Es preciso distinguir las leyes universales de las leyes particulares de la guerra popular prolongada

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Mensaje por Shenin el Jue Ago 18, 2011 12:52 pm

Es preciso distinguir las leyes universales de las leyes particulares de la guerra popular prolongada

(La Voce n°17, julio de 2004)



Cada vez son más los partidos y organizaciones comunistas de un extremo a otro del mundo que están adoptando conscientemente la estrategia de la guerra popular prolongada para llevar a cabo la revolución socialista o la revolución de nueva democracia. La situación revolucionaria se desarrolla, aunque de forma desigual, en cada país y a nivel internacional. La burguesía imperialista lleva a cabo una guerra no declarada de exterminio contra las masas populares en todo el mundo, que golpea directa y brutalmente a cientos de millones de hombres y mujeres. En este contexto miles de comunistas se interrogan acerca de la vía a seguir para llevar a las masas populares a hacer frente eficazmente a la burguesía imperialista, acabar con el ordenamiento social actual y establecer el socialismo. La herencia de la primera oleada de la revolución proletaria es un factor importante que ejerce su influencia a todos los niveles. Un número creciente de comunistas adopta entonces la estrategia de la guerra popular prolongada (GPP).

La teoría de la GPP es una de las principales aportaciones de Mao al pensamiento comunista (véase a este respecto La octava discriminante y el llamamiento ¡Que los comunistas de los países imperialistas unan sus fuerzas en pro del renacimiento del movimiento comunista! publicados, respectivamente, en La Voce n. 10 (págs. 19 y siguientes) y en La Voce n. 12 (pág. 56). La adopción de la GPP como estrategia universal de la revolución proletaria, tanto de cara a la revolución socialista en los países imperialistas como de cara a la revolución de nueva democracia en los países semifeudales y semicoloniales, se está imponiendo a través de una encarnizada lucha ideológica en pro de la adopción del marxismo-leninismo-maoísmo como base ideológica de los nuevos partidos comunistas. En esta lucha los comunistas ajustan las cuentas con los revisionistas modernos que se abrieron paso en los años 50. Pero todavía las ajustan más específicamente con los dogmáticos que durante años han limitado el desarrollo del movimiento anti-revisionista de los marxista-leninistas surgido en los años 60. En efecto, en el movimiento m-l se ha desarrollado una larga y tortuosa lucha por la afirmación del maoísmo. Algunos compañeros y organismos lo ocultan velada o ingenuamente: presentan la adopción del marxismo-leninismo-maoísmo como un simple cambio de denominación con el que etiquetan un contenido que sigue siendo el mismo de los años 60 y 70. El Comité del Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI) reeditó en 1998 su Declaración constitutiva de 1984 cambiando en el texto la denominación de marxismo-leninismo por la de marxismo-leninismo-maoísmo: es un modo de seguir ofreciendo la vieja mercancía cambiando la etiqueta. Durante mucho tiempo los marxista-leninistas han concebido esencialmente la lucha contra el revisionismo moderno como restauración de los principios que los revisionistas modernos declararon superados (conquista revolucionaria del poder, dirección de la clase obrera y dictadura del proletariado). No comprendieron que el revisionismo moderno había logrado imponerse en el movimiento comunista (la derecha se impuso sobre la izquierda) debido a los límites de la izquierda del viejo movimiento comunista. Se trataba de los mismos límites que habían hecho que la primera oleada de la revolución proletaria no llegara a instaurar el socialismo en ninguno de los países imperialistas. El maoísmo es, en síntesis, la superación de esos límites. Todavía hoy existen en el movimiento comunista partidos que se declaran marxista-leninistas y que ignoran el maoísmo o se oponen a considerarlo como tercera etapa, superior, del pensamiento comunista. Pero también existen partidos que se declaran a regañadientes marxista-leninista-maoístas, atenúan la aportación universal del maoísmo al pensamiento comunista y enarbolan el m-l-m como una nueva enseña. Sin embargo, ninguno de ellos ha señalado claramente ni siquiera hasta ahora cuáles son las principales aportaciones universales del maoísmo al pensamiento comunista (no hacen como Stalin, que, contrariamente a ellos, indicó las principales aportaciones de Lenin al pensamiento comunista en Fundamentos del leninismo (1924)). Por esto hay que reconocer al Partido comunista del Perú y a su dirigente, el Presidente Gonzalo, que se encuentra desde 1992 en manos de los cómplices peruanos del imperialismo, el mérito de haber contribuido fuertemente a afirmar en todo el mundo la tesis de que el maoísmo es la tercera etapa superior del pensamiento comunista y a enseñar las nuevas aportaciones que el maoísmo ha hecho al movimiento comunista.

La lucha acerca de la estrategia de la revolución también es, en definitiva, la lucha acerca del balance de la primera oleada de la revolución proletaria. En esta lucha los comunistas se distinguen cada vez más claramente tanto de los revisionistas-oportunistas de derecha (que de una forma u otra, más o menos abiertamente, defienden la "vía pacífica y demócrata al socialismo") como de los comunistas dogmáticos (defensores más o menos convencidos de un trabajo legalista hoy con vistas a la insurrección que tendrá lugar mañana). Sin embargo, hay un refrán que dice: "De los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo". También en la lucha en torno a la GPP, además de los revisionistas-oportunistas de derecha y de los comunistas dogmáticos, que en ambos casos se oponen abiertamente a la GPP, hay una tercera corriente que daña no poco a la causa de la adopción de la GPP como estrategia universal de la revolución proletaria. Esta está constituida por los defensores de la GPP que no distinguen entre leyes universales y leyes particulares de la misma, específicas de cada país y ligadas a sus condiciones concretas: son los dogmáticos de la GPP. Por consiguiente, los que luchan por imponer la GPP como estrategia universal de la revolución proletaria y quieren adoptarla para hacer la revolución en su país, y entre ellos nos encontramos concretamente nosotros, comunistas italianos, tienen que llevar a cabo la lucha ideológica en tres frentes distintos: 1. contra los revisionistas-oportunistas de derecha, 2. contra los comunistas dogmáticos de la insurrección, 3. contra los comunistas dogmáticos de la GPP que no distinguen entre lo universal y lo particular.

