El protestantismo y el capitalismo

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    El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por stefanos el Jue Sep 15, 2011 6:58 am

    Ya notaron que la mayoria de la potencias occidentales tienen influencia protestantes??? EEUU, Canada, Inglaterra, Alemania, Escandinavia.... dicen que la ideologia capitalista actual fué influencia del protestantismo.

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por orsiros el Jue Sep 15, 2011 11:56 am

    En buena parte es así. Sí, el protestantismo es 'parcialmente' causante del capitalismo.... en varios aspectos: individualismo exacerbado, afán de tener más... Sería largo de explicar, puesto que fue parte de la tesis doctoral de mi profesor de Historia Económica....Si tengo algo de tiempo, intentaré subir una colección de textos que precisamente habla de las influencias del protestantismo sobre los 'padres fundadores' de la teoría económica 'clásica' (Adam Smith, David Ricardo et. al.)


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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por stefanos el Jue Sep 15, 2011 8:55 pm

    orsiros escribió:En buena parte es así. Sí, el protestantismo es 'parcialmente' causante del capitalismo.... en varios aspectos: individualismo exacerbado, afán de tener más... Sería largo de explicar, puesto que fue parte de la tesis doctoral de mi profesor de Historia Económica....Si tengo algo de tiempo, intentaré subir una colección de textos que precisamente habla de las influencias del protestantismo sobre los 'padres fundadores' de la teoría económica 'clásica' (Adam Smith, David Ricardo et. al.)

    Mira ke interesante... las más importantes potencias imperialistas occidentales del los ultimos 100 200 años tienen formacion protestante... como EEUU... Inglaterra... Alemania...

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por Danko el Vie Oct 24, 2014 6:48 am

    El capitalismo no surgió a raíz del protestantismo, sino en ciudades mercantiles italianas como Florencia durante la Baja Edad Media. Aunque ciertamente el pensamiento reformado le dio al capitalismo una justificación moral que no había tenido hasta entonces. Mientras en el mundo católico existía una visión, procedente de una errónea interpretación del Evangelio, de que la ganancia y el éxito es algo moralmente reprobable, el liberalismo capitalista triunfó en el protestante al extraerse una serie de ideas gracias al libre examen y discusión de las Escrituras, tales como la censura del gasto público excesivo.

    Max Weber consideraba que el protestantismo era una de las principales causas de la aparición del capitalismo. Cuando en realidad, desde la perspectiva del materialismo histórico, el protestantismo es sencillamente la consecuencia de la introducción del capitalismo, y que a la vez esta forma de pensar acelera el desarrollo económico del propio sistema. El protestantismo tuvo su auge porque era la religión que más se ajustaba a la incipiente mentalidad burguesa de la época.

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por mapzero el Lun Oct 27, 2014 2:52 am

    stefanos escribió:Ya notaron que la mayoria de la potencias occidentales tienen influencia protestantes??? EEUU, Canada, Inglaterra, Alemania, Escandinavia.... dicen que la ideologia capitalista actual fué influencia del protestantismo.

    Una de las grandes obras del protestantismo ha sido la libertad de consciencia, de pensamiento y de opinión. En países como Inglaterra, Holanda y Alemania, fueron naciones fértiles para el pensamiento. También la idea de república es protestante, y si sumamos todo ello, nos da como resultado ideas nuevas que cambiaron el mundo. España y Portugal se anquilosaron, fue por la Inquisición que se persiguió al libre pensamiento, por tanto en estas naciones no se innovó en nada, y su decadencia vino a raíz de perder la guerra de los 30 años en la primera mitad del siglo XVII.

    En el caso de Estados Unidos, se diferencia mucho de las otras naciones americanas, porque fue una verdadera colonia, donde se refugiaron familias protestantes perseguidos en Europa, que formaron comunas, y no se mezclaron con los aborígenes, sino que les quitaban sus tierras avanzando de Este a Oeste. Distinta realidad en latinoamérica, donde el conquistador europeo solo iba a encontrar gloria y riquezas, pero para volver a su Europa natal. Se mezclaron con los aborígenes abandonando a sus hijos mestizos, y destruyendo civilizaciones, saqueandoles. A los únicos que se les puede acreditar una buena obra fue a los misioneros jesuitas, que evangelizaron y educaron a los habitantes originarios alcanzando los lugares más inhóspitos y lejanos.

    Yo soy de la creencia de que la providencia ha acompañado a naciones como Inglaterra y Estados Unidos. Inglaterra ha sido muy afortunada, nunca ha sido invadida por otra nación, y Estados Unidos ha tenido una ubicación geográfica también privilegiada, que su progreso y auge del mismo coinciden con sus intervenciones oportunistas en la primera y segunda guerra mundial de la que le dieron la victoria y el cetro del mundo. Otros creerán que es suerte, cada uno lo apreciará a su modo.

    Salu2

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por PequeñoBurgués el Lun Oct 27, 2014 8:38 am

    España y Portugal se anquilosaron, fue por la Inquisición que se persiguió al libre pensamiento, por tanto en estas naciones no se innovó en nada, y su decadencia vino a raíz de perder la guerra de los 30 años en la primera mitad del siglo XVII.

    Ermmm... no. Voy a ponerte un ejemplo de nación próspera ultra católica: Austria, y posteriormente el Imperio Austro-Húngaro. No creo que haga falta explicar que a parte de potencia, poseía una gran burguesía industrial, y la sigue teniendo en Austria, país que se declara católico en su Constitución.

    Las regiones más ricas de Alemania, es decir, las del sur, con Baviera a la cabeza son católicas y en el caso de Inglaterra es un "protestantismo" sui-géneris, muy de chiste y que posee muchas características en común con el catolicismo, en el caso inglés se puede considerar cesaro-papismo (jefe de Estado cabeza religiosa).  Por otra parte los noruegos, protestantes hasta la médula, básicamente pasaban hambre hasta que descubrieron pozos de petróleo.

    Saludos.

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por Razion el Lun Oct 27, 2014 12:36 pm

    PequeñoBurgués escribió:
    España y Portugal se anquilosaron, fue por la Inquisición que se persiguió al libre pensamiento, por tanto en estas naciones no se innovó en nada, y su decadencia vino a raíz de perder la guerra de los 30 años en la primera mitad del siglo XVII.

    Ermmm... no. Voy a ponerte un ejemplo de nación próspera ultra católica: Austria, y posteriormente el Imperio Austro-Húngaro. No creo que haga falta explicar que a parte de potencia, poseía una gran burguesía industrial, y la sigue teniendo en Austria, país que se declara católico en su Constitución.

    Las regiones más ricas de Alemania, es decir, las del sur, con Baviera a la cabeza son católicas y en el caso de Inglaterra es un "protestantismo" sui-géneris, muy de chiste y que posee muchas características en común con el catolicismo, en el caso inglés se puede considerar cesaro-papismo (jefe de Estado cabeza religiosa).  Por otra parte los noruegos, protestantes hasta la médula, básicamente pasaban hambre hasta que descubrieron pozos de petróleo.

    Saludos.

    ¿No tuvieron un movimiento de corte nacionalista-religioso como en otras zonas del Sacro-Imperio? ¿O fueron los que permanecieron fieles a Roma para garantizar la autoridad imperial? Te pregunto porque desconozco.
    Por el resto, lo que dice Danko es bastante cierto, la agudización de las contradicciones de clase durante la baja edad media, propicia el surgimiento del protestantismo -hubo numerosos movimientos parecidos y más populares antes de éste- que incorpora reformas que le dan un carácter nacional a las iglesias, entre otras cosas. Se busca romper con autoridades centrales que nada tenían que ver con la realidad nacional, y que terminaban parasitando a los que producían la riqueza. Igualmente, como éstos movimientos fueron acaudillados por tipos como Lutero, que cerró filas con la nobleza local, estuvieron muy limitados en cuanto a alcances sociales, y fueron reaccionarios frente a las luchas campesinas.


