"La religión en los clásicos del marxismo" - escrito por Serapio Mucha Yaros - capítulo del libro Religión y Mito en Mariátegui (incluye link de descarga del libro completo) - publicado por Bandera Roja, Perú - se lee completo en el Foro - Interesante

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    pedrocasca
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    "La religión en los clásicos del marxismo" - escrito por Serapio Mucha Yaros - capítulo del libro Religión y Mito en Mariátegui (incluye link de descarga del libro completo) - publicado por Bandera Roja, Perú - se lee completo en el Foro - Interesante

    Mensaje por pedrocasca el Vie Nov 04, 2011 7:17 pm

    La religión en los clásicos del marxismo

    capítulo del libro Religión y Mito en Mariátegui
    escrito por Serapio Mucha Yaros
    publicado por Bandera Roja - Perú

    El momento histórico que nos toca vivir se caracteriza por la ofensiva reaccionaria-conservadora encabezada por la superpotencia hegemónica hoy en el mundo: Estados Unidos y por el repliegue general y estratégico de las fuerzas renovadoras-revolucionarias. Nadie puede negar este hecho que se constata cotidianamente, salvo algunos ingenuos y ciegos incapaces de seguir de cerca el desenlace y desarrollo de los acontecimientos económicos, políticos y culturales a nivel mundial. Al identificar los diferentes ingredientes, actores e intereses que se hallan en juego en este proceso, encontramos que existen diversos problemas y contradicciones importantes que configuran la fisonomía del mundo actual.

    Parte de esos problemas y contradicciones es el fenómeno del resurgimiento de las creencias religiosas, donde las instituciones eclesiásticas verdaderos centros de poder económico y político, reafirman su “papel de escudo ideológico”1 de las fuerzas reaccionarias. Ante la falta de un impulso ideológico o por “la crisis de la mentalidad burguesa”2 expresada en lo que los intelectuales llaman “el fin de las ideologías”, las ideologías religiosas van tomando renovada fuerza. Particularmente la iglesia católica, a través de su exponente máximo: el Papa, entra en la arena de contienda ideológica y política a finales del siglo XX estableciendo su propia “geopolítica”, “geoeconomía” y “geoestrategia” con “una multitud de ambiciones globalistas” para desenvolver en el tercer milenio3.

    Estos hechos merecen ser analizados, especialmente aquellas facetas del fenómeno religioso y de las instituciones eclesiásticas que la caracterizan como ideología reaccionaria, a pesar de numerosos estudios realizados hasta ahora. Para ello es necesario retomar la crítica de la religión hecha por Marx, Engels y Lenin; porque son ellos quienes nos presentan los elementos básicos para una historia atea de las religiones.

    Hoy en día, cualquier crítica revolucionaria de la religión, es posible sólo a partir de las tesis establecidas por los clásicos del marxismo. La doctrina marxista, en cuanto ciencia, filosofía y teoría política integral en continuo desarrollo, sigue plenamente vigente. Como ciencia viva que abarca todo, al dar cuenta del proceso del conjunto de la realidad histórica, no ha dejado fuera la crítica del fenómeno religioso.
    Pero ésta no significa que Marx, Engels y Lenin hayan escrito un texto dedicado exclusivamente a la crítica de la religión; sino que en el proceso de su análisis de todo el conjunto de la realidad o en el conocimiento de las leyes generales del desarrollo social, tuvieron que enfrentar a esta problemática humana. La crítica de la religión que realizaron los clásicos del marxismo se encuentra dispersa en sus diferentes escritos. Al seleccionarlos encontramos que constituyen una verdadera fuente documental de profunda erudición científica e histórica, donde examinan desde su raíz el verdadero contenido y función social de la religión.

    Como verdaderos científicos no caen en afirmaciones y conclusiones apriorísticas o en la simple crítica agresiva. En una magistral interpretación materialista y dialéctica de la historia exponen los hechos, creencias e instituciones religiosas. Ponen al descubierto los verdaderos fundamentos, las aspiraciones, el dinamismo y el porvenir de este producto social que se llama religión.
    Las principales tesis de los clásicos del marxismo en la crítica de la religión que veremos a continuación, refutan de por sí la supuesta contraposición que existe entre los fundadores del marxismo. A menudo, “los intelectuales del panteón” a decir de Juan A. Mackay, yuxtaponen a Marx y Engels, manifestando que éste último es “más dogmático y mecanicista”4. Este mismo calificativo también lo utilizan para Lenin.

    1. Definición de la Religión. A la pregunta de qué es la religión, Marx responde en los siguientes términos: “…la religión es la conciencia de sí mismo y el sentimiento de sí mismo del hombre que aún no se ha encontrado o que haya ha vuelto a perderse. Pero el hombre no es un ser abstracto, agazapado fuera del mundo. El hombre es el mundo de los hombres, el estado, la sociedad. Este estado, esa sociedad, producen la religión, una conciencia invertida del mundo, porque son un mundo invertido. La religión es la teoría general de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica con formas populares, su point d‟honneur espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su solemne consumación, su razón universal de consuelo y justificación. Es la realización fantástica de la esencia humana, porque la esencia humana carece de realidad verdadera. La lucha contra la religión es, por lo tanto, en forma inmediata, la lucha contra el otro mundo, del cual la religión es el aroma espiritual. La miseria religiosa es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por la otra, la protesta contra esa miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo”5.

    A esta definición dada por Marx complementa Engels con esa claridad que le caracteriza: “La religión no es más que el reflejo fantástico, en la cabeza de los hombres, de los poderes externos que dominan su existencia cotidiana: un reflejo en el cual las fuerzas terrenas cobran forma de supraterrenas. En los comienzos de la historia son las fuerzas de la naturaleza las primeras en experimentar ese reflejo, para sufrir luego, en la posterior evolución de los distintos pueblos, los más complejos y abigarrados procesos de personificación. Este proceso está documentado en detalle, por lo menos para los pueblos indogermánicos, por la mitología comparada, desde su origen en los vedas indios y en su continuación entre los indios, los persas, los griegos, los romanos, los germanos, y según la suficiencia del material, entre los celtas, los lituanos y los eslavos. Pero pronto entran en acción, junto a las fuerzas de la naturaleza, también las fuerzas sociales, fuerzas que se enfrentan al principio al hombre como tan extrañas e inexplicables como las de la naturaleza y que le dominan aparentemente con la misma necesidad natural que éstas. Las formaciones fantásticas en las que al principio se reflejaron sólo las misteriosas fuerzas de la naturaleza cobran así atributos sociales, se convierten en representantes de poderes históricos. A un nivel evolutivo aún superior, todos los atributos naturales y sociales de los muchos dioses se transfieren a un único Dios omnipotente, el cual no es a su vez sino el reflejo del hombre abstracto. Así nació el monoteísmo, el cual fue históricamente el último producto de la tardía filosofía vulgar griega y halló su encarnación en el Dios exclusivamente nacional judío Yahvé. En esta forma cómoda, manejable y adaptable a todo, la religión puede subsistir como forma inmediata –es decir, sentimental- del comportamiento del hombre respecto de las fuerzas ajenas, naturales y sociales, que le dominan, y ello mientras los hombres estén bajo el dominio de dichas fuerzas. Pero hemos visto varias veces que en la actual sociedad burguesa los hombres están dominados, como por un poder ajeno, por las relaciones económicas que han creado ellos mismos y por los medios de producción que ellos mismos han producido. El fundamento real de la acción refleja religiosa sigue, pues, en pie, y con él el reflejo religioso mismo. El hecho de que la economía burguesa permita cierta percepción de las conexiones causales de ese dominio externo no cambia objetivamente nada. La economía burguesa no puede ni impedir la crisis en su totalidad ni proteger al capitalista individual de pérdidas, malas deudas y bancarrota, o al trabajador individual del paro y la miseria. Aún sigue valiendo que el hombre propone y Dios (es decir, el extraño poder del modo de producción capitalista) dispone. El mero conocimiento, aunque sea más amplio y profundo que la economía burguesa, no basta para someter fuerzas sociales al dominio de la sociedad. Para ello hace falta ante todo una acción social. Y cuando esa acción esté realizada, cuando la sociedad, mediante la toma de posesión y el manejo planificado de todos los medios de producción, se haya liberado a sí misma y a todos sus miembros de la servidumbre en que hoy están respecto de esos mismos medios de producción, por ellos producidos, pero a ellos enfrentados como ajeno poder irresistible; cuando el hombre, pues, no se limite a proponer, sino que también disponga, entonces desaparecerá el último poder ajeno que aún hoy se refleja en la religión, y con él también el reflejo religioso mismo, por la sencilla razón de que no habrá nada ya que reflejar”6.

