Historia en Argentina

    Comparte

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Mar Dic 06, 2011 10:50 pm

    Planteo este tema para abordar las diferentes posiciones que se tienen respecto al origen de la Argentina como Nación y a su caracterización. Además, visto y considerando que se está debatiendo en los medios masivos acerca de la creación del Instituto del Revisionismo Histórico, es un buen momento para debatir sobre el mismo.

    Comparto dos artículos que saque de Razón y Revolución (una fuente que consulto bastante respecto a los temas historiográficos, si bien concuerdo sólo la mitad de las veces).

    Con respecto al primer artículo, Revolución de Mayo, considero que la Revolución de Mayo, si bien fue una revolución burguesa (con cuadros jacobinos revolucionarios, como Mariano Moreno, Hipólito Vieytes, Manuel Belgrano, los cuales reivindico), no creo que eso haya implicado que no hayamos sido hasta la década del 40 y el advenimiento del peronismo una semicolonia británica, dado a que el poder como en toda revolución burguesa, quedó en manos de la naciente burguesía conservadora (en este caso pro británica), además se mantuvieron relaciones precapitalistas en muchos sectores del país.
    Datos sobre Argentina como semicolonia se pueden encontrar en el libro Política Británica en el Río de la Plata, de Scalabrini Ortiz.
    Luego desde el 30 en adelante, con los sucesivos intentos de industrialización, y con la ruptura con el imperio británico, fuimos perdiendo el carácter de semicolonia de Gran Bretaña para pasar a ser una de EEUU, y un capitalismo dependiente.


    Sobre las características de la Revolución de Mayo, es interesante también un debate mantenido entre el historiador de r&r Fabián Harari, y Gabriel Di Meglio.

    -------------------

    ¿Qué es una Colonia? Origen, naturaleza y muerte del sistema colonial español en América

    ¿Somos una colonia? “Hay que luchar por la liberación nacional”, afirman los kirchneristas y alguna izquierda. Lea esta nota y entienda por qué pelean contra un fantasma inexistente.


    Mariano Schlez
    GIRM-CEICS


    “Inglaterra sigue siendo una burda potencia colonial”, dijo Cristina Fernández de Kirchner hace algunos meses, en alusión al dominio que ejerce el país del norte sobre “nuestras” Islas Malvinas. No se trata de una voz en el desierto: expresa el pensamiento (programa político, en términos técnicos) de buena parte de la población que piensa que la Argentina es un país “oprimido” por las grandes potencias mundiales. Asimismo, y a pesar de ubicarse en las antípodas del gobierno, la izquierda revolucionaria argentina coincide en esta caracterización, asegurando que nuestro país es una “semi-colonia”. En sentido estricto, ambas fuerzas visualizan un enemigo común: el imperialismo, es decir, aquellas naciones (o burguesías extranjeras) que con su accionar impiden el desarrollo nacional.

    Para comprender los problemas que tiene esta forma de entender la historia (y la actualidad) nacional, les propongo una viaje al pasado, hasta los tiempos en que el actual territorio argentino era parte del enorme Imperio Español.

    El Imperio colonial español en América

    El concepto colonia es utilizado por historiadores y políticos para múltiples casos: se ha definido de esta manera a la América del 1500, a la India del siglo XIX y, como ya dijimos, a la Argentina contemporánea. Sin embargo, no son muchos los que aclaran cuál es su significado concreto. Vayamos, primero, por esa definición.

    El primer elemento que implica todo sistema colonial es la transferencia de recursos, de una sociedad a otra, por una vía política, lo que supone una cierta dosis de violencia. Básicamente, es lo que hicieron los españoles en América desde 1492. Gracias a eso, impulsaron el desarrollo europeo a través del traspaso de grandes masas de oro y plata. Es decir, el colonialismo se basaba en la explotación de un espacio sobre otro (u otros), y suponía, por lo tanto, la existencia de dos (o más) naciones enfrentadas.

    La conquista y la creación del sistema colonial en los siglos XV y XVI ofrecieron a las burguesías europeas nuevas rutas mercantiles y mercados, lo que aceleró el proceso de descomposición del feudalismo y el surgimiento de relaciones sociales capitalistas. De esta manera, en diferentes momentos y grados, España, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra aportaron al denominado proceso de acumulación originaria, es decir, a la centralización de las riquezas y los medios de producción y de vida en manos de una sola clase social: la burguesía.

    Sin embargo, no se trató de un proceso unilateral. La relación que se estableció entre el corazón del Imperio y sus colonias transformó a ambas sociedades: mientras en Europa se acumularon las riquezas que posibilitaron el desarrollo capitalista, las colonias fueron preñadas por las mismas contradicciones que ya habitaban el viejo mundo, y que iban a estallar tres siglos más tarde. ¿Entonces benefició a América una conquista que saqueó sus riquezas y aniquiló a una enorme porción de su población? Mal que nos pese a quienes nos gustaría que las cosas fuesen de otra manera, la lucha de clases es así: violenta y contradictoria. Lo cierto es que a través de este proceso histórico maduraron el comercio y la navegación, se transformaron radicalmente las formas de producir y se construyeron ciudades que le ofrecieron a las manufacturas europeas un mercado donde ser vendidas. Al mismo tiempo que potenció la producción de plusvalor, fomentó el surgimiento de los sistemas modernos de crédito y deuda pública, fundamentales para la futura transformación de las riquezas americanas en capital.

    España e Inglaterra: dos colonialismos antagónicos

    El imperialismo español pasó del saqueo a la explotación productiva y comercial de sus “Indias”, transformando a los pueblos de sus colonias en consumidores de “efectos” europeos. Este movimiento profundizó los enfrentamientos entre las naciones del viejo mundo por imponer su hegemonía sobre América. Y si, como decíamos, los europeos se llevaban riquezas en forma coactiva (impuestos, saqueos) para llevarse la plata, entre ellos dejó de predominar el que llegó primero (España) y comenzó a cobrar protagonismo el que ofrecía mejores transportes, la mayor capacidad de protegerlos y una variedad de mercancías a menor precio (Inglaterra). Es decir que la supremacía militar tenía un peso importante a la hora del predominio comercial, a pesar de lo que sentenciaban las leyes y monopolios que los Estados dictaminaban para legalizar su dominación.[1] El destino del mundo no se decidió en la letra muerta de la legislación, sino en el combate real entre las naciones y clases sociales: las guerras que asolaron Europa a fines del siglo XVIII expresaban tanto la competencia entre las diferentes fracciones nacionales de esta clase en ascenso llamada burguesía (Inglaterra contra Francia), como en el combate que ellas mismas libraban contra los restos de la vieja nobleza (Francia o Inglaterra contra España). Este combate encubría el enfrentamiento entre dos modos de producción antagónicos, el feudalismo y el capitalismo. De un lado y del otro de la trinchera, las clases en lucha se apoyaron en los sistemas coloniales que habían construido, lo que nos lleva a diferenciar la evolución antagónica de dos tipos de “colonialismo”: el español y el inglés.

    A diferencia del caso español, el colonialismo inglés se expandió al calor del desarrollo capitalista. Gracias a su dominio de los mares a nivel mundial (fruto de su desarrollo tecnológico) logró imponer sus intereses a través de los métodos “piqueteros”, es decir, bloqueando los puertos para impedir que sus enemigos lleguen a América. Éste colonialismo impulsado por relaciones capitalistas se diferenció del español, una nación feudal que basaba su existencia en su papel de mediador comercial. Es decir, subsistía, fundamental aunque no únicamente, por ganancias provenientes de un comercio de mercancías que no producía, fruto del monopolio que había impuesto sobre sus colonias americanas, y obligaba a todo aquel que quisiese comerciar con América a pasar por España y pagar los impuestos correspondientes. Sin embargo, dijimos que las leyes sin un poder económico, político y militar que las sustente no tenían ningún valor, por lo que el monopolio fue desapareciendo a medida que se hicieron más fuertes los dos polos que unía: los burgueses europeos (ingleses, franceses y holandeses) y los americanos (porteños, caraqueños y norteamericanos). Esta clase burguesa, otrora oprimida, sustentada por un mayor desarrollo material y consciente de la opresión que ejercía sobre ellas el Estado feudal español, se organizó política y militarmente para aniquilarlo.

    Argentina: Nación (burguesa) libre y soberana

    Recapitulando, hemos visto que podemos llamar colonia a un espacio que transfiere riqueza a otro por medio de mecanismos coercitivos. Es una caracterización amplia, aunque no ahistórica, debido a que implica la existencia de la explotación y el desarrollo estatal para habilitar su utilización. Sin embargo, no se aplica para casos en que la extracción de riquezas se realiza a través de procesos puramente económicos: aquí, se trata de la lógica normal del sistema capitalista, que transfiere plusvalía de los capitalismos menos eficientes (pequeños, débiles y jóvenes) a los más eficientes (grandes, poderosos y con mayor tiempo de vida).

    Podemos afirmar entonces que, en nuestro país, la Revolución de Mayo destruyó completamente al viejo sistema colonial español. Luego de 1810, no sólo finalizan las remesas de oro, plata y mercancías a España, sino que comienzan a ser expropiados, en América, los bienes de los españoles realistas.[2] Asimismo, la revolución llevó al poder a la burguesía agraria rioplatense (en alianza con fracciones burguesas del interior), que construyeron un Estado “libre y soberano”, por lo menos de las intromisiones de burguesías extranjeras. Ningún “viejo amo”, como decía Belgrano, volvió a incidir en la política nacional. Aún así, hay quienes dicen que hacíamos todo lo que nos decían los ingleses. Bien, esa es otra historia, que dejaremos para más adelante. Lo cierto es que la “Argentina” (que por entonces no existía) dejó de ser Colonia (o semi-colonia, o neo-colonia) hace más de 200 años. En todo caso, habría que empezar por preguntarse si lo que ocurrió después, no tuvo más que ver con los intereses, límites y necesidades de la burguesía nacional, antes que con una imposición arbitraria y violenta de malvados imperialistas.


    Notas
    [1] Para un análisis del monopolio comercial español, véase nuestro artículo: “¿Qué fue realmente el monopolio?”, en El Aromo, n° 62, 2011.
    [2]Para una descripción más detallada de este proceso, véase Harari, Fabián: Hacendados en armas, Ediciones ryr, Bs. As., 2009 y Schlez, Mariano: Dios, Rey y monopolio, Ediciones ryr, Bs. As., 2010.

    --------------------------------------------




    Contra la Revolución. Los historiadores académicos y el Bicentenario



    Mariano Schlez
    Grupo de Investigación de la Revolución de Mayo - CEICS

    Una vez más, los académicos están ofendidos. Otra vez, les han quitado protagonismo. El bicentenario del 25 de Mayo de 1810 volvió a instalar, en el ámbito universitario, un hecho que brillaba por su ausencia: la revolución. Reapareció luego de casi tres décadas en las que predominó, en las facultades argentinas y latinoamericanas, una furiosa contrarrevolución cultural que, como resultado de la derrota de las luchas de la década de 1970, intentó borrar a la revolución de la historia. Sin embargo, una simple efeméride les mostró a los historiadores académicos que, a pesar de sus notables esfuerzos, entre la “clase media” y los trabajadores argentinos la idea de la revolución aún permanece viva. No lo notaron gracias a las luchas obreras que recorren el país desde hace más de una década. Lo hicieron, más bien, gracias a un dato que expresa cierta mezquindad: a pesar de contar con un apoyo de las grandes editoriales y de los grandes medios, sus trabajos no han tenido una repercusión acorde a tamaño esfuerzo. Han editado, a lo largo de estos años, dos colecciones de divulgación sobre los más variados temas. La primera, dirigida por Jorge Gelman, editada por Sudamericana. La segunda, por Siglo XXI. A todo ello, debe sumarse la colección de historia de Siglo XXI, dirigida por Luis Alberto Romero, las publicaciones en Sudamericana y una editorial dedicada a difundir sus trabajos, casi exclusivamente (Prometeo). Sin embargo, como ellos mismos reconocen, la población prefiere una versión “revisionista” y hasta “mitrista” de la historia que, naturalmente, saluda los orígenes revolucionarios de la Argentina.
    Aparentemente ofendidos porque simples divulgadores les han robado la conciencia de las masas, organizaron un blog, con el objetivo de redactar un documento que resuma la posición de los profesionales de la historia.(1) Sin embargo, los documentos previos a su redacción han dejado en claro que, lejos de un debate circunscripto a los hechos de Mayo de 1810, los historiadores académicos preparan una intervención política contra la fracción del Partido del orden que intenta alargar la experiencia bonapartista y, fundamentalmente, contra la clase obrera y los sectores que impulsan una salida revolucionaria.

    ¿Quiénes son los “académicos”?

    Quienes dominan los claustros académicos llegaron a la Universidad a partir de la derrota de la oleada revolucionaria, en la década de 1980. De revolucionarios se convirtieron en socialdemócratas y de allí, muy rápidamente, al liberalismo más ramplón. De Hobsbawm pasaron, sin escalas, a François Furet. El eje de los análisis pasó, entonces, de los problemas de la democracia a los del lenguaje y los conceptos. Incapacitados para explicar la realidad, prefirieron “interpretarla”, argumentando que todo es relativo y depende del discurso con el que se lo encare. En última instancia, “la verdad no está totalmente en ningún lado”, como afirmó, consultado sobre 1810, el mismo Romero.(2)
    Actualmente, los académicos intentan dilucidar las ideas y concepciones que tenían los protagonistas de 1810, es decir, qué significaba para ellos decir “independencia” o “revolución”. Concluyen, entonces, que lo que caracterizó a la Revolución de Mayo fue una transformación en la legitimidad de sus representantes, reduciendo un violento y traumático proceso de enfrentamientos sociales a un “problema de legitimidad: ¿cómo y cuándo fundar una nueva autoridad legítima supletoria de la soberanía del monarca cautivo?”, como afirma Noemí Goldman. El hecho central en el estallido revolucionario habría sido la caída del Rey español, en 1808, producto de la invasión francesa a la Península. En su interpretación, ella habría producido una crisis de poder en el conjunto de las colonias, que motorizó la formación de Juntas que se arrogaron la representación de los pueblos americanos, gracias al concepto de “reversión de la soberanía en el pueblo”. Los estudios modernos concluyen que las ideas que acompañaron el proceso fueron una combinación de “concepciones que derivaban […] de la tradición hispánica, de las teorías del derecho natural y de gentes y de la ‘Ilustración’, donde predominaron las ideas pactistas”. Por ello, la Revolución no fue más que un acto en el que la autoridad del Rey volvió al sujeto que se la había otorgado en un principio, en el pacto inicial, es decir, al pueblo. El cambio fundamental habría sido que el poder ya no se asentaba en el soberano, sino en el concepto republicano de “soberanía popular”, que ejerce su voluntad en un incipiente “espacio público”. Por lo tanto, la Revolución se subsumiría a un golpe de mano, a la ocupación de un “vacío de poder”, lo que implica, colateralmente, que los revolucionarios no sabían lo que hacían o, en otras palabras, reaccionaban a circunstancias imprevistas, adaptándose como podían a los cambios que se sucedían por fuera de su voluntad.
    El gran “descubrimiento” con el que la nueva historia política intenta destruir al marxismo es afirmar que las cosas podrían haber sucedido de otra manera, destacando las diferentes “opciones” posibles que tuvieron los actores, en detrimento de los conceptos de necesidad y determinación. Concepción que impulsó el crecimiento de los estudios regionales, aunque sin desconocer que la “microhistoria” y los análisis de casos los están llevando a un callejón sin salida. El empirismo más vulgar les impide construir una visión de más largo plazo. Lo que no quiere decir que no esconda un programa político concreto: la contrarrevolución. Para ellos, sólo es válido cambiar fórmulas institucionales (dentro del marco burgués) por consenso del personal gobernante (los políticos burgueses) y producir nuevas formas de legitimidad al interior de la “elite” (burguesía más concentrada y sus partidos). Ese es el único cambio posible y deseable. Otra cosa, es la barbarie. No es otro que el programa de Lilita Carrió o el Pro, frente a los primeros años del kirchnerismo, que intentaba trazar alianzas con la clase obrera por la vía de presentarse como el representante de una insurrección.

    Llantos

    La primera ofendida fue Marcela Ternavasio, quien intentó doblar la apuesta señalando que “muchos historiadores estamos empeñados en no dejar pasar la ocasión y salir del más reducido espacio de los eventos académicos para hacer escuchar nuestras voces en el espacio público”. Con una honestidad brutal, en su balance afirmó que “si bien […] hemos criticado y denunciado en intervenciones públicas –e incluso en los medios- el predominio de esta suerte de presentismo permanente, es cierto también que no hemos logrado siquiera erosionar ese sentido común que a la gente le encanta escuchar (aún cuando, paradójicamente, nunca fuimos tan convocados por parte de los medios de comunicación como lo somos actualmente)”.
    Toda una confesión de partes. Confesión ingenua: Ternavasio no comprende (o no quiere comprender) que la población no entiende la Historia como papelitos que ayudan a conseguir mejores lugares en disputas facciosas por becas y cargos. Para la gran mayoría, la Historia sólo vale como conocimiento. Si no permite a la población comprender el mundo en el que vive, entonces la historia no sirve para nada.
    Para Alejandro Eujanian se trata de una visión de la historia divulgada por referentes del campo cultural, que “no necesariamente se mantienen actualizados con respecto a los avances que ha tenido la disciplina histórica en los últimos años”. Denuncian que el revisionismo peronista ve en 1810 el viejo planteo mitrista: un camino predeterminado de antemano hacia la constitución de la Argentina moderna. Es decir, una nación preexistente y no, como ellos afirman, el resultado aleatorio de una serie de hechos más o menos casuales. Según Alejandro Eujanian, “aquel relato que sostenía que en mayo nacía la nación argentina conserva no ya su antiguo vigor pero sí, al menos, su influjo en la esfera pública”. “La memoria pública”, entonces, continúa haciendo caso omiso de los esfuerzos de los historiadores por mostrar que “aquel relato es una construcción retrospectiva, anacrónica y mitológica del pasado”.
    Alejandro Eujanián y Nora Pagano han aportado algo que los pinta de cuerpo entero. Para ambos, el problema no son ellos, sino las masas. El primero advierte, resignado que “la crítica ejercida por la historia académica a estas versiones […] es esperable que encuentre acotado su espacio de intervención en un bicentenario atravesado por disputas políticas y sociales, que no van a hallar en la renovada historia política y social sobre la revolución recursos de los que puedan apropiarse”. Similar es la posición de Nora Pagano, que parece descargar “culpas” en el pueblo, asegurando que “la capacidad de la historiografía de influir en el ámbito social, no descansa en sus virtudes intrínsecas sino en la disponibilidad de la sociedad hacia la recepción del conocimiento histórico”.
    Esta buena dosis de miserabilismo no hace sino echar sobre los trabajadores argentinos las propias dificultades. Nadie tomó nota de que, para gente que no tiene ninguna obligación académica ni debe rendir ninguna pleitesía, ideas como que la realidad no existe, que todo es lenguaje y que la historia es el devenir de los conceptos, son francamente ridículas.
    Peor aún es lo que proponen. Su queja es que, como estamos en un ambiente politizado, “su” historia no tiene nada que hacer. Preferirían un escenario más calmo, unos tiempos más “tranquilos”, en los cuales la población estuviera menos movilizada y más desinteresada de los destinos de su sociedad. Estarán esperando una vuelta a sus adorados años menemistas, que le auguran Macri o Duhalde o la misma Cristina. El caso es que se pide un retroceso de la conciencia. Sólo una buena dosis de represión estatal y avance sobre sus conquistas podría volver a llevar a las masas al estado ideal para la prédica de Eujalián y Pagano.
    Fabio Wasserman, por su parte, intenta poner algo de paños fríos ante semejante crudeza. Advierte a sus compañeros que no deberían despreciar las “creencias, valores e identidades arraigadas en vastos sectores de la sociedad”. Más bien, deberían trabajar sobre ellas para cambiarlas. Lo que Wasserman tampoco advierte es que esto es lo que se ha tratado de hacer en los últimos diez años, con el resultado ya conocido.

    El revisionismo K

    Lo que atrae, fundamentalmente, de la historia revisionista actual es su reivindicación de la Revolución. Sus divulgadores no tienen pruritos en mostrar que los hechos que conmovieron estas latitudes a principios del siglo XIX constituyeron, no sólo una transformación sustantiva y violenta de la sociedad, sino el origen de la Argentina contemporánea. Frente al liberalismo, y atentos al avance de la izquierda revolucionaria, algunos intelectuales entendieron que era el momento para reflotar el viejo proyecto antiimperialista, nacional y popular, que une su genealogía política con los revolucionarios de Mayo de 1810.
    Claro que, al igual que el personal político con el que se referencian, poseen un límite que los aleja de los Moreno, los Castelli y los San Martín, y los asemeja a sus enemigos “conservadores”: ambos defienden el actual orden social y no pretenden transformarlo. El revisionismo, aunque saluda la revolución burguesa, plantea que ella ha sido traicionada, por lo que sólo nos resta luchar por completar su tarea, es decir, construir un verdadero capitalismo. Tampoco se diferencian del kirchnerismo en que su “radicalización”, es decir, su consolidación como personal bonapartista, no obedeció tanto a una decisión política autónoma, como a la radicalización de la lucha de clases en la Argentina de principios del siglo XXI.
    Felipe Pigna representa una versión devaluada de esta corriente. De los problemas de la opresión nacional, pasó a la disputa puramente individual en términos morales: los “corruptos” contra los “patriotas” y “abnegados”. En la década de 1990, su colección de videos de Historia Argentina, realizado en el Carlos Pellegrini, repetía, a pie juntillas, el discurso de los historiadores académicos. Aunque no negó la palabra a revisionistas como Norberto Galasso, lo hizo en igualdad de condiciones con la plana mayor de la Academia (como Luis Alberto Romero e Hilda Sábato), ofreciendo sus testimonios a manera de citas de autoridad. De hecho, la versión de la Revolución de Mayo que aparece en el manual escolar que Pigna coordinó antes del Argentinazo, tampoco difiere demasiado de la “nueva historia política”.(3) Su divergencia y la de los revisionistas como Galasso con los académicos universitarios actuales radica en que, luego de la conmoción del 2001-2002, entendieron que el sistema capitalista, para sobrevivir como tal, requería de algunas concesiones a las masas. En todo caso, comprendieron que era mejor reivindicar una revolución pasada, antes que padecer una nueva.

    Dos barricadas conservadoras

    Los académicos tuvieron su cuarto de hora entre 1983 y 2001, cuando su programa era la expresión intelectual de un proyecto político que intentó mostrar a la democracia burguesa como la solución a todos los problemas de la Argentina. Con su versión de la historia buscaron convencer a los trabajadores argentinos de que delegaran sus problemas en sus “representantes” y que la única solución posible frente a la crisis debía limitarse a mejorar esta “democracia” imperfecta, es decir, persuadirlos de que no intentaran tomar en sus manos sus problemas y, mucho menos, llevar adelante revolución alguna. El proceso iniciado el 19 y 20 de diciembre de 2001 inició una disputa por la conciencia de las masas. Los historiadores revisionistas dedicaron sus esfuerzos a construir un dique de contención para la lucha: luchar está bien, pero por la “nación”, no contra ella, por la unión nacional y no por la independencia de la clase obrera.
    En un sentido profundo, academia y revisionismo no son otra cosa que dos caras de una misma moneda: dos barricadas del conservadurismo burgués que, acompañando al personal político, intentan sostener el orden vigente. Así como los defensores de la “nueva historia política” luego de la dictadura, el revisionismo K se puso en marcha cuando las brasas del Argentinazo aún quemaban, con el objetivo de canalizar el movimiento en el interior del sistema político republicano. Ambos pretenden, con su versión de la historia, desterrar a la Revolución al pasado. En este bicentenario, les corresponde a los obreros reconocer a los intelectuales que defienden sus mismos intereses de clase, reivindicando para sí, los métodos de los héroes de 1810.

    NOTAS
    1 Salvo especificación, todas las citas han sido tomadas de www.historiadoresyelbicentenario.org/.
    2 Programa Foro 21, Canal 7, lunes 24 de mayo de 2004.
    3 Pigna, Felipe (Coord.): Historia. La Argentina contemporánea, A-Z, Bs. As., 2000.


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Sáb Dic 10, 2011 3:10 pm

    Comparto una nota de Norberto Galasso respecto a un ataque que recibió de parte de Hernan Brienza con motivo de sus posicionamiento frente al Instituto Nacional del Revisionismo Histórico. El acriticismo de la linea del Gobierno nacional da para todo, incluso para la persecución (leve, o disimulada, pero que termina con "un paso al costado") de los que han sido incondicionales, por lo menos en los últimos años.

