"La Guerra Civil en España y la guerra actual - Nuestro Guernica" - publicado en 2002 en la revista Un Mundo Que Ganar, del maoísta Movimiento Revolucionario Internacionalista

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    "La Guerra Civil en España y la guerra actual - Nuestro Guernica" - publicado en 2002 en la revista Un Mundo Que Ganar, del maoísta Movimiento Revolucionario Internacionalista

    Mensaje por pedrocasca el Lun Nov 14, 2011 12:07 pm

    La Guerra Civil en España y la guerra actual - Nuestro Guernica

    escrito por S. K.

    publicado en la revista Un Mundo Que Ganar, del maoísta Movimiento Revolucionario Internacionalista – abril de 2002

    El texto se escribe a raíz de la inauguración de la exposición: La Guerra Civil en España - Sueños y pesadillas, realizada en el Imperial War Museum, Londres, 18 de octubre de 2001

    Una reciente exposición en Londres trata uno de los acontecimientos internacionalistas más inspiradores del siglo 20: la Guerra Civil en España, cuando fueron a ese país hombres y mujeres de todo el mundo para combatir junto a su pueblo contra un golpe de Estado fascista (que buscaba aplastar el movimiento y aspiraciones revolucionarios).

    La fuerza de la exposición era palpable en las grandes y variadas multitudes que atraía y en sus caras. Tal vez el elogio más digno que les corresponde a los organizadores es que la emoción, asombro, animadas conversaciones y lágrimas de los visitantes estaban a la altura de la importancia histórica de los acontecimientos mismos. Sin duda, las batallas de 1936 a 1939 en España aún forman parte de muchas vidas hoy, no como lejanos recuerdos (salvo en algunos casos), sino en los distintos resúmenes, conscientes o no, que tienen un efecto importante en las ideas políticas de las masas. Vale considerar por qué esa época, que ya parece tan lejana, tiene una resonancia tan persistente.

    El principal individuo asociado con la exposición, el historiador Paul Preston, escribió un ensayo para el catálogo para reunir los elementos que conformaron la exposición: fotos, películas, audiograbaciones, carteles, cartas, documentos y muchos artefactos (mochilas, banderas, botones y recuerdos), que en el contexto de la exposición, son sorpresivamente conmovedores. Debido a la asociación íntima de Preston con la exposición, el ensayo expresa explícitamente cómo seleccionó y presentó la exposición.

    Empieza citando a Albert Camus: "Fue en España que se aprendió que se puede tener razón y sin embargo perder, que la fuerza puede vencer al espíritu, que a veces el valor no es su propia recompensa. Eso explica, sin duda, por qué tantas personas en el mundo consideran que el drama español fuera una tragedia personal”. Según Preston, al final fue “la última gran causa".

    Desde luego, no fue la última gran causa, pero fue grande, por lo que representó y del que formó parte, y no porque se perdió. La enorme fuerza de la exposición reside en la gran importancia de la causa para el pueblo de España y para los millones en el mundo quienes acudieron a su defensa de una u otra manera.

    Un detallado resumen político (y militar) de la Guerra Civil es una tarea pendiente del movimiento comunista internacional. Algunos camaradas han hecho investigaciones iniciales importantes. Aquí sólo lo haremos a grandes rasgos acerca de las cuestiones tratadas en la exposición. Aparte de su valor histórico, abarca lecciones vitales para las grandes luchas que necesitamos construir ahora mismo.

    La Guernica de hoy puede ser una fiesta de bodas de una aldea de Afganistán o de Irak. (Guernica, la famosa imagen de la Guerra Civil pintada por Picasso, fue una aldea vasca devastada por los nazis el 26 de abril de 1937 en el primer bombardeo aéreo contra civiles en la historia.) Siempre induce a confusión trasladar el pasado al presente. Ni los talibanes ni Saddam Hussein son la República española; de hecho, no tienen nada bueno en absoluto. Los bombardeos que los Estados Unidos y sus cómplices han hecho y preparan para el futuro son grandes crímenes; también es grande la actual necesidad de una furia apasionada, organizada y combativa.

