Tendencias del marxismo en Ecuador

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    Tendencias del marxismo en Ecuador

    Mensaje por omega-rojo el Lun Oct 24, 2011 8:17 pm

    En otro hilo, se inicio un debate sobre las ideas de Manuel Agustín Aguirre, fallecido líder del hoy desaparecido Partido Socialista Revolucionario de Ecuador. A propósito de esto me parece oportuno abrir un hilo para aportar sobre las tendencias de la izquierda marxista ecuatoriana.

    bandadaroja escribió:Puede ser que no las haya sostenido en el mismo sentido pero Agustín Aguirre eras un híbrido entre socialdemócrata y troskistas. Recuerda que sostenía las tesis de Keynes y la importancia de que aún en el capitalismo el control del estado en la economía podría ser considerado un avance socialista (?). Por otro lado claro que sostenía la tesis de la dependencia y la importancia de desarrollar las fuerzas productivas. Acaso eso no es lo que dice el revisionismo en todo el mundo para no hacer la revolución nunca porque las fuerzas productivas no se desarrollan por evolución sino por revolución.........

    Compañero Bandaroja, difiero del todo de sus afirmaciones, a las que considero sin fundamento. A continuación expondré la razón.

    Sobre Keynes.
    En los textos de Aguirre, encontramos las siguientes valoraciones de la teoría keynesiana:
    “La verdad es que nuestro Lord, aún sin comprender a fondo las nuevos condiciones económicas o sea el dominio de los monopolios y el advenimiento del capitalismo monopolista de Estado, elaboró una teoría que, desde el punto de vista burgués, se hallaba más de acuerdo con la nueva
    etapa que había alcanzado el capitalismo y el hecho real de que el Estado había saltado ya al escenario económico, como lo demuestra el New Deal rooseveltiano y los intervenciones nazifascistas.” (Dos sistemas, Dos Mundos, p. 171)
    Es decir, para Aguirre la teoría de Keynes no era “socialista” sino una “matriz del intervencionismo estatal y punto de partida de todas las mistificaciones y manipulaciones teóricas posteriores”, es decir una política adecuada a la etapa imperialista de desarrollo y una ideología que negaba que los problemas sociales tuvieran su origen en el carácter capitalista de la producción.
    “Naturalmente, esta deficiencia del consumo (según Keynes) no se la atribuye a la composición orgánica del capital y los bajos ingresos que poseen las masas productoras, sino a la existencia de una ley psicológico universal que determina que si bien el consumo aumenta con el ingreso, lo hace a un ritmo cada vez menor, lo que disminuye la demanda. Para elevarla, no se propugna, por lo mismo, ni siquiera una precaria elevación de los salarios y con ello del poder adquisitivo y la consiguiente demanda de las masas consumidoras sino la necesidad de gastos estatales, aunque sean improductivos, como lo fueran la erección de las pirámides de Egipto, los terremotos, los guerras o el desenfreno en el derroche y la dilapidación de las castas parasitarias.” (Dos sistemas, Dos mundos, p. 172)
    En opinión de Manuel Agustín Aguirre, Keynes es un “teórico capitalista y antimarxista” que aborda los problemas del capitalismo en forma superficial y apologética. Y que al llamarse al intervencionismo del Estado en favor de los monopolios capitalistas de “planificación” se estaría: “... desvirtuando así el verdadero contenido de la planificación socialista, e introduciendo de contrabando una mercancía que no es tal”.

