Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

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    SS-18
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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Jue Ago 19, 2010 7:02 pm

    Aqui estais para debatir sobre los juicios de moscú.

    Demuestra que eran una farsa y leete el hilo entero , y el de los juicios, más abajo, si necesitas ampliar información.


    ¿ no chillabas por ahi que la "propaganda" stalinista es incuestionable? pues ala, a cuestionar cada punto del hilo.

    Sobre las demas tontadas que sueltas no hablo por offtopic.
    Vaya pedazo de trabajo , que ganan las elecciones depues de una dictadura fascista, la extrema derecha!!! MUY BIEN !!!

    ME hablas de Allende y el Che??? pero Tu tienes idea de lo que decia el Che de Stalin?? Laughing Laughing

    Y mucho sabria allende en su época de Hungria y Checoslovaquia para condenarlo oye. Laughing Laughing Laughing el mismo ojo que debía de tener cuando se lo cepillo la CIA para poner una dictadura fascista. Seguro que ni se lo esperaba de eso de estar orgulloso de no pegar ni un solo tiro.
    vaya , Ejemplos...


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    Ningún hombre puede concluir una opinión sobre otro hombre, lo único aceptable es corregirlo.
    SE BUSCAN TEMAS IGUALES O PARECIDOS y SOLO EN EL CASO de NO existir, se abre un hilo nuevo . El desorden es motivo de sanción.
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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por Erazmo el Jue Ago 19, 2010 7:24 pm

    Camarada SS-18, tranquilo, sin duda el camarada disidente del capitalismo quiere parecer ecuànime pero no le resulta porque no tiene ni la informaciòn ni el conocimiento, al señalar que en chile no hay stalinistas se equivoca, està el PC (AP) pero antes dos precisiones:
    1) Chile tiene un mìsero derrotero desde el 11-9-1973 fecha en que el pueblo chileno recibiò una grotesca paliza que significò una "autocastraciòn" moral y mental.
    2) El stalinismo no existe, dentro del socialismo cientìfico hay un reconocimiento de las figuras històricas y stalin indudablemente pertenece a esa estirpe, al igual que trotsky o Recabarren, y el PC(AP) està en esa lìnea.

    Ahora en chile los partidos de izquierda como tal estàn en la màs absoluta minorìa, el PC chileno no es la excepciòn en 1987 abandonò a los miembros del FPMR, grupo armado forjado en el seno del PC y que siempre fuè una organizaciòn armada de aficcionados, se legalizò bajo la constituciòn fascista y debiò de pactar con el anticomunismo proimperialista de la "concertaciòn" para elegir 3 diputados, eso es oportunismo y con todo no alcanza un 4% en el circo electoral.
    Señalemos que el pueblo chileno, hace 50 años admirado por su combatibidad y organizaciòn en toda latinoamèrica perdiò en 7 años (1973-1980) todas y cada una de las las conquistas sociales logradas en 70 años (1903-1973) y en 37 años los presuntos sindicatos con un mìnimo de afiliados han sido incapaces de organizar una huelga o paro, revelador de un pueblo de bruces en el lodazal.

    Lo siento chile es hoy el paìs màs retrògrado, ignorante y desclazado de américa latina.

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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por Disidente_del_Capitalismo el Vie Ago 20, 2010 5:21 pm

    Erazmo escribió:Camarada SS-18, tranquilo, sin duda el camarada disidente del capitalismo quiere parecer ecuànime pero no le resulta porque no tiene ni la informaciòn ni el conocimiento, al señalar que en chile no hay stalinistas se equivoca, està el PC (AP) pero antes dos precisiones:
    1) Chile tiene un mìsero derrotero desde el 11-9-1973 fecha en que el pueblo chileno recibiò una grotesca paliza que significò una "autocastraciòn" moral y mental.
    2) El stalinismo no existe, dentro del socialismo cientìfico hay un reconocimiento de las figuras històricas y stalin indudablemente pertenece a esa estirpe, al igual que trotsky o Recabarren, y el PC(AP) està en esa lìnea.

    Ahora en chile los partidos de izquierda como tal estàn en la màs absoluta minorìa, el PC chileno no es la excepciòn en 1987 abandonò a los miembros del FPMR, grupo armado forjado en el seno del PC y que siempre fuè una organizaciòn armada de aficcionados, se legalizò bajo la constituciòn fascista y debiò de pactar con el anticomunismo proimperialista de la "concertaciòn" para elegir 3 diputados, eso es oportunismo y con todo no alcanza un 4% en el circo electoral.
    Señalemos que el pueblo chileno, hace 50 años admirado por su combatibidad y organizaciòn en toda latinoamèrica perdiò en 7 años (1973-1980) todas y cada una de las las conquistas sociales logradas en 70 años (1903-1973) y en 37 años los presuntos sindicatos con un mìnimo de afiliados han sido incapaces de organizar una huelga o paro, revelador de un pueblo de bruces en el lodazal.

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    Sobre la farsa que fueron los juicios de Moscú lo mejor es leer las actas para darse cuenta y el excelente estudio de Pierre Broué Los Procesos de Moscú, es un poco antiguo, pero contiene una serie de detalles muy interesantes acerca de las torturas que recibieron los acusados antes de ir a declarar, así cualquiera se declara culpable (sino lean el libro de Cesare Beccaria "Sobre los Delitos y las penas" para que vean cual es el efecto de algunas "prácticas" usuales en los sistemas inquisitoriales como el que le aplicaron a los condenados en los procesos de Moscú). Por cierto, qué es eso de un juicio donde los acusados nieguen la ayuda de un abogado y se declaren culpables fácilmente, es prácticamente inverósimil. Otro libro donde trata el tema es ¿Quién dijo Totalitarismo? de Slavoj Žižek donde analisa el interrogatorio a Bujarin.
    Lean el libro de Broué, sé que es trotskista, pero confío más en su investigación que las actas publicadas por la URSS o los escritos del gusano de Vyshinski.
    Erazmo, sé que hay estalinistas en Chile y son los del PC(AP) y los maoístas, pero cuál de los dos es más marginal y sin presencia entre los trabajadores y las fuerzas de izquierda.
    Es cierto que la izquierda chilena recibió una gran derrota el 11 de septiembre 1973, y que muchos después de la caída de la URSS se transformaron en socialdemócratas de toda la vida, pero ahí estuvo el Partido Comunista de Chile jamás dejando el marxismo como base teórica. El PC ha estado haciendo lo que más puede para lograr recomponer la fuerza social que dio origen al gobierno del compañero presidente Allende, y es una necesidad la formación y re-formación de sindicatos en un país con tan baja sindicalización, mejor que quedarse en casa y lanzandole mierda al PC. El PC ha apostado por reconquistar políticamente el espacio público que ha sido privatizado como diría Zygmunt Bauman lo que implica una re-conquista al capital de los espacios que fueron apropiados por éste, proceso largo después de 17 años de dictadura que se dio a sí misma poderes soberanos y que cambió el paradigma económico y destruyó todos los sindicatos, por ello la necesidad de lograr la re-sindicalización es un paso hacia la conciencia de clase, pero claro, es mejor hacer de Bruno Bauer y criticar críticamente, además de iniciar una época de cambio desde arriba imponiendo las ideas de las clases dominantes cambiando la subjetividad de las masas logrando crear una sociedad enajenada y desclasada, proceso que es perfectamente revertible con trabajo político como lo hace el PC y no lloriqueando acerca del "revisionismo", eso no es entender NADA. Sobre el Frente, fueron ellos los que dejaron al PC, no el PC el que los expulso y no eran simples aficionados, todos ellos tenían preparación militar e incluso algunos varios fueron internacionalistas en ayuda de la Revolución Sandinista.
    debiò de pactar con el anticomunismo proimperialista de la "concertaciòn" para elegir 3 diputados, eso es oportunismo y con todo no alcanza un 4% en el circo electoral.
    Pues ahora el PC puede influir en las leyes y en las discusiones del Congreso, antes pesaban menos que un paquete de cabritas, hoy pueden decidir votaciones y modificar leyes, un gran cambio que los enfermos de izquierdismo no entenderán jamás, aunque cite a Lenin in extenso. Además el PC lucha contra el binominal y contra la LOC de Partidos Políticos, se actúa en todos los frentes, no sólo en uno y mediante todos los métodos, así se hacen las cosas, no se busca la inmaculada virginidad política, eso es sólo un prejuicio pequeñoburgués, se lucha contra el capitalismo y no basta sólo con aparecerse los 1 de mayo en las marchas.

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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por Erazmo el Vie Ago 20, 2010 7:45 pm

    Camarada Disidente del capitalismo, creo que la objetividad debièra ser siempre la "carta de navegación de los revolucionarios", por tanto quiero hacer unas precisiones en este intercambio para fijar mi posiciòn y quizà la entendereìs mejor:
    1) No soy Stalinista, ni trotskista pero asumo la dimensiòn històrica de ambos camaradas, ni àngeles ni demonios, humanos certeros y equivocados.
    2) Lo de las purgas fueron juicios y condenas ajustadas a la ley y en consonancia con las faltas que los acusados cometieron, sì soy firme convencido que haber hecho asesinar a trotsky fuè un grave error, porque aùn siendo culpable de conspiraciòn y connivencia con potencias hostiles a la URSS, estaba exiliado y con su organizaciòn destruìda no representaba peligro alguno y mejor era dejarlo solo y que se consumiera a mandarlo a matar y asì transformarlo en hèroe y vìctima.
    3) Stalin no solo se equivocò en eso sino tambièn en el "culto a la personalidad" una forma infantil y tonta de ser figura històrica para el pueblo soviètico, hago el parangòn con Kim il Sung de Corea Popular pero allì se desenterrò y remozò la antiquìsima filosofìa juche, es decir se le diò base y substancia a al "culto a la personalidad", el stalinismo no tenìa nada y muy occidentalizado cayò en el descrèdito absoluto.
    4) Pero ambos son històricos porque Stalin era un administrador genial que levantò dos veces a la URSS, y Trotsky con su genio militar fuè vital en el triunfo de la guerra civil, ambos lucharon por el poder y trotsky perdiò, sì hubièse sido al revès Stalin habrìa corrido una suerte similar reitero ni àngeles ni demonios.

    Por chile la historia condena a los procesos farsantes y con respeto eso se aprecia en la historia social de chile, masacrados en 1907 en santa marìa y ni una protesta posterior; masacrados en ranquil en 1934 y nada de protestas, el pueblo de chile siempre lucho callado y silencioso pero cuàndo lo animaron a pelear (tiempo de la UP) que hizo la dirigencia ¡se acobardaron y los dejaron abandonados! Allende el mismo 11-9-1973 llamando a no dejarse arrasar es decir el mensaje era ¡vayanse para la casa!, enrìquez y el mir las ovejas con piel de lobo y hoy pascal allende un contrarevolucionario; corvalàn escondido y canjeado por un delincuente, y ni escribir de guastavino-pollarolo-hales que dirigieron al pc durante el fascismo militar y quizà cuantas traiciones cometieron.
    Hoy chile socialmente no tienen nada ¿para que negarlo? unas marchas de adolescentes el 2006 y nada màs, hoy 33 mineros se pudren bajo tierra y ningùna organizaciòn u/o partido polìtico, incluìdo el Pc, ha sido capaz de llamar a una protesta o marcha condenando el sistema y al ladròn piñera el regente de la colonia chilena.

    Chile se ve mal camarada, muy mal, aùn asì la esperanza es lo ùltimo que quedò en la caja de pandora.

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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por Disidente_del_Capitalismo el Vie Ago 20, 2010 7:59 pm

    Erazmo escribió:Camarada Disidente del capitalismo, creo que la objetividad debièra ser siempre la "carta de navegación de los revolucionarios", por tanto quiero hacer unas precisiones en este intercambio para fijar mi posiciòn y quizà la entendereìs mejor:
    1) No soy Stalinista, ni trotskista pero asumo la dimensiòn històrica de ambos camaradas, ni àngeles ni demonios, humanos certeros y equivocados.
    2) Lo de las purgas fueron juicios y condenas ajustadas a la ley y en consonancia con las faltas que los acusados cometieron, sì soy firme convencido que haber hecho asesinar a trotsky fuè un grave error, porque aùn siendo culpable de conspiraciòn y connivencia con potencias hostiles a la URSS, estaba exiliado y con su organizaciòn destruìda no representaba peligro alguno y mejor era dejarlo solo y que se consumiera a mandarlo a matar y asì transformarlo en hèroe y vìctima.
    3) Stalin no solo se equivocò en eso sino tambièn en el "culto a la personalidad" una forma infantil y tonta de ser figura històrica para el pueblo soviètico, hago el parangòn con Kim il Sung de Corea Popular pero allì se desenterrò y remozò la antiquìsima filosofìa juche, es decir se le diò base y substancia a al "culto a la personalidad", el stalinismo no tenìa nada y muy occidentalizado cayò en el descrèdito absoluto.
    4) Pero ambos son històricos porque Stalin era un administrador genial que levantò dos veces a la URSS, y Trotsky con su genio militar fuè vital en el triunfo de la guerra civil, ambos lucharon por el poder y trotsky perdiò, sì hubièse sido al revès Stalin habrìa corrido una suerte similar reitero ni àngeles ni demonios.

    Por chile la historia condena a los procesos farsantes y con respeto eso se aprecia en la historia social de chile, masacrados en 1907 en santa marìa y ni una protesta posterior; masacrados en ranquil en 1934 y nada de protestas, el pueblo de chile siempre lucho callado y silencioso pero cuàndo lo animaron a pelear (tiempo de la UP) que hizo la dirigencia ¡se acobardaron y los dejaron abandonados! Allende el mismo 11-9-1973 llamando a no dejarse arrasar es decir el mensaje era ¡vayanse para la casa!, enrìquez y el mir las ovejas con piel de lobo y hoy pascal allende un contrarevolucionario; corvalàn escondido y canjeado por un delincuente, y ni escribir de guastavino-pollarolo-hales que dirigieron al pc durante el fascismo militar y quizà cuantas traiciones cometieron.
    Hoy chile socialmente no tienen nada ¿para que negarlo? unas marchas de adolescentes el 2006 y nada màs, hoy 33 mineros se pudren bajo tierra y ningùna organizaciòn u/o partido polìtico, incluìdo el Pc, ha sido capaz de llamar a una protesta o marcha condenando el sistema y al ladròn piñera el regente de la colonia chilena.

    Chile se ve mal camarada, muy mal, aùn asì la esperanza es lo ùltimo que quedò en la caja de pandora.

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    Compañero, primero lea el libro de Pierre Broué y luego diga si las condenas fueron "ajustadas a la ley".
    Yo soy bastante más optimista con Chile y sé que se hacen cosas, pero no aparecen en la TV ni en los diarios de la burguesía, un buen caso es la movilización estudiantil del día miércoles o la huelga de hambre de los presos mapuches que llevan más de 30 días. Si cree que hacer una revolución es fácil, se equivoca, en especial en un Chile donde la dictadura dejo "bien amarrado el mono", además irse a huelga no es tan fácil como parece, si usted trabaja, llame a sus compañeros de trabajo a huelga y vea qué pasa. Aún hay mucho miedo, pues hay nuevas formas de represión bastante más eficaces que las de la dictadura, y contra ello se combate, pero primero hay que acumular fuerzas, no están ni las condiciones objetivas ni subjetivas y lo que el PC hace es contribuir a crearlas.
    Y sobre los crímenes de Trotski y su colaboración con potencias extranjeras eso es tan falso como los cargos imputados a los asesinados en los Juicios de Moscú o ¿cree que Trotski colaboraba con el Intelligence Service o la Gestapo? Pues esas tonteras se decían en los Juicios de Moscú, no falto el pobre que se autodenomino "fascista" en los "juicios", si es que esas farsas merecen ese nombre.

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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por RDC el Sáb Ago 21, 2010 4:43 am

    Lo de este individuo es de traca. No le valen las declaraciones de organizaciones e individuos que poco tenían que ver con el comunismo y que presenciaron en directo los Juicios de Moscú como la Asociación Jurídica Internacional, la Liga Internacional de los Derechos Humanos, el embajador estadounindense Joseph E. Davies, el embajador británico, el embajador checo Zdanek Firlinger, los escritores Martin Andersen-Nexö, Miguel Zochtchenko, Boris Pasternak y Leon Feuchtwanger, el diputado británico y licenciado en Derecho Denis Nowell Pritt que dijo en una crónica:

    La primera cosa que me chocó, en tanto que jurista británico, es el comportamiento totalmente libre y espontáneo de los acusados. Todos tenían buen aspecto [...] Por mi parte, estoy convencido de que no hay el menor motivo para suponer ninguna irregularidad en el orden o en la forma del proceso. Considero el conjunto del proceso y el trato a los acusados como un modelo ofrecido al mundo entero para un caso en el que los acusados sean perseguidos por conspiración para asesinar a dirigentes de Estado y a derrocar al gobierno, que es lo que los acusados han confesado. Mi opinión es que en tales circunstancias la justicia de cualquier país hubiera pronunciado sentencias de muerte y los habría ejecutado.

    A su vez, la Asociación Jurídica Internacional, formada por juristas de prestigio internacional dijo:

    Estimamos absolutamente injustificada la afirmación según la cual el proceso ha sido sumario e ilegal. Se les ha propuesto a los acusados designar abogados, y cada abogado es en la Unión Soviética independiente del gobierno. Pero los acusados han preferido asegurarse ellos mismos su defensa.

    No es éste el único Estado en el que los individuos implicados en actos de terrorismo son condenados a muerte. En numerosos países, incluida Gran Bretaña, no se admite apelar estas sentencias y como, en este proceso los acusados han confesado su delito, no se puede plantear la interposición de una apelación.

    Afirmamos categóricamente que han sido condenados de manera absolutamente legal. Se ha demostrado plenamente que había un vínculo entre ellos y la Gestapo. Se merecen la pena capital.


    Y ahora llega el individuo este y dice que los juicios de Moscú son irregulares porque lo dice un trotskista en un libro suyo, un trotskista que el 80% de su obra se concentra en el ataque a Stalin, un individuo que no tienen ningún conocimineto de Derecho, un individuo que no presenció los Juicios de Mosdcú, un indivduo que cuando se produjeron los Juicios de Moscú tenía poco más de 10 años, etc.

    Cada vez tengo más claro que Einstein tenía razón:

    Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo.

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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por Disidente_del_Capitalismo el Sáb Ago 21, 2010 2:52 pm

    RDC escribió:Lo de este individuo es de traca. No le valen las declaraciones de organizaciones e individuos que poco tenían que ver con el comunismo y que presenciaron en directo los Juicios de Moscú como la Asociación Jurídica Internacional, la Liga Internacional de los Derechos Humanos, el embajador estadounindense Joseph E. Davies, el embajador británico, el embajador checo Zdanek Firlinger, los escritores Martin Andersen-Nexö, Miguel Zochtchenko, Boris Pasternak y Leon Feuchtwanger, el diputado británico y licenciado en Derecho Denis Nowell Pritt que dijo en una crónica:

    La primera cosa que me chocó, en tanto que jurista británico, es el comportamiento totalmente libre y espontáneo de los acusados. Todos tenían buen aspecto [...] Por mi parte, estoy convencido de que no hay el menor motivo para suponer ninguna irregularidad en el orden o en la forma del proceso. Considero el conjunto del proceso y el trato a los acusados como un modelo ofrecido al mundo entero para un caso en el que los acusados sean perseguidos por conspiración para asesinar a dirigentes de Estado y a derrocar al gobierno, que es lo que los acusados han confesado. Mi opinión es que en tales circunstancias la justicia de cualquier país hubiera pronunciado sentencias de muerte y los habría ejecutado.

    A su vez, la Asociación Jurídica Internacional, formada por juristas de prestigio internacional dijo:

    Estimamos absolutamente injustificada la afirmación según la cual el proceso ha sido sumario e ilegal. Se les ha propuesto a los acusados designar abogados, y cada abogado es en la Unión Soviética independiente del gobierno. Pero los acusados han preferido asegurarse ellos mismos su defensa.

    No es éste el único Estado en el que los individuos implicados en actos de terrorismo son condenados a muerte. En numerosos países, incluida Gran Bretaña, no se admite apelar estas sentencias y como, en este proceso los acusados han confesado su delito, no se puede plantear la interposición de una apelación.

    Afirmamos categóricamente que han sido condenados de manera absolutamente legal. Se ha demostrado plenamente que había un vínculo entre ellos y la Gestapo. Se merecen la pena capital.


    Y ahora llega el individuo este y dice que los juicios de Moscú son irregulares porque lo dice un trotskista en un libro suyo, un trotskista que el 80% de su obra se concentra en el ataque a Stalin, un individuo que no tienen ningún conocimineto de Derecho, un individuo que no presenció los Juicios de Mosdcú, un indivduo que cuando se produjeron los Juicios de Moscú tenía poco más de 10 años, etc.

    Cada vez tengo más claro que Einstein tenía razón:

    Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo.
    Este individuo es increíble. Primero sus fuentes históricas son inatacables, luego ataca a Pierre Broué por ser trotskista y "el 80% de su obra se concentra en el ataque a Stalin, un individuo que no tienen ningún conocimineto de Derecho, un individuo que no presenció los Juicios de Mosdcú, un indivduo que cuando se produjeron los Juicios de Moscú tenía poco más de 10 años, etc.". Es decir, dan lo mismo las declaraciones de ex médicos y demás, parece que no sabe nada de formas de tortura y nada por el estilo que no dejan huellas visibles, además las mismas actas van dejando en claro los raros cambios de opinión de los acusados, cambios que van de un día para otro. Me imagino que eres un gran jurista como Vyshinski para afirmar que Broué no sabía nada de nada, ¿desde cuándo los marxistas analizan el derecho desde el punto de la absoluta normatividad más allá de los factores socio-históricos? ¿Acaso crees que la aplicación del derecho es una mera cuestión de subsunción a un tipo legal?. Las críticas a los juicios de Moscú no sólo las hace Broué, las hace Žižek, Rolando Carrasco, Virgilio Zapatero entre otros, con los antecedentes sacados a la luz en la Glasnost y varios otros. Te recuerdo que eso de los observadores "externos" se presta para todo, casos miles, sólo uno en especial: los yankis contrataron al famoso Charles Lindbergh para inspeccionar a la Alemania Nazi, se suponía que Lindbergh sabía bastante y los nazis lo llevaron a diversos lugares donde construían aviones, según Lindbergh la Alemania Nazi no era un peligro y estaba cumpliendo con el Tratado de Versalles, obviamente todo esto mucho antes que comenzase el ataque a Polonia. Moraleja: no siempre los "observadores" son una fuente confiable.
    Además de todos los "procesados", sólo los más importantes políticamente hablando "comparecieron" en los "juicios", los demás fueron detenidos y fusilados mediante orden administrativa, eso fue lo que le sucedió al máximo objeto de odios personales de Vyshinski: Pašukanis, el cual fue detenido y fusilado sin juicio alguno (vid. "Presentación, En Torno a E. B. Pašukanis" por Virgilio Zapatero para su traducción castellana de la máxima obra de Pašukanis "Teoría General del Derecho y Marxismo", Ed. Labor, España 1976, primera edición). Recuerda que los procesos de Moscú sólo fueron la cara visible de las purgas.
    En segundo lugar tu fe en los "observadores externos" es increíble, sólo superada por tu defensa incondicional de Stalin y tu odio ilimitado a los troskistas. Pues en el último tiempo han aparecido después de la Glasnost nuevos documentos que cada vez más ponen en tela de juicio el caracter "legal" de los "juicios" de Moscú, pero eso da lo mismo, lo que dijeron los observadores externos vale 10.000 veces más que las nuevas revelaciones que provienen directamente de actas y documentos de la época de Stalin.

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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Mar Ago 24, 2010 9:55 pm

    Es decir, dan lo mismo las declaraciones de ex médicos y demás, parece que no sabe nada de formas de tortura y nada por el estilo que no dejan huellas visibles, además las mismas actas van dejando en claro los raros cambios de opinión de los acusados, cambios que van de un día para otro. Me imagino que eres un gran jurista como Vyshinski para afirmar que Broué no sabía nada de nada


    Que raro que estas fuentes burguesas que dan otros testimonios de los juicios, fuesen ocultadas y escondidas por los Yankes, que raro que la version de los Troskistas, se ha repetido a bombo y platillo desde todos los voceros de la propagnada anticomunista . Que raro.

    Sabes tu mucho de formas de tortura, vamos. Broué , saber , seguro que sabia menos que las fuentes Burguesas y capitalistas PRESENTES EN LOS JUICIOS , que seguro no eran "simples turistas" capitalistas , y mira que me huelo que para representar otros paises en un pais de sistema enemigo en juicios de semejante trascendencia , dudo que estuviesen ahí solo para aplaudir .
    Churchill, Lords Ingleses, enemigos aferrimos anticomunistas de todos los colores , que no fueron ni osaron y mucho menos se les OCURRIO , aludir a torturas secretas invisibles mentales y que dieron el visto bueno desde MULTIPLES FRENTES a los juicios de Mosú , y aqui, que nos debe de vale una fuente de Troskistas , que Troski, es uno de los principales incriminados. PUES PERFECTO OYE .Se te olvido mencionar la hipnosis.



    Osease, que una vez mas, lo que se tiene , en este caso es el libro de Pierre Bourné, Troskista, una fuente bestialmente imparcial , objetiva y seguro que rigurosa.

    PUES MUY BIEN AMIGO, le damos fuentes objetivas, enemigas, capitalistas y burguesas, para que no se estime como propaganda Stalinista y nos sale con su "PROPAGANDA TROSKISTA" , !!MUY BIEN!!


    Te recuerdo que eso de los observadores "externos" se presta para todo, casos miles, sólo uno en especial: los yankis contrataron al famoso Charles Lindbergh para inspeccionar a la Alemania Nazi, se suponía que Lindbergh sabía bastante y los nazis lo llevaron a diversos lugares donde construían aviones, según Lindbergh la Alemania Nazi no era un peligro y estaba cumpliendo con el Tratado de Versalles, obviamente todo esto mucho antes que comenzase el ataque a Polonia. Moraleja: no siempre los "observadores" son una fuente confiable.

    Vamos, que lo siento pero esto no es serio.


    Última edición por SS-18 el Miér Ago 25, 2010 2:00 am, editado 2 veces


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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Mar Ago 24, 2010 9:55 pm

    El testimonio de Joseph E.Davies,
    embajador de Estados Unidos en Moscú

    El juicio contra Bujarin y los demás derechistas se celebró del 2 al 13 de marzo de 1938 en el salón de actos de la sede central de los sindicatos en Moscú. Aunque no hemos podido confirmar el dato, posiblemente el presidente del tribunal fuera Vassili Ulrich, de origen letón, general del Ejército Rojo, diputado del Soviet Supremo y durante más de 20 años (hasta 1948) Presidente de la Sala Militar del Tribunal Supremo de la Unión Soviética.

    Uno de los que asistió a todas y cada una de las sesiones fue el embajador estadounidense en Moscú, Joseph E. Davies, que era abogado. Según cuenta en sus memorias:

    [El proceso] reveló las grandes líneas de un complot que estuvo muy cerca de lograr el objetivo de derrocar al gobierno soviético actual.

    Los testimonios aclaran ahora lo que nosotros no pudimos comprender y lo que sucedió la primavera y verano pasados. Te acordarás que en el patio de la cancillería nuestros amigos nos hablaban de una actividad insólita alrededor del Kremlin, mientras que las cancelas estaban cerradas al público. Todo, se decía, indicaba una enorme agitación y se nos hacía observar que los soldados de guardia ya no eran los mismos. Los nuevos guardias, se nos decía, te acordarás, eran casi todos soldados reclutados en Georgia, la tierra natal de Stalin.

    El testimonio extraordinario de Krestinski, de Bujarin y de los otros parecería indicar que los temores del Kremlin estaban bien fundados. Porque parece hoy evidente que existía a comienzos de noviembre de 1936 un complot para ejecutar un gope de Estado dirigido por Tujachevski para el año siguiente. Aparentemente la decisión estaba tomada y estaban decididos a ejecutar el golpe de Estado.

    Pero el gobierno ha reaccionado con mucho vigor y rapidez. Los generales del Ejército Rojo han sido eliminados y toda la organización del partido ha sufrido una purga y una limpieza completa. Apareció inmediatamnte que a varios dirigentes les había picado el virus de la conspiración para derrocar al gobierno y trabajaban en connivencia con los agentes de los servicios secretos de Alemania y Japón.

    Este hecho explica la actitud hostil del gobierno respecto a los extranjeros, el cierre de diversos consulados extranjeros en el país, etc. Francamente, nosotros no podemos condenar a la gente en el poder por haber reaccionado como lo han hecho si estaban persuadidos de lo que el proceso revela actualmente.

    Es necesario, todavía una vez más, acordarse de que no se puede concluir con la falsedad de esas revelaciones por el sólo hecho de que sean declaraciones de criminales de los que se han obtenido las confesiones.

    Debo parar ahora porque el proceso se reanuda a las once esta mañana y voy a tener que correr para llegar a tiempo.

    El testimonio de Davies es interesante porque conoció personalmente a varios de los acusados, que trabajaban en el Ministerio de Asuntos Exteriores soviético. El embajador comprendió entonces que se habían mostrado contrarios a pagar la deuda de la Unión Soviética con Estados Unidos para provocar rencillas entre ambos países, mientras que la postura de otros, como Voroshilov, ministro de Defensa, era la opuesta.

