X Congreso PCUS

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    X Congreso PCUS

    Mensaje por Plaza_Olmedo el Vie Sep 09, 2011 7:03 pm

    Hola, quería saber si alguien sabía donde es posible encontrar las resoluciones del X Congreso del PCUS (el de 1921) en Internet. He estado buscando pero de momento nada...

    Gracias!

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por Shenin el Sáb Sep 10, 2011 12:04 pm

    Si no me equivoco, ese es el congreso en el que se prohiben las fracciones.

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por giron el Sáb Sep 10, 2011 8:09 pm

    la verdad sería interesante, alguien sabe donde se pueden encontrar las ponencias y tesis emanadas de los diferentes congresos?? o algún libro que desde una perspectiva m-l vaya analizandolos ??

    salud

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por NSV Liit el Sáb Sep 10, 2011 8:42 pm

    Por cierto, el X Congreso es también en el que se introduce la NEP.

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por Plaza_Olmedo el Dom Sep 11, 2011 2:12 pm

    Efectivamente, parece ser un congreso muy interesante. Según la Wikipedia:

    8 al 16 de marzo de 1921

    Moscú, RSFSR

    Asistieron 694 delegados representando a 732.521 afiliados y 296 delegados con voz pero sin voto.

    Varias facciones disidentes internas son prohibidas por medio de una resolución secreta. Se pone en marcha la Nueva Política Económica, la NEP.

    El congreso hizo balance de la discusión de los sindicatos y aprobó por una mayoría aplastante la plataforma leninista.

    Íntimamente unida a la resolución "sobre la unidad del Partido" se hallaba otra resolución "sobre la desviación sindicalista y anarquista dentro de nuestro Partido", aprobaba igualmente por el Congreso a propuesta de Lenin. En esta resolución, el X Congreso condenaba la llamada "oposición obrera". El congreso consideró que la propaganda de las ideas de desviación anarcosindicalista era incompatible con el hecho de militar en el Partido comunista y encarecía al Partido que luchase resueltamente contra esta desviación.

    El X Congreso tomó importantísimo acuerdo de pasar del sistema de contigentación al impuesto en especie, de pasar a la nueva política económica("NEP").

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por Plaza_Olmedo el Lun Sep 12, 2011 4:35 pm

    Ok, pues he logrado avanzar un poco en el tema. No he encontrado el congreso en sí, pero sí distintas resoluciones y proyectos de resoluciones. No conociendo la metodología de los Congresos, no sé hasta que punto, por ejemplo, el "PROYECTO INICIAL DE RESOLUCIÓN DEL X CONGRESO DEL PC DE RUSIA SOBRE LA UNIDAD DEL PARTIDO" escrito por Lenin, se corresponde a la resolución final. Pero de momento es lo que hay:

    Sobre el tema de los sindicatos, en los anexos del siguiente libro de Alexandra Kolontai se encuentran las tres propuestas, es decir, la de la Oposición Obrera, la del Grupo de los Diez y la de Trotsky y Bujarin, que si no me equivoco debería ser la de la militarización de los sindicatos.

    http://www.omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/la.oposicion.obrera.pdf

    El resto de proyectos están en el tercer tomo de las obras escogidas de Lenin de marxists.org, acá un par de links directos:

    PROYECTO INICIAL DE RESOLUCIÓN DEL X CONGRESO DEL PC DE RUSIA SOBRE LA UNIDAD DEL PARTIDO: http://leninist.biz/es/1979/LOE3EP/X.Congreso.3-Unidad.del.Partido


    PROYECTO INICIAL DE RESOLUCIÓN DEL X CONGRESO DEL PC DE RUSIA SOBRE LA DESVIACIÓN SINDICALISTA Y ANARQUISTA EN NUESTRO PARTIDO: http://leninist.biz/es/1979/LOE3EP/X.Congreso.4-Desviacion.Sindicalista.y.Anarquista


    Con respecto a lo de la resolución secreta que menciona la wikipedia, si no le entendía mal a Carr, más que una resolución en sí, era la parte final de la resolución sobre la unidad del partido que permitía expulsar a miembros del CC, y que fue hecha pública tres años después.



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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 12, 2011 5:23 pm

    Algo más, de la wikipedia rusa:


    Derrota de varios grupos de oposción:

    - Oposición Obrera (Shliápnikov, Kollontai) - influidos por el anarcosindicalismo.
    - Industrialistas: Trotski, Krestinski, Serebriakov, Rakovski.
    - Grupo del Búfer (grupo "amortiguador" o "de tope" o algo así): Bujárin, Preobrazhenski, Larin, Sokólnikov. Fue un grupo formado en torno a la discusión sobre el papel de los sindicatos. Abogaban por la reconciliación entre los distintos grupos opositores internos y el grupo de los diez (Lenin, Stalin, Rudzutak, Kalinin, Petrovski, Serguéiev, Tomski, Kámenev, Lozovski, Zinoviev). Aunque por sus ideas estaban cerca de los trotskistas.
    - Decisti (centralistas democráticos): Bubnov, Sapronov, Smirnov, Kosior, Drobnis, Osinski, etc. Había sido creado a comienzos de 1919. Se oponían a un supuesto burocratismo centralista. Tuvieron bastante actividad en el IX Congreso, oponiéndose a la burocratización del partido y los órganos soviéticos, de hecho este fue su momento de mayor influencia. En el X Congreso lucharon por la libertad de fracciones dentre del partido. Luego apoyarían a Trotski y se integrarían en la Oposición de Izquierdas, aunque hubo bastantes disputas internas y muchos no lo hicieron, o porque veían el grupo demasiado radical, o porque lo veían muy poco radical, así que algunos intaron crear grupos de oposición diferentes (Grupo de los 15, también llamado Grupo de Saprónov, en el XV Congreso del Partido serían expulsados junto con los Trotskistas), o acabaron en las filas oficiales (Osinski o Bubnov), otros siguieron apoyando a Trotski (Kosior, Drobnis).

    Discusiones principales del congreso: Discisión sobre los sindicatos y aceptación de la resolución sobre la "Unidad del Partido". Paso del régimen de "comunismo de guerra" a la NEP. Debilidad de Trotski, tanto en el CC como en los candidatos, sus partidarios quedan en minoría, mientras que los partidarios de Stalin quedan muy reforzados.

    Además se produjo la movilización de unos 200 delegados para acabar con el levantamiento de Kronshtadt.

    (Fuentes: varios artículos de la wiki rusa)

    Los materiales del congreso pueden encontrarse aquí en su totalidad, pero claro, en ruso:

    http://publ.lib.ru/ARCHIVES/K/KPSS/_KPSS.html#010





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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 12, 2011 5:43 pm

    Aquí un texto de Lenin sobre el momento anterior al X Congreso:

    http://leninist.biz/es/1979/LOE3EP/Errores.de.Camaradas

    Spoiler:
    UNA VEZ MAS ACERCA
    DE LOS SINDICATOS,
    EL MOMENTO ACTUAL
    Y LOS ERRORES DE LOS CAMARADAS
    TROTSKI Y BUJARIN^^172^^


    Se han avivado la discusión en el partido y la lucha fracciona! precursoras del congreso, es decir, en vísperas y con motivo de las próximas elecciones de delegados al X Congreso del PCR. La primera intervención fracciona!, a saber, la intervención del camarada Trotski en nombre de "toda una serie de dirigentes responsables" con "un folleto-plataforma" (El papel y las tareas de los sindicatos, prólogo fechado el 25 de diciembre de 1920), ha sido seguida de una brusca intervención (el lector verá más adelante que la brusquedad está justificada) de la organización de Retrogrado del PCR (el Mensaje al partido, publicado el 6 de enero de 1921 en Petrográdskaya Pravda y luego, el 13 de enero de 1921, en el órgano central del partido, en Pravda, de Moscú). Después se ha manifestado contra la organización de Petrogrado el Comité de Moscú (en Pravda de la misma fecha). Con posterioridad ha aparecido, editada por el Buró del grupo comunista del Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, el acta taquigráfica de la discusión del 30 de diciembre de 1920 en una grande e importantísima reunión del partido, a saber, de los militantes del PCR delegados al VIII Congreso de los Soviets. Dicha acta taquigráfica se titula Acerca del papel de los sindicatos en la producción (prólogo fechado el 6 de enero de 1921). Claro que eso dista mucho de ser todo el material de la polémica. Pero casi en todos los lugares se están celebrando ya reuniones de partido para examinar los problemas en discusión. El 30 de diciembre de 1920 hube de hablar en unas condiciones que "infringían el reglamento”, como dije entonces, es decir, en unas condiciones que me impidieron participar en los debates y escuchar a los oradores que me habían precedido en el uso de la palabra y a los que me sucedieron. Procuraré ahora restablecer el orden infringido y exponer mi opinión de manera más “ordenada”.
    535
    EL PELIGRO DE LAS ACCIONES FRACCIÓNALES PARA EL PARTIDO

    p .•Es el folleto del camarada Trotski El papel y las tareas de los sindicatos; una intervención fracciona!? ¿Hay en una intervención de esa índole, independientemente de su contenido, algo peligroso para el partido? Los más aficionados a silenciar esta cuestión (además del camarada Trotski, por supuesto) son los miembros del Comité de Moscú, que ven fraccionismo en los petrogradenses, y el camarada Bujarin, el cual, sin embargo, se consideró obligado a declarar en un discurso, el 30 de diciembre de 1920, en nombre de la "fracción de tope”^^174^^.

    p “...cuando el tren tiene cierta indinadón al descarrilamiento, los topes no son ya una cosa tan mala" (pág. 45 del acta de la discusión del 30 de diciembre de 1920).

    p Existe, pues, cierta inclinación al descarrilamiento. Y bien, ¿son concebibles miembros conscientes del partido que no sientan preocupación por saber dónde precisamente, en qué precisamente y cómo precisamente ha comenzado esa inclinación?

    p El folleto de Trotski empieza con la declaración de que "es fruto de un trabajo colectivo”; de que en su redacción ha participado "toda una serie de dirigentes responsables, sobre todo sindicales (miembros del Presidium del Consejo Central de los Sindicatos^de toda Rusia, del CC del Sindicato de Metalúrgicos, del Cectrán ^^175^^, y otros)”; de que es "un folleto-plataforma”. Y al final de la tesis N° 4 leemos que "el próximo congreso del partido tendrá que elegir (la cursiva es de Trotski) entre dos tendencias en el movimiento sindical".

    p Si eso no es la formación de una fracción por un miembro del Comité Central, si eso no es "cierta inclinación al descarrilamiento”, que el camarada Bujarin o cualquiera de sus correligionarios prueben a explicar al partido: ¿¿qué otro sentido tienen las palabras "fracción" e "inclinación al descarrilamiento" del partido?? ¿¿Puede imaginarse una ceguera más monstruosa que esta ceguera de quienes desean "hacer de tope" y cierran los ojos unte semejan «e "inclinación al descarrilamiento"??

    p Imaginaos: después de dos sesiones plenarias del CC (9 de noviembre y 7 de diciembre), dedicadas a discutir acaloradamente, con inaudita minuciosidad y durante largo tiempo el esbozo inicial de las tesis del camarada Trotski y toda la política del partido en los sindicatos que él propugna, un miembro de los /.9del CC se queda solo, forma un grupo fuera del CC y presenta "el trabajo" “colectivo” de ese grupo como una “plataforma”, ¡¡proponiendo al 536 congreso del partido que "elija entre dos tendencias"!! No hablo ya de que esta proclamación por el camarada Trotski precisamente de dos tendencias y sólo de dos tendencias el 25 de diciembre de 1920, a pesar de que Bujarin había hablado ya como “parachoquista” el 9 de noviembre, denuncia patentemente el verdadero papel del grupo de Bujarin como cómplice del fraccionismo peor y más nocivo. Esto de pasada. Pero yo pregunto a cualquier miembro del partido: ¿No asombra por su vertiginosidad semejante presión y embestida en lo que respecta a "la elección" entre dos tendencias en el movimiento sindical? ¿Es que no hay motivo para quedarse perplejo ante el hecho de que a los tres años de dictadura del proletariado pueda encontrarse en el partido un miembro, aunque sólo sea, capaz de “embestir” de esa manera, planteando la cuestión de las dos tendencias en el movimiento sindical?

    p Pero hay más. Ved los ataques fracciónales con que está adornado ese folleto. En h primera tesis leemos una temible “amenaza” a "algunos dirigentes del movimiento sindical" que han sido arrojados "atrás, a las posiciones tradeunionistas, eliminadas con firmeza por el partido hace mucho" (por lo visto, sólo un miembro de los 19 del CC representa al partido). En la tesis 8 se censura enfáticamente "el conservadurismo sindical en la capa dirigente de funcionarios sindicales" (¡advertid que se trata de un afán verdaderamente burocrático de centrar la atención en "la capa dirigente"!). En la tesis 11 se hace al principio la... ¿cómo decirlo con mayor delicadeza?... "insinuación”, sorprendentemente circunspecta, demostrativa y eficiente, de que "la mayoría de los dirigentes sindicales" "reconocen de manera formal, es decir, de palabra”, los acuerdos del IX Congreso del PC de Rusia.

    p ¡Esos son los jueces competentes que fallan que la mayoría (!!) de los dirigentes sindicales reconocen de palabra los acuerdos del partido!

    p En la tesis 12 se dice:

    p “...numerosos dirigentes sindicales se pronuncian de manera cada día más enérgica e intransigente contra las perspectivas de enlazamiento... Entie esos dirigentes sindicales encontramos a los camaradas Tomski y Lozovski. Es más. Al rechazar las nuevas tareas y los nuevos métodos, muchos dirigentes sindicales fomentan en sus medios un espíritu de estrechez corporativa, de antipatía a los nuevos funcionarios destinados a la esfera dada de la economía y, de este modo, mantienen de hecho las supervivencias gremiales entre los obreros organizados en sindicatos."

    p Que el lector vuelva a leer atentamente estas consideraciones y medite bien sobre ellas. La riqueza de “perlas” es pasmosa. Primero, ¡valorad esta intervención desde el punto de vista de su fraccionismo! Figuraos lo que diría y cómo intervendría Trotski si Tomski 537 publicase una plataforma acusando a Trotski y a “numerosos” dirigentes militares de que fomentan el espíritu del burocratismo, apoyan las supervivencias del salvajismo, etc. ¿Cuál es "el papel" de Bujarin, Preobrazhenski, Serebriakov y otros, que no ven—no advierten, no advierten en absoluto—brusquedad y fraccionismo en eso, no ven cuánto más fracciona! es eso que la intervención de los petrogradenses?

    p Segundo. Ahondad en este enfoque de la cuestión: muchos dirigentes sindicales "fomentan en sus medios un espíritu"... F.l enfoque es totalmente burocrático. Habéis de saber que todo consiste en el "espíritu" que fomentan "en sus medios" Tomski y Lozovski, y en modo alguno en el nivel de desarrollo ni en las condiciones de vida de las masas, de millones de seres.

    p Tercero. El camarada Trotski ha expresado sin querer la esencia de toda la discusión, tan cuidadosamente eludida y velada tanto por él como por los “parachoquistas” (NOTA del NSV: los del Búfer, grupo del tope o amortiguador) Bujarin y Cía.

    p ¿Es que la esencia de toda la discusión y el origen de la lucha consisten en que numerosos dirigentes sindicales rechazan las nuevas tareas y los nuevos métodos, fomentando en sus medios el espíritu de antipatía a los nuevos funcionarios?

    p ¿O en que las masas de obreros organizados en sindicatos protestan con razón y expresan ineluctablemente su disposición a echar a los nuevos dirigentes que no quieren corregir los extremismos de burocratismo innecesarios y perniciosos?

    p ¿Es que la esencia de la discusión consiste en que alguien no quiere comprender "las nuevas tareas y los nuevos métodos"?

    p ¿O en que alguien encubre desafortunadamente la defensa de algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y perniciosos, con palabras acerca de las nuevas tareas y los nuevos métodos?

    Que el lector recuerde esta esencia de toda la discusión.
    LA DEMOCRACIA FORMAL Y LA CONVENIENCIA REVOLUCIONARIA

    p “La democracia obrera no conoce fetiches”, escribe el camarada Trotski en sus tesis, "fruto de un trabajo colectivo”. "Sólo conoce la conveniencia revolucionaria" (tesis 23).

    p Con estas tesis del c amarada Trotski ha ocurrido algo desagradable. Todo lo que tienen de acertado, además de no ser nuevo, se vuelve contra Trotski. Y lo eme tienen de nuevo es completamente desacertado.

    p He anotado los postulados acertados del camarada Trotski. Se vuelven contra él no sólo en la cuestión tratada en la tesis 23 (acerca de la Glavpolitput’"’), sino también en otras.
    538

    p Desde el punto de vista de la democracia formal, Trotski tenia derecho a presentar una plataforma fracdonal incluso contra todo el Comité Central. Esto es indiscutible. Es indiscutible también que el Comité Central confirmó ese derecho formal con su acuerdo del 24 de diciembre de 1920 sobre la libertad de discusión. Bujarin-tope reconoce a Trotski ese derecho formal, pero no se lo reconoce a la organización de Petrogrado, probablemente porque Bujarin llegó a hablar el 30 de diciembre de 1920 hasta de "la consigna sagrada de la democracia obrera" (pág. 45 del acta taquigráfica)...

    p Pero ¿y la conveniencia revolucionaria?

    p ¿¿Habrá siquiera un hombre serio, no cegado por el fracciona! amor propio de la fracción del Cectrán o "de tope”, que en plena posesión de sus facultades mentales crea conveniente desde el punto de vista revolucionario semejante intervención acerca del movimiento sindical de un dirigente tan prestigioso como Trotski??

    p ¿¿Se podrá negar que incluso si Trotski hubiese señalado "las nuevas tareas y los nuevos métodos" con un acierto tan grande como el desacierto con que las ha señalado de hecho (de lo cual hablaremos más adelante), que incluso sólo con semejante enfoque de la cuestión Trotski se habría causado daño a sí mismo y lo habría causado al partido, al movimiento sindical, a la educación de los millones de afiliados de los sindicatos y a la República??

    Es probable que el bueno de liujarin y su grupo se llamen a sí mismos “topes” porque hayan decidido firmemente no pensar en los deberes que ese título impone.
    EL PELIGRO POLÍTICO DE LAS ESCISIONES EN EL MOVIMIENTO SINDICAL

    p Todo el mundo sabe que las grandes discrepancias surgen a veces de las divergencias más pequeñas, incluso insignificantes al principio. Todo el mundo sabe que una herida minúscula, o hasta un arañazo, que cada cual recibe por decenas a lo largo de su vida, puede transformarse en una enfermedad peligrosísima, e incluso absolutamente mortal, si la herida empieza a emponzoñarse, .vi comienza una infección de la sangre. Así ocurre en todos los conflictos, aun en los puramente personales. Así sucede también en política.

    p Cualquier discrepancia, incluso la más insignificante, puede llegar a ser peligrosa desde el punto de vista político si surge la posibilidad de que se agrande hasta la escisión; hasta una escisión precisamente de tal índole que pueda hacer tambalearse y destruir todo el edificio político, que pueda conducir—expresándonos con la metáfora del camarada Bujarin—al descarrilamiento del tren.
    539

    p Es claro que en un país que está viviendo la dictadura del proletariado, la escisión del proletariado o la escisión entre el partido proletario y la masa proletaria es ya no sólo peligrosa, sino peligrosísima, especialmente si el proletariado constituye en dicho país una pequeña minoría de la población. Y las escisiones en el movimiento sindical (que, como procuré remarcar con todas mis fuerzas en el discurso del 30 de diciembre de 1920, es un movimiento del proletariado organizado en sindicatos casi en su totalidad) implican escisiones precisamente en la masa del proletariado.

    p Por eso, cuando "empezó el barullo" en la V Conferencia Sindical de toda Rusia del 2 al 6 de noviembre de 1920’" (y empezó precisamente en ella); cuando nada más terminar esta conferencia... no, me equivoco, durante esta conferencia, el camarada Tomski vino excitadísimo al Buró Político y, con el pleno apoyo del equilibradísimo camarada Rudzutak, comenzó a contar que el camarada Trotski había hablado en ella de “sacudir” los sindicatos y que él, Tomski, había polemizado contra esto; cuando ocurrió eso, decidí para mí, en el acto y de manera definitiva, que la esencia de la discusión estaba cabalmente en la política (es decir, en la política del partido respecto a los sindicatos) y que el camarada Trotski, con su política de “sacudimiento”, no llevaba ninguna razón en esta discusión con el camarada Tomski. Porque la política de “sacudimiento”, incluso si se justificara en parte con "las nuevas tareas y los nuevos métodos" (tesis 12 de Trotski), es completamente inadmisible en el momento actual y en la situación presente, pues implica un peligro de escisión.

    p Al camarada Trotski le parece ahora que atribuirle la política de "sacudir desde arriba" "es la más pura caricatura" (L. Trotski. Respuesta a los cantaradas de Petrogrado, publicada en Pravda, núm. 9, del 15 de enero de 1921). Mas la palabreja “sacudimiento” se ha hecho verdaderamente proverbial, y no sólo en el sentido de que, al ser pronunciada por el camarada Trotski en la V Conferencia Sindical de toda Rusia, "ha volado" ya, por así decir, tanto en el partido como en los sindicatos. No. Por desgracia, sigue siendo acertada hasta ahora en un sentido mucho más profundo. A saber: esa sola palabra expresa, en la forma más breve, todo el espíritu, toda la tendencia del folleto-plataforma El papel y las tareas de los sindicatos. Todo este folleto-plataforma del camarada Trotski está impregnado, desde el principio hasta el fin, precisamente del espíritu de la política de "sacudir desde arriba”. Baste recordar la acusación hecha al camarada Tomski o a "numerosos dirigentes sindicales" de que ¡"fomentan en sus medios el espíritu de antipatía a los nuevos funcionarios"!

    p Pero si en la V Conferencia Sindical de toda Rusia (2-6 cíe noviembre de 1920) sólo empezaba aún a crearse una atmósfera que 540 amena/aba con escisiones, a principios de diciembre de 1920 fue va un hecho la escisión del Cectrán.

    p Este acontecimiento es fundamental, principal, cardinal para valorar la esencia política de nuestras discusiones; y en vano creen los camaradas Trotski y Bujarin que el silencio ayudará, por poco quesea, en este caso. En este caso, el silencio no hace de “tope”, sino que enardece, pues el problema no sólo está planteado a la orden del día por la vida, sino que lo ha subrayado el camarada Trotski en su folleto-plataforma. Porque precisamente este folleto plantea repetidas veces la cuestión en los pasajes que he citado, sobre todo en la tesis 12, de en qué consiste la esencia: ¿en que "numerosos dirigentes sindicales fomentan en sus medios el espíritu de antipatía a los nuevos funcionarios"?, ;o en que "la antipatía" de las masas es legítima en virtud de ciertos extremismos de burocratismo, innecesarios y perniciosos, por ejemplo, en el Cectrán?

    p El camarada Zinóviev plantee) abiertamente esta cuestión, y con todo fundamento, en su primer discurso del 30 de diciembre de 1920 al decir que habían llevado a la escisión "los inmoderados adeptos del camarada Trotski”. ¿Quizá por eso censuró el camarada Bujarin el discurso del camarada Zinóviev, calificándolo de " charlatanería"? Pero cualquier miembro del partido que lea el acta taquigráfica de la discusión del 30 cíe diciembre de 1920 podrá convencerse ahora de lo injusto de ese reproche y verá que precisamente el camarada Zinóviev cita hechos exactos v se apoya en hechos exactos, mientras que precisamente en los discursos de Trotski y Bujarin predomina la “verbosidad” intelectual sin ningún hecho.

    p Cuando el camarada Zinóviev dijo: "El Cectrán tiene los pies de barro, se ha dividido ya en tres partes”, el camarada Sosnovski le interrumpió, diciendo:

    p “Y usted lo estimuló”. (Acta taquigráfica, pág. 15.)

    p Esta acusación es seria. Si se demostrara, está claro que los culpables de estimular la escisión, aunque sólo sea de un sindicato, no podrían estar ni en el Comité Central, ni en el PCR ni en los sindicatos de nuestra república. Por fortuna, esa seria acusación ha sido hecha en forma no seria por un camarada que, lamentablemente, ha dado ya en más de una ocasión ejemplos de sus “aficiones” polémicas nada serias. El camarada Sosnovski, incluso en sus excelentes artículos, por ejemplo, sobre la propaganda en el terreno de la producción, ha sabido a veces poner "un poco de hiél”, que ha pesado mucho más que todos los lados positivos de la propia propaganda de la producción. Hay naturalezas tan felices (como la de Bujarin, por ejemplo) que, incluso en lo más encarnizado de la lucha, de lo que menos son capaces es de emponzoñar sus ataques; 541 hay otras naturalezas, no muy dichosas, que empon/oñan sus ataques con excesiva frecuencia. Al camarada Sosnovski le sería útil vigilarse en este sentido e incluso pedir a sus amigos que lo vigilen.

    p Pero—podrá decirse—la acusación, a pesar de lodo, ha sido hecha. Aunque en forma poco seria, desacertada y evidentemente “frHccional”. Mas es preferible decir la verdad con desacierto que silenciarla si la cuestión es grave.

    p La cuestión, indudablemente, es grave, pues en eso consiste, repito, más de lo que se piensa, la esencia de toda la discusión. Y disponemos, por fortuna, de datos suficientemente objetivos y suficientemente convincentes para responder a fondo a la cuestión que ha planteado el camarada Sosnovski.

    p Primero. En la misma página del acta taquigráfica leemos la declaración del camarada Zinóviev, que no sólo respondió al camarada Sosnovski: "¡No es cierto!”, sino que citó datos fidedignos acerca de los hechos decisivos. El camarada Zinóviev dijo que el camarada Trotski trató de hacer (añadiré por mi parte: dejándose llevar, evidentemente, por la pasión fracciona!) una acusación distinta por completo de la que hizo el camarada Sosnovski, inculpando al camarada Zinóviev de que él, Zinóviev, contribuye» a la escisión o provocó la escisión con su discurso en la Conferencia de Septiembre del PCR"*. (Señalaré, entre paréntesis, que la acusación es inconsistente ya por el hecho de que el discurso de Zinóviev en septiembre había sido aprobado, en esencia, por el Comité Central y por el partido, y nadie ha protestado nunca formalmente contra él.)

    p Y el camarada Zinóviev respondió que el camarada Rudzutak había demostrado en una reunión del CC, con las actas en la mano, que "este problema (el problema de algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos, en el Cectrán) había sido examinado en Siberia, en el Volga, en el Norte y en el Sur mucho antes de que yo (o sea, Zinóviev) pronunciara discurso alguno y mucho antes de la conferencia del partido".

    p Es ésta una declaración completamente clara, exacta y basada en hechos. La hizo el camarada Zinóviev en su primer discurso, pronunciado ante miles de miembros del PCR con cargos de la mayor responsabilidad, .sin que el camarada Trotski, que habló dos veces después de ese discurso de Zinóviev, ni el camarada Bujarin, que también habló después de ese discurso de Zinóviev, pudieran rebatir los hechos señalados por Zinóviev.

    p Segundo. La resolución del Pleno del CC del PCR sobre el conflicto entre los comunistas del transporte marítimo y fluvial y el grupo corminista de la conferencia del Cectrán, aprobada el 7 de diciembre de 1920 y recogida en esa misma acta taquigráfica, es una refutación todavía más exacta y oficial de la acusación hecha por el camarada Sosnovski. 542 La parte cíe la resolución dedicada al Cectrán dice:

    p “Con motivo del conflicto entre el Cectrán y los trabajadores del transporte marítimo y fluvial, el CC acuerda: 1) Crear en el Cectrán unificado la sección de trabajadores del transporte marítimo y fluvial. 2) Convocar en febrero un congreso de ferroviarios y trabajadores del transporte marítimo y fluvial, en el que se elegirá normalmente el nuevo Cectrán. 3) Hasta entonces, dejar que siga en funciones el viejo Cectrán. 4) Suprimir inmediatamente la Glavpolitvod^^179^^ y la Glavpolitput [542•* , transfiriendo todos sus efectivos y medios a la organización sindical sobre la base d democracia normal."

    p El lector verá por esta resolución que, lejos de condenarse al Sindicato del Transporte Marítimo y Fluvial, se reconoce, por el contrario, que tiene razón en todo lo esencial. Sin embargo, no votó a favor de esa resolución ni uno de los miembros del CC (excepto Kámenev) que firmaron la plataforma común del 14 de enero de 1921 (Acerca del papel y las tareas de los sindicatos. Proyecto de resolución del X Congreso del PCR, presentado al CC por un grupo de miembros del mismo y de miembros de la comisión sindical. Lo firman: Lozovski, como miembro de la comisión sindical, pero no del CC; los demás firmantes son: Tomski, Kalinin, Rudzutak, Zinóviev, Stalin, Lenin, Kámenev, Petrovski y Artiom Serguéiev).

    p Dicha resolución fue aprobada en contra de los mencionados miembros del CC, es decir, en contra de nuestro grupo. Porque nosotros hubiéramos votado en contra de que siguiera temporalmente en funciones el viejo Cectrán. Y la inevitabilidad de la victoria de nuestro grupo obligó a Trotski a votar en pro de la resolución de Bujarin, pues, de lo contrario, habría sido aprobada nuestra resolución. El camarada Rykov, que en noviembre estaba al lado de Trotski, participó en diciembre en la labor de la comisión sindical para ventilar el conflicto entre el Sindicato del Transporte Marítimo y Fluvial y el Cectrán y se convenció de que tenía razón el primero.

    p Resultado: la mayoría de diciembre (7 de diciembre) del CC estuvo compuesta por los camaradas Trotski, Bujarin, Preobrazhenski, Serebriakov, etc., es decir, por miembros del CC que no despertarán en nadie sospechas de parcialidad contra el Cectrán. Y esta mayoría, por la esencia de su resolución, no censuró al Sindicato del Transporte Marítimo y Fluvial, sino al Cectrán, negándose sólo a sustituirlo inmediatamente. Por tanto, queda demostrada la insolvencia de la acusación de Sosnovski.

    p Para no dejar nada sin aclarar habremos de tratar un punto más. ¿En qué consistían, pues, "algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos”, a los que he aludido varias veces? ¿No habría y no habrá falta de fundamento o exageración en esta acusación?
    543

    p De nuevo dio la respuesta el camarada Zinóviev en su primer discurso del 30 de diciembre de 1920, y una respuesta que no deja nada que desear en cuanto a exactitud. El camarada Zinóviev leyó un extracto de la orden impresa del camarada Zof para el transporte marítimo y fluvial (del 3 de mayo de 1920), en la que se declara: "desaparece la proliferación de los comités”. El camarada Zinóviev calificó acertadamente eso de error cardinal. Eso sí que es un modelo de extremismo, innecesario y nocivo, de burocratismo y " designacionismo”. El camarada Zinóviev hizo en el acto la salvedad de que entre los designados hay "camaradas mucho menos probados y con mucha menos experiencia" que el camarada Zof. En el CC he oído decir que Zof es un valiosísimo funcionario, y mis observaciones en el Consejo de Defensa confirman plenamente esta opinión. Nadie piensa ni minar la autoridad de semejantes camaradas ni convertirlos en "chivos expiatorios" (como sospechó el camarada Trotski en su informe, pág. 25, sin tener para ello ni asomo de fundamento). La autoridad de los “designados” no la minan quienes corrigen los errores que ellos cometen, sino quienes quisieran defenderlos incluso cuando incurren en errores.

