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Revolucion Permanente

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Mensaje por Alexyevich el Vie Abr 15, 2011 2:07 am

Thiago, ésto es todo lo que he encontrado sobre el VI congreso bolchevique.
http://revolucionbolchevique.blogspot.com/2009/08/vi-congreso-bolchevique-los.html

Ésta es sobre el VII congreso, el que la creó no parece trotskista por lo que veo.
http://revolucionbolchevique.blogspot.com/2009/05/lenin-inaugura-vii-conferencia-de-toda.html
Es verdad, todo cambia con la llegada de Lenin. Sin embargo, el apoyo de la redacción de Pravda al gobierno provisional no deja de ser una postua menchevique. Las citas que nombré de Lenin no aluden exclusivamente a Kámenev sino a todos los viejos bolcheviques que antes de la llegada de Lenin estuvieron en contra de Octubre.
Todos tienen derecho a reivindicarse, es verdad. Nadie está libre de cometer errores, Trotsky menos, que por cierto no lo "endioso" pero eso no le quita la relevancia actual que tiene la revolución permanente.

Que todas las revoluciones hayan seguido la línea política de Moscú no es ninguna novedad, pero por eso no quiere decir que la revolución permanente haya fracasado.
No entiendo de qué se jactan en la actualidad los defensores del socialismo en un sólo país. Todos sabemos cuál es la situación de los estados socialistas que sobreviven hasta hoy.

¿dónde está lo antimarxista de la teoría de Trotsky? ¿Viendo el panorama político actual acaso no ha tomado más relevancia?
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Mensaje por Erazmo el Vie Abr 15, 2011 2:39 am

AsturcOn escribe y yerra,

"La revolucion permanente es justamente lo contrario, se trata de una teoria de caracter ofensivo que niega el papel de los campesinos y desprecia el rol que pudiera jugar cualquier pais de excaso desarrollo.

"El triunfo de la revolución socialista es inconcebible dentro de las fronteras nacionales de un país" (Trotsky 1930)


Se elige una idea absolutamente válida para criticarla erróneamente, la revolución permanente es la lucha que todos los pueblos deben dar a escala planetaria para lograr justicia y reivindicación social, por tanto el concepto de revolución permanente es total y absolutamente necesario, mucho más que válido.

Ahora personalmente reitero que la transición de fases, la tésis asociada a stalin no es contrapuesta a la de revolución permanente que se asocia a trotsky, es parte de la tésis de revolución permanente, y en 1930 estaban dos ejémplos clásicos.


En la URSS había una transición al socialismo, y en Nicaragua y China dos titánicas luchas del pueblo en revolución permanente.

Que el socialismo finalmente fracasara en la URSS se debe a dos situaciones, según yo, que no hubiese una situación revolucionaria a nivel mundial que gatilló que la URSS asumiera el rol de superpotencia, con lo cual el principio de las contradicciones a la URSS le pasó la cuenta a través de esa mutación abyecta que fué el socialimperialismo.

Lo otro fue el sectarismo y dogmatismo, la falta de tacto político y el inmovilismo ideológico develado en la incapacidad para plantearse de manera creativa en el mundo circundante le significó a la URSS asumir una situación defensiva en la guerra psicológica ideológica, no tuvo argumentos para plantearse ante los enemigos, al imperialismo le basto enfundar una manopla y envolver la mano en un guante de terciopelo para apalear a la URSS y acorralarla, esa característica es la de los sectarios que no saben argumentar y deben encerrarse en el fanatismo para defenderse, en este foro hay muestras arqueológicas increíbles de esa postura psicológica.


Por tanto es falsa la polémica o revolución permanente o estado de fases (socialismo en un solo país), uno inscribe al otro.

Con una diferencia, la revolución permanente en el mundo actual es una obligación de gravitación social, pero el socialismo en un solo país es prescindible y solo requerido sí hay estados nacionales en esa situación.

Como corolario, Trotsky en la exposición mostrada por AsturcOn curiosamente ahí tiene toda la razón, en otros tópicos no, pero eso quedó no develado.



Saludos Revolucionarios
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Mensaje por Thiago el Vie Abr 15, 2011 4:18 am

Muy bien Alexyevich, encontró algo bueno. No importa que el creador del blog no sea trotskista, no se deje llevar por eso. Hay buenos artículos que nos ayudan a conocer la revolución de 1917. Lamentablemente, el blog se quedó a medio camino; creo que era un blog muy ambicioso; presenta algunos vacíos pese al claro interés del autor o autores de querer reunir “todas las voces”, independientemente de la posición política reflejada en algunos artículos.

Hace usted muy bien en reconocer que todo cambia con la llegada de Lenin. El dominio inigualable que tenía de la teoría marxista, la aplicación incomparable del método marxista según el principio “análisis concreto de la situación concreta” para derivar la línea táctica y las tareas en cada momento, y la persistencia avasalladora de Lenin fueron vitales para el triunfo de la revolución de Octubre. Le pido que estudie un poco más y se dará cuenta que argumentar que los “viejos bolcheviques” de ese momento “apoyaron” al Gobierno Provisional es una exageración que no tiene base. No se puede decir eso ni de Kámenev, el más conspicuo representante de esa tendencia hasta fines de abril. Es cierto que hubo derechistas en el partido en ese momento. Pero cuando el Partido fue adoptando las tesis leninistas, esos elementos derechistas renunciaron y se pasaron a los mencheviques. La revolución conmocionó todo. También mencheviques e “interdistritales” se afiliaron al partido bolchevique meses antes del VI Congreso de agosto de 1917. No niego que la política vacilante de la dirección bolchevique en la segunda mitad de marzo no conducía al partido y al proletariado a tomar el papel que le corresponde en la revolución, lo mantuvo inactivo y a la zaga de los acontecimientos, pero no lleguemos a conclusiones extremas que no corresponden a los hechos.

Pero aparte de los links que usted ha encontrado, yo encontré uno que nos va ayudar a conocer mejor las cosas. Es el informe de Lenin en la Primera Conferencia del Comité Petersburgo del Partido bolchevique en abril, una de las dos conferencias que le mencioné en mi mensaje anterior. Los fragmentos citados en ese blog se centran en el “viejo bolchevismo” de ese momento. He aquí Lenin:


"Nuestra línea política, expresada en resoluciones, fue elaborada progresivamente con mayor precisión que cualquier otro partido. Los sucesos, sin embargo, han creado una situación enteramente nueva. El principal error cometido por los revolucionarios es que miran hacia atrás, a las viejas revoluciones, cuando la vida nos proporciona muchas cosas nuevas que han de ser ubicadas en el contexto general de acontecimientos.

Las fuerzas motrices de la Revolución [de Febrero] fueron definidas por nosotros bastante correctamente. Los hechos han justificado nuestras viejas premisas bolcheviques pero el problema con nosotros es que los camaradas han querido permanecer “viejos” bolcheviques. El movimiento de masas ha estado confinado al proletariado y al campesinado. La burguesía europea occidental ha estado siempre opuesta a la revolución. Tal era la situación a la que hemos estado acostumbrados…

Pero las cosas se presentaron diferentes. La guerra imperialista dividió a la burguesía europea, y esto creó una situación donde los capitalistas anglo-franceses, por razones imperialistas, se convirtieron en soportes de la revolución rusa. Los capitalistas británicos ingresaron en una conspiración con Guchkov, Miliukov y el alto mando de oficiales del ejército… La revolución ha ganado así un inesperado aliado. Como resultado, la revolución ha sido diferente de lo que cualquiera hubiera esperado. Hemos encontrado no sólo aliados en la burguesía rusa sino también entre los capitalistas anglo-franceses…

Y entonces, la revolución en su primera etapa se desarrolló de una forma que nadie había esperado… La situación es única en que ahora tenemos un poder dual… El Soviet es la realización de la dictadura del proletariado y los soldados, entre los últimos la mayoría es campesina. Por tanto, es una dictadura del proletariado y el campesinado. Pero esta “dictadura” ha entrado en un acuerdo con la burguesía…

…Y aquí es donde el “viejo” bolchevismo necesita ser revisado…

…La situación que ha surgido muestra que la dictadura del proletariado y el campesinado está entrelazada con el poder de la burguesía. Una situación extraordinariamente única. El pasado no tiene ejemplos de una revolución donde los representantes del proletariado revolucionario y el campesinado, aunque totalmente armados, llegan a una alianza con la burguesía, y aunque tienen el poder lo ceden a la burguesía…

La revolución burguesa en Rusia se ha completado en tanto el poder ha llegado a las manos de la burguesía…

…Aquí el “viejo bolchevique” replica: “No se ha completado –porque no hay dictadura del proletariado y del campesinado”. ¡Pero el Soviet de Diputados de Obreros y Soldados es esa dictadura!

En los Soviets de Diputados de Obreros y Soldados el alineamiento de fuerzas es tal que el poder ha pasado al Gobierno Provisional mientras los socialistas se contentan con “comisiones de contacto”… Uno debe estar ciego ante los hechos para no ver que en Rusia, aparte de los bolcheviques, no hay nada sino defensismo revolucionario y que eso ha triunfado en todas partes. El defensismo revolucionario significa la renuncia a todos los principios socialistas a los intereses depredadores del capitalismo, intereses que están escondidos detrás de la frase “defensa de la patria”; significa rendir la posición de uno a la pequeña burguesía…

Lo esencial de la situación política de este momento es ser capaz de hacer que las masas vean la verdad…

Estamos aun en minoría y comprendemos la necesidad de ganar la mayoría. A diferencia de los anarquistas, necesitamos el Estado para la transición al socialismo…

Los hechos han conducido a que la dictadura del proletariado y el campesinado esté entrelazada con la dictadura de la burguesía. La siguiente etapa es la dictadura del proletariado, pero el proletariado no está lo suficientemente organizado y educado; debe ser educado. Deberían organizarse Soviets de Diputados de Obreros y Soldados por todo el país, la vida misma lo demanda. No hay otro camino. ¡Esta es la Comuna de París!… Este es el tipo de Estado bajo el que es posible avanzar hacia el socialismo…

…La revolución rusa se ha erguido más alto: cualquier otro gobierno distinto del Soviet es imposible y eso es lo que la burguesía teme. Mientras los Soviets no hayan tomado el poder, nosotros no lo tomaremos. Una fuerza viva, sin embargo, puede empujar al Soviet a tomar el poder. De otro modo nunca saldremos de la guerra que los capitalistas están conduciendo engañando al pueblo. Todos los países están al borde de la ruina; el pueblo debe entender esto; no hay salida excepto a través de la revolución socialista…

…El gobierno debe ser derrocado pero nadie entiende esto correctamente. Mientras el Gobierno Provisional tenga el apoyo del Soviet de Diputados Obreros, no se puede “simplemente” derrocarlo. La única forma en que puede y debe ser derrocado es ganando a la mayoría en los Soviets. Una de dos: o adelante hacia el poder indivisible de los Soviets de Diputados de Obreros y Soldados o respaldo a la guerra imperialista – no hay otra alternativa".

http://revolucionbolchevique.blogspot.com/2009/04/revisar-el-viejo-bolchevismo-exige.html


Amigo Alexyevich, cuando le digo que lea a Lenin en 1917 –si le es posible todos sus escritos de ese año-, no lo hago con la intención de faltarle el respeto (ni a usted ni a nadie), lo hago con la convicción absoluta de que ahí encontrará la esencia y la verdadera historia de la revolución rusa de 1917, nunca mejor reflejada que en los escritos del genio que la líderó (y no hablo sólo de 1917 y después, sino de quien fue la misma revolución proletaria desde antes de ese año).
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Mensaje por Thiago el Vie Abr 15, 2011 5:51 am

Plaza, creo que usted no se entiende a sí mismo y no lee bien los mensajes. Terminemos este juego. Primero usted me cita citándolo a usted:

"Por otra parte, tu decías Thiago, que te demostrásemos el hecho de que las tesis de la revolución por etapas conducían a una alianza con la pequeña burguesía.”

A esta frase suya, le acotó: “Jamás he hecho semejante formulación."

Usted me responde: “¿como que no?”... pero no indica en cuál de mis mensajes he dicho semejante sandez.

En verdad, Plaza, sus malas lecturas de los posts me hacen perder el poco tiempo que tengo. Pero olvidemos ese desliz (recurrente).

Usted me pregunta después acerca de las diferencias que ve en las “citas” de Lenin antes de Octubre y después de Octubre pero usted no cita a Lenin... sino a Trotsky citando y glosando a Lenin!!! Cuando usted esté más claro en lo que quiere expresar, recurriendo directamente a los escritos de Lenin, me lo vuelve a preguntar. Si usted no desarrolla bien su pensamiento me es difícil comentarlo, y no creo ser un mal lector.

Me parece que usted está confundido. Tanto Deutscher como Woods, para citar sólo a dos trotskistas, repiten como una letanía: “en abril [de 1917] Lenin cambió de opinión” (se hizo trotskista, para decirlo en corto). Pero resulta que usted descubre ahora (!!!) que ellos (y casi la mayoría de los trotskistas) están equivocados: que las diferencias en Lenin se deben apreciar utilizando Octubre como línea demarcatoria en este punto. Entonces, le pido, díganos en qué consiste su descubrimiento (y no se escude en lo que dicen los “estalinistas” porque usted está hablando de Lenin no de Stalin). Diga en qué consisten esas diferencias que usted descubrió en Lenin y olvídese por un momento de los “estalinistas” para desarrollar su argumento (después de eso, vaya con todo, si quiere, contra ellos, pero primero enuncie su tesis).

Gazte, usted se dirige a mí, invitándome a desarrollar la teoría de la revolución ininterrumpida por etapas como si yo rehuyera el debate. Nada más ajeno a la realidad. 1) Para empezar, este es un hilo sobre la revolución permanente, y usted sólo ha dicho tres o cuatro cosas y considera que ya expuso la teoría trotskista (algunas afirmaciones suyas, yo le pondría mi firma). 2) Además, el artículo que usted publicó en lugar de hacer honor al título, en lugar de contrastar con objetividad las dos posiciones, lo que hace es no exponer bien la revolución permanente y distorsionar la revolución ininterrumpida por etapas. De esa forma es muy fácil debatir, criticar y salir “airosos”. 3) Este es un debate y cada uno expone sus argumentos en confrontación con las del otro. Me sería muy fácil poner tres o cuatro cosas sobre la teoría de la revolución de Lenin y decir “ahí lo tiene” (aunque creo que usted espera que yo le llene el post con citas de Stalin). El punto sobre el que he llamado la atención es: Lenin formuló la teoría de la revolución ininterrumpida por etapas en 1905 y no renunció a ella en abril u octubre de 1917 para asumir la teoría de Trotsky como dicen los trotskistas. Y usted y Plaza se han quedado callados en todos los idiomas. Creo que usted debe opinar acerca de eso, sobre todo después de afirmar: “decir que no ha habido "ninguna revolucion permanente" (obviando el ejemplo sovietico) es pueril”. Es decir, después de afirmar que el soviético es un “ejemplo” de revolución permanente. 4) No se impaciente Gazte, en cualquier momento le doy el gusto, antes déjeme terminar con algunos puntos que tienen que ver con la relevancia actual de la revolución permanente y con algunas afirmaciones del fragmento de AsturcOn que acompañé un mensaje anterior y que me permitirán desarrollar algunos puntos con los que estoy de acuerdo.
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Mensaje por gazte el Vie Abr 15, 2011 12:32 pm

no quiero una contestacion en base a citas, me gustaria que me lo explicase usted con sus propias palabras.
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Mensaje por Alexyevich el Vie Abr 15, 2011 10:41 pm

El problema fundamental de toda revolución (Lenin)
Rabochi Put Nº 10 del 14 (27) de setiembre de 1917

El problema fundamental de toda revolución es, indudablemente, el problema del poder. Lo decisivo es qué clase tiene el poder...

No se puede esquivar ni apartar el problema del poder, pues es precisamente el problema fundamental que lo determina todo en el desarrollo de la revolución, en su política exterior e interior. Que nuestra revolución “ha gastado inútilmente” seis meses en vacilaciones respecto a la organización del poder es un hecho indiscutible, originado por la política vacilante de los eseristas y de los mencheviques. Pero, a su vez, la política de estos partidos ha sido determinada, en última instancia, por la posición de clase de la pequeña burguesía, por su inestabilidad económica en la lucha entre el capital y el trabajo.

La cuestión reside ahora en saber si la democracia pequeñoburguesa ha aprendido algo en estos importantísimos seis meses, extraordinariamente ricos de contenido. Si la respuesta es negativa, ello significará que la revolución ha sucumbido y sólo podrá salvarla una insurrección victoriosa del proletariado. Si la respuesta es afirmativa, habrá que empezar por crear sin demora un poder firme y estable. Durante una revolución popular, es decir, que despierta a la vida a las masas, a la mayoría de los obreros y los campesinos, sólo puede ser estable un poder que se apoye a sabiendas y de manera indefectible en la mayoría de la población. Hasta ahora, el poder del Estado sigue, de hecho, en Rusia, en manos de la burguesía, la cual se ve obligada únicamente a hacer concesiones parciales (para empezar a anularlas al día siguiente), repartir promesas (para no cumplirlas), buscar todos los medios posibles de encubrir su dominio (para engañar al pueblo con la apariencia de una “coalición honesta”) y etc., etc. De palabra, un gobierno revolucionario, democrático y popular; en la práctica, un gobierno burgués, contrarrevolucionario, antidemocrático y antipopular: ahí está la contradicción que ha existido hasta hoy y que ha sido el origen de la total inestabilidad y de las vacilaciones del poder, de todo ese “carrusel ministerial” a que se han dedicado con fervor tan lamentable (para el pueblo) los señores eseristas y mencheviques.

O la disolución de los Soviets y su muerte sin pena ni gloria, o todo el poder a los Soviets: esto lo dije ante el Congreso de los Soviets de toda Rusia a principios de junio de 1917, y la historia de julio y agosto ha confirmado de manera convincente y exhaustiva la justedad de estas palabras. El poder de los Soviets es el único que puede ser estable y apoyarse a ciencia cierta en la mayoría del pueblo, por más que mientan los lacayos de la burguesía, los Potrésov, los Plejánov y otros, que denominan “ampliación de la base” del poder a su entrega efectiva a una minoría insignificante del pueblo, a la burguesía, a los explotadores.

Sólo el Poder soviético podría ser estable, sólo él no podría ser derrocado ni siquiera en los momentos más tempestuosos de la revolución más violenta; sólo ese poder podría garantizar un desarrollo continuo y amplio de la revolución, una lucha pacífica de los partidos dentro de los Soviets. Mientras no se cree un poder de este tipo, serán inevitables la indecisión, la inestabilidad, las vacilaciones, las interminables “crisis del poder”, la comedia sin desenlace del carrusel ministerial, los estallidos de derecha y de izquierda.

Pero la consigna de “El poder a los Soviets” se entiende muy a menudo, si no casi siempre, de una manera completamente equivocada: en el sentido de “un ministerio formado con los partidos mayoritarios de los Soviets”; y esta opinión, profundamente equivocada, es la que desearíamos examinar con más detalle.
...
“El poder a los Soviets” significa transformar por completo y de manera radical la vieja máquina del Estado, un aparato burocrático que frena todo lo democrático; significa suprimir dicho aparato y remplazarlo por otro nuevo, popular, o sea, auténticamente democrático, el de los Soviets, el de la mayoría organizada y armada del pueblo: obreros, soldados y campesinos; significa ofrecer la iniciativa y la independencia a la mayoría del pueblo no sólo en la elección de los diputados, sino también en la administración del Estado y en la realización de reformas y transformaciones.

...un cambio de ministros tiene muy poca importancia, pues la labor administrativa real se encuentra en manos de un ejército gigantesco de funcionarios. Y este ejército está impregnado hasta la médula de espíritu antidemocrático, está ligado por miles y millones de hilos a los terratenientes y la burguesía, dependiendo de ambos en todas las formas imaginables. Este ejército está rodeado de una atmósfera de relaciones burguesas y sólo respira ese aire; se ha congelado, encallecido y anquilosado; carece de fuerzas para escapar de esa atmósfera; sólo puede pensar, sentir y obrar a la antigua. Este ejército está ligado por relaciones de respeto a la jerarquía, por determinados privilegios de los empleos “públicos”, y sus cuadros superiores se hallan subordinados por completo, mediante las acciones y los bancos, al capital financiero y vienen a ser, en cierta medida, sus agentes, los vehículos de sus intereses y de su influencia.

Tratar de efectuar con ese aparato estatal transformaciones como la supresión de la propiedad terrateniente sin indemnización o el monopolio del trigo, etc., es una mera ilusión... Por eso resulta siempre que, con todos los posibles ministerios “de coalición” en que participan “socialistas”, estos socialistas vienen a ser en la práctica, aun en el caso de que algunos de ellos demuestren la mayor probidad, un simple adorno o una pantalla del gobierno burgués, un pararrayos de la indignación popular provocada por ese gobierno, un instrumento del gobierno para engañar a las masas. Así ocurrió con Luis Blanc en 1848; así ha ocurrido desde entonces docenas de veces en Inglaterra y Francia al participar los socialistas en el gobierno; así fue con los Chernov y los Tsereteli en 1917; así fue y así será mientras se mantenga el régimen burgués y se conserve intangible el viejo aparato estatal burgués y burocrático.

Los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos son valiosos, sobre todo, porque constituyen un tipo de aparato estatal nuevo, inmensamente más elevado e incomparablemente más democrático. Los eseristas y los mencheviques han hecho todo lo posible y lo imposible para transformar los Soviets (en particular el de Petrogrado y el de toda Rusia, o sea, el Comité Ejecutivo Central) en corrillos de charlatanes, que se dedicaban, con el pretexto del “control”, a adoptar resoluciones estériles y expresar deseos, a los que el gobierno daba carpetazo con la más cortés y amable sonrisa. Pero bastó la “fresca brisa” de la korniloviada, que anunciaba una buena tormenta, para que el aire viciado del Soviet se purificara por algún tiempo y la iniciativa de las masas revolucionarias empezara a manifestarse como algo grandioso, potente e invencible.

Que aprendan de este ejemplo histórico todos los incrédulos. Que se avergüencen quienes dicen: “No tenemos un aparato que pueda remplazar al viejo, que tiende ineluctablemente a defender a la burguesía”. Porque ese aparato existe. Son los Soviets. No teman la iniciativa ni la independencia de las masas, confíen en sus organizaciones revolucionarias y verán en todos los ámbitos de la vida pública la misma fuerza, grandiosidad e invencibilidad de que dieron pruebas los obreros y los campesinos en su unión y su ímpetu contra la korniloviada.