    Lo remarcable, es que desde el Gobierno se prefirió a una figura como Pacho O'Donnell (oportunista, conservador, populista), para conducir el instituto naciente enmarcándolo en un revisionismo de derecha (o bien oscilante según las circunstancias), antes que poner en ese mismo lugar a historiadores con trayectoria, y que representan una línea más crítica o de izquierda respecto al Revisionismo Nacionalista, con los cuales se puede estar de acuerdo o no, pero dan espacio para discusiones más profundas, que permitan la entrada en el plano de discusión de la historia del análisis materialista histórico, o bien desde la misma perspectiva nacionalista, pero incluyendo elementos de la lucha de clases. Incluso desde la misma óptica burguesa del Estado y del Gobierno, estos elementos pueden enriquecer y profundizar las discusiones.




    Asunto: Instituto Nacional de Revisionismo Histórico - Aclaración de

    Norberto Galasso

    Buenos Aires, 30 de noviembre de 2011

    ACLARACION

    Dado que se ha producido un cruce de opiniones entre el compañero
    Facundo Moyano y el periodista Hernán Brienza, donde este último
    señala que no acepté incorporarme al Instituto Dorrego y que va a
    publicar mi carta para demostrar que utilizo “los mismos argumentos
    que Sarlo y Lanata”, que los he acusado de “fachos retardatarios” y
    que me hago “la víctima discriminada”, le solicito la publicación de
    las 2 únicas cartas que envié a ese Instituto (previas a la aparición
    del decreto) y que permiten dejar todo aclarado.

    Cabe solamente agregar que tiempo atrás, Pacho O’Donnell me hizo
    llegar la información de que se había constituído dicho Instituto, así
    como los integrantes y los puestos que ocuparían junto a un proyecto
    de decreto y una diplomatura designada “La Otra Historia Argentina”, a
    darse en la Universidad de las Ciencias Empresariales, por la módica
    suma de $ 2.500 por un ciclo de 12 clases, y me ofrecía participara
    como miembro honorario del Instituto.

    A ello contesté:


    Buenos Aires, 9 de septiembre de 2011

    Al Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e
    Iberoamericano "Manuel Dorrego”

    He recibido una comunicación del Instituto, por el cual se me
    propone como “Miembro de Honor”. Sin embargo, como en estos momentos
    estamos constituyendo un Instituto de Estudios históricos, políticos,
    económicos y sociales, con un grupo de compañeros, que seguramente
    mantendrá posiciones distintas a las que sustenta éste, debo agradecer
    a ustedes la gentileza pero declinar dicho ofrecimiento para evitar
    confusiones e incompatibilidades en momentos en que la Argentina
    necesita la mayor claridad posible y no avanzar en equívocos.

    Atentamente,

    Norberto Galasso

    Luego intervino Víctor Ramos y le contesté:


    4 de octubre de 2011

    Al Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e
    Iberoamericano “Manuel Dorrego”

    Respuesta al envío de Víctor Ramos

    He recibido un correo electrónico en el cual Víctor Ramos lamenta mi
    rechazo para integrarme como Miembro de Honor en ese Instituto y
    manifiesta que ello provoca “confusión” y que mis argumentos son
    “enigmáticos”.

    Para aclarar la decisión tomada, reseño lo siguiente:

    -Desde 1997, en el Centro Discépolo, hemos venido formulando la
    crítica a la Historia Oficial y asimismo hemos tomado distancia del
    revisionismo nacionalista de derecha desde nuestra línea de los
    Cuadernos de Indoamérica publicados por “Frente Obrero” y de
    Revolución y Contrarrevolución en la Argentina, de Jorge A. Ramos.

    -Así publicamos 30 cuadernillos bajo el rótulo “Cuadernos para la Otra
    Historia”. En base a ellos dimos conferencias, armamos talleres y el
    2005 los convertimos en 10 DVD que ha difundido últimamente el
    periódico “Miradas al Sur”. Alrededor de esta tarea se fueron
    nucleando jóvenes que hoy integran el grupo que redacta –desde 2010-
    “El Cronista del Bicentenario”.

    -Asimismo, desde el 2005 publicamos en la editorial de Madres de Plaza
    de Mayo, 4 tomos de Los Malditos, personajes silenciados o
    tergiversados por la Historia Oficial.

    -De la misma manera, hemos dado cursos en Cancillería, Sindicatos y
    Agrupaciones populares especialmente en el conurbano.

    De todas estas experiencias surge mi compromiso personal, militante,
    con el grupo de compañeros que ha llevado adelante esta tarea.
    Carecería, pues, de sentido, sumarme a otro grupo donde es fácil
    advertir que no coincidimos en interpretaciones sobre asuntos
    importantes, como por ejemplo, la Revolución de Mayo, la
    caracterización de Rosas, Urquiza, Mitre y Sarmiento hasta diferencias
    políticas respecto al Golpe del 30 o al menemismo que derivan de la
    influencia liberal-conservadora que pesa sobre algunos integrantes de
    ese Instituto así como la influencia nacionalista clerical que pesa
    sobre otros.

    Trabajemos, pues, cada uno por nuestro lado. Por esta razón, señalé en
    mi declinación al nombramiento, que deberíamos evitar equívocos para
    dar la polémica a la Historia Social con posibilidades de éxito. Para
    esa polémica es necesario, a nuestro juicio, tener en claro que hay
    enorme distancia entre saavedrismo y morenismo, entre rosismo y
    “chachismo-varelismo”, entre uriburismo e irigoyeinismo, entre
    menemismo y peronismo histórico, entre nacionalismo e izquierda
    nacional.

    Saludo a ustedes atentamente,

    Norberto Galasso

    De este modo le evito al Instituto la preocupación por publicar estas
    cartas, las cuales demuestran que no afirmé lo que sostiene Brienza,
    sino una posición clara y consecuente con las ideas que vengo
    sosteniendo desde hace largos años.

    Escribo estas líneas porque “es lindo informarse”, como sostiene Brienza.

    Norberto Galasso


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    magoya
    Revolucionario/a
    Revolucionario/a

    Cantidad de envíos : 973
    Reputación : 1189
    Fecha de inscripción : 24/11/2010
    Localización : Argentina

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por magoya el Sáb Dic 10, 2011 4:37 pm

    Razion escribió:Comparto una nota de Norberto Galasso...

    Ay¡¡¡Norberto ahora resulta que entre bueyes, sí, hay cornadas.

    La Crisis Capitalista, a diferencia del fútbol siempre tiene abierto el Libro de Pases.

    Bueno, si me permitís Cro.Razion, entre tanto nazionalismo y tanto nacionalismo; quisiera acercar un artículo desde la visión historiográfica Materialista Histórica e Internacionalista, sobre esta nueva intriga entre cortesanos del palacio kirchnerista.


    PO 1206 7/12/2011 Debates

    ¿Rosas fue Lincoln?


    El revisionismo histórico de CFK (y de Menem)

    ¿Puede un gobierno que prepara un aumento colosal de tarifas sobre el conjunto de los trabajadores -en beneficio de un puñado de pulpos imperialistas de la electricidad, el gas y el petróleo, porque se le agotan los recursos con los que pagó rigurosamente la usuraria deuda externa y subsidió al gran capital- pretender una historia que rescate la "lucha de las masas" y el "ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante"?

    Suena a impostura y lo es. Es decir: estamos ante un (nuevo) operativo de confusión. No hay que volver la mirada muy atrás para recordar a otro presidente que se engalanó con la divisa punzó, repatrió los restos del "Restaurador de las Leyes" y fundó un Instituto Rosas como dependencia estatal, en el ámbito de la Secretaría de Cultura. Para más señas, era riojano.

    Perón en el gobierno fue sumamente cauteloso en mover las aguas de la historiografía, como lo revelan los nombres que impuso a los ferrocarriles nacionalizados -Mitre, Sarmiento, Roca, Urquiza. Una provocación para los revisionistas de la época.

    "Pacho" O'Donnell, un menemista hasta el final, designado ahora presidente del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico, declaró que "la historia oficial nace de ese personaje maravilloso que es Mitre" (La Nación, 28/11). El arte de la ambigüedad.

    ¿Rosas fue un Lincoln fracasado?

    Luego de ensalzar a Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra en el aniversario de la Vuelta de Obligado,(1) CFK volvió a reivindicarlos frente a la plana mayor de la UIA: "Nosotros perdimos en Caseros, ellos ganaron la Guerra de Secesión y por eso fueron la potencia industrial más fuerte del mundo" (Clarín, 27/11).

    Es un exabrupto de proporciones. "Ellos" son la Unión de Estados del norte industrializado de Estados Unidos, que fueron a la guerra obligados por la secesión de los estados agrarios del sur. No lo hicieron para acabar con la esclavitud que sustentaba el monocultivo algodonero del sur sino para defender la unión del mercado interno. Avanzaron por el camino de la abolición por la necesidad de volcar a la población negra al campo revolucionario. Cualquier comparación con Rosas está fuera de lugar, porque éste representaba a los hacendados bonaerenses que fueron a la guerra del desierto para aniquilar a la población aborigen y confiscarle las tierras. Una de las contradicciones insuperables del ‘revisionismo' es la oposición que han establecido entre el mazorquero y Julio Roca, quien culminó la labor del primero. Lincoln quebró el poder de los plantadores del sur, en tanto Rosas fortaleció el latifundio ganadero.

    Hacia 1860, antes de la Guerra de Secesión, la región nordeste de los Estados Unidos se había convertido en el centro manufacturero del país en un proceso vertiginoso para la época. El valor de las mercaderías manufacturadas había pasado de 198 millones de dólares en 1810 a 1.886 millones en 1860 -casi diez veces más- y las dos terceras partes se elaboraban en los estados del norte.(2) Los dos grandes debates que precedieron a la guerra son ilustrativos: uno, enfrentó al sur, partidario del librecambio, con el norte empeñado en la defensa de las tarifas para el desarrollo de la producción industrial; otro, al norte, interesado en armar un régimen impositivo para que el gobierno se hiciese cargo de la construcción de vías de comunicación y traslado de mercancías hacia el Oeste -precedido por la entrega de tierras-, con el sur acérrimamente opuesto porque defendía la ruta que descendía hacia el Mississipi y salía hacia el mar con las exportaciones de algodón. El equivalente, para las Provincias Unidas del Plata, fue el control de la Aduana de Buenos Aires por parte de sus hacendados, en perjuicio de las provincias.

    La emancipación de las colonias del Río de La Plata significó una apertura al mercado mundial que potenció a la clase de ganaderos y el acaparamiento de tierras. En la larga "época de Rosas" (1829-1852) crecieron la exportación ganadera y la apropiación de tierras fiscales, vía venta de las tierras reservadas por la Ley de Enfiteusis de Rivadavia.

    ¿Unión nacional?

    Lincoln tuvo detrás un proceso de industrialización que fue uno de los factores animadores de la Guerra de Secesión y defendió con firmeza un planteo de unión nacional de las colonias (Lincoln se opuso a la anexión de México). Rosas consolidó el dominio de la clase terrateniente bonaerense en torno a la Aduana y, aunque aseguró la unión nacional ‘argentina', fue un factor de disgregación nacional en relación con las Provincias Unidas del Río de la Plata. Rosas firmó, cuatro años después de Obligado (1845), la secesión de la Banda Oriental, y forzó a Paraguay a pagar tributos al puerto de Buenos Aires para su comercio exterior. Solamente Bolívar podría sostener una comparación con el republicano Lincoln. Mientras el norte industrial libraba una guerra contra la secesión nacional en la Unión Americana, por la misma fecha se desencadenaba en América del sur una guerra de naturaleza por completo diferente: la de la Triple Alianza contra Paraguay. El imperialismo inglés, privado del algodón del sur de Estados Unidos, se aseguraba el abastecimiento del mismo en la otra punta del continente con el concurso del Imperio del Brasil, el mitrismo y el coloradismo de la Banda Oriental. En el mismo período, dos guerras sellaron el destino desigual de América del norte y de América del sur.

    CFK reivindica el planteo de la corriente más reaccionaria del revisionismo, la que reivindica a Rosas en contraste con Urquiza, caracterizado como representante de las oligarquías del litoral contra la oligarquía bonaerense, o a aquella izquierda del nacionalismo burgués que considera al rosismo y al mitrismo como "dos alas de un mismo partido". Por esta razón, la iniciativa revisionista de CFK, lejos de aglutinar, ha abierto una crisis en sus propias filas.

    En el sur de América no hubo un Lincoln porque la estructura social agraria primitiva no habilitaba un proyecto nacional fundado en el capital industrial. Mucho antes de CFK, el fracaso de Perón demostró que la burguesía nacional no puede liderar una lucha contra la condición de dependencia financiera de Argentina, ni industrializar al país, ni unificar políticamente a América Latina.

    Christian Rath

    1. Ver PO Nº 1.155, noviembre 2010. 2. Tryon, R., "Household Maufacturers in USA 1640-1860", Universidad de Chicago, 1917.

    http://po.org.ar/articulo/po1206031/%C2%BFrosas-fue-lincoln


    Saludos.







    Aelito
    Revolucionario/a
    Revolucionario/a

    Cantidad de envíos : 708
    Reputación : 711
    Fecha de inscripción : 24/11/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Aelito el Sáb Dic 10, 2011 6:18 pm

    ¿Comó era el título del libro de Milcíades Peña sobre Rosas? ¿La patria del cuero? Ese libro tendrían leer más seguido Galasso y Pachito.

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Sáb Dic 10, 2011 6:49 pm

    magoya escribió:
    Bueno, si me permitís Cro.Razion, entre tanto nazionalismo y tanto nacionalismo; quisiera acercar un artículo desde la visión historiográfica Materialista Histórica e Internacionalista, sobre esta nueva intriga entre cortesanos del palacio kirchnerista.


    PO 1206 7/12/2011 Debates

    ¿Rosas fue Lincoln?


    El revisionismo histórico de CFK (y de Menem)

    ....
    1. Ver PO Nº 1.155, noviembre 2010. 2. Tryon, R., "Household Maufacturers in USA 1640-1860", Universidad de Chicago, 1917.

    http://po.org.ar/articulo/po1206031/%C2%BFrosas-fue-lincoln


    Saludos.



    Muy buen artículo. Incluso desde las mismas filas del revisionismo de izquierda se plantea una crítica hacia esa visión reaccionaria de la historia Nacional, Rosas como el Restaurador.
    Con respecto a la frase de Cristina Fernandez "Nosotros perdimos en Caseros, ellos ganaron la Guerra de Secesión y por eso fueron la potencia industrial más fuerte del mundo", es incluso atacada (no directamente) por las posturas del filósofo Kirchnerista J.P Feinmann, quien compara a la Unión con el Paraguay, y a los Confederados con Argentina.
    Esto demuestra lo necesario que se hace el análisis de nuestra historia desde el Materialismo Histórico, para no caer en el chauvinismo más barato, o en los análisis desde los "líderes" (desde arriba).

    Saludos

    PD: Si tienen más bibliografía o análisis de nuestra historia desde esta visión, compartanlos, yo trataré de buscar y cada tanto subir algo.


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    Aelito
    Revolucionario/a
    Revolucionario/a

    Cantidad de envíos : 708
    Reputación : 711
    Fecha de inscripción : 24/11/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Aelito el Dom Dic 11, 2011 8:24 am

    http://adf.ly/246619/http://rapidshare.com/files/236773543/Milpe_a.rar, este es el link para bajarte en pdf la serie de Milcíades Peña, que se sale de la visión nac& pop y también por supuesto de la liberal-oligárquica. El título del libro al que me refería arriba es: El paraíso terrateniente, con subtítulo, Unitarios y federales forjan la civilización del cuero, ahí hay una buena visión del entreguista Rivadavia y del estanciero ultramontano Rosas. Saludos.

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Dom Dic 11, 2011 10:35 am

    Gracias, por el aporte. Los libros de Milcíades Peña, se que se están reeditando, pero salen un ojo de la cara.
    Saludos


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    Aelito
    Revolucionario/a
    Revolucionario/a

    Cantidad de envíos : 708
    Reputación : 711
    Fecha de inscripción : 24/11/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Aelito el Dom Dic 11, 2011 3:24 pm

    Mirá Razion el link que puse antes me fijé y está caído, acá está otro link para bajar el libro que es el 2º de la serie y el que trata de Rosas, http://www.mediafire.com/?50s354lqc8yu8ul

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Dom Dic 11, 2011 3:31 pm

    Gracias nuevamente, pensé que no me estaba funcionando a mí el link. Este anduvo bien.
    Saludos


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    magoya
    Revolucionario/a
    Revolucionario/a

    Cantidad de envíos : 973
    Reputación : 1189
    Fecha de inscripción : 24/11/2010
    Localización : Argentina

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por magoya el Dom Dic 11, 2011 4:07 pm

    Aelito escribió:http://adf.ly/246619/http://rapidshare.com/files/236773543/Milpe_a.rar

    Aelito,vos sos un "capito"; pero los servidores famosos cada día están más botones.

    Yo pude bajar el archivo, pero luego de un par de intentos. pirat

    Así que lo subí a otro:

    http://hotfile.com/dl/137250021/fa19112/Milpe_a.rar.html

    Esperen en la primer pantalla, salteén la publicidad, una vez dentro de Hotfile se mueven con la opción Regul (como en todos), esperen, escriban el código que les piden y listo.

    Si el link se cae en algún momento, avisen.

    Saludos.

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Dom Dic 11, 2011 10:18 pm

    Ahora si, lo pude bajar. Muy buen material.
    Saludos


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    IonaYakir
    Miembro del Soviet
    Miembro del Soviet

    Cantidad de envíos : 1868
    Reputación : 2199
    Fecha de inscripción : 14/09/2010
    Localización : Incierta

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por IonaYakir el Miér Dic 14, 2011 4:52 am

    Razion escribió:Comparto una nota de Norberto Galasso respecto a un ataque que recibió de parte de Hernan Brienza con motivo de sus posicionamiento frente al Instituto Nacional del Revisionismo Histórico.

    Puede ser que en el tan promocionado “Instituto Nacional del Revisionismo Histórico” no haya un solo historiador de peso real? Pacho Odonell, Felipe Pigna, Anibal Fernandez, etc, no son historiadores de verdad, con mucha suerte, y solo los dos primeros, son simples divulgadores. Es como muy berreta.

    Saludos.

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Vie Ago 17, 2012 2:56 am

    Que vuelva el Rey…
    El Instituto Histórico Dorrego y el revisionismo kirchnerista

    Mariano Schlez
    Grupo de Investigación de la Revolución de Mayo-CEICS

    El Instituto Manuel Dorrego nació con el objetivo de difundir la “verdadera” historia argentina. Mezcla de ignorancia y citas a ensayistas (que repetían a la vieja academia), el resultado es una historia de muy baja calidad, que defiende la contrarrevolución feudal.

    Hace unas semanas salió al mercado el primer trabajo conjunto del instituto de historia revisionista Manuel Dorrego: La Otra Historia. El revisionismo Nacional, popular y federalista [1]. Pese a que se presenta su trabajo como una gran novedad, los divulgadores oficialistas no son originales ni siquiera en la elección del título, ya utilizado por Howard Zinn, Eduardo Azcuy Ameghino y Norberto Galasso [2]. Lo más triste del asunto es que se construye un relato completamente ficticio, sin fundamento y que, bajo ropajes izquierdistas, tiene por objetivo justificar una política capitalista.


    Oficialistas y pro-yanquis

    Aunque en sus trabajos abunden todo tipo de adjetivos hacia el imperialismo, los divulgadores de la “doctrina de la historiografía nacional, popular y federalista” esconden una profunda admiración por el desarrollo capitalista norteamericano. Así es como uno de los autores del libro, el Dr. en Ciencia Política de la Universidad del Salvador y docente de la Escuela de Guerra, Marcelo Gullo, señala que el “el punto de arranque de la superioridad anglosajona en el Nuevo Mundo” proviene de la unidad de las trece colonias, a diferencia de la fragmentación latinoamericana en múltiples Estados nacionales. En la misma lógica, Gullo considera que los latinoamericanos desperdiciamos la chance de construir un capitalismo de primer nivel durante el siglo XIX, por no desarrollar una política “proteccionista”, como lo hizo Estados Unidos.
    Esta perspectiva resume el corazón del planteo revisionista: la generación de Mayo entregó el país al imperialismo inglés, provocando la histórica “dependencia” económica argentina. Que habría comenzado con el triunfo de Mariano Moreno y su “librecambista” Representación de los Hacendados, frente a la “proteccionista” Representación de los comerciantes gaditanos de Miguel Fernández de Agüero. Desde 1809, entonces, el comercio inglés se habría devorado la posibilidad de un desarrollo industrial sustantivo.
    ¿Cómo fundamentan sus ideas? Con una cita de autoridad: así lo dijo José María Rosa en Defensa y pérdida de nuestra Independencia económica (1941) [3]. Y cuando digo cita (en singular) no exagero: en diferentes artículos, O’Donell y Gullo apelan al mismo párrafo de quien se habría encargado de “revisar (y refutar documentos en mano) el montaje mitrista, ajeno a la verdad”.

    El maestro se copió

    El problema es que no es del todo cierto esto de los “documentos en mano”, por lo menos en lo que refiere al debate de 1809. En el trabajo citado por los “historiadores” del Dorrego, José María Rosa apela al trabajo de los historiadores de la Academia, a quienes supuestamente viene a criticar, como Levene, Callet Bois, Torre Revelo y Juan Agustín García. De hecho, todo su estudio no hace más que repetir las ideas que Diego Luis Molinari expuso en La representación de los hacendados de Mariano Moreno; su ninguna influencia en la vida económica del país y en los sucesos de Mayo de 1810, escrito en 1939.
    Pese a que Rosa no haya pasado del ensayismo, el Instituto Dorrego elige su nombre para otorgar un premio a la “investigación” en historia argentina. Paradoja que no es la única, dado que quien es reivindicado como un historiador que buscó “quebrar el coloniaje” y “denunciar sus mecanismos”, fue en realidad un ferviente admirador del imperialismo español. Al igual que los nacionalistas católicos, Rosa afirma que el dominio de la corona permitió “un alto grado de progreso industrial” en América, e incluso su “autonomía” en términos productivos, gracias al monopolio comercial. Incluso aseguraba, en consonancia con el posmodernismo más reaccionario y liberal, que América no fue colonia española hasta principios del siglo XVIII.
    Para el revisionismo original, el origen de todos nuestros males se encontraría en la dinastía borbónica y sus sucesores, los revolucionarios de Mayo: los primeros habrían convertido a los territorios americanos en colonias y los segundos los habrían “entregado” a los ingleses. Recordemos que los Borbones (sucesores de los Austria) ocuparon el trono español en el siglo XVIII y se destacaron por su innovador reformismo (Carlos III fue llamado el Rey Sol, por su vinculación con el iluminismo). Al igual que sus discípulos, Rosa defiende a los buenos capitalistas, proteccionistas e industriales, como Estados Unidos y Francia. En cambio, la dinastía borbónica y los revolucionarios de Mayo habrían hipotecado el futuro para salvar su presente, es decir, salvaguardaron sus revoluciones concediendo la “libertad de comercio” a los servidores de Su Majestad. Los únicos progresistas en esta historia son los Austrias...
    Claro que lo revisionistas también tienen sus héroes “antiimperialistas”. En este caso, los comerciantes monopolistas Martín de Yáñiz, Síndico de Consulado, y Miguel Fernández de Agüero, apoderado de los comerciantes gaditanos. Desde su perspectiva, ambos defendieron el “antiguo sistema protector […] con razones de experiencia y de sana lógica a la economía vernácula”. Le hicieron frente al “abogado de los ingleses” Mariano Moreno, e intentaron resguardar a la “industria americana”: los ponchos cordobeses y santiagueños, los tejidos de Cochabamba y a la “multitud innumerable de hombres y mujeres que se mantienen con sus hilados”. Tanto admira Rosa a los partidarios del Rey que les otorga cualidades premonitorias, señalando que Agüero poseía una “visión profética”, que desnudó los intereses del “imperialismo económico inglés” y el “capitalismo invasor”, denunciando el origen de un “cartel de compradores” para imponer un precio a los productores americanos, luego de fundir toda la industria nativa. Su derrota habría transformado al Río de la Plata en una “virtual colonia económica inglesa”.