    Vemos, pues, que el peligro de escisiones en el movimiento sindical no es imaginario, sino real. Vemos también del modo más palmario en qué consistió precisamente la esencia, no exagerada, de las discrepancias: en la lucha por que algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos, y de “designacionismo” no sean defendidos ni justificados, sino corregidos. Sólo eso.
    ACERCA DE LAS DISCREPANCIAS DE PRINCIPIOS

    p Pero si existen discrepancias cardinales y profundas de principios —podrán decirnos—, ¿es que no justifican incluso las intervenciones más bruscas y fracciónales? Si hay que decir algo nuevo e incomprensible, ¿no justifica eso, a veces, hasta la escisión?

    p La justifica, naturalmente, si las discrepancias son, en efecto, profundas en extremo y si la dirección equivocada de la política del partido o de la clase obrera no se puede corregir de otra manera.

    p Mas el quid está, precisamente, en que tales discrepancias no existen. El camarada Trotski se esforzó por señalarlas, pero no pudo. Y si antes de aparecer su folleto (25 de diciembre) se podía—y se debía—hablar convencional y conciliadoramente “(no se puede enfocar así la cuestión, incluso en el caso de que haya tareas nuevas incomprendiclas, de que haya discrepancias”), después de haber aparecido ha habido que decir: en lo que tiene de nuevo, el camarada Trotski no lleva razón en esencia.
    544

    p Esto puede verse con la mayor claridad al comparar las tesis del camarada Trotski con las de Rudzutak, aprobadas por la V Conferencia Sindical de toda Rusia (2-6 de noviembre). Las cité en mi discurso del 30 de diciembre y en Pravda del 21 de enero. Estas tesis son más acertadas y completas que las de Trotski. Lo que diferencia las tesis de Trotski de las de Rudzutak es erróneo en Trotski.

    p Analicemos, para empezar, la decantada "democracia en la producción”, que el camarada Bujarin se apresuró a incluir en la resolución del CC del 7 de diciembre. Está claro que sería ridículo tomarla con este término torpe y artificial (“fiorituras”), propio de intelectuales, si se hubiera empleado en un discurso o en un artículo. ¡Pero es que Trotski y Bujarin se han colocado ellos mismos en la ridicula posición de insistir en las tesis precisamente en este término, que diferencia sus “plataformas” de las tesis de Rudzutak aprobadas por los sindicatos!

    p Ese término es desacertado desde el punto de vista teórico. Toda democracia, como toda superestructura política en general (ineluctable mientras no se culmine la supresión de las clases, mientras no se cree la sociedad sin clases), sirve, en última instancia, a la producción y está determinada, en última instancia, por las relaciones de producción de la sociedad dada. Por eso, separar "la democracia en la producción" de cualquiera otra democracia no dice nada. Es un embrollo y una vacuidad. Eso, primero.

    p Segundo. Ved cómo explica el propio Bujarin ese término en la resolución, escrita por él, de la sesión plenaria del CC del 7 de diciembre. "Por eso—escribió Bujarin allí—, los métodos de la democracia obrera deben ser los métodos de la democracia en la producción. Esto significa"... (¡Fijaos en "esto significa"! Bujarin empieza su alocución a las masas con un término tan enrevesado que hace falta explicarlo especialmente; a mi juicio, desde el punto de vista de la democracia, eso no es democrático; hay que escribir para las masas sin emplear términos nuevos que requieran tina explicación especial; desde el punto de vista de "la producción”, eso es perjudicial, pues obliga a perder tiempo en vano para explicar un término innecesario); "esto significa que todas las elecciones, la presentación de candidatos, el apoyo a éstos, etc., deben efectuarse desde el punto de vista no sólo de la firmeza política, sino también de las aptitudes administrativas, de la antigüedad en la administración, de las dotes de organizador y de la preocupación, comprobada en la práctica, por los intereses materiales y espirituales de las masas trabajadoras."
    545

    p Este razonamiento es evidentemente forzado y erróneo. Democracia no significa sólo "elecciones, presentación de candidatos, apoyo a éstos, etc.” Eso, por un lado. Y, por otro, no todas las elecciones deben efectuarse desde el punto de vista de la firmeza política y cíe las aptitudes administrativas. Es preciso también, a despecho de Trotski, tener en una organización de millones cierto porcentaje de intercesores, burócratas (durante muchos años no podremos pasarnos sin buenos burócratas). Pero no hablamos de democracia “intercesora” o "burocrática".

    p Tercero. Es erróneo mirar únicamente a los elegidos, a los organizadores, administradores, etc., pues, a pesar de todo, son una minoría de hombres destacados. Hay que mirar a los hombres sencillos, a la masa. En las tesis de Rudzutak eso está expresado no sólo con mayor sencillez y claridad, sino también más acertadamente desde el punto de vista teórico (tesis 6):

    p “...es preciso que cada trabajador comprenda la necesidad y la conveniencia de las tarcas que cumple en la producción; es preciso que cada productor no sólo participe en el cumplimiento de las tareas señaladas desde arriba, sino que tome parte conscientemente en la corrección de todas las deficiencias, técnicas y de organi/ación, en el ámbito de la producción."

    p Cuarto. "La democracia en la producción" es un término que puede dar lugar a falsas interpretaciones. Puede ser entendido como negación de la dictadura y de la dirección unipersonal. Puede ser interpretado en el sentido de aplazar la democracia corriente o de eludirla. Ambas interpretaciones son perjudiciales, y para no incurrir en ellas será inevitable hacer largos comentarios especiales.

    p La sencilla exposición de las mismas ideas en las tesis de Rudzutak es más acertada y esquiva todos esos inconvenientes. Y Trotski, en su artículo La democracia en la producción, publicado en Pravda el 11 de enero, lejos de refutar la existencia de esos desaciertos e inconvenientes (elude toda esta cuestión, no compara sus tesis con las de Rudzutak), por el contrario, confirma de manera indirecta la inconveniencia y el desacierto de su término precisamente al establecer un paralelo entre él y "la democracia militar”. Por fortuna, jamás hemos entablado, que yo recuerde, discusiones fracciónales a causa de este término.

    Más desafortunado aún es el término de Trotski "atmósfera de producción”. Zinóviev se rió de él con razón. Trotski se enfadó mucho y objetó: "En nuestro país ha habido atmósfera militar... Ahora debe crearse en la masa obrera, en sus entrañas, y no sólo en la superficie, una atmósfera de prociucción, es decir, la misma tensión, el mismo interés práctico y la misma atención por la 546 producción que los que existieron por el frente...” De eso precisamente se trata, de que hay que hablar "a la masa obrera, a sus entrañas" como se habla en las tesis de Rudzutak, y no empleando palabras como "atmósfera de producción”, que suscitarán perplejidad o una sonrisa. En el fondo, al emplear las palabras "atmósfera de producción”, el camarada Trotski expresa la misma idea que el concepto de propaganda en el terreno de la producción. Pero precisamente para la masa obrera, para sus entrañas, hay que hacer esta propaganda de modo que se eviten semejantes expresiones. Esta expresión es un modelo de cómo no se debe hacer la propaganda de la producción entre las masas.
    POLÍTICA Y ECONOMÍA. DIALÉCTICA Y ECLECTICISMO

    p Es extraño que tengamos que plantear de nuevo esta cuestión tan elemental, tan rudimentaria. Por desgracia, Trotski y Bujarin nos obligan a hacerlo. Ambos me acusan de que "la sustituyo" con otra o la enfoco "políticamente”, mientras que ellos la enfocan "económicamente”. Bujarin incluso ha introducido eso en sus tesis y ha intentado "elevarse por encima" de ambos disputantes, como diciendo: yo junto lo uno y lo otro.

    p La inexactitud teórica es flagrante. La política es la expresión concentrada de la economía, repetí en mi discurso, pues había oído ya antes este reproche, absurdo y absolutamente inadmisible en labios de un marxista, por mi enfoque "político”. La política no puede dejar de tener supremacía sobre la economía. Pensar de otro modo significa olvidar el abecé del marxismo.

    p ¿Quizá sea errónea mi valoración política? Decidlo y demostradlo. Pero decir (o admitir incluso indirectamente la idea) que el enfoque político es equivalente al enfoque "económico”, que se puede tomar "lo uno y lo otro”, significa olvidar el abecé del marxismo.

    p Digámoslo con otras palabras. El enfoque político significa: si se adopta una actitud equivocada ante los sindicatos, eso hundirá el Poder soviético, la dictadura del proletariado. (La disidencia entre el partido y los sindicatos, en el caso de que el partido no tuviese razón, daría sin duda al traste con el Poder soviético en un país campesino como Rusia.) Se puede (y se debe) comprobar a fondo este razonamiento, es decir, analizar, calar hondo y decidir si semejante enfoque es justo o injusto. En cambio, decir: “aprecio” su enfoque político, “pero” es sólo político, y lo que necesitamos es un enfoque "también económico”, equivale a decir: “aprecio” su 547 razonamiento de que, al dar tal paso, se romperá usted la crisma, pero sopese asimismo la circunstancia de que es mejor estar ahito y vestido que hambriento y desnudo.

    p Bujarin ha caído teóricamente en el eclecticismo al predicar la unión del enfoque político y del económico.

    p Trotski y Bujarin presentan las cosas como si ellos se preocuparan del aumento de la producción y nosotros sólo de la democracia formal. Eso es falso, pues la cuestión se plantea (y, a lo marxista, puede plantearse) únicamente así: sin un acertado enfoque político del problema, la clase dada no mantendrá su dominación y, por consiguiente, tampoco podrá cumplir su tarea en la producción.

    p Más concretamente. Zinóviev dice: "Cometéis un error político al llevar a escisiones en los sindicatos. Del aumento de la producción hablé y escribí ya en enero de 1920 citando como ejemplo la edificación de una casa de baños.” Trotski le responde: "¡Valiente cosa (pág. 29), escribir un folleto con el ejemplo de la edificación de una casa de baños!; pero no dice "una palabra”, "ni una sola palabra" (pág. 22), de qué deben hacer los sindicatos."

    p No es cierto. El ejemplo de la casa de baños vale, y perdonad por el juego de palabras, diez "atmósferas de producción" con varias "democracias en la producción" por añadidura. El ejemplo de la casa de baños dice con claridad y sencillez, precisamente para las masas, para "sus entrañas”, qué deben hacer los sindicatos, en tanto que "las atmósferas de producción" y "las democracias en la producción" son partículas de polvo que ciegan los ojos de las masas obreras y dificultan su comprensión de los problemas.

    p El camarada Trotski me reprochó también que "Lenin no ha dicho ni una palabra" (pág. 66) del "papel que desempeñan y deben desempeñar las palancas denominadas aparato de los sindicatos".

    p Perdón, camarada Trotski: al leer íntegramente las tesis de Rudzutak y adherirme a ellas, hablé de eso más y de manera más completa, acertada, sencilla y clara que todas las tesis de usted y que todo su informe o coinforme y su discurso de resumen. Porque, repito, los premios en especie y los tribunales disciplinarios de honor tienen cien veces más importancia para dominar la economía, para dirigir la industria y elevar el papel de los sindicatos en la producción que las palabras, totalmente abstractas (y, por ello, hueras), sobre "la democracia en la producción”, "el enlazamiento”, etc.

    p Con el pretexto de presentar el punto de vista "de la producción" (Trotski) o de superar la unilateralidad del enfoque político y unir este enfoque con el económico (Bujarin), se nos ha dado:
    548

    p 1) el olvido del marxismo, expresado en la definición ecléctica, teóricamente falsa, de la relación de la política con la economía;

    p 2) la defensa o el encubrimiento del error político expresado en la política de sacudir los sindicatos, error que impregna de cabo a rabo todo el folleto-plataforma de Trotski. Y este error, si no se reconoce y corrige, lleva a la caída de la dictadura del proletariado;

    p 3) un paso atrás en la esfera de las cuestiones puramente de producción, económicas, de las cuestiones relativas a cómo aumentar la producción; precisamente un paso atrás respecto a las eficientes tesis de Rudzutak, que señalan tareas concretas, prácticas, vitales y actuales (impulsad la propaganda en el terreno de la producción, aprended a distribuir bien los premios en especie y a aplicar con mayor acierto la coerción en forma de tribunales disciplinarios de honor); un paso atrás hacia tesis generales, abstractas, "vacías”, falsas teóricamente y formuladas a lo intelectual, olvidando lo más eficaz y práctico.

    p Tal es, en efecto, la relación existente entre Zinóviev y yo, por un lado, y Trotski y Bujarin, por otro, en cuanto a la cuestión cíe la política y la economía.

    p Por eso no pude leer sin sonreír la objeción qtie me hizo el camarada Trotski el 30 de diciembre: "El camarada Lenin ha dicho en el VIII Congreso de los Soviets, en su discurso de resumen de la discusión sobre el informe acerca de nuestra situación, que necesitamos menos política y más economía, y en cuanto a los sindicatos ha planteado en primer plano el aspecto político de la cuestión" (pág. 65). Estas palabras le parecieron al camarada Trotski "extraordinariamente certeras”. En realidad, expresan el más espantoso embrollo de conceptos, "una confusión ideológica" verdaderamente infinita. En efecto, yo siempre he expresado, expreso y expresaré el deseo de que nos dediquemos menos a la política y más a la economía. Pero no es difícil comprender que para cumplir estos deseos es preciso que no haya peligros políticos ni errores políticos. Los errores políticos que ha cometido el camarada Trotski, y que ha profundizado y acrecentado el camarada Bujarin, distraen a nuestro partido de las tareas económicas, de la labor "de producción”; nos obligan, lamentablemente, a perder tiempo en corregir esos errores, en discutir con la desviación sindicalista (que conduce a la caída de la dictadura del proletariado); a discutir contra el enfoque equivocado del movimiento sindical (que lleva a la caída del Poder soviético), a discutir en torno a “tesis” generales, en vez de entablar una discusión eficiente, práctica, "económica" acerca de quién ha dado mejor y con mayor acierto los premios en especie, ha organizado los 549 tribunales y ha llevado a cabo el enlazamiento sobre la base da las tesis de Rudzutak aprobadas del 2 al 6 de noviembre por la V Conferencia Sindical de toda Rusia: los molineros de Sarátov, o los mineros de la cuenca del Donéis, o los metalúrgicos de Petrogrado, etc.

    p Tomad la utilidad de "la amplia discusión”. En este terreno veremos también que los errores políticos distraen de las tareas económicas. Yo estaba en contra de la llamada “amplia” discusión y consideraba y considero un error, un error político, del camarada Trotski su sabotaje de la comisión sindical, en la que se debería haber sostenido una discusión eficaz. Considero un error político del grupo de tope encabezado por Bujarin el que no haya comprendido las tareas del tope (también aquí han sustituido la dialéctica con el eclecticismo); precisamente desde el punto de vista de “tope” debían haberse pronunciado con energía frenética contra la discusión amplia, y en pro de llevar la discusión a la comisión sindical. Ved lo que ha resultado.

    p El 30 de diciembre, el camarada Bujarin llegó a decir: "Hemos proclamado la nueva consigna sagrada de la democracia obrera, que consiste en que todos los problemas no deben ser discutidos en organismos colegiados estrechos, en pequeñas reuniones, en cualquier corporación propia, sino llevados todos a reuniones amplias. Y yo afirmo que, al traer el problema del papel de los sindicatos a una reunión tan concurrida corno la de hoy, no damos un paso atrás, sino adelante" (pág. 45). ¡Y este hombre acusó a Zinóviev de charlatanería y de exageración de la democracia! ¡Eso sí que es verdadera charlatanería y "metedura de pata”, incomprensión total de que la democracia formal debe estar subordinada a la conveniencia revolucionaria!

    p Trotski no plantea la cuestión nada mejor. Acusa: "Lenin quiere suprimir, frustrar a toda costa la discusión sobre la esencia del problema" (pág. 65). Manifiesta: "He dicho claramente en el CC por qué me negué a formar parte de la comisión: mientras no se me permita, igual que a los demás camaradas, plantear estas cuestiones en todo su volumen en la prensa del partido, mientras no se haga eso, no espero utilidad alguna del examen furtivo de estas cuestiones y, por consiguiente, de la labor en la comisión" (pág. 69).

    p ¿Resultado? No ha transcurrido todavía un mes desde que Trotski empezara el 25 de diciembre "la amplia discusión" y apenas se encontrará uno de cada cien funcionarios responsables del partido que no esté harto de esta discusión y no reconozca su inutilidad (si no algo peor). Porque Trotski ha quitado tiempo al partido con una discusión sobre palabras, sobre unas tesis malas, y 550 ha tildado de examen “furtivo” precisamente el examen práctico, económico, en la comisión, la cual se habría señalado la tarea de estudiar y comprobar la experiencia práctica para, aprendiendo de esta experiencia, avanzar en la verdadera labor de "producción”, y no retroceder de la obra viva al escolasticismo muerto de todas esas "atmósferas de producción".

    p Tomad el decantado “enlazamiento”. El 30 de diciembre aconsejé que no se hablara de él, pues no hemos estudiado nuestra propia experiencia práctica, y, sin esta condición, las discusiones acerca del enlazamiento degeneran inevitablemente en charlatanería, en vana desviación de las fuerzas del partido de la labor económica. Califiqué de proyectomanía burocrática las tesis de Trotski sobre este punto, que proponían incluir en los consejos económicos de una tercera parte a la mitad y de la mitad a dos terceras partes de representantes de los sindicatos.

    p Bujarin se enfadó mucho conmigo por eso y, según veo en la página 49 del acta, intentó demostrarme prolija y detalladamente "que cuando los hombres se reúnen y hablan de algo, no se deben fingir sordomudos" (¡así está impreso textualmente en la página mencionada!). También se enfadó Trotski, quien exclamó:

    p “Ruego a cada uno de vosotros que toméis nota de que el camarada Lenin ha calificado eso de burocratismo en tal fecha; pero yo me atrevo a predecir que, dentro de unos meses, eso será tomado en consideración y como guía, que en el Consejo Central de los Sindicatos de toda Rusia, en el Consejo Superior de Economía Nacional, en el CC de los metalúrgicos y en la sección del metal, etc., habrá de una tercera parte a la mitad de miembros comunes...” (pág. 68)

    p Después de leer eso, pedí al camarada Miliutin (vicepresidente del Consejo Superior de Economía Nacional) que me enviase los informes impresos acerca del enlazamiento. Pensé: empezaré a estudiar, aunque sea poco a poco, nuestra experiencia práctica, pues resulta insoportablemente aburrido dedicarse a "la parlería general del partido" (expresión de Bujarin, pág. 47, que se hará probablemente no menos proverbial que el famoso " sacudimiento”) sin más ni más, sin materiales, sin hechos, inventando discrepancias, definiciones y "democracias en la producción".

    El camarada Miliutin me envió varios libros, entre ellos el Informe del Consejo Superior de Economía Nacional al VIH Congreso de los Soviets de toda Rusia (Moscú, 1920, el prólogo está fechado el 19 de diciembre de 1920). En la página 14 de este libro se inserta un cuadro demostrativo del grado de participación de los obreros en los organismos administrativos. Reproduzco este cuadro (abarca sólo una parte de los Consejos Económicos provinciales y de las empresas):
    551 Organismos administrativos:
    Número lolal
    ( >br<ros
    %. 7:
    Kspci’ialistas

    Empicados V ulros
    **
    Presidium del CSEN v de
    los Consejos Económicos
    provinciales . 187 107 57,2 22 11,8 58 31,0
    Organismos colegiados de las direccio–
    nes generales, secciones,
    centros y co–
    mités principales ...... 140 72 51,4 31 22,2 37 26,4 Direcciones fa–
    briles colegiadas y unipersonales .........
    1.143 726 63,5 398 34,8 19 1,7 Total .......... 1.470 905 61,6 451 30,7 114 7,7

    (continua)

    (he cortado el texto porque es demasiado largo y no me lo acepta. Quiero poner otros textos más pero tengo que hacerlo en una entrada aparte por eso mismo.

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 12, 2011 5:47 pm

    continuación:

    Spoiler:
    Así pues, la participación de los obreros representa ya, por término medio, el 61,6%, es decir, ¡más cerca de las dos terceras partes que de la mitad! Queda ya demostrado el carácter de proyectomanía burocrática de lo que ha escrito el camarada Trotski en sus tesis acerca de esta cuestión. Hablar, discutir y escribir plataformas "de un tercio a la mitad" o "de la mitad a las dos terceras partes" es la más huera "parlería general del partido”, es distraer fuerzas, medios, atención y tiempo de la labor de producción, es pura politiquería sin contenido serio. Pero en la comisión, en la que se habrían hallado personas con experiencia, en la que no se habría accedido a escribir tesis sin estudiar los hechos, hubiera sido posible comprobar provechosamente la experiencia. Por ejemplo, haciendo una encuesta entre varias decenas (de entre miles de "miembros comunes”), confrontando sus impresiones y deducciones con los datos estadísticos objetivos y tratando de lograr indicaciones eficientes y prácticas para el futuro: si es preciso, con tales resultados de la experiencia, seguir avanzando sin demora en la misma dirección o cambiar algo, y cómo precisamente, la dirección, los métodos, el enfoque; o si, en interés de la causa, hay que detenerse, comprobar una y otra vez la experiencia, quizá rehacer algo, etc., etc.

    p Un verdadero “administrador”, camaradas (¡permitidme a mí también que me dedique un poco a "la propaganda en el terreno 552 de la producción"!), sabe que los capitalistas y los organizadores de los trusts, incluso en los países más adelantados, se dedicaron durante muchos años, a veces durante diez y más años, a estudiar y comprobar su experiencia práctica (y la ajena), enmendando, rehaciendo lo empezado, volviendo atrás y corrigiendo multitud de veces para lograr un sistema de dirección plenamente adecuado a la obra emprendida, la debida selección de administradores superiores y subalternos, etc. Así ha ocurrido bajo el capitalismo, que en todo el mundo civilizado se ha apoyado para su labor administrativa en la experiencia y las costumbres de siglos. Y nosotros estamos construyendo sobre un terreno nuevo, que requiere el trabajo de reeducación más prolongado, tenaz y paciente para transformar las costumbres que nos ha dejado en herencia el capitalismo y que sólo pueden transformarse muy paulatinamente. Abordar esta cuestión como lo hace Trotski es equivocado de raíz. En el discurso del 30 de diciembre exclamó: "/Tienen, acaso, nuestros obreros y los funcionarios del partido y de los sindicatos instrucción en el terreno de la producción? ¿Sí o no? Yo respondo que no" (pág. 29). Enfocar así semejante cuestión es ridículo. Es lo mismo que preguntar: ¿Hay en esta unidad militar suficiente cantidad de botas de fieltro? ¿Sí o no?

    Dentro de diez años también tendremos que decir, sin duda alguna, que no todos los funcionarios del partido y de los sindicatos poseen suficiente instrucción en el terreno de la producción. De la misma manera que dentro de diez años tampoco poseerán suficiente preparación militar todos los funcionarios del partido, de los sindicatos y del departamento militar. Pero en nuestro país se ha dado comienzo a la instrucción en el terreno de la producción con el hecho de que casi mil obreros, miembros y delegados de los sindicatos, participan en la dirección y dirigen empresas, comités principales y otros organismos administrativos superiores. El principio fundamental de "la instrucción en el terreno de la producción”, de la instrucción de nosotros mismos, antiguos luchadores clandestinos y periodistas profesionales, consiste en que nosotros mismos estudiemos y enseñemos a otros a estudiar con la mayor atención y detalle nuestra propia experiencia práctica, de acuerdo con la regla que dice: "mide siete veces antes de cortar”. La regla fundamental, cardinal e indefectible de "la instrucción en el terreno de la producción" estriba en comprobar con insistencia, lentitud, prudencia, eficiencia y sentido práctico cuanto han hecho esos mil obreros; en corregir aún con mayor prudencia y sentido práctico su labor y avanzar sólo cuando esté plenamente demostrada la utilidad del método dado, del sistema de dirección dado, de la 553 proporción dada, de la selección de personal dada, etc. Y es precisamente esa regla la que infringe el camarada Trotski con todas sus tesis, con todo su enfoque del problema. Precisamente todas las tesis, todo el folleto-plataforma del camarada Trotski son de tal naturale/a que, con sus errores, han desviado la atención y las fuerzas del partido del trabajo útil "de producción" hacia controversias vacías, sin contenido.
    DIALÉCTICA Y ECLECTICISMO. “ESCUELA” Y “APARATO”

    p Entre las numerosas cualidades valiosísimas del camarada Bujarin figura su capacidad para la teoría y su interés por tratar de descubrir las raíces teóricas de todo problema. Es una cualidad muy valiosa, pues es imposible explicarse por completo ningún error, incluidos los errores políticos, sin descubrir sus raíces teóricas en quien los comete, partiendo de premisas concretas y admitidas, de una manera consciente.

    p De conformidad con este afán suyo de profundizar teóricamente en los problemas, el camarada Bujarin, a partir de la discusión del 30 de diciembre, si no antes, lleva la controversia precisamente a ese terreno. El 30 de diciembre dijo:

    p “Considero absolutamente necesario—en eso consiste la esencia teórica de lo que se denomina aquí "tracción de tope" o su ideología—. y me parece indiscutible por completo, que no se puede dar de lado ni este aspecto político ni este aspecto económico...” (pág. 47)

    p La esencia teórica del error en que incurre en este caso el camarada Bujarin consiste en que sustituye la relación dialéctica entre la política y la economía (que nos enseña el marxismo) con el eclecticismo. "Lo uno y lo otro”, "de un lado, de otro lado": tal es la posición teórica de Bujarin. Y eso es eclecticismo. La dialéctica exige que las correlaciones sean tenidas en cuenta en todos los aspectos en su desarrollo concreto, y no que se arranque un trocho de un sitio y un trocho de otro. Lo he mostrado ya con el ejemplo de la política y la economía.

    p En el ejemplo del “tope” eso es también indudable. El tope es útil y necesario si el tren del partido va cuesta abajo hacia el descarrilamiento. Eso es indiscutible. Bujarin ha planteado la tarea del “tope” de una manera ecléctica, tomando un tro/o de /inóviev y otro trozo de Trotski. Como partidario del “tope”, Bujarin debería haber determinado por sí solo dónde, cuándo y en qué se equivocaba el uno o el otro, los unos o los otros, si el error era 554 teórico, o de falta de tacto político, o de fraccionismo en una intervención, o de exageración, etc., y lanzarse con todas sus fuerzas contra cada error de ese género. Bujarin no ha comprendido esta tarea suya de “tope”. El siguiente hecho es una prueba evidente de ello.

    p El grupo comunista del Buró de Petrogrado del Cectrán (Comité Central del Sindicato del Transporte Ferroviario, Marítimo y Fluvial)—organización que simpatiza con Trotski y declara francamente que, a su juicio, "las posiciones de los camaradas Trotski y Bujarin en la cuestión fundamental, en la del papel de los sindicatos en la producción, son variedades del mismo punto de vista"—ha editado en Petrogrado un folleto con el coinforme que el camarada Bujarin ha pronunciado allí el 3 de enero de 1921 (N. Bujarin. Acerca de las tareas de los sindicatos, Petrogrado, 1921). En este coinforme leemos:

    p “Al principio, el camarada Trotski formuló que era necesario cambiar la composición de la dirección de los sindicatos, seleccionar a camaradas adecuados, etc., y antes aún sostuvo incluso el punto de vista de “sacudir” los sindicatos, al que ha renunciado ahora por lo que es completamente absurdo presentar el “sacudimiento” como un argumento contra el camarada Trotski" (pág. 5).

    p No me detendré a analizar las numerosas inexactitudes fácticas que contiene esta exposición. (Trotski utilizó la palabreja “sacudir” en la V Conferencia Sindical de toda Rusia, celebrada del 2 al 6 de noviembre. Habló de "la selección de personal dirigente" en el § 5 de sus tesis, presentadas al CC el 8 de noviembre y publicadas, dicho sea de pasada, por un partidario de Trotski en forma de hoja suelta. Todo el folleto de Trotski El papel y las tareas de los sindicatos, del 25 de diciembre, está impregnado por completo de la misma mentalidad y del mismo espíritu que he señalado antes. No se sabe en absoluto dónde y en qué se ha expresado "la renuncia".) Mi tema es ahora otro. Si "el tope" es ecléctico, pasa por alto unos errores y menciona otros; silencia los errores cometidos el 30 de diciembre de 1920 en Moscú, ante miles de activistas del PCR llegados de toda Rusia, y habla de los errores cometidos en Petrogrado el 3 de enero de 1921. Si "el tope" es dialéctico, arremete con todas sus fuerzas contra cada error que observa en ambas partes o en todas las partes. Y eso es precisamente lo que no hace Bujarin. Ni siquiera intenta analizar el folleto de Trotski desde el punto de vista de la política de sacudimiento. Simplemente, no habla de ella. No es de extrañar que semejante cumplimiento de su papel de tope haga reír a todos.

    p Prosigamos. En el mismo discurso de Bujarin en Petrogrado leemos en la página 7:
    555

    p “El error del camarada Trotski consiste en que no defiende en grado suficiente el aspecto de escuela de comunismo."

    p En la discusión del 30 de diciembre, Bujarin razonó así:

    p “El camarada Zinóviev ha dicho que los sindicatos son escuela de comunismo, y Trotski ha afirmado que son un aparato técnico-administrativo de dirección de la producción. No veo bases lógicas de ningún género que demuestren que no es justo ni lo primero ni lo segundo: son justos ambos enunciados y la unión de estos dos enunciados" (pág. 48).

    p La misma idea encontramos en la 6a tesis de Bujarin y su “grupo” o "fracción": "... de un lado, son (los sindicatos) escuela de comunismo... de otro lado—por cierto, en grado creciente—, son parte integrante del aparato administrativo y del aparato del poder estatal en general...” (Pravda, 16 de enero)

    p El error teórico fundamental del camarada Bujarin radica precisamente en que sustituye la dialéctica del marxismo con el eclecticismo (extendido de modo singular entre los autores de diversos sistemas filosóficos "de moda" y reaccionarios).

    p El camarada Bujarin habla de bases "lógicas”. Todo su razonamiento pueba que—quizá inconscientemente—sustenta en este terreno el punto de vista de la lógica formal o escolástica, y no el de la lógica dialéctica o marxista. Para aclararlo empezaré con el simplísimo ejemplo que puso el propio camarada Bujarin. En la discusión del 30 de diciembre,dijo:

    p “Camaradas: Las discusiones que sostenemos aquí producen en muchos de vosotros una impresión del siguiente carácter, aproximadamente: llegan dos individuos y se preguntan el uno al otro qué es el vaso que está encima de la tribuna. Uno dice: "Es un cilindro de cristal, y maldito sea quien afirme que eso no es así”. El segundo dice: "El vaso es un recipiente que sirve para beber, y maldito sea quien afirme que eso no es asi"" (pág. 46).

    p Como ve el lector, Bujarin quiso con este ejemplo explicarme de manera popular el daño que causa la unilateralidad. Acepto la aclaración y, para demostrar con hechos mi gratitud, le respondo con una explicación popular de lo que es el eclecticismo, a diferencia de la dialéctica.

    p El vaso es, indiscutiblemente, un cilindro de cristal y un recipiente que sirve para beber. Pero no sólo tiene estas dos propiedades, o cualidades, o aspectos, sino una cantidad infinita de otras propiedades, cualidades, aspectos y relaciones mutuas y “mediaciones” con todo el mundo restante. El vaso es un objeto pesado que puede emplearse como instrumento arrojadizo. Puede servir de pisapapeles o de alojamiento para una mariposa capturada; puede tener valor como objeto tallado o dibujado con 556 arte, independientemente por completo de que sirva para beber, de que esté hecho de cristal, de que su forma sea cilindrica o no lo sea del todo, y así por el estilo.

    p Prosigamos. Si ahora necesito un vaso como recipiente que sirve para beber, no me importa en absoluto saber si su forma es totalmente cilindrica y si está hecho, en efecto, de cristal; pero, en cambio, me importa que el fondo no esté agrietado, que no corte los labios al utilizarlo, etc. Si no lo necesito para beber, sino para lo que sirve cualquier cilindro de cristal, entonces me sirve también un vaso con el fondo agrietado o incluso sin fondo, etc.

    p La lógica formal a que se limitan en las escuelas (y deben limitarse—con modificaciones—en los grados inferiores de la escuela) toma las definiciones formales, guiándose por lo que es más habitual o por lo que salta a la vista más a menudo y se limita a eso. Si, al proceder así se toman dos o más definiciones distintas y se unen de manera completamente casual (cilindro de cristal y recipiente que sirve para beber), tendremos una definición ecléctica, que indica diversos aspectos del objeto y nada más.

    p La lógica dialéctica exige que vayamos más lejos. Para conocer de verdad el objeto hay que abarcar y estudiar todos sus aspectos, todos sus vínculos y “mediaciones”. Jamás lo conseguiremos por completo, pero la exigencia de la multilateralidad nos prevendrá contra los errores y el anquilosamiento. Eso, en primer lugar. En segundo lugar, la lógica dialéctica requiere que el objeto sea tomado en su desarrollo, en su “automovimiento” (como dice Hegel a veces), en su cambio. Con relación al vaso, esto no se ve claro en el acto, pero el vaso tampoco es inmutable: cambia, en particular, su destino, su uso, su nexo con el mundo circundante. En tercer lugar, toda la práctica del género humano debe entrar en "la definición" completa del objeto como criterio de la verdad y como determinante práctico del vínculo del objeto con lo que necesita el hombre. En cuarto lugar, la lógica dialéctica enseña que "la verdad abstracta no existe, la verdad es siempre concreta”, como le gustaba decir, después de Hegel, al difunto Plejánov. (Entre paréntesis, creo oportuno señalar para los jóvenes miembros del partido que no se puede ser un comunista consciente, de verdad, sin estudiar—precisamente estudiar—todo lo que escribió Plejánov sobre filosofía, pues es lo mejor de toda la literatura internacional del marxismo [556•* .)
    557

    p Con esto, como es natural, no he agotado el concepto de la lógica dialéctica. Mas, por ahora, basta con lo dicho. Podemos pasar del vaso a los sindicatos y la plataforma de Trotski.