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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por Soldado Rojo el Miér Oct 29, 2014 3:09 am

    Los estadounidenses WASP (White AngloSajon Protestant o blanco, anglosajón y protestante) que son millonarios tienen la creencia de que Dios les ha bendecido con abundancia y que tienen la obligación de corresponder ayudando a la comunidad por eso es tan común la beneficencia y las donaciones entre los WASP millonarios de los EEUU. Es una creencia que tienen, sienten que Dios les ha bendecido y ellos deben corresponder ayudando a la sociedad

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por Danko el Miér Oct 29, 2014 5:30 am

    Soldado Rojo escribió:Los estadounidenses WASP (White AngloSajon Protestant o blanco, anglosajón y protestante) que son millonarios tienen la creencia de que Dios les ha bendecido con abundancia y que tienen la obligación de corresponder ayudando a la comunidad por eso es tan común la beneficencia y las donaciones entre los WASP millonarios de los EEUU. Es una creencia que tienen, sienten que Dios les ha bendecido y ellos deben corresponder ayudando a la sociedad


    Ciertamente la inyección masiva de población hispana en EEUU no les va a ir que digamos muy bien a los americanos de origen WASP. A diferencia de los afroamericanos, los latinos traen consigo otros valores y otra lengua. Con lo cual, es posible que los valores hasta ahora dominantes en la sociedad norteamericana (los calvinistas: Dios gratifica a los justos con la riqueza) empiecen a perder hegemonía por la influencia creciente de la minoría hispana (para el que Cristo es el profeta de los desesperados y de los humildes). Teniendo en cuenta que EEUU fue fundado en su origen por colonos protestantes calvinistas. De ellos surgió la filosofía liberal-protestante-capitalista que ha sido la raíz de esa nación, de su sistema político basado en el gobierno limitado, y su visión mesiánica de nación elegida por Dios.

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por PequeñoBurgués el Miér Oct 29, 2014 10:40 pm

    Razion escribió:
    PequeñoBurgués escribió:
    España y Portugal se anquilosaron, fue por la Inquisición que se persiguió al libre pensamiento, por tanto en estas naciones no se innovó en nada, y su decadencia vino a raíz de perder la guerra de los 30 años en la primera mitad del siglo XVII.

    Ermmm... no. Voy a ponerte un ejemplo de nación próspera ultra católica: Austria, y posteriormente el Imperio Austro-Húngaro. No creo que haga falta explicar que a parte de potencia, poseía una gran burguesía industrial, y la sigue teniendo en Austria, país que se declara católico en su Constitución.

    Las regiones más ricas de Alemania, es decir, las del sur, con Baviera a la cabeza son católicas y en el caso de Inglaterra es un "protestantismo" sui-géneris, muy de chiste y que posee muchas características en común con el catolicismo, en el caso inglés se puede considerar cesaro-papismo (jefe de Estado cabeza religiosa).  Por otra parte los noruegos, protestantes hasta la médula, básicamente pasaban hambre hasta que descubrieron pozos de petróleo.

    Saludos.

    ¿No tuvieron un movimiento de corte nacionalista-religioso como en otras zonas del Sacro-Imperio? ¿O fueron los que permanecieron fieles a Roma para garantizar la autoridad imperial? Te pregunto porque desconozco.
    Por el resto, lo que dice Danko es bastante cierto, la agudización de las contradicciones de clase durante la baja edad media, propicia el surgimiento del protestantismo -hubo numerosos movimientos parecidos y más populares antes de éste- que incorpora reformas que le dan un carácter nacional a las iglesias, entre otras cosas. Se busca romper con autoridades centrales que nada tenían que ver con la realidad nacional, y que terminaban parasitando a los que producían la riqueza. Igualmente, como éstos movimientos fueron acaudillados por tipos como Lutero, que cerró filas con la nobleza local, estuvieron muy limitados en cuanto a alcances sociales, y fueron reaccionarios frente a las luchas campesinas.

    En la época en que se expandió la reforma el nacionalismo no existía. Simplemente había nobles que por x motivos les interesó el cambio de religión mientras que otros les interesó permanecer junto al Vaticano como sus defensores. Y porcierto, Baviera se declara como un Bundesland confesional, el Estado dona 65millones de euroa a la iglesia católica y el anterior Papa era precisamente de allí. 3.7 de desempleo, alto nivel de vida, poseen todo tipo de industria, y fueron de toda la vida ultracatólicos, para que quede claro que eso de ligar protestantismo con avance es una parida como una catedral.


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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por Razion el Jue Oct 30, 2014 12:10 am

    PequeñoBurgués escribió:
    Razion escribió:
    PequeñoBurgués escribió:
    España y Portugal se anquilosaron, fue por la Inquisición que se persiguió al libre pensamiento, por tanto en estas naciones no se innovó en nada, y su decadencia vino a raíz de perder la guerra de los 30 años en la primera mitad del siglo XVII.

    Ermmm... no. Voy a ponerte un ejemplo de nación próspera ultra católica: Austria, y posteriormente el Imperio Austro-Húngaro. No creo que haga falta explicar que a parte de potencia, poseía una gran burguesía industrial, y la sigue teniendo en Austria, país que se declara católico en su Constitución.

    Las regiones más ricas de Alemania, es decir, las del sur, con Baviera a la cabeza son católicas y en el caso de Inglaterra es un "protestantismo" sui-géneris, muy de chiste y que posee muchas características en común con el catolicismo, en el caso inglés se puede considerar cesaro-papismo (jefe de Estado cabeza religiosa).  Por otra parte los noruegos, protestantes hasta la médula, básicamente pasaban hambre hasta que descubrieron pozos de petróleo.

    Saludos.

    ¿No tuvieron un movimiento de corte nacionalista-religioso como en otras zonas del Sacro-Imperio? ¿O fueron los que permanecieron fieles a Roma para garantizar la autoridad imperial? Te pregunto porque desconozco.
    Por el resto, lo que dice Danko es bastante cierto, la agudización de las contradicciones de clase durante la baja edad media, propicia el surgimiento del protestantismo -hubo numerosos movimientos parecidos y más populares antes de éste- que incorpora reformas que le dan un carácter nacional a las iglesias, entre otras cosas. Se busca romper con autoridades centrales que nada tenían que ver con la realidad nacional, y que terminaban parasitando a los que producían la riqueza. Igualmente, como éstos movimientos fueron acaudillados por tipos como Lutero, que cerró filas con la nobleza local, estuvieron muy limitados en cuanto a alcances sociales, y fueron reaccionarios frente a las luchas campesinas.

    En la época en que se expandió la reforma el nacionalismo no existía. Simplemente había nobles que por x motivos les interesó el cambio de religión mientras que otros les interesó permanecer junto al Vaticano como sus defensores. Y porcierto, Baviera se declara como un Bundesland confesional, el Estado dona 65millones de euroa a la iglesia católica y el anterior Papa era precisamente de allí. 3.7 de desempleo, alto nivel de vida, poseen todo tipo de industria, y fueron de toda la vida ultracatólicos, para que quede claro que eso de ligar protestantismo con avance es una parida como una catedral.


    El tema del nacionalismo, es que comienza a surgir en esa época. No estamos hablando del desarrollo que alcanza siglos después, pero los primeros vestigios por lo menos arrancan ahí. Creo, que en "La Guerra de los Campesinos en Alemania" Engels se refiere a eso. El fenómeno de transformación de la sociedad feudal en la burguesa, las primeras escaramuzas más o menos desarrolladas por así decirlo en Europa, se dan a partir del siglo XVI -una de ellas es la guerra campesina, pero creo que en España también hubo levantamientos de éste signo-, exceptuando a Italia si no me equivoco.
    El prostentantismo es una escusa para la defensa de ciertos intereses particulares -que se aprovechan de un gran descontento popular en la región contra el clero y ciertos sectores de la alta nobleza-, no se si se puede hablar de avance o no, pero lo que creo es que está relacionado con el proceso de lucha de clases que se presentó de diversas formas en aquel momento en particular. De hecho, no fue el único, sino el que más terreno fértil encontró en ciertos sectores que podían poner las espadas suficientes para "bancar la parada" y negociar, como ser determinados sectores de la nobleza.
    Saludos


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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por PequeñoBurgués el Jue Oct 30, 2014 12:55 am

    A ver... este tipo de escisiones y personas que amenazaron al Vaticano ya las había por el 1300 y tampoco se puede hablar de nacionalismo, mucho menos en los territorios del Sacro Imperio que era la antítesis de dicho concepto y donde más se tardó en acabar con el feudalismo:

    http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Wiclef

    http://es.wikipedia.org/wiki/Jan_Hus

    Tampoco fue la primera vez que el catolicismo vivió un cisma de estas características, si bien en el Cisma de Occidente pudieron revertirlo (aunque a poco estuvo de ser irreversible): http://es.wikipedia.org/wiki/Cisma_de_Occidente



    Por otra parte, el Luteranismo es por principio anti capitalista, en su obra “Sobre el comercio y la usura”, Lutero condena sin paliativos el pecado de la usura, presente en el préstamo con interés, el monopolio, la compra de rentas y otras muchas prácticas comerciales y financieras. De todas formas la usura ya era practicada en toda Europa, mismamente los Reyes Católicos pedían préstamos a diversos banqueros de confianza, y eso que eran católicos...