    A estas dos definiciones claras y sintéticas añade Lenin: “La religión es uno de los aspectos de la opresión espiritual que en todas partes sofoca a las masas, agobiadas por el perpetuo trabajo para los demás, por la necesidad y el desamparo. La impotencia de las clases explotadas en su lucha contra los explotadores engendra la fe en un vida mejor más allá de la muerte tan inevitable como la impotencia del salvaje en su combate con la naturaleza engendra la fe en los dioses, en los
    demonios, en los milagros, etcétera. A aquel que trabaja y padece miseria toda su vida, la religión le enseña a ser humilde y resignado en la vida terrenal y a reconfortarse con la esperanza de la recompensa celestial. Pero a quienes viven del trabajo ajeno, la religión les enseña a practicar la caridad en la tierra, ofreciéndoles así una muy barata justificación para toda su existencia de explotadores y vendiéndoles a precios módicos billetes hacia la bienaventuranza celestial. La religión es opio para el pueblo. La religión es una especie de brebaje espiritual en el cual los esclavos del capital ahogan su fisonomía humana, sus exigencias de una vida medianamente digna del ser humano”7.

    ¿Existe alguna contradicción en la definición de la religión que nos señalan los tres grandes hombres de la ciencia materialista de la historia? Ninguna. Los tres están de acuerdo en forma plena en que la religión es tan sólo el reflejo fantástico del mundo real en su doble relación: la relación del ser humano con la naturaleza y la relación entre los seres humanos. La religión es considerada una ideología y reconocida como uno de los elementos dinámicos de la superestructura con hondas raíces sociales y que ejerce una influencia sobre la vida social y, por consiguiente, no puede ser comprendida al margen de la lucha de clases. La religión en cuanto “producto social con efectos sociales”, históricamente, está ligada a las clases dominantes. Aunque su origen es ajeno a la opresión y la explotación de una clase social por otra, su proceso de desarrollo y reproducción, su continuidad y adaptación bajo el amparo y la legitimación de las clases opresoras la convierten en opio del pueblo.

    2. Los Maestros del Proletariado, al establecer y desarrollar la ideología de éste, reconocen que la crítica de la religión no es nueva, pero sí adquiere un nuevo carácter, valor y estado con ellos. Marx en su Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel y en la Cuestión Judía es bastante específico al respecto. Marx y Engels tanto en la Ideología Alemana como en La Sagrada Familia presentan su posición frente al fenómeno religioso partiendo de las críticas anteriores. Si hacemos un recorrido histórico, desde el surgimiento del pensamiento en sus distintas modalidades, sin duda, encontramos que la crítica de la religión siempre está presente. La crítica de la religión toma formas diversas en la lucha de clases que se despliegan dentro de los modos de producción fundados sobre la propiedad privada de los medios de producción. Durante el nacimiento, el desarrollo y la consolidación de la burguesía en el poder, especialmente con los intelectuales de la ilustración y el liberalismo, la crítica de la religión exacerba el anticlericalismo y arremete contra ésta en cuanto soporte ideológico del feudalismo. En los tiempos de Marx y Engels, los hegelianos de izquierda y los materialistas vulgares o mecanicistas llevan adelante esta tarea no para luchar realmente contra la religión, sino para fortalecerla bajo el manto de la lucha por una “religión sin Dios” y por un “cristianismo sin mitos”.

    El hecho de que los fundadores del socialismo científico retomen la crítica de la religión anteriores a ellos, no significa que ellos se quedaron con la posición de sus predecesores sin haberlos logrado su propia formulación teórica; sino que, por el contrario, al retomar esas críticas los superaron dando un giro completo que eleva a la problemática religiosa a un nuevo nivel de crítica sobre una base científica. Dicho en otras palabras, esas críticas anteriores que son la conquista activa del conocimiento humano, sirvieron a los clásicos del marxismo para su síntesis y condensación de la crítica de la religión desde una posición materialista y dialéctica. Los fundadores de la ideología científica del proletariado, como una exigencia del desarrollo social, siempre se han esforzado por organizar críticamente todo el pensamiento científico anterior en una síntesis rigurosa. Así, los creadores del materialismo histórico y dialéctico, son ejemplos vivos del quehacer científico al presentar que una ciencia es producto de la acción y experiencia humana que se caracteriza por su permanente ampliación, desarrollo, renovación, rectificación y progresividad.

    3. Para Marx, Engels y Lenin la religión no es más que un producto social históricamente
    determinada que, como parte de del campo de la superestructura, cumple un rol y ejerce una influencia conservadora y retardataria sobre la sociedad. “El fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre hace la religión; la religión no hace al hombre”8 afirma Marx. A la que añade en otro lugar: “Feuerbach arranca del hecho de la autoenajenación religiosa, del desdoblamiento del mundo en un mundo religioso, imaginario, y otro real. Su cometido consiste en disolver el mundo religioso, reduciéndolo a su base terrenal. No ve que, después de realizada esta labor, falta por hacer lo principal. En efecto, el hecho de que la base terrenal se separe de sí misma y se plasme en las nubes como reino independiente, sólo puede explicarse por el propio desgarramiento y la contradicción de esta base terrenal consigo mismo. Por tanto, lo primero que hay que hacer es comprender ésta en su contradicción y luego revolucionarla prácticamente eliminando la contradicción. Por consiguiente, después de descubrir, verbigracia, en la familia terrenal el secreto de la sagrada familia, hay que criticar teóricamente y revolucionar prácticamente aquélla”9.

    Hay un énfasis en el origen humano, terrenal e histórico de la cuestión religiosa. Marx y Engels son tan reiterativos en este sentido: “La producción de ideas, de representaciones y de conciencia, está, desde un principio, directamente ligada a la actividad material y al intercambio material de los hombres. Esa producción es el lenguaje de la vida real. La producción de las ideas, del pensamiento de los hombres, de su comunicación espiritual, aparece aquí como emanación de su condición material. Lo mismo rige para la producción intelectual representada en el lenguaje de la política, las leyes, la moral, la religión, la metafísica, etc., de un pueblo. Los productores de las ideas, de las nociones, etc., son hombres, pero hombres reales y activos, tales como están condicionados por un desarrollo determinado de sus fuerzas productivas y por las relaciones correspondientes a esas fuerzas productivas hasta su forma más remota. La conciencia (das Bewusstsein) jamás puede ser otra cosa que el ser consciente (das bewusste Sein), y el ser de los hombres es su verdadero proceso vital. Si en el conjunto de la ideología los hombres y sus relaciones aparecen invertidos, como en una cámara oscura, ello se debe a su proceso vital histórico, del mismo modo que la inversión de los objetos en la retina se debe a su proceso vital físico, inmediato”10. A estas consideraciones, de manera genial, remacha Lenin: “Por ello, la explicación de nuestro programa incluye necesariamente la explicación de las verdaderas raíces históricas y económicas de la bruma religiosa”11.