    La verdadera Historia

    Los divulgadores del oficialismo saben poco de historia. Poco de historia general y del comercio colonial en particular. Dicen barbaridades como que, frente a las invasiones inglesas, “los comerciantes se ilusionaron con los negocios que se acercaban”, a diferencia del “pueblo” que “se levantó en armas y expulsó a los invasores”. La pregunta que surge es si su grado de desconocimiento es tan grande o han ocultado información deliberadamente. Los comerciantes monopolistas se opusieron a las invasiones y combatieron contra el ejército británico. No fue otro que Martín de Álzaga el héroe de la Defensa.
    En segundo, carecen de todo método de investigación, eligiendo hacer lo que reprochamos a diario en los colegios: copiar y pegar ideas ajenas. Para colmo, repiten a historiadores que tampoco analizaron las fuentes, con lo que el resultado es bizarro: los principales dirigentes contrarrevolucionarios del período son, para los kirchneristas, los primeros luchadores antiimperialistas.
    El conocimiento no es fruto de la improvisación. Para conocer la vida de los Agüero, hemos revisado toda su correspondencia privada y comercial, el cargamento de todos los buques que entraron y salieron del Río de la Plata en el período 1770-1820 y la totalidad de los protocolos notariales que firmaron en Buenos Aires. Se trata de la revisión y sistematización de cientos de miles de documentos viejos, sucios y difíciles de leer. Trabajo arduo pero necesario, para realmente conocer la verdadera historia.
    El análisis de estos documentos prueba que los monopolistas, lejos de defender los intereses de la “industria” americana, sólo buscaban mantener los privilegios que le permitían tener el monopolio de ingresar ellos mismos las mercancías inglesas (españolas, holandesas y francesas) que traían desde Cádiz. Es decir que no temían el surgimiento de un “cartel de compradores” ingleses, como interpretan los revisionistas: cuando Fernández de Agüero plantea que “los ingleses nos han de poner la ley, aun en el precio de nuestros frutos”, está advirtiendo a los funcionarios españoles de que el fin del monopolio iba a anular el sobreprecio del que se apoderaban los monopolistas y el Estado colonial español y anunciando el advenimiento de la ley del valor, que beneficiaría a la naciente burguesía agraria.
    Lo que efectivamente defendieron Yáñiz y Agüero fue a la nobleza española, que sostenía su imperio gracias a los impuestos que percibía en sus colonias y a las “regalías” que le dejaba la circulación mercantil a través de los puertos españoles, fundamentalmente Cádiz. En septiembre de 1809 no se enfrentaron “proteccionistas” y “librecambistas”, sino la naciente burguesía rioplatense y la nobleza española. Su resultado no arrojó al Río de la Plata a las garras inglesas, sino que fue uno de los primeros pasos que dieron los hacendados pampeanos en la construcción de un mundo a su medida. No existe “otra historia”. Existe el conocimiento científico y la ideología. En este caso, esto que hemos reseñado no califica siquiera para esta última. Un grupo de funcionarios y periodistas (llamarlos historiadores sería insultar a quienes nos curtimos el lomo trabajando en la profesión), que defiende a una de las dinastías más reaccionarias de la historia europea, es todo lo que el kirchnerismo supo traernos como novedad.

    NOTAS
    [1] Compilación de trabajos de Pacho O’Donell, Felipe Pigna, Hugo Chumbita, Eduardo Anguita, Araceli Bellota, Hernán Brienza, Ana Jaramillo, Marcelo Gullo, Osvaldo Vergara Bertiche, Pablo Vázquez, Víctor Ramos, Fernando Del Corro, Fabián D’Antonio, Pablo Hernández, Enrique Manson y Enzo Regali, Ariel, 2012.
    [2] En 1980, Howard Zinn publicó La otra historia de los Estados Unidos; en 2002, Eduardo Azcuy Ameghino escribió La otra historia. Economía, Estado y sociedad en el Río de la Plata colonial; y en 2011, Norberto Galasso produjo el documental La otra Historia, Corrientes Historiográficas.
    [3] Aquí utilizamos la edición digital, preparada por el hijo de José María, Eduardo Rosa, octubre de 2001.


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Vie Ago 17, 2012 3:09 am

    Estoy publicando en el foro artículos que se encuentran en la página de Razón y Revolución, no porque comparta completamente lo que dicen, sino porque son interesantes para plantear el debate historiográfico y/o para la formación.

    Confianza ciega
    La Revolución de Mayo y otra respuesta al Nuevo MAS
    Santiago Rossi Delaney
    GIRM-CEICS



    El Nuevo MAS ha respondido a nuestras críticas. Eso es bueno, teniendo en cuenta que otros partidos tiraron la toalla tan prematuramente (PO y PTS). No obstante, la insistencia de los compañeros en repetir a Milcíades Peña y la negativa a contrastar sus planteos con la realidad, impide avanzar significativamente en la discusión.


    La última respuesta del Nuevo MAS hacia nuestra interpretación de la Revolución de Mayo no permite avanzar hacia un debate serio, ya que no se han contestado ninguna de nuestras críticas [1]. En vez de promover una discusión histórica que contraste datos, fuentes e interpretación de hechos, se apela a la descalificación, pretendiendo resolver el debate utilizando, nuevamente, a Milcíades Peña como máxima cita de autoridad.
    En primer lugar, se nos acusa de repetir lo que dice Abelardo Ramos, por lo que nos ubicaríamos en el arco intelectual del nacionalismo. Por el contrario, hemos criticado la obra de este autor por lo mismo que a Peña, el uso del método “copiar-pegar” en lugar del estudio sistemático de la realidad [2]. Así todo, ni siquiera compartimos su conclusión general: para Ramos, el “ala jacobina” de las revoluciones de independencia fue derrotada por la oligarquía, por lo que estamos ante una revolución fracasada. Hemos escrito un artículo este mismo año criticando a dicho intelectual. Se hubieran tomado el trabajo de leerlo. En este sentido, las interpretaciones del trotskismo se encuentran más ligadas al nacionalismo que nuestras hipótesis, ya que para todas las corrientes ideológicas nuestro país, y toda América Latina, se caracteriza por la ausencia de una revolución burguesa.
    Por otro lado, no renegamos de Peña porque haya escrito hace 50 años, sino por su ensayismo: lee algunos libros y opina. Lo que pase en la realidad, lo tiene sin cuidado. Ahora bien, esos escritos eran notas que escribió para él, para lograr incorporarse al conocimiento existente, no para crear uno nuevo. La izquierda, en cambio, 50 años después no puede presentar un conocimiento certero sobre el problema y se dedica a repetir los apuntes de un iniciado. Ese es el problema. Si creen que Peña tiene razón, deben demostrarlo a partir de la contrastación con fuentes y datos, cosa que no han hecho. Justamente, porque los hechos desmienten esas opiniones.

    La revolución incomprendida

    Una muestra de cómo no se toman el debate seriamente, es el silencio en torno a nuestra impugnación a la fuente que utilizaron de Posadas para demostrar la escasa participación popular en la Revolución de Mayo. Este hombre, veinte años después, aseguraba no haberse enterado de los hechos de Mayo. Esta fuente la contrastamos con otra afirmación del mismo sujeto, en donde se evidenciaba claramente que sí estuvo al tanto de la crisis que se estaba viviendo, y por lo que sus posteriores dichos eran producto del orden que las autoridades porteñas deseaban instaurar una vez hecha la revolución. También dimos cuenta del armamento generalizado de la población a través de los cuerpos milicianos. Sin embargo, los compañeros deciden pasar por alto aquello sobre lo que no pueden responder.
    Dicho esto, es necesario hacer otra aclaración: en Mayo no se produjo simplemente una “revolución social”, sino una burguesa. Toda revolución es social. El asunto es revelar el contenido de clase. La conquista del poder y las guerras de independencia no pretendían consolidar la igualdad social generalizada, sino solamente ubicar a la burguesía como clase dominante y desarrollar las relaciones sociales capitalistas, acelerando así el motor del desarrollo en este momento histórico. Otro concepto muy poco preciso es el de “revolución política”, ya que hace referencia a un cambio de régimen y personal político. Siguiendo esta línea, en la Argentina se han producido decenas de revoluciones, ya que ha habido constantes transformaciones en el personal político de la burguesía. Un cambio de este tipo no puede llamarse revolución, ya que no trastoca las bases de la sociedad, las relaciones sociales de producción.
    No obstante los compañeros afirman atender a las relaciones de producción para comprender la sociedad rioplatense, dando como ejemplo una cita totalmente contradictoria. En su planteo, afirman que las relaciones asalariadas eran las únicas existentes antes de la Revolución de Mayo, mientras que en la siguiente frase en la que dicen esto, sostienen que el mercado de trabajo, y por lo tanto el predominio de relaciones capitalistas, tardó más de medio siglo en consolidarse. Esta contradicción la resuelven apelando al “mercado internacional capitalista”, el cual es presentado como un ente omnipresente que dicta lo que debe hacerse y producirse. Su lógica es la siguiente: como mucho antes de 1810 en América ya había comercio con Europa, entonces ya había capitalismo. Siguiendo su planteo, toda producción realizada en América, incluida la minería en Potosí (basada en el trabajo forzoso) y las plantaciones en Brasil (esclavistas) habrían sido capitalistas, solo porque estaban destinadas al “mercado internacional”. Esto ejemplifica el hecho de que son circulacionistas, ya que priorizan el análisis de las relaciones mercantiles a las de producción para definir un sistema.
    Su mirada provincialista les impide ver el conjunto del sistema social: la variedad de relaciones sociales (feudales, esclavistas y capitalistas) en el Río de la Plata, se encuentra subsumida al dominio del modo de producción feudal sostenido por la nobleza española. Allí en España es donde está el núcleo de las relaciones sociales feudales (las cuales también se reproducen en América), y ponen bajo su órbita al resto de las formaciones económicas. Esta es la forma en que se entiende un sistema, viéndolo como un conjunto, atendiendo a las particularidades pero relacionándolas, estableciendo a su vez una jerarquía que permite discernir quiénes son los que efectivamente ostentan el poder. Visto de este modo, la burguesía rioplatense era una clase subalterna, explotadora de fuerza de trabajo, pero ajena al control del Estado y con dificultades para expandirse significativamente, debido a las trabas aduaneras y comerciales que les imponía el gobierno colonial, y sus principales beneficiarios, los comerciantes monopolistas. Como se ve, atendemos a las relaciones de producción: el comerciante monopolista obtenía sus privilegios del poder que le otorgaba la nobleza feudal, a diferencia del hacendado que explotaba fuerza de trabajo asalariada y no del “comercio internacional”, como plantea el NMAS.
    La diferencia entre un monopolista y un comerciante capitalista es que este último se apropia de parte de la plusvalía al hacerse cargo de la realización del valor de las mercancías que vende. Su negocio está en vender mercancías a bajos precios, para competir de forma favorable en el mercado. Un monopolista en cambio vive de comprar barato y vender caro, esa diferencia recaía sobre el productor, ya sea directo o explotador de fuerza de trabajo, el cual era “estafado” ya que el grueso de las ganancias era apropiado por aquellos que tenían el privilegio de poseer licencias para comerciar con Cádiz, éste no pretende que las actividades productivas se desarrollen, sino que por el contrario, atenta contra éstas. No obstante, el conflicto de clases que dio lugar a la Revolución de Mayo fue entre la burguesía y la nobleza (española), un conflicto entre clases que se ha desatado a nivel mundial. Los comerciantes monopolistas defendían su privilegio, por lo que se enfrentaban a la burguesía agraria en defensa de la nobleza, esta es la forma que tomó la lucha de clases en este territorio.

    Un país hecho a medias

    El NMAS opina acerca del desarrollo capitalista sin más recursos que sus impresiones. Esto se observa claramente cuando hablan del latifundio. Los compañeros reproducen una idea que no se han dedicado a comprobar: toda gran propiedad es regresiva y toda pequeña es progresiva. No sabemos cuánta cantidad de tierra es para los compañeros un latifundio. Difícilmente podamos hablar de “latifundio” para 1810. Así todo, para un capitalista, invertir poco y ganar mucho es una virtud, no un defecto. De hecho, no es cierto que los hacendados hayan vivido siempre del ganado cimarrón. Para 1750 la apropiación generalizada de animales sin marca se encontraba prácticamente en desuso, por lo que las estancias producían sus propios animales, abasteciendo no solo la demanda local, sino también exportando. Difícilmente se pueda hablar de la inexistencia de la inversión frente a este panorama [3]. Al caracterizar a la gran propiedad como parte del “atraso”, podemos inferir una opinión que desconoce el hecho de que toda unidad productiva, para despegar e insertarse favorablemente en el mercado, requiere de una mayor escala. La idea de que la pequeña propiedad es progresiva no es más que un prejuicio sin fundamento.
    El NMAS tampoco ha contestado seriamente respecto al endeudamiento externo. Para el NMAS, y para el nacionalismo revisionista, los préstamos financieros son una forma en que el capital imperialista oprime al capital nacional. Sin embargo, dejando de lado el hecho de que las principales potencias imperialistas han utilizado el mecanismo de endeudamiento para financiar sus negocios, una deuda es una transferencia de recursos del país acreedor al deudor. La Argentina ha utilizado esos mecanismos para compensar su falta de competitividad. Este país ha sido, además, un muy mal pagador, algo muy poco digno de una colonia.
    Si los compañeros creen que nuestro país es una colonia y que la burguesía no siquiera crear un Estado soberano, deberían intentar demostrarlo a través de los hechos mismos y dejar de repetir ciegamente lo que han dicho otros. Ya lo dijeron los iluministas en el siglo XVIII: no aceptamos otro conocimiento que no sea el que podamos probar empíricamente. Nada puede estar por encima de la razón. Si a partir de ahora se dedicaran a intentar probar lo que dicen, este debate habrá cumplido uno de sus objetivos.

    NOTAS
    [1] Massacane, Martiniano: “Otra vez discutiendo con Abelardo Ramos. Contra la revisión nacionalista de la Revolución de Mayo”, en Socialismo o Barbarie, 18/5/2012.
    [2] Flores, Juan y Rossi, Santiago: “El camino del maestro. Un análisis de la obra de Abelardo Ramos” en El Aromo N°64, Enero/Febrero de 2012.
    [3] Giberti, Horacio: Historia económica de la ganadería argentina, Editorial Raigal, 1954, Bs. As., p. 33-35.


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Jue Sep 13, 2012 7:15 pm

    Obtenido en la página de Razón y Revolución. Justó me regalaron el libro de Milciades Peña (Historia del Pueblo Argentino), así que en un tiempo estaré en mejores condiciones de compararlo con el trabajo del CEICS (la Contra y Hacendados en Armas de Harari, por lo menos).
    Saludos

    San Milcíades, sus apóstoles y la cruzada contra el conocimiento

    EL AROMO - El Aromo n° 68 - "Sumate a la militancia"

    San Milcíades, sus apóstoles y la cruzada contra el conocimiento
    A propósito de la edición de Historia del pueblo argentino, de Milcíades Peña

    Santiago Rossi Delaney
    Grupo de Investigación de la Revolución de Mayo

    Editorial Planeta acaba de publicar una compilación de los escritos de Milcíades Peña sobre historia argentina. Ni “trágico”, ni “maldito”, su trabajo fue presentado y elogiado por todo el espectro intelectual. Este autor trotskista fallecido en los ’60 parece haberse convertido en una autoridad para toda la izquierda. A continuación, le explicamos por qué lo que dijo sobre la formación de la Argentina no pasa de opiniones sin fundamento, que mal pueden servir de guía para la revolución.

    Este año fue publicado Historia del pueblo argentino, de Milcíades Peña. Naturalmente, no se trata de un libro inédito, sino de la compilación de los cuadernos editados por Fichas en la década de 1960, en los que el historiador trotskista recorrió nuestra historia desde la Colonia hasta mediados del siglo XX [1]. La reedición de la obra de Peña estuvo a cargo de Horacio Tarcus y Fernando de Leonardis y fue difundida como una de las actividades culturales del año, promovida por los grandes medios de comunicación (como la revista Ñ) y presentada en medios académicos con la participación de intelectuales ligados al kirchnerismo (José Pablo Feinmann y Felipe Pigna), al progresismo opositor (Maristella Svampa, de Plataforma 2012) y a la izquierda (Eduardo Grüner, integrante de la Asamblea de Intelectuales en apoyo al Frente de Izquierda) [2]. Por eso, por tener toda esa pléyade de festejantes, es que lo hemos de llamar, merecidamente, San Milcíades.

    Hasta aquí, difícilmente podamos considerar a Peña un autor “prohibido” o “desmitificador”, al decir de Forster [3]. La reedición de sus obras por la multinacional más poderosa de la industria editorial, la amplia difusión que tuvo y las pleitesías que le rinden propios y extraños, dentro y fuera de la academia, expresan que el autor “trágico” tiene más acuerdos con la historiografía académica socialdemócrata que con el materialismo histórico. Revisemos (una vez más) sus principales argumentos en lo que hace al tema que nos dedicamos: el período de la formación de la Argentina.
    San Capitalismo

    Para San Milcíades, el capitalismo no es cosa de relaciones humanas, sino que es prácticamente eterno. Cuando explica la colonización de América sostiene que “el objetivo […] fue eminentemente capitalista: producir a gran escala y vender en el mercado para obtener una ganancia” [4]. Es decir, América es capitalista desde el siglo XV. Lo cual, aunque disparatado, no es del todo original, ya que nuestro santo repite las palabras de Sergio Bagú: no se desarrolló en nuestro continente un “capitalismo industrial” (entiéndase, un “buen” capitalismo) como el europeo o el norteamericano, sino un “capitalismo colonial”, donde el predominio de “la esclavitud en forma de salario bastardeado” [5] y de una burguesía débil y servil a los intereses extranjeros, reacia al fomento del mercado interno y activa en la producción a gran escala para el mercado mundial, habría detenido el desarrollo de las fuerzas productivas y la conformación de una nación plenamente burguesa.
    La interpretación de San Milcíades (“interpretación” en un sentido literal, dado que no aporta pruebas nuevas para sostener sus ideas) tiene varios problemas. En primer lugar, caracteriza a un modo de producción por las formas de la circulación comercial y no por las relaciones sociales de producción. Se insiste con la vieja idea (ya vieja en la década de 1960, dado que el circulacionismo tiene a sus primeros defensores en Henri Perenne) de que la producción en gran escala para el mercado mundial implica capitalismo. Su error se acentúa con cada nuevo trabajo que, desde la década de 1970, aporta datos para profundizar nuestro conocimiento de las sociedades precapitalistas americanas de los siglos XV a XVIII [6]. La existencia de capital (todavía reducido a las grandes fortunas comerciales) no implica capitalismo (una relación social entre una clase propietaria de medios de producción y una desposeída de ellos, obligada a vender su mano de obra para sobrevivir). El santo de la izquierda no comprende la necesidad de un análisis histórico del capital mercantil o comercial, sobre todo en un período de transición: el comercio, al mismo tiempo que expande las relaciones feudales, las socava, al crear las premisas históricas para el surgimiento del sistema capitalista. Es cierto que, en un primer momento la conquista y el monopolio dinamizaron y desarrollaron el comercio y las fuerzas productivas, pero Peña debería explicar por qué la encomienda, la mita, el yanaconazgo y la esclavitud constituyen formas capitalistas. Si abandonamos la definición de capitalismo acotada a la existencia de relaciones sociales particulares y la extendemos a toda producción que esté destinada al mercado y a “obtener ganancias”, entonces podemos encontrar capitalismo hasta en la Roma Antigua. Si en cambio, solo nos concentramos en “obtener ganancia” entonces nos remontamos a períodos más antiguos aún. Nuestro Santo, al igual que Pirenne, se basa en una definición neoclásica de capitalismo, que excluye a la historia y se remonta a la noche de los tiempos.

    San Sarmiento

    A pesar de que muchos izquierdistas lo reivindican por suscribir un marxismo “latinoamericano” y no “eurocentrista”, la interpretación del autor de Antes de Mayo, en vez de comprender las particularidades del desarrollo capitalista (agrario) americano, celebra al europeo y norteamericano (industrial y pujante), y subestima al de aquí, signado por “maldición de la abundancia fácil” [7]. Esa idea de que, “no trabajan porque la tienen fácil”, más cercana a Carrió que a un marxista, estructura toda su explicación del “atraso” argentino. En términos académicos: la productividad de la pampa, que multiplicaba los ganados sin necesidad de inversión y trabajo, impidió la formación de unidades de producción intensivas y obturó la aparición de una burguesía industrial interesada en el progreso. Esa “abundancia” redundó en la proliferación del latifundio e impidió la conformación de una “democracia igualitaria” al estilo europeo. Por lo tanto, en vez de tener actualmente a los progresistas industriales de la General Motors, debimos conformarnos con la “oligarquía” de la Sociedad Rural. Esta no es más que la hipótesis que esgrimió Sarmiento cien años antes que Peña. Y con mayor maestría, la verdad sea dicha.
    En realidad, la campaña bonaerense, como se probó, no era un paraíso donde las vacas se reproducían ilimitadamente. Ya hacia 1720, el Cabildo de Buenos Aires temía por su extinción. El stock vacuno rioplatense no era, no podía ser, superior al de cualquier país europeo. Buenos Aires, hasta 1770, fue una región marginal de la economía, con ganado y todo. La ventaja no estaba en la “abundancia”, ni en las condiciones climáticas (la pampa se inundaba o se incendiaba, y los ganados huían), sino en la capacidad de la región de producir en escala. Esa potencia se basaba en la inexistencia de trabas sociales a la gran producción. Un estanciero podía acumular ganado vacuno porque no había comunidad campesina que se lo impidiera. Aunque tuviera otros límites, estos eran menores que los que se podían sufrir en otros lados. Por lo tanto, no es una atribución de la naturaleza, sino de la sociedad.
    En vez de explicar las particularidades del capitalismo argentino (inserción tardía en el mercado mundial en ramas donde no es necesaria una alta inversión), Peña le echa la culpa a la “falta de vocación nacional de la burguesía”. Los hechos muestran que, después de la revolución, las fuerzas productivas crecieron: triplicación de los índices de población, duplicación de tierras cultivables, expansión de la producción e ingreso a posiciones en el mercado mundial [8]. Es más, el crecimiento no fue solo extensivo, ya que de la caza del ganado cimarrón se derivó a manufacturas como el saladero, los cual llegó a ocupar importantes posiciones en el mercado mundial, apoyándose en la explotación del trabajo asalariado. La orientación al mercado interno, externo, nacional o local no define las características estructurales de un sistema social. En todo caso, es una expresión de la escala de esa economía.
    San Milcíades, al no ver la conformación de un mercado nacional inmediato, condena a la Revolución de Mayo y a la “Independencia” nacional”. No obstante, si uno observa el proceso, este mercado se crea en tan solo 40 años (entre 1810 y 1850), por lo que difícilmente podamos hablar de atraso estructural. El autor no hace más que reproducir una concepción apologética del pequeño capital, al plantear que solo el desarrollo “farmer” de agricultores puede desembocar en un verdadero “capitalismo industrial”. Sin embargo, el capital necesita de cierta escala para desenvolverse. El hecho de que en otras regiones las vías al capitalismo implicaron un fuerte componente de pequeños productores, oculta el desenlace de dicho proceso. En Inglaterra y en EE.UU. el desarrollo del capitalismo agrario solo fue posible cuando la diferenciación dio paso a la formación de grandes unidades productivas [9].

    San Alberdi

    Repitiendo los dichos de Alberdi, Peña plantea que la Revolución de Mayo no fue más que un cambio de régimen político, una “revolución política”, ya que no habría tenido como objetivo la creación de una nación, sino tan solo “establecer un trato directo con Europa sin la molesta interposición de la Corona española” [10]. Es más, la Revolución de Mayo no habría sido más que un mero efecto de la invasión napoleónica en España (como plantea la academia) [11]. Por lo tanto, la burguesía no portaría en sus orígenes una potencialidad revolucionaria. Las guerras de independencia no se interpretan entonces como algo buscado (Halperín dixit).
    El proceso revolucionario, entonces, habría sido impulsado por una “burguesía intermediaria” del comercio extranjero, anti-nacional y subordinada al desarrollo europeo. La “tragedia”, para utilizar el concepto de Tarcus, es que el desarrollo burgués argentino no era posible de ninguna forma, dado que ni los burócratas españoles ni la “oligarquía criolla” permitiría el despegue nacional. Tan sólo eran diferentes formas de colonialismo: el Río de la Plata dejó de ser colonia de España y se transformó en una semi-colonia de Inglaterra. Sí, Halperín Donghi y el trotskismo argentino coinciden en las características del “pacto neocolonial” [12].
    El concepto de “revolución política” es, francamente, descabellado. Una revolución es una transformación en las relaciones sociales. Si no hubo tal cosa, no hay revolución alguna, ni política ni social. ¿O el cambio de un personal político o de un régimen de gobierno implica una revolución? Lo cierto es que el trotskismo, tan dispuesto a encontrar revoluciones por todos lados y en todo momento, niega a la única revolución triunfante en la Argentina.
    La investigación ha comprobado que la burguesía agraria integró los principales puestos en la lucha de la revolución contra el régimen, lo cual se observa en la composición social de la dirección del Cuerpo de Patricios (el partido que llevó a cabo la preparación política de la Revolución de Mayo), mientras que los comerciantes monopolistas fueron los más férreos defensores del orden colonial. Nuestro trabajo muestra que la burguesía criolla barrió con el régimen feudal y reorganizó la economía bajo nuevas relaciones sociales. Claro que la generación de Mayo no pretendía la socialización de los medios de producción. En ese contexto es completamente entendible (y hasta necesario) que haya tejido lazos con las potencias capitalistas del período. Pero que la principal producción del país sea vendida en Inglaterra no equivale a “semicolonialismo”. Tampoco la “unidad” de intereses de la burguesía nativa y la “imperialista”. Análisis de ese tipo deberían considerar la posibilidad de que actualmente seamos una colonia China…

    Los divulgadores de la Palabra

    El capitalismo es eterno, Argentina no tiene una verdadera burguesía y los grandes procesos sociales no tienen contenido alguno. Tal es la visión pesimista de San Milcíades. Resultado: hace falta crear cierta burguesía, hay que repartir la tierra y difícilmente podemos aspirar al socialismo. Sus apóstoles (NMAS, PTS, PO, IS) creen ver en este santo un ejemplo revolucionario y terminan enredándose con sus conclusiones. Algunos, plácidamente, otros sin darse cuenta. Ninguno se pregunta por qué el nacionalismo y la academia le rinden pleitesía. Todos acompañan esa procesión sin chistar. Se niegan sistemáticamente a llevar a cabo un estudio exhaustivo para comprender las tendencias que operan en la realidad social. Una visión pesimista, una lectura religiosa de Alberdi y Sarmiento y la falta de una investigación seria llevan a Peña y al trotskismo vernáculo detrás de la ideología burguesa. La realidad, no obstante, muestra otras cosas. Es cuestión de abandonar esa verdadera Armada Brancaleone que se gestó en torno a un militante con un trabajo intelectual poco riguroso y salir al encuentro con el verde árbol de la vida. Tal vez sea el momento de dejar de repetir la Palabra y convertirse en Verbo.