1. Los revisionistas-oportunistas de derecha continúan la tradición de los revisionistas modernos, aunque la práctica ya haya demostrado el carácter burgués y desastroso de sus concepciones y líneas. Los factores que les hacen ser políticamente importantes, sus puntos fuertes, son dos: 1. el apoyo de la burguesía y 2. el oportunismo ingenuo y espontáneo de las masas populares que apenas han entrado en la lucha política, están todavía influenciadas ideológicamente por la burguesía y todavía creen que es posible mejorar la sociedad burguesa en vez de cambiarla radicalmente. En cuanto a la influencia ideológica burguesa, es imposible eliminarla de una vez por todas en tanto exista la burguesía. Por consiguiente, es preciso combatirla constantemente, contenerla y rechazar con iniciativas apropiadas a cada situación: con el desenmascaramiento, con la denuncia, con la refutación y con la expulsión de nuestras filas de sus portadores irreductibles y de los infiltrados. Por tanto, con la lucha ideológica, con la propaganda y con medidas orgánicas. En cuanto al oportunismo ingenuo y espontáneo de una parte de las masas populares, la vía más importante para corregirlo es la experiencia práctica directa de las mismas masas populares asistida por el partido. Por una parte es preciso indicar claramente y practicar la vía de la lucha revolucionaria, o sea, que el partido debe enarbolar, difundir y practicar su línea avanzada: sin esto, la experiencia por sí sola no lleva a avanzar. Por otra parte, el partido tampoco tiene que apartarse de esta parte atrasada de las masas. Al contrario, debe guiarla en sus experiencias prácticas de lucha y organización. Si los comunistas señalan el camino justo, la derrota en este caso es la premisa de la victoria. Los comunistas no debemos abandonar a las masas atrasadas a la burguesía ni permitir que sean sus curas y agentes reformistas los que las organicen. Tenemos que ser nosotros los que los que nos encarguemos de su movilización por modestos que sean sus objetivos y llevarlas paso a paso, de experiencia en experiencia, a que se adhieran a la revolución. La lucha y sus derrotas les enseñarán y lo harán de forma particularmente rápida y eficaz en el caso de los miembros de las clases más oprimidas y explotadas. Más aún en la medida en que los comunistas estemos presentes y adoptemos una posición activa. Las enseñarán que es imposible mejorar la sociedad burguesa e inducir a la burguesía por las buenas a respetar los intereses de las masas populares y ni siquiera los derechos ya conquistados por ellas. El atraso de las masas nunca puede ser una buena justificación para la ausencia del partido: un partido es tanto más avanzado cuanto más capaz es de movilizar a las masas más atrasadas y de llevarlas también a la revolución (línea de masas).

2. En cuanto a los comunistas dogmáticos de la insurrección, ya no desempeñarán de ahora en adelante un papel importante entre las masas populares. Sin embargo, todavía apartan a un cierto número de comunistas de la revolución porque han tenido una gran importancia política (negativa) hasta los años 70. Entonces englobaban a gran parte de la izquierda de los viejos partidos comunistas: a la izquierda que, debido a su dogmatismo, no supo hacer frente a los revisionistas modernos e impedir que tomaran la dirección de los correspondientes partidos comunistas. Los comunistas dogmáticos eran favorables a la revolución, eran revolucionarios sinceros, pero no extraían las lecciones que la práctica del movimiento comunista aportaba a todos los comunistas. Su anti-revisionismo dogmático ha perjudicado enormemente al movimiento marxista-leninista, del que muchos de ellos formaban parte. La ruptura con su dogmatismo presupone la aceptación del maoísmo como tercera etapa superior del pensamiento comunista. La contradicción entre los maoístas y estos dogmáticos era y es fundamentalmente una contradicción entre lo nuevo y lo viejo, entre lo verdadero y lo falso. No es directamente una contradicción de clase, aunque la burguesía, cuando no tiene otra cosa mejor, se apoya en ellos para estorbar a los verdaderos comunistas. En cuanto a la estrategia revolucionaria, ellos y sus epígonos no tienen en cuenta la enseñanza que ya Engels extrajo de la experiencia del movimiento comunista y en particular de la Comuna de París (1871), sintetizada en la Introducción de 1895 a la reedición del folleto de Marx Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 (véase al respecto el folleto CARC, F.Engels: 10, 100, 1000 CARC por la reconstrucción del partido comunista). Los dogmáticos no tienen una visión dialéctica de la revolución. Separan esquemáticamente las distintas fases de la revolución y no ven su conexión. No comprenden que de una fase se pasa a otra y menos aún cómo se produce esa transición. No ven, por tanto, que es preciso dirigir cada fase de modo que cuando llegue a un punto se transforme en la siguiente. Por consiguiente, cada fase está inmediatamente "marcada" por ese destino. En cambio, según ellos, el paso de una fase a la siguiente "cae del cielo", ocurre por casualidad, o bien responde a una decisión arbitraria y subjetiva. En suma, en su concepción falta el paso de una fase a otra mediante el desarrollo cuantitativo de la primera hasta que ese mismo desarrollo cuantitativo determina el salto cualitativo. Muchos de ellos esperan la insurrección (mantienen una actitud pasiva, de espera). Otros adoptan iniciativas aventureras (militarismo o putchismo).

Según ellos, la acumulación de las fuerzas revolucionarias debería ser fruto de una labor partidista llevada a cabo totalmente en la legalidad, en el marco del orden burgués y bajo el poder de la burguesía. A no ser que la burguesía misma ponga fuera de la ley al partido comunista. Y ya aquí es evidente la debilidad de su razonamiento. ¿Acaso la burguesía ha prohibido por casualidad el partido comunista en muchos países durante el siglo pasado? ¿Cuál es el origen de este hecho y la enseñanza que extraen de ello? ¿Acaso no es inevitable que, por las mismas razones, lo prohiba de nuevo o impida su construcción a menos que el partido se pliegue a sus condiciones? ¿Qué hace el partido comunista cuando la burguesía lo prohibe? ¿Acaso no conviene a la causa del comunismo que el partido se anticipe a la decisión de la burguesía? ¿Son los trabajadores avanzados tan estúpidos como para no comprender que es justo que el partido comunista se anticipe a la burguesía? ¿Tuvieron una línea justa los partidos comunistas italiano y alemán cuando actuaron de tal modo que sus respectivos secretarios (Antonio Gramsci en 1926 y Ernest Thälmann en 1933) fueron detenidos y luego eliminados? ¿Acaso es una casualidad que nunca se haya desarrollado ninguna revolución socialista victoriosa en la forma en la que, según ellos, debería desarrollarse toda revolución socialista, aunque distintos partidos de la primera Internacional Comunista hubiesen tratado de seguir la línea que todavía ellos mismos proponen? Naturalmente, los dogmáticos no dan respuestas a estas preguntas. Si las buscaran, dejarían de ser dogmáticos.

En general, los dogmáticos se distinguen de los revisionistas-oportunistas por la concepción que defienden, por la propaganda que hacen y por las consignas que lanzan. Es decir, se distinguen en el plano subjetivo, ideológico y en cuanto a sus aspiraciones. Pero, en el mejor de los casos, los dogmáticos sólo se distinguen en la práctica de los revisionistas-oportunistas, aunque no siempre, por sus objetivos y métodos de lucha radicales: son menos acomodaticios con respecto a la burguesía y tensan más la cuerda. Sin embargo, no por casualidad Pietro Secchia pudo convivir en el pasado en el mismo partido, hasta al final de sus días (1973), con Giorgio Amendola y Palmiro Togliatti. A diferencia (pero no siempre) de los revisionistas-oportunistas, algunos de ellos elevan a la categoría de principio revolucionario el rechazo a dirigir a las masas populares en la intervención en comicios electorales, en actividades parlamentarias y en general en la actividad política de la burguesía (abstencionismo). Con esta y otras consignas radicales tratan de distinguirse de los revisionistas-oportunistas de derecha.