    La crítica marxista de la religión afirma que ésta está determinada por las condiciones sociales de
    existencia. La religión se concibe como reflejo deformado, fantástico, del proceso material de la vida social. Para los clásicos del marxismo la crítica de la religión no puede realizarse desligada de la historia como campo de batalla de la lucha de clases ni aislada del hecho económico. Esto quiere decir que la religión tiene un fundamento material y real, expresa y contiene cierto tipo de relaciones: las relaciones sociales de producción (los hombres entre sí con un cierto grado de desarrollo de las fuerzas productivas, divididos en clases sociales antagónicas y marcadas por una división social del trabajo) y las relaciones con la naturaleza. Por lo tanto, es necesario explicar y revolucionar las condiciones sociales y materiales que hacen posible y necesario el surgimiento, la existencia y la reproducción de la religión. Sin una lucha consecuente por la transformación de la base económica que la sostiene, las raíces sociales que la posibilitan su existencia, no existe ni puede darse la crítica marxista de la religión.

    4. Marx, Engels y Lenin desarrollan la crítica comunista o proletaria de la religión en dependencia de la lucha de clases. Al situar el fenómeno religioso (creencias religiosas e instituciones eclesiásticas) en el terreno y la dimensión de la lucha de clases, revelan con toda claridad el papel social que vino y sigue cumpliendo en la historia y en la lucha de clases como justificadora y legitimadora del orden social existente y, a la vez, como escudo ideológico de las clases opresoras. La religión es expuesta como opio del pueblo, una droga y un calmante que mantiene a los oprimidos en permanente resignación e ignorancia, ofreciendo únicamente la compensación después de la muerte y en el cielo.

    Marx y Engels son explícitos en este sentido: “Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas”12. Planteamiento retomado y secundado por Lenin que analiza la “gran alianza” entre las instituciones religiosas y las clases opresoras en su misión de perpetuar la explotación y la opresión: “La religión es el opio del pueblo. Esta máxima de Marx constituye la piedra angular de toda la concepción marxista en la cuestión religiosa. El marxismo considera siempre a todas las religiones e iglesias modernas, a todas y cada una de las organizaciones religiosas, órganos de la reacción burguesa llamados a defender la explotación y a embrutecer a la clase obrera”13.

    5. Los fundadores y continuadores del socialismo científico desarrollan la crítica de la religión en los tres planos que constituyen las tres partes integrantes del marxismo: La filosofía, la economía política y el socialismo científico (la política del proletariado). En el plano filosófico14 arremeten contra la filosofía idealista centrada en la teología o las creencias religiosas. En el plano de la economía política15 analizan y enjuician toda la anatomía espiritual e institucional del régimen capitalista de producción que aparece envuelto en un “aroma religioso”, destacando la teoría del fetichismo, la enajenación y la alienación como ejes de la crítica de la religión. Y en el plano del socialismo científico16, dotan al proletariado internacional de una ideología atea y los instrumentos orgánicos necesarios para luchar contra la religión.

    En los tres planos nos hacen ver que la religión (representaciones ilusorias de la realidad) y las instituciones religiosas (los órganos que sistematizan, cautelan y reproducen el fenómeno religioso) son los instrumentos que las clases opresoras (en nuestro caso, la burguesía, el imperialismo y los terratenientes) utilizan para defender la explotación, controlar a las masas, amortiguar la lucha de clases y predicar la conciliación de las clases sociales. Desde los tres planos, los clásicos del marxismo, presentan a la religión como arma ideológica usada por las clases opresoras para oponerse y aplastar a la revolución. Es decir, la religión es una doctrina y práctica totalmente opuesta a la transformación social y a la emancipación del proletariado. En la historia, al estar identificado con un determinado modelo económico-político, presentándose como doctrina defensora de la civilización humana, desarrolla un sistema represivo y apoya un orden injusto de opresión en concordancia con su concepto de “guerra santa”.

    6. Marx, Engels y Lenin no solamente realización la crítica de la religión, sino que desarrollaron una lucha tenaz y despiadada contra ella. No se quedan en el simple análisis y crítica de la religión. Proponen formas concretas de lucha contra ella. Marx plantea esta lucha de la siguiente manera: “La religión es la teoría general de este mundo, su compendio enciclopédico, su lógica bajo forma popular, su pundonor espiritualista, su entusiasmo, su sanción moral, su solemne complemento, su razón general de consolación y justificación. Es la realización fantástica de la esencia humana, porque la esencia humana carece de verdadera realidad. La lucha contra la religión, es por tanto, indirectamente la lucha contra aquel mundo que tiene en la religión su aroma espiritual (…) La superación de la religión como dicha ilusoria del pueblo es la exigencia de su dicha real (…) La misión de la historia consiste pues, una vez que ha desaparecido el más allá de la verdad, en averiguar la verdad del más acá”17. Esta tarea se realiza, como buen materialista y dialéctico, situando a la religión dentro de la contradicción de clases antagónicas.

    Por su parte, Engels sumándose a la tarea de la lucha contra la religión expresa: “Para poder atacar el orden social existente había que despojarlo primero de su aureola de santidad”18. Esto es, de la pantalla religiosa que esconde, desvirtúa y niega los intereses, los derechos las necesidades y las exigencias de las diferentes clases sociales oprimidas. Hay que combatir y acabar con la persistencia de la religión. Luchar contra la religión no significa, en modo alguno, combatir la necesidad del ser humano de la fe, la esperanza y la colectividad. Lenin, colocándose en esta misma línea de lucha contra “la superchería religiosa”19, establece:

    Diferenciar el planteamiento sobre el problema de la religión de los comunistas y de los demócratas burgueses y revisionistas. La religión debe ser declarado un asunto privado. La lucha contra la bruma religiosa debe ser fundamentalmente ideológica. No caer en el error de plantear el problema religioso de un modo abstracto e idealista como una cuestión intelectual al margen de la lucha de clases. No caer en el anticlericalismo militante de la burguesía. No declarar la guerra a la religión de manera inadecuada, sino que hay que saber luchar contra ella. No limitar la lucha contra la religión a una simple prédica ideológica abstracta. Es necesario explicar a las masas desde el punto de vista materialista los orígenes de la fe y de la religión: “En los países capitalistas contemporáneos, estas raíces son, principalmente, sociales. La raíz más profunda de la religión en nuestros tiempos es la opresión social de las masas trabajadoras, su aparente impotencia total frente a las fuerzas ciegas del capitalismo, que cada día, cada hora, causa a los trabajadores sufrimientos y martirios mil veces más horrorosos y salvajes que cualquier acontecimiento extraordinario, como las guerras, los terremotos, etc.”20. Oponerse y combatir a la división de la clase obrera en ateos y cristianos. Educar a las masas en la ideología científica del proletariado.

    La tesis central de los clásicos del marxismo con relación a la religión es, precisamente, la lucha permanente y sin cuartel teniendo en cuenta las condiciones concretas en cada situación específica. Pero esta lucha tiene un fondo: La lucha por la transformación radical y total del orden social existente. Sin esta lucha es una ilusión cualquier lucha contra la religión. El problema de acabar o erradicar la religión, en última instancia, es problema de la transformación social.