    NOTAS:
    [1] Peña, Milcíades: Historia del pueblo argentino, Emecé, Bs. As., 2012.
    [2] Revista Ñ, 06/07/12.
    [3] Tiempo Argentino, 08/06/2012.
    [4] Peña, Milcíades, op.cit., p. 65.
    [5] Ibídem, p. 67.
    [6] AA.VV.: Modos de producción en América Latina, Siglo XXI, México, 1989.
    [7] Peña, Milcíades, op.cit., p. 77.
    [8] Harari, Fabián: La Contra. Los enemigos de la Revolución de Mayo, ayer y hoy, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2006.
    [9] Kullikoff, Allan: “Transition to Capitalism in Rural America”, en The William and Mary Quarterly, Tercera serie, Vol. 46, nº 1, enero, 1989.
    [10] Peña, Milcíades, op. cit., p. 84.
    [11] Ibídem, p. 89.
    [12] Tulio, Halperín Donghi: Historia contemporánea de América Latina, Alianza Editorial, Bs. As., 2011, p. 215.


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Mar Dic 18, 2012 2:09 pm

    De las resoluciones políticas del XI congreso del PRml. Concuerdo bastante con este análisis.

    Raíces históricas de la formación económica-social del país

    Sin proyecto revolucionaria no hay revolución posible.
    El practicismo, el economicismo y el espontaneísmo, son enfermedades que al subestimar o negar la importancia de la elaboración teórica, además de impedir la independencia política de la clase trabajadora terminan por colocar al movimiento de masas por detrás de la burguesía.
    En ese sentido el marxismo leninismo no es sólo una herramienta científica para interpretar la realidad, sino un instrumento imprescindible para su transformación revolucionaria.
    No fue casual que a pedido de la Liga de los Comunistas alemanes, Marx y Engels debieron elaborar el "Manifiesto Comunista" (1848) para sentar las bases del primer programa revolucionario destinado a unir al naciente proletariado europeo.
    Por otra parte y mucho antes de octubre de 1917, Lenin, dedicó un gran esfuerzo por desentrañar las leyes particulares del desarrollo capitalista en Rusia, para formular las propuestas y el programa de los bolcheviques. Ese esfuerzo quedó plasmado en su trabajo editado bajo el título de “El desarrollo del capitalismo en Rusia”.
    Tampoco fue menor la tarea realizada por Mao con anterioridad a la revolución de 1949, destinada a estudiar el carácter colonial, semicolonial y semifeudal de la sociedad china para trazar el programa, la táctica y la estrategia de los comunistas chinos.
    El desafío principal que tenemos por delante es perfeccionar y consolidar nuestra base programática, apoyados en el marxismo leninismo como guía para la acción, y así alcanzar el objetivo de construir un proyecto revolucionario que oriente a la vanguardia y gane a las fuerzas motrices de la revolución.
    Si algo distinguió a la generación de los "Cordobazos" es que supo elevar su mirada en dirección a un proyecto de poder revolucionario y que luchó por llevarlo a la práctica para que el movimiento de masas se apropiara del mismo.
    Por esa misma razón, al encarar este tema debemos recoger los aportes teórico-prácticos dejados por aquellos revolucionarios, tanto en sus aciertos como en los errores cometidos, sin temor a la crítica y la autocrítica.
    Elías Semán, en 1964, realizó uno de aquellos aportes. Cuestionando la experiencia foquista instalada por el EGP en Salta, y poniendo como centro la crítica al populismo, al revisionismo y el trotskismo, trazó los lineamiento básicos para la elaboración de un proyecto insurreccionalista en las condiciones concretas de nuestro país, que unificó a los cuadros de aquel entonces e impulsó la construcción de un Partido marxista leninista. (2)

    Desde las épocas del Virreinato del Río de la Plata la estructura económica y social de nuestra región presentó caracteres propios.
    A diferencia de los modos de producción basados en la servidumbre, que los colonialistas españoles establecieron en el Alto Perú y los portugueses en Brasil - cuyo objetivo principal era la extracción de oro y plata - en el Virreinato del Río de la Plata se fue desarrollando una economía mercantil, no exenta de reminiscencias serviles. (3)
    Si bien nosotros calificamos como formaciones económicas precapitalistas las imperantes en el Río de la Plata, somos concientes que se trata de una definición de carácter general, y que sólo nos informa que temporalmente precede al desarrollo del capitalismo argentino.
    El propio Marx, al estudiar los orígenes de sociedades fuera de los países más desarrollados, introdujo definiciones sobre estadios de desarrollo previos al capitalismo pero distintos del feudalismo. (4)
    Sin embargo, en nuestro caso, no nos habilita a entender que estas formaciones precapitalistas evolucionaron necesariamente hacia relaciones sociales feudales. Evolución que sí es analizada y advertida por Marx en el escenario europeo mediterráneo.
    A nuestro parecer, el proceso de génesis y desarrollo de las formaciones económico sociales durante la colonización se define a partir de las contradicciones internas, del estímulo externo deformante de la dependencia colonial, de su interiorización y del momento histórico en que tienen lugar.
    A modo de primera conclusión, podríamos decir que el período de dominación colonial no estableció un modo de producción feudal ni, mucho menos, uno capitalista, de cuya evolución surgiera el capitalismo dependiente actual.

    En el Río de la Plata, se dieron dos procesos productivos que se desarrollaron históricamente de manera contradictoria.
    Durante los primeros trescientos años de colonización, el desarrollo se concentró en la región del N.O y parte de lo que hoy es el centro del país, por un lado, más el que abarcaba el N.E., por el otro. En ambos casos, la producción era destinada principalmente al abastecimiento del enclave colonial español del Alto Perú y los territorios del imperio portugués en Brasil. La producción se centró en el ganado mular, manufacturas artesanales y las propias de una economía de subsistencia. En el caso del noreste se centró en la yerba mate y el tabaco, productos para la población esclava de las explotaciones del Brasil.
    Sobre las postrimerías del Virreinato del Río de la Plata, al decrecer el rendimiento de las explotaciones de oro y plata en el Alto Perú, más el debilitamiento del monopolio español sobre el puerto de Buenos Aires y la ingerencia comercial de la piratería anglo francesa, dio lugar al desarrollo de las zonas portuarias, de la pampa húmeda y el litoral.
    Así adquieren importancia principalmente las exportaciones pecuarias, cueros y tasajo, al mismo tiempo que la importación de manufacturas de origen europeo. Este es el período de valorización de la propiedad de la tierra, del inicio de su reparto entre funcionarios, oficiales y familias provenientes del propio régimen colonial. Secundariamente se desarrolla una producción agrícola y una incipiente manufactura destinada al consumo interno de la región portuaria y sus aledaños.
    La dominación reprodujo interiormente el esquema metrópoli-colonia, determinando la existencia de zonas periféricas dependientes. Las ventajas comerciales para la metrópoli dominadora - como incluso también para aquellas que ejercían el contrabando con colonias ajenas -, se obtuvieron en detrimento de las propias colonias. Después de más de tres siglos de dominación colonial, este fenómeno no es ajeno a la emergencia de una burguesía comercial y una burguesía terrateniente alrededor del puerto, quienes hegemonizarían el desarrollo de un capitalismo desde arriba y dependiente del imperialismo.

    La interpretación sobre los modos de producción que predominaron en el período previo a la Revolución de Mayo, dieron lugar a un debate que todavía conserva plena vigencia. Los modos de producción de cada período histórico, están determinados por el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción.
    Dejando de lado las interpretaciones nacionales populistas que, en confrontación contra la ‘extranjería’, asumen la defensa de los modos de producción heredados del régimen colonial, nos limitamos al debate en el campo de los marxistas.
    Por un lado están aquellos que al definir aquel período como feudal o semifeudal, cayeron inevitablemente en el apoyo a sectores de la gran burguesía comercial entreguista. Tal fue una desviación desde su origen del Partido Comunista Argentino que, a pesar de su inicial conducta revolucionaria, no se despegó de la interpretación liberal heredada del Partido Socialista (5).
    Otro debate similar pero con otras connotaciones, es el que tenemos con aquellos que, como el Partido Comunista Revolucionario, colocan como enemigo principal a la oligarquía terrateniente y a una burguesía compradora, que se corresponden con una evolución típica desde una sociedad feudal o semifeudal y que determina la estructura de clases de un capitalismo atrasado semicolonial.(6)
    Por otro lado, está la interpretación trotskista que considera la existencia de un modo capitalista introducido por el propio régimen colonial. Una de sus bases de apoyo es que la España feudal y atrasada dependía de los países en plena expansión capitalista como Inglaterra, Alemania y Francia, de donde provenían las manufacturas que se importaban. Este punto de vista elude la cuestión que los modos de producción no se definen por la circulación de las mercancías sino por el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción establecidas. Estas visiones conducen casi inevitablemente a negar la existencia de sectores jacobinos, revolucionarios, en la Revolución de Mayo tanto como la influencia de sectores progresistas en la lucha entre federales y unitarios, reduciendo todo a una pugna entre sectores reaccionarios de las clases dominantes. (7)
    El gran mérito de la Revolución de Mayo de 1810 y la posterior victoria de la Guerra de la Independencia, fue el de terminar con el dominio colonial español e introducir una serie de importantes reformas democráticas y anticolonialistas.
    Los esfuerzos del ala jacobina encabezada por Moreno, Castelli, Vieytes y otros, por profundizar este proceso en dirección a una revolución democrática burguesa, encontraron un obstáculo en las herencias del viejo régimen colonial y la debilidad de una fuerza motriz revolucionaria, lo que permitió la posterior usurpación del poder por parte de los sectores oligárquicos partidarios de la independencia de España pero no de "toda otra dominación extranjera"
    .
    A partir de 1819, las Provincias Unidas del Río de la Plata ingresaron a un largo proceso de confrontaciones y guerras civiles - entre unitarios y federales - que recién culminaría hacia 1880, pactándose un acuerdo entre quienes acaudillaban ambos bandos. Encabezando esta confrontación se expresaban fundamentalmente los intereses de la burguesía comercial porteña y la burguesía terrateniente, aunque al mismo tiempo y de forma minoritaria, también se manifestó al interior del movimiento federal un sector de la burguesía que luchaba por un desarrollo independiente y progresista. De características similares a lo sucedido en Paraguay.

    La llamada “Generación del 80” certificó el triunfo de la alianza reaccionaria entre la gran burguesía terrateniente y la gran burguesía comercial portuaria, acordada sobre la base de la definitiva derrota de las fuerzas progresistas que pugnaron por un país de desarrollo independiente.
    Acerca del tema, el propio Lenin señala que: “Puestos a hablar de la política colonial en la época del capitalismo imperialista, es necesario hacer notar que el capital financiero y la política internacional correspondiente, la cual se traduce en la lucha de las grandes potencias por el reparto económico y político del mundo, originan diversas formas transitorias de dependencia estatal (…) Una de estas formas, la semicolonia la hemos indicado ya antes. Modelo de otra forma es, por ejemplo, la Argentina. (…) que se halla en dependencia financiera con respecto a Londres. (…) no es difícil imaginarse los fuertes vínculos que se establecen entre el capital financiero –y su fiel amiga la diplomacia- de Inglaterra y la burguesía argentina, los círculos dirigentes de toda su vida económica y política” (
    De la unificación del mercado productivo y la unidad de las clases dominantes en torno a un proyecto de desarrollo capitalista dependiente, bajo hegemonía de la gran burguesía terrateniente y comercial portuaria - asociadas al imperialismo inglés - surgieron los cimientos del Estado y de sus instituciones de poder.
    El parlamento, el poder judicial y en particular las fuerzas armadas, surgieron en esta etapa histórica.
    El proceso de desarrollo capitalista impulsado por las mismas clases opresoras se inició así bajo el signo del monopolio y sujeto a la dependencia de Inglaterra, que para entonces había alcanzado su fase imperialista.
    El pasaje del proyecto agro exportador de 1880 a otro de carácter agro industrial en 1930, así como el salto hacia un país industrial que llegó a su máximo nivel de desarrollo hacia 1960 - en medio de la sustitución de la dependencia de Inglaterra por la de los Estados Unidos- fueron cambios significativos, pero que no alteraron el carácter capitalista dependiente de nuestro país.
    Durante este proceso, la Argentina alcanza un cierto nivel de avance tecnológico y la relativa consolidación de un mercado interno, colocándose como una nación con un elevado grado de desarrollo capitalista relativo, si se la compara con otros países dependientes aunque, por supuesto, muy por detrás de las economías de las naciones desarrolladas.
    El surgimiento de dos procesos de corte nacionalista burgués - como los que lideraron Yrigoyen en 1916 y Perón en 1945- le dieron un nuevo empuje al desarrollo de las fuerzas productivas, sin romper con el esquema impuesto por las clases dominantes.
    Por esto, sostener que nuestro país es semicolonial o semifeudal es igualmente erróneo que suponer que es una nación similar a otras de desarrollo capitalista independiente. Si lo primero lleva a una desviación nacional populista y a jugar de furgón de cola de la burguesía, lo segundo conduce al aislamiento y la derrota de la clase trabajadora al impedirle levantar un programa de liberación nacional y social como paso necesario hacia la construcción del socialismo.
    Combinando estas teorías erróneas hay quienes plantean la existencia de dos países distintos, uno el de los centros urbanos industriales con un desarrollo capitalista, y, el otro, de rasgos semifeudales y atrasados en zonas del interior del país. Sin embargo este desarrollo desigual es propio del capitalismo, máxime si está atado a la dependencia.
    Tal como lo plantea Lenin en su obra sobre el imperialismo, nuestro país es parte de esas naciones del mundo dependiente que constituyen el eslabón más débil de la dominación capitalista. Sucede que su mayor grado de desarrollo comparado con otros países dependientes de Asia, África y América Latina, introdujeron particularidades específicas a nuestra formación histórica, al desarrollo de la lucha de clases y el tipo de revolución.


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    Platon
    Miembro del Soviet
    Miembro del Soviet

    Cantidad de envíos : 2355
    Reputación : 3479
    Fecha de inscripción : 06/02/2012

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Platon el Mar Dic 18, 2012 10:58 pm

    Che Razion, ¿pudiste leer el libro de O. Vargas "Sobre el modo de producción dominante"? He visto que se lo critica desde diferentes sectores (trostkismo, los universitarios de RyR, y ahora el PRml) y me da curiosidad.

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Mar Dic 18, 2012 11:22 pm

    Platon escribió:Che Razion, ¿pudiste leer el libro de O. Vargas "Sobre el modo de producción dominante"? He visto que se lo critica desde diferentes sectores (trostkismo, los universitarios de RyR, y ahora el PRml) y me da curiosidad.

    No, la verdad que no, solamente leí algunos de los cruces entre PCR y R&R por el tema de la Revolución de Mayo. No encuentro el libro en pdf o formato digital.

    Adjunto lo que pude encontrar:


    http://www.pcr.org.ar/nota/libros-recomendados/sobre-el-modo-de-producci%C3%B3n-dominante-en-el-virreinato-del-r%C3%ADo-de-la-plata

    http://www.pcr.org.ar/nota/marxismo-leninismo-mao%C3%ADsmo/las-colonias-espa%C3%B1olas-en-am%C3%A9rica

    Saludos

    Las colonias españolas en América


    Fecha: 02/03/2011 - 17:07
    En la parte de América conquistada por los españoles fueron éstos los que impusieron a los conquistados su propio modo de producción: el feudalismo se impuso en esta parte de América de la mano de la conquista. La clase dominante en España, los sectores feudales, se transformaron en la clase dominante en los territorios americanos que colonizaron. La corona española fue un instrumento para explotar y someter a las masas originarias conquistadas.
    El descubrimiento de América, sus minas de oro y plata y el exterminio y la esclavización de su población indígena, están iluminados por lo que Marx llamó “los albores de la era de producción capitalista”, que sería seguida por “la guerra comercial de las naciones europeas, con el planeta entero como escenario”.
    El descubrimiento de América fue parte de la prehistoria del capital y del régimen capitalista de producción; uno de los puntos de partida de este régimen de producción, pero no un fruto del mismo.
    España y Portugal, pioneros de los descubrimientos, eran estados feudales en lucha encarnizada contra los piratas de Túnez, Argel y Marruecos. Las continuas guerras exigían dinero a esos estados crecientemente centralizados, y los obligó a buscar nuevas rutas hacia oriente, libres del monopolio árabe-turco-veneciano…
    Mercaderes y usureros financiarán la empresa. Pero es preciso no olvidar que los mismos no estaban vinculados directamente a la manufactura, y recordar, muy especialmente, el carácter feudal de la monarquía española que impulsa la conquista de América…
    El imperio español dirigió su accionar en el Nuevo Mundo según los intereses de su política europea, orientada ésta también por las ideas medioevales y las necesidades del Estado feudal absolutista español. Las posesiones de ultramar fueron consideradas propiedad hereditaria de la Corona, “reinos patrimoniales”, teniendo el monarca la soberanía plena y exclusiva sobre el país, la gente y la tierra…
    Es imprescindible subrayar el carácter colonial de las posesiones españolas de América [con lo que] queremos remarcar, en primer lugar, la cruzada de saqueo, robo, destrucción y violencia que caracterizó el desembarco español en estas tierras. Desembarco de un ejército de asesinos, pillos y truhanes de todo tipo, como Hernán Cortés o Pizarro, que aprovechando el desarrollo económico y cultural superior de los españoles, y el atraso, las discordias y la desorganización de las tribus indígenas, las sometieron a sangre y fuego para luego explotarlas ferozmente, llegando, en algunos lugares, prácticamente a su exterminio…
    Hubo, entonces, una etapa inicial de saqueo, robo y esclavización, y posteriormente una etapa en la que se impusieron, como veremos más adelante, relaciones feudales de producción, servidumbre y prestación de servicios, como resultado del triunfo de los conquistadores. Ninguna forma económica puede basarse por mucho tiempo en el saqueo. Pero tampoco hay que creer que fue un episodio breve. Los españoles pillaron aquí tesoros enormes, e Inglaterra, mediante la piratería, tuvo su parte en el botín.
    Si bien en los grandes imperios precolombinos existía ya una división en clases pronunciada, la servidumbre impuesta a los indios fue un producto de la conquista y del carácter colonial del Nuevo Mundo. Fue impuesta mediante un aparato estatal colonial, instrumento de los colonialistas para la opresión de los pueblos conquistados. Esto implica que a la pregunta: ¿cuál era la principal clase dominante en las colonias españolas? Debamos responder: era la clase dominante en España, la clase de los feudales españoles.
    La corona española no fue un Estado “mediador” (a través de una legislación “humanitaria”) entre conquistadores y conquistados. Fue un instrumento para la explotación y la represión de los conquistados por los conquistadores.
    En el Nuevo Mundo legisla, gobierna y juzga, en definitiva, la Corona española. Se basaron para ello en distintos argumentos jurídicos y bulas papales, pero, en definitiva, ella es quien manda en Hispanoamérica. Es la gran propietaria, el gran mercader, la principal beneficiaria por los tributos y por las rentas de la explotación minera, por los remates y la trata de negros, las aduanas, las ventas, las donaciones, los estancos, etcétera.
    Los territorios americanos se convirtieron en propiedad del rey (tierra de realengo). Pertenecían al rey –como supremo señor– sembrados, praderas, bosques y aguas del Nuevo Mundo. La propiedad privada o pública del suelo, en la América española, sólo podía adquirirse por merced o gracia real.
    Los conquistadores edificaron una sociedad estratificada, e impusieron un feroz racismo. Los indios eran legalmente inferiores (el papa Pablo III luego de largos debates proclamó –en una bula en 1537– que los indios eran “hombres” verdaderos). Se los consideró (salvo alguna diferencia con caciques y curacas) como un menor. Pero un menor apto para ser sometido a una feroz explotación. No podían ser sacerdotes ni monjes, ni maestros en los gremios artesanos.
    La base económica y legal de la explotación de los indígenas está en la conquista. Esta fundamenta los tributos, legales o no, que deben entregar las masas indígenas, y la coacción para imponerlos. Los aborígenes son forzados a trabajar para los conquistadores y se los despoja de sus tierras, aguas, etc. Unos cuantos centenares de de españoles, en cada una de las regiones de lo que habría de ser el Virreinato del Río de la Plata, vivían servidos por miles de indios que eran tratados brutalmente. Esto también es válido para las misiones establecidas por la corporación feudal de los jesuitas, las misiones jesuíticas, verdaderas prisiones de indios.
    Textos extractados de Otto Vargas:
    Sobre el modo de producción dominante en el Río de la Plata.


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    surfas
    Colaborador estrella
    Colaborador estrella

    Cantidad de envíos : 4261
    Reputación : 4303
    Fecha de inscripción : 15/10/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por surfas el Jue Dic 20, 2012 2:57 am

    La verdad que si se adhiere al leninismo y porlo tanto a que vivimos en la epoca del imperialismo, los escritos del CEICS y Sartelli o del universitario a-graduado R.A. son aburridazos.

    Aelito
    Revolucionario/a
    Revolucionario/a

    Cantidad de envíos : 708
    Reputación : 711
    Fecha de inscripción : 24/11/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Aelito el Jue Ene 10, 2013 11:19 am

    Yo introduciría un matiz entre la visión de Milcíades Peña y la crítica que le hace el PRml, si bien es cierto que los formens se clasifican en torno al desarrollo de la fuerzas productivas y las relaciones de producción, esta situación no es lineal, dentro de cada MP, coexisten diferentes relaciones de producción, no se puede trazar una intersección y decir desde acá hacia atrás feudal (Virreinato) y desde acá hacia adelante capitalista (Revolución) si bien todas las instituciones de producción y comercio tenían un carácter feudal, en España todo el comercio extranjero estaba manejado por extranjeros (burgueses judíos que luego de su expulsión fueron reemplazados por flamencos e italianos) este circuito de capital dinerario y comercial formaba parte de la segunda fase acumulación primitiva. Por eso aunque sean parte de este proceso instituciones de carácter feudal ya forman parte de la lógica capitalista de acumulación al servir al desarrollo de la industria manufacturera en la Europa del Norte sobretodo. Además hay que tener siempre en cuenta que ni el MP esclavista clásico ni en el feudal la producción estaba destinada hacia un mercado, lo cual no quiere decir que no existieran mercados de productos, pero sus caraterístcas y sus objetivos eran otros muy diferentes a los del mercado capitalista. Un cambio de objetivos en relación al desarrollo o no de determinada fuerza productiva dentro de una determinada relación de producción pueden hacer que esta devenga en otra relación de producción diferente a la primera.

    Se podrá determinar o no si durante la colonia hubo un desarrollo burgués incipiente que habría que centrarlo más que nada en el puerto y en lo que era en ese momento la provincia de Bs As, pero, más allá del interregno jacobino de los primeros años de la revolución de Mayo, los dos sectores burgueses que se prefiguran en el gobierno de Rivadavia serán los dos sectores más reaccionarios y entreguistas que por supuesto no podía ser de otra manera debido a la propia estructuración territorial y operativa del virreinato del Río de la Plata. Es entorno a estos dos sectores burgueses que se irá consolidando lo que luego será Argentina y sus carateríticas de país capitalista dependiente y que tiene su punto culminante en la generación del 80.