En cuanto al paso a la fase siguiente, a la insurrección, algunos de ellos cuentan con que "antes o después" se producirá un estallido del movimiento revolucionario de masas (una insurrección) y adoptan una posición pasiva, de espera. Otros cuentan con provocar el estallido mediante iniciativas insurreccionales. Éstos consideran como una Biblia el lamentable libro de La insurrección de Neuberg, redactado por una comisión del Ejército soviético por encargo de la primera Internacional Comunista. Este libro describe una serie de intentos de golpes de mano e iniciativas insurreccionales fracasadas. Algunos de esos intentos fracasaron, a decir de sus mismos autores, por motivos banales, que confirman en realidad hasta qué punto los partidos que los protagonizaron estaban desligados del movimiento de masas. Sus autores no consideran la insurrección como lo que ha sido en todas las revoluciones proletarias victoriosas: un momento de una guerra más amplia. La aíslan del antes y después, confiándolo todo a la espontaneidad de las masas (el estallido de su descontento) o a una u otra iniciativa más o menos acertada del partido comunista o de sus jefes geniales, cuya suerte depende, como tan seriamente osa decir Neuberg, de la puntualidad de los que participan en las operaciones, de la sincronización de los relojes, de la rigurosa observancia del secreto y de otros accidentes parecidos. Para toda persona que reflexione es evidente que el éxito de una determinada y puntual operación táctica militar depende ciertamente de factores como los ya indicados. Pero está completamente fuera de lugar sostener que el desarrollo o no de un movimiento revolucionario que, por su naturaleza tiene como protagonista a las amplias masas, depende de una sola operación táctica. Pensad en la insurrección de octubre (1917): dos importantes dirigentes bolcheviques (Kamenev y Zinoviev) denunciaron públicamente los preparativos insurreccionales, pero la insurrección se produjo de todas formas y con éxito. Pensad también en la Resistencia: ¿acaso no habría tenido lugar aunque una u otra operación militar, incluidas las iniciales, hubiera fracasado? En realidad, fracasaron diversas operaciones militares , pero la Resistencia se desarrolló a pesar de todo. En conclusión, los dogmáticos no entienden que es el justo trabajo actual de los comunistas el que, llegado a un cierto nivel de desarrollo cuantitativo, debe determinar un salto cualitativo, la entrada en una nueva fase. Si el partido rechaza realizar el salto, el trabajo ya realizado degenera: así ha ocurrido más de una vez en el curso de la primera oleada de la revolución proletaria, precisamente porque muchos partidos comunistas no dominaron la teoría de la GPP. Cuando el salto cualitativo tiene lugar o está a punto de producirse, en general los dogmáticos no están preparados, se encuentran desprevenidos, no saben qué hacer y se dividen en cuanto a las soluciones a adoptar.

3. En cuanto a los dogmáticos que no distinguen entre lo universal y lo particular, son hoy uno de los polos de las contradicciones en el movimiento marxista-leninista-maoísta. En particular, la contradicción divide al Movimiento revolucionario internacionalista (MRI).

La concepción dogmática de la GPP es todavía hoy un serio obstáculo a su aplicación en los países imperialistas, puesto que no existe todavía una demostración práctica de que en un país imperialista haya resultado victoriosa una revolución socialista dirigida conscientemente como GPP. Un ejemplo práctico también serviría para convencer a los dogmáticos que sean sinceramente revolucionarios. Rechazando combinar las verdades universales con las verdades particulares, estos dogmáticos presentan la GPP de una forma que es impracticable. Quien comparte semejante concepción o bien se ve obligado a rendirse ante la evidencia de la imposibilidad de llevar a cabo semejante GPP, o bien se dedica a llevar a cabo intentos que resultan desastrosos y que son utilizados por los que se oponen a la estrategia de la GPP como demostración de que ésta es impracticable. Algunos compañeros consideran dogmáticamente como universales las leyes que la GPP ha seguido con éxito en su país, confundiendo lo particular con lo universal. El error más difundido es asumir como universales, es decir, como válidas también para los países imperialistas, las leyes seguidas por la GPP en países semifeudales y semicoloniales, pretender también seguirlas en los países imperialistas y no buscar las leyes específicas de la GPP en su propio país. "Cada verdad es concreta", es decir, cada afirmación sólo es verdadera con relación a determinadas circunstancias de tiempo y lugar, en determinadas condiciones, incluso cuando no se precisan porque se dan por supuestas o implícitas en la situación en que esa verdad es enunciada. La GPP ha sido teorizada por Mao Tse-tung sobre la base de la experiencia de un gran país concreto, semifeudal y semicolonial, dominado por potencias imperialistas en lucha entre sí: China. Mao Tse-tung no se ocupó de hacer una sistemática distinción entre las leyes universales y las leyes específicas de la GPP en China (1). De la misma manera tampoco Lenin se ocupó de hacer una distinción sistemática entre cuánto había de universal y cuánto de específicamente ruso en la línea seguida por su partido. Sin embargo, declaró más de una vez, en el marco de la primera IC, en cuya creación y actividad participó hasta 1922, que los comunistas de otros países no debían seguir al pie de la letra la experiencia rusa y que los comunistas rusos debían evitar favorecer o imponer la imitación de la línea rusa. También Stalin se cuidó mucho de imponer a otros partidos la línea seguida por el partido soviético. No por casualidad los partidos de la primera IC siguieron de hecho líneas muy diferentes entre sí. Si acaso hay que señalar que en la primera IC hubo una constante incertidumbre en cuanto a la estrategia general a seguir, como he puesto de manifiesto en el artículo La actividad de la Primera Internacional Comunista en Europa y el maoísmo publicado en el n. 10 de La Voce. La estrategia de la GPP fue seguida conscientemente por el Partido comunista chino, pero no fue indicada ni estudiada como posible estrategia universal. Sólo a partir de 1968 el PCCh sostuvo que el pensamiento de Mao también tenía un valor universal, pero no señaló nunca en un texto exhaustivo cuáles eran las principales nuevas aportaciones de Mao al pensamiento comunista. Por tanto, nada más fácil para los dogmáticos y demagogos que mantener que la GPP debe seguir en todos los países las mismas leyes enunciadas por Mao Tse-tung para China. Cosa que obviamente avala y da alas a los que defienden que la revolución socialista en los países imperialistas sigue otras leyes, diferentes a las de la GPP. También existen personajes que no se preocupan de trazar una línea específica para su propio país, recogen de aquí y de allí, como verdaderos espontaneístas que son, cualquier práctica corriente y enarbolan demagógicamente, ahora que está de moda, la GPP para darse pábulo y presentarse como grandes revolucionarios en la escena internacional, en los congresos y asociaciones internacionales, en las declaraciones y comunicados difundidos en el extranjero. Son como aquéllos (Togliatti, Thorez, etc.) que en el viejo movimiento comunista hasta 1956 alababan a Stalin y la URSS, mientras en su país seguían líneas que poco o nada tenían que ver con las enseñanzas universales de Stalin y de la Unión Soviética.