    7. Los clásicos del marxismo nos presentan el carácter contradictorio de las creencias religiosas. Marx precisa esta cuestión en la forma siguiente: “La miseria religiosa es, de una parte la expresión de la miseria real y de otra parte, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la
    criatura oprimida; el estado de ánimo de un mundo sin corazón, porque es el espíritu de los estados de cosas carentes de espíritu. La religión es el opio del pueblo”21.

    Engels también sintetiza el doble aspecto de la religión: “El cristianismo se apoderó de las masas, tal como lo hace el socialismo, bajo la forma de una variedad de sectas y, aún más, de opiniones individuales en conflicto –algunas más claras, otras más confusas, siendo estas últimas la gran mayoría-, pero todas opuestas al sistema imperante, a los poderes existentes”22. Este planteamiento es reforzado y complementado en otra parte: “La historia del cristianismo primitivo tiene notables puntos de semejanza con el movimiento obrero moderno de clase obrera. Como éste, el cristianismo fue en sus orígenes un movimiento de hombres oprimidos: al principio apareció como la religión de los esclavos y de los libertos, de los pobres despojados de todos sus derechos, de pueblos subyugados o dispersados por Roma. Tanto el cristianismo como el socialismo de los obreros predican la próxima salvación de la esclavitud y la miseria; el cristianismo ubica esta salvación en una vida futura, posterior a la muerte, en el cielo. El socialismo la ubica en este mundo, en una transformación de la sociedad. Ambos son perseguidos y acosados, sus adherentes son despreciados y convertidos en objeto de leyes exclusivas, los primeros como enemigos de la raza humana, los últimos como enemigos del estado, enemigos de la religión, de la familia, del orden social. Y a pesar de todas las persecuciones, más, incluso alentados por ellas, avanzan victoriosa e irresistiblemente”23.

    Justamente en estas citas de Marx y Engels, los socialcristianos en todas sus variantes creen encontrar un punto de apoyo para plantear que identificar el “marxismo con el materialismo” y el “cristianismo con el idealismo” es un esquema simplista ya superado e incorrecto históricamente. Creen que ambos se necesitan y se complementan mutuamente. Según los socialcristianos ya pasaron los tiempos de la confrontación, de la enemistad, entre ambos. Su acercamiento y cooperación es necesaria; porque las masas populares no pueden participar en la transformación sin el diálogo cristiano-marxista. No es nada gratuito su planteamiento de que “no existe en Marx la pretensión de elaborar una teoría de la religión. Sus posiciones son coyunturales y como respuesta a situaciones polémicas muy determinadas”24. Porque según ellos, la religión, constituye, especialmente la religiosidad popular en su variante católica romana, “una fuerza movilizadora de las clases populares frente a las clases dominantes” y, al mismo tiempo, cumple “un papel revolucionario” por tener “la potencialidad de protesta que es inherente a la dialéctica de la religión”25. Este planteamiento lo hacen pretendiendo que hay una “religión de dominación” y otra “religión de liberación; lo cual equivale a “reconocer” que elementos “positivos” y aspectos “negativos” en las creencias, doctrinas e instituciones religiosas. Incluso todavía van más allá y, con cierto aire de victoria, manifiestan que Marx “sólo se opuso a situaciones concretas donde la religión justificaba la opresión”26.

    Es cierto que las creencias religiosas, como reflejo de las contradicciones de la vida real, contienen elementos de protesta y enjuiciamiento del orden social existente. Al revisar los llamados libros proféticos de la Biblia encontramos que la denuncia profética llega al radicalismo verbal. Pero no pasan más allá de una simple protesta y hasta expresión de agravios, porque a decir de Marx y Engels los oprimidos e insatisfechos no pueden hacer otra cosa que “guardar para ellos su propia indignación; sea rebelarse contra su mala suerte, pero de una manera totalmente mítica”. Esta protesta se da en términos de reclamos moralizantes de culpabilización o en términos reivindicativos puramente utópicos. Es aquí donde los socialcristianos ven la “posibilidad” de que la religión (dicen que hablan de la religiosidad popular) se convierta en “ideología de la clase ascendente” para “movilizar a todos los sectores populares en vista a una nueva sociedad en donde surja el hombre nuevo de la revolución”27.

    En términos concretos, la religión, en esencia, es una doctrina y una creencia que genera y promueve la resignación, la humillación, la sumisión y la obediencia. Es una droga especial milenariamente organizada y transmitida que se distribuye en apariencia “gratuitamente” y en grandes cantidades entre las masas. Por tanto es incompatible con el marxismo, la doctrina de la rebelión, de la lucha, de la revolución y de la transformación social. Lenin puntualiza al respecto: “El marxismo es materialismo. En calidad de tal, es tan implacable enemigo de la religión como el materialismo de los enciclopedistas del siglo XVIII o el materialismo de Feuerbach. Esto es indudable. Pero el materialismo dialéctico de Marx y de Engels va más lejos que los enciclopedistas y que Feuerbach al aplicar la filosofía materialista a la historia y a las ciencias sociales. Debemos luchar contra la religión. Esto es el abecé de todo materialismo y, por tanto, del marxismo. Pero el marxismo no es un materialismo que se detenga en el abecé. El marxismo va más allá. Afirma: hay que saber luchar contra la religión, y para ello es necesario explicar desde el punto de vista materialista los orígenes de la fe y de la religión entre las masas”28.

    La consideración anterior no quiere decir que en la lucha por la transformación del orden social existente, en la lucha por el socialismo, se divida a los oprimidos, a la clase obrera, a las masas, en ateos y creyentes. Solamente la burguesía y todos los reaccionarios atizan el odio entre los obreros de distintas religiones. Por el contrario, los comunistas se esfuerzan por “saber educar a las masas todavía incultas en una actitud consciente ante las cuestiones religiosas y en la crítica consciente de la religión”29. Los marxistas desarrollan su labor con vistas a liberar a las masas de las ataduras del idealismo oscurantista y de todos los prejuicios religiosos mediante una paciente formación ideológica-política y atrayendo a la causa de la revolución. Por consiguiente, entre el marxismo y la religión no tiene ninguna coincidencia por ser realmente opuestos.

    8. Los clásicos del marxismo no han reducido su crítica al cristianismo, sino que han hecho una crítica total de todas las religiones. Los diversos escritos que hemos citado revelan esta verdad. Armados con la concepción materialista y dialéctica de la historia nos presentan un resumen sobre los distintos sistemas religiosos, partiendo de las religiones primitivas, tocando la cuestión judía, evaluando la reforma protestante y analizando la evolución histórica y el papel social que cumplen las denominadas “religiones universales”, dentro de los cuales se encuentra el cristianismo.
    Su mayor análisis y crítica se centra en exponer el núcleo terrenal de las nebulosas concepciones de la religión en la sociedad capitalista, siempre partiendo de las condiciones de la vida real. Perciben el mundo religioso como: La sacralización de la propiedad privada de los medios de producción. La fetichización de las relaciones sociales de producción que cosifican a las personas y personifican a las cosas. La canonización de la esclavitud asalariada. La personificación de las mercancías y del dinero. La búsqueda de la perpetuación de la sociedad dividida en clases sociales o la eternización del orden social vigente.