Falta de fe en las masas, miedo a su iniciativa, temor a que actúen por sí mismas, estremecimiento ante su energía revolucionaria, en vez de un apoyo total y sin reservas: tales han sido los mayores pecados de los jefes eseristas y mencheviques. Ahí está una de las raíces más profundas de su indecisión, de sus vacilaciones, de sus incontables e infinitamente estériles tentativas de verter vino nuevo en los viejos odres de la vieja máquina estatal, burocrática.
...
¿Qué significaría, en la práctica, esta dictadura [del proletariado y los campesinos pobres]? Significaría que sería aplastada la resistencia de los kornilovistas y quedaría restablecida y consumada la democratización completa del ejército. El 99% del ejército sería partidario entusiasta de esta dictadura a los dos días de establecida. Esta dictadura daría la tierra a los campesinos y todo el poder a los comités locales de campesinos. ¿Cómo puede alguien, entonces, si está en su sano juicio, poner en duda que los campesinos apoyarían semejante dictadura? Lo que Peshejónov sólo prometió (“la resistencia de los capitalistas ha sido aplastada”: palabras textuales de Peshejónov en su célebre discurso ante el Congreso de los Soviets), lo llevaría a la práctica esta dictadura, lo haría realidad, sin suprimir en lo más mínimo las organizaciones democráticas de abastecimiento, de control, etc., que han empezado ya a formarse, sino, por el contrario, apoyándolas y fomentándolas y eliminando todo lo que dificulte su funcionamiento.

Sólo la dictadura de los proletarios y de los campesinos pobres es capaz de romper la resistencia de los capitalistas, ejercer el poder con una audacia y una decisión en verdad grandiosas y asegurarse un apoyo entusiasta, sin reservas y auténticamente heroico de las masas tanto en el ejército como entre los campesinos.

El poder a los Soviets: eso es lo único que podría hacer gradual, pacífico y tranquilo el desarrollo ulterior, poniéndolo por completo al nivel de la conciencia y la decisión de la mayoría de las masas populares, al nivel de su propia experiencia. El poder a los Soviets significa la entrega total de la gobernación del país y del control de su economía a los obreros y a los campesinos, a quienes nadie se atrevería a oponer resistencia y quienes aprenderían rápidamente con su experiencia, con su propia experiencia, a distribuir acertadamente la tierra, las provisiones y el trigo.
http://revolucionbolchevique.blogspot.com/2009_09_27_archive.html

Camarada Thiago,nunca me tomé sus intervenciones como ataques o pensé que su intención era "demoler" al rival. Esas son inmadureces. Todo debate político es en cierta forma caliente y lo entiendo.
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Mensaje por Thiago el Sáb Abr 16, 2011 6:19 am

Jajaja. Gazte, le salió el Trotsky que lleva adentro: “No quiero... !!!”. Usted, que todavía no ha expuesto su defensa de la revolución permanente, me pone condiciones sobre cómo debo exponer mis opiniones. Le recuerdo que usted es el “dueño” del hilo y tiene una responsabilidad mayor que cualquiera. Pero con mucho gusto haré lo que usted “quiere”. Faltaba más! (Espero que no me repruebe en ese examen, “profesor”).

Cuando cité a AsturcOn, lo hice porque dice una gran verdad que Gazte, Plaza y Alexyevich pasaron por alto para lanzarse a “refutar” lo dicho sólo en la segunda parte del fragmento. AsturcOn dice:

“Trotsky escribió la revolución permanente reconociendo que dicha teoría era un error y que Lenin tenia razón. En realidad este obra ha sido escrita para desmarcarse de ese error, reconociendo no sin dar muchos rodeos, acusando a otros de sus propias interpretaciones, demostrando su arrogancia, y demostrando que dicha teoría no encajaba con los tiempos, reconociendo que solo sirvió para abrir fogosos debates. Aunque antes y después de reconocerlo aun sigue dándole vueltas al asunto, intentando reparar en 1930 todos sus errores del pasado. Lo extraño es que para los propios trotskistas esto no fue así y siguen reivindicando su carácter internacionalista presentando la teoría de la revolución permanente como la única posible para terminar con el capitalismo...”

Por coincidencia, Alexyevich reproduce un artículo de Lenin “sobre el problema fundamental de toda revolución, que me da pie para continuar esta intervención.

En 1906, Trotsky publica su escrito “Resultados y Perspectivas”, cuando todavía estaba fresca la gesta del proletariado ruso en la revolución de 1905. Ese escrito es la base de la teoría de la revolución permanente de Trotsky. Teoría que le debe más a Parvus que a Marx.(Algo que los trotskistas parecen no querer recordar). El folleto tuvo una tirada de pocos ejemplares y se publicó en Rusia.

Lenin publicó en 1905 su trabajo “Dos tácticas de la socialdemocracia...” donde pone los fundamentos de su teoría de la revolución, en polémica con el menchevismo. En el mismo 1905 (ojo!!), Lenin es el único líder marxista en llegar a una conclusión fundamental a partir de la experiencia inmediata de la lucha revolucionaria de 1905. Dejando claro que el problema fundamental de toda revolución es el problema del poder, establece que los soviets son los embriones del nuevo poder revolucionario; es más, defiende que los soviets deberían declararse el gobierno provisional revolucionario. Lenin sin decirlo explícitamente ha encontrado que la “dictadura democrática revolucionaria del proletariado y campesinado”, la forma inicial de la dictadura del proletariado, ha encontrado su expresión concreta en el Soviet. No hay otro líder que llegue a una conclusión parecida hasta 1917.

Y aquí es importante resaltar algo inaudito que ningún trotskista ha explicado de manera convincente: ¿Por qué Trotsky –“el presidente” del Soviet, el “líder” de la revolución de 1905- no menciona ni una sola vez (sí, ni una sola vez!!!) a los soviets, en su trabajo fundamental? Allí donde establece sus tesis sobre la revolución, donde debe hablar del problema del poder, él no considera que los soviets merezcan una mención especial y menos aún que haya una enseñanza importante que extraer sobre la cuestión del poder en la teoría de la revolución.

Se puede decir que era un ensayo teórico o un análisis sociológico o lo que fuera, mas no existe explicación convincente. Lo que queda claro es que al “profeta” se le escapó la paloma. “Resultados y perspectivas” es un conjunto de tesis sobre la revolución que no tienen una concreción en una línea estratégica y táctica del proletariado revolucionario (pese a que aborda temas necesarios para definirlas).

En 1906, Trotsky decía que su “revolución permanente” es “una conclusión derivada de las interrelaciones de la revolución”. Y añade: “Seríamos unos verdaderos subjetivistas si nuestras tácticas fueran nada más que una aplicación práctica de esta idea abstracta” (Nasha Revolyutsia)

En 1926, diría: “la teoría de la revolución permanente- nunca fue considerada por mí (incluso en el momento en que no veía las ineficiencias en esta teoría [sic!!!])- como una doctrina universal aplicable en general a todas las revoluciones, una “teoría suprahistórica”, para usar una frase de una carta de Marx. Yo apliqué el concepto de revolución permanente a una etapa definida del desarrollo en la evolución histórica de Rusia...” (Trotsky, “Discurso al VII Pleno (ampliado) del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista”, 9 de diciembre de 1926)

Y en su libro sobre la revolución permanente de 1931, cuyo objetivo es minimizar o suavizar sus diferencias con Lenin en la teoría de la revolución, usando una polémica con Rádek, declara -lo que AsturcOn dice:

“Naturalmente que lo he reconocido [que Lenin tenía razón contra él], y en este reconocimiento no hay ni un ápice de diplomacia. Me refería a todo el camino histórico de Lenin, a toda su posición táctica, a su estrategia, a su organización del partido...”

Sin embargo, cuando no puede ocultar que Lenin criticaba o difería de sus opiniones, llega a afirmar que está seguro que Lenin no leyó su ensayo "Resultados y Perspectivas". Y sobre la consigna: “Sin zar, por un gobierno obrero”, -cuyo rescate del baúl de los recuerdos, Trotsky atribuye a calumnias de los “epígonos”, porque (según él) esa consigna pertenece a Parvus, uno de sus mentores-, oculta que quien siempre se lo criticó (ver el Tesis de Abril, Cartas sobre Táctica, etc.), fue el propio Lenin.

Saludos


Última edición por Thiago el Dom Abr 17, 2011 2:39 am, editado 1 vez
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Mensaje por proleinternacionalista el Sáb Abr 16, 2011 8:22 pm

Reconstruyendo un poco el hilo del tiempo:

Dos etapas de la revolución rusa


Nuestro enfoque va dirigido a destruir la siguiente tesis: que la primera revolución rusa de febrero de 1917 haya sido revolución burguesa, en la que vencieron los socialistas, y que en la segunda de Octubre se haya superado la vieja fórmula bolchevique de ir al poder con el único objetivo de «hacer de vigilantes de la democracia y el capitalismo» hasta la revolución occidental, para pasar sin más a una revolución socialista integral, del nivel que habría podido tener, pongamos, la revolución alemana si no hubiese sido aplastada.

Nosotros demostramos que la revolución de febrero representó la fórmula menchevique con la ulterior caída de populistas y socialdemócratas en el oportunismo, por la entrada en el gobierno provisional burgués y por el sometimiento a éste de los Soviets obreros, surgidos, como en 1905, a la cabeza de la lucha revolucionaria. La revolución de Octubre volvió a conducir a la fórmula bolchevique: alianza con los campesinos, expulsión de la burguesía del poder, aplazamiento del socialismo en Rusia hasta la revolución europea, erradicación de los mil residuos feudales; todo esto, incluso para los marxistas que niegan a la «democracia» todo valor absoluto, se consigue recorriendo rápidamente las fases de la democracia impulsándolas hasta el fondo: sólo después se desecha verdaderamente.

En la parte de la reunión de Nápoles, ya desarrollada en resumen, hemos querido remachar por qué negamos que sea justo decir que Octubre fue una revolución burguesa. Revolución burguesa es aquella en la que la burguesía gobierna, dejando claro que lo hace como clase nacional, e incluso como clase extranacional y mundial.

Hemos dado tres caracteres radicales de la revolución bolchevique, que la separan en principio de toda revolución burguesa. Las recordamos resumidamente:

- Primero: condena de la guerra imperialista desde 1914, condena de los socialistas traidores que se adhieren, consigna del derrotismo en cada país, incluso individualmente, como única vía para el hundimiento del capitalismo. Toda revolución burguesa fue por el

contrario nacional, patriótica y defensora de la guerra, como intentaron hacer los oportunistas rusos desde febrero.

- Segundo: liquidación despiadada y extra-legal, en la lucha interna en Rusia, de todos los partidos oportunistas incluso campesinos y obreros, y su puesta fuera de la ley. Esto siguió (con la dialéctica propia de aquella fase histórica) al descontado rechazo, en la teoría de Lenin, de aquellas fuerzas para gobernar en forma dictatorial sin y contra la burguesía; sin la burguesía, e incluso en un cuadro social en el que al socialismo le faltaban sus bases económicas, se afianzó el gobierno revolucionario único y totalitario del partido proletario: lección de alcance y de fuerza mundial, golpe al oportunismo no inferior que el asestado al socialpatriotismo de los renegados.

- Tercero: Restauración de la teoría del Estado y de la Revolución según Marx, y de la dictadura del proletariado como transición a la desaparición de las clases y del Estado mismo; restauración de la teoría del partido proletario de clase como lo establecieron Marx y Lenin - contra la desviación obrerista, tradeunionista, o incluso «demoproletaria» - por lo que es solamente el partido el que, sin consultas del tipo de los engaños burgueses, representa a la clase y dirige la revolución, el Estado y la abolición sucesiva del Estado. Resultados de alcance mundial, que en los años gloriosos que siguieron a Octubre fueron flanqueados con la construcción de la nueva Internacional y su denominación de Comunista.

Guerra, paz y revolución


El reclamo de toda la lucha de los marxistas radicales al estallido de la guerra no sólo era indispensable para la comprensión de las fases de la revolución en Rusia, sino también para establecer el valor exacto de la posición de Lenin. El dominante oportunismo estalinista de hoy tiene como fin atribuir a Lenin la falsa paternidad de la hipócrita fórmula:

se puede y se debe construir el socialismo en un solo país. Se ha especulado con la fórmula leninista del derrotismo en la guerra imperialista, que tenía un alcance muy distinto.

Tal fórmula no era nueva, y lo hemos probado con las mismas citas que Lenin usa en los escritos, a las que se ha recurrido para apoyarse en la autoridad de Marx y Engels.

Los oportunistas dijeron: El partido socialista no puede dejar de sostener la guerra de su país, porque si se rechaza puede provocar la invasión por parte de un país menos avanzado en el que el veto socialista no pudiese funcionar. A pesar de esto, dijo Lenin, es necesario sabotear aunque sea solos y unilateralmente: mientras el ejército enemigo avanza, el proletariado derrotista tenderá a tomar el poder y a poner en práctica medidas revolucionarias. Le seguirá, o la revolución también en el otro país, o una nueva guerra que será, esta sí, guerra socialista y revolucionaria. Este punto difícil fue desarrollado por Lenin con el fin de oponerse a la forma pacifista de aversión a la guerra, basada en las consignas pequeño-burguesas de desarme universal y paz general, en el «estamos contra todos las guerras porque se derrama sangre», sobre la predicación del rechazo individual al servicio militar, etc. El pacifismo, estableció Lenin en sus tesis siguiendo los fieles ejemplos de Marx, no es menos contrarrevolucionario que el nacionalismo: nosotros, marxistas, hemos estado a favor de muchas guerras y estaremos, casi con certeza, por

futuras guerras: apoyamos las guerras de liberación y sistematización nacional, deberemos sostener las guerras revolucionarias entre los países que hayan avanzado más allá del capitalismo y los países que sigan siendo capitalistas o que aún no lo sean. Aborrecemos esta maldita guerra del período imperialista y todas las similares del futuro.

Revolución en un solo país


¡Esta enseñanza básica es vergonzosamente falseada - precisamente por aquellos que la han olvidado - con las más bajas campañas de hoy sobre la posibilidad de la paz universal, afirmada por Marx y Lenin como imposible entre estados capitalistas, y acerca de la posible convivencia y alianza perpetua entre estados burgueses y socialistas!

Con la amplia referencia de hechos y datos documentados hemos podido clarificar las distintas fórmulas en las que se crea la deseada y horrible confusión.

La primera confusión es la que se produce entre las fórmulas «socialismo en un solo país» y «socialismo en un país no capitalista», o sea, «socialismo en la sola Rusia».

La fórmula marxista es que el socialismo es históricamente posible sobre la base de dos condiciones, ambas necesarias. La primera es que la producción y la distribución se realicen generalmente bajo la forma capitalista y mercantil, o sea, que se haya alcanzado un amplio desarrollo industrial, incluyendo empresas agrícolas, y un mercado nacional general. La segunda es que el proletariado y su partido consigan derrocar el poder burgués y asumir su dictadura.

Dadas estas dos condiciones, no se debe decir que es posible comenzar a construir el socialismo, sino que sus bases económicas ya están construidas y se puede y se debe iniciar inmediatamente la destrucción de las relaciones burguesas de producción y propiedad, so pena de que la contrarrevolución lo impida.

Donde la condición técnica y económica del primer tipo existe con certeza, ningún marxista ha afirmado nunca que la conquista del poder político por parte del partido proletario esté condicionada a la simultaneidad en todos los países civilizados -c omo dice la fórmula estalinista estúpidamente - o en un grupo de los mismos. En determinadas condiciones históricas de fuerza del proletariado, es admisible la conquista del poder político en u solo país. Y si existe la condición socialista del primer tipo, como se ha dicho, esto quiere decir que comienza enseguida la transformación socialista, como hecho destructivo más que constructivo, para lo que en la avanzada Europa (y América) desde hace mucho tiempo las fuerzas productivas son suficientes, e incluso excesivas.

Si por el contrario hablamos de un país en el que falta la primera condición de desarrollo productivo y mercantil, entonces la transformación socialista no será posible. Esto no quiere decir que en determinadas condiciones históricas y de relaciones de fuerza, no sea posible intentar y alcanzar la conquista proletaria del poder político (Octubre rojo) sin programa de transformación socialista hasta que la revolución triunfe en los países que posean la primera condición, la del desarrollo económico.

Por lo demás, en la situación de una guerra imperialista (como lo era para Europa y Rusia), todo partido proletario debe dirigir la acción derrotista interna, aunque lo haga él sólo, y si puede hasta la conquista del poder.

Por lo tanto la tesis condenada desde el punto de vista marxista no lo es: - también en un solo país es posible la conquista proletaria del poder - y - también en un solo país de pleno capitalismo es posible la transformación socialista -. La tesis condenada es que en un solo país no capitalista sea posible, con la conquista del poder político, la transformación socialista.

La falsa tesis estalinista dice: es posible la construcción del socialismo (expresión incorrecta, la correcta sería transformación socialista), incluso en un solo país atrasado y feudal como es Rusia, sin el apoyo de la transformación socialista de algunos países capitalistas ya desarrollados.

Lenin, como marxista ortodoxo, ha enunciado correctamente las tesis: del derrotismo y del poder en un solo país, de las medidas que «liberan» la transformación socialista del país capitalista avanzado, aún si esto conduce a una guerra, que será la guerra de clase. Con esto no se ha soñado nunca decir o escribir: con el derrotismo de la guerra y la conquista del poder sin la burguesía se puede dar curso en la sola Rusia, aisladamente, a la transformación socialista de la economía.

Por el contrario, en las tesis de 1915, corroboradas en los famosos dos artículos contra las ideologías de los Estados Unidos de Europa y del rechazo de toda guerra, una vez más está escrito qué es lo que sucedía en Rusia después del derrotismo y de la liquidación de la guerra y después de la conquista del poder: la fundación de una república democrática, en todos los sentidos.

Este falseamiento colosal se clarificará mejor más adelante.

Llegada de Lenin a Rusia


A los pocos meses de la caída del gobierno zarista en Rusia, había un gobierno provisional de kadetes, socialistas revolucionarios y mencheviques, y el Soviet de los diputados obreros y campesinos había reconocido que un gobierno tal debía conservar el poder hasta la convocatoria de una asamblea constituyente.

Este gobierno simpatizaba abiertamente con quienes habían sido aliados del zar en la guerra mundial, estaba influenciado por el apoyo de las burguesías occidentales, que por si solas le habían dado a la rusa la fuerza para subir al gobierno, se orientaba hacia la continuación de la guerra anti-alemana «democrática y nacional». ¡Incluso no había lanzado la consigna republicana, tendiendo a una monarquía constitucional con un hermano del zar!

El partido bolchevique no había participado, es verdad, en un gobierno tal, pero no le había opuesto ni siquiera una oposición feroz, le concedía una benévola espera, sólo invitándolo a trabajar por negociaciones de paz general, y aún menos había avergonzado a los oportunistas por su sometimiento a la burguesía nacional y extranjera y a su desvalorización y desautorización de los Soviets.

La llegada de Lenin abre una dura reprensión contra estas posiciones del partido bolchevique y de sus dirigentes rusos, entre los que Stalin y Kámenev estaban en primera fila.

Con amplias referencias que son recientes y no volveremos a resumir, hemos probado que la despiadada puesta en práctica de la acusación insita en las tesis de Abril todavía no tiene el siguiente alcance: os habéis olvidado pasar de la revolución democrática a la revolución comunista que hoy la guerra pone al orden del día.

El contenido de la reprensión es muy distinto, no es tan amplio, y sólo a los pobres de espíritu les pareció temerario y alocado. Se limitó a la ardiente censura:
«¡Allí donde la teoría del partido os señalaba claramente el camino, habéis dudado y os habéis desviado!: «De las dos tácticas de la revolución democrática», en lugar de aplicar la justa, habéis seguido la menchevique, o al menos os habéis dejado sugestionar, creyendo en el famoso «valor absoluto» de la democracia, que para nosotros es sólo un obligado pero contingente pasaje, un puente que a nuestras espaldas debemos quemar. Habéis violado la enseñanza sobre la guerra: allí donde estaba establecido que era imperialista y se debía sabotear desde todas las partes, francesa, alemana, rusa, etc., habéis hecho concesiones a la política que afirma que la caída del zar y la subida al poder de los burgueses han convertido la guerra en justa, y estáis a punto de pasar al «defensismo»».

Las tesis de Lenin deslumbraron, reconstruyeron toda la política revolucionaria del partido: potencia no ínsita en el hombre, por excepcional que fuera la máquina de su cerebro, sino en la preventiva teoría internacional y rusa del partido, pasada por el la criba de tremendos pasajes históricos.

Contra la guerra y a favor del derrotismo, siempre. Contra el gobierno provisional, denunciándolo en seguida como agente del capital. Contra sus aliados populistas campesinos y contra los mencheviques que han condenado en los Congresos no sólo la toma del poder sino la participación en él. Por el paso de todo el poder a los Soviets. No a la lucha contra el Soviet mayoritariamente de derechas, sino penetración y conquista hasta desenmascarar a los mencheviques y a sus socios. No a las alianzas con la asamblea parlamentaria, sino dictadura de los Soviets, o sea, del proletariado y de los campesinos. No a la payasada de proponer, la instauración del socialismo, sino la preconización del socialismo, que le será dado a Rusia sólo por la revolución europea. Acción legal hoy, ilegal e insurreccional en un mañana no lejano. Inmediata nacionalización de la tierra, control industrial, nueva Internacional, y nombre de Comunista al partido, para destruir internacionalmente la guerra y el capital.
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Mensaje por AsturcOn el Sáb Abr 16, 2011 10:53 pm

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Lenin y el socialismo en un solo país

por Carlos Hermida

febrero 22, 2011 por PCE (m-l)

Una de las cuestiones fundamentales del enfrentamiento político entre Trotski y Stalin fue, sin duda, el debate teórico sobre el socialismo en un solo país. Trotski y sus seguidores mantuvieron con vehemencia la imposibilidad de construir una sociedad socialista en la Unión Soviética mientras la revolución proletaria no se extendiera por los principales países capitalistas.

Intentar construir el socialismo dentro de las fronteras de la URSS, en un contexto de países capitalistas ferozmente hostiles al poder soviético, no solamente constituía una tergiversación del marxismo y del pensamiento de Lenin, sino que daría lugar a una dictadura burocrática. Desde 1929, los principales escritos de Trotski tuvieron un eje argumentativo central: Stalin, representante de los intereses de la burocracia, había traicionado la revolución bolchevique y la URSS no era un estado socialista.