    Revueltas campesinas las sufrió Europa de forma periódica a lo largo de toda la edad media, no es un signo distintivo de nacionalismo. http://es.wikipedia.org/wiki/Revuelta_Irmandi%C3%B1a  Otra cosa es que autores decimonónicos hayan querido usarlas como símbolos nacionales, véase las revueltas irmandiñas en Galicia. Pero claro, una cosa es alucinar en colorines y otra es la realidad, que los campesinos en el medievo estaban altamente organizados, como cualquier estamento medieval.

    Si Lutero cuajó donde sus predecesores no pudieron es por una situación geopolítica muy particular que vivía Europa y su nobleza en aquel momento, que no deja de estar relacionado que los intereses de la nobleza en controlar al clero de sus tierras, problemas y corrupción en el papado, etc, etc.

    Para finalizar el luteranismo era tan oscurantista y si acaso más supersticioso que el católico, precisamente donde más gente se quemaba era en el norte de Alemania y su persecución de las brujas.

    Saludos.

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por Razion el Jue Oct 30, 2014 1:46 am

    PequeñoBurgués escribió:A ver... este tipo de escisiones y personas que amenazaron al Vaticano ya las había por el 1300 y tampoco se puede hablar de nacionalismo, mucho menos en los territorios del Sacro Imperio que era la antítesis de dicho concepto y donde más se tardó en acabar con el feudalismo:

    http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Wiclef

    http://es.wikipedia.org/wiki/Jan_Hus

    Tampoco fue la primera vez que el catolicismo vivió un cisma de estas características, si bien en el Cisma de Occidente pudieron revertirlo (aunque a poco estuvo de ser irreversible): http://es.wikipedia.org/wiki/Cisma_de_Occidente



    Por otra parte, el Luteranismo es por principio anti capitalista, en su obra “Sobre el comercio y la usura”, Lutero condena sin paliativos el pecado de la usura, presente en el préstamo con interés, el monopolio, la compra de rentas y otras muchas prácticas comerciales y financieras. De todas formas la usura ya era practicada en toda Europa, mismamente los Reyes Católicos pedían préstamos a diversos banqueros de confianza,  y eso que eran católicos...

    Revueltas campesinas las sufrió Europa de forma periódica a lo largo de toda la edad media, no es un signo distintivo de nacionalismo. http://es.wikipedia.org/wiki/Revuelta_Irmandi%C3%B1a  Otra cosa es que autores decimonónicos hayan querido usarlas como símbolos nacionales, véase las revueltas irmandiñas en Galicia. Pero claro, una cosa es alucinar en colorines y otra es la realidad, que los campesinos en el medievo estaban altamente organizados, como cualquier estamento medieval.

    Si Lutero cuajó donde sus predecesores no pudieron es por una situación geopolítica muy particular que vivía Europa y su nobleza en aquel momento, que no deja de estar relacionado que los intereses de la nobleza en controlar al clero de sus tierras, problemas y corrupción en el papado, etc, etc.

    Para finalizar el luteranismo era tan oscurantista y si acaso más supersticioso que el católico, precisamente donde más gente se quemaba era en el norte de Alemania y su persecución de las brujas.

    Saludos.

    Me parece que estás apuntando hacia algo que no te menciono, posiblemente no me hayas interpretado, fijate que menciono al movimiento Husita como antecesor del protestantismo (y antes de eso en Italia hubo otros movimientos similares de corte comunitarista). De igual manera los Husitas fueron pacificados mediante el exterminio de los radicales y el pacto con los moderados. Las revueltas campesinas, corresponden a una de las primeras reacciones de tipo burgués (pequeño-burgués campesino) posteriores a la denominada edad media -con un programa propio y masividad-, ya en ese momento se comienzan a vislumbrar un atisbo de lo que posteriormente sera el pensamiento nacionalista de corte burgués -desde cuestiones como la lengua, hasta reivindicaciones como independencia frente autoridades imperiales y eclesiásticas, hasta la abolición del clero y la nobleza-. Al contrario, el Sacro Imperio -una estructura completamente anti-nacional- es el principal elemento que permite el surgimiento de éstos movimientos. Claramente, el hecho de que la reacción se impusiera a sangre y fuego, permitió retrasar el programa burgués. Ahora, en mi caso no me estoy refiriendo al protestantismo, sino a toda la serie de revueltas que se dieron en ese momento. El protestantismo sobrevive a las mismas, precisamente por que no era revolucionario, ni siquiera radical, y sólo se circunscribía a modificar la cuestión religiosa.


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    Comandante Ernesto "Che" Guevara

    "En las peleas callejeras hay dos tipos de golpeadores. Está el que pega, ve sangre, se asusta y recula. Y está el que pega, ve sangre y va por todo, a matar. Muy bien, muchachos: vengo de afuera y les juro que hay olor a sangre"
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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por PequeñoBurgués el Jue Oct 30, 2014 2:05 am

    Pues es que las revueltas campesinas no pueden ser pequeñoburguesas... porque son eso, campesinas. Hasta unas décadas después del descubrimiento de América, la burguesía en Europa era de chiste, no cortaba ni pinchaba nada.

    Toda revuelta campesina medieval o tardo medieval se debe siempre a la misma historieta: malas cosechas+subida de impuestos para pagar algún gasto de guerra.

    Si te refieres a las revueltas Husitas estuvieron instigadas y encabezadas por nobles y curas, así que eso de campesino tiene poco.

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por Razion el Jue Oct 30, 2014 2:15 am

    PequeñoBurgués escribió:Pues es que las revueltas campesinas no pueden ser pequeñoburguesas... porque son eso, campesinas. Hasta unas décadas después del descubrimiento de América, la burguesía en Europa era de chiste, no cortaba ni pinchaba nada.

    Toda revuelta campesina medieval o tardo medieval se debe siempre a la misma historieta: malas cosechas+subida de impuestos para pagar algún gasto de guerra.

    Si te refieres a las revueltas Husitas estuvieron instigadas y encabezadas por nobles y curas, así que eso de campesino tiene poco.

    ¿Leíste el texto de Engels?

    Cito las partes de la composición de clases de Alemania y las conclusiones:

    http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/guerracamp/01.htm
    LA SITUACIÓN ECONÓMICA Y LA ESTRUCTURA SOCIAL DE ALEMANIA

    Examinemos brevemente la situación de Alemania al principio del siglo XVI.

    La industria alemana había adquirido notable desarrollo en los siglos XIV y XV, los gremios de las ciudades habían substituido la industria feudal del Campo que no tenía más que una importancia local; producían para un círculo más amplio e incluso para mercados lejanos. El arte de tejer paños gruesos y tejas de lino se había generalizado y en Augsburgo se elaboraban hasta paños y telas de mayor finura. Al lado de los telares había crecido aquella industria vecina del arte que hallaba su sostén en el lujo eclesiástico y secular de fines de la Edad Media: la de los plateros, joyeros, escultores, tallistas, grabadores, armeros, medallistas, torneros, etc.

    Una serie de inventos más o menos importantes, entre los que los más brillantes fueron el de la pólvora y el de la imprenta, había contribuido al aumento de la producción. Con la industria se desarrollaba el comercio. Gracias al monopolio secular de la navegación ejercido por la Liga hanseática, toda la Alemania del norte había logrado emanciparse de la barbarie medieval; si bien tuvo que retroceder desde fines del siglo XV ante la competencia de los ingleses y holandeses; la gran vía comercial de la India al norte seguía atravesando Alemania. A pesar de los descubrimientos de Vasco de Gama aún era Augsburgo el gran emporio de las telas de seda italianas, de las especies indias y de todos los productos del Oriente. Las ciudades del sur, principalmente Augsburgo y Nuremberg, ostentaban una riqueza y un lujo considerable por entonces.

    También en la producción de materias primas se habían realizado grandes progresos. En el siglo XV los mineros alemanes tenían fama de ser los más hábiles del mundo, y el florecimiento de las ciudades había sacado a la agricultura de su primitiva torpeza medieval. Se habían roturado grandes extensiones de terreno, se criaban plantas tintóreas y otras plantas importadas cuyo cultivo diligente surtió buen efecto sobre la agricultura en general.