    Tras conocer las condenas, emitió la siguiente opinión profesional en un cablegrama enviado a Washington:

    Después de haber observado cada día atentamente los testimonios y su manera de testificar, apreciado las corroboraciones inconscientes que se presentaron y otros hechos que han marcado el proceso, pienso, de acuerdo en eso con otros cuyo juicio puede ser aceptado, que, por lo que concierne a los acusados, han cometido suficientes crímenes según la ley soviética, crímenes establecidos por la prueba y sin que sea posible una duda razonable, para justificar el veredicto que les hace culpables de traición y la sentencia que les condena a la pena prevista por las leyes criminales de la Unión Soviética. Es el sentimiento general de los diplomáticos que han asistido al proceso que la prueba ha establecido la existencia de una formidable conspiración política y de un complot extremadamente grave, revelaciones que han proporcionado al cuerpo diplomático la explicación de muchos hechos que se han producido desde hace seis meses en la Union Soviética.

    Pero la cosa no acaba aquí: una vez finalizada su misión en Moscú y retornado a Estados Unidos, el embajador Davies añadió a su diario una larga nota inmediatamente después del fulminante ataque hitleriano contra la Unión Soviética en 1941 en la que establece la relación entre los procesos de Moscú y dicho ataque. Cae en la cuenta de que aquellos procesos habían destruido a la quinta columna de Hitler en Rusia. Tres días después de la invasión, en una conferencia en la Universidad de Winsconsin, los alumnos le preguntan a Davies por la quinta columna nazi en la Unión Soviética, y aquel les responde, que ya no existe, que ha sido eliminada y que, como consecuecia de ello, por primera vez, el ejército alemán ha tenido que pasar a la ofensiva sin un previo trabajo de zapa en la retaguardia interior. Nosotros en 1938 -reflexiona Davies- no teníamos ni siquiera noción de lo que era una quinta columna, una expresión que entonces aún no se utilizaba. Sólo dos años después se descubrió que también en Estados Unidos había una quinta columna trabajando para los nazis en el interior del país. Pero en la Unión Soviética la quinta columna nazi se había formado ya en 1935 y el gobierno soviético -añade Davies- conocía sobradamente los planes de sabotaje interior del alto mando alemán.

    Davies continúa narrando restrospectivamente los hechos y reconoce el acierto del gobierno soviético al cerrar los consulados de Alemania e Italia en su territorio. Recuerda las cenas en la embajada con los periodistas y los comentarios erróneos que allí se vertían: No veíamos más que el fuego, dice, una lucha por el poder entre unas u otras personalidades soviéticas, mientras que no acertamos a verlo como una quinta columna en acción, como una actividad subversiva de una amplitud verdaderamente asombrosa: asesinato de Stalin y Molotov, sabotaje de la industria, voladura de fábicas de productos químicos, destrucción de minas de hulla, desorganización de los transportes... Consintieron en ejecutar y de hecho ejecutaron todo aquello que el Alto Estado Mayor alemán exigió de ellos en instrucciones que éste les hacía llegar. Consintieron en conspirar y cooperar y, de hecho, conspiraron con los servicios secretos de Alemania y Japón. Consintieron en colaborar y, de hecho, colaboraron con los representantes consulares del servicio diplomático alemán en materia de espionaje y de sabotaje. Consintieron en transmitir a Alemania y Japón y, de hecho, transmitieron secretos esenciales de la defensa de la Unión Soviética. Se entendieron entre ellos y con los gobiernos de Alemania y Japón para hacer con éstos la guerra a la Unión Soviética y para constituir luego un estado soviético independiente más pequeño que abandonaría grandes partes de la Unión Soviética, Ucrania y Rusia blanca, al oeste, a Alemania, y la provincia marítima, el este, a Japón.

    El embajador le lanza al lector estadounidense una pregunta demoledora: imagínese usted que varios ministros, embajadores, generales y subsecretarios reconocen colectiva y públicamente que han traicionado a su país y que se han puesto al servicio de una potencia extranjera para preparar una invasión...

    Todos esos procesos, esas purgas, esas liquidaciones que entonces parecieron al mundo medidas revulsivas y violentas, no eran, lo vemos ahora, más que un aspecto de un esfuerzo vigoroso y determinado por parte del Gobierno de Stalin para protegerse no solamente contra la amenaza de una revolución en el interior sino también contra un ataque lanzado desde el exterior. El gobierno se puso a la tarea, decidido a efectuar una limpieza completa y a hacer desaparecer todos los elementos de traición que podían encontrarse en el interior del país. Y el Gobierno no vaciló en conceder a los sospechosos el beneficio de la duda cuando no tuvo una certidumbre absoluta.

    No había ya quintacolumnistas en Rusia en 1941. Habían sido pasados por las armas. La purga había limpiado el país y lo había desembarazado de todo germen de traición.

    [Joseph E. Davies: Mission à Moscou, Éditions de l'Arbre, Montreal, s/f, pgs.235 a 250]

    El impacto de este testimonio fue tan tremendo que el libro se agotó inmediatamente en las librerías y aquel mismo año el conocido director de cine Michael Curtiz rodó una película del mismo título que el libro con un guión basado en la obra. El maccarthysmo y la guerra fría se encargaron luego de ocultar todos estos documentos.

    Aunque es imposible de obtener en España, el libro fue traducido al castellano y editado en Buenos Aires en 1942. Nosotros creemos que la película jamás fue exhibida en España (y que nos corrijan si nos equivocamos). Por tanto, aquí no conocemos ni las actas de los procesos de Moscú, ni el libro de Davies, ni la película de Curtiz, ni nada de nada. Pero eso sí: podéis encontrar miles de webs, libros, artículos y todo tipo de charlatanes que no se cansan nunca de hablar sobre el mismo


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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Mar Ago 24, 2010 11:19 pm

    De los archivos directos:

    СОВЕРШЕННО СЕКРЕТНО (Top secret)

    МОСКВА-ЦЕНТР и МОСКОВСКАЯ ОБЛАСТЬ

    (Moscu-Centro y Region de Moscu)

    СПИСОК
    ОБВИНЯЕМЫХ, ПОДЛЕЖАЩИХ СУДУ ВОЕННОЙ КОЛЛЕГИИ ВЕРХСУДА С.С.С.Р.

    ПО 1-й КАТЕГОРИИ

    (LISTA CARGO, sujeta a juicio en el Colegio Militar del Tribunal Supremo de S.S.S.R.
    por 1ª categoria
    )




    Pašukanis

    ПАШУКАНИС Евгений Брониславович


    Приговорен ВКВС 4 сентября 1937 по обвинению в участии в контрреволюционной террористической организации

    " Veredicto VKVS 4 Septiembre 1937 , acusado de implicación en organización terrorista contrarrevolucionaria "

    http://stalin.memo.ru/spiski/pg02309.htm

    74. ПАШУКАНИС Евгений Брониславович

    Пашуканис Евгений Брониславович
    Родился в 1891 г., г.Старица; русский; образование высшее; член ВКП(б); зам. наркома юстиции СССР.. Проживал: Москва, Покровский бул., д.14/5, кв.21..
    Арестован 20 января 1937 г. (Detenido 20 de Enero 1937)
    Приговорен(Veredicto): ВКВС СССР 4 сентября 1937 г., обв.: участии в к.-р. террористической организации.. (ECCU URSS 04 de septiembre 1937, OBV.: Implicación en organización terrorista c-r (contra revolucionaria).)
    Расстрелян 4 сентября 1937 г. Место захоронения - место захоронения - Москва, Донское кладбище. Реабилитирован 31 марта 1956 г. ВКВС СССР



    Última edición por SS-18 el Miér Ago 25, 2010 2:05 am, editado 2 veces


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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Miér Ago 25, 2010 1:51 am

    Moscú – Enero 3, 1937
    AGENDA
    1 p. m. Me visitó el Embajador de ____. Está muy enojado con el régimen soviético. En lo que se refiere al juicio de Radek, que es la sensación del Cuerpo Diplomático esta semana, cree que se trata de una trama urdida por el Estado para encubrir la lucha interna entre los antiguos bolcheviques.
    Considera que las confesiones fueron todas inspiradas mediante amenazas de todas clases y castigos corporales a cargo de la policía. Me refirió un hecho estupendo que acababa de saber. Se trataba de un ciudadano polaco que fuera arrestado en la Ucrania bajo la acusación de espionaje. El Embajador polaco, según se le informó, no había logrado ponerlo en libertad, por lo cual su gobierno arrestó a dos rusos prominentes en Polonia. El resultado fue un cambio de prisioneros en la frontera. El polaco demostraba hallarse muy enfermo y fue hospitalizado y puesto en observación por destacadas autoridades médicas polacas. Estos llegaron a la conclusión de que había sido dejado en estado inconsciente mediante la infusión de atropina u otra droga parecida que se le administró con la comida a fin de debilitar su voluntad (2).
    En su opinión ésta era una de las razones que motivaban las confesiones efectuadas en el juicio. Sugirió también que Romm había confesado porque se indujo a su esposa e hijo a regresar a Rusia y le amenazaron con hacerlos objeto de daños. Esto –dijo- era una simple conjetura suya. Es la primera afirmación concreta que he oído con respecto a la opinión del empleo de drogas y se trataba de un simple rumor de fuente indirecta (3).
    La celebración popular de las sentencias dictadas por la corte militar tuvo lugar en la Plaza Roja. Esta noche se ofreció a nuestra vista un insólito espectáculo consistente en una muchedumbre de hombres y mujeres que desfilaron exteriorizando su satisfacción por el hecho de que “los traidores hubieran sido descubiertos y castigados”.



    (1) No le dije en la carta a mi amigo Arthur Krock, que iba a encarar el asunto en conformidad con el gobierno soviético porque no estaba seguro de la propiedad de tal acción.
    Henderson, como de costumbre, se mostró solícito. Discutí el caso con él y me expresó que entendía que mi intervención personal en un asunto de esa índole con los propios funcionarios no contrariaba las normas diplomáticas, si yo había aclarado que no lo hacía en mi investidura oficial. De conformidad con los planes que me había trazado, conversé con el Presidente Kalinin, el Previer Molotov y el Comisario de Relaciones Exteriores Litvinov. “Evidentemente –dije- ha sido el propio sitio de las representaciones diplomáticas en los Estados Unidos y Moscú, promover relaciones amistosas y una mejor comprensión”. Por ello, me tomé la libertad de sugerirla personalmente y excluyendo todo carácter oficial, la conveniencia de tomar seriamente en consideración el asunto Romm. Traje a colación la posición vigorosa personalidad e influencia del periodismo norteamericano y expresé que no podía sino reportar beneficios sobre la opinión pública de los Estados Unidos, el hecho de que el gobierno soviético tuviera en consideración su opinión respecto de la conducta en Washington. Era natural que una evidencia de esa clase debía ser considerada en conexión con el problema de la condena de Romm. La sugestión fue recibida cortésmente. Molotov afirmó que apreciaba mi buena intención; y recibió con agrado mis sugestiones. Pero, agregó, desgraciadamente los “caballeros de la prensa” de Washington no estaban tan bien enterados de los hechos como el gobierno soviético. En consecuencia, esperaba que postergarían su juicio hasta que los sucesos fueran revelados completamente. Su gobierno no podía prometer nada entre tanto la situación no hubiera sido examinada cabalmente. Sin embargo, si existiera lugar a duda, sería tenido muy en cuenta el testimonio de los periodistas de Washington. Me retiré con la impresión de que, si podía hacerse algo, el gobierno soviético lo haría. Por supuesto, el pobre Romm no había dejado nada en qué apoyarse a través de su declaración en el juicio público.
    De todos modos, Romm no fue juzgado por tribunal público y se me informó que había sido enviado a trabajar en el interior. El Embajador Oumansky, cuando conversé posteriormente con él sobre el caso, me dijo que fue la intervención de los periodistas norteamericanos lo que lo había salvado, pues “los antecedentes acerca de la actividad de Romm eran muy malos”.


    (2) En una conversación posterior con otro representante diplomático de un país vecino acerca de este asunto de la “atropina”, me dijo que descartaba su veracidad a causa de los prejuicios y la hostilidad. Hizo mención del relato hecho por Bruce Lockhant ( agente británico ) acerca del trato recibido por parte de la G.P.U. cuando fuera arrestado bajo sospecha de estar implicado en la tentativa de asesinato contra Lenin y citó también las declaraciones negativas sobre la aplicación de medidas coercitivas de tercer grado formuladas por los acusados en este juicio por traición. Sin embargo, recojo el mismo por el valor que pudiera tener.
    El gobierno soviético publicó traducciones en inglés de los procedimientos habidos en estos juicios drásticos a que yo asistí. Con el consentimiento del Foreign Office pude comprar cincuenta o sesenta copias de cada una y las envié a varios amigos de los Estados Unidos. Puede ser de interés para el lector saber que dos eminentes abogados, uno Ayudante de Procurador General durante la administración de Wilson, el Honorable Charles Warren, autor del reciente libro sobre la Suprema Corte de los Estados Unidos y el otro el Honorable Seth W. Richardson. Ayudante del Procurador General durante la administración de Hoover, me dijeron que habían seguido con interés el desarrollo del proceso y llegado a la conclusión de que, en su opinión, a través de la evidencia no correspondía otro veredicto que el de culpabilidad.



    [size=18] (3)
    En el caso de Bukharin, un año después, uno de los aspectos más extraordinarios del juicio lo constituyó el alegato final: las “últimas palabras” de Bukharin: discutió las confesiones. Había leído el libro de Feuchtwanger, que halló en la biblioteca de la prisión, durante la última audiencia y recogió las distintas explicaciones o teorías avanzadas que contiene el mismo, afirmando que eran “todas equivocadas”. Entre ellas la teoría de la “droga”.


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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Miér Ago 25, 2010 2:07 am

    TRAS LOS JUICIOS DE MOSCÚ
    Moscú, febrero 17 de 1937

    Nº 57
    AL HONORABLE SECRETARIO DE ESTADO
    EL JUICIO RADEK POR TRAICIÓN
    Estrictamente confidencial

    Señor: Tengo el honor de informar lo siguiente con respecto a ciertos rasgos salientes e impresiones personales relacionadas con el llamado juicio Trotsky-Radek por traición.

    EL AMBIENTE POLÍTICO INMEDIATO

    El juicio Trostky-Radek surgió a raíz del asesinato de Kirov el 1 de diciembre de 1934. Kirov era un de los más prominentes jefes del partido, en el área de Leningrado, del gobierno de Stalin. Su asesinato causó sensación en aquel entonces. Los despachos al Departamento de esa época indican que dio lugar a gran actividad y afectó a los jefes del gobierno en Moscú, y que el mismo Stalin, Voroshilov, el Comisario del Pueblo para la Defensa y otras cabezas del gobierno se apresuraron a acudir a la escena del crimen, temiendo aparentemente que existiera una vasta conspiración para derribar al gobierno de Stalin. El juicio Kamenev-Zinoviev, seguido en Moscú del 19 al 24 de agosto de 1936, cuando dieciséis acusados fueron denunciados, encontrados culpables y fusilados a continuación, fue la consecuencia de ese incidente. El presente juicio encuentra su origen en la misma fuente como surge de las revelaciones hechas ante el tribunal y sobre las evidencias descubiertas más tarde.
    Los acusados en el juicio Radek son diecisiete en número, entre ellos cinco o seis prominentes jefes políticos. Los demás son de diferentes tipos --ingenieros, aventureros, y de otra índole sin particular prominencia -- y son las herramientas que se supone se han empleado para realizar espionaje, sabotaje, terrorismo y la ejecución de varios actos criminales. El proceso se basó en códigos específicamente criminales. Fueron acusados de traición a la patria, espionaje, sabotaje y, en general, de la ejecución de actos terroristas.

    EL CÓDIGO CRIMINAL

    Las definiciones estatutarias, las prohibiciones y la definición de los castigos son específicas. Estos estatutos han existido desde el 1 de enero de 1927. Un cómplice es tan culpable como el ejecutor del crimen. Aún la participación en una actividad política criminal organizada, teniendo como fin la preparación de la comisión de cualquiera de esos actos, está penada con el mismo castigo que los establecidos para el acto criminal específico. El código criminal se ha redactado teniendo en cuenta principalmente la predominancia del estado. Los castigos para los crímenes contra el estado son mucho más severos que los crímenes contra la propiedad civil o la vida. La pena máxima para el crimen civil con móviles tales como la codicia, el lucro y similares es de 10 años de prisión: mientras la pena máxima contra un daño a la propiedad del estado es la muerte. Otro rasgo de la ley criminal que se puso de relieve en este juicio es la falta de gradaciones en el castigo. Tanto, por ejemplo, que el testimonio de Radek indicaba que en 1935, se encontró en una posición en la que correspondía la aplicación del máximum de la pena. Después de haber estado complicado durante cuatro años en lo que tomó forma de una conspiración para destruir el gobierno, a pesar que había decidido “romper con el pasado” porque las condiciones habían cambiado tanto que sus convicciones eran otras de las que él mantenía en 1931.

    ANTECEDENTES DE LOS PRINCIPALES ACUSADOS

    Para estimar esta situación, debe tenerse en cuenta que prácticamente todos los acusados principales vivieron desde su más temprana juventud en una atmósfera de conspiración contra el orden establecido. Como intelectuales habían conspirado contra el Zar en su juventud, en sus días de universidad, y se habían enfrentado con la muerte a cada paso, a causa de sus actividades, hasta el triunfo de la revolución. La conspiración era su segunda naturaleza.
    Después de la muerte de Lenin en 1924, se desarrolló una lucha por la sucesión, entre los jefes. Los dos aspirantes más destacados eran Stalin y Trotsky. Este último era brillante, versátil, dinámico; el primero, un georgiano, era sencillo, extraordinariamente trabajador –un genio de la organización y un hombre de gran poder físico y mental y con una paciencia oriental. Como Secretario del Partido Comunista, construyó lentamente su maquinaria partidaria de lo que resultó la derrota de Trotsky y su destierro final en 1927. Aparentemente la lucha en ese tiempo no era tanto un conflicto de principios como un conflicto entre estas dos personalidades; como está indicado por el hecho de que muchos de los puntos que está proyectando actualmente Stalin formaban parte del programa de Trotsky. Esto podría ser en cierta forma, calificado por el hecho de que Stalin, aparentemente, aún en estos días, está dispuesto a realizar un programa de desarrollo de la idea comunista en Rusia como “la primera cosa a ser primeramente realizada”, dejando a la revolución mundial que se cuide por sí misma, mientras Trotsky era entonces y aún es el ardiente propulsor de la idea de que la revolución mundial es lo primero. Durante todo este período Trotsky había volcado a su favor a un gran número de adherentes entusiastas entre los jefes del partido. Estos hombres, después de caídos, fueron enviados al interior y privados de sus puestos oficiales gubernativos. Algunos pocos se retractaron después y fueron admitidos nuevamente en el partido y lograron posiciones oficiales. Pero siempre quedó flotando sobre ellos una nube de sospechas. A ninguno se les confió posiciones de categoría y se admite generalmente que no podrán recobrar la confianza completa de las actuales autoridades. Tales eran los seis principales acusados.

    OTROS FACTORES

    Debe recordarse también que fue Stalin quien proyectó su Plan Quinquenal en 1929, después del destierro de Trotsky. Este implicaba tanto los programas de industrialización como los de colectivización agrícola. Durante 1931 y 1932, cuando surgió la acusación de conspiración, estos planes imponían terribles esfuerzos a la población. Las condiciones eran entonces definitivamente mucho peores que en 1935. Los resultados de los planes solamente comenzaron a dar muestras de su posible éxito en 1934 y en 1935. Se admite que el régimen de Stalin era mucho más fuerte en 1935 que en 1931. A este mejoramiento de la situación se alude frecuentemente en el curso de los testimonios de los principales acusados como justificación de sus cambios de opiniones y son las razones dadas para el arrepentimiento y la confesión final.



    LA CORTE Y SU ATMÓSFERA

    Seguí asiduamente el juicio, que duró 6 días. Ha sido terrible su dramatismo. Las sesiones se desarrollaron en una habitación de algo techo que había pertenecido antes a un club de moda del antiguo régimen. A ambos lados del estrado se encontraban varias filas de asientos ocupadas por grupos de “obreros” enteramente diferentes en cada sesión, con la excepción de unas pocas filas en el centro, reservadas para periodistas locales y extranjeros, y para el Cuerpo Diplomático. Los diferentes grupos de “obreros”, se me advirtió, estaban encargados de la tarea de informar de los incidentes del juicio a sus distintas organizaciones. Tres jueces, vestidos de uniforme, presidían la Corte desde un elevado estrado en el frente del salón. Eran miembros del “collegium” militar, una parte de la Suprema Corte, encargada de intervenir en los juicios de ofensa contra el Estado. El estrado formaba parte de una plataforma a unos cinco pies de altura del suelo en el centro de la cual había una cavidad; el palco del testigo era una tarima (de alrededor de un pie de altura) situada en la cavidad y enfrente del juez que presidía. En la cavidad se encontraban también las mesas del consejo de defensores. En la derecha de la plataforma se ubicaban los acusados, rodeados por una cerca de madera de tres o cuatro pies de altura (una especie de palco de jurados). Se sentaban en cuatro filas de cuatro asientos cada una de cara al centro de la tarima. A intervalos de 30 minutos cuatro soldados bajo el mando de un oficial relevaban la guardia que rodeaba el palco de los prisioneros por todos sus lados excepto el frente. En el lado opuesto de la tarima, sobre ella, se encontraba el fiscal y sus dos asistentes, uno de ellos vestido de uniforme militar. La corte se reunía a las 12 horas, diariamente, y permanecía en sesión con un receso de 30 minutos hasta las cuatro. Recomenzaba la sesión a las 6 y continuaba hasta las 10 de la noche.


    EL JUICIO

    Los procedimientos comenzaron con la lectura de la acusación por el secretario de la corte. Era un largo recitado de los crímenes imputados, expuestos con muchos detalles y acompañados por muchas evidencias probatorias. Las declaraciones de que existían pruebas corroborativas de los alegatos, en forma de documentos escritos, creó alguna sensación entre los periodistas y los observadores diplomáticos. Es imposible afirmar si existían serias diferencias entre las pruebas de la acusación y las pruebas documentales examinadas, mientras ese desarrolló el juicio, puesto que los documentos no fueron, en algunos casos, examinados (alegando que los había destruido como pruebas en contra de ellos) y en otros casos solamente se mencionaron en el curso del testimonio o fueron reservados para su presentación a la corte militar en las cámaras.
    Cada uno de los acusados se levantó desde el lugar que ocupaba a una pregunta del jefe de justicia y se confesó culpable.
    El palco de los prisioneros estaba provisto de varios micrófonos convenientemente colocados para que se escucharan sus palabras. El fiscal, con notas que eran aparentemente confesiones firmadas, ante él, hizo, relativamente, pocas preguntas y cada acusado narró cronológicamente sus actividades criminales. El fiscal condujo el caso con calma y generalmente con admirable moderación.
    No había nada de anormal en la apariencia de los acusados. Todos tenían el aspecto de hombres bien nutridos y normales físicamente. En los primeros días del juicio manifestaron considerable curiosidad por la multitud y, aunque serios, no parecían muy preocupados. A medida que el juicio avanzaba, se puso más en evidencia lo desesperado de su situación, sosteniéndose las cabezas con las manos o apoyándola en la barandilla. Generalmente todos parecían escuchar con ansiedad el testimonio de los principales co-acusados. Dio la impresión que gran parte de los testimonios eran una sorpresa para ellos en algunos de los detalles.

    COMENTARIOS SOBRE LOS TESTIMONIOS Y LOS PRINCIPALES ACUSADOS

    Los principales acusados eran Pyatakov, Radek, Sokolnikov, Serebryakov y Muralov. Pyatakov fue el primero en declarar y se situó ante el micrófono, de frente al fiscal y se dirigió a él como un profesor que dicta su lección. Había sido Asistente del Comisario del Pueblo para la Industria Pesada; tenía la reputación de ser uno de los que lograron el triunfo del Plan Quinquenal, y declaró que provenía de una antigua familia de fabricantes. En detalle, calmo y desapasionado, procedió a la narración de sus actividades criminales. A medida que continuaba (como se realizó también con los otros) su testimonio debió ser interrumpido por el fiscal quien preguntó a varios de los otros acusados para corroborar ciertas afirmaciones específicas que él describía. En algunos casos modificaron o discutieron acerca de algunos hechos, pero en general, corroboraron el crimen cometido. Todo esto lo realizaban estos acusados con el máximo grado de indiferencia. Observé particularmente que después que Serebryakov, que era un viejo obrero ferroviario, fue llamado a corroborar un peculiarmente horrible crimen (lo que hizo lacónicamente), se sentó completamente ausente y bostezó.
    Radek, el segundo de los acusados en ser llamado era un tipo muy diferente (bajo y rechoncho pero con una agresiva y brillante personalidad) y casi dominaba a la corte. Estaba vestido como un campesino y su personalidad se acentuaba con un marco de barbas bajo su mentón. Su actitud fue la que él era un o de los jefes políticos del complot y que, aunque no había participado personalmente en los crímenes, tenía conocimiento de los mismos y asumía sin intentar evadirla, toda la responsabilidad de ello. Insistió continuamente, sin embargo, en que se trataban de crímenes “humanos” y constantemente trataba de justificarse alegando que eran crímenes de carácter político y realizados por una causa en la cual había creído anteriormente. Tuvo varios diálogos vivos con el fiscal y no quedó malparado en ellos. A través de su confesión dio pruebas de valor, pero al final de su alegato a la corte, pidió que recordaran que había sido él quien desenmascaró la conspiración trotskista, con la implicación de qué, si no hubiera sido por él, el gobierno no hubiera podido descubrir la conspiración. Serebryakov era de suaves modales y con apariencia de ser incapaz de “matar una mosca” pero describió horror tras horror proyectados por él. Se mostraba más o menos resignado con su suerte. Sokolnikov, ex embajador en Londres, Ayudante del Comisario del Pueblo para las Relaciones Exteriores, era de un tipo muy diferente, con cara redonda, moreno y de amplia frente. Nuevamente se lanzó a lo que podría ser una lectura desapasionada sobre su participación en la conspiración y expuso clara y lógicamente las razones que lo urgieron tanto a él como a sus asociados a organizar un complot con Japón y Alemania; las bases del cual eran que no existían posibilidades de proyectar sus planes para mejorar la situación del pueblo ruso internamente porque el gobierno de Stalin era tan fuerte que la acción de las masas no podría derribarlo y que históricamente ellos tenían razón, creyendo que la mejor probabilidad para llegar al poder consistía en una guerra exterior que creara un estado más reducido fuera del peligro, gracias a la amistosa disposición de los vencedores (los alemanes) y a la actitud probable de los poderes del oeste Europeo en los convenios de la paz subsiguiente.. Muralov parecía un soldado, usaba perilla, tenía el cabello gris y hermosas facciones aquilinas. Su altura sobrepasaba fácilmente los seis pies y usaba una blusa rusa oscura abotonada en el cuello. Se condujo con gran dignidad y se mostró viril y recto.
    Tuvo en una época una importante posición en el alto comando de las fuerzas militares de Moscú. Existían muchos indicios de verosimilitud en sus palabras naturales,, cuando explicó las razones por las cuales apoyaba a Trotsky como uno de sus más antiguos y mejores amigos y un gran hombre, que había sabido mantenerse virilmente donde otros “habían sido solamente lauchas”, y nuevamente pareció sincero cuando habló de sus razones para rehusarse a confesar y finalmente a retractarse. Negó que se hubiera ejercido presión contra él; agregó que durante ocho meses había rehusado tercamente confesar; que estaba resentido por su arresto; al principio hubiera preferido morir como un héroe y que la causa siguiera delante de esa manera, pero que, cuando gradualmente comprendió que el gobierno de Stalin había realizado grandes progresos y estaba realizando una gran obra para el pueblo ruso y que él era el equivocado, comprendió que su deber consistía en reconocerlo. Los restantes acusados eran de diferentes tipos y confesaron largamente sus crímenes.
    Todos los acusados parecían querer acumular la mayor parte de la acusación sobre ellos mismos -- “mea culpa máxima”— Requirieron poco examen de parte del fiscal. En el caso de uno de los acusados, el fiscal debió llamarle la atención para que se refiriera al caso y no enredara su testimonio con crímenes adicionales. La actitud del fiscal fue enteramente desprovista de intimidación. Aparentemente no era necesaria.
    Al concluirse los testimonios, el fiscal dirigió una larga arenga a la corte, basada en parte en la evidencia pero más que nada sobre cuestiones históricas extrañas. Fue una erudita y hábil acusación.

    ALEGATOS FINALES DE LOS ACUSADOS

    El acusado Pyatakov no pidió clemencia alguna en su discurso final, ni tampoco Shestov, que había sido su agente principal en la perpetración de algunos de los crímenes más atroces. Shestov, efectivamente, declaró que merecía la muerte y deseaba morir. Radek no solicitó clemencia, como tampoco Muralov. Sokolnikov, sí, pero de una manera muy digna. Los demás, sin excepción suplicaron clemencia.
    Al final de estos “últimos alegatos”, la corte se retiró, volviendo cinco horas más tarde con el veredicto.