Es importante distinguir claramente las leyes universales de la GPP de las leyes particulares, propias de un país o de un grupo de países. Sólo así conduciremos con éxito la lucha ideológica para que todos los partidos comunistas adopten la GPP como vía de la revolución proletaria. Sólo así extenderemos su aplicación práctica y lograremos, por tanto, el renacimiento del movimiento comunista que está ligado a ella. Es evidente, por ejemplo, que los campesinos de los países imperialistas (en los que son una pequeña minoría de los trabajadores, del 1 al 3 %, están completamente entregados a la producción mercantil, dominada en gran medida por los monopolios industriales y comerciales, y en ellos la ciudad predomina ampliamente sobre el campo) no desempeñan el mismo papel que en la GPP de los países semifeudales. En estos países los campesinos forman la amplia mayoría de los trabajadores, se dedican todavía en gran medida a una agricultura de subsistencia, dependen de relaciones semifeudales y en ellos el campo predomina sobre la ciudad, o al menos está poco ligado a ella.

Son dos los partidos que dirigen actualmente en su país una revolución siguiendo conscientemente con mayor éxito y desde hace mucho tiempo la estrategia de GPP: el Partido comunista peruano y el Partido comunista nepalés (maoísta). Ambos destacan como condición necesaria para lanzar y llevar a cabo con éxito la GPP, junto a la adopción del marxismo-leninismo-maoísmo (es decir, la asimilación de las leyes universales de la GPP), la elaboración de una concepción y una línea basadas en las características especificas de sus respectivos países ("el pensamiento de Gonzalo” y la “vía de Prachanda", respectivamente).

A su vez el Partido comunista maoísta de Turquía y del norte de Kurdistán, que tiene una rica y larga experiencia de GPP, se ha posicionado muy justamente numerosas veces contra la aplicación a los países imperialistas como leyes universales de la GPP de las leyes específicas de ésta en los países semifeudales. Pero, precisamente debido a la falta de una distinción clara entre las leyes universales y las leyes particulares de la GPP, ha llegado a negar en bloque la validez de la GPP para los países imperialistas (véase la declaración enviada por el TKP(m) a la Conferencia Internacional de Palermo del 3-4 de enero de 2003).

El Partido comunista revolucionario de EE.UU. y el Comité del Movimiento revolucionario internacionalista (MRI) niegan sustancialmente (como otros partidos y organizaciones comunistas que han participado en la Conferencia Internacional sobre la GPP de 1998) que la GPP sea también una estrategia válida para los países imperialistas, precisamente porque presentan las leyes específicas de los países semifeudales y semicoloniales como leyes universales de la GPP (véase el artículo On the Struggle to Unite the Genuine Communist Forces en A World to Win n. 30/enero de 2004).

El Movimiento popular Perú (MPP) - Sol Rojo ha hecho un serio esfuerzo, sobre todo recientemente, en la lucha que lleva a cabo por la adopción de la GPP como estrategia universal, por distinguir leyes universales y leyes particulares (véase la intervención presentada por el MPP a la Conferencia Internacional de París del 27-28 de marzo de 2004).

¿Qué hacer para distinguir las leyes universales de la GPP? El marxismo-leninismo-maoísmo es una ciencia, no una doctrina esotérica, una adivinanza o algo por el estilo. Por tanto, se trata de analizar la experiencia de las revoluciones proletarias y de elaborarla para descubrir las leyes que han seguido en su desarrollo. Más concretamente: el desarrollo de un fenómeno sigue sus propias leyes aunque los hombres las ignoren. La ley de la gravitación universal (la atracción que cada masa ejerce sobre otra) fue seguida también cuando los hombres no la habían descubierto todavía. Cuando los constructores no situaban el baricentro de un edificio según criterios que sólo posteriormente se comprendieron, el edifico se derrumbaba. Después que Newton (1642 - 1727) la descubrió y fue asimilada progresivamente por científicos y estudiosos y poco a poco por “todo el mundo”, fue posible ver que, efectivamente, fenómenos que hasta entonces eran inexplicables, o parecían casuales o extraños, en realidad se hacían comprensibles a la luz de la nueva ley. También se hizo posible llevar a cabo con mucha mayor facilidad y regularmente operaciones que antes resultan unas veces exitosas y otras no, que eran difíciles de llevar a cabo o tenían un resultado incierto. Fue posible hacer cosas que antes nunca se habían logrado hacer. De la misma manera, si es verdad que la GPP es la forma universal de las revoluciones proletarias, eso quiere decir que cada revolución proletaria que ha tenido lugar hasta ahora se ha desarrollado según sus leyes universales, aunque sus protagonistas no las conocieran todavía. Si esas revoluciones proletarias han tenido éxito, es porque sus protagonistas han seguido esas leyes universales, aunque fuese a ciegas, instintivamente, sin saberlo, mediante sucesivos intentos. Por el contrario, si han fracasado, ha sido porque sus protagonistas, a pesar de su buena voluntad, entrega y heroísmo, se han obstinado en trabajar en desacuerdo con esas leyes que no conocían.

La marcha de las revoluciones proletarias concretas no puede, en suma, ir a contracorriente de esas leyes, porque de otro modo las leyes no serían universales. Por otra parte, la comprensión de esas leyes universales pone en nuestras manos, como comunistas, un arma formidable para desarrollar nuestra labor y dirigir exitosamente la revolución. Vale la pensa, por tanto, intentar descubrirlas.

La cuestión también está de actualidad en nuestro país. Es una cuestión que cualquiera que quiera trabajar con conocimiento de causa para hacer de Italia un nuevo país socialista debe afrontar forzosamente. Los artículos aparecidos en La Voce n. 14 (Lucha política revolucionaria y luchas reivindicativas de Nicola P.), en el n. 15 (Política revolucionaria de Ernesto V.) y en el n. 16 (Sobre el segundo frente de la política revolucionaria de Rosa L.) abordan muchos problemas con respecto a la GPP. Estos y los anteriormente citados forman parte de la contribución de la CP a la lucha ideológica actual en el movimiento comunista italiano e internacional (aunque los textos no han sido traducidos ni difundidos todavía en el extranjero, salvo el de La Voce n. 12). En nuestro país otras organizaciones ya se han pronunciado con respecto a la GPP.

Hemos dicho que, en general, los revisionistas-oportunistas de derecha no afrontan la discusión sobre la forma de la revolución socialista. Ni tienen interés ni entra en su mentalidad. También los que son personalmente honestos, son empiristas, actúan a ojo de buen cubero, se dejan llevar por la fuerza de la costumbre, siguen las vías trazadas por la sociedad burguesa y no elaboran una ciencia de la revolución. Si se dedicaran a la ciencia de la revolución, no serían oportunistas. Se contentan, al modo de los empiristas, con sacar a colación uno u otro hecho o acontecimiento en apoyo de sus tesis oportunistas. Esta reflexión es aplicable tanto a los italianos como a los de otros países.