    Sin embargo el aumento de la producción nacional de Alemania no había podido alcanzar el nivel de otros países. La agricultura era muy inferior a la de Inglaterra y Países Bajos, la industria a la de Italia, Flandes e Inglaterra: la competencia de los navegantes ingleses y sobre todo holandeses empezaba a hacer sentir sus efectos. La población era todavía muy escasa. En Alemania la civilización no existía más que en estado esporádico, agrupada en derredor de algunos centros industriales y comerciales; los intereses de estos centros eran divergentes, faltaban los puntos de contacto. El sur tenía vías de comunicación y mercados, muy diferentes de los del norte; el este y el oeste apenas comunicaban. Ninguna de las ciudades hubiera podido llegar a ser el centro económico del país como ya lo era Londres en Inglaterra. El tráfico interior disponía tan solo de la navegación costera y fluvial y de unas cuantas vías comerciales que de Augsburgo y Nuremberg iban por Colonia a los Países Bajos y por Erfurt hacia el norte. Al lado de los ríos y carreteras había un gran numero de pequeñas ciudades que excluidas de las grandes comunicaciones seguían vegetando en las condiciones de villa de la Edad Media, sin consumir mercancías de fuera y sin exportar sus productos. Entre la población rural solo la aristocracia tenia algún conocimiento del mundo exterior y de las nuevas costum-bres y necesidades, la masa campesina no poseía más que relaciones puramente locales y tenía, por consiguiente, un horizonte bastante limitado.

    Mientras en Francia e Inglaterra el desarrollo del comercio y de la industria tuvo como consecuencia la creación de intereses generales en el país entero y con esto la centralización política, Alemania no paso de la agrupación de intereses por provincias, alrededor de centros puramente locales que llevó aneja la fragmen-tación política, esta fragmentación que luego se estabilizó por la exclusión de Alemania del comercio mundial. A medida que decaía el imperio puramente feudal, se descompuso la unión de los países y los grandes vasallos se transformaron en príncipes casi independientes. Las ciudades libres, los caballeros del imperio formaron alianzas y guerreaban entre si o contra los príncipes y el emperador. El poder imperial empezó a dudar de su propia misión y vacilaba entre los diferentes elementos constitutivos del imperio, perdiendo paulatinamente toda su autoridad; su intento de centralización a la manera de Luis XI[1]por mucha intriga y violencia que empleasen, no pudo más que salvar la unidad de los dominios imperiales de Austria. Los que salieron ganando con esta confusión, en este sinnúmero de conflictos contradictorios, fueron los representantes de la centralización dentro de la fragmentación, es decir, los partidarios de la centralización local y provincial: los príncipes, en comparación con los cuales el mismo emperador no era ya sino otro príncipe más.

    En estas circunstancias la situación de las clases sociales de la Edad Media había cambiado por completo y nuevas clases se habían formado al lado de las antiguas.

    Los príncipes habían salido de la alta nobleza. Eran casi independientes del emperador y disfrutaban todos los derechos de soberanía. Declaraban la guerra y concluían la paz a su antojo. Entretenían ejércitos permanentes, convocaban las dietas, decretaban los impuestos. Mandaban ya sobre una parte de la pequeña nobleza y de las ciudades y se valían de todos los medios para incorporarse las restantes ciudades y baronías que aun dependían del imperio. Frente a estos obraron como centralistas, mostrándose anticentralistas frente al poder imperial. Sus métodos de gobierno eran bastante autoritarios. No convocaban los estados sino cuando ya no les quedaba otra Salida. Decretaban impuestos y negociaban empréstitos; raras veces reconocieron el derecho de los estados a aprobar los impuestos y aun menos dejaban que se ejerciese. Aun así el príncipe casi siempre obtenía la mayoría gracias al apoyo de los dos estados que, libres de tributos, disfrutaban del producto de los impuestos: los caballeros y los prelados. Las necesidades de los príncipes aumentaban con el lujo y la importancia de la vida cortesana, con los ejércitos permanentes y con los crecientes gastos de gobierno. La carga tributaria se hizo cada vez más abrumadora. Una gran parte de las ciudades estaban protegidas por sus privilegios; y toda la carga recaía de lleno sobre los campesinos, tanto sobre los dominiales de los propios soberanos como sobre los siervos de sus caballeros. Cuando no bastaba la imposición directa se añadió la indirecta; recurrieron a las maniobras más ingeniosas del arte financiero para llenar los vacíos del erario. Cuando ya no quedaba otro camino, habiendo empeñado lo que era posible empeñar, cuando todas las ciudades libres se negaban a conceder más crédito, los príncipes procedían a operaciones monetarias de las mas sucias; acuñaban moneda mala e imponían un curso forzado, alto o bajo, según convenía al fisco. El trafico con toda clase de privilegios, que se anulaban después de vendidos para volver a venderlos más caros. El aprovechamiento de todo intento de oposición como pretexto para toda clase de incendios y saqueos, etcétera, constituían otras tantas fuentes de ingreso seguras y cómodas para los príncipes de aquella época. También la justicia era un negocio permanente y muy lucrativo. Los súbditos de entonces, que además de todo esto tenían que satisfacer la codicia personal de los corregidores y funcionarios de los príncipes, gozaban de todos los beneficios de aquel sistema de gobierno "paternal".

    La nobleza media había desaparecido por completo de la jerarquía feudal de la Edad Media; sus representantes, si no habían conquistado la independencia de los pequeños príncipes, habían tenido que engrosar las filas de la pequeña nobleza. La pequeña nobleza, los caballeros, decaían rápidamente. Una gran parte estaba ya completamente empobrecida. Sus miembros vivían al servicio de los príncipes como funcionarios civiles o militares; otros subsistían como vasallos sometidos a los príncipes y sólo una minoría dependía directamente del poder imperial. El desarrollo de la técnica militar, la importancia creciente de la infantería, el perfeccionamiento de las armas de fuego aniquilaron su poder guerrero reduciendo la eficacia de la caballería pesada y acabando con la fortaleza inexpugnable de sus castillos. El progreso de la industria hacia inútiles a los caballeros, lo mismo que a los artesanos de Nuremberg. Sus pretensiones y necesidades económicas contribuyeron a su ruina. El lujo que en sus castillos reinaba, la suntuosidad de los torneos y fiestas, el precio de las armas y caballos aumentaban con los progresos de la civilización, mientras que los ingresos de los caballeros y barones apenas variaron. Andando el tiempo las guerrillas seguidas del indispensable saqueo e incendio, los asaltos y otras ocupaciones aristocráticas se hicieron demasiado peligrosas. Las contribuciones y servicios de los súbditos no producían más que antes. Para cubrir sus gastos crecientes los señores tuvieron que recurrir a los mismos expedientes que los príncipes. La opresión que ejercía la nobleza crecía de año en año. Los siervos eran explotados hasta la última gota de sangre, los nobles se valían de todos los pretextos para imponer nuevos tributos y servicios a sus vasallos. En contra de todo lo estipulado aumentaban la servidumbre personal, los pechos, censos, laudemios, derechos en caso de muerte, tributos de domicilio, etc. Se negaba o se vendía la justicia y cuando los caballeros no podían de este modo hacerse con el dinero de los campesinos, los echaban sin más ni más al calabozo exigiéndoles un rescate.

    Las demás clases tampoco simpatizaban con la pequeña nobleza. Los nobles sujetos a vasallaje querían depender directamente del imperio mientras la nobleza independiente buscaba conservar su libertad. Menudeaban los litigios con los príncipes. El clero, cargado de riquezas, parecía a los caballeros una clase inútil; le envidiaban su enorme cantidad de bienes, sus tesoros acumulados gracias al celibato y a la constitución eclesiástica. Peleaban continuamente con las ciudades; les adeudaban dinero y se sostenían saqueando su territorio, despojando a sus mercaderes y exigiendo rescate a los prisioneros. La lucha de la nobleza contra todas estas clases tomó mayor violencia a medida que sus apuros financieros se hicieron más apremiantes.