    DECISIÓN DE LA CORTE


    Todos los acusados fueron considerados culpables y condenados de acuerdo con el grado de su culpabilidad. A Pyatakov y Serebryakov, como miembros del centro trotskista antisoviético y como organizadores de las actividades de traición, espionaje, destrucción y terrorismo, se les condenó a la pena capital: muerte por fusilamiento. Otros once, incluyendo a Muralov, por su condición de organizadores y ejecutores directos de los crímenes, fueron condenados a la misma pena. A Radek y Sokolnikov, como miembros del “centro colateral” trotskista antisoviético y responsables de sus actividades criminales –pero no participantes directos en la organización y ejecución de los crímenes--, se les impuso una pena de diez años de prisión. Otros dos, Arnold y Stroilov, fueron sentenciados a la misma pena, en virtud de los crímenes que se les adjudicó. El veredicto determinaba también que las propiedades personales de todos los condenados debían ser confiscadas y que todos los reos sentenciados a prisión serían privados de sus derechos políticos por un período de cinco años. La clemencia del tribunal para con Radek y Sokolnikov ocasionó general sorpresa.

    COMENTARIOS GENERALES

    El aspecto más extraordinario de este juicio, mirado desde un punto de vista occidental, es que el mismo haya tenido lugar. Todos los acusados se habían reconocido culpables. En consecuencia, lo único que podía hacer el tribunal era escuchar los alegatos de clemencia, juzgar el hecho y dictar las sentencias. Pero un juicio como el habido, que duró seis días y durante el cual el fiscal presentó todas las pruebas que presumiblemente podía, suponía -a nuestra manera de ver- un procedimiento inútil. Probablemente las autoridades obraron de ese modo persiguiendo dos propósitos.
    De ambos, uno fue admitido, a saber: que los hechos fueron dramatizados con fines de propaganda. Estaba destinado: primero, a servir de advertencia a todos los complotados y conspiradores existentes en la Unión Soviética; segundo, a desacreditar a Trotsky en el exterior; y tercero, a solidificar el sentimiento popular nacional en apoyo del gobierno contra sus enemigos externos: Alemania y Japón. Mientras se desarrollaba el juicio fueron empleados todos los medios de propaganda para llevar a todo el país los horrores de estas confesiones. Los periódicos llenaban sus columnas no sólo con informaciones sobre los testimonios sino también con comentarios del tono más violento y censurable con respecto a los acusados. La radio también tuvo un papel destacado en ese aspecto.
    El otro tendía probablemente a señalar a la gente por medio del juicio público, la legitimidad de las confesiones de los acusados. Si estas confesiones se hubieran hecho “en las cámaras”, o se hubieran dado a conocer bajo la firma de los acusados, su autenticidad podría haber sido negada. En cambio, de este modo nadie podría poner en duda confesiones hechas, frente a las propias acusaciones orales, en juicio público.
    De acuerdo con las informaciones que se poseían de los juicios anteriores, en la opinión de muchos observadores, el caso actual difería de aquéllos en que ahora existía prácticamente unanimidad en las confesiones, también mayor confirmación y una opinión más general entre los observadores desinteresados de que se trataba de una conspiración real contra el gobierno soviético.
    Con un intérprete a mi lado, seguí cuidadosamente la prueba. Naturalmente debo confesar que estaba predispuesto a desconfiar del testimonio de estos acusados. La unanimidad de su confesión; la circunstancia de haber permanecido encerrados e incomunicados durante largo tiempo, junto con la posibilidad de que se ejerciera violencia con ellos o sus familias, originaron en mí serias dudas con respecto al grado de veracidad que debía asignar a sus declaraciones.( antentos atentos )
    Sin embargo, analizando objetivamente y en base a la experiencia en los juicios y las pruebas de fe que en otros casos anteriores me habían proporcionado, llegué a la obligada conclusión de que el estado había resuelto el caso, al menos en lo que se refiere a probar la existencia de una vasta conspiración y complot entre los dirigentes políticos, contra el gobierno soviético, lo cual confirmaba el crimen alegado por la acusación. En mi mente, no obstante, quedan aún algunas reservas basadas sobre los hechos de que tanto el sistema de aplicación de penas por violación de la ley como la psicología de esta gente son tan diferentes a nuestras costumbres que tal vez las pruebas que yo aplicaría no resultarían exactas aquí. Admitiendo, sin embargo, que la naturaleza humana es la misma en todas partes, estoy aún impresionado por las muchas señales de crédito que obtuvieron en el curso de la prueba. Suponer que el procedimiento había sido inventado y representado como un ensayo de ficción política dramática, era presuponer el genio creativo de Shakespeare y el genio de Belasco en la producción teatral. La perspectiva histórica y las circunstancias que rodeaban el caso prestaban también fe al testimonio. El razonamiento que aplicaron Sokolnikov y Radek en la justificación de sus distintas actividades y su confianza en los resultados eran bien fundados y enteramente plausibles. El detalle minucioso, que sorprendió aparentemente por momentos tanto al fiscal como a los otros acusados, utilizado por los reos, corroboró involuntariamente los fundamentos de los cargos. La forma de declarar de algunos acusados y la firmeza con que se pararon tuvieron también efecto sobre mí. La declaración desapasionada, lógica y detallada denotaba convicción. Lo mismo cabía decir de Sokolnikov. El viejo general, Muralov, fue particularmente impresionante. Se comportó con fina dignidad y con la gallardía de un viejo soldado. En su “último alegato” dijo:
    Rehúso abogado y rehúso hablar en mi defensa, porque estoy acostumbrado a defenderme y atacar con buenas armas. En este momento no cuento con buenas armas para defenderme….No culpo a nadie por ello, yo mismo soy culpable. Esta es mi dificultad. Esta es mi desgracia… “
    Los acusados menores, que habían sido solamente instrumentos, ampliaron en forma sumamente detallada el relato de su crimen y en muchos momentos dieron la impresión de que lo que estaban diciendo salía de sus labios por primera vez. Estos y otros hechos que vi, arrojaron la creencia de que podía haber muchos adornos redundantes en el testimonio, pero que del mismo surgía la evidencia respecto de la existencia de una definida conspiración política contra el gobierno actual.
    De acuerdo con los anales, me sería difícil concebir en este caso que un tribunal, de cualquier jurisdicción, hiciera otra cosa que juzgar a los acusados culpables de haber violado la ley, como lo señalaba la acusación y lo definían los estatutos.
    [size=24]He hablado con muchos, si no con todos los miembros del Cuerpo Diplomático de ésta y, con posiblemente una sola excepción, todos eran de opinión que las actuaciones establecían claramente la existencia de un complot y conspiración política para derribar al gobierno.[/size]

    En el Cuerpo Diplomático no existe unanimidad de opinión con respecto al testimonio cuando se refería al alegado acuerdo de Trotsky con Japón y Alemania. La argumentación de dicho plan, tan calmosamente discutido y defendido por Sokolnikov y también por Radek, era aceptada por algunos, que señalaban que el mismo estaba de acuerdo con la conducta de Lenin al conquistar el poder mediante el uso del militarismo germano en 1917y la ascensión de los socialdemócratas en Alemania de las cenizas de la guerra. Para otros, esa parte de la prueba había que descartarla. Pero todos convenían en que el Estado había probado un caso de conspiración contra el actual gobierno.
    La impresión que me causó el juicio fue tan horrible como la que me inspiraba la Convención Constitucional.
    Con posterioridad al juicio han circulado constantemente rumores acerca de arrestos en masa de intelectuales y dirigentes políticos en todas partes de Rusia, acusados todos de formar parte del plan de Trotsky.
    Además de ello se afirma insistentemente que la viuda de Lenin, un Mariscal de la Revolución y Comisario de Defensa en servicio y otras personas ubicadas en esferas elevadas fueron detenidas. También se han recibido noticias del exterior afirmando que Voroshilov, Comisario de la Defensa partió para Moscú y que el Comisario de Relaciones Exteriores, Litvinov, ha sido arrestado y otras cosas por el estilo. Según informes, estos dos últimos son infundados. Otros pueden ser exagerados.
    Es interesante señalar que, en los comienzos de esta revolución, Lenin y los demás revolucionarios intelectuales convinieron (según la opinión pública) en que aprovecharían la lección de la Revolución Francesa y no permitirían que se introdujera la lucha interna entre ellos para alimentar contrarrevoluciones. Prácticamente, los únicos dirigentes bolcheviques de la primera hora que quedan son Stalin, Kalinin y Voroshilov. Todos los demás han sido confinados o fallecieron y muchos fueron “eliminados” o fusilados. A pesar de reconocer el peligro de que su ideal fuera destruido por la ambición de los hombres, la naturaleza humana se afirmó aquí nuevamente, como en la Revolución Francesa, con la única diferencia que su acción ha sido más lenta.
    En el Cuerpo Diplomático de ésta y entre los periodistas norteamericanos, prevalece la impresión de que el gobierno de Stalin está consolidado completamente en el poder y, en ausencia de una guerra exterior, conservará esa posición por mucho tiempo.
    En conclusión, quiero decir que el juicio entero y las circunstancias que lo rodeaban chocaron a nuestra mentalidad. Ha sido, sin embargo, la más poderosa demostración de los beneficios que brinda la protección constitucional de la libertad personal. El derecho de los acusados a ser defendidos ante el tribunal, el derecho a rehusarse a declarar contra sí mismos y, especialmente, la presunción de inocencia y la aplicación del antiguo principio jurídico de que es mejor que se escapen mil hombres culpables antes de ser injustamente condenado un inocente, cobran un verdadero significado frente a un juicio como éste.
    Tengo el honor de ser, Señor, respetuosamente vuestro,

    JOSEPH E. DAVIES


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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Miér Ago 25, 2010 2:48 am

    del libro de Broué

    Las declaraciones:
    los actos de terrorismo

    El asesinato de Kirov es el punto de partida de las acusaciones de terrorismo contra los viejos bolcheviques. La mayoría de los acusados del primer proceso reconocen haber participado directamente en su preparación.



    Los asesinos de Kirov en 1936

    Seis acusados del proceso de agosto de 1396 admiten, en efecto, haberse reunido en casa de Kamenev, en Moscú, durante el verano de 1934, para preparar el asesinato de Kirov. Kamenev, a sugerencias de Evdokimov, encargó a Bakaiev la supervisión, en Leningrado, de los preparativos. Kotolynov confirmó a Bakaiev que Nikolaiev estaba dispuesto a llevar a cabo el acto terrorista. Declara haber dado cuenta de su misión a Kamenev y a Zinoviev. El fiscal intenta precisar la responsabilidad de este último.

    VYCHINSKI: Se puede afirmar que usted no sólo fue el organizador y el inspirador del asesinato de Kirov, sino también el organizador de la rápida realización de todo este plan terrorista.

    ZINOVIEV: En aquel momento yo intentaba acelerarlo.

    Kirov fue la única víctima, pero, según el fiscal y los acusados, muchos otros dirigentes debían correr la misma suerte: por supuesto, Stalin, pero también Vorochilov, Kaganovich, Ordjonikidze, Jdanov, Kossior, Postychev. Zinoviev dice que Reingold, Dreitser y Pickel habían preparado un atentado contra Stalin que Pickel situaba en octubre de 1932. Bakaiev admite haber preparado otro en 1934, pero no indica las razones del fracaso. Berman-Iurin y David confiesan haber preparado dos atentados contra Stalin: uno en la XIII asamblea plenaria del Comité Ejecutivo de la Internacional -Stalin no acudió, Berman-Iurin permaneció en la puerta y David no pudo disparar-. Olberg fue detenido cuando preparaba, según dice, un atentado contra Stalin para el 1 de mayo de 1936. N. Lurie renunció a matar a Vorochilov porque su coche iba demasiado rápido, pensaba acabar con Ordjonikidze en una ceremonia a la que no asistió, y no pudo disparar contra Jdanov el 1 de mayo porque estaba "demasiado lejos".



    El asesinato político en el segundo proceso

    El asesinato de Kirov sale a relucir de nuevo en el segundo proceso. Las declaraciones de los acusados amplían aún más el círculo de los responsables, convirtiendo casi la preparación de dicho asesinato en un asunto público.

    RADEK: En cuanto a Kirov, los preparativos se plantearon en los siguientes términos: en abril de 1933, me preguntó si yo podía indicarle, entre los trotskistas de Leningrado, a un hombre que se encargara de organizar un grupo de terroristas.

    VYCHINSKI: ¿Contra quién?

    RADEK: Contra Kirov, claro está.

    VYCHINSKI: ¿Pidió su ayuda?

    RADEK: El hecho de dar el nombre de una persona supone ayuda, es evidente.

    VYCHINSKI: ¿Y entonces?

    RADEK: Le di el nombre de esta persona.

    VYCHINSKI: ¿Se lo dio?

    RADEK: Sí.

    VYCHINSKI: ¿De quién se trataba?

    RADEK: De Prigojin.

    VYCHINSKI: ¿Prigojin? ¿él podía encontrar a un asesino?

    RADEK: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Esto sucedía en abril de 1933?

    RADEK: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Y cuándo fue asesinado Kirov?

    RADEK: Kirov fue asesinado en diciembre de 1934.

    VYCHINSKI: Por lo tanto, muchos meses antes de someterse este infame crimen, usted, Radek, sabía que los trotskistas preparaban el asesinato de Kirov.

    RADEK: Y aún hay más. Sabía, de un modo general, que los zinovievistas preparaban la cosa, porque desde el momento en que decidió atacar a los dirigentes -Kirov era el dirigente más destacado, y los zinovievistas tenían su centro principal en Leningrado- era evidente que su organización terrorista se preparaba para atacar a Kirov. Además, Mrachkovski me había dicho: no tenemos a nadie en Leningrado. Los zinovievistas se están preparando allí y es evidente que debemos tener nuestra propia organización. Me habló de este modo, sin decirme lo que iba a pasar, ni cuándo tendría lugar; pero me indicó también que los zinovievistas preparaban un atentado en Leningrado, y yo sabía perfectamente, sin la menor duda, que se trataba de Kirov.

    VYCHINSKI: Cuando dice que Mrachkovski le informó sobre el papel de Bakaiev, ¿qué significa esto para usted?

    RADEK: Que Bakaiev dirigía de modo directo el asesinato de Kirov; no me lo dijo, pero me lo presentó como el dirigente de todos los grupos terroristas zinovievistas. Yo ignoraba si Bakaiev iba a cometer este asesinato o si lo haría otro; pero para mí era evidente que la preparación dependía de Bakaiev.

    VYCHINSKI: ¿Y en Moscú?

    RADEK: En cuanto a los zinovievistas y al hecho de que Reingold era el dirigente en Moscú, me había informado el mismo Dreitser. Cuando, por orden de Mrachkovski, Dreitser tuvo que venir a mi encuentro para orientarme concretamente, yo le pregunté: qué haces? "Esto y aquello..."

    VYCHINSKI: ¿Qué significa "esto y aquello"?

    RADEK: Me informó sobre lo que habían hecho los trotskistas hasta el momento, y me dijo que las cosas estaban en el estadio de la formación de los cuadros: estamos organizando, continuó diciéndome, una serie de grupos, y nos hemos asignado como tarea la lucha en común con los zinovievistas, tarea que consiste en utilizar a estos grupos cuando haya terminado el período de organización. Le pregunté: " ¿Quién preparará, por parte de los zinovievistas, este trabajo en Moscú?" Me contestó: "Bakaiev es el responsable de la dirección general por parte de los zinovievistas, del mismo modo que Mrachkovski lo es por la nuestra; en Moscú, el dirigente principal es Reingold."

    VYCHINSKI: Así, pues, ¿usted estaba totalmente informado de la actividad de estos grupos terroristas?

    RADEK: Evidentemente; como miembro del Centro, yo estaba completamente informado.

    VYCHINSKI: ¿Y estaba informado sobre la preparación práctica del asesinato?

    RADEK: Sobre la preparación práctica, sobre la reunión de los cuadros, sobre la organización de estos cuadros, sobre la instrucción de estos cuadros, estaba informado como miembro del bloque trotskista-zinovievista, desde su inicio.

    VYCHINSKI: ¿Al igual que como participante en los actos de terrorismo, uno de los cuales fue el asesinato de Kirov?

    RADEK: Y también de los actos de terrorismo, uno de los cuales fue el asesinato de Kirov. (...)

    SOKOLNIKOV: Yo sabía, desde principios de otoño o finales del verano de 1934, no lo recuerdo exactamente, que se preparaba un atentado contra Kirov en Leningrado. En cuanto a quién iba a llevarlo a cabo, lo ignoraba. No se me había dado detalles sobre esta cuestión. Pero en 1932 había oído hablar de la composición del centro de Leningrado.

    EL PRESIDENTE: Así, pues, usted confirma sus declaraciones en el sentido de que conocía la existencia de un centro terrorista en Leningrado y, principalmente, que formaban parte de este centro Levin, Kotolynov, Mandelstam y otros. ¿Lo confirma?

    SOKOLNIKOV: Sí, lo confirmo, en 1932 sabía esto.

    EL PRESIDENTE: ¿Sabía que Bakaiev había asumido la dirección inmediata de los preparativos de un acto de terrorismo contra el camarada Kirov?

    SOKOLNIKOV: No se me dijo de un modo directo, pero sabía que se había confiado a Bakaiev la dirección de los preparativos de un acto terrorista.

    EL PRESIDENTE: ¿En qué medida estaba usted ligado a Reingold en lo relativo a su actividad?

    SOKOLNIKOV: Reingold dirigía los grupos terroristas de Moscú. Me entrevista con él, pero nunca me informó del trabajo que hacía. En cuanto a las funciones que se le habían encargado, lo sabía por Kamenev.

    EL PRESIDENTE: ¿Reingold estaba más directamente relacionado con usted que con Kamenev?

    SOKOLNIKOV: Pero no me suministraba ninguna información sobre su actividad.

    EL PRESIDENTE: Reingold le visitaba a menudo, le hablaba de sus asuntos mucho más a usted que a Kamenev. ¿Cómo podía ignorar usted su actividad?

    SOKOLNIKOV: Nos veíamos, pero no me informaba de su actividad terrorista y no puedo decir nada sobre los detalles de su actividad.

    EL PRESIDENTE: Si ignora los detalles de la actividad terrorista de Reingold, ¿cómo sabe usted que en noviembre de 1934 Bakaiev se trasladó a Leningrado con la finalidad de preparar directamente el asesinato de Kirov?

    SOKOLNIKOV: Yo no tenía ninguna relación con los preparativos del asesinato de Kirov, a excepción de que, como miembro de la organización, tengo la responsabilidad de todos los actos y de todos los crímenes de la organización. Si estaba informado sobre la actividad de Bakaiev era porque Kamenev me lo había dicho. Conocía a Bakaiev desde hacía bastante tiempo y seguramente fue Kamenev quien, en el transcurso de una entrevista, me habló de Bakaiev.

    EL PRESIDENTE: ¿Entonces fue Kamenev quien le dijo, en 1934, que en noviembre de este mismo año Bakaiev se había trasladado a Leningrado para preparar un acto de terrorismo contra Kirov?

    SOKOLNIKOV: No puedo recordar si esto sucedió en noviembre. Me parece que fue un error de mi primera declaración. Kamenev me había hablado de ello a principios del otoño y aparentemente había nombrado a Bakaiev. No recuerdo ninguna entrevista posterior. Fue Kamenev quien me proporcionó estos datos. (...)

    VYCHINSKI: ¿Sostuvo usted una entrevista sobre el tema del asesinato de Sergio Mironovich Kirov?

    MURALOV: Sí, comentamos las impresiones que este acto produjo en el mundo entero, y comprobamos que la consigna, por lo menos, había comenzado a ponerse en práctica, puesto que ya se había suprimido a una persona.

    VYCHINSKI: ¡Se había suprimido a una persona! Y Piatakov dijo que entonces les había llegado el turno a los demás, ¿verdad?

    MURALOV: No habló del turno de los otros, al contrario, dijo que debía hacerse de un modo organizado. En general, no habíamos decidido si debía hacerse sucesiva o simultáneamente, pero, en todo caso, convinimos en que debíamos prepararnos. A este respecto, me hizo algunos reproches, al decirme que no se debía actuar abiertamente, como lo haría un soldado, sino con prudencia, de un modo organizado, etc.

    VYCHINSKI: Prudentemente, de un modo organizado, ¿pero se debía actuar?

    MURALOV: Sí.

    VYCHINSKI: En el transcurso de la instrucción previa, cuando usted fue interrogado hizo la siguiente declaración. Permítame que lea esta declaración (tomo XXV, f. 109):

    "En 1934, después del asesinato de Sergio Mironovich Kirov, tuve en Moscú una entrevista con Piatakov, que me declaró en el transcurso de la conversación: Ya hemos acabado con uno de los que estaban designados en el plan, y ahora le ha llegado el turno a los demás. Pero no hay que precipitarse."

    ¿Es esto exacto?

    MURALOV: Lo confirmo, esto fue lo que dijo.

    VYCHINSKI: ¿Fue exactamente así como lo dijo?

    MURALOV: A mi entender, no hay contradicciones con lo que yo he dicho.

    VYCHINSKI: Contradicción, no, pero es sólo para precisar.

    MURALOV: La única palabra distinta es "plan". Ya que él es especialista en materia de planificación.

    VYCHINSKI: Esto juega cierto papel. ¿Lo confirma?

    MURALOV: Sí, lo confirmo.

    VYCHINSKI: Quiero hacerle una pregunta a Piatakov. Acusado Piatakov, ¿qué tiene que decir sobre este tema?

    PIATAKOV: Las declaraciones de Muralov son en general bastante exactas. En cuanto a sus palabras, traducen su terminología particular, su modo de expresarse, pero, en el fondo, son exactas. Hablamos sobre todo de lo que ya dije en mi declaración, que no se trataba de hechos aislados, sino de una preparación organizada.

    VYCHINSKI: No se trata de las palabras, sino del sentido, lo que es muy distinto. Se ha dicho aquí que se había acabado con uno de los que se había designado en el plan. Se trataba del infame asesinato de Sergio Mironovich Kirov. Acusado Muralov, ¿es esto cierto?

    MURALOV: No respondo de las palabras, pero el significado era exactamente éste.

    VYCHINSKI: Si no nos detenemos en las palabras, al menos ¿cuál era su significado?

    MURALOV: El significado era que Kirov formaba parte de las cuatro personas señaladas por las directrices de Trotsky y que uno de los asesinatos que figuraba en el programa ya se había cometido.

    VYCHINSKI (a Piatakov): ¿Era éste el significado?

    PIATAKOV: Es exacto en cuanto al fondo.

    Como en el primer proceso, las denuncias y confesiones de proyectados atentados se entrecruzan: Stalin era uno de los designados por diversos grupos terroristas, y con él Jdanov, Eije, Beria, Kaganovich, Vorochilov, Postychev. De hecho, ninguno de estos atentados llegó ni a iniciarse. Sólo se mencionan de paso, sin ningún detalle sobre su preparación y las causas de su fracaso.

    No sucede lo mismo con el atentado contra Molotov, curiosamente exceptuado en los proyectos de 1936, pero que en esta ocasión será considerado como presunta víctima. Los organizadores del atentado se prestan a dar detalles:

    MURALOV: Hubo un atentado contra Molotov, pero el accidente de automóvil que se había proyectado no tuvo éxito.

    VYCHINSKI: Haga el favor de explicar detalladamente cómo se organizó este atentado contra el camarada Molotov, a quién encargó usted este trabajo y quién lo había organizado.

    MURALOV: Se lo encargué a Chestov. Me dijo que el grupo, a cuya cabeza se encontraba, según parece, Cherepujin, estaba ya preparado, y que había encontrado a un chófer dispuesto a sacrificar su vida para acabar con la de Molotov; pero, en el último momento, el chófer dudó y de este modo Molotov pudo salvarse.

    VYCHINSKI: ¿Cómo debía realizarse este atentado?

    MURALOV: El automóvil debía precipitarse a toda velocidad por un pequeño precipicio. En estas condiciones el automóvil volcaría a causa de la fuerza de la inercia, el coche resultaría destrozado y los ocupantes...

    VYCHINSKI: ¿Se llevó a cabo el intento de hacer volcar el coche por el precipicio?

    MURALOV: El intento se llevó a cabo, pero el conductor tuvo miedo, de manera que el coche no cayó por el precipicio.

    VYCHINSKI: ¿Y quién era el chófer?

    MURALOV: Creo que se trataba de Arnold.

    VYCHINSKI: ¿Había encargado a Chestov que organizara este asunto?

    MURALOV: Sí.

    VYCHINSKI (al Presidente): Permítame hacer una pregunta a Chestov. Acusado Chestov, ¿confirma usted esta parte de la declaración de Muralov?

    CHESTOV: Sí. La primera entrevista tuvo lugar el mes de noviembre de 1931. En aquella ocasión, Muralov únicamente me propuso llevar a cabo un acto de terrorismo contra el secretario del Comité del Partido del territorio de Siberia occidental, Eije. Más tarde, cuando le hube informado de que el grupo terrorista de Prokopievsk estaba dispuesto a realizar actos de terrorismo, Muralov me planteó una tarea mucho más amplia, relativa a actos de terrorismo. Me dijo que se debía preparar al grupo terrorista de Prokopievsk para llevar a cabo actos terroristas no sólo contra Eije, sino también contra otros miembros del gobierno, si éstos llegaban a la región de Kuznietsk. Esto sucedía en el mes de mayo de 1933.

    En verano de 1934 sostuve una entrevista con Muralov en Novosibirsk. En aquella ocasión, Muralov me dijo que, como en años anteriores, era de esperar la visita de ciertos miembros del gobierno; indicó que, en particular, se esperaba la llegada de Molotov -no sé de dónde había obtenido esta información- y que, por este motivo, se debía llevar a cabo un acto de terrorismo contra Molotov. Aún recuerdo que a principios de junio de 1933 le dije a Muralov que se esperaba la llegada de Ordjonikidze a la cuenca de Kuznietsk, y entonces me dio la orden de realizar un acto de Terrorismo contra él.

    VYCHINSKI: ¿Recibió esta orden de Muralov?

    CHESTOV: Sí.

    VYCHINSKI: Después de que Muralov le encargara directamente la preparación de actos terroristas, ¿qué hizo usted en la práctica ?

    CHESTOV: En cuanto tuve conocimiento de la llegada de Molotov, di orden a Cherepujin de venir inmediatamente a Prokopievsk para que dirigiera personalmente el acto terrorista contra molotov. Nada más llegar, me dijo que había encargado a Arnold la ejecución de este acto terrorista. El plan de preparación de este acto terrorista preveía la ejecución de un atentado por medio de un accidente de automóvil, y se habían elegido dos lugares propicios. Para los que conocen Prokopievsk, uno de estos lugares se encontraba cerca del pozo número 5 en dirección a las oficinas de la mina, y el otro, entre la ciudad obrera y el pozo número 3. No se trataba de un "pequeño precipicio", como ha dicho Muralov, sino de un barranco de 15 metros de profundidad.

    VYCHINSKI: ¡Un pequeño precipicio de 15 metros! ¿Quién escogió este lugar?

    CHESTOV: Cherepujin y yo.

    VYCHINSKI: ¿Escogió usted mismo este lugar?

    CHESTOV: En aquella época yo trabajaba en Prokopievsk, y conocía perfectamente el estado del terreno de aquella comarca. VYCHINSKI: ¿Usted escogió dos sitios, y la orden que dio a los ejecutores del atentado era: en uno u otro?

    CHESTOV: Sólo en estos dos sitios; no podía hacerse en otros.

    VYCHINSKI: ¿Quién habló de estos lugares a los ejecutores del atentado?

    CHESTOV: Cherepujin. Me dijo que había convencido a Arnold de que condujera el coche.

    VYCHINSKI: ¿Y a qué se dedicaba entonces Arnold?

    CHESTOV: Arnold dirigía un garaje. Era un chófer con experiencia. Además, según me señaló Cherepujin, había tomado precauciones complementarias por si Arnold tuviera miedo por cualquier razón. Un camión, que circularía en dirección contraria, debía chocar con su coche, de tal modo que los dos se precipitaran por el barranco.

    Efectivamente, Arnold condujo a Molotov, pero, al virar, desorientó al conductor del camión quien, seguro de que el coche de Arnold caería por el barranco, encontró inútil chocar contra él. En efecto, Arnold giró hacia el barranco, pero no con bastante brusquedad, y los guardias que acompañaban al coche consiguieron, literalmente, agarrarlo cuando ya caía. Molotov y las demás personas que viajaban con él -incluido Arnold- salieron del coche una vez que éste hubo volcado. Esto es lo que me contó Cherepujin a este respecto.

    Al analizar la situación con Cherepujin, llegamos a la conclusión de que Arnold no había acelerado suficientemente ni había girado con toda la brusquedad necesaria.

    VYCHINSKI: ¿A qué velocidad debía efectuarse el viraje?

    CHESTOV: A gran velocidad, pero no se hizo de este modo.

    VYCHINSKI: ¿Y el coche bajó lentamente?

    CHESTOV: Lentamente, no, pero dado que el chófer giró con demasiada lentitud, el coche no volcó con la velocidad prevista; si el viraje hubiese sido brusco, no hubiera podido ser detenido a tiempo por el coche que venía detrás.

    VYCHINSKI: Los que iban detrás tuvieron tiempo de prestar ayuda. ¿Quién le ha contado esto?

    CHESTOV: Cherepujin.

    VYCHINSKI: ¿Y Arnold?

    CHESTOV: Arnold me contó lo mismo, inmediatamente después del suceso.

    VYCHINSKI: ¿Y concordaba?

    CHESTOV: Sí.