Los redactores de Teoria y Praxis representan a los dogmáticos de la insurrección en Italia. En el n. 10 de su revista (enero de 2004) han publicado una argumentada crítica de la tesis de la GPP como estrategia universal de la revolución socialista. Pero todos sus argumentos válidos se reducen a la tesis que no es posible seguir en los países imperialistas las leyes particulares, específicas de China (papel principal de los campesinos, cerco de las ciudades por el campo, creación de zonas liberadas en la fase de la defensiva estratégica, etc.). En cuanto a los argumentos no válidos, son varios. Uno es el de que "la lucha armada es la forma fundamental de lucha en la GPP" (pág. 42, columna 2). Obviamente no es verdad. Ellos mismos sostienen (pág. 35, col. 2) que "para Mao el aspecto fundamental de la GPP es un claro y comprensible programa político”. Incluso afirman (pág. 36, col. 2) que, según Mao, solamente "en la China semifeudal y semicolonial - y para reproducir fielmente el pensamiento de Mao y la realidad añado también: dominada por potencias imperialistas en lucha entre sí (nda) - la lucha armada es desde el principio la principal forma de lucha y el ejército la principal forma de organización de las masas”. ¡Otro argumento falso es que la estrategia de GPP comporta la tesis enunciada por Lin Piao (¡Viva la victoria de la guerra popular!, 3 de septiembre de 1965), según la cual será la victoria de las revoluciones de nueva democracia en los países oprimidos la que determinará las revoluciones socialistas en los países imperialistas. Otro argumento falso es el de que la adopción de la estrategia de GPP está ligada a la tesis de que "la contradicción principal de nuestra época es la que enfrenta a los pueblos y naciones oprimidos con el imperialismo en lugar de la que enfrenta el proletariado con la burguesía".

Aparte de sus argumentos válidos y no válidos, lo que los dogmáticos de la insurrección no dicen es: ¿qué lección es preciso extraer de las victorias y derrotas de las revoluciones habidas en cada país durante la primera oleada de la revolución proletaria? ¿En particular, cuál es el motivo por el que los partidos de la primera Internacional Comunista no lograron implantar el socialismo en ningún país imperialista (salvo en Rusia, eslabón débil de la cadena imperialista, donde la línea seguida por el partido para acumular fuerzas revolucionarias fue en todo caso diferente de la que ellos proponen)? ¿Por qué creen que una línea que no ha llevado nunca a la victoria en el pasado puede llevar a la victoria en el futuro?

Además de nosotros, también en Italia el grupo de Rossoperaio (RO) se proclama partidario de la GPP. Sólo la lucha ideológica en curso dirá si Rossoperaio es dirigido por dogmáticos que no distinguen entre lo universal y lo particular o por personajes que proclaman demagógicamente en el vacío la concepción dogmática de la GPP para darse pábulo y presentarse como grandes revolucionarios en la escena internacional, en los congresos y asociaciones internacionales, en las declaraciones y comunicados, mientras en la práctica siguen una línea economicista y anarco-sindicalista según la cual "sólo la lucha sindical es una lucha concreta." El halo de misterio y ambigüedad con el que envuelven sus posiciones, el hecho de que digan una cosa en la prensa destinada al público italiano y otra en la destinada a los partidos y organizaciones del Movimiento Revolucionario Internacionalista (del que RO forma parte desde la fundación del mismo en 1984, las posiciones contradictorias que vienen adoptando. Por ejemplo, 1. sobre la apreciación de Gonzalo acerca de la lucha armada en Europa expresada en su Entrevista de 1988 y 2. sobre la Lucha Armada de los años 70 en Italia) sin explicar de forma autocrítica su cambio de posición, 3. la yuxtaposición de la proclamación de la estrategia de la GPP junto a una práctica economicista, 4. la proclamación, hace apenas dos años, de las teorías de la "sustitución por tiempo determinado" de la clase obrera por fuerzas de otras clases como protagonistas de la revolución y de la "estabilidad de los regímenes políticos de los países imperialistas" en contraste con la tesis de la "situación revolucionaria en desarrollo", 5. el rechazo sistemático a exponer su concepción del mundo, su línea general y sus tesis programáticas y a confrontarlas mediante la lucha ideológica con otras FSRS, 6. el carácter demagógico de las polémicas que entablan, 7. el hecho de que no hayan llevado a cabo nunca una labor de propaganda sobre las leyes universales de la GPP ni menos aún elaborado una teoría específica correspondiente a nuestro país (como en los casos del "pensamiento de Gonzalo" y de la "vía de Prachanda") para apoyar sus proclamaciones sobre la GPP, 8. la utilización de las relaciones internacionales para darse crédito en Italia como "partido revolucionario" y sus invenciones sobre el papel que RO desempeña en Italia para darse autobombo como partido revolucionario a nivel internacional (2): estos ocho elementos y otros denotan un comportamiento oportunista y demagógico. Obviamente no son las declaraciones, los gritos de indignación, el poner cara de ofendido ni los reconocimientos del extranjero los que digan cuál será el papel efectivo de Rossoperaio en el renacimiento del movimiento comunista en nuestro país, sino solamente el desarrollo concreto de la lucha ideológica y la práctica revolucionaria.

La tesis de que la estrategia de la GPP es la estrategia universal de la revolución proletaria (para los países imperialistas y para los países oprimidos) se ve confirmada por la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria, tanto donde ha sido asumida conscientemente como estrategia, como donde no lo ha sido; tanto en las revoluciones victoriosas, como en las revoluciones derrotadas. Quien analiza la historia de la primera oleada de la revolución proletaria a la luz de la concepción de la GPP puede constatarlo.

La historia de la lucha de los partidos de la primera IC en los países imperialistas, desde su fundación hasta finales de los años 40, cuando han actuado en el contexto de la primera crisis general del capitalismo y la correspondiente situación revolucionaria en desarrollo, muestra con singular uniformidad el mismo camino. 1. A pesar de la incertidumbre de la orientación estratégica, en general estos partidos han pasado en la práctica por la primera fase de la GPP, la de acumulación de las fuerzas revolucionarias, con resultados tan buenos que casi en todos los países la burguesía desencadenó o amenazó con desencadenar la guerra civil. 2. En general, los viejos partidos comunistas retrocedieron ante la amenaza de guerra civil, porque no estaban preparados ni ideológica ni políticamente para aceptar el desafío de la burguesía. Si ellos hubieran aceptado el desafío, hubieran conseguido movilizar contra la burguesía a amplias masas populares en el terreno de la guerra civil: es decir, habría producido el salto cualitativo al que la acumulación de las fuerzas revolucionarias debe llevar y en el que los que rechazan la estrategia de la GPP confían que se produzca ya sea como consecuencia del estallido del descontento de las masas (los que adoptan una actitud pasiva o de espera), ya sea como consecuencia de la eficacia del ejemplo y de la acción directa (los militaristas) o de los golpes de mano (Neuberg y cía). 3. Allí donde antes o después, por un motivo o por otro, esos partidos descendieron al terreno de la guerra civil que la situación comportaba (España, Francia, Bélgica, Italia), movilizaron a las amplias masas populares bajo su dirección, a pesar de su incierta orientación estratégica, hasta alcanzar, dentro de lo que es posible para quien actúa sin conocimiento de causa, las condiciones del equilibrio estratégico (segunda fase de la GPP). 4. Precisamente debido a la errónea orientación estratégica, en ninguno de los casos llevaron a cabo la guerra civil bajo la concepción de la GPP y no llegaron nunca, por tanto, a la tercera fase, la de la ofensiva estratégica. 5. Cada vez que los partidos se opusieron al curso de los acontecimientos y trataron de imprimirle una dirección contraria a las leyes de la GPP, también el trabajo ya hecho se quedó en agua de borrajas.

