Lenin
Texto: Ángel Velazco Hernández
Ilustración: Ángel Velazco

Líder de inteligencia excepcional, dotado de un amor infinito por la gente, Vladimir Ilich Uliánov, nació en Rusia y dedicó su vida a luchar contra el capitalismo. El mundo nunca sería el mismo después de su paso por la vida.
Estudió a los grandes pensadores como Carlos Marx y Federico Engels y comprendió que el marxismo era la teoría que podría unir a los obreros y campesinos contra los poderosos que los maltrataban.
Dirigió el partido bolchevique* de Rusia, llevó adelante la insurrección armada de los proletarios y luego del triunfo de esa primera revolución socialista de la historia, se dedicó a edificar una sociedad realmente humana. Fue el fundador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
En su persona se combinaron el científico valeroso, el orador atrayente, el conocedor de la naturaleza humana y de la política mundial, con el hombre bondadoso y cordial siempre dispuesto a ayudar. Fue optimista por naturaleza, su optimismo revolucionario radicó en su fe inquebrantable en el triunfo de la justicia social.
De niño le decían Volodia; después lo llamaron Lenin. Le gustaba jugar con sus hermanos y primos, y tenía amiguitos en el barrio con los que iba a nadar en el río. Dibujaba bien y era un lector apasionado.
Dicen que tendía su camita y a veces cosía sus zapatos rotos. En la escuela sobresalía por su inteligencia y dedicación al estudio. Desde pequeño aprendió a jugar ajedrez. A Volodia le gustaba comentar con sus amigos los libros que leía, siempre los tenía encuadernados y limpios.
*Los bolcheviques.
En un Congreso del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia (1903) Lenin y sus partidarios defendían ideas progresistas, otros se oponían. Al elegirse los organismos dirigentes del partido, Lenin y los suyos fueron mayoría. Mayoría, en ruso, es “bolshinstvó”, por eso en adelante se les nombró bolcheviques.
La bota
Una tarde, Volodia y sus amiguitos empujaron al río una balsa destartalada y se subieron a ella. Pero era tan vieja que mientras navegaban tenían que achicar (sacar) el agua para no hundirse. Entonces se quitaron los zapatos y los pusieron en la proa, así les sería más fácil agarrarlos y nadar con ellos hasta la orilla cuando el lanchón naufragara. Así mismo ocurrió y en la confusión uno de los chicos perdió la bota izquierda. Todos llevaron sus cosas a salvo y regresaron a bucear para encontrarla, pero con el agua tan turbia no se veía nada y se hacía tarde. Los demás dijeron que debían suspender la búsqueda, pero Volodia contestó: -“¡No podemos dejar la bota en el río! Si quieren se van, pero yo seguiré buscándola”. Dicho esto se lanzó al agua otra vez y salió con la bota del amigo en la mano.

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