido contra esta tendencia particular sino que, por el contrario, hace de ella su propio principio rector.

Desde el punto de vista del desarrollo histórico y desde el punto de vista de las tareas de la socialdemocracia, la tendencia de la economía moderna es fundamental y es preciso garantizarle la posibilidad de ejercer su misión histórica verdaderamente liberadora: construir la economía mundial unificada, independiente de los límites nacionales, sus barreras estatales y aduaneras, sometida únicamente a las particularidades del territorio y los recursos naturales, al clima y a las necesidades de la división del trabajo. Polonia, Alsacia, Dalmacia, Bélgica, Serbia y otras pequeñas naciones europeas que aún no han sido anexadas podrán recuperarse o proclamarse por primera vez en la configuración nacional hacia la que gravitan y, sobre todo, podrán adquirir un status permanente y desarrollar libremente su existencia cultural solo en la medida en que, como grupos nacionales, dejen de ser unidades económicas, dejen de estar trabadas por los límites estatales y no se encuentren separadas u opuestas económicamente unas a otras. En otras palabras, para que los polacos, los rumanos, los serbios, etc., puedan formar unidades nacionales libremente, es preciso que sean destruidos los límites estatales que actualmente los dividen, que el marco del Estado se amplíe en una unidad económica, pero no como organización nacional, que englobe a toda la Europa capitalista, hasta ahora dividida por tasas y fronteras y desgarrada por la guerra. La unificación estatal de Europa es claramente la condición previa para la autodeterminación de las pequeñas y grandes naciones de Europa. Una existencia cultural nacional despojada de antagonismos económicos nacionales y basada sobre una autodeterminación real sólo es posible bajo el amparo de una Europa unida democráticamente, libre de barreras estatales o aduaneras.

Esta dependencia directa e inmediata de la autodeterminación nacional de los pueblos débiles del régimen colectivo europeo, excluye la posibilidad de que el proletariado plantee cuestiones como la independencia de Polonia o la unificación de todos los serbios al margen de la revolución europea. Pero, por otra parte, esto significa que el derecho a la autodeterminación, como elemento del programa de paz proletario, no tiene un carácter "utópico" sino revolucionario. Esta consideración se dirige en dos sentidos: contra los David y Lindberg alemanes, quienes, desde lo alto de su "realismo" imperialista, denigran el principio de la independencia nacional como romanticismo reaccionario; y contra los simplificadores de nuestro campo revolucionario cuando afirman que no es realizable más que en el socialismo y con ello evitan una respuesta principista a las cuestiones que plantea la guerra.

Entre nuestras condiciones sociales actuales y el socialismo aún queda un largo período de revolución social: es decir, la época de la lucha proletaria abierta por el poder, la conquista y ejercicio de este poder para la total democratización de las relaciones sociales y la transformación sistemática de la sociedad capitalista en sociedad socialista. No será un período de pacificación y calma, al contrario, será una época de intensa lucha de clases, de levantamientos populares, de guerras, de experiencias de extensión del régimen proletario y de reformas socialistas. Esta época exigirá al proletariado una respuesta práctica, es decir, inmediatamente aplicable, a la cuestión de la existencia permanente de las nacionalidades y sus relaciones recíprocas con el Estado y la economía.

Hemos intentado aclarar más arriba que la unión económica y política de Europa es la condición previa indispensable de toda posibilidad de autodeterminación. Igual que la consigna de "independencia nacional" de los serbios, búlgaros, griegos, etc.,se queda en una abstracción vacía si no va acompañada de la consigna suplementaria de "Federación de repúblicas balcánicas"-que juega este papel en la política de la socialdemocracia de los Balcanes-, a escala europea, el principio del "derecho" de los pueblos a disponer de ellos mismos no podrá hacerse efectivo más que en una "Federación de Repúblicas europeas". Y del mismo modo que en la península balcánica la consigna de federación democrática se ha convertido en un eslogan esencialmente proletario, con más razón lo es a nivel europeo, donde los antagonismos capitalistas son incomparablemente más profundos.