    p “De un lado, escuela; de otro, aparato”, dice y escribe Bujarin en sus tesis. El error de Trotski consiste en que "no defiende en grado suficiente el aspecto de escuela"... Zinóviev se queda corto en cuanto al “aspecto” de aparato.

    p ¿Por qué este razonamiento de Bujarin es eclecticismo inerte y vacío? Porque Bujarin no hace el menor intento de analizar por sí mismo, desde su punto de vista, ni la historia íntegra de la presente discusión (el marxismo, o sea, la lógica dialéctica, lo exige absolutamente) ni todo el enfoque de la cuestión, todo su planteamiento—o, si queréis, toda la orientación del planteamiento—en el momento actual, en las actuales circunstancias concretas. ¡Bujarin no revela la menor intención de hacerlo! Lo aborda sin el menor estudio concreto, con puras abstracciones, y toma un trocito de Zinóviev y otro de Trotski. Y eso es precisamente eclecticismo.

    p Pondré un ejemplo para que la explicación sea más clara. No conozco absolutamente nada de los insurgentes y los revolucionarios del Sur de China (excepto dos o tres artículos de Sun Yat-sen y algunos libros y artículos de periódicos que leí hace muchos años). Puesto que allí se producen insurrecciones, es probable que haya también discusiones entre el chino N° 1, el cual dice que la insurrección es producto de la lucha de clases más enconada que ha abarcado a toda la nación, y el chino M 2, el cual afirma que la insurrección es un arte. Sin saber nada más, puedo escribir tesis como las de Bujarin: "de un lado... de otro lado”. Uno no ha tenido en cuenta en grado suficiente "el aspecto" de arte; el otro, "el aspecto de enconamiento”, etc. Eso será eclecticismo inerte y vacío, pues no hay estudio concreto de la discusión dada, de la cuestión dada, de su enfoque dado, etc.

    p Los sindicatos son, de un lado, escuela; de otro, aparato; del tercer lado, una organización de los trabajadores; del cuarto lado, una organización casi exclusivamente de obreros industriales; del quinto lado, una organización por industrias [557•* , etc., etc. En Bujarin no hay ni pizca de argumentación, ni pizca de análisis 558 propio, para demostrar por qué deben tomarse los dos primeros “lados” de la cuestión u objeto, y no el tercero, el cuarto, el quinto, etc. Por eso, las tesis del grupo de Bujarin son pura vacuidad ecléctica. Bujarin plantea mal, de una manera equivocada de raíz, eclécticamente, el problema de la correlación existente entre “escuela” y “aparato”.

    p Para plantear justamente este problema es preciso pasar de las abstracciones hueras a la discusión concreta, es decir, a la discusión actual. Tomad esta discusión como queráis, como surgió en la V Conferencia Sindical de toda Rusia o como la planteó y orientó el propio Trotski en su folleto-plataforma el 25 de diciembre, y veréis que todo el enfoque de Trotski y toda su orientación son falsos. No ha comprendido que los sindicatos deben y pueden ser enfocados como escuela cuando se enuncia el tema del " tradeunionismo soviético”, y cuando se habla en general de propaganda en el terreno de la producción, y cuando se plantea como lo hace Trotski el problema del “enlazamiento”, de la participación de los sindicatos en la dirección de la producción. Y en este último problema, tal y como se plantea en todo el folleto-plataforma de Trotski, la falsedad reside en no comprender que los sindicatos son escuela de dirección técnico-administrativa de la producción. En esta discusión, en la forma en que Trostki ha planteado el problema, los sindicatos no son "de un lado, escuela; de otro, algo distinto”; de todos los lados, los sindicatos son escuela, escuela de unidad, escuela de solidaridad, escuela de defensa de sus intereses, escuela de administración, escuela de gobierno. En vez de comprender y corregir este error cardinal del camarada Trotski, el camarada Bujarin ha hecho una enmienda pequeña y ridicula: "de un lado, de otro lado".

    p Abordemos de manera más concreta la cuestión. Veamos qué son los sindicatos actuales como “aparato” de dirección de la producción. Hemos visto que, según datos incompletos, alrededor de 900 obreros—miembros y delegados de los sindicatos—dirigen la producción. Decuplicad este número, centuplicadlo, si queréis; admitamos incluso, para haceros una concesión y explicaros vuestro error cardinal, un “avance” increíblemente rápido dentro de poco tiempo; aun así, resultará que los obreros que administran directamente representan una parte insignificante de la masa general de seis millones de afiliados a los sindicatos. Y eso muestra con mayor claridad aún que fijar toda la atención en "la capa dirigente”, como hace Trotski, hablar del papel de los sindicatos en la producción y de la dirección de la producción, sin tener en cuenta que el 98 %% aprenden (6.000.000–90.000 = 5.910.000 = 98’/2% de la suma) y deberán aprender durante largo 559 tiempo, significa cometer un error cardinal. Los sindicatos no son escuela y administración, sino escuela de administración.

    p Al discutir con Zinóviev el 30 de diciembre y acusarle, de manera completamente infundada e injusta, de que niega "el designacionismo”, es decir, el derecho y la obligación del CC de designar, al camarada Trotski se le escapó sin querer una contraposición peculiar en extremo:

    p “...Zinóviev—dijo—enfoca de una manera demasiado propagandística toda cuestión práctica y eficiente, olvidándose de que no se trata sólo de material para la agitación, sino fie una cuestión que debe ser resuelta por vía administrativa"

    p Ahora explicaré con detalle cuál podría ser el enfoque administrativo de esta cuestión. Pero el error cardinal del camarada Trotski consiste precisamente en que ha enfocado las cuestiones (mejor dicho, se ha lanzado sobre ellas), planteadas por él mismo en su folleto-plataforma, como un administrador, en tanto que podía y debía haberlas abordado sólo como propagandista.

    p En efecto. ¿Qué tiene de bueno Trotski? Es buena y útil, sin duda alguna, la propaganda en el terreno de la producción, no en sus tesis, sino en sus discursos (sobre todo cuando olvida su desafortunada polémica con el ala pretendidamente “conservadora” de los dirigentes sindicales). Con una labor “administrativa” práctica en la comisión sindical, con sus intervenciones orales y escritas como participante y funcionario de la Oficina de Propaganda de la Producción, el camarada Trotski reportaría indudablemente (e indudablemente reportará) no poco provecho a la causa. El error está en las “tesis-plataforma”. En ellas resalta, como hilo de engarce, el enfoque que un administrador hace de "la crisis" en la organización sindical, de "las dos tendencias" en los sindicatos, de la interpretación del Programa del PCR, del "tradeunionismo soviético”, de "la instrucción en el terreno de la producción" y del “enlazamiento”. Acabo de citar todos los temas principales de "la plataforma" de Trotski; y el enfoque acertado precisamente de estos temas en el momento actual, con el material de que dispone Trotski, sólo puede ser propagandístico.

    p El Estado es la esfera de la coerción. Sería una locura renunciar a la coerción, sobre todo en la época de la dictadura del proletariado. La "administración" y el enfoque de administrador son, en este caso, imprescindibles. El partido es la vanguardia del proletariado, vanguardia que ejerce directamente el poder; el partido es el dirigente. El medio específico de influencia, el medio de depuración y temple de la vanguardia, es la expulsión del 560 partido, y no la coerción. Los sindicatos son una fuente de poder estatal, una escuela de comunismo, una escuela de administración. En este terreno, lo específico y principal no esja administración, niño "la ligazón" "entre la administración central" (y la local también, naturalmente) "del Estado, la economía nacional y las grandes masas trabajadoras" (como se dice en el programa de nuestro partido, § 5 de la parte económica, dedicada a los sindicatos).

    p En todo el folleto-plataforma de Trotski sobresale el planteamiento equivocado de este problema, la incomprensión de esa correlación.

    p Imaginaos que Trotski concibiese el decantado “enlazamiento” en conexión con los demás temas de su plataforma, enfocando toda la cuestión desde otro lado. Imaginaos que su folleto estuviese dedicado íntegramente a investigar con detalle, por ejemplo, noventa de novecientos casos de “enlazamiento”, de desempeño simultáneo de cargos de dirección de la industria en el Consejo Superior de Economía Nacional y de cargos electivos en representación de los sindicatos, casos de simultaneidad de cargos ocupados por afiliados a los sindicatos y funcionarios permanentes del movimiento sindical. Imaginaos que estos noventa casos fuesen analizados a la par con los datos de una investigación estadística selectiva, a la par con los informes y resúmenes de revisores e instructores de la Rabkrín 18<) y de los respectivos Comisariados del Pueblo; es decir, analizados según los datos de las instituciones administradoras, analizados desde el punto de vista de los resúmenes y resultados del trabajo, de los éxitos de la producción, etc. Semejante enfoque de la cuestión seria un enfoque administrativo acertado y justificaría plenamente la línea de “sacudir”, o sea, de fijar la atención en qué personas deben ser destituidas, trasladadas o designadas y en qué exigencias deben presentarse ahora mismo a "la capa dirigente”. Si Bujarin dijo en su discurso de Petrogrado del 3 de enero, editado por los “cectranistas”, que Trotski sustentaba antes el punto de vista de “sacudir” los sindicatos y ahora ha renunciado a él, incurre también en un eclecticismo risible en la práctica y absolutamente inadmisible en la teoría para un marxista. Bujarin toma la cuestión en abstracto, no sabiendo (o no queriendo) enfocarla de una manera concreta. Mientras nosotros, el CC del partido y todo el partido, administremos, es decir, gobernemos el Estado, jamás renunciaremos ni podremos renunciar a “sacudir”, o sea, a destituir, trasladar, designar, despedir, etc. Pero en el folleto-plataforma de Trotski no se toma ni mucho menos el material debido, no se plantea en modo alguno "una cuestión práctica y útil”. La cuestión que 561 discutieron Zinóviev y Trotski, que discutimos Bujarin y yo, que discute todo el partido, no es "una cuestión práctica y útil”, sino la cuestión de las "tendencias en el movimiento sindical" (final de la tesis 4 de Trotski).

    p Es, en el fondo, una cuestión política. Corregir el error de Trotski con pequeñas enmiendas y adiciones eclécticas, como quiere Bujarin (henchido, por supuesto, de los más humanos sentimientos e intenciones), es, por la esencia misma del asunto —del “asunto” dado, concreto—, imposible.

    p La solución en este caso sólo puede ser una v nada más que una.

    p Resolver acertadamente la cuestión política de "las tendencias en el movimiento sindical”, de la correlación de las clases, de la correlación de la política y la economía, de los papeles específicos del Estado, del partido y de los sindicatos como “escuela” y aparato, etc. Eso, primero.

    p Segundo. Sobre la base de una solución política acertada, llevar a cabo—mejor dicho, efectuar cada día—una propaganda prolongada, sistemática, tenaz, paciente, polifacética y reiterada en el terreno de la producción; efectuarla a escala de todo el Estado, en nombre y bajo la dirección de una entidad estatal.

    p Tercero. No confundir "las cuestiones prácticas y útiles" con las polémicas en torno a las tendencias, las cuales (las polémicas) son patrimonio lógico de "la parlería general del partido" y de las discusiones amplias, sino plantearlas con sentido práctico, en comisiones prácticas, interrogando a testigos, estudiando informes, resúmenes y estadísticas; sobre la base de todo esto—sólo sobre la base de todo esto, sólo con tales condiciones—, “sacudir” únicamente por decisión del correspondiente organismo del Estado o del partido, o de ambos organismos.

    Pero a Trotski y Bujarin les ha resultado una mezcolanza de errores políticos en el enfoque, de ruptura de la conexión transmisora y de las correas de transmisión en medio, así como de acometida o embestida infructuosa, marchando en vano y de vacío, contra "la administración”. La raíz "teórica" del error—puesto que Bujarin ha planteado con su “vaso” la cuestión de la raíz teórica—es clara. El error teórico—en este caso, gnoseológico—de Bujarin consiste en que ha suplantado la dialéctica con el eclecticismo. Al plantear el problema eclécticamente, Bujarin se ha embrollado por completo y ha llegado a caer en el sindicalismo. El error de Trotski está en la unilateralidad, el apasionamiento, la exageración y la tozudez. La plataforma de Trotski consiste en que el vaso es un recipiente que sirve para beber, pero ha resultado que el vaso en cuestión no tiene fondo.
    562
    CONCLUSIÓN

    p Sólo me queda referirme brevemente a algunos puntos, cuyo silenciamiento podría dar lugar a falsas interpretaciones.

    p En la tesis 6 de su “plataforma”, el camarada Trotski ha reproducido el § 5 de la parte económica del Programa del PCR, que trata de los sindicatos. Dos páginas más adelante, en la tesis 8, el camarada Trotski declara:

    p “...Al perder su vieja base de existencia, la lucha de clases económica, los sindicatos"...—(esto es falso, es una exageración precipitada: los sindicatos han perdido una base como la lucha de clases económica, pero están muy lejos aún de haber perdido y, por desgracia, no podrán perder todavía durante muchos años una base como "la lucha económica" no de clases, en el sentido de lucha contra las deformaciones burocráticas del mecanismo de los Soviets, en el sentido de defensa de los intereses materiales y espirituales de las masas trabajadoras por vías y con medios que no están al alcance de este aparato, etc.)...—"los sindicatos, en virtud de una serie de condiciones, no han tenido tiempo de agrupar en sus filas las fuerzas necesarias ni de elaborar los métodos indispensables para poder cumplir la nueva tarea que les ha planteado la revolución proletaria y que formula nuestro programa: organizar la producción" (la cursiva es de Trotski, pág. 9, tesis Cool.

    p Esta es otra exageración precipitada, que encierra el germen de un gran error. El programa no contiene esa fórmula ni señala a los sindicatos la tarea de "organizar la producción”. Sigamos paso a paso cada idea, cada postulado del programa de nuestro partido en el orden en que figuran en él:

    p (1) "El aparato organizador" (no cualquiera) "de la industria socializada debe apoyarse en primer término" (y no exclusivamente) "en los sindicatos”. (2) "Los sindicatos deben desembarazarse cada día más de la estrechez gremial" (¿cómo desembarazarse?: bajo la dirección del partido y en el curso de la influencia educativa, y de cualquier otro género, del proletariado sobre la masa trabajadora no proletaria) "y transformarse en grandes agrupaciones de producción que abarquen a la mayoría y, paulatinamente, a todos los trabajadores de la rama correspondiente de la producción..."

    p Esta es la primera parte del apartado que se dedica a los sindicatos en el programa del partido. Como veis, esta parte señala en el acto unas “condiciones” muy “rigurosas” y que requieren una labor muy prolongada en lo sucesivo. Y a continuación dice lo siguiente:
    563

    p “...Siendo ya, de acuerdo con las leyes de la República Soviética y con la práctica establecida, participantes...” (la palabra, como veis, es muy prudente: sólo participantes) "...en todos los organismos locales y centrales de administración de la industria, los sindicatos deben llegar a concentrar de hecho en sus manos toda la dirección de la economía nacional como un todo único económico...” (advertid: deben llegar a concentrar de hecho la dirección, no de ramas de la industria ni de la industria en su totalidad, sino de la economía nacional y, además, como un todo único económico: esta condición, como condición económica, podrá considerarse cumplida de verdad no antes de que los pequeños productores, tanto en la industria como en la agricultura, representen menos de la mitad de la población y de la economía nacional) ..."Asegurando de este modo"... (precisamente "de este modo”, que hace realidad paulatinamente todas las condiciones antes mencionadas)... "la ligazón indestructible entre la administración central del Estado, la economía nacional y las grandes masas trabajadoras, los sindicatos deberán incorporar con la mayor amplitud a las últimas"... (es decir, a las masas, o sea, a la mayoría de la población)... "a la gestión económica directa. La participación de los sindicatos en la gestión económica y la incorporación por ellos de las grandes masas a esta gestión es, al mismo tiempo, el medio principal de lucha contra la burocratización del aparato económico del Poder soviético y permite establecer un control verdaderamente popular de los resultados de la producción."

    p Así pues, en la última frase vemos de nuevo unas palabras muy prudentes: "participación en la gestión económica”; vemos de nuevo la indicación de incorporar a las grandes masas como medio principal (pero no único) de lucha contra el burocratismo; y, finalmente, una indicación prudentísima: “permite” establecer "un control popular”, es decir, obrero y campesino y no sólo proletario, ni mucho menos.

    p Resumir todo eso como si el programa de nuestro partido “formulase” a los sindicatos la tarea de "organizar la producción" es, evidentemente, erróneo. Y si se insiste en este error y se le incluye en unas tesis-plataforma, lo único que puede resultar de ello es una desviación anticomunista, sindicalista.

    p A propósito. El camarada Trotski dice en sus tesis que "durante el último período no nos hemos acercado al objetivo señalado en el programa, sino que nos hemos alejado de él" (pág. 7, tesis 6). Semejante afirmación carece de fundamento y, a mi juicio, es errónea. No se puede demostrar, como ha pretendido Trotski en las discusiones, diciendo que los sindicatos “mismos” 564 reconocen el hecho. Para el partido, esto no es la última instancia. Y, en general, se puede demostrar sólo estudiando objetivamente y con la mayor seriedad gran cantidad de hechos. Esto, en primer lugar. Y, en segundo lugar, aun en el caso de que se demostrara eso, seguiría en pie la cuestión: ¿por qué nos hemos alejado? ¿Porque "muchos dirigentes sindicales" "rechazan las nuevas tareas y métodos”, como piensa Trotski, o porque “nosotros” "no hemos tenido tiempo de agrupar en nuestras filas las fuerzas necesarias ni de elaborar los métodos indispensables para" cortar y corregir algunos extremismos de burocratismo, innecesarios y nocivos?

    p Será oportuno, a este respecto, referirse al reproche que nos hizo el camarada Bujarin el 30 de diciembre (y que Trotski repitió ayer, 24 de enero, durante nuestra discusión en el grupo comunista del II Congreso de Mineros), a saber: el reproche de "haber renunciado a la línea que señaló el IX Congreso del partido" (pág. 46 del acta de la discusión del 30 de diciembre). Según él, Lenin propugnó en el IX Congreso la militarización del trabajo y se burló de las invocaciones a la democracia, y ahora "se retracta" de ello. En su discurso de resumen del 30 de diciembre, el camarada Trotski aderezó ese reproche, valga la expresión, con una pimienta especial: "Lenin tiene en cuenta el hecho de que en los sindicatos se está produciendo... un agrupamiento de camaradas con espíritu oposicionista" (pág. 65); Lenin enfoca "desde el punto de vista diplomático" (pág. 69); "zigzags dentro de los grupos del partido" (pág. 70), etc. Semejante exposición del asunto por el camarada Trotski es, naturalmente, muy halagüeña para él y peor que nada halagüeña para mí. Pero veamos los hechos.

    p En la misma discusión del 30 de diciembre, Trotski y Krestinski establecieron el hecho de que "el camarada Preobrazhenski planteó ya en julio (de 1920) en el CC que debíamos pasar a raíles nuevos en lo que concierne a la vida interna de nuestras organizaciones obreras" (pág. 25). En agosto, el camarada Zinóviev escribió el proyecto de carta, y el CC aprobó la carta del CC acerca de la lucha contra el burocratismo y la ampliación de la democracia. En septiembre, la cuestión fue discutida en la conferencia del partido y el CC ratificó el acuerdo de ésta. En diciembre, la lucha contra el burocratismo se planteó en el VIII Congreso de los Soviets. Por consiguiente, todo el CC, todo el partido y toda la república obrera y campesina han reconocido la necesidad de poner sobre el tapete el problema del burocratismo y de la lucha contra él. ¿Dimana de ahí una "retractación" del IX Congreso del partido? No. En eso no hay retractación alguna. Los acuerdos sobre la militarización del trabajo, etc., son indiscutibles y 565 no tengo la menor necesidad de retractarme de mis burlas acerca de las invocaciones a la democracia por parte de quienes combatían esos acuerdos. De ahí se deduce únicamente que ampliaremos la democracia en las organizaciones obreras, sin hacer de ella, ni mucho menos, un fetiche; que dedicaremos suma atención a la lucha contra el burocratismo; que corregiremos con singular meticulosidad todo extremismo innecesario y nocivo de burocratismo, quienquiera que lo señale.

    p Haré una observación más, la última, acerca de la pequeña cuestión del sistema de trabajo de choque y del igualitarismo. En la discusión del 30 de diciembre dije que la fórmula de la tesis 41 del camarada Trotski sobre este punto era falsa teóricamente, pues resultaba igualitarismo en el consumo y trabajo de choque en la producción. El sistema de trabajo de choque implica una preferencia, respondí yo, pero la preferencia sin consumo no es nada. El camarada Trotski me reprocha eso y me acusa de ser "extraordinariamente olvidadizo" y de “aterrorizar” (págs. 67 y 68), y me maravillo aún de que no me acuse de zigzags, de diplomacia, etc. El, Trotski, ha hecho “concesiones” a favor de mi línea igualitaria, y yo, en cambio, ataco a Trotski.

    p En realidad, el lector que se interesa por los asuntos del partido dispone de documentos exactos de éste: la resolución de noviembre del Pleno del CC, punto 4, y las tesis-plataforma de Trotski, tesis 41. Por muy “olvidadizo” que yo sea y por muy buena memoria que tenga el camarada Trotski, es un hecho que la tesis 41 contiene un error teórico que no figura en la resolución del CC del 9 de noviembre. Esta resolución dice: "Al reconocer la necesidad de conservar el principio del trabajo de choque en la aplicación del plan económico, el CC, completamente solidario con la resolución de la última conferencia de toda Rusia (o sea, la de septiembre), considera necesario pasar paulatinamente, pero con firmeza, al igualitarismo en la situación de los distintos grupos de obreros y de los sindicatos respectivos, fortaleciendo sin cesar la organización de todos los sindicatos.” Está claro que eso va dirigido contra el Cectrán y que es imposible interpretar de otra manera el sentido exacto de dicha resolución. El sistema de trabajo de choque no se anula. Subsiste la preferencia concedida (en el cumplimiento del plan económico) a la empresa, el sindicato, el trust y el departamento de choque; pero, al mismo tiempo, "la línea igualitaria”, que no defendió "el camarada Lenin”, sino que aprobaron la conferencia del partido y el CC, ex decir, todo el partido, exige con claridad: pasar al igualitarismo de manera paulatina, pero con firmeza. Que el Cectrán no ha cumplido esta resolución de noviembre del CC se ve por el acuerdo de diciembre del CC 566 (adoptado a instancias de Trotski y Bujarin), en el que se recuerdan de nuevo "los principios de la democracia normal”. El error teórico de la tesis 41 consiste en que en ella se dice: en la esfera del consumo, igualitarismo; en la esfera de la producción, sistema de trabajo de choque. Esto es absurdo desde el punto de vista económico, pues implica un divorcio entre el consumo y la producción. Yo no dije ni pude decir nada semejante. Si una fábrica es innecesaria, debe cerrarse. Hay que cerrar todas las fábricas que no sean absolutamente necesarias. Y entre las absolutamente necesarias, hay que dar preferencia a las que sean de choque. Por ejemplo, hay que dar preferencia al transporte. Eso es indiscutible. Pero que esa preferencia no sea excesiva, y como el Cectrán la tuvo en exceso, la directriz del partido (y no de Lenin) es: pasar paulatinamente, pero con firmeza, al igualitarismo. Si después de la sesión plenaria de noviembre, que adoptó un acuerdo exacto y teóricamente acertado, Trotski publica un folleto fraccional acerca de "las dos tendencias" y en la tesis 41 propone su fórmula, que es errónea desde el punto de vista económico, que se culpe a sí mismo.

    p Hoy, 25 de enero, se cumple justamente un mes de la intervención fraccional del camarada Trotski. Ahora se ve ya con extraordinaria claridad que el partido fue apartado con esa intervención—inconveniente por la forma y errónea por el contenido—de la labor eficiente práctica, económica, de producción; fue apartado para corregir errores políticos y teóricos. Pero no en vano dice un viejo refrán: "no hay mal que por bien no venga".

    p Según rumores, se han dicho cosas monstruosas de las discrepancias en el seno del CC. Alrededor de la oposición se han cobijado (y se cobijan, sin duda alguna) mencheviques y eseristas, que hinchan los rumores, proponen fórmulas inauditamente ruines e inventan patrañas con el fin de, sin reparar en medios, denigrar, dar una interpretación abyecta, exacerbar los conflictos y echar a perder la labor del partido. Es el método político de la burguesía, incluidos los demócratas pequeñoburgueses, los mencheviques y eseristas, que se consumen de rabia furiosa contra los bolcheviques y no pueden dejar de consumirse por causas harto comprensibles. Todo miembro consciente del partido conoce este método político de la burguesía y sabe lo que vale.

    p Las discrepancias en el seno del CC nos han obligado a recurrir al partido. La discusión ha mostrado con toda claridad la esencia y la medida de esas discrepancias. Se ha puesto fin a los rumores y a las calumnias. El partido aprende y se templa en la lucha contra la 567 nueva enfermedad (nueva en el sentido de que nos habíamos olvidado de ella después de la Revolución de Octubre), contra el fraccionismo. En el fondo, se trata de una vieja dolencia, cuyas recidivas serán, probablemente, inevitables durante varios años, pero cuya curación puede y debe ser ahora mucho más rápida y fácil.

    p El partido aprende a no exagerar las discrepancias. Será oportuno repetir aquí las acertadas observaciones que hizo el camarada Trotski refiriéndose al camarada Tomski: "En la polémica más enconada con el camarada Tomski he dicho siempre que, para mí, está completamente claro que en los sindicatos sólo pueden ser dirigentes nuestros personas con la experiencia y el prestigio que posee el camarada Tomski. Eso lo dije en el grupo de la V Conferencia Sindical y lo he repetido hace unos días en el Teatro de Zimín. La lucha ideológica en el partido no significa repulsión recíproca, sino influencia mutua" (pág. 34 del acta de la discusión del 30 de diciembre). Por supuesto, el partido aplicará también al camarada Trotski este acertado razonamiento.

    p Durante la discusión, la desviación sindicalista se ha manifestado, sobre todo, en el camarada Shliápnikov y en su grupo, la llamada "oposición obrera" ’^^81^^. Como se trata de una desviación evidente que se aleja del partido, del comunismo, habrá que tenerla en cuenta especialmente, habrá que hablar de ella especialmente, habrá que dedicar singular atención a propagar y explicar el carácter erróneo de esas concepciones y el peligro que representa ese error. El camarada Bujarin, que ha llegado al extremo de pronunciar la frase sindicalista de "candidaturas obligatorias" (de los sindicatos a los organismos administrativos), se defiende hoy en Pravda con muy poca fortuna y evidente desacierto. ¡Dice que habla del papel del partido en otros puntos! ¡No faltaría más! De lo contrario, eso sería abandonar el partido. De lo contrario, eso dejaría de ser sólo un error que requiere corrección y admite fácil corrección. Si se habla de "candidaturas obligatorias" y no se añade a renglón seguido que son obligatorias no para el partido, eso será una desviación sindicalista, eso será incompatible con el comunismo, será ¿rjcompatible con el Programa del PCR. Si se añade: "obligatorias no para el partido”, eso será engañar a las masas obreras sin partido con el fantasma de cierto aumento de sus derechos, mientras que, de hecho, no se operará el menor cambio en comparación con lo que tenemos hoy. Cuanto más defienda el camarada Bujarin su desviación del comunismo, desviación evidentemente errónea en teoría y engañosa en política, tanto más deplorables serán los frutos de su obstinación. Pero no se conseguirá defender lo indefendible. El partido no está en contra de toda ampliación de los derechos de 568 los obreros sin partido, pero basta con reflexionar un poco para comprender por qué camino se puede ir y qué camino no se puede seguir en ese caso.

    p Durante la discusión en el grupo comunista del II Congreso de Mineros de toda Rusia ^^182^^, la plataforma de Shliápnikov fracasó, a pesar de haberla defendido el camarada Kiseliov, que goza de singular prestigio en este sindicato: nuestra plataforma reunió 137 votos; la de Shliápnikov, 62, y la de Trotski, 8. La desviación sindicalista debe ser curada y será curada.

    p En un mes, tanto Petrogrado como Moscú y una serie de ciudades de provincias han probado ya que el partido ha respondido a la discusión y ha rechazado por inmensa mayoría la línea errónea del camarada Trotski. Si en "las altas esferas" y en "la periferia”, en los comités y en las instituciones, ha habido, sin duda, vacilaciones, la masa de miembros de base del partido, la masa obrera del partido, se ha pronunciado por mayoría, por una mayoría precisamente aplastante, contra esa línea errónea.

    p El camarada Kámenev me ha comunicado que en la discusión sostenida el 23 de enero en el distrito de Zamoskvorechie, de la ciudad de Moscú, el camarada Trotski ha declarado que retira su plataforma y se une con el grupo de Bujarin sobre la base de una nueva plataforma. Lamento no haber oído, ni el 23 ni el 24 de enero, una sola palabra de eso al camarada Trotski, que ha hablado contra mí en el grupo comunista del Congreso de Mineros. Ignoro si han vuelto a cambiar los propósitos y las plataformas del camarada Trotski o si la cosa se explica de alguna otra manera. Pero, en todo caso, la declaración del camarada Trotski del 23 de enero prueba que el partido, sin haber, tenido tiempo siquiera de movilizar todas sus fuerzas, habiendo llegado a expresar únicamente las opiniones de Petrogrado, de Moscú y de la minoría de las capitales de provincia, a pesar de todo, ha corregido en el acto, con firmeza, energía, rapidez e inflexibilidad el error del camarada Trotski.

    p Los enemigos del partido han cantado victoria en vano. No han podido ni podrán aprovechar las discrepancias, a veces inevitables en el seno del partido, en perjuicio de éste y de la dictadura del proletariado en Rusia.

    p 25 de enero de 1921.

    p Publicado los días 25 y 26 de enero de 1921 en un folleto editado por la Sección de Prensa del Soviet de diputados obreros, campesinos y soldados rojos de Moscú.

    p Firniddo: \. /. r n i n.

    T. 42, págs. 264–304.
    * * *


    Notes

    [542•*] Véase la nota 176 del presente volumen. (N. de til Edil.)

    [556•*] A propósito, no se puede por men obras cíe Plejánov <|iie está viendo la luz ah un volumen o volúmenes especiales ron <1 entre los manuales obligatorios tle comuni debe exigir a los profesores de filosofía (\\

    >s de desear, primero, que la edición de las )i a incluya todos los artículos de filosofía en talladísnno índice, etc., pues deben figurar mo. Segundo, el Estado obrero, a mi juicio, e roño/can la exposición que hi/o Plejánov de la filosofía marxista y sepan transmitir esos conocimientos a los estudiantes. Pero esto es ya apartarse de "la propaganda" para caer en los métodos de "ordeno y mando".

    [557•*] Dicho sea cíe pasada, Trotski incurre también en este caso en un error. Cree que sindicato cíe industria significa sindicato que debe dominar la producción. Esto es falso. Sindicato de industria significa que organi/a a los obreros por industrias, cosa inevitable dado el nivel actual (tanto en Rusia (orno en el mundo entero) de la técnica v la cultura.


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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 12, 2011 5:48 pm

    Pongo algunos enlaces sobre la cuestión, algunos ya los ha puesto el camarada Plaza_Olmedo, pero los pongo en espoiler por si alguno quiere leer el texto sin necesidad de abrir el enlace.