    VYCHINSKI (al Presidente): Permítame interrogar a Arnold. Acusado Arnold, usted ha oído la declaración de Chestov. ¿Sucedió todo como él ha declarado?

    ARNOLD: La parte técnica ha sido descrita de un modo insuficiente...

    VYCHINSKI: Pero en el fondo, ¿el hecho se produjo?

    ARNOLD: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Lo confirma usted?

    ARNOLD: Sí.

    EL PRESIDENTE: Volvamos al interrogatorio del acusado Muralov.

    MURALOV: Permítame algunas palabras sobre las explicaciones dadas por Chestov. No voy a entablar una discusión con Chestov para saber si se trataba de un pequeño foso o de un barranco...

    VYCHINSKI: ¿Estuvo usted personalmente en el sitio donde se encontraba situado el foso?

    MURALOV: No, no fui.

    VYCHINSKI: ¿De modo que usted no lo vio?

    MURALOV: No, pero en Prokopievsk hay muchos barrancos, todo son barrancos y colinas.

    VYCHINSKI: Si no ha visto el sitio, no puede discutir.

    MURALOV: No voy a iniciar una discusión. (...)

    El ejecutor confiesa el intento y el fracaso.

    VYCHINSKI: ¿Cuándo organizó usted actos de terrorismo?

    ARNOLD: El primero en 1934, a principios de año, más exactamente en primavera.

    VYCHINSKI: ¿Contra quién?

    ARNOLD: Contra Ordjonikidze.

    VYCHINSKI: ¿En qué consistió?

    ARNOLD: Cherepujin me había dicho: "Ordjonikidze debe llegar mañana. Estáte atento, deberás llevar a cabo un acto terrorista. Cueste lo que cueste."

    VYCHINSKI: Bien, ¿y después?

    ARNOLD: Acepté esta proposición. Al día siguiente fui a la estación en coche; conducía yo mismo, pues como jefe de garaje y miembro del Partido estaba fuera de sospechas. Ordjonikidze, Eije y Rujimovich tomaron asiento. Los conduje a la colonia alemana. Luego me rogaron que los llevara a Tyrkan; subimos la cuesta y me hicieron detener en la cima para contemplar Prokopievsk. Más tarde, nos detuvimos en los pozos números 7-8-9. Cherepujin me había dicho que todo estaba preparado: "Verás en aquel lugar un obstáculo, ¡lánzate contra él!" Cuando bajaba de la loma -iba a bastante velocidad, 70-80 kilómetros por hora- vi el obstáculo a unos 1.500 metros de distancia.

    En seguida comprendí que se trataba del lugar donde debía provocar el accidente. Al no conocer el sitio, no sabía lo que me iba a pasar... Disminuí la velocidad y giré a la izquierda, por el puente, en lugar de seguir recto.

    VYCHINSKI: ¿No se decidió usted?

    ARNOLD: No pude hacerlo.

    VYCHINSKI: ¿No pudo, no se decidió a hacerlo? Fue una suerte para nosotros. ¿Y el segundo caso?

    ARNOLD: Una mañana, Cherepujin llegó a la oficina y me dijo: "Hoy llegará Molotov. Ten cuidado de no fallar el golpe esta vez." Le dije: "No lo fallé." Y me contestó: "Sí, ya sé cómo no lo fallaste." Entonces comprendí que alguien me vigilaba. Le contesté que lo haría. Llevé el coche ante la Exposición. Conocía muy bien el lugar donde debía provocar el accidente. Había una curva muy cerca del número 3. A lo largo de ésta existe no un foso como decía Chestov, sino lo que nosotros llamamos un talud, con una pendiente de 8 a 10 metros y una inclinación casi vertical. Cuando llegué en coche a la estación, Molotov, Kurganov, secretario del Comité regional del Partido, y Griadinski, presidente del Comité ejecutivo de los Soviets del territorio, subieron al coche... Me rogaron que los llevara a la ciudad obrera, a la calle Komsomolskaia. Cuando iba a salir del atajo para enfilar la calzada, un coche vino de repente a mi encuentro. No era el momento de pensar, debía llevar a cabo un acto de terrorismo. Y de repente vi un segundo coche que se lanzaba en la dirección que yo seguía. Entonces comprendí que Cherepujin no me había creído y había enviado un segundo coche. No tuve tiempo de pensar. Fui presa de pánico. Logré girar hacia el foso, pero en aquel momento Griadinski me agarró y me dijo: "¿Qué haces?"

    VYCHINSKI: ¿Qué lo detuvo?

    ARNOLD: El miedo.

    VYCHINSKI: ¿Y esto hizo cambiar sus planes criminales?

    ARNOLD: Sí.

    De hecho, el balance de las víctimas del terrorismo político es ínfimo: el fiscal, para dar a su requisitoria todo el peso de la sangre con que quiere cargar a los acusados, prefiere evocar los cadáveres de los obreros muertos en los actos de sabotaje en las fábricas. En estos momentos, por lo que se refiere a víctimas de los "trotskistas" y de los derechistas, sólo se cuenta con los chichones de Molotov y sus compañeros y con el cadáver de Kirov, que ya ha sido exhaustivamente utilizado.



    El asesinato de Kirov

    El proceso Bujarin aporta nuevos elementos a este respecto: Iagoda, Jefe de la G.P.U. en la época en que fue asesinado Kirov, confirma su complicidad en el transcurso del interrogatorio de Bujarin, el 5 de marzo de 1938.

    VYCHINSKI: ¿Tomó usted, personalmente, algún tipo de medidas para que se llevara a cabo el asesinato de Sergio Mironovich Kirov?

    IAGODA: ¿Personalmente?

    VYCHINSKI: Sí, como miembro del bloque.

    IAGODA: Di la orden...

    VYCHINSKI: ¿A quién?

    IAGODA: En Leningrado, a Zaporojets. Pero las cosas no sucedieron en absoluto de este modo.

    VYCHINSKI: Hablaremos de ello más tarde. De momento debo esclarecer la participación de Rykov y Bujarin en este crimen.

    IAGODA: Di una orden a Zaporojets. Cuando Nikolaiev fue detenido...

    VYCHINSKI: ¿La primera vez?

    IAGODA: Sí, Zaporojets vino a informarme de que un hombre había sido detenido...

    VYCHINSKI: ¿Qué llevaba en su cartera?

    IAGODA: Una pistola y un diario personal. Me indicó también que lo habían puesto en libertad.

    VYCHINSKI: ¿Y usted lo aprobó?

    IAGODA: Tomé nota de ello.

    VYCHINSKI: ¿Dio usted seguidamente la orden de no poner obstáculos al asesinato de Sergio Mironovich Kirov?

    IAGODA: Sí, la di... Pero no de esta manera.

    VYCHINSKI: ¿De un modo algo distinto?

    IAGODA: No de esta manera, pero esto no tiene importancia.

    VYCHINSKI: ¿Dio usted la orden?

    IAGODA: La había confirmado.

    VYCHINSKI: La había confirmado. Siéntese.

    A lo largo de su propio interrogatorio, Iagoda añade interesantes detalles:

    IAGODA: En primer lugar, está el asesinato de Kirov. ¿Cómo sucedieron las cosas? En verano de 1934 Enukidze me informó de la decisión tomada por el centro del "bloque de derechistas y de trotskistas", relativa a la organización del asesinato de Kirov. Rykov había tomado parte directa en esta decisión. Este comunicado me dio a conocer, sin lugar a dudas, que grupos trotskistas-zinovievistas terroristas preparaban concretamente este asesinato. Es inútil decir que intenté poner algunas objeciones; aduje una serie de argumentos sobre la inanidad, sobre la inutilidad de este acto terrorista. Incluso llegué a formular el argumento de que, en relación con este acto de terrorismo perpetrado contra la persona de un miembro del Gobierno, yo sería el primero sobre quien recayeran las responsabilidades, puesto que era el responsable de la salvaguardia de los miembros del Gobierno. No hace falta insistir sobre el hecho de que mis objeciones no fueron tenidas en cuenta, que no tuvieron ningún efecto. Enukidze insistía para que yo no opusiera ningún obstáculo al acto terrorista, el cual, decía, sería ejecutado por un grupo trotskistazinovievista. En consecuencia, fui obligado a invitar a Zaporojets, que ocupaba el cargo de jefe adjunto de la Sección del Comisariado del pueblo de Asuntos Interiores, en Leningrado, a no poner obstáculos a la ejecución de un acto de terrorismo contra la persona de Kirov. Al cabo de cierto tiempo, Zaporojets me informó de que miembros del Comisariado del pueblo para Asuntos Interiores habían detenido a un tal Nikolaiev, que llevava consigo una pistola y el itinerario de Kirov. Nikolaiev fue puesto en libertad. Poco tiempo después, Kirov era asesinado por el mismo Nikolaiev.

    Bulanov revela al tribunal ciertas confidencias de Iagoda:

    En la primera mitad de 1936, supe por primera vez que lagoda había tenido conocimiento, en su día, del modo en que había sido organizado el asesinato de Kirov.

    Un día entré, como hacía siempre, sin hacerme anunciar, sin avisar, en el despacho de Iagoda; lo encontré en un estado de extrema excitación, después de una conversación con Molchanov.

    Cuando Molchanov se hubo marchado, Iagoda irritado exclamó: "Tengo la impresión de que Ejov va a desenterrar también el asunto de Leningrado." Luego, más calmado, aunque generalmente no me ocultaba nada, me advirtió de la necesidad de guardar rigurosamente en secreto la confidencia que iba a hacerme, y, después de haberme prometido veinte o cuarenta veces que me haría saltar los sesos "si hablaba", me dijo que había estado al corriente de los preparativos del atentado contra S. M. Kirov -, me dijo que tenía en Leningrado a un hombre seguro, al corriente de todo -el jefe adjunto de la Sección del Comisariado del pueblo de Asuntos Interiores para la región de Leningrado, Zaporojets. Me dijo que éste había organizado las cosas de forma que el asesinato de Kirov por Nikolaiev fuera cometido con la anuencia y por tanto el apoyo de Zaporojets.

    Recuerdo que lagoda me dijo, entre otras cosas, que había reprendido a Zaporojets por su falta de habilidad; pues por poco no se descubrió todo entonces; algunos días antes del asesinato de Kirov, la guardia detuvo por error a Nikolaiev, en cuya cartera se encontró una libreta de notas y una pistola. Zaporojets ordenó que se le pusiera en libertad inmediatamente.

    Iagoda me contó después que Borissov, colaborador de la sección de Leningrado del Comisariado del pueblo de Asuntos Interiores, estaba mezclado en el asesinato de Kirov. Cuando los miembros del Gobierno -que se habían trasladado a Leningrado- hicieron venir a Smolny a Borissov para interrogarlo como testigo del asesinato de Kirov, Zaporojets, inquieto, y temiendo que Borissov denunciara a los que estaban detrás de Nikolaiev, decidió matar a Borissov. Por indicación de lagoda, Zaporojets se las arregló para que el coche que debía llevar a Borissov a Smolny sufriera un accidente. Borissov fue asesinado, y de este modo se libró de un peligroso testigo. Entonces comprendí las excepcionales precauciones que tomó Iagoda, cuando Medved, Zaporojets y los demás colaboradores fueron detenidos y citados ante la justicia. Recuerdo que me había encargado que me ocupara de la familia de Zaporojets y de la de Medved; también recuerdo que los hizo deportar de un modo poco corriente, no en un vagón celular sino en uno especial que iba directo al punto de destino. Antes de la partida, hizo venir a Zaporojets y Medved.

    Los asesinatos de Gorki, Menjinski y Kuibychev

    El hombre que durante tanto tiempo había sido el jefe de policía declara a continuación haber organizado personalmente los asesinatos de su predecesor Menjinski, del dirigente Kuibychev y del escritor Máximo Gorki.

    IAGODA: En aquella época se llevó a cabo el asesinato de Menjinski. Niego que me guiaran motivos personales en el asesinato de Menjinski. Aspiraba al puesto de jefe de la O.G.P.U. no por consideraciones de índole personal, ni con la intención de hacer carrera política, sino en beneficio de nuestra organización de conspiradores. La decisión del centro respecto a este asunto me la comunicó Enukidze en persona. Se habían utilizado médicos en ambos casos, lo que ofrecía grandes garantías en cuanto a la imposibilidad de ser descubiertos.

    Cuando Enukidze me transmitió la decisión del centro sobre el asesinato de Kirov, expresé mi temor de que un acto de terrorismo directo podía no sólo descubrirme a mí sino a toda la organización. Indiqué a Enukidze un procedimiento menos peligroso, y le recordé cómo Mejinski había sido asesinado con la ayuda de médicos. Enukidze respondió que el asesinato de Kirov debía ejecutarse tal como se había decidido, que los trotskistas y zinovievistas habían tomado a su cargo este asesinato, y que nosotros no debíamos poner obstáculos.

    En cuanto al método del asesinato sin riesgos con la ayuda de médicos, Enukidze me dijo que, dentro de poco, el centro decidiría qué dirigentes del Partido y del Gobierno serían asesinados en primer lugar por este procedimiento.

    En efecto, al cabo de cierto tiempo, en el transcurso de mi siguiente entrevista con Enukidze, éste me informó de que el centro había decidido emprender una serie de actos terroristas contra miembros del Comité ejecutivo y, además, contra la persona de Máximo Gorki. Comprendí la decisión respecto a Kuibychev, pero no podía comprender en absoluto la necesidad de cometer un acto de terrorismo contra la persona de Máximo Gorki. Enukidze me explicó que el "bloque de derechistas y de trotskistas" -que tenía como proyecto inmediato el derrocamiento del poder de los Soviets- veía en la persona de Gorki a una peligrosa figura. Gorki era un partidario incondicional de la dirección stalinista, y estaba claro que, en caso de que el complot se llevara a cabo, levantaría su voz para protestar contra los conspiradores, contra nosotros. Teniendo en cuenta la inmensa autoridad de Gorki tanto dentro como fuera del país, el centro, según decía Enukidze, había tomado la categórica decisión de suprimirlo físicamente.

    Ante mi firme negativa, Enukidze me ordenó que le enviara a Levin.

    Así lo hice y después del regreso de Levin de casa de Enukidze, le confirmé la orden recibida. Más tarde, sostuve varias conversaciones con Levin y, a instancias suyas, convoqué a

    Pletnev.

    Yo declaro que Rykov, Bujarin y los demás acusados que se, encuentran aquí, en el banquillo de los acusados, tienen la absoluta responsabilidad de estos actos terroristas. Declaro que estos actos fueron realizados siguiendo sus decisiones. En cuanto al modo en que se llevó a cabo este asunto, los médicos podrán decirlo mejor que yo.

    Existe otro hecho sobre el que quiero llamar la atención del tribunal.

    Se trata del intento, por parte del grupo de conspiradores, de envenenar a Ejov.

    Después del nombramiento de Ejov para el puesto de Comisario del pueblo de Asuntos interiores, se vio claramente que toda la actividad de nuestro grupo, así como la del "bloque de derechistas y de trotskistas" iba a ser descubierta. Ejov ya había empezado- a crear serias dificultades a ciertos núcleos de conspiradores y, naturalmente, podía llegar al núcleo de la organización, y principalmente a mí.

    Entonces, para salvar nuestra organización, para salvar a Rykov, a Bujarin y a los demás, decidimos matar a Ejov. Bulanov procedió al envenenamiento; ya lo ha contado aquí. Niego algunos párrafos de sus declaraciones, aunque no cambian en absoluto los hechos, en el fondo no cambian nada.

    El acusado Kriuchkov da detalles sobre el asesinato de Pechkov, hijo de Gorki, cometido, según él, por orden de lagoda, y también sobre el asesinato de Gorki. Los doctores Pletnev, Kazakov, Levin y el ex secretario de Kuibychev, Maximov-Dikovski, cuentan con toda clase de pormenores los preparativos y ejecución de estos asesinatos médicos. Finalmente, el profesor Burmin, "Maestro Distinguido de la ciencia", da lectura a un informe de cinco expertos de la medicina soviética que confirman la acusación y las declaraciones respecto a los asesinatos de Gorki, Kuibychev, Mejinski y Pechkov y el "envenenamiento" de Ejov. Se reconoce la culpabilidad de los acusados en estos cuatro asesinatos: en total, con el de Kirov, cinco cadáveres, víctimas del terrorismo político de los trotskistas y de los derechistas.


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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Miér Ago 25, 2010 2:50 am

    Las declaraciones: el sabotaje

    Hasta el segundo proceso -después del proceso de Novosibirsk- no aparecen de un modo preciso acusaciones y confesiones de sabotaje económico. Piatakov da la línea general de las acciones emprendidas. Después de él, sus coacusados ilustran sus afirmaciones con ejemplos sacados de su actividad concreta.

    Sabotaje en Kemerovo

    El ex trotskista Drobnis era uno de los dirigentes del combinat de Kemerovo. Presta declaración el 25 de enero de 1937.

    DROBNIS: Uno de los principales objetivos del sabotaje en el ámbito de la planificación consistía en invertir los fondos en la construcción de empresas secundarias. Otro objetivo consistía en entorpecer la construcción de modo que las principales empresas no pudieran ponerse en funcionamiento en los plazos fijados por el gobierno.

    VYCHINSKI: ¿O sea, que se trataba de impedir que se cumplieran los plazos fijados?

    DROBNIS: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Principalmente en lo que concierne a las empresas que trabajaban para la defensa nacional?

    DROBNIS: Sí. Se trataba de poner en práctica modificaciones en los proyectos y de aplazar los pagos a las organizaciones encargadas de realizarlos para que, como consecuencia de todo ello, los proyectos llegaran con gran retraso. Esto, claro, retrasaría el ritmo y la marcha de la construcción. Hay que decir que todo esto se hacía de un modo suficientemente habilidoso. Por ejemplo, para los edificios principales del combinat de abonos nitrogenados, existían unos proyectos, mientras que para las partes consideradas secundarias -pero que, sin embargo, tenían una considerable importancia para el pleno funcionamiento de la empresa en todos los detalles deseados, tales como conducciones de gas, conducciones de vapor, etc.- los proyectos no se elaboraban a tiempo; además, los constantes embrollos en cuanto a la liquidación de las cuentas con las organizaciones que planeaban los proyectos daban como resultado que éstos llegasen con grandes retrasos...

    (...) La central eléctrica del distrito estaba totalmente preparada para que se pudiese, llegado el caso, inundar los pozos, si se recibía esta orden de sabotaje. Además, era casi imposible poner en funcionamiento la calefacción de la central eléctrica, porque los carbones utilizados no respondían a las condiciones técnicas exigidas, con lo que se provocaban continuas explosiones. Todo esto se realizaba con completo conocimiento de causa.

    éstas son, aproximadamente y a grandes rasgos, las medidas de sabotaje que se habían tomado y que llegaron a aplicarse.

    Por otra parte, se trataba de originar averías. Hubo dos averías muy importantes. Sin consecuencias mortales, es cierto; pero algunos obreros sufrieron graves heridas.

    Con respecto a las empresas auxiliares, es decir, al terreno que me concernía directamente, el sabotaje se centraba en los transportes. Se trataba principalmente de tener parados a los vehículos el máximo tiempo posible, de reducir el funcionamiento del parque; además, en la construcción de viviendas, el trabajo se realizaba a tal ritmo, que ni siquiera los ingenieros, el personal técnico y los obreros recibían alojamientos, lo que, en período de explotación, habría motivado una penosa y difícil situación. Esto es más o menos todo cuanto puede decirse sobre la planificación y realización de los actos de sabotaje. (...)

    VYCHINSKI: Provocar la cólera de los obreros en contra del poder de los soviets: ¿era ésta su tarea?

    DROBNIS: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Y, para ello, usted consideraba que se podían utilizar todos los medios,, incluso el asesinato de obreros?

    DROBNIS: Sí.

    Sabotaje en las minas

    Chestov habla extensamente sobre los crímenes cometidos en las minas, siguiendo sus órdenes.

    CHESTOV: La característica esencial del plan consistía en que la actividad de diversión y de destrucción sería ejecutada, por una parte, por Stroilov y, por otra, por la organización trotskista que yo iba a crear. Stroilov debía llevar a cabo el siguiente plan:

    1) Sabotear la construcción de nuevas minas y la reconstrucción de las antiguas.

    2) Esforzarse en organizar los trabajos de construcción y reconstrucción de las minas de manera que sólo pudieran ser explotadas por secciones. Pretendíamos impedir que llegaran a cumplirse los rendimientos proyectados.

    3) Aplicar sistemas de extracción de la hulla que comportaran el máximo de pérdidas y provocaran incendios subterráneos.

    4) Sabotear conscientemente la preparación de nuevos filones y nuevos yacimientos con el fin de acabar definitivamente, no sólo con la industria minera de la cuenca de Kuznetsk, sino también con la metalurgia del Ural y de la Siberia Occidental.

    5) Trabar deliberadamente los trabajos preparatorios con la finalidad de desensamblarlos de los trabajos de desescombro.

    6) Apoyar del modo más efectivo la destrucción de las máquinas, en particular de las máquinas de cargar, transportar y volcar la hulla. Por medio de estos actos queríamos no sólo boicotear el plan de extracción de la hulla, sino también exasperar a los obreros.

    7) Por último, poner en práctica el sabotaje del trabajo de choque y, más tarde, el sabotaje del movimiento estajanovista; así como las vejaciones a los obreros.

    (...) Finalmente, en todas las minas, en Prokopievsk, Anjerka y Leninsk se organizó el sabotaje del movimiento estajanovista. Se dieron instrucciones de exasperar a los obreros. Antes de que el obrero llegara a su lugar de trabajo debía renegar en contra de la dirección, una y mil veces. Se crearon unas condiciones de trabajo insoportables. Era imposible trabajar no sólo siguiendo los métodos estajanovistas sino siguiendo simplemente los ordinarios.

    Sabotaje en los ferrocarriles

    Durante el mismo proceso, ingenieros y administradores se acusan.

    SEREBRIAKOV: A principios de 1934, o quizás a finales de 1933, al llegar a Moscú, pasé por el Comisariado del pueblo de Comunicaciones para entrevistarme con A. M. Arnoldov, con el que ya había tenido relaciones en 1926 y 1927. Se mostró completamente dispuesto a encargarse de la realización y dirección del sabotaje en los transportes. Ambos establecimos unos objetivos muy claros y concretos: desorganizar el tráfico y disminuir los cargamentos diarios, mediante la prolongación de trayectos de vagones vacíos, la limitación del recorrido de determinados trenes, el empleo restringido de la potencia de tracción de las locomotoras, etc.

    En 1934, por indicación de Piatakov, Livchitz, que era jefe del ferrocarril del sur, vino a verme a la dirección central de transportes ferroviarios. Le informé de mi conversación con Arnoldov. Me dijo que su ayudante en el ferrocarril del sur, Zorin, podría llevar a cabo este trabajo. En el mismo año 1934, induje a participar eil el sabotaje de los transportes al jefe del ferrocarril de Tomsk, Mironov, a quien había conocido en el Comisariado del pueblo de comunicaciones, en 1926-1927, y que finalmente aceptó. También en 1934, me llegaron noticias de que Fufrianski, que trabajaba en el Comisariado del Pueblo de Comunicaciones y Emchanov, jefe adjunto del ferrocarril MoscúDonbass, habían entrado a formar parte de la organización. Se decía que Kniazev también lo había hecho.

    En 1935, cuando L. M. Kaganovich fue nombrado para un cargo en transportes, me asaltó la duda del posible descubrimiento de todo el grupo; Arnoldov me tranquilizó, diciéndome que el sabotaje estaba muy bien camuflado por las "normas", que las "normas límites" habían recibido, por decirlo de algún modo, derecho de ciudadanía en los transportes. Aunque las "normas límites" hubiesen recibido derecho de ciudadanía, lo cierto es que Kaganovich las desenmascaró rápidamente. (...)

    Además de los actos cometidos por las organizaciones tanto en el centro como en provincias -actos que debían comenzar por establecer el desorden y la confusión en el funcionamiento de los transportes-, se debía garantizar asimismo la posibilidad de ocupar, en los primeros días de la movilización, los principales núcleos ferroviarios, creando embotellamientos en ellos. (...)

    VYCHINSKI: Tomemos un ejemplo concreto: ¿Organizó Kniazev catástrofes ferroviarias?

    LIVCHITZ: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Dio usted instrucciones a Kniazev para que organizara estas catástrofes?

    LIVCHITZ: Sí.

    VYCHINSKI: ¿A pesar de ser quien era?

    LIVCHITZ: A pesar de ser adjunto del Comisariado del pueblo.

    VYCHINSKI: De modo que es cierto que dio instrucciones para organizar catástrofes ferroviarias. ¿Habló usted con Kniazev sobre las víctimas inevitables que ocasionarían dichas catástrofes?

    LIVCHITZ: No recuerdo que tratáramos este tema de una manera especial, pero si se provocan catástrofes ferroviarias, ya sea en trenes de viajeros, militares o de mercancías, es natural que estas catástrofes produzcan víctimas.

    VYCHINSKI: ¿No dudó usted en provocar víctimas?

    LIVCHITZ: No.

    VYCHINSKI: ¿Con premeditación?

    LIVCHITZ: El hecho de que diera las órdenes para provocar catástrofes, significa que preveía las consecuencias. (...)

    EL PRESIDENTE: ¿Dio usted normas concretas a Kniazev para organizar catástrofes, principalmente cuando se tratara de convoyes militares o de trenes militares?

    LIVCHITZ: No le di instrucciones concretas; sólo generales.

    EL PRESIDENTE: ¿Le informó Kniazev de que en una estación había conseguido provocar una catástrofe en la que perecieron veintinueve soldados del Ejército Rojo y otros veintinueve resultaron heridos?

    LIVCHITZ: Sí, lo sabía.

    EL PRESIDENTE: ¿Y puede saberse cuál fue el informe de Kniazev? ¿Le felicitó usted o lo amonestó?

    LIVCHITZ: No lo amonesté.

    EL PRESIDENTE: ¿Ni lo felicitó?

    LIVCHITZ: Ni lo felicité ni lo amonesté.

    EL PRESIDENTE: Entonces, ¿tomó simplemente nota de ello?

    LIVCHITZ: Sí. (...)

    (...) VYCHINSKI: Se produjo un choque muy importante, con numerosas víctimas, soldados rojos muertos, soldados rojos heridos, y usted, jefe de la red, ¿no sabe si estaban heridos gravemente o tan sólo de manera leve?

    KNIAZEV: En aquel momento sin duda lo sabía.

    VYCHINSKI: Si entonces lo sabía, debería usted recordarlo; ¿o es que quizá se produjeron en su misma red otros choques? No eluda la respuesta.

    KNIAZEV: Hubo otras catástrofes ferroviarias, pero no tan importantes como ésta.

    VYCHINSKI: ¿No se acuerda usted? ¿Estos veintinueve soldados rojos resultaron gravemente heridos?

    KNIAZEV: Quince de ellos resultaron mal heridos.

    VYCHINSKI: ¿En qué consistía la gravedad de las heridas?

    KNIAZEV: Brazos rotos, conmociones cerebrales...

    VYCHINSKI: ¿Conmociones cerebrales, brazos rotos, costillas rotas, piernas rotas?

    KNIAZEV: Sí, así fue.

    VYCHINSKI: ¿Y todo ello "gracias" a usted y a sus cómplices?

    KNIAZEV: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Y sabe usted cómo se organizó la preparación de este choque? ¿Cómo se dispusieron las fuerzas, cómo se organizó el choque propiamente dicho?

    KNIAZEV: El empleado de servicio de la estación, Rykov, recibió de nuestro agente en Cheliabinsk la comunicación de la llegada del tren militar, y transmitió al jefe-guardagujas Kolesnikov la orden: "Prepárese para la recepción."

    VYCHINSKI: ¿Qué dijo Rykov?

    KNIAZEV: Rykov dijo que el tren militar iba a llegar, que debíamos provocar el choque y que, con este fin, debía realizarse un itinerario que produjera una "falsa preparación".

    VYCHINSKI: No una "falsa preparación", sino una falsa recepción.

    KNIAZEV: Una falsa preparación asegura una falsa recepción.

    VYCHINSKI: ¿No se expresó usted tal vez de un modo más sencillo: "Hay que volcar el tren"? (Kniazev no contesta). ¿No se acuerda?

    KNIAZEV: No lo recuerdo.

    VYCHINSKI: Permítame que se lo recuerde (lee): "2 o 3 bloques antes de la estación de Chumija, el empleado de servicio de la estación, Rykov, recibió del empleado de servicio de la estación de Cheliabinsk el comunicado de que el tren 504 estaba en camino hacia la estación de Chumija. Después de recibir este comunicado, Rykov informó a Markevich de que el tren iba a llegar y de que en aquel momento ellos empezaban a actuar."

    "Después de esto Rykov llamó al jefe-guardaagujas Kolesnikov y le advirtió de que el tren militar llegaba y que debía hacerlo descarrilar."

    No se dijo "preparar la recepción", sino directamente y de un modo preciso y concreto: "Hacer descarrilar el tren." En consecuencia, se dio realmente la orden siguiente: "Prepárense para el asesinato en masa." ¿Y a quién se utilizó para ello?

    KNIAZEV: A la aprendiza de guardagujas Chudinova.

    VYCHINSKI: ¿También ella formaba parte de los conspiradores?

    KNIAZEV: No.