    Además para marcar otra cosa, muchas veces se cae en prejuicios burgueses al decir que el capitalismo vino a terminar con la explotación de fuerzas de trabajo pretéritas, esto es una mentira. Esto lo digo por la crítica que la hace Rossi Delaney a Peña. Me parece que este muchacho Delaney debería leer a Moses Finley sobretodo su libro "Esclavitud antigua e ideología moderna".
    Critica a Peña por seguir lineamientos burgueses, pero es él el que cae en una idealización de la burguesía al hacernos creer que la fuerza de trabajo esclava no es demostrativa de capitalismo, por favor, los MP se definen por relaciones de producción predominantes pero no excluyentes, que la fuerza de trabajo asalariada sea predominante en el capitalismo esto no quiere decir que la esclavitud no se haya utilizado siempre dentro de este sistema. Otro tema en lo que se equivoca Rossi Delaney es al hacer una disociación falsa entre naturaleza (entorno geográfico) y sociedad, siempre lo social lleva implícito dentro de los factores que caracterizan lo social al medio ambiente o características geográficas en donde se desarrolla una sociedad o país en particular, si fuera como dice él entonces hubiera habido plantaciones de algodón con esclavos en Maine en lugar de Virgina. De hecho, cuando EEUU coloniza los territorios del Centro y Medio Oeste con grandes praderas parecidas a las pampas nuestras, los burgueses hacen lo mismo que los estancieros de acá, grandes latifundios para la cría extensiva de ganado. Hay una película que se las recomiendo y que muestra bastante bien este tema, se llama Heaven's gate (La puerta del cielo) de Michael Cimino.

    Saludos.

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Lun Dic 02, 2013 4:06 am

    Estoy leyendo el debate entre Christian Rath y Andrés Roldán (PO) y la gente de Razón y Revolución. Comencé desde el último artículo, y no leí los primeros (algo que estoy haciendo), pero aprovecho el momento para publicarlos.

    Mito, plagio y desprecio. Acerca del libro "La revolución clausurada", de Cristian Rath y Andrés Roldán:
    Mito, plagio y desprecio. Acerca del libro "La revolución clausurada", de Cristian Rath y Andrés Roldán -
    Juan Flores

    Luego de afirmar que se trataba de “divertimentos intelectuales”, el PO editó un libro sobre la Revolución de Mayo. Sin preocuparse por probar lo que se dice y sin conocimiento de datos elementales, los autores se dieron el gusto de publicar una mala copia de lo que ya ha escrito, hace 28 años, el maoísmo. Para no tener que hacer frente a nuestras críticas, en la presentación se nos censuró la palabra. Mal negocio: sólo les hubiéramos señalado una cuarta parte de lo que aquí aparece.

    Juan Flores
    GIRM-CEICS

    ¿Puede cualquier individuo, habiendo adquirido la habilidad de la lecto-escritura, escribir sobre cualquier aspecto del universo que se le ocurra y publicarlo? Seguramente, si reúne el dinero necesario. ¿Debe un partido difundir como propio cualquier boceto que elabore uno de sus miembros, sólo por el hecho de que el sujeto en cuestión se ha entusiasmado con la idea de que sabe de algo? Solo si desprecia a sus militantes, a la clase obrera, a la posibilidad de cambiar el mundo y al conocimiento necesario para ello. Esto último, en resumidas cuentas, es lo que ha pasado aquí. Cada año, se publican sobre la Revolución de Mayo decenas de libros, firmados por autores del más diverso pelaje: desde académicos hasta aficionados que quieren cumplir su sueño. Este ensayo, que se inscribe en ese último grupo, no hubiera merecido siquiera una lectura superficial, de no haber sido editado como material del Partido Obrero. El texto no se preocupa por probar nada de lo que dice, no está al tanto de ninguna de las discusiones sobre el tema y tiene errores fácticos sobre cuestiones elementales, que se hubieran solucionado con un buen manual de secundario. Con todo, eso no es lo peor: lo que se dice allí ya fue escrito y publicado por el Eduardo Azcuy Ameghino en 1986, en Artigas en la historia argentina (obviamente, sin los errores de nombres y fechas y sin esa cuota de voluntarismo histórico). Por lo que, por fuera de constituir una muestra del programa que parece regir al PO, se trata lisa y llanamente de un libro inútil, en el mejor de los casos, y de un plagio vergonzoso, en el peor. En fin, este espacio no nos permite señalar todas las insuficiencias. Vamos a marcar aquellas que nos interesan.

    La revolución de Ford y Santiago Del Moro

    La gran pregunta que motiva al PO a tratar el problema de la Revolución de Mayo es por qué Argentina no siguió el derrotero de los Estados Unidos [1]. Rath y Roldán esbozan superficialmente respuestas similares a que las que ya maneja, con mayor rigor (la verdad sea dicha) el PCR (Azcuy Ameghino) y el PC uruguayo (Lucía Sala) o incluso (sin tanto rigor) algunas variantes del kirchnerismo (León Pomer): no somos un capitalismo “serio” porque la revolución burguesa no completó sus tareas. Para explicar los motivos de este derrotero político, los autores esgrimen otro lugar común de la historiografía nacionalista: el proceso fue abortado por una alianza entre el imperialismo británico y una oligarquía mercantil porteña-latifundista –es decir, una burguesía “menos seria” que su par norteamericana- que ahogó a la alianza morenista y artiguista (pág. 30). Para el PO, el liderazgo de Artigas, Moreno y los federales expresarían una alianza orgánica con los explotados y un “verdadero” desarrollo nacional e industrial. Por último, el libro cae en la idea de que los aciertos/desaciertos de las direcciones agotan la explicación de los fracasos del programa revolucionario. La historia así pierde de vista el problema material y se refugia en factores personales como motores del proceso. La historia pasa a ser un foro de Infama.
    Según el PO, si la burguesía argentina lo hubiera querido, hoy podríamos ser EE.UU. Se abstrae, por lo tanto, de las condiciones materiales con las que se inicia una y otra experiencia. Si los autores hubieran revisado unos simples datos, sabrían que, para ese entonces, lo que sería la Argentina conformaba un sexto de la economía norteamericana de 1776 y que toda la población del virreinato –contando el Alto Perú- era un décimo de la población francesa y un quinto de la población española. Sin población para constituir un mercado interno, con unidades dispersas y con poca comunicación, con grandes masas viviendo bajo relaciones propias de la noche de los tiempos no parece haber demasiadas opciones. Sin ocuparse de indagar sobre estos datos tan elementales, los autores suponen que en la historia se puede hacer cualquier cosa. Parece mentira que a cuadros del PO debamos recordarles premisas marxistas tan básicas como que las condiciones objetivas operan como límites impuestos a la intervención de los sujetos en la historia.
    Para los autores, sólo una “burguesía industrial” podría incubar potencialidades revolucionarias. En cambio, las burguesías agrarias serían reaccionarias. En ese sentido, el desarrollo capitalista jamás saldría de una agricultura de grandes unidades. Más bien, “la estancia y el latifundio se convertirán en la principal traba para el desarrollo, que bloqueó el poblamiento del campo argentino y la evolución en otra escala del mercado interno” (pág. 85). En su fantasía, hay hacendados “burgueses” y hacendados “defensores del orden” (¿feudales?). Estos últimos, ligados a la exportación de tasajo para Cuba. En cualquier caso, en las haciendas habrían predominado relaciones esclavistas y de pago en especie (¿y dónde están los hacendados burgueses entonces?).
    Este planteo presenta groseros errores fácticos y lógicos. Jamás se pudo cotejar que haya existido una diferenciación tal entre los hacendados. Sencillamente, porque la principal exportación del período era el cuero. La carne salada comienza a aparecer como un renglón menor, pero digno de ser considerado, luego de 1815. Tampoco es cierto que en las estancias porteñas predominase el pago en especie: el grueso de los jornales se pagaba en moneda. Si hubieran empezado por el principio, revisando debates clásicos sobre la mano de obra rural, (el de Mayo-Amaral-Garavaglia, publicado en IHES 1987, o el que protagonizaron Gelman y Salvatore-Brown en la famosa recopilación del CEAL en 1993) o al propio Azcuy (si van a plagiarlo, que sea en toda la regla) habrían dicho una barbaridad menos. Aunque tenemos fuertes discusiones con todos ellos, estamos hablando de datos muy elementales. Los esclavos, por su parte, constituyen apenas el 7,8% de la población de la campaña en 1813 [2]. Parece imposible, pero con revisar la información existente, se da con el dato.
    Ahora bien, hay algo más grave: la idea de una burguesía industrial revolucionaria contra una agraria. Si hubieran leído seriamente sobre las revoluciones burguesas que catalogan de “serias”, se habrían llevado una sorpresa. La Revolución Francesa tiene como fundamento la rebelión de la burguesía agraria en el campo francés. Cuando esta clase se retira, la revolución encuentra el punto de retirada. No se puede hablar del caso francés sin haber leído el clásico de Goerge Lefebvre sobre los coqs de village en la campaña gala. Para el caso inglés, Christopher Hill indicó hasta el hartazgo cómo los yeomen (burgueses agrarios) formaron el New Model Army de Cromwell en la Revolución Inglesa [3]. No haría falta decirlo, pero vale aclararles a los compañeros que Hill es un autor clásico del marxismo y una lectura indispensable. En las Trece Colonias (así se le llamaba a EE.UU.), tampoco vemos al gerente de la Ford o de Chevrolet liderando la rebelión, sino a Georges Washington, un plantador de tabaco o a Thomas Jefferson, otro terrateniente. Herbert Aptheker, otro clásico del marxismo, lo explica muy bien. Un dato más: de los primeros 13 presidentes norteamericanos, 10 eran grandes propietarios agrarios [4]. En definitiva, los compañeros miden un proceso que no conocen con la vara de aquellos que ignoran.
    Es lógico que la burguesía revolucionaria no provenga de la “industria”. Si tomamos a este término en su acepción marxista (es decir, científica) no es la producción urbana en general (no había industrias en el Egipto Antiguo), sino el predominio completo del capital sobre el trabajo en la producción (lo que se llama el régimen de Gran Industria) [5]. Si hay industria, es porque las relaciones capitalistas son dominantes. Si es así, o la revolución ya pasó o es innecesaria. Por lo tanto, una hay ninguna burguesía revolucionaria en la industria, salvo en el programa peronista.
    Lo que existió bajo el feudalismo, en las ciudades, es el taller gremial, en el que predominaban relaciones no capitalistas (maestros, oficiales y aprendices). Eso no es industria.  Ninguno de esos “industriales” iba a liderar ninguna revolución. Las relaciones capitalistas comienzan allí donde, hasta el siglo XIX, se produce el grueso de la vida social: el campo.

    Marx vs. Prohudon-Turner

    Al “latifundismo”, los autores le contraponen la salida “capitalista” y “revolucionaria”: los farmer, la proliferación de pequeñas propiedades, en un mundo democrático y sin opresión, como habría sido el Oeste norteamericano. Tal vez no lo sepan, pero estas fantasías no son fruto de ningún estudio serio, sino de las ideas de un intelectual norteamericano, de Frederick Turner, quien a fines del siglo XIX intentaba adoctrinar sobre las características democráticas del “espíritu americano”. No obstante, cualquier capitalismo se desarrolló sobre la concentración de la tierra y la expulsión de los poseedores. En Inglaterra, los cercamientos posibilitaron la expansión de las relaciones capitalistas (Marx, en El Capital, tomo I, cap. XXIV). EEUU, lejos del panorama idílico de Turner, vivió un proceso de concentración y expropiación a comienzos del siglo XIX [6].
    Creer que la vía farmer porta consigo el germen de la industrialización nacional no tiene el más mínimo asidero. ¿Qué mercado interno podría construirse si el farmer consume casi todo lo que produce? ¿Cómo se va a conformar un mercado de fuerza de trabajo si todos acceden a medios de producción y de vida? ¿Qué tipo de capitalismo imaginan que se puede formar sin la existencia de un mercado de fuerza de trabajo?
    Ahora bien, en cuanto al desarrollo de las fuerzas productivas, ¿cómo puede una unidad de menor escala ser más eficiente? ¿Cómo hace un farmer para comprar maquinaria si no puede acumular en grandes proporciones? ¿Para qué va a utilizar maquinaria, si su escala es pequeña? ¿Cómo va a desarrollarse la división técnica del trabajo? El PO imagina una sociedad de pequeños productores, tal como lo hacía Prohudon, entre el anarquismo y el liberalismo.
    La visión que tienen de la pampa es un mito ni sus creadores se animarían a defender hoy en día. Hace más de 30 años, el acceso a fuentes documentales objetivas empezó la existencia de una realidad más acorde a la lógica: grandes, pequeñas y medianas propiedades y una variedad de producciones agrarias. En todo caso, esos “latifundios” no eran improductivos. Por el contrario, basta ver algún estudio de caso para comprender que eran las unidades mejor dotadas. En efecto, como hemos demostrado hace ya casi veinte años –y los autores hubieran hecho bien en chequear lo escrito sobre el tema- la productividad del agro argentino a fines del siglo XIX se sostiene por su mecanización, amparada en la economía de escala [7].

    Artigas y los buenos salvajes

    La posibilidad de una salida farmer, según los autores, estaba expresada en Artigas. Para ello, como dijimos, repiten lo mismo que Azcuy Ameghino. Al menos, Azcuy analiza las proclamas y decretos de Artigas, lo que en este ensayo no se hace. Se hace alusión al “Reglamento de 1815”, pero no se lo analiza. Nosotros, como creemos en la aquella idea racionalista que prescribe la necesidad de demostrar lo que se dice, hemos acudido a los textos. Al acudir a la fuente, nos encontramos que ese “Reglamento” tiene un nombre específico: “Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de su campaña y seguridad de sus hacendados”, de 1815. El título, ya anticipa para quién fue redactado.
    Bien, lo que el Reglamento efectivamente establece es la necesidad de expropiar a los enemigos de la Revolución (“los malos españoles y peores americanos”). Ahora bien, todos expropian. La revolución expropió tierras al rey, Rivadavia a las órdenes eclesiásticas y Rosas a los unitarios. Este caso no se diferencia de las anteriores: los resortes para la aplicación de la expropiación y reparto quedan en poder de la misma burguesía. El artículo 1° otorga la prerrogativa de distribuir las tierras al alcalde provincial, que no era otro que un hacendado, o sea, un burgués. Si el artiguismo hubiera tenido la intención plebeya que Rath le atribuye, debería al menos haber puesto a los peones y jornaleros -o, al menos, a pequeños productores- en el control de estas tareas. El artículo 8° sanciona una clara petición de los hacendados, al impedir carnear vacas ajenas. ¿Y quién incurría en tales prácticas? La respuesta es sencilla: cualquier desposeído de la campaña. A esto agreguemos el establecimiento de una policía rural (artículo 25°) o de la papeleta de conchabo (artículo 27°). ¿Qué expresan sino una política de una clase que comprende la necesidad de sus tareas históricas (la consolidación de la propiedad privada, la construcción de un mercado de trabajo, la proletarización)? Para los pequeños productores o aquellos desposeídos que procuraban acceder a la tierra, el asunto no se encontraba en el reparto de propiedades, sino en la posibilidad de pastar ganados en distintos lugares y el acceso al agua. Ante una sequía o inundación, la delimitación de la tierra era el certificado de defunción del stock ganadero del pequeño productor, que prefería una ganadería más itinerante. En muchos litigios encontramos individuos con pequeñas manadas que, con tales objetivos, ingresaban en propiedades fiscales o privadas.
    De hecho, si atendiéramos a la historia, veríamos que los congresos del artiguismo –por ejemplo, el de las Tres Cruces de 1813 donde se definieron las bases de la “unión de los Pueblos Libres” y donde se emitió las Instrucciones la Asamblea del año XIII- sólo concebía la participación de hacendados burgueses [8]. No obstante todo esto, para caracterizar al artiguismo, no basta con el análisis del Reglamento. Los autores deberían haber investigado su relación con los libertos y esclavos. Artigas, al desconocer la Asamblea del año XIII, se opuso a la libertad de vientres. De hecho, durante la invasión portuguesa sobre la Banda Oriental, el Regimiento de Libertos fue uno de los primeros en pasar al bando de los portugueses [9]. Con respecto a los indígenas, Andresito (su apadrinado), como gobernador, solía expoliar a los grupos avispones en la región de las misiones, imponiéndoles castigos corporales a quienes no quisieran trabajar. Él mismo se ufanaba de darle “quinientos o más palos” [10]. En definitiva, sugerimos a los autores, antes de repetir lo que escribió otro y sobre lo que no tienen idea, tener al menos un primer acercamiento al Archivo Artigas, que se encuentra íntegro en la Biblioteca Nacional.
    Otra idea que recorre el texto es que las masas precapitalistas habrían presentado un programa superador de la revolución burguesa. No obstante, hasta ahora no lo hemos encontrado y los autores nada nos dicen sobre el asunto. Por ejemplo, uno de sus “sujetos históricos” para los autores, habrían sido los “indígenas” (¿Cuáles? ¿Los cazadores recolectores de la Patagonia? ¿Los que se dedican al saqueo? ¿Los ayllus atravesados por diferencias de clase? ¿O los englobamos a todos en el mismo concepto porque son morochos y no hablan bien el castellano ni se cubren como manda la decencia?). Bien, esos grupos sociales se comportaron de la manera más diversa. Por ejemplo, en 1781, algunos encabezaron una rebelión en el Alto Perú. Unos años después, ayudaron, allí mismo, a reprimir un levantamiento criollo contra la corona en los enfrentamientos de 1782 y 1783 (proceso documentado por Sergio Serulnikov). En la sierra peruana, por ejemplo, defendieron a la monarquía hasta último momento. Hay un estudio muy conocido sobre el tema: The Plebeian Republic, de Cecilia Méndez (que explica mal lo que documenta bien). Esos comportamientos tienen un motivo: los caciques vivían expoliando a sus propias comunidades y la corona les garantizaba su lugar. A su vez, la revolución venía a transformar tierras comunales en propiedades capitalistas. Aquellas clases que estuvieran en una situación subalterna dentro de la comunidad, seguramente apoyarían las transformaciones, no así aquellos a los que la existencia de la comunidad garantizaba sus privilegios. Hay mucho escrito sobre esto. Deberían leerlo antes de escribir con prejuicios racistas impropios de un revolucionario.

    ¿La centralización es reaccionaria?

    Aparentemente, para los autores, el morenismo y el federalismo (que conformarían un mismo movimiento) expresaban las abandonadas tareas burguesas. En este cuadro, el centralismo sería antinacional, ya que expresaba una alianza entre la “oligarquía mercantil” y el “imperialismo británico”. Frente a ello, el federalismo habría sido “nacional y progresivo”.En este esquema, el Primer Triunvirato (1811) habría acometido una agenda contraria al morenismo, dictada por los grandes comerciantes y el capital británico. No obstante, esta elucubración no soporta ciertos datos a mano de cualquier iniciado. Moreno dispuso en el Plan de Operaciones que los gobernadores provinciales debían ser nombrados por Buenos Aires, sin durar su mandato más de dos años para que no “se aquerencien”. Durante el proceso de constitución de la llamada Junta Grande (diciembre de 1810), se opuso a la incorporación de diputados provinciales. Si seguimos el recorrido vemos que todo el personal morenista se encuentra efectivamente en los gobiernos subsiguientes: Larrea, French, Beruti, Vieytes, Rodríguez Peña, Álvarez, Nuñez, Posadas, Miguel de Azcuénaga, Monteagudo y siguen las firmas. La mayoría se queda hasta el directorio de Alvear. Da un poco de vergüenza tener que señalar todo esto…
    Tampoco es cierto que la dirección política del período priorizara en todo momento las necesidades de la burguesía comerciante. De hecho, bajo el Directorio de Alvear, el gobierno se vio forzado constantemente a pedir empréstitos forzosos a comerciantes. Caído el Directorio, el Estado declaró su “default” y no le pagó a nadie. Desde 1815 a 1825, la mitad de los comerciantes “imperialistas” ingleses quebraron. Quien ostentó la titularidad de una de las casas más importantes, Hugh Dallas, terminó sus días en la pobreza y en 1824, humillado, se suicidó en la Catedral anglicana de Buenos Aires.
    Los autores defienden la secesión federal, con todas sus consecuencias: aduanas interiores, dispersión legal y restricciones a la circulación. En ese programa, se retrasan las condiciones que facilitan la capacidad del futuro proletariado de organizarse: la unidad política. Resulta sumamente extraño que se señale que el centralismo no expresa intereses progresivos y, a la vez, reclamen al socialismo la unidad política de América Latina. Ahora bien, ¿cómo piensan que se va a conformar una nación si no es integrando regiones? ¿Cómo van a integrarse si no es por la fuerza? El centralismo buscaba abolir las aduanas internas y crear un gobierno nacional sostenido en las rentas portuarias. El Interior lo comprende, porque esas economías no podían sostenerse por sí mismas y necesitaban de la ayuda porteña. El litoral era federal, porque quería disputar el puerto. Una parte de la campaña bonaerense también, porque no quería compartir esa renta con nadie. El Interior era mayoritariamente unitario. ¿Alguna prueba? ¿Cómo se llamaba la alianza política del General Paz? Liga Unitaria. ¿Y dónde tenía su base? En el interior, a tal punto que se la conoce como “del Interior”. ¿Por qué Facundo Quiroga se fue a Buenos Aires? Porque Paz lo desalojó de La Rioja en las batallas de La Tablada y Oncativo. ¿Cuál es la frase más famosa del Tigre de los Llanos? “No soy federal, soy unitario por convencimiento”. Si a los compañeros el manual de secundaria les resulta engorroso, pueden ver la serie Facundo, la sombra del tigre, que repasa los hechos y en la que Lito Cruz (en el papel del caudillo) repite esa frase una o dos veces por capítulo.
    Una última cuestión que evidencia el descuido y la falta de respeto al público. Al analizar un movimiento porteño del 16 de abril de 1816, contra las invasiones portuguesas sobre la Banda Oriental, los autores recurrieron a fuentes que datan del 17 de junio de ese año, fecha en la que se desarrolló un levantamiento de la tendencia federal, en contra del Congreso de Tucumán, que sí provocó una movilización general, pero fue por otras casusas. Es decir, confunde dos movimientos e intentan indicar las características de uno con lo que leyó sobre el otro. En fin…

    Reflexiones finales

    Podríamos concluir indicando que los compañeros del PO adscriben al programa maoísta y que, por lo tanto, en el fondo, depositan esperanzas en alguna fracción burguesa rezagada (como los chacareros). En términos estrictos, esas cosas ya las dijimos en otras ocasiones, con mayores o menores eufemismos. Podríamos concluir, también, explicando que su visión de la Revolución de Mayo es un calco de la kirchnerista, lo que también dijimos en su momento.
    Sin embargo, el balance no debería reducirse a una discusión programática sobre cómo funciona (en este caso, cómo se ha creado) la sociedad Argentina, sino a una diferencia fundamental que hace a la construcción partidaria y, en particular, a la de una dirección. El PO parece compartir la idea de la necesidad del mito soreliano contra la propuesta leninista de un partido de cuadros con un elevado grado de comprensión del campo a intervenir. Es decir, para los compañeros, no importa cómo se mueve la realidad, sino la forma de sembrar suficiente adhesión en las masas como para dirigirlas hacia determinadas tareas. La hegemonía de cierto personal político por encima de la hegemonía del programa. El resultado es esto que estamos reseñando y eso que la dirección del PO alienta: la idea de que el conocimiento no es necesario, que no hace falta probar nada de lo que se dice, que se puede escribir cualquier cosa -incluso repetir como propio lo que es ajeno- y que los compañeros que militan y la clase obrera en general no merecen otra cosa.
    Claro que merecen otra cosa. Merecen una dirección a su altura.    

    Notas
    [1] Rath, Christian y Roldán, Andrés: La revolución clausurada, Mayo de 1810-Julio 1816, Ed. Biblos, Bs. As., 2013, p. 25. Todas las citas entre paréntesis, en el texto, se refieren a este libro.
    [2] GIHRR, “La sociedad rural bonaerense en el siglo XIX. Un análisis a partir de las categorías ocupacionales” en: Fradkin, Raúl y Garavaglia, Juan Carlos: En busca de un tiempo perdido. La economía de Buenos Aires en el país de la abundancia, 1750-1865, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2005.
    [3] Lefebvre, Georges: Les Paysans du Nord pendant la Révolution française, [1924], Laterza, Paris, 1959. Hill, Christopher: De la Reforma a la Revolución Industrial, 1530-1780, Ariel, Barcelona, 1991 (1era edición 1967).
    [4] Kolchin, Peter: American Slavery, 1619-1877, Hill & Wang, New York, 1993.
    [5] Véase Sartelli, Eduardo: “¿Cómo se estudia la historia de la industria? Una crítica y una propuesta desde el estudio de los procesos de trabajo”, en Anuario CEICS 2007, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2008.
    [6] Véase Kullikof, Allan: “Transition to capitalism en Rural America” en: The William and Mary Quarterly, 3°edición, vol. 46, n°1, Enero 1989.
    [7] Sartelli, Eduardo: “Del asombro al desencanto: La tecnología rural y los vaivenes de la agricultura pampeana”, en Andrea Reguera y Mónica Bjerg (comp.): Sin estereotipos ni mitificaciones. Problemas, métodos y fuentes de la historia agraria, IHES, Tandil, 1995.
    [8] Frega, Ana: Pueblos y soberanía en la Revolución Artiguista, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 2011.
    [9] Archivo Artigas, t. XXXIII, pp 68-69.
    [10] Ibídem, t. XXIX, p. 33.