    El clero como representante ideológico del feudalismo medieval sufrió a su vez las consecuencias del camino histórico. La imprenta y las necesidades de un comercio mas intenso habían acabado con su monopolio del leer y escribir e incluso con el de la instrucción superior. También en el terreno intelectual se produjo la división del trabajo. Los juristas —oficio recién creado— quitaron al clero una serie de posiciones de gran importancia. La mayor parte de éste se hizo inútil y lo reconoció y demostró con su pereza e ignorancia creciente. Pero al par que su inutilidad creció el número de clérigos atraídos por las enormes riquezas de la Iglesia, que aumentaban continuamente gracias a toda suerte de maniobras.

    El clero se componía de dos clases completamente distintas. Su jerarquía feudal formaba la aristocracia de los obispos, arzobispos, abates, priores y demás prelados. Estos altos dignatarios de la Iglesia cuando no eran al mismo tiempo príncipes del imperio dominaban como señores feudales bajo la soberanía de otros príncipes grandes territorios con numerosos siervos y vasallos. No sólo explotaban a sus súbditos con tanta y más saña que la nobleza y los príncipes, sino que obraban de manera aun más desvergonzada. A la violencia añadieron todas las sutilezas de la religión, al horror de las torturas, los horrores de la excomunión, valiéndose de todas las intrigas del confesionario para arrancar a los súbditos hasta el último pfenning y aumentar la parte de la Iglesia en las herencias. La falsificación de documentos era el medio preferido que empleaban estos dignos hombres en sus estafas. Pero a pesar de percibir el diezmo además de los derechos feudales y censos corrientes no les bastaban todos estos ingresos. Para arrancar más tributos al pueblo recurrieron a la fabricación de imágenes y reliquias milagrosas, a la comercialización de las peregrinaciones, a la venta de bulas, lo que con bastante éxito consiguieron durante algún tiempo.

    En estos prelados y en su numerosa policía de monjes fortalecida por las numerosas campañas de excitación política y religiosa, se objetivó la ira popular así como el odio de la nobleza. Cuando eran soberanos independientes su presencia molestaba a los príncipes. La vida alegre de los ventripotentes obispos y abades y de su ejército de frailes despertaba la envidia de la nobleza y la indignación del pueblo que tenia que soportar los gastos; tanto mayor era esta indignación cuanto más la vida de estos señores estaba en contradicción manifiesta con sus predicaciones.

    Los predicadores del campo y de las ciudades constituían la fracción plebeya del clero. Se hallaban al margen de la jerarquía feudal de la Iglesia y estaban excluidos del goce de sus riquezas. Su trabajo estaba menos controlado y —a pesar de su importancia para la Iglesia— era menos indispensable en aquel momento que los servicios policíacos de los monjes acuartelados. Eran, por lo tanto, bastante peor pagados; en su mayoría con prebendas exiguas. Gracias a su origen burgués o plebeyo habían conservado contacto con las masas y el conocimiento de sus condiciones de vida, a pesar de su oficio, les hacia simpatizar con la causa burguesa y plebeya. Los monjes, salvo contadas excepciones, no tomaron parte en los movimientos de la época; aquellos en cambio les dieron teóricos e ideólogos y no pocos murieron en el cadalso. El odio popular hacia los frailes raras veces se volvía contra ellos.

    Si el emperador era el jefe de los príncipes y de la nobleza, el papa lo era de todos los curas. El emperador cobraba el "pfenning común", los impuestos imperiales; el papa, los impuestos eclesiásticos con los que subvenía a los gastos de la suntuosa corte romana. En ningún país estos impuestos se recaudaban tan escrupulosamente y con tanta severidad como en Alemania gracias al número y a la influencia de los frailes.

    Se mostraba un interés especial en cobrar las anatas[2] al traspasar un obispado. Con las necesidades crecientes se encontraron nuevos medios para sacar dinero: el comercio de reliquias, de absoluciones, la organización de jubileos, etc. Todos los años grandes sumas de dinero salían de Alemania camino de Roma: la opresión creciente impulsó el odio contra los frailes, despertando el sentimiento patriótico, sobre todo de la nobleza, que era la clase más nacional. Al iniciarse el florecimiento comercial e industrial los habitantes de las primitivas ciudades medievales se habían dividido en tres ramas enteramente distintas.

    Las familias patricias, los llamados "honorables" mandaban en las ciudades. Eran los más ricos. Ellos solos formaban el ayuntamiento y desempeñaban los cargos públicos. No se contentaron, pues, con administrar los caudales públicos, sino que los consumían.

    Fuertes por su riqueza y por su condición aristocrática reconocida desde antiguo por el imperial podían despojar a sus conciudadanos como a los campesinos que dependían de la ciudad. Practicaban el acaparamiento del trigo y la usura apropiándose toda clase de monopolios y paulatinamente llegaron a privar a la comunidad de todos sus derechos sobre los montes municipales, explotándolos en su propio provecho; imponían arbitrariamente nuevos peajes y portazgos y traficaban con los privilegios corporativos y derechos de maestría y de ciudadanía, vendiendo la justicia. A los campesinos que vivian bajo su jurisdicción los trataban peor que la misma nobleza y los curas; los corregidores y funcionarios patricios en las aldeas añadieron a la dureza y a la codicia de los aristócratas cierta pedantería y rigor burocrático en la recaudación. La hacienda municipal así unida era administrada con suma arbitrariedad; la contabilidad era de pura fórmula y llevada a cabo con el mayor descuido y confusión posibles; las malversaciones eran frecuentísimas. La facilidad con que una casta fortalecida por sus privilegios y vinculada por el parentesco y el interés pudo enriquecerse con los caudales públicos se comprende cuando se tienen en cuenta las numerosas defraudaciones que reveló el año 1848.

    Los patricios habían procurado desvanecer los derechos de la comunidad, sobre todo en lo que tocaba a la hacienda. Más tarde, cuando las estafas de estos señores se hicieron intolerables, las comunidades se movilizaron por fin para reconquistar el control sobre la administración municipal, lo que efectivamente lograron en las demás ciudades. Pero gracias a las constantes luchas entre las corporaciones, gracias a la obstinación de los patricios y a la protección que hallaron cerca del poder imperial y en los gobiernos de las ciudades amigas, los concejales patricios pudieron muy pronto restaurar su régimen, ya por astucia, ya por violencia. Al principio del siglo XVI las comunidades se hallaban otra vez en la oposición.

    Esta se dividía en dos ramas que se manifiestan claramente en la guerra campesina.

    La oposición burguesa, precursora del liberalismo de nuestros días abarcaba a los burgueses ricos y medios como también a una parte de la pequeña burguesía que, según las circunstancias locales, era más o menos numerosa.

    Sus reivindicaciones no rebasaban lo estrictamente constitucional. Pedían el control de la administración municipal y una representación en el poder legislativo por medio de la asamblea comunal o de la representación municipal (ayuntamiento, comisión gestora) querían limitar el favoritismo practicado con creciente desenfado por unas familias patricias en perjuicio del mismo patriciado. A lo sumo reivindicaban algunas concejalías para sus hombres de confianza. Este partido, reforzado de vez en cuando por la fracción descontenta de los patricios venidos a menos, tenía una mayoría abrumadora en todas las asambleas comunales ordinarias y en las corporaciones.

    Los partidarios del ayuntamiento junto a la oposición radical no constituían más que una ínfima minoría de la verdadera burguesía.

    Veremos como en el movimiento del siglo XVI esta oposición "moderada", "legal" de gente "acomodada" e "inteligente" desempeña el mismo papel con igual resultado que su heredero, el partido constitucional en 1848 y 1849.

    Esta oposición burguesa polemizaba violentamente contra los frailes cuyas costumbres disolutas la escandalizaban. Exigía medidas contra la vida escandalosa de estos dignos hombres. Quería acabar con la jurisdicción propia y la exención tributaria de los curas y pedía la restricción del número de monjas.