    VYCHINSKI: ¿Entonces envió a una aprendiza, con una experiencia de dos semanas, para recibir el tren militar? ¿Está esto permitido por el reglamento del servicio de ferrocarriles?

    KNIAZEV: Está totalmente prohibido.

    VYCHINSKI: ¿Es decir, se infringió la ley, se infringió el reglamento delante de todo el mundo?

    KNIAZEV: Exactamente.

    VYCHINSKI: ¿Pero por qué se podían infringir las reglas del servicio de ferrocarriles? ¿No sería porque el personal dirigente de la estación estaba en relación con los trotskistas? (...)

    KNIAZEV: En el depósito Kurgan se habían puesto en servicio unas potentes locomotoras "F D". Aprovechando que en el depósito apenas se conocía este tipo de locomotora, la administración redujo conscientemente la calidad del control de las reparaciones corrientes, obligando a los mecánicos a utilizar a menudo locomotoras no reparadas por completo. Asimismo, se dejaban estropear casi todos los aparatos indicadores. Como consecuencia de esta negligencia, en enero de 1936, en el recorrido Roza-Vargachi, explotó una caldera. Por lo que recuerdo, el ayudante del mecánico y el fogonero resultaron muertos, mientras que el mecánico salió despedido hacia fuera, yendo a caer a unos 30 metros del lugar del accidente. La locomotora resultó completamente destruida.

    El mismo ingeniero reconoce otras "catástrofes". El 7 de febrero de 1936 en el recorrido Edinover-Berdioche, más tarde en el de Yajtino-Ust-Katav, el 27 de febrero en Chistaia, en Chumlak, en Logovuchke, el 13 de mayo en la línea Roza-Vargachi;. en total: 63 muertos y 103 heridos en dos años gracias a él...

    EL PRESIDENTE: ¿Livchitz le dio órdenes completas sobre la organización de accidentes ferroviarios?

    TUROK: Sí. Me dijo que tendríamos que organizar accidentes con víctimas.

    EL PRESIDENTE: ¿Eso dijo?

    TUROK: Sí.

    EL PRESIDENTE: ¿No le preguntó usted por qué tenía que haber obligatoriamente víctimas?

    TUROK: No se lo pregunté, porque Mariassin me había hablado de lo mismo y de un modo más detallado, al invocar la necesidad de provocar descontento contra el gobierno.

    EL PRESIDENTE: Después de las órdenes dadas por Mariassin, Livchitz y Piatakov, ¿aumentó en su red el número de accidentes provocados por su organización?

    TUROK: En verdad, en estos momentos no estoy en condiciones de dar una estadística, pero, en todo caso, organizamos una serie de importantes accidentes en trenes de mercancías y un accidente en un tren de pasajeros.

    EL PRESIDENTE: ¿Cuántos accidentes organizaron premeditadamente los miembros de su organización trotskista?

    TUROK: Se podría decir, por ejemplo, unos 40 accidentes.

    EL PRESIDENTE: ¿En qué período de tiempo?

    TUROK: Desde finales de 1934 hasta el día en que fui arrestado.

    EL PRESIDENTE: ¿Y hubo víctimas?

    TUROK: Sí, hubo víctimas. En los trenes de mercancías, principalmente entre el personal empleado; además, en trenes de pasajeros.

    EL PRESIDENTE: ¿Cuántas víctimas hubo?

    TUROK: Un muerto, 5 heridos de gravedad y 15 heridos leves.

    Sabotaje en la industria química

    Otros acusados admiten haber organizado actos de sabotaje en la industria química. En 1937, confiesan Rataichak y Loguinov.

    RATAICHAK: Siguiendo las órdenes que yo había dado a Puchin, se provocaron tres averías o acciones de diversión en la fábrica de Gorlovka, y otras dos más: una en la fábrica Nevski y la otra en el combinat químico de Voskresensk.

    El curso del interrogatorio revela que se produjeron 3 muertos en el primer caso, ninguno en el segundo, 2 en el tercero, y 17 muertos en Voskresensk.

    LOGUINOV: De acuerdo con Yanovski, director del trust "Koksojimmontage", actuamos de tal modo que conseguimos que los nuevos laboratorios químicos se pusieran en funcionamiento uno o dos años después de los hornos de cok (...) En la fábrica Mariupol (...) los hornos de cok (...) fueron puestos en funcionamiento sin ningún servicio auxiliar, es decir, sin un solo depósito de carbón (...) sin talleres auxiliares, sin laboratorios de química (...) En la fábrica de productos químicos de Novo-Enakievsk y en la fábrica Krivoi-Rog (...) se hizo subir considerablemente la temperatura por encima de los 1.400 grados y así se destruyeron los regeneradores de los hornos de cok.



    Actos de sabotaje reconocidos en el tercer proceso

    En el tercer proceso, el acusado Jodiaev completa el cuadro hablando de los actos de sabotaje cometidos en el sector agrícola:

    JODIAEV: ...En la agricultura, el sabotaje consistía en equivocar las rotaciones de cultivos. Esto ocurrió en el transcurso del primer y segundo períodos quinquenales.

    En las tierras de regadío y de secano del Uzbekistán no existen rotaciones de cultivos. Nuestra finalidad consistía en dificultar la selección de semillas. Este objetivo se consiguió, pero, gracias a las medidas tomadas por el Comité central del Partido comunista (bolchevique) de la U.R.S.S. y por el gobierno de la U.R.S.S., la situación respecto a las semillas de algodón se ha normalizado en la actualidad; sin embargo, en lo que concierne a los otros cultivos, se puede decir que han continuado en el mismo estado en que los dejamos. Nuestra tarea se centraba en provocar el descontento de la población campesina a través de medidas administrativas vejatorias y exageradas. Hasta cierto punto, conseguimos nuestra finalidad. Ya he hablado de los planes ficticios para el cultivo de algodón, de los planes erróneos establecidos en los diversos distritos, de las diferencias entre Bujara y Ferghana por una parte, entre Samarcanda y Tachkent por otra. Como resultado de nuestros actos de provocación conseguimos que se produjeran una serie de tensiones.

    Por otra parte, logramos provocar un daño considerable en la ganadería. Ya he explicado de qué modo actuamos. Quisiera citar un ejemplo concreto. En 1936, de acuerdo con la decisión del Partido y del Gobierno, debíamos enviar a los campesinos koljozianos unas 130.000 terneras ovejas y otro ganado. Lo entregamos todo en un año. Pero e¡ resultado del censo ganadero en el segundo semestre de 1936 y en el primer semestre de 1937 mostró que de estas 130.000 cabezas de ganado, sólo quedaban aproximadamente de 30.000 a 40.000. Quisiera referirme en especial al ganado joven. ¿Dónde fue a parar el resto? En primer lugar, una parte de este ganado no llegaba generalmente a los campesinos. Nuestros hombres, situados en los distritos y provincias, se apropiaban de estas terneras y ovejas, las mataban y las vendían. En segundo lugar, no hicimos lo necesario para que el ganado joven se conservara en los koljoz. Pues esto, como ya se sabe, exige grandes cuidados. No hace falta insistir en el fracaso de las medidas destinadas a multiplicar los animales de raza, la aplicación de medidas zootécnicas, etc. Creo que este ejemplo concreto es suficiente para que no deba insistir más en este asunto.

    En cuanto a la sericicultura, aplicamos la acción de sabotaje que referiremos a continuación. Mientras que en 1928 se producían de 7 a 8.000 toneladas aproximadamente de seda cruda, en la actualidad se obtienen solamente de 10 a 12.000 toneladas. Ahora bien, las posibilidades de producción de Uzbekistán, según cálculos realistas, se elevan a 22 o 23.000 toneladas aproximadamente. Sin duda se habrían podido alcanzar estas cifras si no hubiésemos llevado a cabo cierto tipo de medidas. El Tribunal sabe, naturalmente, que se está procediendo a la mecanización de la agricultura, es decir, que se están introduciendo tractores, maquinaria. Pero en aquella región las parcelas no son grandes y están cruzadas por acequias y por pequeños canales para regar las tierras. En Uzbekistán no hay ni un solo canal de riego, por pequeño que sea, que no esté bordeado de moreras, árboles cuyas hojas sirven para alimentar a los gusanos de seda. Existe un plan según el cual se puede cortar anualmente del 1 al 2 % de las moreras viejas, con la condición de que se proceda, por otra parte, a repoblar con nuevas plantas. Sin embargo, con el pretexto de que no podía mecanizarse la agricultura ni podían utilizarse tractores cuando no existían amplios espacios de terreno, con la excusa de que no resultaba rentable, de que no ofrece ventajas, cortamos el 10 % de las moreras, invocando la mecanización. De este modo, destruimos la base de la sericicultura. Si los hombres que realizaron este tipo de acciones no hablaron de ello aquí, si los especialistas koljozianos, más versados que nadie en esta materia, no dijeron nada, es debido sin duda a que en general resulta difícil descubrir que hayamos cometido este acto de sabotaje. Es un hecho que cometimos este acto, dándole una apariencia de medida útil. En cuanto a aquellos que decían que no era necesario cortar las moreras, les contestábamos, simplemente: "¿Acaso estás en contra de la mecanización, estás en contra de la política del Partido? ¡Eres un oportunista y habrá que tomar medidas contra ti!" Tales son las medidas de sabotaje que aplicamos en Uzbekistán.

    No voy a extenderme sobre la cuestión de la alfalfa, que acompaña al algodón y es uno de los principales elementos en las rotaciones de cultivos. La alfalfa fue casi completamente destruida como resultado de nuestras medidas de sabotaje. Su cultivo se ha restablecido desde hace sólo dos años, bajo la presión directa del Comité central del Partido comunista (bolchevique) de la U.R.S.S. En los últimos tiempos recibíamos cada semana varios telegramas firmados por Stalin que decían: "¿Por qué os retrasáis con la alfalfa? ¿Por qué no sembráis?" Fue sólo debido a estas presiones que nos vimos obligados a tratar de solucionar la situación en que se encontraba el cultivo de la alfalfa.

    El acusado admite también, respecto a la región de Uzbekistán, la realización de actos de sabotaje contra dos presas, tres centrales eléctricas, un combinat de nitrógeno, una fábrica de cemento y una mina de azufre.

    Zelenski describe, con ayuda de numerosos ejemplos, el sabotaje en el sector del comercio.

    ZELENSKI: ...He aquí en qué consistía el trabajo de sabotaje: los derechistas organizaban cortes en el abastecimiento de mercancías de uso corriente. Se organizaron acciones de este tipo, por ejemplo, en el comercio del azúcar, en la región de Kursk, durante el primer trimestre de 1936. Numerosos almacenes se quedaron sin azúcar durante una o dos semanas. Se organizaron también actos similares de sabotaje en la región de Leningrado, en el comercio de tabaco. En verano de 1936 se produjeron restricciones en el abastecimiento de pan en una serie de localidades campesinas de la República soviética socialista de Bielorrusia, situadas cerca de la frontera.

    Para dar una idea de estas restricciones, voy a indicar el siguiente hecho: de los 30.000 almacenes inspeccionados por las secciones comerciales-cooperativas de los Soviets y por la Inspección comercial, 3.700 no tenían sal en el transcurso del primer trimestre de 1936. En 2.000 almacenes sobre 42.000 faltó el azúcar. En el tercer trimestre de 1936, no había tabaco en 1.600 almacenes de un total de 36.000. No se trataba de fenómenos aislados, sino que estaban bastante extendidos.

    Vychinski inicia un interrogatorio implacable:

    VYCHINSKI: Usted quiere explicarme la técnica, y yo quiero esclarecer el fondo del asunto. En la instrucción previa usted dijo que el carácter de sabotaje del trabajo realizado residía en el hecho de aplicar la escala que se utilizaba para determinar la calidad de la mantequilla de tal modo que sólo se entregaba mantequilla de alta calidad, mientras que faltaba mantequilla barata.

    ZELENSKI: Esto es lo que ahora quería explicar...

    VYCHINSKI: ¿Es esto verdad, sí o no?

    ZELENSKI: Es cierto.

    VYCHINSKI: En consecuencia, esto repercutía en el presupuesto del consumidor. ¿No es verdad?

    ZELENSKI: Sí, así es.

    VYCHINSKI: ¿Y esto producía satisfacción o descontento entre la población?

    ZELENSKI: Descontento.

    VYCHINSKI: ¿Y es esto lo que se pretendía?

    ZELENSKI: Sí, esto pretendíamos.

    VYCHINSKI: ¿Era esto lo que pretendía su organización?

    ZELENSKI: Sí.

    VYCHINSKI: Y la mantequilla que entregaban, ¿era siempre de buena calidad? ¿o se esforzaban también en hacerla de mala calidad?

    ZELENSKI: Sí, era eso último.

    VYCHINSKI: ¿Se dio el caso de que miembros de su organización encargados del almacenaje de la mantequilla pusieran cristal triturado en ella?

    ZELENSKI: Algunas veces se encontró cristal machacado en la

    mantequilla.

    VYCHINSKI: No me refiero a aquellos casos en que se "encontró", sino a aquellos en que se puso cristal triturado. Ya comprende la diferencia: se ponía cristal triturado. ¿Se dieron casos de este tipo, sí o no?

    ZELENSKI: En algunas ocasiones se puso cristal triturado en la mantequilla.

    VYCHINSKI: ¿Se dieron casos en que sus colaboradores, sus cómplices del criminal complot contra el poder soviético y el pueblo soviético, echaron clavos en la mantequilla?

    ZELENSKI: Sí, esto sucedió.

    VYCHINSKI: ¿Con qué finalidad? ¿Para darle "mejor gusto"?

    ZELENSKI: Me parece que está demasiado claro.

    VYCHINSKI: Se trata, pues, de la organización de un trabajo de sabotaje y diversión. ¿Se reconoce usted culpable?

    ZELENSKI: Sí.

    VYCHINSKI: Pero usted dice, sin embargo: "No nos ocupamos de esto, no es asunto de las cooperativas."

    ¿Es usted miembro del bloque de conspiradores derechistas y trotskistas?

    ZELENSKI: Sí, soy miembro.

    VYCHINSKI: ¿Participó en el trabajo de sabotaje, diversión, terrorismo y espionaje llevado a cabo por este bloque?

    ZELENSKI: He participado en el trabajo de sabotaje y diversión.

    VYCHINSKI: ¿No dice usted nada del espionaje? (Silencio). ¿Asume la responsabilidad de toda la actividad criminal del grupo?

    ZELENSKI: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Incluida la actividad de diversión?

    ZELENSKI: También asumo la responsabilidad de actos de diversión.

    VYCHINSKI: De mezclar clavos y cristal machacado en la mantequilla, desgarrando la garganta y el estómago del pueblo.

    ZELENSKI: Asumo la responsabilidad. ¿Puedo continuar?

    EL PRESIDENTE: Se lo ruego.

    Ikramov habla del sabotaje en Tachkent

    IKRAMOV: Voy a exponer un caso de sabotaje cometido en la construcción. Tachkent está dividida en dos partes: la ciudad vieja y la ciudad nueva. En la parte vieja de la ciudad no existen canalizaciones; hay allí grandes espacios de terreno en los que no se pueden construir casas. Además, existen numerosas zanjas donde es difícil encontrar suelo firme. Cuando se inició la construcción del nuevo edificio del Comisariado del pueblo de Correos y Telecomunicaciones se encontraron diecinueve de estos fosos y se tuvo que excavar hasta treinta o cuarenta metros de profundidad para poder construir los cimientos.

    También se saboteó la economía municipal de Bujara. Se demolió parte de la ciudad, y se especulaba con la venta de viviendas. Se exigían a los habitantes impuestos exagerados; éstos, al fin, abandonaban las casas, que seguidamente eran puestas en venta. Se reducían y se malgastaban conscientemente los fondos otorgados por el Gobierno de la Unión para las obras públicas locales.

    Hacia 1937, las construcciones inacabadas se valoraban en 34 millones de rublos.

    VYCHINSKI: ¿Y todo ello era debido a la malversación de fondos?

    IKRAMOV: Sí. Los responsables eran Karimov y Faizulla Jodiaev.

    VYCHINSKI: ¿Y usted?

    IKRAMOV: Yo no participaba personalmente en ello, pero está claro que mi responsabilidad no es menor.

    VYCHINSKI: ¿Sabía que se hacía esto?

    IKRAMOV: Claro está. Y si hubiese querido habría podido revelarlo todo. Un sabotaje de la misma amplitud, y ante el cual cerramos los ojos, tuvo lugar en los talleres del Comisariado del pueblo de industria ligera, en las fábricas de algodón y en las fábricas de seda. No me acuerdo de las cifras, pero se invirtieron gran cantidad de fondos en trabajos de construcción que se aplazaban de un año para otro. Salvo error, el proyecto de obras del Comisariado del pueblo para la industria ligera preveía para la industria de la seda una suma de 300 millones de rublos. De esta cantidad, 80 millones fueron invertidos en los trabajos de construcción; en cuanto al resto, los fondos pasaban de año en año al presupuesto del siguiente ejercicio. En Namangan, se había empezado a construir una fábrica de hilados de seda. Después de haber invertido 1.500.000 o 2 millones de rublos, se declaró a mediados de año que dicha empresa no se podría continuar. Me quedé muy sorprendido, pues no conocía los condicionamientos técnicos de esta industria. Me dijeron que haría falta medio millón de rubios para que no funcionara, y en efecto el Comisariado del pueblo de la industria ligera asignó 500.000 rubios para este fin.

    Se gastaron cinco millones de rublos para la construcción de una fábrica de descortezamiento de algodón en Bujara. La fábrica está a punto, pero no puede entrar en servicio, a pesar de que se ha adquirido ya toda la maquinaria. ¿Por qué? Pues porque no hay prensas.

    VYCHINSKI: ¿Cuánto cuesta una prensa?

    IKRAMOV: De 100.000 a 200.000 rublos, aproximadamente. Incluso se habían construido viviendas para los obreros y empleados, pero la fábrica no llegó a funcionar y en la actualidad sirve solamente de depósito.

    VYCHINSKI: ¿Y quién es el responsable?

    IKRAMOV: En especial el Comisariado del Pueblo para la industria ligera. Pero yo, que cerré los ojos ante todo esto, también soy responsable, evidentemente.

    El sabotaje como "justificación"

    En la requisitoria pronunciada el 11 de marzo de 1938, Vychinski utiliza como testigo de cargo contra los acusados todas las dificultades económicas que atraviesa el país, tan conocidas por los habitantes de la U.R.S.S.

    VYCHINSKI: En un país como el nuestro, rico en recursos de todo tipo, no podía ni puede suceder que escasee cualquier producto. La tarea de toda esta organización de sabotaje consistía precisamente en impedir la abundancia de productos en nuestro país; en mantener el mercado y las necesidades de la población en un estado de tensión continua. Voy a limitarme a recordar aquí un episodio de la actividad de Zelenski, el de los 50 vagones cargados de huevos que Zelenski destruyó a propósito para dejar a Moscú sin este producto alimenticio de primera necesidad.

    Ahora queda claro por qué existen restricciones por todos lados; por qué, a pesar de la abundancia de productos, de repente carecemos de cualquiera de ellos. La falta incumbe precisamente a estos traidores. Esto les ha permitido crear un estado de opinión hostil al sistema de planificación de nuestra economía, al conjunto del sistema del poder soviético. Atentar contra las necesidades vitales de la población significa, en realidad, poner en práctica la antigua norma de Riabuchinski, que se proponía utilizar el espectro del hambre para ahogar la Revolución proletaria. ¡Pero la operación ha fracasado!...

    (...) Este es el indignante y monstruoso catálogo de hechos de este sistema profundamente meditado y minuciosamente organizado -eso hay que reconocérselo a estos criminales-, sistema rigurosamente planificado de actos de sabotaje y diversión, que tendían no sólo a minar la capacidad defensiva y la potencia económica de nuestro país, sino también a provocar el descontento y la irritación de amplias masas de la población, con ayuda de métodos difíciles de desenmascarar.


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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Miér Ago 25, 2010 2:50 am

    Las declaraciones:
    espionaje y traición

    Las acusaciones y declaraciones de espionaje y traición se van sucediendo en una progresión similar. Durante el primer proceso sólo los comparsas, Olberg y Lurie, confiesan sus relaciones con agentes alemanes y en especial con la Gestapo, mientras los acusados principales proclamaban, no sin ambigüedad, su vergüenza por estar sentados en los mismos bancos que estos hombres. En los procesos siguientes, la acusación va mucho más lejos. El acusado Radek admite haber cometido un acto de traición de este tipo, en el transcurso de una entrevista con una personalidad cuyo nombre no es citado.

    VYCHINSKI: Su entrevista en noviembre de 1934 con este señor, representante de uno de los Estados de Europa central, si no me equivoco, tuvo lugar...

    RADEK: Con intención de traicionar a la patria.

    VYCHINSKI: ¿Y usted aceptó esto? ¿Continuó la entrevista?

    RADEK: He sido yo quien le he informado de esta entrevista; en consecuencia, fui yo quien la sostuvo.

    VYCHINSKI: ¿Se trataba de una traición a la patria?

    RADEK: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Y esto no le causó consternación?

    RADEK: Para qué hablar de ello. Es evidente que esto me consternó. ¿O acaso se imagina que estoy habituado a traicionar a la patria? Me alteró profundamente.

    VYCHINSKI: ¿Pero usted continuó manteniendo su posición, es decir, la ya citada posición de la derrota?

    RADEK: Sí, mantenía esta postura: cumplir las órdenes de Trotsky?

    VYCHINSKI: ¿Aunque estas órdenes significaran traición a la patria?

    RADEK: Sí.

    VYCHINSKI: Así, pues, en este caso, ¿se trataba de una traición a la patria, lo mismo que en 1935?

    Lo que ahora me interesa saber es qué diferencia establece usted en la forma de plantear la cuestión de la traición a la patria, no en cuanto al número de veces que esto haya ocurrido, sino desde un punto de vista cualitativo.

    RADEK: Ciudadano fiscal, ya ha sacado usted mismo la conclusión.

    VYCHINSKI: ¿Reconoce usted que el hecho de haber sostenido una entrevista con M... en noviembre de 1934 fue una traición a la patria?

    RADEK: Fui consciente de ello en el momento de la entrevista y ahora pienso igual que entonces.

    VYCHINSKI: ¿Que fue una traición?

    RADEK: Sí.

    VYCHINSKI: Y el hecho de que Piatakov le comunicara la orden, ¿es también una traición a la patria?

    RADEK: Es también una traición a la patria.

    Las declaraciones de los "espías" en el proceso Piatakov

    Sin embargo, los que confiesan su relación con los servicios de información extranjeros son simples comparsas. Así, Stroilov, antiguo alto funcionario del Consulado de Berlín, se convirtió en espía alemán a través de una relación profesional, mantenida con von Berg.

    STROILOV: Sostuve una entrevista con von Berg sobre asuntos relacionados con el desarrollo de nuestro país. Von Berg me recomendó la lectura del libro de Trotsky del que hablé ayer.

    Cuando regresé a la U.R.S.S. -a finales de noviembre o principios de diciembre de 1930- von Berg se encontraba también en Moscú. Me rogó insistentemente por teléfono que fuera a verlo. No fui. Entonces me rogó que le enviara una nota para decirle cuándo volvería a Alemania; así lo hice. Cuando regresé a Alemania, tuve varias entrevistas con von Berg. En el transcurso de una de nuestras conversaciones, me dijo que en la U.R.S.S. sabían de los servicios que yo había prestado a las casas "Walram" y "Eichhof" . En nuestra segunda entrevista añadió que se me vigilaba y que en la U.R.S.S. se conocían mis actividades antisoviéticas; en consecuencia, debía quedarme en Alemania. A finales de marzo de 1931 me puse en contacto con Wüster, que me había sido recomendado por von Berg, para organizar mi marcha a Checoslovaquia y Francia con el fin de dilucidar algunas cuestiones referentes a la explotación de grandes yacimientos de carbón. Wüster me dijo: "Esto se puede arreglar, pero, como usted no es alemán, necesitamos cualquier documento que certifique que es de los nuestros y que no abusará de nuestra confianza." Entonces le di el documento del que ya he hablado, es decir, mi consentimiento de no entrar en la U.R.S.S., de continuar trabajando en Alemania y de llevar a cabo la misión encomendada.

    Tres o cuatro días más tarde, el 2 de abril, fui a su casa, Armstrasse n.º 59, creo que era el segundo piso. Wüster me dijo: "Usted no necesita ya plantear si se va a quedar en Alemania, o se va a ir a Francia o a Checoslovaquia." Confieso que me quedé atónito y me apresuré a decirle que esto no era honesto. Me contestó: "No hay nada deshonesto, señor Stroilov. Usted ha entregado un documento y en consecuencia debe ejecutar nuestras instrucciones tal y como se ha comprometido a hacerlo." Y con un tono altivo declaró que esta vez no me hablaba en su nombre, sino en el de ciertos medios políticos que podían hacerme dos cosas: o bien encarcelarme en Alemania a causa de los datos que suministré sobre la agitación que, al parecer, había promovido, o bien hacerlo en una cárcel soviética debido al documento que había firmado. Acepté llevar a cabo las instrucciones de Wüster, es decir, hablando claramente, convertirme en traidor.

    Durante esta misma entrevista me indicó que mi misión inmediata consistía en ayudar a los especialistas alemanes, en particular a los que vendrían a traerme, según la consigna convenida, un "saludo de Wüster" . Debía ayudarlos por todos los medios a conseguir empleos en determinadas actividades en la U.R.S.S. y ayudarlos en su trabajo, sin tener en cuenta sus insuficiencias técnicas.

    Además, me indicó que debería tomar ciertas medidas dirigidas a frenar el desarrollo de la industria hullera en la U.R.S.S. En concreto, se trataba de una orden de sabotaje.

    El técnico alemán Stein lo confirma.

    STEIN: En 1932 llegaron los ingenieros Wurm y Sommeregger. El ingeniero Wurm vino a verme a mi casa como quien se encuentra con un compatriota, y con este pretexto trabamos relaciones. El ingeniero Wurm me dijo: no hemos venido a la Unión Soviética para ayudar a los bolcheviques. Estamos aquí para ayudar al Estado alemán, a las empresas alemanas.

    Lo que debía hacerse era averiar a cualquier precio las máquinas importadas de Alemania para así tener la posibilidad de importar otras nuevas. Para ello era necesario destruir las máquinas de manera que esto no pudiera atribuirse a su falta de calidad sino a la incapacidad de los obreros rusos. Se debía empezar por estropear las máquinas rusas.

    Me dijo que éste era deber de cada alemán, y el que no lo hiciera así no tendría derecho a ser considerado alemán.

    Por la misma época, en 1932, llegó el ingeniero Flessa. Me preguntó si ya había realizado algún acto de sabotaje. Le contesté que no. Entonces me trató de cobarde y traidor a Alemania.

    VYCHINSKI: ¿Quién?

    STEIN: El ingeniero Flessa. Entonces me comunicó claramente que debía empezar el trabajo. Tenía que establecer contacto con el jefe de la mina, Chestoy...

    Los acusados Kniazev y Turok reconocen abiertamente su culpabilidad.

    VYCHINSKI: ¿Y usted, Kniazev, desde cuándo formaba parte de] servicio de espionaje japonés?

    KNIAZEV: Entré en septiembre de 1934.

    VYCHINSKI: En septiembre de 1934, ¿y cuál era su misión en el servicio de espionaje japonés?

    KNIAZEV: Estaba en relación con los japoneses.

    VYCHINSKI: Y era agente del servicio de espionaje japonés.

    KNIAZEV: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Y usted se lo dijo a Livchitz? ¿él lo sabía?

    KNIAZEV: Sí.

    VYCHINSKI: Cuando usted habló con Livchitz sobre la organización de catástrofes ferroviarias, ¿le dijo que el servicio de espionaje japonés le exigía que organizase estas catástrofes?

    KNIAZEV: Voy a explicar cómo le expuse este asunto. Entré en relación con un agente japonés, seis meses después de haberme puesto en contacto con los trotskistas, pues desde las primeras entrevistas que tuve con este agente...

    VYCHINSKI: ¿Aparece este hombre en el acta de acusación? ¿con qué nombre? ¿Ha leído usted el acta de acusación?

    KNIAZEV: La he leído.

    VYCHINSKI: ¿Cómo aparece este agente? ¿Como espía?

    KNIAZEV: No, es el señor X...

    VYCHINSKI: No X, sino H... Y este "Grigori Ivanovich" , ¿quién es?

    KNIAZEV: Es su hombre de confianza.

    VYCHINSKI: ¿De dónde es?

    KNIAZEV: Me parece que es de origen ruso.

    VYCHINSKI: ¿Y usted?

    KNIAZEV: Ruso también.

    VYCHINSKI: Así, pues, "Grigori Ivanovich" era un agente del servicio de espionaje japonés y usted también lo era; continúe. (...)

    VYCHINSKI: Acusado Turok, ¿sabía usted que el servicio de espionaje japonés pagaba los informes?

    TUROK: No, no los pagaba, pero recibíamos dinero para organizar actividades trotskistas de diversión.

    VYCHINSKI: ¿De quién?

    TUROK: Del servicio de espionaje japonés.

    VYCHINSKI: ¿De modo que el servicio de espionaje japonés pagaba en letras de cambio y, además, recibían dinero en especies ?

    TUROK: Yo daba dinero...

    VYCHINSKI: No se precipite en darlo. Diga, primero, si lo recibía.

    TUROK: Sí, lo recibía.