    Las fuerzas armadas españolas se sublevaron el 17 de julio de 1936 porque el gobierno electo no reprimió un levantamiento de masas que amenazaba a la iglesia católica, el ejército, los grandes terratenientes y los capitalistas monopolistas. El gobierno del Frente Popular elegido el 16 de febrero no tenía nada de revolucionario, ni tampoco pretendía tenerlo. Pero la derrota electoral del partido fascista respaldado por la iglesia, y la victoria de una coalición cuya promesa más popular era liberar a los presos de la revuelta minera de 1934 en Asturias, alentaron tomas de tierras, manifestaciones y actividades radicales las cuales el gobierno odiaba y temía. Preston escribe que, entre otras razones importantes, los generales buscaban derrocar la República, de menos de 5 años de edad, y reemplazarla con una abierta dictadura militar, porque "el nuevo régimen despertaba esperanzas excesivas entre los más humildes de la sociedad".

    El núcleo de la insurrección fascista era el Ejército de África, basado en la parte de Marruecos controlada por España. Las guarniciones en la península tuvieron algunos éxitos iniciales en el suroeste, noroeste y centro de España, y controlaban un tercio del país. No obstante, eso no logró lo que los Estados Unidos llama hoy un "cambio de gobierno". Los golpistas, cuyo próximo líder iba a ser el generalísimo Francisco Franco, no tomaron las principales ciudades industriales ni gran parte del campo. Se amotinaron los marineros revolucionarios de la flota mediterránea de España; arrestaron y en algunos casos ejecutaron a sus oficiales y se apoderaron de los buques. El grueso de las fuerzas fascistas, españolas y marroquíes, estaban acuarteladas en el norte de África, pero el gobierno republicano se oponía a una ofensiva naval. ¿Por qué? Pues, eso no lo iba a tolerar Inglaterra, que se consideraba el amo del Mediterráneo. Tampoco aceptaba apoyar los movimientos y sentimientos nacionales en Marruecos contra el ejército español ni declarar que España se renunciaría a todas sus colonias, pues eso enfurecería a Francia, el amo del norte de África y el resto de Marruecos. La Alemania nazi y el gobierno fascista de Mussolini en Italia suministraron aviones para transportar a tropas españolas por el estrecho y salvar lo que Preston llama "un golpe malogrado". Las clases dominantes de España contaban sobre todo con el apoyo de Italia, que buscaba ampliar su influencia en el norte de África y en Europa en detrimento de sus rivales franceses y británicos. El gobierno del Frente Popular confiaba en la ayuda de Inglaterra y Francia para aplastar la rebelión fascista. He aquí una de las mayores ventajas de los fascistas, y una de las mayores debilidades de la República.

    Casi toda la clase dominante británica era pro-franquista: quienes estaban en funciones, como el primer ministro Baldwin, que negociaban un acuerdo con Alemania e Italia para enemistarlos con la Unión Soviética, como los que creían, como Churchill, que no podían evitar un conflicto entre Inglaterra y su principal rival, Alemania. Francia, cuyo propio Frente Popular recién había entrado en funciones, primero hizo algunas promesas a la República y luego, las rompió. Bajo el pretexto de garantizar la "neutralidad" de España, Inglaterra impuso un bloqueo naval atlántico para impedir el suministro de armas a la República. Franco pudo recibir todo el apoyo que necesitaba de Alemania y en especial de Italia, que envió 50.000 tropas. La República obtuvo ayuda de sólo dos países: México y la URSS. Los Estados Unidos apoyaba firmemente el bloqueo e hizo todo lo posible para obstaculizar la llegada a España de pertrechos y voluntarios. Después de la II Guerra Mundial, los Estados Unidos se convirtió en apoyo principal de Franco.

    Los generales españoles pensaban que todo se acabaría en algunos días. Dondequiera que tomaran el control, ejecutaron a miles de obreros, campesinos pobres y sin tierra, e intelectuales. Consideraban terroristas potenciales a los miembros de esas clases. Franco no pudo asestar un golpe decisivo a la República. A las tropas leales al gobierno se les unieron de la noche a la mañana las milicias organizadas por los sindicatos y los partidos políticos. El gobierno republicano, basado en las débiles fuerzas burguesas españolas pro-británicas y las burguesías de las minorías nacionales de la tierra vasca y en especial de Cataluña, una y otra vez estaba dispuesto a aceptar la derrota. Cuando Madrid estaba cercado, huyeron los ministros, hasta que una columna anarquista los interceptara y los arrastrara de regreso a la capital. Entonces, por un tiempo, la situación parecía a punto de cambiar.