    La virtud-valor del mercado y del capital en calidad de objetos inmediatos de devoción.
    Esta es la religión cotidiana que ponen al descubierto los clásicos del marxismo; donde la fe en el dinero, en el orden establecido, en el capital, en la propiedad privada de los medios de producción, es la expresión concreta de la espiritualidad institucionalizada de la sociedad capitalista. Es decir, el capitalismo funciona gracias al apoyo que vienen brindando las instituciones eclesiásticas; porque en este sistema social la recompensa del capital: la ganancia aparece como fin último de la existencia. El capital y su ganancia se presentan como expresiones de la virtud, la dedicación abnegada y el cumplimiento del deber profesional de acumular30.

    Por cierto, los clásicos del marxismo, dieron mayor atención a la crítica del cristianismo por ser éste el fenómeno religioso no solamente de mayor alcance universal, sino el sostén ideológico fundamental del último modo de producción fundada en la propiedad privada de los medios de producción: la sociedad capitalista. Desarrollan su crítica al cristianismo por su oposición al progreso social, al avance de la ciencia y la técnica, a la transformación del orden vigente, aparte de que su contenido doctrinal no es más que pura leyenda, imaginación y fantasía31. Dejemos que el mismo Marx exponga sus razones: “¿Qué es el alfa y el omega de la fe cristiana? El dogma del pecado original y de la redención. Y este dogma expresa el lazo de solidaridad entre los hombres en su máximo poder: Uno para todos, y todos para uno”. A esto añade en lo referente a los principios del cristianismo: “Los principios sociales del cristianismo, han tenido dieciocho siglos para desarrollarse, y ahora no necesitan desarrollarse todavía más con consejeros consistoriales del gobierno prusiano. Los principios sociales del cristianismo han justificado la esclavitud de la antigüedad y exaltado la servidumbre medieval; saben igualmente defender, si es preciso, la opresión del proletariado, incluso si lo hacen con aire un poco triste. Los principios sociales del cristianismo predican la necesidad de una clase dominante y de una clase oprimida, y sólo saben ofrecer a esta última el piadoso deseo de ver que la primera practique la beneficencia. Los principios sociales del cristianismo remiten al cielo la indemnización de todas las infamias de los consejeros consistoriales, justificando, de este modo, su permanencia en la tierra. Los principios sociales del cristianismo explican todas las villanías de los opresores hacia sus oprimidos, bien como un justo castigo del pecado original y de los demás pecados, bien como pruebas que el Señor, con su infinita sabiduría, inflige a los que ha rescatado.

    Los principios sociales del cristianismo predican la cobardía, el menosprecio de sí mismo, el envilecimiento, la sumisión, la humildad; en una palabra, todas las cualidades de la gentuza; el proletariado, que no admite que se le trate como gentuza, tiene incluso más necesidad de su coraje, del sentimiento de su dignidad, de su orgullo y de su espíritu de independencia, que de su pan. Los principios sociales del cristianismo son principios propios de hipócritas, y el proletariado es revolucionario”32. Ahí tenemos una posición explícita de Marx con relación al cristianismo. No se queda en demostrar los principios erróneos sobre las cuales está fundado el cristianismo, cosa que ya hicieron otros intelectuales que ni siquiera son materialistas, sino de exponer su “punto culminante” que es “el sacrificio humano (das menschenopfer)”33.

    9. Los clásicos del marxismo, por su gran visión del conjunto de los procesos materiales del progreso social, reconocen el papel que ha jugado la reforma protestante del siglo XVI y su ideología en el nacimiento y la consolidación del régimen burgués de producción. Un fenómeno social de gran trascendencia en Europa no quedó fuera de su interés y atención34. La lucha entre burgueses y feudales, los primeros por establecer la sociedad capitalista y los otros por conservar el feudalismo, afecta a la iglesia produciendo una división del cristianismo en occidente. La toma del poder por la burguesía, su posterior consolidación y expansión, fue posible gracias a la concurrencia de ese soporte ideológico que se llama religión. En este caso, el protestantismo inclusive asumiendo una cierta orientación anticlerical de los pensadores burgueses, aunado al anticlericalismo y el ateísmo burgués, dota a la burguesía de una ética, una actitud, una mentalidad y de una ideología. Su participación y concurrencia fue importante para romper con el feudalismo y en la estructuración de nuevas relaciones de producción. Es más, la aparición y el establecimiento del sistema imperialista, igualmente, ha exigido la presencia del protestantismo. Hoy en día, la sociedad capitalista ya caduca, en crisis total y en proceso de descomposición, requiere de la ideología religiosa una dosis de vitalidad.

    10. La crítica de la religión hecha por Marx, Engels y Lenin a las creencias e instituciones eclesiásticas de su tiempo, el momento histórico que estudiaron, sigue siendo válida. Su crítica fue global y de largo alcance. La religión actualmente sigue teniendo las mismas raíces sociales, cumple el mismo papel de opio del pueblo y las instituciones eclesiásticas aunque reacomodadas a las nuevas condiciones de la lucha de clases continúan aliadas a la burguesía, al imperialismo y a todos los reaccionarios. Es cierto que hay algunos cambios en las modalidades de expresión de las creencias, doctrinas e instituciones religiosas, pero no se han modificado su carácter de clase: el papel de escudo ideológico de la reacción en general. Lo cual desdice radicalmente dos planteamientos básicos del socialcristianismo: que Marx criticó la religión de su tiempo donde ésta abarcaba todo el campo de la superestructura de la sociedad y que muchos de los aspectos que caracterizan a la religión como opio del pueblo se han modificado con el devenir histórico35.
    Es cierto que, los diversos elementos y aspectos de las creencias e instituciones religiosas, en términos de forma y cantidad, han cambiado al cambiar las condiciones materiales de existencia. La dinámica de la religión está subordinada a la dinámica global de una sociedad determinada. Pero, de ninguna manera, ha cambiado la esencia de la religión y el papel que cumple en la lucha de clases. Las creencias religiosas no han dejado de ser opio del pueblo, como tampoco las instituciones eclesiásticas han dejado de ser “aliadas naturales” de la reacción, de las fuerzas conservadoras y retrógradas.

    La crítica de la religión, desde el materialismo dialéctico e histórico, no queda estática en el desarrollo del marxismo, sino que la corona Mao Tsetung; quien lo ubica como parte de las llamadas “cuatro viejas”36 a las que hay que combatir implacablemente: las viejas ideas, la vieja cultura, los viejos hábitos y las viejas costumbres que las clases opresoras, especialmente la burguesía, en la vieja sociedad usan para imponer su dominio y una vez derrocadas generan su “acción de retorno” a través el apego a la fuerza de la tradición, medio por el cual desenvuelven su resistencia y buscan rearmar su contraataque. La subsistencia de esta caduca ideología reaccionaria no es ajena ni aislada a la subsistencia de los remanentes de las clases derrocadas, sino que es parte fundamental de su escenario de acción y manifestación. Hecho que implica, sin duda alguna, un tiempo bastante largo para que la influencia de las clases opresoras y la de su ideología sean vencidas, transformadas y reemplazadas en forma total. Mientras es necesidad y exigencia inmediata del proletariado continuar con la lucha de clases en el terreno ideológico hasta que se resuelva la cuestión de quién vencerá a quién en la lucha económica, política e ideológica entre el socialismo y el capitalismo. “Es erróneo –advierte Mao Tsetung- ignorar esto y abandonar la lucha ideológica. Todas las ideas erróneas, todas las hierbas venenosas y todos los monstruos y demonios deben ser sometidos a crítica”37.