Para los políticos burgueses la supresión de las barreras aduaneras entre los diferentes países de Europa es una dificultad insuperable; pero sin esta supresión los tribunales de arbitraje entre los estados y las normas legales internacionales no durarían más que la neutralidad de Bélgica, por ejemplo. La tendencia hacia la unificación del mercado europeo, que, como la lucha por apoderarse de los países atrasados no europeos, está motivada por el desarrollo del capitalismo, se enfrenta a una tenaz oposición de los terratenientes y capitalistas, que tienen en las tarifas aduaneras, junto al aparato militar, un medio indispensable de explotación y enriquecimiento.

La burguesía industrial y financiera húngara se opone a la unificación económica con Austria, pues ésta ha alcanzado un grado de desarrollo capitalista más elevado que aquélla. De igual forma, la burguesía de Austria-Hungría rechaza la idea de unión aduanera con Alemania, mucho más poderosa.

Por otra parte, los propietarios agrícolas alemanes no consentirán jamás voluntariamente que se supriman las tasas sobre el grano. Es más, los intereses económicos de las clases poseedoras de los imperios centrales no pueden reconducirse fácilmente para coincidir con los de los capitalistas y terratenientes franceses, ingleses y rusos. La actual guerra lo demuestra muy elocuentemente. Últimamente, la falta de harmonía y el carácter inconciliable de los intereses capitalistas entre los mismos aliados son aún más flagrantes que entre los Estados de la Europa central. En estas condiciones, una unión económica de Europa incompleta y diseñada de arriba abajo, concluida mediante tratados entre gobiernos capitalistas es, simplemente, una utopía. Las cosas no irían mucho más allá de algunos compromisos parciales y medidas incompletas. Por lo tanto, la unión económica de Europa, que presenta enormes ventajas para productores y consumidores y, en general, para el desarrollo cultural, es la tarea revolucionaria del proletariado europeo en su lucha contra el proteccionismo imperialista y su instrumento, el militarismo.

Los Estados Unidos de Europa, sin monarquía, sin ejércitos permanentes y sin diplomacia secreta, constituyen la parte más importante del programa proletario de paz.

Los ideólogos y políticos del imperialismo alemán recogieron frecuentemente en su programa, sobre todo al principio de la guerra, los Estados Unidos europeos o, por lo menos, centroeuropeos (sin Francia, Inglaterra ni Rusia). El programa para una unificación violenta de Europa es una tendencia tan característica del imperialismo alemán como el desmembramiento forzoso de Alemania lo es del imperialismo francés.

Si los ejércitos alemanes lograran la victoria decisiva en la guerra con la que se cuenta en Alemania, no cabe ninguna duda que el imperialismo alemán realizaría una gigantesca tentativa para imponer una unión aduanera obligatoria a los Estados europeos que implicaría cláusulas preferenciales, compromisos, etc..., reduciendo a su mínima expresión el sentido progresivo de la unificación del mercado europeo. No hace falta añadir que, en tales condiciones, no podría plantearse la autonomía de las naciones así reunidas por la fuerza en una caricatura de Estados Unidos de Europa. Imaginemos por un momento que el militarismo alemán logra realizar esta semi-unión europea por la fuerza, igual que hizo el militarismo prusiano en el pasado cuando logró imponer la unidad de Alemania. ¿Cuál debería ser entonces la consigna central del proletariado europeo? ¿La disolución de la forzada unión europea y el retorno de todos los pueblos al amparo de los Estados nacionales aislados? ¿O el restablecimiento de las tarifas aduaneras, los sistemas monetarios "nacionales", la legislación social "nacional" y todo lo demás? Nada de esto. El programa del movimiento revolucionario europeo sería entonces la destrucción de la forma obligatoria y antidemocrática de la coalición, pero conservando y ampliando sus cimientos con la supresión completa de los aranceles, la unificación de la legislación y, sobre todo, de la legislación laboral, etc... En otras palabras, la consigna de Estados Unidos de Europa "sin monarquía ni ejércitos permanentes" se convertiría en tal caso en la principal consigna unificadora de la revolución europea.