    La batalla por Madrid en noviembre fue sólo una de las muchas batallas monumentales de la Guerra Civil, pero seguramente fue una de las más aleccionadoras. Las fuerzas republicanas detuvieron el avance de las tropas de Franco en las afueras occidentales de la ciudad. Se libraron combates cuerpo a cuerpo de un edificio a otro en el recinto universitario y en un parque popular de paseos dominicales. Los obreros fabriles, ferrocarrileros, lavanderos, peluqueros, camareros, hombres y mujeres tomaron las tranvías o caminaron al frente directamente de sus centros de trabajo. Fueron mineros de Asturias con cargas de dinamita para formar unidades antitanques. Los taxistas manejaron tanques enviados por la URSS. El Partido Comunista organizó un regimiento de sus propias tropas y dirigió la organización de toda la población en las tareas de defensa y apoyo.

    Se les unió algo nuevo en la historia: las Brigadas Internacionales, organizadas por la Internacional Comunista (Comintern). Cruzaron ilegalmente por la frontera francesa: de unas cuantas personas al principio, principalmente refugiados revolucionarios de Alemania, Europa del este e Italia, pronto se convirtieron en torrente. Participaron 40.000 personas de más de 50 países distintos, la mitad obreros, según las estadísticas de Preston. Eran más que personas dispuestas. Muchos eran veteranos de batallas e insurrecciones revolucionarias, de la I Guerra Mundial o del servicio militar de tiempos de paz. Enseñaron a los milicianos y a las milicianas a economizar municiones, colocar de la mejor forma las ametralladoras, ocultarse del enemigo y sobre todo combatir en unidades organizadas. Hicieron muchos aportes valiosísimos, en especial su visión y espíritu. Aunque en general combatían en batallones separados por nacionalidad e idioma, en Madrid, señala Preston, se distribuían entre los defensores en una proporción de uno a 30.

    En ese momento, el gobierno contaba con poco más que la decisión del pueblo a luchar, y el pueblo dio muchas pruebas de valor y creatividad. En los siguientes meses, las Brigadas Internacionales jugaron un papel importante repeliendo varias ofensivas contra los accesos de la capital. Sufrieron pérdidas terribles. Murieron más de la mitad de los integrantes de los batallones británicos y estadounidenses, muchos en la batalla del río Jarama de febrero de 1937, y casi todos los demás sufrieron heridas al menos una vez. Se fortaleció el ejército republicano, pero lo mismo hicieron las fuerzas armadas fascistas.

    LOS COMUNISTAS
    Pocas personas que hayan estudiado la Guerra Civil han cuestionado el hecho de que el Partido Comunista jugó un papel imprescindible en la guerra contra Franco. Tampoco lo hace Preston, pero sí afirma que simpatiza con "la lucha antifascista de la República española" y no "los crímenes del estalinismo". No es una posición sostenible. A lo mejor él reconocería que si no fuera por la Internacional Comunista bajo la dirección de Stalin, y el Partido Comunista de España (PCE) que formaba parte de la Comintern, la República se hubiera derrumbado casi de inmediato.

    Tal vez con el mismo espíritu ecléctico, Preston señala que la Guerra Civil era una mezcla de muchas contradicciones distintas: "No fue una guerra sino muchas. Fue una guerra de campesinos sin tierra contra los terratenientes ricos, de anticlericales contra católicos, de grupos nacionales regionales contra centralistas militares, de obreros industriales contra dueños de fábricas". Es cierto. La guerra juntó todas esas contradicciones en un solo haz, como tienden a hacer las guerras. Ésta fue una enorme ventaja para el proletariado de España.

    Nunca comprendieron este factor los que consideraban que la clase obrera solamente fue capaz de luchar por sus "intereses inmediatos" contra "los patrones", como los trotskistas y los anarquistas en España. Si se uniera el proletariado más estrechamente con todas las masas populares cuyos intereses favorecían la revolución omnímoda, y con todos los que se oponían a Franco, podía dirigir la guerra y la revolución por los pasos y etapas que fueran necesarios, y transformar tanto al pueblo como a sí mismo.

    En su ensayo, Preston se refiere a las "creencias contradictorias entre dar prioridad a la guerra o a la revolución". (Esta idea también sobresale en Tierra y libertad, la película del cineasta británico Ken Loach, acerca de la Guerra Civil.) Tal manera de plantearlo no tienen respuesta, pues se basa en la idea de que siempre se pierde "la buena lucha". Ésa es la lección que sacan muchas personas de la Guerra Civil, una posición que a menudo se disfraza de romanticismo, pero que fundamentalmente es cínica y paralizante.