    VYCHINSKI: ¿Del servicio de espionaje japonés?

    TUROK: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Cuándo recibió usted dinero?

    TUROK: En enero de 1935, 35.000 rublos.

    VYCHINSKI: ¿Qué hizo usted con este dinero?

    TUROK: Me quedé con 20.000 rublos para mi organización y di 15.000 a la organización de Kniazev.

    El acusado Hrasche admite pertenecer al mismo tiempo a dos servicios de espionaje rivales:

    HRASCHE: Entré en contacto con el trotskismo por mis actividades como espía y saboteador.

    VYCHINSKI: ¡Vaya, vaya! Así, pues, del espionaje al trotskismo y no al revés. En este caso, es mejor que cuente al Tribunal cómo se convirtió usted en un agente de espionaje. ¿De qué servicio de espionaje?

    HRASCHE: Cuando llegué por primera vez...

    VYCHINSKI: ¿De qué servicio de espionaje?

    HRASCHE: La última vez...

    VYCHINSKI: ¿De qué servicio de espionaje era usted agente?

    HRASCHE: Del servicio de espionaje alemán.

    VYCHINSKI: ¡Vaya, vaya! ¿En qué año?

    HRASCHE: En 1932.

    VYCHINSKI: ¿Y antes de 1932? Díganos dónde trabajó, en qué instituciones.

    HRASCHE: En 1932, nada más llegar, empecé a trabajar en el Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública...

    VYCHINSKI: ¿En el Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública?

    HRASCHE: Sí.

    VYCHINSKI: ¿En calidad de qué?

    HRASCHE: Trabajaba en el servicio de información, como colaborador del "Boletín de la escuela única" . Después trabajé en el Komintern como traductor de checoslovaco.

    VYCHINSKI: ¿En el Komintern?

    HRASCHE: Sí.

    VYCHINSKI: ¿En qué año?

    HRASCHE: De mayo de 1931 a mayo de 1932.

    VYCHINSKI: Y antes de esta fecha, ¿realizó usted algún acto de espionaje?

    HRASCHE: Sí, debo decir...

    VYCHINSKI: Conteste simplemente si hizo o no hizo espionaje. ¿Antes de esta fecha hizo usted espionaje?

    HRASCHE: Me limitaba a recibir instrucciones.

    VYCHINSKI: ¿Había tenido ya alguna responsabilidad como espía?

    HRASCHE: Sí.

    VYCHINSKI: Cuando entró a formar parte del Comisariado del Pueblo de Instrucción Pública, ¿estaba ya ligado a la organización de espionaje?

    HRASCHE: Sí.

    VYCHINSKI: Y, sin embargo, usted acaba de decir aquí que hasta 1932 no se convirtió en agente de espionaje. Le voy a plantear claramente la pregunta: en 1920, ¿vino a la U.R.S.S. como espía?

    HRASCHE; Sí, así fue.

    VYCHINSKI: ¿Y por este motivo utilizó la operación de los prisioneros de guerra? ¿Fue para llevar a cabo más fácilmente su misión de espía?

    HRASCHE: Sí.

    VYCHINSKI: Bueno, ahora todo está aclarado. ¿Desde qué año perteneció definitivamente al servicio de espionaje alemán?

    HRASCHE: Pasé a formar parte del servicio de espionaje alemán en 1932.

    VYCHINSKI: Y antes de esta fecha, ¿con qué servicio de espionaje estaba en contacto?

    HRASCHE: Con el servicio de espionaje checoslovaco.

    VYCHINSKI: ¿Cuál es, pues, su principal profesión?

    HRASCHE: Me parece que es inútil contestar.

    VYCHINSKI: Es necesario que conteste. Usted dice que es profesor y no lo es; después dice que es economista y tampoco lo es; seguidamente ha rectificado diciendo que es periodista, y ahora veo que tiene otra profesión. ¿Cuál?

    HRASCHE: La de espía.

    Los "espías" en el proceso Bujarin

    Chernov explica cómo se convirtió en espía después de una entrevista con el emigrado menchevique Dan: detenido a causa de una riña en un autobús, cayó en la trampa que le tendieron.

    CHERNOV: Sucedió que tres alemanes me cogieron; detuvieron el autobús, me metieron en un taxi y me llevaron al Polizei-Praesidium.

    En el Polizei-Praesidium protesté y exigí que me dejaran en libertad. Me dijeron que tenía que esperar hasta la mañana siguiente, hasta que llegara el jefe. Pasé la noche allí. Por la mañana apareció un funcionario que hablaba bien el ruso y al que dirigí mis protestas. Me dijo que tenía que presentar un informe al jefe. Al cabo de cierto tiempo, apareció un hombre. Se hacía llamar coronel Oberhaus. Sacó un acta y me la tradujo. Era acusado de haber provocado daños a ciudadanos alemanes, por cuyo motivo tenía que responder como un criminal de derecho común. Me indicó que se enviaría una copia de esta acta a nuestra Embajada; y seguidamente me propuso que me convirtiera en agente del servicio de espionaje alemán. Yo rehusé. Entonces Oberhaus me dijo que conocía algunas cosas de mis asuntos en Alemania. Le pregunté: "¿Qué cosas?" . Me contestó: "Estoy al corriente de sus entrevistas con Dan" , y me enseñó algunas fotografías que reproducían mis encuentros con Dan en Koenigstein y en Berlín. Finalmente, resumió el contenido de mi conversación con Dan.

    VYCHINSKI: ¿Qué conversación?

    CHERNOV: La conversación que sostuve con Dan. Durante su exposición repitió exactamente las palabras pronunciadas por Dan. Entonces comprendí claramente que la caza a que se me sometía en Alemania estaba organizada por el servicio de espionaje alemán con la colaboración y total complicidad de Dan, y que Dan era, sin ningún género de dudas, un agente del servicio de espionaje alemán, al igual que Kibrik.

    VYCHINSKI: ¿Lo que le enseñaron en la policía correspondía a la realidad?

    CHERNOV: ¿El acta? Estaba redactada de una forma tendenciosa, yo no era capaz de hacer daño a nadie.

    VYCHINSKI: ¿Y en lo que se refiere a su entrevista con Dan?

    CHERNOV: Correspondía exactamente a lo que Dan y yo habíamos hablado.

    VYCHINSKI: ¿En presencia de quién tuvo lugar su conversación con Dan?

    CHERNOV: En Koenigstein estuvimos solos los dos durante la entrevista. Kibrik me llevó a la habitación de Dan, y después salió.

    VYCHINSKI: ¿Entonces sólo Dan o usted pudieron informar al funcionario de la policía de esta entrevista?

    CHERNOV: Sí.

    VYCHINSKI: Entonces, si usted no informó a la policía de esta conversación, lo hizo Dan; y si Dan comunicó a la policía esta conversación, es porque Dan colaboraba con la policía.

    CHERNOV: Sí, de lo contrario no habría podido informarles.

    Después de esto acepté y me convertí en espía alemán.

    El acusado pasa a continuación a precisar su papel y las informaciones que le pedía su inmediato superior en la organización, un corresponsal alemán en Moscú.

    CHERNOV: En aquel momento yo era, me parece recordar, Comisario del Pueblo -adjunto o miembro del Colegio del Comisariado del Pueblo de Comercio. Un día telefonearon desde el despacho de informaciones del Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores para decirme que Paul Scheffer, corresponsal del periódico alemán Berliner Tageblatt, deseaba hablar Conmigo para tratar sobre diversos asuntos de información, y que se me autorizaba a entrevistarme con él, siempre que no le comunicara ningún tipo de información considerada como secreta. En efecto, al cabo de cierto tiempo, Scheffer se presentó en mi casa, me dijo que venía de parte del coronel Oberhaus y me dio la contraseña "Reinold" . Era mi nombre de espía alemán. Le pregunté a Scheffer qué quería de mí el coronel Oberhaus. En principio quería información sobre la vida interna del Partido, sobre el estado del trabajo entre los grupos derechistas y trotskistas y sobre la situación en el campo. Además, exigía datos específicos sobre los stocks de productos industriales. Lo que más le interesaba eran las mercancías industriales almacenadas en las ciudades. Exigía información sobre la marcha del almacenaje y sobre las reservas de granos previstas en caso de guerra. Una parte de los datos exigidos -los referentes a la situación en el Partido y al trabajo entre los derechistas- se los proporcioné en aquel momento verbalmente; en cuanto a las cifras que pedía, se las comuniqué algunos días más tarde.

    A partir de entonces, tuve varios encuentros periódicos con Scheffer. Transmitía informaciones al servicio de espionaje alemán, al mismo tiempo que recibía a través de Scheffer indicaciones sobre la organización del sabotaje. Tuve una conversación particularmente larga con Scheffer sobre la organización del sabotaje contra los almacenajes de granos y el abastecimiento de pan. La orden esencial que me dio entonces el servicio de espionaje alemán consistía en organizar la deterioración de los granos en el país. Para ello había que retrasar la construcción de silos y elevadores, creándose así una desproporción entre los crecientes stocks y la capacidad de los silos, y obtener con ello -como decía Scheffer- dos cosas: en primer lugar, que los granos se estropearan; y en segundo lugar, ocasionar el descontento de los campesinos, que sería inevitable cuando se dieran cuenta de que los granos se echaban a perder. También se debía organizar la infección masiva de los graneros de trigo mediante insectos nocivos, especialmente mediante los gorgojos. Scheffer exigía sobre todo que se organizara la infección de las reservas destinadas a la movilización mediante el empleo de insectos nocivos y de gorgojos. Por mi parte, cumplí todos los trabajos que me había encargado Scheffer.

    Los acusados Ivanov y Zelenski declaran haber entrado al servicio de la Ojrana zarista en 1911. El acusado Zubarek declara haber entrado al servicio de la policía en 1908, y al servicio de información alemán en 1936, por mediación de Ivanov. El acusado Charangovich se declara espía polaco desde 1921. Rosengoltz y Krestinski confiesan también:

    VYCHINSKI: ¿Además de proporcionar dinero a Trotsky, suministraba usted a Seeckt informaciones de espionaje?

    ROSENGOLTZ: Sí, sí, esto sucedió en 1923.

    VYCHINSKI: ¿Y posteriormente?

    ROSENGOLTZ: A partir de 1931, suministré información de los pedidos que se hacían al extranjero.

    VYCHINSKI: ¿Informaciones confidenciales? ¿Secretos de Estado?

    ROSENGOLTZ: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Trabajó usted durante mucho tiempo para el servicio de espionaje extranjero?

    ROSENGOLTZ: Estuve proporcionando informes de 1931 a 1935-1936.

    VYCHINSKI: ¿Y en 1937?

    ROSENGOLTZ: No lo hice.

    VYCHINSKI: ¿Por qué?

    ROSENGOLTZ: Estoy describiendo las cosas tal y como sucedieron.

    VYCHINSKI: ¿Pero por qué fue así? ¿Por qué no transmitió ningún dato en 1937?

    ROSENGOLTZ: No tuve ninguna entrevista.

    VYCHINSKI: ¿Ninguna ocasión favorable?

    ROSENGOLTZ: Así fue, ninguna ocasión.

    VYCHINSKI: Y en 1923, siguiendo las instrucciones de Trotsky, ¿transmitió usted informaciones de espionaje al general Seeckt?

    ROSENGOLTZ: Sí, Sí.

    VYCHINSKI: ¿Sabe de alguien más que transmitiera entonces un tipo de información parecida al general Seeckt?

    ROSENGOLTZ: Sabía que Krestinski estaba en relación clandestina con la Reichswehr.

    VYCHINSKI: ¿En qué época?

    ROSENGOLTZ: Más o menos en la misma época, o quizá un poco más tarde, no lo recuerdo exactamente; pero ignoro de qué naturaleza eran estas relaciones.

    VYCHINSKI: ¿Quizá Krestinski podrá decírnoslo? Acusado Krestinski, ¿qué relaciones mantenía usted con la Reichswehr?

    KRESTINSKI: En 1921, Trotsky me propuso que aprovechara una entrevista con Seeckt, durante unas conversaciones oficiales, para pedirle que proporcionara a Trotsky una subvención regular, con la finalidad de que pudiera desarrollar su actividad trotskista ilegal; y me advirtió que, en caso de que Seeckt me pidiera a cambio ciertos servicios de espionaje, yo podía y debía consentir. Después hablaré de mi conversación con Trotsky sobre este tema. Le planteé este asunto a Seeckt y le pedí 250.000 marcos oro, es decir, 60.000 dólares al año. El general Seeckt, después de haber consultado a su adjunto, el jefe de estado mayor, aceptó en principio, pero a condición de que Trotsky le suministrara, ya en Moscú, o por mediación mía, y aunque sólo fuera irregularmente, ciertas informaciones importantes y confidenciales, relativas a la defensa nacional. Además, debíamos ayudarle a obtener visados para algunos hombres que debía enviar a territorio soviético como espías. Se aceptaron las condiciones del general Seeckt y el acuerdo entró en vigor a partir de 1923.

    VYCHINSKI: ¿Era usted quien transmitía las informaciones de espionaje?

    KRESTINSKI: No lo hacía yo en particular, sino nosotros, los trotskistas rusos. Sin embargo, en algunas ocasiones transmití personalmente determinados datos al general Seeckt.

    VYCHINSKI: ¿Los transmitía personalmente?

    KRESTINSKI: Sí, y también en dos o tres ocasiones cobré yo mismo el dinero.

    VYCHINSKI: ¿De quién cobró el dinero?

    KRESTINSKI: Del general Seeckt

    VYCHINSKI: ¿Dónde?

    KRESTINSKI: En mi despacho. Luego yo enviaba el dinero a Trotsky en persona, cuando iba a Moscú.

    VYCHINSKI: ¿Lo hacía personalmente?

    KRESTINSKI: Sí, sin ningún intermediario.

    VYCHINSKI: ¿En qué año tuvieron lugar estas conversaciones con Seeckt?

    KRESTINSKI: Fue en la primavera de 1922. En el acta de acusación consta que fue en 1921; esto no tiene demasiada importancia, pero la primera entrevista oficial que Trotsky me indujo a utilizar tuvo lugar en el transcurso del invierno de 1921-1922.

    VYCHINSKI: ¿Y aprovechó usted esta entrevista?

    KRESTINSKI: Al enterarse de la existencia de estas entrevistas,

    Trotsky me propuso utilizar la última, que tuvo lugar a finales de la primavera o a principios del verano de 1922. Por otra parte, en cuanto a mi acusación, esto no tiene ninguna importancia.

    VYCHINSKI: ¿Desde el invierno de 1921-1922, es decir, a partir de 1921, entró usted en contacto con la Reichswehr en la persona del general Seeckt?

    KRESTINSKI: La relación criminal se estableció a partir de 1922.

    VYCHINSKI: Al principio, usted sólo organizó la relación, ¿y después?

    KRESTINSKI: Después se convirtió en relación criminal.

    VYCHINSKI: Así, ¿se convirtió en relación criminal?

    KRESTINSKI: Sí, fue una relación criminal a partir de 1922.

    VYCHINSKI: Puede sentarse.

    Es decir que usted, Rosengoltz, estuvo en relación con el servicio de espionaje alemán desde 1923.

    ROSENGOLTZ: En relación directa con Seeckt.

    VYCHINSKI: ¿Hay alguna diferencia?

    ROSENGOLTZ: Lo decía simplemente para precisar.

    VYCHINSKI: En conclusión, acusado Rosengoltz, ¿desde 1923 suministraba usted informaciones de espionaje a Estados extranjeros?

    ROSENGOLTZ: Exactamente.

    Racovski confiesa estar al servicio del Intelligence Service:

    VYCHINSKI: Dígame en qué circunstancias se enroló, en qué circunstancias se convirtió en agente del Intelligence Service en 1924?

    RACOVSKI: Volveré a hablar de este asunto; después de la caída del gobierno MacDonald, en noviembre de 1924, Armstrong y Leckart, a quienes había conocido con anterioridad por otros asuntos, vinieron a verme.

    VYCHINSKI: Como quiera. Y después, ¿cómo se enroló! Comprendo que quizá no le sea muy agradable hablar de ello en este momento, pero es indispensable.

    RACOVSKI: Ya expuse todo esto en la instrucción previa y también aquí.

    VYCHINSKI: Entonces, hable concretamente de este asunto, de este hecho. ¿Cómo se enroló usted?

    RACOVSKI: Armstrong me dijo: "Le tenemos a usted mucha simpatía y queremos prevenirle contra un peligro que le amenaza." Sacó un papel de su bolsillo y me lo enseñó.

    VYCHINSKI: ¿Qué era ese papel?

    RACOVSKI: Era una carta dactilografiada con mi firma apócrifa.

    VYCHINSKI: ¿Dice usted apócrifa?

    RACOVSKI: Apócrifa.

    VYCHINSKI: ¿Y a quién iba dirigida esta carta?

    RACOVSKI: No llevaba destinatario.

    VYCHINSKI: ¿A quién iba destinada?

    RACOVSKI: Hablaré de su contenido.

    VYCHINSKI: ¿No quiere usted que le haga preguntas?

    RACOVSKI: No, no tengo derecho.

    VYCHINSKI: Tiene usted derecho.

    RACOVSKI: Hágame preguntas por favor, quizá usted me pregunte lo que yo quiero decir y contestaré con gusto.

    VYCHINSKI: ¿A quién iba destinada la carta?

    RACOVSKI: Esta carta iba dirigida a Alemania, no llevaba la dirección del destinatario.

    VYCHINSKI: ¿Iba dirigida a Alemania?

    RACOVSKI: Por su contenido se desprendía que iba dirigida al gobierno alemán.

    VYCHINSKI: ¿Al servicio del espionaje alemán?

    RACOVSKI: Posiblemente.

    VYCHINSKI: ¿Qué se decía en esta carta?

    RACOVSKI: Se decía más o menos lo siguiente: "Les envío la lista adjunta de las casas comerciales y de las redacciones de los periódicos rumanos que hay que ganar a la causa alemana para que Rumania intervenga en la guerra al lado de Alemania."

    VYCHINSKI: ¿Qué significa el contenido de esta carta?

    RACOVSKI: El contenido de esta carta significa que yo mantenía relaciones con el servicio de espionaje alemán, o bien con el gobierno alemán o una organización alemana cualquiera.

    VYCHINSKI: ¿Y que usted colaboraba con Alemania para reclutar ciudadanos rumanos en la misma Rumania para ayudar a Alemania?

    RACOVSKI: Exactamente.

    VYCHINSKI: ¿Es esto?

    RACOVSKI: Exactamente.

    VYCHINSKI: Y dígame, ¿estaba usted en Rumania en la época a que se refiere la carta?

    RACOVSKI: ¿En la época a que se refiere?

    VYCHINSKI: Sí.

    RACOVSKI: La carta estaba fechada en Berna, en octubre de 1915. En aquella época yo no estaba en Berna.

    VYCHINSKI: ¿Y estaba usted en Rumania?

    RACOVSKI: Estaba allí. Participaba en el movimiento obrero rumano.

    VYCHINSKI: Deje de lado al movimiento obrero. No le estoy hablando del movimiento obrero, sino de que, según se desprende de sus propias declaraciones, usted hizo traición en 1924. ¿Decía usted, pues, que en 1924 se convirtió en agente del servicio de espionaje inglés?

    RACOVSKI: Sí, me convertí en espía.

    Más adelante Racovski precisa que Trotsky estaba embarcado en la misma causa que él.

    VYCHINSKI: Explique lo que sepa sobre las relaciones de Trotsky con el Intelligence Service.

    RACOVSKI: Fue poco antes de la deportación de Trotsky a Alma-Ata. Primero lo iban a deportar a Astraján, pero consiguió que lo enviaran a Alma-Ata. Estando una vez en su casa, calle Granovski, lo encontré muy satisfecho de haber podido cambiar Astraján por Alma-Ata. Me sorprendí. En efecto, se necesitaban varios días para ir de Alma-Ata a Frunzé (entonces no había ferrocarril). Pero él contestó: En cambio, está más cerca de la frontera china, y me enseñó un paquete de mapas. Me hizo comprender que pretendía huir. Entonces pregunté cómo se podía huir por la China occidental, a través de desiertos de arena, de montañas, y sin recursos. El Intelligence Service me ayudará, me dijo Trotsky, y me confesó con gran secreto que estaba en contacto criminal con el Intelligence Service desde 1926.

    En su última declaración el acusado afirma lo siguiente:

    Soy un espía por partida doble. En 1924 entablé relaciones criminales con el Intelligence Service, y en 1934 con el servicio de espionaje japonés. En 1927 entré en contacto con ciertos grupos capitalistas franceses de derecha, cuya finalidad era, en último término, igualmente hostil a la Unión Soviética.

    Todas estas declaraciones reunidas harán que Vychinski, en su pedimento fiscal, pueda afirmar:

    VYCHINSKI: Aquí, en el banquillo de los acusados, no está sentado un solo grupo antisoviético, la agencia de un servicio de espionaje extranjero, sino una serie de grupos antisoviéticos, que representan la agencia de los servicios de espionaje de toda una serie de Estados extranjeros hostiles a la U.R.S.S.

    En este affaire están implicados los escombros de todas las fuerzas, grupos y organizaciones antisoviéticos, están implicados, como lo ha establecido con toda precisión la instrucción judicial, al menos cuatro servicios de espionaje extranjeros: japonés, alemán, polaco e inglés, y también, claro está, todos los demás servicios de espionaje extranjeros que mantienen con los servicios de espionaje citados un contacto amistoso, un contacto diríamos operativo.


    ------------------------------
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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Miér Ago 25, 2010 2:52 am

    Las declaraciones:
    Trotsky o la conspiración permanente

    El esquema según el cual se desarrollan los tres procesos es casi rigurosamente idéntico. En el transcurso de su interrogatorio, los acusados, guiados por el fiscal, confirman las declaraciones y el acta de acusación, y aportan, a veces con complacencia, precisiones y complementos.



    Zinoviev y Kamenev proclaman su culpabilidad

    Las declaraciones de los principales acusados constituyen el fundamento del acta de acusación.

    ZINOVIEV: Estábamos llenos de odio contra el Comité central del Partido y contra Stalin. Estábamos convencidos de que era necesario a cualquier precio que los dirigentes fueran sustituidos, y sustituidos por nosotros de acuerdo con Trotsky.

    KAMENEV: El complot terrorista fue organizado y dirigido por mí, por Zinoviev y por Trotsky (...). Quedaban dos alternativas: o liquidar honesta y completamente la lucha contra el partido, o continuarla, pero sin utilizar el menor apoyo de las masas, sin plataforma política, sin bandera, es decir, por medio del terror individual. Escogimos el segundo camino. Lo que nos condujo hasta aquí era un odio sin límites contra la dirección del partido y del país.

    El fiscal ayuda a Kamenev a precisar sus móviles:

    VYCHINSKI: ...¿Los únicos motivos que le movieron a actuar fueron la bajeza y la sed de poder personal?

    KAMENEV: Sí, la sed de poder de nuestro grupo.

    VYCHINSKI: ¿No le parece a usted que esto no tiene nada que ver con los ideales sociales?

    KAMENEV: Existe el mismo parecido que entre la revolución y la contrarrevolución.

    VYCHINSKI: ¿Está usted a favor de la contrarrevolución?

    KAMENEV: Sí.

    Otros acusados confiesan haber contribuido a asegurar la conexión con Trotsky: Smirnov declara haber establecido contacto con Sedov en Berlín, en mayo de 1931; en otoño le sucedió Dreitser, entrevistándose con el hijo de Trotsky en un café. En 1932, Goltzman se entrevistó asimismo con Sedov y, a instancias suyas, se trasladó a Copenhague para encontrarse con Trotsky, habiendo concertado la cita con Sedov en el hotel Bristol. Un testigo, el periodista de Tass, Romm, declara asimismo haber servido de intermediario después de un encuentro con Trotsky en el Bois de Boulogne de París, a fines de julio de 1933.



    Platakov y las relaciones de Trotsky con los nazis

    Durante el segundo proceso Iuri Piatakov dará los detalles esenciales sobre la relación de los conspiradores con Trotsky y de éste último con los dirigentes hitlerianos.

    PIATAKOV: En 1931, estaba en Berlín cumpliendo una misión de servicio. Varios trotskistas estaban conmigo, entre ellos Smirnov y Loguinov. También me acompañaban Moskalev y Chestov. A mediados del verano, Iván Nikitich Smirnov me informó en aquel momento se volvía a iniciar con nuevo empuje la lucha trotskista contra el gobierno soviético y la dirección del Partido; que él, Smirnov, había tenido una cita en Berlín con el hijo de Trotsky, Sedov, quien le había dado, por encargo de su padre, nuevas directrices, según las cuales era necesario renunciar a los métodos de lucha de masas; que el método esencial de lucha era el terrorismo.

    (...) Smirnov ha declarado que una de las causas de la derrota de la oposición trotskista en 1926-1927 fue que nos habíamos limitado a un solo país, que no habíamos buscado el apoyo del exterior. Sobre este asunto, me informó que Sedov tenía grandes deseos de verme, y él mismo me recomendó encontrarme con Sedov en su nombre, dado que Trotsky le había encargado una misión especial para mí.

    Acepté esta entrevista. Smirnov comunicó a Sedov mi teléfono, y por este procedimiento nos pusimos de acuerdo sobre la entrevista. El sitio elegido era el café "Am Zoo", no lejos del parque zoológico, en la plaza. Fui allí y vi a Lev Sedov sentado a una mesa. Ya de antiguo nos conocíamos bien. Me dijo que no me hablaba en su nombre sino en el de su padre, Trotsky; que Trotsky, al enterarse de que yo estaba en Berlín, le había pedido insistentemente que fuera a mi encuentro, me viera personalmente y hablara conmigo.

    Piatakov relata seguidamente cómo tuvo conversaciones con Sedov sobre sabotaje y terrorismo, y el medio de hacer financiar sus actividades por empresas alemanas. Las instrucciones que le dio Sedov fueron confirmadas por cartas de Trotsky, y las llevó a la práctica, juntamente con los demás miembros del Centro paralelo. Después, a requerimiento de Vychinski, explica cómo se había encontrado con Trotsky.

    VYCHINSKI (a Piatakov): Exponga en qué circunstancias se marchó al extranjero. ¿Cuál era el motivo oficial de este viaje y qué ocurrió extraoficialmente?

    PIATAKOV: Ya he dicho que a finales de 1935, en una conversación que sostuve con Radek, se planteó la cuestión de la necesidad de entrevistarse con Trotsky por el procedimiento que fuese. Como ese año yo estaba encargado de una misión de servicio en Berlín que me ocuparía algunos días, se decidió que haría lo posible para ver a Trotsky; entonces Radek me recomendó dirigirme, en Berlín, a Bujartsev, que estaba en contacto con Trotsky, a fin de que me ayudara a organizar esta entrevista. Me trasladé a Berlín y me entrevisté con Bujartsev.

    VYCHINSKI: ¿Cuándo sucedía esto, más o menos?

    PIATAKOV: Era el 10 de diciembre. En la primera quincena de diciembre, este mismo día o al siguiente, encontré a Bujartsev que, aprovechando un momento oportuno en que no había nadie, me dijo que se había enterado de mi llegada, y que hacía algunos días se lo había comunicado a Trotsky, cuya opinión sobre el asunto esperaba aún. Al día siguiente, Trotsky mandó un enviado, con el que Bujartsev me puso en contacto, literalmente durante dos minutos, en una de las avenidas del Tiergarten. Me entregó una corta nota de Trotsky, que contenía sólo unas pocas palabras: "Y L., puede Vd. fiarse perfectamente del portador de esta nota." La palabra "perfectamente" estaba subrayada, por lo que comprendí que el hombre que venia de parte de Trotsky era de confianza. Ignoraba su auténtico nombre; se hacía llamar, aunque ahora no puedo precisarlo, Henri, o quizá Gustave, me parece que era Gustave, algo así como un apodo, o quizá Henri; me dijo que Lev Davydovich le había encargado que organizase mi encuentro y mi visita a Trotsky, dado que Trotsky tenía mucho interés en sostener una conversación conmigo. (... )

    Me preguntó si estaba dispuesto a hacer el viaje en avión. Le dije que sí, aunque sabía que esta operación era muy arriesgada. (...)

    Al día siguiente, muy de mañana, me fui a la entrada del aeropuerto; allí estaba y me invitó a seguirle; en primer lugar, me enseñó el pasaporte que se había preparado para mí. Era un pasaporte alemán. él se había ocupado de todas las formalidades aduaneras, de manera que yo s lo tuve que firmar.

    Subimos al avión y nos fuimos; a las tres horas aproximadamente, bajamos, sin haber hecho escala, en el aeropuerto de Oslo. Nos esperaba un coche; subimos y arrancamos. El trayecto duró probablemente unos treinta minutos, y llegamos hasta las afueras. Bajamos del coche y entramos en una casa pequeña, bastante bien amueblada, donde se encontraba Trotsky a quien no había visto desde 1928. Allí tuvo lugar nuestra entrevista.

    VYCHINSKI: ¿Asistió alguien más a esta entrevista?

    PIATAKOV: Absolutamente nadie, ya que, tanto por su parte como por la mía, se habían mantenido estrictas medidas de seguridad, hasta tal punto que el que me había llevado hasta la puerta no entró. Allí no hubo nadie aparte de nosotros.

    VYCHINSKI: ¿Cuánto tiempo duró la entrevista?

    PIATAKOV: Unas dos horas.

    VYCHINSKI: Dígame qué temas se abordaron en la entrevista.