    La oposición plebeya se componía de burgueses venidos a menos y de una multitud de vecinos excluidos del derecho de ciudadanía: oficiales, jornaleros y los numerosos brotes del lumpenproletariat[3] que se encuentran hasta en las etapas inferiores del desarrollo urbano. El lumpenproletariado en sus formas más o menos desarrolladas es un fenómeno común a todas las etapas de la civilización. En aquel tiempo el número de gentes sin profesión definida ni residencia fija estaba en aumento, pues al descomponerse el feudalismo aún reinaba una sociedad que dificultaba el acceso a todas las profesiones y esferas de actividad con un sinnúmero de privilegios. En los países civilizados jamás el número de vagos había sido mayor que en la primera mitad del siglo XVI. Un parte de estos vagabundos se alistaba en el ejercito en tiempos de guerra otros pedían limosna por las carreteras los restantes se ganaban su vida mísera realizando trabajos como jornaleros y en otros oficios que no estaban reglamentados por los gremios. Estas tres partes intervinieron en la guerra campesina: la primera en los ejércitos de los príncipes que aniquilaron a los campesinos, la segunda en las conjuraciones y en los grupos de campesinos armadas donde su influencia desmoralizadora se manifiesta en cada momento, la tercera en las luchas entre partidos en el interior de las ciudades. Por lo demás no se debe olvidar que una gran parte de esta clase y sobre todo los que vivían en las ciudades habían guardado un fondo de robustez campesina y se hallaban muy lejos de la venalidad y degeneración de nuestro lumpenproletariado civilizado.

    Se ha visto que la oposición plebeya en las ciudades reunía los elementos más diversos. Al lado de los restos degeneradores de la vieja sociedad feudal y corporativa, empezó a manifestarse el elemento proletario —aun poco desarrollado— de la naciente sociedad burguesa. Unos eran compañeros de gremio empobrecidos a los que solamente el privilegio ligaba al orden vigente, otros eran campesinos desahuciados y criados despedidos que aun no podían ser proletarios. Entre ambos se hallaban los oficiales que, excluidos de la sociedad de entonces, se encontraban en una situación comparable a la del proletariado actual, teniendo en cuenta la diferencia entre la industria de hoy y la regida por el privilegio gremial. Pero al mismo tiempo y en virtud de este privilegio casi todos se consideraban como los futuros maestros burgueses. La posición política de esta mezcla de elementos habla de ser muy vacilante, variando según el lugar. Antes de la guerra campesina la oposición plebeya no toma parte en las luchas políticas como un partido autónomo. Aparece como un apéndice de la oposición burguesa, como un tropel de alborotadores aficionados al pillaje, cuya actuación o silencio se compra con algunas tubas de vino. Durante las insurrecciones campesinas por fin se forma un partido, pero entonces depende de los campesinos en sus reivindicaciones y en su actuación, lo que muestra hasta que punto la ciudad aun dependía del campo. Cuando actúa en su propio nombre lo hace para pedir la creación en el campo del monopolio industrial de la ciudad se opone a toda disminución de los ingresos de la municipalidad, por la abolición de cargas feudales en su territorio, en todo esto se muestra reaccionaria y se somete a sus propios elementos pequeño burgueses, lo que constituye un preludio característico de la tragicomedia que bajo el nombre de democracia viene representando desde hace tres años la actual pequeña burguesía.

    Únicamente en Turingia, bajo la influencia directa de Münzer y en otros sitios gracias a sus discípulos, la fracción plebeya fue arrastrada por la tempestad general y el proletariado embrionario pudo momentáneamente imponerse a todos los demás elementos en lucha. Este episodio que constituye el punto culminante de la guerra campesina, simbolizado por la figura más gloriosa, Tomas Münzer, es también el más corto. Se comprende el pronto fracaso de este movimiento, las formas algo fantásticas que revistió, lo impreciso de sus reivindicaciones: no pudo encontrar una base firme en aquella época.

    Todas estas clases, excepto la última oprimían a la gran masa de la nación: los campesinos. El campesino soportaba el peso integro de todo el edificio social: príncipes, funcionarios, nobleza, frailes, patricios y burgueses. El príncipe como el barón, el monasterio como la ciudad, todos le trataban como mero objeto, peor que a las bestias de carga. Como siervo, estaba entregado a su señor atado de pies y manos. Siendo vasallo, los servicios a que le obligaba la ley y el contrato eran ya suficientes para aplastarlo; pero todavía se las aumentaban continuamente. Durante la mayor parte del tiempo, debía trabajar en las fincas del señor; con lo que ganaba en sus ratos libres tenia que pagar los diezmos, censos, pechos[4], tributos de guerra e impuestos regional e imperial. No podía casarse ni morir sin que cobrase algo su señor. Además de los servicios regulares, tenia que recoger paja, fresas, bayas, conchas de caracol, ayudar en la caza, cortar leña. etc., todo para el señor. La pesca y la caza pertenecían al señor; el campesino tenía que callar y resignarse mientras que la caza del amo destruía su cosecha. Los señores se habían apropiado de casi todos los montes comunales, pertenecientes a los campesinos. Lo mismo que de la propiedad, el señor disponía arbitrariamente de la persona del campesino y de la de su mujer e hijas. Tenía el derecho de pernada. Cuando quería mandaba encerrar a sus siervos en el calabozo donde los esperaba la tortura con la misma seguridad que el juez de instrucción les espera en nuestros días. Los mataba o los mandaba degollar cuando quería. No hay capítulo de aquella edificante "Carolina"[5] que trate "del desorejamiento", "de la abscisión de narices", "del vaciamiento de los ojos", "de la cortadura de dedos y manos", "de la decapitación", "del suplicio de la rueda", "de la hoguera", "del atenazamiento", "del descuartizamiento", etc., que los señores protectores no hayan aplicado a sus campesinos. ¿Quien los iba a proteger? Los tribunales estaban compuestos por barones, frailes, patricios o juristas que no ignoraban la razón por la cual se les pagaba; pues todas las clases altas del imperio vivían de la expoliación de los campesinos.

    Bajo tan intolerable opresión estas rechinaban los dientes; sin embargo era difícil decidirles a la insurrección. Su división dificultaba en extremo todo acuerdo entre ellos. La costumbre secular de la sumisión trasmitida de generación en generación y en muchas regiones la perdida del hábito de usar armas, la dureza más o menos grande de la explotación que variaba según la persona del señor, contribuyeron a mantenerlos inmóviles. Durante la Edad Media nos encontramos con una multitud de insurrecciones locales, pero —por lo menos en Alemania— antes de la guerra campesina no hubo ninguna insurrección general de todos los campesinos. Mientras se les oponía el poder organizado de los príncipes, de la nobleza y de las ciudades unidas los campesinos no fueron capaces de lanzarse a una revolución por si solos. Su única oportunidad de vencer hubiese sido mediante una alianza con otras clases; pero ¿como unirse con ellas, si todas los explotaban con igual saña?

    Hemos visto que al comienzo del siglo XVI las diferentes clases del imperio, los príncipes, la nobleza, los prelados, los patricios, los burgueses, los plebeyos y los campesinos formaban una masa sumamente confusa con intereses divergentes y en todo contradictorios. Cada clase era un estorbo para la otra y se hallaba en lucha continua contra las demás. Aquella división de una nación entera en dos campos que existió en Francia al estallar la primera revolución y que hoy se manifiesta en una etapa superior en los países avanzados era completamente imposible en estas circunstancias; semejante división no se podía producir sino por la sublevación de la capa inferior de la nación, explotada por todas las demás clases: los campesinos y los plebeyos. La confusión que reinaba en los intereses, opiniones y tendencias de aquella época se comprenderá fácilmente recordando la confusión que en los últimos dos años resultó de la división actual, mucho más sencilla, de la nación alemana en aristocracia, burguesía, pequeña burguesía, campesinado y proletariado.


    Lo más referido al tema del hilo:


    La descentralización, la autonomía local y regional, la diversidad comercial e industrial de las provincias, la insuficiencia de las comunicaciones hacían imposible el agrupamiento en un conjunto de estas clases tan diversas, que no se realiza hasta difundirse las ideas revolucionarias político religiosas de la Reforma. Las clases que adoptan estas ideas y las que se oponen a ellas logran —aunque lenta y penosamente— la concentración de la nación entera en tres campos: el católico o reaccionario, el luterano, burgués-reformista y el revolucionario. El hecho de que esta división fuese poco consecuente hallándose en los dos primeros campos elementos en parte parecidos, se explica por el estado de descomposición en que se encontraban las clases feudales y por la descentralización que en regiones diferentes hizo reaccionar a la misma clase de diferentes maneras. Durante los últimos años hemos podido ver en Alemania tantos hechos parecidos que no nos puede sorprender la aparente confusión de clases y subclases en las condiciones mucho más embrolladas del siglo XVI.

