por Demofilo el Vie Mar 04, 2011 9:58 am
En el marxismo-leninismo no hay corrientes, ni las ha habido nunca. Rosa Luxemburgo forma parte integrante del marxismo-leninismo y debemos reivindicar su figura como protagonista principal del movimiento obrero, de la fundación del Partido Comunista alemán y de la lucha contra el revisionismo moderno. Como dijo Lenin, Luxemburgo fue "un águila del proletariado" y eso la diferencia de otros, a los que Lenin llamaba las "gallinas" que arrastraban su asqueroso pico a ras del suelo y que se dieron (y se dan) a sí mismos el nombre de "luxemburguistas". Luxemburgo fue asesinada y el imperialismo no se equivocó al acabar con su vida: acabaron con un enemigo muy peligroso. Yo me permito añadir a Lenin que Luxemburgo era un águila del proletariado, no solamente alemán sino internacional y, por lo tanto, los marxistas-leninistas somos luxemburguistas: los verdaderos luxemburguistas, sus herederos.
Eso no quiere decir que debamos aceptar -ni en ella ni en nadie- a pies juntillas todo lo que hizo, dijo o escribió. Acertadamente Stalin ya apuntó en su momento que Luxemburgo no había roto por completo con las viejas tradiciones de la II Internacional y la socialdemocracia alemana, de lo cual se han aprovechado esos que se llaman a sí mismos "luxemburguistas" para combatir al comunismo, algo que ya se vio claro en los comienzos mismos de la fundación del Partido Comunista Alemán, donde se introdujeron concepciones erróneas en nombre de Rosa Luxembrugo que se tardó bastante en corregir. Resumiendo esas concepciones, son las siguientes:
1. En las obras de Luxemburgo no aparece la concepción leninista del partido como vanguardia del proletariado porque ella mantiene las viejas concepciones sobre el asunto de la socialdemocracia
2. Aunque se enfrentó heroicamente al imperialismo, tampoco aparece la concepción leninista de la fase superior del capitalismo, con todo lo que eso supone, es decir, el monopolismo, el reparto del mundo, etc.
3. Luxemburgo tenía una concepción equivocada del problema nacional, un asunto tanto más grave en cuanto que nació en Polonia y no supo apreciar la importancia que la liberación nacional y la autodeterminación tienen para el proletariado
4. A diferencia de Lenin, tampoco fue capaz de capaz de entender la importancia de que el proletariado se ganara la confianza del campesinado para acumular fuerzas en la revolución