    PIATAKOV: Comencé por informarle. Le conté lo que había realizado hasta el momento el centro trotskista-zinovievista. Por aquellas fechas Trotsky ya había recibido una carta de Radek y estaba muy excitado. En el transcurso de la conversación, me interrumpía, lanzaba toda clase de palabras y réplicas virulentas contra el espíritu de conciliación, contra la incomprensión del actual estado de cosas, con frases de este tipo: "Vivís a la manera antigua" y otras similares. Manifestaba síntomas de descontento.

    Cuando pasamos a tratar del sabotaje, lanzó una filípica, llena de hiriente sarcasmo, por ejemplo: "No podéis desprendemos del ombligo stalinista, confundís la edificación stalinista con la edificación socialista".

    Entonces, muy violentamente, quizá por primera vez, formuló de manera clara y precisa su punto de vista sobre el sabotaje. Quizás ésta era la causa de que prodigara palabras desagradables. Declaró que era imposible edificar el socialismo en un solo país, y que el hundimiento del Estado stalinista era algo completamente inevitable. Por una parte, el capitalismo se reponía de la crisis, empezaba a fortalecerse, y naturalmente no podría tolerar por más tiempo la consolidación progresiva de la capacidad defensiva del Estado soviético, y sobre todo de su industria de guerra. Los conflictos militares serían inevitables; y si manteníamos una actitud pasiva a este respecto, la ruina del Estado stalinista arrastraría consigo a todos los cuadros trotskistas. Por este motivo, creía que el método de sabotaje no era simplemente un procedimiento de lucha aguda, que se puede aplicar o dejar de aplicar, sino una cosa absolutamente inevitable que se desprendía de la misma naturaleza de la situación. Se trataba de saber qué posición debían ocupar los cuadros trotskistas: ¿debían ligar su suerte a la del Estado stalinista, o pasar a la oposición y organizarse para llevar a cabo otras tareas, para tratar de derrocar al gobierno y preparar la subida al poder de otro gobierno, del gobierno trotskista?

    Hasta aquí he repetido lo que me dijo sobre este asunto, que se puede considerar análogo a lo que expuse en la instrucción. En otros tiempos, nosotros, los socialdemócratas, y Struve, y Tugan-Baranovski, considerábamos el desarrollo del capitalismo, en su tiempo, como un fenómeno de progreso, como un hecho positivo. Pero existe una diferencia entre la posición de Struve, la de Tugan-Baranovski y la nuestra. Struve y Tugan-Baranovski recomendaban servir al capitalismo; mientras que para la socialdemocracia se trataba de otra cuestión, teníamos otras tareas: organizar la lucha contra el capitalismo, para preparar a sus enterradores. Y he aquí que hoy debemos ponernos precisamente al servicio del Estado stalinista, no para ayudar a edificar el Estado, sino para convertirnos en los sepultureros de este Estado: ésta es precisamente nuestra tarea.

    Seguidamente, dijo que muchos de nosotros, trotskistas, habíamos sido arrastrados hasta aquella situación por la ilusión de que se podrían emplear ciertos métodos de lucha a fin de organizar a las masas. La organización de la lucha de masas era imposible, en primer lugar porque las masas obreras y las masas campesinas, esencialmente, se encontraban en aquellos momentos hipnotizadas por la prodigiosa transformación que se llevaba a cabo en el país, y que ellas consideraban como la edificación del socialismo. Cualquiera que fuera nuestra tentativa en esta dirección, sería una tentativa completamente desesperada; conduciría pronto al hundimiento total, a la liquidación de los cuadros trotskistas, relativamente poco numerosos, con que contábamos en el país. Por esto, se trataba de otra cosa; se trataba la plena aceptación de la palabra, de un golpe de Estado, con todas las consecuencias que pudieran desprenderse, tanto en el terreno de la táctica como en el de los procedimientos de lucha.

    Es evidente que, como él había dicho anteriormente, al adoptar esta postura no podíamos renunciar a los procedimientos inherentes a su apreciación de la situación general y de la orientación general, procedimientos que debían permitir resolver del modo más efectivo este problema, es decir el de derrocar mediante un golpe de Estado al gobierno existente e instaurar otro gobierno. Insistió sobre este tema en varias ocasiones. Yo sólo puedo referir lo esencial de la conversación, pues en estos momentos me es muy difícil exponerla con exactitud estenográfica. Insistió varias veces sobre este tema, diciendo: diferís demasiado las cosas, no se nos han concedido muchos plazos; se trata de plazos relativamente cortos; si sobrepasamos estos plazos, si dejamos escapar el momento, se planteará, por una parte, el problema de la liquidación total del trotskismo en el país, y por otra la persistencia de la monstruosa existencia, así dijo, durante decenas de años, del Estado stalinista, que se apoya en ciertas realizaciones económicas y sobre todo en los nuevos cuadros jóvenes, que han crecido y se han educado en la idea de que este Estado es una cosa que funciona por sí misma, un Estado soviético socialista, y que nunca han soñado con otro Estado y no pueden imaginárselo; nuestra tarea consiste, pues, en oponernos nosotros mismos a este Estado.

    Tal es la filosofía de Trotsky.

    VYCHINSKI: ¿Y la práctica?

    PIATAKOV: Ambas están estrechamente unidas. Trotsky decía que la guerra estaba próxima; que sabía perfectamente que la cuestión no se resolvería en cinco años, sino en un breve espacio de tiempo. Entonces me dijo que ocurriría en el año 1937; era evidente que él no se había inventado esta información. Por todo ello, los cuadros de saboteadores y de agentes de diversión no tenían que prepararse de una manera general, sino para trazar una línea de demarcación entre el Estado stalinista y la organización trotskista, para poder decir, llegada la ocasión: nosotros no somos el Estado soviético, ésta debe ser nuestra primera tarea; la otra -más práctica- debe consistir en formar cuadros para una guerra eventual, es decir, preparar agentes de diversión y de destrucción, auxiliares para la ofensiva fascista contra la Unión Soviética.

    VYCHINSKI: ¿Era ésta la parte práctica?

    PIATAKOV: En realidad, ambas son prácticas: sólo que la segunda parte es más infame. Sobre este tema, desarrolló dos nuevas variantes.

    Esta vez me habló de un modo más concreto y abierto, ya que no se trataba de un documento escrito, sino de una exposición oral. Precisamente por este motivo me habló más abiertamente; sin embargo, me previno de que no juzgaba útil ni posible hacer público lo que iba a decirme, y ni siquiera comunicarlo a los medios trotskistas más o menos amplios; a su modo de ver, sólo, había que iniciar a un grupo de personas lo más restringido posible. Por otra parte, esto era evidente porque, como se verá con toda claridad por lo que voy a exponer, se trataba de una alta traición no disimulada.

    VYCHINSKI: ¿De qué modo se manifestaba esto?

    PIATAKOV: Voy a relatarlo. Quien conoce a Trotsky sabe que se complace en repetir ciertas frases que le encanta redondear. Me dijo: "¿se acuerda de nuestra discusión sobre la imposibilidad de construir el socialismo en un solo país? : está perfectamente claro que en estas discusiones éramos nosotros los que teníamos razón, y no Stalin."

    En cuanto a la situación internacional, se trataba, en gran de liquidar el movimiento revolucionario proletario y triunfar el fascismo. En aquellos momentos las fuerzas reales estaban constituidas en primer lugar por los fascistas, y si teníamos la intención de llegar al poder, de todos modos tendríamos que entablar relaciones, de un modo u otro, con estas fuerzas, mantener estas relaciones y asegurarnos la actitud favorable de los demás países, llegado el caso de que consiguiéramos hacernos con el poder sin la guerra, y sobre todo en caso de guerra o de derrota de la U.R.S.S., cosa que Trotsky consideraba como segura. Después de esto, me declaró que estaba al corriente de las conversaciones que mantenían Radek y Sokolnikov. Trotsky se mostró descontento de que su actividad fuese insuficiente, de que hubiesen dado pruebas de excesiva prudencia; me comunicó las tareas que había emprendido especialmente.

    VYCHINSKI: ¿De qué conversaciones habla usted? ¿Con quién?

    PIATAKOV: Me refiero a las conversaciones que Radek y Sokolnikov sostuvieron con personalidades representantes de ciertos Estados extranjeros, de los cuales me ha prohibido hablar el ciudadano Presidente.

    VYCHINSKI: ¿Respecto a estas conversaciones?

    PIATAKOV: Sí. Por su parte, Trotsky me dijo: es evidente que por ahí discutís demasiado toda clase de cuestiones internacionales-, en verdad, haríais mejor en ocuparas de los asuntos que van mal en nuestro país -se refería a los actos de terrorismo, sabotaje y diversión-. En cuanto a los asuntos internacionales, comprendo su alcance y haré más que todos vosotros en este sentido y me contó... no sé, no puedo garantizar que se me haya contado todo lo que había hecho, puedo sólo decir lo que él me dijo.

    VYCHINSKI: ¿Le dijo a usted que hablaban y discutían mucho, en lugar de ocuparse prácticamente de actos de diversión y sabotaje?

    PIATAKOV: Y de terrorismo...

    VYCHINSKI: Así, pues, ¿trataron una vez más específicamente de la necesidad de que se ocuparan de esta actividad?

    PIATAKOV: No se discutió especialmente este asunto; pero la conversación estuvo llena de toda clase de manifestaciones de descontento; y soltaba palabras e improperios que dejaban entender que, en este sentido, en lo referente a la actividad terrorista de sabotaje y diversión, no habíamos hecho gran cosa; esto me lo dijo en respuesta a mi información sobre lo que se hacía en nuestro país.

    VYCHINSKI: Después de decir que se habían hecho pocas cosas, ¿de qué más habló?

    PIATAKOV: En el plano internacional, Trotsky planteaba con una agudeza particular la cuestión relativa a la preparación de cuadros de activistas. Nos reprochaba el no ocuparnos con suficiente energía de actos de diversión, de sabotaje y terrorismo.

    Dijo haberse puesto de acuerdo, de un modo muy preciso, con el gobierno fascista alemán y el gobierno japonés, en cuanto a su actitud favorable en caso de que el bloque trotskista-zinovievista llegase al poder. Luego hizo la reserva de que, evidentemente, esta actitud favorable no era producto de un amor especial por parte e estos gobiernos hacia el bloque trotskista-zinovievista. Era simplemente producto de los intereses reales de los gobiernos fascistas y de lo que habíamos prometido hacer por ellos, en caso de acceder al poder.

    VYCHINSKI: ¿Y qué había prometido?

    PIATAKOV: Ante todo, debo dar aquí una pequeña explicación. Trotsky declaró sin ambages que, bajo este ángulo -el de las negociaciones que llevaba a cabo y de los resultados que ya había conseguido-, lo más importante era aumentar las fuerzas activas concretas, reales. Me dijo entonces que desde hacía tiempo estaba en contacto con el vicepresidente del partido nacionalista alemán, Hess. En verdad, no puedo determinar si existía un acuerdo firmado por él o si se trataba simplemente de acuerdo verbal; Trotsky me hablaba de todo esto como de un acuerdo existente que, en verdad, aún debía establecerse oficialmente, por mediación de algunas otras personas de las que hablaré en la audiencia a puerta cerrada.

    ¿A qué se refería propiamente este acuerdo, para decirlo brevemente? Primer punto: los fascistas alemanes prometían al bloque trotskista-zinovievista una actitud favorable y su apoyo en caso de que el bloque ocupara el poder, tanto en tiempo de guerra como antes de ella. A cambio de eso, los fascistas recibirían la siguiente compensación: una actitud general favorable a los intereses alemanes y al gobierno alemán en todas las cuestiones de política internacional; se concretaban asimismo algunas concesiones territoriales, que deberían llevarse a cabo; se trataba, en particular, de concesiones territoriales bajo una forma velada, a saber, la "no resistencia a las fuerzas nacionales burguesas ucranianas, en caso de su autodeterminación".

    VYCHINSKI: ¿Qué quiere decir esto?

    PIATAKOV: Quiere decir, implícitamente, lo que ya ha señalado aquí Radek: que, si los alemanes instalaban un gobierno ukraniano -gobernando no por medio de un gobernador general alemán, sino quizá por medio de un atamán-, serían ellos los que "autodeterminarían" Ucrania, y el bloque trotskista-zinovievista no se opondrías ello. En el fondo, se trataba del inicio de la desmembración de la U.R.S.S.

    El siguiente punto del acuerdo se refería a la forma en que el capital alemán tendría la posibilidad de explotar en la U.R.S.S. las fuentes de materias primas que necesita. Se trataba de la explotación de minas de oro, de petróleo, de manganeso, de los bosques, de la apatita, etc.

    En una palabra, se había decidido, en principio, entre Trotsky y Hess, que el capital alemán sería admitido y recibiría la ayuda económica necesaria; pero que las formas concretas de esta participación serían, evidentemente, objeto de un estudio complementario.

    El último punto que recuerdo trataba de las concesiones; sí, creo que era esto.

    VYCHINSKI: ¿Y lo Concerniente a los actos de diversión, en caso de guerra?

    PIATAKOV: Es el último punto. Lo recuerdo muy bien. Y, en fin, el punto más penoso, el que, de modo general, muestra a las claras nuestra fisonomía, sin disfraz, fue formulado igualmente al realizarse el acuerdo entre Trotsky y Hess. En realidad, hoy no puedo afirmar si entraba o no en los términos del acuerdo citado -era, desde luego, un acuerdo especial, aparte, pero el punto entraba, sin duda, en la concepción general del acuerdo, puesto que Hess y Trotsky habían discutido los temas de la guerra y de un golpe de Estado militar, el acceso al poder, es decir, la derrota de la U.R.S.S.-, mas era evidente que Hess había planteado la cuestión: vosotros dirigís la lucha allí, pero nosotros, en cualquier circunstancia, representamos a una fuerza mucho más organizada y mejor armada. La cosa está clara: en tanto que se trata de un acuerdo, debe haber entendimiento en todos los sentidos. En caso de agresión militar, hay que coordinar las fuerzas de zapa de la organización trotskista, que actuarán en el interior del país, y las fuerzas exteriores, que actuarán bajo la dirección del fascismo alemán. El trabajo de diversión y sabotaje que realiza en la U.R.S.S. la organización trotskista-zinovievista, debe hacerse siguiendo las indicaciones de Trotsky, las cuales deben concertarse con el estado mayor

    general alemán.

    Hacia el final de la entrevista se trató el siguiente tema: con la ayuda de tales o cuales fuerzas exteriores, el bloque trotskista-zinovievista accede al poder, y somos nosotros, por ejemplo, quienes ocupamos el poder. Entonces se plantearía el problema de las concesiones previstas, más algunas otras que también se habían examinado, junto a la necesidad de apaciguar de alguna manera las fuerzas que habríamos movilizado para llevar a cabo la lucha contra Stalin, es decir, las fuerzas hostiles. Se trata de las fuerzas hostiles, de la clase formada por los kulaks. Teniendo en cuenta esto, y por consideraciones de orden interno, sería necesario operar un notable retroceso, aparte de las concesiones exteriores. Radek tuvo razón al hablar de un cierto retroceso en la ciudad y en el campo, como la autorización del comercio capitalista, etc. En suma, Trotsky planteaba la cuestión de tal manera que se trataba de un retroceso muy serio; dijo exactamente: tú y Radek estáis aún bajo la influencia de las viejas ideas de 1925-1926 y no veis que, en el fondo, la llegada al poder significaría un fuerte retroceso hacia el capitalismo. A este respecto, Trotsky decía que, en el fondo, nuestro programa se confundía con el de los derechistas, en la medida en que ellos habían aceptado el programa de actos de diversión y de sabotaje y consideraban que había que retroceder hacia el capitalismo. Trotsky manifestó gran satisfacción cuando le conté las entrevistas que Sokolnikov, y más tarde yo mismo, habíamos sostenido con Tomski, y los contactos que teníamos Radek y yo con Bujarin. Dijo que esto no era sólo una medida táctica es decir, la unión en la lucha contra un único y mismo enemigo, sino que se trataba de una unión con cierta importancia en el terreno de los principios.

    VYCHINSKI: Entonces, ¿qué novedades había en lo que dijo Trotsky en 1935, en comparación con lo que le había dicho antes y que les servía de inspiración en su actividad criminal?

    PIATAKOV: La novedad, si usted quiere, fue formulada de una manera bastante clara: la organización trotskista se transformaba, en el fondo, en apéndice del fascismo.



    Karl Radek y el programa de los trotskistas

    Las declaraciones de Radek, en el mismo proceso, son más políticas. A diferencia de Piatakov, se remonta a la época en que era uno de los dirigentes de la oposición de izquierda.

    VYCHINSKI: Cuéntenos brevemente su actividad trotskista pasada.

    RADEK: En 1923, durante la lucha en el seno del partido, me adherí a la oposición trotskista; formé parte de esta oposición y de su dirección hasta que fui deportado en enero de 1928. Una vez deportado, me mantuve en la oposición trotskista hasta que hice mi declaración al Comité central del partido comunista de la U.R.S.S., en julio de 1929. Durante todo este tiempo pertenecía al centro político de la organización trotskista.

    VYCHINSKI: ¿Qué motivó su declaración?

    RADEK: Mi declaración fue motivada, en primer lugar, por la convicción que se creó en mí cuando mi deportación, durante la cual pude meditar respecto a todo el pasado y los errores de la plataforma general del programa de Trotsky. En lo relativo a las bases de principio del trotskismo sobre la imposibilidad de edificar el socialismo en un solo país, abandoné desde entonces estas posiciones.

    La segunda razón que me indujo a declarar fue la convicción de que la acusación lanzada contra el Comité central del Partido de conducir el país hacia un Thermidor no tenía fundamento, y que el programa del plan quinquenal significaba un gran paso hacia adelante.

    Pero debo decir que continuaba estando en desacuerdo con el Partido, sobre todo respecto a las cuestiones relativas a la democracia interna; cuando volví de nuevo al Partido, ya no me planteé, provisionalmente, estas cuestiones, aunque me parecía que no se habían resuelto en el curso de los acontecimientos. Estaba convencido de que, en el futuro, el desarrollo del plan quinquenal llevaría consigo un aumento de la democracia interna del Partido, impulsada de buen grado por la voluntad de la dirección, o, en caso contrario, conduciría a la ruptura del Partido.

    Así, al hacer un balance de mi vuelta al seno del Partido, debo reconocer que, dado que mi regreso no se basaba en la plena concordancia de mis concepciones con las de la dirección, encerraba elementos de reticencia, de duplicidad, a pesar de que al reingresar en el Partido no tenía la intención de combatirlo.

    VYCHINSKI: En consecuencia, ¿volvió usted al partido, manteniendo parte de sus antiguas convicciones trotskistas? ¿Y no lo dijo?

    RADEK: No. En la declaración firmada por mí, por Smilga y Preobrajenski aludíamos a esto. La dirección del Partido nos o entonces y nos indicó estas alusiones. Tienen ustedes aquí pequeñas ligaduras y, de no cortarlas, permanecerán atados a ellas. Se nos dijo literalmente esto. Para precisar, debo decir que estos vestigios subsistían, pero yo volvía sin intención de luchar contra el Partido.

    VYCHINSKI: ¿Hasta cuándo continuó esto así?

    RADEK: Al volver, cometí un error, que fue la base de todo lo que siguió. Una corriente de una suma de concepciones implica una serie de relaciones humanas, y no se puede romper con una corriente sin romper con los hombres junto a los cuales se ha combatido para lograr fines hostiles al Partido.

    Durante el período en que pertenecí al bloque trotskista, había entablado relaciones muy estrechas con un gran número de participantes en esta lucha; algunas de ellas se remontaban a un período mucho más antiguo, pero entonces se fortalecieron. Por ejemplo, mis relaciones con el acusado Piatakov. Después de nuestra vuelta al Partido, mantuvimos nuestras relaciones, sin ocultarlo a nadie; nunca las he negado; al contrario, íbamos constantemente uno a casa del otro y esto se transformó en una dificultad imprevista, pues gran número de trotskistas ingresados en el Partido trabajaban en los principales sectores y en las distintas regiones del país, en el momento en que la lucha por el plan quinquenal se había agravado y tomado -en ciertas partes del país- un carácter de conflicto agudo con los kulaks y con los elementos del campesinado que actuaban guiados por ellos; entonces me empezaron a llegar informes muy pesimistas, procedentes de mis antiguos compañeros de lucha, informes que repercutieron de un modo nefasto sobre mi apreciación de la situación del país.

    VYCHINSKI: ¿En qué año era esto?

    RADEK: Era en 1930, 1931. Y todos estos pecados, que habrían justificado mi procesamiento aunque no me hubiese adherido al bloque, contribuyeron a que, debido a las conversaciones sostenidas y al conocimiento que tenía de sus dudas -que ya eran más que dudas- no juzgase posible informar de ello a la dirección del Partido. Así, si me preguntan sobre mi responsabilidad, por ejemplo, en el asesinato de Serge Mironovich Kirov, debo decir que esta responsabilidad no empieza en el momento en que pasé a formar parte de la dirección del bloque, sino en el momento en que, en 1930, un hombre personalmente próximo a mí, Safarov, intentó convencerme, con cara compungido, de que el país caminaba hacia su perdición. Y no dije nada; ¿cuáles fueron las consecuencias? Safarov estaba ligado a Kotolynov; si yo hubiese dicho al Partido el estado de ánimo en que se hallaba Safarov, el Partido hubiera podido localizar al grupo de ex dirigentes de las juventudes comunistas de Leningrado, que más tarde se convirtieron en los instigadores del asesinato de Kirov. Afirmo, pues, que mi responsabilidad no se remonta sólo al momento en que me adherí al bloque, sino que este crimen tiene sus raíces en las concepciones trotskistas de las que no había podido librarme del todo y con las cuales volví al Partido; tiene sus raíces en las relaciones que conservé con los cuadros trotskistas-zinovievistas.

    VYCHINSKI: ¿Con qué trotskistas guardó relaciones?

    RADEK: Era amigo de Mrachkovski; una vieja amistad me ligaba a I. N. Smirnov; estaba ligado a Dreister y a su ayudante más cercano, Gaievski, sin hablar de mis viejos amigos personales: Piatakov, Preobrajenski, Smilga, Serebriakov. A los que más unido estaba era a los que, entre nosotros, en el centro trotskista, llamábamos -en el período 1924-1927- el "segundo piso".

    VYCHINSKI: ¿Era en 1930, 1931?

    RADEK: Sí, era en 1930 y 1931. Yo veía la situación de la siguiente manera: las conquistas del plan quinquenal son enormes, se ha dado un paso muy serio hacia la industrialización, los koljoz son ya, en cierta medida, una realidad; pero, al mismo tiempo, basándome en las informaciones de que disponía y en la apreciación de la situación que había recibido a través de los economistas que me eran próximos -voy a citar a Smilga y Preobrajenski- consideraba que la ofensiva económica se llevaba a cabo en un frente excesivamente amplio, que las fuerzas materiales de que se disponía: número de tractores, etc., no permitirían una colectivización general; que si no se frenaba esta ofensiva general, sucedería lo que definíamos con una frase de moda: "esto acabará como la marcha sobre Varsovia": la industrialización, emprendida a un ritmo rápido, no daría resultados, y ocasionaría enormes gastos.

    Ya en aquella época, 1931, creía que era necesario frenar la ofensiva, que era necesario concentrar los recursos sobre determinados sectores del frente económico. En una palabra, no estaba de acuerdo en la cuestión fundamental, es decir, en la continuación de la lucha para la realización del plan quinquenal. Si hay que dar a este desacuerdo una caracterización social, es evidente que la táctica que yo consideraba justa era la mejor táctica comunista. Pero si se me pide la explicación social de semejante fenómeno, debo decir que, por ironía de la historia, sobreestimaba la fuerza de resistencia y la capacidad de los kulaks, e incluso de los campesinos medios, para llevar a cabo una política independiente; tuve miedo de las dificultades, reflejando así la existencia de fuerzas hostiles al proletariado.

    ......


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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por SS-18 el Miér Ago 25, 2010 2:53 am

    .......

    Fue entonces cuando, en este terreno, se me planteó de cara el problema de la democracia interna en el partido. La gente sólo discute acerca de la democracia cuando no está de acuerdo sobre los puntos esenciales; es cuando se está en desacuerdo cuando se siente la necesidad de una democracia amplia, esto se entiende perfectamente.

    Radek explica que fue una carta de Trotsky lo que provocó su vuelta a la actividad trotskista a través del terrorismo.

    RADEK: Sí, en febrero de 1932 recibí una carta de Trotsky.

    VYCHINSKI: ¿Qué le escribía, pues, Trotsky?

    RADEK: Trotsky me informaba de que, basándose en las noticias de que disponía, había llegado a la conclusión de que yo me había convencido de que él tenía razón; que si no se llevaban a cabo las reivindicaciones trotskistas, la política terminaría en un callejón sin salida. Más adelante, Trotsky escribía que, conociéndome como a un hombre activo, estaba convencido de que reemprendería la lucha.

    VYCHINSKI: Así, pues, Trotsky le impulsaba a la lucha?

    RADEK: La carta de Trotsky acababa más o menos así: "Debes tener en cuenta la experiencia del período anterior y comprender que para ti no se trata de una vuelta al pasado: que la lucha ha entrado en una nueva fase y que el elemento nuevo en esta fase consiste en que, o bien seremos aniquilados al mismo tiempo que la Unión Soviética, o bien, en caso contrario, hay que considerar la supresión de la dirección." No utilizaba la palabra terrorismo, pero cuando leí "supresión de la dirección" comprendí claramente en qué pensaba Trotsky.

    VYCHINSKI: ¿Contestó usted la carta?

    RADEK: No.

    VYCHINSKI: ¿Cómo acogió usted esta carta?

    RADEK: Trotsky anunciaba que no sólo los trotskistas, sino también los zinovievistas, estaban resueltos a reemprender la lucha, y que se habían establecido contactos con vistas a una unificación. No contesté, porque creí conveniente meditar la cosa a fondo. Hacia finales de septiembre, o en octubre de 1932, decidí reemprender el camino de la lucha.

    VYCHINSKI: Está claro que lo meditó; ¿le aconsejó alguien?

    RADEK: No me aconsejó nadie.

    VYCHINSKI: ¿Qué hizo usted en concreto en relación con su decisión de reemprender la lucha?

    RADEK: Sabía perfectamente que los dirigentes de la organización también esperaban y que darían algunos pasos; que Trotsky les había hecho saber que me había escrito, y yo esperaba un encuentro. Naturalmente, suponía que vendría a verme Iván Nikitich Smirnov, o bien Serguei Vitalievich Mrachkovski.

    VYCHINSKI: ¿Fueron a su encuentro?

    RADEK: Sabía que uno de los dos vendría; vinieron y recibieron mi respuesta afirmativa.

    VYCHINSKI: ¿Qué pasó entonces?

    RADEK: Tuve una conversación con Mrachkovski, a quien pregunté dónde querían actuar y de qué forma. Estábamos a fines de octubre o a principios de noviembre de 1932.

    VYCHINSKI: ¿Hizo usted preguntas a Mrachkovski y él a usted?

    RADEK: Me preguntó: "¿Has recibido una carta del Viejo?"

    VYCHINSKI: ¿Quién es el Viejo?

    RADEK: Se refería a Trotsky. "¿Qué has decidido?" Le contesté: "Si no hubieras supuesto lo que he decidido, no me habrías hecho esta pregunta. He decidido unirme a vosotros". Yo le pregunté, a mi vez, cómo concebían la lucha y en qué punto se hallaba su acercamiento con los zinovievistas.

    VYCHINSKI: ¿Qué le contestó Mrachkovski?

    RADEK: Me contestó de forma muy precisa que la lucha había entrado en la fase terrorista y que, para llevar a cabo esta táctica, nos habíamos unido a los zinovievistas e íbamos a iniciar el trabajo de preparación.

    RADEK: Es evidente que, desde el instante en que la nueva posición era el terrorismo, el trabajo de preparación debía consistir en reunir y formar cuadros terroristas. Más tarde Mrachkovski me dijo que la lucha debía ser muy aguda y los sacrificios enormes, y que deseaban reservar algunos cuadros para el caso de una derrota, es decir, en caso de detenciones, y me dijo: "Por este motivo no te hemos introducido en el primer centro."

    Radek dice haber recibido cartas de Trotsky con instrucciones precisas.

    VYCHINSKI: Acusado Radek, exponga al tribunal el contenido de su correspondencia con Trotsky respecto a las cuestiones, si se pueden llamar así, de política exterior.

    EL PRESIDENTE: Debo prevenir al acusado Radek que no está permitido dar nombres de instituciones extranjeras oficiales ni de sus colaboradores en la sesión pública de este Tribunal. RADEK: ¿Y Se puede dar el nombre de los Estados?

    EL PRESIDENTE: Repito: no está permitido dar nombres de instituciones extranjeras oficiales, ni de sus colaboradores, ya que se trata de una sesión pública.