    Discurso de Lenin para la apertura del X Congreso:

    http://leninist.biz/es/1979/LOE3EP/X.Congreso.1-Discurso.de.Apertura

    Spoiler:
    X CONGRESO DEL PC(b) DE RUSIA^^188^^
    8–16 DE MARZO DE 1921

    1
    DISCURSO DE APERTURA DEL CONGRESO, PRONUNCIADO EL 8 DE MARZO


    p Publicado con pequeñas abreviaciones en 1921 en el libro "Décimo Conpreso del Partida Comunista de Rusia. Actas taquigráficas (del .V al I ti de marzo de 1921)”. Moscú.

    p T. 43. págs. 3-6, 57–75, 89–97.
    578

    p (Prolongados aplausos.) Camaradas: Permitidme declarar abierto el X Congreso del Partido Comunista de Rusia. Hemos vivido un año muy rico en acontecimientos tanto en la historia internacional como en la nuestra, en la interior. Para empezar por la situación internacional debo decir que nos reunimos por primera vez en condiciones en las que la Internacional Comunista ha dejado de ser una mera consigna para transformarse realmente en una poderosa organización que tiene sus cimientos, unos verdaderos cimientos, en los mayores países capitalistas adelantados. Lo que en el II Congreso de la Internacional Comunista fueron aún resoluciones nada más, se ha logrado hacer realidad en el año transcurrido y ha encontrado su expresión, su confirmación, su afianzamiento en países como Alemania, Francia e Italia. Basta con mencionar estos tres países para que veáis que después del II Congreso, celebrado el verano pasado en Moscú, la Internacional Comunista se ha convertido en todos los mayores países capitalistas adelantados de Europa en la causa del movimiento obrero en cada uno de ellos; más aún, se ha convertido en el factor fundamental de la política internacional. Esta es una conquista tan gigantesca, camaradas, que, por difíciles y duras que sean las diversas pruebas que nos esperan—jamás podemos ni debemos perderlas de vista—, ¡nadie nos la podrá arrebatar!

    p Camaradas, es la primera vez que reunimos nuestro congreso cuando en el territorio de la República Soviética no hay tropas enemigas, apoyadas por los capitalistas e imperialistas de todo el mundo. La primera vez que, gracias a las victorias del Ejército Rojo durante este año, inauguramos el congreso del partido en 579 tales condiciones. Tres años y medio de lucha de dureza inaudita, ¡pero hemos logrado expulsar a los ejércitos enemigos de nuestro territorio! Es natural que estemos aún muy lejos de haberlo conquistado todo con eso, y en modo alguno hemos conquistado con eso lo que debemos conquistar: librarnos verdaderamente de la agresión y la ingerencia de los imperialistas. Por el contrario, sus acciones de armas contra nosotros han adquirido una forma menos militar, pero más dura y peligrosa en algunos aspectos para nosotros. La transición de la guerra a la paz, transición que aplaudimos en el pasado congreso del partido y hemos tratado de realizar ya, procurando ordenar el trabajo en este sentido, aún no se ha consumado hasta hoy. Siguen alzándose ante nuestro partido tareas de inverosímil dificultad, tareas que no sólo atañen al plan económico, en el que hemos cometido muchos errores, tareas que no sólo atañen a las bases de la edificación económica, sino a las bases de las propias relaciones entre las clases que han quedado en nuestra sociedad, en nuestra República Soviética. Las propias relaciones entre las clases han cambiado, y esta cuestión debe ser —creo que todos estaréis conformes con ello—una de las cuestiones principales que habéis de dilucidar y resolver aquí.

    p Camaradas, hemos vivido un año excepcional, nos hemos permitido el lujo de abrir discusiones y controversias dentro de nuestro partido. ¡Para un partido que está rodeado de enemigos poderosísimos y fortísimos, enemigos que agrupan a todo el mundo capitalista, para un partido que carga con un peso inaudito, este lujo ha sido verdaderamente asombroso!

    p No sé cómo valoraréis ahora esto. ¿Os parece que este lujo ha correspondido plenamente a nuestras riquezas, tanto materiales como espirituales? De vosotros depende valorarlo. Pero, en todo caso, debo decir una cosa: que aquí, en este congreso, debemos adoptar un lema, proponernos un fin y una tarea principal que debemos llevar a cabo cueste lo que cueste: salir más fuertes de la discusión y las controversias que cuando las empezamos. ( Aplausos.) Vosotros, camaradas, no podéis ignorar que todos nuestros enemigos—y sus nombres forman legión—repiten y despliegan en todos sus innumerables órganos extranjeros el mismo rumor a cien y mil voces, que nuestros enemigos burgueses y pequeñoburgueses difunden aquí, dentro de la República Soviética, a saber: si hay discusión hay controversias; si hay controversias hay disensiones, y si hay disensiones, los comunistas se han debilitado: ¡dale, ahora o nunca, aprovéchate de su debilitamiento! Esta es hoy la consigna del mundo hostil a nosotros. No debemos olvidarlo un instante. Nuestra tarea consiste ahora en mostrar que, aunque nos permitiéramos, con acierto o sin él, este lujo en el pasado, de esta 580 situación debemos salir de manera que, tras haber examinado debidamente en nuestro congreso del partido la extraordinaria abundancia de plataformas, matices, tonos y semitonos formulados y discutidos, nos digamos: en todo caso, como quiera que la discusión se venga manifestando hasta ahora, por mucho que discutamos entre nosotros—y tenemos delante a tantos enemigos—, la tarea de la dictadura del proletariado en un país campesino es tan inabarcable y difícil que no nos basta con que el trabajo sea más cohesionado y más aunado que antes de manera sólo formal—vuestra presencia aquí, en este congreso, demuestra ya que eso es así—, sino también de manera no sólo formal, a fin de que no queden los menores residuos de fraccionalismo— dondequiera y comoquiera que se haya manifestado hasta la fecha—, a fin de que en modo alguno queden esos residuos. Sólo con esa condición cumpliremos las inmensas tareas que tenemos planteadas. Y estoy convencido de que expresaré el propósito y la firme resolución de todos vosotros si digo: ¡Debemos salir del presente congreso, en todo caso, con una unidad del partido más sólida, más estrecha y sincera! (Aplausos.)

    Publicado el 9 de marzo de 1921 en el núm. 52 de “Pravda”.

    Lenin sobre la introducción del impuesto en especie:
    http://leninist.biz/es/1979/LOE3EP/X.Congreso.2-Impuesto.en.Especie

    Spoiler:
    2
    INFORME SOBRE LA SUSTITUCIÓN
    DEL SISTEMA DE CONTINGENTACION CON
    EL IMPUESTO EN ESPECIE, PRESENTADO
    EL 15 DE MARZO


    p Camaradas: La sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie es ante todo y sobre todo una cuestión política, pues su esencia reside en la actitud de la clase obrera ante los campesinos. El planteamiento de esta cuestión significa que debemos someter a un nuevo examen, o yo diría más bien a un examen complementario más cauteloso y acertado y a una cierta revisión, las relaciones de estas dos clases principales, cuya lucha intestina o cuyo acuerdo recíproco determinan la suerte de nuestra revolución. No tengo necesidad de detenerme a analizar con todo detalle las causas de esta revisión. Desde luego, todos vosotros conocéis perfectamente la serie de hechos, debidos en particular a la extrema exacerbación de la miseria, provocada por la guerra, la ruina, la desmovilización y la pésima cosecha, la serie de circunstancias que han agravado de manera extraordinaria la situación de los campesinos y han acentuado inevitablemente sus vacilaciones, que los alejan del proletariado y los aproximan a la burguesía.

    p Dos palabras sobre el significado teórico o el enfoque teórico de esta cuestión. No cabe duda de que en un país donde la inmensa mayoría de la población es de pequeños productores agrícolas, la revolución socialista puede hacerse únicamente mediante toda una serie de medidas especiales de transición que serían completamente innecesarias en países de capitalismo desarrollado, donde los obreros asalariados de la industria y La agricultura constituyen una mayoría aplastante. En los países de 582 capitalismo desarrollado existe una clase de obreros asalariados agrícolas formada a lo largo de decenios. Sólo esta clase puede ser, en los sentidos social, económico y político, el puntal para la transición directa al socialismo. Sólo en países donde se ha desarrollado lo suficiente esta clase, el paso directo del capitalismo al socialismo es posible y no requiere medidas especiales de carácter transitorio a escala nacional. En toda una serie de obras, en todos nuestros discursos y en todas nuestras publicaciones hemos subrayado que en Rusia la situación es distinta, que en Rusia poseemos una minoría de obreros industriales y una inmensa mayoría de pequeños agricultores. En un país así la revolución socialista sólo puede alcanzar el éxito definitivo con dos condiciones. La primera es que sea apoyada a su debido tiempo por la revolución socialista en uno o en varios países adelantados. Como sabéis, al objeto de que se dé esta condición, hemos hecho muchos más esfuerzos que antes, pero no son suficientes, ni mucho menos, para que esto llegue a convertirse en una realidad.

    p La otra condición es el acuerdo entre el proletariado, que ejerce su dictadura o tiene en sus manos el poder del Estado, y la mayoría de la población campesina. El acuerdo representa un concepto muy amplio, que incluye toda una serie de medidas y transiciones. Hay que decir al respecto que debemos plantear el asunto en toda nuestra propaganda y agitación con entera sinceridad. Las gentes que conciben la política como mezquinos artificios, rayanos a veces en el engaño, deben encontrar en nosotros la condena más resuelta. Es necesario corregir sus errores. No se puede engañar a las clases. Durante tres años hemos hecho mucho para elevar la conciencia política de las masas. Donde más han aprendido éstas ha sido en la ardua lucha. Conforme a nuestra concepción filosófica del mundo, a nuestra experiencia revolucionaria de decenios enteros y a las enseñanzas de nuestra revolución, necesitamos plantear los problemas de plano: los intereses de estas dos clases son distintos, el pequeño agricultor no quiere lo que desea el obrero.

    p Sabemos que sólo el acuerdo con el campesinado puede salvar la revolución socialista en Rusia, en tanto que no estalle la revolución en otros países. Así es cómo tenemos que hablar, sin rodeos, en todas las asambleas, en toda la prensa. Sabemos que este acuerdo entre la clase obrera y los campesinos, expresándonos con suavidad, pero sin recoger la palabra “suavidad” en las actas, es precario, y, diciendo las cosas como son, es mucho peor. En todo caso no debemos tratar de ocultar nada, sino decir francamente que el campesinado está descontento de la forma de relaciones establecidas entre él y nosotros, que no quiere esa 583 forma de relaciones y que no está dispuesto a seguir así. Esto es indiscutible. Esta voluntad se ha manifestado de un modo resuelto. Es la voluntad de masas enormes de la población trabajadora. Debemos tenerla en cuenta, y somos políticos lo suficiente sensatos para decir abiertamente: ¡Vamos a revisar nuestra política con respecto al campesinado! No es posible dejar las cosas tal como estaban hasta ahora.

    p Debemos decir a los campesinos: "¿Queréis retroceder, queréis restaurar por completo la propiedad privada y la libertad de comercio? Eso significa deslizarse de manera ineludible e irrevocable hacia el poder de los terratenientes y capitalistas. Lo testifica toda una serie de hechos históricos y ejemplos de las revoluciones. Un sucinto razonamiento del abecé del comunismo, del abecé de la economía política, confirma que esto es inevitable. Vamos a ver. ¿Les conviene a los campesinos apartarse del proletariado para dar marcha atrás—y consentir que dé marcha atrás el país—hasta caer bajo el poder de los capitalistas y terratenientes, o no les conviene? Pensadlo vosotros y pensémoslo juntos."

    p Y estimamos que, de sopesar las cosas con buen sentido, aun dada la profunda disparidad que nosotros reconocemos entre los intereses económicos del proletariado y los del pequeño agricultor, el cálculo confirmará que la razón está de nuestra parte.

    p Por difícil que sea nuestra situación en cuanto a los recursos, debe cumplirse la tarea de dar satisfacción al campesino medio. Hay muchos más campesinos medios que antes, las contradicciones se han atenuado, la tierra está distribuida en usufructo mucho más igualitario, se ha metido al kulak en cintura y se le ha expropiado en buena parte, en Rusia más y en Siberia menos que en Ucrania. Pero, en suma, los datos estadísticos muestran el hecho absolutamente incontestable de que el agro se ha nivelado, de que hay en él más igualdad, es decir, se ha paliado el proceso de acusada segregación de kulaks, por su lado, y campesinos que no siembran, por el suyo. Existe por doquier más igualdad, los campesinos se encuentran hoy, en general, en la situación de campesinos medios.

    p ¿Podemos dar satisfacción a estos campesinos medios como tales, con sus peculiaridades económicas, con sus raíces económicas? Si algún comunista ha soñado con que en tres años se pueden transformar la base económica, las raíces económicas de la pequeña hacienda agrícola, es, naturalmente, un visionario. No hay por qué ocultar que entre nosotros existían no pocos soñadores de ésos. Y nada hay de extraordinariamente malo en ello. ¿Cómo se podía haber empezado sin visionarios la revolución socialista en un país como el nuestro? Como es lógico, la práctica ha demostrado el formidable papel que pueden desempeñar los experimentos y las 584 iniciativas de toda índole en orden al cultivo colectivo de la tierra. Pero la práctica ha demostrado también que estos experimentos, como tales, han desempeñado asimismo un papel negativo en los casos en que personas llevadas de las mejores intenciones y deseos han ido al campo a organizar comunas, colectividades, sin saber administrar, porque carecían de experiencia de cultivo colectivo. La experiencia de estas haciendas colectivas no muestra sino un ejemplo de cómo no se debe administrar una hacienda: los campesinos de los contornos se ríen o se enfurecen.

    p Sabéis muy bien que ha habido muchos ejemplos semejantes. Repito que esto no puede extrañar, pues la labor de rehace) al pequeño agricultor, la labor de trastrocar toda su sicología y todos sus hábitos es obra de varias generaciones. Resolver este problema en relación con el pequeño agricultor, sanear, por decirlo así, toda su sicología, únicamente puede hacerlo la base material, la maquinaria, el empleo a gran escala de tractores y otras máquinas en la agricultura, la electrificación a escala masiva. He aquí lo que podría transformar de raíz y con enorme celeridad al pequeño agricultor. Esto es obra de generaciones enteras, pero yo no digo que hagan falta siglos. Comprenderéis bien que, en todo caso, se requiere, cuando menos, varios decenios para conseguir tractores y máquinas y electrificar un país inmenso. Tal es la situación objetiva.

    p Debemos esforzarnos por atender las demandas de los campesinos, que no están satisfechos, que están descontentos, y con razón, y no pueden estar contentos. Debemos decirles: "Esta situación no puede prolongarse por más tiempo”. ¿Cómo satisfacer al campesino y qué significa darle satisfacción? ¿Dónde está la respuesta a la cuestión de cómo darle satisfacción? Naturalmente, en las propias reivindicaciones del campesinado. Conocemos estas reivindicaciones, pero debemos comprobarlas, examinar desde el punto de vista de la ciencia económica todo lo que sabemos de las reclamaciones de tipo económico de los agricultores. Ahondando en esta cuestión, nos diremos al punto: en realidad, se puede satisfacer al pequeño agricultor con dos cosas. Primero, se precisa cierta libertad de intercambio de mercancías, libertad para el pequeño propietario privado, y segundo, es necesario facilitar mercancías y productos. ¿Qué sentido puede tener la libertad de intercambio, si no hay mercancías que cambiar, y la libertad de comercio, si no hay con qué comerciar? Esto quedaría en el papel; pero a las clases no se las satisface con papeles, sino con cosas materiales. Es preciso comprender muy bien estas dos condiciones. De la segunda condición—cómo facilitar mercancías, y si sabremos facilitarlas—hablaremos después. Ahora voy a detenerme en la primera, en la libertad de intercambio de mercancías.
    585

    p ¿Qué es libertad de intercambio? Libertad de intercambio es libertad de comercio, y esta libertad significa un retroceso hacia el capitalismo. La libertad de intercambio y la libertad de comercio significan el intercambio de mercancías entre los pequeños propietarios por separado. Todos los que hemos estudiado aunque sólo sea el abecé del marxismo sabemos que de este intercambio y de esta libertad de comercio se desprende necesariamente la división del productor de mercancías en dueño del capital y dueño de la mano de obra, la división en capitalistas y obreros asalariados, es decir, la reconstitución de la esclavitud capitalista asalariada, que no cae del cielo, sino que surge en todo el mundo precisamente de la economía agrícola mercantil. Esto lo sabemos perfectamente en teoría, y todo el que examine la vida y las condiciones de la economía del pequeño agricultor no puede menos de verlo en Rusia.

    p Cabe preguntar: ¿acaso puede el Partido Comunista admitir la libertad de comercio y pasar a ella? ¿No hay en esto contradicciones inconciliables? Debe responderse que, desde luego, es un problema extraordinariamente difícil en el sentido de su solución práctica. Preveo de antemano, y lo sé por las conversaciones con los camaradas, que el proyecto previo de sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, proyecto que se os ha distribuido, es el que suscita más preguntas, legítimas e inevitables, respecto a que el intercambio se admite sin rebasar los límites de las transacciones económicas locales. Esto se dice al final del apartado 8. ¿Qué significa? ¿Qué límites tiene? ¿Cómo realizarlo? Se equivoca quien piense recibir respuesta a estas preguntas en el presente congreso. La recibiremos en nuestra legislación: nuestra tarea consiste en trazar tan sólo la pauta de principio, en proclamar la consigna. Nuestro partido es un partido de gobierno, y la resolución que adopte el congreso del partido será obligatoria para toda la república; aquí debemos resolver esta cuestión en principio. Debemos resolver esta cuestión en principio y dar cuenta de ello a los campesinos, porque la siembra está al llegar. Y después debemos movilizar a todo nuestro personal, a todos nuestros valores teóricos y toda nuestra experiencia práctica para ver cómo hacer las cosas. ¿Se puede hacer esto, se puede, hablando teóricamente, restaurar hasta cierto punto la libertad de comercio, la libertad del capitalismo para los pequeños agricultores, sin socavar con ello las raíces del poder político del proletariado? ¿Es posible esto? Es posible, porque el quid está en hacer las cosas con medida. Si pudiésemos obtener aunque sólo fuera una pequeña cantidad de mercancías y retenerlas en manos del Estado, en manos del proletariado, dueño del poder político, y 586 ponerlas en circulación, nosotros, como Estado, añadiríamos a nuestro poder político el poder económico. La puesta en circulación de estas mercancías reanimaría la pequeña economía agrícola, que ahora se encuentra en un estado de terrible estancamiento por el efecto nocivo de las duras condiciones de la guerra, la ruina y la imposibilidad de propulsar la pequeña producción en el campo. El pequeño agricultor, mientras siga siéndolo, debe tener un estímulo, un aliciente, un acicate adecuado a su base económica, esto es, a la pequeña economía individual. En este caso no cabe prescindir de la libertad de efectuar transacciones económicas a escala local. Si estas transacciones proporcionan al Estado, a cambio de los productos de la industria, un mínimo de trigo, suficiente para cubrir las necesidades de la ciudad, de las fábricas, de la industria, el intercambio económico se restablecerá de manera que el poder estatal siga en manos del proletariado y se fortalezca. El campesinado exige que se le muestre en la práctica que el obrero, el cual tiene en sus manos los talleres, las fábricas, la industria, puede organizar el intercambio con él. Y, por otra parte, un inmenso país agrícola con pésimas vías de comunicación, con un territorio inabarcable, con diversidad de climas, con distintas condiciones agrícolas, etc., presupone indefectiblemente una cierta libertad de circulación mercantil de la agricultura local y de la industria local a escala local. En este sentido hemos cometido muchas faltas, yendo demasiado lejos: hemos ido demasiado lejos por el camino de la nacionalización del comercio y de la industria, por el camino de cerrar la circulación local de mercancías. ¿Ha sido un error? Sin duda alguna.

    p A este respecto hemos hecho mucho simplemente equivocado, y sería un gravísimo delito no ver y no comprender que no hemos tenido sentido de la medida, que no hemos sabido tenerlo. Pero, por otra parte, también nos hemos visto ante una necesidad imperiosa: hemos vivido hasta ahora en medio de una guerra feroz, increíblemente dura, en la que no nos quedaba otra disyuntiva que actuar con arreglo a las leyes marciales hasta en el terreno económico. Ha sido un milagro que un país en ruinas haya podido soportar una guerra semejante, y este milagro no ha caído del cielo, sino que ha brotado de los intereses económicos de la clase obrera y del campesinado, que han hecho este milagro con su entusiasmo masivo; este milagro ha sido el que ha posibilitado la resistencia a los terratenientes y a los capitalistas. Mas, al propio tiempo, el hecho indudable, que no debemos ocultar en la agitación y la propaganda, es que hemos ido más lejos de lo que era necesario desde el punto de vista teórico y político. Podemos permitir en grado considerable el libre intercambio local de 587 mercancías, no destruyendo, sino reforzando el poder político del proletariado. Cómo hacerlo, es cosa de la práctica. La misión mía es demostraros que esto es concebible en el terreno teórico. El proletariado que tiene en sus manos el poder estatal, si cuenta con algunos recursos, puede perfectamente ponerlos en circulación y así lograr satisfacer en parte al campesino medio, darle satisfacción con el intercambio económico local.

    p Ahora, unas palabras sobre el intercambio económico local. Antes debo hablar de las cooperativas. Como es natural, dado el intercambio económico local, necesitamos las cooperativas, que en nuestro país se encuentran en un estado de extraordinario amortiguamiento. Nuestro programa subraya que el mejor mecanismo para la distribución es el de las cooperativas que nos han quedado del capitalismo, y ese mecanismo hay que conservarlo. Así está dicho en el programa. ¿Lo hemos cumplido? Con mucha deficiencia, y en parte no lo hemos cumplido en absoluto, unas veces por error y otras por las necesidades de la guerra. Las cooperativas, al destacar a elementos que administran mejor y están más preparados en el sentido económico, han segregado en política a mencheviques y eseristas. Esta es una ley química, ¡qué le vamos a hacer! (Risas.) Los mencheviques y eseristas son gentes que consciente o inconscientemente restauran el capitalismo y ayudan a los Yudénich. Esto también es una ley. Debemos hacerles la guerra. Y en la guerra, como en la guerra: teníamos que defendernos y nos hemos defendido. Pero ¿podemos continuar sin falta en la actual situación? No. Sería un craso error atarnos con esto las manos. Por eso, en el problema de las cooperativas propongo adoptar una resolución muy breve, que voy a leer:

    p “En vista de que la resolución del IX Congreso del PC de Rusia sobre la actitud ante las cooperativas estaba basada enteramente en el reconocimiento del principio del sistema de contingentación, que ahora va a ser sustituido con el impuesto en especie, el X Congreso del Partido Comunista de Rusia acuerda:

    p “Anular la mencionada resolución.

    p “El congreso encarga al Comité Central que redacte y ponga en práctica por conducto del partido y de los Soviets disposiciones que mejoren y desarrollen la estructura y el funcionamiento de las cooperativas conforme al programa del PCR y habida cuenta de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie.” I8>)

    p Diréis que eso es impreciso. Sí, y es menester que hasta cierto punto lo sea. ¿Por qué? Porque, para que sea preciso del todo, debemos saber hasta el fin lo que haremos durante todo el año. ¿Quién lo sabe? Nadie lo sabe ni puede saberlo.
    588

    p Pero la resolución del IX Congreso nos ata las manos, al decir: "Subordinar las cooperativas al Comisariado de Abastecimiento”. El Comisariado de Abastecimiento es una magnífica institución, pero subordinar obligatoriamente las cooperativas a él y atarnos las manos en el momento en que estamos revisando la actitud ante los pequeños agricultores es cometer un evidente error político. Al CC que salga elegido del congreso debemos encargarle que prepare y lleve a cabo determinadas medidas y modificaciones, que compruebe los pasos que demos adelante y atrás, en qué medida debemos hacer eso, cómo velar por los intereses políticos, hasta qué punto debemos soltar la mano para que las cosas sean más llevaderas y cómo comprobar los resultados de la experiencia. Teóricamente hablando, en este sentido tenemos por delante toda una serie de fases y medidas transitorias. Tenemos clara una cosa: la resolución del IX Congreso presuponía que nuestro movimiento habría de ir en línea recta. Ha resultado, como se observa constantemente en la historia de todas las revoluciones, que el movimiento ha ido en zigzag. Atarnos las manos con una tal resolución es un error político. Al anularla, decimos que es preciso regirse por el programa, que subraya la importancia del mecanismo cooperativo.

    p Al anular la resolución, decimos: adaptaos a la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie. Pero ¿cuándo lo haremos? No antes de que recojamos la cosecha, es decir, dentro de algunos meses. ¿Lo haremos igual en todos los lugares? De ninguna manera. Querer ajustar a un mismo modelo, medir por el mismo rasero a la Rusia Central, a Ucrania y a Siberia sería la mayor de las necedades. Propongo aprobar esta idea fundamental sobre la libertad de intercambio local de mercancías en forma de acuerdo del congreso. Pienso que después de esto, en los próximos días, aparecerá sin falta una carta del CC que diga, y, naturalmente, lo dirá mejor que yo ahora ( encontraremos a mejores plumas, que lo escribirán mejor): No deis pasos en falso, no os apresuréis, meditad las cosas sin precipitaros, obrad de modo que deis la máxima satisfacción a los campesinos medios sin menoscabar los intereses del proletariado. Probad esto, probad lo otro, estudiad en la práctica, tened presente la experiencia, comunicadnos después vuestras impresiones, decidnos qué os ha salido bien, y nosotros formaremos una comisión especial e incluso varias comisiones que tendrán en cuenta la experiencia adquirida, y creo que incorporaremos especialmente a eso al camarada Preobrazhenski, autor del libro El papel moneda en la época de la dictadura del proletariado. Esta cuestión es muy importante, porque la circulación monetaria es de tal naturaleza que aquilata a las mil 589 maravillas la eficiencia del intercambio de mercancías en el país, y cuando este intercambio no es normal, el dinero se convierte en papeles inútiles. Para marchar luego adelante, respaldados en la experiencia, necesitamos comprobar diez veces las medidas adoptadas.

    p Se nos preguntará y se deseará saber de dónde sacar las mercancías. Pues la libertad de comercio requiere mercancías, y los campesinos son muy listos y saben burlarse de lo lindo. ¿Podemos ahora obtener mercancías? Ahora podremos, porque nuestra situación económica a escala internacional ha mejorado en medida colosal. Luchamos contra el capital internacional, el cual ha dicho, refiriéndose a nuestra república: "Son unos forajidos, unos cocodrilos" (estas palabras me las ha dicho literalmente una pintora inglesa que se las ha oído decir a un político de lo más influyente ). Y como son unos cocodrilos, lo único que cabe es despreciarlos. Esta ha sido la voz del capital internacional. La voz del enemigo de clase, una voz justa desde su punto de vista. Sin embargo, la justedad de esas conclusiones necesita una comprobación práctica. Si eres una fuerza universal y poderosa, capital mundial, si dices: "Sois unos cocodrilos" y tienes en tus manos todos los artefactos, ¡prueba a acabar con nosotros! Mas cuando probó a hacerlo, resultó que salía perdiendo. Entonces el capital, que se ve obligado a tener en cuenta la vida política y económica real, dice: "Es preciso comerciar”. Esta es nuestra mayor victoria. Ahora os diré que se nos ha hecho dos ofertas de empréstito por valor de unos cien millones de rublos oro. Oro tenemos, pero el oro no se puede vender, porque es algo que no se come. Todos están arruinados, la guerra ha alterado hasta lo increíble en todo el mundo las relaciones de cambio monetario entre los Estados capitalistas. Además, para las relaciones con Europa es preciso tener marina, y nosotros no la tenemos, está en manos enemigas. Con Francia no hemos concluido ningún tratado. Francia estima que somos deudores de ella, y, por lo tanto, cualquier barco —dice—"es mío”. Ellos tienen marina de guerra, y nosotros no. Esta es la situación que, hasta ahora, sólo nos ha permitido comercializar el oro en una proporción pequeña, insignificante hasta más no poder. Ahora hay dos propuestas de banqueros capitalistas: conceder un empréstito de cien millones. Como es natural, por esta suma percibirán intereses usurarios. Pero hasta ahora, en general, no hablaban de eso, hasta ahora decían: "Te mataré a tiros y me apropiaré de todo gratis”. Ahora, como no pueden acabar con nosotros a tiros, están dispuestos a comerciar. Ahora se puede decir que el tratado comercial con EE.UU. e Inglaterra es un asunto que marcha; lo mismo que la entrega de 590 empresas en régimen de concesión. Ayer recibí otra carta de míster Vanderlip, que se encuentra en nuestro país y que, luego de toda una serie de quejas, nos comunica diversos planes referentes a las concesiones y al empréstito. Se trata de un representante del capital financiero archipráctico, ligado con los Estados occidentales de América del Norte, más hostiles al Japón. De modo que ahora contamos con una posibilidad económica de obtener mercancías. Otra cosa es cómo sabremos hacerlo, pero existe cierta posibilidad.

    p Repito que este tipo de relaciones económicas, que, por arriba, ofrece el aspecto de pacto con el capitalismo extranjero, por abajo brindará al poder estatal proletario la posibilidad de establecer el libre intercambio de mercancías con el campesinado. Yo sé—y he tenido ya ocasión de decirlo—que esto ha sido motivo de algunas burlas. En Moscú existe todo un sector intelectual burocrático que tiene pretensiones de crear "opinión pública”. Pues bien, ese sector comenzó a mofarse, diciendo: "¡Mirad lo que ha resultado del comunismo! Es como uno que llevara muletas, con toda la cabeza cubierta de vendajes. Del comunismo no ha quedado otra cosa que una figura enigmática.” Hasta mí han llegado en número más que suficiente bromitas por el estilo, pero estas chanzas ¡o despiden tufillo burocrático o no tienen ningún fundamento! Rusia ha salido de la guerra en tal estado que se parece más bien al de una persona medio muerta a palos: siete años estuvieron apaleándola, ¡y menos mal que puede andar con muletas! ¡Esa es nuestra situación! ¡Creer que podemos salir de ella sin muletas es no comprender nada! Mientras no estalle la revolución en otros países, deberemos ir saliendo del presente estado en unos cuantos decenios, y no hemos de escatimar unas centenas de millones, si no millares de millones de rublos, de nuestras incalculables riquezas, de nuestras abundantes fuentes de materias primas, con tal de recibir la ayuda del gran capitalismo adelantado. Después lo recuperaremos todo con creces. Pero no es posible sostener el poder proletario en un país increíblemente arruinado, con un gigantesco predominio de los campesinos igualmente arruinados, sin ayuda del capital, por la que, lógicamente, cobrará intereses desorbitados. Esto hay que comprenderlo. De ahí que el dilema sea: o relaciones económicas de este tipo o nada. Quien plantee de otro modo la cuestión no entiende ni un comino de economía práctica y sale del paso con tales o cuales cuchufletas. Hay que reconocer el hecho del agotamiento y de la extenuación de las masas. ¿Cómo no iban a repercutir en nuestro país los siete años de guerra, si los cuatro años de conflagración mundial se dejan sentir aún en los países más adelantados!
    591

    p En cuanto a nosotros, en nuestro atrasado país, tras siete años de guerra nos encontramos en un verdadero estado de agotamiento de los obreros, que han hecho sacrificios inauditos, y de las masas campesinas. Este agotamiento, este estado se parece mucho a la imposibilidad absoluta de trabajar. Se precisa una tregua económica. Pensábamos emplear en la adquisición de medios de producción el oro atesorado. Lo mejor es fabricar máquinas, pero si las compráramos, montaríamos nuestra industria. Mas para ello es preciso que haya obreros, que haya campesinos que puedan trabajar; pero en la mayoría de los casos no pueden trabajar: están agotados, están extenuados. Hay que apoyarlos, hay que gastar oro en la adquisición de artículos de consumo, pese a lo que antes decíamos en nuestro programa. Nuestro programa anterior era justo en teoría, pero insostenible en la práctica. Daré a conocer una nota del camarada Lezhava que obra en mi poder. Por ella vemos que se han comprado ya varios cientos de miles de puds de diferentes productos alimenticios y están en camino con la mayor urgencia desde Lituania, Finlandia y Letonia. Hoy hemos recibido la noticia de que en Londres se ha firmado un contrato para comprar dieciocho millones y medio de puds de carbón, que acordamos adquirir con el fin de reanimar la industria de Petrogrado y la textil. Si recibimos mercancías para el campesino, ello será, naturalmente, una infracción del programa, una irregularidad, pero hay que dar una tregua, porque el pueblo está tan extenuado que de otro modo no podrá trabajar.