    En España, si revolución iba a haber, tenía que tomar la forma de una guerra contra Franco, y había que subordinarlo todo a ganar esa guerra. El Partido Comunista de España y la Internacional Comunista eran las únicas fuerzas resueltas a hacer la guerra hasta el fin. Por eso crecieron tanto la influencia y el número de militantes del Partido Comunista. Los trotskistas no eran revolucionarios en absoluto, aunque trataban de dar la apariencia de estar más "a la izquierda" que el Partido Comunista, centrándose en las demandas económicas de los obreros contra los capitalistas catalanes y dueños de granjas, quienes en realidad eran aliados antifranquistas. Ni tampoco lo eran los anarquistas (de ninguna manera todos) quienes dejaron que su búsqueda de libertad personal les cegara a la necesidad de disciplina y organización militares: las milicias y un ejército capaz de pasar a la ofensiva y de ganar la guerra, y no sólo defender un territorio. El Poder estaba en litigio y la guerra decidiría a favor de quién.

    Como la principal forma de la revolución tenía que ser la guerra, lo cual es cierto en todas las revoluciones en algún momento, ya que no se puede establecer ningún Estado revolucionario sin destruir al Estado y a las fuerzas armadas de la reacción, la política de esa guerra tenía que decidir la forma de librarla. En los mismos años, como parte de la Comintern Mao Tsetung dirigía la revolución china en otra guerra revolucionaria. En su resumen de la experiencia china e internacional, Mao sacó la lección de que "en la guerra, el factor decisivo es el pueblo, no las armas". Enseñó que cada clase tiene sus propias formas de guerra, con su carácter, objetivos y medios respectivos. Observó que toda la lógica militar se reduce al principio: "Ustedes luchan a su manera y nosotros a la nuestra", y que el proletariado debe forjar la estrategia y las tácticas militares para poder aprovechar sus ventajas particulares, desencadenando la iniciativa y entusiasmo de las masas y apoyándose en ellas. Una guerra popular así no se hizo en España.

    UNA POSICIÓN CONFUSA
    Siguiendo la línea de la Comintern, el PCE adoptó una posición confusa acerca del contenido de la Guerra Civil: tendía a absolutizar la diferencia entre la democracia burguesa y el fascismo, y no reconocerlos como dos formas de dictadura burguesa, y se subordinó a los aliados vacilantes de la gran burguesía. Y en España, los comunistas fueron subordinando su actividad al trabajo de proteger al socialismo en la URSS, presionando a Inglaterra y Francia a sumarse a una alianza contra el Eje. En general, la manera de librar la guerra, por ejemplo, dónde y cuándo combatir, partía de lo que tal vez le hubiera convenido a Inglaterra y Francia, cuyos motivos engañosos y a veces contradictorios muchas veces eran difíciles de adivinar. Los comunistas construyeron un nuevo ejército burgués que libró una guerra convencional. Los soldados lucharon con una enorme heroicidad (al menos los hombres; a las mujeres las obligaron a retirarse del frente después de los combates iniciales) y entusiasmo en las narices de la muerte, que no podían igualar los combatientes de una causa reaccionaria. No obstante, no aprovecharon esos factores de una forma revolucionaria consecuente para poder usar todos sus recursos: iniciativa, creatividad, destreza militar y capacidad para supervisar la política de sus propios oficiales. La población civil se sentía marginada y más desmoralizada. Los altos oficiales se paralizaron a menudo y muchos desertaron.

    Tal vez fuera correcto que el PCE enarbolara la bandera de la República y de la alianza antifranquista que representaba, y seguramente eso habría requerido ajustes en la lucha de clases, ¿pero por qué significaba que el proletariado tuviera que subordinar sus intereses fundamentales a los de la burguesía? La debilidad fatal de la línea militar del PCE provenía de su análisis político equivocado.