    Sobre el control del Estado y las nacionalizaciones:
    Para Aguirre el control del Estado en el capitalismo en esencia es:
    “En síntesis, esta "planificación" capitalista, esta intervención dirigista del Estado, no tiene vigencia sino para mantener el beneficio amenazado y siempre que no viole las leyes del juego capitalista” (Dos Sistemas, Dos mundos, p. 178).
    “En realidad, el error que se comete al presentar estas formas evolucionadas de propiedad capitalista como propiedad socialista, se basa en el hecho de no considerar a la propiedad como lo que en realidad es, un conjunto de relaciones de producción, sino que se la mira desde un punto simplemente jurídico, relacionado con el sujeto de la propiedad. Así, el paso de una empresa a manos del Estado capitalista, no la convierte en propiedad social, porque continúan subsistiendo las relaciones de propiedad capitalista y con ellas la compra venta de fuerza de trabajo y la explotación, con todas sus consecuencias.”
    “De todo esto se desprende que ni la llamada "democratización de las acciones", las nacionalizaciones, los esfuerzos cooperativos, ni los servicios sociales, dan al Estado capitalista un carácter socialista, ni siquiera podría llamársele, como se lo hace, "Estado de bienestar" y mucho menos "Socialismo de Estado", ya que las limitadas concesiones de carácter social arrancadas por
    la lucha de los trabajadores, no crean, en realidad, sino el bienestar para los empresarios monopolistas, cuyos intereses representan” (Dos sistemas, Dos mundos, p. 208).
    Para señalar la diferencia entre el control estatal en el capitalismo y en el socialismo Aguirre cita al líder cubano Dorticos: "No se trata de un proceso de nacionalización de naturaleza capitaIista, como ha ocurrido en otros países en los cuales no se ha comprometido, pese a haberse nacionalizado empresas de servicios públicos y hasta de otra índole, la estructura capitalista de la economía. Lo que determinó que esas nacionalizaciones alcanzaran el carácter
    socialista fue que, en el curso del desarrollo de la Revolución, el poder político ha pasado a manos de la clase obrera. Era por eso evidente que la Revolución Cubana, que desde la implantación de la Reforma Agraria, forjaba las primeras formaciones socialistas de nuestra economía entraba al iniciar el período de las nacionalizaciones de industria y comercio y de la banca, en una
    etapa de transición del sistema semicolonial y capitalista al sistema socialista".
    A esto Manuel Agustín Aguirre añade:
    “Con lo que queda aclarado, que sólo el paso del poder político de manos de la burguesía a los de la clase obrera, determina un verdadero cambio del sistema capitalista al socialista” (Dos Sistemas, Dos Mundos, p. 87).

    Sobre de si Aguirre sostenía que debíamos esperar el desarrollo de las fuerzas productivas por evolución:
    “...es necesario liquidar, de una vez para siempre, aquella tesis pseudo-marxista, que sostiene la imposibilidad del socialismo en nuestros países, hasta que no lleguen a su pleno desarrollo capitalista. Estos teorizantes ignoran que después del gran desarrollo mundial del capitalismo y el advenimiento del imperialismo, las naciones no pueden considerarse como unidades aisladas e independientes, sino como simples eslabones débiles o fuertes, del gran capitalismo mundial. Estos señores olvidan la gran Revolución Rusa y que el capitalismo existe como un todo, el capitalismo mundial en decadencia, que debe ser superado, lo antes posible, con el advenimiento revolucionario del socialismo” (¿Revolución burguesa o revolución proletaria? p. 11).
    Esto lo deja más claro en estos pasajes de “Socialismo Científico”:
    “m) Que, en consecuencia no hay que dejarse engañar por aquella falsa especie lanzada por nuestros enemigos , de que los países coloniales que no han llegado al capitalismo maduro, tienen que esperar tranquilamente que éste se desarrolle. El capitalismo es un sistema mundial que se extiende y vive en todas partes del mundo, a excepción de los países socialistas, y en todas partes hay que combatirlo;”
    --
    “n) Que, en fin, la única forma de solucionar las contradicciones capitalistas, elevándolas a una síntesis superior, consiste en suprimir la propiedad privada capitalista, relación social que mantienen, a toda costa, los que se benefician con ella, ya que les permite extraer plusvalía, o sea vivir de la explotación despiadada y permanente;”
    ---
    “p) Que si el capitalismo, minado por sus propias contradicciones, tiene que desaparecer irremisiblemente, esto no quiere decir que hemos de cruzarnos de brazos y esperar que caiga a nuestros pies como un fruto maduro, sino que, conocedores de las leyes que rigen su desarrollo y destrucción, hemos de acelerar su caída, a fin de construir, con nuestras propias manos, un mundo de libertad y de justicia, pleno de bienestar y felicidad para todos los hombres: un mundo socialista.” (Socialismo Científico, p. 208)

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