    Respuesta a los "señores" de Razón y Revolución:
    Respuesta a los “señores” de Razón y Revolución

    Aunque usted no lo crea
    “Argentina es un país independiente política y económicamente”(Un debate que atrasa cien años)

    En El Aromo, el señor Juan Flores, actuando a cuenta de un grupo que se hace llamar “Razón y Revolución”, presenta una crítica a nuestro libro “La Revolución Clausurada, Mayo 1810-Julio 1816”. Dudamos sobre si correspondía responderle por tres razones. Uno, el lenguaje provocador, soez, machaconamente concentrado –en forma deliberada- en la descalificación de los autores, lo que identifica al lumpen ilustrado y no al polemista genuino. Dos, la inconsistencia de la crítica – al punto que tenemos fundadas sospechas de que el señor Juan Flores no haya leído el libro. Tres, la naturaleza parasitaria de este grupo, que hace de la elaboración de “críticas “a autores de izquierda uno de los ejes de su existencia, para lograr la ansiada respuesta que les permita a su vez volver a responder y permanecer bajo la luz de los reflectores de un público que, de otro modo, los ignoraría.

    Como puede verse, teníamos motivaciones fundadas para no responder. Pero hemos decidido hacerlo por una doble razón: aportar a la comprensión general de temas que son básicos en la historia de las revoluciones y, de paso, aportar a la extinción política de una corriente que se presenta con los ropajes de la Academia y es una construcción absolutamente artificial.
    Algunas consideraciones sobre esta respuesta.

    Nos referimos a los “críticos” como “señores” porque no corresponde, a la luz de la naturaleza infamante del texto que presentan, calificarlos de compañeros.

    En nuestra respuesta hacemos referencia al texto del señor Juan Flores referido a nuestro libro y a una intervención radiofónica de este mismo señor en el que vuelca las caracterizaciones que constituyen la columna vertebral de su pensamiento sobre la historia argentina[1]. Hemos dividido nuestro trabajo en cinco secciones y un epílogo. Las dos primeras buscan polemizar sobre cuestiones programáticas que son axiales del socialismo revolucionario y que R y R impugna desde una perspectiva, apelando a una terminología histórica, “socialista pura”. Las otras tres secciones versan lisa y llanamente sobre la ignorancia y/o la mala lectura del “crítico”. El epílogo trata de explicar el lugar y la función política de este grupo.
    Cuestión nacional

    Flores afirma que “la Revolución de Mayo, como revolución burguesa realizó todas sus tareas potenciales”. Y por lo tanto “Argentina es un país independiente, políticamente y económicamente también”[2]. Es decir que para Flores (y R y R) Argentina carece de un problema nacional. Estas afirmaciones impugnan la teoría marxista sobre el imperialismo y la distinción que la III Internacional entendía como absolutamente estratégica desde el punto de vista de una política revolucionaria que era la distinción entre países opresores y oprimidos, entendiendo por estos últimos, al día de hoy, a aquellos que son formalmente independientes pero están sometidos por el imperialismo. Flores y R y R habrían encontrado que Argentina pertenece a otro tipo de países, que escapan a esta clasificación (¡¡a menos que se pretenda el absurdo de calificar a Argentina como país opresor!!!). Rechazan, por lo tanto, las conclusiones que saca Lenin en su célebre trabajo sobre el imperialismo [3]y que luego se traducen en las tesis de la III Internacional sobre la cuestión nacional y colonial (II Congreso) y sobre los países de Oriente (IV Congreso). Estas tesis son retomadas también en el Programa de Transición de la IV Internacional de 1938.

    En segundo lugar, y no es menor, este punto de partida se contradice con la propia experiencia histórica nacional y la deforma de manera antojadiza para adjudicarle a la burguesía agraria nacional (suponemos que incluye obviamente la ganadera) el haber forjado esa “nueva y gloriosa nación” de la que hablan los textos escolares tan denigrados por el señor Flores. No toma en cuenta la deuda externa que desde la primera década después de mayo, y especialmente desde la segunda y hasta el día de hoy, fue sustrayendo recursos hacia la metrópoli (primero especialmente inglesa, luego norteamericana y más tarde del conjunto de los países imperialistas) como un tributo al capital financiero en formación durante el siglo XIX y plenamente desarrollado en el XX. Tampoco toma en cuenta el dominio extranjero sobre la banca, la red de transportes y puertos, la industria frigorífica y los servicios públicos que drenaron recursos e hicieron que parte de la renta agraria fluyera hacia el capital financiero[4]. ¿Cómo explicar sin este sustento histórico el pacto Roca - Runciman de la década del ´30 del siglo pasado, que colocó a Argentina en el umbral de un status colonial respecto a Gran Bretaña?

    El lector debe saber que en el trabajo que la corriente R y R considera como su elaboración más importante, un extenso análisis del capitalismo llamado “La Cajita Infeliz”…la cuestión del imperialismo está ignorada. No hay siquiera mención a la división entre países oprimidos y opresores y desaparece la lucha de clases[5]. ¿Y el fenómeno del peronismo? Tampoco es abordado[6].

    Más aún. Al analizar el fenómeno del nacionalismo en general, se lo considera como parte de las determinaciones secundarias de la lucha de clases junto a la cuestión de la mujer, la ecología y el racismo. En el caso de la mujer reconoce que ella sufre una opresión que agrava la explotación capitalista[7] pero no la vincula a la necesidad del imperialismo, que es la fase superior y en decadencia del capitalismo, la “reacción en toda la línea” según la definición de Lenin, de potenciar todas las fuentes de recursos extraeconómicos para contrarrestar la tendencia declinante de la tasa de ganancia. La opresión, para los autores de la “crítica” refiere exclusivamente a la necesidad de dividir a la clase obrera, y en este plano la asimila al nacionalismo y al racismo que también tendrían el mismo propósito[8].

    Al analizar específicamente el tema del nacionalismo y no distinguir, como queda dicho, entre países oprimidos y opresores, R y R no puede ir más allá de caracterizar al nacionalismo como la expresión reaccionaria de la defensa de la “patria” contra otra burguesía[9]. Llega de ese modo a una conclusión políticamente devastadora sobre el carácter de las guerras en las que se ve envuelto un país oprimido: todas son igualmente reaccionarias. De este modo, al repasar la historia argentina se iguala la guerra contra Inglaterra y Francia de 1838 (un hito de la independencia nacional que la oligarquía terrateniente desbarató y que tuvo su batalla eminente en la Vuelta de Obligado) con la guerra del Paraguay de 1865 en la cual el gobierno de Mitre, aliado con el imperio esclavista brasileño, destruyó al Paraguay independiente, y finalmente ¡con la guerra de Malvinas¡[10].

    El Programa de la IV Internacional de 1938, en vísperas de la gigantesca carnicería de la II Guerra Mundial, distinguió cuidadosamente la actitud a tomar frente a la guerra en los países imperialistas y en los países oprimidos, a quienes los revolucionarios deberían ayudar contra el imperialismo, en la comprensión de que la derrota de todo gobierno imperialista en la lucha contra un país oprimido es el menor mal[11].
    Revolución permanente

    Según el señor Flores: “Podríamos concluir indicando que los compañeros del PO adscriben al programa maoísta y que, por lo tanto, en el fondo, depositan esperanzas en alguna fracción burguesa rezagada (como los chacareros)… su visión de la Revolución de Mayo es un calco de la kirchnerista”[12]. “Lo que pregonan es que vamos a reivindicar más o menos la revolución pero la revolución fue clausurada, no cumplió todas sus tareas y lo que tenemos que hacer es apoyar un proyecto que dirija una fracción de la burguesía más progresista y que esa fracción de la burguesía tiene que completar esas tareas que todavía no fueron llevadas a cabo”[13].

    Estas afirmaciones del señor Flores no se apoyan en ninguna cita y no podrían sostenerse en ellas, pues es público que ni nosotros ni el PO formuló jamás semejante disparate. ¿Qué es entonces lo que lo lleva a tan disparatadas conclusiones? Su propia miopía y sus propias anteojeras mencheviques. Los mencheviques deducían de la existencia de la opresión nacional y de la existencia de tareas democráticas y nacionales pendientes, la necesidad de que la clase obrera se encolumne detrás de la “burguesía nacional” de dichos países. Para el señor Flores y R y R si uno considera que hay tareas nacionales pendientes obligadamente debe asumir posiciones mencheviques. ¿Pero es esto así? Todo lo contrario, hace más de 100 años que Trotsky formuló los principios de la revolución permanente y que como lo saben Flores y R y R son los que nosotros sostenemos, al igual que la izquierda que se reclama trotskista (por lo menos formalmente). Veamos cuáles son las formulaciones precisas que sobre este punto desarrolló el Programa de Transición. “Los países coloniales y semicoloniales…viven en las condiciones de la dominación mundial del imperialismo… su desarrollo tiene un carácter combinado… la política del proletariado de los países atrasados está obligado a combinar la lucha por las tareas más elementales de la independencia nacional y la democracia burguesa con la lucha socialista contra el imperialismo mundial. Las reivindicaciones democráticas, las reivindicaciones transitorias y las tareas de la revolución socialista no están separadas en la lucha por etapas históricas sino que surgen inmediatamente las unas de las otras… Sobre la base del programa democrático revolucionario es necesario oponer los obreros a la “burguesía nacional”… El peso específico de las diversas reivindicaciones democráticas y transitorias en la lucha del proletariado, su ligazón recíproca, su orden de sucesión, está determinado por las particularidades y condiciones propias de cada país atrasado, en una parte considerable, por su grado de atraso. No obstante la dirección general del desarrollo revolucionario puede ser determinada por la fórmula de la revolución permanente”[14].

    No es solo una cuestión de comprensión teórica. La experiencia posterior confirmó plenamente las formulaciones del Programa de Transición, tanto en los casos de revoluciones triunfantes (China, Cuba) como en los casos de las revoluciones derrotadas (Nicaragua) o en los sucesivos fracasos de los movimientos nacionalistas para sacarse de encima el yugo imperialista.
    Ciclos revolucionarios

    En la presentación de la Revolución de Mayo que realiza el señor Flores (y R y R) se nota un esfuerzo por acomodar los hechos a las conclusiones que previamente ya fueron definidas, como esta idea de que “el desarrollo capitalista argentino ha llegado a toda su potencialidad”[15]. Como es bastante evidente que los acontecimientos de la primera década posteriores a mayo (que son los que tratamos en nuestro libro, vale la pena aclarar), no parecen acomodarse a esta conclusión (ya volveremos sobre esta década más adelante), el señor Flores (y R y R) inventan una nueva categoría para analizar las revoluciones y consideran, atención, que “la revolución debe ser juzgada luego de varias décadas”[16]. En palabras del señor Flores, “(a la Revolución de Mayo se la debe analizar en el largo plazo, así uno no se pierde en cuestiones de corto plazo… Uno encuentra que en 1880 tiene un mercado unificado, tiene una moneda única, ha tratado de desterrar todo tipo de relaciones precapitalistas y efectivamente más allá del nivel de acumulación en comparación con otros países y su inserción en el mercado mundial, que se hace sobre la base del agro que es la base más productiva, en la cual puede desarrollarse más eficientemente, uno lo que encuentra es que las tareas como burguesía han sido completadas”[17]. Si bien ya hemos señalado la falacia de considerar que la Argentina de 1880 había completado su desarrollo como nación liberada del yugo imperialista (señalemos de paso que el señor Flores (y R y R) tienen un acuerdo integral con las fantasías de la generación del ´80 al preparar las celebraciones del Centenario en 1910), es interesante ahora concentrarnos en esta curiosa teoría de los “ciclos revolucionarios”.

    Para el señor Harari “según el modelo que adoptamos, la revolución no puede circunscribirse a los momentos más álgidos de la lucha de clases… una revolución debe medirse por su ciclo… se trata de una tarea que lleva décadas. Los primeros años son los más encarnizados militarmente, luego vienen los enfrentamientos menos espectaculares, más moleculares, pero más definitivos. En un principio, el sistema social puede vivirla como un retroceso. Pero lo cierto es que la revolución solo puede ser juzgada luego de varias décadas”[18].

    Si se deja de lado la consideración de que hay ciclos y épocas revolucionarias, como lo fue el ciclo de la revolución burguesa en el mundo, dentro del cual se inscribe nuestra Revolución de Mayo, el planteo de los señores Harari y Flores es absolutamente falaz. Se disuelve el proceso vivo de la revolución - origen de “las transformaciones sociales que se producen en la Francia revolucionaria entre 1789 y 1794”, diría Engels - en nombre de un “gran ciclo” que vacía la lucha de clases. El propio señor Harari extrae de un desarrollo de Marx la consideración de que el ciclo de la Revolución Francesa sólo se completará en 1851[19]. Pero lo que en Marx es una apreciación de conjunto sobre los límites de las clases propietarias que fueron protagonistas de la Revolución, en los “críticos” es un operativo amnésico que le permite disolver el análisis concreto de la revolución, la reacción del Termidor, la restauración, las nuevas jornadas revolucionarias de 1830 y finalmente la revolución de 1848 que se cierra con el ascenso de Luis Bonaparte justamente en 1851.

    En relación a la Revolución de Mayo, el señor Flores afirma que “si uno cree que en 1820 se van a solucionar todos los problemas está equivocado”[20]. (Cualquier comparación con el discurso CFK sobre la “década ganada” y todo lo que queda por hacer no es simple coincidencia). Pero el señor Flores avanza sobre esa década y la califica como “una década de guerras civiles, de guerra en la cual el aparato de recaudación del Estado está en su mayor parte destinado a la guerra. Efectivamente es complejo realizar ciertas tareas revolucionarias”. A continuación desnuda su análisis al plantear que existiría una similitud con lo que “le pasó al partido bolchevique en la Rusia de la guerra civil, en el comunismo de guerra… Acá uno encuentra que el problema de la revolución es resolver la contrarrevolución, tiene que resolver el conflicto con los ejércitos realistas. Entonces en diez años uno no va a encontrar todas las transformaciones completas”[21].

    Señor Flores. Vayamos al grano. Bajo el gobierno del directorio (Posadas-Alvear primero y Pueyrredón después), los recursos del Estado no se usaron para la guerra contra la contrarrevolución y los realistas, salvo los escasos recursos brindados a la preparación del Ejército de los Andes. Por el contrario se utilizaron en hostigar y atacar a las fuerzas dirigidas por Artigas y a coaligarse con los portugueses para que invadan y ocupen la Banda Oriental, esto en medio de tratativas con los ingleses (Alvear) y portugueses (Pueyrredón) tendientes a una mayor subordinación a esas cortes. El señor Flores se hace eco de las corrientes de historiadores reaccionarios que acusan a Artigas de dividir el frente antiespañol, tema que refutamos en nuestro libro pero que el señor Flores no se tomó el trabajo de considerar. La alusión a los bolcheviques es una burrada. La revolución proletaria en la Rusia soviética tuvo que soportar la invasión de más de una decena de ejércitos extranjeros unidos a la reacción blanca y se la pretende comparar a una dirección que encarna el Termidor (Alvear-Pueyrredón) que en alianza con una potencia extranjera enfrenta militarmente a las fracciones más radicales del movimiento revolucionario. Nuestro libro analiza la encrucijada revolucionaria de 1815, en la cual una segunda oleada popular enfrentó al régimen de Termidor encarnado en el Directorio. Nuestro análisis no parte de conclusiones predeterminadas porque no tenemos ninguna atadura con las corrientes de ese período. Sólo nos interesa sacar las conclusiones de cómo se frustraron las aspiraciones revolucionarias en esa década crucial posterior a Mayo. Se ve que algo de esto ve venir el señor Harari cuando afirma que “en un principio, el sistema social puede vivirla como un retroceso”. El señor Flores debía centrarse en estos temas si quiere discutir algo y no irse por las ramas con los ciclos largos, que nada resuelven y además culminan en el ensalzamiento de la Argentina de Mitre y de Roca, en una voltereta que supera a liberales y revisionistas.
    Centralismo o federalismo

    Aunque el señor Flores no usa citas (en su “crítica” hay solo dos y una sola entrecomillada) trataremos de responder a las cuestiones concretas que plantea.

    Un tema es el del centralismo o federalismo. Flores hace una amalgama de lo más diversa pero formula una pregunta que no eludiremos. “¿La centralización es reaccionaria?”[22]. Al colocar nosotros a Moreno y a Artigas como dos representantes de las alas más radicales del movimiento de mayo, ¿no estaríamos defendiendo a un centralista (Moreno) en un caso y a un federal (Artigas) en otro?

    Tenemos que “reconocer” que efectivamente es así. (“Touché” pensará Flores en su diminuta comprensión de la historia). Es que lo nuestro es deliberado. No hay una cuestión de principios entre una y otra variante. La revolución burguesa ha podido progresar con regímenes centralistas y con otros federales. Se trata, como siempre, de apreciar las circunstancias concretas en las revoluciones concretas. Contestando a la pregunta del señor Flores, la centralización como tal no es reaccionaria. Por eso Moreno y el Plan de Operaciones son valorados positivamente en nuestro libro (suponemos que Flores lo leyó). Y el envío de las tres expediciones auxiliadoras (al Alto Perú, al Paraguay y a la Banda Oriental) es una expresión de la iniciativa revolucionaria de la fracción liderada por Moreno en 1810. Pero las cosas cambian, señor Flores, la lucha de clases continúa y a veces, en períodos revolucionarios, es vertiginosa. Y los hechos son los hechos. A fines de 1811, el primer triunvirato (Rivadavia) firma el tratado con D´ Elio a instancias de Lord Strangford y entrega la Banda Oriental y Entre Ríos a los españoles. Y se produce un viraje que con la Asamblea del año XIII, y la conformación del Directorio va a convertir al nuevo “centralismo” porteño en el centro de la reacción termidoriana. A partir de entonces la corriente federal va a recoger las mejores tradiciones del partido “morenista”, que se disgrega. Algunos “morenistas” quedarán como funcionarios del Directorio, pero otros se reagruparán más tarde en las páginas de periódicos porteños enfrentados al Directorio como “La Crónica Argentina” y serán finalmente expulsados y desterrados por Pueyrredón a fines de 1816 y comienzos de 1817, junto a Dorrego.

    Por supuesto, todo esto está en el libro pero el señor Flores no necesita analizar hechos, él busca el efectismo. Lo que denunciamos en el libro es que en nombre de las supuestas virtudes del “centralismo” para dar lugar a una nación burguesa diversos autores consideran positivos los llamados monárquicos y hasta aristocráticos que estuvieron en boga durante todo el período de Pueyrredón y el Congreso de Tucumán (Milcíades Peña, entre otros). Y damos el ejemplo contundente de Brasil, que mantuvo una monarquía centralizada durante casi todo el siglo XIX junto a la esclavitud y un régimen atrasado y aristocrático. Lo que rechazamos firmemente y el señor Flores en cambio recoge es la doble impostura de considerar a los “unitarios” de Rivadavia y Lavalle, como los herederos del “centralismo” de Moreno, confundiendo la forma con el contenido, y lo mismo cuando igualan el federalismo de Artigas con el latifundismo liderado por Rosas.

    Es llamativo en este tema, la completa ausencia de referencias en la “crítica” del señor Flores al capítulo sobre Marx y Bolívar, en el cual justamente Marx critica los aspectos bonapartistas (¿para Flores será centralista?) del líder caribeño.
    EE.UU., el Reglamento de Tierras, los indios y los latifundistas “revolucionarios”

    No queremos dejar de responder algunas de las groserías que formula Flores, aunque más no sea que por una cuestión de salud mental.

    En primer lugar Flores nos adjudica una particular inquietud sobre por qué Argentina no fue EE.UU. De allí elucubra diversas conclusiones. El tema es más sencillo. Es bastante evidente para quien tenga uso de razón que Argentina no tuvo el desarrollo de EE.UU. y eso lo sabíamos desde hace mucho (fue escrito por Peña, por lo menos, hace más de 50 años). Con lo cual toda la “energía” puesta por el señor Flores en demostrar que aquí, a diferencia de EEUU, no hubo un desarrollo basado en los “farmers”, podría haberla dedicado a algo más productivo. (Aquí uno se vuelve a preguntar, Flores ¿habrá leído el libro entero?). Uno de nuestros propósitos fue avanzar, partiendo de la conclusión evidente de que la revolución burguesa NO había culminado exitosamente, en la determinación de cuáles fueron las corrientes más avanzadas del período hasta 1820, cuáles fueron sus alcances, sus programas y sus límites. Y, especialmente, cuál fue la participación de las masas en esas corrientes. Todo esto analizado en el terreno concreto de la lucha de clases de un período que obligó a todas las clases, fracciones y partidos a fijar posición, algo que es característico de los períodos revolucionarios (nuestras disculpas al señor Flores, pero aquí no corre lo del largo plazo).

    Se nos adjudica no haber analizado el Reglamento de Tierras. Le pedimos al señor Flores que vaya al capítulo 7, donde hay un subcapítulo que se llama “El Reglamento Provisorio para el fomento de la campaña y la seguridad de los hacendados” (nuevamente, ¿lo habrá leído Flores?). Antes de éste hay otro llamado “guerra de clases en el campo”, en el que se analizan las condiciones concretas en el que fue dictado el Reglamento. A diferencia del señor Flores, que se limita a transcribir su texto, como lo han hecho muchos autores antes, nosotros avanzamos en una caracterización de qué pasó al llevarlo a la práctica. Allí señor Flores, si le interesa, podría ir al capítulo 12 y al subcapítulo que se llama, “La aplicación del Reglamento de Tierras y la invasión portuguesa” donde se explica qué pasó cuando una parte muy importante de las masas de la campiña oriental tomaron en sus manos la aplicación del reglamento. Una violación de muchas de las restricciones que figuraban en el texto de los artículos (especialmente el que limitaba las expropiaciones a los malos europeos y peores americanos) generando la reacción contrarrevolucionaria de los latifundistas, muchos de ellos absentistas y radicados en Buenos Aires, dispuestos a desalojar sus campos aun a costa de entregarlos a los portugueses. (Como explicamos en el libro solo los recuperaron casi 20 años más tarde por un arreglo entre Rosas y Oribe).

    ¿Puede esta clase de latifundistas ser considerada la clase revolucionaria que forjó la “nueva y gloriosa nación”? ¿Aun cuando luego aparezca travestida al federalismo nacionalista bajo Rosas?

    No podemos dejar esta parte sin reparar el agravio gratuito que formula Flores contra los indios. Afirma en su texto, “Uno de sus “sujetos históricos” para los autores habrían sido los “indígenas” (¿cuáles?, ¿los cazadores recolectores de la Patagonia?, ¿los que se dedican al saqueo?, ¿los ayllus atravesados por diferencias de clase?, ¿o los englobamos a todos en el mismo concepto porque son morochos y no hablan bien el castellano ni se cubren como manda la decencia?)”. Señor Flores, lo suyo es una grosería. A quienes destacamos en el libro es a los guaraníes y a los charrúas (hubo otros también) que fueron protagonistas de la reforma agraria en la provincia oriental y en todas las luchas del período, tanto contra los portugueses como contra las invasiones porteñas. La provincia de las Misiones estaba poblada mayoritariamente por indios, que habían sido educados e incorporados a actividades productivas desde la época de los jesuitas. Como debería saber, dado que el señor Flores se precia de culto y formado en la Academia, ese fue el único período en que Misiones fue provincia, tuvo gobierno propio, envió diputados a los Congresos federales y tuvo su primer y único gobernador indio, Andresito Artigas. (Perón la convirtió en provincia en su primer gobierno). Andresito tuvo que asumir provisoriamente la gobernación de Corrientes para desbaratar un complot de signo porteño del patriciado correntino. Incluso en Purificación Artigas entregó tierras a tribus guaycurúes provenientes del Chaco. Como decimos en el libro fueron los más leales a Artigas hasta último momento. También denunciamos el genocidio perpetrado por los invasores portugueses sobre los pueblos indios de las Misiones que quedaron devastados tras la ocupación (las Misiones orientales son hoy en día territorio brasileño), en un anticipo del genocidio que 50 años después asolaría al Paraguay.
    Epílogo

    La negación de la cuestión nacional en la Argentina de parte de una corriente política podría remitirnos a las posiciones planteadas por Rosa Luxemburgo y Piatakov (1916) en oposición al reconocimiento de la “autodeterminación nacional” bajo el supuesto de que ésta era irrealizable bajo el imperialismo y que la revolución socialista significaría la destrucción de las fronteras nacionales – a través de la disolución de las naciones, un planteo que Lenin refutó sosteniendo que “así como es imposible un socialismo victorioso que no realizara la democracia total, así no puede prepararse para la victoria sobre la burguesía un proletariado que no libre la lucha revolucionaria general y consecuente por la democracia”[23].