    A pesar de las experiencias de fecha reciente, la ideología alemana no quiere ver en las luchas que dieron al traste con la Edad Media sino una vehemente disputa teológica. Según dicen nuestros historiadores patrios y nuestros sabios decátedra, las gentes de aquella época no hubiesen tenido motivo para reñir por las cosas de este mundo si se hubiesen podido poner de acuerdo sobre los asuntos celestiales. Estos ideólogos son bastante crédulos para tomar como buena moneda todas las ilusiones que una época tiene sobre si misma o que los ideólogos de una época se hacen sobre ella. En la revolución de 1789 esta misma gente no ve más que una discusión un tanto acalorada sobre las ventajas de la monarquía constitucional respecto a la monarquía absoluta; en la revolución de julio una controversia practica sobre lo insostenible del derecho divino; en la de febrero un ensayo de resolver la cuestión: ¿república o monarquía?, etc. Nuestros ideólogos no quieren saber nada de la lucha de clases que se decide en aquellos movimientos y que no hace más que expresarse superficialmente en la frase política que sirve de bandera. Lo siguen ignorando hoy día, cuando la noticia de tal lucha nos llega clara y distinta, no solamente del extranjero, sino también por el conducto de millares de voces proletarias en nuestro país.

    También en las llamadas guerras religiosas del siglo XVI se trataba sobre todo de intereses materiales y de clase muy positivos y estas guerras fueron luchas de clase, lo mismo que más tarde los conflictos interiores en Inglaterra y Francia. El hecho de que estas luchas de clase se realizasen bajo el signo religioso, que los intereses, necesidades y reivindicaciones de las diferentes clases se escondiesen bajo la manta religiosa no cambia en nada sus fundamentos y se explica fácilmente teniendo en cuenta las circunstancias de la época.


    La Guerra de los Campesinos en Alemania:
    LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA DE LOS CAMPESINOS





    Con la retirada de Geismaier sobre el territorio veneciano había llegado a su fin el último acto de la guerra campesina. En todas partes los trabajadores del campo estaban sometidos otra vez a la dominación de los señores eclesiásticos, nobles o patricios; no se respetaron los tratados que en algunos sitios se habían firmado; las antiguas cargas fueron aumentadas por las enormes indemnizaciones cuyo pago impusieron los vencedores a los vencidos. El más grandioso intento revolucionario del pueblo alemán terminó por una derrota vergonzosa y una opresión redoblada[1]. Pero no fue la represión del movimiento la que a la larga hizo empeorar la situación de la clase campesina, pues antes de la guerra, la nobleza, los príncipes y los curas ya sacaban de sus vasallos lo que les era materialmente posible sacar; en aquella época la participación del campesino alemán en los productos de su trabajo, como la del proletariado de nuestros días, se limitaba al minimum de medios de subsistencia, indispensable para su propio mantenimiento y para la reproducción de la clase campesina. De manera general no cabía ya una mayor explotación. Muchos campesinos acomodados estaban arruinados, un sinnúmero de vasallos había tenido que pasar a la servidumbre, grandes extensiones de tierra comunal habían sido confiscadas y por la destrucción de sus viviendas, la devastación de sus campos y el desorden general habían sido arrojados gran número de campesinos a la carretera entre los vagabundos o entre los plebeyos de las ciudades. Pero las guerras y las devastaciones eran fenómenos muy corrientes en aquella época y el nivel de vida de la mayoría de los campesinos estaba tan bajo que su situación no podía ya empeorar a la larga a causa de los nuevos aumentos tributarlos. Las guerras religiosas que siguieron y por fin la guerra de los treinta años con sus incesantes devastaciones y matanzas en masa fueron para los campesinos un golpe mucho más duro que la guerra campesina. Sobre todo la guerra de los treinta años que aniquiló la mayor parte de las fuerzas productivas de la agricultura y que destruyó numerosas ciudades, fue la causa de la miseria verdaderamente espantosa en que durante mucho tiempo tuvieron que vivir los campesinos, plebeyos y burgueses arruinados.

    Fue el clero quien más sufrió las consecuencias de la guerra campesina. Sus conventos y fundaciones habían sido quemados, sus tesoros robados y vendidos al extranjero o fundidos y sus provisiones se habían agotado. Los clérigos casi no habían podido oponer resistencia alguna, y el odio popular les había alcanzado con todo su vigor. Las demás clases, los príncipes, la nobleza y la burguesía hasta se alegraban en secreto por la mala suerte de los odiados prelados. La guerra de campesinos había popularizado la secularización de los bienes eclesiásticos en beneficio de los campesinos; los príncipes de sangre y una parte de las ciudades se pusieron a realizar esta secularización en su propio provecho; en los estados protestantes las propiedades de los prelados no tardaron en caer en manos de príncipes y patricios. Pero tampoco se había respetado la autoridad de los príncipes del clero, y los príncipes de sangre supieron aprovechar el odio popular en este sentido. Así vemos que el abad de Fulda terminó siendo un simple vasallo de Felipe de Hessen. Así la ciudad de Kempten obligó al principeabad a vender por un precio irrisorio una serie de valiosos privilegios que poseía en la ciudad.

    También la nobleza había sufrido grandes daños. La mayor parte de sus castillos estaba en cenizas, muchas de las mejores familias estaban arruinadas y tuvieron que ganarse la vida al servicio de los príncipes. Su impotencia frente a los campesinos había quedado patente; la nobleza había sido derrotada en todas partes y forzada a capitular: lo único que la salvo fue la intervención de los ejércitos de los príncipes. La nobleza tuvo que perder su significación como clase imperial libre para caer más y más bajo la dependencia de los príncipes.

    Tampoco las ciudades sacaron gran provecho de la guerra campesina. La dominación de los “honorables” quedo asegurada de nuevo; la oposición de los ciudadanos estaba quebrantada por mucho tiempo. Así la vieja rutina de los patricios fue sobreviviéndose hasta la revolución francesa, paralizando totalmente el comercio y la industria. Los príncipes hacían responsables a las ciudades de los éxitos momentáneos que en su seno había obtenido el partido burgués o plebeyo durante la lucha. Muchas ciudades que desde tiempo atrás formaban parte del territorio de los príncipes, sufrieron grandes perjuicios, se les privó de sus privilegios, entregándolas de manos atadas a la arbitrariedad de los príncipes explotadores, (p. e., Franken Nansen, Arnstadt, Schmaikhalden, Witsburgo, etc.), muchas ciudades libres, aunque no fueron incorporadas a los principados (como Mühlhausen) pasaron a depender moralmente de los príncipes vecinos: así sucedió con un gran número de ciudades imperiales en Franconia.

    Los príncipes fueron los únicos que en estas circunstancias pudieron sacar algún provecho de los resultados de la guerra campesina. Hemos visto en el comienzo de nuestra exposición que el incompleto desarrollo industrial, comercial y agrícola de Alemania hacia imposible toda centralización y unión de los alemanes en una nación, no permitiendo más que una centralización local o provincial; los príncipes eran los representantes de esta centralización dentro de la división y formaban la clase a la que únicamente debía beneficiar todo cambio de las condiciones sociales y políticas de la época. El nivel que había alcanzado Alemania era tan bajo y el desarrollo de las diferentes provincias tan desigual que al lado de los principados seculares aun podían subsistir soberanías eclesiásticas, ciudades republicanas y condes y barones independientes. Sin embargo, la evolución tendía, aunque lenta y penosamente hacia la centralización provincial, es decir hacia la subordinación de las demás clases bajo la de los príncipes. Ellos por consiguiente fueron los únicos que podían ganar algo en la guerra de los campesinos y así fue. Ganaron, no sólo relativamente por debilitarse sus rivales, el clero, la nobleza y las ciudades, sino también llevándose lo mejor del botín. Los bienes eclesiásticos fueron secularizados en su beneficio; una parte de la nobleza más o menos arruinada tuvo que irse acogiendo bajo su soberanía; las indemnizaciones de las ciudades y de los campesinos vinieron a aumentar sus caudales; además las oportunidades de practicar sus operaciones financieras predilectas aumentaron de manera insólita al suprimirse la gran cantidad de privilegios de las ciudades.

    El principal efecto de la guerra de campesinos fue agudizar v consolidar la división política de Alemania, esta misma división que había sido la causa del fracaso.