Los trotskistas han mantenido hasta la actualidad el mismo argumentario. Ignorando los datos aportados por los archivos soviéticos y los nuevos planteamientos historiográficos, los epígonos de Trotski, haciendo gala de un sectarismo impropio del marxismo que ellos afirman encarnar, siguen culpando a Stalin de los peores crímenes e insisten en que la teoría del socialismo en un solo país es una deformación monstruosa del pensamiento leninista.

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Siempre he considerado que el debate entre comunistas ha estado demasiado condicionado por el recurso a las citas de Lenin como medio para reforzar una determinada posición política o ideológica, pero si se trata de dilucidar cuestiones históricas referentes a la Rusia soviética, y especialmente en este tema, es indispensable acudir a los textos leninistas, máxime cuando los trotskistas los utilizan como la prueba incontrovertible de la traición estalinista.

Lenin defendió la posibilidad de construir el socialismo en un solo país, y lo hizo con claridad en varias ocasiones. En su artículo “La consigna de los Estados Unidos de Europa”, escrito en 1915, afirmaba:

“Los Estados Unidos del mundo (y no de Europa) constituyen la forma estatal de unificación y libertad de las naciones, forma que nosotros relacionamos con el socialismo, mientras la victoria completa del comunismo no conduzca a la desaparición definitiva de todo Estado, incluido el estado democrático. Sin embargo, como consigna independiente, la de los Estados Unidos del mundo dudosamente será justa, en primer lugar porque se funde con el socialismo y, en segundo lugar, porque podría dar pie a interpretaciones erróneas sobre la imposibilidad de la victoria del socialismo en un solo país y sobre las relaciones de este país con los demás.

La desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible que el socialismo triunfe primeramente en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo país de forma aislada.

El proletariado triunfante de este país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar dentro de él la producción socialista, se alzaría contra el resto del mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus estados” (1).

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El texto no deja lugar a dudas. Lenin no se refiere solamente a la toma del poder, sino a la organización de la producción socialista en un solo país; es decir, a la construcción de un modo de producción alternativo al capitalismo, a la organización socialista de la economía. ¿Los planes quinquenales y la colectivización del campo fueron una traición al pensamiento de Lenin o la puesta en práctica de sus ideas?

Un año después, en septiembre de 1916, Lenin publicó un artículo titulado “El programa militar de la revolución proletaria”, en el que escribió:

“El desarrollo del capitalismo sigue un curso extraordinariamente desigual en los diversos países. De otro modo no puede ser bajo el régimen de producción de mercancías. De aquí la conclusión indiscutible de que el socialismo no puede triunfar simultáneamente en todos los países. Triunfará en uno o varios países, mientras los demás seguirán siendo, durante algún tiempo, países burgueses o preburgueses. Esto no sólo habrá de provocar rozamientos, sino incluso la tendencia directa de la burguesía de los demás países a aplastar al proletariado triunfante del estado socialista” (2)

A la vista de estos textos, da la impresión de que Trotski hizo una particular lectura de Lenin, aprovechando lo que favorecía sus tesis e ignorando todo aquello que las refutaba. Algo más propio del académico burgués que de un dirigente comunista. Ahora bien, ¿no serían estos artículos pecadillos veniales del dirigente bolchevique, deslices dialécticos, la excepción que confirma la regla de la ortodoxia bolchevique distorsionada por el taimado Stalin? En modo alguno. Entre los días 4 y 6 de enero de 1923, cuando ya no podía escribir debido a su enfermedad, Lenin dictó su último trabajo teórico relativo a la construcción del socialismo: “Sobre la cooperación” (3). En él afirmaba con rotundidad la posibilidad de construir el socialismo íntegramente a partir del cooperativismo:

“En efecto, todos los grandes medios de producción en poder del Estado, y este poder en manos del proletariado, la alianza de éste con millones y millones de pequeños y muy pequeños campesinos, la garantía de que la dirección de estos últimos la ejerce el proletariado, etc…, ¿no representa acaso todo lo necesario para edificar la sociedad socialista completa partiendo del cooperativismo, sólo por medio de él, de ese cooperativismo al que antes tratábamos de mercantilista y que ahora bajo la NEP merece en cierto modo el mismo trato? Eso no es todavía la edificación de la sociedad socialista, pero sí todo lo imprescindible y suficiente para construirla”.

Y al final del artículo añadía:

“Nuestros adversarios nos han dicho más de una vez que emprendemos una obra descabellada, cuando nos imponemos implantar el socialismo en un país de insuficiente cultura. Pero se equivocan cuando afirman que comenzamos no en el orden debido según la teoría (de toda clase de pedantes); olvidan que entre nosotros la revolución política y social precedió a esa revolución cultural, a esa revolución ante la cual, a pesar de todo, nos encontramos ahora.

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Esta revolución es hoy suficiente para que nuestro país se convierta en socialista, pero presenta increíbles dificultades, tanto en el aspecto puramente cultural (pues somos analfabetos) como en el material (pues para ser cultos es necesario cierto desarrollo de los medios materiales de producción, es indispensable determinada base material)”.

La conquista del poder en 1917 y la edificación del poder soviético enfrentó a los bolcheviques con gigantescos problemas de orden político, social y económico que Marx y Engels no pudieron prever ni tampoco el propio Lenin en sus escritos anteriores a la revolución. Las experiencias del comunismo de guerra y la NEP tuvieron como resultado replanteamientos teóricos basados en el análisis dialéctico de las situaciones concretas. La construcción del socialismo en un solo país defendida por Stalin no era un malabarismo ideológico antileninista, sino que hundía sus raíces teóricas en el propio Lenin, como se comprueba en los anteriores textos, y constituía la respuesta a la grave situación de la URSS a la altura de 1928-1929. Desgraciadamente, las anteojeras ideológicas y los prejuicios políticos se mantienen en cualquier cuestión relacionada con Stalin. Pero lo cierto es que la edificación del socialismo, la creación de esa base material y cultural de la que hablaba Lenin y que se hizo realidad en los planes quinquenales diseñados y ejecutados entre 1929 y 1939, permitió a la Unión Soviética vencer a Alemania en la Segunda Guerra Mundial y liberar al mundo de la barbarie nazi.


Última edición por AsturcOn el Dom Abr 17, 2011 12:59 am, editado 1 vez
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Mensaje por AsturcOn el Sáb Abr 16, 2011 10:58 pm

Thiago escribió:
Jajaja. Gazte, le salió el Trotsky que lleva adentro: “No quiero... !!!”. Usted, que todavía no ha expuesto su defensa de la revolución permanente, me pone condiciones sobre cómo debo exponer mis opiniones. Le recuerdo que usted es el “dueño” del hilo y tiene una responsabilidad mayor que cualquiera. Pero con mucho gusto haré lo que usted “quiere”. Faltaba más! (Espero que no me repruebe en ese examen, “profesor”).

Cuando cité a AsturcOn, lo hice porque dice una gran verdad que Gazte, Plaza y Alexyevich pasaron por alto para lanzarse a “refutar” lo dicho sólo en la segunda parte del fragmento. AsturcOn dice:

“Trotsky escribió la revolución permanente reconociendo que dicha teoría era un error y que Lenin tenia razón. En realidad este obra ha sido escrita para desmarcarse de ese error, reconociendo no sin dar muchos rodeos, acusando a otros de sus propias interpretaciones, demostrando su arrogancia, y demostrando que dicha teoría no encajaba con los tiempos, reconociendo que solo sirvió para abrir fogosos debates. Aunque antes y después de reconocerlo aun sigue dándole vueltas al asunto, intentando reparar en 1930 todos sus errores del pasado. Lo extraño es que para los propios trotskistas esto no fue así y siguen reivindicando su carácter internacionalista presentando la teoría de la revolución permanente como la única posible para terminar con el capitalismo...”

Por coincidencia, Alexyevich reproduce un artículo de Lenin “sobre el problema fundamental de toda revolución, que me da pie para continuar esta intervención.

En 1906, Trotsky publica su escrito “Resultados y Perspectivas”, cuando todavía estaba fresca la gesta del proletariado ruso en la revolución de 1905. Ese escrito es la base de la teoría de la revolución permanente de Trotsky. Teoría que le debe más a Parvus que a Marx.(Algo que los trotskistas parecen no querer recordar). El folleto tuvo una tirada de pocos ejemplares y se publicó en Rusia.

Lenin publicó en 1905 su trabajo “Dos tácticas de la socialdemocracia...” donde pone los fundamentos de su teoría de la revolución, en polémica con el menchevismo. En el mismo 1905 (ojo!!), Lenin es el único líder marxista en llegar a una conclusión fundamental a partir de la experiencia inmediata de la lucha revolucionaria de. Dejando claro que problema fundamental de toda revolución es el problema del poder, establece que los soviets son los embriones del nuevo poder revolucionario; es más, defiende que los soviets deberían declararse el gobierno provisional revolucionario. Lenin sin decirlo explícitamente ha encontrado que la “dictadura democrática revolucionaria del proletariado y campesinado”, la forma inicial de la dictadura del proletariado, ha encontrado su expresión concreta. No hay otro líder que llegue a una conclusión parecida hasta 1917.

Y aquí es importante resaltar algo inaudito que ningún trotskista ha explicado de manera convincente: ¿Por qué Trotsky –“el presidente” del Soviet, el “líder” de la revolución de 1905- no menciona ni una sola vez (sí, ni una sola vez!!!) a los soviets, en su trabajo fundamental? Allí donde establece sus tesis sobre la revolución, donde debe hablar del problema del poder, él no considera que los soviets merezcan una mención especial y menos aún que haya una enseñanza importante que extraer sobre la cuestión del poder en la teoría de la revolución.

Se puede decir que era un ensayo teórico o un análisis sociológico o lo que fuera, mas no existe explicación convincente. Lo que queda claro es que al “profeta” se le escapó la paloma. “Resultados y perspectivas” es un conjunto de tesis sobre la revolución que no tienen una concreción en una línea estratégica y táctica del proletariado revolucionario (pese a que aborda temas necesarios para definirlas).

En 1906, Trotsky decía que su “revolución permanente” es “una conclusión derivada de las interrelaciones de la revolución”. Y añade: “Seríamos unos verdaderos subjetivistas si nuestras tácticas fueran nada más que una aplicación práctica de esta idea abstracta” (Nasha Revolyutsia)

En 1926, diría: “la teoría de la revolución permanente- nunca fue considerada por mí (incluso en el momento en que no veía las ineficiencias en esta teoría [sic!!!])- como una doctrina universal aplicable en general a todas las revoluciones, una “teoría suprahistórica”, para usar una frase de una carta de Marx. Yo apliqué el concepto de revolución permanente a una etapa definida del desarrollo en la evolución histórica de Rusia...” (Trotsky, “Discurso al VII Pleno (ampliado) del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista”, 9 de diciembre de 1926)

Y en su libro sobre la revolución permanente de 1931, cuyo objetivo es minimizar o suavizar sus diferencias con Lenin en la teoría de la revolución, usando una polémica con Rádek, declara -lo que AsturcOn dice:

“Naturalmente que lo he reconocido [que Lenin tenía razón contra él], y en este reconocimiento no hay ni un ápice de diplomacia. Me refería a todo el camino histórico de Lenin, a toda su posición táctica, a su estrategia, a su organización del partido...”

Sin embargo, cuando no puede ocultar que Lenin criticaba o difería de sus opiniones, llega a afirmar que está seguro que Lenin no leyó su ensayo "Resultados y Perspectivas". Y sobre la consigna: “Sin zar, por un gobierno obrero”, -cuyo rescate del baúl de los recuerdos, Trotsky atribuye a calumnias de los “epígonos”, porque (según él) esa consigna pertenece a Parvus, uno de sus mentores-, oculta que quien siempre se lo criticó (ver el Tesis de Abril, Cartas sobre Táctica, etc.), fue el propio Lenin.

Saludos

Muy bueno, como siempre camarada Thiago, pero esta vez tenias que haber esperado un poco a que estos trotskos metieran un poco mas la gamba en el asunto. Very Happy
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Mensaje por Thiago el Dom Abr 17, 2011 2:27 am

AsturcOn, te doy la razón, debí haber esperado. Pero como no aprendo y dado que ya cubriste un punto del mensaje anterior, diré algo más sobre lo que he estado hablando en mis mensajes de este hilo.

El Sr proleint. nos hace el favor de copiar los puntos 7, 8, 9 y 10 de “Las grandes cuestiones históricas de la revolución en Rusia” del PC Internacional. Limitaré esta breve intervención a algunas cuestiones tocadas allí que tienen relación inmediata con lo dicho por mí y otros participantes en este hilo.

Bajo el título “La llegada de Lenin”, el artículo dice algo con lo que estoy plenamente de acuerdo y creo que expresa bien lo que le decía antes a Alexyevich sobre el papel de “Kámenev y Cía.”, en marzo de 1917:

“El partido bolchevique no había participado, es verdad, en un gobierno tal [el Gobierno Provisional. Thiago], pero no le había opuesto ni siquiera una oposición feroz, le concedía una benévola espera, solo invitándolo a trabajar por negociaciones de paz general, y aún menos había avergonzado a los oportunistas por su sometimiento a la burguesía nacional y extranjera y a su desvalorización y desautorización de los Soviets

En eso consistió la actitud del partido bolchevique en ese período, muy lejos del supuesto giro menchevique que se le atribuye. La confusión fue muy grande, los bolcheviques se encontraron con un Soviet que en esta oportunidad sí era claramente un órgano de poder, contando con el respaldo masivo de obreros y soldados. Tal era ese poder que luego de la abdicación del zar, el Comité Provisional de la Duma -creado para darle la salida a la crisis política y economíca, liderado por los kadetes- al no encontrar en la legislación zarista (leguleyos hasta el último momento!!) ni en ninguna de las instituciones políticas vigentes, el soporte necesario para legitimar su voluntad de gobernar el imperio provisionalmente, tuvo que recurrir al Soviet –la única organización política con capacidad para hacer cumplir “leyes”- para pedirle su aquiescencia para constituirse en lo que después se llamaría el Gobierno Provisional.

El Soviet que tenía el poder real cedía voluntariamente ese poder a la burguesía y los terratenientes bajo la dirección de los kadetes. El Soviet, una vez más, estaba encabezado por los mencheviques en sociedad con los eseristas. Estos mencheviques de conformidad con su política renunciaban a tomar el poder porque ésta era una revolución burguesa que debía ser realizada por la burguesía. Tal era la concepción menchevique de la revolución. Y esta no es una exageración. Su función, a través del Soviet, era defender los avances de la revolución y fiscalizar al Gobierno burgués. Exceptuando la iniciativa personal de Kerensky, los dirigentes menchevique-eseristas acordaron no formar parte del Gobierno Provisional. Promesa que duró menos de dos meses: hasta abril -cuando se formó el primer gobierno de coalición de la burguesía y los "socialistas".

La critica que Lenin hace de estos hechos no es mera retórica como se puede apreciar, está basada en los hechos tal como ocurrieron.

Inicialmente el partido bolchevique bajo la dirección (para decirlo de algún modo) de Shliapnikov, Molotov y Zalutsky había tomado una posición parecida a la de Lenin, aunque muy elemental. El partido estaba descabezado en ese momento. Luego del flujo del movimiento obrero de 1912 que continuó hasta el estallido de la guerra, el Partido bolchevique se había constituido en un partido proletario de masas, por su política, por su composición social y por su control de la mayoría de los sindicatos obreros en Rusia. La policía secreta logró arrestar a casi todo su Comité Central y a muchos de sus mandos medios pero sólo la guerra logró frenar –temporalmente- el auge del movimiento obrero. A la guerra fueron enviados en primer lugar el proletariado más avanzado y consciente. El reclutamiento de soldados se inició en el seno de la clase obrera, donde el partido bolchevique se asentaba firmemente. Los que tomaban los puestos dejados por esos obreros en las fábricas eran campesinos que inmersos en el proceso de proletarización. Las numerosas bajas del ejército ruso en la guerra (millones de hombres, más que todas las bajas de todos los países beligerantes juntos) obligaron a que el reclutamiento –luego de vaciar la clase obrera- se extendiera al campo. En 1917, la revolución es protagonizada por una clase obrera de reciente pasado campesinado y por soldados de procedencia campesina (“campesinos en uniforme”).

Kámenev, Stalin y otros al llegar del exilio se encuentran con el poder tangible del Soviet, y aunque no están de acuerdo con la renuncia menchevique a que el proletariado dirija la revolución, están confundidos en su evaluación de la situación política, vacilan, sus políticas son pasivas, de espera. Kámenev, en particular, tiene esperanza de convencer a los dirigentes menchevique-eseristas para cambiar de orientación pensando aún en completar la revolución burguesa, con el Soviet en el papel principal. La misma idea –la de convencer a los “camaradas” mencheviques- la tendría Trotsky en junio de 1917 aunque con un objetivo diferente. Stalin vacilaba.

La llegada de Lenin es decisiva en el curso de la revolución; con sus Tesis, Lenin rompe el esquema de todos los dirigentes y partidos. Critica a sus camaradas, inicia un proceso de ganarse a su partido y lo logra en corto tiempo. (No recuerdo ni reconozco la “ardiente censura” de Lenin citada en el artículo. Lamentablemente no hay referencias. Digo que no lo reconozco porque no la veo en línea con la forma y el fraseo de las críticas que Lenin hizo durante abril. Tal vez sea una versión libre sobre la “reprensión” que el autor del artículo dramatiza. En cualquier caso, tengo toda la disposición para recibir alguna referencia o fuente en ese punto).

Dejo para después, mi comentario sobre el título de "las dos etapas".
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Mensaje por proleinternacionalista el Dom Abr 17, 2011 7:17 pm

Me agrada saber que el sr. Thiago reconozca la autoría del texto.

Recuperemos el hilo del tiempo, un poco más aún:

VICTORIA EN UN SOLO PAÍS

No ha sido una disgresión inútil – aunque haya sido una repetición de conceptos ya expuestos, no obstante y sobre todo para martillear con el fin de dejar muy claro que la teoría de la guerra y de la paz es fija e inmutable desde hace más de cien años – aquella sobre la consideración de la guerra general que estalló en 1914, ya que está unida estrechamente al tema histórico de la revolución rusa, como se dijo en la introducción.

Clarificados los dos textos de Lenin encargados de la condena de dos aversiones históricas: los Estados Unidos de Europa y el desarme europeo y mundial, volvemos al punto que han tratado de distorsionar los estalinistas: la revolución en un solo país.

Nuestros textos se deben leer pensando que no nacieron para ir a rellenar un cierto vacío en una estantería de la biblioteca, añadiendo un capítulo en abstracto, para una materia y disciplinas abstractas, sino en lo vivo de una polémica que era la infraestructura histórica de una batalla real de fuerzas e intereses opuestos. Aquí estamos en lo vivo del choque entre Lenin y los fautores de las guerras. Es necesario seguir el nutrido diálogo que pronto se convertirá en una lucha con las armas en la mano sobre los más diversos frentes.

Los marxistas revolucionarios dicen: en ningún país puede ser apoyada esta guerra, ninguna defensa de la guerra, sino en todos los países sabotaje de la guerra y también de la defensa de la patria.

Los oportunistas e incluso los más peligrosos centristas responden hipócritamente: Estamos preparados para hacerlo. Pero con la condición de que con certeza matemática, al mismo tiempo que nosotros paramos el ejército de nuestro Estado; también este parado el otro. Si esta garantía falta, no haríamos más que defender la guerra del enemigo.

Está claro que tal objeción aparentemente lógica, entendida como lo son todas las tesis populares de los actuales desventurados activistas que se dirigen al proletariado, contiene la bancarrota de la revolución. Así por ejemplo, en la guerra con Austria se consiguió impedir, con esfuerzos sobrehumanos, que los parlamentarios socialistas italianos votasen los créditos de guerra, pero cuando tuvo lugar el desmoronamiento de Caporetto, solo en el momento que los burgueses nos hicieron el honor de atribuirlo a nuestra propaganda (¿Cómo trataría tal problema histórico un Togliatti? ¿Diría que es una infamia hacer hundirse al Veneto, gloria para Sicilia? Tanto es así, que por su obra nada se desmoronó), nuestros honorables querían lanzarse a votar los fondos para la defensa en el Grappa, e invocar la vía de alemanes y franceses de 1914. No se puede decir si estuvo bien o mal el haberlo impedido: lo cierto es que se reveló con meridiana claridad la peste oportunista, que sucesivamente se debió tratar con hierro candente.

No era Lenin un tipo que se echase atrás ante tal argumento. solo un imbécil no esta en condiciones de entender que es lo que se necesita para que todo partido revolucionario sabotee la guerra del propio Estado, dijo repetidamente. En verdad nuestra consigna era precisamente la más difícil y la menos banal, y el devenir ha enseñado mucho sobre este punto, sobre la imposibilidad de proceder siempre con frases cristalinas, y sobre la auténtica gloria de la "oscuridad revolucionaria" en la que mantenemos al gran Carlos como maestro.

De cualquier modo, Lenin se muestra aquí irreductible y él mismo escribe en sus duras demostraciones el inequívoco título: contracorriente.

La historia no quiso que él, en su grandeza, viese venir el peligro obsceno de volver a caer impotentes en el legamoso fondo de la corriente, que a todos nosotros nos parecía invertida pero que desgraciadamente no lo estaba.

Es necesario sabotear la guerra desde uno y desde el otro lado del frente SIN la condición de que el sabotaje sea de fuerzas parejas, sin preocuparse de que la otra parte sea por ventura inexistente. Es necesario igualmente, en tal situación, con un ejército enemigo que traspasa el desguarnecido frente, tratar de liquidar a la propia burguesía, al propio Estado, de tomar el poder, de instaurar la dictadura del proletariado.

Paralelamente, con la "confraternización", con la agitación internacional, con todos los medios a disposición del poder victorioso, se provocará el movimiento de rebelión en el país enemigo.

Para el centrismo, la respuesta es fácil: Pero si tal movimiento a pesar de todo fracasa, el Estado y el ejército enemigos siguen siendo eficientes, y vienen a ocupar el país revolucionario para derrocar al Estado del proletariado ¿Que haréis?

Lenin tuvo para esto dos respuestas: una está en la historia de la Comuna, que no habría dudado, pudiendo derrotar a la pandilla de esbirros burgueses de Francia, en recibir a cañonazos también a los prusianos, pero en ningún caso habría arriado la bandera roja de la revolución. La otra respuesta a los consortes apologistas de la guerra burguesa, imperialista y contrarrevolucionaria, fue precisamente: La guerra. Nuestra guerra, la guerra revolucionaria, la guerra socialista.