    Estaríamos hablando, en tal caso, de un debate zanjado en las filas del socialismo revolucionario hace casi cien años.

    Pero tenemos una referencia mucho más cercana.

    Estas posiciones se plantearon en la Argentina dentro del movimiento cuarta internacionalista en los albores de la década del cuarenta, cuando la dirección que actuó en el vacío dejado por el asesinato de León Trotsky, fijó una posición en el mismo sentido que hoy los señores de R y R, negando la distinción entre países opresores y oprimidos y negando la necesidad de que el proletariado de estos últimos pelee por la liberación nacional.

    La dirección de la IV, enormemente aislada y golpeada en ese período, pudo haber caracterizado erróneamente el desarrollo de las fuerzas productivas en la Argentina en el período precedente, y llegar a considerar que nuestro país había dejado atrás la condición de país oprimido y atrasado (una confusión que no puede haber sido gratuita, desde el momento que los principales animadores de la IV –Ramos, Posadas– se volcaron hacia el nacionalismo burgués, encarnado en el peronismo).

    ¿Pero cuánta agua corrió bajo los puentes desde entonces? Los señores de R y R no pueden aparearse a Rosa Luxemburgo, un águila que encaró el debate en un período en que el imperialismo comenzaba a conocerse; ni las confusiones de la debilísima dirección del movimiento internacionalista en 1941.

    La posición “socialista pura” de R y R no tiene estos atenuantes. Es una posición excéntrica, sin sustento teórico alguno, que le permite presentarse como una variante de pensamiento original y medrar desde los patios traseros de la Academia (no de la Academia en sí). El objetivo no es su trascendencia, apena su supervivencia como grupo. El conflicto por la 125 le permitió afirmar que la Argentina es un país económica y políticamente independiente sobre la base de identificar a los pool de siembra (cuya potencia deriva del capital financiero) como una suerte de burguesía pionera en la constitución de la nación. Es cierto que no estuvieron solos…

    Hasta aquí la respuesta. Esperemos que el esfuerzo sirva.

    Christian Rath y Andrés Roldán
    Agosto 21 2013


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Lun Dic 02, 2013 4:06 am

    Continúa:

    Por respeto a la ciencia (parte I):
    Por respeto a la ciencia (primera parte)
    Una respuesta inicial a Christian Rath, a propósito de la Revolución de Mayo


    A pesar de nuestras previsiones, y obligado por las circunstancias, Christian Rath, dirigente del Partido Obrero, decidió responder a nuestra reseña a su libro sobre la Revolución de Mayo. En una muestra de dudosa honestidad, decidió no hacerse cargo de nuestros principales señalamientos. Nosotros, en cambio, aprovechamos esta réplica para incorporar aquellas críticas que quedaron originalmente afuera. Como la cantidad de sus desaciertos es infinita y la gravedad de los errores, inconmensurable, hemos dividido nuestro descargo en dos partes. Aquí, le ofrecemos la primera. Un consejo: no agote su capacidad de asombro, que hay mucho más en lo que se viene…

    Juan Flores
    CEICS-GIRM

    En el número pasado, realizamos una reseña de un ensayo, escrito por un miembro de la dirección del PO, sobre la Revolución de Mayo. No marcamos allí nada que no hubiésemos señalado antes: la notable muestra de improvisación, el plagio de ideas ya escritas por el nacionalismo y el profundo desprecio por el conocimiento y el trabajo intelectual. A diferencia de otras veces, Christian Rath se vio obligado a esbozar una respuesta [1]. En ella, se elude responder a la mayoría de las críticas. En cambio, para evitar discutir historia argentina, se nos acusa de no seguir a Lenin y se tergiversa algunas afirmaciones nuestras. Como corresponde, vamos a señalar todo lo que Rath omitió responder y vamos a abordar las nuevas afirmaciones del ensayista. Como la cantidad de errores es innumerable, no podemos señalarlos a todos en este espacio. Por eso, vamos a dar a conocer nuestras críticas en dos entregas. En esta primera, hacemos mención a todo lo que Rath no responde, a aquello que tergiversa y trazamos una primera muestra del desconocimiento de hechos históricos elementales y de las premisas del socialismo, que caracteriza a nuestro crítico ofendido. En la próxima, vamos a relatar más pormenorizadamente las atrocidades que se ha animado a escribir quien se hace llamar un “dirigente”.



    Si no fuera por Christian…

    Ante todo, una cuestión sobre el método. Rath parece enojado por nuestros señalamientos y exige “mayor respeto”. Pues bien, fuimos más que respetuosos: nos tomamos el tiempo y el esfuerzo de leer un libro mal escrito y peor documentado (la verdad sea dicha), realizar una reseña y publicarla en nuestro periódico. Realizamos un relevamiento del material en tiempo récord y acudimos a la presentación (el libro salió a la venta un día antes) a plantear algunas preguntas. Allí se nos censuró. En la Biblioteca Nacional, se censuró también al público, con el único objetivo de cuidar a los autores de cualquier intervención que desnude lo evidente. Esa es la verdadera falta de respeto.
    Se sostuvo, además, que criticábamos tan sólo con el afán de “figurar”. Una acusación que no cree ni su mismo autor. Hemos comenzado a escribir sobre el tema en 2002. Desde entonces, hemos producido dos tesis de licenciatura (2008 y 2010), una de doctorado (2011), tres libros (2006, 2009 y 2010), dos de ellos agotados y uno que ya va por su tercera edición. Hay una tesis de doctorado más esperando ser defendida y una de licenciatura más en curso. Nuestros trabajos son bibliografía obligatoria en varias universidades y profesorados. Eso, sin mencionar nuestras intervenciones en medios masivos de comunicación (fuimos tapa de Veintitrés en 2008). Se han referido críticamente a nuestros libros sobre el tema autores kirchneristas (Di Meglio), el PCR, el PTS y el MAS, entre otros. Y hemos respondido a todos. Nuestro libro, Hacendados en armas, es reconocido como uno de los mejores trabajos de los últimos diez años en el propio prólogo del ensayo de quien nos acusa de no existir. Por último, La cajita infeliz, libro tan criticado por Rath, ya vendió 10.000 ejemplares y va por su cuarta edición en Argentina; se editó en Venezuela y está preparándose una edición europea a cargo de Akal. ¿Qué libro del PO, en sus más de 50 años de historia como partido, puede decir lo mismo? ¿De dónde sacó Rath la increíble idea de que lo necesitamos para que alguien nos lea? La misma megalomanía que le aconseja escribir sobre lo que no sabe, le inocula la fantasía de que él y su partido son el centro del mundo...

    La respuesta ausente

    Rath utilizó algo más de 33.000 caracteres, tres páginas de este periódico, para hacer un descargo. No obstante, eludió responder los principales puntos de nuestra crítica. Seguramente, porque no sabe cómo. Vamos a enumerarlos, porque siguen esperando una réplica: 1) Que su libro es un plagio del que escribió Azcuy Ameghino; Que el Reglamento de 1815 es parte de un proyecto burgués; 2) Que, en los llamados “modelos clásicos”, la burguesía revolucionaria posee un origen agrario; 3) Que la vía farmer es un mito; 4) Que no existe una división entre hacendados burgueses y hacendados productores de tasajo y “defensores del orden”; 5) Que la mano de obra esclava no es predominante en la campaña (representa el 7,8% de la población); 6) Que los pequeños productores del período revolucionario no poseían como principal reclamo la propiedad de la tierra, sino la posibilidad de pastar ganados en diferentes suelos; 7) Que Andresito Artigas apelaba al trabajo coactivo de los pueblos a los que tenía que “proteger”; 8)Que Artigas se enfrentó con esclavos y libertos; 9) Que la gran propiedad es precondición del desarrollo capitalista; 10) Que el libro está lleno de errores fácticos, como la confusión de los movimientos de 1816, en Buenos Aires.
    Estamos hablando de diez puntos centrales. La crítica elude a los diez. Aquí tenemos una segunda falta de respeto. No a nosotros, sino a los que siguen el debate e, incluso, a los mismos militantes del PO, que no esperaban vaguedades, sino una respuesta seria a cuestionamientos muy puntuales. Hasta que no se respondan estas cuestiones, no hay debate posible.

    Por amor a la patria

    En lugar de abordar las críticas específicas, Rath nos acusa de no repetir lo que dijo Lenin hace un siglo. O lo que programó Trotsky para la Rusia de (también) un siglo atrás. Según el dirigente del PO, a pesar de considerar que la revolución burguesa no había sido completada, la dirección del partido bolchevique jamás habría proyectado una alianza con la burguesía. Y, por lo tanto, se puede sostener lo primero (las tareas inconclusas) sin lo segundo (alianza con el capital). No obstante, la alianza obrero-campesina demuestra eso que Rath quiere negar: ¿qué otra cosa se oculta detrás del “campesinado”, sino la burguesía y la pequeña burguesía rural? ¿Y qué otra cosa es la NEP sino una política en favor de la burguesía rusa? Ahora bien, para el caso de nuestro país, ¿qué otra cosa es la exigencia de “reforma agraria” o “repoblar el campo”, sino la construcción de una burguesía rural? ¿No es eso otorgarle un lugar a la burguesía en la dirección? ¿Y qué es una dirección? ¿El carácter del personal político que ocupa la administración o el predomino de los intereses de determinada clase en un programa?
    La segunda acusación “teórica”, para no discutir historia, es que consideramos a los problemas nacionales como una determinación secundaria. Pues bien, admitimos nuestra culpa: somos internacionalistas, es decir, sostenemos que la nación es una determinación secundaria respecto a la de clase. ¿Hay que explicar que el socialismo consiste en considerar que los lazos que unen a los obreros del mundo son más determinantes que aquellos que los unen con sus patrones? ¿Para el PO la frase “Proletarios del mundo uníos” debe ser reemplazado por “Oíd mortales el grito sagrado”? Con sus afirmaciones, Rath llama a los obreros argentinos a confraternizar con sus patrones, en defensa de la nación. Por eso, no es raro que termine copiando al nacionalismo. Su pretendida hipótesis “novedosa”, que la revolución se clausuró en 1816, ya fue esbozada por Rodolfo Puiggrós, en 1942. Citemos, como corresponde:

    “Por más que el acta de Independencia firmada en Tucumán el 9 de julio de 1816 y la fórmula del juramento de la misma se refirieran a las Provincias Unidas en Sudamérica, es evidente que ese momento histórico marca el abandono por el gobierno de Buenos Aires del proyecto de unir a todo el continente o, por lo menos, a las partes del que fuera el Virreinato del Río de la Plata. Desde entonces, en adelante, se invirtió el proceso iniciado por la Revolución de Mayo. A través de la Junta Grande, de los Triunviratos y del Directorio, la política de expansión revolucionaria de la Primera Junta se había ido diluyendo hasta desembocar en su contraria” [2].

    Por respeto, si se va a copiar a otro, hay que hacer dos cosas. Primero, citarlo. Segundo, abandonar la pretensión de “novedad”. Rath no hizo ni una ni otra. Se comportó deshonestamente con aquellos que realmente se deslomaron investigando y con los lectores, a los que engaña con su supuesta “originalidad”.

    Mala fe

    Christian Rath deja de lado el grueso de nuestros planteos y discute con argumentos que no dijimos. En primer lugar, nunca sostuvimos, como nos atribuye “que aquí, a diferencia de EEUU, no hubo un desarrollo basado en los ‘farmers’”. Lo que dijimos, textualmente, es todo lo contrario: que ni aquí ni en EE.UU. se desarrolló una vía farmer. Y que eso era una virtud. Citamos:

    “cualquier capitalismo se desarrolló sobre la concentración de la tierra y la expulsión de los poseedores. En Inglaterra, los cercamientos posibilitaron la expansión de las relaciones capitalistas (Marx, en El Capital, tomo I, cap. XXIV). EE.UU., lejos del panorama idílico de Turner, vivió un proceso de concentración y expropiación a comienzos del siglo XIX.
    Creer que la vía farmer porta consigo el germen de la industrialización nacional no tiene el más mínimo asidero. ¿Qué mercado interno podría construirse si el farmer consume casi todo lo que produce? ¿Cómo se va a conformar un mercado de fuerza de trabajo si todos acceden a medios de producción y de vida? ¿Qué tipo de capitalismo imaginan que se puede formar sin la existencia de un mercado de fuerza de trabajo?”

    Si se repasa el conjunto de nuestras afirmaciones, se comprende por qué Rath adulteró nuestro planteo: para no responder a las preguntas que se formulan al final del párrafo.
    En segundo lugar, se nos acusa de no distinguir entre la Vuelta de Obligado, la Guerra al Paraguay y la Guerra de Malvinas. Nunca hicimos eso. Aunque son procesos liderados por la misma clase y con objetivos similares, tienen una dinámica diferente. El acápite citado de La cajita infeliz trata sobre qué es la nación y qué es el nacionalismo. Lo que se explica allí es que la nación es el espacio de acumulación de una burguesía, aunque Rath crea que es algo que debemos defender burgueses y obreros tomados de la mano. Por lo tanto, sobre las guerras nacionales, se dice lo siguiente:

    “Durante las guerras, población que no ‘sabía’ que era argentina se enteró violentamente. Porque el ejército le pasó por encima, porque el ejército la conquistó (no con flores, precisamente) o porque la movilizó (es decir, la ‘patria’ la ‘convocó’ a filas). Son momentos donde la burguesía desarrolla al máximo la compulsión nacionalista” [3]

    Siendo la nación una construcción burguesa, todas las guerras nacionales dirigidas por la burguesía argentina se hacen en defensa, primordialmente, de sus intereses: la de independencia en el siglo XIX y la de Malvinas en el siglo XX. Aunque una sea revolucionaria y la otra no, ambas son burguesas. Por lo tanto, en ambas, las masas cumplen la función de ser la carne de cañón. Si Rath hubiera leído algo de lo que publicamos, se habría enterado que los explotados, lejos de luchar por la “patria” -como dice el kirchnerista Di Meglio (a quien se rindió pleitesías en la presentación)-, se oponen a que los manden a la guerra. ¿Quién se hubiese beneficiado, de haber vencido Rosas en Vuelta de Obligado? ¿Los peones de la campaña o los grandes estancieros y comerciantes del puerto de Buenos Aires? ¿Conoce nuestro interlocutor el mecanismo de reclutamiento del ejército de Rosas (como los de cualquier “gesta”)? Se los “destinaba”. Es decir, iban mayoritariamente los que debían cumplir una pena. Si Rath hubiese leído, no ya algún libro de historia, sino Juan Moreira, se hubiese dado cuenta de la aversión que tenía la población al ejército de “las gestas nacionales”. En la referida novela, el protagonista prefiere perder a su familia y a sus bienes antes que ser enlistado. La conciencia histórica de Rath se encuentra más retrasada que la de Eduardo Gutiérrez. Y eso ya es decir…
    Por último, en vez de aclarar sus términos rayanos en el racismo, Rath nos acusó de “agraviar gratuitamente” a los “indígenas”. Justamente, lo que señalamos es que el concepto es inadecuado: hay indígenas explotadores e indígenas explotados. En el libro se los presenta todos en forma simplificada bajo el mote de “indios” (p. 152). Rath dice que sólo se está refiriendo a los charrúas y guaraníes de Misiones. Sobre ello, en su respuesta, se reivindica que Misiones haya tenido un gobernador “indio”. Empecemos por lo último: ¿el hecho de que haya habido un gobernador “indio” y que Misiones haya sido provincia representa un avance para las masas explotadas, sean indígenas o criollas? Nosotros le señalamos que el “indio” Andresito recurría al trabajo coactivo de sus “paisanos” e incluso se jactaba de ello. Para Rath, todo esto no importa, porque la determinación “nacional”, en este caso étnica, es más importante que la de clase. Es sobre eso que versa la crítica: como son morochos, para Rath son todos iguales…
    Ahora bien, no es cierto que el término “indios” en el libro sólo se aplique al caso de los charrúas y guaraníes. También se refiere con el mismo concepto genérico de “indios” a la población de Salta (p. 160). Pero, en este caso, también se equivoca. Para que se no nos acuse de plagiar, citamos: “[en Salta] la gran propiedad se nutría de mano de obra [indígena] que apelaba a las encomiendas” (p. 160). Allí citan el trabajo de Gelman y Barsky. Pues bien, si hubieran leído, en el mismo manual, unos renglones más, se hubieran encontrado con la siguiente afirmación: “La servidumbre indígena, que legalmente sigue vigente, es cada vez menos importante como forma de obtener trabajo” [4]. No lograron siquiera copiar decentemente…

    De Moreno a Artigas

    Rath y Roldán sostienen (plagiando a Puiggrós, como vimos) que la revolución fue clausurada en 1816 por la “oligarquía porteña” en el Congreso de Tucumán (p. 155). Este viraje habría comenzado, sin embargo, con el Primer Triunvirato y la Asamblea del año XIII. Así “el régimen colonial virado hacia la metrópoli inglesa no varió en absoluto” (p. 105). Es decir, no hubo ningún cambio social desde el siglo XVIII a la actualidad. Por lo tanto, o había capitalismo bajo el régimen colonial (y por lo tanto no hubo ninguna revolución, ni clausurada ni triunfante) o todavía seguimos bajo el régimen feudal. Como Rath no caracteriza documentalmente el modo de producción bajo la colonia (para evitar definiciones comprometidas), no sabemos a qué atenernos, aunque ninguna de ambas hipótesis (capitalismo colonial y feudalismo en el siglo XXI) resiste la evidencia elemental.
    En nuestra reseña, señalamos a los autores que era incorrecto trazar una continuidad política entre Moreno y Artigas. Especialmente, porque mientras a Artigas le atribuyen la causa federal, Moreno era unitario. Rath respondió que ellos nunca dijeron que Moreno fuera federal. Es más, se nos dice que “la centralización como tal no es reaccionaria. Por eso Moreno y el Plan de Operaciones son valorados positivamente en nuestro libro”.
    Rath se olvidó de lo que él mismo (¿él mismo?) escribió en su libro. Allí, dice explícitamente que “los integrantes del primer Triunvirato se han integrado al Partido Federal, expresión política de los terratenientes bonaerenses y oposición viva al ideario federalista de los más lúcidos hombres de Mayo” (p. 101). Para Rath, Moreno representa lo más avanzado de 1810. Por lo tanto, siguiendo su razonamiento, este dirigente es parte del “ideario federalista”. O Moreno era federal (lo que niega en su respuesta) o no representa el sector más lúcido de Mayo (lo que en su respuesta afirma). En lugar de reconocer su error, como cualquier militante honesto, Rath decide cambiar su argumento inicial con tanta ingenuidad que se olvida que ya lo había escrito.
    Pero hay más, porque Rath lanza frases al aire sin verificar qué es lo que está diciendo. Estimado Christian: ¿qué significa que los hombres del Primer Triunvirato “se integraron” al Partido Federal? ¿Qué ese gobierno es su antecedente? ¿Quiénes se integran? Veamos: Feliciano Chiclana no puede ser, porque apoyó a Pueyrredón y se retiró de la política en 1822. Juan José Paso tampoco, porque fue un congresal del unitarismo en 1824 y se alejó de la actividad ante el fracaso de la Constitución. Sarratea fue ministro ante Brasil en 1839, una tarea muy puntual de quien fuera ministro de Rivadavia y de alguien que no era un terrateniente y que siempre destacó su ideal unitario. ¿Vicente López y Planes? Fue diputado unitario y se encargó, luego de Caseros, de expropiar los bienes de Rosas. ¿Quién queda? El secretario de ese gobierno, quien fuera considerado el “cerebro” del mismo: Bernardino Rivadavia…Sobran las palabras.
    Está bien, abandonemos por un momento esta cuestión del centralismo y el federalismo. Rath nos dice que la continuidad entre Moreno y Artigas es el rechazo de la alianza con el capital inglés. Pues bien, lo lamentamos: esto tampoco es cierto. Artigas pactó con Inglaterra varios tratados de preferencia comercial. Al respecto, en los Informes de comercio exterior del gobierno de Martín Rodríguez encontramos la siguiente afirmación:

    “Lo que no dicen los ingleses es que en época tan duramente calificada, ellos fueron los únicos que hicieron grandes negocios contando con el apoyo de Artigas y Rivera y suponemos que de todos los jefes que seguían al caudillo oriental. Negocios, por otra parte, que no se limitaban a aquella banda del Río; en Buenos Aires, como veremos, sucedió lo mismo. El 23 de marzo de 1815, Fructuoso Rivera, desde la Colonia, otorga al ciudadano inglés Thomas Briggman libertad para pasar con su carga de la goleta Santa Fortuna ‘de la propiedad de dicho comerciante y sus compañeros todos ingleses’” (Archivo General de la Nación, Sala VII, 7-1-11)

    Hay más evidencia: el 26 de septiembre de 1815, Francisco de Alzogaray, corresponsal de los Anchorena en Santa Fe, le escribe diciendo que “las órdenes de Artigas son francas para los buques que traigan patentes inglesas” (AGN, VII, 4-3-5). ¿Tanto cuesta darse una vuelta por el archivo?
    Por último, puede señalarse que el 2 de agosto de 1817, Artigas –como cualquier dirección burguesa sensata- realizó un acuerdo comercial con los ingleses, en el que les confería garantías y buen destino a sus mercancías [5]. Cualquier historiador que se dedique a la Banda Oriental conoce estos datos. Christian Rath y Andrés Roldán no, porque no se tomaron el trabajo de consultar algo más que los tres libros que tienen a mano. ¿Leer? ¿Para qué? Nuestro amigo tiene cosas más importantes que hacer…

    La ignorancia no enseña

    Como vemos, Christian Rath utilizó casi el doble de espacio que nuestra reseña para no responder. Y no ha respondido sencillamente porque no tiene los elementos para hacerlo. Lo que sí ha hecho es alterar candorosamente nuestras posiciones, para darle una oportunidad a su réplica. Decimos “candorosamente”, porque lo que está escrito no puede adulterarse. Por último, ha demostrado desconocer los elementos básicos para un abordaje histórico y las reglas básicas de la honestidad intelectual. En el camino, ha tenido el mal tino de evidenciar su incomprensión de la naturaleza de la Revolución Rusa y de los principios elementales que guían al socialismo revolucionario.
    Hasta aquí, hemos rondado en los ordenadores más generales de la discusión (el plagio, el programa socialista). Queda mucho por decir. En la próxima entrega, no sólo revisaremos minuciosamente cada afirmación histórica con datos a mano, sino que, muy lejos de lo que se nos acusa, se verá todo nuestro esfuerzo por ayudar a Christian (vamos a llamarlo así, a esta altura) a rescatar algo de todo ese ensamble cosido a las apuradas. Seguramente, el lector ya adivina el resultado…

    NOTAS:
    [1] “Aunque ud. No lo crea… Respuesta a los señores de Razón y Revolución”, en http://laclausurada.com.ar. El libro en cuestión: Rath, Cristian y Roldán, Andrés, La Revolución Clausurada, Mayo 1810-Julio 1816, Editorial Biblos, 2013. Todas las citas señaladas entre paréntesis corresponden a este libro. Nuestra crítica fue Flores, Juan, “Mito, plagio y desprecio, acerca del libro La Revolución Clausurada de Cristian Rath y Andrés Roldán” en El Aromo, n°73, 2013. Todos los resaltados son nuestros.
    [2] Puiggrós, Rodolfo, Los caudillos de la Revolución de Mayo, Editorial Contrapunto, 1972 [1942], p. 353.
    [3] Sartelli, Eduardo: La Cajita Infeliz, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2013, p. 540.
    [4] Barsky, Osvaldo y Gelman, Jorge, Historia del agro argentino. Desde la conquista hasta fines del siglo XX, Grijalbo, 200, p. 90. Para este problema, véase también Mata de López, Sara: Tierra y poder en Salta: el noroeste argentino en vísperas de la Independencia, CEPIHA, Universidad de Salta, 2005. Nuestras objeciones al modelo de relaciones campesinas se pueden hallar en Flores, Juan, “El viejo norte”, en El Aromo, n° 70, 2012.
    [5] Reyes Abadie, Washington: Artigas y el federalismo en el Río de la Plata, Hyspamérica, Buenos Aires, 1986, pp. 234-235.