    Hemos visto que Alemania estaba no solamente dividida en un sinnúmero de provincias independientes y totalmente ajenas una a otra sino que también en cada provincia la nación se dividía en numerosas clases y fracciones de clases. Además de los príncipes y curas nos encontramos con la nobleza y los campesinos en el campo y con los burgueses y plebeyos en las ciudades formando clases con intereses totalmente distintos, cuando no contrarios. Por encima de todos estos intereses tan complicados estaban todavía los del emperador y del papa. Hemos visto como todas estas tendencias llegaron por fin —aunque de manera lenta. incompleta y desigual según las reuniones— a formar tres grandes grupos; hemos visto que a pesar de existir estos grupos cuya formación tanto trabajo había costado, cada clase se oponía por su parte a la evolución nacional por el cauce que le fijaban las circunstancias de la época. Y como cada clase quería ir al movimiento por su propia cuenta, entró en conflicto no sólo con todas las clases conservadoras, sino también con las demás clases de la oposición, teniendo que sucumbir finalmente. Así la nobleza en la sublevación de Sickingen, los campesinos en la guerra campesina, los burgueses con su Reforma moderada. Así los mismos campesinos no llegaron en las demás regiones alemanas a un acuerdo para la acción común con los plebeyos, entorpeciéndose ambos el camino. Asimismo hemos visto cuales fueron las causas de esta fragmentación de la lucha de clases, de la consiguiente derrota total del movimiento revolucionario y de la derrota parcial del movimiento burgués.

    La precedente exposición había demostrado a todos que la división local y provincial y el consiguiente particularismo hizo que se hundiera todo el movimiento; se había visto, como ni los burgueses, ni los campesinos, ni los plebeyos llegaron a la unidad de acción en la nación entera, como en cada provincia los campesinos actuaban por su propia cuenta negándose a ayudar a sus vecinos y como de esta manera fueron aniquilados aisladamente en sucesivas batallas y por ejércitos que ni siquiera sumaban la décima parte de la totalidad de los insurgentes. Los diferentes armisticios y tratados que algunos destacamentos aislados firmaron con sus adversarios constituyen otros tantos actos de traición a la causa común; el hecho de que los destacamentos se agrupasen, no con el fin de llevar a cabo, ellos mismos una acción común, sino forzados, bajo la amenaza de sucumbir ante un enemigo común; constituye la prueba más contundente de la indiferencia que los campesinos de una provincia mantenían frente a las de otra a consecuencia de su mutuo reconocimiento

    También allí es evidente la analogía con el movimiento de 1848-1850. También en 1848 estaban en pugna los intereses de las diferentes clases de la oposición, y cada una actuaba por su propia cuenta. La burguesía se había desarrollado lo suficiente para no tolerar ya el absolutismo burocrático­feudal, pero aun no tenía bastante fuerza para subordinar los deseos de otras clases a los suyos. El proletariado era aun demasiado débil para poder confiar en una rápida superación del periodo burgués y en una pronta conquista del poder; en cambio ya había podido apreciar bajo el absolutismo las delicias del régimen burgués y ya había adquirido el suficiente desarrollo para no dudar ni un momento de que la emancipación de la burguesía no era su propia emancipación. La masa de la nación, los pequeñoburgueses, artesanos y campesinos, se vio abandonada por la burguesía que aun era su aliado natural, pero que ya la consideraba como demasiado revolucionario, y también en algunos casos por el proletariado por no ser bastante avanzada; como estaba dividida entre si, ella tampoco pudo conseguir nada hallándose en oposición continua contra sus aliados de derecha e izquierda. Por fin el particularismo de los campesinos en 1525 no pudo ser mayor que el de todas las clases que tomaron parte en el movimiento de 1848. Lo demuestran con claridad diáfana las cien diferentes revoluciones locales seguidas de otras cien contrarrevoluciones llevadas a cabo con la misma facilidad y el mantenimiento final de la división en estados fragmentarlos. Quienes conociendo los resultados de las dos revoluciones alemanas de 1525 y de 1848 todavía son capaces de divagar sobre la “Republica federal” no merecen sino ser encerrados en un manicomio.

    Pero a pesar de tantas analogías, ambas revoluciones, la del siglo XVI como la de 1848-1850 se diferencian profundamente. La revolución de 1848, si bien no demuestra nada en favor de los progresos realizados en Alemania, por lo menos pone de manifiesto el progreso de Europa.

    ¿Quien se beneficio con la revolución de 1525? Los príncipes. ¿Quién se benefició con la revolución de 1848? Los grandes príncipes, es decir Austria y Prusia. Detrás de los pequeños príncipes de 1525 se ocultaban los burgueses mezquinos de la época, que los tenían mediatizados por ser ellos quienes concedían y pagaban el impuesto, mientras los grandes príncipes de 1850, es decir, Austria y Prusia, representaban a los grandes burgueses modernos que los tienen bajo su férula, que es la deuda del estado. Pero detrás de los grandes burgueses están los proletarios.

    La revolución de 1525 fue un asunto particular de Alemania. Los ingleses, franceses, checos y húngaros ya habían hecho su guerra de campesinos, cuando los alemanes empezaron a hacerla. Si Alemania estaba dividida, Europa lo estaba mucho más. La revolución de 1848 no fue un asunto particular de Alemania, sino parte de un gran acontecimiento europeo. Las causas que la motivaron y que no dejaron de influir en ella durante todo su transcurso no se producen en un sólo país, ni siquiera en un solo continente. Al contrario, los países que fueron el teatro de esta revolución son los que menos participaron en su génesis. No son sino materia más o menos amorfa e inconsciente, transformada en el curso de un proceso en el que ahora participa el mundo entero y por un movimiento que en las condiciones actuales de la sociedad no nos puede aparecer sino como una potencia extraña, aunque por fin resulta ser nuestro propio movimiento. La revolución de 1848-1850 no puede, por lo tanto, terminar como la de 1525.

    Algunos historiadores alemanes de hecho, la denominan la "temprana revolución burguesa", aunque yo no aventuraría tanto.

    No, las Husitas las puse como ejemplo de revuelta religiosa comunitarista, al igual que otras revueltas herejes de Europa. Además había varias fracciones -como los Taboritas, etc-.


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    No hay Revolución sin Revolucionarios
    Los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos

    Jose de San Martín


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    Comandante Ernesto "Che" Guevara

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

    Mensaje por Danko el Jue Mayo 05, 2016 5:15 am

    PequeñoBurgués escribió:
    España y Portugal se anquilosaron, fue por la Inquisición que se persiguió al libre pensamiento, por tanto en estas naciones no se innovó en nada, y su decadencia vino a raíz de perder la guerra de los 30 años en la primera mitad del siglo XVII.

    Ermmm... no. Voy a ponerte un ejemplo de nación próspera ultra católica: Austria, y posteriormente el Imperio Austro-Húngaro. No creo que haga falta explicar que a parte de potencia, poseía una gran burguesía industrial, y la sigue teniendo en Austria, país que se declara católico en su Constitución.

    Las regiones más ricas de Alemania, es decir, las del sur, con Baviera a la cabeza son católicas y en el caso de Inglaterra es un "protestantismo" sui-géneris, muy de chiste y que posee muchas características en común con el catolicismo, en el caso inglés se puede considerar cesaro-papismo (jefe de Estado cabeza religiosa).  Por otra parte los noruegos, protestantes hasta la médula, básicamente pasaban hambre hasta que descubrieron pozos de petróleo.

    Saludos.



    Italia es como España, es "rica" pero no es el primer mundo ni es motor económico comparado con el norte de Europa. Mientras que Irlanda es parte de los PIGS.

    Alemania y Holanda fueron protestantes durante la mayor parte de la historia moderna. Aunque actualmente exista una mayor población de católicos, están influidos por la ética protestante que ha imperado durante siglos. Lo mismo cabe decir de Luxemburgo.

    Austria fue un país rural y pobre frente a la protestante Prusia que acaparó el liderazgo de Alemania para la unificación. Solo recientemente ha progresado.

    Luego tenemos a Grecia, que es ortodoxa, una religión muy cercana al catolicismo romano.

    La católica Francia sería la gran excepción a la regla, aunque sigue estando por debajo de Reino Unido y Alemania.

    No obstante, considero que las diferencias religiosas han tenido poco que ver en estas desigualdades entre unos países y otros. El verdadero motor de evolución de los países protestantes residió en sus estructuras. Los países católicos mantuvieron una estructura eclesial jerárquica y estamental que se filtraba al resto de estructuras, económicas y políticas, lo cual entorpeció su modernización. Mientras que en los países protestantes eso no ocurrió, y fue el cambio fundamental para los países que adoptaron la Reforma, más que por una cuestión de ética o credo confesional.

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    Re: El protestantismo y el capitalismo

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