    Mao Tsetung, una vez ubicada la superestructura dependiente de la base económica (lo material determina a lo espiritual, el ser social determina la conciencia social)38, considera a la religión como concepción idealista y metafísica. Vale decir, una decadente posición ideológica-cultural de las clases dominantes. Al igual que Marx y Lenin, con la misma tenacidad e intensidad, parte de explicar las raíces sociales de la religión, para luego fundamentar las raíces gnoseológicas, históricas y filosóficas de este fenómeno. Durante la campaña de crítica contra Lin Piao y Confucio se desarrollaron la mayor crítica maoísta de la religión, calificando a ésta como “la maleza ideológica” que debe ser combatida y no solamente reducida su campo de influencia. Sobre este asunto es muy enfático Mao Tsetung: “En realidad, en todos los países se puede advertir la presencia del idealismo, de metafísica, de hierbas venenosas. En la Unión Soviética, muchas hierbas venenosas hacen su aparición bajo el manto de flores fragantes y muchos planteamientos peregrinos salen con el rótulo de materialismo o realismo socialista. Nosotros, en cambio, reconocemos abiertamente la lucha entre materialismo e idealismo, dialéctica y metafísica, flores fragantes y hierbas venenosas. Esta lucha continuará por siempre, dando un paso adelante en cada etapa (…) La lucha contra la ideología burguesa y contra los elementos malvados y sus fechorías será prolongada y durará decenios y hasta centenares de años. En su curso, la clase obrera, los demás trabajadores y los intelectuales revolucionarios irán adquiriendo experiencias y templándose, lo cual será de gran provecho”39.

    Al analizar las clases sociales y los diferentes sistemas jerárquicos de opresión y dominación en la sociedad china, reconoce que la religión es un poder: “…y 3) la autoridad sobrenatural (la autoridad religiosa) constituido en su conjunto por fuerzas subterráneas: el rey de los infiernos, el dios protector de la ciudad y las divinidades locales, y por las fuerzas celestiales: dioses y divinidades, desde el Emperador de los Cielos hasta los más diversos espíritus (…) encarnan la ideología y el sistema feudo-patriarcales en su conjunto”40.

    Para Mao Tsetung la religión es una ideología singularmente perniciosa que está presente entre las masas y en la sociedad socialista sigue expresándose valiéndose de todos los procedimientos a su alcance41. Por esa razón, la lucha contra la religión no debe ser coactiva ni prohibitiva que sería su caldo de cultivo, sino de profunda educación ideológica y política del pueblo, y a través de esta lucha se pone en manifiesto el verdadero papel que juega en la lucha de clases y, a la vez, se demuestra la inevitabilidad de su derrota y su posterior extinción.
    Mao Tsetung plantea esta cuestión de la forma siguiente: “Abogamos por una libertad bajo dirección y una democracia guiada por el centralismo, pero con esto no queremos decir en ningún sentido que, en el seno del pueblo, deban emplearse métodos coercitivos para resolver los problemas ideológicos y los problemas relativos a la distinción entre lo correcto y lo erróneo. Pretender solucionar estos problemas utilizando órdenes administrativas y métodos coercitivos no sólo sería inútil, sino perjudicial. No podemos abolir la religión por medio de órdenes administrativas, ni obligar a la gente a no creer en ella. No se puede forzar a la gente a que abandone el idealismo, del mismo modo que no se la puede compeler a aceptar el marxismo. Los problemas de carácter ideológico y las controversias en el seno del pueblo únicamente pueden resolverse empleando métodos democráticos –discusión, crítica, persuasión y educación-, y en ningún caso recurriendo a métodos coercitivos o represivos”42.

    La lucha contra la religión es una lucha ideológica entre la dialéctica materialista y la metafísica. Pero, toda ideología reaccionaria y entre ésta la religión, no puede ser vencida ni extinguida con la simple crítica y denuncia, sino con el establecimiento definitivo de un sistema social nuevo que reemplace totalmente al viejo orden. De esta manera, el proletariado, a través de su concepción científica del mundo no solamente contrarresta la concepción del mundo de las clases opresoras, sino también produce una “ruptura más radical con las relaciones de propiedad tradicionales, nada de extraño tiene que en el curso de su desarrollo rompa de la manera más radical con las ideas tradicionales”43. Esto quiere decir que, la solución del problema de la transformación social no es únicamente tomar el poder, sino construir la nueva economía, la nueva política y la nueva cultura; especialmente la nueva cultura, porque ésta puede constituir la base de la operación de retorno al poder de las clases opresoras ya derrocadas.

    A la revolución en la infraestructura, en la base económica, debe suceder y seguir una revolución en la superestructura. La cual, sin duda, tiene y tendrá una gran significación inmediata y de trascendencia histórica en el avance de la humanidad. La lucha por destruir y extinguir a la religión (el mayor yugo espiritual de las masas populares), arma teórica e ideológica que usaron, usan y usarán mientras exista las clases sociales y la lucha de clases todas las clases reaccionarias y decadentes (las fuerzas tenebrosas) en preservar o recuperar su dominio, debe proseguirse hasta la victoria definitiva del proletariado con el establecimiento de la sociedad comunista, la sociedad de la gran armonía. Porque “no hace falta ser un lince para ver que, al cambiar las condiciones de vida, las relaciones sociales, la existencia social del hombre, cambian también sus ideas, sus opiniones y sus conceptos, su conciencia, en una palabra. La historia de las ideas es una prueba palmaria de cómo cambia y se transforma la producción espiritual con la material. Las ideas imperantes en una época han sido siempre las ideas propias de la clase imperante”44.

    Mientras persista el orden social existente, la religión seguirá siendo lo que ha sido y lo que es: opio del pueblo. Por lo tanto, los comunistas pugnan no por la renovación y el reacomodo de la religión a las nuevas condiciones sociales, sino por la abolición cabal y plena de ella sujetándose a la siguiente conclusión de Marx: “El reflejo religioso del mundo real sólo podrá desaparecer para siempre cuando las condiciones de la vida diaria, laboriosa y activa, representen para los hombres relaciones claras y racionales entre sí y respeto a la naturaleza. La forma del proceso social de vida, o lo que es lo mismo, del proceso material de producción, sólo se despojará de su halo místico cuando ese proceso sea obra de hombres libremente socializados y puesto bajo su mando consciente y racional”45.

    En las consideraciones anteriores se traslucen los elementos centrales de la concepción del proletariado que es “crítica y revolucionaria por esencia”46 respecto al problema de la religión. Los grandes representantes y dirigentes del proletariado internacional, Marx, Lenin y Mao Tsetung, tres gigantes luminarias que plasmaron el marxismo-leninismo-maoísmo, desarrollaron juicios inconfundibles, interpretaciones científicas y crítica demoledora de las creencias e instituciones religiosas. Al mismo tiempo, sentaron bases y líneas específicas de acción y lucha contra “la bruma” y “la superchería” religiosa. Nos ponen en manifiesto el puesto que ocupa y el papel que cumple la religión en la lucha de clases. Al presentarnos una historia atea de la religión dirigida “contra toda religión”47, revelan con claridad y profundidad los diversos aspectos, niveles, facetas, contenidos, contradicciones, adaptaciones, proyecciones y funciones de la religión que la caracterizan como opio del pueblo. Quienquiera conocer la posición de Marx, Lenin y Mao Tsetung sobre la cuestión religiosa, tendrá que volcarse al estudio e investigación en sus propios escritos. A partir de ellos tendrá que buscar la vigencia, el acierto, la justeza y la certeza de su pensamiento, diagnóstico y crítica del fenómeno religioso. De lo contrario es tergiversar sus planteamientos. Para comprender los planteamientos de los clásicos del marxismo sobre la religión es requisito básico estar pertrechados con la concepción, el método y la posición de clase por medio de los cuales formularon su visión global de la realidad social. Sin esta condición es imposible asir la crítica marxista de la religión.