    Por respeto a la ciencia (parte II):
    Por respeto a la ciencia (II)
    Segunda parte de la respuesta a Christian Rath, sobre la Revolución de Mayo
    *

    En el número pasado, comenzamos una respuesta al “enojo” del PO por nuestras críticas a su libro sobre la Revolución de Mayo (La revolución clausurada). Señalamos que su ofendido autor, Christian Rath, no respondía a nuestros señalamientos y que defendía tradiciones burguesas. Aprovechamos, también, para identificar errores graves. Aquí, la segunda parte. Agárrese fuerte, porque entramos en un túnel muy oscuro…

    Juan Flores
    GIRM-CEICS

    Para retomar el hilo de la crítica, vale repasar los tantos: este año, el PO, a través de dos autores (Christian Rath y Andrés Roldán) editaron un libro sobre la Revolución de Mayo, llamado La revolución Clausurada [1]. En su momento, escribimos una crítica. Parece ser que Rath se “ofendió” y publicó una respuesta que duplicaba en extensión a nuestra crítica. Pues bien, en la edición pasada le respondimos: pusimos de manifiesto cómo los dirigentes del PO evadieron la mayoría de nuestras críticas y dejamos constancia de un sinfín de afirmaciones erróneas. Como el espacio es tirano, tuvimos que dejar algunas cuestiones importantes en el tintero a la espera de este nuevo número [2].

    Del Triunvirato al Directorio

    Al ocuparse de los gobiernos posteriores a la Junta Gubernativa (o Primera Junta), Rath y Roldán llaman al “Triunvirato” (¿a cuál? ¿Al primero, de Rivadavia, o al Segundo de la Logia Lautaro?) “la contrarrevolución porteña” (p. 93) y, luego, ambos son equiparados con el Termidor (p. 134). No obstante, Termidor no es lo mismo que contrarrevolución. El primero representa las fracciones interesadas en detener la revolución, aunque sean parte de ella. La segunda, el intento de restaurar las relaciones sociales anteriores. El primero, asienta su poder en lo ya conquistado. La segunda, intenta destruirlo. Collot d´Herbois no es lo mismo que Luis XVI, así como Stalin no es lo mismo que Hitler. Trotsky lo entiende muy bien cuando llama a apoyar incondicionalmente a la URSS (en concreto, a la dirección termidoriana), contra cualquier ataque capitalista (es decir, contrarrevolucionario). Ahora bien, cuesta creer que ambos Triunviratos y el Directorio fueran “contrarrevolucionarios” cuando desbarataron una conspiración realista, ejecutaron a sus líderes, expropiaron a los contrarrevolucionarios (los compañeros pueden consultar los legajos de “Pertenencias Extrañas”, en el Archivo General de la Nación) y financiaron la campaña a Chile y al norte durante diez años. Fueron las fuerzas directoriales las que tomaron Montevideo en 1814. Fueron, también los gobiernos de la primera década revolucionaria los que expropiaron las tierras realengas y comenzaron un reparto de las mismas en un sentido burgués.
    Para poder definir si estamos ante un régimen del tipo termidoriano o contrarrevolucionario (lo que cambia el carácter de clase) es necesario, ante todo, definir el contenido de ese proceso. No obstante, Rath y Roldán no especifican ante qué tipo de revolución estamos, por lo que no sabemos cómo calificar al Triunvirato ni al Directorio. Si lo que analizamos es la revolución burguesa, entonces hay que juzgar a los gobiernos en torno a la instauración del capitalismo. Si los autores creen que lo que se jugaba era una revolución socialista, entonces el parámetro es otro. Eso sí, en caso de sostener lo segundo, deberían presentar un acabado corpus documental que convierta ese disparate en algo real.
    ¿En qué elemento se basan los autores para caracterizar este aparente Termidor? Primero, en un armisticio, el del 7 de octubre de 1811, entre Buenos Aires y Elío (el dirigente realista en Montevideo), por el cual la revolución se retira de la Banda Oriental. Lo que los autores no perciben es que dicho tratado, entendido en su contexto, era absolutamente lógico. Aunque Buenos Aires y Artigas habían logrado el apoyo de la campaña, Montevideo resistía de forma efectiva dada su facilidad al acceso al aprovisionamiento de material militar y al comercio por el puerto, a lo que se sumaba el bloqueo de Buenos Aires. El 20 de junio de 1811, la derrota sufrida en Huaqui provocó la disolución del Ejército del Norte y abrió peligrosamente un flanco vital al enemigo, que llegó hasta Tucumán. Ese mismo año, las tropas revolucionarias perdían el control del Paraguay y Buenos Aires se hallaba incapacitado para realizar un reclutamiento en regla. De hecho, ya había sufrido dos levantamientos populares (abril y diciembre de 1811), por ese motivo. A eso debemos agregar el frente de flotas realistas en el Río de la Plata, que conformaban un peligro latente. La situación era apremiante. ¿Acaso Trotsky no firmó un acuerdo “vergonzante” en Brest-Litovsk? El tratado de 1811, buscaba “tercerizar” el problema portugués en los realistas. Cuando estos últimos no cumplen su función, el armisticio se rompe y Buenos Aires vuelve a la carga. La burguesía porteña nunca abandonó su interés por la Banda Oriental, mientras el objetivo fuera viable. De hecho, la recuperó en 1814 y volvió a intentar reconquistarla en 1825.
    Al respecto, en nuestra intervención radial, señalamos que la revolución debió resolver el mismo problema que la Revolución Rusa: la contrarrevolución. Los autores niegan que el problema sea el mismo. Sin embargo, si la revolución rusa tiene que enfrentar decenas de ejércitos, el poder revolucionario del Río de la Plata tiene que lidiar con los realistas en sus tres fronteras: Norte (Alto Perú), Este (Elío y Portugal) y Oeste (Chile), sin la cantidad de población que ostentaba Rusia.
    Como afirmar frases sin sustento empírico es gratuito, Rath sostiene que “los recursos del Estado no se usaron para la guerra contra la contrarrevolución y los realistas, salvo los escasos recursos brindados a la preparación del Ejército de los Andes”. ¿Miró Rath los números?
    Para junio de 1813 -antes del conflicto abierto con el artiguismo-, el Segundo Triunvirato sostiene 2.619 hombres en el sitio de Montevideo y recluta 3.464 hombres en Buenos Aires. El artiguismo, bastante menos: 2.173 hombres [3]. Ni que hablar del Ejército del Norte: a partir del estudio de dos muestras completas, vemos que entre diciembre de 1815 y marzo de 1817, el Directorio aporta el 35% de los gastos totales, contra el 26% entre julio de 1810 y octubre de 1811 [4]. Es decir, el financiamiento va subiendo, no bajando. Con respecto al Ejército de Los Andes, solamente en 1816, el Directorio financió con la suma de 1.062.313 pesos la campaña a Chile [5]. Si tenemos en cuenta que el gobierno recauda 6 millones en cinco años (de 1815 a 1820), podemos darnos una idea de la magnitud del esfuerzo. Si realizamos una simple proyección, nos encontramos que muy lejos de los “escasos recursos”, Buenos Aires está destinando casi todo el presupuesto a la guerra. Rath lanzó frases al aire porque no imagina que haya gente que trabaja seriamente el tema y es capaz de cotejar la información.
    El problema se agrava porque los autores no conocen información elemental sobre el período. Por ejemplo, el Primer Triunvirato tuvo que hacer frente a la conspiración de Álzaga de 1812. En relación a ese fenómeno, se dice: “En 1812, la Junta de Gobierno enfrentó una conspiración aún más seria que la de Liniers, comandado en esta oportunidad por Álzaga” (p. 78).
    Una primera cuestión: en 1812 no gobierna ninguna “Junta de Gobierno”, sino el Triunvirato (en cuestión, el primero). Ahora bien, dejando de lado este grosero error, según este relato, no puede decirse que el gobierno fuera contrarrevolucionario. No obstante, más adelante (pero en el mismo libro), los autores se desdicen por completo: “En julio de 1812, Martín de Álzaga […] fue fusilado y colgado de la plaza de la Victoria, acusado por el gobierno de liderar una conspiración […]. La campaña contra la supuesta conspiración tuvo dos caras visibles: Rivadavia y Monteagudo” (p. 90). Antes de discutir, otra vez, deberían ponerse de acuerdo en algo tan elemental como el contenido de una conspiración tan importante. Podrían haber leído algún material nuestro, en el que lo detallamos con información de primera mano [6].
    La hipótesis de que a partir de 1811 el morenismo es marginado no tiene sustento empírico. Ya les explicamos a los autores que el grueso del personal morenista continúa en puestos de dirección hasta, por lo menos, la caída de Alvear. Rath sigue repitiendo lo mismo “el morenismo se disgrega”. Otra vez, Christian (a esta altura ya tenemos algo de confianza, ¿no?): “Larrea, French, Beruti, Vieytes, Rodríguez Peña, Álvarez, Núñez, Posadas, Miguel de Azcuénaga, Monteagudo y siguen las firmas”. Fue lo que escribimos en su momento. ¿Dónde están los morenistas “federalistas”? ¿Podés dar un nombre, Christian? El hombre sigue en las suyas: lo leyó en algún lado, alguien se lo comentó por ahí...
    Hasta que le soplan al oído: hay algún morenista en La Crónica Argentina, un periódico que fue cerrado en 1817. Sí, Christian, uno solo: Pedro Agrelo. Pero nosotros dijimos que los morenistas llegaban hasta la caída de Alvear, que fue en abril de 1815, y La Crónica Argentina comienza a publicarse en 1816. En esa fecha, todos los alvearistas están en la oposición. Te soplaron mal. No coinciden las fechas…
    Está bien, somos demasiado precisos. Pobre Christian. Vamos a dejarle pasar este error. Vamos a hacer de cuenta que ese periódico se publicó antes de 1815 (digamos, en 1811, cuando comienza la “reacción”), que eran todos morenistas y que eran opositores al Triunvirato (a los dos, que, como sabemos, para Christian son uno solo) y al Directorio de Posadas y Alvear. Bien, ¿era este periódico parte del “ideario federalista” que se deslizaba hacia el artiguismo? Veamos qué dicen sobre los levantamientos federales:

    “En medio pues, de la indignación y de la angustia, que inunda mi alma el doloroso presentimiento de esta invasión, y de la tendencia a la anarquía de un pequeño número de refractarios, que deslumbrados y sin conocimiento verdadero de sus propios intereses sirven de instrumentos ciegos a los malvados; solo se descubre un porvenir lisonjero en el poder vigilante y activo del gobierno, que incesantemente ocupado en armar a los pueblos, sostenga con energía, vigor y constancia sus providencias para refrenar y tener a raya a esa masa de gente ignorante y bozal” [7].

    Se ve aquí el repudio a los levantamientos artiguistas (“anarquistas”, “gente ignorante y bozal”) y el apoyo al gobierno de Pueyrredón, al que auguraban un “poder vigilante y activo”. ¿Estos son los “federalistas”? ¿Christian, por qué hacés mención de un periódico que no conocés?
    Ahora bien, con respecto a las disputas del morenismo con el saavedrismo. En el año 2010, le señalamos que el Comité de Seguridad, órgano de persecución de la reacción, no había sido instaurado enero de 1811, sino en abril, tras el levantamiento popular dirigido por Saavedra. Le pasamos la cita, para que cotejara [8]. No obstante, en el libro de este año, Christian y su compañero repiten el mismo error:

    "En enero de 1811, sin Moreno, la Junta creó el Comité de Seguridad Pública para perseguir a la oposición y denunciar a los contrarrevolucionarios” (pág. 79).

    Así no hay forma de ayudarte, Christian…

    Artigas y su relación con las masas

    ¿Es Artigas el Babeuf latinoamericano, como nos dice el autor ofendido? No parece. ¿Era un partidario del atraso? Tampoco. Artigas es un revolucionario, pero un revolucionario burgués: una dirección revolucionaria de la burguesía oriental en oposición a la contrarrevolución y en competencia con sus pares porteños. En un contexto de revolución burguesa, un problema nacional todavía abierto, las burguesías regionales compiten por la hegemonía del proceso. Pueden encarar estrategias diferentes (centralismo, federalismo) y direcciones diversas (Artigas, Pueyrredón). Esas diferencias tienen, sin embargo, un hilo de continuidad: su contenido burgués. Le explicamos, en su momento, que toda su base de apoyo estaba en los hacendados de la Banda Oriental. Escribimos, en su momento, que el Congreso de Tres Cruces estaba restringido a los hacendados [9]. Los peones o esclavos no tenían voz ni voto. ¿Cómo hablar del artiguismo sin referirse a tan importante fenómeno?
    Se nos acusó de negar que en el libro se analizara el Reglamento de 1815. Christian, ustedes no analizan el Reglamento, lo que hacen es referirse a sus artículos sin examinar el texto ni establecer una jerarquización. Las fuentes deben ser traducidas, ese es el primer mandato del historiador. Artículos de tamaña importancia, como los que señalan quiénes tienen la prerrogativa política de asignar las tierras, pasan desapercibidos en el rubro de “autoridades y procedimiento de aplicación”. No se dice quiénes son los “alcaldes” ni los “vecinos” que tienen a su cargo la implementación del reparto. Tampoco se evalúa cuantitativamente el alcance del Reglamento, aunque supone que tiene un “objetivo igualitarista”.
    Leído correctamente, el Reglamento de 1815 no quiere más que instaurar el orden de la burguesía oriental bajo sus propias condiciones. Si los autores hubieran examinado el contexto de redacción, habrían caído en la cuenta de que lo que se presenta como un “reparto” es un sentido común de la época para colonizar suelos incultos o fuera del control del Estado. Ya desde el período colonial, esto era un problema, por lo que el asentamiento de pequeños productores fue el mecanismo por el cual se dio rienda a la creación de nuevos pueblos fronterizos. Para 1780, el virrey Vértiz, en consonancia con las recomendaciones del Comandante de Frontera, ordenaba conceder tierras a los blandengues (milicianos, en su mayoría pequeños productores) y a otros pobladores (generalmente, peones que no son “vecinos”) para defender los nuevos fortines:

    “Apruebo la proposición de que se fomente, y continúe en la formación de Pueblos, que se han empezado a establecer de mi orden al abrigo de los Fuertes de la Campaña a los que el comandante de ella hará desde luego recoger las Familias que considerase establecidas en parajes arriesgados […] y se proveerá lo conducente a la orden, policía y gobierno, que requiere la vida civil y administración de justicia entre los vecinos y pobladores” [10]

    Más tarde, con el fin de consolidar un nuevo orden para la propiedad privada, los gobiernos revolucionarios también intentaron establecer sus repartos fronterizos. Veamos lo que indicó el propio Pueyrredón, en 1817:

    “La indispensable precisión de consolidar, cuando sea dable, toda clase de relaciones con los indígenas inmediatos, de que resultará un aumento al grado de sociabilidad que ya van estos adquiriendo y otras razones políticas y de conveniencia pública, convencen la necesidad de aumentar los establecimientos que están avanzados a la expresada laguna o paralelos a la línea de ella, concediendo tierras a los que quieran dedicarse a la cría de ganados e industria agricultora. Bajo estos principios, los individuos que pretendan contraerse a este ramo de labor, ocurrirán a este Supremo Gobierno a denunciar los terrenos baldíos que gusten ocupar en aquella demarcación, los cuales le serán concedidos a merced, siempre que tengan aquella calidad, aun cuando antes hayan sido denunciados” [11]

    Como Christian tal vez no entienda el significado de todo esto, lo vamos a analizar (tal como debía haber hecho él con el Reglamento artiguista). En primer lugar, lo que se intenta es ganar tierras más allá de la laguna Kaquelhuincul de forma tal de incrementar las relaciones con tribus cuya actividad descansa en el comercio con los productores. Es decir que, lejos de representar una “intromisión” esos grupos necesitan la presencia de pobladores para dinamizar el comercio. Esas tierras serán entregadas a “individuos”, es decir, a gente que no necesariamente es “vecino”, ni siquiera “domiciliado”, sino que cualquier habitante, inclusive un migrante, puede acceder a esas tierras. En tercero, que esos individuos pueden denunciar terrenos baldíos ya denunciados, es decir, que ya tuviesen un aspirante a propietario. ¿Y quiénes denunciaban tierra? Los que habían tenido capacidad de hacerlo bajo el régimen colonial, lo que era sumamente caro. Ahora bien, Pueyrredón, a diferencia de Artigas, no pone el reparto en manos de “vecinos” ni de los Alcaldes de Hermandad. Es decir, los hacendados tienen un menor control, para estas tierras, que bajo el artiguismo. Rath y Roldán atribuyen como beneficiarios de las políticas revolucionarias (como se imaginará el lector, sin especificar cuáles son) sólo a los “latifundistas”, porque desconocen la cantidad de litigios entre grandes y pequeños productores fronterizos.

    ¿Ciencia o microhistoria?

    Para Rath, la resolución de la lucha de clases se comprende únicamente en el corto plazo. Para argumentar esto, se nos dice: “Si se deja de lado la consideración de que hay ciclos y épocas revolucionarias, como lo fue el ciclo de la revolución burguesa en el mundo, dentro del cual se inscribe nuestra Revolución de Mayo, el planteo es absolutamente falaz”. Claro, Christian, si se deja de lado algo tan fundamental como la existencia de esos ciclos, que determinan los hechos concretos, sí. Pero eso es como decir que si se deja de lado la ley de gravedad, el hombre puede volar… ¿Por qué hay que dejar de lado algo tan importante? La tarea del científico es incorporar las determinaciones esenciales a la explicación de los fenómenos y no desconocerlas. En una revolución, el largo plazo es lo que permite evaluar su victoria o su derrota. Veamos a una serie de ejemplos.
    A partir de 1794, el régimen de Termidor comienza a liquidar a las tendencias radicales de la Revolución Francesa. Napoleón les da el golpe de gracia y, en 1815, se instaura, otra vez, la monarquía borbónica. ¿Podemos decir que la Revolución Francesa fracasó, que fue un acto “profundamente antinacional”? Nuestro Christian razona de la siguiente manera: si se deja de lado que hay ciclos y épocas, hay que decir que los jacobinos fracasaron, Babeuf fue ejecutado, los borbones volvieron, ergo, la burguesía francesa no llevó adelante sus tareas históricas, el capitalismo francés no se desarrolló y Francia tiene pendiente las tareas nacionales…
    Vamos a Inglaterra. En 1688, los grupos más radicales fueron reprimidos (levellers, diggers). Cromwell está muerto y su régimen, enterrado. En medio de una restauración, la burguesía inglesa pacta con la nobleza protestante el desalojo del rey católico y la coronación de otro rey, Guillermo de Orange. ¿Puede decirse que Inglaterra no logró consolidar un capitalismo pujante? ¿Alguien se animaría a decir que la revolución burguesa allí fue incompleta? Nuestro interlocutor nos mira impávido: “si se deja de lado…”, repite… Bueno, Christian…está bien…
    En definitiva, el PO tiene derecho de sostener las hipótesis propias del nacionalismo, tal como lo hace. Tiene derecho a repetir al pie de la letra a Puiggróss, a Pigna y al maoísmo. Otra vez, hemos discutido con estas posiciones y lo hacemos asiduamente. Sin embargo, en este caso, dado este nivel de impericia de los compañeros en cuestión, no podemos iniciar una discusión seria. Lo que nos interesa discutir y demostrar aquí -y para ello utilizamos todo este espacio- es el profundo desprecio al conocimiento que tienen los dirigentes del PO, que no es otra cosa que la negación de su propia función de dirección política. Andrés Roldán nos ahorró cualquier argumentación, al decir, en la presentación del libro: “No somos historiadores. Tomamos un poquito de aquí, un poquito de allá…”. Toda una confesión de la falta de respeto a la clase obrera en general y a todos los militantes revolucionarios en particular. La ignorancia nunca puede ser reivindicada. Nunca.

    NOTAS
    *Poco antes del cierre, Christian Rath envió una respuesta a nuestra primera parte, en la que reconoce varios de sus errores. Para no desviar el eje del debate, tal como pretende el PO, publicamos la segunda parte y, en todo caso, en el número que viene haremos mención a la autocrítica de Rath.
    [1]Todas las citas señaladas entre paréntesis en el texto corresponden a Rath, Cristian y Roldán, Andrés: La Revolución Clausurada, Mayo 1810-Julio 1816, Editorial Biblos, 2013.
    [2]Véase Flores, Juan: “Por respeto a la ciencia (primera parte). Una respuesta inicial a Christian Rath, a propósito de la Revolución de Mayo”, en El Aromo, n°74, septiembre-octubre de 2013.
    [3]Rabinovich, Alejandro: “La militarización del Río de la Plata, 1810-1820. Elementos cuantitativos y conceptuales para un análisis” en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Tercera serie, núm. 37, segundo semestre 2012. P. 38
    [4]Halperín Donghi, Tulio: “Gastos militares y economía regional: el Ejército del Norte (1810-1817)”, en Desarrollo Económico, Vol. 11, n°41, 1971, Pp. 87-99
    [5]Hoffman, Fritz: “The financing of San Martín's expeditions”, en The Hispanic American Historical Review, vol. 32, num. 4, Duke University Press, 1952, pp. 634-638. También véase Halperin Donghi, Tulio, Guerra y finanzas en los orígenes del Estado argentino (1791-1850), Editorial de Belgrano, 1982.
    [6]Véase Schlez, Mariano: Dios, Rey y monopolio, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2010.
    [7]La Crónica Argentina, nº 13 (agosto de 1816), en Biblioteca de Mayo, tomo VII, p. 6384.
    [8]Registro Oficial de la República Argentina (RORA), Imprenta Especial de Obras, Buenos Aires, 1879, t. I, p. 108.
    [9]Véase Harari, Fabián: “Artigas, los caudillos y las masas. Una crítica a la historia ‘nacional y popular’”, en El Aromo, n° 24, octubre de 2005.
    [10]Bando del Virrey Vértiz, 3 de octubre de 1780.
    [11]Registro Oficial de la República Argentina, Doc. n° 1246, t. 1, p. 480. y Doc. n° 1270, t. 1, p. 487.


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    cpablo
    Colaborador estrella
    Colaborador estrella

    Cantidad de envíos : 4699
    Reputación : 4954
    Fecha de inscripción : 13/12/2011
    Edad : 25

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por cpablo el Lun Dic 02, 2013 8:05 pm

    ¿Tanto hilar para decir que la argentina no es colonia? Un poco de vision de la realidad les hace falta a los de R&R

    Razion
    Moderador/a
    Moderador/a

    Cantidad de envíos : 6891
    Reputación : 7310
    Fecha de inscripción : 29/09/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Razion el Lun Dic 02, 2013 8:46 pm

    cpablo escribió:¿Tanto hilar para decir que la argentina no es colonia? Un poco de vision de la realidad les hace falta a los de R&R
    Si bien son tipos que tienen muy buen manejo de datos, es notable que desprecien aquellos que muestran la gran dependencia de Argentina con Inglaterra, -muchos recopilados por Scalabrini Ortíz y el FORJA, fuentes que condenarán imagino-. Hay una clara manipulación de lo que dicen Rath y Roldán en función de ridiculizarlo, pero no apuntan a la crítica más política. También se considera que toda guerra nacional, necesariamente es burguesa, y no cabe en esa visión las guerras de liberación, que pueden desencadenar procesos revolucionarios por el socialismo (algo mencionado por Rath y Roldán). No me queda muy clara tampoco la crítica hacia la figura de Artigas (ya había leído un texto más extenso que le dedicaron), me parece una lectura tendenciosa de los documentos de la época (vi lo mismo en un texto de crítica hacia Walsh, en función de una sola oración, sacan una conclusión respecto al pensamiento político del individuo y se desprecian muchos otros aspectos, escritos, etc), pero, no es tan fácil para quienes no investigamos en historia ir a consultar las fuentes. Ahora lo que me parece notable, es que haya acuerdo en partidos de izquierda diversos entre sí en lo que refiere a la interpretación a la condición e historia de nuestro país, y no sea así con este grupo. Dudo que los diferentes cuadros de los partidos no hayan leído las fuentes, parece una chicana sin más.
    Habiendo leído un par de sus libros, no llego a las mismas conclusiones que ellos, me parecen forzadas (tomando como válido lo que exponen).
    En general con éste grupo el debate que siempre se termina dando es el mismo, y orbita en su posición respecto a la cuestión nacional.


    ------------------------------
    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


    "Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria."
    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
    Marcelo Bielsa

    surfas
    Colaborador estrella
    Colaborador estrella

    Cantidad de envíos : 4261
    Reputación : 4303
    Fecha de inscripción : 15/10/2011

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por surfas el Mar Dic 03, 2013 2:57 am

    ¿Habia otro hilo sobre la Revolucion de mayo, la caracterizacion del periodo anterior a 1810 y posterior al mismo no? ¿O me perdi de algo?

    Contenido patrocinado

    Re: Historia en Argentina

    Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 10:38 am


      Fecha y hora actual: Sáb Dic 03, 2016 10:38 am