¿Entonces contra el mismo enemigo? ¿Entonces, la misma guerra que defendemos nosotros? sonríe maliciosamente el filisteo contradictor. No, porque la nueva guerra es una guerra de clase, porque no está dirigida conjuntamente con el Estado burgués y su estado mayor, ya derrotados; porque la suya no será la victoria de una coalición imperialista, sino de la revolución mundial.

EL PAPEL CAMBIADO

Este punto histórico considera la posibilidad de una maniobra revolucionaria de la Internacional opuesta a la de los traidores de 1914, totalmente opuesta a la que fue tomada en 1939 y 1941.

El oportunismo es el bill de la no-revolución, la tregua de clase interna concedida a todos los beligerantes, hasta que acabe la guerra.

Mostraremos que es un truco vulgar asimilar este vergonzoso y descarado expediente de traidores a la pretendida adhesión preventiva del movimiento a una teoría que impusiese la "revolución simultánea" en todos los países.

La fórmula de Lenin es la negación del bill, la negación de la tregua en todos los países tanto en guerra como en paz, y la presión hacia el evento revolucionario en la victoria y en la derrota del Estado, y sobre todo la utilización revolucionaria de esta.

En cualquier parte donde la derrota de la guerra le diese la posibilidad, el partido proletario debía tomar el poder: esta habría debido ser la política en Alemania, en Francia, como lo fue en Rusia.

Francia sin Alemania habría debido tener un gobierno socialista; o Alemania sin Francia. Ambos gobiernos tenían la posibilidad de instaurar medidas anticapitalistas resueltas y sobre todo de coger por el cuello a los industriales de guerra, e inmediatamente debían, desde la parte en la que se había vencido, no desarmarse sino organizar un ejército revolucionario, para detener al ejército enemigo, para impedir el estrangulamiento de la propia revolución.

La construcción del comunismo en Rusia, y en general en un "solo" país preponderantemente feudal y patriarcal, no tiene nada que ver con esta tesis, y no se puede apoyar en la misma: eso es harina de otro costal.

¿Qué debían hacer los revolucionarios en Rusia? Por Dios, se ha dicho mil veces en todos los sentidos: no el socialismo, sino una república democrática. La hipótesis del socialismo en un solo país es obvia, pero se escribe: país capitalista.

Helo aquí: el as ha salido de vuestra manga, señor fullero.

LA TEORÍA INVENTADA

Nos hemos extendido sobre la antítesis artificial entre dos teorías, la "vieja" y la "nueva", sobre las "cuestiones de la guerra, de la paz y de la revolución" pretextada en la Storia (oficial) del partito bolscevico editada en Rusia.

Autor de la nueva teoría sobre la "revolución en un solo país" habría sido Lenin, mientras la vieja teoría, propia de los viejos marxistas, sería la de la "revolución proletaria simultánea en todos los países civilizados".

Hemos dicho que tal teoría no es verdadera ni falsa: solamente es una pura invención porque nadie la ha defendido jamás. La vieja teoría coincide con la nueva. Marx ha establecido estos puntos como Lenin los ha reivindicado. Los marxistas (excluyendo a los que así se llaman, pero que no creen en la revolución) han estado siempre por el ataque revolucionario, incluso en un solo país, como estrategia política para luchar por la toma del poder.

En cuanto a la transformación de la estructura social en socialismo, que con expresión teóricamente no menos falsa que las otras se llama construcción del socialismo, y que se debería llamar destrucción del capitalismo, ésta se consideró siempre proponible y posible incluso en un solo país. Pero bajo dos condiciones de cristalina evidencia desde Marx a Lenin. Primera: que en el país en cuestión exista el capitalismo plenamente. Segunda: que el proletariado vencedor de dicho país sepa aplicar la consigna: no he venido a traer la paz, sino la guerra.

No existe otra teoría de la guerra, de la paz y de la revolución. Existen, y nace una en cada nueva generación, nuevas teorías, y son, como la de la Storia moscovita, las teorías de la contrarrevolución.

Para demostrarlo volvemos a exponer una vez más el pasaje que inventa la teoría antigua, e inventa la invención de Lenin, sistemáticamente degradado: de combatiente marxista integral a fantoche de altar y de monumento.

«Esta teoría [de Lenin, que, como decíamos, habría echado las bases en 1905 en su obra Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolutión democrática, según dice el texto que ensarta otra perla en el collar de pifias teóricas e históricas: ¿Cómo fundar una nueva teoría para un problema "atrasado" refiriéndose a Alemania en la época del Marx joven, y a Francia en la de Babeuf? Según estos falsarios, Lenin habría disertado sobre como construir el socialismo con la revolución democrática, y sería el más harapiento de los ultraderechistas] esta teoría difería radicalmente de la concepción difundida entre los marxistas del período preimperialista cuando los marxistas consideraban que el socialismo no habría podido triunfar en un solo país sino que habría triunfado al mismo tiempo en todos los países civilizados».

No repetimos la crítica de la definición civilizados. Si en lugar del adjetivo civilizados estuviese el de capitalistas (referido a la estructura económica) o democráticos (referido a la política) la fórmula estaría menos carente de sentido intrínseco, aunque seguiría siendo igualmente falsa. Aquellos "marxistas" no han existido nunca. Marx era indudablemente un marxista del período preimperialista. ¿Y qué se hace con él? O Marx es tonto y el marxismo una tontería, o quizás en el marxismo, teoría nacida en 1840, ya están dadas las leyes de la etapa (no período) imperialista del capitalismo. Y efectivamente, Lenin no las produjó por medio de una secreción de su cabeza, sino por la aplicación de las doctrinas del Capital. Basta leerlo. Volvió a demostrar, a través de los acontecimientos de la etapa imperialista, nuestra teoría del capital. Volvió a demostrar que la paz de los Estados y de las clases está excluida en ella, y que, como en los primeros albores, las llamas de la catástrofe social y de la explosión general de violencia dominan a la clausura del ciclo.

¡Fuera los nombres! Marxistas de aquel tipo no han existido. Iremos más allá: socialistas genéricos tampoco.

PAÍSES Y REVOLUCIONES

Ya desde su forma utópico-idealista el socialismo no fue pensado como internacional: ¡Ni siquiera nacional! Esta pensado como socialismo en una sola ciudad: en la República de Platón, en la Ciudad del Sol de Campanella, en la Utopía (o sea, ciudad que no tiene lugar) de Moro, en la Icaria de Cabet, en el país del soberano absoluto, el iluminado entre todos, de los grandes utopistas franceses, en la fábrica cooperativa de Owen, en el falansterio de Fourier, y si queremos en el monasterio medieval de Benedetto ¿Y esto se lo habría inventado Lenin como una "nueva teoría", so bobalicones?

Este primer ingenuo y noble socialismo fue pensado por sus (ellos sí) constructores, primero como un acto de opinión, y luego, de voluntad, trasmitido al pueblo por el sabio guía, o incluso por el gran rey. Está claro que nadie lo subordinará a la coincidencia de estas oleadas de iluminación de las mentes en diversos países al mismo tiempo; siempre que es utópico el socialismo, está previsto dentro de unas fronteras precisas, y en los más sugestivos de estos "proyectos" sociales es considerado como permanente (esta concepción no es dinámica, sino estática en sí misma, salvo las intuiciones de no pocos intelectos geniales, como el poderoso Saint-Simon) el estamento militar, el ejército estable y la defensa del país elegido contra enemigos envidiosos.

Se pasó del utopismo al marxismo no debido a una reflexión más refinada del tema, sino por el efecto de la aparición de la producción capitalista. El marxismo construye su doctrina y su programa sobre todo trabajando sobre Inglaterra. Este solo, solísimo país le da la trama para probar que la economía socialista, en un cierto estadio del desarrollo mercantil-industrial, no solo es posible y construible, sino que es determinadamente necesaria, como una condición no ya técnica, productiva y económica, sino solo histórica; es decir, que los vínculos antiguos, las relaciones de producción y propiedad, sean quebrantados y destruidos por las fuerzas productivas desbordantes, no por luminosas avanzadillas de la opinión.

Por consiguiente, cuando nacen las tesis sobre la economía capitalista y las más generales del materialismo histórico, nacen gracias a la dinámica de la sociedad inglesa de los siglos XVII y XVIII.

El programa socialista nace no como una profecía del milenio, sino como una posibilidad basada en condiciones ya adquiridas, pero en un SOLO país: Inglaterra en sentido estricto, sin Irlanda, donde se espera la revolución burguesa agraria, sin la mayor parte de Escocia.

En los albores del s. XVIII, Francia no es una isla, sino la locomotora de Europa, su tarea histórica es la de extender a Occidente la llama de la gran revolución. Solamente entre 1831 y 1848, el proletariado inicia sus épicas luchas, que no son todavía para construir socialismo, sino para difundir la revolución hacia Oriente: planteémonos por audaz que sea, la hipótesis de que los obreros de París hubiesen vencido en 1848; habría sido preeminente respecto a la tarea de destruir el capitalismo interno, la de una guerra revolucionaria contra la reacción en Europa: todavía, en un sentido amplio, el problema histórico de las Dos Tácticas, y no la cuestión de si es posible una Francia socialista. Pero esto, por razones históricas, que nada tienen en común con la misma necesidad de esperar que haya una trama económica socialista más allá del Rhin, más allá del Danubio o más allá de los Alpes.

A LA RAÍZ: ¡MANIFIESTO!

Sin embargo, llegados al maduro 1848, nosotros tenemos lo que irónicamente llaman "Biblia de los comunistas": el Manifiesto de Marx y Engels. El problema de la revolución proletaria ya esta plena e insuperablemente planteado: no solo no hay un plan de la revolución simultánea en todos los países, atribuida a los marxistas de los viejos tiempos, sino que evidentemente es propuesta la revolución socialista incluso en un solo país. No solo es propuesta o admitida, sino que está contenida en toda la poderosa construcción unitaria, y no podría ser de otra manera.

En sus últimos años, en 1893, Federico Engels redactó la introducción a la edición italiana del Manifiesto. Pues bien, en esta breve introducción hay algunos pasajes históricos, como aquel que dice: el Manifiesto le hace plena justicia a la acción revolucionaria que tuvo el capitalismo en el pasado. La primera nación capitalista ha sido Italia. Y Engels data el traspaso del medioevo feudal a la era moderna en el 1300, en la época de Dante.

Sin embargo, volviendo a la situación de 1848, y recordando como desde Milán a Berlín y a París estuvieron los primeros obreros en las barricadas en toda Europa, y en remachar este lapso de "simultaneidad" europea de la revolución como guerra de todas las clases, añade las significativas palabras:

«Sólo los obreros de París, derrocando al gobierno, tenían la intención bien decidida de derrocar al régimen de la burguesía. Pero, por más que ellos tuviesen conciencia del fatal antagonismo que existía entre la propia clase y la burguesía, ni el progreso económico del país, ni el desarrollo intelectual de las masas francesas habían llegado al grado que habría permitido una reconstrucción social. Los frutos de la revolución fueron, por lo tanto, en última instancia recogidos por la clase capitalista».

Se pueden sacar diversos corolarios, aparte del habitual que hemos desflorado de la enorme estupidez de la lucha antimedieval en la Italia de 1945, o en las... elecciones sicilianas de 1955. Errorcitos de seis siglos y medio. En Sicilia, más que en ningún otro lugar, en la ciudad de Palermo bajo el reinado de Federico II se dio la primera metrópolis burguesa.

¡En 1848, Engels piensa que la transformación económica socialista no es posible en la burguesísima Francia! ¡El, que había extraído esta perspectiva segura en sus estudios juveniles sobre la economía inglesa!

Por lo tanto, la maldita construcción del socialismo ha sido vista por los más antiguos marxistas como cuestión de un solo país, y Lenin no debía descubrirlo ni en 1905, ni en 1914.

Por lo demás: ¿Fue inútil quizás la lucha socialista parisina de 1848? ¡Jamás! Engels dice que la utilización capitalista de la revolución condujo a las formaciones nacionales de Italia y Alemania, recuerda que, según Marx, los que habían abatido la revolución de 1848 fueron ejecutores testamentarios.

Por consiguiente, la noción del proletariado que lucha por la revolución capitalista, que debe luchar por ella, que lo debería hacer si estuviese en el punto de elegir su vía, tampoco es esta una invención de Lenin en 1905.

Lo que les reservó la historia a los obreros franceses de 1848, se lo reservo a los obreros rusos de 1917: Lenin lo vio y lo teorizó decididamente y con anticipación; los hechos históricos lo demuestran hoy con deslumbrante luz: batirse con una organización de clase y conciencia socialista de partido desarrolladas en una revolución proletaria, mientras los frutos de tal revolución consisten en la instauración del capitalismo.

Pero reclamamos el contenido del Manifiesto a este respecto, por conocidísimo que sea.

ESTRUCTURAS ARMÓNICAS

¿Es preciso recordar lo "sistemático" de nuestro código histórico? El primer personaje que aparece en escena es la burguesía, de la que el peor enemigo escribe sin igual la "chanson de geste". Combate y recorre el mundo, sacude desde sus cimientos las instituciones seculares, desencadena las enormes fuerzas de la actividad de los hombres, diabólicamente suscita a sus enterradores, los proletarios.

Las clásicas enunciaciones sobre la "organización de los proletarios en clase, y por consiguiente, en partido político", se refiere al cuadro nacional de un "solo país". Y en efecto, existe la conocida observación: la lucha del proletariado contra la burguesía es ante todo nacional, pero más por su forma que por su contenido. El proletariado de un país debe naturalmente desembarazarse primero de su propia burguesía.

Esta celebre tesis, más adelante es remachada por las no menos conocidas frases, que siguen al pasaje que dice que los obreros no tienen patria: "puesto que el proletariado primero debe conquistar el poder político [los socialtraidores leían: ¡El sufragio universal!], elevarse a clase nacional, aunque no en el sentido burgués".

El sentido de tales palabras, tan discutidas y falseadas al estallar la primera conflagración [1914], contiene en sí mismo la teoría del poder y del Estado. La burguesía tenía como meta construir el Estado nacional – el proletariado no tiene como fin ni la construcción permanente del Estado, ni la de la nación, sino que debiendo empuñar el arma del poder y del Estado, precisamente cuando sólo haya obtenido el hundimiento de la propia burguesía ("ante todo") y del propio Estado burgués, edifica su propio Estado, su dictadura, se constituye en nación, o sea, defiende su territorio contra las burguesías del exterior, en espera de que a su vez las derroque el proletariado.

Por todo esto, desde los primeros documentos tenemos que en el curso del advenimiento revolucionario, se desarrolla la hipótesis de la victoria en un solo país, no como excepción sino como norma, y la teoría existe desde los albores del marxismo.

¿Cómo leer de otra manera todo lo que durante un siglo los filisteos han tratado de leer al revés, o sea, la parte programática ulterior:

«El proletariado se servirá del poder político para arrancar poco a poco a la burguesía todo el capital, para concentrar todos los medios de producción en manos del Estado, o sea, el proletariado mismo organizado como clase dominante, y para acrecentar lo más rápidamente posible la masa de las fuerzas productivas»?

Esto no es más que el inicio de la "transformación de todo el sistema de producción" y se trata de "intervenciones despóticas" y de "medidas económicamente insuficientes e insostenibles". Cosas viejas, cierto. Pero debemos probar, precisamente, que es vieja y no nueva la teoría de la toma del poder político y de la preparación de la transformación social. ¿Cómo si no continuaría el texto: "Estas medidas serán distintas según los distintos países"?

¿Y añadiría un elenco para los más avanzados de la época de 1848?

¿Y como el capítulo final trataría nación por nación la perspectiva de la conquista revolucionaria del poder, si no es fundándose en el concepto, que guía todo, de que la revolución podrá comenzar en cualquier país donde se haya formado, con el desarrollo productivo, un moderno proletariado, y finalmente antes en Alemania que en Inglaterra y en Francia, porque allí esta encima la revolución burguesa "con un proletariado mucho más desarrollado, que no tuvo Francia en el s. XVIII e Inglaterra en el s. XVII"?.

DE 1848 A LA COMUNA

Después de la grave derrota de 1848, las perspectivas de la conquista proletaria del poder en los países europeos se alejaron. En el largo período sucesivo, Estados y naciones burguesas se sistematizan en una serie de guerras, los partidos proletarios no tienen posiciones de primer plano, la política marxista se orienta hacia aquellas guerras que conducen a la derrota de las reservas reaccionarias, por turno, Austria, Alemania, y Francia, y sobre todo y en todo momento Rusia, como tantas veces se ha expuesto.

La nueva sistematización nace del grandioso episodio de la Comuna de París. Esta vez el proletariado no solo se compromete a derrocar a la burguesía nacional, sino que esto sucede todavía bajo el peso de dos fuerzas enemigas: el ejército prusiano como vencedor, y las fuerzas armadas del Estado burgués convertido en república.

Aquí se eleva el memorable análisis de Marx en las obras clásicas: ¿Queréis comprender lo que era la revolución proletaria, la dictadura del proletariado, el Estado socialista? Ahí esta el primer ejemplo histórico: ¡La Comuna!

¿Acaso Marx, o uno solo de los marxistas de la época, al ponerse al lado de la Comuna, soñó con condenarla a causa de que, a diferencia de 1848, en las otras capitales de Europa, el proletariado no se movió, y mucho menos en Berlín, ya que estaba claro que el ejército alemán pleno de fuerza intervendría contra el Estado socialista de París, si no bastasen las fuerzas burguesas de Francia?

Por lo tanto, ¿no estaba ya totalmente en pie (en plena fase preimperialista del capitalismo) y en pie solo esta, la teoría de la revolución en un solo país, y la de los primeros pasajes, clásicamente elevados a ejemplo por Marx y sobre sus exactísimas huellas por Lenin, de la transformación social con decretos y edictos famosos?

¿Qué marxista, incluso de las tendencias menos ardientes, ha excomulgado a la Comuna, o le ha aconsejado entregar las armas, porque o se hace la revolución en toda Europa, o no se hace en Francia?

En aquel momento había dos posiciones en la Primera Internacional, la marxista y la bakuninista; hay dos "versiones" de la Comuna, ambas en el sentido de exaltar sin reservas su insurrección, su breve ciclo de vida, y la gloriosísima caída, deshonra y vergüenza de los regímenes "civilizados".

Ninguna de estas corrientes puede volver a acercarse a la inventada teoría de la revolución contemporánea en toda Europa.

En la visión libertaria, el París de la Comuna no es un Estado político, sino que responde al mito del municipio local que en su estrecho ciclo se libera levantándose contra la tiranía estatal y contra la opresión social, fundando una colectividad autónoma de libres e iguales. Es conocido el por qué, según los marxistas, esto es un sueño, por no decir algo peor, pero lo recordamos para excluir que este ala de los socialistas (socialistas anarquistas, se les llamaba) nunca haya creído en la revolución simultánea: lejos de esto, ellos ni tan siquiera habrían admitido la revolución nacional, sino la de una ciudad, o un municipio.

Algunos años después combatían para fundar la anarquía en España y en alguna de sus provincias, afirmando tortuosamente no tener ejércitos ni gobiernos, cayendo bajo la inexorable demolición crítica de Engels y Marx.

Sean cuales fueren los errores, tampoco en esta dirección pescamos a los partidarios del: nada de revolución si no se produce en diez países.

Tenemos luego la versión ortodoxa, marxista, de la Comuna, la versión, a despecho de los manipuladores de patrañas, con un digno sentido leninista.

La Comuna no sólo es la municipalidad de París asediada dos veces; es Francia, el proletariado francés constituido finalmente en clase, que ha plantado en las riberas del Sena la bandera de su constitución en clase dominante, erigido el Estado revolucionario de la nación francesa. Nación no en el sentido burgués y contra la nación alemana, sino en el sentido de que con sus cañones intenta estrangular al traidor Thiers en el sillón desde donde controla todo el territorio francés, y derrama por este objetivo la generosa sangre del París rojo, aun sabiendo que, mientras el verdugo indigno avanza, el obrero de Berlín, de Viena, de Milán no ha cogido la escopeta. Es la teoría la que en el fulgor llameante se convierte en ardiente historia. Y se convierte en patrimonio y en contenido de la revolución mundial, su victoriosa conquista, incluso después de que callaran las últimas descargas contra el muro de Père Lachaise, en la conciencia general de los marxistas de que un día nacerá de una primera comuna nacional victoriosa, el incendio progresivo e imparable del mundo del capital.

REVISIONISMO SOCIALDEMÓCRATA

Fueron los odiados enemigos de Lenin, los que desde 1900 fundaron una "nueva teoría" que ellos pretendían marxista, o versión moderna del marxismo; y con ella prepararon la catástrofe de 1914, que según dicen los falsificadores de Moscú, habría inducido a Lenin a volver a rehacer toda la terminología marxista sobre la Guerra, la Paz, y la Revolución.

Mientras en el campo obrero Berstein y todos los otros elaboran el reformismo gradualista – a su vez, nada nuevo, sino el brebaje de las herejías contra las que Marx consumió toda su vida, desde los socialistas prusianos de Estado, al lassalleanismo, al socialradicalismo francés, al tradeunionismo inglés, y así sucesivamente – la burguesía elabora su teoría de la guerra y de la paz, volviendo a levantar el mito del desarme, del arbitraje y de la paz universal. También esta antigua historia esta ya triturada por los golpes de mazo de Marx, desde que después de 1848 se las tuvo que ver con la izquierda radical burguesa, Mazzini, Blanc, Garibaldi, Kossuth y similares, de los que sabemos con que furiosa indignación se ocupó.

El revisionismo legalitario desmonta la visión marxista pedazo a pedazo. Son rechazados ante todo la insurrección, la violencia, las armas, y la dictadura: se admite durante un breve espacio de tiempo una desnicotinizada "lucha de clase" que es obligada a desarrollarse dentro de los límites de la legalidad estatal, con la conquista electoral de los escaños en las asambleas políticas. El modelo es la socialdemocracia alemana, monstruosa máquina para las elecciones, y se hace una baja utilización de una de las últimas frases de Federico Engels: la distancia del poder ahora se puede calcular por las estadísticas de los últimos progresos electorales. ¡Pero Engels había dicho claramente que una vez obtenido tal objetivo, el capitalismo mismo desencadenaría el terror!

No tenemos que repetir la crítica de esta tendencia y de su perspectiva. Mayoría en la Cámara, gobierno legal socialista, serie de leyes progresivas que atenúan la explotación proletaria y los beneficios burgueses, hasta poner en marcha una mutación gradual del capitalismo en socialismo: no nos hace falta recordar aquí como poco a poco en Francia, Bélgica y en otras partes la misma lucha de clase en forma de papeletas de voto fue cambiada al admitir que los partidos obreros pudiesen entrar como minorías dentro de gobiernos burgueses, fundando aquello que fue llamado ministerialismo, posibilismo y millerandismo. Lo condenó – en periodo de paz – la Segunda Internacional, pero luego le abrió las puertas vergonzosamente en la guerra, desencadenando el anatema de Lenin. No sabía él que la Tercera Internacional lo admitiría y ensalzaría no solo en la guerra sino también en la paz, para agradar a los Nenni de turno.