    Proseguir la crítica y la lucha contra la religión no es un pasatiempo intelectual, sino una necesidad histórica del proletariado. Porque se trata de un arreglo de cuentas con una filosofía y una doctrina que siempre ha servido y sigue sirviendo “a la lucha descarnada por el poder”48, a los intereses y los objetivos de las clases opresoras. Las creencias y las instituciones religiosas son incompatibles, desde cualquier punto de vista que se quiere considerar, con el ideal socialista. La crítica y la lucha contra la religión es una verdadera movilización de las masas, por el hecho de que éstas han sido difundidas a través de milenios y siguen difundiendo la idea, la costumbre y el veneno de la sumisión, la obediencia y la aceptación del infortunio.

    El objetivo de esta lucha es la liberación del proletariado y la emancipación de la humanidad de la ideología burguesa y de toda ideología reaccionaria, para que brille triunfante y universalmente la única ideología científica del proletariado como consecuencia de los tres grandes movimientos revolucionarios: la lucha de clases, la lucha por la producción y la experimentación científica.
    Pero en la continuación de la crítica de la religión, en todo momento, hay que tener presente y sostener con fuerza la gran tesis: la base económica determina, en última instancia, a la superestructura. Sin este criterio y principio es imposible desarrollar una crítica marxista-leninista-maoísta de la religión. Por ello, no hay que confundir el ateísmo burgués con el ateísmo fundado en el materialismo dialéctico e histórico. Son dos cosas totalmente opuestas. De hecho, antes que los maestros del proletariado internacional ejercieran la crítica de la religión, se han venido planteando la crítica de la religión desde distintas posiciones, escuelas y corrientes de pensamiento sin salir de los marcos de la ideología burguesa.

    Inclusive en los momentos actuales, cierto sector intelectual con tintes radicales, sigue realizando la crítica de la religión. La irreligiosidad, el ateísmo y el anticlericalismo no son planteamientos propios del marxismo, sino de una amplia gama de intelectuales burgueses. Un simple cuestionamiento de la religión, un alejamiento de las prácticas religiosas y una oposición a la anacrónica estructura eclesiástica no significan un ajuste de cuentas con las creencias, las doctrinas y las instituciones religiosas. Aunque planteen que ninguna fidelidad a la iglesia y las creencias religiosas es defendible y sana, si es que no luchan por la transformación del orden social vigente, su crítica de la religión es una simple diversión.

    -- las Notas del texto van en el mensaje siguiente --


    Última edición por pedrocasca el Miér Ene 25, 2012 11:54 am, editado 4 veces

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    Re: "La religión en los clásicos del marxismo" - escrito por Serapio Mucha Yaros - capítulo del libro Religión y Mito en Mariátegui (incluye link de descarga del libro completo) - publicado por Bandera Roja, Perú - se lee completo en el Foro - Interesante

    Mensaje por pedrocasca el Vie Nov 04, 2011 7:20 pm

    -- continuación del mensaje anterior --

    Notas del texto "La religión en los clásicos del marxismo"

    1 Cf. PCP, Sobre las Dos Colinas, 1991, pp.50-56.
    2 ROMERO, José Luis, Estudio de la mentalidad Burguesa, Alianza Editorial, Madrid, 1987, pp.138-167.
    3 Cf. MARTIN, Malachi, Las Llaves de Esta Sangre, T. I y II, Editorial Lasser Press Mexicana, México, 1990.
    4 Cf. ASSMANN, Hugo y MATE, Reyes, Karl Marx-Friedrich Engels Sobre la Religión, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1974; Jaures, Lenin, Gramsci, Mao y Otros Sobre la Religión, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1975; MADURO, Otto, Marxismo y Religión, Monte Ávila Editores, Caracas, 1977; DESROCHE, Henri, Marxisme et Religions, PUF, París, 1962; COTTIER, Georges, L’athéisme du jeune Marx: ses origines hégéliennes, Vrin, París, 1969; VERRET, Michel, Les marxistes et la religión. Essai sur l’athéisme moderne, Editions Sociales, París, 1965.
    5 MARX, Karl and ENGELS, F., On Religion, Foreign Languages Publishing House, Moscú, 1955, pp. 41-42.
    6 ENGELS, Federico, Anti-Dühring, Editorial Grijalbo, México, 1977, pp. 326-328.
    7 LENIN, V. I., Lenin y la Religión, Editorial Grijalbo, México, pp. 53-54.
    8 MARX, Carlos, Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel.
    9 MARX, Carlos, Tesis sobre Feuerbach, Tesis IV.
    10 MARX, Carlos y F. ENGELS, La ideología alemana,
    11 LENIN, V. I., Lenin y la religión, Editorial Grijalbo, México, 1977, P. 57.
    12MARX, Carlos y F. ENGELS, La ideología alemana.
    13 LENIN, V. I., Lenin y la religión, Editorial Grijalbo, México, 1977, P. 70.
    14 A continuación citamos los escritos de Marx y Engels que tratan sobre la crítica de la religión desde la perspectiva filosófica: Crítica de la filosofía del derecho de Hegel; La cuestión judía; Tesis sobre Feuerbach; Miseria de la filosofía; El 18 brumario de Luis Bonaparte; La ideología alemana; La sagrada familia; Dialéctica de la naturaleza; Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana; El cristianismo primitivo; Sobre la historia del cristianismo primitivo y Del socialismo utópico al socialismo científico.
    15 Los siguientes textos son fundamentales para comprender la crítica de la religión desde la economía política: Manuscritos económico-filosóficos del 44; Contribución a la crítica de la economía política; El capital; Historia crítica de la teoría de la plusvalía y Anti-Dühring.
    16 Los siguientes textos son fundamentales para conocer la crítica de la religión desde el socialismo científico: La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850; La guerra civil en Francia; Crítica del programa de Gotha; La guerra campesina en Alemania; Del socialismo utópico al socialismo científico y La situación de la clase obrera en Inglaterra.
    17 MARX, Carlos, Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel,
    18 ENGELS, Federico, La guerra campesina en Alemania.
    19 LENIN, V. I., Lenin y la religión, Editorial Grijalbo, México, 1977, pp. 29-97.
    20 Ibídem, P. 74.
    21 Cf. MARX, Carlos, Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel.
    22 Cf. ENGELS, Federico, El libro del apocalipsis.
    23 Cf. ENGELS, Federico, Sobre la historia del cristianismo primitivo.
    24 DUSSEL, Enrique, ¿MARX ATEO? La religión en el joven Marx (1835-1849) en VARIOS, Marxistas y Cristianos, UAP, México, 1985, pp. 210-211.
    25 Hay abundante literatura sobre este asunto. VARIOS, Capitalismo: violencia y anti-vida, Educa, San José, 1978; VIDALES, Raúl, Cristianismo antiburgués, DEI, San José, 1982; VIDALES, Raúl, Elementos para una lectura: notas provisorias, Revista Nuestro Siglo, México, 1988; DUSSEL, Enrique, Marx ¿Ateo?: la religión en el joven Marx (1835-1849), Revista Los Universitarios No. 105, UNAM, México, 1982; GONZÁLEZ GARY, Oscar, Iglesia Católica y Revolución en Nicaragua, Claves Latinoamericanas, México, 1986; GUTIÉRREZ, Gustavo, Marxismo y Fe Cristiana, Manuscrito, Lima, 1975; BORGE, Tomás, La revolución combate contra la teología de la muerte, Revista Los Universitarios No. 105, UNAM, 1982; CELADEC, El evangelio en la revolución, Lima, 1979; DE LELLA, Cayetano, Cristianismo y liberación en América Latina, Vol. I, Ediciones Nuevomar, México, 1984; GIRARDI, Giulio, Sandinismo, marxismo y cristianismo en la nueva Nicaragua, Ediciones Nuevomar, México, 1985; SILVA GOTAY, Samuel, El pensamiento cristiano revolucionario en América Latina y el Caribe, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1981; VARIOS, Lucha ideológica en el campo religioso y su significado político, ANICS, Managua, 1981; VIDALES, Raúl, Cristianismo y socialismo: convergencia en el proceso revolucionario, Revista Cristianismo y Sociedad No. 74, Santo Domingo, 1982.
    26 DUSSEL, Enrique, Op. Cit., P. 212.
    27 VIDALES, Raúl, Elementos para una lectura: notas provisorias, Revista Nuestro Siglo, México, 1988.
    28 LENIN, V. I., Lenin y la religión, Editorial Grijalbo, México, 1977, pp. 73-74.
    29 Ibídem, P. 148.
    30 Cf. Se recomienda analizar dos escritos de Benjamín Franklin: Advertencias necesarias a los que quieren ser ricos de 1736 y Consejos a un joven comerciante de 1748.
    31 Para una mayor comprensión de este problema consultar la obra de DESCHNER, Karlheinz, Historia criminal del cristianismo, Ediciones Roca, México, 1991.
    32 MARX, Carlos y F. ENGELS, Obras escogidas, T. I., Moscú, 1932, pp. 624-625 y 277.
    33 Cf. MARX, Carlos, El Capital, T. I., FCE, México.
    34 Cf. MARX, Carlos, El Capital, FCE, México; F. ENGELS, Anti-Dühring, Editorial Grijalbo, México, 1977.
    35 Cf. CORBÍ, Mariano, Proyectar la sociedad: reconvertir la religión, Editorial Herder, Barcelona, 1992; MADURO, Otto, La cuestión religiosa en el Engels premarxista, Monte Avila Editores, Caracas, 1981; KUDÓ, Tokihiro y Cecilia TOVAR, La crítica de la religión: ensayo sobre la conciencia social según Marx, CEP, Lima, 1980; MADURO, Otto, Religión y Lucha de clases, Editorial Ateneo, Caracas, 1979.
    36 Cf. TSETUNG, Mao, Obras Escogidas, T. I-IV, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1972; Cinco tesis filosóficas, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1975; Importantes documentos de la Gran revolución cultural Proletaria, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1970; Crítica a Lin Piao y Confucio, T. I-II, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1976; Cinco documentos del Presidente Mao Tsetung sobre literatura y arte, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1968.
    37 TSETUNG, Mao, Discurso ante la Conferencia Nacional del Partido Comunista de China sobre el trabajo de propaganda, 12 de marzo de 1957.
    38 Cf. Los escritos de Mao Tsetung, Sobre la práctica y Sobre la contradicción en Cinco Tesis Filosóficas, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1975.
    39 TSETUNG, Mao, Obras Escogidas, T. V., Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1977, pp. 400 y 410.
    40 TSETUNG, Mao, Obras Escogidas, T. II, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1972, P. 42
    41 Cf. Crítica a Lin Piao y Confucio, T. II, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1976.
    42 TSETUNG, Mao, Obras Escogidas, T. V., Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1977, P. 424.
    43 MARX, Carlos y F. ENGELS, Manifiesto del Partido Comunista, Compañía General de Ediciones, México, 1974, P. 94.
    44 MARX, Carlos y F. ENGELS, Manifiesto del Partido Comunista, Compañía General de Ediciones, México, 1974, pp. 92-93.
    45 MARX, Carlos, El Capital, T. I., FCE, México, 1966, P. 44.
    46 MARX, Carlos, El Capital, T. I., FCE, México, 1966, postfacio a la segunda edición.
    47 LENIN, V. I., Obras Completas, T. 54, Moscú, 1960, P. 210.
    48DESCHNER, Karlheinz, Historia criminal del cristianismo, T. I, Ediciones Roca, México, 1991, P. 58.