De esta experiencia se ve, pues, que la práctica empujaba hacia la GPP. La misma lección se extrae de la experiencia soviética: la fase de la acumulación de las fuerzas revolucionarias (dirigida por el partido clandestino, por consiguiente, en condiciones de un sistema de poder independiente y en lucha contra el poder zarista) desembocó en 1917 en la segunda fase (la de equilibrio estratégico, del "doble poder") que, a su vez, dio lugar a la fase de la ofensiva estratégica. Lenin no elaboró la estrategia de la GPP, pero su constante lucha por una concepción dialéctica de la realidad (la que los burgueses llaman habilidad política y pragmatismo, expresiones que mal se pueden conciliar con las acusaciones que le hacen de fanatismo y dogmatismo) fue una lucha para que el partido se adhiriese en su labor de dirección de las masas a las leyes que la realidad de la revolución seguía en su desarrollo.

Una confirmación particularmente significativa de nuestra tesis ha sido dada por el Partido comunista español (reconstituido) (PCEr) en el folleto Aproximación a la historia del PCE (septiembre de 1997) traducido al italiano por Edizioni Rapporti Sociali bajo el título La guerra de España, el PCE y la Internacional Comunista. Aunque el PCE(r) se declara antimaoista (¡pero estalinista!), sus autores llegan a la conclusión en ese folleto que la derrota en la Guerra de España (1936-1939) se debió esencialmente al hecho que el PCE dirigió la guerra sin adoptar la estrategia de la GPP.

La experiencia práctica de grandes países durante la primera oleada de la revolución proletaria enseña, por tanto, que la estrategia de la GPP es también la estrategia de la revolución socialista en los países imperialistas.

Si, además, consideramos el curso de la revolución proletaria a nivel mundial, la confirmación es particularmente clara. La acumulación de las fuerzas revolucionarias fue un mérito histórico de la Segunda Internacional, como repetidamente Lenin y Stalin señalaron al hacer el balance del movimiento comunista. En 1917, con la Revolución de octubre, el curso de la revolución proletaria entró en la fase de equilibrio estratégico: desde entonces la revolución proletaria tuvo sus zonas liberadas o bases rojas (la URSS y otros países socialistas) y sus fuerzas armadas que disputaron el terreno a las fuerzas de la contrarrevolución. El paso fallido a la fase de ofensiva estratégica hizo perder a la revolución proletaria mundial las posiciones ya conquistadas, al igual que sucede cuando un embarazo que está en una fase avanzada de gestación se malogra por algún motivo.

¿Cuáles son entonces las leyes universales de la GPP puestas en evidencia por la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria? En mi opinión esas leyes, o al menos las principales, son las siguientes:

- 1. Son las masas populares movilizadas por la clase obrera dirigida por su partido comunista las que construyen el sistema del nuevo poder y eliminan el actualmente existente (en otras palabras, como corresponde al caso de los países imperialistas, establecen el socialismo, instauran la dictadura del proletariado).

- 2. La instauración del nuevo poder en todo el país no se realiza de una vez, sino que es el resultado y la conclusión victoriosa de una guerra civil.

- 3. En cada país la GPP pasa por tres fases: defensiva estratégica (acumulación de las fuerzas revolucionarias), equilibrio estratégico (dos fuerzas armadas se disputan el terreno) y ofensiva estratégica (aniquilamiento de las fuerzas burguesas).

- 4. La GPP se desarrolla en el contexto de una situación revolucionaria en desarrollo (en nuestro caso será la transformación de la guerra de exterminio no declarada que la burguesía imperialista lleva a cabo a causa de la segunda crisis general del capitalismo en guerra revolucionaria).

- 5. La GPP se desarrolla según una combinación de leyes universales y particulares en las que es preciso basarse para lograr la victoria.

- 6. El desarrollo de la GPP está condicionado en cada país por factores internacionales y nacionales.

- 7. La GPP se desarrolla de una fase a la siguiente, pero si se producen derrotas también puede retroceder a la fase precedente.

En conclusión, para dirigir la GPP hasta la victoria el partido tiene que estudiar las Obras de Mao, el descubridor de la concepción de la GPP y la experiencia de otros países para sacar las leyes universales de la GPP y aplicarlas a nuestro país mediante la investigación de las condiciones concretas, económicas, políticas y culturales, la práctica, el balance de la experiencia y la elaboración de las leyes específicas de nuestro país.

Por lo que concierne a Italia, es preciso en efecto reconocer y tener en cuenta las condiciones específicas en las que llevamos a cabo la GPP. La concepción de la GPP precisada por su aplicación en nuestro país, seguirá el camino de la acumulación de las fuerzas revolucionarias mediante la constitución y la resistencia del partido clandestino y su dirección sobre las masas populares con el fin de integrarlas en organizaciones de masas de todo tipo necesarias 1. para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, 2. participar en la lucha política burguesa con el objeto de subvertir su desarrollo y 3. dirigir las luchas reivindicativas, hasta el comienzo de la guerra civil. Éste es el equivalente, en nuestro país, de lo que es "el cerco de las ciudades desde el campo" en los países semifeudales. En los países imperialistas, es imposible rodear las ciudades desde el campo, pero es completamente posible, y la práctica lo ha demostrado, lograr el desarrollo específico cuantitativo que constituye la primera fase de la GPP y a través del cual se va hacia la segunda fase. Con la guerra civil generada por ese desarrollo cuantitativo, se iniciará la segunda fase de la GPP. El comienzo de la guerra civil estará marcado por la constitución de las Fuerzas Armadas Populares que a partir de ese momento disputarán el terreno a las fuerzas armadas de la reacción.