Examinemos ahora la segunda posibilidad, la de una salida "dudosa" del conflicto actual. Al principio de la guerra Liszt, el conocido profesor, ferviente partidario de los "Estados Unidos de Europa", demostró que, incluso en el caso de que los alemanes no vencieran a sus adversarios, la unión europea no dejaría de realizarse, y, según Liszt, de forma mucho más completa que en el caso de una victoria alemana. Dada su creciente necesidad de expansión, los Estados europeos, hostiles entre sí aunque fueran incapaces de luchar unos contra otros, continuarían dificultándose mutuamente su "misión" en el Oriente Próximo, África, Asia, y serían derrotados en todas partes por los Estados Unidos de América y el Japón. En el caso de que la guerra termine sin un vencedor "claro", Liszt piensa que la absoluta necesidad de una entente económica y militar de las potencias europeas prevalecerá sobre los intereses de pueblos débiles y atrasados y, sin duda alguna sobre todo, contra sus propias masas trabajadoras. Ya hemos expuesto más arriba los grandes obstáculos que impiden la realización de este programa.

Pero si estos obstáculos fueran superados, aunque sólo fuera parcialmente, sobrevendría inmediatamente la instauración de un trust imperialista de los Estados europeos, es decir una sociedad de pillaje por acciones. En tal caso, el proletariado no debería luchar por el retorno a un Estado "nacional" autónomo, sino por convertir el trust imperialista en una federación democrática europea.

Sin embargo, cuanto más avanza el conflicto más se pone de manifiesto la absoluta incapacidad del militarismo para resolver los problemas que plantea la guerra y menos posibilidades hay para estos proyectos de unificación europea desde arriba. La cuestión de los "Estados Unidos de Europa" imperialistas ha dejado paso a los proyectos de unión económica entre Austria y Alemania y a la perspectiva de una alianza cuatripartita con sus aranceles y sus impuestos de guerra completados por el militarismo de unos dirigido contra los otros.

Después de lo que acabamos de decir, sería superfluo insistir sobre la enorme importancia que, para la ejecución de estos planes, tendrá la política del proletariado de los dos trust de Estados por su lucha contra los aranceles establecidos y contra las barreras militares y diplomáticas, por la unión económica de Europa.

Y ahora, tras los inicios tan prometedores de la revolución rusa, tenemos buenas razones para esperar que un poderoso movimiento revolucionario se extienda por toda Europa. Está claro que tal movimiento no podría tener éxito, desarrollarse y vencer más que como movimiento general europeo. Aislado entre los límites de sus fronteras nacionales estaría condenado al fracaso. Nuestros social-patriotas nos muestran el peligro que supone el militarismo alemán para la revolución rusa. Indudablemente es un peligro, pero no es el único. Los militarismos inglés, francés, italiano son peligros no menos terribles para la revolución rusa que la máquina de guerra de los Hohenzollern. La esperanza de la revolución rusa estriba en su propagación a toda Europa. Si el movimiento revolucionario se desarrollara en Alemania, el proletariado alemán buscaría y encontraría un eco revolucionario en los países "hostiles" de Occidente, y, si en uno de estos países el proletariado arrancara el poder de manos de la burguesía, se vería obligado, aunque sólo fuera para conservarlo, a ponerlo al servicio del movimiento revolucionario de los otros países. En otras palabras, la instauración de un régimen de dictadura del proletariado estable sólo sería concebible a escala europea, bajo la forma de una Federación democrática europea. La unificación de los Estados de Europa, que no puede ser realizada ni por la fuerza militar ni mediante tratados industriales y diplomáticos, constituirá la principal y más urgente tarea del proletariado revolucionario triunfante.

Los Estados Unidos de Europa son la consigna del período revolucionario en el que hemos entrado. Sea cual sea el giro que tomen las operaciones militares en lo sucesivo, sea cual sea el balance que la diplomacia pueda sacar de la guerra actual, y sea cual sea el ritmo de progresión del movimiento revolucionario en lo inmediato, la consigna de Estados Unidos de Europa seguirá teniendo en todo caso una gran importancia como fórmula política de la lucha por el poder. Mediante este programa se expresa el hecho de que el Estado nacional ha quedado desfasado, como marco para el desarrollo de las fuerzas productivas, como base de la lucha de clases, y por lo tanto como forma estatal de la dictadura proletaria. Nosotros oponemos una alternativa progresiva al conservadurismo que defiende una patria nacional caduca, a saber, la creación de una nueva patria más completa, de la revolución, de la democracia europea, única capaz de ser el punto de partida que necesita el proletariado para propagar la revolución en todo el mundo. Claro que los Estados Unidos de Europa no serán más que uno de los dos ejes de "reorganización mundial" de la industria. Los Estados Unidos de América serán el otro.