    p Debo referirme aún al intercambio individual de mercancías. Hablar de libertad de circulación significa hablar de intercambio individual de mercancías, es decir, significa estimular a los kulaks. ¿Qué hacer? No hay que dejar de ver que la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie significa que los kulaks se multiplicarán en esas circunstancias más que hasta ahora. Crecerán donde antes no podían hacerlo. Pero no hay que combatirlos con medidas prohibitorias, sino con la fuerza unida del Estado y con medidas estatales dictadas desde arriba. Si se pueden proporcionar al campesinado máquinas, con ello será posible levantarlo, y cuando se le faciliten máquinas o electrificación, decenas o cientos de miles de pequeños kulaks dejarán de serlo. Mientras no se le pueda proporcionar eso, hay que darle una determinada cantidad de mercancías. Si se dispone de mercancías, se podrá sostener el poder; pero cerrar el paso,’evitar, descartar la posibilidad de contar con mercancías equivale a impedir todo intercambio, significa no dar satisfacción a los campesinos medios, y obrando así no cabrá la convivencia con ellos. En Rusia son ahora más los campesinos medios, y no hay por 592 qué temer que el intercambio sea individual. Todos podrán dar algo al Estado a cambio. Unos podrán venderle trigo sobrante; otros entregarán a cambio hortalizas, y otros, trabajo. En lo fundamental, la situación es la siguiente: debemos dar satisfacción en el sentido económico a los campesinos medios y llegar a la libertad de intercambio de mercancías; de otro modo, dado que la revolución internacional se retarda, no será posible—no lo será desde el punto de vista económico—sostener en Rusia el poder del proletariado. Esto hay que comprenderlo con claridad y en modo alguno temer hablar de ello. En el proyecto de resolución sobre la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie (el texto se os ha repartido) advertiréis una gran falta de concordancia y veréis que hay contradicciones, razón por la cual hemos escrito al final: "El congreso, aprobando en lo fundamental (expresión muy imprecisa que se presta a muchas interpretaciones) las tesis formuladas por el CC acerca de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, encarga al CC del partido que las concuerde con la mayor urgencia”. Sabemos que no concordaban, no hemos tenido tiempo para concordarlas, no hemos efectuado esta labor de detalle. El Comité Ejecutivo Central de toda Rusia y el Consejo de Comisarios del Pueblo estudiarán detalladamente las formas de aplicar el impuesto y promulgarán la ley correspondiente. Se ha acordado seguir el siguiente orden: si vosotros aprobáis este proyecto hoy, la disposición pertinente será adoptada en la primera sesión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, que tampoco habrá de dictar una ley, sino un reglamento modificado; luego, el Consejo de Comisarios del Pueblo y el Consejo de Trabajo y Defensa lo convertirán en ley y—lo que vale más aún— darán instrucciones prácticas. Importa que en el plano local se comprenda la significación de esta medida y que sea bien acogida.

    p ¿Por qué necesitábamos sustituir el sistema de contingentación con el impuesto en especie? El sistema de contingentación suponía: requisar todos los excedentes e implantar el monopolio obligatorio del Estado. No podíamos proceder de otra manera, atravesábamos un estado de penuria extremada. Teóricamente no es forzoso considerar que el monopolio del Estado sea lo mejor desde el punto de vista del socialismo. En un país campesino que posee industria—y la industria está en funcionamiento—, si existe cierta cantidad de mercancías, es posible aplicar como medida transitoria el sistema del impuesto en especie y del libre intercambio.

    p Este intercambio de mercancías es para el campesino un estímulo, un aliciente, un acicate. El agricultor puede y debe afanarse por su propio interés, puesto que no le serán incautados 593 todos los excedentes, sino que sólo se exigirá de él un impuesto que, a ser posible, habrá de fijarse con antelación. Lo fundamental es que haya un estímulo, un aliciente, un acicate para el pequeño agricultor en su trabajo. Nos es preciso construir nuestra economía estatal, teniendo en cuenta la economía de los campesinos medios, que no hemos podido transformar en tres años ni podremos hacerlo en diez más.

    p El Estado tenía determinadas obligaciones en materia de abastecimiento. Por eso, nuestros contingentes fueron aumentados el año pasado. El impuesto en especie debe ser menor. Las cifras no han sido precisadas con exactitud, y no es posible precisarlas. En el folleto de Popov La producción cerealista en la República Soviética y en las repúblicas confederadas se reproducen datos de nuestra Dirección General de Estadística que contienen cifras exactas y muestran por qué causas se ha reducido la producción agrícola.

    p Si la cosecha es mala, no se podrán reunir sobrantes, porque no los habrá. Tendríamos que quitárselos de la boca a los campesinos. Si hay cosecha, todos tendrán que privarse de un poco de lo suyo, y el Estado se salvará; o bien, si no somos capaces de tomar parte de los productos a quienes no pueden comer hasta la saciedad, el Estado perecerá. Tal es la tarea de nuestra propaganda entre los campesinos. Si la cosecha es regular, los excedentes llegarán a los quinientos millones de puds, lo suficiente para cubrir las necesidades del consumo y para acumular una cierta reserva. El quid está en dar a los campesinos un estímulo, un aliciente desde el punto de vista de la economía. Es preciso decir al pequeño agricultor: "Tú, campesino, produce, y el Estado te cobrará un impuesto mínimo."

    p Mi turno se acaba, debo terminar. Lo repito: no podemos promulgar ahora una ley. El defecto de nuestra resolución consiste en que no es demasiado legislativa: en el congreso del partido no se redactan leyes. Por eso proponemos adoptar la resolución del CC como base y encargarle que concuerde sus planteamientos. Imprimiremos el texto de esta resolución, y los funcionarios locales se esforzarán por concordar los planteamientos que contiene y por corregirla. Concordar hasta el fin resulta imposible, ello constituye una tarea que no se puede cumplir, ya que la vida es harto variada. Buscar medidas transitorias es un cometido muy arduo. Si no logramos hacerlo con rapidez y sin rodeos, no por eso decaerá nuestro ánimo, ya nos saldremos con la nuestra. Un campesino que sea algo consciente no puede menos de comprender que nosotros, como gobierno, representamos a la clase obrera y a los trabajadores con quienes pueden ponerse de acuerdo los campesinos laboriosos (que son las nueve décimas partes del campesinado), 594 y que toda vuelta atrás significa el retorno al viejo gobierno zarista. Así lo demuestra la experiencia de Cronstadt. Allí no quieren a los guardias blancos ni quieren nuestro poder—pero otro no existe—, y se hallan en tal situación que constituye la mejor agitación a nuestro favor y contra todo gobierno nuevo.

    p En los momentos actuales tenemos la posibilidad de sellar un acuerdo con los campesinos, y hay que llegar a él en la práctica con inteligencia, perspicacia y flexibilidad. Conocemos el mecanismo del Comisariado de Abastecimiento, sabemos que es uno de los mejores que tenemos. Comparándolo con otros, vemos que es el mejor, y debemos conservarlo, pero tiene que estar subordinado a la política. De nada nos servirá el magnífico mecanismo del Comisariado de Abastecimiento si no sabemos establecer relaciones con los campesinos. En ese caso, este excelente mecanismo no servirá a nuestra clase, sino a Denikin y a Kolchak. Puesto que la política requiere un cambio resuelto, flexibilidad y un viraje inteligente, los líderes deben comprenderlo. Un mecanismo sólido debe ser apto para toda clase de maniobras. Pero si la solidez del mecanismo se convierte en entumecimiento e impide dar los virajes, entonces la lucha resulta inevitable. Por eso es preciso poner todas las fuerzas en lograr indefectiblemente nuestros fines, en conseguir que el mecanismo se supedite por completo a la política. La política es la relación entre las clases: esto decide la suerte de la república. El mecanismo, como medio auxiliar, resultará tanto mejor y más adecuado para las maniobras cuanto más sólido’ sea. Y si no está en condiciones de cumplir este cometido, no servirá para nada.

    p Os invito a tener en cuenta lo fundamental: un estudio que comprenda todos los detalles y las posibles interpretaciones es labor de varios meses. Y ahora necesitamos tener en cuenta lo fundamental, necesitamos que lo que acordemos sea dado a conocer esta misma noche por radio en todos los ámbitos del mundo: que el congreso del partido gobernante sustituye en lo fundamental el sistema de contingentación con el impuesto en especie, dando así toda una serie de estímulos al pequeño agricultor para que amplíe su hacienda, para que aumente las superficies de siembra; que el congreso, al emprender este camino, corrige el sistema de relaciones entre el proletariado y los campesinos y expresa la seguridad de que, siguiendo esta senda, se conseguirán unas relaciones estables entre el proletariado y los campesinos. (Clamorosos aplausos.)

    Publicado el 16 de mano de 192¡ en el núm. 57 de “Pravda” y en el núm 57 de "Izvestia del CEC de toda Rusia".






    Lenin sobre la Unidad del Partido (Discurso en el X Congreso):

    http://leninist.biz/es/1979/LOE3EP/X.Congreso.3-Unidad.del.Partido

    Spoiler:
    3
    PROYECTO INICIAL DE RESOLUCIÓN
    DEL X CONGRESO DEL PC DE RUSIA SOBRE
    LA UNIDAD DEL PARTIDO^^191^^


    p 1. El congreso llama la atención de todos los miembros del partido acerca de que la unidad y la cohesión de sus filas, la absoluta confianza entre los miembros del partido y la labor verdaderamente unánime, auténtica encarnación de la voluntad única de la vanguardia del proletariado, son necesarias sobre todo en estos momentos en que, por una serie de circunstancias, aumentan las vacilaciones entre la población pequeñoburguesa del país.

    p 2. Entretanto, antes aún de la discusión sobre los sindicatos, entablada en todas las organizaciones del partido, veníanse manifestando ya en su seno algunos indicios de fraccionalismo, es decir, la formación de grupos con una plataforma especial y con la tendencia a aislarse hasta cierto punto y crear su propia disciplina de grupo. Síntomas de esta naturaleza se vieron, por ejemplo, en una de las conferencias del partido en la ciudad de Moscú (noviembre de 1920) y en Jarkov, tanto por parte del grupo llamado "oposición obrera”, como, parcialmente, también del grupo llamado "centralismo democrático".

    p Es necesario que todo obrero consciente comprenda con claridad el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual, pese a todo el deseo de los representantes de algunos grupos de mantener la unidad del partido, conduce sin falta en la práctica al debilitamiento de la labor aunada y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos del partido gubernamental, que se infiltran en sus filas, de ahondar las disensiones en su seno y utilizarlas para los fines de la contrarrevolución.
    596

    p El ejemplo de la sublevación de Cronstadt ^^192^^, cuando contrarrevolución burguesa y los guardias blancos de todos los países del inundo se han mostrado al punto dispuestos a adoptar incluso las consignas del régimen soviético con tal de derribar la dictadura del proletariado en Rusia, cuando los eseristas y la contrarrevolución burguesa en general han utilizado en Cronstadt las consignas de la insurrección, supuestamente promovida en aras del Poder soviético contra el Gobierno soviético de Rusia, ha evidenciado poco menos que de la manera más palmaria que los enemigos del proletariado aprovechan todas las desviaciones de la pauta comunista estricta y consecuente. Estos hechos demuestran por completo que los guardias blancos procuran y saben disfrazarse de comunistas, hasta de los más izquierdistas, con tal de debilitar y derribar el baluarte de la revolución proletaria en Rusia. Las hojas mencheviques difundidas en Petrogrado la víspera de la sublevación de Cronstadt evidencian igualmente que los mencheviques han aprovechado las discrepancias y ciertos indicios de fraccionalismo existentes en el seno del PC de Rusia para alentar y apoyar de hecho a los sediciosos de Cronstadt, a los eseristas y guardias blancos, haciéndose pasar de palabra por adversarios de las sediciones y por adictos del Poder soviético, si bien, al decir de ellos, con algunas enmiendas de poca monta.

    p 3. En esta cuestión, la propaganda debe consistir, por un lado, en aclarar a fondo el daño y el peligro que supone el fraccionalismo desde el punto de vista de la unidad del partido y del ejercicio de la voluntad única de la vanguardia del proletariado como condición fundamental del éxito de la dictadura del proletariado, y, por otro lado, en explicar la peculiaridad de los nuevos métodos tácticos de los enemigos del Poder soviético. Esos enemigos, convencidos de que con la bandera de los guardias blancos, la contrarrevolución tiene la causa perdida, ponen ahora en tensión todas sus fuerzas para aprovechar las discrepancias existentes dentro del PC de Rusia e impulsar de uno u otro modo la contrarrevolución, entregando el poder a la tendencia política más propensa a aparentar que reconoce el Poder soviético.

    p La propaganda debe explicar también la experiencia de las anteriores revoluciones, cuando la contrarrevolución apoyaba a los grupos oposicionistas más próximos al partido revolucionario extremo, para hacer vacilar y derribar la dictadura revolucionaria, abriendo con ello el camino para la ulterior victoria completa de la contrarrevolución, de los capitalistas y terratenientes.

    p 4. En la lucha práctica contra el fraccionalismo es preciso que cada una de las organizaciones del partido impida con todo rigor cualquier manifestación de ese carácter. Hay que organi/ar la 597 crítica absolutamente necesaria de los defectos del partido de modo que toda propuesta práctica se exponga con la mayor claridad posible y sea sometida en el acto, sin papeleo alguno, al examen y decisión de los organismos dirigentes locales y del organismo central del partido. Todos los que hagan críticas deben, además, tener en cuenta, en lo que respecta a la forma de su crítica, la situación del partido entre los enemigos que lo rodean, y, en lo que se refiere al contenido de la crítica, deben comprobar en la práctica, con su participación personal en la labor de los Soviets y del partido, si se corrigen los errores del partido o de algunos militantes. Todo análisis de la pauta general del partido o la apreciación de su experiencia práctica, la comprobación del cumplimiento de los acuerdos del mismo, el estudio de los métodos para corregir los errores, etc., en modo alguno deben ser sometidos a la discusión previa de los grupos que se forman con cualquier “plataforma”, etc., sino que deben ser sometidos exclusivamente a la discusión directa de todos los miembros del partido. A tal efecto, el congreso dispone que se editen con mayor regularidad Diskussionni Listokm y publicaciones especiales, procurando constantemente que la crítica vaya dirigida al quid del problema, sin adquirir jamás formas capaces de favorecer a los enemigos de clase del proletariado.

    p 5. Rechazando por principio la desviación sindicalista y anarquista, a cuyo análisis se dedica una resolución especial, y encomendando al Comité Central que proceda a la liquidación de todo fraccionalismo, el congreso declara al paso que las propuestas positivas referentes a las cuestiones que han merecido una atención especial, por ejemplo, la del grupo de la llamada "oposición obrera" y las relativas a la depuración del partido de elementos no proletarios e inseguros, a la lucha contra la burocracia, al desarrollo de la democracia y la iniciativa de los obreros, etc., deben ser discutidas con la máxima atención y comprobadas en la labor práctica. El partido debe saber que, en lo tócame a estas cuestiones, no aplicamos todas las medidas necesarias, habiendo chocado con una serie de obstáculos diversos; y que el partido, rechazando sin piedad las habladurías y labor fracciona! con apariencia de crítica, probando métodos nuevos, seguirá luchando constantemente y con todos los medios a su alcance contra la burocracia y en pro de ampliar la democracia y la iniciativa y descubrir, denunciar y expulsar a los infiltrados en el partido, etc.

    p 6. Por las razones expuestas, el congreso declara disueltos y prescribe disolver inmediatamente todos los grupos, sin excepción, que se hayan formado con tal o cual plataforma (a saber: 598 “oposición obrera”, "centralismo democrático”, etc.). El incumplimiento de este acuerdo del congreso acarreará la inmediata e incondicional expulsión del partido.

    p 7. Con el fin de implantar una severa disciplina en el seno del partido y en toda labor de los Soviets, lograr la mayor unidad y acabar con todo fraccionalismo, el congreso concede al Comité Central atribuciones para aplicar, en caso de que se infrinja la disciplina y resurja o se tolere el fraccionalismo, todas las sanciones al alcance del partido, incluida la expulsión de sus filas; en cuanto a los miembros del CC, serán descendidos a la categoría de suplentes y, como medida extrema, expulsados del partido. Para aplicar esta medida extrema a los miembros efectivos y suplentes del CC, así como a los miembros de la Comisión de Control, es condición previa la convocatoria de una reunión plenaria del CC con asistencia de todos los miembros suplentes del mismo y de todos los miembros de la Comisión de Control. Si esta asamblea general de los dirigentes de mayor responsabilidad del partido llegase a reconocer necesario, por mayoría de dos tercios de votos, el paso de algún miembro efectivo a miembro suplente del CC o su expulsión del partido, la medida será aplicada en el acto.

    Publicado por primera vez en 1923 en el núm. 22 de la revista "Prozhéktor".


    Última edición por NSV Liit el Lun Sep 12, 2011 5:53 pm, editado 1 vez

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 12, 2011 5:49 pm

    Lenin sobre la desviación anarquista y sindicalista del partido (Discurso en el X Congreso):

    http://leninist.biz/es/1979/LOE3EP/X.Congreso.4-Desviacion.Sindicalista.y.Anarquista

    Spoiler:
    4
    PROYECTO INICIAL DE RESOLUCIÓN
    DEL X CONGRESO DEL PC DE RUSIA
    SOBRE LA DESVIACIÓN SINDICALISTA
    Y ANARQUISTA EN NUESTRO PARTIDO


    p 1. En estos últimos meses se ha revelado claramente en el seno del partido una desviación sindicalista y anarquista, que exige las medidas más enérgicas de lucha ideológica, así como la depuración y el saneamiento del partido.

    p 2. La desviación indicada ha sido en parte originada por el ingreso en el partido de ex mencheviques, así como de obreros y campesinos que aún no han asimilado por completo la concepción comunista del mundo, pero se debe más que a nada a la influencia que ejerce en el proletariado y en el Partido Comunista de Rusia el elemento pequeñoburgués, excepcionalmente poderoso en nuestro país y que de una manera inevitable genera vacilaciones hacia el anarquismo, sobre todo en estos momentos, en que la situación de las masas ha empeorado en gran medida como resultado de la mala cosecha y de las consecuencias extremadamente desastrosas de la guerra y en que la desmovilización del ejército de un millón de hombres licencia a centenares de miles de campesinos y obreros que no pueden encontrar en el acto fuentes y medios adecuados de vida.

    3. La manifestación teórica más acabada y la más neta de esta desviación (variante: una de las manifestaciones más acabadas, etc., de esta desviación) son las tesis y otros escritos del grupo de la llamada "oposición obrera”. Bastante significativa es, por ejemplo, la siguiente tesis: "El Congreso de productores de toda Rusia organiza la dirección de la economía nacional; los productores están agrupados en sindicatos industriales, que eligen un órgano central para dirigir toda la economía nacional de la República."
    600 Emacs-File-stamp: "/home/ysverdlov/leninist.biz/es/1979/LOE3EP/20061027/699.tx"

    p Las ideas que forman la base de esta y de las otras numerosas declaraciones paree idas son radicalmente falsas desde el punto de vista teórico, constituyendo la ruptura completa con el marxismo v el comunismo, así como con la suma de la experiencia práctica de todas las revoluciones semiproletarias v de la actual revolución proletaria.

    p Kn primer lugar, el concepto de “productor” engloba al proletario con el serniprolc-tario y con el pequeño productor de mercancías, apartándose así, radicalmente, del concepto fundamental de la lucha de clases y de la exigencia básica de diferenciar con precisión las clases.

    p En segundo lugar, orientarse hacia las masas sin partido o coquetear con ellas, como se hace en la tesis citada, es apartarse del marxismo de un modo no menos radical.

    p El marxismo nos enseña—y esta doctrina no sólo ha sido confirmada formalmente por toda la Internacional Comunista en la decisión de su II Congreso (1920) sobre el papel del partido político del proletariado, sino que lo ha sido también prácticamente por toda la experiencia de nuestra revolución—que sólo el partido político de la clase obrera, es decir, el Partido Comunista, está en condiciones de agrupar, educar y organizar a la vanguardia del proletariado y de todas las masas trabajadoras, la única vanguardia capaz de contrarrestar las inevitables vacilaciones pequeñoburguesas de estas masas, las inevitables tradiciones y recaídas en la estrechez de miras gremial o en los prejuicios sindicales entre el proletariado y dirigir todo el conjunto de las actividades de todo el proletariado, esto es, dirigirlo políticamente y a través de él dirigir a todas las masas trabajadoras. Sin esto la dictadura del proletariado es irrealizable.

    p La falsa concepción del papel del Partido Comunista en sus relaciones con el proletariado sin partido, y luego en las relaciones del primer y segundo factores con toda la masa de trabajadores, constituye un retroceso teórico radical del comunismo y una desviación hacia el sindicalismo y el anarquismo, desviación que impregna todas las concepciones del grupo de la "oposición obrera".

    p 4. El X Congreso del PC de Rusia declara que considera también absolutamente equivocados todos los intentos del grupo mencionado y cíe otras personas de defender sus puntos de vista erróneos invocando el apartado 5 de la parte económica del programa del PC de Rusia, dedicado al papel de los sindicatos. Este apartado dice que "los sindicatos deben llegar a concentrar efectivamente en sus manos toda la dirección del conjunto de la economía nacional como un todo económico único”, y que los 601 sindicatos "aseguran así el vínculo indisoluble entre la dirección central del Estado, la economía nacional y las grandes masas trabajadoras”, “incorporando” a estas masas "a la gestión inmediata de la dirección de la economía".

    p En este mismo apartado el programa del PC de Rusia considera corno condición preliminar para crear la situación a la que "tienen que llegar" los sindicatos, el proceso de "liberar cada ve/, más a los sindicatos de la estrechez gremial" y abarcar a la mayoría "y gradualmente a la totalidad" de los trabajadores.

    p Por último, el mismo apartado del programa del PC de Rusia subraya que los sindicatos, "según las leyes de la RSFSR y la práctica establecida, participan ya en todos los órganos locales y centrales de la dirección industrial".

    p En lugar de tener en cuenta precisamente esta experiencia práctica de la participación en la dirección, en lugar de seguir desarrollando esta experiencia en estricta concordancia con los éxitos alcanzados y con los errores corregidos, los sindicalistas y anarquistas plantean la consigna inmediata de "congresos o de un congreso de productores”, "que eligen" los órganos de dirección de la economía. De este modo se pasa por alto y se elimina en absoluto el papel dirigente, educativo y organizador del partido respecto a los sindicatos proletarios y del proletariado respecto a las masas trabajadoras semipequeñoburguesas y puramente peque– ñoburguesas, y en lugar de desarrollar y corregir el trabajo práctico de la estructuración de nuevas formas de economía, comenzado ya por el Poder soviético, resulta una destrucción pequeñoburguesa-anarquista de este trabajo, destrucción capaz de conducir únicamente al triunfo de la contrarrevolución burguesa.

    p 5. Además de la inexactitud teórica y de una actitud radicalmente errónea hacia la experiencia práctica adquirida en la edificación económica por el Poder soviético, el congreso del PC de Rusia considera que las concepciones del grupo citado y de los grupos y personas análogas constituyen un tremendo error político v un peligro político inmediato para la existencia misma de la dictadura del proletariado.

    p En un país como Rusia, el enorme predominio del elemento pcqueñoburgués y la ruina, la depauperación, las epidemias y la mala cosecha, la extrema agudi/.ación de la miseria y de las calamidades del pueblo, como resultado inevitable de la guerra, engendran vacilaciones particularmente acusadas en los ánimos de las masas pequeñoburguesas y semiproletarias. Estas vacilaciones llevan unas veces a estas masas hacia el fortalecimiento de la alianza con el proletariado y otras hacia la restauración burguesa. La experiencia de todas las revoluciones de los siglos XVIII, XIX y XX 602 demuestra con absoluta claridad y de manera convincente que el más mínimo debilitamiento de la unidad, de la fuerza e influencia de la vanguardia revolucionaria del proletariado no puede conducir sino a la restauración del poder y de la propiedad de los capitalistas y de los terratenientes.

    p Por eso, las concepciones de la "oposición obrera" y de los elementos análogos no sólo son falsas teóricamente, sino que en la práctica constituyen la expresión de las vacilaciones pequeñoburguesas y anarquistas, debilitan en la práctica la línea de firme dirección del Partido Comunista y ayudan a los enemigos de clase de la revolución proletaria.

    p 6. Basándose en esto, el congreso del PC de Rusia rechaza resueltamente las ideas mencionadas, que reflejan una desviación sindicalista y anarquista, y considera necesario:

    p 1) desplegar una lucha ideológica inflexible y sistemática contra estas ideas;

    p 2) reconocer incompatible la propaganda de estas ideas con la condición de miembro del Partido Comunista de Rusia.

    p El congreso, a la vez que encomienda al CC del partido la severísima ejecución de estas decisiones, indica que en ediciones especiales, recopilaciones, etc., se puede y debe reservar un lugar para el cambio más detallado de opiniones entre los miembros del partido sobre todas las cuestiones indicadas.

    Publicada por primera vez en 1923 en el tomo XVIII, parte I. de las “Obras” de N. Lenin (V. Uliánov).

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 12, 2011 5:51 pm

    Lenin sobre el impuesto en especie y la NEP:

    http://leninist.biz/es/1979/LOE3EP/Impuesto.en.Especie

    Spoiler:
    SOBRE EL IMPUESTO EN ESPECIE
    (SIGNIFICACIÓN DE LA NUEVA POLÍTICA
    Y SUS CONDICIONES)

    A MODO DE INTRODUCCIÓN

    p El problema del impuesto en especie despierta una especialísima atención y es motivo de muchas discusiones y debates hoy día. Se comprende perfectamente, ya que es en realidad una de las cuestiones fundamentales de la política en las circunstancias actuales.

    p Las discusiones tienen un carácter algo caótico. Todos nosotros, por causas harto comprensibles, adolecemos de este pecado. Tanto más útil será el intento de abordar este problema no en su aspecto “palpitante”, sino en el aspecto de los principios generales. Dicho con otras palabras, el intento de fijarnos en el fondo general, fundamental, del cuadro en el que estamos trazando ahora el dibujo de las medidas prácticas concretas de la política actual.

    p Para realizar esa tentativa, me permitiré aducir una larga cita de mi folleto La tarea principal de nuestros días. Acerca del infantilismo “izquierdista” y del espíritu pequeñoburgués [603•* . Ese folleto, editado por el Soviet de Petrogrado en 1918, contiene: 1) un artículo periodístico sobre la paz de Brest, publicado el 11 de marzo de 1918; 2) la polémica con el grupo de los comunistas de izquierda de entonces, con fecha del 5 de mayo de 1918. Ahora la polémica huelga y la omito, dejando solamente lo relativo a los razonamientos sobre "el capitalismo de Estado" y sobre los elementos esenciales de nuestra economía actual, que es la de transición del capitalismo al socialismo.

    He aquí lo que escribí entonces:
    604
    SOBRE LA ECONOMÍA ACTUAL DE RUSIA
    (FRAGMENTO DEL FOLLETO DE 1918)

    p ...El capitalismo de Estado sería un paso adelante en comparación con la situación existente hov en nuestra República Soviética. Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible.

    p Me imagino la noble indignación con que algunos rechazarán estas palabras... ¿Cómo? ¿El tránsito al capitalismo de Estado significaría un paso adelante en la República Socialista Soviética? ...¿No es eso una traición al socialismo?

    p Por ello es preciso examinar con detalle este punto.

    p Primero, se debe examinar cuál es precisamente la transición del capitalismo al socialismo que nos da derecho y pie para denominarnos República Socialista de los Soviets.

    p Segundo, hay que descubrir el error de quienes no ven las condiciones económicas pequeñoburguesas y el elemento pequeñoburgués como enemigo principal del socialismo en nuestro país.

    p Tercero, hay que comprender bien la importancia del Estado soviético en lo que se diferencia del Estado burgués en el plano económico.

    p Examinemos estas tres circunstancias.

    p Creo que no ha habido una sola persona que, al ocuparse de la economía de Rusia, haya negado el carácter transitorio de esa economía. Ningún comunista ha negado tampoco, a mi parecer, que la expresión "República Socialista Soviética" significa la decisión del Poder soviético de llevar a cabo la transición al socialismo; mas en modo alguno el reconocimiento de que el nuevo régimen económico es socialista.

    p Mas ¿qué significa la palabra transición? ¿No significará, aplicada a la economía, que en el régimen actual existen elementos, partículas, pedacitos de capitalismo y de socialismo? Todos reconocen que sí. Mas no todos, al reconocerlo, se paran a pensar qué elementos de los distintos tipos de economía social existen en Rusia. Y ahí está todo el meollo de la cuestión.

    p Enumeremos esos elementos:

    p 1) economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado considerable;

    p 2) pequeña producción mercantil (en ella se incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales);

    p 3) capitalismo privado;
    605

    p 4) capitalismo de Estado;

    p 5) socialismo.

    p Rusia es tan grande y tan heterogénea que en ella se entrelazan todos esos tipos diferentes de economía social. Lo original de la situación consiste precisamente en eso.

    p Cabe preguntar: ¿qué elementos predominan? Está claro que en un país de pequeños agricultores predomina, y no puede menos de predominar, el elemento pequeñoburgués; la mayoría, la inmensa mayoría de los agricultores son pequeños productores de mercancías. Los especuladores, y el principal objeto de especulación es el trigo, rompen ora aquí ora allá la envoltura del capitalismo de Estado (el monopolio del trigo, el control sobre los patronos y comerciantes, los cooperativistas burgueses).

    p La lucha principal se sostiene hoy precisamente en ese terreno. ¿Entre quiénes se sostiene esa lucha, si empleamos términos de categorías económicas, como, por ejemplo, el "capitalismo de Estado"? ¿Entre los peldaños cuarto y quinto en el orden en que acabo de enumerarlos? Es claro que no. No es el capitalismo de Estado el que lucha contra el socialismo, sino la pequeña burguesía más el capitalismo privado los que luchan juntos, de común acuerdo, tanto contra el capitalismo de Estado como contra el socialismo. La pequeña burguesía opone resistencia a cualquier intervención del Estado, contabilidad y control tanto capitalista de Estado como socialista de Estado. Eso es un hecho de la realidad absolutamente incontrovertible, en cuya incomprensión está la raíz de varios errores económicos. El especulador, el merodeador del comercio, el saboteador del monopolio: ése es nuestro principal enemigo “interno”, el enemigo de las medidas económicas del Poder soviético. Si hace ciento veinticinco años podía perdonarse aún a los pequeños burgueses de Francia, los revolucionarios más fervientes y más sinceros, el afán de vencer al especulador mediante la ejecución de unos cuantos “elegidos” y el estruendo de las declaraciones hueras, hoy, en cambio, la pura actitud francesa de ciertos eseristas de izquierda ante esta cuestión no despierta en cada revolucionario consciente otra cosa que repugnancia o asco. Sabemos perfectamente que la base económica de la especulación la constituyen el sector de los pequeños propietarios, amplísimo en Rusia, y el capitalismo privado, que tiene un agente suyo en cada pequeño burgués. Sabemos que los millones de tentáculos de esta hidra pequeñoburguesa apresan aquí o allá a algunos sectores obreros y que la especulación, en lugar del monopolio de Estado, irrumpe por todos los poros de nuestra vida socioeconómica.
    606

    p Quienes no ven eso revelan precisamente con su ceguera que son prisioneros de los prejuicios pequeñoburgueses...

    p El pequeño burgués tiene reservas de dinero, unos cuantos miles, acumulados por medios "lícitos”, y sobre todo ilícitos, durante la guerra. Tal es el tipo económico característico como base de la especulación y del capitalismo privado. El dinero es el certificado que les permite recibir riquezas sociales, y los millones de pequeños propietarios guardan bien ese certificado, se lo ocultan al “Estado”, pues no creen en ningún socialismo ni comunismo, "esperan que pase" la tempestad proletaria. Y una de dos: o sometemos a ese pequeño burgués a nuestro control y a nuestra contabilidad (y podemos hacerlo, si organizamos a los campesinos pobres, es decir, a la mayoría de la población o semiproletarios, en tomo a la vanguardia proletaria consciente), o él echará abajo nuestro poder obrero de manera inevitable e indefectible, de la misma manera que acabaron con la revolución los Napoleones y los Cavaignac, que brotan precisamente sobre ese terreno de pequeños propietarios. Así está planteado el problema. Y sólo así...

    p El pequeño burgués que esconde sus miles es un enemigo del capitalismo de Estado y aspira a invertir esos miles única y exclusivamente en provecho propio, en contra de los pobres, en contra de toda clase de control del Estado; y el conjunto de estos miles forma una base de muchos miles de millones para la especulación, que malogra nuestra edificación socialista. Supongamos que determinado número de obreros aporta en varios días valores por una suma igual a mil. Supongamos, además, que de esta suma tenemos una pérdida igual a 200, como consecuencia de la pequeña especulación, de las dilapidaciones de todo género y de las maniobras de los pequeños propietarios para transgredir las normas y los decretos soviéticos. Todo obrero consciente dirá: si yo pudiera aportar trescientos de esos mil, a condición de que se implantase un orden y una organización mejores, aportaría con gusto trescientos en lugar de doscientos, ya que, con el Poder soviético, reducir luego este “tributo”, pongamos por caso, hasta cien o cincuenta será una tarea muy fácil dado que se impondrá el orden y la organización, dado que se vencerá por completo el sabotaje de la pequeña propiedad privada contra todo monopolio de Estado.

    p Este sencillo ejemplo con cifras—simplificado premeditadamente al máximo para hacer más clara la exposición—explica la correlación, en la situación actual, entre el capitalismo de Estado y el socialismo. Los obreros tienen en sus manos el poder del Estado, tienen la absoluta posibilidad jurídica de “tomar” todo el 607 millar, es decir, de no entregar un solo kopek que no esté destinado a fines socialistas. Esa posibilidad jurídica, que se asienta en el paso efectivo del poder a los obreros, es un elemento de socialismo.

    p Pero los elementos de la pequeña propiedad y del capitalismo privado se valen de muchos medios para minar la situación jurídica, para abrir paso a la especulación y frustrar el cumplimiento de los decretos soviéticos. El capitalismo de Estado significaría un gigantesco paso adelante incluso si pagáramos más que ahora (he tomado adrede un ejemplo con cifras para mostrarlo con claridad), pues merece la pena pagar "por aprender”, pues eso es útil para los obreros, pues vencer el desorden, el desbarajuste y el relajamiento tiene más importancia que nada, pues continuar la anarquía de la pequeña propiedad es el peligro mayor y más temible, que nos hundirá sin duda alguna (si no lo vencemos), en tanto que pagar un tributo mayor al capitalismo de Estado, lejos de hundirnos, nos llevará por el camino más seguro hacia el socialismo. La clase obrera, después de aprender a proteger el orden estatal frente a la anarquía de la pequeña propiedad, después de aprender a organizar la producción a gran escala, a escala de todo el país, basándola en el capitalismo de Estado, tendrá entonces a mano—perdón por la expresión—todos los triunfos, y el afianzamiento del socialismo estará asegurado.

    p El capitalismo de Estado es incomparablemente superior, desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual. Eso primero.