¿Sea lo que sea de esta unión de gentilhombres, se pueden descubrir en sus filas a los misteriosos marxistas preimperialistas, que querían la conquista del poder el mismo día en todos los países civilizados?

Evidentemente, si el acceso al poder no deriva ya de una acción con las armas y por las calles, ni de un hundimiento en el vacío de las bases del capitalismo, sino solo de la subida de la masa de los votos "socialistas", precisamente no importa nada que el día luminoso de la llamada al poder de un premier socialista sea en todas partes el mismo, por el contrario, es cierto y seguro que llegarán tiempos muy irregulares y nada impedirá que convivan diez regímenes, capitalista al cien por cien, socialista al diez por ciento, al veinte por ciento, etc., sonriéndose, arbitrándose, desarmándose, dándose premios Nobel, a través de las fronteras.

Tampoco en este campo encontramos a alguien que esté contra la construcción del socialismo en un solo país. Si éste se construye poco a poco por medio de las leyes del Estado burgués, cambiando únicamente el partido que gobierna, la exigencia de la simultaneidad europea no la imagina ni la imaginará nadie.

SOLAMENTE ES NUEVO EL OPORTUNISMO

No fue Lenin quien hizo la nueva teoría de la guerra, la paz y la revolución, sino precisamente los renegados a los que él fustigó durante los acontecimientos de 1914. Estos que no dejaron ni una sola palabra de la vieja teoría, de la única teoría de Marx.

Marx decía que la revolución proletaria sobreviene con la guerra civil entre las clases, y con el derrocamiento del Estado. Ellos lo negaron.

Marx decía que la guerra entre Estados solo desaparecerá con la caída del capitalismo y jamás con un acuerdo general entre Estados burgueses. Los renegados lo negaron.

Marx decía que la guerra entre Estados capitalistas y precapitalistas puede tener un contenido que le interese al proletariado, debiendo tomar parte en ella, pero que en el área del capitalismo de occidente, desde 1871, todos los ejércitos están contra el proletariado, y éste está contra todas las guerras europeas e intercapitalistas. Los renegados negaron la primera y la segunda concepción, y dijeron que en toda guerra entre dos Estados el proletariado debe ayudar al suyo, por poco que este amenazado de sucumbir. Fueron pacifistas mientras que no hubo guerra, guerreros intervencionistas apenas estalla.

Lenin volvió a colocar los procesos de paz, guerra y revolución en el lugar donde el marxismo los había mantenido siempre. Y tal y como el marxismo había dicho siempre, se reivindicó derrotismo y revuelta proletaria en todas partes, incluso unilateralmente y en un solo país, en el área y en el curso histórico que la guerra civil de 1871 había abierto.

Él no generó ninguna nueva teoría, sino que quiso destrozar la nueva teoría del socialpatriotismo.

Cuando de este imponente trabajo histórico de restaurador de la doctrina no vieja, sino única, se quiso hacer surgir como algo original la obvia estrategia del ataque a la burguesía en el campo nacional incluso unilateralmente, enunciada en el Manifiesto y en todos los textos marxistas, entre ellos los referentes a la Comuna, básicos y sacrosantos para Lenin en todas sus páginas; y cuando se tradujo esta tesis que no era nueva por aquella de que sin revolución europea podía haber en Rusia una transformación social en un sentido comunista, la buena vista de la comadrona del Kremlin intento un verdadero cambio de guardia, atribuyéndole al que consideran el Pequeño Padre de la revolución en Rusia un pestilente bastardo; no le convirtieron en el destructor de una antigua teoría de inexistentes viejos marxistas, sino en destructor de aquella que él mismo, sobre la espina dorsal del sistema general, había levantado con verdadera genialidad: en una revolución que no se extienda fuera de Rusia, el proletariado deberá tomar el poder, pero para llevar a cabo la revolución democrática y para favorecer con esto el advenimiento y el desarrollo del sistema capitalista de producción, sólo superable con la revolución proletaria vencedora en otros países de Europa.

Teoría que Lenin construyó con una plenitud verdaderamente maravillosa, y cuya verificación vio realizarse; teoría de la que nunca renegó o se retractó.

Es inútil insultarlo insinuando, con osadas falsificaciones, que lo haya hecho, dado que la historia después de él, ha demostrado con evidencia las fases ulteriores, en el orden por él construido.


LA TRANSFORMACIÓN SOCIALISTA

La cuestión acerca del paso a una economía socialista en Rusia, con una república que ya no está controlada por la burguesía, sino por el proletariado vencedor, y con un programa social de nacionalización agraria y estatalización industrial, no es correctamente situado en su lugar si se plantea en el momento del problema, totalmente prejudicial, de la liquidación de la guerra. En el momento del hundimiento de la Segunda Internacional la perspectiva rusa – incluso cuando a Lenin no le consta que muchos socialistas de varias tendencias también le han traicionado – no se plantea más favorable que antes de la guerra. Hasta 1914, Lenin cuenta mucho con el movimiento obrero marxista de los países más desarrollados para abreviar el curso del capitalismo en Rusia, que ahora ya no se puede eludir, ya no se cree posible. Pero en el momento en que la potente socialdemocracia alemana, junto con los otros grandes partidos de los países industriales caen pavorosamente en la ruina del oportunismo, deviene más difícil la previsión de que a la revolución democrática antizarista rusa le suceda una revolución proletaria en países europeos, sobre la que pueda hacer palanca una transformación socialista de Rusia menos lejana.

Con este giro de 1914, hemos visto, pues, como Lenin recapitula el programa en las siete tesis.

En Rusia, trabajar en profundidad por la derrota, por el hundimiento del ejército y de la dinastía. El programa posterior sigue siendo el mismo: no gobernar con partidos burgueses y pequeño-burgueses, sino dirigir la república con la dictadura democrática del proletariado y de los campesinos. Socialmente, tal república, llevará a cabo la nacionalización de la tierra, las ocho horas, la banca de Estado y otras medidas que no salen aún de los límites del capitalismo.

En Europa: lucha para eliminar a los oportunistas, organización de una nueva Internacional proletaria, nuevos grupos y partidos que dirijan la lucha derrotista contra la guerra. Allí donde sea posible, intentar la toma del poder político con la consigna de la dictadura proletaria confiada al partido comunista.

Sólo después de que la guerra haya arruinado al poder burgués, al menos en parte de Europa, se planteará el problema de la transformación socialista europea y de su apoyo a la evolución económica y técnica en Rusia.

Por lo tanto, el problema de hacer socialista a Rusia aisladamente no se planteó en el momento en el que la historia oficial asume que fuese planteado por Lenin por primera vez, y por primera vez resuelto de manera positiva: construir socialismo en una Rusia recién salida del feudalismo y encerrada entre países capitalistas.

Un giro similar en el pensamiento de Lenin es necesario indagarlo después, y lo haremos: en el momento de la caída del zarismo, a su llegada a Rusia, en la lucha por el poder para el partido bolchevique en solitario, en el período sucesivo a la conquista del poder, en el de las primeras medidas económicas y en el giro fundamental de la NEP, aunque tiene tan poco de nueva, que un titulo similar no fue nunca dado por Lenin.

El solo hecho de haber inventado esta conversión de Lenin fuera de la época histórica y del cuadro teórico propio, anticipándola con astucia, demuestra la falsa posición que está en la base de toda la política del Estado ruso, como se evidenció después de la muerte de Lenin y de los conocidos acontecimientos.






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Mensaje por Alexyevich el Dom Abr 17, 2011 8:33 pm

La transformación del Comintern
Aunque las revisiones teóricas deban explicarse, en última instancia, por cambios socioeconómicos (de otro modo se rompe con el materialismo histórico, basado en la tesis de que la existencia social es lo que determina la conciencia), esto no significa que esta revisión, una vez efectuada, no tenga una dinámica propia y, hasta cierto punto, autónoma. De hecho, la adopción de la teoría sobre la posibilidad de llevar a
término “el socialismo en un solo país” tuvo profundas repercusiones que sacudieron a todo el movimiento comunista internacional. El hecho de que la inmensa mayoría de los cuadros comunistas convencidos y sinceros no tuvieran conciencia de ello, ni en 1924, ni en 1928, ni en 1934, demuestra lo
difícil que resulta para el pensamiento humano, aun dotado de un instrumento analítico tan excepcional como el método marxista, comprender inmediatamente una conmoción radical de las coordenadas del terreno social en que se mueve. Lo cual no hace sino aumentar el mérito de la minoría comunista
agrupada en torno a León Trotsky, que comprendió casi instantáneamente cuáles serían sus desastrosos efectos a largo plazo.
La adopción de la teoría del “socialismo en un solo país” conducía a cinco transformaciones que iban a conmocionar, de un extremo al otro, la base teórica y estratégica, así como la práctica política y la estructura organizativa, de los partidos comunistas y de la Internacional Comunista, modificando
radicalmente su función objetiva en el mundo contemporáneo.
—Implicaba revisar el concepto mismo de revolución mundial y la actualidad de esa revolución mundial
en la época imperialista, cosa que, por lo demás, tuvo como consecuencia la revisión de la totalidad de la teoría de la época imperialista.
—De ahí se desprendía una modificación no menos fundamental de la relación entre la defensa del estado proletario aislado (y el inicio de construcción socialista en el seno de ese estado), por una parte, y la revolución internacional por otra. Se proclamó que la defensa del “bastión” era la primera tarea del movimiento comunista y del proletariado mundial, lo cual llevaba progresivamente a una creciente subordinación de los intereses de la revolución internacional a los (pretendidos) intereses de la defensa
del “bastión”.
—Esta subordinación desembocaba en que los PC dejaran de ser fuerzas que operaban por el
derrocamiento revolucionario del capitalismo en sus países respectivos (y la IC un instrumento para el derrocamiento revolucionario del sistema imperialista y del capitalismo a escala mundial) para convertirse en instrumentos prioritarios de la defensa del “bastión soviético”, lo cual llevó, de forma creciente, a la adaptación automática de esos partidos y de la IC a los zigzags de la diplomacia del
Kremlin.
—Semejante adaptación no podía sino desembocar en un “mesianismo nacional” soviético (en realidad,mesianismo nacionalista pequeñoburgués de la burocracia soviética),7 puesto que esta subordinación sistemática no se justificaba más que en función de la importancia decisiva atribuida a la Unión Soviética,al proletariado soviético y al PC de la URSS en relación a la humanidad entera. Los conceptos de estadoguía y de partido-guía, que desempeñaron un papel tan fundamental en la época staliniana, y que
Kruschev y Brezhnev han intentado salvar del naufragio del stalinismo, encuentran su origen en este mesianismo pequeñoburgués. Su corolario organizativo inevitable fue el monolitismo en el seno de la IC y de los PC, la supresión de todo debate o reflexión críticos, que amenazaban con trastornar la
tranquilidad y los intereses de los dirigentes del “estado-guía”, la burocratización de la IC como subproducto de la burocratización del PCUS y del estado soviético.
—En la misma medida en que toda esa degeneración teórica, política y organizativa minaba las bases en que se fundaban el programa y la existencia de la Internacional Comunista, no podía a la larga sino
descomponerla. Las burocracias de los partidos comunistas no se sometieron ciegamente a las órdenes del Kremlin —que dejaron de corresponder, de forma cada vez más manifiesta, a los intereses del proletariado de sus países respectivos— más que en la medida en que no vieron otra salida, ya fuera en función de su dependencia material, ya en función de la visión que tenían de las perspectivas políticas nacionales e internacionales a medio plazo.
Cuando esta situación se modificó, ya sólo era cuestión de tiempo el que el “monolitismo férreo” cayera como un castillo de naipes. El “mesianismo nacional” del PCUS iba a producir tantos “mesianismos” como PC poderosos y materialmente independientes del Kremlin hubiera. El “centro único” iba a producir el policentrismo. El “internacionalismo proletario”, identificado con la “defensa del bastión
soviético”, iba a desembocar en una proliferación de “nacionalcomunismos”. En este sentido, el eurocomunismo estaba inscrito en filigrana en el devenir del movimiento comunista mundial desde la adopción de la teoría del “socialismo en un solo país”. Trotsky, con su genio profético, lo comprendió y lo proclamó ya a partir de entonces:
“El marxismo ha enseñado siempre a los obreros que incluso la lucha por los salarios y la limitación de la jornada de trabajo no puede tener éxito si no es una lucha internacional. Y he aquí que actualmente, de golpe, nos encontramos con que el ideal de la sociedad socialista puede realizarse con las solas fuerzas de
una nación. Es un golpe mortal asestado a la Internacional. La convicción inquebrantable de que el objetivo fundamental de clase puede alcanzarse aún menos que los objetivos parciales, por medios nacionales, o en el marco de una nación, constituye la médula del internacionalismo revolucionario. Si se puede llegar al objetivo final en el interior de las fronteras nacionales por los esfuerzos del proletariado
de una nación, entonces desaparece la razón de ser del internacionalismo. La teoría de la posibilidad de realizar el socialismo en un solo país rompe la relación interior que existe entre el patriotismo del proletariado vencedor y el derrotismo del proletariado de los países burgueses. Hasta ahora, el proletariado de los países capitalistas progresivos no hace otra cosa que avanzar hacia el porvenir. ¿Cómo
marchará hacia él, qué caminos seguirá en su marcha? Todo esto depende por completo, enteramente, de cómo considere la organización de la sociedad socialista: es decir, de que la considere como un problema nacional o internacional.
En general, si es posible realizar el socialismo en un solo país se puede admitir esta teoría no solamente después de la conquista del poder, sino también antes. Si el socialismo es realizable en el marco nacional de la URSS atrasada, lo será mucho más en el de la Alemania progresiva. Mañana, los directores del partido comunista alemán desarrollarán esta teoría. El proyecto de programa les da ese derecho. Pasado mañana le tocará el turno al partido comunista francés. Eso será el comienzo de la descomposición de la Internacional Comunista, que seguirá la línea política del socialpatriotismo. El partido comunista de cualquier país capitalista, después de haberse penetrado de la idea de que hay en el seno de su estado todas las premisas “necesarias y suficientes” para organizar por sus propias fuerzas la “sociedad socialista
integral” no se distinguirá, en el fondo, en nada de la socialdemocracia revolucionaria, que tampoco había comenzado por Noske, pero que ha fracasado definitivamente al tropezar con esta cuestión el 4 de
agosto de 1914.
Cuando se dice que el hecho mismo de la existencia de la URSS es una garantía contra el
socialpatriotismo, pues el patriotismo hacia la república obrera es un deber revolucionario, se expresa justamente el espíritu nacional limitado por esta utilización unilateral de una idea justa: sólo se mira a la URSS y se cierran los ojos ante el proletariado mundial. No se puede orientar a éste por el derrotismo
hacia el estado burgués sino abordando en el programa el problema esencial desde el punto de vista internacional, rechazando sin piedad el contrabando socialpatriota que se oculta aún, tratando de hacer su nido en el dominio teórico del programa de la Internacional “leninista”.
http://www.ernestmandel.org/es/escritos/pdf/mandelamargosfrutos.pdf
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Mensaje por Alexyevich el Dom Abr 17, 2011 8:50 pm

El viraje del séptimo congreso del Comintern
La transformación de la Internacional Comunista de instrumento de la revolución socialista en instrumento de la diplomacia de la burocracia soviética contenía en germen la posibilidad de su transformación periódica en instrumento de la contrarrevolución burguesa, es decir, de defensa de la
propiedad privada. El carácter conservador de la burocracia, su miedo a las repercusiones internacionales de cualquier avance de la revolución en cualquier parte del mundo, la conciencia que tiene de que la pasividad y la despolitización del proletariado soviético constituyen el fundamento de su poder y de sus
privilegios y el peligro de ver esta pasividad y esta despolitización cuestionadas de nuevo en función de un gran progreso de la revolución mundial, todo ello la inclina a una política de coexistencia pacífica con el imperialismo, de búsqueda del reparto del mundo en esferas de influencia, de defensa encarnizada del
statu quo.El viraje hacia una política de defensa del estado burgués y del statu quo social en el seno de los países imperialistas, que implicaba la defensa de la propiedad privada en los casos de grave crisis social y la defensa nacional en caso de guerra imperialista, se realizó en el séptimo congreso del Comintern en los países imperialistas llamados “democráticos”. Lo había precedido un viraje inicial en este sentido del PCF, a raíz del pacto militar Stalin-Laval. La política llamada de frente popular fue su traducción más nítida, y su aplicación en el curso de la guerra civil española su traducción más radical. En contra de las colectivizaciones realizadas espontáneamente por los trabajadores y los campesinos pobres de la España
republicana, en contra de los órganos de poder creados por el proletariado, y en particular de aquellos comités y milicias que infligieron una derrota decisiva a los insurrectos militar-fascistas en junio de 1936 en casi todas las ciudades importantes del país, el PC se erigió como el defensor más encarnizado,
consecuente y sanguinario del restablecimiento del orden burgués.
No lo hizo, desde luego, como agente de la burguesía, sino como agente del Kremlin, obsesionado por el miedo a que una revolución victoriosa en España y en Francia condujera a una “gran alianza” de todas las potencias imperialistas contra la Unión Soviética. No se trataba, claro está, más que de un viraje táctico.
En cuanto la diplomacia soviética se cambió de chaqueta y concluyó el pacto Hitler-Stalin, los PC empezaron a acusar de belicistas a los “imperialistas anglosajones”, se hicieron otra vez “derrotistas” en los países imperialistas “democráticos” y no vacilaron siquiera en apoyar, en otoño de 1939, la ofensiva de paz de la diplomacia nazi, reclamando la detención de las hostilidades sin restablecimiento de la independencia de Polonia y Checoslovaquia.
Estas dos consideraciones son importantes para comprender que ocasionalmente, y dentro de unos estrechos límites, la burocracia soviética, cuyos privilegios tienen por base material un modo de producción resultante de la abolición de la propiedad privada y del capitalismo, puede tratar de extender su poder extendiendo la zona en la que funciona este nuevo modo de producción. Así lo hizo ya en 1939-40 en Polonia oriental, los países bálticos y Besarabia. Así lo hizo, a mayor escala, en 1947-49, en los
países de su “glacis” militar, conquistados al final de la segunda guerra mundial en Europa oriental. Pero cada vez lo hizo con medios militar-burocráticos bajo su control estricto, sin dirigir ninguna verdadera revolución popular de masas, en unas condiciones tales que de ello no podía resultar una repolitización
entusiasta del proletariado soviético y siempre con previo acuerdo con el imperialismo en cuanto al reparto del mundo en zonas de influencia. Hay que descartar que esto pueda reproducirse en Europa o en Asia en un futuro previsible. Estas excepciones confirman, pues, la apreciación global de la política exterior de la burocracia como contrarrevolucionaria, después de haberse transformado esta burocracia
en una capa osificada en la URSS, imposible de eliminar si no es por medio de una revolución política.
Los PC realizaron el viraje de 1935 por fidelidad a la Unión Soviética, tal como la entendían (es decir,fidelidad a la burocracia soviética, de la que dependieron cada vez más, material y políticamente). Pero el viraje del séptimo congreso del Comintern, con todo lo que implicó, desencadenó otro mecanismo
autónomo cuyo control iba a perder el Kremlin. Al integrarse cada vez más en el estado burgués,apropiándose de las prebendas de la democracia parlamentaria burguesa como resultado de sus éxitos electorales y sindicales, los aparatos de los PC de los países imperialistas “democráticos” quedaban en adelante sometidos a una presión material independiente, y en cierta medida antagónica, de la del
Kremlin. Así como el “socialismo en un solo país” desemboca en el nacionalcomunismo, la teoría y la práctica del frente popular desembocan en una línea política que alimenta un proceso gradual de socialdemocratización. He ahí dos de las principales raíces históricas del eurocomunismo.
La mayoría de los dirigentes eurocomunistas más lúcidos son perfectamente conscientes de ello. Constantemente se refieren a los “grandes precedentes históricos” de la política de frente popular y de la
“unión antifascista de la resistencia”, en el curso e inmediatamente después de la segunda guerra mundial, como a etapas preparatorias del eurocomunismo. No se equivocan al recordar de este modo, a
su manera, a los maoístas, en parte ignorantes, en parte deshonestos, que el verdadero precursor del eurocomunismo es el mismísimo José Stalin. Basta con examinar los documentos del PCF, del PCI, del PCE, y de otros muchos PC, de las épocas 1935-38 y 1941-47, para encontrar, escritas por sus líderes de entonces, por los más fieles lugartenientes de Stalin en la misma URSS y fuera de ella, incluso por el
propio Stalin, las mismas fórmulas revisionistas acerca del estado burgués, la “nueva democracia” y la “democracia avanzada” de las que nuestros maostalinistas fingen hoy indignarse, olvidando, por lo
demás, que el propio Mao las había copiado fielmente en 1941.11
La desagradable sorpresa del Kremlin resulta del hecho de que creyó poder controlar todos los movimientos de esta mecánica: “¡Derecha! ¡Izquierda! ¡Firmes!” Su suficiencia burocrática se vio ya quebrantada cuando se concluyó el pacto Hitler-Stalin. Los acontecimientos posteriores han hecho que se olvide la grave crisis que atravesó entonces, en particular, el PCF; no menos de un 40 % de su grupo
parlamentario, incluyendo a varios miembros del BP, desaprobaron a Moscú en aquella ocasión; parte de ellos se pasaron al campo de su propia burguesía.12 A pesar de todo, el grueso del aparato permaneció fiel
al Kremlin.
Lo mismo se produjo tras el inicio de la “guerra fría” que sucedió a la “gran alianza antifascista”. Todos los PC de la Europa capitalista dieron obedientemente un giro de 180 grados. Afirmaron, como un solo hombre, que si “persiguiendo al agresor imperialista” el Ejército Rojo llegara a las fronteras del propio país, sería recibido en él con los brazos abiertos, como fuerza liberadora. No era ése, indudablemente, el lenguaje de un partido socialdemócrata.
En distintos momentos, en los años 60 (en algunos casos ya en el curso de los años 50), algunos PC de la Europa capitalista volvieron a realizar el viraje hacia la adaptación a la socialdemocracia, lo cual coincidía
más o menos con algún viraje paralelo del Kremlin: viaje de Kruschev a los Estados Unidos; “el espíritu de Camp David”; encuentro Kruschev-Kennedy en Viena, etcétera. Esta vez, sin embargo, el mecanismo no sólo era más difícil de controlar que en 1935-38 o en 1941-47, sino que además estaba bastante
descompuesto.
La razón fundamental de ello está en los efectos acumulativos de los sucesivos virajes, la duración del nuevo viraje reformista, la modificación en la composición del aparato de los PC, la distinta naturaleza del reclutamiento de los PC en base a su política neorreformista a largo plazo. Los virajes que se sucedían
cada tres años, cosa que daba una gran flexibilidad y diversidad a la experiencia de los burócratas y cuadros de los PC, han sido sustituidos por una práctica reformista aplicada sin interrupción desde hace cerca de veinte años, y a veces más. Una generación entera de cuadros eurocomunistas no ha aprendido ya nada más que a preparar unas buenas elecciones y a conducir acciones reivindicativas inmediatas. La
desaparición progresiva de toda la generación comunista que se formó en los años anteriores de 1935,durante la resistencia, o incluso durante los años de la “guerra fría”, y que conoció una práctica política muy distinta a la de hoy, desempeña en esto un papel muy importante.
No es menos significativo otro proceso acumulativo: el de la instalación casi permanente del aparato de los PC en la cercanía de los pesebres del estado democrático-burgués. En cuanto a esto, se repite, más o
menos, un proceso de degeneración análogo al que conoció la socialdemocracia clásica entre 1900 y 1914.
Esto es aplicable sobre todo a los grandes partidos comunistas en los países capitalistas, ante todo el PCI y el PCF. Largos años de clandestinidad han preservado hasta ahora al PC portugués y al español de los
efectos directos de esta corrupción (cosa que puede cambiar rápidamente); la línea derechista de esos partidos está determinada, por el momento, por factores ideológicos y de orientación estratégica. Pero incluso PC más pequeños, como los de Suecia, Bélgica, Suiza, los Países Bajos, Finlandia o Gran Bretaña, se ven parcialmente arrastrados por este movimiento, ya sea a nivel municipal, ya a nivel sindical. A veces, gracias al ejemplo del vecino, la ideología se anticipa a la realidad. El deseo de acceder al pesebre precede al acceso mismo y dicta a partir de entonces la línea política.
Pero el acento hay que ponerlo ante todo en el cambio del contexto internacional. La crisis conjunta del imperialismo y el stalinismo mina los conceptos en que se basaba la ideología staliniana. La revolución china rompió el cerco capitalista de la URSS. Junto con las revoluciones yugoslava, vietnamita, cubana, ha roto el mito de “la Unión Soviética, único bastión de la revolución mundial”. El conflicto chinosoviético
permite a Togliatti desarrollar una actitud de Poncio Pilatos (“ambos tienen algo de culpa”) y mina todavía más el concepto de un “bastión central” que debe defenderse. Además, identificar los progresos de la revolución mundial con la sola defensa del “campo socialista” —sobre todo cuando Yugoslavia, en primer lugar, y luego China, se han visto proyectadas fuera de ese “campo”, y cuando ese “campo” ha permitido el bombardeo de Hanoi socialista prácticamente sin reaccionar— es algo cada vez
menos creíble. Paradójicamente, el fortalecimiento militar e industrial de la misma URSS destruye uno de los principales resortes con los que funcionaba la mecánica staliniana de los años treinta y cuarenta.
Nadie se cree seriamente que pese hoy sobre la Unión Soviética una amenaza mortal de aniquilación,cosa que muchos comunistas creían, naturalmente, y con razón, en la época de Hitler (otra cosa es que optaran o no por la réplica correcta ante esa amenaza). La idea de “competición pacífica entre los dos campos”, que debería ser ganada por el “campo socialista” antes de que el socialismo pueda triunfar en Occidente, es el nuevo mito que sustituye al viejo. Pero su fuerza de persuasión está muy mermada.
En estas condiciones, deja de ser evidente la necesidad implacable de la subordinación a las órdenes del Kremlin, incluso según la estrecha lógica del “socialismo en un solo país”. Los intereses de los aparatos de los PC “nacionales” se autonomizan cada vez más de los de la burocracia soviética. Esta autonomía tiene su propia lógica, conlleva sus propias consecuencias. Conseguir votos en las elecciones, conquistar
alcaldías y escaños parlamentarios, mantener o conquistar el control sobre los sindicatos o las cooperativas de masas, son cosas que progresivamente pasan por delante de los imperativos de la “defensa de la URSS”, o incluso de la del “campo socialista”. El que estos dos imperativos pueden colusionar es algo
que, para todo burócrata de cualquier PC de la Europa capitalista capaz de ver y oír, quedó confirmado con las reacciones de los militantes comunistas de base, de la clase obrera y de las masas trabajadoras de la Europa capitalista ante el aplastamiento de la revolución húngara de 1956 o ante la invasión de la República Socialista de Checoslovaquia en 1968.
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Mensaje por proleinternacionalista el Mar Abr 19, 2011 4:39 pm