    Ocurrió un momento sumamente penoso de la guerra con un incidente en Barcelona en 1937, donde estalló lo que Preston describe como "una miniguerra civil" dentro de la Guerra Civil. (Tierra y libertad la toma como momento central.) Barcelona había sido un semillero de tomas de centros de trabajo, comités revolucionarios y milicias, y se convirtió en foco de descontento con los planes del gobierno de restaurar la "normalidad" de la vida social de la preguerra. Cuando obreros dirigidos por el POUM (más o menos trotskista) y algunos anarquistas se apoderaron de la telefónica que controlaba las comunicaciones entre Barcelona y el resto del país, el gobierno local dirigido por los comunistas y otros republicanos envió tropas para desalojarlos. (Muchos otros anarquistas denunciaron la toma por su utilidad para Franco.) Como los comunistas confiaban en la burguesía tanto catalana como internacional, y no concientizaban a los obreros ni se apoyaban en ellos para jugar el papel dirigente en un frente único, surgió una peligrosa situación que aprovecharon los reaccionarios. En consecuencia, se dio un mayor reflujo del movimiento de masas en Barcelona y el resto de la República.

    En marzo de 1939, cuando por fin las fuerzas franquistas aplastaron a Madrid, dos años y medio después de su intento inicial fallido, los generales y ministros republicanos huyeron o capitularon. Según las cifras de Preston, además de los 400.000 muertos en la guerra, Franco mandó fusilar a 200.000 más después de la guerra y un millón fueron hechos presos o encerrados en campos de trabajo. Cientos de miles de refugiados tenían que aguantar bombardeos y metralla mientras caminaban hacia el asilo en Francia, cuyo gobierno también los internaba, aunque en circunstancias menos arduas. Muchos fueron a México o la URSS, los únicos países que les daban la bienvenida.

    Al hablar de la experiencia del proletariado internacional, Mao dijo que había experiencias que debemos elogiar y que debemos lamentar. España abundaba en las dos cosas: no fue una "causa perdida" ni la "última gran causa". Como ilustraron los acontecimientos de manera tan dramática, España no era un país aislado sino un eslabón débil del sistema imperialista mundial. Las debilidades del dominio reaccionario y las oportunidades revolucionarias se ligaban fuertemente con el tumultuoso desenlace de las contradicciones mundiales (las existentes entre los imperialistas y la lucha entre la revolución y la contrarrevolución), y no se vale considerar que la Guerra Civil haya sido "un ensayo general para una futura guerra mundial mayor", como si todo lo que pasó fuera inevitable, o como si la guerra no hubiera tenido ningún contenido revolucionario. El que se ganara o hasta si se perdiera, el avance del mayor levantamiento revolucionario de Europa desde la revolución rusa habría tenido un gigantesco impacto en la lucha de clases a nivel mundial y su desenlace posterior mientras se avecinaba la guerra mundial en medio de crisis en todos los países imperialistas.

    Al contrario del pseudoromanticismo de las causas perdidas, lo fundamental es que posiblemente las cosas habrían terminado de otra forma, y que habría sido posible conquistar más. Tal vez habrían perdido los revolucionarios pese a las circunstancias, pero desafortunadamente la manera de librar la guerra y la línea asociada con ella dejaron un legado confuso para las masas en esa época y para el futuro.

    Los que somos los herederos de la Comintern y trabajamos por reunir a los obreros de todos los países en una internacional comunista de nuevo tipo, tenemos el deber de sacar todas las lecciones necesarias y actuar en consecuencia.

    Aunque esta exposición no ayude de manera significativa a los que luchan por comprender algunas de las cuestiones más complejas que estaban en juego, sí iluminó con fuerza los gloriosos aspectos de la Guerra Civil mediante el método sencillo y efectivo de dejar hablar a las masas y a los que entregaron el corazón a las masas, cosa que se logró mediante películas, documentos y, muy poderosamente, "historia oral": audiograbaciones de testimonios presenciales que los visitantes podían escuchar en audífonos instalados en la exposición. Fue un museo de historia de altura. Cuando las voces de los obreros y obreras españoles describen concretamente su tratamiento como bestias de carga y cómo empezaban a alzar la frente durante la guerra, se empieza a sentir fuertemente que sin importar qué más sucedió, esta realidad fue un choque entre un viejo mundo asesino y un nuevo mundo que luchaba por vivir. Las fotos de guerra también eran singulares, reflejo del desarrollo de cámaras más ligeras y obturadores y películas más rápidos, que facilitaron la captura de la acción "en directo", así como reflejo de la posición y el valor de una generación de fotógrafos quienes establecieron una nueva norma moral y técnica para las décadas posteriores.