    Y segundo, no tiene nada de temible para el Poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el que está asegurado el poder de los obreros y de los campesinos pobres...
    * * *

    p Para aclarar más aún la cuestión, citaremos primero un ejemplo concretísimo de capitalismo de Estado. Todos lo conocemos: Alemania. Allí tenemos la "última palabra" de la gran técnica capitalista moderna y de la organización armónica, subordinada al imperialismo terrateniente-burgués. Dejemos a un lado las palabras subrayadas, coloquemos en lugar de Estado militar, terrateniente, burgués, imperialista, también un Estado, pero un Estado de otro tipo social, de otro contenido de clase, el Estado soviético, es decir, proletario, y obtendremos toda la suma de condiciones que da como resultado el socialismo.

    p El socialismo es inconcebible sin la gran técnica capitalista basada en la última palabra de la ciencia moderna, sin una 608 organización estatal armónica que someta a decenas de millones de personas a la más rigurosa observancia de una norma única en la producción y distribución de los productos. Los marxistas hemos hablado siempre de eso, y no merece la pena gastar siquiera dos segundos en conversar con gentes que no han comprendido ni siquiera eso (los anarquistas y una buena mitad de los eseristas de izquierda).

    p Al mismo tiempo, el socialismo es inconcebible sin la dominación del proletariado en el Estado: eso es también elemental. Y la historia (de la que nadie, excepto los obtusos mencheviques de primera categoría, esperaba que diera sin tropiezos, con calma, simple y llanamente el socialismo "íntegro”) siguió un camino tan original que dio a luz hacia 1918 dos mitades separadas de socialismo, una al lado de la otra, exactamente igual que dos futuros polluelos en el mismo cascarón del imperialismo internacional. Alemania y Rusia encarnaron en 1918 del modo más patente la realización material de las condiciones sociales, productivas y económicas del socialismo, de una parte, y de sus condiciones políticas, de otra.

    p La revolución proletaria victoriosa en Alemania rompería de golpe, con extraordinaria facilidad, todo cascarón del imperialismo (hecho, por desgracia, del mejor acero, por lo que no pueden romperlo los esfuerzos de cualquier... polluelo), haría realidad de modo seguro la victoria del socialismo mundial, sin dificultades o con dificultades insignificantes, si se toma, naturalmente, la escala de lo "difícil" desde el punto de vista histórico universal y no desde el punto de vista pequeñoburgués y de círculo.

    p Mientras la revolución tarde aún en “nacer” en Alemania, nuestra tarea consiste en aprender de los alemanes el capitalismo de Estado, en implantarlo con todas las fuerzas, en no escatimar métodos dictatoriales para acelerar la implantación del progreso occidental por la bárbara Rusia, sin reparar en medios bárbaros de lucha contra la barbarie. Si entre los anarquistas y eseristas de izquierda hay hombres (he recordado por casualidad los discursos de Karelin y Gue en el CEC) capaces de razonar a lo Karelin de que no es digno de revolucionarios “aprender” del imperialismo alemán, habrá que decirles una cosa: una revolución que tomara en serio a semejantes individuos se hundiría sin falta (y se lo tendría bien merecido).

    p En Rusia predomina hoy precisamente el capitalismo pequeñoburgués, del que un mismo camino lleva tanto al gran capitalismo de Estado como al socialismo, lleva a través de una misma estación intermedia, llamada "contabilidad y control por todo el pueblo de la producción y distribución de los productos”. Quien no 609 comprenda esto incurre en un error económico imperdonable, o bien por ignorar los hechos de la realidad, no viendo lo que existe ni sabiendo mirar a la verdad cara a cara, o bien por limitarse a una contraposición abstracta del “capitalismo” y el “socialismo”, sin calar hondo en las formas y fases concretas de esa transición en nuestro país.

    p Entre paréntesis sea dicho, se trata del mismo error teórico que desconcertó a los mejores hombres del campo de Novaya Zhizn y Vperiodl(H: los peores y medianos de entre ellos van, por torpes y anodinos, a la zaga de la burguesía, asustados por ella; los mejores no han comprendido que los maestros del socialismo no hablaron en vano de todo un período de transición del capitalismo al socialismo ni recalcaron en vano los "largos dolores del parto" de la nueva sociedad1H5; por cierto, esta nueva sociedad es también una abstracción que sólo puede hacerse realidad mediante intentos concretos, imperfectos y variados de crear uno u otro Estado socialista.

    p Precisamente porque no se puede seguir avanzando desde la actual situación económica de Rusia sin pasar por lo que es común al capitalismo de Estado y al socialismo (la contabilidad y el control por todo el pueblo), es un completo absurdo teórico asustar a los demás y asustarse a sí mismos con la "evolución hacia el capitalismo de Estado”. Eso significa precisamente desviarse con el pensamiento, "apartándose" del verdadero camino de la " evolución”, no comprender dicho camino; en la práctica, eso equivale a tirar hacia atrás, hacia el capitalismo basado en la pequeña propiedad.

    p A fin de que el lector se convenza de que no hago sólo hoy, ni mucho menos, una “alta” apreciación del capitalismo de Estado, sino que la hice también antes de la toma del poder por los bolcheviques, me permito reproducir la siguiente cita de mi folleto La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla, escrito en septiembre de 1917:

    p “...Pues bien, prueben ustedes a sustituir ese Estado de junkers y capitalistas, ese Estado de terratenientes y capitalistas, con un Estado democrático revolucionario, es decir, con un Estado que suprima revolucionariamente todos los privilegios, que no tema implantar por vía revolucionaria la democracia más completa. Y entonces verán que el capitalismo monopolista de Estado, en un Estado democrático y revolucionario de verdad, representa inevitablemente, infaliblemente, un paso hacia el socialismo.

    p “...Porque el socialismo no es otra cosa que el paso siguiente al monopolio capitalista de Estado...

    p 20–73
    610

    p “...El capitalismo monopolista de Estado es la preparación material más completa para el socialismo, su antesala, un peldaño de la escalera histórica entre el cual y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio" (págs. 27 y 28) [610•* .

    Obsérvese que eso fue escrito en tiempos de Kerenski, que no se trata aquí de la dictadura del proletariado, no se trata del Estado socialista, sino del Estado "democrático revolucionario”. ¿No está claro, pues, que cuanto más alto nos hayamos elevado de ese peldaño político, cuanto más hayamos plasmado en los Soviets el Estado socialista y la dictadura del proletariado, tanto menos podremos permitirnos temer el "capitalismo de Estado"? ¿No está claro, pues, que en el sentido material, económico, de la producción, no nos encontramos aún en la “antesala” del socialismo? ¿Y que no se puede entrar por la puerta del socialismo si no es cruzando esa “antesala”, que nosotros aún no hemos alcanzado?...
    * * *

    p Es también aleccionadora en extremo la circunstancia siguiente.

    p Cuando discutimos en el CEC con el camarada Bujarin, éste advirtió, entre otras cosas: en la cuestión de los sueldos elevados a los especialistas, “nosotros” "estamos a la derecha de Lenin”, pues no vemos en ello ningún apartamiento de los principios, recordando las palabras de Marx de que, en determinadas condiciones, lo más conveniente para la clase obrera sería "deshacerse por dinero de toda esa cuadrilla"^^196^^ (precisamente de la cuadrilla de capitalistas, es decir, indemnizar a la burguesía por la tierra, las fábricas y demás medios de producción). Esta observación, de extraordinario interés...

    p ...Profundicemos en el pensamiento de Marx.

    p Se trata de la Inglaterra de los años 70 del siglo pasado, del período culminante del capitalismo premonopolista, del país donde lo que menos había entonces era militarismo y burocracia, del país en el que existían entonces mayores probabilidades de victoria "pacífica" del socialismo en el sentido de que los obreros “indemnizasen” a la burguesía. Y Marx decía: en determinadas condiciones, los obreros no se negarán de ninguna manera a indemnizar a la burguesía. Marx no se ataba las manos—ni se las ataba a los futuros dirigentes de la revolución socialista—en cuanto a las formas, métodos y procedimientos de la revolución, comprendiendo muy bien cuan grande sería el número de 611 problemas nuevos que se plantearían, cómo cambiaría toda la situación en el curso de la revolución, con qué frecuencia y en qué medida habría de cambiar esa situación.

    p ¿Y cuál es la situación en la Rusia Soviética después de haber tomado el poder el proletariado, después de haber sido aplastados la resistencia militar y el sabotaje de los explotadores? ¿No es evidente que se han creado algunas condiciones del tipo de las que podían haberse creado hace medio siglo en Inglaterra, si dicho país hubiera empezado entonces el paso pacífico al socialismo? El sometimiento de los capitalistas a los obreros podría haberse asegurado entonces por las siguientes circunstancias: (1) predominio absoluto de los obreros, de los proletarios, entre la población debido a la ausencia de campesinado (en los años 70 había en Inglaterra indicios que permitían esperar éxitos de extraordinaria rapidez del socialismo entre los obreros agrícolas); (2) excelente organización del proletariado en uniones sindicales (Inglaterra era entonces el primer país del mundo en este sentido); (3) nivel cultural relativamente alto del proletariado, disciplinado por el desarrollo secular de la libertad política; (4) larga costumbre de los capitalistas de Inglaterra, magníficamente organizados—entonces eran los capitalistas mejor organizados de todos los países del mundo (hoy esa primacía ha pasado a Alemania)—, de resolver los problemas políticos y económicos mediante un compromiso. He ahí las circunstancias que permitían entonces pensar en la posibilidad del sometimiento pacífico de los capitalistas de Inglaterra a sus obreros.

    p En nuestro país, ese sometimiento está asegurado en el momento actual por ciertas premisas concretas (triunfo en octubre y aplastamiento, desde octubre hasta febrero, de la resistencia militar y del sabotaje de los capitalistas). En nuestro país, en lugar del predominio absoluto de los obreros, de los proletarios, entre la población y de su alto nivel de organización, el factor de la victoria ha sido el apoyo de los campesinos pobres y arruinados con rapidez a los proletarios. Por último, en nuestro país no existen ni un elevado nivel cultural ni la costumbre de concertar compromisos. Si se piensa a fondo en estas condiciones concretas, estará claro que podemos y debemos conseguir ahora la combinación de los métodos de represión implacable contra los capitalistas incultos, que no aceptan ningún "capitalismo de Estado”, que no conciben ningún compromiso y siguen minando las medidas soviéticas por medio de la especulación, el soborno de los pobres, etc., con los métodos de compromiso o de indemnización a los capitalistas cultos, que aceptan el "capitalismo de Estado”, que pueden aplicarlo y que son útiles al proletariado como organizadores inteligentes y

    20’
    612 expertos de grandísimas empresas que cubran de verdad el abastecimiento de productos a decenas de millones de personas.

    p Bujarin es un economista marxista magníficamente instruido. Por eso ha recordado que Marx tenía profundísima razón cuando enseñaba a los obreros la importancia que reviste conservar la organización de la gran producción precisamente para facilitar el paso al socialismo y les hacía ver que era admisible por completo la idea de pagar bien a los capitalistas, de indemnizarlos en el caso (a título de excepción: e Inglaterra lo era entonces) de que las circunstancias obligasen a los capitalistas a someterse pacíficamente y a pasar de una manera organizada y culta al socialismo, respaldándose en la indemnización.

    p Pero Bujarin incurre en un error, pues no ha reflexionado sobre la peculiaridad concreta del momento actual en Rusia, un momento precisamente excepcional, en el que nosotros, el proletariado de Rusia, llevamos la delantera a cualquier Inglaterra y a cualquier Alemania por nuestro régimen político, por la fuerza del poder político de los obreros, y, al mismo tiempo, vamos rezagados del Estado más atrasado de Europa Occidental en lo que se refiere a organización de un respetable capitalismo de Estado, a nivel cultural y grado de preparación de la producción material para “implantar” el socialismo. ¿No está claro que de esta situación peculiar se deduce, para el momento actual, precisamente la necesidad de algo parecido a una "indemnización”, que los obreros deben proponer a los capitalistas más cultos, más inteligentes y más capaces, desde el punto de vista de organización, dispuestos a servir al Poder soviético y ayudar honestamente a poner en marcha la producción “estatal” grande y grandísima? ¿No está claro que, en una situación tan original, debemos esforzarnos por evitar los errores de dos tipos, cada uno de los cuales es pequeñoburgués a su manera? Por una parte, sería un error irreparable declarar que, como se reconoce la falta de correspondencia entre nuestras “fuerzas” económicas y nuestra fuerza política, "por consiguiente" no se debía haber tomado el poder. Así razonan los "hombres enfundados”, quienes olvidan que jamás habrá “correspondencia”, que no puede haberla en el desarrollo de la naturaleza, como tampoco en el desarrollo de la sociedad; que sólo mediante una serie de intentos—cada uno de los cuales, tomado por separado, será unilateral, adolecerá de cierta falta de correspondencia—se creará el socialismo íntegro con la colaboración revolucionaria de los proletarios de todos los países.

    p Por otra parte, sería un error evidente dar rienda suelta a los 613 bocazas y vocingleros que se dejan llevar del espíritu revolucionario “llamativo”, pero que son incapaces de llevar a cabo una labor revolucionaria firme, reflexiva y sopesada que tenga en cuenta asimismo las dificilísimas transiciones.

    p Por fortuna, la historia del desarrollo de los partidos revolucionarios y de la lucha del bolchevismo contra ellos nos ha dejado en herencia tipos claramente definidos, entre los cuales figuran los eseristas de izquierda y los anarquistas, que son una ilustración bastante gráfica del tipo de los malos revolucionarios. Gritan ahora —hasta darles accesos de histeria y atragantarse—contra "el espíritu de conciliación" de los "bolcheviques de derecha”. Pero no saben pensar por qué era malo el "espíritu de conciliación" y por qué fue condenado en justicia por la historia y el curso de la revolución.

    p El espíritu de conciliación de los tiempos de Kerenski entregaba el poder a la burguesía imperialista, y la cuestión del poder es la cuestión cardinal de toda revolución. El espíritu de conciliación de una parte de los bolcheviques en octubrenoviembre de 1917 temía la toma del poder por el proletariado o quería compartir a medias el poder no sólo con los "compañeros de viaje inseguros”, como los eseristas de izquierda, sino también con los enemigos, los adeptos de Chernov, los mencheviques, que nos habrían estorbado inevitablemente en lo fundamental: en la disolución de la Constituyente, en el aplastamiento implacable de los Bogaievski, en la implantación total de las instituciones soviéticas, en cada confiscación.

    Ahora ha tomado el poder, lo sostiene y afianza en sus manos un partido, el partido del proletariado, incluso sin los " compañeros de viaje inseguros”. Mentar hoy el espíritu de conciliación, cuando no se habla ni puede hablarse siquiera de compartir el poder, de renunciar a la dictadura de los proletarios contra la burguesía, significa simplemente repetir como un loro palabras aprendidas de memoria, pero no comprendidas. Denominar "espíritu de conciliación" el hecho de que, como podemos y debemos gobernar el país, tratamos de ganarnos, sin escatimar dinero, a los elementos más cultos, instruidos por el capitalismo, de ponerlos a nuestro servicio contra la disgregación sembrada por los pequeños propietarios, significa no saber pensar en absoluto en las tareas económicas de la edificación del socialismo... [613•*
    614
    SOBRE EL IMPUESTO EN ESPECIE,
    LA LIBERTAD DE COMERCIO
    Y EL ARRENDAMIENTO
    DE EMPRESAS EN RÉGIMEN DE CONCESIÓN

    p En los citados razonamientos de 1918 hay varios errores en cuanto a los plazos; han resultado ser más largos de lo que se suponía entonces. No tiene nada de extraño. Pero los elementos fundamentales de nuestra economía siguen siendo los mismos. Los campesinos “pobres” (proletarios y semiproletarios) se han convertido, en muchísimos casos, en campesinos medios. Como consecuencia de ello, el “elemento” pequeñoburgués, pequeño propietario, se ha reforzado. Al mismo tiempo, la guerra civil de 1918–1920 arruinó mucho más al país, frenó la restauración de sus fuerzas productivas y desangró, sobre todo, precisamente al proletariado. A ello hay que añadir la mala cosecha de 1920, la escasez de forrajes y la mortandad del ganado, que retardaron más aún la restauración del transporte y de la industria, reflejándose esto, por ejemplo, en que tuvimos que transportar la leña, nuestro principal combustible, con los caballos de los campesinos.

    p Como resultado, la situación política en la primavera de 1921 era tal que se hizo absolutamente necesario tomar rápidamente las medidas más enérgicas y urgentes a fin de mejorar la situación de los campesinos y elevar sus fuerzas productivas.

    p ¿Por qué precisamente de los campesinos y no de los obreros?

    p Porque, para mejorar la situación de los obreros, hace falta pan y combustible. Hoy, la mayor “traba”—desde el punto de vista de toda la economía del Estado—se debe precisamente a esta circunstancia. Y aumentar la producción y la recolección de trigo, el aprovisionamiento y el transporte de combustible no se puede de otro modo que mejorando la situación de los campesi: nos, elevando sus fuerzas productivas. Hay que empezar por los campesinos. El que no lo comprenda, el que considere esta preferencia por los campesinos una "abdicación" de la dictadura del proletariado, o algo parecido, sencillamente no cala en la cuestión, se deja llevar por las frases. La dictadura del proletariado significa la dirección de la política por el proletariado. Este, como clase dirigente, dominante, debe saber dirigir la política de modo que cumpla primero la tarea más impostergable, la más palpitante. Hoy, lo más impostergable son las medidas capaces de elevar inmediatamente las fuerzas productivas de la economía campesina. Sólo mediante esto se podrá conseguir mejorar también la situación de los obreros y consolidar la alianza de los obreros 615 con los campesinos, fortalecer la dictadura del proletariado. Todo proletario o representante del proletariado que pretendiera con otro procedimiento que no fuese éste mejorar la situación de los obreros resultaría, en realidad, un cómplice de los guardias blancos y capitalistas. Ya que tomar otro camino distinto significa poner los intereses gremiales de los obreros por encima de los intereses de clase; significa sacrificar, en aras del aprovechamiento de ventajas inmediatas, parciales y momentáneas, los intereses de toda la clase obrera, de su dictadura, de su alianza con los campesinos contra los terratenientes y capitalistas, de su papel de dirigente en la lucha por liberar el trabajo del yugo del capital.

    p Por lo tanto: primero es necesario tomar medidas urgentes y serias para elevar las fuerzas productivas de los campesinos.

    p Esto no se puede hacer sin profundos cambios en la política de abastecimiento. Un cambio tal es la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie, lo que está relacionado con la libertad de comercio, después del pago del impuesto, por lo menos en las transacciones económicas locales.

    p ¿En qué consiste la esencia de la sustitución del sistema de contingentación con el impuesto en especie?

    p A este respecto se han extendido mucho ideas erróneas. Las más de las veces el error se debe a que no se compenetran con la esencia de este cambio, porque no se plantean la pregunta: de dónde y adonde lleva este paso. Se imaginan la cuestión como si se tratara del paso del comunismo, en general, al régimen burgués, en general. Contra este error es necesario volver a insistir en lo dicho en mayo de 1918.

    p El impuesto en especie es una de las formas de transición del peculiar "comunismo de guerra"—obligado por la extrema miseria, la ruina y la guerra—a un adecuado intercambio socialista de productos. Y este último es, a su vez, una de las formas de transición del socialismo, con las particularidades originadas por el predominio de los pequeños campesinos en la población, al comunismo.

    p El peculiar "comunismo de guerra" consistía en que tomábamos en la práctica a los campesinos todos los excedentes, y a veces incluso lo no excedente, una parte de los víveres indispensables al campesino, para cubrir los gastos del ejército y para mantener a los obreros. Lo tomábamos, las más de las veces, a crédito, entregando papel moneda. De otro modo no podíamos vencer a los terratenientes y capitalistas en un país arruinado, en un país de pequeños campesinos. Y el hecho de que hayamos triunfado (a pesar del apoyo obtenido por nuestros explotadores de parte de las potencias más poderosas del mundo) demuestra no sólo qué 616 maravillas de heroísmo son capaces de realizar los obreros y campesinos en la lucha por su liberación. Este hecho también pone de manifiesto el papel de lacayos de la burguesía que, en realidad, desempeñaron los mencheviques, los eseristas, Kautsky y Cía., cuando nos reprochaban este "comunismo de guerra”, que debe tenerse por un mérito nuestro.

    p Pero no es menos necesario conocer la verdadera medida de este mérito. El "comunismo de guerra" nos fue impuesto por la guerra y la ruina. No fue ni podía ser una política que respondiera a las tareas económicas del proletariado. Fue una medida provisional. Una política acertada del proletariado, que ejerce su dictadura en un país de pequeños campesinos, es el intercambio del trigo por los artículos industriales necesarios al campesino. Únicamente tal política de abastecimiento responde a las tareas del proletariado; sólo esta política es capaz de consolidar las bases del socialismo y llevarlo a la victoria completa.

    p El impuesto en especie representa la transición a ella. Estamos aún tan arruinados, tan agobiados por el peso de la guerra (terminada ayer y que mañana mismo, a causa de la avidez y de la furia de los capitalistas, puede estallar de nuevo), que no podemos entregar al campesino artículos industriales a cambio de todo el trigo que necesitamos. Sabiendo esto, implantamos el impuesto en especie, es decir, tomamos a los campesinos a título de impuesto el mínimo indispensable de trigo (para el ejército y para los obreros), y el resto se lo cambiaremos por artículos industriales.

    p Además, es preciso no olvidarse de lo siguiente: la miseria y la devastación son tales que no podemos restablecer de golpe la gran producción fabril, la producción estatal, la producción socialista. Para ello hace falta acumular grandes reservas de trigo y combustible en los centros de la gran industria, hace falta sustituir las máquinas desgastadas por otras nuevas, etc. Nos hemos convencido por experiencia de que esto no se puede hacer de repente, y sabemos que, después de una guerra imperialista devastadora, incluso los países más ricos y más adelantados sólo podrán resolver semejante problema en el transcurso de cierto número de años, bastante prolongado. Esto quiere decir que es necesario ayudar, en cierta medida, a la restauración de la pequeña industria, que no exige maquinaria, que no requiere tener reservas estatales, ni grandes reservas de materias primas, de combustible y de víveres, la cual puede prestar inmediatamente cierta ayuda a la economía campesina y elevar sus fuerzas productivas.

    p ¿Qué resulta entonces de todo esto?
    617

    p Resulta el resurgimiento, basado en cierta libertad de comercio (si bien local sólo), de la pequeña burguesía y del capitalismo. Esto es indudable. Sería ridículo no quererlo ver.

    p Cabe preguntar: ¿Ks eso necesario? ¿Puede justificarse? ;No es peligroso?

    p Se hacen muchas preguntas de ese género, y en la mayoría de los casos evidencian sólo !a ingenuidad (expresándome con recato) de quienes las hacen.


    corto porque es demasiado largo.

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 12, 2011 5:54 pm

    continuación

    Spoiler:
    p Fijaos cómo delitsí cu mayo de 1918 los elementos (partes integrantes) de las diferentes formaciones socioeconómicas que había en nuestra economía. Nadie podrá negar la existencia de los cinco grados (o partes integrantes) de estas cinco formaciones, desde la patriarcal, es decir, semisalvaje, hasta la socialista. Es de una claridad meridiana que en un país de pequeños campesinos prevalezca la "formación" de los pequeños campesinos, es decir, en parte patriarcal, en parte pequeñoburguesa. El desarrollo de la pequeña hacienda es un desarrollo pequeñoburgués, un desarrollo capitalista, ya que existe el intercambio; ésta es una verdad indiscutible, vina verdad elemental de la economía política, confirmada, además, por la experiencia cotidiana y la observación incluso del vulgo.

    p ¿Qué política puede, pues, aplicar el proletariado socialista ante semejante realidad económica? ¿Dar al pequeño campesino todos los artículos que necesite de la producción de la gran industria socialista a cambio del trigo v de las materias primas? Esta sería la política más deseable, la más “adecuada”, y es precisamente la política que hemos comenzado a aplicar. Pero no podemos darles todos los artículos; estamos aún lejos de ello y tardaremos en poder hacerlo; por lo menos, no podremos hacerlo hasta que hayamos terminado aunque sólo sean los primeros trabajos de electrificación de todo el país. ¿Cómo proceder entonces? O bien intentar prohibir, impedir por completo todo desarrollo del intercambio privado, no estatal, es decir, el comercio, esto es, el capitalismo, inevitable con la existencia de millones de pequeños productores. Esta política sería absurda y suicida para el partido que tratara de ponerla en práctica. Absurda, porque esta política es imposible en el aspecto económico; suicida, porque los partidos que intentan ponerla en práctica sufren un fracaso indefectible. Debemos confesar que algún que otro comunista, con sus "pensamientos, palabras y hechos”, ha pecado, cayendo precisamente en tal política. Procuremos corregir estos errores. Corrijámoslos sin falta, de otro modo nos veremos en un gran aprieto.

    p O bien (la última política posible y la única prudente) no tratar de prohibir, impedir el desarrollo del capitalismo, sino tratar de 618 meterlo en el cauce del capitalismo de Estado. Esto es posible en el plano económico, ya que el capitalismo de Estado existe—en una u otra forma, en uno u otro grado—dondequiera que hay, en general, elementos de comercio libre y de capitalismo.

    p ¿Es posible la combinación, la unión, la compatibilidad del Estado soviético, de la dictadura del proletariado con el capitalismo de Estado?

    p Claro que es posible. Esto es precisamente lo que procuré demostrar yo en mayo de 1918 y lo que creo demostré en aquella ocasión. Más aún: demostré también entonces que el capitalismo de Estado es un paso adelante en comparación con el elemento pequeño propietario (pequeño patriarcal y pequeñoburgués). Se cometen muchísimos errores al contraponer el capitalismo de Estado únicamente al socialismo, o compararlo únicamente con él, mientras que en la situación político-económica presente es necesario comparar también el capitalismo de Estado con la producción pequeñoburguesa.

    p Todo el problema—tanto en teoría como en la práctica— consiste en encontrar los métodos acertados de cómo se debe llevar precisamente el inevitable (hasta cierto grado y por un plazo determinado) desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, en qué condiciones hacerlo y cómo asegurar, en un futuro próximo, la transformación del capitalismo de Estado en socialismo.

    p Para abordar la solución de este problema es necesario, ante todo, imaginarse con la mayor claridad posible lo que será y puede ser en la práctica el capitalismo de Estado dentro de nuestro sistema soviético, dentro del marco de nuestro Estado de los Soviets.

    p El caso o el ejemplo más sencillo de cómo el Poder soviético conduce el desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, de cómo “implanta” el capitalismo de Estado, lo constituye la explotación de empresas en régimen de concesión. Ahora todos estamos de acuerdo en que las concesiones son indispensables, pero no todos reflexionan sobre la significación de estas concesiones. ¿Qué es el arrendamiento de empresas en régimen de concesión en las condiciones del sistema soviético, desde el punto de vista de las formaciones socioeconómicas y la correlación entre ellas? Un acuerdo, una alianza, un pacto del Poder soviético, es decir, del poder estatal proletario con el capitalismo de Estado, contra el elemento pequeño propietario (elemento patriarcal y pequeñoburgués). El concesionario es un capitalista. Dirige las empresas a la manera capitalista con el fin de obtener ganancias; concluye un contrato con el poder proletario a fin de obtener 619 ganancias extra, superganancias, o con el fin de obtener un tipo de materias primas que no podría obtener o que le sería muy difícil conseguir de otro modo. El Poder soviético obtiene ventajas en forma de desarrollo de las fuerzas productivas y de aumento inmediato o en breve plazo de la cantidad de productos. Tenemos, por ejemplo, un centenar de explotaciones, minas o bosques. No podemos explotarlo todo: nos faltan máquinas, víveres, medios de transporte. Por el mismo motivo explotamos mal las restantes empresas. A causa de la mala e insuficiente explotación de las grandes empresas se refuerza el elemento pequeño propietario en todas sus manifestaciones: decaimiento de las explotaciones agrícolas vecinas (y luego también de todas las demás), merma de sus fuerzas productivas, pérdida de la confianza del campo en el Poder soviético, robos y pequeña especulación en masa (la más peligrosa), etc. “Implantando” el capitalismo de Estado en forma de concesiones, el Poder soviético refuerza la gran producción contra la pequeña, la producción avanzada contra la atrasada, la producción con máquinas contra la producción manual, aumentando así la cantidad de artículos de la gran industria reunidos en sus manos (por medio de los cánones de concesión) e intensificando las relaciones económicas reguladas por el Estado para contrarrestar las anárquicas relaciones pequeñoburguesas. La política de explotación de empresas en régimen de concesión, aplicada con medida y precaución, nos ayudará, sin duda, a mejorar con rapidez (hasta cierto grado, no muy alto) el estado de la producción, la situación de los obreros y los campesinos; y, claro está, a costa de ciertos sacrificios, de la entrega de decenas y decenas de millones de puds de los productos más valiosos al capitalista. La determinación de la medida y de las condiciones en las que el arrendamiento de empresas en régimen de concesión es conveniente y no ofrece peligro para nosotros depende de la correlación de fuerzas y se decide por la lucha, puesto que también las concesiones son un tipo de lucha, la continuación de la lucha de las clases en otra forma, pero de ninguna manera la lucha de las clases es remplazada por la paz de las clases. Los métodos de lucha que se deben emplear los indicará la práctica.

    p El capitalismo de Estado en forma de concesiones tal vez sea la forma más sencilla, precisa, clara y definida con exactitud, en comparación con otras formas de capitalismo de Estado dentro del sistema soviético. Tenemos aquí un contrato formal, escrito, con el capitalismo más culto y adelantado, el de Europa Occidental. Conocemos exactamente nuestras ganancias y nuestras pérdidas, nuestros derechos y nuestros deberes, sabemos con exactitud el plazo por el que hacemos la concesión, conocemos las condiciones 620 del rescate anterior al plazo, si es que en el contrato se estipula este derecho. Pagamos cierto “tributo” al capitalismo mundial, "indemnizándole" en determinados aspectos, obteniendo al punto en cierta medida la consolidación de la situación del Poder soviético y la mejora de las condiciones para dirigir nuestra economía. Toda la dificultad del problema de las concesiones se reduce a que hay que meditarlo y aquilatarlo todo cuando se concluye un contrato de concesión, y después saber estar al tanto de su cumplimiento. Indudablemente, en ello hay dificultades, y los errores, seguramente, serán inevitables en los primeros tiempos; pero estas dificultades son mínimas si se las compara con los otros problemas de la revolución social, sobre todo con las otras formas de desarrollo, admisión e implantación del capitalismo de Estado.