Sigamos recuperando el hilo del tiempo contra las falsificaciones:

Rusia contra Europa en el siglo XIX


1. El objetivo de una de las primeras batallas que los socialistas marxistas trabaron acerca del «papel» de Rusia en la política europea, fue refutar la opinión falaz según la cual las conclusiones del materialismo histórico no podían ser aplicadas a este país.

Así como el internacionalismo marxista había transportado a Francia, Alemania y América las deducciones sociales de alcance universal que había extraído del estudio de los hechos del primer capitalismo, el de Inglaterra, nuestra escuela nunca dudó que la misma llave histórica abriría las puertas que parecían haberse cerrado para siempre en las narices de la sociedad burguesa, y sobre las bayonetas napoleónicas derrotadas, lo que retrasó todo por un siglo.

2. En Rusia, como en todos los países europeos, el marxismo esperaba y propugnaba una gran revolución burguesa que siguiese los pasos de las revoluciones de Francia y de Inglaterra, y cuyo incendio, en 1848, sacudió a toda Europa Central. La destrucción del modo de producción feudal en Rusia fue tanto más prevista, esperada y reivindicada, cuanto que la Rusia de los zares asumía para Marx la función de ciudadela de la reacción europea antiliberal y anticapitalista. En la fase de las guerras burguesas de sistematización nacional de Europa, que se cerró en 1871, el marxismo consideraba útil toda guerra que se desarrollase en una dirección capaz de provocar una derrota y un desastre para Petersburgo.¡Marx fue acusado por ello de agente pangermanista antiruso! Para él, la resistencia del zarismo constituía no sólo una barrera para la oleada de la revolución burguesa, sino también para la marea sucesiva de la revolución obrera europea. Los movimientos de liberación de las nacionalidades oprimidas por el zar (el clásico ejemplo es el de Polonia) fueron pues plenamente apoyados por la Primera Internacional obrera.

3. La doctrina histórica de la escuela marxista clausura en 1871 el periodo del apoyo socialista a las guerras de sistematización de Europa en Estados modernos, así como a las luchas internas de la revolución liberal y de resurgimiento nacional. El obstáculo ruso se perfila siempre en el horizonte y, al permanecer de pie, barrerá el camino a la insurrección obrera contra los «ejércitos nacionales confederados», y enviará los cosacos a defender, no solamente a santos imperios, sino también a democracias parlamentarias capitalistas, cuyo ciclo de desarrollo se ha cerrado en Occidente.

4. El marxismo se ocupa rápidamente de las cuestiones sociales de Rusia, y estudia su estructura económica y el curso de sus antagonismos de clase. Ello no quita que el ciclo de las revoluciones social es deba ser determinado teniendo en cuenta, en primer lugar, las relaciones de fuerza internacionales, como en la gigantesca construcción de Marx acerca de las etapas de la marcha de la revolución y de sus condiciones, que se manifiestan, en cuanto a la madurez de la estructura social, sobre el plano internacional. Surgió inmediatamente el problema de saber si era posible abreviar el curso ruso que estaba aún a la espera de dar los pasos que Europa recorrió desde principios de siglo y en 1848. Tenemos dos respuestas de Marx: la primera, de 1877, en una carta a un periódico; la segunda, de 1882, en el prefacio a la traducción rusa del Manifiesto realizada por Vera Zassulitch.

¿Es posible saltar en Rusia por encima del modo capitalista de producción? La segunda respuesta era, en parte, positiva: Sí, «si la revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de. modo que ambas se completen» . Pero la primera respuesta declaraba que esta ocasión estaba ya perdiéndose, y se refería a la reforma agraria burguesa de 1861 que Bakunin alabó, siendo por ello ferozmente estigmatizado por Marx y Engels. Esta reforma, que abolía la servidumbre, significaba más bien la disolución final del comunismo primitivo de la aldea rural:
«Si Rusia sigue la vía que emprendió desde 1861, perderá la más hermosa ocasión que la historia haya ofrecido jamás a un pueblo de saltar por encima de todas las alternativas fatales del régimen capitalista. Deberá soportar, como todos los otros pueblos, las leyes inexorables de este sistema» .
Esto es todo, concluía concisamente Marx. Fue todo: habiendo sidofrustrada y traicionada la revolución en Europa, la Rusia de hoy ha caído en la barbarie capitalista.

Algunos escritos de Engels sobre el primitivo mir comunista ruso muestran que en 1875, y con más razón en 1894, la partida fue ganada por el modo capitalista de producción. Este domina desde entonces en las ciudades y en ciertas partes del campo ruso bajo el zarismo.

5. Con la industria capitalista, que nació en Rusia no tanto de una acumulación inicial como de inversiones directas del Estado, surge el proletariado urbano y el partido obrero marxista. Este está confrontado con el problema de la revolución doble, el mismo con el que se enfrentaban los primeros marxistas en Alemania antes de 1848. La línea teórica de este partido, representada en un primer periodo por Plejánov, y luego por Lenin y los bolcheviques, es totalmente coherente con el marxismo europeo e internacional, y sobre todo en la cuestión agraria, de suma importancia en Rusia.

¿Cuál será la contribución a la revolución doble de las clases del campo, de los siervos de la gleba y de los misérrimos campesinos legalmente emancipados, pero cuyas condiciones empeoraron en relación a las del feudalismo puro? Por doquier, los siervos de la gleba y los pequeños campesinos apoyaron las revoluciones burguesas, y siempre se sublevaron contra los privilegios de la nobleza feudal. Rusia tiene la característica de que el modo feudal no es centrifugo, como en Europa y en Alemania, sino que el poder estatal central y el ejército nacional mismo están centralizados desde hace siglos: históricamente, y hasta el siglo XIX, estos factores son progresistas. Esto es cierto no sólo políticamente, en cuanto a los orígenes del ejército, de la monarquía y del Estado, que fueron importados del exterior, sino también en lo que concierne a la estructura social. El Estado, la Corona, y entidades religiosas no menos centralizadas, poseen más tierras y más siervos de la gleba que la nobleza feudal. Ello dió lugar a su definición como feudalismo de Estado, el que soportó bien el choque de los ejércitos democráticos franceses, y contra el cual Marx invocó, durante largos años, incluso el embate de ejércitos europeos, turcos y alemanes.

En definitiva, la vía rusa del feudalismo de Estado al capitalismo de Estado resultó menos larga que la vía europea del feudalismo molecular a los Estados unitarios capitalistas, y del primer capitalismo autonomista al concentrado e imperialista.

B) Las perspectivas de la desaparición del ultimo feudalismo


6. Estas formas seculares explican por qué 'nunca se formó en Rusia una clase burguesa tan potente como las occidentales, y por qué el injerto de las dos revoluciones, que los marxistas esperaban, se presentaba aquí aún más difícil que en Alemania.

Ante la deficiencia de la tradición revolucionaria alemana, que se había agotado, a la inversa de la inglesa, en la reforma religiosa, Engels recurre a los campesinos, e ilustra la histórica guerra de 1525, terriblemente aplastada por la vileza de los burgueses urbanos, del clero reformado, y también de la pequeña nobleza. En Rusia, la primera contienda teórica y práctica entre los marxistas y todos los otros partidos fue en torno a la cuestión de saber si la clase burguesa, políticamente ausente, al igual que una nobleza y un clero rebeldes, podría encontrar un substituto en la clase campesina. La fórmula histórica adversa era que la revolución rusa no seria ni burguesa ni obrera, sino campesina. Para nosotros, marxistas, la revolución campesina sólo es el reverso de la revolución burguesa urbana. Durante cien años, en todo el largo curso de polémicas y de guerras de clase, el marxismo rechazó la monstruosa perspectiva de un «socialismo campesino» que surgiría en Rusia como resultado de una insurrección de los pequeños cultivadores por el usufructo de la propiedad de la tierra en formas utópicamente igualitarias, y quienes llegarían a lograr el control del Estado en lugar de las clases urbanas (es decir, de la burguesía impotente y del joven proletariado, del cual no se sospechaba la tremenda energía que extraía de su condición de sección del proletariado europeo). La burguesía nace nacional y no transmite energía a través de las fronteras. El proletariado nace internacional, y está presente como clase en todas las revoluciones «extranjeras». El campesinado es incluso subnacional.

Lenin construyó sobre estas bases la doctrina marxista de la revolución rusa, que desechó como protagonistas a la burguesía indígena y al campesinado, y designó para ello a la clase obrera .

7. Dos son las grandes cuestiones de la revolución rusa: la agraria y la política. En la primera, los populistas y socialistas revolucionarios están por el reparto, los mencheviques por la municipalización, y los bolcheviques por la nacionalización. Lenin dice que los tres son postulados de una revolución burguesa democrática, y no socialista. Sin embargo, el tercero es el más avanzado, y crea las mejores condiciones para el comunismo proletario. Nos limitaremos a citar «Dos Tácticas»:
«la idea de la nacionalización de la tierra es pues una categoría de la sociedad mercantil y capitalista».
En Rusia de hoy, sólo la parte de los sovjoces, que es la menor, está a esta altura, y el resto está aún más abajo.

En la cuestión del poder, los mencheviques son partidarios de dejar que la burguesía se apropie de él, y de permanecer después en la oposición (en 1917, colaborarán con los burgueses en el gobierno); los populistas están por el ilusorio «gobierno campesino», y, con Kerensky, terminarán como los precedentes; los bolcheviques estaban por la toma del poder y por una dictadura democrática del proletariado y de los campesinos. Las palabras de Lenin explican el adjetivo democrático y el substantivo campesinos:
«Esta victoria no convertirá aún, ni mucho menos, nuestra revolución burguesa en socialista» . «Las transformaciones económico-sociales que se han convertido en una necesidad para Rusia no sólo no implican el socavamiento del capitalismo (...), sino por el contrario, desbrozarán por primera vez el terreno como es debido para su vasto y rápido desarrollo a la manera europea y no asiática» . «Esta victoria nos ayudará a sublevar a Europa, y el proletariado europeo, habiendo derrocado el yugo de la burguesía, nos ayudará, a su vez, a realizar la revolución socialista».

¿Qué hacer, entonces, con los «aliados» campesinos? Lenin lo dice también claramente. Marx había dicho que los campesinos son los «aliados naturales de la burguesía». Lenin escribe:
«En la lucha verdadera y decisiva por el socialismo, los campesinos, como clase poseedora de tierras, desempeñarán el mismo papel de traición, de inconsecuencia, que ahora desempeña la burguesía en la lucha por la democracia en Rusia» .

Hemos mostrado cómo Lenin sostenía con un doble argumento su fórmula «toma del poder dictatorial en la revolución burguesa contra la burguesía misma y con el' apoyo de los campesinos únicamente». Se trataba de llegar a la revolución proletaria europea', única condición para la victoria del socialismo en Rusia, y de evitar la restauración zarista, que habría significado el restablecimiento de la guardia blanca en Europa.

C) La imborrable epopeya rusa de la revolución proletaria mundial


8. Prevista por Marx, la guerra de Alemania contra las razas unidas de los eslavos y los latinos llegó en 1914, y, tal como él lo había predicho, la revolución rusa nació de las derrotas del zar.

Rusia estaba entonces aliada a las potencias democráticas: Francia, Inglaterra e Italia. Capitalistas y demócratas, conjuntamente con los socialistas traidores que habían abrazado la causa de la guerra antialemana, juzgaron que el zar se había vuelto un enemigo que debía ser eliminado, sea por inepto, sea por ser un secreto futuro aliado de los alemanes. La primera revolución rusa de febrero de 1917 fue vitoreada pues por todos los demócratas-patriotas y los socialpatriotas, quienes la atribuyeron, no al cansancio de las masas y de los soldados, sino a un hábil trabajo de las embajadas aliadas. Bien que la mayoría de los socialistas rusos de derecha no habían adherido a la guerra, se orientaron enseguida hacia la constitución de un gobierno provisorio que continuaría la guerra de acuerdo con las potencias extranjeras. Sobre tales bases, establecieron un compromiso con los partidos burgueses.

Primero con hesitaciones, y finalmente con todo vigor después del regreso de Lenin y de los líderes bolcheviques de 1917, y de la adhesión integral de Trotsky, el partido bolchevique se preparó para derrocar a ese gobierno que estaba apoyado por mencheviques y populistas .

9. La conquista del poder por el partido comunista se tradujo en la derrota, en el curso de la guerra civil, de todos los otros partidos, tanto burgueses como supuestamente obreros y campesinos, cómplices de la continuación de la guerra al flanco de los aliados. Esta derrota fue completada:
• con la victoria sobre estos partidos en el Soviet pan- ruso, la que integraba la derrota de estos y la de sus aliados extrasoviéticos en la lucha callejera,
• con la dispersión de la Asamblea Constituyente que el gobierno provisorio había convocado, y finalmente
• con la ruptura con el último aliado, el partido de los socialistas revolucionarios de izquierda, influyente en el campo y partidario de la «guerra santa» contra los alemanes.

Este salto gigantesco no dejó de acompañarse de luchas graves, dentro del partido, y sólo se concluyó históricamente cuando finalizó, después de cuatro terribles años, la lucha contra los ejércitos contrarrevolucionarios. Estos tenían tres orígenes: las fuerzas de la nobleza feudal y monárquica, las apoyadas por Alemania antes y después de la paz de Brest-Litowsk en 1918, y las movilizadas con mucho empeño por las potencias democráticas (entre las cuales se hallaba el ejército polaco).

Entretanto, en los países europeos, sólo se sucedieron desafortunados intentos de conquista del poder por la clase obrera, ardiente solidaria de la revolución bolchevique. Y, en substancia., fue decisiva la derrota de los comunistas alemanes en enero de 1919, luego del fracaso militar de Alemania y de la caído del poder kaiserista. La línea histórica de Lenin - que hasta ese momento se había magníficamente realizado, sobre todo con la aceptación de la paz en enero de 1918, la cual constituyó una solución decisiva que la insana democracia mundial calificó de traición - sufrió una primera ruptura grave. Los años siguientes confirmaron que la economía rusa, que había caído en un caos pavoroso, no recibiría la ayuda de un proletariado europeo vencedor. A continuación, en Rusia, el poder fue sólidamente defendido y salvado. Pero a partir de entonces no fue posible resolver la cuestión económica y social rusa según la previsión de todos los marxistas, es decir, con la dictadura del partido comunista internacional sobre las fuerzas productivas que - incluso después de la guerra - sobreabundaban en Europa.

10. Lenin había siempre excluido (y lo excluyó hasta su muerte, así como los auténticos marxistas bolcheviques) que, en ausencia de repercusión de la revolución rusa en Europa, y permaneciendo pues la economía europea capitalista, la estructura social rusa pudiese transformarse adoptando características socialistas. No obstante, Lenin siempre sostuvo su tesis que en Rusia el poder debía ser conquistado y mantenido en su forma dictatorial por el partido proletario, apoyado por los campesinos. Surgen dos cuestiones históricas. ¿Puede definirse como socialista una revolución que, como lo había previsto Lenin, crea un poder que, a la espera de nuevas victorias internacionales, administra formas sociales de economía privada, desde el momento que estas victorias no se han producido? La segunda cuestión se refiere a la duración admisible de semejante situación, y a si existían alternativas que no fuesen la contrarrevolución política abierta, el franco retorno al poder de una burguesía nacional.

Para nosotros, Octubre fue socialista, y la alternativa a la victoria contrarrevolucionaria armada, que no tuvo lugar, dejaba abiertos otros dos caminos, y no uno solo: la degeneración interna del aparato de poder (Estado y partido), que se adapta a la administración de formas capitalistas, declarando abandonar la espera de la revolución mundial (lo que aconteció efectivamente); y una larga permanencia del partido marxista en el poder, directamente empeñado en sostener la lucha proletaria revolucionaria en todos los países extranjeros, y que declare, con el mismo coraje que tuvo Lenin, que las formas sociales internas permanecían extensamente capitalistas (e incluso precapitalistas).

Hay que dar la prioridad a la primera cuestión, mientras que la segunda está ligada al examen de la actual estructura social rusa, falazmente presentada como socialista.

11. La revolución de Octubre debe ser considerada en primer lugar, no en relación con cambios inmediatos o rapidisimos de las formas de producción y de la estructura económica, sino como una fase de la lucha política internacional del proletariado. En efecto, ella presenta una serie de poderosas características que exceden totalmente los límites de una revolución nacional y puramente antifeudal, y que no se limitan al hecho de que el partido proletario estuvo a su cabeza.

a) Lenin había establecido que la guerra europea y mundial tendría un carácter imperialista «incluso para Rusia», y que, por ello, el partido proletario debía tener una franca actitud de derrotismo, como en la guerra ruso-japonesa que provocó las luchas de 1905. Y no por el motivo que el Estado no era democrático, sino por las mismas razones que imponían igual deber a todos los partidos socialistas de los otros países. En Rusia no había suficiente economía capitalista e industrial capaz de dar una base al socialismo, pero bastaba para dar a la guerra un carácter imperialista. Los traidores al socialismo revolucionario, que habían adherido a la causa de los bandidos burgueses imperialistas con el pretexto de defender una democracia con «valor absoluto» (aquí contra el peligro alemán, allí contra el ruso), condenaron a los bolcheviques por la liquidación de la guerra y de las alianzas de guerra, y trataron de apuñalar a la Revolución de Octubre. Octubre venció contra ellos, contra la guerra y el imperialismo mundial; y fue una conquista puramente proletaria y comunista.

b) Triunfando contra los atentados de aquellos enemigos, Octubre reivindicó los principios olvidados de la revolución, y restauró la doctrina marxista cuya ruina ellos habían tramado. Ligó nuevamente la vía de la victoria contra la burguesía, válida para toda nación, al empleo de la violencia y del terror revolucionario, a la laceración de las «garantías» democráticas, a la aplicación ilimitada de la categoría esencial del marxismo: la dictadura de la clase obrera, ejercida por el partido comunista. Y abandonó para siempre a su imbecilidad a quien ve en la dictadura el poder de un hombre, y con mayor razón a aquél que, aterrado cual prostitutas democráticas por esa tiranía, no ve en ella más que una clase amorfa y no organizada, no constituida en partido político, como lo proclaman nuestros textos seculares.

c) Frente a la apariencia falaz de una clase obrera presente sobre la escena política - o peor aún, parlamentaria - dividida entre diversos partidos, la lección jamás desmentida de Octubre mostró que la vía no pasa por un poder ejercido en común con todos ellos, sino por la liquidación violenta y sucesiva de este rosario de sirvientes del capitalismo, hasta llegar al poder total del partido único.