    LA SOLIDARIDAD MUNDIAL
    A lo mejor por las propias opiniones de los organizadores, como por razones prácticas, la exposición describió con una fuerza especial el movimiento solidario en el Reino Unido. La solidaridad mundial y lo que significaba concretamente fueron un tema central. Las entrevistas a personas quienes organizaron apoyo material a España en las fábricas, barrios y tabernas crean una asombrosa imagen de a qué grado el pueblo trabajador entregaba su comida, plata y vida a esta causa. Existían 150 grupos en el Reino Unido dedicados a ayudar a la República y casi ninguno que ayudaba a los franquistas. Llenaron 29 buques fletados de comida, ropa, material médico, ambulancias y otros vehículos. Y enviaron a conductores de ambulancias, personal médico, combatientes, hombres y mujeres, quienes no se preocupaban de cómo iban a volver a casa. Un viudo describe que en su juventud, él y su esposa fueron a España para luchar por sus ideales, dejando a sus hijos con familiares. Cuando describe sus experiencias, cuenta que murió su esposa ahí y concluye que todo valió la pena, se empieza a entender con mayor claridad cuán poderosa puede ser la fuerza del internacionalismo revolucionario.

    Las obras de arte, los documentos escritos, las grabaciones y otros materiales producidos en apoyo a la República por artistas e intelectuales de la época también lo demuestran de manera contundente. Además de dirigir la Guerra Civil en España, el proletariado internacional dirigía, en uno u otro grado, y no siempre de manera directa, a un enorme contingente de pintores, escultores, poetas, actores, músicos, compositores y artistas de toda índole. Crearon obras que se necesitaban con urgencia para popularizar la causa como de una calidad que perdurará para siempre.

    Nunca antes en la historia se había visto un movimiento tan internacional. No pudo haber existido sin la Comintern y sus partidos y las masas quienes se sacrificaron de manera tan incansable en todos los países.

    Es cierto que muchos participantes tenían ideas confusas, tanto espontáneas que por errores de dirección, pero es importante ver la esencia de lo que pasaba. En una carta a su madre, un joven músico inglés cuenta que él y su esposa habían visto a #muchachos cesantes de Clyde y asustados oficinistas de Willesden resistir (sin posiciones fortificadas) a una cortina de fuego de artillería que los soldados profesionales no podían resistir. Y lo hicieron porque resistir aquí y ahora significa que podemos evitar que la batalla vuelva a librarse en Hampstead Heath o en las colinas de Derbyshire...#. Muchas personas se sentían así, o al menos estaban convencidas de la necesidad de argumentar así a fin de ganarse a más personas. Seguramente fue ilusorio creer que la victoria contra Franco impidiera una guerra mundial que el gobierno inglés estaba decidido a librar en las circunstancias que más les favorecieran. Gran Bretaña necesitaba (y sigue necesitando) una guerra civil revolucionaria en Hampstead Heath y en las colinas de Derbyshire, entre otros lugares, pero eso es sólo un aspecto del problema.

    Tal vez el autor de la carta presentó su participación en la Guerra Civil como si fuera por egoísmo, o al menos por un deseo de proteger a su familia, sus amigos y sus compatriotas, pero en los hechos ofrendó la vida por algo más fundamental. La Guerra Civil partía de un levantamiento revolucionario y se ligaba a la URSS socialista, a la Comintern y a otras luchas revolucionarias, como la guerra revolucionaria en China. La República y sus partidarios toreaban con las maniobras cínicas de las potencias del Eje y de los Aliados, que se preparaban para librar una guerra mundial que se convirtió en uno de los mayores crímenes del imperialismo. Las masas británicas, y los pueblos del mundo, compartían enemigos comunes con las masas de España, tales como Hitler y Mussolini, y la clase dominante británica. A algunos escritores de hoy les gusta decir que la República gozaba de tanto apoyo a pesar del papel de los comunistas. Como se ha señalado, sin los comunistas, muy pronto no habría existido ninguna República a que apoyar, pero existe algo más fundamental: sin su papel, la Guerra Civil no habría tenido el mismo aspecto revolucionario y antiimperialista, y la idea de que de alguna manera se trataba de una lucha entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad no habría tenido tanto fundamento en los hechos. Había confusión, pero había una conciencia básica de que había bandos buenos y malos.