    p La tarea más importante de todos los funcionarios del partido y de los Soviets, en relación con la implantación del impuesto en especie, consiste en saber aplicar los principios, las bases de la política de “concesiones” (es decir, semejante a la política de “concesiones” aplicada al capitalismo de Estado) a las demás formas de capitalismo, a la libertad de comercio, a la circulación local, etc.

    p Tomemos las cooperativas. Por algo el decreto sobre el impuesto en especie ha originado inmediatamente la revisión del estatuto sobre las cooperativas y ha dado lugar a cierta ampliación de su “libertad” y sus derechos. También la cooperativa es un tipo de capitalismo de Estado, pero menos simple, menos definido, más confuso y, por tanto, una forma que en la práctica plantea ante nuestro poder mayores dificultades. Las cooperativas de pequeños productores de mercancías (de ellas se trata aquí—y no de las cooperativas obreras—, como una de las formas predominantes y típicas en un país de pequeños campesinos) engendran inevitablemente relaciones capitalistas, pequeñoburguesas, contribuyen a su desarrollo, sacan a primer plano a los pequeños capitalistas, ofreciéndoles las mayores ventajas. Y no puede ser de otro modo, ya que existe el predominio de los pequeños propietarios, así como la posibilidad y la necesidad del intercambio. Libertad y derechos para las cooperativas, en las condiciones actuales de Rusia, significan libertad y derechos para el capitalismo. No querer ver esta verdad evidente sería una sandez o un crimen.

    p Pero el capitalismo “cooperativo”, a diferencia del capitalismo privado, constituye, con el Poder soviético, una variedad de capitalismo de Estado, y, como tal, nos es útil y provechoso ahora, en cierta medida, por supuesto. Como el impuesto en especie significa libertad de venta de los otros excedentes (no recogidos a 621 título ríe impuesto), debemos hacer esfuerzos para que este desarrollo del capitalismo—ya que la libertad de venta, la libertad de comercio es un desarrollo del capitalismo—se lleve al cauce del capitalismo cooperativo. Este se asemeja al capitalismo de Estado en el sentido de que facilita el registro, el control, la inspección y las relaciones contractuales entre el Estado (en este caso el Estado soviético) y el capitalista. La cooperativa, como forma de comercio, es más ventajosa y útil que el comercio privado, no sólo por las causas ya indicadas, sino también porque facilita la unificación, la organización de millones de habitantes y luego de la población entera, siendo esta circunstancia, a su vez, una ventaja inmensa desde el punto de vista del paso consecutivo del capitalismo de Estado al socialismo.

    p Comparemos la explotación de empresas en régimen de concesión y las cooperativas como formas cíe capitalismo de Estado. Las concesiones se basan en la gran industria mecanizada; las cooperativas, en la pequeña industria, en la industria manual, incluso patriarcal. La concesión atañe a un solo capitalista o a una sola casa, a un consorcio, a un solo cártel o trust en cada contrato de concesión por separado. La cooperativa abarca a muchos miles, incluso a millones de pequeños propietarios. La concesión admite e incluso presupone un contrato preciso y un plazo fijo. La cooperativa no requiere contratos exactos por completo ni plazos fijos del todo. Abolir la ley de las cooperativas es mucho más fácil que anular el contrato sobre una concesión; pero romper un contrato significa romper de golpe y porrazo, sin más ni más, las relaciones contractuales existentes en realidad o la “convivencia” económica con el capitalista: mientras que ninguna derogación de la ley sobre las cooperativas, ninguna ley en general no sólo no romperá de golpe la “convivencia” real del Poder soviético con los pequeños capitalistas, sino que, en general no será capaz de eliminar las relaciones económicas que existen de hecho. Es fácil “vigilar” al concesionario, pero no así a los cooperativistas. El paso de la explotación de empresas en régimen de concesión al socialismo es el paso de una forma de gran producción a otra forma de gran producción. El paso de las cooperativas de pequeños propietarios al socialismo es el paso de la pequeña producción a la gran producción, es decir, una transición más compleja, pero capaz, en cambio, de abarcar, en caso de éxito, a las mayores masas de la población, capaz de extirpar las más profundas y las más vitales raíces de las relaciones viejas, de las relaciones presocialistas, incluso precapitalistas, las más tenaces en resistir a toda "innovación”. La política de concesiones, en caso de éxito, nos proporcionará un pequeño número de grandes 622 empresas modelo—en comparación con las nuestras—, que estarán al nivel del adelantado capitalismo actual; transcurridos varios decenios, estas empresas pasarán íntegramente a nuestras manos. La política cooperativista, en caso de éxito, nos proporcionará el crecimiento de la pequeña economía y facilitará su paso, en un plazo indeterminado, a la gran producción basada en la asociación voluntaria.

    p Tomemos la tercera forma de capitalismo de Estado. El Estado atrae al capitalista, en calidad de comerciante, pagándole cierta comisión por la venta de la producción del Estado y por el acopio de los productos del pequeño productor. Y la cuarta forma: el Estado entrega en arriendo al capitalista industrial una empresa, una explotación o un bosque o terreno, etc., perteneciente al Estado, teniendo el contrato de arriendo el mayor parecido con el de la concesión. Estos dos últimos tipos de capitalismo de Estado no los tratamos, ni pensamos en ellos, ni los tenemos en cuenta para nada. Mas no porque seamos fuertes e inteligentes, sino porque somos débiles y tontos. Tememos mirar cara a cara a la "ruin verdad" y nos entregamos con harta frecuencia a la "mentira que nos enaltece" ^^197^^. Siempre caemos en la afirmación de que “nosotros” vamos pasando del capitalismo al socialismo, olvidándonos de precisar con exactitud y claridad quiénes somos “nosotros”. Es necesario tener a la vista la enumeración de todos los elementos integrantes—absolutamente todos, sin excepción— de los diversos tipos socioeconómicos de nuestra economía que hice en un artículo del 5 de mayo de 1918, para no olvidar este diáfano cuadro. “Nosotros”, la vanguardia, el destacamento avanzado del proletariado, pasamos directamente al socialismo; pero el destacamento avanzado sólo constituye una pequeña parte de todo el proletariado, que, a su vez, no es más que una pequeña parte de toda la masa de la población. Y para que “nosotros” podamos cumplir con buen éxito la tarea de nuestro paso inmediato al socialismo es necesario comprender cuáles son los caminos, los métodos, los recursos, los elementos intermedios que se necesitan para pasar de las relaciones precapitalistas al socialismo. Este es el quid de la cuestión.

    p Eijaos en el mapa de la RSFS de Rusia. Al norte de Vólogda, al sureste de Rostov del Don y de Sarátov, al sur de Oremburgo y de Omsk y al norte de Tomsk se extienden territorios inmensos, en los que cabrían decenas de grandes Estados cultos. Y en todas estas extensiones reina el régimen patriarcal, la semibarbarie y la verdadera barbarie. ¿Y en los apartados lugares del campo en el resto de Rusia? En todas partes, donde decenas de verstas de caminos vecinales—mejor dicho, decenas de verstas sin camino 623 alguno—separan a las aldeas de las líneas férreas, es decir, de los medios materiales de comunicación con la cultura, con el capitalismo, con la gran industria, con las grandes ciudades. ¿Acaso no predominan también en todos estos lugares el régimen patriarcal, el “oblomovismo” ^^198^^, la semibarbarie?

    p ¿Es concebible el paso directo de semejante estado, predominante en Rusia, al socialismo? Sí, es concebible hasta cierto grado, pero sólo con una condición, que ahora conocemos exactamente, gracias a un gran trabajo científico que se ha llevado a cabo. Esta condición es la electrificación. Si construimos decenas de centrales eléctricas distritales (ahora ya sabemos dónde y cómo se pueden y deben construir), si llevamos su energía a todas las aldeas y si conseguimos la suficiente cantidad de motores eléctricos y otras máquinas, no necesitaremos, o casi no necesitaremos, pasar por grados transitorios o intermedios entre el régimen patriarcal y el socialismo. Pero sabemos perfectamente que está “sola” condición exige, por lo menos, un decenio únicamente para los trabajos más urgentes, y reducir este plazo, a su vez, sólo es posible en el caso de que triunfe la revolución proletaria en países como Inglaterra, Alemania y Norteamérica.

    p Mas para los próximos años es necesario saber pensar en los grados intermedios, capaces de facilitar el paso del régimen patriarcal, de la pequeña producción, al socialismo. “Nosotros” seguimos viniendo a menudo a parar en el razonamiento: "el capitalismo es un mal, el socialismo es un bien”. Pero este razonamiento es erróneo, ya que olvida el conjunto de los tipos socioeconómicos existentes, entresacando dos de ellos nada más.

    p El capitalismo es un mal en relación con el socialismo. El capitalismo es un bien en relación con el medievo, en relación con la pequeña producción, en relación con la burocracia vinculada a la dispersión de los pequeños productores. Puesto que aún no tenemos fuerzas para dar el paso directo de la pequeña producción al socialismo, el capitalismo es, por tanto y en cierta medida, inevitable como producto espontáneo de la pequeña producción y del intercambio, por lo que debemos aprovechar el capitalismo (llevándolo especialmente por el cauce del capitalismo de Estado) como grado intermedio entre la pequeña producción y el socialismo, como recurso, camino, procedimiento o método de aumentar las fuerzas productivas.

    p Tomad el problema de la burocracia y observadlo en su aspecto económico. El 5 de mayo de 1918 no se nos planteaba este problema. Medio año después de la Revolución de Octubre, después de haber destrozado de arriba abajo el viejo armatoste burocrático, aún no sentíamos esta plaga.
    624

    p Pasó un año más. En el VIII Congreso del PC de Rusia —18–23 de mar/o de 1919—se aprobó un nuevo programa del partido en el que hablamos abiertamente, sin miedo a reconocer el mal, y con el deseo de descubrirlo, de desenmascararlo, de ponerlo en la picota, de despertar la conciencia y la voluntad, la energía y la acción para la lucha contra el mal, hablamos ya del "renacimiento parcial de la burocracia en el seno del régimen soviético".

    p Pasaron dos años más. En la primavera de 1921, después del VIII Congreso de los Soviets (diciembre de 1920), en el que se discutió el problema de la burocracia, y después del X Congreso del PC de Rusia (marzo de 1921), que hizo el resumen cíe las discusiones relacionadas estrechamente con el análisis de la burocracia, vimos ya esta plaga con mayor claridad y precisión, la vimos alzarse más amenazadora ante nosotros. ¿Cuáles son las raíces económicas de la burocracia? Son, principalmente, de dos tipos: por un lado, una burguesía desarrollada necesita la máquina burocrática, precisamente, contra el movimiento revolucionario de los obreros (en parte también contra el de los campesinos); en primer lugar, los cuerpos armados; luego, la judicatura, etc. Nuestro caso es distinto. Nuestros tribunales son tribunales de clase, contra la burguesía. Nuestro ejército es un ejército de clase, contra la burguesía. La burocracia no se halla en el ejército, sino en las instituciones puestas a su servicio. Entre nosotros las raíces económicas de la burocracia son distintas: el fraccionamiento, la dispersión del pequeño productor, su miseria, su incultura, la falta de comunicaciones, el analfabetismo, la falta de intercambio entre la agricultura y la industria, la falta de enlace e interacción entre ellas. Esto es. en gran paite, resultado de la guerra civil. Cuando nosotros estábamos bloqueados, asediados por todas partes, aislados del resto del mundo, de las regiones trigueras del Sur, de Siberia, de la hulla, no podíamos restablecer la industria. No debíamos temer aplicar el "comunismo de guerra”, la medida más extrema: soportaremos una existencia semihambrienta e incluso peor que semihambrienta, pero defenderemos a toda costa, pese a la ruina más inaudita y a la falta de intercambio, el poder de los obreros y campesinos. Y no nos dejamos amedrentar por lo que se asustaron los eseristas y mencheviques (que de hecho seguían a la burguesía mayormente por miedo, por intimidación). Pero lo que era una condición para la victoria en un país bloqueado, en una fortaleza sitiada, mostró su lado negativo precisamente en la primavera de 1921, cuando las últimas tropas cíe los guardias blancos fueron expulsadas definitivamente del territorio de la RSFS de Rusia. “Encerrar” todo intercambio en una fortaleza sitiada es cosa que puede y debe hacerse; con un heroísmo 625 extraordinario de las masas esto puede soportarse tres años. Después, la ruina del pequeño productor se agravó más aún, el restablecimiento de la gran industria volvió a retrasarse, se aplazó. La burocracia como herencia de los tiempos de “asedio”, como superestructura levantada sobre la dispersión y la cohibición del pequeño productor, se manifestó por completo.

    p Hay que saber reconocer el mal sin temor alguno para combatirlo con más tenacidad, para volver y volver a comenzar por el principio; aún tendremos que empezar muchas veces, reiteradas veces, en todas las ramas de nuestra construcción, desde el principio, corrigiendo lo defectuoso, eligiendo diversos caminos para abordar las tareas. Se ha puesto de manifiesto la demora en el restablecimiento de la gran industria, se ha revelado como insoportable el “encierro” del intercambio entre la industria y la agricultura, lo que significa que es necesario impulsar lo más factible: el restablecimiento de la pequeña industria. Hay que contribuir a la <.bra desde este lado, apuntalar este lado del edificio, semiderruido por la guerra y el bloqueo. Hay que desarrollar por lodos los medios y a toda costa el intercambio, sin temor al capitalismo, puesto que lo hemos metido en un marco bastante estrecho (por la expropiación de los terratenientes y de la buiguesía en la economía, por el poder de los obreros y campesinos en la política), bastante “moderado”. Tal es la idea fundamental del impuesto en especie, tal es su significación económica.

    p Todos los funcionarios del partido y de los Soviets deben encauzar enteramente todos sus esfuerzos y toda su atención a despertar y fomentar la iniciativa en plano local—en las provincias; más aún, en los distritos; y aún más, en los subdistritos y en los pueblos—para organizar la economía precisamente desde el punto de vista de dar un impulso inmediato, aunque sea con "pequeños" recursos, en medida insignificante, a la hacienda campesina, ayudándole con el desarrollo de la pequeña industria de l,i comarca. El plan económico general y único del Estado exige que esto precisamente se convierta en el centro de la atención y preocupación, en el centro de los trabajos "de choque”. La mejora conseguida aquí, a la menor distancia posible del “fundamento” m;is amplio v protundo, permitirá pasar con la mayor brevedad al más enérgico y victorioso restablecimiento de la gran industria.

    p Los trabajadores dedicados al abastecimiento conocían hasta ahoia una M>la directriz fundamental: recoger el 100% del monto de la comingenuición. Ahora la directriz es distinta: recaudar el 100% de! impiu-sto en el plazo más breve y luego un 100% más medí.míe el intercambio con productos de la gran y pequeña 626 industria. Quien recaude el 75% del impuesto y el 75% (del segundo centenar) mediante el intercambio de productos de la gran y pequeña industria realizará una obra más útil de interés público que quien recaude el 100% del impuesto y el 55% (del segundo centenar) mediante el intercambio. La tarea de los encargados del abastecimiento se complica. Por una parte, se trata de una tarea fiscal: recaudar cuanto antes y del modo más racional posible el impuesto; por otra parte, es una tarea de importancia económica general: tratar de dirigir las cooperativas y ayudar a la pequeña industria de manera que aumente y se consolide el intercambio entre la agricultura y la industria, tratar de impulsar la iniciativa a escala local con el mismo fin. Y eso aún lo hacemos muy mal. La demostración es la burocracia. No debemos temer reconocer que en este sentido todavía se puede y se debe aprender mucho de los capitalistas. Comparemos por provincias, distritos, subdistritos y pueblos los resultados de la experiencia práctica: en un sitio, los capitalistas privados y los pequeños capitalistas han logrado tal cosa. Sus ganancias son aproximadamente tales. Este es el tributo, el pago que damos "por la enseñanza”. No da pena pagar por la enseñanza, con tal de que ésta sea provechosa. En cambio, en el pueblo vecino se ha conseguido tal y tal cosa mediante las cooperativas. Las ganancias de las cooperativas son tales y tales. Y en una tercera localidad se ha conseguido, por la vía puramente estatal, puramente comunista, otra cosa distinta (este caso tercero será, en nuestros días, una rara excepción).

    p La tarea debe consistir en que cada institución económica regional, cada asamblea económica provincial, convocada por los comités ejecutivos, resuelva inmediatamente, como cuestión de primera urgencia, la organización rápida de toda clase de ensayos o sistemas de “intercambio” con los productos excedentes que restan después de haber abonado el impuesto en especie. Al cabo de unos meses se deben tener los resultados prácticos para compararlos y estudiarlos. La sal local o traída de otros sitios; el petróleo traído del centro; la industria domiciliaria de la madera; las industrias de oficios que trabajan con materias primas locales, que aportan algunos productos, aunque no muy importantes, pero sí indispensables y útiles para los campesinos; la "hulla verde" (aprovechamiento de las fuerzas hidráulicas locales, de poca importancia, para la electrificación), etc., etc.; hay que ponerlo todo en marcha a fin de avivar el intercambio entre la industria y la agricultura, cueste lo que cueste. Quien obtenga en este terreno los mayores resultados, aunque sea mediante el capitalismo privado, incluso aunque no sea por las cooperativas, sin transformar directamente este capitalismo en capitalismo de Estado, 627 rendirá más provecho a la construcción socialista de toda Rusia que quien “medite” en la pureza del comunismo, escriba instrucciones y reglas para el capitalismo de Estado y las cooperativas, pero no impulse de hecho el intercambio.

    p Eso podrá parecer una paradoja: ¿el capitalismo privado en el papel de auxiliar del socialismo?

    p Pero no es ninguna paradoja, sino un hecho de carácter económico absolutamente incontrovertible. Como se trata de un país de pequeños campesinos, con un transporte desastroso en particular, de un país que ha salido de la guerra y el bloqueo y cuya dirección política corre a cargo del proletariado, el cual tiene en sus manos el transporte y la gran industria, de estas premisas se deduce de manera absolutamente necesaria la importancia primordial que tiene en estos momentos, primero, el intercambio local, y, segundo, la posibilidad de que el capitalismo privado preste ayuda al socialismo (sin hablar ya del capitalismo de Estado).

    p Discutamos menos en torno a las palabras. Hasta hoy seguimos pecando en demasía a este respecto. Variemos más la experiencia práctica y estudiémosla mejor. Suele haber circunstancias en las que la organización ejemplar del trabajo local, aunque sea a escala muy reducida, tiene una importancia estatal mucho mayor que numerosas ramas de la administración pública en el centro. Y entre nosotros, justamente en estos momentos, con relación a la economía campesina, en general, y al intercambio de los excedentes de la producción agrícola por artículos industriales, en particular, las circunstancias son éstas precisamente. La organización ejemplar del trabajo, en el sentido indicado, aunque sea en un solo subdistrito, tiene una importancia general para el interés público mucho mayor que la mejora “ejemplar” del cuerpo administrativo central de tal o cual Comisariado del Pueblo. Pues, en tres años y medio, nuestro cuerpo administrativo central se ha formado ya hasta el punto de llegar a adquirir cierta rutina nociva en el país; no podemos mejorarlo considerablemente ni con rapidez, no sabemos cómo hacerlo. La ayuda para mejorarlo de un modo más radical, para infundirle fuerzas frescas, para combatir con éxito la burocracia, para superar la rutina nociva debí partir de los lugares, de la base, de la organización ejemplar de un “conjunto” pequeño, pero precisamente “conjunto”, es decir, no de una sola explotación, no de un solo sector de la economía, de una sola empresa, sino de la suma de todas las relaciones económicas, de la suma de todo el intercambio económico, aunque sea en un lugar pequeño.

    p Los que estamos condenados a permanecer en el trabajo central, seguiremos mejorando el cuerpo administrativo y 628 depurándolo de burocracia, aunque sea a modesta escala, en la medida de lo directamente posible. Pero la ayuda principal en este sentido viene y vendrá de los lugares. En general, en los lugares—por lo que he podido observar—las cosas están mejor que en el centro; y esto es comprensible, ya que el mal de la burocracia, como es natural, se concentra en el centro; en este sentido, Moscú no puede menos de ser la peor ciudad y, en general, el peor “lugar” de la república. En los lugares, las desviaciones del término medio se dan en ambos sentidos; las desviaciones en el peor sentido son más raras que en el mejor. Las desviaciones hacia el peor lado son los abusos de los viejos funcionarios, terratenientes, burgueses y demás canalla, que se han arrimado a los comunistas y cometen a veces repugnantes arbitrariedades y vilezas, ultrajando a los campesinos. La depuración ahí debe ser terrorista: procesar y fusilar en el acto sin contemplaciones. Que los Mártov, Chernov y los pequeños burgueses sin partido, semejantes a ellos, se den golpes de pecho y exclamen: "¡Alabado seas, Señor, porque no me parezco a “ellos”, pues no he aceptado jamás ni acepto el método del terror!" Estos necios "no aceptan el terror”, ya que eligieron para sí el papel de auxiliares lacayunos de los guardias blancos, en lo que se refiere al embaucamiento de los obreros y los campesinos. Los eseristas y los mencheviques "no aceptan el terror”, ya que cumplen su misión de colocar bajo el terrorismo de los guardias blancos a las masas encuadradas bajo la bandera del “socialismo”. Así lo han demostrado la kerenskiada y la korniloviada en Rusia, la kolchakiada en Siberia, el menchevismo en Georgia; así lo han demostrado los héroes de la II Internacional y de la Internacional "II y media" en Finlandia, Hungría, Austria, Alemania, Italia, Inglaterra, etc. Que los lacayunos del terror de los guardias blancos sigan ufanándose de negar todo terrorismo. Nosotros diremos la dura, pero indudable verdad: en los países que viven una crisis inaudita, una desintegración de las viejas relaciones, una exacerbación de la lucha entre las clases después de la guerra imperialista de 1914–1918—tal es el caso en todos los países del mundo—, no se puede pasar sin el terror, a despecho de los hipócritas y charlatanes. O terror blanco burgués, al estilo norteamericano, inglés (Irlanda), italiano (fascista), alemán, húngaro y otros, o terror rojo, proletario. No hay término medio, “tercer” camino no lo hay ni puede haberlo.

    p Las desviaciones hacia el mejor lado significan: lucha venturosa contra la burocracia, solicitud con las demandas de los obreros y campesinos, gran preocupación por elevar la economía, aumento de la productividad del trabajo y desarrollo del intercambio local entre la agricultura y la industria. Estas desviaciones hacia el mejor 629 lado, aunque son más frecuentes que hacia el lado peor, son, sin embargo, raras. Pero existen. Por doquier transcurre a escala local el proceso de formación de nuevas fuerzas comunistas, jóvenes, frescas, templadas en la guerra civil y en las privaciones. Aún estamos muy lejos, lejísimos, de hacer lo suficiente para promover con regularidad y constancia estas fuerzas de abajo arriba. Es posible y necesario hacerlo de modo más amplio y perseverante. Se puede y debe sacar a algunos dirigentes del trabajo central y colocarlos en el plano local: como dirigentes de distrito y subdistrito, creando allí una organización ejemplar de toda la labor económica en su conjunto, estos dirigentes serán de inmensa utilidad y harán una obra mucho más importante para todo el país que cualquier función central. La organización ejemplar de este trabajo serviría de plantel de dirigentes y ejemplo digno de ser imitado y relativamente fácil de imitar, y nosotros, desde el centro, sabremos contribuir a que esta "imitación" de la obra ejemplar se haga a vasta escala y llegue a ser obligatoria.

    p Para desarrollar el “intercambio” entre la agricultura y la industria con los excedentes restantes del pago del impuesto en especie y con los artículos de la pequeña industria, sobre todo de la domiciliaria, es indispensable, por su misma esencia, una iniciativa local independiente, experta e inteligente; por eso, en las circunstancias actuales, la organización ejemplar del trabajo de un distrito o de un subdistrito adquiere una importancia verdaderamente extraordinaria desde el punto de vista de los intereses generales del Estado. En el terreno militar, por ejemplo, durante la última guerra con Polonia, no temimos saltarnos las jerarquías burocráticas ni “degradar”, o sea, trasladar a los miembros del Consejo Militar Revolucionario de la república (respetándoles su alto cargo central) a puestos inferiores. ¿Por qué no enviar ahora a algunos miembros del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, o a los miembros de los consejos de dirección de los comisariados, o a otros camaradas que ocupan importantes puestos de responsabilidad, a trabajar incluso en los distritos, incluso en los subdistritos? Creo que no nos hemos “burocratizado” en realidad hasta el punto de "tener reparos" de semejante procedimiento. Y saldrán de entre nosotros decenas de dirigentes del centro que aceptarán gustosos ese traslado. La organización de la economía de toda la república ganaría muchísimo con ello, y los subdistritos o distritos ejemplares desempeñarían un papel, no ya grande, sino realmente decisivo, un papel histórico.

    p Dicho sea de paso, como circunstancia pequeña, pero, sin embargo, circunstancia importante, es necesario destacar el cambio indispensable en la manera de plantearse, en principio, el 630 problema de la lucha contra la especulación. Debemos apoyar, nos conviene desarrollar el comercio “correcto” que no elude el control estatal. Pero la especulación no puede distinguirse del comercio “correcto”, si se la toma como un concepto de la economía política. La libertad de comercio es capitalismo, y el capitalismo es especulación: sería ridículo no quererlo ver.

    p ¿Cómo proceder, entonces? ¿Declarar impune la especulación?

    No. Es necesario revisar y reformar todas las leyes sobre la especulación, declarando punible (persiguiendo, de hecho, con triple rigor que antes) todo hurto y toda elusión, directa o indirecta, abierta o encubierta, del control, de la vigilancia y de la contabilidad estatal. Precisamente con semejante modo de plantear el problema (en el Consejo de Comisarios del Pueblo ya se ha comenzado esta labor, es decir, el Consejo de Comisarios del Pueblo ha dado ya orden de comenzar la revisión de las leyes sobre la especulación) conseguiremos que el desarrollo del capitalismo, en cierta medida inevitable e indispensable para nosotros, vaya por el cauce del capitalismo de Estado.
    BALANCE POLÍTICO Y DEDUCCIONES POLÍTICAS

    p Me resta solamente hablar, aunque sea brevemente, de la situación política, tal como se ha formado y ha cambiado debido a las condiciones económicas descritas más arriba.

    p Ya queda dicho que los rasgos principales de nuestra economía en 1921 siguen siendo los mismos que en 1918. La primavera de 1921 nos ha traído—principalmente a causa de la mala cosecha y de la mortandad del ganado—una agravación extrema de la situación de los campesinos, que ya de por sí era dificilísima a causa de la guerra y el bloqueo. Resultado de esta agravación han sido las vacilaciones políticas, que constituyen, hablando en general, la “naturaleza” misma del pequeño productor. La manifestación más palmaria de estas vacilaciones ha sido la sublevación de Cronstadt.

    p Lo más característico de los acontecimientos de Cronstadt son precisamente las vacilaciones del elemento pequeñoburgués. Había muy poco de formado, claro y definido por completo. Nebulosas consignas de “libertad”, "libertad de comercio”, "emancipación”, "Soviets sin bolcheviques" o nuevas elecciones a los Soviets, o liberación de la "dictadura del partido”, etc., etc. Tanto los mencheviques como los eseristas declaran “suyo” el movimiento de Cronstadt. Víctor Chernov envía un mensajero a Cronstadt; por la “Constituyente” vota en Cronstadt, a propuesta de dicho mensajero, el menchevique Valk, uno de los dirigentes de la sublevación 631 de Cronstadt. Todos los elementos de los guardias blancos se movilizan instantáneamente "a favor de Cronstadt" con rapidez que puede calificarse de radiotelegráfica. Los guardias blancos entre los militares profesionales de Cronstadt, toda una serie de especialistas, no sólo Kozlovski, están haciendo un plan de desembarco de tropas en Oranienbaum, plan que asusta a la masa vacilante de los mencheviques, eseristas y sin partido. Más de medio centenar de periódicos de los guardias blancos que se editan en el extranjero en lengua rusa despliegan una furibunda campaña "a favor de Cronstadt". Los grandes bancos, todas las fuerzas del capital financiero abren suscripciones de ayuda a Cronstadt. El democonstitucionalista Miliukov, inteligente líder de la burguesía y de los terratenientes, explica pacientemente de un modo directo al imbécil de Víctor Chernov (y a los mencheviques Dan y Rozhkov, encarcelados en Petrogrado, por estar comprometidos en los acontecimientos de Cronstadt, de un modo indirecto), que no hay por qué apresurarse con la Constituyente, que se puede y debe manifestarse a favor del Poder soviético, pero sin bolcheviques.

    p Claro está que no es difícil tener más inteligencia que tontos tan fatuos como Chernov, héroe de la frase pequeñoburguesa, o como Mártov, caballero del reformismo pequeñoburgués que él quiere hacer pasar por marxismo. Y no me refiero, propiamente, a que Miliukov, como figura política, sea más inteligente que ellos, sino a que un líder del partido de la gran burguesía, a causa de su situación de clase, ve con mayor claridad, comprende mejor la esencia de clase del asunto y las relaciones políticas que los líderes de la pequeña burguesía, como los Chernos y Mártov. Ya que la burguesía constituye en realidad una fuerza de clase que domina inevitablemente en el capitalismo, tanto con monarquía como con la república más democrática, gozando también inevitablemente del apoyo de la burguesía mundial. En tanto que la pequeña burguesía, es decir, todos los "héroes" de la II Internacional y de la Internacional "II y media”, no puede ser otra cosa, por la esencia económica del problema, que la demostración de la impotencia de clase: de ahí las vacilaciones, las frases, la ineptitud. En 1789 los pequeños burgueses podían ser todavía grandes revolucionarios; en 1848 eran ridículos y deplorables; en 1917–1921 son ya repugnantes acólitos de la reacción, sus francos lacayos por el verdadero papel que desempeñan, llámense Chernov y Mártov o Kautsky, MacDonald, etc., etc.

    p Cuando Mártov declara en su revista de Berlín que Cronstadt no sólo propugnaba consignas mencheviques, sino que dio pruebas de que es posible la existencia de un movimiento antibolchevique que no sirva íntegramente a los guardias blancos, a los capitalistas 632 y terratenientes, representa precisamente un modelo de fatuo Narciso pequeñoburgués. ¡Cerremos simplemente los ojos para no ver que todos los verdaderos guardias blancos saludaron a los amotinados de Cronstadt y recolectaron, por intermedio de los bancos, fondos para ayudar a Cronstadt! Miliukov tiene razón si se le compara con los Chernov y Mártov, ya que revela la vertid/lera táctica de la verdadero fuer/a de los guardias Illancos, de la fuerza de los capitalistas y terratenientes: ¡Apoyemos a cualquiera, incluso a los anarquistas, a cualquier Poder soviético, con tal de derrocar a los bolcheviques, ion tal de desplazarlos del poder’. Lo mismo da que se los desplace hacia la derecha como hacia la izquierda, hacia los mencheviques como hacia los anarquistas, con tal de que los bolcheviques se queden fuera del poder; del resto nos encargaremos "nosotros mismos”, los Miliukov, “nosotros”, los capitalistas y terratenientes, echando a guantadas a los anarquistoides, a los Chernov y Mártov, tal como lo hicimos en Siberia con Chernov y Maiski, en Hungría con los Chernov y Mártov húngaros, como lo hicimos en Alemania con Kautsky y en Viena con los F. Adler y Cía. La verdadera burguesía de acción ha embaucado a centenares de estos Narcisos pequeñoburgueses—mencheviques, eseristas, sin partido—y los ha echado luego a puntapiés en todas las revoluciones decenas de veces y en todos los países del mundo. Esto lo ha demostrado la historia y lo han comprobado los hechos. Los Narcisos seguirán hablando. Los Miliukov y los guardias blancos seguirán obrando.

    p “Con tal de quitar el poder a los bolcheviques, tanto da ir un poco a la derecha como un poco a la izquierda, lo demás ya vendrá”; en esto Miliukov tiene toda la razón. Esta es una verdad de clase confirmada por toda la historia de las revoluciones de todos los países, por una época de muchos siglos de la historia de la edad moderna, tras el medievo. AI pequeño productor disperso, al campesino, los une en los aspectos económico y político la burguesía (así ha sucedido siempre bajo el capitalismo en todos los países, en todas las revoluciones de la edad moderna y así sucederá siempre bajo el capitalismo), o el proletariado (así ha sucedido, en forma embrionaria, en los momentos culminantes de algunas de las más grandes revoluciones de la historia de la edad moderna durante un período muy breve; así sucedió en Rusia en 1917–1921 en forma más desarrollada). De un “tercer” camino, de una "tercera fuerza" sólo pueden charlar y soñar los fatuos Narcisos.