Ver las perspectivas de la revolución social en los límites nacionales significa sucumbir al mismo espíritu nacionalista estrecho que configura el contenido del social-patriotismo. Hasta el final de su vida, Vaillant consideraba a Francia como el país predilecto de la revolución social y por ello insistió en su defensa hasta el final. Lutsh y otros, unos hipócritamente, otros sinceramente, creían que la derrota de Alemania significaría ante todo la destrucción de las bases mismas de la revolución social. Últimamente, nuestros Tseretelli y nuestros Chernov, que, en nuestras condiciones nacionales, han repetido la misma triste experiencia que el ministerialismo francés, juran que su política está al servicio de los objetivos de la revolución y, por lo tanto, no tiene nada en común con la política de Guesde y Sembat. De forma general, no hay que olvidar que en el social-patriotismo al lado del más vulgar reformismo hay un reformismo activo, un mesianismo revolucionario nacional que consiste en considerar a la propia nación como el Estado elegido para conducir a la humanidad al "socialismo" o a la "democracia", aunque no sea más que bajo su forma industrial o democrática y orientada hacia las conquistas revolucionarias. Defender la base nacional de la revolución por tales métodos, que perjudican las relaciones internacionales del proletariado, equivale realmente a minar la revolución, que no puede comenzar más que sobre una base nacional, pero que no podría completarse sobre esta base dada la actual interdependencia económica, política y militar de los Estados europeos, jamás tan evidente como en el curso de la actual guerra. La consigna de los Estados Unidos de Europa expresará esta interdependencia que determinará directa e inmediatamente la acción conjunta del proletariado europeo durante la revolución.

El social-patriotismo, que en principio es, si no lo es siempre en los hechos, la aplicación del social-reformismo en su forma más depurada y de su adaptación a la época imperialista, se propone tomar la dirección de la política del proletariado, enmedio de la actual tormenta mundial, y seguir el camino del "mal menor", es decir unirse a uno de los dos bandos. Nosotros rechazamos este método. Sostenemos que la guerra preparada por la evolución anterior ha puesto de manifiesto claramente los problemas fundamentales del desarrollo capitalista actual en su conjunto. Es más, la línea política que debe seguir el proletariado internacional y sus secciones nacionales no debe estar determinada por rasgos políticos nacionales secundarios, ni por las ventajas problemáticas que supondría la preponderancia militar de uno de los bandos (máxime cuando estas ventajas problemáticas deber pagarse por adelantado con la renuncia a toda política proletaria independiente), sino por el antagonismo fundamental que existe entre el proletariado internacional y el régimen capitalista en su conjunto. La unión democrática republicana de Europa, una unión realmente capaz de garantizar el libre desarrollo nacional, solamente es posible mediante la lucha revolucionaria contra el militarismo, el imperialismo, el centralismo dinástico, mediante revueltas en cada país y la convergencia de todas estas sublevaciones en una revolución europea. La revolución europea triunfante, independientemente de su curso en los diferentes países y en ausencia de otras clases revolucionarias, sólo puede transmitir el poder al proletariado. Y de este modo, los Estados Unidos de Europa son la única forma concebible de la dictadura del proletariado europeo.

Éste es otro escrito en forma de entrevista ficcional realizado por Trotsky, pero no lo leí: http://www.ceipleontrotsky.org/Sobre-la-cuestion-nacional


Saludos


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No hay Revolución sin Revolucionarios
Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

Jose de San Martín


"Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
Comandante Ernesto "Che" Guevara

"En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
Marcelo Bielsa

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Re: ¿la autodeterminación de los pueblos hasta que punto es legítima?

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