    -- Final de todo el texto --


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    Re: "La religión en los clásicos del marxismo" - escrito por Serapio Mucha Yaros - capítulo del libro Religión y Mito en Mariátegui (incluye link de descarga del libro completo) - publicado por Bandera Roja, Perú - se lee completo en el Foro - Interesante

    Mensaje por pedrocasca el Vie Nov 04, 2011 7:27 pm

    El libro completo "Religión y mito en Mariátegui", escrito por Serapio Mucha Yaros y
    publicado por Bandera Roja, Perú, se puede descargar desde el enlace:
    http://www.bandera-roja.com/files/relimariatg.rar

    El libro tiene el siguiente Índice:

    Introducción
    Capítulo I

    La Religión en los clásicos del Marxismo
    Capítulo II
    Mariátegui: Marxista-Leninista
    Capítulo III
    Mariátegui y el Factor Religioso
    Capítulo IV
    El Mito de la Revolución Social
    Capítulo V
    El Ateísmo de Mariátegui
    A Manera de Conclusión
    Bibliografía


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    Re: "La religión en los clásicos del marxismo" - escrito por Serapio Mucha Yaros - capítulo del libro Religión y Mito en Mariátegui (incluye link de descarga del libro completo) - publicado por Bandera Roja, Perú - se lee completo en el Foro - Interesante

    Mensaje por pepo ii el Sáb Nov 05, 2011 12:39 pm


    Leí el libro este verano. Si os parece puedo hacer algunos comentarios aunque sean de manera esquemática:

    - Primero: El libro es interesante.
    - En algún momento es repetitivo. Enumerando la lista de abusos y crimenes cometidos en nombre del cristianismo.
    - Algunas citas me parecen dudosas: "Historia criminal del cristianismo" es poco científico (por no decir que es poco fiable)


    Sobre el fondo del libro:

    - El autor se define como marxista-leninista-maoista-pensamiento gonzalo. Esto enmarca todo el libro. Es una de las corrientes actuales del comunismo. Pero muy particular -(y minoritaria), y por tanto no coincidirán algunos de sus planteamientos con los de otras corrientes.
    - A la vez, el autor también se define como "Serapio Mucha Yaros es teólogo y economista peruano, asesor de la Fundación para el Desarrollo y la Paz, S. C. y presidente de la Asociación Latinoamericana de Economistas Cristianos. Actualmente radica en México." (si veis el documento adjunto de pedrocasca lo podreis comprobar) Lo cual indica que además de ser comunista es cristiano (o conoce muy de cerca el cristianismo)



    Sobre las tesis del libro:

    - Si alguien quiere buscar un alegato contra la Iglesia y la utilización religiosa y dogmática del cristianismo, lo encontrará en el libro.
    - Pero si es capaz de leer con atención, también encontrará una defensa del mito (y la búsqueda de trascendencia) como motor revolucionario para la transformación social. En particular del concepto de "mito y religión en Mariategui" (critica la religión y defiende el mito).



    Bueno, esa es de momento mi valoración.
    He procurado ser conciso. Si hace falta se puede desarrollar alguna idea.


    saludos

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    Re: "La religión en los clásicos del marxismo" - escrito por Serapio Mucha Yaros - capítulo del libro Religión y Mito en Mariátegui (incluye link de descarga del libro completo) - publicado por Bandera Roja, Perú - se lee completo en el Foro - Interesante

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