    p Con inmenso trabajo, en lucha desesperada forjaron los bolcheviques una vanguardia del proletariado capaz de gobernar; crearon y defendieron la dictadura del proletariado; v la 633 correlación cíe fuerzas de clase en Rusia se hizo más clara que la luz del día, después de la comprobación por la experiencia, por la práctica de cuatro años: la vanguardia de acero templado de la única clase revolucionaria, el elemento vacilante de la pequeña burguesía y los Miliukov, los capitalistas y terratenientes emboscados al otro lado de la frontera, que gozan del apoyo de la burguesía mundial. La cuestión es de una claridad meridiana. Toda "sustitución en el poder" la aprovecharán y pueden aprovecharla solamente ellos.

    p En el antecitado folleto de 1918 se decía abiertamente de esto: "el enemigo principal" es el "elemento pequeñoburgués”. "O sometemos a ese pequeño burgués a nuestro control y a nuestra contabilidad, o él echará abajo nuestro poder obrero de manera inevitable e indefectible, de la misma manera que acabaron con la revolución los Napoleones y los Cavaignac, que brotan precisamente sobre ese terreno de pequeños propietarios. Así está planteado el problema. Y sólo así.” (Del folleto del 5 de mayo de 1918, véase más arriba [633•* .)

    p Nuestra fuerza consiste en la completa claridad y sobriedad en el cálculo de todos los valores electivos de clase, tanto rusos como internacionales, y después en la energía de hierro, la firmeza, la decisión y la abnegación en la lucha que provienen de ello. Tenernos muchos enemigos, pero están desunidos, o no saben lo que quieren (como todos los pequeños burgueses, todos los Mártov y Chernov, tcxlos los sin partido, todos los anarquistas). Nosotros estamos unidos directamente entre nosotros e indirectamente con los proletarios de todos los países, sabemos lo que queremos, y por lo mismo somos invencibles a escala mundial, aunque esto no excluye, en absoluto, la posibilidad de que sean derrotadas por más o menos tiempo algunas revoluciones proletarias.

    p El elemento pequeñoburgués por algo se llama elemento, puesto que se trata, realmente, de algo de lo más amorfo, indefinido e inconsciente. Los Narcisos de la pequeña burguesía piensan que el "sufragio universal" acaba con la naturaleza del pequeño productor bajo el capitalismo, mientras eme, en realidad, dicho sufragio ayuda a la burguesía, con el apoyo de la Iglesia, de la prensa, del magisterio, de la policía, de los militares y de la opresión económica ejercida en miles de formas, le ayuda a someter a los pequeños productores dispersos. La ruina, la miseria, la gravedad de la situación originan las vacilaciones: hoy a favor de la burguesía y mañana a favor del proletariado. Únicamente la templada vanguardia del proletariado es capaz de mantenerse y resistir las vacilaciones.
    634

    p Los acontecimientos de la primavera de 1921 han demostrado una vez más el papel que desempeñan los eseristas y los mencheviques: ayudan al elemento pequeñoburgués vacilante a apartarse de los bolcheviques, a hacer "sustituciones en el poder" a favor de los capitalistas y terratenientes. Los mencheviques y los eseristas han aprendido ahora a disfrazarse de gente "sin partido". Está demostrado por completo. Y ahora, únicamente los tontos pueden no verlo, pueden no comprender que no vamos a permitir que se nos embauque. Las conferencias de los sin partido no son un fetiche. Son valiosas si ofrecen la posibilidad de granjearnos la simpatía de la masa que aún no se encuentra bajo la influencia de ninguna propaganda, de los millones de trabajadores que se mantienen al margen de la política; pero son nocivas si proporcionan una plataforma a los mencheviques y eseristas, disfrazados de gente "sin partido”. Esos elementos favorecen los motines, ayudan a los guardias blancos. El lugar de los mencheviques y eseristas, declarados o disfrazados de gente sin partido, está en la cárcel (o en los periódicos del extranjero, al lado de los guardias blancos; hemos dejado con mucho gusto a Mártov salir al extranjero), pero no en la conferencia de los sin partido. Se pueden y deben encontrar otros métodos para comprobar el estado de ánimo de las masas y granjearnos su simpatía. Que se vayan al extranjero los que quieran jugar al parlamentarismo, a la Constituyente, a las conferencias de los sin partido; que hagan el favor de marcharse con Mártov, de comprobar las bellezas de la “democracia”; tened la bondad de preguntar a los soldados de Wrangel por estas bellezas. Pero nosotros no tenemos tiempo para jugar a las “oposiciones” en las “conferencias”. Estamos rodeados por la burguesía mundial, que acecha cada instante de vacilación para propiciar la vuelta de los “suyos”, para restaurar a los terratenientes y a la burguesía. Meteremos en la cárcel a los mencheviques y eseristas, tanto da que sean declarados como que se hayan disfrazado de gente "sin partido".

    p Vamos a estrechar por todos los medios las relaciones con la masa trabajadora no influida por la política, a excepción de los medios que ofrecen campo libre a los mencheviques y socialistasrevolucionarios, que ofrecen campo libre a las vacilaciones ventajosas para Miliukov. Destacaremos con especial celo para los trabajos de los Soviets, sobre todo para los relacionados con la economía, a centenares y centenares de personas sin partido, de verdaderos representantes de la masa sin filiación política, de simples obreros y campesinos de la base, y no a los que se han “disfrazado” de gente sin partido con objeto de repetir de carrerilla lo que contienen los mandatos mencheviques y eseristas, tan ventajosos 635 para Miliukov. Entre nosotros trabajan centenares y miles de personas sin partido, entre las cuales hay decenas que desempeñan cargos de gran importancia y responsabilidad. Es necesario controlar más su trabajo. Es necesario destacar para nuevas pruebas a otros miles y miles de simples trabajadores del común de las gentes, a los que hay que probar periódica y constantemente, elevando a centenares de ellos, comprobados en la práctica, a cargos más altos.

    p Los comunistas siguen sin comprender bien hasta la fecha sus verdaderas tareas de dirección: no hay que empeñarse en hacerlo “todo” uno “mismo”, echando los bofes y sin poder conseguirlo, emprendiendo veinte asuntos y no acabando ninguno, sino que hay que controlar el trabajo de decenas y centenares de ayudantes, hay que organizar el control de su trabajo desde abajo, es decir, por la verdadera masa; es necesario orientar el trabajo y aprender de los que saben (los especialistas) y tienen experiencia de organizar grandes empresas (los capitalistas). Un comunista inteligente no teme aprender de un militar profesional, aunque las nueve décimas partes de estos militares profesionales sean capaces de traicionarnos en la primera ocasión. Un comunista inteligente no teme aprender de un capitalista (tanto da que se trate de un gran capitalista concesionario como de un comisionista o de un pequeño capitalista, socio de una cooperativa, etc.), aunque el capitalista no es mejor que el militar profesional. En el Ejército Rojo se ha aprendido a capturar a los traidores entre los militares profesionales, destacando a los honrados y a los que trabajan a conciencia, aprovechando así, en general, a miles y decenas de miles de militares profesionales. Estamos aprendiendo a hacer lo mismo (en forma peculiar) con los ingenieros, con los maestros, aunque lo hacemos de un modo mucho peor que en el Ejército Rojo (allí Denikin y Kolchak nos apresuraban de verdad, obligándonos a aprender cuanto antes, con la mayor aplicación e inteligencia). Aprenderemos a hacer lo mismo (también en forma peculiar) con los comisionistas, con los agentes de compras que trabajan para el Estado, con los pequeños capitalistas socios de cooperativas, con los industriales concesionarios, etc.

    La masa de obreros y campesinos necesita mejorar sin demora su situación. Designando para el trabajo útil a fuerzas nuevas, entre ellas a gente sin partido, lo conseguiremos. El impuesto en especie y la serie de medidas relacionadas con él nos ayudarán a realizarlo. Cortaremos con ello la raíz económica de las inevitables vacilaciones del pequeño productor. Y las vacilaciones políticas, útiles solamente para Miliukov, las combatiremos sin piedad. Los vacilantes son muchos. Nosotros somos pocos. Los vacilantes están 636 desunidos. Nosotros estamos unidos. Los vacilantes no tienen independencia económica. El proletariado la tiene. Los vacilantes no saben lo que quieren: los ojos se abalanzan, los pies se cansan, y Miliukov prohibe que las manos lo alcancen. Pero nosotros sabemos lo que queremos. Y por eso venceremos.
    CONCLUSIÓN

    p Resumamos.

    p El impuesto en especie es la transición del comunismo de guerra a un intercambio socialista de productos adecuado.

    p La extrema ruina, agravada por la mala cosecha de 1920, hacía que este paso fuese necesario con toda urgencia, en vista de la imposibilidad de restablecer con rapidez la gran industria.

    p De ahí que se deba mejorar primero la situación de los campesinos. Medios para ello: el impuesto en especie, desenvolvimiento del intercambio entre la agricultura y la industria, desarrollo de la pequeña industria.

    p El intercambio significa libertad de comercio, es capitalismo. Este nos será útil en la medida en que nos ayude a combatir la dispersión del pequeño productor y, en cierto grado, la burocracia. La medida la dará la práctica, la experiencia. Mientras el proletariado sostenga firmemente el poder en sus manos, mientras mantenga con firmeza en sus manos los medios de transporte y la gran industria, el poder proletario no tiene en ello nada que temer.

    p La lucha contra la especulación debe ser transformada en lucha contra los robos y contra el modo de eludir la vigilancia, la contabilidad y el control del Estado. Con este control llevaremos el capitalismo, en cierto grado imprescindible e indispensable para nosotros, al cauce del capitalismo de Estado.

    p Desarrollar en todos los sentidos, por todos los medios y cueste lo que cueste la iniciativa y la autogestión locales en materia de estímulo del intercambio entre la agricultura y la industria. Estudiar la experiencia práctica en este sentido y conseguir la mayor variedad posible de la misma.

    p Apoyar a la pequeña industria que atiende a la agricultura campesina y le ayuda a alzarse. Ayudarle en cierto grado, incluso con la entrega de materias primas del Estado. Lo más criminal es dejar materias primas sin aprovechar.

    p No temer que los comunistas “aprendan” de los especialistas burgueses, incluso de los comerciantes, de los pequeños capitalistas asociados en cooperativas, de los capitalistas en general. Aprender 637 de ellos en forma distinta, pero en esencia del mismo modo que se aprendía y se llegó a aprender de los militares profesionales. Contrastar los resultados de la "enseñanza" únicamente con la experiencia práctica: hacedlo mejor que lo hacían a vuestro lado los especialistas burgueses; sabed alcanzar de una u otra manera el ascenso de la agricultura, el incremento de la industria, el desarrollo del intercambio entre la agricultura y la industria. No escatiméis el pago "por la enseñanza": no da pena pagar caro por la enseñanza con tal de que ésta sea provechosa.

    p Ayudar por lodos los medios a la masa de los trabajadores, granjearse su simpatía, destacar de su seno a centenares y miles de trabajadores sin partido para administrar la economía. Y a los "sin partido”, que en la práctica no son sino mencheviques y eseristas disfrazados con el traje de moda, o sea, con el de los sin partido de Cronstadt, hay que tenerlos a buen recaudo en las cárceles o enviarlos a Berlín, donde está Mártov, para que gocen a sus anchas de todas las bellezas de la democracia pura, para que intercambien libremente sus opiniones con Chernov, con Miliukov, con los mencheviques georgianos.

    p 21 de abril de 1921.

    p Publicada en mayo de 1921, en folíelo uparle, por la Editorial del Estado, en Moscú.

    I’. 43, págs. 205–245.
    * * *

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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por NSV Liit el Lun Sep 12, 2011 6:00 pm

    En la Historia del Partido Bolchevique hay también información sobre el X Congreso:

    http://www.marxists.org/espanol/tematica/histsov/pcr-b/cap9.htm

    Spoiler:
    2. Discusión en el Partido acerca de los sindicatos. - El X Congreso del Partido. - Es derrotada la oposición. - Se pasa a la nueva política económica ("Nep").

    Para el Comité Central del Partido, para su mayoría leninista, era evidente que, después de terminarse la guerra y de entrar en el periodo de edificación pacífica de la Economía, no había ya razón para mantener en pie el severo régimen del comunismo de guerra, impuesto por las circunstancias de la guerra y del bloqueo.

    El C.C. comprendía que había desparecido la necesidad de la contingentación, que era necesario sustituir este sistema por el del impuesto en especie, para dar al campesino la posibilidad de emplear como mejor le pareciese una gran parte del sobrante de su producción. Comprendía que esta medida permitiría levantar la agricultura, aumentar la producción de cereales y los cultivos técnicos necesarios para el desarrollo de la industria, activar la circulación de mercancías dentro del país, mejorar el abastecimiento de las ciudades y sentar una nueva base económica para la alianza entre los obreros y los campesinos.

    El C.C. dábase también cuenta de que la reanimación de la industria constituía una tarea de primerísimo orden, pero entendía que no era posible lograr esto sin interesar en ello a la clase obrera y a sus sindicatos, que para ganar a los obreros para esta causa era necesario convencerles de que el desastre económico era un enemigo tan peligroso para el pueblo como la intervención armada y el bloqueo, y de que el Partido y los sindicatos conseguirían, incuestionablemente, salir victoriosos de este empeño, siempre y cuando no actuasen sobre la clase obrera por medio de órdenes militares, siguiendo los métodos aplicados en el frente, donde era realmente necesario proceder de ese modo, sino por medio de la persuasión, por medio del convencimiento.

    Pero no todos los miembros del Partido pensaban como el C.C. Los grupos de oposición -los trotskistas, la "oposición obrera", los "comunistas de izquierda", los "centralistas democráticos", etc.- hallábanse en un estado de confusión y de vacilación ante el paso a los cauces de la edificación pacífica de la Economía. En el Partido había no pocos antiguos mensheviques, socialrevolucionarios, bundistas, "borotbistas"[1] y toda suerte de seminacionalistas de la periferia de Rusia. En gran parte, estos elementos se adhirieron a unos u otros grupos de oposición. Como no eran verdaderos marxistas ni conocían las leyes que rigen el desarrollo económico, ni tenían el temple de los militantes leninistas del Partido, estas gentes no hacían más que acentuar la dispersión y las vacilaciones de los grupos de oposición. Algunos de ellos entendían que no era necesario aflojar el severo régimen del comunismo de guerra, sino que, por el contrario, lo que hacía falta era "seguir apretando los tornillos". Otros opinaban que el Partido y el Estado debían desentenderse del problema de la restauración de la Economía nacional, dejándolo por entero en manos de los sindicatos.

    Era evidente que, ante este confusionismo, aparecerían, en ciertos sectores del Partido, gentes aficionadas a discutir, diversos "líderes" de la oposición, que pugnarían por arrastrar al Partido a un debate.

    Y así ocurrió, en efecto.

    La discusión comenzó por el problema del papel de los sindicatos, a pesar de que éste no era, por aquel entonces, el problema más importante en la política del Partido.

    El paladín de la discusión y de la lucha contra Lenin y contra la mayoría leninista del C.C. era Trotski. Con la mira de agudizar la situación, intervino en la reunión de comunistas delegados a la V Conferencia de los Sindicatos de toda Rusia, celebrada a comienzos de noviembre de 1920, sosteniendo la dudosa consigna de "apretar los tornillos" y "sacudir a los sindicatos". Exigía, además, que se procediese a la inmediata "estatificación de los sindicatos". Trotski era contrario al método de la persuasión de las masas obreras y abogaba por transplantar a los sindicatos los métodos militares. Era contrario al desarrollo de la democracia dentro de los sindicatos y a la provisión de los cargos sindicales por elección.

    En vez del método de la persuasión, sin el que sería inconcebible la actuación de las organizaciones obreras, los trotskistas preconizaban el método de la coacción escueta, del mando tajante. Allí donde se apoderaban de la dirección sindical, los trotskistas, con su política, no hacían más que provocar en los sindicatos conflictos, escisiones y discordias. Con su política, los trotskistas hacían que la masa sin partido se colocase frente a éste y sembraban la desunión de la clase obrera.

    La discusión acerca de los sindicatos tenía, en realidad, una importancia que trascendía con mucho del marco del problema sindical. Como más tarde había de señalar la resolución del Pleno del C.C. del Partido Comunista (b) de Rusia (17 de enero de 1925), de hecho la polémica giraba "en torno a la actitud que debía seguirse con los campesinos que se rebelaban contra el comunismo de guerra, en torno a la actitud que debía seguirse con la masa de obreros sin partido, y en general, en torno al método con que el Partido debía abordar a las masas, en un periodo en que la guerra civil se había terminado ya" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte I, pág. 65).

    En pos de Trotski, intervinieron también otros grupos contrarios al Partido: la "oposición obrera" (Shliapnikov, Medveiev, Kolontai y otros), los "centralistas democráticos" (Sapronov, Drobnis, Boguslavski, Osinski, V. Smirnov, etc.) y los "comunistas de izquierda" (Bujarin y Preobrazhenski).

    La "oposición obrera" formulaba la consigna de entregar la dirección de toda la Economía nacional al "Congreso de productores de toda Rusia". Reducía a la nada el papel del Partido y negaba toda significación a la dictadura del proletariado en el terreno de la edificación económica. Contraponía los sindicatos al Estado Soviético y al Partido Comunista. Según ella, la forma más alta de organización de la clase obrera no era el Partido, sino que eran los sindicatos. En el fondo, la "oposición obrera" era un grupo de tipo anarco-sindicalista, contrario al Partido.

    El grupo del "centralismo democrático" (los desistas) reivindicaba la libertad más completa para la formación de fracciones y grupos dentro del Partido. Al igual que los trotskistas, los "centralistas democráticos" esforzábanse en socavar el papel dirigente del Partido dentro de los Soviets y de los Sindicatos. Lenin decía de ellos que eran la fracción "de los que chillaban más fuerte", y que su plataforma era socialrevolucionaria-menshevique.

    Para su lucha contra Lenin y el Partido, Trotski fue ayudado por Bujarin. Fue éste quien, en unión de Preobrazhenski, Serebriakov y Sokolnikov, creó un grupo "de tope". Este grupo defendía y encubría a los fraccionalistas más perniciosos: a los trotskistas. Lenin calificó la conducta de Bujarin como "el colmo de la descomposición ideológica". Poco después, los bujarinistas se unieron abiertamente con los trotskistas en contra de Lenin.

    Lenin y los leninistas dirigían, principalmente, sus tiros contra los trotskistas, en los que veían la fuerza cardinal de los grupos antibolsheviques. Acusaban a los trotskistas de confundir los sindicatos con organizaciones de tipo militar, haciéndoles ver que no era posible trasplantar a los sindicatos los métodos propios de aquellas organizaciones. Frente a la plataforma de los grupos de oposición, Lenin y los leninistas formularon la suya propia. En ésta se sostenía que los sindicatos eran una escuela de gobierno, una escuela de administración económica y una escuela de comunismo. Los sindicatos debían organizar toda su labor sobre la base del método de la persuasión. Sólo así podrían poner en pie a todos los obreros para la lucha contra el desastre económico y conseguirían interesarlos por la obra de edificación socialista de la Economía nacional.

    En la lucha contra los grupos de oposición, las organizaciones del Partido apretaron sus filas en torno a Lenin. La lucha adquirió un carácter especialmente agudo en Moscú. Era aquí donde la oposición concentraba sus principales fuerzas, ambicionando adueñarse de la organización del Partido en esta capital. Pero los bolsheviques de Moscú salieron resueltamente al paso de esto manejos de los fraccionalistas. También revistió caracteres agudos la lucha en las organizaciones del Partido en Ucrania. Bajo la dirección del camarada Molotov, que era, por aquel entonces, secretario del C.C. del Partido Comunista (b) de Ucrania, los bolsheviques ucranianos aplastaron a los secuaces de Trotski y de Shliapnikov. El Partido Comunista de Ucrania siguió siendo un baluarte fiel del Partido leninista. En Bakú, el aplastamiento de la oposición se organizó bajo la dirección del camarada Ordzhonikidse. En el Asia Central, fue el camarada Lázaro Kaganovich quien dirigió la lucha contra los grupos contrarios al Partido.

    Las organizaciones fundamentales de base del Partido se adhirieron a la plataforma leninista.

    El 8 de marzo de 1921, inauguró sus tareas el X Congreso del Partido. Asistieron a él 694 delegados con voz y voto, representando a 732.521 afiliados y 296 delegados con voz, pero sin voto.

    El Congreso hizo el balance de la discusión sobre los sindicatos y aprobó por una mayoría aplastante la plataforma leninista.

    En su discurso de apertura del Congreso, Lenin declaró que esta discusión representaba un lujo intolerable. Señaló que el enemigo hacía su juego con la lucha intestina y la discordia dentro del Partido Comunista.

    Dándose cuenta del enorme peligro que suponía para el Partido bolshevique y para la dictadura del proletariado la existencia de grupos fraccionales, el X Congreso consagró una atención especial al problema de la unidad del Partido. Acerca de este punto pronunció un informe Lenin. El Congreso condenó todos los grupos de oposición y señaló que esto grupos "de hecho, ayudan a los enemigos de clase de la revolución proletaria".

    El Congreso ordenó la inmediata disolución de todos los grupos fraccionales y encargó a todas las organizaciones que velasen rigurosamente por la ejecución de este acuerdo, saliendo al paso de toda actitud fraccional; bien entendido que el incumplimiento de los acuerdos del Congreso acarrearía la expulsión indiscutible e inmediata del Partido. El Congreso dio plenos poderes al Comité Central para que éste, en caso de infracción de la disciplina por parte de cualquiera de sus miembros y en caso de que resucitase o se permitiese cualquier fracción, aplicase cuantas sanciones de Partido fuesen necesarias, llegando incluso a expulsar del Comité Central y del Partido a quien infringiese sus acuerdos.

    Todas estas decisiones figuraban en una resolución especial "Sobre la unidad del Partido", redactada por Lenin y aprobada por el Congreso.

    En esta resolución, el Congreso llamaba la atención de todos los afiliados al Partido hacia el hecho de que la unidad y la cohesión dentro de sus filas, la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado era especialmente necesaria en un momento como aquel en que se celebraba el X Congreso del Partido, en que una serie de circunstancias contribuía a acentuar las vacilaciones existentes entre la población pequeñoburguesa.

    "Sin embargo -decíase en la resolución del Congreso-, en el Partido se habían revelado, ya antes de la discusión entablada en todas sus organizaciones acerca de los sindicatos, algunos signos de fraccionalismo, es decir, de formación de grupos con una plataforma especial y con la tendencia a constituir hasta cierto punto grupos aparte y con su disciplina propia. Es necesario que todo obrero consciente comprenda claramente el carácter pernicioso e inadmisible de todo fraccionalismo, el cual conduce inevitablemente, en la práctica, al quebrantamiento del trabajo fraternal y a los intentos acentuados y repetidos de los enemigos, que se infiltran siempre en las filas de un Partido gubernamental, con objeto de ahondar las disenciones dentro de éste y servirse de ellas para los fines de la contrarrevolución".

    Y en otro lugar de esta misma resolución, decía el Congreso:

    "Cómo los enemigos del proletariado se aprovechan de todas las desviaciones de la línea comunista, rigurosamente trazada, lo ha revelado de un modo bien tangible el ejemplo de la sublevación de Cronstadt, en la que la contrarrevolución burguesa y los guardias blancos de todos los países del mundo se mostraron de pronto dispuestos a acatar incluso la consigna del régimen soviético, con tal de derribar la dictadura del proletariado en Rusia, en que los socialrevolucionarios y la contrarrevolución burguesa, en general, se acogieron en Cronstadt a la consigna de la insurrección, simulando hacerla en nombre del Poder Soviético contra el Gobierno Soviético de Rusia. Estos hechos demuestran plenamente que los guardias blancos aspiran a disfrazarse y saben y disfrazarse de comunistas y hasta de gentes "más izquierdistas" aun que ellos, con tal de quebrantar y derribar el baluarte de la revolución proletaria en Rusia. Las hojas mensheviques que circularon en Petrogrado en vísperas de la sublevación de Cronstadt revelan asimismo cómo los mensheviques se aprovechaban de las discrepancias existentes dentro del Partido Comunista de Rusia, para empujar y apoyar de hecho a los sediciosos de Cronstadt, a los socialrevolucionarios y guardias blancos, aunque de palabra se hiciesen pasar por adversarios de los sediciosos y partidarios del Poder Soviético, del que, según ellos, sólo les separaba algunas diferencias de poca monta".

    La resolución indicaba que la propaganda del Partido debía explicar minuciosamente lo pernicioso y peligroso que era el fraccionalismo desde el punto de vista de la unidad del Partido y de la consecución de la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado, como condición fundamental para el triunfo de la dictadura proletaria.

    Por otra parte, la propaganda del Partido -decíase en la citada resolución del Congreso- debía explicar la peculiaridad de los novísimos métodos tácticos puestos en práctica por los enemigos del Poder Soviético.

    "Estos enemigos -señalaba la resolución-, convencidos del fracaso irremediable de la contrarrevolución bajo la bandera descarada de los guardias blancos, encaminan ahora todos sus esfuerzos, aprovechándose de las disensiones existentes dentro del Partido Comunista de Rusia, a pasar de contrabando la contrarrevolución por medio de la entrega del Poder a los grupos políticos más dispuestos, en apariencia, al reconocimiento del Poder Soviético" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte I, págs. 373-374).

    Esta resolución indicaba, asimismo, que la propaganda del Partido "debía explicar también la experiencia de las anteriores revoluciones, en que la contrarrevolución apoyaba a los grupos pequeñoburgueses más próximos al partido revolucionario extremo, para hacer vacilar y derribar la dictadura revolucionaria, abriendo con ello el camino para dar en seguida el triunfo completo a la contrarrevolución, a los capitalistas y terratenientes".

    Íntimamente unida a la resolución "Sobre la unidad del Partido" se hallaba otra resolución "Sobre la desviación sindicalista y anarquista dentro de nuestro Partido", aprobada igualmente por el Congreso a propuesta también de Lenin. En esta resolución, el X Congreso condenaba la llamada "oposición obrera". El Congreso consideró que la propaganda de las ideas de la desviación anarcosindicalista era incompatible con el hecho de militar en el Partido Comunista y encarecía al Partido que luchase resueltamente contra esta desviación.

    El X Congreso tomó el importantísimo acuerdo de pasar del sistema de la contingentación al del impuesto en especie, de pasar a la nueva política económica ("NEP").

    Este viraje del comunismo de guerra a la "nueva política económica" revela toda la sabiduría y la profundidad de visión de la política leninista.

    En el acuerdo del Congreso, se trataba de la sustitución del régimen de los contingentes por el del impuesto en especie. Este impuesto era menor que el de la contingentación. El tipo de impuesto debía hacerse público antes de la siembra de primavera. Los plazos de entrega del impuesto se señalaban con toda precisión. Todo lo que excediese del impuesto se dejaba a la libre y plena disposición del campesino, a quien se concedía libertad de vender estos productos. Al principio, la libertad de venta se traduciría -decía Lenin en su informe- en una cierta reanimación del capitalismo dentro del país. Será necesario consentir el comercio privado y autorizar a los particulares dedicados a la industria la apertura de pequeñas empresas. Pero no había por qué tener miedo a esto. Lenin entendía que una cierta libertad de circulación de mercancías estimularía el interés económico del campesino, incrementaría la productividad de su trabajo y elevaría rápidamente el rendimiento de la agricultura; que sobre esta base se restauraría la industria del Estado y se desalojaría al capital privado; que, después de acumular fuerzas y recursos, se podría crear una potente industria, base económica para el socialismo, y luego pasar resueltamente a la ofensiva, para destruir los restos del capitalismo dentro del país.

    El comunismo de guerra había sido el intento de tomar por asalto, atacando de frente, la fortaleza de los elementos capitalistas de la ciudad y del campo. En este ataque, el Partido había avanzado demasiado, exponiéndose al peligro de perder el contacto con su base. Ahora, Lenin proponía efectuar un pequeño repliegue, retroceder provisionalmente para acercarse a la retaguardia, pasar de la lucha por asalto al método más lento de cercar la fortaleza, para acumular fuerzas y luego lanzarse de nuevo al ataque.

    Los trotskistas y otros elementos de la oposición entendían que la NEP era, exlusivamente, una retirada. Esta interpretación favorecía sus intereses, ya que la línea que ello seguían era la de restaurar el capitalismo. Pero ésta era una interpretación de la NEP profundamente perniciosa y antileninista. En efecto: un año después de implantarse la NEP, en el XI Congreso del Partido, Lenin declaraba que el repliegue había terminado y lanzaba esta consigna: "Preparación de la ofensiva contra el capital privado" (Lenin, t. XXVII, pág. 213, ed. rusa).

    Los elementos de la oposición, que eran malos marxistas e ignorantes supinos en materia de política bolshevique, no comprendieron ni la esencia de la NEP ni el carácter del repliegue emprendido al iniciarse ésta. De la esencia de la NEP hemos hablado ya. Por lo que se refiere al carácter del repliegue, diremos que hay varias clases de repliegues. Hay momentos en que los partidos o los ejércitos se ven obligados a replegarse por haber sufrido una derrota, y en estos casos el ejército o el partido se repliega para salvarse y salvar sus cuadros con vistas a nuevos combates. No era esta clase de repliegue la que Lenin había propuesto al implantarse la NEP, ya que el Partido, no sólo no había sufrido una derrota ni estaba vencido, sino que, por el contrario, era él quien había derrotado a los intervencionistas y a los guardias blancos en la guerra civil. Pero hay también momentos en que un partido o un ejército victorioso, en su ataque, avanza demasiado, sin dejar asegurada una base en la retaguardia. Y esto constituye un peligro grave. En tales casos, un partido o un ejército experto siente generalmente, para no perder el contacto con su base, la necesidad de retroceder un poco, acercándose a su retaguardia, para establecer un contacto más fuerte con su base en ésta, asegurándose todo aquello que necesitan, y poder luego lanzarse de nuevo al ataque, con mayor seguridad y garantía de éxito. Esta clase de repliegue temporal era precisamente la que había aplicado Lenin, con la NEP. Informando ante el IV Congreso de la Internacional Comunista acerca de las causas a que había obedecido la implantación de la NEP, Lenin declaró paladinamente que "con nuestra ofensiva económica habíamos avanzado demasiado y no nos habíamos asegurado una base suficiente", razón por la cual había sido necesario efectuar un repliegue pasajero hacia la retaguardia consolidada.

    La desgracia de la oposición estaba en que no comprendía, en su ignorancia, ni la comprendió hasta el fin de sus días, esta característica peculiar que presentaba el repliegue de la NEP.

    El acuerdo del X Congreso acerca de la NEP aseguraba una sólida alianza económica entre la clase obrera y los campesinos para la edificación del socialismo.

    Esta finalidad fundamental perseguía también otro de los acuerdos del Congreso: el referente al problema nacional. El informe acerca de este punto corrió a cargo del camarada Stalin. Hemos acabado -dijo el camarada Stalin- con la opresión nacional, pero esto no basta. El problema consiste en acabar con la gravosa herencia del pasado, con el atraso económico, político y cultural de los antiguos pueblos oprimidos. Es necesario ayudarles a colocarse, en este respecto, al nivel de la Rusia central.

    El camarada Stalin señalaba, además, dos desviaciones contrarias al Partido en lo tocante el problema nacional; la del chovinismo absorcionista (gran ruso) y la del nacionalismo localista. El Congreso condenó ambas desviaciones como perniciosas y peligrosas para el comunismo y el internacionalismo proletario. Pero, al mismo tiempo, dirigió sus tiros, principalmente, ya que representaba el peligro fundamental, contra el chovinismo gran ruso, es decir, contra los vestigios y las supervivencias de la actitud que adoptaban ante las nacionalidades no rusas los chovinistas gran rusos bajo el zarismo.

    Camarada Víctor
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    Re: X Congreso PCUS

    Mensaje por Camarada Víctor el Dom Dic 04, 2011 8:50 pm

    Muy buena información, aunque haya limitada la info en la web en español.
    Como dato decir que por aquél entonces no se llamaba PCUS (aunque históricamente se haya llamado así en toda sus existencia.

    - Partido Comunista Ruso (Bolchevique) (1918-1925)
    - Partido Comunista de los Bolcheviques de la Unión (1925-1952)
    - Partido Comunista de la Unión Soviética (1952-1991)


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    Re: X Congreso PCUS

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