En particular, la GPP no empieza, por tanto, con la lucha armada, sino con la construcción del partido comunista clandestino. Esta se desarrolla hoy mediante la realización del plan de dos puntos elaborado por la CP que ya se está aplicando. Por consiguiente, no se desarrolla mediante la propaganda armada, como se propusieron hacer las Brigadas Rojas en las condiciones específicas de los años 70, cuando la degeneración revisionista no había sido desenmascarada todavía por el desarrollo de los acontecimientos, cuando el prestigio y la fuerza del viejo movimiento comunista todavía eran grandes y existía todavía el campo socialista construido durante la primera oleada de la revolución proletaria. La construcción del partido debe ser concebida y dirigida como primer paso de la GPP. El nuevo poder en nuestro país comienza con la existencia del partido clandestino. Su existencia supone la existencia del poder rojo como alternativa al poder burgués. El partido clandestino no es el partido más a la izquierda del conjunto de los partidos de la república burguesa-vaticanista. Es el núcleo del nuevo poder. El partido clandestino no depende del poder burgués, sino que su existencia se contrapone al mismo. A pesar de todos los esfuerzos que la burguesía realiza para obstaculizarlo, aislarlo de las masas, destruirlo, el partido es capaz de existir y desarrollar su actividad (de reclutamiento, elaboración, formación, orientación, agregación, propaganda, movilización y dirección) a través de su red organizativa y su sistema de relaciones, contactos e influencias. Por consiguiente, no depende, para desarrollar su actividad, de personas que la burguesía conoce, controla y puede, pues, infiltrar, corromper, amenazar, chantajear, detener, matar; de canales de financiación que la burguesía conoce, controla y que, por tanto, puede interrumpir; de sedes públicas que la burguesía puede ocupar, cachear, saquear, devastar y cerrar. En suma, es un partido que existe y actúa como el partido de Lenin en el imperio zarista hasta 1917 (3), como los partidos de la primera Internacional Comunista de los países imperialistas en Italia (1926-1945), Alemania (1933-1945), España (1939-1956), Francia (1940-1945) y de gran parte de los países de la Europa Oriental de los años 20, 30 y 40. Los que dicen que un partido clandestino, debido a su naturaleza, está aislado de las masas populares, que demuestren que los partidos que acabo de nombrar estaban aislados de las masas.

¿Es también posible crear ahora un partido semejante? ¿Es posible que tal partido nazca y desarrolle su actividad? Estas preguntas, traducidas a lo concreto, quieren decir: ¿encontrará un partido comunista clandestino entre las masas populares y en particular entre la clase obrera el alimento (personas a reclutar, colaboraciones, dinero, vínculos e influencias) que necesita para existir, resistir a los golpes de la burguesía y sus aparatos contrarrevolucionarios y extender su actividad? Las experiencias históricas antes indicadas responden positivamente a esta pregunta. Pero lo que, sobre todo, asegura todo eso es precisamente la existencia de una situación revolucionaria en desarrollo, de una guerra no declarada de exterminio que la burguesía lleva a cabo contra las masas populares en nuestro país. El choque entre el partido y el sistema de la contrarrevolución (que no sólo está constituido por los órganos, estatales o no, de la represión, sino también por todo el conjunto de iniciativas y medidas con las que la burguesía trata de obstaculizar la labor del Partido, aislarlo de las masas y destruir su sistema de relaciones, contactos e influencias) es el núcleo político de la guerra no declarada de exterminio, es esa pequeña parte de ella en la que el nuevo poder se opone y enfrenta con iniciativa a la burguesía. Su desarrollo cuantitativo (es decir, el desarrollo del partido y el desarrollo, bajo su dirección, de las distintas organizaciones de las masas populares) determinará, llegado a un punto determinado, el paso a la segunda fase del GPP, a la guerra civil, a la lucha armada.

Los comunistas no queremos la guerra. La guerra es un monstruo terrible, que acarrea destrucción y sangre. Somos contrarios a la guerra y estamos seguros que ahora los hombres, a diferencia de un pasado lejano, no necesitan ya de guerras para vivir y desarrollarse, al igual que ya no son necesarias las divisiones en clases sociales, que las guerras son actualmente generadas solamente por los intereses de la burguesía y de su orden social, que en un futuro no lejano los hombres también relegarán la guerra a los museos de antigüedades. Pero no tememos las guerras. Estamos decididos a impedir que las masas populares sufran pasivamente las vejaciones, abusos, mutilaciones, hecatombes y guerras que el orden social actual impone. Sólo cambiando el orden de la sociedad actual pondremos realmente poner fin a las guerras. La burguesía nos ha dado repetidas y sangrientas lecciones de que no dejará el poder sin guerra civil. Por tanto, los comunistas debemos estar decididos desde ahora a no ceder ante la burguesía porque ésta amenace con la guerra civil, sino preocuparnos de llegar a la guerra civil en las condiciones más favorables para nosotros. Nuestra responsabilidad hacia las masas populares nos impone construir el sistema del nuevo poder con vistas a afrontar victoriosamente la guerra civil. Esta tendrá lugar inevitablemente, como la experiencia ha demostrado repetidamente, cuando la acumulación de las fuerzas revolucionarias y la instauración del nuevo poder hayan alcanzado cierto nivel. No podemos evitarla. Lo que podemos y tenemos que hacer es llegar a ella en las condiciones más favorables para la victoria de las masas populares. Con el inicio de la guerra civil, se iniciará la segunda fase de la GPP en la que las fuerzas armadas populares se enfrentarán a las fuerzas armadas de la burguesía imperialista, existirán territorios liberados, etc.

La experiencia ya ha mostrado cuál debe ser la acción de agregación y movilización de las masas populares realizada por el partido en la primera fase de la GPP en nuestro país. Obviamente el partido tiene que estar preparado y capacitado para cambiar de táctica cuando se produzcan cambios radicales e inesperados en la situación, cuando cambie el estado de ánimo y la actitud de las masas populares. A falta de esto, la acción del partido durante esta fase se desarrolla fundamentalmente en tres terrenos.

1. La movilización de las masas populares en la intervención en el sistema político burgués. La hostilidad por principio declarada por los dogmáticos de la insurrección (Teoria y Praxis) y Rossoperaio contra la utilización revolucionaria de las elecciones, del Parlamento, de las asambleas electivas y de los demás instrumentos de la política burguesa prescinde de ese aspecto específico de casi todos los países imperialistas y también de nuestro país. Precisamente la participación de las masas populares en la política burguesa (obviamente en cierto modo y en cierto contexto) ha sido muchas veces durante la primera oleada de la revolución proletaria y en muchos países imperialistas (en Italia, Alemania, Francia, España e Inglaterra: por sólo nombrar a los más importantes) la causa directa e inmediata del comienzo o de la amenaza de la guerra civil. La participación de las masas populares dirigida por el partido comunista dividió a la burguesía e hizo imposible la vida política burguesa. El aumento de la abstención, verificado durante estos últimos años, está lejos de eliminar este aspecto. Esto denota la desilusión popular frente a los partidos burgueses y es un aspecto de la crisis política del régimen burgués. Pero no pone las premisas de una solución revolucionaria de la crisis política del régimen. Es un fenómeno precario, sobre el que puede actuar tanto la movilización revolucionaria de las masas populares como la movilización reaccionaria de las masas populares. El rechazo a dirigir a las masas populares a participar en interés de la revolución socialista en el sistema político burgués por parte de los dogmáticos de la insurrección y Rossoperaio no nace de la existencia de una movilización de las masas populares en la guerra revolucionaria que habría ido ya más allá del sistema de la actividad política burguesa y que se vería perjudicada por la participación en la actividad política burguesa. En tales condiciones las elecciones serían una iniciativa contrarrevolucionaria y el boicot a las mismas una cosa seria. Hoy ese rechazo nace de la desconfianza de que el partido comunista pueda ser hoy capaz de imponer también en este terreno su dirección sobre las masas populares y dirigir esta participación de modo que sea un factor de acumulación de las fuerzas revolucionarias y no de corrupción y disgregación de las mismas. Es la misma desconfianza que impide concebir una línea que tenga como objetivo la conquista de la dirección de los millones de trabajadores que se apuntan voluntariamente a los grandes sindicatos, a los que pagan una cuota (4).