La grandeza de los tres puntos indicados más arriba reside en que, precisamente en Rusia, la condición histórica especial constituida por la supervivencia de un sistema despótico y medieval hubiese quizá podido explicar una excepción respecto a los países burgueses desarrollados; mientras que, por el contrario, la vía rusa remachó - en medio del asombro aterrorizado o entusiasta del mundo - la vía única y mundial trazada por la doctrina universal del marxismo, y de la cual, en la teoría y en la acción, Lenin - y con él el admirable partido de los bolcheviques - jamás se separó.

Es una ignominia que estos nombres sean explotados por aquéllos que están avergonzados asquerosamente de las glorias que ostentan celebrar teatralmente, y quienes se disculpan por las vías que Rusia «debió» recorrer por especiales circunstancias y condiciones locales. Ellos prometen o conceden, como si tal fuese su misión o poder, conducir los otros países al socialismo por nuevas y diversas vías nacionales, pavimentadas por la traición y la infamia con todos los materiales fangosos de inmundicia que el oportunismo es capaz de amasar: libertad, democracia, pacifismo, coexistencia, emulación.

Para Lenin, la revolución occidental era el oxigeno que el socialismo necesitaba en Rusia. Para aquéllos, que desfilan el 7 de noviembre ante su estúpido mausoleo, el oxigeno es que el capitalismo prosiga su bacanal en el resto del mundo, para poder coexistir y copular con él.
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Mensaje por SS-18 el Miér Jun 01, 2011 9:50 pm

Me parto. Jajaja pedazo de hilo!!


Se ve cada vez de forma más clara de que va el asunto este troskista.


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Mensaje por Kalashnikov el Jue Jun 30, 2011 2:08 pm

proleinternacionalista escribió:
Para Lenin, la revolución occidental era el oxigeno que el socialismo necesitaba en Rusia. Para aquéllos, que desfilan el 7 de noviembre ante su estúpido mausoleo, el oxigeno es que el capitalismo prosiga su bacanal en el resto del mundo, para poder coexistir y copular con él.
¿Y no puediera ser, camarada, que ambas ópticas fuesen el mismo "objeto" ideológico, observado desde distintos prismas?

¿Pudiera ser que el "objeto" ideológico del que hablaban sólo fuera observado empíricamente por Lenin (Más capaz en el plano teórico que Stalin, y con más experiencia "Rusa" que Trotsky)?

Sinceramente, este debate, en el siglo XXI y con la HISTORIA a custas, me parece estéril y casi perjudicial. Por tanto dirijo esas preguntas tanto a los irredentos victimistas históricos como a los supuestos "verdugos"...
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Mensaje por proleinternacionalista el Vie Jul 01, 2011 2:38 am

Es sencillo sr. Kalashnikov, el "objeto ideologico" como lo llama ud (me supongo que se refiere al programa) no es el mismo.

¿Pruebas? Disolucion de la Internacional, coexistencia pacifica, interclasismo, guerra imperialista, ...

Ya lo hemos comentado en otros apartados. Que aqui nadie se victimiza o culpabiliza, para la historia me parece que no hay espacio para victimas y verdugos.


Salu2 internacionalistas.
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Mensaje por Alexyevich el Sáb Jul 16, 2011 2:27 am

Respecto al origen de la "revolución permanente" encontré este artículo que habla sobre un libro reciente que hace un estudio sobre la afamada teoría de Trotsky.

Este artículo se basa en un libro sobre la teoría de la revolución permanente que publicamos recientemente junto con el profesor Richard B. Day de la Universidad de Toronto, titulado Witnesses to Permanent Revolution: The Documentary Record (Brill, 2009). Antes de la publicación de este volumen existía una brecha de más de medio siglo en la historiografía, entre el Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, escrito por Marx y Engels a fines de marzo de 1850, y el libro de León Trotsky Resultados y Perspectivas, escrito en la cárcel en los primeros meses de 1906. Trotsky fue el defensor más brillante de la revolución permanente desde la primera revolución rusa en 1905, pero de ninguna manera el único. Los documentos que reunimos en este volumen, la mayor parte de ellos traducidos por primera vez al inglés del alemán y del ruso, demuestran que Trotsky fue uno de varios participantes en un debate internacional que tuvo lugar entre 1903 y 1907, y que implicó a numerosos teóricos marxistas europeos de primera línea, tales como Karl Kautsky, Rosa Luxemburg, Franz Mehring, David Riazanov y Parvus (Alexander Israel Helphand).

En el Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas, Marx y Engels hacen un balance de la experiencia revolucionaria en Alemania desde marzo de 1848, y llegan a la conclusión de que es necesario delimitar políticamente a la clase obrera de la pequeña burguesía democrática. La burguesía liberal alemana había traicionado a las clases populares en 1848, aliándose con los monarcas y la burocracia por temor a una insurrección obrera –un temor inspirado ante todo por el ejemplo del proletariado parisino en febrero de 1848. Marx y Engels prevén que durante la próxima ola revolucionaria los pequeños burgueses democráticos jugarán un rol igualmente pérfido. Fijan, por lo tanto, la siguiente tarea para la Liga de los Comunistas:

“La actitud del partido obrero revolucionario ante la democracia pequeñoburguesa es la siguiente: marcha con ella en la lucha por el derrocamiento de aquella fracción a cuya derrota aspira el partido obrero; marcha contra ella en todos los casos en que la democracia pequeñoburguesa quiere consolidar su posición en provecho propio”.

Y continúan:

“Mientras que los pequeños burgueses democráticos quieren poner fin a la revolución lo más rápidamente que puedan… nuestros intereses y nuestras tareas consisten en hacer la revolución permanente hasta poner fin a la dominación de las clases más o menos poderosas, hasta que el proletariado conquiste el poder del Estado, hasta que la asociación de los proletarios se desarrolle, no sólo en un país, sino en todos los países dominantes del mundo… Para nosotros no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva”.

Exhortan a sus seguidores a “establecer una organización propia del partido obrero, a la vez legal y secreta para asegurar la independencia política del proletariado y a crear una situación de doble poder”[1]. A tal fin, llaman al armamento del proletariado y a su organización independiente como milicias obreras, a la presentación de candidatos obreros junto con los candidatos burgueses democráticos, a la confiscación sin indemnización de las fábricas y de los medios de transporte por el Estado, a la adopción de impuestos confiscatorios sobre el capital y al no pago de la deuda pública. Y concluyen diciendo:

“Los obreros alemanes harán su máxima aportación a la victoria cobrando conciencia de sus intereses de clase, ocupando cuanto antes una posición independiente de partido e impidiendo que las frases hipócritas de los demócratas pequeñoburgueses les aparten un solo momento de la tarea de organizar con toda independencia el partido del proletariado. Su grito de guerra ha de ser: la revolución permanente”[2].

En una carta enviada un año más tarde a Engels, Marx resume de la siguiente manera el contenido de ese famoso documento: “El Mensaje a la Liga que escribimos conjuntamente [no era] en el fondo sino un plan de campaña contra la democracia”[3].

Engels va a advertir nuevamente a la socialdemocracia alemana sobre el peligro de una contrarrevolución democrática poco después de la muerte de Marx. El 11 de diciembre de 1884 envía una carta a August Bebel recordándole que durante una situación revolucionaria la “democracia pura” puede transformarse en la tabla de salvación (letzter Rettungsanker: “último recurso”) de las clases dominantes. De marzo a septiembre de 1848 “toda la masa feudal-burocrática” había apoyado a los Liberales para mantener oprimidas a las masas revolucionarias. Engels le recuerda al líder obrero alemán que “nuestro único oponente el día de la crisis y al día siguiente será la reacción global agrupada alrededor de la democracia pura, y esto no debe perderse de vista”[4].

Esta contraposición tajante entre la democracia y el gobierno socialista obrero fue duramente criticada, poco después de la muerte de Engels, por su ex-discípulo Eduard Bernstein durante la famosa controversia revisionista. En su libro Las precondiciones del socialismo y la tareas de la socialdemocracia (1899), Bernstein critica, en un apartado significativamente titulado “Las trampas del método dialéctico-hegeliano” a “las circulares del marzo y junio de 1850” que “proclamaban la ‘revolución permanente’ como la política del proletariado revolucionario”, describiendo esta política como un vestigio de putschismo blanquista. En su opinión, el “terrorismo proletario” tendría consecuencias meramente destructivas desde el primer día en que fuera “puesto en acción contra la democracia burguesa” y, por lo tanto sus efectos serían “política y económicamente reaccionarios”. Bernstein contrapone una política de reformas graduales, obtenidas a través del parlamento y de los sindicatos, a lo que denomina “la sobreestimación del poder creativo de la violencia revolucionaria para la transformación socialista de la sociedad moderna”, cuyo origen atribuye a la influencia de “la dialéctica hegeliana de las contradicciones” sobre Marx y Engels[5].

Esta acusación fue refutada por Franz Mehring, el historiador oficial de la socialdemocracia alemana y más tarde autor de una famosa biografía de Marx, quien indicó que, cuando la revolución estalló en marzo de 1848, Marx y Engels esperaban que se abriera un ciclo revolucionario que duraría décadas, como sucedió durante la revolución inglesa del siglo XVII y la francesa del siglo XVIII.

“Pero [dice Mehring] muy pronto se volvió evidente que la burguesía alemana difería de la inglesa y de la francesa en un punto esencial: en el hecho de que, por su temor ante la clase obrera incomparablemente más desarrollada del siglo XIX, estaba dispuesta en todo momento a poner fin a la revolución, aun al precio de hacer vergonzosas concesiones al absolutismo y al feudalismo. De esto resultaba un cambio en la táctica de la clase obrera, y ya en marzo de 1849 Marx y sus simpatizantes más cercanos se retiraron de los comités de distrito democráticos en Colonia, porque, ante las debilidades y traiciones de la burguesía, se hacía necesaria una unión más estrecha de las asociaciones obreras entre sí [...] Subsecuentemente la lastimosa cobardía de la burguesía alemana se volvió aún más evidente, y así se explica la circular de marzo de 1850 con sus instrucciones detalladas sobre cómo, ante el inminente recrudecimiento de la revolución, los comunistas tenían que hacer uso de todos los medios para hacer “permanente” la revolución”.

Cuando la mejora en las condiciones económicas condujo a un reflujo de la ola revolucionaria en el otoño de 1850, Marx y Engels “prefirieron aceptar la disolución de la Liga de los Comunistas antes que ceder ante el putschismo blanquista, es decir ante la verdadera ‘creencia milagrosa en el poder creativo de la violencia’” que Bernstein había atribuido a Marx[6]. En un artículo escrito durante la revolución de 1905 y publicado en ruso en Nachalo, el periódico editado por Trotsky y Parvus, Mehring afirmó que la nueva táctica adoptada por Marx y Engels en marzo de 1850 era perfectamente aplicable a las condiciones rusas, alegando que “es precisamente mediante la revolución permanente que la clase obrera rusa debe responder al clamor burgués por ‘paz a cualquier precio’ con la autocracia zarista”[7].

La primera persona en introducir el concepto de revolución permanente dentro de la socialdemocracia rusa fue el historiador (y más tarde también biógrafo de Marx y Engels) David Riazanov. En un largo comentario de 302 páginas al bosquejo de programa del grupo que editaba Iskra –que incluía tanto a Lenin como a Plejánov– Riazanov anticipó en gran medida los argumentos desarrollados por Trotsky tres años más tarde en Resultados y perspectivas. Si en Alemania la teoría de la revolución permanente estuvo íntimamente ligada a la crítica de la democracia burguesa, en Rusia el énfasis fue puesto en la transición directa de una revolución democrático-burguesa a una revolución socialista. Este énfasis en la dinámica revolucionaria peculiar de los países atrasados surge incorporando al discurso marxista ruso ideas populistas (Narodniks), desarrolladas en particular por Nikolai Chernyshevsky, el líder del movimiento revolucionario de la década de 1860, y por dos así llamados “populistas legales” (es decir, autores de obras publicadas con la aprobación de la censura zarista): Nikolai Danielson (cuyo seudónimo era Nikolai-on) y V. P. Vorontsov. Todos estos autores resaltaron los así llamados “privilegios del atraso”, es decir, la posibilidad de que los países históricamente rezagados no copien mecánicamente todos los estadios de desarrollo de los países avanzados sino que, aprendiendo de su experiencia, salten etapas históricas y experimenten un desarrollo económico y social acelerado[8].

En su crítica al programa de Iskra Riazanov retoma por primera vez estos argumentos e intenta aplicarlos al análisis de lo que él denomina “las características especiales de Rusia y las tareas de los socialdemócratas rusos”, formulando una teoría preliminar de la revolución permanente[9]. Si la Rusia “atrasada” podía iniciar el despertar revolucionario de Europa, era imprescindible entender cómo un país “campesino”, que de todas las potencias capitalistas principales era la menos desarrollada, podía saltar de la asfixia de las instituciones semifeudales a una revolución que despejaría el camino hacia un futuro socialista. Riazanov respondió con el argumento audaz de que Rusia era una excepción al “patrón normal” de evolución del feudalismo al capitalismo y de allí al socialismo.

En El proyecto de programa de “Iskra” y las tareas de los socialdemócratas rusos, Riazanov exploró sistemáticamente las “peculiaridades” de la historia de Rusia, al igual que Trotsky lo haría casi tres décadas más tarde en su Historia de la Revolución Rusa. Riazanov observó que, a diferencia de Europa occidental, en Rusia había surgido un movimiento social-revolucionario autóctono que coincidió con el surgimiento del capitalismo. Dado que el capitalismo ruso había sido en gran parte financiado por las importaciones de capital y en ese sentido había sido trasplantado de Europa occidental, la burguesía nacional rusa era demasiado débil para ofrecer una oposición liberal efectiva a la autocracia. Y la combinación de un desarrollo capitalista acelerado con el liberalismo impotente, necesariamente transformaba a los trabajadores organizados en responsables por el futuro revolucionario de Rusia. La esterilidad política de la burguesía rusa hacía que la principal tarea de los socialdemócratas fuera, según Riazanov, “impulsar la revolución hacia adelante, y llevarla hasta sus últimas consecuencias. El lema de la actividad socialdemócrata es la revolución en permanencia –no el ‘orden’ en lugar de revolución, sino la revolución en lugar del ‘orden’”[10].

Vemos que Riazanov efectivamente anticipó los argumentos principales que León Trotsky posteriormente incorporó a su famoso libro Resultados y perspectivas, que ha sido considerado tradicionalmente como la declaración inicial y definitiva de la teoría de la revolución permanente. En un segundo documento, escrito tres años más tarde y también incluido en nuestro libro, Riazanov sacó las últimas consecuencias de este argumento:

“Concentrando todos sus esfuerzos en completar sus propias tareas, el proletariado al mismo tiempo se acerca al momento en que el problema no será la participación en un gobierno provisional, sino la toma del poder por la clase obrera y la conversión de la ‘revolución burguesa’ en un prólogo directo a la revolución social”[11].

Un famoso camarada de Trotsky, Parvus (seudónimo de Alexander Israel Helphand), fue la inspiración inmediata para su evaluación de la dinámica de la revolución rusa. En nuestro libro hemos incluido dos textos clave de Parvus: su introducción al folleto de Trotsky Antes del 9 de enero (que tradujimos junto con el folleto mismo), y un artículo titulado “Nuestras tareas”, fechado el 13 de noviembre de 1905.

En “¿Qué se logró el 9 de enero?” Parvus habla con desdén de los liberales rusos, que tenían nociones exageradas de su propia influencia y de su apoyo popular. En Europa, el liberalismo había florecido en el contexto de la vida urbana y del comercio, pero el liberalismo ruso fue una idea importada con raíces poco profundas. Históricamente, la vida urbana de Rusia se parecía muy poco a la de Europa occidental: las “ciudades” eran sobre todo puestos administrativos de la autocracia, y el comercio que generaba el capitalismo moderno era apenas perceptible. La mayoría de las ciudades rusas eran meramente “bazares comerciales para la aristocracia de los alrededores y el campesinado”. Cuando las presiones extranjeras finalmente obligaron a Rusia a importar elementos de la modernidad capitalista, el proletariado industrial emergente se concentró en las grandes fábricas, saltando el estadio de la organización en guildas y de la manufactura.

Parvus creía que en la primera etapa de la revolución rusa las fuerzas opuestas del liberalismo y el socialismo podrían encontrar un terreno común, pero que el derrocamiento de la autocracia iniciaría una prolongada lucha política en la que se habrían de definir sus relaciones en términos de objetivos mutuamente contradictorios. Mientras que los liberales tratarían de conseguir el apoyo de la clase trabajadora para el constitucionalismo burgués, la obligación más importante de los socialdemócratas sería mantener la independencia política del proletariado y su compromiso con un programa socialista.

Los socialdemócratas debían hacer uso del apoyo de los liberales siempre que fuera posible, pero debían también prepararse para una prolongada lucha de clases e incluso para una guerra civil, en la cual la experiencia histórica de Europa occidental podía ser drásticamente abreviada y el proletariado ruso podía surgir como la vanguardia de la revolución socialista internacional.

El mayor peligro para la revolución era que los liberales, al descubrir su propia debilidad, se comprometieran con el zarismo en interés de preservar el “orden”. La conclusión ineludible era que sólo los trabajadores podrían completar el derrocamiento revolucionario del absolutismo. Los socialdemócratas se encontrarían entonces en el poder, o al menos ocuparían una posición mayoritaria en un gobierno revolucionario provisional con una agenda extraordinariamente compleja: por un lado, tendrían que institucionalizar la revolución y establecer las libertades constitucionales necesarias para la organización de los sindicatos y el partido de los trabajadores; por el otro lado debían comenzar, al mismo tiempo, a implementar las demandas de la clase trabajadora que inevitablemente cercenan la propiedad privada de los medios de producción. La visión Parvus era impresionante por su audacia, pero también dejó profundas cuestiones sin respuesta: ¿hasta qué punto un gobierno obrero en Rusia se vería obligado por su propia misión a avanzar en la dirección del socialismo, y hasta qué punto podía avanzar antes de ser finalmente derrocado por la reacción?[12]

Los líderes de la socialdemocracia rusa se dirigirían una y otra vez a sus camaradas en el extranjero para intentar responder a estas preguntas, y sobre todo al “Papa” de la Segunda Internacional, Karl Kautsky, quien desempeñó un rol fundamental en el renacimiento de la teoría de la revolución permanente durante el período 1902-1907. Es interesante constatar lo que escribió Trotsky al respecto en 1922:
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Mensaje por Alexyevich el Sáb Jul 16, 2011 2:28 am

“Los conflictos de ideas relativos al carácter de la revolución rusa rebasaron desde un comienzo los límites de la socialdemocracia rusa, alcanzando a los elementos avanzados del socialismo mundial. La forma en que los mencheviques concebían la revolución fue expuesta a conciencia, es decir, en toda su vulgaridad, por el libro de Cherevanin [Das proletariat und die russische Revolution]. Los oportunistas alemanes adoptaron en seguida esta perspectiva. A propuesta de Kautsky, hice la crítica de este libro en Die Neue Zeit. Entonces Kautsky se mostró totalmente de acuerdo con mi apreciación. También él, como el fallecido Mehring, se adhería al punto de vista de la ‘revolución permanente’. Ahora Kautsky quiere unirse retrospectivamente a los mencheviques. Pretende reducir su pasado al nivel de su presente. Pero esta falsificación, exigida por las inquietudes de una conciencia teórica que no se encuentra demasiado limpia, está al descubierto gracias a la existencia de documentos impresos. Lo que Kautsky escribió en aquella época, lo mejor de su actividad literaria y científica (la respuesta al socialista polaco Luśnia, los estudios sobre los obreros norteamericanos y rusos, la respuesta a la encuesta de Plejánov sobre el carácter de la revolución rusa, etc.), todo esto fue y sigue siendo una implacable refutación del menchevismo y una vindicación teórica de la táctica revolucionaria adoptada más tarde por los bolcheviques, a la que los estúpidos y renegados, con el Kautsky de hoy a la cabeza, acusan ahora de ser aventureros, demagogos y bakuninistas”[13].

En Witnesses to Permanent Revolution hemos incluido todos aquellos textos a los que alude Trotsky, un tanto crípticamente, en el prólogo a la edición rusa de 1922 de su libro 1905. La “Respuesta al socialista polaco Luśnia” fue escrita por Kautsky como réplica a una crítica de su libro de Die Soziale Revolution realizada por el líder socialista polaco Michał Luśnia (Kazimierz Kelles-Krauz). Luśnia fue el teórico más importante del Partido Socialista Polaco (PPS), que era el principal rival del Partido Social Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania (SDKPiL), liderado por Rosa Luxemburg y Leo Jogiches. La respuesta de Kautsky fue serializada en Die Neue Zeit, el órgano teórico de la socialdemocracia alemana, en febrero de 1904. En esta serie de artículos Kautsky desarrolla dos ideas principales.

Primero, contra el argumento de Luśnia de que Rusia no estaba aún madura para una revolución, y que por ende la lucha contra la reacción en Europa oriental pasaba por apoyar la independencia de Polonia, Kautsky sostiene (como ya lo había hecho el año anterior en su artículo “Los eslavos y la revolución”, también incluido en nuestro libro), que el centro revolucionario se había desplazado a Rusia. Impresionado por el heroísmo de la tradición populista, y convencido de que el emergente proletariado de Rusia se levantaría contra un régimen que saqueaba al país al servicio del capital extranjero, Kautsky pensaba que el centro de la actividad revolucionaria se desplazaba a Europa Oriental, y que las tormentas políticas que se avecinaban en Rusia podrían revitalizar la socialdemocracia alemana. “En relación a Europa occidental, Rusia hace tiempo que dejó de ser meramente un baluarte de la reacción y del absolutismo”, concluía Kautsky. “Hoy en día, lo contrario es probablemente más cercano a la verdad”[14].