    En la última parte de la exposición hay un poema de un ex combatiente de la Guerra Civil: "Madrid en estos días de la angustia de nuestro planeta/ construida por los hombres cuya moral falsa/ empieza y termina con las cintas de la Bolsa de Valores", en referencia a las cintas de cotizaciones que entonces registraban las transacciones. ¿No es igualmente posible que este poema se refiera al mundo actual? Al fin de la exposición, una canción de una orquesta contemporánea joven contrasta esos días con nuestros tiempos: "El futuro nos enseña a estar solos/ el presente nos enseña a tener miedo y frío/ la gravedad nos hacer bajar la frente...". Hoy, al igual que en esa época, la Guerra Civil representa las aspiraciones a un mundo mejor, y es posible organizar y templar esas aspiraciones en las actuales luchas de las masas.

    POESÍA Y ROMANCE
    Hoy, el centro de las tempestades de la revolución mundial está en los países del tercer mundo. Existe tanta poesía y romance de la transformación revolucionaria donde la guerra popular ha generado los embriones del poder del pueblo como había en los años de la Guerra Civil. Aunque por diversas razones, nuestro trabajo de popularizar esas luchas es más arduo, otros factores pesan. No es posible escuchar el lema de la Legión Extranjera de Franco, "¡Abajo la inteligencia, viva la muerte!", sin pensar en los fundamentalistas religiosos y los elementos fascistoides del entorno de George W. Bush. Al pensar en la guerra mundial que estalló después de la Guerra Civil, no nos parece tan lejano en el tiempo. ¿Por qué, como parte de nuestra dirección de la lucha revolucionaria, no podemos construir una unidad muy amplia y dinámica con una gran variedad de personas de todo el mundo, inclusive de los países imperialistas, para oponernos al mundo que los imperialistas nos han impuesto y en especial para combatir la cruzada mundial que el imperialismo encabezado por los yanquis lanza hoy?

    Una de las lecciones de la Guerra Civil que vale tener en mente hoy es la siguiente: cuando las clases dominantes se hallan en medio de contradicciones y crisis, recurren a medidas más desesperadas y sanguinarias para unificar sus propias filas y reprimir a las poblaciones de sus propios países con los fusiles, mientras que buscan repartirse de nuevo las colonias y el mundo. No obstante, tales medidas son una apuesta desesperada y pueden poner en marcha fuerzas que no pueden controlar. El plan de Franco para restaurar el orden creó más desorden y jaló a las masas (que en tiempos ordinarios a menudo no le entran a la política) a una vigorosa vida política y desencadenó su entusiasmo por los cambios revolucionarios. Creó mejores condiciones para unir las masas y derrotar a los enemigos. Al ver la actual situación mundial a esta luz, podemos comprender con mayor profundidad tanto los peligros como las oportunidades que presenta.

    La Guerra Civil también nos muestra las tremendas posibilidades para lanzar un movimiento mundial de solidaridad y resistencia contra nuestros enemigos comunes y de igual importancia, nos muestra la necesidad de organizarlo de modo que se convierta en fuerza material. Era un mundo complicado en esa época y sigue siéndolo, aunque se han operado muchos cambios, como la configuración de clases en los países imperialistas. Hoy, no tenemos países socialistas ni una internacional comunista, y enfrentamos otras limitaciones, pero lo que hasta ahora hemos hecho de ninguna manera es lo que el curso de los acontecimientos en el mundo exige y permite.

    Un poema de la exposición habla de llorar por los "jóvenes poetas muertos" de la Guerra Civil. Es una imagen central que muchas personas tienen de esa guerra. Como demuestra tan bien la exposición, los poetas de todo el mundo, incluidos algunos de los mejores de ese siglo, participaron en esa lucha, en su mayoría al lado del pueblo, mientras que los pocos que eligieron de manera consciente estar del otro lado en su mayoría se quedaron en casa. Dos poetas muy famosos, Federico García Lorca y Miguel Hernández, fueron ejecutados por las legiones de Franco. (A propósito, algunos poetas, como Hernández, eran comunistas.) Hoy, uniremos a los poetas del pueblo, para decirlo de manera metafórica, y a las masas del mundo, pero rechazaremos la idea de los bellos perdedores quienes "libran la buena lucha". Queremos combatir bien, de acuerdo a la intrépida visión del proletariado y su capacidad de unificar y apoyarse en las masas populares más amplias, y queremos ganar.



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