Todos los argumentos avanzados por los opositores a la participación en la política burguesa se reducen a la tesis que "no existe ninguna garantía" de que tal participación no corrompa al partido y a las fuerzas que moviliza. Pero estos señores olvidan que no existe ninguna garantía contra la influencia de la burguesía en nuestras filas, como no sea la concepción y la línea revolucionaria del partido y la lucha inflexible y adecuada para defenderlas contra la influencia de la burguesía. Esta es la única y verdadera garantía. Hacer creer que existe una garantía diferente es fomentar falsas ilusiones y desarmar el partido. El rechazo a la participación en el sistema político burgués es simplemente una pseudo-garantía - como lo es cualquier garantía diferente de la antes indicada. La amarga experiencia de los años 70 y 80, además de la Resistencia, han enseñado que tampoco empuñar las armas es una garantía. Hemos visto a combatientes convertirse en colaboradores de la policía: de Pecchioli a Franceschini. Cada pseudo garantía engendra un falso sentido de seguridad y falta de vigilancia que favorecen a la contrarrevolución. No por casualidad todas las objeciones hechas contra la participación en el sistema político burgués pueden ser también aplicadas igualmente a la participación en la actividad sindical, cultural, etc., particularmente en los países imperialistas. Incluso esto hace resaltar mejor que se trata de objeciones de compañeros que no tienen confianza en la capacidad revolucionaria de las masas populares, de la clase obrera y del partido. Son objeciones de compañeros que sólo tienen confianza en su conventículo de iluminados, al estilo de los bordiguistas de triste memoria.

2. La movilización de las masas populares en las luchas reivindicativas y en la defensa sin reservas de las conquistas.

3. La movilización de las masas populares en la construcción de los instrumentos necesarios para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales. Este tercer punto no aparece en los artículos de los compañeros Ernesto V. y Rosa L. (en La Voce n. 15 y 16, respectivamente). A mí me parece que en cambio debe ser tenido en cuenta por sí mismo, vista la rica experiencia de autorganización que las masas populares han desarrollado en nuestro país (de las cooperativas a los centros sociales, a las casas del pueblo, a las asociaciones deportivas y culturales, etc.).

Para los otros dos terrenos sus artículos (los de Nicola P. y de Rosa L. en La Voce n. 14 y 15, respectivamente) dicen todo lo que hoy se puede decir acerca de esto, con respeto al desarrollo de la GPP.

La resistencia del partido clandestino a la represión y el desarrollo de su labor en los tres terrenos antes indicados: he aquí lo que quiere decir en nuestro país, en la primera fase de la GPP, "establecer el poder rojo" . Es decir, que esto equivale a la "creación de bases rojas" en otros países. No es posible en un país imperialista establecer desde el principio "bases rojas", pero la experiencia ya ha demostrado que es posible construir el sistema de "poder rojo" que he indicado. Se trata de cuatro frentes de lucha que tienen su eje central e insustituible en el primero.

Ciertamente no faltan ni faltarán compañeros y adversarios que nos acusen de mantener una actitud de espera: renunciar hoy y en lo inmediato a un trabajo revolucionario a la espera de que los acontecimientos creen mañana "de una manera u otra" las condiciones que lo hagan posible; de mantener en la inactividad fuerzas revolucionarias ya dispuestas para la lucha a la espera de condiciones que hoy no se dan. En realidad, en la línea que la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria ha sacado a la luz no hay ninguna actitud de espera. Por el contrario, se pone de manifiesto la definición de un proceso de crecimiento cuantitativo en el que están empeñadas todas las fuerzas revolucionarias que progresivamente se desarrollan, a través de un trabajo que las forma y las forja para movilizar a las masas populares de cara a la revolución socialista. Un proceso de crecimiento cuantitativo que, llegado a cierto nivel, determina por sí mismo el paso a la fase siguiente, el salto cualitativo: si el partido se opone a ello se producirá el retroceso y la disgregación. Al igual que un embarazo que se impide cuando está a punto de producirse el parto. Es decir, todo lo contrario de estar a la espera de los acontecimientos, de mantener inactivas fuerzas dispuestas a luchar, de esperar a que otros nos saquen las castañas del fuego o de esperar a que las soluciones vengan del cielo.

Ésta es la vía que se desprende del balance de la situación actual y de la experiencia del movimiento comunista, del que rechazamos separarnos mientras no haya una razón de peso para ello. Éste es el camino que ya seguimos hoy.



Humberto C.

Notas

1. Sin embargo, hay que recordar que en la edición china de las obras escogidas de Mao Tse-tung se subraya que no todas las características de la GPP indicadas por Mao son válidas para la GPP en otros países, en particular se cita a Vietnam.

2. El comportamiento de los dirigentes de Rossoperaio nos trae a la memoria el de Proudhon. Este, a decir de Marx, era soportado en Francia porque se creía que en Alemania era apreciado como gran filósofo alemán. Y otro tanto sucedía en Alemania porque se creía que en Francia era considerado como un gran economista. A propósito de Rossoperaio, véanse también Rossoperaio - Un mal comienzo en La Voce n. 7 - marzo de 2001 y el Suplemento a La Voce n. 7 reeditado en este número de la revista (o sea, en la página web. www//la voce.freehomepage.com).

3. Entre los años 1907 y 1917 Lenin se opuso con determinación a todos los intentos de los mencheviques de legalizar el partido y de construir un partido legal. Un partido que aceptase existir como partido legal, de acuerdo con las leyes del Estado zarista, ya no habría sido el centro del nuevo poder.

4. Es característico de la naturaleza de Rossoperaio hacer mucha propaganda sobre la actividad del Partido comunista de Nepal (m) y pronunciarse contra la participación a las elecciones en nuestro país. Pero nunca ha examinado públicamente el hecho de que el Partido comunista nepalés (maoísta) haya recurrido antes de empezar en 1996 la guerra civil, como hizo en su tiempo el partido de Lenin, tanto a la participación en las elecciones (en 1991) como al boicot a las mismas (en 1994). Véase al respecto el n. 9 (febrero de 2004) de The worker, órgano del Partido comunista nepalés (maoísta), págs. 65 y 66.

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