Segundo, en su respuesta a Luśnia, Kautsky desarrolla la idea de que, una vez que el partido proletario se haga con el poder político, la lógica objetiva de su situación lo obligará a empezar a aplicar un programa socialista. Afirma textualmente que “allí donde el proletariado ha conquistado el poder político, la producción socialista aparece como una necesidad natural…. Sus intereses de clase y la necesidad económica lo fuerzan a adoptar medidas que conduzcan a la producción socialista”[15]. El impacto de estos argumentos sobre Trotsky fue enorme: en lugar del determinismo económico tradicional, según el cual las fuerzas productivas en Rusia no estaban suficientemente desarrolladas como para permitir la realización de tareas socialistas, Kautsky plantea que la dinámica de la lucha de clases va a obligar a la clase obrera, cuando se haga con las riendas del poder político, a implementar medidas económicas de carácter socialista. En nuestro libro incluimos la introducción de Trotsky a los escritos de Marx sobre la Comuna de París, donde la influencia de Kautsky es particularmente evidente[16]. Pero también Rosa Luxemburg revindicó la respuesta de Kautsky a Luśnia como ejemplo de los escritos de su período revolucionario, que ella contraponía a los análisis equívocos de su período centrista que comienza en 1910[17].

Entre los escritos de Kautsky que Trotsky no menciona, pero que consideramos pertinentes para el tema de nuestro libro, cabe mencionar su introducción a la edición polaca del Manifiesto Comunista, publicada por primera vez en 1903. Este escrito es importante porque incluye una larga cita del Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas de marzo de 1850 y hace mención explícita a “una revolución burguesa que, al convertirse en permanente, va más allá de sus propios límites y se transforma en una revolución proletaria”[18].

Más interesante todavía es el artículo “Las consecuencias de la victoria japonesa y la socialdemocracia”, escrito en julio de 1905, donde Kautsky utiliza la expresión “revolución en permanencia” en ocho ocasiones. Una sola cita bastará para mostrar en qué medida Trotsky se apoyó en Kautsky cuando escribió Resultados y perspectivas un año más tarde, en el verano de 1906:

“La revolución en permanencia es precisamente lo que los trabajadores de Rusia necesitan. La revolución ya ha madurado y crecido enormemente en fuerza, especialmente en Polonia. En pocos años podría convertir a los obreros rusos en una tropa de élite, tal vez en la tropa de élite del proletariado internacional; una tropa que unirá a todo el fuego de la juventud con la experiencia de una praxis de lucha histórico-mundial y con la fuerza de un poder dominante en el Estado. Tenemos todas las razones para esperar que el proletariado ruso llegará a la revolución en permanencia o, para decirlo en términos burgueses, al caos y a la anarquía, y no en al gobierno fuerte que el señor Struve y sus amigos liberales están deseando”[19].

El artículo “Vieja y nueva revolución”, escrito para un folleto conmemorando el primer aniversario del “Domingo sangriento”, es también notable por su comparación de la dinámica de clases de la revolución inglesa, francesa y rusa. Según Kautsky, en términos de su violencia y su alcance, la revolución rusa de 1905 se podía comparar con las revoluciones de Inglaterra en 1648-9 y de Francia en 1789, pero más allá de los parecidos superficiales existían diferencias fundamentales que transformaban a los acontecimientos en Rusia en un nuevo tipo de revolución. En primer lugar, el proletariado era ahora el motor principal de la revolución, no la pequeña burguesía; en segundo lugar, los campesinos –como en Francia, pero no en Inglaterra– demandarían la confiscación de los latifundios y, posteriormente, defenderían la revolución contra todo intento de restaurar la aristocracia terrateniente, y por último, dada la interdependencia del capitalismo moderno, la revolución rusa necesariamente daría lugar a luchas revolucionarias en todo el resto de Europa. La revolución inglesa fue “un evento puramente local”; la revolución francesa, aunque convulsionó a toda Europa, terminó en el régimen militar de Napoleón, pero la revolución rusa prometía “inaugurar una era de revoluciones europeas que terminará con la dictadura del proletariado allanando el camino para el establecimiento de una sociedad socialista”[20].

Es importante resaltar esta vindicación que Kautsky hace, en diciembre de 1905, de la dictadura del proletariado, ya que su oposición a esta consigna será, después de octubre de 1917, el leitmotiv de su campaña en contra del régimen bolchevique. Vemos que no sin razón Trotsky contraponía a su maestro de la primera revolución rusa con el renegado que denunciaba a la revolución de octubre como una aventura anarquista.

La respuesta de Kautsky a la encuesta de Plejánov sobre el carácter de la revolución rusa, titulada “Las fuerzas motrices de la revolución rusa y sus perspectivas”, responde a tres preguntas planteadas por Plejánov a un número de socialistas extranjeros a fines de 1906: 1) ¿Cuál es el “carácter general” de la revolución rusa: burguesa o socialista? 2) ¿Cuál debe ser la actitud de los socialdemócratas hacia los demócratas burgueses?, y 3) ¿Debería el partido socialdemócrata ruso apoyar a los partidos de oposición en las elecciones de la Duma? El cuestionario de Plejánov fue respondido por los dirigentes italianos Turati y Ferri, por los franceses Lafargue, Vaillant y Milhaud (un asociado de Jaurès), por el belga Vandervelde y por el marxista británico Harry Quelch –es decir, por una selección bastante representativa del socialismo de Europa occidental. Sus respuestas no fueron idénticas, pero más o menos equivalían a la misma cosa, a saber: un apoyo cauteloso para el punto de vista menchevique. Todos pensaban que la revolución rusa no podría ser socialista, sino a lo sumo una revolución burguesa con elementos socialistas. Todos ellos consideraban que el boicot a la Duma era un error, y que la cooperación con la oposición burguesa en cualquier forma era esencial. Hubo, sin embargo, una excepción importante, y ésta fue Kautsky. Trotsky consideró la respuesta de Kautsky a Plejánov como un aval a su propia teoría de la revolución permanente. En una carta dirigida al mismo Kautsky, Trotsky afirmó que Las fuerzas motrices de la revolución rusa y sus perspectivas eran “la mejor exposición teórica de mis propios puntos de vista”[21]. Lenin, por su parte, también describió la respuesta de Kautsky como “una vindicación brillante de los principios fundamentales de la táctica bolchevique”, que se centraba, a diferencia de la táctica de Trotsky en la “dictadura democrática” del proletariado y campesinado. Lenin llegó a afirmar que “el bolchevismo ganó su mayor victoria ideológica en la socialdemocracia internacional con la publicación del artículo de Kautsky sobre las fuerzas motrices de la revolución rusa”[22]. El hecho de que Trotsky y Lenin pudieran ambos afirmar que Kautsky había refrendado sus posiciones se debía a ciertas ambigüedades en la formulación de su respuesta a Plejánov. Kautsky no deseaba acentuar las diferencias entre los socialdemócratas rusos sobre el papel potencial del campesinado. Dejó en claro, sin embargo, que en su opinión, dada la correlación de fuerzas de clase en la sociedad rusa, un bloque de los trabajadores con los “cadetes” liberal-burgueses, como el que propugnaba Plejánov, estaba fuera de cuestión. La reforma agraria era el corazón de la revolución democrática, y la burguesía nunca apoyaría la confiscación de los latifundios sin indemnización. La pequeña burguesía urbana, a su vez, era demasiado débil para desempeñar el papel que había asumido en la Comuna de París durante la revolución francesa. En consecuencia, los trabajadores socialdemócratas se verían obligados a tomar el poder junto con los campesinos, y a partir de allí toda una serie de posibles variantes podían desarrollarse de acuerdo con la extensión de la guerra campesina y la propagación de la revolución más allá de las fronteras de Rusia.

En general, creemos que el argumento de Kautsky prestaba más apoyo a la fórmula de Trotsky sobre la “dictadura del proletariado apoyada en el campesinado” que a la “dictadura democrática del proletariado y el campesinado” de Lenin. Nuestra edición de la respuesta de Kautsky al cuestionario de Plejánov incluye, por primera vez en inglés, una traducción de los pasajes un libro de Trotsky titulado En defensa del partido, publicado en 1907, donde éste se refiere en repetidas ocasiones al trabajo de Kautsky como una vindicación de sus puntos de vista sobre la revolución permanente expuestos en el libro Resultados y perspectivas. Esto debería ayudar a superar la visión estereotipada de Kautsky como un apóstol del quietismo y un reformista envuelto en fraseología revolucionaria. Este punto de vista –un exceso de generalización a partir de la polémica de Kautsky con los bolcheviques después de 1917– fue desarrollado por el filósofo de ultra-izquierda Karl Korsch en su respuesta al trabajo de Kautsky, Die materialistische Geschichtsauffassung (1927) y se estableció en los círculos académicos después de la publicación del libro de Erich Matías, Kautsky und der Kautskyanismus[23]. El biógrafo principal de Kautsky, Marek Waldenberg, ofrece abundante material para refutar esta tesis, que no fue compartido ni por Lenin ni por Trotsky, quienes siempre recomendaron los escritos del período revolucionario de Kautsky[24]. Los “estudios sobre los obreros norteamericanos y rusos”, mencionados por Trotsky, según el título de la traducción rusa, como una vindicación de la teoría de la revolución permanente son una serie de artículos publicados originalmente en Die Neue Zeit bajo el título El obrero norteamericano en febrero de 1906[25]. Este documento es la respuesta de Kautsky a un famoso ensayo del historiador alemán Werner Sombart titulado ¿Por qué no hay socialismo en los Estados Unidos?, que ha sido traducido al castellano[26].

En términos conceptuales, la importancia de El obrero norteamericano de Kautsky radica en el hecho de que efectivamente cierra el debate sobre la revolución permanente para el período de la primera revolución rusa. Si bien Trotsky, con su retórica y su genio literario, fue quien plasmó la idea de la revolución permanente con mayor intensidad para sus contemporáneos y para las generaciones futuras en su famoso libro Resultados y perspectivas, fue Karl Kautsky quien respondió al enigma que planteó la referencia de Riazanov al “patrón normal” de evolución social.

¿Por qué no había socialismo en los Estados Unidos? La cuestión era importante.

Obviamente, desde el punto de vista político, había que abordarla. ¿Cuál era el futuro del socialismo, si no podía obtener una masa de seguidores en la clase obrera del país capitalista más avanzado? Además, había una cuestión teórica crítica que no podía ser ignorada. En Estados Unidos, el país capitalista más desarrollado, el socialismo parecía estar avanzando muy poco. Pero en Rusia, uno de los países donde el capitalismo estaba menos desarrollado, el socialismo avanzaba a pasos agigantados. ¿Cómo se podía explicar esta paradoja? Otra cuestión se suscitó. Si, como Marx había indicado, los países avanzados revelaban el “patrón” de desarrollo que los países menos desarrollados necesariamente reproducirían[27], ¿cuáles eran las consecuencias del patrón de desarrollo “no-socialista” del país más avanzado y potente del mundo?

Sombart, sacando conclusiones conservadoras, argumentó que Estados Unidos mostraba a Europa su futuro. Kautsky rechazó este análisis, afirmando que el error de Sombart fue abstraer las condiciones de Estados Unidos, de manera unilateral, de un conjunto complejo de relaciones económicas, sociales y políticas constituidas sobre la base del desarrollo global del capitalismo. Sombart no comprendía que el modelo de desarrollo con el que Marx era más familiar, el de Inglaterra, no había sido simplemente reproducido en otros países. La Inglaterra de la época de Marx poseía la industria más desarrollada. Pero el avance del capitalismo industrial genera las tendencias opuestas a la resistencia proletaria y su organización. Así, Inglaterra vio el surgimiento del cartismo, y más tarde, de los sindicatos y la legislación social. Pero este desarrollo no estableció un “patrón” universal.

La conclusión de Kautsky fue que no había ni podía haber una “vía única” de desarrollo social. Comparó la evolución histórica de Rusia, Inglaterra y Estados Unidos basándose en la idea de que el capitalismo mundial es la totalidad contradictoria que explica las particularidades necesarias de todas las partes. Dentro de este marco más amplio, no vio un “patrón” capaz de explicar de manera uniforme las relaciones de clase en términos abstractos de “niveles” de desarrollo capitalista. Por el contrario, sostuvo que “cada extremo puede estar presente en un país en la medida en que el extremo opuesto existe en otro país.” Rusia y Estados Unidos eran los extremos del capitalismo que en su conjunto presagiaban el futuro del socialismo mundial. En ambos, “uno de los dos elementos del modo capitalista de la producción es desproporcionadamente fuerte, es decir, más fuerte de lo que debería ser de acuerdo a su nivel de desarrollo: en Estados Unidos, la clase capitalista; en Rusia, la clase obrera”[28].

Finalmente, Kautsky rechazó toda idea de determinismo económico unilateral. El “espíritu” revolucionario era al menos tan importante como el movimiento mundano de la historia económica. Kautsky veía a Rusia como ejemplo de “romanticismo revolucionario”. Si la intelectualidad norteamericana se había vuelto espiritualmente insensible debido a su cooptación por el sistema capitalista, la intelligentsia rusa, en el extremo opuesto, aportaba a los obreros “la claridad teórica y la solidez de su impulso revolucionario”. En El obrero norteamericano Kautsky describe a este espíritu revolucionario como la fuerza decisiva detrás de la revolución rusa[29].

Last but not least, debemos mencionar el aporte de Rosa Luxemburg al debate sobre la teoría de la revolución permanente. En un artículo titulado “Después del primer acto”, publicado el 4 de febrero de 1905, Rosa Luxemburg fue la primera en hacer referencia en la prensa socialista de Europa occidental a una “situación revolucionaria en permanencia” en Rusia[30]. Luxemburg esperaba que la revolución llegara a ser permanente, no sólo en el sentido de abarcar todos los pueblos y regiones del imperio del zar, sino también en términos de infundir a un evento formalmente burgués con el contenido vital de la lucha proletaria consciente[31].

En otro documento incluido en nuestro libro, titulado “La revolución rusa” (20 de diciembre 1905), Rosa Luxemburg analiza cómo la revolución rusa estaba relacionada con la historia europea después de la revolución francesa de 1789. La idea básica es que una revolución de carácter dual en Rusia completaría la serie de las revoluciones burguesas inaugurada en 1789 y, al mismo tiempo, comenzaría una nueva ronda de revoluciones proletarias a escala internacional que llevaría al triunfo del socialismo. Así como la revolución francesa afectó toda la historia política del siglo XIX, Luxemburg esperaba que la revolución rusa tuviera una influencia similar sobre el siglo XX[32].

Finalmente, en su discurso ante el quinto congreso del socialdemócrata ruso, celebrado en Londres el 25 de mayo 1907, Rosa Luxemburg afirmó que los obreros rusos no podían contar ni con los liberales ni con los campesinos como aliados confiables. Sus únicos aliados de confianza eran los trabajadores de los otros países. El resultado final de la revolución rusa dependía, por lo tanto, del contexto internacional. En Resultados y Perspectivas, Trotsky había advertido que “abandonada a sus propias fuerzas, la clase obrera rusa sería destrozada inevitablemente por la contrarrevolución en el momento en que el campesinado se apartase de ella”[33]. Luxemburg compartía esta aprehensión. Añadió, sin embargo, que las derrotas temporales “son inevitables pasos históricos que están conduciendo a la victoria final del socialismo”. En vista de su trágico destino doce años más tarde, había una ironía profética en su conclusión: si bien no podía haber ninguna garantía de victoria, de nada serviría el líder de un ejército “que se lanza a la batalla sólo cuando sabe de antemano que la victoria está asegurada”[34].

PD: Anexo al final de este mensaje el link del artículo donde están las referencias de las citas bibliográficas.

http://www.ips.org.ar/?p=2188
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Mensaje por Kalashnikov el Sáb Jul 16, 2011 6:53 pm

proleinternacionalista escribió:Es sencillo sr. Kalashnikov, el "objeto ideologico" como lo llama ud (me supongo que se refiere al programa) no es el mismo.

¿Pruebas? Disolucion de la Internacional, coexistencia pacifica, interclasismo, guerra imperialista, ...

Ya lo hemos comentado en otros apartados. Que aqui nadie se victimiza o culpabiliza, para la historia me parece que no hay espacio para victimas y verdugos.


Salu2 internacionalistas.

Si el objeto ideológico al que te refieres (al menos es al que lo hago yo) es la lucha irreconciliable de las clases y al papel del estado en este como represor brutal del resto de la sociedad...no creo que Trotsky y Stalin estuvieran tan lejanos (Visto, claro está, con algo de perspectiva)
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Mensaje por SS-18 el Sáb Jul 16, 2011 9:54 pm

proleinternacionalista escribió:Es sencillo sr. Kalashnikov, el "objeto ideologico" como lo llama ud (me supongo que se refiere al programa) no es el mismo.

¿Pruebas? Disolucion de la Internacional, coexistencia pacifica, interclasismo, guerra imperialista, ...

Ya lo hemos comentado en otros apartados. Que aqui nadie se victimiza o culpabiliza, para la historia me parece que no hay espacio para victimas y verdugos.


Salu2 internacionalistas.

Se han tratado ya esos puntos. Si vuelves a reincidir en ellos se te sanciona pro actividad troll punto 4.12 , osease, reincidir en argumentación ya rebatida o contra argumentada.


¿Pruebas? Disolucion de la Internacional, coexistencia pacifica, interclasismo, guerra imperialista, ...

Y no es una broma, queda claro que eres un simple manipulador, que ya ha aforntado los debates que forman tu parafernalia anticomunista.



¿ Copular con el capitalismo ? te pierde la lengua, Napoleon y a la proxima que te detecte este tipo de palabreria basura te sanciono.


¿ Te parece que nos quedemos esperando en cada pais a que las condiciones en occidente sean propicias para la revolución ? ¿ osea que si no triunfa la revolución en Alemania, Francia y Inglaterra, se quedan parados en rusia, y por que los lucidos "troskistas" así lo determinan ? osea, damos marcha atras y contenemos a las masas, por que es que en Alemania , Francia e Inglaterra aún, no les va el rollo.




Considero que eres un intoxicador, asi que quiero ahora mismo que saques aqui tus fuentes y bases sobre esa basura qeu sueltas ¿ guerra imperialista ? ¿ coexistencia pacifica ? ¿ interclasismo ?.

Sobre la disolución de la internacional ya se te dejo bien claro los condicionantes que devinieron para esa decisión.


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Mensaje por gazte el Sáb Jul 16, 2011 11:03 pm

¿ Te parece que nos quedemos esperando en cada pais a que las condiciones en occidente sean propicias para la revolución ? ¿ osea que si no triunfa la revolución en Alemania, Francia y Inglaterra, se quedan parados en rusia, y por que los lucidos "troskistas" así lo determinan ? osea, damos marcha atras y contenemos a las masas, por que es que en Alemania , Francia e Inglaterra aún, no les va el rollo.

camarada ss18, eso ya ha sido rebatido y pedidas las pruebas donde se llame claramente a la claudicacion, en todos los copypastes de trotsky que habeis hecho nunca he visto tal. asi que si reincides en un debate sin aportar pruebas deberias darte un toque de atencion por incumplir el reglamento, espero y confio en que solo haya sido un desliz y que aportes esas pruebas cuanto antes.
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Mensaje por Shenin el Dom Jul 17, 2011 1:01 am

camarada ss18, eso ya ha sido rebatido y pedidas las pruebas donde se llame claramente a la claudicacion

Trotsky no se distinguía en estas cuestiones por hablar claro, precisamente: http://www.nodo50.org/mai/Documentos/Fenix/TroskyyLenin/Trosky8.htm A menudo Trotsky no declara abiertamente su posición. Pero se trata de analizar hacia dónde conduce en la práctica su razonamiento. Que sí que conduce a posiciones derrotistas.

Sobre la disolución de la internacional ya se te dejo bien claro los condicionantes que devinieron para esa decisión.

Marx y Engels disolvieron tanto la Liga de los Comunistas como la Primera Internacional. Marx lo justificaba así en la "Crítica del Programa de Gotha":

La acción internacional de las clases obreras no depende, en modo alguno, de la existencia de la "Asociación Internacional de los Trabajadores". Esta fue solamente un primer intento de crear para aquella acción un órgano central; un intento que, por el impulso que dio, ha tenido una eficacia perdurable, pero que en su primera forma histórica no podía prolongarse después de la caída de la Comuna de Paris.

Después de la Komintern existieron el Kominform y la Conferencia Internacional de Partidos Comunistas y Obreros como órganos centrales del Movimiento Comunista Internacional. La auténtica ruptura del Movimiento Comunista Internacional viene con la ruptura sino-soviética.
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Mensaje por proleinternacionalista el Mar Jul 26, 2011 9:40 pm

Comisario SS 18, todo lo que he apuntado a Kalashnikov ya lo hemos hablado. Y allí escasearon sus argumentos. No me convencieron y ud. lo dejo. ¿Que actividad troll hago que haya sido rebatida, "contraargumentada"?. Además aclaro que sólo expongo la posicion de la que soy participe.

Las excusas las puedo aceptar personalmente si es que aquello le parece que son argumentos, más yo creo que hablamos de un debate teórico entre marxistas que creen en la ciencia del proletariado. Y allí no valen los diretes, excusas, etc.
Tan solo una explicación clara de la estrategia y de acuerdo a la doctrina.

El problema es que yo no estoy diciendo ninguna mentira y ya lo hemos comprobado en otros hilos. ¿Es o no cierto?.

1.Los estalinistas disolvieron la Internacional, el partido mundial. Es un hecho comprobable. Ellos acusaban a los opositores de liquidacionistas pero fueron ellos quienes terminaron cambiando el programa comunista por uno democratico y liquidando el partido formal. Es un hecho y no hay manipulacion ninguna.


2.La supuesta coexistencia pacífica entre los estados capitalistas y el estado soviético que le atribuyen a Lenin, es expuesta y practicada por Stalin, Mao, etc. Es aquello también un hecho y ya lo hemos citado anteriormente. ¿De que mentira hablamos?

3.Interclasismo, pues es obvio. Frentes populares, la segunda guerra imperialista y otras más como el comité Anglo Ruso.

4.Capaz el único punto que no hemos tratado en profundidad haya sido el de la segunda guerra imperialista, lo dejaré para una próxima oportunidad donde colgaré un artículo sobre aquel episodio.


Ahora ud podra emitir argumentos, excusas, lamentaciones y amenazas pero no puede negar lo real. Si decir la verdad es actividad troll, ya me imagino de que va la cosa.

Salu2 internacionalistas.


Última edición por proleinternacionalista el Mar Jul 26, 2011 9:59 pm, editado 1 vez

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