    RADEK: Recibí tres cartas de Trotsky: en abril de 1934, en diciembre de 1935, y en enero de 1936. En la carta de 1934, Trotsky planteaba la cuestión del siguiente modo: la llegada al poder del fascismo en Alemania cambia radicalmente toda la situación. Significa la guerra como perspectiva próxima, una guerra inevitable, sobre todo teniendo en cuenta que al mismo tiempo se está agravando la situación en Extremo Oriente. Trotsky no dudaba de que esta guerra acabaría con la derrota de la Unión Soviética. Esta derrota, escribía, creará unas condiciones reales para el acceso del bloque al poder. De ello sacaba la conclusión de que el bloque tenía interés en agravar los conflictos. Reprochó a Sokolnikov el comprometernos de un modo excesivamente personal en la lucha por la paz, pero dijo que, si estábamos obligados a ello, no había nada que hacer. Pero no se explicaba por qué Sokolnikov, en su entrevista con un representante de una potencia de Extremo Oriente, no había dado una respuesta suficientemente clara, mostrando así su solidaridad con las gestiones realizadas por Trotsky con esta potencia. Trotsky indicaba en esta carta que había realizado un contacto con cierto Estado de Extremo Oriente y con cierto Estado de Europa central, y que había dicho abiertamente a los círculos oficiosos de estos Estados que el bloque era partidario de una transacción con ellos, y que estaba dispuesto a hacer importantes concesiones de orden económico y territorial; en su carta exigía que utilizásemos, en Moscú, la posibilidad de confirmar a los representantes de los Estados correspondientes nuestro acuerdo con las gestiones de Trotsky. Comuniqué el contenido de la carta a Piatakov y le pregunté si él, Piatakov, estaba al corriente de la entrevista sostenida por Sokolnikov con los diplomáticos de Extremo Oriente y que había provocado el descontento de Trotsky. Piatakov me respondió que no sabía nada.

    VYCHINSKI: ¿Qué fue, entonces, lo que provocó el descontento de Trotsky en relación con esta entrevista?

    RADEK: La carta daba a entender que yo conocía la instrucción de Kamenev. Personalmente, comprendí que, de modo visible, Sokolnikov se limitaba a confirmar el mandato, y pensé que Piatakov sabía en concreto más cosas sobre el asunto. Aquí hay una pequeña divergencia con Sokolnikov. En todo caso, en julio de 1934, Sokolnikov vino a visitarme a la redacción de "Izvestia" y me informó de lo tratado en la conversación que había tenido lugar entre él y M... Sokolnikov me dijo: "Figúrese usted que llevo a cabo negociaciones oficiales en nombre del Comisariado del Pueblo de Asuntos Exteriores. Al acabar la salida, cuando hubieron salido los intérpretes, el representante oficial de un Estado extranjero, M..., se puso ante mí y me preguntó si estaba al corriente de las propuestas que Trotsky había hecho a su gobierno. Respondí -continuó Sokolnikov- que estaba al corriente; que estas propuestas eran serias, y que tanto mis partidarios como yo estábamos de acuerdo sobre este asunto." Sokolnikov me dijo también que Kamenev le había prevenido, con anterioridad, sobre la posibilidad de que representantes de una potencia extranjera se dirigieran a él o a mí; que en aquel momento, por lo que recuerdo, esto era en cierto modo lo que aconsejaba Trotsky a propósito de la situación en Extremo Oriente. Entonces, Sokolnikov, que, en general, era muy discreto -y dado que sólo manteníamos una relación personal, se mostraba aún más reservado conmigo-, manifestó gran nerviosismo y me dijo: "¿Cómo imagina Trotsky que están las cosas? ¿Cómo puedo yo, comisario del Pueblo adjunto de Asuntos Exteriores, realizar este tipo de conversaciones? Es una situación totalmente imposible". No recuerdo exactamente los términos que empleó, pero desaprobaba en gran manera estos consejos. Le contesté: "No se ponga nervioso. Aparentemente Trotsky no comprende esta situación." De todos modos, Piatakov y yo llegamos a la conclusión de que no podíamos hacer otra cosa que refrendar el mandato de llevar a cabo las negociaciones. No podíamos realizar aquí las negociaciones, en primer lugar, porque teníamos que hacerlo a través de terceras personas; en segundo lugar, porque ignorábamos qué había dicho Trotsky exactamente; y por último, porque no creíamos que fuera prudente conducir las negociaciones sujetos a la vigilancia de los organismos del Comisariado del Pueblo del Interior. Consideramos estas condiciones desfavorables para las negociaciones, y decidimos que yo se lo escribiría a Trotsky.

    Siguiendo esta línea llegó a aceptar el entrar en contacto con un agente alemán:

    RADEK: En otoño de 1934, durante una recepción diplomática, el representante de una potencia centroeuropea, a quien conocía, se sentó junto a mí y entabló conversación. Comenzó a hablar de un modo nada convencional (hablaba en alemán): "Esto me da asco. Cada día se reciben periódicos alemanes que os tratan muy duramente; se reciben los periódicos soviéticos, en los que arrastráis a Alemania por el barro. ¿Qué hacer, en general, en semejante situación?" Y prosiguió: "Nuestros dirigentes (en realidad fue más concreto) saben que el señor Trotsky intenta un acercamiento con Alemania. Nuestro jefe pregunta: ¿Qué significa esta idea del señor Trotsky? ¿Quizá es la idea de un emigrado en una noche de insomnio? ¿Quién está detrás de estas ideas?" Estaba claro que se me interrogaba sobre la actitud del bloque. No podía admitir que esto fuera un eco de algún artículo de Trotsky, porque yo leía todo lo que Trotsky escribía, seguía todo lo que publicaba en la prensa americana y en la francesa. Estaba completamente informado de lo que Trotsky escribía, y sabía que en ninguna parte había preconizado en sus artículos la idea de un acercamiento con Alemania. Si este representante decía conocer el punto de vista de Trotsky sobre estas cuestiones, significaba que este representante -que por su situación no era un hombre a quien su jefe hubiera podido hacer confidencias- era, en consecuencia, un representante a quien se había encargado- de interrogarme. Por descontado, las pocas palabras que me había dirigido habían durado aproximadamente unos dos minutos. Las condiciones en que se desarrollan las recepciones diplomáticas no permiten hablar extensamente. Debía tomar una decisión literalmente en un segundo, y darle una contestación; y le dije que las controversias entre ambos países, incluso de sistemas sociales completamente opuestos, eran una cosa estéril, pero que seria un error tener sólo en cuenta estas controversias de periódicos. Le dije que los políticos realistas en la U.R.S.S. comprendían la importancia de un acercamiento germano-soviético y estaban dispuestos a hacer las concesiones necesarias para este acercamiento. Este representante comprendió que, si le hablaba de políticos realistas, era porque existían en la U.R.S.S. políticos realistas y políticos no realistas: los no realistas formaban parte del gobierno soviético; los realistas, del bloque trotskista-zinovievista. Y el sentido de lo que había dicho estaba claro: si el bloque accedía al poder, haría concesiones para un acercamiento con su gobierno y con el país que representaba. Al contestar así, yo comprendía que estaba cometiendo un acto inadmisible como ciudadano de la Unión Soviética.



    Traidores y conspiradores

    El 2 de marzo de 1938, al iniciarse el último proceso, el acusado Bessonov, uno de los más prolijos, da nuevos detalles de la entrevista que dice haber sostenido con Trotsky:

    BESSONOV: A finales de julio de 1934, llegué a París en el tren diurno y me marché en el siguiente tren diurno. La entrevista tuvo lugar en uno de los hoteles donde se alojaba siempre Iohanson. Trotsky dijo que me conocía muy bien por las cartas de Piatakov y por lo que le había dicho de mí N. N. Krestinsky.

    VYCHINSKI: ¿De qué habló con Trotsky al conversar sobre sus tareas trotskistas ilegales?

    BESSONOV: A aquellos partidarios suyos que trabajaban en la carrera diplomática les fijó como tarea el orientarse hacia el sabotaje de los acuerdos oficiales, a fin de estimular el interés de los alemanes hacia los acuerdos no oficiales con los grupos de oposición. "Vendrán a nuestro encuentro", decía Trotsky hablando de Hess y Rosenberg. Decía que no debíamos preocuparnos por este asunto, y que Hess y Rosenberg podían aportarnos una ayuda verdadera, realmente seria. No debemos dudar, decía, en hacer importantes concesiones territoriales.

    VYCHINSKI: ¿Cuáles, concretamente?

    BESSONOV: Consentiríamos en ceder Ucrania, decía Trotsky; tenedlo en cuenta en vuestra actividad y en vuestras conversaciones con los alemanes; escribiré a Piatakov y Krestinski sobre este tema. Luego se demoró en las cuestiones referentes a la actividad de las organizaciones trotskistas en la Unión Soviética, y recalcó de un modo particular que, en aquella situación, con la guerra que maduraba y se hacía inevitable, la única posibilidad que tenían los trotskistas de llegar al poder tenía por base la derrota de la Unión Soviética. Habló después de los métodos de trabajo de las organizaciones trotskistas en la Unión Soviética, recalcando con especial fuerza la necesidad del recrudecimiento de los métodos de lucha ultraterrorista. Fue entonces cuando dijo las palabras que figuran en el acta de acusación y que hoy han sido leídas: sería evidentemente una imperdonable debilidad por nuestra parte que nosotros, sus partidarios en la U.R.S.S., no pasáramos inmediatamente a la eliminación, a la supresión de Stalin y de todos sus más próximos partidarios.

    De un modo inesperado para mí, se hizo referencia, a este respecto, a Máximo Gorki, caracterizando su papel como absolutamente excepcional, dada su influencia no sólo en la Unión Soviética, sino también, y sobre todo, en el extranjero; insistió en el hecho de que estaba muy ligado a Stalin y que las declaraciones de Máximo Gorki le restaban a él, Trotsky, muchos partidarios entre los intelectuales europeos y los aproximaba a la posición ocupada por la dirección del Partido. Y llegó a la conclusión -me lo dijo abiertamente- de que era necesario suprimir a Gorki; entonces dijo las palabras a que se ha hecho referencia aquí sobre la necesidad de suprimir físicamente a Gorki a cualquier precio. ésta era la consigna.

    VYCHINSKI: ¿Y usted la transmitió?

    BESSONOV: Sí. Poco después, en otoño de 1934, fui a Moscú y relaté detalladamente a Piatakov esta conversación.

    VYCHINSKI: ¿Y luego?

    BESSONOV: En realidad, esto es cuanto puedo decir acerca de mi entrevista con Trotsky en 1934.

    Rosengoltz da detalles sobre las entrevistas que, al parecer, sostuvo con Sedov en 1933 y 1934, y sobre las instrucciones de Trotsky para preparar un golpe de Estado.

    ROSENGOLTZ: En 1933, Krestinski recibió una carta procedente del extranjero. Más tarde, cuando el mismo Krestinski se encontraba en el extranjero, tuve una entrevista. En 1933, me trasladé al extranjero y en Felden, Austria, vi a Sedov; sostuve con él algunas largas entrevistas no lejos de la casa donde yo habitaba. Más tarde, en 1934, vi a Sedov en Karlsbad.

    VYCHINSKI: ¿De qué trataban en estas entrevistas?

    ROSENGOLTZ: Sedov me transmitió las instrucciones esenciales de Trotsky. Expongo aquí las que recibí en el momento de mis conversaciones con Sedov y las que se me comunicaron por mediación de Krestinski. Coincidían en lo esencial. Se referían a la colaboración con los derechistas. Se recomendaba estrechar las relaciones con los derechistas y realizar el trabajo en contacto con ellos.

    VYCHINSKI: ¿Con quién concretamente?

    ROSENGOLTZ: No se me dijo. Krestinski me informó, pero no citó nombres, excepto el de Tujachevski.

    VYCHINSKI: ¿Pero quiénes se suponía que eran?

    ROSENGOLTZ: Krestinski comunicó que tenía instrucciones concernientes a Rykov y Rudzutak. Sedov había hablado en muchas ocasiones de la necesidad de ligarse lo más estrechamente posible a Tujachevski; éste y el grupo militar deberían ser, según Trotsky, la fuerza decisiva en caso de una acción contrarrevolucionaria. En el transcurso de estas conversaciones pude también comprobar que Trotsky desconfiaba de las tendencias bonapartistas de Tujachevski. Durante una conversación, Sedov comunicó que Trotsky temía incluso que, si Tujachevski conseguía realizar un golpe de Estado militar, no le dejaría entrar en

    Moscú; a este respecto, insistía sobre la necesidad de que nosotros desplegáramos el máximo de vigilancia. Para realizar estas instrucciones relativas a la colaboración...

    VYCHINSKI: ¿En qué debía consistir esta vigilancia?

    ROSENGOLTZ: Trotsky proponía que, en el momento del golpe de Estado, se situara en los puestos principales a gente suya, fiel al trotskismo y con cuya vigilancia se pudiera contar. No quiero hablar de una serie de detalles técnicos que aquí no tienen ninguna importancia.

    Para llevar a cabo esta orden, Krestinski sostuvo relaciones con Tujachevski. A lo largo de todo un período que va de 1933 a 1937, estuve en relación con Rykov y Rudzutak. Lo esencial de estas negociaciones con Sedov era la cuestión de la composición del futuro gobierno.

    VYCHINSKI: Este tema puede ser tratado más adelante. De momento, cuente en qué consistió su actividad criminal.

    ROSENGOLTZ: Estoy enumerando las cuestiones más importantes. Sedov me comunicó también las órdenes de Trotsky para organizar la actividad terrorista indicando que, durante este período, y por consideraciones conspirativas, las instrucciones sobre esta actividad no nos debían atañer de modo práctico e inmediato ni a mí ni a Krestinski, pues a este respecto se habían transmitido instrucciones especiales a la organización terrorista ya existente de Iván Nikitich Smirnov. También en 1933, se recibieron instrucciones e indicaciones concernientes al sabotaje en el terreno del comercio exterior. Como Sedov nos informó del acuerdo concluido por Trotsky con los medios alemanes correspondientes, la cuestión del sabotaje tenía, desde este punto de vista, mucha importancia, para Trotsky, para el mantenimiento de su autoridad y del acuerdo concluido por él. El sabotaje consideraba principalmente la posibilidad de sostener, a través del comercio exterior, los intereses de Alemania y Japón. Seguidamente se planteó, en varias ocasiones y con mucha insistencia por parte de Trotsky y Sedov, la cuestión de la financiación del movimiento trotskista por el canal del comercio exterior. Durante los años 1935-1936, también tuvimos conocimiento de la existencia de una correspondencia sobre estas cuestiones entre el extranjero y Moscú y viceversa. Voy a detenerme con más detalle en la carta dirigida a Krestinski en 1937, ya después del proceso de Piatakov.

    VYCHINSKI: ¿Ya ha llegado usted al año 1937?

    ROSENGOLTZ: Sí, sí.

    VYCHINSKI: ¿Y antes? Quisiera detenerme, por ejemplo, en 1935, o incluso en 1934, en la segunda entrevista que sostuvo en Karlsbad.

    ROSENGOLTZ: Ya he hablado de ello.

    VYCHINSKI: Ya lo sé. ¿Cómo se planteaba entonces la cuestión de la guerra?

    ROSENGOLTZ: Respecto a la guerra, la postura de Trotsky era favorable a la derrota.

    VYCHINSKI: ¿Se suponía que habría guerra? ¿Y cuándo?

    ROSENGOLTZ: En 1935 y 1936.

    VYCHINSKI: Así, Trotsky suponía que la guerra estallaría en 1935-1936 y, en consecuencia...

    ROSENGOLTZ: Se planteaba el problema del golpe de Estado. Además, entonces se produjo un cambio en la postura adoptada, pues, en un principio, se consideraba oportuno y necesario hacer coincidir el golpe de Estado militar con el posible inicio de la guerra. La diferencia podía ser de varias semanas. Más tarde, cuando se comprobó que el estallido de la guerra se retrasaba, pareció más conveniente precipitar el golpe de Estado -estábamos ya en 1937- sin esperar los acontecimientos militares.

    VYCHINSKI: Bien. Así, en 1934, en el transcurso de la entrevista con Sedov, ¿se examinó la cuestión de la guerra para 1935-1936 y la necesidad de confiar en la derrota?

    ROSENGOLTZ: Sí, Sí.

    VYCHINSKI: ¿No habló usted, en 1934, de este mismo tema con uno de los dirigentes del bloque?

    ROSENGOLTZ: No me acuerdo con suficiente precisión de lo referente al año 1934; es difícil acordarse de lo que pasaba en tal o cual fecha.

    VYCHINSKI: Pero, ¿se encontró con Rykov en 1934?

    ROSENGOLTZ: Cierto, nos encontramos. En todo caso, después de estas instrucciones, tuvieron lugar intercambios de puntos de vista y diversos contactos.

    VYCHINSKI: ¿Sí?

    ROSENGOLTZ: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Y después?

    ROSENGOLTZ: En 1937...

    VYCHINSKI: Antes de llegar a 1937, una pregunta más: ¿no sostuvo usted una entrevista sobre este tema con Rykov, también en 1936?

    ROSENGOLTZ: Durante todo este período tuvieron lugar entrevistas sobre este tema, en 1934, en 1935, en 1936.

    VYCHINSKI: ¿Proseguían los preparativos?

    ROSENGOLTZ: Sí, sí. Y Rykov confiaba ante todo en el levantamiento de los campesinos, en el que había puesto su principal esperanza.

    VYCHINSKI: Esto era antes de 1936; pero, en 1936, ¿dónde estaban depositadas las esperanzas?

    ROSENGOLTZ: En un golpe de Estado militar del grupo Tujachevski.

    VYCHINSKI: ¿Se acuerda usted de la actitud de Rykov cuando vio que se aplazaba la fecha fijada para el desencadenamiento de esta acción contrarrevolucionaria?

    ROSENGOLTZ: Consideraba completamente contraproducente cualquier retraso de la acción directa.

    VYCHINSKI: ¿Se ponía nervioso?

    ROSENGOLTZ: Se ponía muy nervioso, como puede comprenderse. Rykov y los demás temían que este retraso provocara el descubrimiento de numerosos conspiradores.

    VYCHINSKI: ¿Le dijo Rykov que Tujachevski prometía actuar pero que nunca actuaba?

    ROSENGOLTZ: Sí.

    VYCHINSKI: ¿Y de quién más hablaba?

    ROSENGOLTZ: Krestinski también hablaba de ello y Sedov comunicaba la opinión de Trotsky. éste era el principal y constante tema de las entrevistas.

    Krestinski, que el 2 de marzo negaba la acusación hecha por Bessonov sobre un encuentro con Trotsky en septiembre de 1933, da, al día siguiente, toda clase de detalles:

    VYCHINSKI: Explíquenos cómo fue organizada su entrevista con Trotsky en Meran.

    KRESTINSKI: Yo estaba de paso por Berlín, donde me detuve algunos días. Entonces desempeñaba el cargo de consejero de Embajada en Berlín uno de nuestros hombres, el trotskista Bessonov, de quien yo sabía que estaba en relación con Trotsky, pues cuando se trasladó a Berlín, en mayo de 1933, le pedí que organizara este contacto.

    VYCHINSKI: ¿Usted se lo había encargado?

    KRESTINSKI: Sí, le había encargado que organizara este contacto porque en aquel momento Iakubovich y Stern ya se habían marchado de Alemania y mi contacto se había roto. Piatakov mantenía el contacto por medio de sus hombres, que iban a hacerse cargo de los pedidos que entraban en Alemania, pero no existía una regularidad; se trataba de organizar el contacto a través de nuestra embajada en Berlín, para poder utilizar el correo diplomático. Esto fue lo encargado a Bessonov. Le había dicho que había que hacer saber a Trotsky que yo deseaba verlo.

    VYCHINSKI: ¿Así, Bessonov nos ha dicho la verdad estricta?

    KRESTINSKI: Sí.

    VYCHINSKI: Sin embargo, usted intentó negarlo.

    KRESTINSKI: Pero esto era en un momento en que, en general, yo lo negaba todo; ya he expuesto los motivos.

    VYCHINSKI: No le hago a usted ningún reproche. Simplemente quería dejar bien sentado el hecho.

    KRESTINSKI: Cuando, el primer día, negaba mi culpabilidad, incapaz de reconocerla públicamente, era natural que negara las declaraciones de Rosengoltz y Bessonov; era una consecuencia lógica.

    VYCHINSKI: Pero reconozca que con esto colocaba a Bessonov en situación de embustero.

    KRESTINSKI: ¿Y qué más daba? También yo mentía. Si pude llegar yo mismo a la situación de embustero, ¿por qué iba a hacer remilgos con los demás?

    VYCHINSKI: Tal es su lógica.

    KRESTINSKI: Cuando le dije que quería ver a Trotsky, me contestó que la cosa era posible; le dije que permanecería en Kissingen hasta finales del mes de septiembre, y en Meran hasta el 10 de octubre aproximadamente; le di la dirección del sanatorio de Kissingen donde tenía costumbre de alojarme y también mi dirección en Meran. Había estado en el mismo hotel en dos ocasiones y suponía que continuaba existiendo. Le dije que sería fácil encontrarme en aquella dirección (viajaba con mi verdadero nombre). Estaba aún en Kissingen cuando Bessonov me telefoneó para comunicarme que la entrevista tendría lugar en Meran. Durante este tiempo, me había hecho confirmar, por mi parte, que el hotel en que me había hospedado hacía ocho años existía aún; era el hotel Baviera. Trotsky llegó a Meran hacia el 10 de octubre; le acompañaba Sedov. Según Bessonov, Raich no fue con él. Al menos, yo no oí hablar de ello. Sólo vi al padre y al hijo.

    VYCHINSKI: ¿Y al espíritu santo?

    KRESTINSKI: No lo vi. El espíritu santo...

    VYCHINSKI: ¿Volaba encima de usted?

    KRESTINSKI: O estaba en París, si es que puede considerarse a Raich como al espíritu santo.

    Trotsky vino, según me dijo, con un pasaporte francés falso, siguiendo el itinerario de que había hablado Bessonov, es decir, por la frontera franco-italiana, y no por Suiza y Alemania. Las cuestiones que nos preocupaban en Moscú, Trotsky las daba como definitivamente resueltas, y él mismo abordó la exposición de sus instrucciones sobre este tema. Declaró que, puesto que nuestra organización se había convertido, desde 1929, en una organización subversiva, la toma del poder sólo podía realizarse, evidentemente, por la fuerza. Pero, sola, nuestra organización era incapaz de realizar un golpe de Estado. Era indispensable que nos pusiéramos de acuerdo directamente con algún país burgués. Recalcó que nuestro acuerdo con la Reichswehr podía considerarse como el embrión de un acuerdo de este tipo, pero que en modo alguno podía satisfacer ni a los trotskistas ni a los alemanes, y esto por dos motivos. En primer lugar porque, llegado el caso, trataríamos sólo con la Reichswehr, y no con el gobierno alemán en su conjunto. Y, si durante los gobiernos anteriores la Reichswehr jugaba un papel decisivo y se podía tratar con ella como con el mismo gobierno, desde la subida al poder de Hitler -y dados los esfuerzos que Hitler hizo por someter a la Reichswehr y la actitud de desconfianza que algunos dirigentes de la Reichswehr adoptaron frente a la penetración de Hitler en ella- ya no se le podía identificar con el gobierno alemán; desde entonces había que intentar tratar con el gobierno alemán en conjunto. Primer punto.

    Segundo. ¿En qué consistía nuestro acuerdo con la Reichswehr? Nos pagaban cierta cantidad no muy grande, y a cambio les hacíamos llegar determinadas informaciones de espionaje que les iban a ser indispensables en caso de agresión militar. Pero el gobierno alemán, y Hitler en particular, querían no sólo informaciones de espionaje, sino también colonias, territorios. En lugar de colonias, para las que debería hacer la guerra con Inglaterra, América y Francia, estaba decidido a conformarse con el territorio de la Unión soviética. En cuanto a nosotros, no eran los 250.000 marcos oro lo que nos hacía falta; necesitábamos fuerzas armadas alemanas para hacernos con el poder mediante una acción rápida-, era en este sentido en el que había que trabajar. Este trabajo consistía en el acuerdo de traición con un gobierno extranjero, con la finalidad de utilizar sus fuerzas armadas para vencer al Ejército Rojo y abrir así a los trotskistas el camino al poder. Pero, incluso en el caso de que se produjera una agresión contra la Unión Soviética, por ejemplo por parte de Alemania, nos resultaría imposible hacemos con el aparato del poder si no preparábamos para ello ciertas fuerzas en el interior del país; ahora bien, los trotskistas, solos, no eran lo suficientemente numerosos y fuertes para constituir por sí mismos semejante organización. Había que tener un apoyo tanto en las ciudades como en el campo, entre la pequeña burguesía y los kulaks; y son sobre todo los derechistas quienes tienen allí relaciones. En fin, había que tener un apoyo, una organización en el Ejército Rojo, entre los jefes, para que, llegado el momento, al reunir nuestras fuerzas, pudiéramos ocupar los puntos más importantes y tomar el poder, destituir al gobierno actual, que debería ser encarcelado, y colocar en su lugar a nuestro propio gobierno, preparado con anterioridad.

    De todo ello se deducía: una primera orientación dirigida a un acuerdo con los gobiernos extranjeros, y una segunda encaminada a organizar, en la Unión Soviética, la unidad entre las fuerzas trotskistas y los grupos de militares conspiradores.

    Al hablar de los derechistas, al tratar de la necesidad de establecer con ellos lazos de organización, Trotsky subrayaba que no era necesario limitarse a Rykov, Bujarin y Tomski, pues, aunque fueran los jefes reconocidos de los derechistas, estaban ya bastante comprometidos y vigilados; según él, teníamos que utilizar a Rudzutak para estrechar relaciones. Durante años había formado parte del gobierno soviético junto a Rykov, en calidad de amante. sin que nadie hubiera tenido nunca conocimiento de desacuerdos entre él y el Partido; por ello era la persona más indicada para que estableciéramos contactos con él.

    Al hablar de los militares, Trotsky citó un solo nombre, el de Tujachevski, a quien definía como un aventurero de tipo bonapartista, un ambicioso que intentaba jugar un papel no sólo militar sino también político-militar; éste sería el hombre que con toda seguridad se uniría a nosotros.

    A continuación, Trotsky desarrolló su idea sobre la necesidad de llevar a cabo actos de terrorismo, sabotaje y diversión; consideraba los actos de diversión y sabotaje desde el punto de vista de su empleo en tiempo de guerra, y también como me dio de desorganizar la defensa del Ejército Rojo, de desorganizar el gobierno con vistas al momento del golpe de Estado. Por otra parte, estos actos de terrorismo y diversión deberían crear, según Trotsky, una base más sólida, así como una mayor seguridad en las negociaciones con los gobiernos extranjeros, al poner de manifiesto la fuerza y la actividad de sus partidarios en la Unión Soviética.

    él se encargaba de las negociaciones con los alemanes. En cuanto a los japoneses, decía que eran una fuerza con la que también era necesario entenderse, pero subrayaba que, de momento, le sería difícil ponerse directamente en relación con ellos, que se deberían entablar negociaciones con Moscú, utilizando con este fin a Sokolnikov, que trabajaba en el Comisariado del Pueblo para Asuntos Exteriores y se ocupaba precisamente de los asuntos de Oriente. Dado que la entrevista debía tener lugar solamente con una personalidad oficial y que esta primera entrevista debía tener como único objetivo tantear el terreno, se podía prometer, para empezar y en términos generales, que en caso de que llegara al poder en la Unión Soviética un gobierno salido del bloque de las agrupaciones de oposición, este gobierno sería favorable a los japoneses y, cuando se examinaran y solucionaran las diferencias existentes entre el gobierno soviético y el japonés, se tendrían en cuenta los deseos formulados por los japoneses. Me pidió que me pusiera en contacto con Piatakov para tratar de esta plataforma estratégica, y en particular de la necesidad de entrar en contacto con los japoneses. Por otra parte, aunque Piatakov ya hubiera hablado con Tujachevski y Rudzutak, me pidió que también yo los viera, pues podría ponerlos al corriente de nuestra entrevista y hablarles de mi impresión inmediata, lo cual podría influirles algo más en este sentido.

    Los demás acusados confirmaron en sus respectivas declaraciones las confesiones hechas por los acusados de los anteriores procesos: los nombres de Piatakov, Smirnov, Radek, el contenido de sus declaraciones ante los jueces, son citados en diversas ocasiones en el transcurso de debates como los de Tujachevski, Enukidze y Mdivani, juzgados a puerta cerrada, y el de Rudzutak, cuya suerte, hasta el momento, se desconoce. Los acusados de los procesos públicos confirman la tesis de la acusación: una conspiración permanente, animada por el Judas Trotsky, para entregar a la patria soviética a la esclavitud de los bandidos fascistas.


    Editorial de Pravda, 28 de febrero de 1938.


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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por GKK18 el Jue Dic 09, 2010 10:09 am

    SS-18 eres un crack!!!

    Haber troskos, como COJONES VAN SER FALSAS unas declaraciones donde había observadores internacionales de otros paises( nada sospechosos de colaborar con la URSS más bien todo lo contrario) que han contado que NO HUBO IRREGULARIDADES, QUE NO HABÍA SIGNOS DE TORTURA EN LOS IMPUTADOS, QUE El PROCESO FUE LIMPIO ETC.. Y nos vienen con los datos de un trosko que tiene datos de médicos( haber donde esta los informes médicos).

    ¿ Por cierto porque en sudamerica hay tanto trosko?

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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por AsturcOn el Jue Dic 09, 2010 10:25 am

    Camarada SS-18, es impresionante el enorme trabajo que has recopilado en este hilo. Creo que tengo para fisgar un buen rato Very Happy

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    Re: Interrogatorio de Bujarin en el proceso en Moscú de 1938

    Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 12:21 pm


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